Categories
Journal Articles

Marx y el marxismo

“Sobre mil socialistas, quizás uno solo haya leído una obra económica de Marx, sobre mil antimarxistas, ni siquiera uno ha leído a Marx ”.

 

I. MARX Y EL MARXISMO: INACABADO VERSUS SISTEMATIZACIÓN
Pocos hombres sacudieron el mundo como Karl Marx. A su desaparición, que pasó casi inobservada, le siguió, con una rapidez que en la historia tiene raros ejemplos con los cuales pueda ser confrontada, el eco de la fama. Muy pronto el nombre de Marx estuvo en las bocas de los trabajadores de Chicago y Detroit, así como en las de los primeros socialistas indios en Calcuta. Su imagen sirvió de fondo al congreso de los bolcheviques en Moscú después de la revolución. Su pensamiento inspiró programas y estatutos de todas las organizaciones políticas y sindicales del movimiento obrero, desde Europa entera hasta Shangai.

Sus ideas alteraron profundamente la filosofía, la historia, la economía. Sin embargo, no obstante la afirmación de sus teorías, que en el siglo XX se transformaron en la ideología dominante y doctrina de Estado en una gran parte del género humano, y la enorme difusión de sus escritos, sigue sin tener, hasta hoy, una edición integral y científica de sus obras. Entre los más grandes autores de la humanidad, esta suerte le tocó exclusivamente a él.

La razón primaria de esta particularísima condición reside en el carácter en gran medida inacabado de su obra. Si se excluyen, en efecto, los artículos periodísticos publicados en los tres lustros que van desde 1848 hasta 1862, una gran parte de los cuales estaban destinados a la New-York Tribune, que en esa época era uno de los más importantes periódicos del mundo, los trabajos publicados fueron relativamente pocos si se los compara con los tantos realizados sólo parcialmente y la importante mole de las investigaciones que realizó . Emblemáticamente, cuando en 1881, ya cerca del final de su vida, Marx fue interrogado por Karl Kautsky sobre la oportunidad de una edición completa de sus obras, respondió que “antes habría que escribirlas” .

Marx dejó ad acta muchos más manuscritos que los que mandó a la imprenta . Contra lo que suele pensarse, su obra fue fragmentaria, y a veces, contradictoria, aspectos que evidencian una de sus características peculiares: lo inacabado del trabajo. Su método sumamente riguroso y el hábito de la autocrítica más despiadada, que determinaron la imposibilidad de terminar muchos de los trabajos emprendidos; las condiciones de profunda miseria y de mala salud permanente que lo persiguieron toda la vida, la insaciable pasión de conocimiento, jamás alterada, que le impulsó siempre hacia nuevos estudios; y, por último, la pesada conciencia adquirida con la plena madurez de la dificultad de encerrar la complejidad de la historia en un proyecto teórico, hicieron precisamente de lo inacabado el fiel compañero y la condena de toda la producción de Marx y de su misma existencia. El colosal plan de su obra no fue realizado sino en ínfima parte, y sus incesantes esfuerzos intelectuales resultaron en un fracaso literario, aunque no por eso demostraron ser menos geniales, fecundos en consecuencias y derivaciones extraordinarias .

Sin embargo, a pesar de la carácter fragmentario del Nachlaß (legado literario póstumo) de Marx y de su firme oposición a erigir a partir de él un edificio de doctrina social, su obra incompleta fue subvertida, hasta acabar dando en un nuevo sistema, el “marxismo”.

Después de la muerte de Marx en 1883, fue Friedrich Engels el primero que se dedicó a la empresa, dificilísima, dada la dispersión de materiales, lo abstruso del lenguaje y la ilegibilidad de la grafía, de publicar el legado del amigo. El trabajo se concentró en la reconstrucción y la selección de originales, en la publicación de textos inéditos o incompletos y, a la par, en la reedición y traducción de los escritos más conocidos.

Aunque no faltaron excepciones, como en el caso de las [Tesis sobre Feuerbach] , editadas en 1888 como apéndice a su Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, y de la [Crítica del Programa de Gotha], publicada en 1891, Engels privilegió casi exclusivamente el trabajo editorial de completar El capital, del cual había terminado Marx solamente el volumen primero. Esta tarea, que duró más de una década, fue realizada con la intención precisa de conseguir “una obra orgánica y lo más completa posible” . Tal elección, aunque respondía a exigencias comprensibles, trocó un texto parcial y provisorio, compuesto en muchas partes de “pensamientos escritos in statu nascendi” y de apuntes preliminares que Marx acostumbraba reservarse para elaboraciones ulteriores de los temas tratados, en otro homogéneamente unitario, con apariencia de exponer una teoría económica sistemática y completa. De este modo, en el curso de su actividad de redacción, basada en la selección de los textos que se presentaban, no como versiones finales sino, en cambio, como verdaderas variantes, y precisado de uniformar el conjunto de los materiales, Engels, más que reconstruir la génesis y el desarrollo de los libros segundo y tercero de El Capital, que estaban bien lejos de su redacción definitiva, mandó a imprenta volúmenes terminados .

Por otra parte, ya antes había contribuido él mismo a generar directamente un proceso de sistematización teórica con sus propios escritos. El Anti Duhring, aparecido en 1878, que él definiera como una “exposición más o menos unitaria del método dialéctico y de la visión comunista del mundo representados por Marx y por mí” , se convirtió en referencia crucial para la formación el “marxismo” como sistema y para la diferenciación de éste respecto del socialismo ecléctico hasta entonces imperante. Una incidencia aún mayor tuvo La evolución del socialismo utópico al científico, reelaboración, con fines divulgativos, de tres capítulos del escrito precedente que, publicado por primera vez en 1880, tuvo una fortuna análoga a la del Manifiesto del partido comunista. Si bien hubo una distinción neta entre este tipo de vulgarización, realizada en polémica abierta con los simplistas atajos de las síntesis enciclopédicas, y la que tuvo como protagonista a la siguiente generación de socialdemócratas alemanes, la utilización por Engels de las ciencias naturales abrió el camino a la concepción evolucionista que, poco tiempo después, se afirmaría incluso en el movimiento obrero.

El pensamiento de Marx, indiscutiblemente crítico y abierto, aun si, a veces, atravesado por tentaciones deterministas, cayó bajo los golpes del clima cultural de la Europa de fines del XIX, permeado, como nunca antes, por concepciones sistemáticas, y en primer lugar por el darwinismo. Para responder a ellas y a la necesidad de ideología que avanzaba incluso en las filas del movimiento de los trabajadores, el reciente “marxismo”, que cada vez más dejaba de ser sólo una teoría científica para convertirse también en doctrina política – transformado precozmente en ortodoxia en las páginas de la revista Die Neue Zeit dirigida por Kautsky – asumió rápidamente la misma conformación sistémica. En este contexto, la difusa ignorancia y aversión en el seno del partido alemán hacia Hegel, un verdadero arcano impenetrable , y hacia su dialéctica, considerada hasta “el elemento no confiable de la doctrina marxista, la insidia que traba cualquier consideración coherente de las cosas” , desempeñaron un papel decisivo.

En las modalidades que acompañaron su difusión se encuentran otros factores que contribuyeron a la transformación de la obra de Marx en un sistema. Como demuestra la tirada reducida de las ediciones de la época de sus textos, se dio preferencia a los folletos de síntesis y a compendios sumamente parciales. Algunas de sus obras, además, sufrían los efectos de la instrumentalización política ocasional. Aparecieron así, en efecto, las primeras ediciones modificadas por los responsables de la edición, una práctica que, favorecida por las incertidumbres características del legado marxiano, fue imponiéndose más y más, junto con la censura de algunos escritos. La forma manualística, vehículo notable para la exportación del pensamiento de Marx por el mundo, representó seguramente un instrumento muy eficaz de propaganda, pero también la alteración fatal de la concepción inicial. La divulgación de su obra, una obra incompleta y compleja, en un ambiente dominado por el positivismo y con el propósito de responder mejor a las exigencias prácticas del partido proletario, se tradujo, por último, en un empobrecimiento y vulgarización del patrimonio originario , hasta hacerlo irreconocible cuando la Kritik terminó por trocar en Weltanschauung .

Así pues, fue tomando cuerpo una doctrina vertebrada por una esquemática y elemental interpretación evolucionista impregnada de determinismo económico: el “marxismo” del período de la Segunda Internacional (1889-1914). Guiada por una convicción, tan firme como ingenua, en la marcha automática de la historia y, por lo mismo, en la inevitabilidad de la sucesión del capitalismo por el socialismo, terminó por ser incapaz de comprender el curso real del presente y, rompiendo el necesario lazo con la praxis revolucionaria, produjo un quietismo fatalista que se transformó en factor de estabilidad del orden existente . Se evidenciaba de este modo el profundo alejamiento de Marx, que ya en su primera obra había declarado “la historia no hace nada (…) no es la ‘historia’ la que se sirve del hombre como medio para realizar sus propios fines, como si ella fuese una persona particular; ella no es más que la actividad del hombre que persigue sus fines” .

La teoría sobre el derrumbe (Zussammenbruchstheorie), o sea la tesis sobre el fin próximo de la sociedad capitalista-burguesa, que en la crisis económica de la Gran Depresión, desplegada a lo largo del veintenio sucesivo a 1873, tuvo el contexto más favorable para expresarse, fue proclamada la esencia más íntima del socialismo científico. Las afirmaciones de Marx, destinadas a delinear los principios dinámicos del capitalismo y, más en general, a describir una tendencia de desarrollo , fueron transformadas en leyes históricas universalmente válidas , de las cuales se podía inferir, hasta los particulares, el curso de los acontecimientos.

La idea de un capitalismo agonizante, automáticamente destinado al ocaso, estuvo presente también en el sustento teórico de la primera plataforma enteramente “marxista” de un partido político, El programa de Erfurt de 1891, y en el comentario que del mismo hizo Kautsky, que enunciaba cómo “el incontenible desarrollo económico lleva a la bancarrota del modo de producción capitalista con necesidad de ley natural. La creación de una nueva forma de sociedad en lugar de la actual ya no es sólo algo deseabl,e sino que se ha hecho inevitable” . Él fue la representación, más significativa y evidente, de los límites intrínsecos de la elaboración de la época, así como de la distancia abismal que se había producido con quien había sido el inspirador.

El mismo Eduard Bernstein, que al concebir el socialismo como posibilidad y no como inevitabilidad había marcado una discontinuidad con las interpretaciones dominantes en ese período, hizo una lectura de Marx igualmente deformada que no se separaba mínimamente de las de su tiempo y contribuyó a difundir, mediante la vasta resonancia que tuvo el Bernstein-Debatte, una imagen de aquélla igualmente alterada e instrumental.

El “marxismo ruso”, que en el curso del siglo XIX desempeñó un papel fundamental en la divulgación del pensamiento de Marx, siguió esta trayectoria de sistematización y vulgarización incluso con mayor rigidez.

Para su pionero más importante, Gueorgui Plejánov, en efecto, “el marxismo es una completa concepción del mundo” , marcada por un monismo simplista según el cual las transformaciones superestructurales de la sociedad avanzan de manera simultánea con las modificaciones económicas. En Materialismo y empiriocriticismo, de 1909, Lenin define el materialismo como “el reconocimiento de la ley objetiva de la naturaleza y del reflejo aproximadamente fiel de esta ley en la cabeza del hombre” . La voluntad y la conciencia del género humano deben “inevitable y necesariamente” adecuarse a las necesidades de la naturaleza. Una vez más, prevalece un planteamiento positivista.

Ello es que, a pesar del áspero choque ideológico que se produjo durante estos años, muchos de los elementos teóricos característicos de la deformación producida por la Segunda Internacional pasaron a quienes acabaron troquelando la vida cultural de la Tercera Internacional. Esa continuidad se manifestó del modo más palmario en la Teoría del materialismo histórico, publicada en 1921 por Nikolai Bujarin, para quien, “tanto en la naturaleza como en la sociedad, los fenómenos son regulados por determinadas leyes. La primera tarea de la ciencia es descubrir esta regularidad” . Este determinismo social, totalmente centrado en el desarrollo de las fuerzas productivas, generó una doctrina, según la cual “la multiplicidad de las causas que hacen sentir su acción en la sociedad no contradice de ningún modo la existencia de una ley única de la evolución social” .

Particular interés reviste la crítica de Antonio Gramsci, quien se opuso “plantear el problema en términos de investigación de leyes, líneas constantes, regulares, uniformes, planteamiento ligado a una exigencia, un tanto pueril e ingenuamente concebida, de resolver perentoriamente el problema práctico de la previsibilidad de los acontecimientos históricos”. Su rotunda negativa a restringir la filosofía de la praxis marxiana a una grosera sociología, a “reducir una concepción el mundo a un formulario mecánico que da la impresión de tener toda la historia en el bolsillo” , fue particularmente importante porque iba más allá de lo escrito por Bujarin y buscaba condenar la orientación bastante más general que después prevalecería sin discusión en la Unión Soviética.

Con la consolidación del “marxismo-leninismo”, el proceso de deformación del pensamiento de Marx conoció su manifestación definitiva. La teoría perdió su función de guía de la acción, para pasar a ser su contrario, a saber: la justificación a posteriori de lo actuado. El punto de no retorno fue alcanzado con el “Diamat” (Dialekticeskij materializm), “la concepción del mundo del partido marxista-leninista” . El folleto de Stalin de 1938, intitulado Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, que gozó de extraordinaria difusión, fijaba los rasgos esenciales: los fenómenos de la vida colectiva son regulados por las “leyes necesarias del desarrollo social”, “perfectamente cognoscibles”; “la historia de la sociedad se presenta como un desarrollo necesario de la sociedad, y el estudio de la historia de la sociedad se convierte en una ciencia”. Eso “quiere decir que la ciencia de la historia de la sociedad, a pesar de toda la complejidad de los fenómenos de la vida social, puede convertirse en una ciencia igualmente exacta, por ejemplo, que la biología, capaz de utilizar las leyes de desarrollo de la sociedad para utilizarlas en la práctica”, y que, por ende, es tarea del partido del proletariado fundar su actividad en esas leyes. A qué punto había llegado el uso confesionario de los términos “científico” y “ciencia”, huelga decirlo. La posible cientificidad del método marxiano, fundada en criterios teóricos escrupulosos y coherentes, vino a ser substituida por el pretendido proceder de las ciencias naturales, supuestamente horro de contradicciones.

De la mano de este catecismo ideológico, encontró terreno abonado el dogmatismo más rígido e intransigente. Completamente extraño y separado de la complejidad social, se sostenía por sí propio, como ocurre siempre con planteamientos formularios ayunos de realidad y tan arrogantes como epistemológicamente infundados. Para percatarse de la desconexión a que se había llegado con elplanteamiento original de Marx, bastará recordar la divisa preferida de éste: de omnibus dubitandum .

La ortodoxia “marxista-leninista” impuso un monismo inflexible que produjo efectos perversos también en los escritos de Marx. Indiscutiblemente, con la Revolución Soviética el “marxismo” vivió un momento significativo de expansión y circulación en ámbitos geográficos y de clases sociales de los que, hasta entonces, había sido excluido. Sin embargo, una vez más, la difusión de textos, lejos de remitirse directamente a los de Marx, se concentraba en los manuales de partido, vademécum, antologías “marxistas” sobre muy diversos argumentos. Además, fue cada vez más común la censura de algunas obras, el desmembramiento y la manipulación de otras, así como la práctica de la extrapolación y del artero montaje de las citas. Invocadas éstas con fines alevosa premeditados, recibían el mismo trato que el bandido Procusto reservaba a sus víctimas: si eran demasiado largas, se las amputaba, si demasiado cortas, se alargaban a voluntad.

Así pues, en resumidas cuentas, la divulgación sin esquematismos de un pensamiento, popularizarlo sin rendir la exigencia de no empobrecerlo es sin dudad una empresa difícil de llevar a cabo. Y con mayor razón si se trata de un pensamiento crítico y voluntariamente no sistemático como el de Marx. Lo cierto es, empero, que a Marx no podría haberle ido peor.

Desmochado aquí y allá en función de contingencias y necesidades políticas, fue asimilado a éstas, y en su nombre fue vituperado. Su teoría, que era crítica, fue utilizada como las exégesis de los versículos bíblicos. Nacieron así las paradojas más impensables. Enemigo “prescribir recetas (…) para la hostería del futuro” , fue transformado en el padre ilegítimo de un nuevo sistema social. Crítico rigurosísimo y siempre insatisfecho de sus resultados, se convirtió en la fuente del más obstinado doctrinarismo. Defensor incansable de la concepción materialista de la historia, fue arrancado de su contexto histórico mucho más que cualquier otro autor. Seguro de “que la emancipación de la clase obrera debe ser obra de los trabajadores mismos” , fue enjaulado en una ideología en la que prevalecía, en cambio, la primacía de las vanguardias políticas y del partido en el papel de propulsor de la conciencia de clase y de guía de la revolución. Propugnador de la idea de que la condición para la maduración de la capacidad humana era la reducción de la jornada de trabajo, fue asimilado al credo productivista del stajanovismo. Convencido promotor de la abolición del Estado, se encontró identificado como baluarte del mismo. Interesado como pocos otros pensadores en el libre desarrollo de las individualidades de los hombres, quien sostuvo, contra un derecho burgués que esconde las desigualdades sociales detrás de una mera igualdad legal, que “el derecho, en vez de ser igual, debería ser desigual” , ha sido incorporado a una concepción que ha neutralizado la investigación de la dimensión colectiva en el indistinto de la homologación.

El originario carácter inacabado del gran trabajo crítico de Marx fue sometido a las presiones de la sistematización de los epígonos, que produjeron, inexorablemente, la deformación de su pensamiento hasta borrarlo y anularlo y convertirlo en su negación manifiesta.

II. UN AUTOR MAL CONOCIDO
“¿Acaso los escritos de Marx y Engels (…) fueron alguna vez leídos por entero por nadie que estuviese fuera de las filas de los amigos próximos y los adeptos y, por consiguiente, de los seguidores e intérpretes directos de los autores?”. Así se interrogaba Antonio Labriola, en 1897, sobre cuánto de la obra de aquéllos fuese hasta entonces conocido. Sus conclusiones fueron inequivocas: “leer todos los escritos de los fundadores del socialismo científico pareció hasta ahora un privilegio de iniciados”; el “materialismo histórico” había llegado a los pueblos de lenguas neolatinas “a través de una serie de equívocos, malentendidos, de alteraciones grotescas, de extraños disfraces y de invenciones gratuitas” . Un “marxismo” imaginario. En efecto, como fue demostrado posteriormente por la investigación historiográfica, la convicción de que Marx y Engels fuesen verdaderamente leídos ha sido el fruto de una leyenda hagiográfica. Por el contrario, muchos de sus textos eran raros o imposibles de encontrar incluso en la lengua original y, por lo tanto, la invitación del estudioso italiano a dar vida a “una edición completa y crítica de todos los escritos de Marx y Engels” , indicaba una ineludible necesidad general. En opinión de Labriola, no era necesario ni compilar antologías, ni redactar un testamentum juxta canonem receptum, sino “todo el trabajo científico y político, toda la producción literaria, aunque fuese ocasional, de los dos fundadores del socialismo crítico, debe ser puesta al alcance de los lectores (…) para que ellos hablen directamente a todos los que tengan ganas de leerlos” . Más de un siglo después de este deseo, este proyecto aún no ha sido realizado.

Junto a estas valoraciones predominantemente filológicas, Labriola planteaba otras de carácter teórico, de sorprendente previsión con respecto a la época en que vivió. Consideraba que todos los escritos y trabajos inacabados de Marx y de Engels eran “los fragmentos de una ciencia y de una política que está en continuo devenir”. Para evitar buscar en ellos “lo que no está, ni debe estar”, o sea, “una especie de vulgata o preceptiva para la interpretación de la interpretación de todo, dondequiera y cuandoquiera”, tenían que ser plenamente comprendidos, lo que sólo podía lograrse reubicándolos en el momento y el contexto de su génesis. De lo contrario, quienes “no entienden el pensar y el saber como trabajos en curso”, o sea “los doctrinarios y los presuntuosos de todo tipo que tienen necesidad de los ídolos de la mente, los hacedores de sistemas clásicos valederos para la eternidad, los compiladores de manuales y de enciclopedias, buscarán en el marxismo, del revés y del derecho, lo que éste jamás pretendió ofrecer a nadie” : una solución sumaria y fideísta a las interrogaciones de la historia.

El ejecutor natural de la realización de las opera omnia no habría podido ser otro que la Sozialdemokratische Partei Deutschlands, detentora del Nachlaß y de las mayores competencias linguísticas y teóricas. Sin embargo, los conflictos políticos en el seno de la Socialdemocracia no sólo impidieron la publicación de la imponente e importante masa de trabajos inéditos de Marx, sino que produjeron también la dispersión de sus manuscritos, comprometiendo así cualquier designio de edición sistemática . Sorprendentemente, el partido alemán tampoco lo pretendió, y trató la herencia literaria de Marx y de Engels con la máxima negligencia . Ninguno de sus teóricos se ocupó de hacer una lista del legado intelectual de los dos fundadores, que estaba compuesto por muchos manuscritos incompletos y por proyectos no llevados a término. Aún menos hubo quien se dedicase a reunir una correspondencia, voluminosa pero extremadamente dispersa, aunque ésta es utilísima como fuente de esclarecimiento, cuando no incluso de continuación, de sus escritos. La biblioteca, por último, que tenía los libros que ellos poseían con interesantes notas marginales y subrayados, fue ignorada, en parte dispersada, y sólo luego, trabajosamente reconstruida y catalogada .

La primera publicación de las obras completas, la Marx-Engels Gesamtausgabe (MEGA) comenzó recién en los años veinte, por iniciativa de David Borisovich Riazanov, principal conocedor de Marx en el siglo diecinueve y director del Instituto Marx-Engels de Moscú. Sin embargo, también esta empresa naufragó a causa de los tempestuosos acontecimientos que vivió el movimiento obrero internacional, los cuales muy a menudo pusieron trabas a la edición de sus textos en vez de favorecerla. Las depuraciones estalinistas en la Unión Soviética, que se abatieron también sobre los estudiosos que dirigían el proyecto, y el triunfo del nazismo en Alemania, condujeron a la precoz interrupción de la edición, tornando vano también este intento. Se produjo así la contradicción absoluta del nacimiento de una ideología inflexible que se inspiraba en un autor cuya gigantesca obra todavía permanecía en parte inexplorada. La afirmación del “marxismo” y su cristalización como corpus dogmático precedieron al conocimiento de los textos cuya lectura era indispensable para comprender la formación y la evolución del pensamiento de Marx . Los principales trabajos juveniles, en efecto, sólo fueron impresos con la MEGA: [ Sobre la crítica de la filosofía hegeliana del derecho público.] en 1927, los [ Manuscritos económico-filosóficos de 1844] y [ La idelogía alemana] en 1932 – y, como ya había sucedido con los libros segundo y tercero de El capital, en ediciones en las que aparecían como obras terminadas, opción que posteriormente engendró muchos malentendidos interpretativos. Sucesivamente, y con tirajes que sólo pudieron asegurar una escasísima difusión, se publicaron algunos importantes trabajos preparatorios de El capital: en 1933 el [Capítulo VI inédito] y entre 1939 y 1941 los [Lineamientos fundamentales de la crítica de la economía política], más conocidos como Grundrisse. Esos inéditos, además, como los otros que siguieron, cuando no fueron escondidos por el temor a que pudiesen erosionar el canon ideológico dominante, estaban acompañados por una interpretación funcional a las exigencias políticas que, en el mejor de los casos, aportaba ajustes previsibles a dicha interpretación ya predeterminada y jamás se tradujeron en una seria rediscusión de conjunto de la obra.

El tortuoso proceso de difusión de los escritos de Marx y la carencia de una edición integral de los mismos, unidos a su carácter originario ya incompleto, al trabajo pésimo de los epígonos, a las lecturas tendenciosas y a las aún más numerosas no lecturas, son la causa fundamental de la gran paradoja: Karl Marx es un autor mal conocido, víctima de una profunda y reiterada incomprensión . Lo ha sido durante el período en el que el “marxismo” era política y culturalmente hegemónico, y todavía hoy sigue siéndolo.

IV. UNA OBRA PARA HOY
Liberada de la odiosa función de instrumentum regni, al que había sido destinada en el pasado, y de la falacia del “marxismo”, del cual fue definitivamente separada, la obra de Marx, todavía parcialmente inédita, reaparece en su aspecto original no acabado y es nuevamente presentada a los libres campos del saber. Una vez sustraída a sus autonombrados propietarios y a modos de empleo constrictivos por fin se ha hecho posible el pleno despliegue de su preciosa e inmensa herencia teórica.
Con el auxilio de la filología encuentran una respuesta la ya ineludible exigencia del reconocimiento de las fuentes, durante tanto tiempo envueltas y mistificadas por la propaganda apologética, y la necesidad de disponer de un índice seguro y definitivo de todos los manuscritos de Marx. Ella se ofrece como medio imprescindible para aclarar el texto, restableciéndole el horizonte problemático y polimorfo originario y evidenciando la enorme distancia que existe entre él y muchas de las interpretaciones y de las experiencias políticas que, aunque hayan pretendido apoyarse en él, han transmitido del mismo una percepción sumamente reductiva. Leer a Marx con la intención de reconstruir la génesis de sus escritos y el cuadro histórico en que nacieron, de poner en evidencia la importancia de la deuda intelectual en la elaboración, de considerar su carácter constantemente multidisciplinario , tal es la complicada tarea que tiene ante sí la nueva Marx Forschung (investigación sobre Marx) y que necesita, para ser realizada, una orientación permanentemente crítica y alejada del condicionamiento engañoso de la ideología.
Sin embargo, la de Marx no es solamente una obra carente de una adecuada interpretación crítica que pueda hacerle justicia a su genio , sino que es también una obra en una constante investigación por su autor.
Las reflexiones de Marx están atravesadas por una diferencia irreducible, por un carácter absolutamente particular respecto a las de la mayor parte de los otros pensadores. Ellas están unidas por un lazo inescindible entre la teoría y la praxis y se dirigen persistentemente a un sujeto privilegiado y concreto: “el movimiento real que lleva a la abolición del estado de las cosas presente” (die wirkliche Bewegung welche den jetzigen Zustand aufhebt) al cual se le confía “el derribamiento y la inversión práctica de las relaciones sociales existentes” (den praktischen Umsturz der realen gesellschftlichen Verhältnisse) . Creer que se puede relegar el patrimonio teórico y político de Marx a un pasado que ya no tendría nada que decir a los conflictos actuales, y circunscribirlo a la función de clásico momificado con un interés inofensivo para los días de hoy o encerrarlo en especialismos meramente especulativos, sería algo tan erróneo como su anterior transformación en la esfinge del gris socialismo real del siglo pasado.
Su obra conserva confines y pretensiones mucho más amplios que los ámbitos de las disciplinas académicas. Sin el pensamiento de Marx faltarían los conceptos para comprender y describir el mundo contemporáneo, así como los instrumentos críticos para invertir la subalternidad al credo imperante que presume poder representar el presente con las semblanzas antihistóricas de la naturalidad y de la inmutabilidad. Sin Marx estaríamos condenados a una verdadera afasia crítica.
No debe engañarnos la aparente inactualidad y el dogma absoluto y unánime que decreta con certeza el olvido. Sus ideas podrán en cambio provocar nuevos entusiasmos, estimular fecundas reflexiones ulteriores y sufrir otras alteraciones. La causa de la emancipación humana todavía deberá ponerlo a su servicio.
Crítico sin igual del sistema de producción capitalista, Karl Marx será fundamental hasta la superación de aquél. Su “espectro” está destinado a recorrer el mundo y a hacer que la humanidad se agite todavía durante mucho tiempo.

 

Traducción castellana: Gulliermo Almeyra

 

APÉNDICE: CRONOLOGÍA DE LAS OBRAS DE MARX

AÑO TÍTULO DE LA OBRA  INFORMACIÓN SOBRE LAS EDICIONES
1841 [Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y la de Epicuro] 1902: en Aus dem literarischen Nachlass von Karl Marx, Friedrich Engels und Ferdinand Lassalle, compilada por Mehring (version parcial).
1927: en MEGA I/1.1, compilada por Riazanov.
1842-43 Artículos para la Gaceta Renana Periódico que se imprimía en Colonia
1844 [Sobre la crítica de la filosofía hegeliana del derecho público] 1927: en MEGA I/1.1, a cargo de Riazanov.
1844 Ensayos para los Anales Franco-Alemanes Incluidos en Sobre la cuestión judía y Para la crítica de la filosofía del derecho de Hegel. Introducción. Número único publicado en París. La mayor parte de los ejemplares fue confiscada por la policía.
1845 [Manuscritos económico-filosóficos de 1844] 1932: en Der historische Materialismus, a cargo de Landshut y Mayer y en MEGA I/3, a cargo de Adoratsky (las ediciones difieren en su contenido y en el orden de las partes). El texto fui excluido de los volúmenes numerados de la MEW y publicado por separado.
1845 La Sagrada Familia (con Engels) Publicado en Frankfort sobre el Mein.
1845 [Tesis sobre Feuerbach] 1888: en apéndice a la reimpresión de Ludwig Fuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana de Engels.
1845-46 [La ideología alemana] (con Engels) 1903-1904: en Dokumente des Sozialismus, a cargo de Bernstein (versión parcial y manipulada).
1932: en Der historische Materialismus, a cargo de Landshut y Mayer, y en MEGA I/3, a cargo de Adoratsky (las ediciones difieren en su contenido y en el orden de las partes).
1847 Miseria de la filosofía Impreso en Bruselas y París. Texto en francés.
1848 Discurso sobre la cuestión del libre cambio Publicado en Bruselas. Texto en francés.
1848 Manifiesto del partido comunista (con Engels) Impreso en Londres. Conquistó cierta difusión a partir de los años setenta.
1848-49 Artículos para la Nueva Gaceta Renana Periódico de Colonia. Entre ellos figura Trabajo asalariado y capital.
1850 Artículos para la Nueva Gaceta Renana. Revista político-económica Fascículos mensuales impresos en Hamburgo y de exiguo tiraje. Comprenden Las luchas de clase en Francia desde 1848 a 1850.
1851-62 Artículos para el New-York Tribune Muchos artículos fueron redactados por Engels.
1852 El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte Publicado en Nueva York en el primer fascículo de Die Revolution. La mayor parte de los ejemplares no pudo ser retirada de la imprenta por dificultades financieras. A Europa llegó solamente un número insignificante de copias. La segunda edición –reelaborada por Marx – apareció sólo en 1869.
1852 [Los grandes hombres del exilio] (con Engels) 1930: en “Archiv Marksa i Engel’sa” (edición rusa). El manuscrito había sido ocultado precedentemente por Bernstein.
1853 Revelaciones sobre el proceso contra los comunistas de Colonia Impreso como anónimo en Basilea (casi todos los dos mil ejemplares fueron secuestrados por la policía) y en Boston. En 1874 fue reimpreso en el Volksstaat y Marx aparece como autor; en 1875 versión en libro.
1854 El caballero de la noble conciencia Publicado en Nueva York como folleto.
1856-57 Revelaciones sobre la historia diplomática del siglo dieciocho Aunque había sido ya publicado por Marx, después fue omitido y sólo fue publicado en Europa oriental en 1986 en la MECW. Texto en inglés.
1857-58 [Introducción a los Lineamientos fundamentales de la crítica de la economía política] 1903: en Die Neue Zeit, a cargo de Kautsky, con notables discordancias con el original.
1859 Para la crítica de la economía política Impreso en Berlín en mil ejemplares.
1860 Herr Vogt Impreso en Londres con escasa resonancia.
1861-63 [Para la crítica de la economía política (Manuscrito 1861-1863)] 1905-1910: Teorías sobre la plusvalía; a cargo de Kautsky (versión manipulada). El texto fiel al original recién apareció en 1954 (edición rusa) y en 1956 (edición alemana).
1976-1982: publicación integral de todo el manuscrito en MEGA² II/3.1-3.6.
1863-64 [Sobre la cuestión polaca] 1961: Manuskripte über die polnische Frag, a cargo del IISG.
1863-67 [Manuscritos económicos 1863-67] 1894: El capital. Libro tercero. El proceso global de la producción capitalista, a cargo de Engels (basado también sobre manuscritos sucesivos, editados en MEGA² II/14 y en preparación en MEGA² II/4.3).
1933: Libro primero. Capítulo VI inédito, en “Archiv Marksa i Engel’sa” (edición rusa).
1988: publicación de manuscritos del Libro primero y del Libro segundo, en MEGA² II/4.1.
1992: publicación de manuscritos del Libro tercero, en MEGA² II/4.2.
1864-72 Discursos, resoluciones, circulares, manifiestos, programas, estatutos para la Asociación Internacional de los Trabajadores Incluyen el Mensaje inaugural de la Asociación internacional de los trabajadores, La guerra civil en Francia y Las llamadas escisiones en la Internacional (con Engels). Por lo general, textos en inglés.
1865 [Salario, precio y ganancia] 1898: a cargo de Eleanor Marx. Texto en inglés.
1867 El capital. Libro primero. El proceso de producción del capital Editado en mil ejemplares en Hamburgo. Segunda edición en 1873 de tres mil copias. Traducción rusa en 1872.
1870 [Manuscrito para el libro segundo de El capital] 1885: El capital. Libro segundo. El proceso de circulación del capital, a cargo de Engels (basado también sobre el manuscrito de 1880-1881 y sobre los otros más breves de 1867-1868 y de 1877-1878, en preparación en MEGA² II/11).
1872-75 El capital. Libro primero: El proceso de producción del capital (edición francesa) Texto reelaborado para la traducción francesa publicada en fascículos. Según Marx tiene “un valor científico independiente del original”.
1874-75 [Notas sobre “Estado y Anarquía” de Bakunin] 1928: en Letopisi marxisma, prefacio de Riazanov (edición rusa). Manuscritos con extractos en ruso y comentarios en alemán.
1875 [Crítica al Programa de Gotha] 1891: en Die Neue Zeit, a cargo de Engels, que modificó algunos trechos del original.
1875 [La relación entre la cuota de plusvalía y la cuota de ganancia desarrollada matemáticamente] 2003: en MEGA² II/14.
1877 Sobre la “Historia crítica” (capítulo del Anti-Dühring de Engels) Publicado parcialmente en el Vorwärts y después íntegramente en la edición como libro.
1879-80 [Anotaciones sobre “La propiedad común rural” de Kovalevsky] 1977: en Karl Marx über Formen vorkapitalischer Produktion, a cargo del IISG.
1880-81 [Extractos de “La sociedad antigua” de Morgan] 1972: en The Ethnological Notebooks of Karl Marx, a cargo del IISG. Manuscritos con extractos en inglés.
1881 [Glosas marginales al “Manual de economía política” de Wagner] 1932: en El Capital (versión parcial).
1933: en SOČ XV (edición rusa).
1881-82 [Extractos cronológicos desde el 90 a.C hasta el 1648 ca.] 1938-1939: en “Archiv Marksa i Engel’sa” (versión parcial, edición rusa).
1953: en Marx,Engels, Lenin, Stalin, Zur deutschen Geschichte (versión parcial).

 

Categories
Journal Articles

Ο ΜΑΡΞ ΣΤΟ ΠΑΡΙΣΙ: ΧΕΙΡΟΓΡΑΦΑ ΚΑΙ ΑΠΟΣΠΑΣΜΑΤΑ ΑΠΟ ΤΟ 1844

1. Π αρίσι: Η πρωτεύουσα του νέου κόσμου
Το Παρίσι είναι ένα «θαυμαστό τέρας, ένα καταπληκτικό περίπλεγμα από αισθήσεις, μηχανές και σκέψεις, η πόλη των εκατό χιλιάδων μυθιστορημάτων, η κεφαλή του κόσμου».[1] Έτσι περιέγραψε ο Μπαλζάκ σε μια από τις αφηγήσεις του την επίδραση της γαλλικής πρωτεύουσας πάνω σε όλους όσους δεν την γνώριζαν καλά.
Στα χρόνια πριν την επανάσταση του 1848 η πόλη κατοικείτο από βιοτέχνες και εργάτες σε μόνιμη πολιτική αναταραχή, παροικίες προσφύγων, επαναστάτες, συγγραφείς και καλλιτέχνες από διάφορες χώρες και ο πολιτικός αναβρασμός είχε φτάσει σε μια τέτοια ένταση που συναντάται σε ελάχιστες άλλες ιστορικές εποχές. Γυναίκες και άνδρες διαφορετικής πνευματικής ευφυΐας δημοσίευαν βιβλία, περιοδικά και έντυπα, έγραφαν ποιήματα, έπαιρναν σε συγκεντρώσεις τον λόγο, συζητούσαν αδιάκοπα στα καφενεία, στο δρόμο, σε επίσημα δείπνα. Ζούσαν στον ίδιο τόπο και επηρέαζαν ο ένας τον άλλο. [2]
Ο Μπακούνιν είχε αποφασίσει «να περάσει το πόδι του πάνω από τον Ρήνο» για «(να σταθεί) με μιας στο μέσο των καινούριων πραγμάτων, που στη Γερμανία δεν έχουν ακόμα καν γεννηθεί. (Μεταξύ αυτών στην πρώτη γραμμή) η εξάπλωση της πολιτικής σκέψης σε όλους τους κύκλους της κοινωνίας». [3] Ο φον Στάιν έλεγε: «Ακόμα και στο Peuple το ίδιο είχε ξεκινήσει μια παράξενη μορφή ζωής, που δημιουργούσε νέους δεσμούς και διαισθανόταν νέες επαναστάσεις». [4] Ο Ρούνγκε διαπίστωνε: «Τις νίκες και τις ήττες μας τις ζούμε στο Παρίσι». [5]
Το Παρίσι ήταν με άλλα λόγια ο τόπος, όπου κάποιος έπρεπε να βρίσκεται αυτήν ακριβώς τη συγκεκριμένη ιστορική στιγμή.
Ο Μπαλζάκ σημείωνε στη συνέχεια: «εν κατακλείδι, οι δρόμοι του Παρισιού έχουν ανθρώπινες ιδιότητες και μας δημιουργούν με την όψη τους συγκεκριμένα συναισθήματα, που δεν μπορούμε να τα καταπολεμήσουμε». [6]
Πολλά από αυτά τα συναισθήματα εντυπωσίασαν και τον Κάρλ Μαρξ σε μεγάλο βαθμό, ο οποίος, 25 χρονών, είχε φθάσει στην πόλη το Οκτώβρη του 1843. Καθόρισαν βαθιά την πνευματική του εξέλιξη, η οποία στη διάρκεια ακριβώς της παραμονής του στο Παρίσι ωρίμασε αποφασιστικά.
Στη θεωρητική ευρύνοια με την οποία έφτασε ο Μαρξ στο Παρίσι μετά την δημοσιογραφική του εμπειρία στη Rheinische Zeitung και μετά την απόρριψη εκ μέρους του τού εννοιολογικού ορίζοντα του έλλογου κράτους του Χέγκελ καθώς και του δημοκρατικού ριζοσπαστισμού, [7] προστέθηκε η συγκεκριμένη του συνάντηση με το προλεταριάτο. Η αβεβαιότητα που προήλθε από την προβληματική ατμόσφαιρα της εποχής, η οποία αποκρυσταλλώθηκε γοργά μια νέα κοινωνικοοικονομική πραγματικότητα, εξαφανίσθηκε μετά την επαφή με την παρισινή εργατική τάξη και τις συνθήκες δουλειάς και διαβίωσής της, τις οποίες ο Μαρξ γνώρισε και σε θεωρητικό επίπεδο και στο επίπεδο της καθημερινότητας.
Η ανακάλυψη του προλεταριάτου και μαζί με αυτό της επανάστασης, η αποδοχή του κομμουνισμού αν και ακόμα σε αβέβαιη, μισο-ουτοπική μορφή, η κριτική στην θεωρησιακή φιλοσοφία του Χέγκελ και στην Αριστερά χεγκελιανής προέλευσης, το πρώτο σχέδιο της υλιστικής θεωρίας της ιστορίας και οι αρχές μιας κριτικής της πολιτικής οικονομίας – αυτά είναι τα θεμελιώδη θέματα, που ανέπτυξε ο Μαρξ την εποχή εκείνη.
Σε ό,τι ακολουθεί εξετάζονται τα [Οικονομικο-φιλοσοφικά Χειρόγραφα] [8] που δημιουργήθηκαν στη διάρκεια της παραμονής του στο Παρίσι, με έμφαση στα φιλολογικά ζητήματα που είναι συνδεδεμένα με αυτά, ενώ η κριτική ερμηνεία του διάσημου νεανικού του συγγράμματος εξαιρείται ηθελημένα.

2. Ο δρόμος προς την Πολιτική Οικονομία
Ήδη κατά τη διάρκεια της συνεργασίας του με την Rheinische Zeitung ο Μαρξ είχε ασχοληθεί με επιμέρους οικονομικά θέματα, αν και πάντα από νομικής και πολιτικής πλευράς. Από αυτό ορμώμενος ανέπτυξε το 1843 στο Kreuznach τις σκέψεις από τις οποίες προήλθε το χειρόγραφο [Για την Κριτική της Χεγκελιανής Φιλοσοφίας του Δικαίου], την πρώτη διατύπωση περί του ρόλου του οικονομικού παράγοντα στις κοινωνικές σχέσεις, καθώς είχε θεωρήσει την αστική κοινωνία ως την πραγματική βάση του πολιτικού κράτους.[9] Όμως μόνο στο Παρίσι καταπιάστηκε με «μια συνειδητή κριτική σπουδή της οικονομικής θεωρίας,[10] ωθούμενος από την αντίθεση δικαίου και πολιτικής, η οποία δεν μπορούσε να λυθεί στο δικό τους πεδίο, δηλαδή ωθούμενος από την ανικανότητα και των δύο να δώσουν απαντήσεις στα κοινωνικά προβλήματα. Επιρροή αποφασιστικής σημασίας στα παραπάνω είχαν οι απόψεις που είχε εκφράσει ο Έγκελς στοUmrisse zu einer Kritik der Nationalökonomie ( Περίγραμμα για μια κριτική της [θεωρίας της] Εθνικής Οικονομίας», ένα από τα δύο άρθρα του στον πρώτο και μοναδικό τόμο των Deutsch-französische Jahrb ücher (Γερμανογαλλικών Επετηρίδων). Από αυτή τη στιγμή και μετά οι κατά κύριο λόγο φιλοσοφικές, πολιτικές, και ιστορικές έρευνες του Μαρξ κατευθύνθηκαν προς αυτή την νέα επιστήμη, που έγινε το κομβικό σημείο των επιστημονικών ερευνών και προσπαθειών του. Οριοθέτησε έτσι έναν νέο ορίζοντα, από τον οποίο δεν θα παρέκκλινε ποτέ. [11]
Κάτω από την επιρροή του έργου Über das Geldwesen (Σχετικά με την έννοια του χρήματος) του Χες, ο οποίος μετέφερε την έννοια της αποξένωσης από την νοητική στην κοινωνικοοικονομική σφαίρα, επικεντρώθηκαν οι αντίστοιχες αναλύσεις σε μια πρώτη φάση στην κριτική της μεσολάβησης του χρήματος, που ερχόταν αντιμέτωπη την πραγμάτωση της ανθρώπινης φύσης. Στην πολεμική κατά του έργου του Μπρούνο Μπάουερ (Bruno Bauer) Zur Judenfrage (Σχετικά με το εβραϊκό ζήτημα) ο Μαρξ θεωρεί αυτή τη σχέση σαν το κοινωνικό πρόβλημα που εκφράζει τη φιλοσοφική και στορικοκοινωνική προϋπόθεση ολόκληρου του καπιταλιστικού πολιτισμού. Ο Εβραίος είναι αλληγορία και ιστορική πρωτοπορία των σχέσεων που αυτός (ο πολιτισμός) αναδεικνύει, η κοσμική του μορφή ανάγεται σε αυτήν του καπιταλιστή tout court.[12]
Λίγο αργότερα ο Μαρξ εγκαινίασε το νέο πεδίο ερευνών με ένα πλήθος μελετών και κριτικών καταγραφών που, όπως θα περιγράψουμε εκτενώς παρακάτω, αποτύπωσε διαδοχικά στα χειρόγραφα και στις σημειώσεις του, τις οποίες συνήθως πρόσθετε στα κείμενα που διάβαζε. Την κατευθυντήρια γραμμή της δουλειάς του σχημάτιζε η ανάγκη, να κάνει ορατό και να αντικρούσει τον μέγιστο μυστικισμό της πολιτικής οικονομίας –δηλαδή τη θέση σύμφωνα με την οποία οι κατηγορίες της ίσχυαν πάντα και παντού. Ο Μαρξ είχε εντυπωσιαστεί από τη τύφλωση των θεωρητικών της οικονομίας, την έλλειψη ιστορικής συνείδησης εκ μέρους τους, διότι στην πραγματικότητα προσπαθούσαν να καλύψουν και να δικαιολογήσουν με τον τρόπο αυτό την απανθρωπιά των οικονομικών συνθηκών του καιρού τους, στο όνομα της φυσικότητάς τους. Σε σχόλιο σε ένα κείμενο του Σαί παρατήρησε: «Η ατομική ιδιοκτησία είναι μια πραγματικότητα, με της οποίας την αιτιολόγηση δεν ασχολείται η εθνική οικονομία, η οποία όμως (πραγματικότητα) σχηματίζει τη βάση της (εθνικής οικονομίας) […] Ολόκληρη λοιπόν η [θεωρία της] εθνική[ς] οικονομία[ς] βασίζεται σε μια πραγματικότητα άνευ αναγκαιότητας». [13] Με παρόμοιο τρόπο εκφράστηκε και στα [οικονομικοφιλοσοφικά χειρόγραφα] στα οποία υπογράμμιζε: «Η εθνική οικονομία έχει ως αφετηρία της την ατομική ιδιοκτησία. Δεν μας την εξηγεί όμως». [14] «Αυτός [ο θεωρητικός της εθνικής οικονομίας] υποθέτει δεδομένη τη μορφή του γεγονότος, της πραγματικότητας, ενώ αυτό είναι που θα έπρεπε να αναλύσει». [15]
Η πολιτική οικονομία θεωρεί την τάξη της ατομικής ιδιοκτησίας και τις αντίστοιχες οικονομικές κατηγορίες συνακόλουθα σαν αμετάβλητες και σε αιώνια ισχύ. Ο άνθρωπος της αστικής κοινωνίας εμφανίζεται ως ο φυσιολογικός άνθρωπος. «Εάν μιλάμε για ατομική ιδιοκτησία, είναι σαν να πιστεύουμε ότι έχουμε να κάνουμε με ένα πράγμα έξω από τον άνθρωπο», [16] σχολιάζει ο Μαρξ, ο οποίος απέρριπτε με κάθε δυνατή οξύτητα αυτή την οντολογία της ανταλλαγής.
Βασισμένος σε αρκετές επισταμένες ιστορικές έρευνες, οι οποίες του έδωσαν ένα πρώτο τεκμήριο ερμηνείας για τη χρονική εξέλιξη των κοινωνικών δομών και με την αφομοίωση εκείνων των απόψεων του Προυντόν, που τις θεωρούσε τις πιο πετυχημένες, δηλαδή την κριτική του στην αντίληψη της ιδιοκτησίας ως φυσικού δικαίου, ο Μαρξ έφθασε στη θεμελιώδη άποψη για την προσωρινότητα της ιστορίας. Οι αστοί θεωρητικοί της οικονομίας είχαν παρουσιάσει τους νόμους της καπιταλιστικής μορφής της παραγωγής σαν αιώνιους νόμους της ανθρώπινης κοινωνίας. Ο Μαρξ αντίθετα καθιέρωσε ως αποκλειστικό και εξειδικευμένο αντικείμενο έρευνας την ειδική φύση των σχέσεων της εποχής του, «τη διαρρηγμένη πραγματικότητα της βιομηχανίας», [17] υπογράμμισε την προσωρινότητά της, τον χαρακτήρα της ως ενός ιστορικά προδιαγεγραμμένου ιστορικού σταδίου και άρχισε την έρευνα για τις αντιθέσεις που δημιουργεί ο καπιταλισμός και που οδηγούν στο ξεπέρασμά του.
Αυτός ο διαφορετικός τρόπος κατανόησης των κοινωνικών σχέσεων είχε σημαντικές συνέπειες, μεταξύ των οποίων χωρίς αμφιβολία ήταν και η ανάδυση της έννοιας της αποξενωμένης εργασίας. Σε αντίθεση με τους θεωρητικούς της πολιτικής οικονομίας, όπως και με τον Χέγκελ, οι οποίοι κατανοούσαν την εργασία σαν μια φυσική και αμετάβλητη συνθήκη της κοινωνίας, ο Μαρξ διήνυσε έναν δρόμο, στην πορεία του οποίου απέρριψε την ανθρωπολογική διάσταση της αποξένωσης και τοποθέτησε στη θέση της μια κοινωνικοϊστορικά θεμελιωμένη θέση, η οποία ανάγει την εργασία στη συγκεκριμένη δομή των κοινωνικών σχέσεων παραγωγής: στην ανθρώπινη αποξένωση κάτω από τις συνθήκες της βιομηχανικής εργασίας.
Οι συνοδευτικές παρατηρήσεις του Μαρξ στα αποσπάσματα που επιλέγει από τον James Mill δείχνουν καθαρά «πώς η (θεωρία της) εθνική(ς) οικονομία(ς) αποδέχεται την αποξενωμένη μορφή της κοινωνικής επαφής σαν μορφή που αντιστοιχεί στην ουσία, την αρχή και τον προορισμό του ανθρώπου». [18] Χωρίς να θεωρείται μια σταθερή συνθήκη της αντικειμενοποίησης, της παραγωγής του εργάτη, η αποξενωμένη εργασία είναι για τον Μαρξ έκφραση της κοινωνικοποίησης της εργασίας στα πλαίσια της καθεστηκυίας τάξης, του καταμερισμού εργασίας που θεωρεί τον άνθρωπο σαν «μια κινητή μηχανή», και τον μεταμορφώνει μέχρι τα όρια μιας πνευματικής και φυσικής τερατογένεσης (…)». [19]
Στη δραστηριότητα της εργασίας εμφανίζεται η ιδιαιτερότητα του ατόμου, είναι η πραγματοποίηση μιας ιδιαίτερης ανάγκης, όπου «αυτή η πραγματοποίηση της εργασίας εμφανίζεται στην κατάσταση της εθνικοοικονομικής θεωρίας σαναποξένωση του εργάτη». [20] Στην πραγματικότητα ενώ η εργασία θα ήταν αυτοπραγμάτωση του ανθρώπου, ελεύθερη δημιουργική δραστηριότητα, «κάτω από την προϋπόθεση της ατομικής ιδιοκτησίας η ατομικότητά μου αλλοτριώνεται μέχρι του σημείου, όπου αυτή η δραστηριότητα μου είναι μισητή, ένα βάσανο και πολύ περισσότερο μόνο το επίπλασμα μιας δραστηριότητας, και γι’ αυτό το λόγο μια καταναγκαστική δραστηριότητα, και που μου έχει επιβληθεί μόνο από μια εξωτερική τυχαία ανάγκη» [21].
Ο Μαρξ έφθασε στα συμπεράσματα αυτά συγκεφαλαιώνοντας τις ισχύουσες θεωρίες της οικονομικής επιστήμης, ασκώντας κριτική στα επιμέρους στοιχεία τους και αντιστρέφοντας τα συμπεράσματά τους. Αφοσιώθηκε στον σκοπό αυτό με εντατική και ακούραστη προσπάθεια. Ο Μαρξ της εποχής του Παρισιού είναι ένας Μαρξ αχόρταγος για διάβασμα, που αφοσιώθηκε στη μελέτη μέρα και νύχτα. Είναι ένας Μαρξ γεμάτος ενθουσιασμό και σχέδια, που σχεδίαζε τόσο μεγάλα πλάνα εργασιών, ώστε δεν στάθηκε δυνατόν να τα αποπερατώσει ποτέ, ο οποίος μελετούσε κάθε κείμενο που είχε σχέση με το εκάστοτε ζήτημα που ερευνούσε, για να απορροφηθεί μετά από τη γοργή πρόοδο των αναζητήσεών του και τη μεταβολή των ενδιαφερόντων του, που τον οδηγούσαν σε τακτά διαστήματα σε νέους ορίζοντες, νέες προθέσεις και συνεχιζόμενες έρευνες. [22]
Στην αριστερή όχθη του Σηκουάνα σχεδίαζε να συγγράψει μια κριτική στην χεγκελιανή φιλοσοφία του δικαίου, πραγματοποίησε έρευνες για τη γαλλική επανάσταση, για να συγγράψει μια ιστορία του Konvent, σχεδίασε μια κριτική των ήδη υπαρχουσών σοσιαλιστικών και κομμουνιστικών διδασκαλιών. Χιλιάδες άλλες προθέσεις ακολούθησαν. Μετά όρμησε σαν μανιασμένος στη μελέτη της πολιτικής οικονομίας, που την διέκοψε ξαφνικά, κυριευμένος από το πρωταρχικά ζητούμενο, να καθαρίσει οριστικά το πεδίο στη Γερμανία από την διαβρωτική κριτική του Μπάουερ και των συντρόφων του και έτσι έγραψε το πρώτο του έργο: Η Άγια οικογένεια. Οτιδήποτε υπήρχε για να του ασκηθεί κριτική, περνούσε μέσα από το κεφάλι του και μέσα από την πένα του. Και όμως αυτός ο ακραία δημιουργικός νεαρός της χεγκελιανής αριστεράς ήταν αυτός που δημοσίευσε λιγότερα από πολλούς άλλους. Το ημιτελές που θα χαρακτηρίζει το συνολικό του έργο άφησε ήδη τη σφραγίδα του στα έργα του κατά τον πρώτο χρόνο στο Παρίσι. Η συνέπειά του ήταν απίστευτη. Αρνιόταν να γράψει έστω και μία πρόταση, εάν δεν μπορούσε να την αποδείξει με δέκα διαφορετικούς τρόπους.[23] Η πεποίθησή του ότι οι πληροφορίες του δεν ήταν πλήρεις, οι αξιολογήσεις του πρώιμες, τον εμπόδιζε στις περισσότερες των περιπτώσεων να δώσει τα έργα του για εκτύπωση, τα οποία έτσι παρέμειναν προσχέδια και αποκόμματα. [24] Οι σημειώσεις του έχουν για τον λόγο αυτό πολύ μεγάλη αξία. Δείχνουν την ευρύτητα των ερευνών του, αποδίδουν μερικές από τις ιδέες του και πρέπει να αξιολογηθούν σαν αναπόσπαστο τμήμα του συνολικού του έργου. Αυτό ισχύει και για την περίοδο στο Παρίσι, στη διάρκεια της οποίας, τα χειρόγραφα και οι σημειώσεις που συνέγραψε αποδεικνύουν μια μεταξύ τους σχέση που είναι αδύνατο να διαχωριστεί..[25]

3. Χειρόγραφα και τετράδια με αποσπάσματα: Τα κείμενα του 1844
Παρόλη την ατελή μορφή τους και τον αποσπασματικό τρόπο που τα χαρακτηρίζει τα [Οικονομικο-φιλοσοφικά χειρόγραφα] του 1844 διαβάστηκαν σχεδόν πάντα χωρίς να ληφθούν υπόψη τα φιλολογικά προβλήματα με τα οποία συνδέονταν, τα οποία είτε παραβλέπονταν είτε θεωρούνταν ήσσονος σημασίας. [26] Μόλις το 1932 δημοσιεύτηκαν για πρώτη φορά σε επίτομη μορφή και μάλιστα σε δύο διαφορετικές εκδόσεις. Στην επιτομή Ο ιστορικός υλισμός που επιμελήθηκαν οι σοσιαλδημοκράτες Landshut και Mayer εμφανίστηκαν με τον τίτλο «Εθνική οικονομία και φιλοσοφία» [27], στη συνολική έκδοση των έργων των Μαρξ και Ένγκελς (τη MEGA) αντίθετα, σαν Oικονομικο-φιλοσοφικά χειρόγραφα του 1844 [28]. Οι δύο εκδόσεις δεν διέφεραν μόνο ως προς τον τίτλο, αλλά και ως προς το περιεχόμενο και τη σειρά των διαφόρων τμημάτων, η οποία μάλιστα παρουσίαζε πολύ μεγάλες διαφορές. Στην έκδοση που αναφέρθηκε πρώτη, η οποία ήταν γεμάτη από λάθη λόγω της μη ακριβούς αποκωδικοποίησης του πρωτοτύπου, έλειπε η πρώτη ομάδα των φύλλων, το λεγόμενο πρώτο χειρόγραφο και από λάθος προστέθηκε ένα τέταρτο χειρόγραφο το οποίο στην πραγματικότητα ήταν μια περίληψη του τελικού κεφαλαίου από την Φαινομενολογία του πνεύματος του Χέγκελ, που θεωρήθηκε ότι ήταν του Μαρξ. [29] Όμως μέχρι τότε δόθηκε ελάχιστη προσοχή στο ότι οι εκδότες της πρώτης MEGA, με το να δώσουν όνομα στα χειρόγραφα, να βάλουν τον πρόλογο στην αρχή, ενώ στην πραγματικότητα είναι στο τρίτο χειρόγραφο, και να τα τακτοποιήσουν συνολικά εκ νέου, οδήγησαν στο συμπέρασμα ότι ο Μαρξ είχε από την αρχή σαν στόχο να γράψει μια κριτική της πολιτικής οικονομίας και ότι το συνολικό έργο ήταν δήθεν από την αρχή χωρισμένο σε κεφάλαια. [30]
Εκτός αυτού, γενικά θεωρήθηκε από λάθος ότι ο Μαρξ είχε γράψει εκείνα τα κείμενα μόνο αφού διάβασε και συνόψισε [31] τα έργα της πολιτικής οικονομίας που μελετούσε, ενώ στην πραγματικότητα, κατά τη διαδικασία της συγγραφής, χειρόγραφα και αποσπάσματα εναλλάσσονταν, και τα τελευταία μάλιστα συνόδευαν όλη την παρισινή παραγωγή του Μαρξ, από τα άρθρα για τηνΓερμανογαλλική Επετηρίδα (Deutsch-franz ösische Jahrbücher), μέχρι την Αγία Οικογένεια.
Παρά την κατά τα φαινόμενα προβληματική τους μορφή, το μπέρδεμα που προκάλεσαν οι διαφορετικές εκδόσεις και τη συνειδητοποίηση ότι ένα μεγάλο μέρος του δεύτερου, σημαντικότατου και δυστυχώς χαμένου χειρογράφου έλλειπε, κανείς από τους ερμηνευτές, κριτικούς και μεταγενέστερους εκδότες των κειμένων δεν προέβη σε εκ νέου έλεγχο των πρωτοτύπων, έλεγχο ο οποίος εντούτοις ήταν απόλυτα απαραίτητος για ένα κείμενο, το οποίο έπαιξε τόσο βαρύνοντα ρόλο στις διαφορετικές κριτικές ερμηνείες του Μαρξ.
Τα [Οικονομικο-φιλοσοφικά χειρόγραφα] γράφτηκαν μεταξύ Μάη και Αυγούστου και δεν μπορούν να θεωρηθούν ως ένα έργο συστηματικά γραμμένο, προδιαγεγραμμένο και ολοκληρωμένο. Οι πολυάριθμες ερμηνείες που τους προσέδωσαν τον χαρακτήρα μιας ολοκληρωμένης άποψης, είτε γιατί εξήραν την πληρότητα της σκέψης του Μαρξ, είτε γιατί τα θεώρησαν σαν έκφραση μιας συγκεκριμένης άποψης, σε αντίθεση με αυτήν του Μαρξ της επιστημονικής ωριμότητας,[32] αντικρούονται από τη φιλολογική ανάλυση. Ετερογενή και πολύ μακριά από το να επιδεικνύουν στενή σχέση μεταξύ των επιμέρους τμημάτων, (τα χειρόγραφα) είναι η φανερή έκφραση μιας θεωρητικής θέσης που βρίσκεται σε (μετα)κίνηση. Ο τρόπος αφομοίωσης και χρήσης των διαβασμάτων από τα οποία τροφοδοτήθηκε η σκέψη του Μαρξ μπορεί να αναδειχθεί με βάση τα εννιά διασωθέντα τετράδια με πάνω από 200 σελίδες αποσπάσματα και σχόλια. [33]
Τα παρισινά τετράδια διατηρούν τα ίχνη της συνάντησης του Μαρξ με την πολιτική οικονομία όπως και τα ίχνη της δημιουργίας των πλέον πρώιμων εργασιών του για μια οικονομική θεωρία. Από τη σύγκριση των τετραδίων αυτών με συγγράμματα που δημοσιεύτηκαν ή δεν δημοσιεύτηκαν την εποχή αυτή απορρέει ξεκάθαρα η σημασία των μελετών για την εξέλιξη των απόψεών του. [34] Ο Μαρξ δημιούργησε αποσπάσματα – για να περιορίσουμε την καταμέτρηση μόνο σε συγγραφείς της πολιτικής οικονομίας – από κείμενα των Say, Schütz, List, Osiander, Smith, Skarbek, Ricardo, James Mill, MacCulloch, Prevost, Destutt de Tracy, Buret, de Boisguillebert, Law και Lauderdale. [35] Εκτός αυτού έκανε αναφορές μέσα στα [Οικονομικο-φιλοσοφικά χειρόγραφα] σε άρθρα και σύγχρονη αλληλογραφία των Proudhon, Schulz, Pecquer, Loudon, Sismondi, Ganihl, Chevalier, Malthus, de Pompery και Bentham.
Τα πρώτα αποσπάσματα από το Traité d’é conomie politique του Say, από το οποίο ο Μαρξ αντέγραψε ολόκληρα τμήματα, προέκυψαν όταν αποκτούσε τις πρώτες θεμελιώδεις γνώσεις οικονομίας. Η μοναδική δική του άποψη προστέθηκε εκ των υστέρων και βρίσκεται στη δεξιά πλευρά της σελίδας, την οποία διατηρούσε συνήθως για τον σκοπό αυτό. Επίσης και με τις περιλήψεις των Recherches sur la nature et les causes de la richesse des nations του Smith, που δημιουργήθηκαν αργότερα, ακολουθούσε τον ίδιο στόχο, να αφομοιώσει θεμελιώδεις οικονομικούς όρους. Παρόλο που πρόκειται για τα πλέον μακροσκελή αποσπάσματα, δεν βρίσκεται πράγματι ανάμεσά τους κανένα σχεδόν σχόλιο. Παρ’ όλα αυτά η σκέψη του Μαρξ γίνεται ξεκάθαρη από τη συναρμογή των παραγράφων και από τη δική του τεχνική που την συναντούμε και αλλού, της αντιπαράθεσης θέσεων διαφόρων θεωρητικών της οικονομίας που αποκλίνουν. Διαφορετικής μορφής αντίθετα είναι τα αποσπάσματα από Des principes de l’économie politique et de l’imp ôt του Ricardo, στα οποία παρουσιάζονται οι πρώτες του παρατηρήσεις. Αυτές συγκεντρώνονται στους όρους αξία και τιμή, που την εποχή εκείνη τις θεωρούσε ακόμα ταυτόσημες. Αυτή η ταυτοσημία της αξίας του προϊόντος και των τιμών ξεπήδησε από την πρωτογενή σύνθεση του Μαρξ, όπου μόνο η αξία ανταλλαγής, που προέρχεται από τον ανταγωνισμό, υφίσταται στην πραγματικότητα, ενώ τον όρο φυσική τιμή, σαν απλή νοητική κατασκευή τον τοποθετούσε στη σφαίρα των αφηρημένων εννοιών. Με την πρόοδο των μελετών του τέτοιες κριτικές παρατηρήσεις δεν προβάλλουν πλέον σποραδικά, παρά εναλλάσσονται με τις περιλήψεις των έργων και με την πρόοδο των γνώσεων, από συγγραφέα σε συγγραφέα, γίνονται όλο και περισσότερες. Μεμονωμένες προτάσεις, κατόπιν ευρύτερες διευκρινήσεις, μέχρι που η αναλογία ανατρέπεται αφού πλέον στα Éléments d’économie politique του James Mill έχει επικεντρωθεί στην κριτική της διαμεσολάβησης του χρήματος, που την αντιλαμβάνεται ως την απόλυτη κυριαρχία του αποξενωμένου αντικειμένου επάνω στον άνθρωπο. Πλέον, τα κείμενά του δεν συνοδεύουν τα αποσπάσματα αλλά συμβαίνει πλέον το ακριβώς αντίθετο.
Ένα ακόμα στοιχείο για την περαιτέρω χρήση των σημειώσεων αυτών – κατά την χρονική στιγμή της δημιουργίας τους όπως και αργότερα – φαίνεται χρήσιμο για να δείξει την σημασία των αποσπασμάτων: Ένα τμήμα τους δημοσιεύτηκε το 1844 στο Vorwärts!, το δεκαπενθήμερο έντυπο των γερμανών εξορίστων στο Παρίσι, για να συμβάλει στη διανοητική πρόοδο των αναγνωστών της εφημερίδας. [36] Επειδή όμως ήταν πολύ ανεπτυγμένες, χρησιμοποιήθηκαν και πάλι από τον Μαρξ, που είχε την συνήθεια μετά από λίγο καιρό να ξαναδιαβάζει τις σημειώσεις του, προπάντων στα Οικονομικά Χειρόγραφα του 1857-58, πιο γνωστά ως Grundrisse, στα Χειρίγραφα του 1861-63 και στον πρώτο τόμο του Κεφαλαίου.
Ο Μαρξ ανέπτυσσε λοιπόν τις σκέψεις του τόσο στα [ Οικονομικο-φιλοσοφικά χειρόγραφα] όσο και στα τετράδια αποσπασμάτων που προέκυπταν από τις μελέτες του. Τα χειρόγραφα είναι γεμάτα από αποσπάσματα, το πρώτο είναι σχεδόν μια συλλογή από αποσπάσματα και τα τετράδια με τις συνόψεις του, παρότι είναι περισσότερο επικεντρωμένα στα κείμενα που έχει διαβάσει, περιέχουν και αυτά τα σχόλιά του. Το περιεχόμενο και των δύο, όπως και οι ιδιομορφίες γραφής – που χαρακτηρίζονται από τη διαίρεση των φύλλων σε στήλες– η αρίθμηση των σελίδων και η χρονική στιγμή της συγγραφής τους δείχνουν ότι ταΟικονομικο-φιλοσοφικά χειρόγραφα δεν αποτελούν ένα αυτόνομο έργο, [37] αλλά είναι τμήμα της κριτικής παραγωγής που περιλαμβάνει εκείνη την εποχή αποσπάσματα από τα κείμενα που μελετούσε, καθώς και κριτικές σκέψεις και επεξεργασίες σχετικά με αυτά, που τα κατέγραφε άμεσα ή σε πιο μελετημένη μορφή στο χαρτί. Το να ξεχωρίζουμε τα χειρόγραφα από τα υπόλοιπα, να τα αποκόβουμε από τον συσχετισμό τους, μπορεί να οδηγήσει σε ερμηνευτικές πλάνες.
Μόνο το σύνολο όλων αυτών των σημειώσεων, μαζί με την ιστορική ανακατασκευή της δημιουργίας τους, ξεκαθαρίζει πράγματι την κατεύθυνση και την πολυπλοκότητα της κριτικής του σκέψης κατά τη διάρκεια του ιδιαίτερα δημιουργικού χρόνου του στο Παρίσι. [38]

4. Κριτική της φιλοσοφίας και κριτική της πολιτικής
Το εξωτερικό πλαίσιο μέσα στο οποίο προόδευαν οι ιδέες του Μαρξ και η επιρροή που είχε αυτό στον ίδιο από πρακτική άποψη αξίζουν μια ακόμα σύντομη αναφορά. Το πλαίσιο αυτό ήταν διαποτισμένο από μια βαθιά κοινωνικοοικονομική μεταβολή και πάνω απ’ όλα από μια μεγάλη διεύρυνση του προλεταριάτου. Με την ανακάλυψη του προλεταριάτου, ο Μαρξ μπορούσε να τεμαχίσει την έννοια του Χέγκελ αστικό κράτος σε έννοιες με ταξικό περιεχόμενο. Επιπλέον συνειδητοποίησε ότι το προλεταριάτο ήταν μια νέα τάξη, που διέφερε από τους φτωχούς, διότι η μιζέρια του απέρρεε από τις συνθήκες εργασίας τους. Επρόκειτο για την εκδήλωση μιας κύριας αντίθεσης της αστικής κοινωνίας: «Ο εργάτης γίνεται τόσο πιο φτωχός όσο περισσότερο πλούτο παράγει, όσο περισσότερο η παραγωγή του αυξάνει σε δύναμη και έκταση».[39]
Η εξέγερση των υφαντών στη Σιλεσία τον Ιούνιο εκείνου του χρόνου πρόσφερε στον Μαρξ μια ακόμα ευκαιρία για την προώθηση της κατεύθυνσης των σκέψεών του. Στο άρθρο «Kritische Randglossen zu dem Artikel “Der König von Preußen und die Sozialreform. Von einem Preußen”» («Κριτικές σημειώσεις στο άρθρο “Ο βασιλιάς της Πρωσίας και η κοινωνική μεταρρύθμιση. Από έναν Πρώσο”», που δημοσιεύτηκε στο Vorwärts !, μέσα από την κριτική προς τον Ρούγκε και προς ένα άρθρο του που είχε μόλις δημοσιευτεί, όπου ο οποιοσδήποτε αγώνας θεωρείτο αποσπασματικός όσον αφορά το πνεύμα της πολιτικής, τήρησε αποστάσεις από τη χεγκελιανή άποψη, που έβλεπε στο κράτος τον μοναδικό εκπρόσωπο του γενικού συμφέροντος και έθετε κάθε κίνημα εντός της αστικής κοινωνίας στον χώρο της τμηματικότητας και της ιδιωτικής σφαίρας. [40] Για τον Μαρξ, αντίθετα, βρίσκεται «μια κοινωνική επανάσταση […] στη θέση της ολότητας», [41] και υπό την επίδραση ενός τέτοιου επαναστατικού γεγονότος υπογράμμισε την τυφλότητα εκείνων που έψαχναν την αιτία των κοινωνικών προβλημάτων «όχι στην υπόσταση του κράτους παρά σε μια συγκεκριμένη μορφή κράτους». [42]
Γενικά θεωρούσε τους στόχους των σοσιαλιστικών θεωριών, τη μεταρρύθμιση της κοινωνίας, την ισότητα στους μισθούς και μια νέα οργάνωση της εργασίας εντός της καπιταλιστικής τάξης, σαν προτάσεις από ανθρώπους που παρέμεναν αιχμάλωτοι των προϋποθέσεων που οι ίδιοι πολεμούσαν (Proudhon) και οι οποίοι προπάντων δεν καταλάβαιναν την πραγματική σχέση μεταξύ ατομικής ιδιοκτησίας και αποξενωμένης εργασίας. Αποδεικνύεται ότι «εάν η ατομική ιδιοκτησία εμφανίζεται σαν η αιτία, η αφετηρία της αποξενωμένης εργασίας, εντούτοις είναι πολύ περισσότερο μια συνέπεια της». [43] «Η ατομική ιδιοκτησία είναι λοιπόν το προϊόν, το αποτέλεσμα της αποξενωμένης εργασίας». [44] Στις σοσιαλιστικές θεωρίες ο Μαρξ αντιπαρέθεσε το σχέδιο για ένα ριζοσπαστικό μετασχηματισμό του οικονομικού συστήματος σύμφωνα με το οποίο «το κεφάλαιο […] “σαν τέτοιο” πρέπει να καταργηθεί». [45]
Όσο πιο κοντά βρίσκονταν εκείνες οι θεωρίες στη σκέψη του τόσο οξύτερη γινόταν η κριτική του, ενισχυμένη από την ανάγκη να ξεκαθαρίσει τα πράγματα. Η επεξεργασία του συστήματός του τον ωθούσε σε μια διαρκή σύγκριση μεταξύ των ιδεών που τον περιέβαλαν και των αποτελεσμάτων των μελετών του, που προχωρούσαν. Ήταν η γοργή πορεία της πνευματικής του ωρίμανσης που τον ωθούσε σ’ αυτό. Όπως και τις άλλες θεωρίες, η κριτική του βρήκε και την χεγκελιανή Αριστερά. Οι κρίσεις για τους εκπροσώπους της ήταν ιδιαίτερα αυστηρές, γιατί εμπεριείχαν και αυτοκριτική για το ίδιο το παρελθόν του. Στην Allgemeine Literatur -Zeitung, το μηνιαίο έντυπο που εκδιδόταν από τον Bruno Bauer διατυπώθηκε ξεκάθαρα η θέση: «Έτσι απέχει ο κριτικός από όλες τις χαρές της κοινωνίας, όμως και τα βάσανά της βρίσκονται μακριά του […] είναι θρονιασμένος στη μοναξιά». [46] Για τον Μαρξ αντίθετα δεν είναι «η κριτική […] ένα διανοητικό πάθος. Δεν είναι ανατομικό μαχαίρι, είναι ένα όπλο. Το αντικείμενό της είναι ο εχθρός της, τον οποίο δεν θέλει να αντικρούσει αλλά να τον εκμηδενίσει […]. Δεν θεωρεί πλέον τον εαυτό της σαν αυτοσκοπό, αλλά πλέον μόνο σαν μέσο». [47] Αντίθετα με τον σολιψισμό της «κριτικής Κριτικής», [48] που είχε σαν αφετηρία την αόριστη πίστη ότι μια αποξένωση μόνο με το που αναγνωρίζεται έχει κιόλας ξεπεραστεί, του ήταν ξεκάθαρο, ότι «η υλική βία πρέπει να γκρεμιστεί με υλική βία»[49] και το κοινωνικό Είναι μπορεί να αλλάξει μόνο μέσα από την ανθρώπινη πράξη. Το να αποκαλυφθεί η αποξένωση του ανθρώπου, το να γίνει συνειδητή, θα έπρεπε ταυτόχρονα να σημαίνει, ότι έπρεπε να προωθηθεί και η πραγματική της εξάλειψη. Δεν μπορεί να νοηθεί καμιά μεγαλύτερη απόσταση από αυτήν μεταξύ μιας φιλοσοφίας που αποκλείει τον εαυτό της μέσα στη θεωρησιακή απομόνωση και προσφεύγει απλά και μόνο άκαρπες μάχες εννοιών και της δικής του κριτικής που βρίσκεται «σε μια μάχη σώμα με σώμα» [50]. Είναι η ίδια απόσταση που χωρίζει την αναζήτηση της ελευθερίας της συνείδησης από την αναζήτηση της ελευθερίας της εργασίας.

5. Επίλογος
Η σκέψη του Μαρξ διέτρεξε μια αποφασιστικής σημασίας εξέλιξη κατά τον χρόνο που αυτός παρέμεινε στο Παρίσι. Ήταν πλέον σίγουρος, ότι η μεταβολή του κόσμου αποτελούσε ένα πρακτικό ζήτημα, «που δεν μπορούσε να το λύσει η Φιλοσοφία, ακριβώς επειδή το θεωρούσε μόνο θεωρητικό καθήκον».[51] Πήρε τελειωτικά πλέον αποστάσεις από την όποια φιλοσοφία δεν είχε συνειδητοποιήσει αυτό και δεν είχε μεταμορφωθεί στην αναγκαία φιλοσοφία της Πράξης. Η ανάλυσή του δεν ασχολήθηκε πλέον με την κατηγορία της αποξένωσης της εργασίας αλλά με την πραγματικότητα της αθλιότητας των εργατών. Τα συμπεράσματά του δεν ήταν πλέον θεωρησιακής μορφής, αλλά κατευθύνθηκαν προς την επαναστατική δράση. [52]
Και η πολιτική του σκέψη μεταβλήθηκε βαθειά. Δεν αποδέχθηκε καμιά από τις υπάρχουσες στενόμυαλες σοσιαλιστικές και κομμουνιστικές διδαχές, αλλά πήρε πλέον αποστάσεις από αυτές καθώς συνειδητοποίησε ότι οι οικονομικές συνθήκες ήταν ο συνδετικός ιστός της κοινωνίας. «Θρησκεία, οικογένεια, κράτος, δίκαιο, ηθική, επιστήμη, τέχνη, κλπ. αποτελούν μόνο ιδιαίτερες όψεις της παραγωγής και υπακούουν στον γενικό της νόμο». [53] Έτσι το κράτος έχασε την πρωταρχική του θέση, την οποία κατείχε στην πολιτική φιλοσοφία του Χέγκελ και έγινε κατανοητό, στο πλαίσιο της κοινωνίας, ως μια ορισμένη αλλά όχι και η κυρίαρχη σφαίρα των σχέσεων μεταξύ των ανθρώπων: «Μόνο η πολιτική φαντασιοκοπία θεωρεί πλέον σήμερα ότι ο αστικός τρόπος ζωής προκύπτει από το κράτος, ενώ αντίθετα στην πραγματικότητα το κράτος προκύπτει από τον αστικό τρόπο ζωής»[54].
Επίσης μεταβλήθηκε δραματικά η κατανόησή του όσον αφορά το επαναστατικό υποκείμενο. Από την αρχική θεώρηση για την «ανθρωπότητα που υποφέρει» [55] ο Μαρξ κατέληξε στο συμπέρασμα ότι ρόλο επαναστατικού υποκειμένου παίζει το προλεταριάτο. Το προλεταριάτο αρχικά έγινε αντιληπτό σαν αφηρημένη έννοια που εδράζεται στις διαλεκτικές αντιθέσεις, σαν «παθητικό στοιχείο» της θεωρίας [56], για να γίνει μετά, στη βάση μιας πρώτης κοινωνικοοικονομικής ανάλυσης, το ενεργητικό στοιχείο της ίδιας της δικής του απελευθέρωσης, η μοναδική τάξη που διαθέτει μέσα στο καπιταλιστικό κοινωνικό σύστημα επαναστατική δυναμική.
Τελικά τη θέση μιας συγκεχυμένης ακόμα κριτικής στην πολιτική διαμεσολάβηση του κράτους και την οικονομική διαμεσολάβηση του χρήματος – εμπόδια για την πραγμάτωση μιας ανθρώπινης κοινότητας κατά την εκτίμηση του Feuerbach – πήρε η κριτική μιας ιστορικά καθορισμένης σχέσης, στην οποία αναγνωρίστηκε η υλική παραγωγή ως η βάση για κάθε ανάλυση και μεταβολή του παρόντος, «διότι ολόκληρη η ανθρώπινη υποδούλωση εμπεριέχεται στη σχέση του εργάτη με την παραγωγή και όλες οι σχέσεις υποδούλωσης είναι μόνο εξειδικεύσεις και συνέπειες αυτής της σχέσης». [57] Ο Μαρξ δεν ήγηρε πλέον μια γενική απαίτηση απελευθέρωσης, αλλά απαιτούσε τη ριζική μεταβολή της πραγματικής διαδικασίας παραγωγής.
Ενώ έφθανε σ’ αυτά τα συμπεράσματα σχεδίαζε και άλλες εργασίες. Μετά την Αγία Οικογένεια συνέχισε τις μελέτες (και την καταγραφή αποσπασμάτων) στην πολιτική οικονομία, σχεδίασε μια κριτική στον Stirner, έβαλε τα θεμέλια για το [ Ιστορία της δημιουργίας του σύγχρονου κράτους ή η γαλλική επανάσταση ],[58] κράτησε σημειώσεις για τον Χέγκελ, σχεδίασε μια κριτική του γερμανού θεωρητικού της οικονομίας List, που την πραγματοποίησε λίγο αργότερα.
Ήταν ακούραστος. Ο Ένγκελς τον πίεζε να θέσει στη διάθεση όλου του κόσμου το υλικό του, γιατί «έφθασε πανάθεμα ο καιρός», [59] και ο Μαρξ υπέγραψε πριν από την απέλασή του από το Παρίσι [60] ένα συμβόλαιο με τον εκδότη Leske για τη δημοσίευση ενός τόμου με τον τίτλο «Κριτική της πολιτικής και της εθνικής οικονομίας». Όμως θα πρέπει να περιμένουμε ακόμα 15 χρόνια, μέχρι που το 1859 να δοθεί για εκτύπωση ένα πρώτο μέρος του έργου του Για την κριτική της πολιτικής οικονομίας.
Τα [Οικονομικο-φιλοσοφικά χειρόγραφα] και τα Αποσπάσματα αντανακλούν το σκεπτικό των πρώτων βημάτων της προσπάθειας. Τα γραπτά του είναι γεμάτα από θεωρητικά στοιχεία που προέρχονται από παλαιότερους και σύγχρονους συγγραφείς. Κανένα από τα προσχέδια και κανένα έργο του της εποχής αυτής δεν μπορεί να ενταχθεί σε μια συγκεκριμένη επιστήμη. Δεν υπάρχουν καθαρά φιλοσοφικά, ούτε κατά κύριο λόγο οικονομικά, ούτε αποκλειστικά πολιτικά κείμενα. Αυτό που ξεπηδά απ’ όλα αυτά δεν είναι ένα νέο σύστημα, ούτε ομοιογενές θεωρητικά σύνολο, παρά μια κριτική θεωρία.
Ο Μαρξ του 1844 κατέχει την ικανότητα να συνδυάζει τις εμπειρίες των παριζιάνων προλεταρίων, ανδρών και γυναικών, με μελέτες της γαλλικής επανάστασης, το έργο του Smith με τις απόψεις του Proudhon, την εξέγερση των υφαντών της Σιλεσίας με την κριτική της χεγκελιανής άποψης για το κράτος, την ανάλυση της φτώχειας του Buret με τον κομμουνισμό. Είναι ένας Μαρξ που ξέρει να αφομοιώνει αυτές τις διαφορετικές απόψεις και εμπειρίες και μέσα από το δέσιμό τους να δίνει ζωή σε μια επαναστατική θεωρία.
Η σκέψη του, κυρίως οι οικονομικοί στοχασμοί του, που αρχίζουν να αποκρυσταλλώνονται κατά τη διάρκεια της παραμονής του στο Παρίσι, δεν είναι καρπός μιας ξαφνικής επιφοίτησης, παρά το αποτέλεσμα μιας νοητικής διεργασίας. Καθώς η μαρξιστική-λενινιστική αγιογραφία που επικράτησε για πολύ καιρό παρουσίασε χωρίς τεκμηρίωση αυτή τη σκέψη σαν ολοκληρωμένη και προδιέγραψε ένα εργαλειακό τελικό αποτέλεσμα, παραμόρφωσε με τον τρόπο αυτό τον δρόμο που τον οδήγησε στα συμπεράσματά του και απέδωσε έτσι την πλέον φτωχή του εκδοχή. Το ζητούμενο αντίθετα είναι να αναδομήσουμε την προέλευση, τις επιρροές και τα επιτεύγματα των εργασιών του, για να καταστήσουμε κατανοητά την πολυπλοκότητα και τον πλούτο των έργων του, που ακόμα έχει κάτι να πει στην κριτική σκέψη του παρόντος.

ΠΑΡΑΡΤΗΜΑ: ΧΡΟΝΟΛΟΓΙΚΟΣ ΠΙΝΑΚΑΣ ΤΩΝ ΤΕΤΡΑΔΙΩΝ, ΑΠΟΣΠΑΣΜΑΤΩΝ ΚΑΙ ΧΕΙΡΟΓΡΑΦΩΝ ΠΟΥ ΓΡΑΦΤΗΚΑΝ ΑΠΌ ΤΟΝ ΜΑΡΞ ΣΤΟ ΠΑΡΙΣΙ [62]

ΧΡΟΝΙΚΗ ΠΕΡΙΟΔΟΣ ΣΥΓΓΡΑΦΗΣ ΠΕΡΙΕΧΟΜΕΝΟ ΤΩΝ ΤΕΤΡΑΔΙΩΝ ΕΡΓΟ ΧΑΡΑΚΤΗΡΙΣΤΗΚΑ ΤΩΝ ΤΕΤΡΑΔΙΩΝ
Μεταξύ τέλους 1843 και αρχών 1844 R. Levasseur, Mémoires MH Οι σελίδες με τα αποσπάσματα είναι χωρισμένες σε δύο στήλες.
Μεταξύ τέλους 1843 και αρχών 1844 J. B. Say, Traité d’économie politique B 19 Το τετράδιο, μεγάλου σχήματος, περιλαμβάνει σελίδες με αποσπάσματα που είναι χωρισμένα σε δυο στήλες: Στην αριστερή από το Traité του Say και στη δεξιά (που γράφτηκε μετά τη συγγραφή του B 24) από τον Skarbek και το Cours complet του Say.
Μεταξύ τέλους 1843 και αρχών 1844 C. W. C. Schüz, Grundsätze der National-Ökonomie (Θεμελιώδεις αρχές της εθνικής οικονομίας) B 24 Τετράδιο μεγάλου σχήματος, σελίδες χωρισμένες σε δύο στήλες
Μεταξύ τέλους 1843 και αρχών 1844 F. List, Das nationale System der politischen Ökonomie (Το εθνικό σύστημα της πολιτικής οικονομίας) B 24
Μεταξύ τέλους 1843 και αρχών 1844 H. F. Osiander, Enttäuschung des Publikums über die Interessen des Handels, der Industrie und der Landwirtschaft (Απογοήτευση του κοινού σχετικά με τα συμφέροντα του εμπορίου, της βιομηχανίας και της γεωργίας) B 24
Μεταξύ τέλους 1843 και αρχών 1844 H. F. Osiander, Über den Handelsverkehr der Völker ( Σχετικά με την εμπορική επικοινωνία των λαών) B 24
Άνοιξη 1844 F. Skarbek, Theorie des richesses sociales B 19
Άνοιξη 1844 J. B. Say, Cours complet d’économie politique pratique B 19
Μάιος Ιούνιος 1844 A. Smith, Recherches sur la nature et les causes de la richesse des nations B 20 Τετράδιο μικρού σχήματος με κανονικού σχήματος σελίδες.
Τέλος Μαΐου- Ιούνιος 1844 K. Marx, Arbeitslohn; Gewinn des Capitals ; Grundrente;[Entfremdete Arbeit und Privateigentum] (Μισθός εργασίας, κέρδος του κεφαλαίου, γαιοπρόσοδος [Αποξενωμένη εργασία και ατομική ιδιοκτησία]) A 7 Τετράδιο μεγάλου σχήματος, οι σελίδες χωρισμένες σε δύο ή τρεις στήλες. Το κείμενο περιλαμβάνει αποσπάσματα των Say, Smith, από το Die Bewegung der Production ( Η κίνηση της Παραγωγής) του Schulz, από την Théorie nouvelle d’économie sociale et politique του Pecqueur, από το Solution du problème de la population et de la substance του Loudon και από τον Buret.
Ιούνιος- Ιούλιος 1844 J. R. MacCulloch, Discours sur l’origine, les progrès, les objets particuliers, et l’importance de l’économie politique B 21 Τετράδιο μικρού σχήματος, οι σελίδες χωρισμένες σε δυο στήλες με την εξαίρεση της σελίδας 11, που περιλαμβάνει ένα απόσπασμα από το άρθρο του Ένγκελς.
Ιούνιος- Ιούλιος 1844 G. Prevost, Réflexions du traducteur sur le système de Ricardo B 21
Ιούνιος- Ιούλιος 1844 F. Engels, Umrisse zu einer Kritik der Nationalö konomie ( Κατευθύνσεις για μια κριτική της εθνικής οικονομίας ) B 21
Ιούνιος- Ιούλιος 1844 A. L. C. Destutt de Tracy, Éléments d’Idéologie B 21
Το αργότερο Ιούλιος του1844 K. Marx, [Das Verhältnis des Privateigentums] ([Η σχέση της ατομικής ιδιοκτησίας]) A 8 Κείμενο γραμμένο σε μεγάλα φύλλα χωρισμένα σε δυο στήλες.
Μεταξύ Ιουλίου και Αυγούστου1844 G. W. F. Hegel, Phänomenologie des Geistes (Φαινομενολογία του πνεύματος) A 9 (Hegel) Φύλλο που αργότερα συρράφτηκε σε σχήμα Α9.
Αύγουστος 1844 K. Marx, [Privateigentum und Arbeit]; [Privateigentum und Kommunismus]; [Kritik der Hegelschen Dialektik und Philosophie überhaupt] ; [Privateigentum und Bedürfnisse];[Zusätze]; [Teilung der Arbeit];[Vorrede]; [Geld]. ([Ατομική ιδιοκτησία και εργασία]; [Ατομική ιδιοκτησία και κομουνισμός]; [Κριτική της χεγκελιανής διαλεκτικής και της φιλοσοφίας γενικά] ; [Ατομική ιδιοκτησία και ανάγκες];[Συμπληρώματα]; [Καταμερισμός εργασίας]; [Εισαγωγή]; [Χρήμα]). A 9 Τετράδιο μεγάλου σχήματος. Το κείμενο περιλαμβάνει αποσπάσματα από: Das entdeckte Christentum ( Ο ανακαλυφθείς χριστιανισμός) του Bauer, από τους Smith, Destutt de Tracy, Skarbek, J. Mill, από τον Faust του Γκαίτε, από τονTimon von Athen (Τίμων ο Αθηναίος) του Shakespeare, καθώς και από διάφορα άρθρα του Bauer που δημοσιεύθηκαν στην Allgemeine Literatur-Zeitung. Έμμεσα γίνεται ακόμα αναφορά στους: Engels, Say, Ricardo, Quesnay, Proudhon, Cabet, Villegardelle, Owen, Hess, Lauderdale, Malthus, Chevalier, Strauss, Feuerbach, Hegel και Weitling.
Σεπτέμβριος 1844 D. Ricardo, Des principes de l’économie politique et de l’impôt B 23 Τετράδιο μεγάλου σχήματος, οι σελίδες χωρισμένες σε δύο, σπάνια σε τρεις στήλες. Οι δύο πρώτες σελίδες με αποσπάσματα από τον Ξενοφώντα δεν είναι χωρισμένες σε στήλες.
Σεπτέμβριος 1844 J. Mill, Éléments d’économie politique B 23
Μεταξύ καλοκαιριού 1844 και Γενάρη 1845 E. Buret, De la misère des classes laborieuses en Angleterre et en France B 25 Τετράδιο μικρού σχήματος με κανονικές σελίδες.
Μεταξύ μέσων Σεπτέμβρη 1844 και Γενάρη 1845 P. de Boisguillebert, Le détail de la France B 26 Τετράδιο μεγάλου σχήματος με αποσπάσματα από τον Boisguillebert. Κανονική διάταξη σελίδων, με εξαίρεση λίγες σελίδες, που είναι χωρισμένες.
Μεταξύ μέσων Σεπτέμβρη 1844 και Γενάρη 1845 P. de Boisguillebert, Dissertation sur la nature des richesses, de l’argent et des tributs B 26
Μεταξύ μέσων Σεπτέμβρη 1844 και Γενάρη 1845 P. de Boisguillebert, Traité de la nature, culture, commerce et intérêt des grains B 26
Μεταξύ μέσων Σεπτέμβρη 1844 και Γενάρη 1845 J. Law, Considération sur le numéraire et le commerce B 26
Μεταξύ μέσων Σεπτέμβρη 1844 και Γενάρη 1845 J. Lauderdale, Recherches sur la nature et l’origine de la richesse publique B 22 Τετράδιο μεγάλου σχήματος, οι σελίδες χωρισμένες σε δύο στήλες.

 

Θα ήθελα να ευχαριστήσω τον Jürgen Rojahn, που ανέλαβε τη διόρθωση του χρονολογικού πίνακα και μου έκανε πολύτιμες προτάσεις για βελτίωση. Για πιθανά λάθη αυτονόητο είναι ότι είμαι ο μοναδικός υπεύθυνος.

 

References
1. Honoré de Balzac, «Ferragus, das Haupt der Verschworenen» («Ferragus, η κεφαλή των συνωμοτών»), στο: Geschichte der Dreizehn (Die großen Romane und Erzählungen, Bd. 7) [Ιστορία των δεκατριών (Τα μεγάλα μυθιστορήματα και διηγήσεις, τόμος 7)], Insel Verlag, Frankfurt/Main, Leipzig 1996, σ. 21.
2. Σύγκρ. Isaiah Berlin, Karl Marx. Sein Leben und sein Werk (Καρλ Μαρξ. Η ζωή και το έργο του), Piper & Co Verlag, München 1959, σ. 94 κ. Ε.
3. Michail Bakunin, Ein Briefwechsel von 1843 ( Μια ανταλλαγή επιστολών από το 1843), MEGA², Dietz Verlag, Berlin 1982, I/2, σ. 482.
4. Lorenz von Stein, Der Socialismus und Communismus des heutigen Frankreichs. Ein Beitrag zur Zeitgeschichte ( Ο σοσιαλισμός και ο κομμουνισμός της σημερινής Γαλλίας. Μια συνεισφορά στην σύγχρονη ιστορία ), Otto Wigand Verlag, Leipzig 1848, σ. 509.
5. Arnold Ruge, Zwei Jahre in Paris. Studien und Erinnerungen , Zentralantiquariat der DDR (Δύο χρόνια στο Παρίσι . Μελέτες και αναμνήσεις, Κεντρικό αρχειοφυλακείο της Λαϊκής Δημοκρατίας της Γερμανίας), Leipzig 1975, σ. 59.
6. Honoré de Balzac, Ferragus, όπ. π., σ. 19.
7. « Όχι μόνο έχει ξεσπάσει μια γενική αναρχία στις τάξεις των μεταρρυθμιστών, αλλά θα πρέπει και ο καθένας για τον εαυτό του να παραδεχθεί, ότι δεν γνωρίζει με ακρίβεια αυτό που θα πρέπει να γίνει», στο: Karl Marx, Ein Briefwechsel von 1843 ( Μια ανταλλαγή επιστολών από το 1843), MEGA² I/2, σ. 486.
8. Στην παρούσα παρουσίαση τα μη ολοκληρωμένα χειρόγραφα του Μαρξ, που δημοσιεύτηκαν από μετέπειτα εκδότες, βρίσκονται μέσα σε αγκύλες.
9. «Το πολιτικό κράτος δεν μπορεί να υπάρχει χωρίς τη φυσική βάση της οικογένειας και την τεχνητή βάση της αστικής κοινωνίας, αυτά είναι γι’ αυτό μια conditio sine qua non» (Karl Marx,Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie [ Σχετικά με την κριτική της χεγκελιανής φιλοσοφίας δικαίου ], MEGA² I/2, S. 9). «Οικογένεια και αστική κοινωνία είναι οι προϋποθέσεις του κράτους, είναι οι πραγματικοί δράστες, αλλά στη θεωρία αυτό αντιστρέφεται» (όπ.π., σ. 8). Ακριβώς εδώ βρίσκεται το λάθος του Χέγκελ, που θέλει, «το πολιτικό κράτος να μην ορίζεται από την αστική κοινωνία, αλλά αντίστροφα, να την ορίζει» (όπ. π., σ. 100). Συγκρ. σχετικά. Walter Tuchscheerer,Bevor „Das Kapital“ entstand (Πριν δημιουργηθεί «Το Κεφάλαιο»], Akademie Verlag, Berlin 1968, σ. 68.
10. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte (Οικονομικο- φιλοσοφικά χειρόγραφα), MEGA² I/2, σ. 325.
11. Συγκρ. Maximilien Rubel, Introduction σε Karl Marx Œuvres. Economie II, Gallimard, Paris 1968, σ. LIV-LV, ο οποίος θεωρεί ότι η αρχή του μακρόχρονου εφιάλτη της ζωής ολόκληρης του Μαρξ, η θεωρητική μανία, από την οποία δεν θα απελευθερωθεί ποτέ, δηλαδή η κριτική της θεωρίας της εθνικής οικονομίας, ξεκινάει χρονικά από αυτήν ακριβώς τη στιγμή.
12. Συγκρ. Walter Tuchscheerer, όπ. π., σ. 76.
13. Karl Marx, Exzerpte aus Jean Baptiste Say: Traité d’economie politique (Αποσπάσματα από Jean Baptiste Say: Traité d’economie politique), MEGA² IV/2, Dietz Verlag, Berlin 1981, σσ. 316-7.
14. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte (Οικονομικο-φιλοσοφικά χειρόγραφα) MEGA² I/2, σ. 363.
15. Όπ. π., σ. 364.
16. Όπ. π., σ. 374.
17. Όπ. π., σ. 384.
18. Karl Marx,Exzerpte aus James Mill: Éléments d’économie politique (Αποσπάσματα από τον James Mill: Élémens d’économie politique), MEGA² IV/2, σ. 453.
19. Όπ. π., σ. 456.
20. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte (Οικονομικο-φιλοσοφικά χειρόγραφα), MEGA I/2, S. 365.
21. Karl Marx,Exzerpte aus James Mill: Éléments d’économie politique (Αποσπάσματα από James Mill: Éléments d’économie politique), MEGA² IV/2, σ. 466.
22. Συγκρ. σχετικά τις διαπιστώσεις του Άρνολντ Ρούγκε (Arnold Ruge): «Διαβάζει πολύ, εργάζεται με αφάνταστη ένταση […] αλλά δεν τελειώνει τίποτε, διακόπτει παντού και ξαναβουτάει σε μια απέραντη θάλασσα βιβλίων», «[…] αφού έχει αρρωστήσει από τη δουλειά και για τρεις ή και τέσσερις νύχτες συνέχεια δεν έχει πάει στο κρεβάτι», γράφει από το Παρίσι ο Ρούγκε στον Λουδοβίκο Φόυερμπαχ (Ludwig Feuerbach), στις 15 Μάη 1844 (παρατίθεται στο Hans Magnus Enzensberger (Hg.), Gespräche mit Marx und Engels [ Συνομιλίες με τον Μαρξ και τον Ένγκελς], Insel Verlag, Frankfurt/Main 1973, σ. 23-24). «Εάν ο Μαρξ δεν αυτοκτονήσει από έλλειψη τάξης, αλαζονεία και τρελούς ρυθμούς δουλειάς και δεν χάσει μέσα στην κομμουνιστική πρωτοτυπία κάθε αίσθηση για την απλή ευγενική μορφή, τότε θα πρέπει να περιμένουμε κάτι (σημαντικό) από τη μεγάλη του γνώση και από αυτήν ακόμα τη χωρίς συνείδηση διαλεκτική του […]. Θέλει πάντα να γράψει αυτό που διάβασε τελευταίο, μετά όμως συνεχίζει να διαβάζει και να κρατάει νέες σημειώσεις. Ακόμα θεωρώ δυνατό, ότι θα γράψει ένα αρκετά μεγάλο και πολύπλοκο βιβλίο, όπου θα συμπιέσει όλα όσα έχει μαζέψει». Επιστολή του Ρούγκε στον M. Ντούνκερ (Duncker), 29 Αυγούστου 1844, όπ.π. σ. 31.
23. Συγκρ. τη μαρτυρία του Λαφάργκ (Paul Lafargue), που αποδίδει τη διήγηση στον Ένγκελς σχετικά με όσα συνέβαιναν το φθινόπωρο 1844: «Ο Ένγκελς και ο Μαρξ είχαν αποκτήσει τη συνήθεια να δουλεύουν μαζί. Ο Ένγκελς που προωθούσε την ακρίβεια μέχρι τα άκρα γινόταν παρ’ όλα αυτά κάποιες φορές ανυπόμονος με τη διστακτικότητα του Μαρξ, ο οποίος δεν ήθελε να γράψει καμία πρόταση, εάν δεν μπορούσε να την αποδείξει με δέκα διαφορετικούς τρόπους». P. Lafargue [1904], Φθινόπωρο 1844, όπ. π., σ. 32.
24. Συγκρ. Τη μαρτυρία του Χάινριχ Μπύργκερς (Heinrich Bürgers): «Εντωμεταξύ η οξεία αυτοκριτική στην οποία συνήθιζε να υποβάλλεται δεν τον άφηνε να φτάσει σε κάποιο μεγαλύτερο έργο» . H. Bürgers [1876], Φθινόπωρο 1844/ Χειμώνας 1845, όπ. π., σσ. 46-47.
25. Σχετικά με αυτήν την περίπλοκη σχέση σύγκρ. David Rjazanov, «Einleitung zu MEGA I/1.2» («Εισαγωγή στην MEGA I/1.2»), Marx-Engels-Verlag, Berlin 1929, σ. XIX, ο οποίος πρώτος παρατήρησε τη μεγάλη δυσχέρεια μιας ξεκάθαρης οριοθέτησης μεταξύ αφενός των απλών τετραδίων με αποσπάσματα και αφετέρου των κειμένων, που θα πρέπει να θεωρηθούν πραγματικά προκαταρκτικά έργα.
26. Συγκ. Jürgen Rojahn, Μαρξισμός – Μαρξ – Επιστήμη της Ιστορίας. Η περίπτωση των λεγόμενων“οικονομικο-φιλοσοφικών χειρογράφων του“ στο International Review of Social History , Jg. XXVIII, 1983, Part 1, σ. 20.
27. Karl Marx, Ο ιστορικός υλισμός. Τα πρώιμα συγγράμματα. εκδ. από Siegfried Landshut και Jacob Peter Mayer, Alfred Kröner Verlag, Leipzig 1932, σ. 283-375.
28. Karl Marx, Οικονομικο-φιλοσοφικά χειρόγραφα του, MEGA I/3, Marx-Engels-Verlag, Berlin 1932, σ. 29-172.
29. Σαν απόδειξη των προβλημάτων συστηματοποίησης αυτές οι σελίδες εμφανίζονται στη MEGA² και στο πρώτο και στο τέταρτο τμήμα Συγκρ. MEGA² I/2, σ. 439-444, και MEGA² IV/2, σ. 493-500.
30. Συγκρ. Jürgen Rojahn, The emergence of a theory: the importance of Marx’s notebooks exemplified by those from 1844 , «Rethinking Marxism», Bd. 14, Nr. 4 (2002), σ. 33.
31. Σ¨αυτή την πλάνη πέφτει π.χ ο David McLellan, Marx before marxism, Reprint Macmillan, London 1970, σ. 163.
32. .Χωρίς να θέλουμε ούτε κατά διάνοια να επαναλάβουμε την ατέλειωτη συζήτηση σχετικά με αυτό το σύγγραμμα του Μαρξ, αναφέρουμε εδώ δύο από τις σημαντικότερες εργασίες, στις οποίες υπερασπίζονται οι προαναφερόμενες θέσεις. Στην πρώτη κατεύθυνση ανήκουν οι Landshut και Meyer, οι οποίοι πρώτοι διείδαν στα Οικονομικο-φιλοσοφικά χειρόγραφα «κατά κάποιο τρόπο το βασικότερο έργο του Μαρξ, που σχηματίζει τον συνδετικό κρίκο ολόκληρης της πνευματικής του εξέλιξης» και «στον πυρήνα της αποτελεί τον πρόδρομο του Κεφαλαίου». Συγκρ. Karl Marx,Der historische Materialismus. Die Frühschriften (Ο ιστορικός υλισμός . Τα πρώιμα κείμενα, όπ. π.., σ. XIII και V. Στις δεύτερες αντίθετα ανήκει η περίφημη θέση του Althusser σχετικά με την επιστημολογική τομή (coupure épistémologique). Συγκρ. Louis Althusser,Für Marx (Για τον Μαρξ), Suhrkamp, Frankfurt/Main 1968, σ. 15.
33. Εκδόθηκε στο MEGA², IV/2, σ. 279-579, και MEGA², IV/3, Akademie Verlag, Berlin 1998, σ. 31-110.
34. «Τα χειρόγραφά του προήλθαν ακριβώς από τα αποσπάσματα εκείνης της εποχής», στο Jürgen Rojahn, The emergence of a theory: the importance of Marx’s notebooks exemplified by those from 1844 , όπ. Π., σ. 33.
35. Ο Μαρξ διάβαζε τους άγγλους θεωρητικούς της οικονομίας εκείνη την εποχή ακόμα από τη γαλλική μετάφραση.
36. Συγκρ. Jacques Grandjonc, Marx et les communistes allemands à Paris 1844, Maspero, Paris 1974, σ. 61-62, όπως και την επιστολή που γράφτηκε το αργότερο τον Νοέμβρη του 1844 από τον Μαρξ προς τον H. Börnstein, MEGA² III/I, Dietz Verlag, Berlin 1975, σ. 248.
37. «Γι’ αυτό δεν υφίσταται κανένας λόγος, να εξαχθεί το συμπέρασμα, ότι τα χειρόγραφα αποτελούν ένα αυτοτελές σύνολο» (Jürgen Rojahn,Marxismus – Marx – Geschichtswissenschaft. Der Fall der sog. „Ökonomisch-philosopischen Manuskripte aus dem Jahre 1844“ ( Μαρξισμός – Μαρξ – επιστήμη της ιστορίας. Η περίπτωση των λεγόμενων «Οικονομικο-φιλοσοφικών χειρογράφων του 1844» , όπ.π., σ. 20).
38. Συγκρ. Jürgen Rojahn, The emergence of a theory: the importance of Marx’s notebooks exemplified by those from 1844 , όπ. π., σ. 45.
39. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte (Οικονομικο-φιλοσοφικά χειρόγραφα), MEGA² I/2, σ. 364.
40. Βλ. Michael Löwy, La théorie de la révolution chez le jeune Marx, Maspero, Paris 1970, σ. 41, Παρ. 22.
41. Karl Marx, «Kritische Randglossen zu dem Artikel “Der König von Preußen und die Sozialreform. Von einem Preußen”» («Κριτικές σημειώσεις στο άρθρο “Ο βασιλιάς της Πρωσίας και η κοινωνική μεταρρύθμιση. Από έναν Πρώσο”», MEGA² I/2, σ. 462.
42. Όπ. π., σ. 455.
43. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte ( Οικονομικο-φιλοσοφικά χειρόγραφα), MEGA² I/2, σ. 372-373.
44. Όπ. π., σ. 372.
45. Όπ. π., σ. 387.
46. Bruno Bauer (Hg.), Allgemeine Literatur-Zeitung, Τεύχος 6, Εκδ. Οίκος του Egbert Bauer, Charlottenburg 1844, σ. 32. Ο Μαρξ αναφέρει το απόσπασμα, αν και όχι κατά λέξη, στο γράμμα του προς τον Ludwig Feuerbach στις 11 Αυγούστου1844. Συγκρ. MEGA² III/1, Dietz Verlag, Berlin 1975, σ. 65.
47. Karl Marx,Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie. Einleitung ( Σχετικά με την κριτική της χεγκελιανής φιλοσοφίας δικαίου. Εισαγωγή ), MEGA ² I/2, σ. 172.
48. Ο Μαρξ χρησιμοποιεί την έκφραση αυτή στην Αγία Οικογένεια για τον χαρακτηρισμό και την γελοιοποίηση του Bruno Bauer και των άλλων Νεοχεγκελιανών που συνεργάζονταν με την Allgemeine Literatur-Zeitung.
49. Όπ. π., σ. 177.
50. Karl Marx,Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie. Einleitung ( Σχετικά με την κριτική της χεγκελιανής φιλοσοφίας δικαίου. Εισαγωγή ), MEGA² I/2, σ. 173.
51. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte ( Οικονομικο-φιλοσοφικά χειρόγραφα), MEGA² I/2, σ. 395.
52. Συγκρ. Ernest Mandel, Entstehung und Entwicklung der ökonomischen Lehre von Karl Marx (1843-1863) [Γέννηση και εξέλιξη της οικονομικής θεωρίας του Karl Marx (1843-1863)], Europäische Verlagsanstalt/Europa Verlag, Frankfurt/Wien 1982, σ. 156.
53. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte (Οικονομικο-φιλοσοφικά χειρόγραφα), MEGA² I/2, σ. 390.
54. Friedrich Engels-Karl Marx, Die heilige Familie, (Η Αγία οικογένεια), Marx Engels Werke, Band 2, Dietz Verlag, Berlin 1962, σ. 128.
55. Karl Marx, Ein Briefwechsel von 1843 ( Μια ανταλλαγή επιστολών από το 1843), MEGA² I/2, σ. 479.
56. Karl Marx,Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie. Einleitung ( Για την κριτική της Χεγκελιανής φιλοσοφίας δικαίου. Εισαγωγή ), MEGA² I/2, S. 178.
57. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte ( Οικονομικο-φιλοσοφικά χειρόγραφα), MEGA² I/2, σ. 373-374.
58. Συγκρ. MEGA² IV/3, a.a.O, σ. 11.
59. F. Engels στον K. Marx Αρχές Οκτώβρη 1844, MEGA² III/I, Dietz Verlag, Berlin 1975, σ. 245. Συγκρ. εκτός τούτου F. Engels στον K. Marx, γύρω στις 20 Γενάρη 1845: «Τέλειωνε επιτέλους με το εθνικοοικονομικό σου βιβλίο, ακόμα και αν θα ήσουνα δυσαρεστημένος με πολλά, δεν πειράζει, τα πνεύματα είναι ώριμα και πρέπει να χτυπάμε το σίδερο, όσο είναι ζεστό», όπ. π. σ. 260.
60. Μετά από πίεση της πρωσικής κυβέρνησης οι γαλλικές υπηρεσίες εξέδωσαν εντολή απέλασης εναντίον διαφόρων συνεργατών της Vorwärts. Ο Μαρξ αναγκάστηκε να εγκαταλείψει το Παρίσι στις 1 Φεβρουαρίου 1845.
62. Η χρονολογική καταγραφή περιλαμβάνει όλα τα τετράδια μελετών που συντάχθηκαν από τον Μαρξ κατά τη διάρκεια της παραμονής του στο Παρίσι στο διάστημα 1844-1845 (δεν περιλήφθηκε ως εκ τούτου το [Σημειωματάριο από τα χρόνια 1844-1847] που δημοσιεύτηκε στη MEGA² IV/3, σσ. 5-30 καίτοι περιέχει τις σημαντικότατες [ Θέσεις για τον Feuerbach]). Επειδή η ημερομηνία συγγραφής των τετραδίων είναι συχνά αβέβαιη, αναφέρθηκε σε πολλές περιπτώσεις η περίοδος κατά την οποία δημιουργήθηκαν. Αποφασιστικής σημασίας για τη χρονολογική τάξη είναι η εκάστοτε αρχική ημερομηνία των συγκεκριμένων περιόδων. Εκτός αυτού ο Μαρξ δεν έγραψε τα τετράδια το ένα μετά το άλλο, παρά έγραφε κατά καιρούς εναλλάξ στο καθένα από αυτά (βλ. B 19 και B 24). Για τον λόγο αυτό το υλικό ταξινομήθηκε αντίστοιχα στα διάφορα τμήματα των τετραδίων. Για τα τετράδια με τα λεγόμενα [ Οικονομικο-φιλοσοφικά χειρόγραφα] του 1844 (A 7, A 8 και A 9) ο Μαρξ αναφέρεται ως ο συγγραφέας, ενώ οι επικεφαλίδες των παραγράφων, που δεν προέρχονται από αυτόν παρά έχουν προστεθεί από τους εκδότες του κειμένου, βρίσκονται μέσα σε αγκύλες. Εάν στην τέταρτη στήλη (χαρακτηριστικά των τετραδίων) δεν γίνεται αναφορά των τίτλων των έργων, από τους συγγραφείς που αναφέρει ο Μαρξ, τότε αυτοί ανταποκρίνονται πάντα στους τίτλους που αναφέρονται στη δεύτερη στήλη (περιεχόμενο των τετραδίων). Με την εξαίρεση του MH, που βρίσκεται στο Rossiiskii gosudarstvennyi arkhiv sotsial’no- politicheskoi istorii (RGASPI) στη Μόσχα, όλα τα υπόλοιπα τετράδια από την περίοδο αυτή διατηρούνται στο Internationaal Instituut voor Sociale Geschiedenis (IISG) στο Άμστερνταμ, με τους χαρακτηριστικούς κωδικούς που αναφέρονται στην τρίτη στήλη (Κληρονομιά).

Categories
Journal Articles

Difusão e recepção do Manifesto do partido comunista na Itália entre 1889 e 1945

I. Prólogo
Em razão de conflitos teóricos ou de acontecimentos políticos, o inte- resse pela obra de Marx nunca foi constante e, desde quando se mani- festou, viveu momentos indiscutíveis de declínio.
Da “crise do marxismo” à dissolução da Segunda Internacional, das discussões sobre os limites da teoria da mais valia às tragédias do comunismo soviético, as críticas às idéias de Marx pareceram, cada vez mais, superar de modo definitivo o seu horizonte conceitual. Porém, sempre houve um “retorno a Marx”.1 Constantemente se desenvolveu uma nova necessidade de voltar à sua obra que, através da crítica à economia política, das formulações sobre a alienação ou das brilhantes páginas dos phamphlet políticos, exerce um fascínio irresistível sobre seguidores e opositores.
Não obstante, com o findar do século, tivesse sido decretado por unanimidade o seu esquecimento, inesperado, há alguns anos por essa parte, Marx se reapresentou sobre o palco da história. Na verdade, hou- ve uma real e verdadeira retomada de interesse a seu respeito e, nas estantes de bibliotecas da Europa, Estados Unidos e Japão, os seus es- critos têm sido ressuscitados cada vez com maior frequência.
A redescoberta de Marx baseia-se na sua persistente capacidade explicativa do presente, do qual ele permanece como instrumento indis- pensável para poder compreendê-lo e transformar. Diante da crise da sociedade capitalista e das profundas contradições que a atravessam, volta-se a questionar esse autor deixado de lado, rápido demais, depois de 1989. Assim, a afirmação de Jacques Derrida – “será um erro não ler, reler e discutir Marx”2 – que poucos anos atrás parecia uma provocação isolada, tornou-se cada vez mais compartilhada. Do fim dos anos 90, de fato, semanários, periódicos, emissoras de rádio e TV não fazem outra coisa senão discutir sobre o pensador mais atual dos nossos tempos: Karl Marx. O primeiro artigo que produziu certo eco nesta direção foi “The Return of Karl Marx”, publicado na revista americana The New Yorker.3 Depois foi a vez da BBC, que em 1999 conferia a Marx o cetro de maior pensador do milênio. Alguns anos mais tarde, o bimestral do Nouvel Observateur foi inteiramente dedicado ao tema “Karl Marx – le penseur du troisieme millenaire?”4 E, pouco depois, a Alemanha pagou o seu tri- buto àquele que havia obrigado ao exílio por quarenta anos: em 2004, mais de 500 mil telespectadores da televisão nacional ZDF indicaram Marx como a terceira personalidade alemã de todos os tempos (primeiro, ali- ás, na categoria “atualidade”) e, durante as últimas eleições políticas, a conhecida revista Der Spiegel retratava-o na capa, com o título “Ein Gespent kehrt zurük” (Um fantasma voltou), com os dedos em sinal de vitória.5 Para completar essa curiosa coleção, há uma pesquisa feita em 2005 pelo canal de rádio BBC 04 que deu a Marx a palma de filósofo mais amado pelos ouvintes ingleses.
Também a literatura sobre Marx, abandonada quase completamente há 15 anos, dá sinais efusivos de retomada, e, ao lado do florescer de novos estudos significativos, despontam, em várias línguas, opúsculos de título Why read Marx today? Um consenso análogo atinge as revistas internacionais abertas às contribuições concernentes a Marx e ao mar- xismo, assim como voltaram a ser de moda convenções, cursos e seminá- rios universitários dedicados a esse autor. Além disso, ainda que timi- damente ou de forma um pouco confusa, da América Latina ao movimen- to alter-mundialista, uma nova exigência de Marx chega também da es- fera política.
Mais uma vez, o texto marxiano que mormente suscitou o envolvimento de leitores e estudiosos foi o Manifesto do Partido Comunista. Em 1998, de fato, por ocasião do 150o aniversário de sua publicação, o Manifesto de Marx e Engels foi impresso em dezenas de novas edições em todos os cantos do planeta e celebrado não só como a mais formidável previ- são do desenvolvimento do capitalismo em escala mundial, mas tam- bém como o texto político mais lido na história da humanidade.6 Por esse motivo, pode ser interessante retomar os acontecimentos que acompanharam a sua primeira difusão na Itália.

II. Karl Marx: o menosprezo italiano
Na Itália, as teorias de Marx gozaram de extraordinária popularida- de. Inspirando partidos, organizações sindicais e movimentos sociais, influíram, como nenhuma outra, na transformação da vida política nacio- nal. Difundidas em todos os campos da ciência e da cultura mudaram, irreversivelmente, a sua abordagem e até mesmo o léxico. Concorrendo para a tomada de consciência da própria condição de classes subalter- nas, foram o principal instrumento teórico no processo de emancipação de homens e mulheres.
O nível de difusão que alcançaram pode ser comparado ao de pou- cos países. É mister perguntar-se, portanto, sobre a origem desta noto- riedade. Isto é, quando se falou pela primeira vez de Karl Marx? Quando apareceu nos jornais esse nome, com base nos primeiros escritos tradu- zidos? Quando a fama se propagou no imaginário coletivo de operários e militantes socialistas? E, sobretudo, de que maneira e em que circuns- tâncias se consolidou a afirmação do seu pensamento?
As primeiríssimas traduções dos escritos de Marx, quase completa- mente desconhecido durante as ações revolucionárias de 1848, apare- ceram somente na segunda metade dos anos 60. Todavia, foram pouco numerosas e relacionadas somente à Mensagem Inaugural e aos Estatu- tos da Associação Internacional dos Trabalhadores.7 Para esse atraso, sem dúvida concorreu o isolamento de Marx e Engels da Itália, com a qual, não obstante o fascínio que nutriam pela sua história e cultura e o interesse demonstrado pela sua realidade, não mantiveram correspon- dência epistolar até o ano de 1860 e relações políticas efetivas antes de 1870.8
Um primeiro interesse pela figura de Marx floresceu somente por co- incidência da experiência revolucionária da Comuna de Paris. Ao “funda- dor e chefe geral da Internacional”,9 de fato, a imprensa nacional, assim como a miríade de folhetins operários existentes, dedicaram, em poucas semanas, flashes biográficos e a publicação de extratos de cartas e de resoluções políticas (entre essas, A guerra civil na França). Mesmo nessa circunstância, os escritos impressos – que, incluindo aqueles de Engels, chegaram ao número de 85 somente no biênio 1871-1872 – referiam-se exclusivamente a documentos da Internacional, testemunho de uma aten- ção inicialmente política e só posteriormente de caráter teórico.10 Além disso, em alguns jornais apareceram descrições fantasiosas que colabo- raram para conferir à sua imagem uma aura legendária: “Carlo Marx é um homem astuto e corajoso a toda prova. Viagens rápidas entre um e ou- tro Estado, contínuas transformações, fazem com que atire sobre si a vigilância de todos os espiões policiais da Europa”.11
A autoridade que começou a envolver o seu nome foi tão grande quanto genérica.12 Durante esse período, de fato, manuais de propagan- da difundiram as concepções de Marx – ou pelo menos aquelas presumi- das como tais – juntamente àquelas de Darwin e Spencer.13 O seu pensa- mento foi considerado sinônimo de legalismo14 ou de positivismo.15 As suas teorias foram, de maneira inverossímil, sintetizadas com aquelas de seus opostos como Fourier, Mazzini, Bastiat.16 A sua figura, aproximada – segundo os equívocos – àquela de Garibaldi17 ou de Schäffle.18
O interesse dirigido a Marx, além de permanecer assim tão aproxi- mativo, não se traduziu nem mesmo numa adesão às suas posições po- líticas. Entre os internacionalistas italianos – que no confronto entre Marx e Bakunin tomaram parte de maneira quase maciça por este último –, de fato, a sua elaboração permaneceu quase desconhecida e o conflito no seio da Internacional foi percebido mais como um confronto pessoal en- tre os dois do que propriamente como uma contenda teórica.19
Não obstante tudo isso, no decênio seguinte, marcado pela hegemonia do pensamento anárquico – que se impôs facilmente na rea- lidade italiana caracterizada mais pela ausência do modelo de um moder- no capitalismo industrial e pela conseqüente limitada consistência da clas- se operária, do que pela viva tradição conspirativa reforçada pela recen- te revolução no país20 –, os elementos teóricos de Marx foram-se afir- mando lentamente nas filas do movimento operário.21 Aliás, paradoxal- mente, conheceram uma primeira divulgação exatamente através dos anarquistas, que compartilhavam completamente as teorias da auto- emancipação operária e da luta de classes, presentes nos Estatutos e nas Mensagens e Instruções da Internacional.22 A seguir, eles continua- ram a publicar Marx, muitas vezes polemizando o socialismo que fora verbosamente revolucionário, mas que na prática era legalista e revisionista. A mais importante iniciativa realizada foi, sem dúvida, a pu- blicação, em 1879, do compêndio do primeiro livro de O Capital, organiza- do por Carlo Cafiero. Foi a primeira ocasião em que, mesmo de maneira popularizada, os principais conceitos teóricos de Marx puderam começar a circular na Itália.

III. Os anos 80 e o “marxismo sem Marx”
Os escritos de Marx não foram traduzidos nem mesmo nos anos 80. Exceto por pouquíssimos artigos publicados pela imprensa socialista, as únicas obras publicadas foram de Engels (O Socialismo Utópico e o Socia- lismo Científico, em 1883, e A Origem da família, da propriedade privada e do Estado, em 1885) e vieram à luz – em edições de reduzidíssima difusão – somente graças à tão obstinada quanto virtuosa iniciativa do socialista de Benavento, Pasquale Martignetti. Por outro lado, começaram a ocu- par-se de Marx setores importantes da cultura oficial, que nutriram a respeito dele menores dificuldades do que aquelas manifestadas, ao con- trário, no âmbito alemão. Assim, por iniciativa dos mais importantes ní- veis editoriais e acadêmicos, a prestigiadíssima Biblioteca do Economis- ta, a mesma que Marx tinha consultado muitas vezes no curso das suas pesquisas do British Museum, publicou, entre os anos de 1882 e 1884, separadamente, e em 1886, em um único volume, o primeiro livro de O Capital. Diante da demonstração da vacuidade do movimento italiano, Marx fora informado sobre essa iniciativa, que foi a única tradução da obra realizada na Itália até depois da Segunda Guerra Mundial, só casu- almente e dois meses antes da morte.23 Engels, ao contrário, somente em 1893!24
Mesmo numa realidade ainda limitada, como aquela que se tentou até aqui brevemente descrever, a primeira circulação do marxismo pode ser datada justamente nesse período. Todavia, por causa do número reduzidíssimo de traduções dos escritos de Marx e do difícil acesso a eles, essa difusão quase nunca aconteceu através de fontes originais, mas de referências indiretas, citações de segunda mão, compêndios por obra da miríade de escritores-leitores ou auto-proclamados continuadores, surgidos da noite para o dia.25
Durante esses anos, desenvolveu-se um verdadeiro processo de osmose cultural, que atingiu não só as diversas concepções socialistas presentes no território, mas também ideologias que nada tinham a ver com o socialismo. Estudiosos, agitadores políticos e jornalistas forma- ram as próprias idéias hibridando o socialismo com todos os outros ins- trumentos teóricos de que dispunham.26 E se o marxismo conseguiu se afirmar rapidamente em relação a outras doutrinas, justamente em ra- zão da ausência de um socialismo autóctone, o êxito dessa homogeneização cultural foi o nascimento de um marxismo empobreci- do e falsificado.27 Um marxismo passe-partout. Sobretudo, um marxismo sem consciência de Marx, visto que os socialistas italianos que o tinham lido nos seus textos originais podiam, ainda, ser contados nos dedos.28
Ainda que elementar e impuro, determinista, e em função das contin- gências políticas, esse marxismo foi, de qualquer forma, capaz de confe- rir uma identidade ao movimento dos trabalhadores, para afirmarem-se no Partido dos Trabalhadores Italianos, constituído em 1892, e até mes- mo ampliar a própria hegemonia na cultura e na ciência italiana.29
Do Manifesto do Partido Comunista, até o fim dos anos 80, não há ain- da nenhum traço. Não obstante isso, ele exercerá, junto com o seu prin- cipal intérprete, Antônio Labriola, um papel importante no rompimento daquele marxismo adulterado que tinha, até então, caracterizado a rea- lidade italiana. Porém, antes de falar disso é necessário voltar um pouco.

IV. As primeiras publicações do Manifesto na Itália
O prólogo à primeira impressão do Manifesto do Partido Comunista anunciava a sua publicação “em inglês, francês, alemão, italiano, flamengo e dinamarquês”.30 Na verdade, esse propósito não foi realizado. Ou, como seria melhor afirmar, o Manifesto tornou-se um dos escritos mais difundi- dos na história da humanidade, mas não segundo os planos dos seus autores.
A primeira tentativa de tradução do Manifesto para o italiano e para o espanhol foi realizada em Paris, por Hermann Ewerbeck, membro dirigente da Liga dos Comunistas da capital francesa.31 Todavia, não obstante a distância de anos, e no Herr Vogt Marx apontasse erroneamente a existência de uma edição italiana,32 essa empresa nunca foi realizada. Do projeto inicial, a única tradução realizada foi a inglesa de 1850, pre- cedida da sueca de 1848. Sucessivamente, em seguida àquela das re- voluções do biênio 1848-1849, o Manifesto foi esquecido. As únicas reimpressões, duas nos anos 50 e três nos anos 60, apareceram em língua alemã, e pelo aparecimento de novas traduções seria necessário esperar duas décadas. Em 1869, de fato, foi enviada para a tradução a edição russa e, em 1871, a sérvia. No mesmo período, em Nova Iorque, veio à luz a primeira versão inglesa publicada nos Estados Unidos (1871) e a primeira tradução francesa (1872). Ainda em 1872, saiu em Madri a primeira tradução espanhola, seguida, no ano seguinte, da portugue- sa, feita a partir daquela.33
Nessa época, na Itália, o Manifesto ainda era desconhecido. A sua primeira breve exposição, composta de resumos e trechos de texto, apa- receu somente em 1875, na obra de Vito Cusumano, Le scuole economiche della Germania in rapporto alla questione sociale. Lia-se nela: “do ponto de vista do proletariado este programa é tão importante quanto a Declara- ção dos Direitos do Homem para a burguesia: esse é um dos fatos impor- tantes do século XIX, um daqueles fatos que caracterizam, que dão nome e endereço a um século”.34 Posteriormente, as referências ao Manifesto foram pouco freqüentes. Porém, o escrito foi citado, em 1883, nos artigos que deram notícia sobre a morte de Marx. O folhetim socialista La Plebe falava dele como um “dos documentos fundamentais do socialismo con- temporâneo […] símbolo da maioria do proletariado socialista do ociden- te e da América do Norte”.35 O quotidiano burguês Gazzetta Piemontese, ao contrário, apresentava Marx como o autor do “famoso Manifesto Co- munista, que se tornou o lábaro do socialismo militante, o catecismo dos deserdados, o evangelho sob o qual votam, juram, combatem os operá- rios alemães e a maior parte dos operários ingleses”.36 A despeito des- sas apreciações, a sua impressão teve, porém, de esperar ainda mais.
Em 1885, depois de ter recebido uma cópia do Manifesto de Engels, Martignetti fez uma primeira tradução. Mas, por falta de dinheiro, a edição nunca foi publicada. A primeira tradução italiana apareceu, com mais de quarenta anos de atraso, somente em 1889, ano em que já tinham sido publicadas 21 edições em alemão, 12 em russo, 11 em francês, 8 em inglês, 4 em espanhol, 3 em dinamarquês (a primeira em 1884), 2 em sueco, e 1, respectivamente, em língua portuguesa, checa (1882), polonesa (1883), norueguesa (1886) e iídiche (1889). O texto italiano foi enviado para o prelo com o título de Manifesto dei socialisti redatto da Marx e Engels (Manifesto dos socialistas redigido por Marx e Engels), em dez fascículos entre agosto e novembro, no jornal democrático de Cremona L’Eco del Popolo. Essa versão, porém, distinguiu-se pela péssi- ma qualidade, em que faltavam os prefácios de Marx e Engels, a terceira seção (“Literatura socialista e comunista”) e diversas outras partes que foram omitidas ou resumidas. Além disso, a tradução de Leonida Bissolati, feita a partir da edição alemã de 1883 e confrontada com aquela france- sa de 1885, organizada por Laura Lafargue, simplificava as expressões mais complicadas. Portanto, mais que uma tradução, tratou-se da popularização de um escrito, com certo número de passagens textual- mente traduzidos.37
A segunda edição italiana, que foi a primeira editada em brochura, foi publicada em 1891. A tradução, realizada a partir da francesa de 1885 do jornal parisiense Le Socialiste, e o prefácio foram obra do anarquista Pietro Gori. O texto é marcado pela ausência do preâmbulo e pela presença de diversos erros. O editor Flaminio Fantuzzi, também próximo às posições anarquistas, advertiu Engels apenas superficialmente sobre os fatos e este, em uma carta a Martignetti, expressou o seu desconforto pelos “prefácios de desconhecidos tipo Gori”.38
A terceira tradução italiana saiu em 1892, em folhetim no periódico Lotta di Classe, de Milão. Essa versão, que se apresentava como a primei- ra e única tradução italiana do Manifesto, “e que não é uma traição”,39 foi feita por Pompeo Bettini a partir da edição alemã de 1883. Ainda que também apresentasse erros e simplificações de algumas passagens, so- bressaiu-se às outras, teve numerosas reedições até 1926 e deu início ao processo de formação da terminologia marxista na Itália.40 No ano seguinte, com algumas correções e melhoramentos de estilo e com a indicação de que “a versão completa [tinha sido] feita a partir da 5a edição alemã (Berlim, 1891)”,41 essa tradução apareceu em brochura, em mil cópias. Em 1896, houve a reimpressão de duas mil cópias. O texto continha os prefácios de 1872, 1883 e 1890, traduzidos por Filippo Turati, diretor de Critica Sociale, à época a principal revista do socialismo italiano, e o apropriado prefácio “Ao leitor italiano”, conseguido com êxi- to junto a Engels para a ocasião, a fim de distinguir a nova edição da- quelas que tinham-na precedido. O prefácio italiano foi o último escrito para o Manifesto por um de seus autores.
Nos anos seguintes foram publicadas duas outras edições que, ain- da que carentes da indicação do tradutor, retomavam pontualmente a versão de Bettini. A primeira – na qual faltava, porém, o prefácio – e a terceira edição foram realizadas para dar ao Manifesto uma edição popu- lar e barata. Ela foi promovida por ocasião do 1o de Maio de 1897, pela revista Era Nuova, e surgiu em Diano Marina (Ligúria) em oito mil cópias. A segunda, sem prefácio, em Firenze, pelo editor Nerbini, em 1901.

V. O Manifesto entre fins de Oitocentos e o fascismo
Nos anos 90, o processo de difusão dos escritos de Marx e Engels teve um grande progresso. A consolidação das estruturas editoriais, da- quele que tinha-se tornado o Partido Socialista Italiano, a obra realizada por diversos jornais e pequenos editores e a colaboração de Engels à Critica Sociale foram circunstâncias que concorreram para determinar um conhecimento maior da obra de Marx. Isso não bastou, porém, para de- ter o processo de alteração que acompanhava a sua divulgação. A esco- lha de combinar as concepções de Marx com as teorias mais disparata- das foi obra tanto daquele fenômeno denominado “socialismo catedráti- co” quanto do movimento operário, cujas contribuições teóricas, mesmo tendo-se tornado pouco consistentes, ainda se caracterizavam por um dificílimo conhecimento dos escritos de Marx.
Marx já gozava de indiscutível notoriedade, mas ainda era conside- rado um primus inter pares na multidão dos socialistas existentes.42 Sobretudo, fora colocado em circulação por péssimos intérpretes do seu pensamento. Tome-se o exemplo daquele que foi considerado “o mais socialista, o mais marxista […] dos economistas italianos”,43 Achille Loria, corretor e aperfeiçoador daquele Marx que ninguém conhecia suficien- temente para dizer em que tivesse sido melhorado. Já que é conhecida a sua descrição ilustrada por Engels no “Prefácio ao Livro III” de O Capi- tal – “indiscrição ilimitada, agilidade de enguia para escapar de situa- ções insustentáveis, heróico desdém aos golpes recebidos, prontidão em apropriar-se de produtos alheios”44 –, para melhor descrever a falsi- ficação sofrida por Marx, pode ser útil lembrar uma anedota contada, em 1896, por Benedetto Croce. Em 1867, em Napoli, por ocasião da constituição da primeira seção italiana da Internacional, um desconheci- do personagem estrangeiro, “muito alto e muito loiro, de modos pareci- dos com os dos antigos conspiradores e de fala misteriosa”, interveio para convalidar o nascimento do círculo. Por muitos anos, um advogado napolitano, presente no encontro, continuou convicto de que “aquele homem alto e loiro tivesse sido Karl Marx”,45 e foi necessário um grande esforço para que se conseguisse convencê-lo do contrário. Vez que na Itália muitos conceitos marxistas foram introduzidos pelo “ilustre Loria”,46 pode-se concluir que o que fora inicialmente divulgado foi um Marx desnaturado, um Marx, também esse, “alto e loiro”.47
Tal realidade mudou somente graças à obra de Labriola, que primei- ro introduziu na Itália o pensamento marxista de maneira autêntica. Mais que ser interpretado, atualizado ou “completado” com outros autores, pode-se afirmar que, graças a ele, Marx foi revelado pela primeira vez.48 Esta empresa deu-se através dos Saggi sulla concezione materialistica della storia (Ensaios sobre a concepção materialista da história), publicados por Labriola entre 1895 e 1897. O primeiro desses, In memoria del Mani- festo dei comunisti (Em memória do Manifesto dos comunistas), consistia justamente em um estudo sobre a gênese do Manifesto que, posterior- mente à aprovação alcançada junto a Engels pouco antes da sua mor- te,49 tornou-se o seu mais importante comentário e a interpretação oficial da parte “marxista”.
Muitos dos limites da realidade italiana puderam assim ser enfrenta- dos. Segundo Labriola, a revolução “não pode proceder a partir do tumulto de uma turba guiada por alguns, mas deve ser e será o resultado dos próprios proletários”.50 “O comunismo crítico [que para o filósofo napolitano era o nome mais apropriado para descrever as teorias de Marx e Engels] não fabrica as revoluções, não prepara as insurreições, não arma os tumultos […], enfim, não é um seminário em que se forme o estado maior dos capitães da revolução proletária; mas é somente a consciên- cia de tal revolução”.51 O Manifesto, portanto, não é “o vademecum da revolução proletária”,52 mas o instrumento para desmascarar a ingenui- dade do socialismo que se pensa possível “sem a revolução, ou se- ja, sem uma fundamental mutação da estrutura elementar e geral da sociedade”.53
Com Labriola, o movimento operário italiano teve, finalmente, um teórico capaz de, contemporaneamente, igualar-se aos níveis máximos da filosofia e do marxismo europeu. Todavia, o rigor de seu marxismo, problemático pelas imediatas circunstâncias políticas e crítico dos com- promissos teóricos, decretou também a sua desatualização.54
Encravada entre os dois séculos, de fato, a publicação de La filosofia di Marx (A filosofia de Marx), de Giovanni Gentile (livro marcado posterior- mente, por Lênin, como “digno de atenção”55), dos escritos de Croce que proclamavam a “morte do socialismo”56 e – no âmbito militar – dos valo- res de Francesco Saverio Merlino57 e de Antonio Graziadei,58 também ins- piraram na Itália o vento da “crise do marxismo”. Contudo, no Partido Socialista Italiano não havia, como na Alemanha, um marxismo ortodoxo e, na realidade, o embate foi travado entre dois “revisionismos”, um re- formista e outro sindical-revolucionário.59
Nesse mesmo período, a partir de 1899 e até 1902, deu-se uma proliferação de traduções de Marx e Engels que forneceram ao leitor italiano boa parte das obras disponíveis à época. Foi nesse contexto que, em 1902, como apêndice à 3a edição do escrito de Labriola (Em memó- ria do Manifesto dos comunistas), apareceu uma nova tradução do Mani- festo, a última feita na Itália até o fim da Segunda Guerra Mundial. Essa – cuja paternidade foi dada por alguns a Labriola e, por outros, à sua mulher Rosalia Carolina De Sprenger – continha algumas inexatidões e omissões e foi retomada em poucas reedições do texto.
A versão mais utilizada até a segunda metade do pós-guerra foi, então, aquela de Bettini, reproduzida em numerosas reimpressões. A uma primeira, de 1910, seguiram-se diversas, organizadas pela Socieda- de Editora Avanti, que se tornou o principal veículo de propaganda do Partido Socialista. Particularmente duas, em 1914, das quais a segunda continha Os fundamentos do comunismo de Engels. Ainda entre 1914 e 1916 (reimpressa no biênio 1921-1922), foi inserida no primeiro tomo da edição das Obras de Marx e Engels, que, a despeito da confusão geral dominante, na Itália – como na Alemanha – foram reunidas, junto àque- las de Lassalle. Depois, em 1917, por duas vezes em 1918, tendo como apêndice os 14 pontos da Conferência de Kienthal e o manifesto da Con- ferência de Zimmerwald, em 1920 (com duas reimpressões em 1922) em uma tradução revista por Gustavo Sacerdote, e, enfim, em 1925. A essas edições Avanti, acrescentem-se outras sete reimpressões que aparece- ram, em editoras menores, entre 1920 e 1926.
Durante a primeira década do século, o marxismo se despediu da prática política quotidiana do Partido Socialista Italiano. Em um famoso debate parlamentar de 1911, de fato, o presidente do conselho, Giovanni Giolitti, afirmava: “o Partido Socialista moderou demais o seu programa. Karl Marx fora mandado para a geladeira”.60 Os comentários aos textos de Marx, que pouco tempo antes tinham invadido o mercado literário, arrefeceram. E, se se exclui o “retorno a Marx” dos estudos filosóficos de Rodolfo Mondolfo,61 além de outras poucas exceções, o mesmo se verifi- cou durante os anos 10. Quanto às iniciativas por obra de outras realida- des, o campo burguês havia há tempos celebrado a “dissolução do mar- xismo”, enquanto na Igreja Católica as condenações preconceituosas prevaleceram sobre as tentativas de análise.
Em 1922, irrompe a barbárie fascista. Em 1923, todos os exemplares do Manifesto foram retirados das bibliotecas públicas e das universida- des. Em 1924, todas as publicações de Marx e aquelas ligadas ao movi- mento operário foram queimadas.62 As leis “fascistíssimas” de 1926, en- fim, decretaram a dissolução dos partidos de oposição e deram início ao período mais trágico da história moderna italiana.
Se não se levam em consideração algumas edições datilografadas e mimeografadas, os poucos escritos de Marx publicados em língua italiana entre 1926 e 1943 apareceram no exterior (entre os quais se destacam duas versões do Manifesto impressas na França, em 1931 e 1939, e uma outra publicada em Moscou, em 1944, com uma nova tradução de Palmiro Togliatti). Únicas exceções a tal complô de silêncio foram três diferentes edições do Manifesto do Partido Comunista. Duas delas apareceram, “para uso de estudiosos” e com direito à consulta somente através de solicita- ção prévia, em 1934. A primeira, da coletânea Política e economia, que alinhava, ao lado de Marx, textos de Labriola, Loria, Pareto, Weber e Rimmel; a tradução era aquela de Bettini revisitada pelo organizador Robert Michels.63 A segunda, em Florença, na versão de Labriola, em um outro volume coletivo, Le carte dei diritti (As cartas dos direitos), primeiro tomo da coleção “Clássicos do liberalismo e do socialismo”. E depois do último, em 1938, desta vez sob a organização de Croce, como apêndice a uma coleção de ensaios sobre Labriola, intitulada La concezione materialistica della storia (A concepção materialista da história), na tradu- ção feita por ele mesmo. O volume incluía também um ensaio de Croce, que se tornou famoso, de título bastante explícito, Come nacque e come morì il marxismo teorico in Italia (1895-1900) (Como nasceu e como mor- reu o marxismo teórico na Itália (1895-1900)). O filósofo idealista, po- rém, se enganava. O marxismo italiano não estava morto, mas somente aprisionado nos Quaderni del cárcere (Cadernos do cárcere), de Antonio Gramsci,64 que logo mostrariam todo o seu valor teórico e político.
Com a liberação do fascismo, o Manifesto recomeçou a aparecer em diversas edições. Federações provinciais do Partido Comunista Italiano, iniciativas e editoras pequenas e particulares na Itália meridional já libe- rada deram ao texto de Marx e Engels um novo fôlego. Três edições apa- recerem em 1943 e oito, em 1944. E assim paulatinamente nos anos su- sucessivos: das nove edições publicadas no fim da guerra, em 1945, à façanha de 1948, por ocasião do centenário.

VI. Conclusão
Repercorrendo a história da edição italiana do Manifesto do Partido Comunista, fica evidente o enorme atraso com que foi publicada. Contra- riamente a muitos países em que o Manifesto foi o primeiro escrito de Marx e Engels a ser traduzido, na Itália apareceu só depois de outras obras.65 Também a sua influência política foi modesta e ele nunca incidiu diretamente sobre os principais documentos do movimento operário. Tanto menos foi determinante na formação da consciência política dos dirigen- tes socialistas. Todavia, foi de grande relevância para os estudiosos (veja- se o caso de Labriola) e, através de suas edições, teve um papel impor- tante entre os militantes, até se tornar a referência teórica privilegiada.
Mais de 150 anos de sua publicação, estudado por incalculáveis exegetas, opositores e seguidores de Marx, o Manifesto atravessou as mais variadas estações e foi lido nos modos mais diversos. Pedra angu- lar do “socialismo científico” ou plágio do Manifeste de la démocratie, de Victor Considerant; texto incendiário culpado de ter fomentado o ódio entre as classes do mundo ou símbolo da libertação do movimento ope- rário internacional; clássico do passado ou obra de vanguarda da reali- dade moderna da “globalização capitalista”. Qualquer que seja a inter- pretação considerada, uma coisa é certa: pouquíssimos outros escritos na história podem vangloriar-se de análoga vitalidade e difusão. Ainda hoje, de fato, o Manifesto continua a ser impresso e a ser assunto seja na América Latina como na China, nos Estados Unidos como na Itália e em toda a Europa.
Se a perpétua juventude de um escrito está na sua capacidade de saber envelhecer, ou seja, de ser capaz de estimular novos pensamen- tos, pode-se afirmar que o Manifesto possui, sem dúvida, essa virtude.

Categories
Journal Articles

I «Manoscritti economico-filosofici del 1844» di Karl Marx: vicissitudini della pubblicazione e interpretazioni critiche

I. Introduzione
I Manoscritti economico-filosofici del 1844 costituiscono uno degli scritti di Karl Marx più celebri e diffusi in tutto il mondo. Tuttavia, questo testo, tanto dibattuto e di così grande incidenza per l’interpretazione complessiva della concezione del suo autore, è rimasto per lungo tempo sconosciuto. Infatti, dalla sua stesura a quando esso è stato dato alle stampe, e offerto a studiosi e militanti politici, è passato quasi un secolo.
La pubblicazione non ne esaurì, però, le vicissitudini. Con essa prese avvio l’annosa contesa relativa al loro carattere. I Manoscritti economico-filosofici del 1844 erano un testo che esprimeva le concezioni tipiche della sinistra hegeliana e, dunque, ancora riduttivo rispetto alla successiva critica dell’economia politica; oppure rappresentavano la base filosofica del pensiero di Marx, sottesa a tutta la sua opera, seppure era andata sempre più affievolendosi nel lungo percorso della stesura de Il capitale? Questo conflitto interpretativo ebbe valenza politica. La prima interpretazione fu sostenuta dagli studiosi sovietici di Marx e dalla gran parte degli interpreti che avevano un forte legame con i partiti comunisti legati al cosiddetto «blocco socialista» o che di esso erano parte. La seconda, invece, fu avanzata dai fautori di un marxismo critico, che trovarono proprio in questo testo le fonti testuali e le più efficaci argomentazioni (in particolare quella sul concetto di alienazione) per rompere il monopolio che l’Unione Sovietica aveva avuto, sino ad allora, sull’opera di Marx.
Le letture strumentali, che l’una e l’altra parte hanno compiuto sui Manoscritti economico-filosofici del 1844, sono un chiaro esempio di come l’opera di Marx sia stata permanente oggetto di conflitti teorico-politici e spesso piegata, in funzione di essi, a interpretazioni distorte. Per meglio evidenziare tale realtà, il secondo e il terzo paragrafo di questo articolo ricostruiscono le vicende editoriali legate alla loro pubblicazione, mentre i paragrafi quarto, quinto e sesto presentano una breve rassegna – stante la mole di volumi scritti dai tanti interpreti di questo testo – delle loro interpretazioni.

II. Le due edizioni del 1932
La prima pubblicazione parziale dei Manoscritti economico-filosofici del 1844 avvenne in lingua russa a opera di David Borisovič Rjazanov. Nel 1927, infatti, all’interno del terzo volume dello Archiv K. Marksa i F. Engel’sa, il noto studioso di Marx, al tempo direttore dell’Istituto Marx-Engels (IME) di Mosca, diede alle stampe gran parte di quello che venne poi denominato «terzo» manoscritto , con il titolo Lavori preparatori alla «Sacra famiglia» . Il testo fu preceduto da un’introduzione dello stesso Rjazanov che sottolineò l’importanza del periodo nel quale furono redatti questi manoscritti, contraddistinto da un rapidissimo progresso teorico del loro autore. Secondo lo studioso sovietico, il valore delle note pubblicate era notevole poiché esse, lungi dal rappresentare una mera curiosità bibliografica, costituivano una tappa importante del cammino di Marx e consentivano di intendere meglio il suo sviluppo intellettuale . Nonostante il grande rigore degli studi condotti da Rjazanov, questa ipotesi interpretativa si mostrò errata. Le indicazioni di Marx e il contenuto delle pagine dei Manoscritti economico-filosofici del 1844 testimoniano che essi non furono affatto uno studio preparatorio a La sacra famiglia, ma un lavoro diverso e precedente, dedicato alla sua prima analisi critica dell’economia politica.
Nel 1929, all’interno della K. Marks i F. Engel’s: Sočinenija (Opere) (1928-1947), la prima edizione sovietica delle opere di Marx ed Engels, venne data alle stampe una seconda edizione russa del testo. Il manoscritto fu inserito nel III tomo, nella stessa forma frammentaria e con lo stesso titolo errato del 1927 . Inoltre, nel 1931, la rivista Unter dem Banner des Marxismus pubblicò la prima versione in lingua tedesca del frammento Critica della dialettica e in generale della filosofia di Hegel .
La prima edizione completa fu data alle stampe, in lingua tedesca, nel 1932. In realtà, nello stesso anno, le versioni pubblicate furono due e tale circostanza concorse ad alimentare la confusione intorno a questo testo. Gli studiosi socialdemocratici Siegfried Landshut e J. P. Mayer pubblicarono una raccolta delle opere giovanili di Marx, in due volumi, Der historische Materialismus. Die Frühschriften , nella quale furono inseriti anche i Manoscritti economico-filosofici del 1844. Tale edizione era stata anticipata l’anno precedente da un articolo dello stesso Mayer che annunciava la stampa di un importantissimo «scritto di Marx finora sconosciuto» . In questa raccolta, però, essi furono pubblicati solo parzialmente e con diverse e gravi imprecisioni. Il «primo» manoscritto, infatti, mancava del tutto; il «secondo» ed il «terzo» furono dati alle stampe in un caotico disordine; e venne poi inserito un presunto «quarto» manoscritto che era, invece, soltanto il compendio del capitolo finale della Fenomenologia dello Spirito di Hegel privo di qualsiasi commento di Marx. Inoltre, l’ordine della varie parti fu stravolto (i manoscritti furono pubblicati nella sequenza III – II – IV) rendendo la loro comprensione ancora più difficile. Cosa ancora più grave, la decifrazione dell’originale conteneva numerosi errori e anche il titolo scelto era manifestamente sbagliato. La dicitura Economia politica e filosofia. Sulla connessione dell’economia politica con lo Stato, il diritto, la morale e la vita civile (1844) era, infatti, in totale contraddizione con quanto affermato da Marx nella prefazione: «si troverà che nel presente scritto la connessione dell’economia politica con lo Stato, il diritto e la morale sarà presa in considerazione solo per quel tanto che l’economia politica stessa prende in considerazione ex professo questi argomenti» . Ultimo importante dettaglio: il testo fu accompagnato da pochissime indicazioni filologiche, contenute nella prefazione dei curatori, che indicarono quale probabile periodo di redazione dei manoscritti l’arco di tempo tra il febbraio e l’agosto del 1844. Nonostante i gravi errori editoriali e interpretativi sin qui esposti, questa versione conobbe una buona diffusione in Germania e fu la base della traduzione francese, realizzata nel 1937 da J. Molitor.
La seconda versione dei Manoscritti economico-filosofici del 1844 pubblicata nel 1932 apparve nel terzo volume della prima sezione dell’edizione delle opere complete di Marx ed Engels, la Marx Engels Gesamtausgabe (MEGA), a cura dell’Istituto-Marx-Engels (IME) di Mosca. Si trattò della prima edizione integrale e scientifica di questo scritto, a cui fu dato il titolo, divenuto poi celebre, di Ökonomisch-philosophische Manuskripte aus dem Jahre 1844 . Per la prima volta, i tre manoscritti vennero pubblicati nella disposizione esatta e la decifrazione degli originali fu decisamente più accurata che nell’edizione realizzata in Germania. Un’introduzione, seppur anch’essa molto circoscritta, ricostruì la genesi del testo e ogni manoscritto fu anticipato da una breve descrizione filologica.
Tuttavia, anche gli editori della MEGA, avendo dovuto assegnare un titolo a questi manoscritti, collocando la prefazione al principio del testo (in realtà si trova nel terzo manoscritto) e nel riorganizzarne l’insieme, finirono col far credere che Marx avesse avuto, sin dal principio, l’idea di scrivere una critica dell’economia politica e che i manoscritti fossero un’opera originariamente divisa in capitoli .
Tra l’edizioni di Landshut e Mayer e quella della MEGA, quest’ultima risultò senz’altro la migliore e divenne la base di gran parte delle traduzioni che seguirono. Le due differenti versioni pubblicate nel 1932 entravano in conflitto tra loro non solo per alcune questioni di filologia. Lo scontro tra ‘marxismo occidentale’ e ‘marxismo sovietico’ andò, col passare degli anni, sempre più inasprendosi e l’interpretazione dei Manoscritti economico-filosofici del 1844 divenne uno dei principali oggetti della disputa. Vladimir V. Adoratskij, il direttore della MEGA subentrato a Rjazanov nel 1931, dopo che le epurazioni staliniane si abbatterono anche sull’IME, divenuto Istituto Marx-Engels-Lenin (IMEL), presentò il testo come uno scritto frammentario avente a tema il salario, il profitto del capitale, la rendita fondiaria e il denaro, nel quale Marx aveva elaborato un’analisi della struttura economica del capitalismo ricorrendo ancora alla terminologia filosofica feuerbachiana . Viceversa, Landshut e Mayer scrissero di un’opera che “nell’essenza, anticipa[va] già Il capitale”, che era “in un certo senso l’opera più centrale di Marx [… che] forma[va] il punto nodale del suo intero sviluppo concettuale” e che non solo restituiva al lettore la terminologia filosofica marxiana dei primi scritti, ma esprimeva la necessità di ricondurre le successive teorie economiche ai concetti sviluppati durante questo periodo, ovvero svelava il contenuto filosofico della teoria economica della maturità . Nonostante l’assoluta mancanza di fondamento, questa interpretazione riscosse grande successo e può essere datata proprio a questo saggio la nascita – agevolata successivamente da quanti, come Louis Althusser, non condivisero questa tesi – di una delle più grandi mistificazioni marxiste: l’invenzione del “giovane Marx” .

III. Traduzioni e ristampe successive
Grazie alla sua superiorità filologica, la versione MEGA si impose nettamente e quasi tutte le traduzioni poi apparse si basarono su di essa – in Giappone nel 1946, in Italia nel 1949 a cura di Norberto Bobbio e nel 1950 a cura di Galvano della Volpe, nel mondo anglosassone e in Cina nel 1956 e, infine, nel 1962, anche in Francia, dopo la versione filologicamente poco attendibile del 1937 citata in precedenza.
In Unione Sovietica e, più in generale, nell’Europa dell’Est, i Manoscritti economico-filosofici del 1844 subirono, invece, una vera e propria persecuzione. Nel 1954, infatti, l’Istituto per il Marxismo-Leninismo (IML) di Mosca, nuova denominazione del precedente IMEL, in vista della preparazione della nuova edizione russa delle opere di Marx ed Engels (K. Marksa i F. Engel’sa Sočinenija, 1955-66), decise di non includere tra i propri volumi i manoscritti incompleti dei “fondatori del socialismo scientifico”, ovvero molti di quegli importantissimi lavori grazie ai quali sarebbe stata possibile una più corretta interpretazione della genesi del pensiero di Marx. Tra i testi esclusi vi furono non soltanto i Manoscritti economico-filosofici del 1844, ma anche i Lineamenti fondamentali della critica dell’economia politica, meglio noti come Grundrisse. Tale scelta editoriale fu, però, alquanto contraddittoria. In questa edizione, infatti, trovarono posto altri manoscritti di Marx, tra cui i lavori giovanili Dalla critica della filosofia hegeliana del diritto, inserita nel primo volume, e L’ideologia tedesca, che occupò tutto il terzo volume. Inoltre, questa «seconda» Sočinenija (1955-66) contenne molti più scritti della prima (1928-47) e la decisione di non pubblicare i Manoscritti economico-filosofici del 1844 rispose a un preciso intento politico.
Essi apparvero come pubblicazione singola, intitolata Estratti dalle opere giovanili , che fu data alle stampe, in soli 60.000 esemplari, soltanto nel 1956 . Affinché i Manoscritti economico-filosofici del 1844 fossero inseriti nella «seconda» Sočinenija fu necessario, invece, attendere quasi vent’anni, ovvero la stampa del volume aggiuntivo XLII nel 1974 .
Così come per l’edizione sovietica, anche la raccolta degli scritti di Marx ed Engels pubblicata nella Repubblica Democratica Tedesca, la Marx Engels Werke (MEW), uscita in 39 volumi tra il 1956 e il 1968, escluse i Manoscritti economico-filosofici del 1844 dal novero dei propri volumi numerati. Essi, infatti, non furono inseriti nel volume 2, pubblicato nel 1962, dove avrebbero dovuto cronologicamente essere collocati, ma vennero pubblicati soltanto nel 1968 e come volume aggiuntivo (Ergänzungsband) . Tale volume, dopo essere apparso in questa veste fino al 1981, ovvero in quattro successive edizioni, fu pubblicato dal 1985 con il titolo Schriften und Briefe, November 1837-August 1844, come tomo 40 della MEW.
Dopo la MEGA del 1932, la prima edizione delle opere di Marx pubblicata nel “campo socialista” a inserire i Manoscritti economico-filosofici del 1844 tra i propri volumi numerati fu la Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA²). Le sue pubblicazioni cominciarono nel 1975 e i manoscritti parigini furono dati alle stampe nel volume I/2, nel 1982, esattamente cinquant’anni dopo la prima versione. Con questo testo, essi apparvero in un’edizione storico-critica e vennero addirittura pubblicati in due versioni. Una prima (Erste Wiedergabe) riprodusse la sistemazione delle carte originali di Marx e propose dunque la divisione in colonne di parti del testo del «primo» manoscritto; una seconda (Zweite Wiedergabe), invece, utilizzò la divisione in capitoli e l’impaginazione generalmente adottata da tutte le precedenti edizioni .

IV. Uno o due Marx? La disputa sulla “continuità” del pensiero di Marx
Sul fronte dell’interpretazione teorica, le due edizioni del 1932 e le due differenti interpretazioni che le accompagnarono, diedero inizio a una molteplicità di controversie, di carattere ermeneutico e naturalmente anche politico, del testo marxiano. Da una parte, come si è visto, vi fu l’interpretazione volta a intendere questo scritto come l’espressione di una fase giovanile, ancora negativamente condizionata dall’impostazione filosofica (Adoratskij). Dall’altra, viceversa, quella che intravvide, proprio nell’elaborazione filosofica del primo Marx, l’essenza di tutta la sua teoria critica e l’espressione più alta del suo umanesimo (Landshut e Mayer). Le due tesi misero al centro del loro dibattito la questione della cosiddetta “continuità”: c’erano stati due Marx diversi tra loro – uno giovane e uno maturo –, oppure vi era stato un unico Marx che, nonostante il passare degli anni, aveva sostanzialmente conservato le sue convinzioni?
L’opposizione tra queste due vedute andò sempre più radicalizzandosi. Attorno alla prima, si strinse l’ortodossia stalinista e quanti, in Europa, ne condividevano le direttive teoriche e politiche. I sostenitori di questa concezione minimizzarono o rifiutarono del tutto l’importanza degli scritti giovanili, ritenuti superficiali rispetto alle opere successive . Per la seconda tesi si espresse una realtà più variegata ed eterogenea di autori, che avevano tutti, però, come minimo comune denominatore il rifiuto del dogmatismo del “comunismo ufficiale” e volevano rompere la presunta relazione diretta che gli esponenti di quest’ultimo stabilivano tra il pensiero di Marx e la realtà politica dell’Unione Sovietica.
Le affermazioni di due protagonisti del dibattito marxista di quel periodo rendono più di ogni altro commento la portata della questione. Secondo Louis Althusser:

«Il dibattito sulle opere giovanili di Marx è prima di tutto un dibattito politico. C’è bisogno di ripetere che le opere giovanili di Marx (…) sono state esumate da parte socialdemocratica e sfruttate contro le posizioni teoriche del marxismo-leninismo? (…) Ecco dunque il campo della discussione: il giovane Marx. La posta: il marxismo. I termini: se il giovane Marx è già e tutto Marx» .

Iring Fetscher affermò invece che:

«Negli scritti giovanili di Marx la liberazione dell’uomo da ogni forma di sfruttamento, di dominio e di alienazione è di importanza così centrale, che all’epoca del dominio staliniano un lettore sovietico avrebbe dovuto avvertire queste argomentazioni proprio come una critica della sua situazione. Questa è anche la ragione per cui gli scritti giovanili non sono mai stati pubblicati in russo in edizioni economiche e di grande tiratura. Essi venivano considerati come lavori relativamente poco significativi di quel giovane hegeliano non ancora giunto al marxismo, che sarebbe stato allora Marx» .

Ambedue le parti di questa contesa operarono degli stravolgimenti del testo di Marx. Gli ortodossi negarono il valore dei Manoscritti economico-filosofici del 1844, fino ad arrivare a censurarli e ad escluderli dalle edizioni degli scritti di Marx ed Engels. Le letture del cosiddetto “marxismo occidentale”, invece, conferirono, in modo manifestamente forzato, a questo primissimo schizzo incompleto di Marx, maggiore valore rispetto all’opera data alle stampe a distanza di oltre venti anni di studi e ricerche: Il capitale.
In questo scontro ideologico, però, quasi tutti gli autori si comportarono allo stesso modo e considerarono i Manoscritti economico-filosofici del 1844 come un testo completo, organico e coerente, quale un’opera vera e propria. Così, nonostante l’incompiutezza e la forma frammentaria che li contraddistingueva, essi furono letti prestando scarsa attenzione ai problemi filologici in essi presenti, che vennero ignorati o ritenuti poco importanti .
Non potendo, in questa sede, prendere in rassegna in maniera completala numerosissima letteratura critica esistente sui Manoscritti economico-filosofici del 1844, la disamina si limiterà esclusivamente ai testi principali.

V. Le interpretazioni principali
Subito dopo la pubblicazione delle due versioni del 1932, numerosi studiosi si cimentarono con i Manoscritti economico-filosofici del 1844. Gli autori tedeschi Henri de Man e Herbert Marcuse giunsero a conclusioni analoghe a quelle di Landshut e Mayer. Il primo sottolineò come lo scritto parigino conteneva già le valutazioni sulle quali Marx avrebbe basato tutto il suo successivo progetto teorico e avanzò l’ipotesi che in Marx fossero presenti due marxismi: quello umanistico della giovinezza e quello della maturità e che il primo fosse superiore al secondo, appannato e caratterizzato dal declino delle energie creative . Anche Marcuse sostenne la tesi che i Manoscritti economico-filosofici del 1844 rendevano evidenti i fondamenti filosofici della critica dell’economia politica . A suo giudizio, inoltre, la scoperta di una così forte presenza della filosofia hegeliana nel pensiero di Marx arricchiva la sua antropologia di una dimensione storico-sociale assente in Ludwig Feuerbach .
La scoperta dell’importanza del “giovane Marx” si accompagnò sempre più , dunque, allo studio del suo rapporto con Hegel e tale circostanza fu favorita anche dalla pubblicazione, di poco antecedente a quella dei Manoscritti economico-filosofici del 1844, dei manoscritti di Jena di Hegel . Uno dei principali autori a intraprendere questo percorso fu György Lukács che, con il suo scritto del 1923, Storia e coscienza di classe, aveva sorprendentemente anticipato molti dei temi del futuro dibattito hegelo-marxiano. Nel suo libro del 1938, Il giovane Hegel e i problemi della società capitalistica, Lukács mise in relazione gli studi giovanili dei due autori – filosofici quelli di Marx ed economici quelli di Hegel – e ne tracciò le affinità che aveva ravvisato. In particolare, egli sottolineò che i riferimenti marxiani a Hegel nei Manoscritti economico-filosofici del 1844 erano presenti ben oltre i passaggi nei quali quest’ultimo era citato testualmente. Diverse analisi economiche erano mosse, a suo parere, dalla critica della concezione filosofica hegeliana:

«la connessione di economia e filosofia è (…), in questi manoscritti di Marx, una profonda necessità metodologica, la condizione di un effettivo superamento della dialettica idealistica di Hegel. Perciò sarebbe superficiale ed estrinseco credere che il dibattito di Marx con Hegel cominci solo nell’ultima parte del manoscritto, che contiene la critica della Fenomenologia. Le parti precedenti, puramente economiche, in cui Hegel non è mai ricordato direttamente, contengono la fondazione più importante di questo dibattito e di questa critica: la chiarificazione economica dei fatti principali dell’estraneazione» .

Nelle lezioni sulla Fenomenologia dello spirito, tenute all’École Pratique des Hautes Études dal 1933 al 1939 e successivamente pubblicate nel libro Introduzione alla lettura di Hegel , Alexandre Kojève fu un altro autore – destinato a esercitare grande influenza – ad approfondire questo connubio, anche se nel suo caso fu l’opera di Hegel a essere riletta alla luce dell’interpretazione marxista. Il legame tra Hegel e Marx venne sviluppato, infine, anche da Karl Löwith nel celebre e, in seguito, molto diffuso testo Da Hegel a Nietzsche .
Accanto al legame con Hegel, sempre nella Repubblica Federale Tedesca, dopo la seconda guerra mondiale, testi quali Die Anthropologie des jungen Marx nach den Pariser ökonomisch-philosophischen Manuskripten di Erich Thier, Der entfremdete Mensch di Heinrich Popitz e Der technische Eros di Jacob Hommes, diffusero l’opinione che i Manoscritti economico-filosofici del 1844 erano il testo fondamentale dell’intera opera marxiana. Poco dopo, sbocciò in tutt’Europa un grande interesse filosofico per Marx. La Francia fu, senza dubbio, il paese dove questi studi ebbero la maggiore proliferazione e diffusione e in cui il pensiero giovanile di Marx fu posto a base della critica, filosofica e politica, al dogmatismo staliniano e al marxismo ufficiale . Lo studio degli scritti giovanili di Marx costituì in Francia «l’avvenimento filosofico decisivo di questo periodo» . Si trattò di un processo variegato, che caratterizzò l’intero quindicennio del dopoguerra francese, nel quale molti autori, diversi tra loro per cultura filosofica e tendenze politiche, tentarono di trovare una sintesi filosofica tra marxismo, hegelismo, esistenzialismo e cristianesimo. Esso fu foriero di tanta cattiva letteratura, basata spesso più sulle convinzioni dei vari autori che non sul testo marxiano, e che condusse a veri e propri stravolgimenti dell’opera di Marx. I Manoscritti economico-filosofici del 1844 vennero presentati come il testo più valido di Marx e furono violentemente contrapposti, in nome della loro presunta unicità, al marxismo posteriore e, in particolare, a Il capitale, testo che – molto probabilmente – tanti di questi autori non avevano sufficientemente studiato.
In Senso e non senso del 1948, dopo lo studio dei Manoscritti economico-filosofici del 1844 e mediante l’influenza esercitata dalla lettura di Kojève, Maurice Merleau-Ponty espresse la convinzione che il pensiero giovanile di Marx fosse esistenzialista . Pochi anni dopo, Jean Hyppolite, nel suo Saggi su Marx e Hegel , uno dei migliori libri tra quelli scritti in questo contesto, insistette molto sul legame tra i lavori giovanili e Il capitale, sottolineando come il tramite tra essi fosse proprio Hegel. Egli pose in evidenza la:

«necessità, per la comprensione del Capitale, di fare riferimento alle opere filosofiche anteriori, oltre che agli studi economici di Marx. – L’opera di Marx presuppone un sostrato filosofico di cui non sempre è facile ricostruire i diversi elementi. – Influenza profonda di Hegel, che Marx conosceva in modo molto preciso. (…) Credo (…) che non si possa capire l’opera essenziale di Marx, ignorando le principali opere di Hegel che hanno contribuito alla formazione e allo sviluppo del suo pensiero, la Fenomenologia dello spirito, la Logica, la Filosofia del diritto» .

Anche gli scritti di Jean-Paul Sartre seguirono questa direzione. Allo stesso tempo, il Marx “filosofico” divenne anche un Marx “teologico” . Infatti, nelle opere degli autori cristiani Pierre Bigo e Jean Yves Calvez, il primo intitolato Marxismo e umanismo e il secondo Il pensiero di Karl Marx , sulla base di una particolare interpretazione dei Manoscritti economico-filosofici del 1844, il pensiero di Marx acquisì sempre più valenze etiche, riconducibili alla religione cristiana e volte alla netta opposizione alle politiche dell’Unione Sovietica. Anche Roger Garaudy sostenne la presenza di influenze umanistiche nei primi scritti di Marx e si fece fautore di un marxismo aperto al dialogo con le altre culture, in particolare con quella cristiana . Infine, grande importanza nel panorama francese ebbe la traduzione dello scritto Storia e coscienza di classe di Lukács, apparsa, senza il consenso dell’autore, nel 1960 .
Il principale concetto filosofico a fondamento di queste interpretazioni fu quello di alienazione (Entäusserung – Entfremdung) e diversi furono i volumi dedicati esclusivamente a questo tema, che proposero una nuova interpretazione complessiva del pensiero di Marx . Tale categoria fu l’oggetto centrale della principale controversia politico-filosofica su Marx di quegli anni: stabilire quale relazione vi fosse tra le teorie “giovanili” dei Manoscritti economico-filosofici del 1844 e quelle della “maturità” de Il capitale. Tre furono le posizioni principali nelle quali si divisero i vari autori: 1) continuità tra i Manoscritti economico-filosofici del 1844 e Il capitale; 2) contrapposizione tra i Manoscritti economico-filosofici del 1844 su Il capitale e superiorità teorica dei primi sul secondo; 3) importanza limitata dei Manoscritti economico-filosofici del 1844, interpretati come una tappa meramente transitoria della elaborazione di Marx .
La prima tesi può essere sintetizzata nel riconoscimento di una continuità tra le tesi dei Manoscritti economico-filosofici del 1844 e quelle de Il capitale. Accanto ai lavori già citati di Bigo e Calvez, possono essere inseriti in questo filone interpretativo il testo del 1957 di Maximilien Rubel, Karl Marx. Saggio di biografia intellettuale, e quello di Erich Fromm, Marx’s concept of Man. Per Rubel, infatti, con la categoria di lavoro alienato (entfremdete Arbeit) si ha «la chiave di tutta l’opera successiva dell’economista e del sociologo [Marx]» e «la tesi centrale de Il capitale è qui anticipata» . Allo stesso modo, a distanza di pochi anni, Fromm affermò: «il concetto di alienazione [è] sempre stato e rimasto il punto centrale del pensiero del “giovane” Marx che ha scritto i Manoscritti economico-filosofici e del “vecchio” Marx che ha scritto il Capitale» .
Un altro importante libro che può essere annoverato in questo filone interpretativo è Marx e il marxismo, pubblicato nel 1967 nella Germania occidentale, dallo studioso tedesco Iring Fetscher. Il suo proposito, infatti, fu proprio quello di dimostrare come:

«le categorie critiche che Marx aveva elaborato nei suoi Pariser Manuskripte e nei quaderni di estratti costituiscono la base anche della teoria dell’economia politica nel Capitale e non furono affatto sconfessati dal Marx “adulto”. Con ciò dovrebbe essere provato che le opere giovanili non solo fanno capire quali siano stati i motivi che hanno suggerito a Marx di scrivere la critica dell’economia politica (Il capitale), ma che la critica dell’economia politica contiene ancora implicitamente ed in parte anche esplicitamente quella critica all’alienazione e alla reificazione, che costituiscono il tema centrale delle opere giovanili» .

Una seconda interpretazione si basò, viceversa, sulla contrapposizione tra il “giovane” Marx e quello “maturo” e sulla superiorità e maggiore ricchezza teorica del primo sul secondo. I precursori di questa linea furono i già menzionati Landshut e Mayer, che nella prefazione all’edizione del 1932 avevano dichiarato che i Manoscritti economico-filosofici del 1844 erano la rivelazione dell’autentico marxismo: «in un certo senso l’opera più centrale di Marx. Essi raffigurarono il punto cruciale dello sviluppo del suo pensiero, dove i principi dell’analisi economica derivano direttamente dall’idea della “vera realtà dell’uomo”» . Condivisero questa lettura anche altri autori tedeschi, tra i quali Henri De Man, Heinrich Popitz, Jacob Hommes – nonché Erich Thier, nell’opuscolo del 1957 Das Menschenbild des jungen Marx . Analoga convinzione fu espressa da Kostas Axelos, che nell’opera Marx pensatore della tecnica affermò: «il manoscritto del 1844 è e rimane il testo più denso di pensiero di tutte le opere marxiane e marxistiche» .
La terza tesi, infine, fu rappresentata da quanti considerarono i Manoscritti economico-filosofici del 1844 una tappa soltanto transitoria del pensiero di Marx. In questo testo, che fu definito di maturazione teorica, egli sarebbe stato capace di cogliere le principali contraddizioni della società borghese, ma con un impianto ancora filosofico-umanistico e un linguaggio influenzato dall’opera di Feuerbach. Uno dei limiti principali di questa interpretazione fu il considerare le concezioni giovanili di Marx in funzione degli sviluppi futuri e già noti della sua opera. Secondo questa lettura, inoltre, la categoria di alienazione era presente esclusivamente nelle opere “giovanili”, ma del tutto assente in quelle della “maturità”. Infine, gli autori che sostennero questa posizione – principalmente gli esponenti dell’ortodossia “marxista-leninista” – ritennero che le tappe dell’evoluzione del pensiero di Marx fossero quelle scandite da Lenin, convinzione che oltre a essere per molti versi discutibile, non permetteva di prendere in considerazione la grande importanza degli inediti del 1932 apparsi dopo la morte di Lenin.
Tra gli esponenti più importanti di questa scuola interpretativa vi fu Auguste Cornu che, per primo, nel 1934, con la pubblicazione della sua tesi di laurea Karl Marx – L’homme et l’oeuvre. De l’hégélianisme au matérialisme historique , primo embrione della sua futura opera in quattro tomi intitolata Marx e Engels , collocò i Manoscritti economico-filosofici del 1844 nel solco dell’interpretazione sovietica. A essa si richiamarono anche il saggio già citato di Jahn, quello di Manfred Buhr e le introduzioni alle riedizioni del testo di Cornu e di Emile Bottigelli ., Più tardi, anche Cornu, nel volume terzo (Marx à Paris) della sua opera citata in precedenza, la biografia intellettuale più completa mai scritta su questa fase della vita di Marx, evitò la comparazione con gli scritti successivi e si limitò a una valutazione meno ideologizzata del testo .
Particolare attenzione merita, infine, l’opera di Althusser. La raccolta di saggi da lui pubblicata nel 1965, con il titolo Per Marx, rappresentò certamente il testo principale di questa polemica, nonché quello che stimolò, in seguito, il numero maggiore di reazioni e discussioni. Althusser sostenne che ne L’ideologia tedesca e nelle Tesi su Feuerbach era chiaramente presente una rottura epistemologica (coupure èpistémologique) «che costituisce la critica della sua antica coscienza filosofica (ideologica)» . In base a questa cesura, egli suddivise il pensiero di Marx «in due grandi periodi essenziali: il periodo ancora “ideologico”, anteriore alla rottura del 1845 e il periodo “scientifico”, posteriore alla rottura del 1845» . Anche in questo caso, uno dei principali punti della contesa fu il rapporto tra Marx e Hegel. Per Althusser, infatti, Hegel ispirò a Marx un unico testo – proprio i Manoscritti economico-filosofici del 1844 – e, dunque, anche nel suo periodo «ideologico filosofico»:

«il giovane Marx non è mai stato hegeliano, ma dapprima kantiano-fichtiano, poi feuerbachiano. La tesi in gran voga dell’hegelismo del giovane Marx, in genere, è quindi un mito. In compenso, alla vigilia della rottura con l’”anteriore coscienza filosofica” è proprio come se Marx, facendo ricorso per la prima e unica volta nella giovinezza a Hegel, avesse prodotto una straordinaria “abreazione” teorica indispensabile alla liquidazione della sua coscienza “delirante”» .

In questo modo, per Althusser, i Manoscritti economico-filosofici del 1844 sono «il testo più lontano che ci sia, teoricamente parlando, dall’alba che stava per spuntare» .

«Il Marx più lontano da Marx è proprio questo Marx qui, ossia il Marx più vicino, il Marx della vigilia, il Marx della soglia: come se prima della rottura, e per consumarla, egli avesse sentito il bisogno di dare alla filosofia tutte le sue possibilità, l’ultima possibilità, questo imperio assoluto sul suo contrario e questo smisurato trionfo teorico: ossia la sua sconfitta» .

La paradossale conclusione di Althusser fu che «non si può assolutamente dire che “la giovinezza di Marx appartiene al marxismo”» . Così, la sua posizione, seppure concepita da punti di partenza opposti, concorse, specularmente a quella di Landshut e Mayer, o degli autori francesi precedentemente presi in rassegna, a creare il mito del “giovane” Marx.
Queste concezioni si basarono su una contrapposizione filologicamente infondata dei testi di Marx. Senza entrare in questa sede nel merito della polemica relativa alla presenza, o meno, delle categorie filosofiche giovanili e dell’influenza hegeliana nelle critica dell’economia politica di Marx, è necessario evidenziare un limite di fondo della gran parte di queste interpretazioni. Esso sta nel considerare i Manoscritti economico-filosofici del 1844 come un’opera conclusa, un testo coerente, scritto in maniera sistematica e preordinata. Le tante interpretazioni che hanno voluto attribuire loro il carattere di un orientamento concluso, tanto quelle che vi ravvisavano la piena completezza del pensiero marxiano (Landshut e Mayer o i filosofi francesi), quanto quelle che li indicavano come una concezione definita e opposta a quella della maturità scientifica (Althusser), sono confutate dall’esame filologico.
Uno dei primi autori a intervenire in proposito fu Ernest Mandel, che nel suo scritto del 1967, La formazione del pensiero economico di Karl Marx, affermò come la fonte dell’errore di Althusser traeva origine dal suo «sforza[rsi] vanamente di presentare i Manoscritti del 1844 come il frutto di un’ideologia conclusa “formante un tutto”» . Per Mandel, invece, i Manoscritti economico-filosofici del 1844 rispecchiavano la transizione di Marx e, dunque, presentavano, al loro interno, tipici elementi del passato e temi del futuro, circostanza che produceva diverse contraddizioni. Su posizioni simili, a questo riguardo, anche il precedente lavoro di Pierre Naville, Dall’alienazione al godimento .

VI. Le interpretazioni nel “campo socialista”, nel mondo anglosassone e in Italia
In un primo tempo, il marxismo ufficiale ignorò i Manoscritti economico-filosofici del 1844 o fu del tutto incapace di prenderli seriamente in esame. Georg Mende, ad esempio, nel suo testo Karl Marx’ Entwicklung von revolutionären Demokraten zum Kommunisten , non vi fece riferimento né nella prima edizione del 1954, né nella ristampa del 1955. Solo con la terza ristampa, nel 1960, egli ammise che questi «lavori preparatori di Marx (…) a un’opera maggiore» non potevano essere ignorati. Così, gli scritti e le categorie giovanili di Marx, che nel cosiddetto “marxismo occidentale” occuparono un posto di rilievo sin dagli anni Trenta, a causa del dogmatismo staliniano e dell’ostilità riservata al concetto di alienazione, fecero apparizione nel campo sovietico con enorme ritardo.
Accanto ai pochissimi scritti in lingua russa, la prima pubblicazione che diffuse in Europa un buon numero di saggi sui Manoscritti economico-filosofici del 1844 degli studiosi sovietici fu la raccolta Sur le jeune Marx, pubblicata nel 1961 quale numero speciale della rivista Recherches Internationales à la lumière du marxisme . In essa, accanto agli scritti dei russi O. Bakouradze, N. Lapin, V. Brouchlinski, L. Pajitnov e A. Ouibo, furono inclusi anche articoli di alcuni dei principali studiosi di Marx di Polonia (A. Schaff) e Repubblica Democratica Tedesca (W. Jahn e J. Hoeppner), nonché uno scritto di Palmiro Togliatti. Pur connotati dall’approccio ideologico del tempo, questi scritti costituirono il primo tentativo, da parte socialista, di misurarsi con le problematiche relative al “giovane” Marx e di contenderne il monopolio interpretativo ai marxisti “occidentali” . Alcuni contributi presentarono spunti interessanti, tra questi il saggio Les «Manuscrits èconomico-philosophiques de 1844» di Pajitnov, nel quale veniva affermato:

«le idee fondamentali di Marx sono ancora in divenire, e insieme a delle notevoli formulazioni, in cui è in germe la nuova concezione del mondo, vi si trovano anche molto spesso dei pensieri non ancora maturi, che portano il segno dell’influenza delle fonti teoriche che hanno servito da materiale per la riflessione di Marx e dalle quali egli è partito per l’elaborazione della sua dottrina» .

L’impostazione teorica di fondo sostenuta dalla gran parte degli autori era, però, sbagliata. Contrariamente alle interpretazioni in voga, che rileggevano i concetti de Il capitale attraverso quelli presenti nei lavori giovanili, molti di questi studiosi commisero l’errore opposto: indagare gli scritti giovanili a partire dagli sviluppi futuri della teoria di Marx, «leggere i testi giovanili attraverso il filtro dei testi della maturità» . Il precorrimento del pensiero di Marx impedì, così, di cogliere il significato o il valore dell’elaborazione di quel periodo .
Successivamente, però, lo studio dei Manoscritti economico-filosofici del 1844 prese piede anche nei paesi socialisti e raggiunse alcuni risultati di rilievo. Tra essi vanno segnalati il lavoro del 1958, Die Entwicklung der ökonomischen Lehre von Marx und Engels in den vierziger Jahren des 19. Jahrhunderts , di D. I. Rosenberg. Di ancora maggiore interesse fu Prima del ‘Capitale’di Walter Tuchscheerer, senza dubbio lo studio migliore compiuto a est sul pensiero economico del giovane Marx, che ebbe il merito di esaminare criticamente, accanto ai Manoscritti economico-filosofici del 1844, anche il contenuto dei principali quaderni di estratti parigini .
Ai Manoscritti economico-filosofici del 1844 fu riconosciuto un ruolo di primo piano anche nel marxismo anglosassone. Tuttavia, anche lì, lo studio di questo testo fu intrapreso con ritardo rispetto ad altri paesi. La prima edizione che sollevò un interesse piuttosto diffuso apparve negli Stati Uniti, a opera di Erich Fromm e con traduzione di Tom Bottomore, solo nel 1961. Il saggio introduttivo presentò i Manoscritti economico-filosofici del 1844 come «il principale lavoro filosofico di Marx» e prevalsero, in modo diffuso, gli studi che presero in esame l’influenza hegeliana sul giovane Marx (precursore, in tal senso, era stato Sidney Hook, nel 1933, col suo lavoro Towards an understanding of Karl Marx) . Negli anni Sessanta furono pubblicati diversi volumi che proposero un’interpretazione analoga. Tra essi, i testi principali furono Philosophy & Myth in Karl Marx di Robert Tucker e il libro, invero più storico-politico che filosofico, dello studioso israeliano Shlomo Avineri Il pensiero politico e sociale di Marx .
Non mancarono i pareri opposti, anche in questo caso fin troppo radicali. Secondo Daniel Bell, infatti, l’insistente accostamento di Marx a Hegel non era altro che la «creazione di un nuovo falso mito», poiché «trovata con l’economia politica la risposta ai misteri di Hegel, Marx dimenticò tutto della filosofia» .
Quanto al panorama italiano, infine, va segnalato che attraverso l’influenza dell’opera di Galvano della Volpe, in particolare del suo libro del 1956 Rousseau e Marx, a essere considerato il più importante tra gli scritti giovanili di Marx fu per lungo tempo la Critica della filosofia hegeliana del diritto pubblico. Secondo Della Volpe, questo scritto conteneva «le premesse più generali di un nuovo metodo filosofico», mentre i Manoscritti economico-filosofici del 1844, furono definiti una sorta di «zibaldone» economico-filosofico. Una delle migliori analisi dei manoscritti parigini fu, però, di poco successiva. Tra il 1960 e il 1963, infatti, Mario Rossi pubblicò, in quattro volumi, il notevole studio Da Hegel a Marx e la parte finale del terzo tomo, La scuola hegeliana. Il giovane Marx fu dedicata ai Manoscritti economico-filosofici del 1844. Inoltre, il volume degli Annali dell’Istituto Giangiacomo Feltrinelli del 1963, con una sezione dedicata a «Marx e Engels. La formazione del loro pensiero. L’ambiente intellettuale e politico» e, soprattutto, quello del 1964/65, interamente dedicato al “giovane Marx”, rappresentarono una delle più valide pubblicazioni internazionali sull’argomento. I contributi pubblicati furono, tuttavia, in gran parte opera di studiosi stranieri. Va citato, infine, l’interessante volume di Mario Dal Pra La dialettica in Marx: dagli scritti giovanili all’“Introduzione alla critica dell’ economia politica” , contenente anch’esso una parte sui manoscritti parigini.
La diffusione dei Grundrisse, gli importantissimi manoscritti economici di Marx del 1857-58, che avvenne in Germania nel 1953 e a partire dalla fine degli anni Sessanta in Europa e negli Stati Uniti, spostò l’attenzione di commentatori del testo marxiano e militanti politici dalle opere giovanili a questo “nuovo” inedito. Negli anni Ottanta, periodo nel quale la Marx-Forschung (la ricerca su Marx) ha conosciuto un’evidente rarefazione, comparvero, nondimeno, alcuni studi sul rapporto Hegel-Marx, in cui ai manoscritti parigini fu conferito un posto centrale. Tra questi Pour lire Hegel et Marx e Retour sur le jeune Marx. Deux études sur le rapport de Marx à Hegel di Solange Mercier-Josa e Dialectics of Labour. Marx and his relation to Hegel di Christopher Arthur. A riprova del grande e permanente fascino esercitato da queste pagine, alcuni recenti studi su Marx sono ritornati sul loro valore . Nonostante il passare degli anni e i tanti commenti scritti su questi manoscritti, pare proprio che essi continueranno a interessare e interrogare anche le prossime generazioni di interpreti e lettori di Marx.

 

Bibliography
Ciò che è stato tramandato dei Manoscritti economico-filosofici del 1844 sono tre manoscritti (di 27 facciate il primo, di 4 il secondo e di 41 il terzo), cui va aggiunto un foglio di 4 facciate, contenente un prospetto dell’ultimo capitolo della Fenomenologia dello spirito di Georg W. F. Hegel, inserito da Marx all’interno del terzo manoscritto.
KARL MARX, Podgotovitel’nye raboty dlja «Svjatovo Semejstva», a cura di DAVID RJAZANOV, in Archiv K. Marksa i F. Engel’sa, n. 3 (1927), Moskva-Leningrad, pp. 247-86.
Cfr. Ivi, pp. 103-42. In proposito si veda anche ALBERT MESNIL, Note sur le communisme et la propriété privée, in La Reveu Marxiste, n. 1 (Février 1929), pp. 6-7.
KARL MARX, Podgotovitel’nye raboty dlja «Svjatovo Semejstva», a cura di DAVID RJAZANOV, in K. Marks i F. Engel’s : Sočinenija, vol. III, Moskva-Leningrad 1929, pp. 613-70.
Karl Marx, Kritik der Hegelschen Dialektik und der Philosophie überhaupt, in Unter dem Banner des Marxismus, Jg. V, Nr. 3, pp. 256-75.
KARL MARX, Nationalökonomie und Philosophie. Über den Zusammenhang der Nationalökonomie mit Staat, Recht, Moral, und bürgerlichem Leben (1844), in Der historische Materialismus. Die Frühschriften, (a cura di SIEGFRIED LANDSHUT e JACOB PETER MAYER), pp. 283-375.
JACOB PETER MAYER, Über eine unveröffentlichte Schrift von Karl Marx, in «Rote Revue» (1931), pp. 154-57.
KARL MARX, Manoscritti economico-filosofici del 1844, Einaudi, Torino 1968, p. 3.
KARL MARX, Ökonomisch-philosophische Manuskripte aus dem Jahre 1844, MEGA I/3, Marx-Engels-Verlag, Berlin 1932, pp. 29-172.
Cfr. JÜRGEN ROJAHN, Il caso dei cosiddetti «manoscritti economico-filosofici dell’anno 1844», in «Passato e presente», Anno II (1983), n. 3, p. 43 e JÜRGEN ROJAHN, The emergence of a theory: the importance of Marx’s notebooks exemplified by those from 1844, «Rethinking Marxism», vol. 14, n. 4 (2002), p. 33.
Cfr. VICTOR ADORATSKIJ, Einleitung in MEGA I/3, pp. XII-XIII.
In realtà l’introduzione firmata dai due curatori fu opera del solo Landshut che la pubblicò, infatti, anche come opuscolo separato. Cfr. SIEGFRIED LANDSHUT, Karl Marx, Verlag von Charles Coleman, Lübeck 1932.
Cfr. SIEGFRIED LANDSHUT e JACOB PETER MAYER, Vorwort a Karl Marx: Der historische Materialismus. Die Frühschriften, pp. XXXIII e XXXVIII.
Cfr. BRUNO BONGIOVANNI, Le repliche della storia, Bollati Boringhieri, Torino 1989, p. 8.
KARL MARKSA–FRIEDRICH ENGEL’SA, Iz rannikh proїzvedennij, Mosca, 1956, pp. 519-642.
In proposito cfr. VLADIMIR BROUCHLINSKI, Note sur l’histoire de la redaction et de la publication des «Manuscrits economico-philosophiques» de Karl Marx, in Sur le jeune Marx, «Recherches Internationales à la lumiere du marxisme», n. 19 (V-VI 1960), p. 78.
K. Marks i F. Engel’s Sočinenija, vol. XLII, pp. 41-174.
KARL MARX, Ökonomisch-philosophische Manuskripte aus dem Jahre 1844 in Marx-Engels-Werke, Ergänzungsband. Erster Teil, Dietz Verlag, Berlin 1968, pp. 465-588.
Cfr. MEGA² I/2, Dietz Verlag, Berlin 1982, pp. 187-322 e 323-438.
Cfr. DAVID MCLELLAN, Marx, Il Mulino, Bologna 1998, p. 84.
LOUIS ALTHUSSER, Per Marx, op. cit., pp. 35-37.
IRING FETSCHER, Marx e il marxismo. Dalla filosofia del proletariato alla Weltanschauung proletaria, op. cit., p. 312.
Cfr. JÜRGEN ROJAHN, Il caso dei cosiddetti «manoscritti economico-filosofici dell’anno 1844», op. cit., p. 42 e Marcello Musto, Marx a Parigi: la critica del 1844, in Marcello Musto (a cura di), Sulle tracce di un fantasma. L’opera di Karl Marx tra filologia e filosofia, Manifestolibri, Roma 2006 [2005], pp. 161-178.
Cfr. HENRI DE MAN, Der neu entdeckte Marx, in «Der Kampf», nn. 5-6 (1932), pp. 224-229 e 267-277.
Cfr. HERBERT MARCUSE, Marxismo e rivoluzione. Studi 1929-1932, Einaudi, Torino 1975, p. 100.
Cfr. HERBERT MARCUSE, Ragione e rivoluzione. Hegel e il sorgere della «teoria sociale», Il Mulino, Bologna 1997, in particolare 304-05.
Cfr. GEORG W. F. HEGEL, Jeneser Logik, Metaphysik und Naturphilosophie, (a cura di G. LASSON), Leipzig 1923 e GEORG W. F. HEGEL, Jenenser Realphilosophie, (a cura di J. HOFFMEISTER), 2 voll., Leipzig 1931.
GYÖRGY LUKÁCS, Il giovane Hegel e i problemi della società capitalistica, Einaudi, Torino 1950, p. 760. Significativa è anche la testimonianza autobiografica di Lukács relativa alla lettura dei Manoscritti economico-filosofici del 1844: «leggendo i manoscritti cambiai la mia completa relazione con il marxismo e trasformai la mia prospettiva filosofica» in Lukács on his life and work, in «New Left Review», n. 68 (Juli-August 1971), p. 57.
Cfr. ALEXANDRE KOJÈVE, Introduzione alla lettura di Hegel, (edizione italiana a cura di FRANCO FRIGO), Adelphi Edizioni, Milano 1996.
KARL LÖWITH, Da Hegel a Nietzsche. La frattura rivoluzionaria nel pensiero del secolo XIX, Einaudi, Torino 1949.
ERICH THIER, Die Anthropologie des jungen Marx nach den Pariser ökonomisch-philosophischen Manuskripten, Einführung a KARL MARX, Nationalökonomie und Philosophie, op. cit..
HEINRICH POPITZ, Der entfremdete Mensch. Zeitkritik und Geschichtsphilosophie des jungen Marx, Wissenschaftliche Buchgesellschaft, Darmstadt 1967 [1953].
JACOB HOMMES, L’eros della tecnica, Abete, Roma 1970 [1955].
Cfr. ORNELLA POMPEO FARACOVI, Il marxismo francese contemporaneo fra dialettica e struttura (1945-1968), Feltrinelli, Milano 1972, in particolare le pp. 12-18, dove si ricorda che «la cultura filosofica francese del dopoguerra si è interessata per lungo tempo a Marx, in maniera pressoché esclusiva, nella forma del pensiero giovanile» (p. 9).
HENRI LEFEBVRE, Le marxisme et la pensée française, in «Les Temps Modernes», nn. 137-138 (1957), p. 114.
Cfr. MAURICE MERLEAU-PONTY, Senso e non-senso, Il Saggiatore, Milano 1962, si veda in particolare il capitolo «Marxismo e filosofia».
JEAN HYPPOLITE, Etudes sur Marx et Hegel, Rivière, Paris 1955; tr. it. Saggi su Marx e Hegel, op. cit.
Ivi, pp. 153 e 155.
Cfr. L. R. LANGSET, Young Marx and Alienation in Western Debate, in «Inquiry», n. 1 (1963), p. 11.
PIERRE BIGO, Marxismo e umanesimo, Bompiani, Milano 1963 [1954].
JEAN YVES CALVEZ, Il pensiero di Karl Marx, Borla, Torino 1966 [1956].
Cfr. ROGER GARAUDY, Dall’anatema al dialogo, Queriniana, Brescia 1969.
Dopo la pubblicazione del 1923, infatti, l’autore ungherese aveva rivisto molte delle sue precedenti posizioni filosofiche, messe nel frattempo all’indice nei cosiddetti paesi socialisti. La più importante correzione apportata venne così riassunta nella nuova introduzione scritta in occasione della ristampa del 1967: «Storia e coscienza di classe segue Hegel nella misura in cui anche in questo libro l’estraneazione viene posta sullo stesso piano dell’oggettivazione (per fare uso della terminologia filosofica dei Manoscritti economico-filosofici di Marx)». Cfr. GYÖRGY LUKÁCS, Prefazione a Storia e coscienza di classe, Sugar Editore, Milano 1971, p. XXV.
Accanto al già citato JEAN YVES CALVEZ, Il pensiero di Karl Marx (1956), vanno ricordati KOSTAS AXELOS, Marx pensatore della tecnica, (1961), ISTVAN MESZAROS, La teoria dell’alienazione in Marx, Oxford University Press, London 1970; ADAM SCHAFF, L’alienazione come fenomeno sociale, Editori Riuniti, Roma 1979, GIUSEPPE BEDESCHI, Alienazione e feticismo nel pensiero di Marx, Laterza, Bari 1968 e BERTELL OLLMAN, Alienation. Marx’s conception of man in capitalist society, Cambridge University Press, New York 1971.
Per una breve rassegna in proposito si veda ERNEST MANDEL, La formazione del pensiero economico di Karl Marx, Laterza, Bari 1970 [1967], in particolare il capitolo X «Dai Manoscritti del 1844 ai Grundrisse: da una concezione antropologica a una concezione storica dell’alienazione», pp. 171-202. Un’analisi delle diverse interpretazioni si trova anche nel più volte citato JÜRGEN ROJAHN, Il caso dei cosiddetti «manoscritti economico-filosofici dell’anno 1844», op. cit., pp. 39-46.
MAXIMILIEN RUBEL, Karl Marx. Saggio di biografia intellettuale. Prolegomeni per una sociologia etica, op. cit., p. 130.
ERICH FROMM, Marx’s concept of Man, op. cit., p. 51.
IRING FETSCHER, Marx e il marxismo. Dalla filosofia del proletariato alla Weltanschaaung proletaria, Sansoni, Firenze 1969, p. 30.
SIEGFRIED LANDSHUT e JACOB PETER MAYER, Vorwort der Herausgeber in KARL MARX, Der historische Materialismus. Die Frühschriften, op. cit., p. XIII.
ERICH THIER, Das Menschenbild des jungen Marx, Vandenhoeck & Ruprecht, Göttingen 1957.
KOSTAS AXELOS, Marx pensatore della tecnica, Sugar, Milano 1963 [1961], pp. 56-7.
AUGUSTE CORNU, Karl Marx – L’homme et l’oeuvre. De l’hégélianisme au matérialisme historique, Paris 1934.
Auguste Cornu, Marx e Engels, Feltrinelli, Milano 1962 [1955]. I volumi III e IV, non tradotti in italiano e, dunque, non inclusi in questa edizione, sono apparsi a Parigi presso la Presses Universitaires de France nel 1962 e nel 1970.
MANFRED BUHR, Entfremdung – philosophische Antropologie – Marx Kritik, in «Deutsche Zeitschrift für Philosophie», n. 7 (1966), pp. 806-34.
Cfr. AUGUSTE CORNU, Einleitung a KARL MARX, Die ökonomisch-philosophische Manuskripte, Dietz Verlag, Berlin 1968.
Cfr. EMILE BOTTIGELLI, Presentation a KARL MARX, Manuscrits de 1844, Editions Sociales, Paris 1962, in particolare pp. LXVI-LXIX.
AUGUSTE CORNU, Karl Marx et Friedrich Engels. Marx a Paris, PUF, Paris 1962. A riguardo si vedano in particolare le pp. 172-77.
Sul concetto di «rottura epistemologica» si rimanda a ÉTIÉNNE BALIBAR, Per Althusser, Manifestolibri, Roma 1991, in particolare all’ultimo capitolo «Il concetto di “rottura epistemologica” da Gaston Bachelard a Louis Althusser», pp. 65-97.
LOUIS ALTHUSSER, Per Marx, Editori Riuniti, Roma 1970 [1965], p. 16.
Ivi, p. 17. La «suddivisione» del pensiero di Marx operata da Althusser fu articolata in quattro fasi: le opere giovanili (1840-1844); le opere della rottura (1845); le opere della maturazione (1845-1857); le opere della maturità (1857-1883), Ivi, p. 18.
Ivi, p. 18. Interessante al riguardo è la breve testimonianza biografico-intellettuale sul rapporto tra Althusser ed i Grundrisse, presente nel recente testo di LUCIEN SÈVE, Penser avec Marx aujourd’hui. I. Marx et nous, La Dispute, Paris 2004. In proposito alla vecchia polemica sulla presenza, o meno, del concetto di alienazione ne Il capitale, lo studioso francese nota come Althusser, ad eccezione dell’Introduzione del 1857, non abbia mai letto i Grundrisse. Per maggiori dettagli cfr. p. 29. A questo si può aggiungere che i Grundrisse, il testo più hegeliano del Marx maturo, sono stati scritti subito dopo l’Introduzione del 1857, ritenuta dal filosofo francese la quintessenza del metodo marxista maturo. In proposito si veda il capitolo «L’objet du Capital» in LOUIS ALTHUSSER, Leggere il Capitale, Feltrinelli, Milano 1971 [1965].
Ivi, p. 19.
Ivi, p. 137.
Ivi, p. 65.
ERNEST MANDEL, La formazione del pensiero economico di Karl Marx, op. cit., p. 175. Secondo Mandel, Althusser «ha ragione di opporsi ad ogni metodo analitico-teleologico che concepisca l’opera giovanile di un determinato autore esclusivamente con l’intento di sapere fino a che punto si sia avvicinato al “fine” costituito dall’opera della maturità. [Mandel si riferisce alla critica rivolta alla «pseudoteoria della storia della filosofia al “futuro anteriore”». Cfr. LOUIS ALTHUSSER, Per Marx, op. cit., p. 38. N. d. A.] Ma ha torto di contrapporvi un metodo che seziona arbitrariamente in formazioni ideologiche coerenti le successive fasi evolutive di uno stesso autore, col pretesto di considerare “ogni ideologia come un tutto”». Cfr. Ivi, pp. 175-76.
PIERRE NAVILLE, Dall’alienazione al godimento. Genesi della sociologia del lavoro in Marx e Engels. Il nuovo Leviatano, Jaca Book, Milano, 1978 [1957].
GEORG MENDE, Karl Marx’ Entwicklung von revolutionären Demokraten zum Kommunisten, Dietz Verlag, Berlin 1960.
Ivi, p. 132.
AA. VV., Sur le jeune Marx, in «Recherches Internationales à la lumière du marxisme», 1963. Un’altra interessante pubblicazione in proposito fu la raccolta in lingua inglese edita dall’Accademia delle Scienze dell’Unione Sovietica Philosophy, science and man. The soviet delegation reports for the XIIIth World Congress of Philosophy, Moscow 1963, in particolare si segnala il saggio di T. I. OISERMAN, Man and his alienation. Su temi analoghi, si veda in italiano La società sovietica e il problema dell’alienazione. Una polemica fra E. M. Sitnikov e Iring Fetscher in IRING FETSCHER, Marx e il marxismo. Dalla filosofia del proletariato alla Weltanschaaung proletaria, op. cit., pp. 310-48.
Cfr. LOUIS ALTHUSSER, Per Marx, op. cit., p. 35.
LEONIDE NIKOLAEVITCH PAJITNOV, Les «Manuscrits èconomico-philosophiques de 1844», in Sur le jeune Marx, op. cit., p. 98.
LOIUS ALTHUSSER, Per Marx, op. cit., p. 41.
Contro quest’impostazione è bene ricordare un significativo passaggio di Althusser: «Certo noi sappiamo che il giovane Marx diverrà Marx, ma non vogliamo vivere più in fretta di lui, non vogliamo vivere al posto suo, rompere per lui o scoprire per lui. Non l’aspetteremo in anticipo alla fine della corsa, per gettare su di lui, come su un corridore, il manto del riposo, perché insomma è fatta, finalmente è arrivato», in LOUIS ALTHUSSER, Per Marx, op. cit., p. 53.
D. I. Rosenberg, Die entwicklung der ökonomischen Lehre von Marx und Engels in den vierziger Jahren des 19. Jahrhunderts, Dietz, Berlin 1958.
Walter Tuchscheerer, Prima del ‘Capitale’. La formazione del pensiero economico di Marx (1843/1858), La Nuova Italia, Firenze 1980 [1968].
ERICH FROMM, Marx’s concept of Man, op. cit., p. V.
SIDNEY HOOK, Towards an understanding of Karl Marx, Gollanz, London 1933.
ROBERT C. TUCKER, Philosophy & Myth in Karl Marx, Transaction Publishers, New Brunswick – London 2001 [1961].
SHLOMO AVINERI, Il pensiero politico e sociale di Marx, Il Mulino, Bologna 1997 [1968].
DANIEL BELL, The «rediscovery» of alienation – Some notes along the quest for the historical Marx, in «The Journal of Philosophy», vol. 24 (1959), pp. 935 e 944.
GALVANO DELLA VOLPE, Rousseau e Marx, Editori Riuniti, Roma 1997 (1956), p. 150.
MARIO ROSSI, Da Hegel a Marx. III. La scuola hegeliana. Il giovane Marx, Feltrinelli, Milano 1977 [1963]. I Manoscritti economico-filosofici del 1844 sono presi in esame alle pagine 456-584.
MARIO DAL PRA, La dialettica in Marx: dagli scritti giovanili all’”Introduzione alla critica dell’ economia politica”, Laterza, Roma 1977.
Una prima edizione del 1939-41 rimase pressoché sconosciuta cfr. Marcello Musto, Dissemination and reception of Grundrisse in the world, in Marcello Musto (a cura di), Karl Marx’s Grundrisse. Foundations of the Critique of Political Economy 150 Years Later, Routledge, London/New York, 2008.
SOLANGE MERCIER-JOSA, Pour lire Hegel et Marx, Editions sociales, Paris 1980.
SOLANGE MERCIER-JOSA, Retour sur le jeune Marx. Deux études sur le rapport de Marx à Hegel, Meridiens Klincksieck, Paris 1986.
CHRISTOPHER J. ARTHUR, Dialectics of Labour. Marx and his relation to Hegel, Basil Blackwell, Oxford 1986.
Cfr. NASIR KHAN, Development of the concept and theory of alienation in Marx’s writings. March 1843 to August 1844, Solum Forlag, Oslo 1995; TAKAHISA OISHI, The unknown Marx, Pluto, London 2001 e TOM ROCKMORE, Marx after Marxism, Blackwell Publishing, Oxford 2002.

Categories
Journal Articles

Diffusione e recezione dei Grundrisse nel mondo

I. 1858-1953: Cen’anni di solitudine
Tralasciati nel maggio del 1858 per fare posto alla stesura di Per la critica dell’economia politica, dopo essere stati adoperati per la redazione di questo testo, i Grundrisse non furono quasi più riutilizzati da Marx.
Nonostante fosse sua consuetudine richiamarsi agli studi precedentemente svolti, trascrivendone talvolta interi passaggi, ad eccezione di quelli del 1861-3, nessun manoscritto preparatorio de Il capitale contiene, infatti, alcun riferimento a essi. I Grundrisse giacquero tra le tante bozze provvisorie di Marx che, dopo averli redatti, sempre più assorbito dalla soluzione di questioni più specifiche di quelle che essi racchiudevano, non ebbe dunque più modo di servirsene.

Sebbene non vi sia alcuna certezza in proposito, è probabile che i Grundrisse non siano stati letti dallo stesso Friedrich Engels. Com’è noto, alla morte, Marx era riuscito a completare soltanto il libro primo de Il capitale, e i manoscritti incompiuti dei libri secondo e terzo furono ricostruiti, selezionati e dati alle stampe da Engels. Nel corso della sua attività editoriale, quest’ultimo dovette prendere in esame decine di quaderni contenenti abbozzi de Il capitale ed è plausibile ipotizzare che quando, in fase di sistemazione della montagna di carte ereditate, sfogliò i Grundrisse, dovette ritenerli una versione troppo prematura dell’opera dell’amico – precedente persino alla pubblicazione di Per la critica dell’economia politica del 1859 – e, a ragione, inutilizzabile per il suo proposito. D’altronde, Engels non menzionò mai i Grundrisse, né nelle prefazioni ai due volumi de Il capitale che diede alle stampe, né in alcuna lettera del suo vasto carteggio.

Dopo la sua morte, gran parte degli originali di Marx venne custodita nell’archivio del Partito Socialdemocratico Tedesco (SPD) di Berlino, ma fu trattata con la massima negligenza. I conflitti politici in seno alla Socialdemocrazia impedirono la pubblicazione dei rilevanti e voluminosi inediti di Marx e produssero anche la dispersione dei suoi manoscritti, così da compromettere, per lungo tempo, la possibilità di un’edizione completa delle sue opere. Nessuno, inoltre, si occupò di stilare un elenco del lascito intellettuale di Marx e i Grundrisse restarono sepolti assieme alle altre sue carte.

L’unico brano dato alle stampe durante quel periodo fu l’Introduzione. Essa fu pubblicata nel 1903, sulla rivista Die Neue Zeit, da Karl Kautsky, il quale nella breve nota che accompagnò il testo, la presentò come un “abbozzo frammentario” datato 23 agosto 1857. Kautsky sostenne che si trattava dell’introduzione dell’opera principale di Marx e, per questo motivo, le diede il titolo di Einleitung zu einer Kritik der politischen Ökonomie (Introduzione a una critica dell’economia politica). Aggiunse inoltre che: “nonostante il suo carattere frammentario, anche il presente lavoro offre una grande quantità di nuovi punti di vista”[1]. Intorno a essa, infatti, si manifestò un notevole interesse. Tradotta, inizialmente, in francese (1903) e inglese (1904), prese a circolare rapidamente dopo che Kautsky l’ebbe pubblicata, nel 1907, in appendice a Per la critica dell’economia politica e apparve anche in russo (1922), giapponese (1926), greco (1927), cinese (1930), fino a divenire poi uno degli scritti più commentati dell’intera produzione teorica di Marx.

Nonostante la fortuna dell’Introduzione, i Grundrisse rimasero ancora a lungo sconosciuti. È difficile credere che, insieme con l’ Introduzione, Kautsky non abbia ritrovato anche l’intero manoscritto. Egli, comunque, non vi fece mai riferimento e, quando poco dopo decise di pubblicare alcuni inediti di Marx, si concentrò solo su quelli del 1861-3, che diede alle stampe parzialmente, dal 1905 al 1910, con il titolo di Teorie sul plusvalore.

La scoperta dei Grundrisse avvenne, invece, nel 1923 grazie a David Rjazanov, direttore dell’Istituto Marx-Engels (IME) di Mosca e promotore della Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA), l’edizione delle opere complete di Marx ed Engels. Dopo aver esaminato il Nachlaß di Berlino, egli rese pubblica l’esistenza dei Grundrisse in una comunicazione sul lascito letterario di Marx ed Engels, tenuta all’Accademia Socialista di Mosca nel 1923:

“ho ritrovato tra le carte di Marx altri otto quaderni di studi di economia. (…) Il manoscritto è databile alla metà degli anni Cinquanta e contiene la prima stesura dell’opera di Marx [Il capitale], della quale, al tempo, egli non aveva ancora stabilito il titolo, e che rappresenta [anche] la prima elaborazione del suo scritto Per la critica dell’economia politica”[2].

In quella stessa sede affermò inoltre: “in uno di questi quaderni (…) Kautsky ha trovato l’Introduzione a Per la critica dell’economia politica” e riconobbe al complesso dei manoscritti preparatori de Il capitale “straordinario interesse per conoscere la storia dello sviluppo intellettuale di Marx, così come la peculiarità del suo metodo di lavoro e di ricerca” [3].

Grazie all’accordo di collaborazione per la pubblicazione della MEGA, stipulato tra l’IME, l’Istituto per la Ricerca Sociale di Francoforte e lo SPD, detentore del Nachlaß di Marx ed Engels, i Grundrisse furono fotografati assieme a molti altri inediti e gli specialisti di Mosca cominciarono a studiarli su esemplari in copia. Tra il 1925 e il 1927, Pavel Veller, collaboratore dell’IME, catalogò tutti i manoscritti preparatori de Il capitale, il primo dei quali erano proprio i Grundrisse. Sino al 1931, essi furono completamente decifrati e dattilografati e nel 1933 ne fu dato alle stampe, in lingua russa, il Capitolo sul denaro, cui fece seguito, due anni dopo, l’edizione tedesca. Nel 1936, infine, l’Istituto Marx-Engels-Lenin (IMEL), subentrato all’IME, riuscì ad acquistare sei degli otto quaderni dei Grundrisse, circostanza che rese possibile la soluzione dei problemi editoriali ancora irrisolti.

Poco dopo, dunque, i Grundrisse poterono essere finalmente pubblicati: furono l’ultimo importante manoscritto di Marx, per giunta molto esteso e risalente a una delle fasi più feconde della sua elaborazione, reso noto al pubblico. Essi apparvero a Mosca nel 1939, a cura di Veller, che ne scelse il titolo: Grundrisse der Kritik der politischen Ökonomie (Rohentwurf) 1857–1858. Due anni dopo, seguì la stampa di un’appendice (Anhang), che comprese gli appunti di Marx del 1850-1 dai Principi di economia politica e dell’imposta di David Ricardo, le note su Bastiat e Carey, gli indici sul contenuto dei Grundrisse da lui stesso redatti e, infine, il materiale preparatorio (Urtext) a Per la critica dell’economia politica del 1859. La prefazione al libro del 1939, siglata dall’IMEL, evidenziò decisamente il valore del testo: “il manoscritto del 1857-1858, pubblicato per la prima volta e integralmente in questo volume, costituisce una tappa decisiva dell’opera economica di Marx” [4].

Tuttavia, seppure principi editoriali e formato fossero analoghi, i Grundrisse non furono inclusi tra i volumi della MEGA, ma uscirono, invece, in edizione singola. Inoltre, la loro pubblicazione a ridosso della Seconda Guerra Mondiale fece sì che l’opera restasse praticamente sconosciuta. Le 3.000 copie realizzate divennero presto molto rare e solo pochissime di esse riuscirono a oltrepassare i confini sovietici. Successivamente, i Grundrisse non furono inseriti nella Sočinenija (Opere Complete) (1928-47), la prima edizione russa degli scritti di Marx ed Engels e per la loro ristampa in tedesco si dovette attendere sino al 1953. Se desta grande stupore che un testo come i Grundrisse, sicuramente eretico rispetto agli allora indiscutibili cànoni del Diamat (Dialekticeskij Materializm – Materialismo Dialettico), sia stato pubblicato durante l’era staliniana, bisogna altresì considerare che essi costituivano lo scritto più rilevante di Marx non ancora diffuso in Germania. Così, in occasione della celebrazione del Karl-Marx-Jahr (Anno di Karl Marx), che coincideva con il settantesimo anniversario della sua morte e il centotrentacinquesimo della nascita, i Grundrisse furono dati alle stampe a Berlino in 30.000 copie. Redatti nel 1857-8, essi cominciarono a essere letti e scoperti in tutto il mondo soltanto nel 1953. Dopo cent’anni di solitudine.

II. La diffusione dei Grundrisse: 500.000 copie in giro per il mondo
Nonostante la risonanza suscitata dalla pubblicazione di un nuovo e consistente manoscritto preparatorio de Il capitale e il valore teorico che a essi fu attribuito, i Grundrisse furono tradotti lentamente. Come già accaduto con l’Introduzione, fu un altro estratto dei Grundrisse a generare interesse prima dell’intero manoscritto: le Forme che precedono la produzione capitalistica. Esse furono infatti tradotte nel 1939 in russo e, nel 1947-8, dal russo in giapponese. Successivamente, l’edizione singola tedesca e la traduzione inglese ne favorirono un’ampia diffusione. Dalla prima, stampata nel 1952 nella serie Kleine Bücherei des Marxismus-Leninismus (Piccola biblioteca del marxismo-leninismo) furono eseguite la traduzione ungherese (1953) e italiana (1954). La seconda, pubblicata nel 1964, ne permise la circolazione nel mondo anglosassone e, tradotta in Argentina (1966) e Spagna (1967), in quello di lingua spagnola. La prefazione del curatore di questa edizione, Eric Hobsbawm, contribuì a evidenziare l’importanza del loro contenuto: le Forme che precedono la produzione capitalistica costituiscono “il tentativo più sistematico di affrontare la questione dell’evoluzione storica” mai realizzato da Marx e “si può affermare, senza esitazione, che qualsiasi discussione storica marxista che non tenga conto di quest’opera (…) deve essere riesaminata alla luce di essa”[5]. Infatti, sempre più studiosi internazionali si occuparono di questo testo, che seguì a essere pubblicato in tanti altri paesi e a stimolare ovunque significative discussioni storiografiche.

Le traduzioni dei Grundrisse nel loro insieme cominciarono alla fine degli anni Cinquanta. La diffusione dello scritto di Marx fu un processo lento ma inesorabile e, quando ultimato, rese possibile una più completa e, per alcuni aspetti, differente percezione dell’intera sua opera. I maggiori interpreti dei Grundrisse vi si cimentarono in lingua originale, ma la loro lettura estesa, quella compiuta dagli studiosi che non erano in grado di leggerli in tedesco, e, soprattutto, quella dei militanti politici e degli studenti, avvenne solo in seguito alle traduzioni nelle varie lingue.

Le prime di esse avvennero in oriente, dove i Grundrisse apparvero prima in Giappone (1958-65) e poi in Cina (1962-78). In Unione Sovietica uscirono in lingua russa soltanto nel 1968-9, quando dopo essere stati esclusi anche dalla seconda e ampliata edizione della Sočinenija (1955-66), vi furono incorporati quali volumi aggiuntivi.

L’estromissione dalla Sočinenija fu tanto più grave perché determinò, a sua volta, quella dalla Marx Engels Werke (Opere) (MEW) (1956-68), che riprodusse la selezione sovietica. La MEW, ovvero l’edizione più utilizzata delle opere di Marx ed Engels, nonché la fonte delle loro traduzioni nella maggior parte delle lingue, fu dunque privata dei Grundrisse che vennero pubblicati come volume supplementare soltanto nel 1983.

Alla fine degli anni Sessanta, i Grundrisse cominciarono a circolare anche in Europa. La prima traduzione fu quella francese (1967-8), ma la sua qualità era scadente e una versione fedele dello scritto uscì solo nel 1980. Quella italiana apparve tra il 1968 e il 1970 e, così come quella francese, circostanza molto singolare, essa fu realizzata per iniziativa di una casa editrice indipendente dal Partito Comunista.

In lingua spagnola, il testo fu pubblicato negli anni Settanta. Se si esclude la versione stampata a Cuba nel 1970-1, di scarso pregio perché tradotta da quella francese e la cui circolazione rimase circoscritta nell’ambito di quel paese, la prima vera traduzione fu compiuta in Argentina tra il 1971 e il 1976. A essa seguirono ancora altre tre, effettuate tra Spagna, Argentina e Messico, che fecero dello spagnolo la lingua con il maggior numero di versioni dei Grundrisse.

La traduzione in lingua inglese fu anticipata, nel 1971, dalla pubblicazione di una scelta di alcuni suoi brani. L’introduzione del curatore di questo volume, David McLellan, aumentò le aspettative nei confronti dello scritto: “i Grundrisse sono molto più di una grezza stesura de Il capitale”[6] e, anzi, più di ogni altro suo testo, “contengono una sintesi dei vari lidi del pensiero di Marx. (…) In un certo senso, nessuna tra le opere di Marx è completa, ma tra loro la più completa sono i Grundrisse” [7]. La traduzione integrale giunse nel 1973, ovvero soltanto venti anni dopo l’edizione stampata in Germania. Essa fu eseguita da Martin Nicolaus, che nella premessa al libro scrisse: “oltre al loro grande valore biografico e storico, essi [i Grundrisse] (…) sono il solo abbozzo dell’intero progetto economico-politico di Marx. (…) I Grundrisse mettono in discussione e alla prova ogni seria interpretazione di Marx finora concepita”[8].

Gli anni Settanta furono il decennio decisivo anche per le traduzioni nell’Europa dell’est. Dopo l’edizione russa, infatti, non vi era più alcun ostacolo affinché il testo potesse circolare anche nei paesi ‘satelliti’ dell’Unione Sovietica e, così, esso comparve in Ungheria (1972), Cecoslovacchia (in ceco tra il 1971 e il 1977 e in slovacco tra il 1974 e il 1975), Romania (1972-4) e Jugoslavia (1979).

Nello stesso periodo, i Grundrisse giunsero anche in Danimarca, pubblicati contemporaneamente in due traduzioni tra loro contrastanti: una a cura della casa editrice legata al partito comunista (1974-8) e l’altra, invece, di una vicina alla nuova sinistra (1975-7).

Negli anni Ottanta, i Grundrisse furono tradotti anche in Iran (1985-7), ove rappresentarono la prima traduzione rigorosa di un’opera di Marx in persiano, e in altre lingue europee: l’edizione slovena è del 1985 e dell’anno successivo sono la polacca e quella finlandese, effettuata grazie al sostegno sovietico.

Col dissolversi dell’Unione Sovietica e la fine del cosiddetto ‘socialismo reale’, che invero del pensiero di Marx non avevano realizzato altro che la manifesta negazione, la stampa degli scritti di Marx subì una battuta d’arresto. Ciò nonostante, anche negli anni nei quali il silenzio intorno al loro autore fu interrotto soltanto da quanti ne decretavano con assoluta certezza l’oblio, i Grundrisse hanno continuato a essere tradotti in altre lingue. Pubblicati in Grecia (1989-92), Turchia (1999-2003), Corea del sud (2000) e nel 2008, in Brasile, in lingua portoghese, essi sono stati l’opera di Marx che ha ricevuto il maggior numero di nuove traduzioni negli ultimi venti anni.

Complessivamente, i Grundrisse sono stati pubblicati integralmente in 22 lingue[9] e tradotti in 32 differenti versioni. Senza fare riferimento alle tante traduzioni parziali, essi sono stati stampati in oltre 500.000 copie [10]: un numero che sorprenderebbe molto colui che li redasse col solo fine di riepilogare, per giunta in tutta fretta, gli studi di economia svolti fino al momento della lorostesura.

III. Lettori e interpreti
La storia della recezione dei Grundrisse, così come quella della loro diffusione, è stata caratterizzata da un avvio alquanto tardivo. Alle vicissitudini legate al ritrovamento del manoscritto, si aggiunse, e fu di certo determinante, la complessità del testo frammentario e appena abbozzato, tanto problematico da rendere in altre lingue, quanto difficile da interpretare.

In proposito, Roman Rosdolsky, autorevole studioso dei Grundrisse, affermò che:

“quando, nel 1948, (…) ebbe la fortuna di esaminar[ne] uno degli allora rarissimi esemplari (…), intuì subito che si trattava di un’opera fondamentale per la comprensione della teoria marxiana, che però a causa della sua forma particolare e del suo linguaggio spesso difficile, poco si addiceva ad un’ampia cerchia di lettori”[11].

Queste motivazioni lo indussero a tentare di illustrarne meglio il testo e a esaminarne criticamente il contenuto. Il risultato di tale impresa fu l’opera Zur Entstehungsgeschichte des Marxschen ‘Kapital’. Der Rohentwurf des ‘Kapital’ 1857-58 (Genesi e struttura del Capitale di Marx) che, pubblicata nel 1968, fu la prima, e anche la principale mai scritta, monografia dedicata ai Grundrisse. Tradotta in molti paesi, favorì la loro divulgazione e circolazione ed ebbe un notevole influsso su tutti i loro successivi interpreti.

Il 1968 fu un anno significativo per i Grundrisse. Oltre al libro di Rosdolsky, infatti, apparve sulla New Left Review il primo saggio in lingua inglese ad essi interamente dedicato: The Unknown Marx (Il Marx sconosciuto), di Martin Nicolaus, che ebbe il merito di attirare l’attenzione sui Grundrisse anche nel mondo anglosassone e di segnalarne la necessità della traduzione. Intanto, in Germania e in Italia, i Grundrisse conquistarono i protagonisti delle rivolte studentesche, che cominciarono a leggerli entusiasmati dalla dirompente radicalità delle loro pagine. Per lo più, essi esercitarono un irresistibile fascino tra quanti, soprattutto nelle file della nuova sinistra, erano impegnati a rovesciare l’interpretazione di Marx fornita dal marxismo-leninismo.

D’altronde, i tempi erano mutati anche a est. Dopo una prima fase nella quale i Grundrisse erano stati quasi del tutto ignorati o guardati con diffidenza, il libro di Vitalij Vygodskij, Istoriya odnogo velikogo otkruitiya Karla Marksa (Introduzione ai Grundrisse di Marx), pubblicata in Unione Sovietica nel 1965 e nella Repubblica Democratica Tedesca nel 1967, impresse una svolta di segno opposto. I Grundrisse furono definiti infatti un’opera “geniale”, che “ci guidano nel laboratorio creativo di Marx e ci danno l’occasione di seguire passo dopo passo il processo di elaborazione della sua teoria economica”[12], alla quale era dunque necessario prestare la dovuta attenzione.

In pochi anni, i Grundrisse diventarono un testo fondamentale per tanti influenti marxisti. Accanto agli autori già menzionati, vi si dedicarono con particolare attenzione: Walter Tuchscheerer nella Repubblica Democratica Tedesca, Alfred Schmidt nella Repubblica Federale Tedesca, gli studiosi della Scuola di Budapest in Ungheria, Lucien Sève in Francia, Kiyoaki Hirata in Giappone, Gajo Petrovic in Jugoslavia, Antonio Negri in Italia, Adam Schaff in Polonia, Allen Oakley in Australia e divennero, in generale, uno scritto col quale ogni serio studioso dell’opera di Marx doveva misurarsi.

Pur con diverse sfumature, i vari interpreti si divisero tra quanti considerarono i Grundrisse un testo autonomo cui potere attribuire piena compiutezza concettuale e coloro che, invece, li giudicarono come un manoscritto prematuro e meramente preparatorio de Il capitale. Il retroterra ideologico delle discussioni sui Grundrisse – cuore della contesa era la fondatezza o meno della stessa interpretazione di Marx, con le conseguenti ed enormi ricadute politiche – favorì lo sviluppo di tesi interpretative inadeguate e oggi risibili. Tra i commentatori più entusiasti di questo scritto, vi fu, infatti, chi ne sostenne la superiorità teorica rispetto a Il capitale, nonostante questo comprendesse i risultati di un ulteriore decennio di intensissimi studi. Allo stesso modo, tra i principali detrattori dei Grundrisse, non mancarono quanti affermarono che, nonostante le rilevanti parti per ricostruire il rapporto con Georg W. F. Hegel e i significativi brani sull’alienazione, essi non aggiungevano nulla a quanto già noto di Marx.

Accanto alle contrastanti letture dei Grundrisse, risaltano anche le non letture, il cui caso più eclatante è rappresentato da Louis Althusser. Impegnato finanche nel tentativo di far parlare i presunti silenzi di Marx e di leggere Il capitale “in modo da rendere visibile ciò che ancora in esso poteva sussistere di invisibile”[13], egli si concesse però il lusso di trascurare la cospicua mole delle centinaia di pagine già scritte dei Gundrisse e realizzò la suddivisione del pensiero di Marx in opere giovanili e opere della maturità, poi così tanto dibattuta, senza conoscere il contenuto e la portata dei manoscritti del 1857-8[14].

Comunque, a partire dalla metà degli anni Settanta, i Grundrisse conquistarono un numero sempre maggiore di lettori e interpreti. Accanto alla pubblicazione di due commentari, uno in giapponese del 1974[15] e l’altro in tedesco del 1978 [16], molti autori scrissero di questo testo. Diversi studiosi videro nei Grundrisse il luogo privilegiato per approfondire una delle questioni più dibattute del pensiero di Marx: il suo debito intellettuale nei confronti di Hegel. Altri, ancora, furono affascinati dalle enunciazioni quasi profetiche racchiuse nei frammenti dedicati alle macchine e alla loro automazione e, anche in Giappone, i Grundrisse furono letti come un testo di grande attualità per comprendere la modernità. Negli anni Ottanta, inoltre, primi particolareggiati studi apparvero anche in Cina, ove i Grundrisse divennero oggetto di studio per meglio intendere la genesi de Il capitale, e in Unione Sovietica fu pubblicato un volume collettivo a essi esclusivamente dedicato[17].

Nel corso degli ultimi anni, la persistente capacità esplicativa, e al contempo critica, del modo di produzione capitalistico contenuta nelle opere di Marx ha originato un ritorno d’interesse nei suoi riguardi da parte di numerosi studiosi internazionali[18]. Se tale fenomeno durerà e se sarà accompagnato da una nuova domanda di Marx anche dal versante politico, i Grundrisse si riproporranno di certo come uno dei suoi scritti in grado di attirare l’attenzione maggiore.

Intanto, nella speranza che “la teoria di Marx ridivenga una viva fonte di conoscenza e, sulla base di questa, di azione” [19], la storia della diffusione e della recezione dei Grundrisse nel mondo, compiuta in questo volume, vuole essere un modesto riconoscimento al loro autore e il tentativo di ricostruire un capitolo ancora inedito della storia dei marxismi.

Appendice: Tabella cronologica delle traduzioni dei Grundrisse

1939-41 Prima edizione tedesca
1953 Seconda edizione tedesca
1958-65 Traduzione giapponese
1962-78 Traduzione cinese
1967-8 Traduzione francese
1968-9 Traduzione russa
1968-70 Traduzione italiana
1970-1 Traduzione spagnola
1971-7 Traduzione ceca
1972 Traduzione ungherese
1972-4 Traduzione rumena
1973 Traduzione inglese
1974-5 Traduzione slovacca
1974-8 Traduzione danese
1979 Traduzione serba/serbo-croata
1985 Traduzione slovena
1985-7 Traduzione in persiano
1986 Traduzione polacca
1986 Traduzione finlandese
1989-92 Traduzione greca
1999-2003 Traduzione turca
2000 Traduzione coreana
2008 Traduzione portoghese

 

References
1. Karl Marx, Einleitung zu einer Kritik der politischen Ökonomie, in Die Neue Zeit, Nr. 23, 21. Jahrgang, 1903, p. 710. L’affermazione di Karl Kautsky si trova all’interno della nota n. 1. Le traduzioni incluse nel testo sono a cura dell’autore.
2. David Rjazanov, Neueste Mitteilungen über den literarischen Nachlaß von Karl Marx und Friedrich Engels, in Archiv für die Geschichte des Sozialismus und der Arbeiterbewegung, Elfter Jahrgang, 1925, pp. 393-4. Il testo di Rjazanov fu pubblicato in russo nel 1923, la traduzione è stata effettuata dalla versione tedesca del 1925 citata.
3. Ivi , p. 394.
4. Marx-Engels-Lenin-Institut, Vorwort a Karl Marx, Grundrisse der Kritik der politischen Ökonomie (Rohentwurf) 1857–1858, Verlag für Fremdsprachige Literatur, Moskau 1939, p. VII.
5. Eric J. Hobsbawm, Prefazione a Karl Marx, Forme economiche precapitalistiche, Editori Riuniti, Roma 1985, p. 8.
6. David McLellan, Marx’s Grundrisse, Paladin, St. Albans 1973, p. 14.
7. David McLellan, Ivi, p. 25.
8. Martin Nicolaus, Introduzione ai Grundrisse, in Martin Nicolaus–Moishe Postone–Helmut Reinicke, Dialettica e proletariato. Dibattito sui «Grundrisse» di Marx, La Nuova Italia, Firenze, 1978.
9. Cfr. la tabella cronologica delle traduzioni dei Grundrisse nell’appendice I. Alle traduzioni indicate vanno inoltre aggiunti i compendi parziali realizzati in lingua svedese, Karl Marx, Grunddragen i kritiken av den politiska ekonomin, Lund, Stockholm 1971, e in macedone, Karl Marx, Osnovi na kritikata na političkata ekonomija (grub nafrlok): 1857-1858, Komunist, Skopje 1989, nonché le traduzioni dell’ Introduzione e delle Forme che precedono la produzione capitalistica, realizzate in moltissime lingue: dal vietnamita al norvegese, dall’arabo all’olandese e al bulgaro.
10. Questa cifra è stata calcolata sommando le tirature rinvenute nel corso delle ricerche svolte in tutti i paesi. Per maggiori informazioni si veda la sezione “Dissemination and reception of Grundrisse in the world” del volume Karl Marx’s Grundrisse. Foundations of the critique of political economy 150 years later, a cura di Marcello Musto, Routledge, London/New York 2008, pp. 177-280.
11. Roman Rosdolsky, Genesi e struttura del «Capitale» di Marx, Laterza, Bari 1971, p. 5.
12. Vitalij Vygodskij, Introduzione ai Grundrisse, La Nuova Italia, Firenze 1974, p. 43.
13. Louis Althusser, Leggere Il capitale, Feltrinelli, Milano 1971, p. 34.
14. Cfr. Lucien Sève, Penser avec Marx aujourd’hui, La Dispute, Paris 2004, che ricostruisce come “con l’eccezione di qualche testo quale l’ Introduzione (…) Althusser non ha mai letto i Grundrisse, nel vero senso della parola leggere”, p. 29. Parafrasando l’espressione di Gaston Bachelard utilizzata da Althusser di coupure épistémologique (rottura epistemologica), Seve parla di una “artificiale rottura bibliografica (coupure bibliographique) tale da indurre le vedute più erronee sulla genesi e dunque anche sulla consistenza del pensiero marxiano pervenuto alla maturità”, p. 30.
15. Kiriro Morita – Toshio Yamada, Komentaru keizaigakuhihan’yoko (Commentario sui Grundrisse), Nihonhyoronsha, Tokyo 1974.
16. Projektgruppe Entwicklung des Marxschen Systems, Grundrisse der Kritik der politischen Ökonomie (Rohentwurf). Kommentar, VSA, Hamburg 1978.
17. Aa. Vv., Pervonachal’nuy variant, Kapitala“ (Ekonomicheskie rukopisi K. Marksa 1857–1858 godov (La prima versione de Il capitale. I manoscritti economici di K. Marx del 1857-1858), Politizdat, Moskva 1987.
18. Cfr. Marcello Musto, The rediscovery of Karl Marx, in International Review of Social History, 2007/3, pp. 477-98.
19. Roman Rosdolsky, op. cit., p. 8.

Categories
Journal Articles

La riscoperta di Karl Marx

Introduzione
Pochi uomini hanno scosso il mondo come Karl Marx. Alla sua scomparsa, passata pressoché inosservata, fece immediatamente seguito, con una rapidità che nella storia ha rari esempi ai quali poter essere confrontata, l’eco della fama.
Ben presto, il nome di Marx fu sulle bocche dei lavoratori di Chicago e Detroit, così come su quelle dei primi socialisti indiani a Calcutta. La sua immagine fece da sfondo al congresso dei bolscevichi a Mosca dopo la rivoluzione. Il suo pensiero ispirò programmi e statuti di tutte le organizzazioni politiche e sindacali del movimento operaio, dall’intera Europa sino a Shanghai. Le sue idee hanno irreversibilmente stravolto la filosofia, la storia, l’economia.
Eppure, nonostante l’affermazione delle sue teorie, trasformate nel XX secolo in ideologia dominante e dottrina di Stato per una gran parte del genere umano e l’enorme diffusione dei suoi scritti, egli rimane, ancora oggi, privo di un’edizione integrale e scientifica delle proprie opere. Tra i più grandi autori dell’umanità, questa sorte è toccata esclusivamente a lui.
Ragione primaria di questa particolarissima condizione risiede nel carattere largamente incompleto della sua opera. Se si escludono, infatti, gli articoli giornalistici editi nel quindicennio 1848-1862, gran parte dei quali destinati alla «New-York Tribune», all’epoca uno dei più importanti quotidiani del mondo, i lavori pubblicati furono relativamente pochi, se comparati ai tanti realizzati solo parzialmente e all’imponente mole di ricerche svolte. Emblematicamente, quando nel 1881, in uno dei suoi ultimi anni di vita, Marx fu interrogato da Karl Kautsky, circa l’opportunità di un’edizione completa delle sue opere, egli rispose: «queste dovrebbero prima di tutto essere scritte» [1].
Marx lasciò, dunque, molti più manoscritti di quanti non ne diede invece alle stampe. Contrariamente a come in genere si ritiene, la sua opera fu frammentaria e talvolta contraddittoria, aspetti che ne evidenziano una delle caratteristiche peculiari: l’incompiutezza. Il metodo oltremodo rigoroso e l’autocritica più spietata, che determinarono l’impossibilità di condurre a termine molti dei lavori intrapresi; le condizioni di profonda miseria ed il permanente stato di cattiva salute, che lo attanagliarono per tutta la vita; l’inestinguibile passione conoscitiva, che restò inalterata nel tempo spingendolo sempre verso nuovi studi; e, infine, la consapevolezza acquisita con la piena maturità della difficoltà di rinchiudere la complessità della storia in un progetto teorico, fecero proprio dell’incompiutezza la fedele compagna e la dannazione dell’intera produzione di Marx e della sua stessa esistenza. Il colossale piano della sua opera non fu portato a termine che per un’esigua parte, risolvendo in un fallimento letterario le sue incessanti fatiche intellettuali, che non per questo si mostrarono meno geniali e feconde di straordinarie conseguenze [2].
Tuttavia, nonostante la frammentarietà del Nachlass di Marx e la sua ferma contrarietà a erigere un’ulteriore dottrina sociale, l’opera incompiuta fu sovvertita e un nuovo sistema, il «marxismo», poté sorgere.

Marx e il Marxismo: incompiutezza versus sistematizzazione
Dopo la morte di Marx, avvenuta nel 1883, fu Friedrich Engels a dedicarsi per primo alla difficilissima impresa, stante la dispersività dei materiali, l’astrusità del linguaggio e l’illeggibilità della grafia, di dare alle stampe il lascito dell’amico. Il suo lavoro si concentrò sulla ricostruzione e selezione degli originali, sulla pubblicazione dei testi inediti o incompleti e, contemporaneamente, sulle riedizioni e traduzioni degli scritti già noti.
Anche se vi furono delle eccezioni, come nel caso delle Tesi su Feurbach, edite nel 1888 in appendice al suo Ludwig Feuerbach e il punto d’approdo della filosofia classica tedesca, e della Critica al programma di Gotha, uscita nel 1891, Engels privilegiò quasi esclusivamente il lavoro editoriale per il completamento de Il capitale, del quale era stato portato a termine soltanto il libro primo. Questo impegno, durato oltre un decennio, fu perseguito con il preciso intento di realizzare «un’opera organica e il più possibile compiuta» [3]. Così, nel corso della sua attività redazionale, basata sulla cernita di quei testi che si presentavano non come versioni finali quanto, invece, come vere e proprie varianti e sulla esigenza di uniformarne l’insieme, Engels più che ricostruire la genesi e lo sviluppo del secondo e del terzo libro de Il Capitale, ben lontani dalla loro definitiva stesura, consegnò alle stampe dei volumi finiti.
D’altronde, in precedenza, egli aveva contribuito a generare un processo di sistematizzazione teorica già direttamente con i suoi scritti. L’ Anti-Dühring, apparso nel 1878, da lui definito l’«esposizione più o meno unitaria del metodo dialettico e della visione comunista del mondo rappresentati da Marx e da me» [4], divenne il riferimento cruciale nella formazione del «marxismo» come sistema e nella differenziazione di questo dal socialismo eclettico, in quel periodo prevalente. Ancora maggiore incidenza ebbe L’evoluzione del socialismo dall’utopia alla scienza, rielaborazione, a fini divulgativi, di tre capitoli dello scritto precedente che, pubblicata per la prima volta nel 1880, conobbe fortuna analoga a quella del Manifesto del partito comunista. Seppur vi fu una netta distinzione tra questo tipo di volgarizzazione, compiuta in aperta polemica con le scorciatoie semplicistiche delle sintesi enciclopediche, e quello di cui si rese invece protagonista la successiva generazione della socialdemocrazia tedesca, il ricorso di Engels alle scienze naturali aprì la strada alla concezione evoluzionistica che, di lì a poco, si sarebbe affermata anche nel movimento operaio.
Il pensiero di Marx, pur se a volte attraversato da tentazioni deterministiche, indiscutibilmente critico ed aperto, cadde sotto i colpi del clima culturale dell’Europa di fine Ottocento, pervaso, come non mai, da concezioni sistematiche, prima tra tutte il darwinismo. Per rispondere a esse il neonato marxismo, divenuto precocemente ortodossia sulle pagine della rivista «Die Neue Zeit» diretta da Kautsky, assunse rapidamente medesima conformazione. Un fattore decisivo che contribuì a consolidare la trasformazione dell’opera di Marx in sistema è rintracciabile nelle modalità che ne accompagnarono la diffusione. Com’è dimostrato dalla tiratura ridotta delle edizioni dell’epoca dei suoi testi, ne furono privilegiati opuscoli di sintesi e compendi molto parziali. Alcune delle sue opere, inoltre, recavano gli effetti delle strumentalizzazioni politiche. Comparvero, infatti, le prime edizioni rimaneggiate dai curatori, pratica che, favorita dall’incertezza del lascito marxiano, andò, in seguito, sempre più imponendosi insieme con la censura di alcuni scritti. La forma manualistica, notevole veicolo di esportazione del pensiero di Marx nel mondo, rappresentò sicuramente uno strumento molto efficace di propaganda, ma anche l’alterazione fatale della concezione iniziale. La divulgazione della sua opera, dal carattere complesso ed incompiuto, nell’incontro col positivismo e per meglio rispondere alle esigenze pratiche del partito proletario, si tradusse, infine, in impoverimento teorico e volgarizzazione del patrimonio originario [5], fino a renderlo irriconoscibile trasfigurandolo da Kritik a Weltanschauung.
Dallo sviluppo di questi processi, prese corpo una dottrina dalla schematica ed elementare interpretazione evoluzionistica, intrisa di determinismo economico: il marxismo del periodo della Seconda Internazionale (1889-1914). Guidata da una ferma quanto ingenua convinzione del procedere automatico della storia, e dunque dell’ineluttabile successione del socialismo al capitalismo, essa si mostrò incapace di comprendere l’andamento reale del presente e, rompendo il necessario legame con la prassi rivoluzionaria, produsse una sorta di quietismo fatalistico che si tramutò in fattore di stabilità per l’ordine esistente[6]. Si palesava in questo modo la profonda lontananza da Marx, che già nella sua prima opera aveva dichiarato: «la storia non fa niente (…) non è la ‘storia’ che si serve dell’uomo come mezzo per attuare i propri fini, come se essa fosse una persona particolare; essa non èaltro che l’attività dell’uomo che persegue i suoi fini» [7].
La teoria del crollo (Zusammenbruchstheorie), ovvero la tesi della fine incombente della società capitalistico-borghese, che ebbe nella crisi economica della Grande Depressione, dispiegatasi lungo il ventennio successivo al 1873, il contesto più favorevole per esprimersi, fu proclamata come l’essenza più intima del socialismo scientifico. Le affermazioni di Marx, volte a delineare i principi dinamici del capitalismo e, più in generale, a descriverne una tendenza di sviluppo [8], furono trasformate in leggi storiche universalmente valide, dalle quali far discendere, sin nei particolari, il corso degli eventi.
L’idea di un capitalismo agonizzante, autonomamente destinato al tramonto, fu presente anche nell’impianto teorico della prima piattaforma interamente «marxista» di un partito politico, Il programma di Erfurt del 1891, e nel commento che ne fece Kautsky, che enunciava come «l’inarrestabile sviluppo economico porta alla bancarotta del modo di produzione capitalistico con necessità di legge naturale. La creazione di una nuova forma di società al posto di quella attuale non è più solo qualcosa di desiderabile ma è diventata inevitabile» [9]. Esso fu la rappresentazione, più significativa ed evidente, dei limiti intrinseci all’elaborazione dell’epoca, nonché dell’abissale distanza prodottasi da colui che ne era stato l’ispiratore.
Lo stesso Eduard Bernstein, che concependo il socialismo come possibilità e non come ineluttabilità aveva segnato una discontinuità con le interpretazioni in quel periodo dominanti, operò una lettura di Marx altrettanto artefatta, che non si discostava minimamente da quelle del tempo e contribuì a diffonderne, mediante la vasta risonanza che ebbe il Bernstein-Debatte, un’immagine egualmente alterata e strumentale.
Il marxismo russo, che nel corso del Novecento svolse un ruolo fondamentale nella divulgazione del pensiero di Marx, seguì questa traiettoria di sistematizzazione e volgarizzazione con un irrigidimento persino maggiore.
Per il suo più importante pioniere, Gheorghi Plekhanov, infatti, «il marxismo è una completa concezione del mondo» [10], improntata ad un semplicistico monismo in base al quale le trasformazioni sovrastrutturali della società procedono in maniera simultanea alle modificazioni economiche. In Materialismo ed empiriocriticismo del 1909, Lenin definisce il materialismo come «il riconoscimento della legge obiettiva della natura, e del riflesso approssimativamente fedele di questa legge nella testa dell’uomo» [11]. La volontà e la coscienza del genere umano devono «inevitabilmente e necessariamente» [12] adeguarsi alla necessità della natura. Ancora una volta a prevalere è l’impostazione positivistica.
Dunque, a dispetto dell’aspro scontro ideologico apertosi durante quegli anni, molti degli elementi teorici caratteristici della deformazione operata dalla Seconda Internazionale trapassarono in quelli che avrebbero contrassegnato la matrice culturale della Terza Internazionale. Questa continuità si manifestò, con ancora più evidenza, in Teoria del materialismo storico, pubblicato nel 1921 da Nikolaj Bucharin, secondo il quale «sia nella natura che nella società, i fenomeni sono regolati da determinate leggi. Il primo compito della scienza è scoprire questa regolarità» [13]. L’esito di questo determinismo sociale, interamente incentrato sullo sviluppo delle forze produttive, generò una dottrina secondo la quale «la molteplicità delle cause che fanno sentire la loro azione nella società non contraddice affatto l’esistenza di una legge unica dell’evoluzione sociale» [14].
A siffatta concezione si oppose Antonio Gramsci, per il quale la «posizione del problema come una ricerca di leggi, di linee costanti, regolari, uniformi è legata a una esigenza, concepita in modo un po’ puerile e ingenuo, di risolvere perentoriamente il problema pratico della prevedibilità degli accadimenti storici»[15]. Il suo netto rifiuto a restringere la filosofia della praxis marxiana a grossolana sociologia, a «ridurre una concezione del mondo a un formulario meccanico che dà l’impressione di avere tutta la storia in tasca» [16], fu tanto più importante poiché si spingeva oltre lo scritto di Bucharin e mirava a condannare quell’orientamento assai più generale che sarebbe poi prevalso, in maniera incontrastata, in Unione Sovietica.
Con l’affermazione del «marxismo-leninismo», il processo di snaturamento del pensiero di Marx conobbe la sua definitiva manifestazione. La teoria fu estromessa dalla funzione di guida dell’agire, divenendone, viceversa, giustificazione a posteriori. Il punto di non ritorno fu raggiunto con il «Diamat» (Dialekticeskij materializm), «la concezione del mondo del partito marxista-leninista» [17]. L’opuscolo di Stalin del 1938, Del materialismo dialettico e del materialismo storico, che ebbe una straordinaria diffusione, ne fissava i tratti essenziali: i fenomeni della vita collettiva sono regolati da «leggi necessarie dello sviluppo sociale», «perfettamente conoscibili»; «la storia della società si presenta come uno sviluppo necessario della società, e lo studio della storia della società diventa una scienza». Ciò «vuol dire che la scienza della storia della società, nonostante tutta la complessità dei fenomeni della vita sociale, può diventare una scienza altrettanto esatta quanto, ad esempio, la biologia, capace di utilizzare le leggi di sviluppo della società per servirsene nella pratica» [18] e che, di conseguenza, compito del partito del proletariato è fondare la propria attività in base a queste leggi. È evidente come il fraintendimento intorno ai concetti di «scientifico» e «scienza» fosse giunto al suo culmine. La scientificità del metodo marxiano, fondata su criteri teorici scrupolosi e coerenti, fu sostituita con il modo di procedere delle scienze naturali che non contemperava contraddizione alcuna. Infine, s’affermò la superstizione dell’oggettività delle leggi storiche, secondo la quale queste ultime opererebbero, al pari di quelle della natura, indipendentemente dalla volontà degli uomini.
Accanto a questo catechismo ideologico, trovò terreno fertile il più rigido ed intransigente dogmatismo. L’ortodossia «marxista-leninista» impose un’inflessibile monismo che non mancò di produrre effetti perversi anche sugli scritti di Marx. Inconfutabilmente, con la Rivoluzione Sovietica il marxismo visse un significativo momento di espansione e circolazione in ambiti geografici e classi sociali dai quali era, sino ad allora, stato escluso. Tuttavia, ancora una volta, la diffusione dei testi, più che riguardare direttamente quelli di Marx, concerneva manuali di partito, vademecum, antologie «marxiste» su svariati argomenti. Inoltre, invalse sempre più la censura di alcune opere, lo smembramento e la manipolazione di altre, così come la pratica dell’estrapolazione e dell’astuto montaggio delle citazioni. A queste, il cui ricorso rispondeva a fini preordinati, venne destinato lo stesso trattamento che il brigante Procuste riservava alle sue vittime: se troppo lunghe venivano amputate, se troppo corte allungate.
In conclusione, il rapporto tra la divulgazione e la non schematizzazione di un pensiero, a maggior ragione per quello critico e volutamente non sistemico di Marx, tra la sua popolarizzazione e l’esigenza di non impoverirlo teoricamente, è senz’altro impresa difficile da realizzare. In ogni caso, a Marx non poté capitare di peggio.
Piegato da più parti in funzione di contingenze e necessità politiche, venne a queste assimilato e nel loro nome vituperato. La sua teoria, da critica quale era, fu utilizzata a mo’ di esegesi di versetti biblici. Nacquero così i più impensabili paradossi. Contrario a «prescrivere ricette (…) per l’osteria dell’avvenire» [19], fu trasformato, invece, nel padre illegittimo di un nuovo sistema sociale. Critico rigorosissimo e mai pago di punti d’approdo, divenne la fonte del più ostinato dottrinarismo. Strenuo sostenitore della concezione materialistica della storia, è stato sottratto al suo contesto storico più d’ogni altro autore. Certo «che l’emancipazione della classe operaia dev’essere opera dei lavoratori stessi» [20], venne ingabbiato, al contrario, in una ideologia che vide prevalere il primato delle avanguardie politiche e del partito nel ruolo di propulsori della coscienza di classe e di guida della rivoluzione. Propugnatore dell’idea che la condizione fondamentale per la maturazione delle capacità umane fosse la riduzione della giornata lavorativa, fu assimilato al credo produttivistico dello stakhanovismo. Convinto assertore dell’abolizione dello Stato, si ritrovò ad esserne identificato come suo baluardo. Interessato come pochi altri pensatori al libero sviluppo delle individualità degli uomini, affermando, contro il diritto borghese che cela le disparità sociali dietro una mera uguaglianza legale, che «il diritto, invece di essere uguale, dovrebbe essere diseguale» [21], è stato accomunato a una concezione che ha neutralizzato la ricchezza della dimensione collettiva nell’indistinto dell’omologazione.
L’incompiutezza originaria del grande lavoro critico di Marx soggiacque alle spinte della sistematizzazione degli epigoni che produssero, inesorabilmente, lo snaturamento del suo pensiero sino a obliterarlo e a divenirne sua manifesta negazione.

L’odissea della pubblicazione delle opere di Marx ed Engels
«Gli scritti di Marx ed Engels (…) furon essi mai letti per intero da nessuno, il quale si trovasse fuori dalla schiera dei prossimi amici ed adepti (…) degli autori stessi?» Così Antonio Labriola andava interrogandosi, nel 1897, su quanto fosse sino ad allora conosciuto delle loro opere. Le sue conclusioni furono inequivocabili: «il leggere tutti gli scritti dei fondatori del socialismo scientifico è parso fino ad ora come un privilegio da iniziati»; il «materialismo storico» si era propagato «attraverso una infinità di equivoci, di malintesi, di alterazioni grottesche, di strani travestimenti e di gratuite invenzioni» [22]. In effetti, come poi dimostrato dalla successiva ricerca storiografica, la convinzione che Marx ed Engels fossero stati veramente letti è stata il frutto di una mito agiografico[23]. Al contrario, molti dei loro testi erano rari o irreperibili anche in lingua originale e, dunque, l’invito dello studioso italiano: dare vita ad «una edizione completa e critica di tutti gli scritti di Marx ed Engels», indicava un’ineludibile necessità. Per Labriola, non bisognava né compilare antologie, né redigere un testamentum juxta canonem receptum, bensì «tutta la operosità scientifica e politica, tutta la produzione letteraria, sia pur essa occasionale, dei due fondatori del socialismo critico, deve essere messa alla portata dei lettori (…) perché essi parlino direttamente a chiunque abbia voglia di leggerli» [24]. Oltre un secolo dopo il suo auspicio, questo progetto non è stato ancora realizzato.
Accanto a queste valutazioni prevalentemente filologiche, Labriola ne avanzava altre di carattere teorico, di sorprendente lungimiranza in relazione all’epoca nella quale visse. Egli considerava tutti gli scritti e i lavori di Marx ed Engels, non portati a termine, come «i frammenti di una scienza e di una politica, che è in continuo divenire». Per evitare di cercare al loro interno «ciò che non c’è, e non ci ha da essere», ovvero «una specie di volgata o di precettistica per la interpretazione della storia di qualunque tempo e luogo», essi potevano essere pienamente compresi solo se ricollegati al momento ed al contesto della loro genesi. Diversamente, coloro i quali «non intendono il pensare ed il sapere come operosità che sono in fieri», ossia «i dottrinari e i presuntuosi d’ogni genere, che han bisogno degl’idoli della mente, i facitori di sistemi classici buoni per l’eternità, i compilatori di manuali e di enciclopedie, cercheranno per torto e per rovescio nel marxismo ciò che esso non ha mai inteso di offrire a nessuno» [25]: una soluzione sommaria e fideistica ai quesiti della storia.
Naturale esecutore della realizzazione dell’opera omnia non avrebbe potuto essere che il Sozialdemokratischen Partei Deutschlands, detentore del Nachlaß e delle maggiori competenze linguistiche e teoriche. Tuttavia, i conflitti politici in seno alla socialdemocrazia non solo impedirono la pubblicazione dell’imponente e rilevante massa dei lavori inediti di Marx, ma produssero anche la dispersione dei suoi manoscritti, compromettendo ogni ipotesi di edizione sistematica [26]. Incredibilmente il partito tedesco non ne curò alcuna, trattando l’eredità letteraria di Marx ed Engels con la massima negligenza [27]. Nessuno tra i suoi teorici si occupò di stilare un elenco del lascito intellettuale dei due fondatori. Né, tanto meno, vi fu chi si dedicò a raccogliere la corrispondenza, voluminosissima ma estremamente disseminata, pur essendo molto utile come fonte di chiarimento, quando non addirittura continuazione, dei loro scritti.
La prima pubblicazione delle opere complete, la Marx Engels Gesamtausgabe (MEGA), prese avvio solamente negli anni Venti, per iniziativa di David Borisovič Rjazanov, direttore dell’Istituto Marx-Engels di Mosca. Anche quest’impresa, però, naufragò a causa delle tempestose vicende del movimento operaio internazionale, che troppo spesso ostacolarono, anziché favorire, l’edizione dei loro testi. Le epurazioni dello stalinismo in Unione Sovietica, che s’abbatterono anche sugli studiosi che guidavano il progetto, e l’avvento del nazismo in Germania, portarono alla precoce interruzione dell’edizione [28], vanificando anche questo tentativo. Si produsse così la contraddizione della nascita di un’ideologia inflessibile che s’ispirava a un autore la cui opera era in parte ancora inesplorata. L’affermazione del marxismo e la sua cristallizzazione in corpus dogmatico precedettero la conoscenza di testi, la cui lettura era indispensabile per comprendere la formazione e l’evoluzione del pensiero di Marx [29]. I principali lavori giovanili, infatti, furono dati alle stampe solo con la MEGA – Dalla critica della filosofia hegeliana del diritto pubblico nel 1927, i Manoscritti economico-filosofici del 1844 e L’ideologia tedesca nel 1932 – e, come già avvenuto con il secondo e il terzo libro de Il capitale, in edizioni nei quali essi apparivano come opere compiute, scelta mostratasi poi foriera di molti malintesi interpretativi. Ancora successivamente, in tirature che riuscirono ad assicurare soltanto una scarsissima diffusione, furono pubblicati alcuni importanti lavori preparatori deIl capitale: nel 1933 il Capitolo VI inedito e tra il 1939 e il 1941 i Lineamenti fondamentali della critica dell’economia politica, meglio noti come Grundrisse. Questi inediti, inoltre, come gli altri che seguirono, quando non celati nel timore che potessero erodere il cànone ideologico dominante, furono accompagnati da un’interpretazione funzionale alle esigenze politiche che, nella migliore delle ipotesi, apportava scontati aggiustamenti a quella già predeterminata e che mai si tradusse in una seria ridiscussione complessiva dell’opera marxiana.
Sempre in Unione Sovietica, dal 1928 al 1947, fu completata la prima edizione in russo: la Sočinenija (opere complete). Ad onta del nome, essa riproduceva solo un numero parziale di scritti, ma, con i suoi 28 volumi (in 33 tomi), costituì per l’epoca la raccolta quantitativamente più consistente dei due autori. La seconda Sočinenija, invece, apparve tra il 1955 e il 1966 in 39 volumi (42 tomi). Dal 1956 al 1968 nella Repubblica Democratica Tedesca, per iniziativa del Comitato Centrale della SED, furono stampati i 41 volumi (in 43 tomi) delle Marx Engels Werke (Mew). Tale edizione, però, tutt’altro che completa [30], era appesantita dalle introduzioni e dalle note che, concepite sul modello dell’edizione sovietica, ne orientavano la lettura secondo la concezione del «marxismo-leninismo».
Il progetto di una «seconda» Mega, che si prefiggeva di riprodurre in maniera fedele e con un ampio apparato critico tutti gli scritti dei due pensatori, rinacque durante gli anni Sessanta. Tuttavia, le pubblicazioni, avviate nel 1975, furono anch’esse interrotte, stavolta in seguito agli avvenimenti del 1989. Nel 1990, con lo scopo di continuare questa edizione, l’«Internationaal Instituut voor Sociale Geschiedenis» di Amsterdam e la «Karl-Marx-Haus» di Treviri costituirono la «Internationale Marx-Engels-Stiftung» (IMES). Dopo un’impegnativa fase di riorganizzazione, nella corso della quale sono stati approntati nuovi principi editoriali e la casa editrice Akademie Verlag è subentrata alla Dietz Verlag, dal 1998 è ripresa la pubblicazione della Marx-Engels-Gesamtausgabe, la cosiddetta MEGA².

MEGA²: la riscoperta di un autore misconosciuto
Contrariamente alle previsioni che ne avevano decretato in maniera definitiva l’oblio, Karl Marx è ritornato, durante gli ultimi anni, all’attenzione degli studiosi internazionali. Il valore del pensiero viene riproposto da più parti e sugli scaffali delle biblioteche di Europa, Stati Uniti e Giappone, i suoi scritti sono rispolverati sempre più frequentemente. Uno degli esempi più significativi di questa riscoperta è costituito proprio dal proseguimento della MEGA². Il progetto complessivo, al quale partecipano studiosi delle più svariate competenze disciplinari e che operano in numerosi paesi, si articola in quattro sezioni: la prima comprende tutte le opere, gli articoli e le bozze escluso Il capitale; la seconda Il capitale e tutti i suoi lavori preparatori a partire dal 1857; la terza l’epistolario; la quarta gli estratti, le annotazioni e i marginalia. Fino ad oggi, dei 114 volumi previsti ne sono stati pubblicati 53 (13 dalla ripresa del 1998), ognuno dei quali consta di due tomi: il testo più l’apparato critico, che contiene gli indici e molte notizie aggiuntive [31]. Questa impresa riveste grande importanza, se si considera che una parte ragguardevole dei manoscritti di Marx, della sua imponente corrispondenza e dell’immensa mole di estratti e annotazioni, che egli era solito compilare dai testi che leggeva, è tuttora inedita.
Le acquisizioni editoriali della MEGA² hanno prodotto risultati di rilievo in ognuna delle quattro sezioni. Nella prima, Werke, Artikel und Entwürfe, le ricerche sono riprese con la pubblicazione di due nuovi volumi. Il primo, Karl Marx-Friedrich Engels, Werke, Artikel, Entwürfe. Januar bis Dezember 1855 [32], include duecento articoli e bozze, redatti dai due autori nel 1855 per il «New-York Tribune» e la «Neue Oder-Zeitung» di Breslau. Accanto all’insieme degli scritti più noti, inerenti la politica e la diplomazia europea, le riflessioni sulla congiuntura economica internazionale e la guerra di Crimea, gli studi condotti hanno reso possibile aggiungere altri ventuno testi, a loro precedentemente non attribuiti perché pubblicati in anonimato sul quotidiano americano. Il secondo, Friedrich Engels, Werke, Artikel, Entwürfe. Oktober 1886 bis Februar 1891 [33], invece, presenta parte dei lavori dell’ultimo Engels. Nel volume si alternano progetti e appunti, tra i quali il manoscritto Rolle der Gewalt in der Geschichte, privato degli interventi di Bernstein che ne aveva curato la prima edizione; indirizzi alle organizzazioni del movimento operaio; prefazioni alle ristampe di scritti già pubblicati ed articoli. Tra questi ultimi, sono di particolare interesse Die auswärtige Politik des russischen Zarentums, la storia di due secoli di politica estera russa apparsa su «Die Neue Zeit» ma poi proibita da Stalin nel 1934, e Juristen-Sozialismus, scritto insieme con Kautsky, del quale viene ricostruita, per la prima, volta la paternità delle singole parti.
Di notevole interesse, inoltre, il primo numero del Marx-Engels-Jahrbuch, la nuova serie edita dall’IMES, interamente dedicato a L’ideologia tedesca [34]. Questo libro, anticipazione del volume I/5 della MEGA², include le pagine che corrispondono ai manoscritti I. Feuerbach e II. Sankt Bruno. I sette manoscritti sopravvissuti alla «critica roditrice dei topi» [35] sono raccolti come testi indipendenti e ordinati cronologicamente. Da questa edizione si evince, con chiarezza, il carattere non unitario dello scritto. Nuove e definitive basi, dunque, vengono fornite all’indagine scientifica per risalire, con attendibilità, all’elaborazione teorica di Marx. L’ideologia tedesca, considerata finanche come l’esposizione esaustiva della concezione materialistica di Marx, è restituita nella sua originaria frammentarietà[36].
Le ricerche della seconda sezione della MEGA², “Das Kapital” und Vorarbeiten, si sono soffermate, negli ultimi anni, sul secondo e terzo libro de Il capitale. Il volume Karl Marx, Das Kapital. Kritik der politischen Ökonomie. Zweites Buch. Redaktionsmanuskript von Friedrich Engels 1884/1885 [37], comprende il testo del secondo libro, scritto da Engels sulla base di sette manoscritti di diversa entità, redatti da Marx tra il 1865 e il 1881. Engels, infatti, in presenza di diverse stesure del secondo libro, non aveva ricevuto da Marx alcuna indicazione, alla quale riferirsi, per selezionare la versione da pubblicare. Anzi, egli si ritrovò con del materiale dallo «stile trascurato, familiare, con frequenti espressioni e locuzioni ruvidamente umoristiche, definizioni tecniche inglesi e francesi, spesso intere frasi e anche pagine in inglese; pensieri buttati giù nella forma in cui man mano si sviluppavano nella mente dell’autore (…), chiusa dei capitoli con un paio di frasi tronche, come pietre miliari degli sviluppi lasciati incompiuti» [38] e dovette così operare delle precise scelte editoriali. Le più recenti acquisizioni filologiche valutano che gli interventi eseguiti da Engels su questi manoscritti ammontano a circa cinquemila: una quantità di gran lunga superiore a quella sino a oggi presunta. Le modifiche consistono in aggiunte e cancellazioni di passaggi di testo, modifiche della sua struttura, inserimento di titoli di paragrafi, sostituzioni di concetti, rielaborazioni di alcune formulazioni di Marx o traduzioni di parole adottate da altre lingue. Solo alla fine di questo lavoro emerse la copia da dare alle stampe. Questo volume, dunque, consente di ricostruire l’intero processo di selezione, composizione e correzione dei manoscritti marxiani e di stabilire dove Engels ha operato maggiormente le sue modifiche e dove ha potuto, invece, rispettare fedelmente i manoscritti di Marx che pure, occorre ribadirlo ancora una volta, non rappresentavano affatto l’approdo finale della sua ricerca.
L’uscita del terzo libro de Il capitale, Karl Marx, Das Kapital. Kritik der politischen Ökonomie. Dritter Band [39], l’unico cui Marx non riuscì, neanche approssimativamente, a dare una forma definitiva, rimanda a vicende editoriali ancora più complesse. Nella sua prefazione, Engels sottolineò come di questo testo «esisteva solo un primo abbozzo, per di più estremamente lacunoso. Normalmente la parte iniziale di ogni singola sezione era elaborata con una certa cura e rifinita anche stilisticamente. Però quanto più si procedeva, tanto più la stesura diventava lacunosa e frammentaria, tanto più conteneva digressioni su questioni collaterali emerse nel corso dell’indagine, per le quali la sistemazione definitiva veniva rimessa a un successivo riordinamento della materia» [40]. Così, l’intensa attività redazionale di Engels, nella quale egli profuse le migliori energie nel lungo arco di tempo compreso tra il 1885 e il 1894, produsse il passaggio da un testo molto provvisorio, composto di «pensieri scritti in statu nascendi» [41] e appunti preliminari, a un altro unitario, dal quale si originò la parvenza di una teoria economica sistematica e conclusa.
Ciò traspare, con evidenza, dal volume Karl Marx-Friedrich Engels, Manuskripte und redaktionelle Texte zum dritten Buch des „Kapitals“ [42]. Esso contiene, infatti, gli ultimi sei manoscritti di Marx relativi al terzo libro de Il capitale stesi tra il 1871 e il 1882, il più importante dei quali è il voluminoso Il rapporto tra saggio del plusvalore e saggio del profitto sviluppato matematicamente del 1875; nonché i testi aggiunti da Engels durante il suo lavoro di curatore. Proprio questi ultimi mostrano, con inequivocabile esattezza, il percorso compiuto sino alla versione pubblicata. A ulteriore conferma del pregio di questo libro, si sottolinea che 45 dei 51 testi presentati vengono dati alle stampe per la prima volta. Il completamento della seconda sezione, ormai prossimo, consentirà finalmente la valutazione critica certa sullo stato degli originali lasciati da Marx e sul valore e sui limiti del lavoro svolto da Engels in qualità di editore.
La terza sezione della MEGA², Briefwechsel, comprende il carteggio intrattenuto tra Marx ed Engels nel corso delle loro vite, nonché quello intercorso tra loro e i tantissimi corrispondenti con i quali furono in contatto. Il numero complessivo delle lettere di questo epistolario è enorme. Ne sono state ritrovate, infatti, oltre 4.000 scritte da Marx ed Engels, di cui 2.500 sono quelle che essi si sono scambiati direttamente, e 10.000 indirizzate loro da terzi, gran parte delle quali inedite prima della MEGA². Altre 6.000, inoltre, pur non essendo state tramandate, hanno lasciato testimonianza certa della loro esistenza. Ben quattro sono i nuovi volumi editi, che permettono ora di rileggere importanti fasi della biografia intellettuale di Marx, anche attraverso le missive di coloro con i quali fu in contatto.
Le lettere raccolte in Karl Marx-Friedrich Engels, Briefwechsel Januar 1858 bis August 1859 [43] hanno come sfondo la recessione economica del 1857. Essa riaccese in Marx la speranza di una ripresa del movimento rivoluzionario, dopo il decennio di riflusso apertosi con la sconfitta del 1848: «la crisi ha scavato come una valente vecchia talpa» [44]. Questa aspettativa lo pervase di una rinnovata produttività intellettuale e lo spinse a delineare i lineamenti fondamentali della sua teoria economica «prima del déluge»[45], tanto sperato, ma ancora una volta irrealizzato. Proprio in questo periodo, Marx stese gli ultimi quaderni dei suoi Grundrisse e decise di pubblicare la sua opera in fascicoli, il primo dei quali, edito nel giugno del 1859, s’intitolò Per la critica dell’economia politica. Sul piano personale, questa fase fu segnata dalla «miseria incancrenita» [46]: «non credo che mai nessuno abbia scritto su ‘il denaro’ con una tale mancanza di denaro» [47]. Marx lottò disperatamente perché la precarietà della propria condizione non gli impedisse di portare a termine la sua «Economia» e dichiarò: «io devo perseguire il mio scopo a tutti i costi e non permettere alla società borghese di trasformarmi in una money-making machine» [48]. Tuttavia, il secondo fascicolo non vide mai la luce e per la successiva pubblicazione di economia bisognerà attendereil 1867, anno in cui fu dato alle stampe il primo libro de Il capitale.
I volumi Karl Marx-Friedrich Engels, Briefwechsel September 1859 bis Mai 1860 [49] e Karl Marx-Friedrich Engels, Briefwechsel Juni 1860 bis Dezember 1861 [50] contengono la corrispondenza relativa alle tortuose vicende della pubblicazione de Il signor Vogt e all’acceso scontro che vi fu tra questi e Marx. Nel 1859, infatti, Carl Vogt lo accusò di essere l’ispiratore di un complotto nei suoi confronti, nonché il capo di una banda che viveva ricattando coloro che avevano partecipato ai moti rivoluzionari del 1848. Così, per salvaguardare la propria reputazione, Marx si sentì obbligato a difendersi e ciò avvenne anche attraverso un fitto scambio di lettere indirizzate ai militanti con i quali aveva avuto rapporti politici durante e dopo il 1848, al fine di ottenere da loro tutti i documenti possibili su Vogt. Il risultato fu un opuscolo polemico di ben duecento pagine: Il signor Vogt. La confutazione delle accuse ricevute tenne impegnato Marx per un anno intero e lo costrinse a tralasciare del tutto i suoi studi economici. Inoltre, nonostante egli si aspettasse di suscitare grande scalpore, la stampa tedesca non concesse al suo libro alcuna attenzione. Anche le vicende private di questo periodo non trascorsero nel modo migliore. Accanto agli sconfortanti problemi di natura finanziaria – alla fine del 1861 Marx affermò: «se questo [anno] dovesse essere uguale al trascorso, per quel che mi riguarda, desidererei piuttosto l’inferno» [51] – si accompagnarono, puntualmente, quelli di salute, che i primi concorsero a determinare. Per alcune settimane, ad esempio, egli fu costretto a sospendere il lavoro: «la sola occupazione con la quale posso conservare la necessaria tranquillità d’animo è la matematica» [52], una delle più grandi passioni intellettuali della sua esistenza. Ancora, al principio del 1861, le sue condizioni si aggravarono a causa di una infiammazione al fegato ed egli scrisse a Engels: «sono tribolato come Giobbe, quantunque non altrettanto timorato di dio» [53]. Famelico di letture, si rifugiò ancora una volta nella cultura: «onde mitigare il profondo malumore causato dalla mia situazione incerta in ogni senso, leggo Tucidide. Almeno questi antichi rimangono sempre nuovi» [54]. Ad ogni modo, nell’agosto del 1861 riprese a lavorare alla sua opera con assiduità. Fino al giugno del 1863, redasse i 23 quaderni, di 1472 pagine in quarto, che comprendono le Teorie sul plusvalore. I primi cinque di questi, che trattano la trasformazione del denaro in capitale, sono stati ignorati per oltre cent’anni e furono pubblicati solo nel 1973 in russo e nel 1976 in lingua originale.
Tema principale di Karl Marx-Friedrich Engels, Briefwechsel Oktober 1864 bis Dezember 1865 [55] è l’attività politica di Marx in seno alla International Working Men’s Association, costituitasi a Londra il 28 settembre del 1864. Le lettere documentano l’operato di Marx nel periodo iniziale della vita dell’organizzazione, durante il quale acquisì rapidamente il ruolo di maggior prestigio, e il suo tentativo di tenere insieme l’impegno pubblico, che lo vedeva dopo sedici anni nuovamente in prima linea, con il lavoro scientifico. Tra le questioni dibattute: la funzione delle organizzazioni sindacali, delle quali sottolineò l’importanza schierandosi, al contempo, contro Lassalle e la sua proposta di formare cooperative finanziate dallo Stato prussiano: «la classe operaia è rivoluzionaria o non è niente» [56]; la polemica contro l’owenista Weston, che approdò nel ciclo di conferenze raccolte postume nel 1898 con il nome di Valore, prezzo e profitto; le considerazioni sulla guerra civile negli Stati Uniti; l’opuscolo di Engels La questione militare prussiana e il partito operaio tedesco.
Le novità dell’edizione storico-critica sono riscontrabili anche nella quarta sezione, Exzerpte, Notizen, Marginalien, relativa a quei numerosi compendi e appunti di studio di Marx, che costituiscono una significativa testimonianza del suo lavoro ciclopico. Fin dal periodo universitario, infatti, egli aveva assunto l’abitudine, mantenuta per tutta la vita, di compilare quaderni di estratti dai libri che leggeva, intervallandoli, spesso, con le riflessioni che essi gli suggerivano. Il Nachlaß di Marx contiene circa duecento quaderni e taccuini di riassunti, essenziali per la conoscenza e la comprensione della genesi della sua teoria e delle parti di essa che non ebbe modo di sviluppare quanto avrebbe voluto. Gli estratti conservati, che coprono il lungo arco di tempo dal 1838 fino al 1882, sono scritti in 8 lingue – tedesco, greco antico, latino, francese, inglese, italiano, spagnolo e russo – e ineriscono alle più svariate discipline. Essi furono desunti da testi di filosofia, arte, religione, politica, diritto, letteratura, storia, economia politica, relazioni internazionali, tecnica, matematica, fisiologia, geologia, mineralogia, agronomia, etnologia, chimica e fisica; oltre che da articoli di quotidiani e riviste, resoconti parlamentari, statistiche, rapporti e pubblicazioni di uffici governativi – è il caso dei famosi Blue Books, in particolare i Reports of the inspectors of factories, le cui indagini furono di grande importanza per i suoi studi. Questa sterminata miniera di sapere, in larga parte ancora inedita, fu il cantiere della teoria critica di Marx e la quarta sezione della MEGA², concepita in trentadue volumi, ne permette, per la prima volta, l’accesso.
I volumi dati alle stampe di recente sono quattro. Il libro Karl Marx, Exzerpte und Notizen Sommer 1844 bis Anfang 1847 [57] comprende otto quaderni di estratti, redatti da Marx tra l’estate del 1844 e il dicembre 1845. I primi due risalgono al periodo parigino e sono di poco successivi ai Manoscritti economico-filosofici del 1844, gli altri sei furono scritti l’anno seguente a Bruxelles, dove egli riparò dopo essere stato espulso da Parigi, e in Inghilterra, dove soggiornò in luglio e agosto. In questi quaderni sono raccolte le tracce dell’incontro di Marx con l’economia politica e del processo di formazione delle sue primissime elaborazioni di teoria economica. Ciò risulta chiaramente dagli estratti dai manuali di economia politica di Storch e Rossi, così come da quelli tratti da Boisguillebert, Lauderdale, Sismondi e, in relazione ai macchinari e alle tecniche della manifattura, da Baggage e Ure. Dal confronto di questi quaderni con gli scritti del periodo, editi e non, si evince inoppugnabilmente l’influsso delle letture nello sviluppo delle sue idee. L’insieme di queste note, con la ricostruzione storica della loro maturazione, mostra l’itinerario e la complessità del suo pensiero critico, durante questo intensissimo periodo di lavoro. Il testo, inoltre, contiene anche le celebri Tesi su Feuerbach.
Il libro Karl Marx-Friedrich Engels, Exzerpte und Notizen September 1853 bis Januar 1855 [58] contiene nove voluminosi quaderni di estratti, redatti da Marx essenzialmente durante il 1854. Essi furono scritti nello stesso periodo in cui egli pubblicò importanti gruppi di articoli sulla «New-York Tribune»: quelli su Lord Palmerston tra l’ottobre e il dicembre del 1853, le riflessioni su Revolutionary Spain tra il luglio e il dicembre del 1854, mentre i testi sulla guerra di Crimea, invero quasi tutti di Engels, apparvero fino al 1856. Quattro di questi quaderni raccolgono annotazioni sulla storia della diplomazia tratte, principalmente, dai testi degli storici Famin e Francis, del giurista e diplomatico tedesco von Martens, del politico tory Urquhart, così come dalle «Correspondence relative to the affairs of the Levant» e dai «Hansard’s parliamentary debates». Gli altri cinque, desunti da Chateaubriand, dallo scrittore spagnolo de Jovellanos, dal generale sempre spagnolo San Miguel, dal suo connazionale de Marliani e da molti altri autori, sono, invece, esclusivamente dedicati alla Spagna e mostrano con quale intensità Marx ne avesse esaminato la storia politica e sociale e la cultura. Suscitano, inoltre, particolare interesse gli appunti dallo Essai sur l’histoire de la formation et des progrès du Tiers État di Augustin Thierry. Tutte queste note sono di grande rilevanza perché palesano le fonti cui attinse Marx e permettono di comprendere il modo in cui egli utilizzasse queste letture per la stesura dei suoi articoli. Il volume comprende, infine, un gruppo di estratti sulla storia militare di Engels.
Il grande interesse di Marx per le scienze naturali, quasi del tutto sconosciuto, traspare dal volume Karl Marx-Friedrich Engels, Naturwissenschaftliche Exzerpte und Notizen. Mitte 1877 bis Anfang 1883 [59]. In esso sono pubblicati gli appunti di chimica organica e inorganica, del periodo 1877-1883, che consentono di scoprire un ulteriore aspetto della sua opera. Ciò è tanto più importante perché queste ricerche contribuiscono a sfatare la falsa leggenda, dipinta da gran parte dei suoi biografi, che lo raffigura come un autore che, durante l’ultimo decennio di vita, rinunciò a proseguire i propri studi e avesse del tutto appagato la sua curiosità intellettuale. Le note pubblicate contengono composizioni chimiche, estratti dai libri dei chimici Meyer, Roscoe, Schorlemmer e anche notizie di fisica, fisiologia e geologia – discipline che videro fiorire, durante l’ultimo quarto dell’Ottocento, importanti sviluppi scientifici dei quali Marx volle sempre mantenersi aggiornato. Questi studi costituiscono uno dei campi meno esplorati della ricerca su Marx e, poiché non sono in diretta connessione con la prosecuzione de Il capitale, pongono interrogativi irrisolti circa il motivo di questo interesse. A completare il volume vi sono anche degli estratti, inerenti temi analoghi, redatti da Engels nello stesso periodo.
Se i manoscritti di Marx hanno conosciuto, prima di vedere la luce, le più diverse vicissitudini, sorte ancora peggiore è toccata ai libri appartenuti a lui ed Engels. Dopo la morte di quest’ultimo, le due biblioteche, contenenti i volumi da loro posseduti recanti gli interessanti marginalia e sottolineature, furono ignorate, in parte disperse e, solo in seguito, faticosamente ricostruite e catalogate. Il testo Karl Marx-Friedrich Engels, Die Bibliotheken von Karl Marx und Friedrich Engels [60] è, infatti, il frutto di settantacinque anni di ricerche. Esso consiste in un indice di 1450 libri, in 2100 tomi – ovvero i due terzi di quelli appartenuti a Marx ed Engels –, che include la segnalazione di tutte le pagine di ciascun volume su cui risultano essere state fatte delle annotazioni. Si tratta di una pubblicazione anticipata, che verrà integrata, quando la MEGA² sarà completata, dall’indice dei libri oggi mancanti (il numero totale di quelli ritrovati è di 2100 in 3200 tomi), con le indicazioni dei marginalia, compresi in 40.000 pagine da 830 testi, e la pubblicazione dei commenti alle letture annotati ai margini dei volumi. Come raccontato da quanti vissero a stretto contatto con Marx, egli non considerava i libri come oggetti di lusso, ma veri e propri strumenti di lavoro. Li maltrattava, ne ripiegava gli angoli, li sottolineava al fine di ritrovare, in futuro, i passaggi più significativi. «Sono i miei schiavi e devono ubbidire alla mia volontà» [61], così diceva dei suoi libri. D’altro canto, egli vi si concedeva con altrettanta dedizione, al punto di autodefinirsi «una macchina condannata a divorare i libri per buttarli fuori, in forma diversa, sul letamaio della storia» [62]. Venire a conoscenza delle sue letture – va comunque ricordato che la sua biblioteca restituisce solo uno spaccato parziale di quell’infaticabile lavoro che egli condusse per decenni al «British Museum» di Londra –, così come dei suoi commenti in proposito, costituisce un prezioso contributo alla ricostruzione delle sue ricerche e serve a smentire la fallace interpretazione agiografica «marxista-leninista», che ne ha spesso rappresentato il pensiero come il frutto di un’improvvisa fulminazione e non come, quale fu in realtà, un’elaborazione piena di elementi teorici derivati da predecessori e contemporanei.
Resta infine da chiedersi: quale Marx emerge dalla nuova edizione storico-critica? Decisamente un Marx diverso da quello spacciato, per lungo tempo, da molti seguaci e avversari. Il tortuoso processo della diffusione degli scritti e l’assenza di una loro edizione integrale, insieme con la primaria incompiutezza, il lavoro scellerato degli epigoni, le letture tendenziose e le più numerose non letture, sono le cause principali di un grande paradosso: Karl Marx è un autore misconosciuto, vittima di una profonda e reiterata incomprensione [63]. Al profilo granitico della statua che, in tante piazze dei regimi illibertari dell’est europeo, lo raffigurava ad indicare l’avvenire con certezza dogmatica, si sostituisce, oggi, quello di un autore che ha lasciato incompleti gran parte dei suoi scritti per dedicarsi, fino alla morte, a ulteriori studi che verificassero la validità delle proprie tesi.
Dalla riscoperta della sua opera, riemerge la ricchezza di un pensiero, problematico e polimorfo, e l’orizzonte lungo il quale la ricerca su Marx ha ancora tanti sentieri da percorrere.

Quel «Cane Morto» di Marx
A causa di conflitti teorici o di vicende politiche, l’interesse per l’opera di Marx non è mai stato costante e, sin dalle sue origini, ha vissuto indiscutibili momenti di declino. Dalla «crisi del marxismo» alla dissoluzione della «Seconda Internazionale», dalle discussioni sui limiti della teoria del plusvalore a quelle sulle tragedie del comunismo sovietico, le critiche alle idee di Marx sembrarono, ogni volta, superarne l’orizzonte concettuale. Sempre, però, vi fu un «ritorno a Marx». Costantemente, si sviluppò un nuovo bisogno di richiamarsi alla sua opera che, attraverso la critica dell’economia politica, le formulazioni sull’alienazione o le brillanti pagine dei pamphlet politici, continuò a esercitare un irresistibile fascino su seguaci e oppositori. Nonostante, col finir del secolo, ne fosse stato decretato all’unanimità l’oblio, del tutto inatteso, Marx si ripresenta sul palcoscenico della storia.
Liberata dall’odiosa funzione di instrumentum regni, cui in passato fu destinata, e dalle catene del «marxismo-leninismo», dalle quali è definitivamente separata, la sua opera è stata riconsegnata ai liberi campi del sapere e torna a essere letta in tutto il mondo. Il pieno dispiegarsi della sua preziosa eredità teorica, sottratta a sedicenti proprietari e a costrittivi modi d’impiego, è reso nuovamente possibile. Tuttavia, se Marx non è identificabile con la sfinge scolpita dal grigio «socialismo reale» del Novecento, credere di poter relegare il suo patrimonio teorico e politico a un passato che non avrebbe più niente da dire ai conflitti odierni, di circoscriverlo alla funzione di classico mummificato privo di interesse per l’oggi, o di rinchiuderlo in specialismi meramente accademici, sarebbe altrettanto sbagliato.
Il ritorno d’interesse nei riguardi di Marx va ben oltre i confini di ristrette cerchie di studiosi e delle pur significative ricerche filologiche, volte a mostrarne la diversità rispetto alla gran parte dei suoi interpreti. La riscoperta di Marx si basa sulla sua persistente capacità esplicativa del presente, del quale egli rimane strumento indispensabile per poterlo comprendere e trasformare.
Davanti alla crisi della società capitalistica, e alle profonde contraddizioni che la attraversano, si ritorna a interrogare quell’autore messo da parte, troppo frettolosamente, dopo il 1989. Così, l’affermazione di Jacques Derrida: «sarà sempre un errore non leggere, rileggere e discutere Marx» [64], che soltanto pochi anni fa sembrava una provocazione isolata, è divenuta sempre più condivisa. Dalla fine degli anni Novanta, infatti, quotidiani, periodici, emittenti televisive e radiofoniche non fanno che discutere del pensatore più attuale per i nostri tempi: Karl Marx [65]. Nel 1998, in occasione del centocinquantesimo anniversario della pubblicazione, il Manifesto del partito comunista fu stampato in decine di nuove edizioni in ogni angolo del pianeta e celebrato non solo quale testo politico più letto della storia dell’umanità, ma anche come la più formidabile previsione delle tendenze del capitalismo [66]. Ancora, la letteratura su Marx, quasi del tutto tralasciata quindici anni fa, dà segnali di ripresa in molti paesi e, accanto al fiorire di nuovi studi [67], spuntano, in più lingue, opuscoli dal titolo Why read Marx today? Analogo consenso riscuotono le riviste aperte ai contributi riguardanti Marx e i marxismi [68], così come sono tornati di moda convegni internazionali, corsi e seminari universitari dedicati a questo autore. Infine, anche se timidamente o in forme piuttosto confuse, dall’America latina all’Europa, transitando per il movimento alter-mondialista, una nuova domanda di Marx giunge anche dal versante politico.
Cosa resti oggi di Marx, quanto il suo pensiero sia ancora utile alla lotta per la libertà del genere umano, quale parte della sua opera si riveli più feconda per stimolare la critica dei nostri tempi, in che modo andare «con Marx oltre Marx», sono i tanti interrogativi che ricevono reazioni tutt’altro che unanimi. Se l’odierna Marx-renaissance ha una certezza, essa risiede proprio nella discontinuità rispetto al passato caratterizzato da ortodossie monolitiche che hanno dominato, e profondamente condizionato, l’interpretazione di questo filosofo. Pur se contrassegnata da evidenti limiti e dal rischio di sincretismo, si è aperta una stagione contraddistinta dai molti Marx; dopo il tempo dei dogmatismi, non sarebbe potuto accadere altrimenti. Il compito di rispondere a questi quesiti, dunque, spetta alle ricerche, teoriche e pratiche, di una nuova generazione di studiosi e militanti politici.
Tra i Marx che continuano a essere indispensabili, se ne segnalano almeno due. Innanzitutto, quello critico del modo di produzione capitalistico. L’analitico, perspicace e instancabile ricercatore che ne intuì e analizzò lo sviluppo su scala mondiale e, meglio di ogni altro, ha descritto la società borghese. Colui che si rifiutò di concepire il capitalismo e il regime della proprietà privata come scenari immutabili e appartenenti alla natura umana e che ha ancora da offrire preziosi suggerimenti a chi aspira a realizzare alternative agli assetti economici, sociali e politici neoliberali. L’altro Marx, al quale bisognerebbe rivolgere grande attenzione, è quello teorico del socialismo. L’autore che ripudiò l’idea di «Socialismo di Stato», al tempo già propugnata da Lassalle e Rodbertus. Il pensatore che intese il socialismo come possibile trasformazione dei rapporti produttivi e non come coacervo di blandi palliativi ai problemi della società.
Senza Marx saremmo condannati a una vera e propria afasia critica e pare proprio che la causa dell’emancipazione umana dovrà ancora servirsi di lui. Il suo «spettro» è destinato ad aggirarsi per il mondo e a far agitare l’umanità ancora per molto.

 

References
1. Karl Kautsky, Mein Erster Aufenthalt in London, in Benedikt Kautsky (a cura di), Friedrich Engels’ Briefwechsel mit Karl Kautsky, Danubia Verlag, Wien 1955, p. 32.
2. Cfr. Maximilien Rubel, Marx critique du marxisme, Payot, Paris 2000 (1974), pp. 439-440.
3. Friedrich Engels, Vorwort a Karl Marx, Das Kapital, Zweiter Band, Marx Engels Werke, Band 24, Dietz Verlag, Berlin 1963, p. 7.
4. Friedrich Engels, Vorworte zu den drei Auflagen de Herrn Eugen Dührings Umwälzung der Wissenschaft, MEGA² I/27, Dietz Verlag, Berlin 1988, p. 492.
5. Cfr. Franco Andreucci, La diffusione e la volgarizzazione del marxismo, in Aa. Vv., Storia del marxismo, vol. II, Einaudi, Torino 1979, p. 15.
6. Cfr. Erich Matthias, Kautsky e il kautskismo, De Donato, Bari 1971, p. 124.
7. Friedrich Engels-Karl Marx, Die heilige Familie, Marx Engels Werke, Band 2, Dietz Verlag, Berlin 1962, p. 98.
8. Cfr. Paul M. Sweezy, La teoria dello sviluppo capitalistico, Boringhieri, Torino 1970, pp. 22 e 225.
9. Karl Kautsky, Il programma di Erfurt, Samonà e Savelli, Roma 1971, p. 123.
10. Gheorghi Plekhanov, Le questioni fondamentali del marxismo, in Gheorghi Plekhanov, Opere Scelte, Edizioni Progress, Mosca 1985, p. 366.
11. Vladimir Ilic Lenin, Materialismo ed empiriocriticismo, in Vladimir Ilic Lenin, Opere complete, vol. XIV, Editori Riuniti, Roma 1963, p. 152.
12. Ivi , p. 185.
13. Nikolaj I. Bucharin, Teoria del materialismo storico, La Nuova Italia, Firenze 1977, p. 16.
14. Ivi , p. 252.
15. Antonio Gramsci, Quaderni del carcere, (a cura di Valentino Gerratana) Einaudi, Torino 1975, p. 1403.
16. Ivi , p. 1428.
17. Josef Stalin, Del materialismo dialettico e del materialismo storico, Edizioni Movimento Studentesco, Milano 1973, p. 919.
18. Ivi , p. 926-927.
19. Karl Marx, Nachwort a Das Kapital, Erster Band, MEGA² II/6, Dietz Verlag, Berlin 1987, p. 704.
20. Karl Marx, Provisional Rules of the International Working Men’s Association, MEGA², I/20, Akademie Verlag, Berlin 2003 (1992), p. 13.
21. Karl Marx, Kritik des Gothaer Programms, Marx Engels Werke, Band 19, Dietz Verlag, Berlin 1962, p. 21.
22. Antonio Labriola, Discorrendo di socialismo e filosofia, Scritti filosofici e politici, (a cura di Franco Sbarberi), Einaudi, Torino 1973, pp. 667-669.
23. I biografi di Marx Boris Nikolaevskij – Otto Maenchen-Helfen, affermarono a ragione, nella ‘Avvertenza’ alla loro opera: «su mille socialisti, forse uno solo ha letto un’opera economica di Marx, su mille antimarxisti, neppure uno ha letto Marx», cfr. Karl Marx. La vita e l’opera, Einaudi, Torino 1969, p. 7.
24. Antonio Labriola, op. cit., p. 672.
25. Ivi , pp. 673-677.
26. Cfr. Maximilien Rubel, Bibliographie des œuvres de Karl Marx, Rivière, Paris, 1956, p. 27.
27. Cfr. David Rjazanov, Neueste Mitteilungen über den literarischen Nachlaß von Karl Marx und Friedrich Engels, in «Archiv für die Geschichte des Sozialismus und der Arbeiterbewegung», Hirschfeld, Leipzig, 1925, in particolare pp. 385-386.
28. Rjazanov fu destituito e condannato alla deportazione nel 1931 e le pubblicazioni furono interrotte nel 1935. Dei 42 volumi inizialmente previsti ne furono dati alle stampe soltanto 12 (in 13 tomi). Cfr. Karl Marx, Friedrich Engels, Historisch-kritische Gesamtausgabe. Werke, Schriften, Briefe. Sotto la direzione del Marx-Engels-Institut [dal 1933 Marx-Engels-Lenin-Institut di Mosca] a cura di David Borisovič Rjazanov, [dal 1932 Vladimir Viktorovič Adoratskij], Frankfurt am Main, Berlin, Moskau-Leningrad, Moskau, Marx-Engels-Verlag, 1927–1935.
29. Cfr. Maximilien Rubel, Marx critique du marxisme, op. cit., p. 81.
30. Le pubblicazioni non compresero, ad esempio, né i Manoscritti economico-filosofici del 1844 né i Grundrisse, testi che furono aggiunti solo in seguito. Ciò nonostante, le MEW costituirono la base di numerose edizioni analoghe in altre lingue, tra cui anche le Opere italiane, apparse in 32 volumi tra il 1972 e il 1990. Si segnala inoltre che la ristampa della edizione MEW è ricominciata nel 2006.
31. Dettagliate informazioni sulla MEGA² sono disponibili sul sito internet www.bbaw.de/vs/mega Si veda inoltre Marcello Musto (a cura di), Sulle tracce di un fantasma. L’opera di Karl Marx tra filologia e filosofia, Manifestolibri, Roma 2006 (2005).
32. MEGA² I/14, a cura di H.-J. Bochinski e M. Hundt, Akademie Verlag, Berlin 2001.
33. MEGA² I/31, a cura di R. Merkel-Melis, Akademie Verlag, Berlin 2002.
34. Karl Marx, Friedrich Engels, Joseph Weydemeyer, Die deutsche Ideologie. Artikel, Druckvorlagen, Entwürfe, Reinschriftenfragmente und Notizen zu “I. Feuerbach” und “II. Sankt Bruno”, in «Marx-Engels-Jahrbuch» 2003, Akademie Verlag, Berlin 2004.
35. Karl Marx, Zur Kritik der politischen Ökonomie. Erstes Hefte, MEGA² II/2, p. 102.
36. In proposito cfr. Marcello Musto, Vicissitudini e nuovi studi de ‘L’ideologia tedesca’, in «Critica Marxista», 2004 n. 6, pp. 45-49.
37. MEGA² II/12, a cura di I. Omura, K. Hayasaka, R. Hecker, A. Miyakawa, S. Ohno, S. Shibata e R. Yatuyanagi, Akademie-Verlag, Berlin 2005.
38. Friedrich Engels, Vorwort a Karl Marx, Das Kapital, Zweiter Band, op. cit., p. 7.
39. MEGA² II/15, a cura di R. Roth, E. Kopf e C.-E. Vollgraf, Akademie Verlag, Berlin 2004.
40. Friedrich Engels, Vorwort a Karl Marx, Das Kapital, Dritter Band, MEGA² II/15, op. Cit. , p. 6.
41. Ivi , p. 7.
42. MEGA² II/14, a cura di C.-E. Vollgraf e R. Roth, Akademie Verlag, Berlin 2003.
43. MEGA² III/9, a cura di V. Morozova, M. Uzar, E. Vashchenko e J. Rojahn, Akademie Verlag, Berlin 2003.
44. Ivi , Karl Marx a Friedrich Engels, 22 febbraio 1858, Ivi, p. 75.
45. Karl Marx a Friedrich Engels, 8 dicembre 1857, MEGA² III/8, Dietz Verlag, Berlin 1990, p. 210.
46. Karl Marx a Friedrich Engels, 16 aprile 1859, MEGA² III/9, op. cit., p. 386.
47. Karl Marx a Friedrich Engels, 21 gennaio 1859, Ivi, p. 277.
48. Karl Marx a Joseph Weydemeyer, 1 febbraio 1859, Ivi, p. 292.
49. MEGA² III/10, a cura di G. Golovina, T. Gioeva, J. Vasin e R. Dlubek, Akademie Verlag, Berlin 2000.
50. MEGA² III/11, a cura di R. Dlubek e V. Morozova, Akademie Verlag, Berlin 2005.
51. Karl Marx a Friedrich Engels, 27 dicembre 1861, Ivi, p. 636.
52. Karl Marx a Friedrich Engels, 23 novembre 1860, Ivi, p. 229.
53. Karl Marx a Friedrich Engels, 18 gennaio 1861, Ivi, p. 319.
54. Karl Marx a Ferdinand Lassalle, 29 maggio 1861, Ivi, p. 481.
55. MEGA² III/13, a cura di S. Gavril’chenko, I. Osobova, O. Koroleva e R. Dlubek, Akademie Verlag, Berlin 2002.
56. Karl Marx a Johann Baptist von Schweitzer, 13 febbraio 1865, Ivi, p. 236.
57. MEGA² IV/3, a cura di G. Bagaturija, L. Čurbanov, O. Koroleva e L. Vasina, Akademie Verlag, Berlin 1998.
58. MEGA² IV/12, a cura di M. Neuhaus e C. Reichel, Akademie Verlag, Berlin 2007.
59. MEGA² IV/31, a cura di A. Griese, F. Fessen, P. Jäckel e G. Pawelzig, Akademie Verlag, Berlin 1999.
60. MEGA² IV/32, a cura di H. P. Harstick, R. Sperl e H. Strauß, Akademie Verlag, Berlin 1999.
61. Paul Lafargue, Karl Marx. Persönliche Erinnerungen, in Hans Magnus Enzensberger, Colloqui con Marx e Engels, Einaudi, Torino 1977, p. 244.
62. Karl Marx a Laura e Paul Lafargue, 11 Aprile 1868, Marx Engels Werke, Band 32, Dietz Verlag, Berlin 1965, p. 545.
63. Accanto al misconoscimento «marxista», che si è voluto sin qui tratteggiare, andrebbe considerato anche quello «antimarxista» di parte liberale e conservatrice, altrettanto profondo perché carico di prevenuta ostilità.
64. Jacques Derrida, Spettri di Marx, Raffaello Cortina Editore, Milano 1994, p. 22.
65. Il primo articolo che produsse una certa eco in questa direzione fu quello di John Cassidy, “The return of Karl Marx”, apparso sulla rivista statunitense «The New Yorker», October 20/27 1997, pp. 248-259. Venne poi il turno della BBC, che nel 1999 conferiva a Marx lo scettro di più grande pensatore del millennio. Qualche anno più tardi, il settimanale del «Nouvel Observateur» fu dedicato al tema Karl Marx – le penseur du troisième millénaire?, cfr. «Nouvel Observateur», 1/10/2003, e poco dopo anche la Germania pagò il suo tributo a colui che aveva costretto all’esilio per quarant’anni: nel 2004, oltre 500.000 telespettatori della televisione nazionale ZDF indicarono Marx quale terza personalità tedesca di tutti i tempi (prima, invece, nella categoria ‘attualità’) e, durante le ultime elezioni politiche, la nota rivista «Der Spiegel» lo ritraeva in copertina, dal titolo Ein Gespenst kehrt zurück (Un fantasma è tornato), con le dita, in segno di vittoria, cfr. «Der Spiegel», 22/08/2005. A completare questa curiosa rassegna, vi è il sondaggio condotto nel 2005 del canale radiofonico BBC 4, che ha assegnato a Marx la palma di filosofo più amato dagli ascoltatori inglesi.
66. In particolare cfr. Eric Hobsbawm, “Introduction” a Karl Marx-Friedrich Engels, The communist Manifesto, Verso, London 1998.
67. Essendo impossibile, in questa sede, passare in rassegna i tanti libri pubblicati nel corso degli ultimi anni, si citano quelli che hanno avuto il maggior riscontro di pubblico e critica. Due nuove, vendutissime, biografie: Francis Wheen, Karl Marx, Fourth Estate, London 1999 e Jacques Attali, Karl Marx ou l’esprit du monde, Fayard, Paris 2005, hanno richiamato l’attenzione sulla vita del pensatore di Treviri. Il testo di Moishe Postone, Time, Labor, and social domination, Cambridge University Press, intempestivamente pubblicato nel 1993 e poi più volte ristampato; quelli di Terrell Carver, The postmodern Marx, Manchester University Press, Manchester 1998, e Michael A. Lebowitz, Beyond Capital, Palgrave, London 2003 (2nd ed.), si sono distinti per una innovativa interpretazione complessiva del pensiero di Marx. Sulle opere giovanili, invece, di grande rilievo è il recente David Leopold, The Young Karl Marx: German Philosophy, Modern Politics, and Human Flourishing, Cambridge University Press, 2007; mentre sui Grundrisse è in corso di stampa una raccolta di saggi inediti dei principali studiosi marxiani contemporanei su questo testo fondamentale: Marcello Musto (Ed.), Karl Marx’s Grundrisse: Foundations of the Critique of Political Economy , Routledge (London and New-York, 2008). Altri ancora, è il caso di John Bellamy Foster, Marx’s ecology, Monthly Review Press, New York 2000, e Paul Burkett, Marxism and ecological economics, Brill, Boston 2006, si segnalano per aver accostato Marx alla questione ambientale. A conferma di un interesse diffuso in tutto il mondo, si indicano, infine, la traduzione inglese dei principali lavori sull’argomento del latinoamericano Enrique Dussel, Towards an unknown Marx, Routledge, London e New York 2001, quella di numerosi studi, provenienti dal Giappone, edita da Hiroshi Uchida, Marx for the 21st Century, Routledge, London and New York 2006 e i progressi teorici di una nuova generazione di ricercatori cinesi, sempre più familiare con le lingue occidentali e distante dalla tradizione del «marxismo» dogmatico.
68. Tra le principali si ricordano «Monthly Review», «Science & Society», «Historical Materialism» e «Rethinking Marxism» nel mondo anglosassone; «Das Argument» e il «Marx-Engels-Jahrbuch» in Germania; «Actuel Marx» in Francia e «Herramienta» in Argentina.

Categories
Journal Articles

Karl Marx à Paris. Manuscrits et notes de lecture de 1844

I. Paris capitale du monde nouveau
Paris est une « monstrueuse merveille, stupéfiant ensemble de mouvements, machines et pensées, la cité des cent mille romans, la tête du monde » [1]; Balzac décrivait ainsi dans un de ses récits, l’effet que la capitale française produisait sur ceux qui ne la connaissaient pas à fond.

Durant les années précédant la révolution de 1848, la cité était habitée par des artisans et ouvriers en continuelle agitation politique ; du fait des colonies d’exilés, révolutionnaires, écrivains et artistes, ainsi que du ferment social qui la traversait, elle avait atteint une intensité qui s’est rencontrée en peu d’autres périodes historiques. Femmes et hommes, aux dotations intellectuelles les plus variables publièrent des livres, des revues et journaux ; ils écrivirent des poésies ; ils prirent la parole dans des assemblées ; ils se dédièrent à d’interminables discussions dans les cafés, dans les rues, dans les banquets publics. Ils vécurent dans le même lieu, exerçant entre eux une influence réciproque. [2]

Bakounine avait décidé d’aller au-delà du Rhin, pour se trouver « d’un coup au milieu de ces nouveaux éléments qui en Allemagne ne sont même pas nés. [Le premier de ceux-ci étant] la diffusion de la pensée politique dans toutes les strates de la société. » [3] Von Stein soutint que « dans le peuple lui-même était commencée une vie propre qui créait de nouvelles associations, qui pensait de nouvelles révolutions ». [4] Ruge affirma : « A Paris, nous vivrons nos victoires et nos défaites ». [5]

C’était en somme le lieu où il fallait être à ce moment précis de l’Histoire.

Balzac, toujours lui, soutenait que « les rue de Paris ont une qualité humaine et impriment en nous, avec leur physionomie, certaines idées dont on ne peut se défendre ».[6]

Beaucoup de ces idées frappèrent aussi Marx, lors qu’à 25 ans, il s’y retrouva en octobre 1843 ; celles-ci marquèrent profondément son évolution intellectuelle, qui précisément au cours du séjour parisien, connut une maturation décisive.

Marx s’y rendit[7] en état de disponibilité théorique. Cela tenait à l’expérience journalistique qui avait été la sienne à la Rheinische Zeitung ; cela tenait aussi de l’abandon de l’horizon conceptuel de l’Etat rationnel hégélien et du radicalisme démocratique auquel il était parvenu. C’est dans cet état d’esprit que la vision concrète du prolétariat provoque en lui une secousse profonde. L’incertitude générée par l’atmosphère problématique de l’époque, qui voyait se consolider rapidement une nouvelle réalité économique et sociale se dissipa pour Marx au contact, sur le plan théorique autant que sur celui de l’expérience vécue, avec la classe ouvrière parisienne et ses conditions de travail et de vie.

La découverte du prolétariat et par son intermédiaire, de la révolution ; l’adhésion, même sous une forme encore indéterminée et semi utopique, au communisme ; la critique de la philosophie spéculative de Hegel et de la gauche Hégélienne, la première ébauche de la conception matérialiste de l’Histoire, et les débuts de la critique de l’économie politique constituent un ensemble de thèmes fondamentaux que Marx porta à maturation durant cette période.

Les notes qui suivent, laissant volontairement de coté l’interprétation critique de son célèbre écrit de jeunesse, – les ainsi nommés [Manuscrits économico-philosophiques] [8], rédigé précisément au cours du séjour à Paris – privilégient l’approche des questions philologiques qui lui sont relatives.

II. La decouverte de l’économie politique
Pendant la période de collaboration avec la Rheinische Zeitung», Marx s’était déjà confronté avec des questions économiques particulières, même si c’était toujours du point de vue juridique et politique. Progressivement, dans les réflexions développées à Kreuznach en 1843, dont est issu le manuscrit [ De la critique de philosophie hégelienne du droit], ayant conçu la société civile comme base réelle de l’Etat politique, il parvint à la première formulation de l’importance du facteur économique dans les rapports sociaux. [9] Toutefois, c’est seulement à Paris que, poussé par les caractères contradictoires du droit et de la politique, insolubles dans leur propre contexte, ou encore par l’incapacité à donner des solutions aux problèmes sociaux que droit et politique avaient montré, et frappé de manière décisive par les considérations contenues dans les linéaments d’une critique de l’économie politique, un des deux articles d’Engels publiés dans le premier et unique volume desDeutsch-französiche Jahrbücher, il commença « une étude critique scrupuleuse de l’Economie politique » [10]. A partir de ce moment, ses investigations, où prédominait le caractère philosophique et historique, se dirigèrent vers cette nouvelle discipline. Elle devint le centre de ses recherches et préoccupations scientifiques, délimitant un nouvel horizon, qui ne serait plus jamais abandonné [11].

Sous l’influence de « l’essence de l’argent » de Hess et de la transposition, par lui opérée, du concept d’aliénation du plan spéculatif au plan économique et sociale, la première étape de ces analyses se concentra sur la critique de la médiation économique de l’argent, obstacle à la réalisation de l’essence de l’homme. Dans la polémique contre Bruno Bauer Sur la question juive, Marx considère cette dernière comme un problème social qui représente le présupposé philosophique et historico-social de l’entière civilisation capitaliste. Le juif est la métaphore et l’avant-garde historique de rapports qu’elle produit, sa figure mondaine devient synonyme de capitaliste « tout court » [12].

Aussitôt après, Marx inaugure le nouveau champ d’études. Une grande masse de lectures et notes critiques alternent, on le montrera mieux plus loin, dans ces manuscrits et ces cahiers avec des extraits et annotations compilées à partir des textes qu’il lisait. Le fil conducteur de son travail est le besoin de dévoiler et de contredire la plus grande mystification de l’économie politique : la thèse selon laquelle les catégories seraient valides en tous temps et tous lieux. Marx fut profondément frappé de cette économie politique et a manqué de sens historique des économistes, lesquels en réalité tentaient ainsi de dissimuler et justifier l’inhumanité des conditions économiques du temps, au nom de leur caractère naturel. Dans le commentaire d’un texte de Say, il note que « la propriété privée est un fait dont la constitution ne tient pas à l’économie politique, mais en constitue le fondement. (…) L’entière économie politique se fonde donc sur un fait privé de nécessité » [13]. Des observations analogues sont développées dans les [Manuscrits économico-philosophiques] dans lesquels Marx souligne que « l’économie politique part du fait de la propriété privée. Mais elle ne l’explique pas » [14], « elle présuppose en forme de fait, d’évènement, ce qu’elle doit déduire » [15].

L’économie politique considère ainsi le régime de la propriété privée, le mode de production qui lui est conjoint et les catégories économiques correspondantes, comme immuables et durables pour l’éternité. L’homme membre de la société bourgeoise apparait comme l’homme naturel. En somme, quand on parle de la propriété privée, on croit avoir à faire à quelque chose qui est hors de l’homme » [16], commente Marx. Son le refus de cette ontologie de l’échange n’aurait pu être plus net.

Au contraire, soutenu par des études historiques diverses et approfondies, qui lui avaient fourni une première clé de lecture de l’évolution temporelle des structures sociales, et recueillant ce qu’il considérait comme les meilleures intuitions de Proudhon (sa critique de l’idée de propriété comme droit naturel) Marx avait déjà atteint à la compréhension centrale du caractère transitoire et non éternel des réalités de l’histoire. Les économistes bourgeois avaient présenté les lois du mode de production capitaliste comme des lois éternelles de la société humaine. Marx, à l’inverse, en posant comme objet de recherche exclusif et distinct la nature spécifique des rapports de son temps, « la réalité lacérée de l’industrie » [17], il en souligne le caractère transitoire, le caractère de stade historiquement produit, et entreprend la recherche des contradictions que le capitalisme génère et qui poussent à son dépassement.

Ce mode différent de compréhension des rapports sociaux aura d’importantes retombées, la plus significative étant, sans aucun doute celle relative au concept de travail aliéné. Contrairement aux économistes mais aussi à Hegel lui-même, qui le concevait comme une condition naturelle et immuable de la société, Marx fit le parcours qui le portera à repousser la dimension d’essence anthropologique de l’exploitation en faveur d’une conception ayant une base historico-sociale qui renvoyait le phénomène à une structure déterminée des rapports sociaux de production : l’aliénation humaine dans les conditions du travail industriel.

Les notes qui accompagnent les extraits de James Mill, mettent en évidence « comment l’économie politique établit la forme aliénée des relations sociales (die entfremdete Form des geselligen Verkehrs) comme étant la forme essentielle et originelle correspondant à la destinée humaine » [18]. Loin d’être une condition constante de l’objectivation, de la production de l’ouvrier, le travail aliéné est pour Marx, au contraire, l’expression de la société du travail dans les limites du système actuel, de la division du travail qui considère l’homme comme « un tour (…) et le transforme en un avortement spirituel et physique »[19]

Dans l’activité de travail, s’affirme la particularité de l’individu, l’actualisation d’un besoin nécessaire ; cependant « cette réalisation du travail apparait au stade de l’économie privée comme une annihilation de l’ouvrier (Entwirklichung des Arbeiters) » [20]. Le travail serait affirmation humaine, libre action créatrice mais « dans les conditions de la propriété privée mon individualité est aliénée au point que cette activité m’est odieuse, et est pour moi un tourment et seulement un semblant d’activité, et elle est donc seulement une activité extorquée (erzwungene Thätigkeit) et qui m’est imposée uniquement par un accidentel besoin extérieur » [21].

Marx parvint à ces conclusions en recueillant les théories de la science économique, en en critiquant les éléments constitutifs et en inversant leurs résultats. Cela arriva à travers une implication de soi extrêmement intense et incessante. Le Marx de Paris est un Marx affamé de lecture, auxquelles il dédie jours et nuits. C’est un Marx plein d’enthousiasmes et de projets, qui trace des plans de travail tellement grands qu’il ne peut jamais les porter à leur terme, qu’il étudie chaque document relatif à la question en examen, pour être ensuite absorbé par le très rapide avancement de sa conscience et des mutations d’intérêt qui l’envoient ponctuellement vers de nouveaux horizons, d’ultérieures propositions et encore d’autres recherches [22].

Sur la rive gauche de la Seine, il planifie la rédaction d’une critique de la philosophie du droit de Hegel, conduit des études sur la Révolution française pour écrire une histoire de la Convention, projette une critique des doctrines socialistes et communistes existantes. Il se jette ensuite dans une étude forcenée de l’économie politique qu’à l’improviste, pris par la priorité de déblayer définitivement le terrain allemand de la critique transcendante de Bauer et associés, il interrompt, pour écrire sa première œuvre : la Sainte famille ; et puis, encore, cent autres propositions ; s’il y avait une critique à faire, celle-ci passait par sa tête et par sa plume. Et pourtant le jeune le plus prolifique du mouvement de la gauche hégelienne était aussi celui qui avait publié moins que tant d’autres. L’incomplétude qui caractérisera toute son œuvre est déjà présente dans les travaux de son année parisienne. Son caractère scrupuleux tenait à l’incroyable : il se refusait à écrire une phrase s’il ne pouvait la démontrer de dix façons différentes[23]. La conviction de l’insuffisance des informations et de l’immaturité de ses évaluations l’empêchait de publier la plus grande partie des travaux auxquels il se dédiait et ceux-ci restaient ainsi à l’état d’ébauches et de fragments [24]. Ses notes, donc, sont extrêmement précieuses. Elles mesurent l’ampleur de ses recherches et sont donc considérées comme parties intégrantes de son oeuvre. Ceci vaut également pour la période parisienne durant laquelle manuscrits et notes de lecture témoignent du lien étroit et inséparable entre ses propres écrits et les notes[25] prises sur les ouvrages.

III. Manuscrits et cahiers d’extraits : les papiers de 1844
Nonobstant l’incomplétude et la forme fragmentaire qui les distinguent les [Manuscrits économico-philosophiques] de 1844, ont été quasiment toujours lus en prêtant une faible attention aux problèmes philologiques inhérents, ignorés ou retenus comme peu importants [26]. Ceux-ci furent publiés, entièrement pour la première fois seulement en 1932 et, par-dessus le marché, en deux éditions différentes. Dans la collection réalisée par les chercheurs sociaux-démocrates Landshut et Mayer, intitulée Der historische Materialismus, ce texte fut publié sous le titre «Nationalökonomie und Philosophie » [27] ; cela tandis que dans le Marx Engels Gesamtausgabe ce texte est présenté comme « Ökonomisch-philosophische Manuscripte aus dem Jahre 1844 » [28]. Au-delà du titre, les deux publications se différaient aussi par le contenu et l’ordre des différences parties, lesquelles comportent de grandes différences. La première était truffée d’erreurs dues à un mauvais déchiffrement du manuscrit, elle oubliait de publier le premier groupe de feuilles, appelé premier manuscrit, et attribuait de façon erronée directement à Marx un quatrième manuscrit qui en fait était un résumé du chapitre final deLa phénoménologie de l’esprit d’Hegel [29]. Toutefois, il était trop peu tenu compte que même les éditeurs de la première MEGA, dans le fait d’attribuer un nom, dans la façon situer la préface au début (alors qu’en réalité elle se trouve dans le troisième manuscrit) et dans la réorganisation de l’ensemble, finirent par faire croire que Marx avaient eu, dès le début, l’idée d’écrire une critique de l’économie politique et que le tout était à l’origine divisé en chapitres. [30]

De même, la thèse, inexacte selon laquelle Marx avait rédigé ces textes seulement après avoir lu et résumé les œuvres d’économie politique [31] ; en réalité, le processus d’écriture se déroula alternativement entre groupes de manuscrits et extraits, ainsi ces derniers alternent dans toute la production parisienne, des textes pour les Deutsch-französische Jahrbücher à la Sainte famille.

Malgré leur évidente forme problématique, la confusion suivant les diverses versions données à imprimer, et par-dessus tout, la conscience de l’absence de la grande part du second manuscrit (le plus important et qui pourtant fut dispersé) personne, parmi les interprètes critiques et curateurs de nouvelles éditions ne s’attacha au réexamen des originaux. Pour un texte qui avait un tel poids dans le débat sur les différentes interprétations critiques de Marx, ce réexamen était pourtant très nécessaire.

Ecrits entre mai et août, les [Manuscrits économiques et philosophiques] ne peuvent être considérés comme un texte cohérent posé de manière systématique et pré ordonnée. Les si nombreuses interprétations qui ont voulu leur attribuer le caractère d’une orientation achevée, tant celles qui y relevaient le caractère parfaitement complet de la pensée marxiste, que celles qui la considéraient comme une conception spécifique opposée à celle de la maturité scientifique [32], sont réfutées par l’examen philologique. Hétérogènes et bien loin de présenter une étroite connexion entre les parties, elles sont plutôt d’évidentes expressions d’une pensée en mouvement. La façon d’assimiler et d’utiliser les lectures dont il se nourrissait est montrée par l’examen des neuf cahiers qui nous sont parvenus, avec plus de 200 pages d’extraits et commentaires [33].

Dans les cahiers parisiens, sont rassemblées les traces de la rencontre de Marx avec l’économie politique et du procès de formation de ses toutes premières élaborations de théorie économique. De la confrontation de ce cahiers avec les écrits de la période, édités ou non, on voit de façon décisive l’importance des lectures dans le développement de ses idées [34]. Si l’on circonscrit l’index aux seuls auteurs d’économie politique, Marx rédige des extraits des textes de Say, Schüz, List, Osiander, Smith, Skarbek, Ricardo, James Mill, Mc Culloch, Prevost, Destutt de Tracy, Buret de Boisguillbert, Law et Lauderdale[35]. De plu dans les [Manuscrits économico-philosophiques] dans les articles et la correspondance du temps apparaissent des références à Proudhon, Schulz, Pecquer, Loudon, Sismondi, Ganihl, Chevalier, Malthus, Pompery et Bentham.

Marx retint les premiers extraits du traité d’économie politique de Say, duquel il reprit des parties entières, pendant qu’il assimilait des connaissances élémentaires d’économie. L’unique annotation est postérieure et se concentre sur le coté droit de la feuille, destiné comme il était habituel de le faire, à cette fonction. Même les extraits des Recherches sue la nature et les causes de la richesse des nations de Smith, qui se succèdent chronologiquement, obéissent à la même finalité, celle de l’acquisitions des connaissances de base en matière de notions économiques. En fait, même si ils sont les plus étendus, ces extraits ne comportent quasiment aucun commentaire. La pensée de Marx ressort par ailleurs clairement du montage des passages lui-même, et comme cela arrive souvent ailleurs, de sa façon de mettre en opposition les thèses divergentes de divers économistes. A l’inverse, ceux portant sur Les principes de l’économie politique et de l’impôt de Ricardo, en changent de caractère ; ici apparaissent ses propres observations. Elles se concentrent sur les concepts de valeur et de prix conçus encore alors comme parfaitement identiques. Cette égalité entre valeur des marchandises et prix trouve son fondement dans la conception initiale de Marx ; elle conférait une réalité à la seule valeur d’échange produite par la concurrence, reléguant le prix naturel dans le domaine de l’abstraction, comme pure chimère. Avec l’avancement des études, ces notes critiques ne sont plus sporadiques ; elles s’entrelacent avec les recensions des œuvres, et vont en augmentant avec l’avancée de la connaissance, d’auteur en auteur : de simples phrases, puis des considérations plus étendues qui vont jusqu’à se concentrer, à travers les Eléments d’économie politique de James Mill, sur la critique de l’intermédiation de l’argent, lequel complétait la domination de la chose externe sur l’homme. Le rapport se retourne, et ce ne sont plus les textes de Marx qui s’intercalent dans les extraits d’autres auteurs mais l’inverse.

Pour mettre encore une fois en évidence l’importance des extraits, il est enfin utile de signaler la nature de l’utilisation de ces notes, que ce soit quand elles furent rédigées que par la suite. Une partie de celles-ci furent publiées en 1844 dans le Vorwärts !, le quinzomadaire des émigrés allemands à Paris, pour contribuer à la formation intellectuelle des lecteurs [36]. Soulignons surtout qu’elles étaient tellement exhaustives, qu’elles furent par la suite utilisées par Marx (il avait l’habitude de relire ces notes) longtemps après, dans les manuscrits économiques de 1857-58, mieux connus comme les [Grundrisse], dans ceux de 1861-63 et dans le premier livre du Capital .

En conclusion, Marx développa ses idées tant dans les [Manuscrits economico-philosophiques] que dans les cahiers d’extraits de lectures. Les manuscrits sont pleins de citations, le premier en constituant quasiment une collecte ; les cahiers de résumés, même s’ils étaient majoritairement centrés sur les textes qu’il lisait sont accompagnés de ses propres commentaires. Le contenu des deux ensembles, tout comme la modalité d’écriture, caractérisée par la division des feuilles en colonnes, la numération des pages et le moment de la rédaction, confirment que les[Manuscrits économiques et philosophiques] ne sont pas une œuvre indépendante [37] ; ils constituent une partie de la production critique de Marx qui dans cette période se compose d’extraits des textes qu’il étudiait, de réflexions critiques au regard de ceux-ci et d’élaborations qu’il mettait sur le papier en un jet ou sous une forme plus raisonnée. Séparer ces manuscrits du reste, les extraire de leur contexte peut ainsi conduire à des erreurs d’interprétation.

C’est l’ensemble de ces notes, en même temps que la reconstruction historique de leur maturation qui montrent réellement l’itinéraire et la complexité de sa pensée critique durant cette très intense année de maturation parisienne [38].

IV. Critique de la philosophie et critique de la politique
L’ambiance qui entourait la progression des idées de Marx et l’influence qu’elles exercèrent sur le plan théorique et pratique, mérite une autre brève réflexion. Celle-ci se caractérisait par une profonde transformation économico-sociale, et en premier lieue par la grande extension du prolétariat. Avec la découverte du prolétariat, Marx put recomposer en termes de classes la notion hégelienne de société civile. De plus, il parvint à la conscience que le prolétariat était une classe nouvelle, différente des pauvres, dont la misère particulière découlait de ses conditions de travail. « L’ouvrier devient d’autant plus pauvre qu’est importante la richesse qu’il produit, que sa production monte en puissance et extension » [39].

La révolte des tisserands silésiens, qui eut lieu en août, offrit à Marx une nouvelle occasion de développer son orientation. Dans les Gloses critiques en marge de l’article « Le Roi de Prusse et la réforme sociale » par un Prussien, publiées par Vorwärts !, à travers la critique de Ruge, et dans un article précédent qui attribuait à cette lutte un manque d’esprit politique, il prit ses distances avec la conception hégelienne qui faisait de l’Etat le seul représentant de l’intérêt général et reléguait chaque mouvement de la société civile au statut d’élément partiel relevant de la sphère privée [40]. Au contraire pour Marx, « une révolution sociale est à envisager du point de vue de la totalité » [41]. Sur la lancée de cette volonté de la considérer ainsi et à partir la mise en lumière de son caractère explicitement révolutionnaire, il souligna la méprise (bévue) de ceux qui cherchaient le fondement des problèmes sociaux « non pas dans l’essence de l’Etat, mais dans une forme d’Etat déterminée » [42].

Plus généralement, la réforme de la société, objectif de la doctrine socialiste, l’égalité des salaires et une nouvelle organisation du travail dans le cadre du régime capitaliste, furent pour lui réputées comme propositions de ceux qui étaient encore prisonniers des présupposés qu’ils combattaient (tel Proudhon) et de qui, par-dessus tout, ne comprenaient pas le vrai rapport entre propriété privée et travail aliéné. En fait « même si la propriété privée apparaît comme le fondement, la cause du travail aliéné (entäusserten Arbeit), elle en est, en fait, plutôt la conséquence » [43], « la propriété privée est le produit, le résultat, la conséquence nécessaire du travail aliéné (entäusserten Arbeit) » [44]. Aux théories socialistes, Marx oppose un projet de transformation radicale du système économique, projet selon lequel c’était le « capital qui devait être supprimé ‘en tant que tel’ »[45].

Plus ces doctrines étaient proches de sa pensée, plus la critique qu’il leur adresse, renforcée par le besoin de faire la clarté, ira grandissante. L’élaboration de sa conception le poussa à une confrontation continue entre les idées qui l’entouraient et les divers résultats qui naissaient du processus de ses études. C’est le parcours foudroyant de sa maturation qui le lui imposait. Le même sort toucha la gauche hégélienne. Ainsi les jugements de Marx dans la confrontation avec les partisans de ce courant furent d’autant plus sévères qu’ils représentaient aussi pour lui une autocritique de son propre passé. L’Allgemeine Literatur Zeitung, le mensuel dirigé par Bruno Bauer, affirmait de façon péremptoire sur ses pages : « le critique s’abstient de prendre part aux douleurs et aux joies de la société (…) il siège majestueusement dans sa solitude » [46]. Pour Marx, en revanche « la critique n’est pas une passion du cerveau (…) un couteau anatomique, c’est une arme. Son objet est son ennemi, qu’elle ne veut pas confondre, mais anéantir (…) Elle ne se pose plus comme fin à elle même, mais maintenant seulement comme moyen » [47]. Contre le solipsisme de la « critique critique » [48], qui se déployait à partir de la conviction abstraite selon laquelle reconnaître une aliénation voulait dire l’avoir surmontée, il lui était apparu de façon claire que « la force matérielle ne pouvait être abattue que par la force matérielle» [49]. Et que l’être social pouvait être changé seulement par l’œuvre de la praxis humaine. Découvrir la condition aliénée de l’homme, en prendre conscience devait signifier, dans le même temps, opérer pour sa suppression effective. Entre la philosophie fermée de l’isolement spéculatif, qui produisait seulement des batailles de concepts stériles, et sa critique, « qui est au milieu de la mêlée » [50], il ne pouvait y avoir qu’une différence majeure. C’était autant ce qui séparait la recherche de la liberté de l’autoconscience de celle de la liberté du travail.

V. Conclusion
La pensée de Marx accomplit durant cette année cruciale une évolution décisive. Il est désormais certain que la transformation du monde est une question de pratique « dont la philosophie ne pouvait s’acquitter, justement parce qu’elle entendait ce devoir seulement comme un devoir théorique » [51]. De la philosophie qui n’est pas parvenu à cette conscience et qui n’a pas accompli sa nécessaire modification en philosophie de la praxis, Marx prend congé de façon définitive. Son analyse, ne trouve plus son origine dans le travail aliéné, mais dans la réalité de la misère ouvrière. Ses conclusions ne sont pas spéculatives mais orientées vers l’action révolutionnaire [52].

Sa conception politique elle-même mute profondément. Sans adopter des étroites doctrines socialistes et communistes existantes, il prend ainsi ses distances ; il y a en lui mûrissement de la pleine conscience que ce sont les rapports économiques qui (dans leurs entrelacements avec eux) structurent les réseaux de l’ensemble des rapports sociaux. Et alors, « la religion, la famille, l’Etat, le droit, la morale, la science, l’art, etc. ne sont que des modes spécifiques de la production et tombent sous sa loi universelle » [53]. L’Etat a ainsi perdu la position prioritaire qu’il détenait dans la philosophie hégélienne ; absorbé dans la société, il est conçu comme une sphère déterminée et non déterminante des rapports entre les hommes. Selon Marx, « seule la superstition politique imagine encore aujourd’hui que la vie civile doive de nécessité être tenue unie à l’Etat, alors que dans la réalité, l’Etat est tenu uni à la société civile » [54].

Son fondement conceptuel change radicalement, même par rapport au sujet révolutionnaire. De la référence initiale à « l’humanité qui souffre » [55], Marx aboutit à l’identification de le spécificité historique du prolétariat. Celui-ci est considéré, d’abord comme notion abstraite fondée sur des antithèses dialectiques « élément passif » [56] de la théorie, pour devenir ensuite, sur la base d’une première analyse économico-sociale l’élément actif de sa propre libération, l’unique classe dotée de potentialité révolutionnaire dans l’ordre social capitaliste.

Enfin, à la critique, quelque peu vague, de la médiation politique de l’Etat et de celle (économique) de l’argent, obstacles à la réalisation de l’essence en commun de l’homme dans la matrice feurbarchienne, succède celle d’un rapport historique qui commence à identifier dans la production matérielle la base de toute analyse et de toute transformation du présent. « Dans le rapport de l’ouvrier avec la production, est inclus l’ensemble de l’asservissement de l’homme (menschliche Knechtschaft), et tous les rapports de servage ne sont rien d’autre que modifications et conséquences du premier rapport » [57]. Ainsi Marx ne s’en va plus vers une revendication générique d’émancipation, mais il énonce la nécessité de la transformation radicale du processus réel de production.

Pendant qu’il arrive à ces conclusions, il prévoit encore d’autres travaux : après La sainte famille, il continue les études et les extraits d’économie politique, dessine une critique de Stirner, initie le « plan d’un écrit sur l’Etat », étend des remarques sur Hegel, projette d’écrire une critique de l’économiste allemand List qu’il réalisera peu après. Il est ne s’arrêtera jamais. Engels le prie de lancer son travail dans le monde parce que « le temps se rétrécie terriblement » [58] et Marx, avant d’être expulsé de Paris [59] signe avec l’éditeur Leske un contrat pour la publication d’une œuvre en deux volumes qui devait s’intituler « Critique de la politique et de l’économie politique » [60]. Pourtant il faudra attendre 15 ans, l’année 1859, pour qu’une première partie de son œuvre, Pour la critique de l’économie politique soit donnée à imprimer.

Les [Manuscrits économiques et philosophiques] et les cahiers d’extraits et d’annotations nous restituent le sens des premiers pas de cette entreprise. Ses écrits sont pleins d’éléments théoriques dérivés de ses prédécesseurs et contemporains. Aucune des ébauches ou des œuvres de cette période ne peut être classée dans une discipline spécifique. Il n’y a pas d’écrits strictement philosophiques, ni essentiellement économiques, ni seulement politiques. Ce qui en dérive n’est pas un nouveau système, un ensemble homogène, mais une théorie critique en mouvement.

Le Marx de 1844 est celui qui, simultanément, a la capacité de combiner les expériences du prolétariat de Paris avec des études sur la Révolution française, la lecture de Smith avec la lecture critique des intuitions de Proudhon, la révolte des tisserands silésiens avec la critique de la conception hégelienne de l’Etat, les analyses de la misère de Buret avec le communisme. C’est un Marx qui sait cueillir ces différentes connaissances et expériences et qui, en en tissant liens et rapports, donne vie à une théorie révolutionnaire.

Sa pensée, en particulier les observations économiques qui commencent à se développer durant le séjour parisien, n’est pas le fruit d’un coup de foudre imprévu, mais le fait d’un processus. L’hagiographie marxiste léniniste, qui fut dominante durant tant de temps dans le passé, en le présentant avec une improbable immédiateté et préordonnant un résultat final ainsi anachronique et instrumental, en a dénaturé le cheminement de connaissance, et en a présenté une réflexion plus pauvre qu’elle ne l’est. Il s’agit au contraire de reconstruire les genèses, les dettes et les conquêtes des travaux de Marx, en mettant en évidence la complexité et la richesse d’une œuvre qui parle encore à chaque pensée critique du présent [61].

VI. Appendice: Table Chronologique des cahiers d’extraits et manuscrits rédigés par Marx à Paris

Période de rédaction Contenu des cahiers Nachlaß Caractéristiques des cahiers
Entre fin 1843 et début 1844 R. Levasseur, Mémoires. MH Les extraits sont contenus dans des pages divisées en deux colonnes
Entre fin 1843 et début 1844 J. B. Say, Traité d’économie politique B 19 Le cahier de grand format, comprend des pages avec des extraits divisés en deux colonnes : dans celle de gauche du Traité de Say e dans celle de droite (rédigée après celle de B 24) de Skarbek et du cours « Cours complet » de Say.
Entre fin 1843 et début 1844 C. W. C. Schüz, Grundsätze der National- Ökonomie B 24 Cahier de grand format, avec pages divisées en deux colonnes.
Entre fin 1843 et début 1844 F. List, Das nationale System der politischen Ökonomie B 24
Entre fin 1843 et début 1844 H. F. Osiander, Enttäuschung des Publikums über die Interessen des Handels, der Industrie und der Landwirtschaft B 24
Entre fin 1843 et début 1844 H. F. Osiander, Über den Handelsverkehr der Völker B 24
Printemps 1844 F. Skarbek, Theorie des richesses sociales B 19
Printemps 1844 J. B. Say, Cours complet d’économie politique pratique B 19
Mai-juin 1844 A. Smith, Recherches sur la nature et les causes de la richesse des nations B 20 Cahier de petit format avec pagination normale.
Fin mai-juin 1844 K. Marx, Arbeitslohn; Gewinn des Capitals; Grundrente; [Entfremdete Arbeit und Privateigentum] A 7 Cahier de grand format, avec pages divisées en deux ou trois colonnes . Le texte comprend des citations de Say, Smith, de Die Bewegung der Production de Schulz, da Théorie nouvelle d’économie sociale et politique de Pecqueur, de Solution du problème de la population et de la substance di Loudon e da Buret.
juin-juillet 1844 J. R. MacCulloch, Discours sur l’origine, les progrès, les objets particuliers, et l’importance de l’économie politique B 21 Cahier de petit format, avec pages divisées en deux colonnes. Fait exception la pagina 11 qui contient un résumé de l’article d’Engels.
juin-juillet 1844 G. Prevost, Réflexions du traducteur sur le système de Ricardo B 21
juin-juillet 1844 F. Engels, Umrisse zu einer Kritik der National-ökonomie B 21
juin-juillet 1844 A. L. C. Destutt de Tracy, Elémens d’Idéologie B 21
Au plus tard juillet1844 K. Marx, [Das Verhältnis des Privateigentums] A 8 Texte écrit en feuilles de grand format divisé en deux colonnes.

Entre juillet et aout 1844

 

G. W. F., Hegel, Phänomenologie des Geistes A 9 (Hegel) Feuille successivement cousue à l’intérieur de A 9.
Aout 1844 K. Marx, [Privateigentum und Arbeit]; [Privateigentum und Kommunismus];[Kritik der Hegelschen Dialektik und Philosophie überhaupt]; [Privateigentum und Bedürfnisse]; [Zusätze]; [Teilung der Arbeit]; [Vorrede]; [Geld]. A 9 Cahier de grand format. Le texte comprend des citations de : Das entdeckte Christentum di Bauer, da Smith, Destutt de Tracy, Skarbek, J. Mill, dal Faust di Goethe, dal Timon von Athen di Shakespeare,mais aussi de divers articles de Bauer publiés dans «Allgemeine Literatur-Zeitung». Il y a aussi des références indirectes à : Engels, Say, Ricardo, Quesnay, Proudhon, Cabet, Villegardelle, Owen, Hess, Lauderdale, Malthus, Chevalier, Strauss, Feuerbach, Hegel e Weitling.
Septembre 1844 D. Ricardo, Des principes de l’économie politique et de l’impôt B 23 Cahiers de grand format avec pages divisées en deux, et rarement trois colonnes. Les premières deux pages sont des extraits de Senofonte, mais pas divisés en colonnes.
Septembre 1844 J. Mill, Eléments d’économie politique B 23
Entre l’été 1844 e janvier 1845 E. Buret, De la misère des classes laborieuses en Angleterre et en France B 25 Cahier de petit format avec mise en page normale.

Entre la moitié de septembre 1844 et janvier 1845

 

P. de Boisguillebert, Le détail de la France B 26 Cahiers de grand format avec extraits de Boisguillebert. Pagination normale à l’exception de peu de pages divisées en deux colonnes.
Entre la moitié de septembre 1844 e janvier 1845 P. de Boisguillebert, Dissertation sur la nature des richesses, de l’argent et des tributs
B 26
Entre la moitié de septembre 1844 e janvier 1845 P. de Boisguillebert, Traité de la nature, culture, commerce et intérêt des grains B 26
Entre la moitié de septembre 1844 e janvier 1845 J. Law, Considération sur le numéraire et le commerce B 26

Entre la moitié de septembre 1844 e janvier 1845

 

J. Lauderdale, Recherches sur la nature et l’origine de la richesse publique B 22 Cahier de grand format avec pages divisées en deux colonnes.

 

Traduction: Martino Nieddu

 

Références
1. Honoré de Balzac, La commedia umana, (a cura di Mariolina Bongiovanni Bertini), Mondadori, Milano 1994, p. 1189.
2. Cfr. Isaiah Berlin, Karl Marx, La Nuova Italia, Firenze 1994, p. 90.
3. Michail Bakunin, Ein Briefwechsel von 1843, MEGA², Dietz Verlag, Berlin 1982, I/2, p. 482.
4. Lorenz von Stein, Der Socialismus und Communismus des heutigen Frankreichs. Ein Beitrag zur Zeitgeschichte, Otto Wigand Verlag, Leipzig 1848, p. 509.
5. Arnold Ruge, Zwei Jahre in Paris. Etudien und erinnerungen, Zentralantiquariat der Ddr, Leipzig 1975, p. 59.
6. Honoré de Balzac, La commedia umana, op. cit., p. 1187.
7. “Chacun devra s’avouer à lui même, non seulement qu’il y a eu une anarchie générale entre les réformateurs, mais aussi que lui même n’a pas une vision exacte de ce qu’il doit faire” in Karl Marx, Ein Briefwechsel von 1843, MEGA² I/2, op. cit., p. 486.
8. Dans le présent document, les manuscrits incomplets de Marx, publiés par des éditeurs successifs, sont insérés entre des parenthèses cadres. [ …]
9. «L’Etat politique ne peut exister sans la base naturelle de la famille et la base artificielle de la société civile, qui est sa condition sine qua non», ivi, p. 9; «Famille et société civile sont les présupposés de l’Etat, ce sont proprement ce qui l’active. Mais dans la spéculation cela devient le contraire», ivi, p. 8. C’st donc précisément à cet endroit que siège l’erreur d’ Hegel qui veut que «l’Etat politique ne soit pas déterminé par la société civile, mais à l’inverse la détermine », ivi, p. 100. Voir Walter Tuchscheerer, op. cit., p. 49.
10. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte, MEGA² I/2, op. cit., p. 325.
11. Cfr. Maximilien Rubel, Introduction a Karl Marx Œuvres. Economie II, Gallimard, Paris 1968, pp. LIV-LV qui date de ce moment précis l’origine du long cauchemar de toute la vie de Marx, l’objectif théorique qu’il n’abandonnera plus jamais : la critique de l’économie politique.
12. Cfr. Walter Tuchscheerer, op. cit., p. 56.
13. Karl Marx, Exzerpte aus Jean Baptiste Say: Traité d’economie politique, MEGA² IV/2, Dietz Verlag, Berlin 1981, p. 316.
14. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte, MEGA² I/2, op. cit., p. 363.
15. Ivi , p. 364.
16. Ivi , p. 374
17. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte, MEGA I/2, op. cit., p. 384.
18. Karl Marx, Exzerpte aus James Mill: Élémens d’économie politique, MEGA² IV/2, op. cit., p. 453.
19. Ivi , p. 456.
20. Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte, MEGA I/2, op. cit., p. 365.
21. Karl Marx, Exzerpte aus James Mill: Élémens d’économie politique, MEGA² IV/2, op. cit., p. 466.
22. A ce sujet, on renverra au témoignage d’Arnold Ruge: «Il lit beaucoup, travaille avec une intensité peu commune (…) mais n’apporte jamais rien à sa fin, laisse tout à mi-chemin pour s’enfouir chaque fois dans une mer de livres », travaille «jusqu’à se sentir mal, sans aller au lit pour trois ou quatre nuits d’affilée », lettre de A. Ruge a L. Feuerbach, 15 mai 1844, in Hans Magnus Enzensberger (a cura di), Colloqui con Marx ed Engels, op. cit., p. 22; «Si Marx ne se tue pas tout seul avec ce dérèglement, cette superbe et ce travail désespéré, et si l’extravagance communiste n’efface pas en lui toute sensibilité pour la simplicité et la noblesse de la forme, de ses interminables lectures et jusque dans sa dialectique sans conscience, il y a quelque chose à attendre de ceci (…) Il veut toujours écrire sur les choses qu’il a à peine fini de lire, mais après, il recommence à lire et prend des notes. Néanmoins je pense que, maintenant ou plus tard, il réussira à porter à son terme une oeuvre très longue et difficile, dans laquelle il reversera tout le matériel qu’il a accumulé» in A. Ruge a M. Duncker, 29 agosto 1844, ivi, p. 28.
23. Cf le témoignage de Paul Lafargue qui relate les récits d’Engels sur l’automne 1844. “Engels et Marx prirent l’habitude de travailler ensemble. Engels qui pourtant était d’une précision extrême perdit maintes fois patience en raison du type d’attitude scrupuleuse de Marx qui se refusait à écrire une phrase s’il ne pouvait en démontrer le contexte sous diverses modes”in Hans Magnus Enzensberger (a cura di), Colloqui con Marx ed Engels, op. cit., p. 29.
24. Cfr. Heinrich Bürgers: “A cette époque, l’autocritique sévère qu’il exerçait habituellement envers lui même, l’empêche d’accomplir l’oeuvre principale” ibidem, p. 41.
25. Sur ce complexe rapport cf. David Rjazanov, Einleitung a MEGA I/1.2, Marx-Engels-Verlag, Berlin 1929, p. XIX, il est le premier à avoir souligné la grande difficulté qu’il y a établir une précise ligne de séparation entre les simples cahiers d’extraits de textes lus et ceux qui à l’inverse, sont à considérer comme de véritables travaux préparatoires de Marx lui-même.
26. Cfr. JÜrgen Rojahn, Il caso dei cosiddetti «manoscritti economico-filosofici dell’anno 1844», Passato e presente», n. 3 (1983), p. 42.
27. Karl Marx, Der historische Materialismus. Die Frühschriften, (a cura di Siegfried Landshut e Jacob Peter Mayer), Alfred Kröner Verlag, Leipzig 1932, pp. 283-375.
28. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte aus dem Jahre 1844, MEGA I/3, Marx-Engels-Verlag, Berlin 1932, pp. 29-172.
29. Ces pages, et cela atteste de la difficulté à opérer un classement, apparaissent dans la MEGA2 autant dans la première que dans la quatrième section.Cfr. MEGA², I/2, op. cit., pp. 439-444 e MEGA², IV/2, op. cit., pp. 493-500.
30. Cfr. JÜrgen Rojahn, The emergence of a theory: the importance of Marx’s notebooks exemplified by those from 1844, «Rethinking Marxism», vol. 14, n. 4 (2002), p. 33.
31. Cette erreur est, par exemple, commise par David McLellan, Marx prima del marxismo, Einaudi, Torino 1974, p. 189.
32. Sans vouloir ici, d’aucune façon, présenter le débat à l’infini sur cet écrit de Marx, limitons nous à renvoyer à deux des plus importants travaux qui tiennent ces deux positions différentes. Pour la première les travaux de Landshut et Meyer. Ils sont parmi les premiers à y voir lu “en un certain sens l’oeuvre la plus centrale de Marx (…) (qui) constitue le point nodal de son complet développement conceptuel” et “le noyau qui annonce déjà le Capital” Cfr. Karl Marx, Der historische Materialismus. Die Frühschriften, op. cit., pp. XIII e V. Pour la seconde voir la célèbre thèse de la coupure épistémologique d’Althusser cfr. Louis Althusser, Per Marx, op. cit., pp. 15 ss.
33. Cf MEGA², IV/2, op. cit., pp. 279-579 e MEGA², IV/3, Akademie Verlag, Berlin 1998, pp. 31-110.
34. “Les manuscrits de 1844 sont littéralement nés des extraits de cette période” in Jürgen Rojahn, The emergence of a theory: the importance of Marx’s notebooks exemplified by those from 1844, op. cit., p. 33.
35. A cette époque, les économistes anglais sont encore lus par Marx en traduction française.
36. Cfr. Jacques Grandjonc, Marx et les communistes allemands à Paris 1844, Maspero, Paris 1974, pp. 61-62 voir la lettre de K. Marx a H. Börnstein, écrite au plus tard en novembre 1844, MEGA² III/I, Dietz Verlag, Berlin 1975, p. 248.
37. “Il n’existe aucun point d’appui pour établir que les manuscrits (de 1844) constituent un ensemble bloqué se suffit à lui même” cf JÜrgen Rojahn, Il caso dei cosiddetti «manoscritti economico-filosofici dell’anno 1844», op. cit., p. 57.
38. Cfr. Jürgen Rojahn, The emergence of a theory: the importance of Marx’s notebooks exemplified by those from 1844, op. cit., p. 45.
39. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte, MEGA² I/2, op. cit., p. 364.
40. Cfr. Michael Löwy, Il giovane Marx, Massari Editore, Bolsena (VT) 2001, p. 57.
41. Karl Marx, Kritische Randglossen zu dem Artikel “Der König von Preußen und die Sozialreform. Von einem Preußen“, MEGA² I/2, op. cit., p. 462.
42. Ivi , p. 455.
43. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte, MEGA² I/2, op. cit., pp. 372-373.
44. Ivi , p. 372.
45. Ivi , p. 387.
46. Bruno Bauer (a cura di), «Allgemeine Literatur-Zeitung», Heft 6., Verlag von Egbert Bauer, Charlottenburg 1844, p. 32.
47. Karl Marx, Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie. Einleitung, MEGA ² I/2, op. cit., p. 172.
48. Cet épithète est utilisé par Marx dans la “Sainte famille” pour désigner et railler Bruno Bauer et les autres jeunes hégéliens qui collaboraient à la «Allgemeine Literatur-Zeitung».
49. Ivi , p. 177.
50. Karl Marx, Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie. Einleitung, MEGA² I/2, op. cit., p. 173.
51. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte, MEGA² I/2, op. cit., p. 395.
52. Cfr. Ernest Mandel, op. cit., p. 175.
53. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte, MEGA² I/2, op. cit., p. 390.
54. Friedrich Engels-Karl Marx, Die heilige Familie, Marx Engels Werke, Band 2, Dietz Verlag, Berlin 1962, p. 128.
55. Karl Marx, Ein Briefwechsel von 1843, MEGA² I/2, op. cit., p. 479.
56. Karl Marx, Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie. Einleitung, MEGA² I/2, op. cit., p. 178.
57. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte, MEGA² I/2, op. cit., pp. 373-374.
58. Lettre de F. Engels a K. Marx débat de octobre 1844, MEGA² III/I, Dietz Verlag, Berlin 1975, p. 245; cf aussi F.Engels à K.Marx, 20 janvier 1845 “veille à achever ton livre d’économie politique et même si tu devais ne pas être mécontent de bien des choses n’en tient pas compte, les esprits sont murs et nous devons battre le fer tant qu’il est chaud” ivi, p. 260.
59. Sous la pression du gouvernement prussien, les autorités françaises prirent un décret d’expulsion à l’encontre de divers collaborateur du “Vorwärts”. Marx fut contraint de quitter Paris le 1 février 1845.
60. Marx Engels Werke, Band 27, Dietz Verlag, Berlin 1963, p. 669.
61. Cette chronologie embrasse l’ensemble des quatre cahiers d’étude (étant ainsi exclu le Notizbuch aus den Jahren 1844/47 publié in MEGA², IV/3, pp. 5-30, lequel contient cependant les célèbres Thèses sur Feuerbach) rédigés par Marx pendant son séjour parisien en 1843/45. La date de rédaction étant souvent incertaine, en de nombreux cas, il fallu indiquer la fourchette temporelle dans la quelle on peut estimer que les cahiers ont été rédigés. L’ordre chronologique a été établi à partir à partir du début de cette fourchette temporelle. En outre, Marx n’a pas rédigé ses cahiers les uns après les autres; ils a souvent travaillé en alternant l’écriture d’un cahier à l’autre (voir B19 et B24). C’est pour cette raison que nous avons préféré les cahiers à partir des contenus de leurs différentes parties. Les cahiers qui contiennent les [Manuscrits économico-philosophiques] de 1844 (A7, A8, A9) nous indiquent directement que Marx en est l’auteur; nous plaçons, dans les cadres des parenthèses, les titres des paragraphes qui n’ont pas été choisis par lui mais qui leur ont été attribués par les éditeurs du texte concerné. Enfin, lorsque que pour les auteurs nommés dans la quatrième colonne (caractéristiques des cahiers) on ne précise pas les titres des oeuvres de Marx où ils apparaissent, ces oeuvres sont toujours celles mentionnées dans la deuxième colonne (contenu des cahiers) à l’exception de MH, conservé au Rossiiskii gosudarstvennyi arkhiv sotsial’no-politicheskoi istorii (RGASPI) de Moscou, tous les cahiers de cette période se trouvent au Internationaal Instituut voor Sociale Geschiedenis (IISG) d’Amsterdam, sous les sigles indiqués dans la trosième colonne (Nachlaß).

Categories
Journal Articles

Karl Marx: Le charme indiscret de l’inachevé

Depuis quelques années les chercheurs internationaux ont tourné à nouveau leur attention vers un auteur méconnu: Karl Marx.

Sa pensée, apparemment démodée mais indispensable pour comprendre le présent, est restituée aux champs libres du savoir. Son œuvre, libérée de l’odieuse fonction d’ instrumentum regni à laquelle elle avait été destinée par le passé, suscite un nouvel intérêt.

Les publications de la Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA²), reprises en 1998 après l’interruption qui suivit l’effondrement des pays socialistes, la phase astreignante de réorganisation des directives éditoriales (Richard Sperl, Edition auf hohem Niveau. Zu den Grundsätzen der Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA), p. 215, € 12,90, Argument, Hamburg 2004) et le transfert de sa direction à la Berlin-Brandenburgische Akademie der Wissenschaften, en sont l’exemple le plus significatif. L’objectif du cinquantième volume (le dixième depuis la reprise) des 114 prévus, chacun desquels comprenant deux tomes – le texte plus l’appareil critique – a été récemment atteint .

Nombre d’acquisitions philologiques inhérentes à la nouvelle édition historico-critique soulignent une caractéristique de l’œuvre de Marx : l’inachèvement. Il laissa plus de manuscrits inachevés que de manuscrits publiés et ce fut le cas également pour le Capital, dont la publication complète, i.e. comprenant tous les travaux préparatoires à partir de 1857, sera finalement accomplie dans la seconde section de la MEGA² avant 2007.

Après la mort de Marx, Engels fut le premier à se consacrer à l’entreprise ardue, vu la dispersion du matériel, l’obscurité du langage et l’illisibilité de la graphie, de faire publier le Nachlass fragmentaire de son ami. La parution du troisième livre du Capital (MEGA², II/15. Karl Marx, Das Kapital. Kritik der politischen Ökonomie. Dritter Band. Hamburg 1894, p. 1420, € 178, Akademie Verlag, Berlin 2004), le seul auquel Marx ne parvint pas, même approximativement, à donner une forme définitive, propose à nouveau cet aspect. L’intense activité rédactionnelle de Engels, dans laquelle il prodigua ses meilleures énergies entre 1885 et 1894, aboutit au passage d’un texte très provisoire, composé d’«idées écrites in statu nascendi» et de notes préliminaires, à un autre unitaire duquel naquit un semblant de théorie économique systématique et conclue qui fut par la suite annonciatrice de nombreux malentendus interprétatifs. À ce sujet, le volume précédent (MEGA², II/14. Karl Marx-Friedrich Engels, Manuskripte und redaktionelle Texte zum dritten Buch des „Kapitals“, 1871 bis 1895, p. 1183, € 168, Akademie Verlag, Berlin 2003) est plus intéressant. Il contient les six derniers manuscrits de Marx concernant le troisième livre du Capital, rédigés entre 1871 et 1882, dont le plus important est le volumineux Mehrwertrate und Profitrate mathematisch behandelt de 1875, ainsi que les textes ajoutés par Engels pendant son travail d’éditeur. Ces derniers montrent, très clairement, le parcours accompli jusqu’à la version publiée et permettent finalement, en soulignant la quantité d’interventions sur le texte, nettement supérieures à celles que l’on avait jusque là supposées, d’exprimer une évaluation certaine sur son rôle d’éditeur, et de faire ressortir sa valeur et ses limites. Pour confirmer ultérieurement la valeur de ce livre, il est précisé que 45 des 51 textes présentés sont publiés pour la première fois.

La recherche philologique de MEGA² a donné d’importants résultats également dans la première section, celle qui comprend les ouvrages, les articles et les ébauches de Marx et Engels. Deux volumes sont récemment paru. Le premier (MEGA², I/14. Karl Marx-Friedrich Engels, Werke, Artikel, Entwürfe. Januar bis Dezember 1855, p. 1695, € 188, Akademie Verlag, Berlin 2001) contient deux cents articles et ébauches, rédigés par les deux auteurs en 1855 pour le «New-York Tribune» et la «Neue Oder-Zeitung» de Breslau. À côté de l’ensemble des écrits les plus connus, inhérents à la politique et à la diplomatie européenne, aux réflexions sur la conjoncture économique internationale et à la guerre de Crimée, les études ont permis d’ajouter vingt et un autres textes qui ne leur étaient pas attribués auparavant parce qu’ils avaient été publiés anonymement dans le grand quotidien américain. Le second, en revanche, (MEGA², I/31. Friedrich Engels, Werke, Artikel, Entwürfe. Oktober 1886 bis Februar 1891, p. 1440, € 168, Akademie Verlag, Berlin 2002) présente une partie des travaux du dernier Engels. Le volume est une succession de projets et de notes, dont le manuscrit Rolle der Gewalt in der Geschichte, privé des interventions de Bernstein qui en avait réalisé la première édition; de messages aux organisations du mouvement ouvrier; de préfaces aux rééditions d’écrits déjà publiés et d’articles. Deux parmi ces derniers sont particulièrement intéressants: Die auswärtige Politik des russischen Zarentums, l’histoire de deux siècles de politique étrangère russe parue dans «Die Neue Zeit», avant d’être interdite par Staline en 1934, et Juristen-Sozialismus, écrit avec Kautsky, dont on reconnaît, pour la première fois avec certitude, la paternité de chaque partie.

Les nouveautés de l’édition historico-critique sont vérifiables également dans la troisième section, consacrée à la correspondance. Thème principal d’un récent volume (MEGA², III/13. Karl Marx-Friedrich Engels, Briefwechsel Oktober 1864 bis Dezember 1865, p. 1443, € 168, Akademie Verlag, Berlin 2002), l’activité politique de Marx au sein de l’International Working Men’s Association, constituée à Londres le 28 septembre 1864. Les lettres documentent le travail de Marx dans la période initiale de la vie de l’organisation, pendant laquelle il eut rapidement le rôle le plus prestigieux, et sa tentative d’allier avec le travail scientifique l’engagement public qui le voyait, au bout de seize ans, à nouveau en première ligne. Parmi les questions controversées: la fonction des organisations syndicales dont il souligna l’importance en prenant parti, entre-temps, contre Lassalle et sa proposition de former des coopératives financées par l’ État prussien: «la classe ouvrière est révolutionnaire ou elle n’est rien»; la polémique contre Weston partisan d’ Owen, qui aboutit au cycle de conférences posthumes en 1898 intitulées Salaire, prix et profit; les considérations sur la guerre civile aux États-Unis ; l’opuscule de Engels La question militaire prussienne et le parti ouvrier allemand. L’autre volume de correspondance publié depuis peu (MEGA², III/9. Karl Marx-Friedrich Engels, Briefwechsel Januar 1858 bis August 1859, p. 1301, € 168, Akademie Verlag, Berlin 2003) a comme toile de fond la récession économique de 1857. Elle raviva en Marx l’espoir d’une reprise du mouvement révolutionnaire après la décennie de reflux qui avait suivi la défaite de 1848 : «la crise a creusé comme une vieille taupe habile». Cette attente l’envahit d’une nouvelle productivité intellectuelle et elle le pousse à tracer les grandes lignes de sa théorie économique «avant le déluge», tant espérée, mais encore une fois irréalisée. C’est pendant cette période que Marx rédige les derniers cahiers de ses Grundrisse – observatoire privilégié pour suivre l’évolution de la conception d’auteur – et qu’il décide de publier son œuvre en fascicules, dont le premier, publié en juin 1859, s’intitule Pour la critique de l’économie politique. Sur le plan personnel, cette phase est marquée par la «misère gangrenée»: «je crois que personne n’a jamais écrit sur ‘l’argent’ en manquant autant d’argent». Marx lutte désespérément pour que la précarité de sa propre condition ne l’empêche pas de mener à terme son «Économie» et il déclare : «je dois poursuivre mon objectif à tout prix et ne pas permettre à la société bourgeoise de me transformer en une money-making machine». Cependant, bien qu’il se consacre à la rédaction de son deuxième fascicule, celui-ci ne verra jamais le jour et pour la conclusion du premier livre du Capital le seul achevé, il faudra attendre 1867. Le restant de son immense projet, contrairement au caractère systématique qui lui a souvent été attribué, ne sera réalisé que partiellement et il restera extraordinairement plein de manuscrits abandonnés, d’ébauches provisoires et de projets inachevés.

Fidèle compagnon et damnation de toute la production littéraire de Marx, l’inachevé existe également dans ses œuvres juvéniles. Le premier numéro de la nouvelle série Marx-Engels-Jahrbuch (Karl Marx, Friedrich Engels, Joseph Weydemeyer, Die deutsche Ideologie, p. 400, € 59,80, Akademie Verlag, Berlin 2004), entièrement consacré à L’idéologie allemande, en est la preuve indéniable. Ce livre, anticipation du volume I/5 de la MEGA², dont la parution prévue pour 2008 offrira des parties du manuscrit attribuées correctement à Moses Heß, contrairement aux éditions fournies jusqu’à présent, publie les papiers de Marx et Engels tels qu’ils les ont laissés, c’est-à-dire sans aucune tentative de reconstruction. Les parties contenues dans l’annuaire correspondent aux chapitres I. Feuerbach et II. Sankt Bruno. Les sept manuscrits ayant survécu à la «critique rongeuse des rats» sont recueillis comme textes indépendants et classés par ordre chronologique. Cette édition laisse voir clairement le caractère non unitaire de l’écrit et montre en particulier que le chapitre sur Feuerbach fut loin d’être achevé. De nouvelles bases, définitives, sont donc fournies à l’enquête scientifique pour remonter, avec crédibilité, à l’élaboration théorique de Marx. L’idéologie allemande, considérée parfois même comme l’exposition exhaustive de la conception matérialiste de Marx, est restituée dans son caractère fragmentaire originel.

Signalons, in fine, toujours à propos du jeune Marx, la réédition de la collection des œuvres juvéniles par les chercheurs sociaux-démocrates Landshut et Mayer (Karl Marx, Die Frühschriften, p. 670, € 19,80, Kröner, Stuttgart 2004) qui permirent en 1932, en même temps que la premièreMarx-Engels Gesamtausgabe, de diffuser, malgré plusieurs erreurs quant aux contenus et malgré un mauvais déchiffrage des originaux, les Manuscrits économico-philosophiques de 1844 et L’idéologie allemande, jusqu’alors inédits.

Après les nombreuses saisons marquées par une incompréhension profonde et réitérée de Marx, résultant de la systématisation de sa théorie critique, de l’appauvrissement qui a accompagné sa divulgation, de la manipulation et de la censure de ses écrits et de leur instrumentalisation en fonction des nécessités politiques, l’inachèvement de son œuvre présente un charme indiscret, sans solution de continuité avec les interprétations qui l’ont précédemment dénaturé au point d’en devenir la négation manifeste.

Il en émerge la richesse d’une idée, problématique et polymorphe, et des nombreux sentiers que la Marx Forschung doit encore explorer.

Categories
Journal Articles

The Rediscovery of Karl Marx

Few men have shaken the world like Karl Marx. His death, almost unnoticed, was followed by echoes of fame in such a short period of time that few comparisons could be found in history. His name was soon on the lips of the workers of Detroit and Chicago, as on those of the first Indian socialists in Calcutta.
His image formed the background of the congress of the Bolsheviks in Moscow after the revolution. His thought inspired the programmes and statutes of all the political and union organizations of the workers’s movement, from the whole of Europe to Shanghai.
His ideas have changed philosophy, history and economics irreversibly.
Yet despite the affirmation of his theories, turned into dominant ideologies and state doctrines for a considerable part of humankind in the twentieth century, and the widespread dissemination of his writings, he is still deprived of an unabridged and scientific edition of his works to date. Of the greatest thinkers of humanity, this fate befell exclusively upon him.
The main reason for this peculiar situation lies in the largely incomplete character of Marx’s oeuvre. With the exception of the newspaper articles he wrote between 1848 and 1862, most of which featured in the New-York Tribune, one of the most important newspapers in the world at the time, the works published were relatively few when compared to the amount of works he only partially completed and the imposing extent of research he undertook. Indicatively, in 1881, one of the last years of his life, when asked by Karl Kautsky about the possibility of a complete edition of his works, Marx said: “First of all, they would need to be written”.1
Marx left many more manuscripts than the ones he published. Contrary to what is commonly believed his oeuvre was fragmentary, at times contradictory, and these aspects are evidence of one of its peculiar characteristics: incompleteness. The excessively rigorous method and merciless self-criticism, which made it impossible for him to carry to the end many of the works he began; the conditions of profound poverty and the permanent state of ill health, that tormented him throughout his entire life; his inextinguishable passion for knowledge, not altered by the passing of the years, leading him time and again to new studies; and, finally, the awareness he attained in his later years of the difficulty of confining the complexity of history within a theoretical project, made incompleteness the faithful companion and damnation of his whole intellectual production and his life itself. Other than a small part, the colossal plan of his work was not completed. His incessant intellectual endeavours ended in a literary failure. For all of that, they are not, however, less genial, or any less a fertile ground with extraordinary intellectual implications.2
Nevertheless, despite the fragmentary status of the Nachlass of Marx and his intrinsic aversion to the erection of a subsequent social doctrine, the unfinished work was subverted and a new system, ‘Marxism’, was emerged.

Marx and Marxism: incompleteness versus systematization
After Marx’s death, in 1883, Friedrich Engels was the first to dedicate himself to the very difficult task – due to the dispersion of the material, obscurity of language and the illegibility of the handwriting – of editing his friend’s legacy. His work concentrated on reconstruction and selection from the original materials, on the publication of unedited or incomplete texts and, at the same time, on the republications and translation of writings already known.
Even if there were exceptions, such as the case of the Theses on Feuerbach, edited in 1888 as an appendix to his Ludwig Feuerbach and the End of classical German philosophy, and the Critique of the Gotha Programme, which came out in 1891, Engels focused almost exclusively on the editorial work for the completion of Capital, of which only the first volume was published before Marx’s death. This undertaking, lasting more than a decade, was pursued with the explicit intention of realising “a connected and as far as possible complete work”. 3 Thus, in the course of his editorial activity, based on a selection of texts that were far from final versions, and actually genuinly different variants; and on the need to make the whole uniform, Engels more than reconstructing the genesis and development of the second and third books of Capital, which were far from their definitive version – instead – sent finished volumes to the publishers.
Previously, however, Engels had already directly contributed to a process of theoretical systematization with his own writings. Appearing in 1879, Anti-Dühring, defined by Engels as the “more or less connected exposition of the dialectical method and of the communist world outlook championed by Marx and myself”,4 became a crucial point of reference in the formation of ‘Marxism’ as a system and its differentiation from the eclectic socialism widespread at the time. Evolution of Socialism from Utopia to Science had even more importance: it was a re-elaboration, for the purposes of popularization, of three chapters of the previous work, published for the first time in 1880, and enjoyed a success comparable to that of the Manifesto of the Communist Party.
Even if there was a clear difference between this type of popularization, undertaken in open polemic with the simplistic short-cuts of the encyclopaedic syntheses, and that adopted by the next generation of German social democracy, Engels’s recourse to the natural sciences opened the way to the evolutionistic conception of social Darwinism which, soon after, would also be affirmed in the workers’s movement.
Marx’s thought, indisputably critical and open, even if sometimes marked by deterministic temptations, fell afoul of the cultural climate in Europe at the end of the nineteenth century. Like never before, it was a culture pervaded by the popularity of systematic conceptions; above all by Darwinism. In order to respond to it, the newly born Marxism, that had precociously become an orthodoxy in the pages of the review Die Neue Zeit under Kautsky’s editorship, rapidly conformed to this model.
A decisive factor that helped to consolidate this transformation of Marx’s work into a system can be traced in the modalities that accompanied its diffusion. Booklets of synthesis and very partial compendia were privileged, as demonstrated by the reduced press runs of the editions of his texts at this time. Furthermore, some of his works bore marks of the effects of political instrumentalizations, and the first editions of his writings were published with revisions by the editors. This practice, resulting from the uncertainty of Marx’s legacy, was then increasingly combined with the censorship of some of his writings. The form of a manual, an important means for the export of Marx’s thought throughout the world, certainly represented a very efficacious instrument of propaganda, but it also led to considerable alterations in his initial conception. The circulation of his complex and incomplete work in its encounter with positivism in order to respond to the practical needs of the proletarian party, translated it into a theoretically impoverished and vulgarized version of the original material,5 rendering it barely recognisable in the end and transforming it from Kritik into Weltanschauung.
From the development of these processes a schematic doctrine took shape, an elementary evolutionistic interpretation soaked in economic determinism: the Marxism of the period of the Second International (1889-1914). Guided by a firm though naive conviction in the automatic forward progress of history, and therefore of the inevitable replacement of capitalism by socialism, it demonstrated itself to be incapable of comprehending actual developments, and, breaking the necessary link with revolutionary praxis, it produced a sort of fatalistic quietism that promoted stability for the existing order. 6 In this way this doctrine demonstrated itself to be very distant from Marx, who had already declared in his first work that “history does nothing […] ‘history’ is not, as it were, a person apart, using man as a means to achieve its own aims; history is nothing but the activity of man pursuing his aims”.7
The theory of crisis [Zusammenbruchstheorie] or the thesis of the impending end of bourgeois-capitalist society, which found its most favourable expression in the economic crisis of the great depression unfolding during the twenty years after 1873, was proclaimed as the fundamental essence of scientific socialism. Marx’s affirmations, aiming at the delineation of the dynamic principles of capitalism and, more generally, at describing the tendencies of development within them,8 were transformed into universally valid historical laws from which it was possible to deduce the course of events, even particular details.
The idea of a contradictory agonized capitalism, autonomously destined to breakdown, was also present in the theoretical framework of the first entirely ‘Marxist’ platform of a political party, The Eurfurt Programme of 1891 and in Kautsky’s commentary, which announced how “inexorable economic development leads to the bankruptcy of the capitalist mode of production with the necessity of a law of nature. The creation of a new form of society in place of the current one is no longer something merely desirable but has become inevitable”.9 It was the clearest and most significant representation of the intrinsic limits of the conception of the time, as well as of its vast distance from the man who had been its inspiration.
Even Eduard Bernstein, who conceived of socialism as possibility and not as inevitability and hence signalled a discontinuity with the interpretations that were dominant in that period, read Marx in an equally artificial way, which didn’t differ at all from other readings of the time, and contributed to the diffusion of an image of him, by means of the wide resonance of the Bernstein-Debatte, that was equally false and instrumental.
Russian Marxism, which in the course of the twentieth century played a fundamental role in the popularization of Marx’s thought, followed this trajectory of systematization and vulgarization with even greater rigidity.
Indeed, for its most important pioneer, Georgii Plekhanov, “Marxism is a complete conception of the world”,10 imbued with a simplistic monism on the base of which the superstructural transformations of society proceed simultaneously with economic modifications. In Materialism and Empirico-Criticism of 1909, V.I. Lenin defined materialism as the “recognition of the objective laws of nature, and of the approximately faithful reflex of this law in the head of the individual.”11 The will and conscience of humanity have to adjust themselves “inevitably and necessarily”12 to the necessity of nature. Yet again, the positivistic paradigm had triumphed.
Despite the harsh ideological conflicts of these years, many of the theoretical elements characteristic of the Second International were carried over into those that would mark the cultural matrix of the Third International. This continuity was clearly manifest in the Theory of Historical Materialism published in 1921 by Nikolai Bukharin, according to which “in nature and society there is a definite regularity, a fixed natural law. The determination of this natural law is the first task of science”.13 The outcome of this social determinism, completely concentrated on the development of the productive forces, generated a doctrine according to which “the multiplicity of causes that make their action felt in society does not contradict in the least the existence of a single law of social evolution”.14
Opposing this conception was Antonio Gramsci, for whom “the positioning of the problem like a research into laws, of constant, regular and uniform lines, is linked to a need, conceived in a puerile and naive way, to resolve peremptorily the practical problem of the predictability of historical events”. 15 His clear refusal to reduce Marx’s philosophy of praxis to a crude sociology, to “reducing a conception of the world to a mechanical formula which gives the impression of holding all of history in its pocket”,16 was even more important because it went beyond Bukharin’s text and aimed to condemn that more general orientation that would later predominate, in an unprecedented manner, in the Soviet Union.
With the construal of Marxism-Leninism, the process of corruption of Marx’s thought was given its most definitive manifestation. Deprived of its function as a guide to action, theory became its a posteriori justification. The point of no return was reached with ‘Diamat’ (Dialekticeskij materializm), “the world outlook of the Marxist-Leninist party”.17 J.V. Stalin’s booklet of 1938, On Dialectical Materialism and Historical Materialism, which had a wide distribution, fixed the essential elements of this doctrine: the phenomena of collective life are regulated by “necessary laws of social development”, “perfectly recognisable”, and “the history of society appears as a necessary development of society, and the study of the history of society becomes a science”. That “means that the science of the history of society, despite all the complexity of the phenomena of social life, can become a science just as exact as, for example, biology, capable of utilising the laws of development of society in order to make use of them in practice”18 and that, consequently, the task of the party of the proletariat is to base its activity on these laws. It is evident how the misunderstanding of the concepts of the ‘scientific’ and ‘science’ reached its apex. The scientificity of Marx’s method, based on scrupulous and coherent theoretical criteria, was replaced by methodologies of the natural sciences in which contradiction was not involved. Finally, the superstition of the objectivity of historical laws, according to which these operate like laws of nature independently of men’s will, was affirmed.
Next to this ideological catechism, the most rigid and stringent dogmatism was able to find ample space. Marxist-Leninist orthodoxy imposed an inflexible monism that also produced perverse effects on the writings of Marx. Unquestionably, with the Soviet revolution Marxism enjoyed a significant moment of expansion and circulation in geographical zones and social classes from which it had, until then, been excluded. Nevertheless, once again, the circulation of the texts involved far more manuals of the party, handbooks and ‘Marxist’ anthologies on various arguments, than texts by Marx himself. Furthermore, while the censorship of some texts increased, others were dismembered and manipulated: for example, by practices of extrapolation into purposeful pointed assemblages of citations. The recourse to these was a result of preordained ends, and they were treated in the same way that the bandit Procustus reserved for his victims: if they were too long, they were amputated, if too short, lengthened.
In conclusion, the relation between the promulgation and the non-schematization of a thought, between its popularization and the need not to impoverish it theoretically, is without doubt very difficult to realize, even more so the critical and deliberately non-systematic thought of Marx. At any rate, nothing worse could have happened to him.
Distorted by different perspectives into being a function of contingent political necessities, he was assimilated to these and reviled in their name. From being critical, his theory was utilized as bible-like verses and out of these exegeses was born the most unthinkable paradox. Far from heeding his warning against “writing receipts […] for the cook-shops of the future”,19 he was transformed, instead, into the illegitimate father of a new social system. A very rigorous critic and never complacent with his conclusions, he became instead the source of the most obstinate doctrinarianism. A firm believer in a materialist conception of history, he was removed from his historical context more than any other author. From being certain that “the emancipation of the working class has to be the work of the workers themselves”,20 he was entrapped, on the contrary, in an ideology that saw the primacy of political avant-gardes and the party prevail in their role as proponents of class consciousness and leaders of the revolution. An advocate of the idea that the fundamental condition for the maturation of human capacities was the reduction of the working day, he was assimilated to the productivist creed of Stakhanovism. Convinced of the need for the abolition of the State, he found himself identified with it as its bulwark. Interested like few other thinkers in the free development of the individuality of men, arguing against bourgeois right which hides social disparity behind mere legal equality, that “right, instead of being equal, would have to be unequal”,21 he was accommodated into a conception that neutralized the richness of the collective dimension of social life in the indistincness of homogenization.
The original incompleteness of Marx’s critical work was subjected to the pressure of the systematization of epigones who produced, inexorably, the denaturing of his thought until it was obliterated and turned into its manifest negation.

The odyssey of the publication of the works of Marx and Engels
“Were the writings of Marx and Engels […] ever read in their entirety by anybody outside of the group of close friends and disciples […] of the authors themselves?” asked Antonio Labriola in 1897, regarding what was then known of their works. His conclusions were unequivocal: “reading all the writings of the founders of scientific socialism seems to have been up until now a privilege of initiates”; “historical materialism” had been propagated “by means of an infinity of equivocations, of misunderstandings, of grotesque alterations, of strange disguises and unfounded inventions”.22 In effect, as was later demonstrated by historiographical research, the conviction that Marx and Engels had really been read was the fruit of a hagiographical myth. 23 On the contrary, many of their texts were rare or difficult to find even in the original language. The proposal of the Italian scholar to give life to “a complete and critical edition of all the writings of Marx and Engels” was an unavoidable necessity. For Labriola, what was needed was neither the compilation of anthologies, nor the drawing up of a testamentum juxta canonem receptum. Rather “all the political and scientific activity, all the literary production, even if occasional, of the two founders of critical socialism, needs to be placed at the disposal of readers […] because they speak directly to whoever has the desire to read them”.24 More than a century after his wish, this project has still not been realized.
Aside these prevalently philological evaluations, Labriola proposed others of a theoretical character, of surprising far-sightedness in relation to the period in which he lived. He considered all the incomplete writings and works of Marx and Engels as “the fragments of a science and of a politics that is in continuous becoming”. In order to avoid seeking in them “that which there is not, and that should not be there”, or “a type of vulgate or precepts for the interpretation of history of any time and place”, they could be completely understood only if they were placed in the moment and the context of their genesis. On the other hand, those who “don’t understand thought and knowledge as a work in progress”, or “the doctrinarians and the conceited of every type, who need idols of the mind, the artificers of classical systems valid for eternity, the compilers of manuals and encyclopaedias, vainly seek in Marxism that which it has never thought to offer to anybody”:25 that is, a summarized, faithful solution to the problems of history.
The natural executor of the realization of this opera omnia could not have been anyone other than the Sozialdemokratische Partei Deutschlands, holder of the Nachlaß and whose members had the greatest linguistic and theoretical competencies. Nevertheless, political conflicts within social democracy not only impeded the publication of the imposing mass of unpublished works by Marx, but caused the dispersal of his manuscripts, compromising any suggestion of a systematic edition.26 Unbelievably, the German party did not curate any, treating their literary legacy with the maximum negligence imaginable.27 None of its theoreticians drew up a list of the intellectual estate of the two founders. Nor did they dedicate themselves to collecting the correspondence, extensive but extremely disperded, despite the fact that it was clearly a very useful source of clarification, if not even a continuation, of their writings.
The first publication of the complete works, the Marx Engels Gesamtausgabe (MEGA), occurred only in the 1920s, at the initiative of David Borisovič Ryazanov, director of the Marx-Engels Institute in Moscow. This undertaking also ran aground however, due to the turbulent events of the international workers’s movement, which often established obstacles rather than favoured the publication of their works. The Stalinist purges in the Soviet Union, which also affected the scholars working on the project, and the rise of Nazism in Germany, led to the early interruption of the publication. 28 Such was the contradictory production of an inflexible ideology that drew its inspiration from an author whose works were still in part unexplored. The affirmation of Marxism and its crystallization into a dogmatic corpus preceded an acknowledgement of the texts that it would have been necessary to read in order to understand the formation and evolution of Marx’s thought.29 The early works, in fact, were only published in the MEGA as late as 1927 of the Critique of Hegel’s Philosophy of Right, and 1932 for the Economic and Philosophical Manuscripts of 1844 and The German Ideology. As had already occurred with the second and third book of Capital, they were published in editions in which they appeared as completed works; a choice that would later demonstrate itself to be the source of numerous interpretative misunderstandings. Later still, some of the important preparatory works for Capital, in 1933 the draft chapter 6 of Capital on the ‘Results of the Direct Production Process’, and between 1939 and 1941 the Outline of the Critique of Political Economy, better known as the Grundrisse, were published in a printing run that secured only a very limited circulation. Furthermore, these unpublished writings, like those that followed, when they were not concealed for fear that they could erode the dominant ideological canon, were accompanied by an interpretation functional to political needs that, in the best of hypotheses, made predictable adjustments to predetermined interpretations and never gave rise to a serious comprehensive revaluation of Marx’s work.
The first Russian edition of the collected works was also completed in the Soviet Union between 1928 and 1947: the Sočinenija (Complete Works). In spite of the name, it only included a partial number of writings, but, with 28 volumes (in 33 books) it constituted the most complete collection in quantitative terms of the two authors at the time. The second Sočinenija, then, appeared between 1955 and 1966 in 39 volumes (42 books). From 1956 to 1968 in the German Democratic Republic, at the initiative of the central committee of the SED, 41 volumes in 43 books of the Marx Engels Werke (MEW) were published. Such an edition, however, far from complete,30 was weighed down by introductions and notes which, following the model of the Soviet edition, guided the reader according to the ideology of Marxism-Leninism.
The project of a ‘second’ MEGA, planned as the faithful reproduction with an extensive critical apparatus of all the writings of the two thinkers, was reborn during the 1960s. Nevertheless, these publications, begun in 1975, were also interrupted, this time following the events of 1989. In 1990, with the goal of continuing this edition, the Internationaal Instituut voor Sociale Geschiedenis of Amsterdam and the Karl Marx Haus in Trier formed the Internationale Marx-Engels-Stiftung (IMES). After a difficult phase of reorganization, in the course of which new editorial principles were approved and the publishing house Akademie Verlag took the place of Dietz Verlag, the publication of the so-called MEGA² commenced in 1998.

MEGA²: the rediscovery of a misunderstood author
Contrary to the forecasts that predicted his definitive fall into oblivion, in the last few years Marx has returned to the attention of international scholars. The value of his thought has been reasserted by many and his writings are being dusted off the shelves of the libraries of Europe, the United States and Japan. One of the most significant examples of this rediscovery is precisely the continuation of MEGA². The complete project, in which scholars of various disciplinary competences from numerous countries participate, is articulated in four sections: the first includes all the works, articles and drafts excluding Capital; the second includes Capital and its preliminary studies starting from 1857; the third is dedicated to the correspondence; while the fourth includes excerpts, annotations and marginalia. Of the 114 planned volumes, 53 have already been published (13 since recommencement in 1998), each of which consists of two books: the text plus the critical apparatus, which contains the indices and many additional notes. 31 This undertaking has a great importance when considered that a major part of the manuscripts of Marx, of his voluminous correspondence and the immense mountain of excerpts and annotations that were customary for him to make while he read, have never been published.
The editorial acquisitions of the MEGA² have produced important results in all of the four sections. In the first, Werke, Artikel und Entwürfe, research was recommenced with the publication of two new volumes. The first, ‘Karl Marx-Friedrich Engels, Werke, Artikel, Entwürfe. Januar bis Dezember 1855’,32 includes 200 articles and drafts written by the two authors in 1855 for the New-York Tribune and the Neue Oder-Zeitung of Breslau. Alongside the complex of better known writings connected with politics and European diplomacy, reflections on the international economic conjuncture and the Crimean war, research has made it possible to add 21 other texts previously not attributed because they were published anonymously in the American newspaper. The second, ‘Friedrich Engels, Werke, Artikel, Entwürfe. Oktober 1886 bis Februar 1891’, 33 on the other hand, presents part of the work of the late Engels. The volume alternates between projects and notes. Among these is the manuscript Rolle der Gewalt in der Geschichte, without the interventions of Bernstein who edited its first edition, addresses to the organizations of the workers’s movement, and prefaces for the republication of already published writings and articles. Among the latter, of particular interest are Die auswärtige Politik des russischen Zarentums, the history of two centuries of external Russian politics that appeared in Die Neue Zeit but was subsequently prohibited by Stalin in 1934, and Juristen-Sozialismus, written together with Kautsky, whose paternity of the individual parts has been reconstructed for the first time.
Furthermore, of considerable interest is the first number of the Marx-Engels-Jahrbuch, the new series published by the IMES, entirely dedicated to The German Ideology.34 This book, anticipating vol. I/5 of the MEGA², includes the pages of Marx and Engels that correspond to the manuscripts ‘I. Feuerbach’ and ‘II. Sankt Bruno’. The seven manuscripts that survived the “gnawing criticism of the mice”35 are collected as independent texts and chronologically ordered. From this edition it can be deduced, with clarity, the non-unitary character of the work. New and definite grounds, therefore, are given to scientific research for tracing the theoretical elaboration of Marx with reliability. The German Ideology, considered up until now as the exhaustive exposition of Marx’s materialist conception, now restored to its original fragmentariness.
The research for the second section of the MEGA², ‘Das Kapital’ und Vorarbeiten, has concentrated in recent years on the second and the third book of Capital. The volume ‘Karl Marx, Das Kapital. Kritik der politischen Ökonomie. Zweites Buch. Redaktionsmanuskript von Friedrich Engels 1884/1885’36 includes the text of the second book, compiled by Engels on the basis of seven manuscripts of varying size written by Marx between 1865 and 1881. Engels had in fact received many different versions of the second book from Marx, but no indications to refer to in order to select the one to be published. Instead, he found himself with material of
“careless style full of colloquialisms, often containing coarsely humorous expressions and phrases interspersed with English and French technical terms or with whole sentences and even pages of English. Thoughts were jotted down as they developed in the brain of the author. […] At conclusions of chapters, in the author’s anxiety to get to the next, there would often be only a few disjointed sentences to mark the further development here left incomplete”. 37
Thus Engels had to make determinative editorial decisions. The most recent philological acquisitions estimate that Engels’s editorial interventions in this text amount to circa five thousand: a quantity much greater than that which had been assumed up until now. The modifications consist in additions and cancellations of passages in the text, modifications of its structure, insertion of titles of paragraphs, substitutions of concepts, re-elaborations of some formulations of Marx or translations of words adopted from other languages. The text given to the printers only emerged at the end of this work. This volume, therefore, allows us to reconstruct the entire process of selection, composition and correction of Marx’s manuscripts and to establish where Engels had made his most significant modifications and where he was able, instead, to respect faithfully the manuscripts of Marx – which, to repeat it once more, did not in fact represent the final resting place of his research.
The publication of the third book of Capital, ‘Karl Marx, Das Kapital. Kritik der politischen Ökonomie. Dritter Band’, 38 the only volume to which Marx did not manage, not even approximately, to give a definitive form, involved even more complex editorial interventions. In his preface, Engels underlines how this text was
“a first extremely incomplete draft. The beginnings of the various parts were, as a rule, pretty carefully done and even stylistically polished. But the further one went, the more sketchy and incomplete was the manuscript, the more excursions it contained into arising side-issues whose proper place in the argument was left for later decision”.39
Thus, Engels’s intense editorial work, for which he spent the better part of his energy in the long period between 1885 and 1894, produced the transition from a very provisional text, composed of thoughts “recorded in statu nascendi”40 and preliminary notes, to another, unitary text, from which the semblance of a concluded and systematic economic theory arose.
This becomes amply apparent from the volume ‘Karl Marx-Friedrich Engels, Manuskripte und redaktionelle Texte zum dritten Buch des Kapitals’. 41 It contains the last six manuscripts of Marx regarding the third book of Capital, written between 1871 and 1882. The most important of these is the long section on ‘The relation between the rate of surplus value and the rate of profit developed mathematically’ of 1875, as well as the texts added by Engels during his work as editor. The latter demonstrate with unequivocal exactness the path taken to the published version. A further confirmation of the merit of the book in hand is the fact that 45 of the 51 texts in this volume are here published for the first time. The completion of the second section, now approaching, will finally allow a sure critical evaluation of the state of the originals left by Marx and on the value and the limits of Engels’s editorial work.
The third section of the MEGA², Briefwechsel, contains the letters between Marx and Engels throughout their lives, as well as those between them and the numerous correspondents with whom they were in contact. The total number of the letters in this correspondence is enormous. More than 4,000 written by Marx and Engels (2,500 of which are between themselves) have been found, as well as 10,000 addressed to them by third parties, a large majority of which were unpublished before the MEGA². Furthermore, there is firm evidence of the existence of another 6,000 letters, though these have not been preserved. Four new volumes have been edited which now allow us to re-read important phases of Marx’s intellectual biography through the letters of those with whom he was in contact.
The background to the letters collected in ‘Karl Marx-Friedrich Engels, Briefwechsel Januar 1858 bis August 1859’42is the economic recession of 1857. It rekindled in Marx the hope of an upturn of the revolutionary movement, after the decade of retreat that opened with the defeat of 1848: “the crisis has been burrowing away like the good old mole”.43 This expectation moved him to a renewed vigour in intellectual production and prompted him to delineate the fundamental outlines of his economic theory “before the déluge”,44 hoped for but yet again unrealized. Precisely in this period, Marx writes the last notebooks of his Grundrisse and decides to publish his work in pamphlets. The first of these, published in June 1859, was entitled A Contribution to the Critique of Political Economy. On the personal level, this phase was marked by “deep-rooted misery”:45 “I don’t think that anybody has ever written on ‘money’ with such a lack of money”.46 Marx struggled desperately in order to ensure that the precarity of his position didn’t stop him from finishing his ‘Economics’ and declared: “I have to pursue my goal at all costs and not allow bourgeois society to transform me into a money-making machine”.47 Nevertheless, the second pamphlet didn’t ever see the light of day and the next publication of economics had to wait until 1867, the year in which he sent the first volume of Capital to the printers.
The volumes ‘Karl Marx-Friedrich Engels, Briefwechsel September 1859 bis Mai 1860’48 and ‘Karl Marx-Friedrich Engels,Briefwechsel Juni 1860 bis Dezember 1861’49 contain the correspondence related to the tortuous business of the publication of Herr Vogt and the heated controversy that there was between him and Marx. In 1859, Karl Vogt accused Marx of having instigated a conspiracy against him, as well as being the head of a band that lived by blackmailing those who had participated in the risings of 1848. Thus, in order to protect his own reputation, Marx felt that he was obliged to defend himself. That occurred also by means of a vigorous exchange of letters sent to militants with whom he had had political relations during and after 1848, for the purpose of obtaining from them all possible documents on Vogt. The result was a polemical pamphlet of 200 pages: Herr Vogt. The refutation of the accusations took up Marx’s time for a whole year and forced him to completely interrupt his economic studies. Furthermore, although he had expected to cause a sensation, the German press didn’t pay any attention at all to his book. Private matters in this period fared no better. Next to discouraging problems of a financial nature – at the end of 1861 Marx said “if this [year] turns out to be the same as the one just past, for my part, I would rather prefer the inferno”50 – there were also invariably those of ill health; the latter caused by the former. For some weeks, for example, he had to stop working: “the only occupation with which I can conserve the necessary tranquillity of soul is mathematics”;51 one of the great intellectual passions of his life. Again, at the beginning of 1861, his condition was aggravated by an inflammation of the liver and he wrote to Engels: “I’m suffering like Job, though not as God-fearing”.52 Ravenous for reading he took refuge once again in culture: “in order to mitigate the profound bad mood caused by the situation, uncertain in every sense, I am reading Thucydides. At least these ancients always remain new”.53 At any rate, in August of 1861, he took up his work again with diligence. Up until June 1863, he filled 23 notebooks of 1472 pages in quarto size, which included the Theories of Surplus Value. The first five of these, which concern the transformation of money into capital, were ignored for over 100 years and were published only in 1973 in Russian and in 1976 in the original language.
The principle theme of ‘Karl Marx-Friedrich Engels, Briefwechsel Oktober 1864 bis Dezember 1865’54 is Marx’s political activity within the International Working Men’s Association, founded in London on 28 September, 1864. The letters document Marx’s actions in the initial period of the life of the organization during which he rapidly gained the leading role, and his attempt to combine these public duties, which he took up once again as a primary concern after 16 years, with scientific work. Among the questions that were debated was the function of trade union organization, the importance of which he emphasized while, at the same time, lining up against Lassalle and his proposal to form cooperatives financed by the Prussian State, “the working class is revolutionary or it isn’t anything”;55 the polemic against the Owenite John Weston, which resulted in the cycle of papers collected posthumously in 1898 with the name of Value, Price and Profit; considerations on the civil war in the United States; the pamphlet by Engels on The Prussian Military Question and the German Workers’ Party.
The novelties of the historical critical edition are also noticeable in the fourth section, Exzerpte, Notizen, Marginalien. This contains Marx’s numerous summaries and study notes, which constitute a significant testimony to his mammoth work. From his university years, he adopted the life-long habit of compiling notebooks of extracts from the books he read, often breaking them up with the reflections which they prompted him to make. The Nachlaß of Marx contains approximately two hundred notebooks of summaries. These are essential for the knowledge and comprehension of the genesis of his theory and of the parts of it that he didn’t have the chance to develop as he wished. The conserved extracts, which cover the long arch of time from 1838 until 1882, are written in eight languages – German, Ancient Greek, Latin, French, English, Italian, Spanish and Russian – and treat the widest range of disciplines. They were taken from texts of philosophy, art, religion, politics, law, literature, history, political economy, international relations, technology, mathematics, physiology, geology, mineralogy, agronomy, ethnology, chemistry and physics, as well as newspaper and journal articles, parliamentary reports, statistics, reports, and publications of government offices – as amongst these are the famous ‘Blue Books’, in particular the Reports of the inspectors of factories, which contained investigations of great importance for his studies.
This immense mine of knowledge, in large part still unpublished, was the building site of Marx’s critical theory. The fourth section of MEGA², planned for 32 volumes, will provide access to it for the first time.
Four volumes have recently been published. ‘Karl Marx, Exzerpte und Notizen Sommer 1844 bis Anfang 1847’56 contains eight notebooks of extracts, compiled by Marx between the summer of 1844 and December 1845. The first two belong to his stay in Paris and came just after the Economic and Philosophical Manuscripts of 1844. The other six were written the following year in Brussels, where he went after having been expelled from Paris, and in England, where he stayed during July and August. In these notebooks are the traces of Marx’s encounter with political economy and the process of formation of his first elaborations of economy theory. This emerges clearly from the extracts of manuals of political economy of Storch and Rossi, like those taken from Boisguillebert, Lauderdale, Sismondi and, in relation to machinery and the techniques of manufacture, from Baggage and Ure. Comparing these notebooks with the writings of the period, published and non-published, the incontrovertible influence of these readings on the development of his ideas is evident. The totality of these notes, with the historical reconstruction of their maturating, shows the itinerary and the complexity of his critical thought during this intense period of work. The text, furthermore, also contains the celebrated Theses on Feuerbach.
The volume ‘Karl Marx-Friedrich Engels, Exzerpte und Notizen September 1853 bis Januar 1855’57contains nine extensive notebooks of extracts, compiled by Marx essentially during 1854. They were written in the same period in which he published an important series of articles in the New-York Tribune: those on ‘Lord Palmerston’ between October and December 1853, and reflections on ‘Revolutionary Spain’ between July and December 1854, while the texts on the Crimean war – almost all of them written by Engels – came out until 1856. Four of these notebooks contain annotations on the history of diplomacy taken, principally, from texts of the historians Famin and Francis, of the lawyer and German diplomat von Martens, of the Tory politician Urquhart, as well as from ‘Correspondence relative to the affairs of the Levant’ and ‘Hansard’s parliamentary debates’. The other five, taken from Chateaubriand, from the Spanish writer de Jovellanos, from the Spanish general San Miguel, from his fellow countryman de Marliani and many other authors are, instead, exclusively dedicated to Spain and demonstrate the intensity with which Marx examined its social and political history and culture. Furthermore, the notes from Essai sur l’histoire de la formation et des progrès du Tiers État of Augustin Thierry arouse particular interest. All of these notes are of very important because they reveal the sources Marx drew upon and allow us to understand the way in which he utilized these readings for the writing of his articles. The volume contains, finally, a series of extracts on military history by Engels.
Marx’s great interest in the natural sciences, almost completely unknown, appears in the volume ‘Karl Marx-Friedrich Engels, Naturwissenschaftliche Exzerpte und Notizen. Mitte 1877 bis Anfang 1883’.58 This volume presents the notes on organic and inorganic chemistry from the period 1877-1883, which allow us to discover a further aspect of his work. This is all the more important because these researches help to discredit the false legend, recounted by a large number of his biographies, which portray him as an author who had given up on his own studies during the last decade of his life and had completely satisfied his intellectual curiosity. The published notes contain chemical compositions, extracts from books of the chemists Meyer, Roscoe, Schorlemmer and also notes of physics, physiology and geology – disciplines that witnessed the flourishing of important scientific developments during the last quarter of the nineteenth century, regarding which Marx always wanted to keep himself informed. These studies constitute one of the least explored fields of research on Marx and since they are not directly connected with the execution of the work on Capital, they pose unanswered questions regarding the reasons for this interest. Completing this volume, there are also extracts on analogous related themes written by Engels in the same period.
If Marx’s manuscripts, before being published, have known numerous ups and downs, the books owned by Marx and Engels suffered an even worse fate. After Engels’s death, the two libraries that contained their books with interesting marginalia and underlining were ignored and in part dispersed and, only subsequently, reconstructed and catalogued with difficulty. The volume ‘Karl Marx-Friedrich Engels, Die Bibliotheken von Karl Marx und Friedrich Engels’59 is in fact the fruit of seventy five years of research. It consists of an index of 1,450 books, in 2,100 volumes – or two-thirds of those owned by Marx and Engels – which includes notes of all the pages of each volume on which there are annotations. It is a publication in advance which will be integrated when the MEGA² is completed by the index of books not available today (the total number of those that have been recovered is 2,100 books in 3,200 volumes), with indications of marginalia, present in 40,000 pages of 830 texts, and the publication of comments on readings taken in the margins of the volumes. As many who were in close contact with Marx have noted, he did not consider books as objects of luxury, but instruments of work. He treated them badly, folding the corners of pages, and underlining in them. “They are my slaves and have to obey my will”60 he said of his books. On the other hand, he indulged in them with extreme devotion, to the point of defining himself as “a machine condemned to devour books in order to expel them, in a different form, on the dunghill of history”.61 To be able to know some of his readings – and one should nevertheless remember that his library gives only a partial cross-section of the tireless work that he conducted for decades in the British Museum in London – as well as his comments in relation to these, constitutes a precious resource for the reconstruction of his research. It also helps to refute the false hagiographical Marxist-Leninist interpretation that has often represented his thought as the fruit of a sudden lightning strike and not, as it was in reality, as an elaboration full of theoretical elements derived from predecessors and contemporaries.
Finally, one would have to ask: what new Marx emerges from the new historical-critical edition? Certainly, a Marx different from that accepted for a long time by many followers and opponents. The tortuous process of the dissemination of his writings and the absence of an integral edition of them, together with their fundamental incompleteness, the villainous work of the epigones, the tendentious readings and the more numerous failures to read him, are the fundamental causes of a great paradox: Karl Marx is a misunderstood author, the victim of a profound and often reiterated incomprehension.62 Rather than the stony profile of the statue that was found in many squares of the illiberal regimes of Eastern Europe, representing him showing the way to the future with a dogmatic certainty, today one can now recognize an author that left a large part of his writings incomplete in order to dedicate himself, right up until his death, to further studies that would verify the validity of his theses.
From the rediscovery of his work re-emerges the richness of a problematic and polymorphic thought and of a horizon whose distance the Marx Forschung has still so many paths to travel.

Marx, that ‘dead dog’
Due to theoretical conflicts or political events, interest in Marx’s work has never been consistent and, from the beginning, it has experienced indisputable moments of decline. From the ‘crisis of Marxism’ to the dissolution of the Second International, from the discussions about the limits of the theory of surplus value to the tragedy of Soviet communism, criticisms of the ideas of Marx always seemed to go beyond its conceptual horizon. There has always been, however, a ‘return to Marx’. A new need to keep referring to his work develops and from the critique of political economy to the formulations on alienation or the brilliant pages of political polemics, continues to exercize an irresistible fascination on followers and opponents. Nevertheless, at the end of the century, having been unanimously declared its disappearance, all of a sudden Marx reappeared on the stage of history.
Liberated from the abhorrent function of instrumentum regni, to which it had been consigned in the past and from the chains of Marxism-Leninism from which it is certainly separate, Marx’s work has been redeployed to fresh fields of knowledge and is being read again all over the world. The full unfolding of his precious theoretical legacy, taken away from presumptuous proprietors and constricting modes of use, has become possible once again. However, if Marx isn’t identifiable with the carved Sphinx of the grey ‘real socialism’ of the twentieth century, it would be equally mistaken to believe that his theoretical and political legacy could be confined to a past that doesn’t have anything more to give to current conflicts, to circumscribe his thought to a mummified classic that has no relevance today, or to confine it to merely academic specialism.
The return of interest in Marx goes well beyond the confines of restricted circles of scholars as does the significant philological research, dedicated to demonstrating the diversity of it in respect to the large number of his interpreters. The rediscovery of Marx is based on his persistent capacity to explain the present: he remains an indispensable instrument for understanding it and being able to transform it.
Faced with the crisis of capitalist society and the profound contradictions that traverse it, there is a return to question that author set aside, too quickly, after 1989. Thus, Jacques Derrida’s affirmation, that “it will always be an error not to read, re-read and discuss Marx,63 which only a few years ago seemed to be an isolated provocation, has found increasing approval. From the end of the 1990s, newspapers, periodicals, television and radio broadcasts continually discuss Marx as being the most relevant thinker for our times.64 In 1998, on the occasion of the 150th anniversary of its publication, The Manifesto of the Communist Party was printed in dozens of new editions in every corner of the planet and was celebrated not only as the most read political text in history, but also as the most prescient forecast of the tendencies of capitalism.65 Furthermore, the literature dealing with Marx, effectively disappeared 15 years ago, shows signs of revival in many countries and, next to the flourishing of new studies,66 there are many booklets emerging in different languages with titles such as Why read Marx today? An analogous consensus is enjoyed by the journals open to contributions discussing Marx and various Marxisms,67 just as there are now international conferences, university courses and seminars dedicated to this author. Finally, even if timidly and in often confused forms – from Latin America to Europe, passing through the alternative globalization movement – a new demand for Marx is also being registered in political terms.
What remains of Marx today; how useful his thought is to the struggle for freedom of the human race; what part of his work is most fertile for stimulating the critique of our times; how can one go ‘beyond Marx, with Marx’, are some of the questions that receive answers that are anything but unanimous. If the contemporary Marx renaissance has a certainty, it consists precisely in the discontinuity in respect to the past that was characterized by monolithic orthodoxies that have dominated and profoundly conditioned the interpretation of this philosopher. Even though marked by evident limits and the risk of syncretism, a season has arrived that is characterized by many Marxs, and indeed, after the age of dogmatisms, it could not have happened in any other way. The task of responding to these problems is therefore up to the research, theoretical and practical, of a new generation of scholars and political activists.
Among the Marxs that remain indispensable, at least two can be indicated. One is the critic of the capitalist mode of production. The analytical, perceptive and tireless researcher who intuited and analysed this development on a global scale and described bourgeois society better than any other. That is the thinker who refused to conceive of capitalism and the regime of private property as immutable scenarios intrinsic to human nature and who still offers crucial suggestions to those who want to realize alternatives to neo-liberal economic, social and political organizations. The other Marx to whom great attention should be paid, is the theoretician of socialism: the author who repudiated the idea of state socialism, already propagated at the time by Lassalle and Rodbertus; the thinker who understood socialism as the possible transformation of productive relations and not as a mass of bland palliatives for the problems of society.
Without Marx we will be condemned to a critical aphasia and it seems that the cause of human emancipation needs to continue to use him. His ‘spectre’ is destined to haunt the world and shake humanity for a good while to come.

 

References
1. Karl Kautsky, Mein Erster Aufenthalt in London, in Benedikt Kautsky (ed.), Friedrich Engels’ Briefwechsel mit Karl Kautsky, Danubia Verlag, Wien (1955), p. 32
2. Cf. Maximilien Rubel, Marx critique du marxisme, Paris, Payot 2000, pp. 439-40
3. Friedrich Engels, Vorwort to Karl Marx, Das Kapital, Zweiter Band, Marx Engels Werke, Band 24, Dietz Verlag, Berlin (1963), p. 7
4. Friedrich Engels, ‘Vorworte zu den drei Auflagen’ of Herrn Eugen Dührings Umwälzung der Wissenschaft, MEGA² I/27, Dietz Verlag, Berlin (1988), p. 492
5. Cf. Franco Andreucci, La diffusione e la volgarizzazione del marxismo, in Eric J. Hobsbawm et al. (eds), Storia del marxismo, vol. 2, Einaudi, Turin (1979), p. 15
6. Cf. Erich Matthias, Kautsky und der Kautskyanismus, in Marxismusstudien II, Tübingen, Mohr, (1957), p. 197
7. Friedrich Engels and Karl Marx, Die heilige Familie, Marx Engels Werke, Band 2, Dietz Verlag, Berlin (1962), p. 98
8. Cf. Paul M. Sweezy, The Theory of Capitalist Development, Monthly Review Press, New York and London (1942), p. 19 and p. 191
9. Karl Kautsky, Das Erfurter Programm, in seinem grundsätzlichen Teil erläutert, Verlag J.H.W. Dietz Nachf. GmbH, Hannover (1964), p. 131f
10. Gheorghi V. Plekhanov, Fundamental Problems of Marxism, Martin Lawrence Ltd, London (n.d.) pp. 3-4
11. Vladimir Ilic Lenin, Materialism and Empirio-Criticism, in V.I. Lenin, Lenin Collected Works, Progress Publishers, Moscow (1972) vol. 14, p. 153
12. Ibid ., p. 187
13. Nikolai I. Bukharin, Theory of Historical Materialism, International Publishers, Moscow (1921), p. 18
14. Bukharin, Theory of, p. 248
15. Antonio Gramsci, Quaderni del carcere, Valentino Gerratana (ed.), Einaudi, Turin (1975), p. 1403
16. Ibid. , p. 1428
17. Josef V. Stalin, Dialectical and Historical Materialism, Lawrence & Wishart, London (1941), p. 5
18. Ibid. , pp. 13-15
19. Karl Marx, Nachwort to Das Kapital, Erster Band, MEGA2 II/6, Dietz Verlag, Berlin (1987), p. 704
20. Karl Marx, Provisional Rules of the International Working Men’s Association, MEGA2 I/20, Akademie Verlag, Berlin (2003), p. 13
21. Karl Marx, Kritik des Gothaer Programms, Marx Engels Werke, Band 19, Dietz Verlag, Berlin (1962), p. 21
22. Antonio Labriola, Discorrendo di socialismo e filosofia, Scritti filosofici e politici, Franco Sbarberi (ed.), Einaudi, Turin (1973), pp. 667-69
23. Marx’s biographers Boris Nikolaevskij and Otto Maenchen-Helfen correctly affirm, in the Foreword to their book, that “of the thousands of socialists, maybe only one has read an economic work of Marx; of the thousands of anti-Marxists, not even one has read Marx”. Cf. Karl Marx. Eine Biographie, Dietz, Berlin, (1976), p. VII
24. Labriola, Discorrendo, p. 672
25. Ibid. , pp. 673-677
26. Cf. Maximilien Rubel, Bibliographie des œuvres de Karl Marx, Rivière, Paris (1956), p. 27
27. Cf. David Ryazanov, ‘Neueste Mitteilungen über den literarischen Nachlaß von Karl Marx und Friedrich Engels’, in Archiv für die Geschichte des Sozialismus und der Arbeiterbewegung, Hirschfeld, Leipzig (1925), see in particular pp. 385-386
28. Ryazanov was dismissed and condemned to deportation in 1931 and the publications were interrupted in 1935. Of the 42 volumes originally planned, only 12 (in 13 books) were printed. Cf. Marx and Engels, Historisch-kritische Gesamtausgabe. Werke, Schriften, Briefe, under the direction of the Marx-Engels-Institut (from 1933 Marx-Engels-Lenin-Institut of Moscow) David Ryazanov (ed.) (from 1932 Vladimir Adoratskij), Frankfurt am Main, Berlin, Moskau-Leningrad, Moskau, Marx-Engels-Verlag, 1927-1935
29. Cf. Rubel, Marx critique, p. 81
30. The publications did not include, for instance, the Economic and Philosophical Manuscripts of I844or the Grundrisse, which were added later. Nonetheless, many analogous editions in other languages were based on the MEW. A reprint of this edition started in 2006
31. Detailed information on the MEGA2 is available at www.bbaw.de/vs/mega
32. MEGA² I/14, H.-J. Bochinski and M. Hundt (eds), Akademie Verlag, Berlin (2001)
33. MEGA² I/31, R. Merkel-Melis (eds), Akademie Verlag, Berlin (2002)
34. Karl Marx and Friedrich Engels and Joseph Weydemeyer,Die deutsche Ideologie. Artikel, Druckvorlagen, Entwürfe, Reinschriftenfragmente und Notizen zu‚ I. Feuerbach’ und‚ II. Sankt Bruno’, in Marx-Engels-Jahrbuch 2003, Akademie Verlag, Berlin (2004)
35. Karl Marx, Zur Kritik der politischen Ökonomie. Erstes Hefte, MEGA² II/2, Dietz Verlag, Berlin (1980) p. 102
36. MEGA² II/12, I. Omura, K. Hayasaka, R. Hecker, A. Miyakawa, S. Ohno, S. Shibata and R. Yatuyanagi (eds), Akademie Verlag, Berlin (2005)
37. Engels, Vorwort to Karl Marx, Das Kapital, Zweiter Band, p. 7
38. MEGA² II/15, R. Roth, E. Kopf and C.E. Vollgraf (eds), Akademie Verlag, Berlin (2004)
39. Friedrich Engels, Vorwort to Karl Marx, Das Kapital, Dritter Band, MEGA² II/15, p. 6
40. Ibidem , p. 7
41. MEGA² II/14, C.E. Vollgraf and R. Roth (eds), Akademie Verlag, Berlin (2003)
42. MEGA² III/9, V. Morozova, M. Uzar, E. Vashchenko and J. Rojahn (eds), Akademie Verlag, Berlin (2003)
43. Karl Marx to Friedrich Engels, 22 February 1858, Ibid., p. 75
44. Karl Marx to Friedrich Engels, 8 December 1857, MEGA² III/8, Dietz Verlag, Berlin (1990), p. 210
45. Karl Marx to Friedrich Engels, 16 April 1859, MEGA² III/9, p. 386
46. Karl Marx to Friedrich Engels, 21 January 1859, Ibid., p. 277
47. Karl Marx to Joseph Weydemeyer, 1 February 1859, Ibid., p. 292
48. MEGA² III/10, G. Golovina, T. Gioeva, J. Vasin and R. Dlubek (eds), Akademie Verlag, Berlin (2000)
49. MEGA² III/11, R. Dlubek and V. Morozova (eds), Akademie Verlag, Berlin (2005)
50. Karl Marx to Friedrich Engels, 27 December 1861, Ibid., p. 636
51. Karl Marx to Friedrich Engels, 23 November 1860, Ibid.., p. 229
52. Karl Marx to Friedrich Engels, 18 January 1861, Ibid., p. 319
53. Karl Marx to Ferdinand Lassalle, 29 May 1861, Ibid., p. 481
54. MEGA² III/13, S. Gavril’chenko, I. Osobova, O. Koroleva and R. Dlubek (eds), Akademie Verlag, Berlin (2002)
55. Karl Marx to Johann Baptist von Schweitzer, 13 February 1865, Ibid., p. 236
56. MEGA² IV/3, G. Bagaturija, L. Čurbanov, O. Koroleva and L. Vasina (eds), Akademie Verlag, Berlin (1998)
57. MEGA² IV/12, M. Neuhaus and C. Reichel (eds), Akademie Verlag, Berlin (2007)
58. MEGA² IV/31, A. Griese, F. Fessen, P. Jäckel and G. Pawelzig, Akademie Verlag (eds), Berlin (1999)
59. MEGA² IV/32, H. P. Harstick, R. Sperl and H. Strauß (eds), Akademie Verlag, Berlin (1999)
60. Paul Lafargue, ‘Karl Marx. Persönliche Erinnerungen’, in Vv. Aa., Erinnerungen an Karl Marx, Dietz Verlag, Berlin (1953), p. 152
61. Karl Marx to Laura and Paul Lafargue, 11 April 1868, Marx Engels Werke, Band 32, Dietz Verlag, Berlin (1965), p. 545
62. Next to the ‘Marxist’ misunderstanding outlined here so far , the ‘anti-Marxist’ misunderstanding of liberals and conservatives should also be noted, which is just as profound because full of prejudiced hostility
63. Jacques Derrida, Spectres de Marx, Galilée, Paris (1993), p. 35
64. The first article in this direction that had a certain resonance was John Cassidy’s, ‘The return of Karl Marx’, published in The New Yorker, 20 October 1997, pp. 248-259. Then it was the turn of the BBC, who conferred on Marx the crown of the greatest thinker of the millennium. A few years later, the weekly Nouvel Observateur was dedicated to the theme ‘Karl Marx – le penseur du troisième millénaire?’, Nouvel Observateur, 1 October 2003. Soon after, Germany paid its tribute to the man once forced into exile for 40 years: in 2004, more than 500,000 viewers of the national television station ZDF voted Marx the third most important German personality of all time (he was first, instead, in the category of ‘contemporary relevance’) and during the last political elections, the famous magazine Der Spiegel carried his image on the cover, giving the victory sign, under the title Ein Gespenst kehrt zurück (A spectre is back); Der Spiegel, 22 August 2005. Completing this curious collection, there was the poll conducted in 2005 by the radio station BBC4, which gave Marx the prize of the philosopher most admired by the English listeners
65. In particolar, see Eric Hobsbawm, ‘Introduction’ to Karl Marx-Friedrich Engels, The Communist Manifesto, Verso, London (1998)
66. It would be impossible here to enlist the numerous books published in the course of the past few years; but those that had the most public and critical acclaim will be mentioned. Two new and best selling biographies – Francis Wheen, Karl Marx, Fourth Estate, London (1999) and Jacques Attali,Karl Marx ou l’esprit du monde, Fayard, Paris (2005) – drew much attention to the life of the thinker from Trier. Moishe Poistone’s text Time, Labour and Social Domination – Cambridge University Press, Cambridge – was unfittingly published in 1993 and since then reprinted several times; like this text, Terrell Carver’s The Postmodern Marx, Manchester University Press, Manchester (1998) and Michael A. Lebowitz’s Beyond Capital, Palgrave, London (2003, 2nd edn), were also marked by an innovative overall interpretation of Marx’s thought. On the other hand, on his early writings a recent work is worth mentioning, that is David Leopold’sThe Young Karl Marx: German Philosophy, Modern Politics, and Human Flourishing, CUP, Cambridge (2007). In addition, John Bellamy Foster, Marx’s Ecology, Monthly Review Press, New York (2000), and Paul Burkett, Marxism and Ecological Economics, Brill, Boston (2006) are noteworthy for having approached Marx to the environmental question. Finally, as evidence of the widespread interest in the world, a mention goes to the English translation of the main works on this topic by the Latin American thinker Enrique Dussel, Towards an unknown Marx, Routledge, London (2001), that of several studies from Japan collected by Hiroshi Uchida in Marx for the 21st century, Routledge, London (2006), as well as the theoretical development of a new generation of Chinese researchers that is increasingly familiar with Western languages and further away from the tradition of dogmatic Marxism
67. Among the most important journals are Monthly Review, Science & Society, Historical Materialism and Rethinking Marxism in the Anglophone world; Das Argument and the Marx-Engels-Jahrbuch in Germany; Actuel Marx in France; Critica Marxista in Italy and Herramienta in Argentina

Categories
Journal Articles

Marx contra Vogt. Apuntes para una bioografía intelectual de los años 1860-1861

A través del último volumen de la Marx-Engels Gesamtausgabe (MEGA2), accedemos a la publicación completa de la correspondencia de Karl Marx entre 1860-1861: un capítulo demasiado poco explorado de su biografía intelectual.
Este período comprende la redacción del polémico escrito El señor Vogt, los esbozos de El capital, los artículos periodísticos para el New York Tribune y para el Die Presse, además de los estudios realizados a través de minuciosas lecturas, las vicisitudes de su salud y la incierta fortuna de su existencia, causada por la profunda miseria que lo oprimía.

Vicisitudes editoriales de las obras de Marx y Engels
A pesar de la enorme difusión de los escritos y de la amplia afirmación de sus teorías, Marx y Engels todavía carecen de una edición integral y científica de sus obras. La primera razón de esta paradoja se debe al carácter incompleto y fragmentario de la obra de Marx, de la cual, excluyendo los artículos periodísticos editados entre 1848 y 1862, los trabajos publicados fueron relativamente pocos si se los compara a todos los realizados solo parcialmente o a la imponente mole de investigaciones desarrolladas. Esto lo testimonió el mismo Marx, cuando en 1881, en uno de sus últimos años de vida, al ser consultado por Karl Kautsky sobre la posibilidad de una edición completa de sus obras, respondió: “antes que nada éstas deberían escribirse”. En segundo lugar, sobre la publicación de los trabajos de los dos autores han influido las vicisitudes del movimiento obrero, que a menudo lejos de favorecer, obstaculizaron la edición de sus textos.
El primer intento de publicar todos los escritos de Marx y Engels se remonta a los años veinte, cuando David Borissovitch Riazanov, formidable estudioso y conocedor de Marx, además de director del Instituto Marx-Engels en la naciente república de los Soviets, dispuso la publicación en el idioma original a través de la Marx-Engels Gesamtausgabe (MEGA). Sin embargo, a causa de las purgas del estalinismo, que también recayeron sobre los estudiosos del instituto -el mismo Riazanov fue destituido y condenado al exilio en 1931-, el proyecto fue interrumpido en 1935, y de los 42 volúmenes inicialmente previstos, fueron entregados a las imprentas solamente 12 (en 13 tomos). También en la Unión Soviética, desde 1928 a 1946, fue publicada la primera edición en ruso: la Sochineniya (obras completas). Aunque, pese a su nombre, ella reproducía solo un número parcial de los escritos, sus 28 volúmenes (en 33 tomos) conformaron, para la época, la compilación cuantitativamente más consistente de los dos autores. La segunda Sochineniya, en cambio, apareció entre 1955 y 1966 en 39 volúmenes (42 tomos).
Desde 1956 hasta 1968, en la República Democrática Alemana, por iniciativa del Comité Central de la SED, fueron impresos los 41 volúmenes (en 43 tomos) de la Marx Engels Werke (MEW). Sin embargo, esa edición, lejos de ser completa, resultaba tediosa por las introducciones y las notas que, concebidas de acuerdo al modelo de la edición soviética, orientaban la lectura según la concepción del “marxismo-leninismo”. No obstante lo cual, ella constituyó la base de numerosas ediciones análogas en otros idiomas, entre las cuales también están las Opere italianas, que nunca fueron completadas y aparecieron solo en 32 de los 50 volúmenes previstos.
El proyecto de una “segunda” MEGA, que se proponía reproducir de manera fiel y con un amplio aparato crítico todos los escritos de los dos pensadores, renació durante los años sesenta. Sin embargo, las publicaciones iniciadas en 1975 también fueron interrumpidas, esta vez luego de la caída del bloque de los ‘países socialistas’.
En 1990, con el objetivo de completar la edición histórico-crítica, distintos institutos en Holanda, Alemania y Rusia conformaron la ” Internationale Marx-Engels-Stiftung” (IMES). Desde 1998, luego de una meticulosa fase de reorganización en la que fueron preparados nuevos principios editoriales y después del traspaso de casa editora -de la Dietz Verlag al la Akademie Verlag-, se retomó la publicación de la Marx-Engels Gesamtausgabe, la denominada MEGA2. Esta iniciativa reviste de una gran importancia si se considera que una parte considerable de los manuscritos, de la imponente correspondencia, y de la inmensa mole de resúmenes y anotaciones que Marx solía hacer de los textos que leía, permanece inédita. El proyecto integral, del cual participan estudiosos que trabajan en Alemania, Rusia, Japón, Estados Unidos, Holanda, Francia y Dinamarca, se divide en cuatro secciones: la primera comprende todas las obras, los artículos y los bosquejos excluido El capital; la segunda, El capital y todos sus trabajos preparatorios a partir de 1857; la tercera, el epistolario; la cuarta, los resúmenes, las anotaciones y las notas al margen. Hasta hoy, de los 114 volúmenes han sido publicados 52 (12 luego de su continuación en 1998), cada uno de los cuales consta de dos tomos: el texto más el aparato, que contiene los índices y muchos datos adicionales. [1]

La correspondencia de Marx y Engels
El volumen que aquí se presenta – Marx y Engels Gesamtausgabe (MEGA2), Dritte Abteilung, Band 11: Briefwechsel Juni 1860 bis Dezember 1861, Akademie Verlag, Berlin 2005 – es el último editado. Éste incluye una parte de la correspondencia que Marx y Engels intercambiaron en el transcurso de sus vidas y el que mantuvieron con los numerosos corresponsales con los que estuvieron en contacto. El número total de las cartas de este epistolario es enorme. Han sido encontradas, de hecho, más de 4.000 escritas por Marx y Engels, de las cuales 2.500 son aquellas que se intercambiaron directamente y 10.000 son las escritas por ellos a terceros. Además, otras 6.000, aunque no fueron transmitidas, han dejado un cierto testimonio de su existencia. Luego de las nuevas líneas editoriales adoptadas en la MEGA2, todas las cartas siguen rigurosamente el criterio de la sucesión cronológica y los volúmenes ya no están divididos, como en el pasado, en dos partes distintas, una con las cartas escritas por Marx y Engels, y otra con las recibidas por ellos.
El texto que se examina presenta la correspondencia intercambiada entre junio y diciembre del año 1861, período que comprende, esencialmente, las tortuosas vicisitudes relativas a la publicación de Herr Vogt y al violento encuentro que hubo entre éste y Marx. De las 386 cartas conservadas, 133 son las escritas por Marx y Engels, y 253 son las que ellos recibieron -entre éstas, 204 son publicadas por primera vez-. De las primeras 133, 95 son las intercambiadas entre ambos, 73 fueron escritas por Marx a Engels y 22 por Engels a Marx (de la reconstrucción de la correspondencia, sin embargo, ha surgido que al menos 17 cartas de Engels a Marx no fueron transmitidas). Finalmente, son once las cartas escritas por Ferdinand Lassalle a Marx.

El señor Vogt
Representante de la izquierda en la Asamblea nacional de Frankfurt entre 1848-1849, Karl Vogt era, al mismo tiempo, profesor de ciencias naturales en Ginebra, donde vivía exiliado. En la primavera de 1859, publicó un panfleto Studien zur gegenwärtige Lage Europas, en el que sostuvo el punto de vista bonapartista en política externa. En junio del mismo año, apareció en Londres un volante anónimo que denunciaba las intrigas de Vogt a favor de Napoleón III, en particular, sus intentos de corromper a algunos periodistas para que dieran versiones filo-bonapartistas de los sucesos políticos en curso. La acusación -que como luego se demostró fue obra de Karl Blind, periodista y escritor alemán emigrado en Londres- fue retomada por el periódico semanal Das Volk, en el que también colaboraban Marx y Engels, y por el Allgemeine Zeitung.
Esto indujo a Vogt a promover una acción legal contra el periódico alemán, que no pudo impugnar la denuncia a causa del anonimato en el que Blind quiso permanecer. Aunque la demanda fuera rechazada, Vogt fue el vencedor moral de todo el asunto, y al publicar el informe de los acontecimientos ( Mein Prozess gegen die Allgemeine Zeitung), acusó a Marx de ser el inspirador de un complot en su contra y el jefe de una banda que vivía amenazando a quienes habían participado en los movimientos revolucionarios de 1848, chantajeándolos con revelar sus nombres si no estaban dispuestos a pagar el precio del silencio [2].
Además de tener eco en Francia e Inglaterra, el escrito de Vogt tuvo un gran suceso en Alemania y causó una gran conmoción en la prensa liberal: “naturalmente el júbilo de la prensa burguesa no tiene límites [3]”. En particular, el National-Zeitung publicó un resumen de dos extensos artículos fundamentales en enero de 1860. Como consecuencia, Marx demandó al periódico por difamación, pero el “Supremo Tribunal Real Prusiano” rechazó la instancia decretando que los artículos no sobrepasaban los límites de la crítica permitida, y que de ellos no resultaba la intención de ofender. El sarcástico comentario que Marx hizo sobre la sentencia fue: “como aquel turco que le cortó la cabeza a un griego, sin malas intenciones” [4].
El texto de Vogt mezclaba, con hábil maestría, sucesos verdaderos y otros completamente inventados, para poder despertar dudas sobre la historia real de la emigración entre quienes no estaban al tanto de todos los hechos. Para salvaguardar su propia reputación, Marx se sintió obligado a organizar su defensa y, por eso, a fines de febrero de 1860, comenzó a juntar el material para un libro contra Vogt. Realizó esto utilizando dos caminos. Ante todo, escribió decenas de cartas a los militantes con los que había tenido relaciones políticas durante y después de 1848, con el fin de obtener todos los documentos posibles referidos a Vogt [5]. Además, para ilustrar de la mejor manera posible la política de los principales Estados europeos y revelar el rol reaccionario de Bonaparte, desarrolló extensos estudios sobre la historia política y diplomática de los siglos XVII, XVIII y XIX [6]. Sin duda, esta última parte es la más interesante del escrito, además -junto con la que contiene la reconstrucción de la historia de la “Liga de los Comunistas”- es la única que conserva valor para el lector contemporáneo.
De todos modos, como le sucedía siempre a Marx, sus estudios aumentaron mucho las dimensiones del libro que le “crecía bajo las manos” [7], y los tiempos para completarlo se prolongaron cada vez más. De hecho, no obstante Engels lo exhortara: “sé, pues, al menos una vez un poco superficial para poder salir justo a tiempo” [8], y escribiera a Jenny Marx: “nosotros siempre hacemos las cosas más estupendas, pero las hacemos siempre de modo que no salen justo a tiempo, y así todas caen al vacío (…) les pido que hagan lo posible para que se haga algo, pero de inmediato, para encontrar al editor y para que el opúsculo finalmente esté listo” [9], Marx se decidió a terminarlo recién en noviembre. Él hubiera querido titular el libro “Dá-Dá-Vogt” [10], para evocar la semejanza de opiniones entre Vogt y el periodista bonapartista árabe contemporáneo a él, Dá-Dá- Roschaid. Éste, traduciendo los panfletos bonapartistas en árabe por orden de las autoridades de Argel, había definido al emperador Napoleón III como “el sol de beneficencia, la gloria del firmamento” [11], y a Marx nada le parecía más apropiado para Vogt que el epíteto de “Dá-Dá alemán” [12]. Sin embargo, Engels lo convenció de optar por el más comprensible Herr Vogt (El señor Vogt).
Ulteriores problemas se manifestaron respecto al lugar de la publicación del libro. Engels, a propósito, recomendó vivamente hacer salir el libro en Alemania: “es necesario evitar a toda costa imprimir tu opúsculo en Londres (…) Ya hemos experimentado cientos de veces con la literatura de la emigración, siempre sin ningún resultado, siempre dinero y trabajo tirados por nada y para colmo la rabia” [13]. Pero dado que ningún editor alemán estaba disponible, Marx publicó el libro en Londres con el editor Petsch, lo que fue posible gracias a una colecta de dinero para pagar los gastos. Engels comentó que hubiese sido “preferible imprimir en Alemania y era absolutamente necesario lograrlo (:) un editor alemán (…) bien tiene otra fuerza para desarticular la conspiration du silence” [14].
La refutación de las acusaciones de Vogt mantuvo ocupado a Marx durante un año entero, obligándolo a suspender totalmente sus estudios económicos que, según el contrato convenido con el editor Duncker de Berlín, debían haber proseguido a Para una crítica de la economía política, publicada en 1859. Aparentemente, el entusiasmo que lo había invadido durante este suceso contagió también a quienes le eran más cercanos. La mujer Jenny hallaba en El señor Vogt una fuente de “placer y deleite sin fin”; Engels afirmó que la obra era “ciertamente el mejor trabajo polémico que (él hubiese) escrito hasta ahora”[15]; Lassalle saludó el texto como “algo magistral en todos los sentidos” [16]; Wilhelm Wolf, finalmente, dijo: “es una obra maestra de principio a fin” [17].
En realidad, para poder ser hoy comprendido en todas sus referencias y alusiones, El señor Vogt requeriría un amplio comentario. Además, todos los principales biógrafos de Marx han sido unánimes en considerar esta obra como una notable pérdida de tiempo y energías. Al recordar cómo distintos conocidos de Marx habían intentado disuadirlo de emprender esta empresa, Franz Mehring afirmaba que “estamos tentados a desear que él hubiese escuchado esas voces porque ésta obstaculizó (…) la gran obra de su vida (…) a causa del costoso gasto de fuerza y tiempo que derrochó sin una ganancia real” [18]. Con semejante parecer, en 1929, Karl Vorländer escribía: “hoy, después de dos generaciones, razonablemente se puede dudar si valía la pena desperdiciar en esta miserable cuestión, que duró casi un año, tanto trabajo espiritual y tantos gastos financieros para escribir un opúsculo, en el que arremetía contra el odiado adversario, de 191 páginas redactado con brillante argucia, con lemas y citas de toda la literatura mundial (Fischart, Calderón, Shakespeare, Dante, Pope, Cicerón, Boiardo, Sterne, y la literatura en medio-alto alemán)” [19]. También Nikolaevsky y Maenchen-Helfen blasfemaban el hecho de que: “Marx había empleado más de un año en defenderse contra un intento de acabar con su vida política con las denuncias (y que) solo hacia la mitad de 1861 pudo retomar su obra de economía” [20]. También según David McLellan, la polémica contra Karl Vogt “fue un claro ejemplo de la singular capacidad (de Marx) para utilizar una gran cantidad de energías en argumentos absolutamente insignificantes, y de su talento para la inventiva” [21]. Francis Wheen, finalmente, se ha cuestionado de este modo: “para responder a las calumnias publicadas sobre la prensa suiza por un oscuro político llamado Karl Vogt, ¿era realmente necesario escribir un libro de doscientas páginas?” Y a continuación, señalaba que: “los cuadernos de economía permanecieron cerrados sobre su escritorio mientras su autor se distraía con una disputa tan espectacular como superflua (…) una violenta réplica que, ya sea por su extensión como por su tono furibundo, superaba ampliamente el panfleto originario al que quería responder” [22].
Aquello que más sorprende de este escrito es el uso excesivo de referencias literarias en las argumentaciones de Marx. Junto con los autores ya mencionados por Vorländer, sobre el escenario de esta obra aparecen, entre otros, Virgilio, distintos personajes de la Biblia traducida por Lutero, Schiller, Byron, Hugo y, naturalmente, los amadísimos Cervantes, Voltaire, Goethe, Heine y Balzac [23]. Sin embargo, estas citas -y por tanto el precioso tiempo ocupado para construirlas- no respondían solamente al deseo de Marx por mostrar la superioridad de su cultura sobre la de Vogt o al de hacer el panfleto más agradable a los lectores a través de satíricos ribetes; ellas reflejaban dos características esenciales de la personalidad de Marx. La primera es la enorme importancia que él le asignó, durante todo el transcurso de su existencia, al estilo y a la estructura de sus obras, aún de las menores o de las polémicas como El señor Vogt. Siempre le suscitaban una gran indignación la mediocridad, la forma vulgar, la construcción incierta y con errores de gramática, la falta de lógica en las formulaciones y la presencia de muchos errores en gran parte de los escritos con los que, en sus muchas batallas, el discrepó [24]. Por eso, junto al conflicto de naturaleza teórica, también arremetía contra la vulgaridad intrínseca, la falta de calidad en las obras de sus contendientes, y quería mostrarles no sólo la precisión de lo que él escribía, sino también cuál era el mejor modo de hacerlo.
La segunda impronta típicamente marxiana, que se entreve a través del imponente trabajo preparatorio de El señor Vogt, es la agresividad y la irrefrenable virulencia con la que se lanzaba contra sus adversarios directos, ya fueran filósofos, economistas o militantes y se llamaran Bauer, Stirner, Proudhon, Vogt, Lassalle o Bakunin. Marx quería aniquilarlos, demostrar de todas las formas posibles la falta de fundamento de sus concepciones, obligarlos a rendirse impidiéndoles producir objeciones a sus aserciones. Así, conducido por este ímpetu, estaba tentado a sepultar a sus contrincantes bajo montañas de argumentaciones críticas, y cuando esta furia se apoderaba de él, al punto de hacerle perder de vista también su proyecto de crítica de la economía política, hete aquí que no se contentaba más ‘sólo’ con Hegel, Ricardo o con los acontecimientos históricos, sino que utilizaba a Esquilo, Dante, Shakespeare y Lessing.
El señor Vogt fue como un encuentro fatal entre estos dos componentes de su carácter. Un cortocircuito causado por uno de los ejemplos más eclécticos de la picardía literaria tan odiada por Marx y por la voluntad de destruir al enemigo que, con la mentira, había amenazado la credibilidad e intentado manchar su historia política.
Con este libro, Marx esperaba suscitar revuelo e intentó cuanto pudo para hacer hablar a la prensa alemana. Sin embargo, ni los periódicos ni el mismo Vogt le concedieron ninguna atención: “los perros (…) quieren matar el asunto con el silencio” [25]. También “la publicación de una reelaboración francesa, muy abreviada, que estaba por imprimirse” [26], fue impedida ya que el texto fue alcanzado por la censura e introducido en la lista de los volúmenes prohibidos. Durante la vida de Marx y Engels no apareció ninguna otra edición de El señor Vogt y tampoco fueron reimpresos más que breves pasajes escogidos. El libro traducido al italiano fue publicado recién cincuenta años después, en 1910, por el editor Luigi Mongini.

Contra la miseria y la enfermedad
Contribuyeron a prolongar los retrasos del trabajo de Marx y a complicar terriblemente su situación personal sus dos enemigas de siempre: la miseria y la enfermedad. De hecho, en este período, la condición económica de Marx fue verdaderamente desesperante. Rodeado por las demandas de los muchos acreedores y con el espectro constante de las imposiciones del broker, el oficial judicial en puertas, él se lamentaba con Engels afirmando: “no sé cómo podré arreglármelas, porque los impuestos, las escuelas, la casa, las droguerías, el carnicero, dios y el diablo no quieren darme más tregua” [27]. A fines de 1861, la situación se volvió todavía más grave y para resistir, junto a la constante ayuda del amigo – hacia el cual sentía una gratitud inmensa “por las extraordinarias pruebas de amistad”[28] -, Marx estuvo obligado a empeñar “todo salvo las paredes de la casa” [29]. Siempre al amigo, escribió: “de qué júbilo no me habría colmado el ánimo el fiasco del sistema financiero decembrista pronosticado por mí tan ampliamente y reiteradamente en elTribune, si fuera libre de estas piojerías y no viese a mi familia aplastada por estas miserables angustias!” [30]. Además, a fines de diciembre, al dirigir los augurios para las vísperas del año nuevo, se expreso así: “si éste tuviera que ser igual al pasado, por lo que me concierne, más bien preferiría el infierno”[31].
Los desconsolantes problemas de naturaleza financiera iban acompañados de los de salud, que contribuían a generar. El estado de profunda depresión en el que cayó por muchas semanas la esposa de Marx, Jenny, la volvió más receptiva para la viruela, que contrajo a fines de 1860 y puso seriamente en riesgo su vida. Durante toda la enfermedad y la convalecencia de su compañera, Marx estuvo cuidándola constantemente y retomó su actividad recién cuando Jenny estuvo fuera de peligro. En el tiempo trascurrido, tal como le escribió a Engels, trabajar había estado totalmente fuera de cuestión: “la única ocupación con la que puedo conservar la tranquilidad de ánimo necesaria es la matemática” [32], una de las mayores pasiones intelectuales de su vida. Pocos días después, agregaba, además, que una circunstancia que lo había “ayudado mucho (había) sido un terrible dolor de muelas”.
De hecho, habiendo ido al dentista para hacerse sacar un diente, éste le dejó por error una esquirla que le produjo en la cara “hinchazón y dolor y le cerró media garganta” ¿Y la ayuda, pues? Era justamente eso. De hecho, Marx afirmaba estoicamente: “este malestar físico estimula mucho las facultades del pensar y por eso la capacidad de abstracción, puesto que, como dice Hegel, el pensamiento puro o la nada son lo mismo” [33]. No obstante los problemas, en el curso de estas semanas tuvo la oportunidad de leer muchos libros, entre ellos El origen de las especies de Charles Darwin, publicado el año anterior. El comentario que Marx comunicó por carta a Engels estaba destinado a provocar discusiones entre filas de estudiosos y militantes socialistas: “por cuanto está desarrollado someramente en inglés, aquí está el libro que contiene los fundamentos históricos-naturales de nuestro modo de ver” [34]. A continuación de este período, a principios de 1861, las condiciones de Marx se agravaron a causa de una inflamación en el hígado que ya había padecido el verano anterior: “estoy atormentado como Job, aunque no tan temeroso de Dios” [35]. En particular, el estar encorvado le producía un enorme sufrimiento y le fue imposible escribir. De modo que, para superar la “inmunda situación que (le) imposibilita(ba) trabajar” [36], se refugió una vez más en las lecturas: “a la tarde, para aliviarme (leo) las guerras civiles romanas de Apio en el texto original griego. Es un libro de gran valor, Espartaco figura como el hombre más inteligente de toda la historia antigua, como un gran general (no un Garibaldi), de carácter noble, real representative del antiguo proletariado” [37].

Y mientras tanto la economía espera…
Recuperado de la enfermedad, a fines de febrero de 1861, Marx se trasladó a Zalt-Bomme, en Holanda, en busca de una solución para sus dificultades financieras. Allí encontró la ayuda del tío Lion Philips, hombre de negocios y hermano del padre del futuro fundador de la fábrica de lámparas de la cual desciende una de las más importantes empresas de aparatos electrónicos del mundo, que aceptó anticiparle 160 esterlinas de la futura herencia materna. De aquí Marx se dirigió clandestinamente a Alemania, donde, en Berlín, fue huésped de Lassalle por cuatro semanas. Éste último le había solicitado reiteradas veces promover juntos la fundación de un órgano de “partido” y ahora, con la amnistía promulgada en enero de 1861, también se presentaban las condiciones para que Marx reobtuviera la ciudadanía prusiana que le había sido quitada luego de la expulsión de 1849, y se trasladase a Berlín.
Sin embargo, el escepticismo de Marx en relación a Lassalle impidió que el proyecto fuera considerado seriamente [38]. Al regreso de su viaje, se lo describió a Engels de la siguiente manera: “Lassalle, deslumbrado por la consideración de la que goza en ciertos círculos doctos por su Heráclito y en otro círculo de inmoderados con el buen vino y la cocina, naturalmente no sabe que en el gran público está desacreditado. Además están su prepotencia, su enredo en el ‘concepto especulativo’ (el jovenzuelo hasta sueña con escribir una nueva filosofía hegeliana a la segunda potencia), el estar infectado de viejo liberalismo francés, su pluma difusa, su importunismo, la falta de tacto, etc. Lassalle, mantenido bajo una rígida disciplina, podría prestar servicios como uno de los redactores. De otro modo sólo comprometería las cosas” [39]. El juicio de Engels no era distinto, ya que lapidariamente escribía: “no se puede corregir a este hombre” [40]. De todos modos, la solicitud de ciudadanía de Marx fue rechazada rápidamente y, dado que él nunca se naturalizó en Inglaterra, permaneció apátrida por el resto de su vida.
De esta estadía alemana, la correspondencia de Marx ofrece divertidos informes que facilitan la comprensión de su carácter. Sus hospedantes, Lassalle y su compañera, la condesa Sophie von Hatzfeldt, se dedicaron generosamente a organizar para él una serie de actividades que únicamente sus cartas muestran cuán profundamente las detestara. En una breve reseña de los primeros días trascurridos en la ciudad, lo vemos en apuros con la frivolidad. El martes a la tarde se encontraba entre los espectadores de una “comedia berlinesa de autocomplacencia prusiana: en definitiva un asunto desagradable”. El miércoles fue obligado a asistir a tres horas de ballet en la Opera -“algo de verdad mortalmente aburrido”- y para colmo “horribile dictu” [41], “en un palco muy cerca al del ‘lindo Guillermo’” [42], el rey en persona. El jueves Lassalle dio un almuerzo en su honor del que participaron algunas ‘celebridades’. Lejos de alegrarse por la circunstancia, como ejemplo de la consideración que tenía por sus comensales, Marx describió a su vecina de mesa, la redactora literaria Ludmilla Assig, de esta manera: “es la criatura más fea que jamás haya visto en vida, con una horrible fisonomía hebraica, una nariz delgada muy saliente, siempre sonriente y riendo burlonamente, hablando una prosa poética, esforzándose continuamente por decir algo extraordinario, fingiendo entusiasmo y salpicando saliva sobre sus oyentes durante los espasmos de sus éxtasis” [43]. A Carl Siebel, poeta renano y lejano pariente de Engels, escribió: “acá me aburro mortalmente. Soy tratado como una especie de león de salón y estoy obligado a ver a muchos señores y señoras ‘de ingenio’. Es terrible” [44] . A continuación, mientras escribía a Engels: “Berlín tampoco es más que un pueblucho”, a Lassalle no podía negarle que la cosmopolita Londres ejercía en el “una extraordinaria atracción”, si bien admitía vivir “como un ermitaño en este agujero gigantesco” [45]. Y así, después de pasar por Elberfeld, Bermen, Colonia, su Tréveris y luego también por Holanda, regresó el 29 de abril.
Esperándolo estaba su “Economía”. Como es sabido, en junio de 1859 Marx había publicado el primer fascículo de Para la crítica de la economía política y tenía programado continuarlo con una segunda entrega lo más rápido posible. No obstante los optimistas anuncios que solía hacer a propósito – en noviembre de 1860 escribió a Lassalle: “pienso que durante pascua podrá salir la segunda parte” [46] -, por los sucesos hasta aquí mencionados trascurrieron en vano más de dos años hasta que pudo volver a sus estudios. Por otra parte, estaba profundamente frustrado por las circunstancias y en julio se lamentó con Engels: “no avanzo tan rápido como querría, porque tengo muchos problemas domésticos” [47]; todavía en diciembre: “mi escrito avanza, pero lentamente. De hecho, no era posible resolver rápidamente esas cuestiones teóricas en medio de tales circunstancias. Por tanto, será mucho más popular y el método estará mucho más disimulado que en la primera parte” [48]. De todos modos, en agosto de 1861 volvió a trabajar incesantemente en su obra, y ya para junio de 1863 había redactado los 23 cuadernos -de 1472 páginas en cuartillas- que comprenden las Teorías sobre la plusvalía.
La primera de las tres fases de esta nueva redacción de la “Economía”, relativa a los primeros cinco cuadernos de este grupo, se extendió desde agosto de 1861 hasta marzo de 1862. Ellos tratan la transformación del dinero en capital -tema abordado en el primer libro de El Capital- y constituyen la primera redacción existente sobre tal argumento. A diferencia de las Teorías sobre la plusvalía, entregadas a las imprentas por Kautsky entre 1905 y 1910, si bien en una edición tergiversada y a menudo poco conforme con los originales, estos cuadernos fueron ignorados por más de cien años. Recién en 1973 fueron publicados por primera vez en una traducción rusa, como volumen adjunto (número 47) de la Sochineniya, y la versión en el idioma original salió sólo en 1976, en la “segunda” MEGA [49].

Periodismo y política internacional
También durante la última fase de 1861, Marx retomó su colaboración con el New York Tribune y escribió para el periódico liberal de Viena Die Presse. La mayor parte de sus cartas de este período estuvieron dedicadas a la guerra civil en los Estados Unidos. En ella, según Marx, “la lucha se disputa(ba) entre la forma más alta de autogobierno popular jamás realizada hasta ahora y la más abyecta forma de esclavitud humana que la historia conozca”[50]. Esta valoración vuelve evidente, más que cualquier otra posible, el abismo que lo separaba de Garibaldi, que había rechazado la oferta del gobierno del norte de asumir un puesto de mando en el ejército, porque consideraba que esa guerra sólo era un conflicto de poder y no concernía a la emancipación de los esclavos. Con respecto a tal posición y en relación a un intento de pacificación entre las partes del italiano, Marx comentó con Engels: “ese burro de Garibaldi se volvió ridículo con la carta sobre la concordia a los yankees” [51]. Además, en sus artículos, Marx analizó las recaídas económicas del conflicto americano causadas por Inglaterra, de la que examinó el desarrollo del comercio, la situación financiera y las opiniones que atravesaban a la sociedad. En relación a este punto, una interesante referencia también se encuentra en una carta a Lassalle: “naturalmente toda la prensa oficial inglesa está a favor de los slave-holders (esclavistas). Son absolutamente los mismos personajes que han cansado al mundo con su filantropismo contra el comercio de esclavos, pero: ¡algodón, algodón!” [52]
Finalmente, siempre en las cartas a éste último, Marx desarrolló distintas reflexiones relativas a uno de los temas políticos en el que puso el mayor empeño por aquellos años: la violenta oposición a Rusia y a sus aliados Henry Palmerston y Luis Bonaparte. En particular, Marx se dedicó a aclarar a Lassalle la legitimidad de la convergencia, en esta batalla, entre su ‘partido’ y el de David Urquhart, un político tory de opiniones románticas. Sobre éste, que en los primeros años cincuenta había tenido la audacia de re-publicar, con un objetivo anti-ruso y anti-whig, los artículos de Marx contra Palmerston aparecidos en el órgano oficial de los cartistas ingleses, escribió: “ciertamente es un reaccionario desde el punto de vista subjetivo (…) eso de ningún modo le impide al movimiento que él dirige en política exterior ser objetivamente revolucionario (…) el asunto me es indiferente como sería para ti, por ejemplo, si en una guerra contra Rusia, tu vecino disparara a los rusos por motivos nacionales o revolucionarios” [53]. Y además: “por el resto va de suyo que en política exterior frases como ‘reaccionario’ o revolucionario’ no sirven para nada” [54].
En fin, también se remonta a 1861 la primera fotografía conocida de Marx [55]. La imagen lo representa mientras posa de pie con las manos apoyadas sobre una silla delante suyo. Los espesos cabellos aparecen ya blancos, mientras que la barba tupida es color negro corvino. La mirada decidida permite que se trasluzca no la amargura por las derrotas sufridas y por las muchas dificultades que lo oprimían, sino más bien la firmeza de ánimo que lo distinguió durante toda su vida. No obstante, la inquietud y la melancolía también lo recorrían a él, que en el mismo período en el que fue tomada esa foto escribía: “para mitigar el profundo mal humor causado por mi situación en todo sentido incierta, leo a Tucídides. Al menos estos antiguos permanecen siempre nuevos” [56] ¿Cómo no afirmar también hoy, aún limitándonos a leer únicamente sus cartas, lo mismo del gran clásico de la Modernidad que es Karl Marx?

 

Traducción realizada por Mora Scillamá. Revisión de Francisco T. Sobrino

 

References
1. Información detallada en www.bbaw.de/vs/mega.
2. En 1870, en las cartas de los archivos franceses publicadas por el gobierno republicano luego del segundo Imperio, se encontraron los documentos que comprobaban que Vogt había sido pagado por Napoleón III. De hecho, en agosto de 1859, éste le había dado 40.000 francos de sus fondos secretos.
3. Karl Marx a Friedrich Engels, 31 de enero de 1860, en Marx- Engels Opere, vol. XLI, Editori Riuniti, Roma 1973, pág. 17.
4. Kart Marx, Herr Vogt, en Marx Engels Opere, vol. XVII, Editori Riuniti, Roma 1986, pág. 271.
5. A cerca de la importancia de estas cartas como medio de comunicación política entre los militantes de la revolución de 1848- 1849, y para examinar el conflicto entre Marx y Vogt desde una perspectiva general – no sólo desde el punto de vista de Marx, como también hace este escrito- remitirse a Christian Jansen, Politischer Streit mit harten Bandagen. Zur brieflichen Kommunikation unter den emigrierten Achtundvierzigern – unter besonderer Berücksichtigung der Controverse zwischen Marx und Vogt, en Jürgen Herres-Manfred Neuhaus (bajo el cuidado de), Politische Netzwerke durch Briefkommunikation, Akademie Verlag, Berlín 2002, pp. 49-100, que analiza las motivaciones políticas que habrían inducido a Vogt a responder a Bonaparte. El ensayo también contiene un apéndice de cartas escritas por Vogt y otras dirigidas a él. También son interesantes, porque carecen de la previsible y a menudo doctrinal interpretación marxista, los textos de Jacques Grandjonc- Hans Pelger, Gegen die “Agentur Fazy/Vogt. Karl Marx’ “Herr Vogt”(1860) y Georg Lommels, “Die Wahrheit über Genf” (1865). Quellen- und textgeschichtliche Anmerkungen, ambos en «Marx-Engels-Forschungs-berichte», 1990 (Nr. 6), pp. 37-86, y también de Lommels, Les implicationes del’affaire Marx-Vogt, en Jean Claude Pont- Daniele Bui- Francoise Dubosson- Jan Lacki (bajo el cuidado de), Carl Vogt (1817-1895). Science, philosophie et politique, Georg, Chêne-Bourg 1998, págs. 67-92.
6. Fruto de estas investigaciones fueron los seis cuadernos con extractos de libros, revistas y periódicos de las más diversas orientaciones. Este material -denominado Vogtiana -, que muestra el modo en que Marx utilizaba los resultados de sus estudios para las obras que escribía, está todavía inédito y se publicará en el volumen IV/16 de la MEGA2.
7. Karl Marx a Friedrich Engels, 6 de diciembre de 1860, en MEGA2 III/11, Akademie Verlag, Berlín 2005, p. 250; tr. it. Marx-Engels Opere, vol. XLI, op. cit., pág. 135.
8. Friedrich Engels a Karl Marx, a más tardar el 29 de junio de 1860, op. cit., pág. 72; tr. it., op. cit., pág. 83.
9. Friedrich Engels a Jenny Marx, 15 de agosto de 1860, op. cit., pág. 113; tr. it., op. cit., pág. 604.
10. Karl Marx a Friedrich Engels, 25 de septiembre de 1860, op. cit., pág. 180; tr. it., op. cit., pág. 108.
11. Cfr. Karl Marx, Herr Vogt, op. cit., pág. 180.
12. Ibídem.
13. Friedrich Engels a Karl Marx, 15 de septiembre de 1860, in MEGA² III/11, op. cit., pág. 158; tr. it. Marx-Engels Opere, vol.XLI, op. cit., pág. 103.
14. Friedrich Engels a Karl Marx, 5 de octubre de 1860, op. cit., pág. 196; tr. it., op. cit., pág. 114.
15. Friedrich Engels a Karl Marx, 19 de diciembre de 1860, op. cit., pág. 268; tr. it., op. cit., pág. 143.
16. Ferdinand Lassalle a Karl Marx, 19 de enero de 1861, op. cit., pág. 321.
17. Wilhelm Wolff a Karl Marx, 27 de diciembre de 1860, op. cit., pág. 283.
18. Franz Mehring, Vita di Marx, Editori Riuniti, Roma 1972, pág. 295.
19. Karl Vorlaender, Karl Marx, Sansoni, Florencia 1948, págs. 209-210.
20. Boris Nikolaevsky- Otto Maenchen- Helfen, Karl Marx. La vita e l’opera, Einaudi, Turín 1969, p. 284.
21. David McLellan, Karl Marx, Rizzoli, Milán 1976, p. 317.
22. Francis Wheen, Marx. Vita pubblica e privata, Mondadori, Milán 2000, pp. 145, 204 e 207.
23. A propósito, se remite a las consideraciones del fundamental S. S. Prawe, La biblioteca di Marx, Garzanti, Milán, 1978, que afirma: «en Herr Vogt parece que Marx fuera incapaz de considerar cualquier fenómeno político o social sin asociarlo a alguna referencia a la literatura mundial», p. 263. También señala que este texto puede ser estudiado «como antología de los distintos métodos que Marx utilizaba para incorporar alusiones y citas literarias en sus polémicas», p. 260. Por otra parte, la considerable importancia de las influencias literarias de Marx en sus obras y el muy erudito caudal cultural de su teoría crítica, cada vez llaman más la atención. A propósito: Thomas M. Kemple,Reading Marx Writing. Melodramma, the Market and the ‘Grundrisse’, Stanford University Press, Stanford 1995 y el reciente Francis Wheen, Marx’s Das Kapital. A biography, Atlantic Books, Londres 2006.
24. Sobre este punto consultar también las brillantes consideraciones de S. S. Prawer, op. cit., pág. 264.
25. Karl Marx a Friedrich Engels, 22 de enero de 1861, en MEGA2 III/11, op. cit., pág. 325; tr. it. MARX ENGELS Opere, vol. XLI, op. cit., pág. 162.
26. Karl Marx a Friedrich Engels, 16 de mayo de 1861, op. cit., pág. 476; tr. it., op. cit., pág. 188.
27. Karl Marx a Friedrich Engels, 29 de enero de 1861, op. cit., pág. 333; tr. it., op. cit., pág. 164.
28. Karl Marx a Friedrich Engels, 27 de febrero de 1861, op. cit., pág. 380; tr. it., op. cit., pág. 177.
29. Karl Marx a Friedrich Engels, 30 de octubre de 1861, op. cit., pág. 583; tr. it., op. cit., pág. 217.
30. Karl Marx a Friedrich Engels, 18 de noviembre de 1861, op. cit., pág. 599; tr. it., op. cit, pág. 222.
31. Karl Marx a Friedrich Engels, 27 de diciembre de 1861, op. cit., pág. 636; tr. it., op. cit., pág. 237.
32. Karl Marx a Friedrich Engels, 23 de noviembre de 1860, op. cit., pág. 229; tr. it., op. cit., pág. 124.
33. Karl Marx a Friedrich Engels, 28 de noviembre de 1860, op. cit., pág. 236; tr. it., op. cit., pág. 128.
34. Karl Marx a Friedrich Engels, 19 de diciembre de 1860, op. cit., pág. 271; tr. it., op. cit., pág. 145.
35. Karl Marx a Friedrich Engels, 18 de enero de 1861, op. cit., pág. 319; tr. it., op. cit., pág. 160.
36. Karl Marx a Friedrich Engels, 22 de enero de 1861, op. cit., pág. 325; tr. it., op. cit., pág. 162.
37. Karl Marx a Friedrich Engels, 27 de febrero de 1861, op. cit., pág. 380; tr. it., op. cit., pág. 176.
38. Para más información sobre este período de Marx trascurrido en Berlín, consultar el reciente artículo de Rolf Dlubek, Auf der Suche nach neuen politischen Wirkungsmöglichkeiten. Marx 1861 in Berlin, en «Marx-Engels Jahrbuch», 2004, Akademie Verlag, Berlín 2005, págs. 142-175.
39. Karl Marx a Friedrich Engels, 7 de mayo de 1861, en MEGA2 III/11, op. cit., pág. 460; tr. it. Marx- Engels Opere, vol. XLI, op. cit., págs. 180-181.
40. Friedrich Engels a Karl Marx, 6 de febrero de 1861, op. cit., pág. 347; tr. it., op. cit., pág. 171
41. Karl Marx a Antoinette Philips, 24 de marzo de 1861, op. cit., pág. 404; tr. it., op. cit., pág. 642.
42. Karl Marx a Friedrich Engels, 10 de mayo de 1861, op. cit., pág. 470; tr. it., op. cit., pág. 186.
43. Karl Marx a Antoinette Philips, 24 de marzo de 1861, op. cit., pág. 404; tr. it., op. cit., pág. 642.
44. Karl Marx a Carl Siebel, 2 de abril de 1861, op. cit., pág. 419; tr. it., op. cit., pág. 646.
45. Karl Marx a Ferdinand Lassalle, 8 de mayo de 1861, op. cit., pág. 464; tr. it., op. cit., pág. 656.
46. Karl Marx a Ferdinand Lassalle, 15 de septiembre de 1860, op. cit., pág. 161; tr. it., op. cit., pág. 615.
47. Karl Marx a Friedrich Engels, 20 de Julio de 1861, op. cit., pág. 542; tr. it., op. cit., pág. 212.
48. Karl Marx a Ferdinand Lassalle, 9 de diciembre de 1861, op. cit., pág. 616; tr. it., op. cit., pág. 230.
49. MEGA2 II/3.1, Dietz Verlag, Berlín 1976. La traducción italiana apareció rápidamente bajo el cuidado de Lorenzo Calabi: Karl Marx, Manoscritti del 1861-1863, Editori Riuniti, Roma 1980, pero no logró que se la incluyera en los volúmenes de las Opere.
50. Karl Marx, Der Bürgerkrieg in den Vereinigten Staaten, 7-XI-1861, en MEW 15, Dietz Verlag, Berlín 1961, pág. 339.
51. Karl Marx a Friedrich Engels, 10 de junio de 1861, en MEGA² III/11, op. cit., pág. 493; tr. it. Marx- Engels Opere, vol. XLI, op. cit., pág. 190.
52. Karl Marx a Ferdinand Lassalle, 29 de mayo de 1861, op. cit., pág. 480; tr. it., op. cit., pág. 658.
53. Karl Marx a Ferdinand Lassalle, 1 o 2 de junio de 1860, op. cit., pág. 19; tr. it., op. cit., pág. 596.
54. Karl Marx a Ferdinand Lassalle, 1 o 2 de junio de 1860, op. cit., pág. 20; tr. it., op. cit., pág. 597.
55. La fotografía puede ser del mes de abril, véase MEGA2 III/11, op. cit., pág. 465.
56. Karl Marx a Ferdinand Lassalle, 29 de mayo de 1861, op. cit., pág. 481; tr. it. MARX ENGELS Opere, vol. XLI, op. cit., pág. 659.

Categories
Journal Articles

Korunknak címzett bírálat: Karl Marx újrafelfedezéséhez

Mély teoretikus dimenziókban mozog a Marx kutató szerző tanulmánya: egyfelől az alapító atya hagyatékának szisztematizálását állítja szembe a dialektika nyitottságával, másfelől a mozgalmi szükségletek tudománnyal szembeni eluralkodását látja érvényre jutni az oroszországi recepció során.
Amikor is a társadalmi lét sajátlagos objektivitását a természettudományos megismerés szükségszerűségei vették át, á la Kautsky – szemben Antonio Gramsci korabeli törekvéseivel.

Bevezetés
A világra kevesen gyakoroltak olyan megrendítő hatást, mint Karl Marx. Bár halálát nagy csend övezte, életművének jelentősége meglepően rövid idő elteltével a történelemben szinte példátlan elismertséget nyert. Rá hivatkoztak Detroit és Chicago munkásai éppúgy, mint az első indiai szocialisták Kalkuttában. A forradalom után Moszkvában összehívott bolsevik kongresszus alaphangját az ő szellemisége adta meg. Eszméi inspirálták a munkásság politikai és szakszervezeti mozgalmainak programját és szabályzatait Európától Sanghajig.
Gondolatai végérvényesen megváltoztatták a filozófia, a történelem és a közgazdaságtan irányát.
Ám annak ellenére, hogy elméletét szerte a világon elismerik, mi több, munkája a XX. század folyamán az emberiség jelentős része számára domináns ideológiává és állami doktrínává is vált, és írásai széles körben hozzáférhetők, még mindig nem áll rendelkezésünkre műveinek korszerű, csonkítatlan és tudományos alaposságú kiadása. Az emberiség legjelentősebb gondolkodói közül Marx az egyetlen, akinek a művei erre a sorsra ítéltettek.
E sajátos helyzet legfőbb oka főképpen Marx oeuvre-jének alapvetően befejezetlen jellege. Az 1848 és 1862 között írt újságcikkektől eltekintve, melyek jórészt a New York Tribune című lapban – a korszak egyik legjelentősebb napilapjában – láttak napvilágot, az életében publikált munkáinak száma viszonylag alacsony volt, szemben a csak részben befejezett művekkel, illetve az óriási mennyiségű kutatási és jegyzetanyaggal. Jellemző, hogy amikor 1881-ben (tehát Marx életének vége felé) Karl Kautsky felvetette Marxnak, hogy szükség volna művei teljes kiadására, Marx így válaszolt: „Először is meg kéne írni őket.” 1
Marx jóval több kéziratot hagyott hátra, mint amennyit megjelentetett. Ellentétben a közkeletű elképzeléssel, oeuvre-je töredékes, időnként egymásnak ellentmondó elemekből áll, s életművének ez az aspektusa ékes bizonyítéka egyik sajátos vonásának: a befejezetlenségnek. A szélsőségesen rigorózus módszer és a könyörtelen önkritika szinte lehetetlenné tette, hogy elkezdett műveinek többségét befejezze; a mélységes nyomor, az állandó betegségek, melyek egész életében kínozták; csillapíthatatlan szomja az új ismeretek befogadására semmit sem csökkent az évek múlásával, újabb meg újabb kérdések tanulmányozásához vezetett; és végül az utolsó éveiben megerősödött felismerése, hogy a történelem komplexitását szinte lehetetlen az elméleti megközelítés keretei közé zárni, egész intellektuális művének, mi több, magának az életének is elválaszthatatlan társává és átkává tette a befejezetlenséget. Egy kis részt leszámítva életművének kolosszális terve nem vált kézzelfogható valósággá. Szüntelen intellektuális erőfeszítései a megformálás sikertelenségébe fulladtak. Ám mindezek ellenére sem állíthatjuk, hogy életműve kevésbé volna zseniális, vagy hogy elképesztő szellemi hordereje kevésbé lenne termékenyítő hatású. 2
Annak ellenére, hogy Marx hagyatéka töredékes jellegű, s hogy a szerző ösztönösen idegenkedett egy szisztematikus társadalmi doktrína kidolgozásától, a befejezetlen művet később szétzilálták, és helyébe új rendszer, a „marxizmus” lépett.

Marx és a marxizmus: töredékesség versus rendszerezés
Marx halála után 1883-ban Friedrich Engels volt az első, aki annak az elképesztően nehéz feladatnak szentelte magát (hiszen az anyag rendezetlen volt, a megfogalmazás sokszor homályos, a kézírás olvashatatlan), hogy barátja hagyatékát rendszerezze és kiadja. Engels elsődlegesen az eredeti anyagok rekonstrukciójára és válogatására, illetve a publikálatlan és töredékes szövegek kiadására törekedett, és ezzel egyidejűleg a korábban már megjelent szövegeknek az újbóli kiadására és fordítására vállalkozott.
Még ha akadtak is kivételek – mint például aTézisek Feuerbachról című mű, mely 1888-ban a Ludwig Feuerbach és a klasszikus német filozófia vége című kötet függelékeként jelent meg, továbbá A g othai program kritikája, amelyet 1891-ben adtak ki -, Engels szinte kizárólag A tőke befejezésére koncentrálta kiadói erőfeszítéseit, mivel e nagy műből csak az első kötet látott napvilágot Marx életében. Engels e vállalkozásának, mely több mint egy évtizedig tartott, az volt a kimondott célja, hogy „összefüggő és a lehetőségekhez képest teljes művet” 3 hozzon létre. Így szerkesztői tevékenysége során Engels a távolról sem végleges és egymástól gyökeresen különböző szövegek válogatását végezte el, és attól a céltól vezérelve, hogy az egész anyagot egységesítse, nem pusztán rekonstruálta A tőke második és harmadik kötetének genezisét és fejlődését (melyek igen távol voltak a végleges formától), hanem a kiválogatott részleteket egységesítve befejezett, kész kötetekként adta át a kiadónak.
Ám Engels saját írásaival már korábban is közvetlenül hozzájárult a hagyaték elméleti rendszerezéséhez. Az 1879-ben megjelent Anti-Dühring, amely szerinte „a Marx által és általam képviselt dialektikus módszernek és kommunista világnézetnek többé-kevésbé összefüggő kifejtésébe csapott át”, 4 döntő hivatkozási pontja lett a „marxizmusnak” mint rendszernek a megteremtése során, valamint a világban akkorra már széles körben elterjedt eklektikus szocializmusról való leválasztásakor. A szocializmus fejlődése az utópiától a tudományig még nagyobb jelentőséggel bírt: az először 1880-ban publikált mű az Anti-Dühring három fejezetének átdolgozása volt, kimondottan népszerűsítő célokat szolgált, és A Kommunista Kiáltványhoz hasonló népszerűségre is tett szert a későbbiekben.
Még ha egyértelmű különbség volt is az ilyesfajta népszerűsítő munkák – melyeket az enciklopédikus szintézisnek a végtelenségig leegyszerűsítő rövidítéseivel szembeni nyílt polémia eszközeként használtak – és a német szociáldemokrácia következő generációja által elfogadott populáris művek között, Engelsnek a természettudományokra való hivatkozása utat nyitott a szociáldarwinizmus evolucionista elméletének, melyet a munkásmozgalom nem sokkal később magáévá is tett.
Marx elmélete kétségtelenül kritikus és nyitott rendszer, mely néha enged bizonyos determinisztikus csábításoknak, ám a XIX. századi Európa kulturális klímájába került bele: ezt a kultúrát korábban soha nem tapasztalt mértékben hatotta át a szisztematikus elméletek iránti igény; az ilyen típusú elméletek között a darwinizmus volt a legnépszerűbb. Hogy megfelelő választ adjon erre a kihívásra, az újszülött marxizmus, mely a Kautsky szerkesztette Die Neue Zeit című folyóirat hasábjain koravén ortodoxiává érett, gyorsan alkalmazkodott ehhez a modellhez.
Meghatározó tényezőnek bizonyult, hogy ebben – a Marx műveit rendszerré alakító – folyamatban milyen módszereket alkalmaztak az elmélet terjesztésére. Előszeretettel jelentettek meg szintézisre törekvő könyvecskéket és tendenciózus, tömör kivonatokat, amint azt jól mutatják Marx művei korabeli kiadásainak adatai is. Mi több, néhány munkája egyre inkább a politika eszközévé vált; a szerkesztők mindig alakítottak rajtuk egy kicsit, úgyhogy valahányszor új kiadásban jelentek meg Marx művei, egyre jobban különböztek az első kiadástól. Ez a gyakorlat, melyre Marx hagyatékának töredékessége adott lehetőséget, a továbbiakban egyre gyakrabban társult Marx néhány művének cenzúrázásával. Az a kézikönyv, amely Marx elméletét világszerte hatékonyan vitte közel az olvasókhoz, s amely egyben nagyon erőteljes propagandaeszköz is volt, elkerülhetetlenül vezetett oda, hogy Marx eredeti koncepciója lényegileg átalakult. Ezt a kompletté gyúrt és megcsonkított, a pozitivizmussal kacérkodó marxi művekből származtatott anyagot abból a célból terjesztették, hogy a proletár párt gyakorlati szükségleteit szolgálja; ez az átszabás azonban elméletileg olyannyira elszegényítette és vulgarizálta az eredeti anyagot, 5 hogy a végén már szinte nem is hasonlított eredeti önmagára, és Kritikből Weltansschauunggá (világszemléletté) alakult át.
Ezen folyamatok eredményeképpen egyfajta szisztematikus doktrína öltött testet, amolyan kezdetleges evolucionista világmagyarázat, megspékelve egy kis gazdasági determinizmussal: ez volt a II. Internacionálé (1888-1914) marxizmusa. A történelem automatikus előrehaladásába vetett szilárd, bár naiv meggyőződés vezette, és az az elvitathatatlan hit, hogy a kapitalizmust a szocializmus váltja fel; ebből logikusan következett, hogy ez az elmélet nem tudta értelmezni az aktuális fejleményeket, és miután elszakította a forradalmi gyakorlathoz fűződő szükségszerű kapcsokat, egyfajta fatalista kvietizmusban csúcsosodott ki, amely hozzájárult a fennálló rendszer stabilitásához. 6 Ilyenformán ez a doktrína Marx elméletétől fényévnyi távolságra került; ő ugyanis már első munkájában kijelentette, hogy „ a történelem semmit sem tesz […]; nem a »történelem« az, amely az embert eszközül használja fel a maga céljainak keresztülvitelére – mintha a történelem valamilyen különálló személy volna -, hanem a történelem nem egyéb, mint a maga céljait követő ember tevékenysége”. 7
A század vége felé a válságelméletet [Zusammenbruchstheorie] vagy a burzsoá-kapitalista társadalom küszöbönálló bukásáról szóló elméletet, melynek leglátványosabb kifejeződése az 1873 után kibontakozó, húsz éven át tartó nagy gazdasági válság volt, a tudományos szocializmus alapvető lényegének nyilvánították. Marx állításait, melyek a kapitalizmus dinamikus alapelveit, illetve még általánosabban a princípiumokon belül tapasztalható fejlődési tendenciákat 8 szándékoztak felvázolni, olyan örökkévaló történelmi törvényekké formálták át, melyekből le lehetett vezetni a történelmi események alakulását, mi több, egyes konkrét részleteket is.
Az ellentmondásos, végnapjait élő kapitalizmus eszméje, melynek sorsa az automatikus összeomlás, kitapinthatóan jelen volt egy politikai párt első, tisztán „marxista” platformjának, az erfurti programnak az elméleti alapjaiban és Kautsky kommentárjában, melyben bejelentette, hogy a „kérlelhetetlen gazdasági fejlődés a természeti törvények szükségszerűségével vezet el a kapitalista termelési mód összeomlásához. A jelenlegi helyett egy új társadalmi forma megteremtése többé már nem pusztán kívánatos, hanem mára elkerülhetetlenné vált.” 9 Ez a legtisztább és legszignifikánsabb kifejeződése volt a korszakban érvényesülő koncepció lényegi korlátainak, de annak is, hogy milyen messzire került ez a koncepció attól az embertől, akinek a gondolatait kiindulópontnak használták.
Még Eduard Bernstein is, aki a szocializmust nem mint szükségszerűséget, hanem mint lehetőséget fogta fel, vagyis aki szakított a kortárs marxi interpretációkkal, Marxot hasonlóan erőltetetten értelmezte, s ez a felfogás ténylegesen nem különbözött a korszakban tapasztalható többi interpretációtól. A széles körben ismertté vált Bernstein-vita révén hozzájárul egy olyasfajta Marx-kép kialakulásához, mely ugyancsak hamis és mesterséges volt.
Az orosz marxizmus, mely a huszadik század folyamán meghatározó szerepet játszott Marx nézeteinek népszerűsítésében, a korábbinál is nagyobb hévvel követte a szisztematizálás és vulgarizálás eme pályáját.
S valóban, az orosz marxizmus legformátumosabb úttörője, Georgij Plehanov számára „a marxizmus teljes világkép”, 10 melyet egyszerűsítő monizmus jellemez, s melynek alapján a társadalom struktúrák feletti átalakulásai a gazdasági változásokkal egyidejűleg mennek végbe. V. I. Lenin 1909-es Materializmus és empiriokriticizmus című művében a materializmust úgy definiálja, mint ami „a természet objektív törvényszerűségének és e törvényszerűség az ember fejében való körülbelül hű visszatükrözésének felismerése”. 11 Az emberiség akaratának és tudatának „kétségtelenül és szükségképpen” 12 alkalmazkodnia kell a természet szükségszerűségeihez.
Az ekkoriban zajló durva ideológiai konfliktusok ellenére a II. Internacionáléra jellemző elméleti vonások többsége tovább élt a III. Internacionálé kulturális mátrixát meghatározó elemekben. Ez a kontinuitás egyértelmű kifejezést nyert Nyikolaj Buharin 1921-ben kiadott, A történelmi materializmus elmélete című művében, mely szerint „a természetben és a társadalomban meghatározott rendszeresség, állandó természeti törvény érvényesül. E természeti törvény meghatározása a tudomány elsődleges feladata.” 13 Ez a társadalmi determinizmus, mely egészében a termelőerők fejlődésére koncentrált, azt a doktrínát eredményezte, mely szerint „az okok sokszerűsége, melyek a társadalomban éreztetik hatásukat, a legkevésbé sem mondanak ellent annak, hogy a társadalmi fejlődésnek egyetlen törvénye létezik”. 14
Ezzel a nézettel fordult szembe Antonio Gramsci, aki szerint a „kérdésfelvetés[e] (törvények, állandó, szabályos, egyforma irányvonalak keresése) azzal a – kissé gyermekes és naiv módon értelmezett – következménnyel kapcsolatos, hogy végérvényesen megoldják a történelmi események előreláthatóságának gyakorlati problémáját”. 15 Gramsci egyértelműen elutasítja, hogy Marx praxisfilozófiáját puszta szociológiára csupaszítják le, hogy „egy világnézetet mechanikus formagyűjteményre redukálnak, amely azt a látszatot kelti, mintha az egész történelem a zsebében volna”, 16 s ez az egyértelmű elutasítás annál is fontosabb volt, mert túllépett Buharin szövegén, és elmarasztalta ezt az általános tendenciát, mely később -példátlan módon – uralkodóvá vált a Szovjetunióban.
A Marx gondolatait eltorzító folyamatra a koronát a marxizmus-leninizmus „megteremtése” tette fel. Megfosztva azon funkciójától, hogy a cselekvés vezérfonala legyen, az elmélet ilyenformán a posteriori igazolássá degradálódott. Amikor napvilágot látott a „dialmat” (Dialekticseszkij materializm), mint „a marxista-leninista párt világnézete”, 17 akkor már nem volt visszaút. Sztálinnak az 1938-ban kiadott, A dialektikus és a történelmi materializmusról című, számtalan kiadást megért brosúrája kijelölte ennek a doktrínának az alapvető elemeit: a közösségi lét jelenségei, a „társadalmi fejlődés szükségszerű törvényei” „tökéletesen felismerhetők”, és „a társadalom története szükségszerű társadalmi fejlődésként nyilvánul meg, és a társadalom történetének tanulmányozása tudománnyá lesz”. Ez „azt jelenti, hogy a társadalomtörténet tudománya a társadalmi élet minden bonyolult jelensége ellenére éppen olyan egzakt tudomány lehet, mint például a biológia”, 18 és hogy, a fentiek következtében, a proletariátus pártjának az a feladata, hogy tevékenységét ezen alapok ismeretében végezze. Szembeszökő, ahogy a „tudományos” és a „tudomány” koncepciójának félremagyarázása eljutott egészen eddig a pontig. Marx végtelenül alapos és koherens elméleti kritériumokon nyugvó módszerének tudományossága helyébe a természettudományok módszerei léptek, melyek az ellentmondásnak mint olyannak nem adtak teret. Végül megfogalmazódott a történelmi törvények objektivitásának babonája, mely szerint ezek a törvények az emberi akarattól függetlenül működnek, akárcsak a természeti törvények.
A fentebb vázolt ideológiai katekizmus ugyanakkor tág teret biztosított a legmerevebb és legszigorúbb dogmatizmusnak. A marxista-leninista ortodoxia szigorú és merev monizmusra alapozott, s ennek elképesztően visszás hatása volt Marx műveire. Kétségtelen tény, hogy a szovjet forradalom révén a marxizmus mind társadalmilag, mind földrajzilag azokhoz a széles közegekhez is eljutott, ahonnan korábban ki volt rekesztve. Ám hangsúlyoznunk kell, hogy a marxizmus címén terjesztett szövegek többsége brosúra, párt-kézikönyv, különböző témájú „marxista” antológia volt, s kevésbé magának Marxnak az írásai. Ráadásul egyre több szövegét cenzúrázták, illetve egyes írásait szétszedték és átalakították: divatba jött például az a módszer, hogy céltudatosan válogatott, a szövegösszefüggésekből kiemelt idézetgyűjteményeket szerkesztettek Marx szövegeiből. Ehhez az eljáráshoz azért folyamodtak, mert műveiben előre meghatározott következtetésekhez kerestek igazolást, és a kiválasztott szövegeket olyanformán kezelték, mint ahogy Prokrusztész bánt el az áldozataival: ha túl hosszúak voltak, akkor megcsonkították őket; ha meg túl rövidek, akkor hozzátoldottak egy keveset.
Persze, tudjuk, milyen nehéz megvalósítani egy gondolatkör népszerűsítését úgy, hogy közben elkerüljük a sematizálást, hogy úgy vigyük végbe egy bonyolult elmélet széles körű megismertetését, hogy közben elméletileg ne üresedjen ki, és azt is tudjuk, hogy Marx művei esetében ez a feladat még a szokásosnál is nehezebb. Ám ami vele és gondolataival történt, annál elképzelni sem lehet rosszabbat.
A legkülönbözőbb szempontoknak megfelelően eltorzítva s az esetleges politikai céloknak alárendelve elméletét lezüllesztették és megmásították. A kritikai szemléletű eredeti művet a Bibliához hasonlóvá tették, és úgy is használták. Az így keletkezett szövegmagyarázatokból a legképtelenebb paradoxon született meg. Elméletének ezek az átalakítói figyelmen kívül hagyták szavait, melyben óva intett attól, hogy elméletét úgy olvassák, mint „recepteket […] a jövendő lacikonyhája számára”. 19 A figyelmeztetést olyannyira nem fogadták meg, hogy Marxnak, mint afféle „törvénytelen apának”, a nyakába varrták az újonnan formálódott társadalmi rendszert. Ő, aki munkájával mindig rigorózusan kritikus volt, következtetéseivel viszont mindig elégedetlen, utóéletében a legmakacsabb doktrinerség forrásává torzult. Eszméit, melyek a történelem materialista koncepciójába vetett szilárd hiten alapulnak, minden más filozófus gondolatrendszerénél jobban kiszakították történelmi összefüggéseiből. Azt a meggyőződését, hogy a „munkásosztály felszabadítását magának a munkásosztálynak kell kivívnia”, 20 teljesen kiforgatták, éppen ellenkezőjére változtatták, s olyan ideológiát varrtak Marx nyakába, amely a politikai élcsapatok és a párt vezető szerepét abban látták kifejeződni, hogy ők az osztálytudat elsődleges fenntartói és a forradalom vezetői. Marxot, aki annak az eszmének volt az elkötelezett képviselője, hogy az emberi teljesítmény kibontakozásának alapvető feltétele a munkaidő csökkentése, most a sztahanovista termelés mániákus krédójához igazították. Őt, aki meggyőződéssel hirdette az állam felszámolásának szükségességét, most az állam védőbástyájaként szerepeltették. Azt a gondolkodót, aki olyan mély érdeklődést tanúsított az emberi személyiség szabad kibontakozása iránt, és aki tiltakozott a burzsoá jogrend ellen, mondván, az a puszta jogegyenlőség mögé rejti a társadalmi egyenlőtlenséget, és aki azt mondta, hogy „A jognak nem egyenlőnek, hanem ellenkezőleg, egyenlőtlennek kellene lennie”, 21 olyan koncepcióba erőltették bele, amely a társadalmi élet kollektív dimenzióinak végtelen gazdagságát a homogenizálás homályába taszította.
Marx kritikai munkásságának eredeti befejezetlensége áldozatul esett az epigonok rendszerezési kényszerének, s ezek az epigonok kérlelhetetlenül addig lúgozták gondolatait, amíg azok teljesen feloldódtak és önnön ellentétükké váltak.

Marx és Engels művei kiadásának odüsszeiája
„Vajon Marx és Engels írásait […] a maguk teljességében elolvasta-e valaha akárki is, a közeli barátok és tanítványok szűk körén, valamint magukon a szerzőkön kívül?” – tette fel a kérdést Antonio Labriola 1897-ben Marxnak és Engelsnek azokkal a műveivel kapcsolatban, melyek akkoriban ismertek voltak. Következtetései egyértelműek voltak: „Szemmel látható, hogy mind ez idáig csak a beavatottak privilégiuma, hogy a tudományos szocializmus alapítóinak összes írását elolvassák”; „a történelmi materializmust egy sor mellébeszélés, félremagyarázás, groteszk torzítás, furcsa félreértelmezések és megalapozatlan kitalációk révén” 22 terjesztik. Valóban, mint később a historiográfiai kutatások igazolták, az a korabeli általános vélekedés, hogy Marxot és Engelst sokan olvassák, a legendák köré tartozó tévhit volt. 23 Éppen ellenkező volt a helyzet: sok szövegüket csak nagyon nehezen lehetett elérni, illetve nagyon ritkán adták ki őket még az eredeti nyelven is. Az olasz tudós javaslata, hogy szervezzék meg „Marx és Engels minden munkájának teljes és kritikai kiadását”, megkerülhetetlen szükségszerűség volt. Labriola úgy gondolta, nem kell az antológiák összeállítása, mint ahogy nincs szükség a testamentum juxta canonem receptum felvázolására sem. Ehelyett „a kritikai szocializmus két alapítójának minden politikai és tudományos tevékenységét, minden irodalmi termékét, legyenek bár alkalmiak, az olvasók rendelkezésére kell bocsátani […], mert ezek közvetlenül szólnak azokhoz, akiknek igényük van a befogadásukra”. 24 Labriola terve több mint egy évszázaddal annak megfogalmazása után sem valósult még meg.
A filológiai értékelésen túl Labriola még egyéb, meglepő éleslátásról tanúskodó elméleti jellegű javaslatokat is tett – s éleslátása különösen meglepő, ha összevetjük véleményét a kortársaiéval. Szerinte Marx és Engels minden befejezetlenül maradt műve „töredéke annak a tudománynak és politikának, amely az állandó keletkezés állapotában van”. Annak érdekében, hogy ne keressünk a munkákban „olyasmit, ami nincs bennük, és nem is kellene hogy bennük legyen”, vagy éppen „a mindenkori történelem magyarázatának vulgáris változatát és szabálykönyvét”, csak akkor lehet e műveket teljes egészükben megérteni, ha keletkezésük pillanatába és helyére helyezzük őket vissza. Másrészt, mondta Labriola, azok, akik „a gondolatot és tudást nem folyamatában értelmezik”, „a doktrinerek és a legkülönfélébb öntelt emberek, akik nem tudnak bálványok nélkül létezni, az örökkévalóságig érvényes klasszikus rendszerek kiagyalói, a kézikönyvek és enciklopédiák összeállítói hiába keresik a marxizmusban azt, amit soha nem is szándékozott nyújtani senkinek sem”: 25 vagyis a történelmi problémák összefoglaló, pontos, egyértelmű megoldását.
Az opera omnia megvalósításának természetes végrehajtója csak és kizárólag a Sozialdemokratische Partei Deutschlands lehetett volna, a Nachlaß őrzője, hiszen e párt tagjai rendelkeztek a legjelentősebb elméleti és nyelvi kompetenciával. Ugyanakkor azonban a szociáldemokrácián belül mutatkozó konfliktusok nemcsak hogy megakadályozták a nagy tömegű, kiadatlan Marx-írások publikálását, hanem a kéziratok szétszóródásához vezettek, s ezzel a rendszeres kiadás lehetőségét is megakadályozták. 26 Hihetetlen, de igaz, hogy a német párt egyáltalán nem törődött ezzel, s irodalmi hagyatékukat a lehető legnagyobb gondatlansággal kezelték. 27 Egyetlen teoretikusuk nem akadt, aki leltárba vette volna a két alapító elméleti hagyatékát. De nem foglalkoztak a levelezés összegyűjtésével sem, mely annyira szétszórt, mint amennyire kiterjedt volt, pedig nyilvánvaló, hogy nagyon hasznos forrásai lehetnek sok kérdés tisztázásának, mi több, sok esetben maguknak a műveknek a folytatásai.
A teljes életmű első kiadására, a Marx-Engels Gesamtausgabe (MEGA) megjelentetésére csak az 1920-as években került sor a moszkvai Marx-Engels Intézet igazgatójának, David Boriszovics Rjazanovnak a kezdeményezésére. Ám ez a vállalkozás is megfeneklett a nemzetközi munkásmozgalom zűrzavaros eseményein; e mozgalom gyakrabban állított akadályokat a kiadás útjába, mint ahányszor támogatta. A Szovjetunióban zajló koncepciós perek, melyek sajnos érintették a kiadáson dolgozó tudósokat is, illetve Németországban a nácik hatalomra kerülése miatt a kiadás munkálatai korán megszakadtak. 28 Ilyen ellentmondásos produktumot eredményezett az a merev ideológia, mely ihletét egy részben még tulajdonképpen feltáratlan életműből merítette. A marxizmus megerősítése és kikristályosodása, mint egyfajta dogmatikus corpus, hamarabb végbement, mint azoknak a szövegeknek a megismerése, melyeket Marx eszméi kialakulásának és fejlődésének megértéséhez meg kellett volna ismerni. 29 A MEGA-ban a korai művek közül csak 1927-ben látott napvilágot például A hegeli jogfilozófia kritikájához, 1932-ben az 1844-ben íródott Gazdasági-filozófiai kéziratok és A német ideológia. Ahogyan az korábban már A tőke második és harmadik kötetével megtörtént, ezeket az írásokat is úgy publikálták, mintha önálló művek volnának; s mint később kiderült, ez volt a forrása számos további interpretációs félreértésnek. Még később látott napvilágot néhány, A tőkét előkészítő fontos mű: 1933-ban jelent meg a vázlatos fejezet: A közvetlen termelési folyamat eredményei, illetve 1939 és 1941 között A politikai gazdaságtan bírálatának alapvonalai, ismertebb nevén a Grundrisse, de ezek is kimondottan alacsony példányszámban. Ráadásul ezek a korábban nem publikált írások, a többi, ezeket követő művekhez hasonlóan, amikor végre megjelenhettek – vagyis amikor nem tartottak attól, hogy a szövegek aláássák az uralkodó ideológiai kánont -, olyan interpretációs körítést kaptak, mely a közvetlen politikai szükségletet igyekezett kielégíteni. A predeterminált interpretációkhoz őket igazoló kiegészítéseket fűztek, és ezzel hosszú időre megakadályozták Marx műveinek komoly újraértékelését.
Marx és Engels összes műveinek első orosz kiadására 1928 és 1947 között került sor a Szovjetunióban: ez a Szocsinenija (összes művek). A cím ellenére a gyűjtemény csak az életmű részleteit tartalmazta, de ezzel együtt is a (33 kötetben) napvilágot látott 28 mű akkoriban a két szerző mennyiségi értelemben legteljesebb kiadása volt. A második Szocsinenija, melyet 1955 és 1966 között adtak ki, 39 művet ölelt fel (42 kötetben). 1956-tól 1968-ig a Német Demokratikus Köztársaságban a Szocialista Egységpárt Központi Bizottságának kezdeményezésére Marx Engels Werke (MEW) címen 41 mű jelent meg 43 kötetben. Egy ilyen kiadás azonban, mely távolról sem volt teljes, 30 s melynek köteteit alaposan megterhelték a bevezető fejezetek és a jegyzetapparátus, a szovjet modell mintájára a marxizmus-leninizmus ideológiai szellemében kézen fogva kalauzolták az olvasót.
Egy újabb, második MEGA kiadásának terve az 1960-as években merült fel, s célja a két gondolkodó minden munkájának szöveghű és kiterjedt kritikai apparátussal ellátott publikációja volt. Sajnos azonban az 1975-ben megkezdett kiadás szintén félben maradt az 1989-es történelmi változásokat követően. 1990-ben a kiadás folytatása érdekében az amszterdami Internationaal Instituut voor Sociale Geschiedenis és a trieri Karl Marx Haus együttesen létrehozták az Internationale Marx-Engels-Stiftung (IMES) nevű intézményt. Az újjáalakulás nehézkes korszakát követően, amikor is megállapodás született az új kiadói elvekről, és a Dietz Verlag helyébe az Akademie Verlag lépett, 1998-ban újraindult az ún. MEGA2 sorozata.
A pesszimista előrejelzésekkel ellentétben, melyek érdektelenséggel számoltak, Marx újra elnyerte a nemzetközi tudóstársadalom érdeklődését. Gondolatainak értékét sokan újra felismerték; az európai, az egyesült államokbeli és a japán könyvtárak polcain található írásairól újra lefújják a port. Ennek az újrafelfedezésnek az egyik legszámottevőbb példája éppen a MEGA2 kiadása. A teljes projekt, melyben a legkülönfélébb szaktudományos érdeklődésű, a világ számos országából érkezett tudósok vesznek részt, négy szekcióban zajlik: az első az összes művel, cikkel és vázlattal foglalkozik – A tőké t kivéve; a második A tőke és az 1857-tel kezdődött előtanulmányok kiadását készíti elő; a harmadik feladata a levelezés rendszerezése; míg a negyedik a szemelvényekkel, kommentárokkal és széljegyzetekkel foglalkozik. A tervezett 114 kötetből már 53 napvilágot látott (13 az 1998-as újraindulás óta), melyek mindegyike két kötetből áll: a szövegből, illetve a hozzá tartozó kritikai apparátusból, mely tartalmazza a tárgymutatókat és jegyzeteket. 31 Akkor érthetjük meg, hogy ennek a vállalkozásnak milyen óriási a jelentősége, ha arra gondolunk, hogy Marx kéziratainak jó része, terjedelmes levelezése és azoknak a kivonatoknak és jegyzeteknek az elképesztő mennyisége, melyeket szokása szerint olvasás közben készített, korábban még soha nem voltak elérhetők az olvasók számára. 32
Joggal merül fel a kérdés: milyen új Marx-kép alakul ki az új történeti-kritikai kiadás nyomán. Kétségtelen, hogy ez a most megmutatkozó, valóságos Marx különbözik a legtöbb követője és ellenfele fejében kialakult Marx-képtől. Írásai megismertetésének bonyolult feladata és művei egységes kiadásának hiánya, melyhez társultak még az eddigi kiadások alapvető hiányosságai, az epigonok hitvány munkája, a tendenciózus olvasatok és az ennél is nagyobb számú hibás interpretációk: mindezek együttesen eredményezik az óriási paradoxont: Karl Marx félreértett szerző, aki mélységes és szinte általánosnak tekinthető hozzá nem értés áldozata lett. 33 A kőbe faragott istenként a korábbi, antiliberális kelet-európai rendszerek számos terén ott díszelgő, Marxot ábrázoló szobrok dogmatikus bizonyossággal a jövőbe mutató figuraként ábrázolták, ezzel szemben ma olyan szerzőnek látjuk, aki írásainak nagy részét nem fejezte be, mert egészen haláláig további tanulmányokat folytatott annak érdekében, hogy téziseinek minél alaposabb tudományos hátteret biztosítson.
Műveinek újrafelfedezése végtelenül gazdag, problematikus és polimorf gondolatrendszert és gondolati horizontot vetít elénk; tágas térségeinek feltárásához számtalan ösvényt kell még a Marx Forschungnak (Marx kutatásának) bejárnia.

Marx, az a „döglött oroszlán”
Elméleti viták vagy politikai események mindig is jelentősen befolyásolták a Marx művei iránt tanúsított érdeklődést, és már a kezdetektől kétségtelenül voltak olyan periódusok, amikor az irántuk mutatkozó érdeklődés megcsappant. A „marxizmus válságától” a II. Internacionálé feloszlatásáig, az értéktöbblet-elmélet korlátairól folytatott vitáktól a szovjet kommunizmus tragédiájáig Marx elméletének bírálata jól érzékelhetően mindig túlmegy a mű konceptuális horizontján. Ugyanakkor mindig tapasztalható volt egy másik tendencia is, melynek jelszava a „visszatérés Marxhoz”. Mostanában, úgy tűnik, újra felfutóban van e jelenség; ismét jelentkezik az igény, hogy műveire hivatkozzanak, s a politikai gazdaságtan bírálatától az elidegenedés megfogalmazásáig vagy a briliáns stílusban megírt, szellemes politikai vitairatokig művei ellenállhatatlan varázserőt gyakorolnak követőire és ellenfeleire egyaránt. Mindazonáltal, a század végén, amikor már teljes egyetértés uralkodott abban a kérdésben, hogy Marx eltűnt a történelem süllyesztőjében, hirtelen újra a történelem színpadán termett.
Miután megszabadult az instrumentum regni gyűlöletes szerepétől, melynek a múltban ki volt szolgáltatva, s megszabadult a marxizmus-leninizmus láncaitól, melyhez bátran kijelenthetjük, nincs semmi köze, Marx elméleti munkája újabb területeket hódított meg, és újra olvassák szerte a világon. Értékes elméleti hagyatékának teljes, pontos megismerése, önhitt bitorlóktól való visszavétele és elmélete alkalmazási korlátainak felszámolása ismét lehetővé vált. Ám ezzel együtt is igaz: ha Marx már nem is azonosítható a huszadik századi szürke „létező szocializmus” kőbe vésett szfinxével, ugyancsak hiba volna azt hinni, hogy elméleti és politikai hagyatéka olyannyira csak a múlthoz kapcsolódik, hogy már nincs semmi mondanivalója a jelen konfliktusairól, és nagy hibát követnénk el, ha gondolatrendszerét mumifikálódott, a múltban ragadt klasszikus elméletnek tekintenénk, melynek ma semmi jelentősége nincs, illetve ha mégis, akkor kizárólag a tudomány specialistái profitálhatnak belőle.
A Marx iránt mutatkozó érdeklődés megújulása jócskán túlnyúlik a tudósok szűk körén, akárcsak azok a roppant jelentős filológiai kutatások, melyek a marxi életmű sokrétű jellegére mutatnak rá – tekintettel magyarázóinak nagy számára. Marx újrafelfedezésének alapot ad a nagy gondolkodó azon szívós és kitartó erőfeszítése, hogy megmagyarázza a jelent: ennek megértésében és a jelen megváltoztathatóságának felismerésében Marx elmélete mindig is nélkülözhetetlen eszközünk marad.
A kapitalista társadalom válságjelenségeinek és a mély ellentmondásoknak, melyek e válságot kiformálják, a számbavételekor újra vissza kell térni ahhoz a szerzőhöz, akit 1989-ben elhamarkodottan félresöpörtek. Így Jacques Derrida kijelentése, hogy „mindenkor hiba lesz nem olvasni, nem újraolvasni és vitatni Marxot”, 34 ami még néhány évvel ezelőtt is legfeljebb csak elszigetelt provokációnak tűnt, mára széles körben helyeslésre talált. Az 1990-es évek vége óta az újságok, folyóiratok, televíziós és rádióműsorok folyamatosan vitákat tartanak arról, hogyan magyarázható az a jelenség, hogy Marxot tekinthetjük korunk legjelentősebb gondolkodójának. 35 1998-ban, megjelenésének 150. évfordulóján a Kommunista Kiáltványt a világ minden táján tucatnyi nyelven adták újra közre, és a méltatások nemcsak azt az érdemét emelték ki, hogy az emberiség történetében mindmáig ez a legtöbbet forgatott politikai szöveg, hanem arra is rámutattak az elemzők, hogy ez a mű a kapitalizmus fejlődési tendenciáinak legpontosabb, legelőrelátóbb vázlata. 36 Mi több, a Marxszal foglalkozó irodalom, amely gyakorlatilag eltűnt 15 évvel korábban, sok országban van újjászületőben, és a tanulmányok sora 37 mellett egyre több nyelven látnak napvilágot olyan könyvek, melyek azzal a kérdéssel foglalkoznak: Miért is tanácsos ma Marxot olvasni? Hasonló konszenzust figyelhetünk meg azon folyóiratok esetében is, melyek helyet adnak a Marx életművéről folyó vitáknak és a különböző marxizmusértelmezéseknek, 38 de joggal említhetjük itt a marxi elmélet vizsgálatának szentelt nemzetközi konferenciákat, egyetemi kurzusokat és szemináriumokat is. Végül, ha mégoly bátortalanul és gyakran zavaros formában is, az alternatív globalizációs mozgalmak közvetítésével Latin-Amerikától Európáig politikai értelemben is megélénkül a Marx művei iránti érdeklődés.
Mi maradt mára a marxi életműből?; mennyiben hasznosíthatók gondolatai az emberiség felszabadulásért folyó harcában?; életművének mely része a legtermékenyítőbb korunk folyamatainak bírálata szempontjából?; hogy lehetséges „meghaladni Marxot Marxszal együtt”? – íme néhány azon kérdés azok közül, melyek válaszra várnak, s melyek megítélése távolról sem egyértelmű. Ha van a jelenkori Marx-reneszánsznak biztos pontja, akkor az éppen abban a diszkontinuitásban ragadható meg, mely az előző korszak monolit ortodoxiáit jellemezte, s mely ortodoxiák korábban meghatározták és alapvetően korlátozták ennek a filozófusnak a megítélését. Annak ellenére, hogy vitathatatlanul léteznek bizonyos korlátok, és kétségtelenül fennáll a szinkretizmus kockázata, mégis elmondhatjuk: beköszöntött az a korszak, amely már sokféle Marxot ismer, és valóban, a dogmatizmus korszakát követően nem is lehet ez másképp. Az elméleti és gyakorlati kérdésekkel foglalkozó kutatás, a tudósok új nemzedékének és a politikai aktivistáknak a közös feladata, hogy ezekre a kérdésekre megtaláljuk a választ.
Az emberiség számára nélkülözhetetlen Marx-imázsok közül legalább kettőt fel kell idéznünk. Az egyik a kapitalista termelési mód kritikusának képe: annak az analitikus, éles szemű és fáradhatatlan kutatónak a képe, aki ösztönösen megérezte és globális szempontból elemezte a kapitalista fejlődés tendenciáit, és aki a polgári társadalmat mindenki másnál pontosabban írta le. Ő az a gondolkodó, aki elutasította, hogy a kapitalizmusra és a magántulajdonra mint kőbe vésett, az emberi természetben gyökerező, elkerülhetetlen történeti jelenségre tekintsen, és aki ma is lényegi javaslatokkal segíti azokat, akik a neoliberális gazdasági, társadalmi és politikai szervezetekkel szemben alternatívát kívánnak állítani. A másik Marx-kép, amelynek szintén óriási a jelentősége napjainkban, a szocializmus teoretikusáé: hiszen Marx volt az a gondolkodó, aki elutasította az államszocializmus eszméjét, melyet Lassalle és Rodbertus már akkoriban támogatott; és ő volt az a gondolkodó, aki a szocializmust a termelési viszonyok átalakulása egyik lehetséges formájának tekintette, nem pedig a társadalmi problémákra adott cukormázas nyugtatószernek.
Marx nélkül politikai afáziára ítéltetünk, és egyértelműnek látszik, hogy az emberiség emancipációjának ügye nem mehet előre az ő segítsége nélkül. Marx „szelleme” arra ítéltetett, hogy még jó sokáig kísértse a világot, és újra felrázza az emberiséget az apátiából.

 

Fordította: Baráth Katalin

 

References
1. Karl Kautsky: Mein Erster Aufenthalt in London. In Benedikt Kautsky (ed.): Friedrich Engels’ Briefwechsel mit Karl Kautsky. Danubia Verlag, Wien, 1955, 32.
2. Vö. Maximilien Rubel: Marx critique du marxisme. Paris, Payot, 2000, 439-440.
3. Friedrich Engels: Előszó A tőke II. kötetéhez. Budapest, Kossuth, 1973, 3.
4. Friedrich Engels: Előszó. In: Anti-Dühring. MEM. Budapest, Szikra, 1950, 9.
5. Vö. Franco Andreucci: La diffusione e la volgarizzazione del marxismo. In Eric J. Hobsbawm et al. (eds.): Storia del marxismo. Vol. 2, Einaudi, Turin, 1979, 15.
6. Vö. Erich Matthias: Kautsky und der Kautskyanismus. In Marxismusstudien, II. Tübingen, Mohr, 1957, 197.
7. A szent család. Karl Marx és Friedrich Engels művei, 2. kötet. Kossuth, Budapest, 1971, 91-92.
8. Vö. Paul M. Sweezy: The Theory of Capitalist Development. Monthly Review Press, New York – London, 1942, 19, 191.
9. Karl Kautsky: Das Erfurter Programm, in seinem grundsätzlichen Teil erläutert. Verlag J.H.W. Dietz Nachf. GmbH, Hannover, 1964, 131. sk.
10. Gheorghi V. Plekhanov: Fundamental Problems of Marxism. Martin Lawrence Ltd., London, é. n. 3-4.
11. Lenin: Materializmus és empiriokriticizmus. LÖM. Budapest, Szikra, 1949. 2. kiadás, 151. (Czóbel Ernő fordítása).
12. Uo. 187.
13. Nikolai I. Bukharin: Theory of Historical Materialism. International Publishers, Moscow, 1921, 18.
14. Bukharin: i. m. 248.
15. Antonio Gramsci: Filozófiai írások. Budapest, Kossuth, 1970, 194-195.
16. Gramsci: i. m. 182.
17. Joszif V. Sztálin: A dialektikus és a történelmi materializmusról. Budapest, Szikra, 1945.
18. Sztálin: i. m. 13-15.
19. Karl Marx: A tőke I. Utószó a második kiadáshoz. Budapest, Magyar Helikon, 1967, 21.
20. A Nemzetközi Munkásszövetség ideiglenes szervezeti szabályzata MEM. Budapest, Kossuth 16. kötet 12.
21. A gothai program kritikája MEM. Budapest, Kossuth 19. kötet, 19.
22. Antonio Labriola: Discorrendo di socialismo e filosofia, Scritti filosofici e politici. Ed. Franco Sbarberi. Einaudi, Turin, 1973, 667-669.
23. Marx életrajzának írói, Borisz Nyikolajevszkij és Otto Maenchen-Helfen helyesen állítják könyvük bevezetőjében, hogy „a sok ezer szocialista közül legfeljebb ha egy olvasott Marxtól gazdasági tárgyú munkát; a sok ezer antimarxistából pedig még egy sem akad, aki Marxtól bármit olvasott volna”. Vö. Karl Marx. Eine Biographie. Dietz, Berlin, 1976, VII.
24. Labriola: i. m. 672.
25. Uo. 673-677.
26. Vö. Maximilien Rubel: Bibliographie des œuvres de Karl Marx. Rivière, Paris, 1956, 27.
27. Vö. David Ryazanov: Neueste Mitteilungen über den literarischen Nachlaß von Karl Marx und Friedrich Engels. In Archiv für die Geschichte des Sozialismus und der Arbeiterbewegung. Hirschfeld, Leipzig, 1925. Lásd különösen: 385-386.
28. Rjazanovot elbocsátották, 1931-ben deportálták, a művek kiadása pedig 1935-ben megszakadt. Az eredetileg tervezett 42 könyvből mindössze 12 látott napvilágot (13 kötetben). Vö. Marx-Engels: Historisch-kritische Gesamtausgabe. Werke, Schriften, Briefe. A Rjazanov vezette Marx-Engels Intézet (1933-tól Moszkvai Marx-Engels-Lenin Intézet), szerk. David Ryazanov (1932-től Vladimir Adoratskij), Frankfurt am Main – Berlin – Moskau – Leningrad, Marx-Engels-Verlag, 1927-1935.
29. Vö. Rubel: i. m. 81.
30. A kiadás például nem terjedt ki az 1844-ben íródott Gazdasági-filozófiai kéziratokra vagy a Grundrissére; ezeket a műveket csak később csatoltak a sorozathoz. Ugyanakkor a más nyelveken megjelent analóg kiadások, mint például a magyar nyelvű, a MEW kötetein alapultak. Ennek a kiadásnak 2006-ban indult meg a reprint megjelentetése.
31. Részletes információk a MEGA2-ről a következő honlapon találhatók: www.bbaw.de/vs/mega
32. Vö. Marcello Musto: Karl Marx: a befejezetlenség egyetemleges bája (Marx-Engels-Gesamtausgabe). Eszmélet, 72 (2006), 96-99.
33. Az itt vázolt „marxista” félreértésektől nem állnak távol a liberálisok és konzervatívok „antimarxista” félremagyarázásai, mert azokat meg az előítéletes ellenséges érzület hatja át éppilyen mélységesen.
34. Jacques Derrida: Marx kísértetei. Pécs, Jelenkor, 1995, 23.
35. Az első, ilyen szellemben íródott elemzés, melynek bizonyos visszhangja támadt, John Cassidynek a „The return of Karl Marx” című cikke volt ( The New Yorker, 1997. október 20., 248-259.). Aztán jött a BBC, amely az évezred legjelentősebb gondolkodójává Marxot választotta. Néhány évvel később a Nouvel Observateur című hetilap egy teljes számot szentelt a következő témának: „Karl Marx – le penseur du troisième millénaire?” (Karl Marx – a harmadik évezred gondolkodója?), 2003. október 1. Nem sokkal később Németország fejezte ki elismerését az előtt a férfi előtt, aki annak idején negyven évnyi száműzetésre kényszerült: 2004-ben a ZDF, az egyik országos televíziós csatorna több mint 500 000 nézője Marxot nevezte minden idők harmadik legmeghatározóbb német személyiségének (ugyanakkor első helyezett lett a „jelenkori relevancia” kategóriában), és a legutóbbi politikai választások során (2005. augusztus 22-i számában) a híres képes újság, a Der Spiegel címlapjára tette Marx arcképét, amint győzelmi jelet mutat, s a képaláírás így szólt: „Ein Gespenst kehrt zurück” (Egy kísértet visszatér). E különös sorozatra a BBC 4-es csatornája által kezdeményezett 2005-ös közvélemény-kutatás tette fel a koronát. A kutatás során véleményüket nyilvánítók Marxot nevezték meg az angol hallgatók által legjobban tisztelt filozófusként.
36. Különösen Eric Hobsbawm: „Introduction” to Karl Marx-Friedrich Engels. In The Communist Manifesto. Verso, London, 1998.
37. Lehetetlen volna felsorolni azt a sok könyvet, amely az utóbbi évek során látott napvilágot, de itt és most felsoroljuk azokat, amelyek a legszélesebb körű és kimondottan jó kritikai fogadtatásban részesültek. Két új és népszerű életrajz irányította a figyelmet a trieri gondolkodó élettörténetére: Francis Wheen: Karl Marx. Budapest, Napvilág Kiadó, 2004; Jacques Attali: Karl Marx ou l’esprit du monde. Fayard, Paris, 2005.
Moishe Poistone könyve, a Time, Labour and Social Domination (CUP, Cambridge) 1993-ban, megjelenésekor szinte észrevétlen maradt, azóta viszont számtalan utánnyomást ért meg; akárcsak az a szöveg, melyet Terrell Carver írt: The Postmodern Marx (Manchester University Press, Manchester, 1998); és Michael A. Lebowitz: Beyond Capital. Palgrave, London, 2003 (2. kiadás), amelyek ugyancsak Marx elméletének egészen eredeti interpretációi.
Marx korai munkáinak elemzését adja egy nemrégiben kiadott könyv: David Leopold: The Young Karl Marx: German Philosophy, Modern Politics, and Human Flourishing. CUP, Cambridge, 2007.
A Grundrisse megírásának 150. évfordulójára jelenik meg majd Marx jelentős kéziratainak gyűjteménye, melyeket a legfontosabb nemzetközi Marx-kutatók tanulmánygyűjteménye kísér: Marcello Musto (szerk.): Karl Marx’s Grundrisse: Foundations of the Critique of Political Economy. Routledge, London – New York (megjelenés 2008-ban).
Fontos továbbá John Bellamy Foster írása, a Marx’s Ecology. Monthly Review Press, New York, 2000; és Paul Burkett: Marxism and Ecological Economics. Brill, Boston, 2006. Mindkettő a környezeti probléma felől közelíti meg Marxot.
Végezetül, mint a világszerte megnyilvánuló érdeklődés bizonyítékát, mindenképp meg kell említenünk a latin-amerikai elméleti szakember, Enrique Dussel ezen kérdéssel foglalkozó, jelentősebb művekből készített angol nyelvű fordítását: Towards an unknown Marx. Routledge, London, 2001; valamint a Hiroshi Uchida szerkesztésében kiadott, japán kutatók által készített elemzéseket tartalmazó Marx for the 21st century című könyvet (Routledge, London, 2006); akárcsak a kínai kutatók újabb generációjának elméleti fejlődését, akik egyre otthonosabban mozognak a nyugati nyelveken közölt irodalomban, és messze távolodtak a hagyományos dogmatikus marxizmustól.
38. A legjelentősebb elméleti folyóiratok között meg kell említenünk a következőket: a Monthly Review, aScience & Society, a Historical Materialism, aRethinking Marxism az angol nyelvű világban; a Das Argument, a Marx-Engels-Jahrbuch Németországban; az Actuel Marx Franciaországban; a Critica Marxista Olaszországban; és a Herramienta Argentínában.

Categories
Journal Articles

Marx in Paris: Manuskripte und exzerpthefte aus dem jahr 1844

I. PARIS: Hauptstadt der neuen Welt
Paris ist ein «wunderbare[s] Ungeheuer, eine erstaunliche Verschlingung von Regungen, Maschinen und Gedanken, die Stadt der hunderttausend Romane, das Haupt der Welt»[1]. So beschrieb Balzac in einer seiner Erzählungen die Wirkung der französischen Hauptstadt auf alle, die sie nicht genau kannten.

In den Jahren vor der 1848er-Revolution war die Stadt bewohnt von Handwerkern und Arbeitern in ständigem politischem Aufruhr, Emigrantenkolonien, Revolutionären, Schriftstellern und Künstlern aus verschiedenen Ländern, und die soziale Gärung hatte eine Intensität erreicht, wie sie in wenigen anderen historischen Zeiten begegnet. Frauen und Männer mit unterschiedlichster geistiger Begabung publizierten Bücher, Zeitschriften und Journale, schrieben Gedichte, ergriffen in Versammlungen das Wort, diskutierten pausenlos in Cafés, auf der Straße, bei öffentlichen Banketten. Sie lebten an demselben Ort und beeinflussten sich wechselseitig [2].

Bakunin hatte beschlossen, ‘den Fuß über den Rhein zu setzen’, um «mit Einem Schlage mitten in den neuen Elementen [zu stehn], die in Deutschland noch gar nicht geboren sind. [Darunter in erster Linie] die Ausbreitung des politischen Denkens in alle Kreise der Gesellschaft» [3]. Von Stein meinte: «im Peuple selbst hatte ein eigenthümliches Leben begonnen, das neue Verbindungen erzeugte, auf neue Revolutionen sann» [4]. Ruge stellte fest: «Unsre Siege und unsre Niederlagen erleben wir in Paris» [5].

Paris war mit anderen Worten der Ort, an dem man sich in jenem präzisen historischen Moment aufhalten musste.

Balzac bemerkte weiter: «kurz, die Pariser Straßen haben menschliche Eigenschaften und erregen durch ihr Aussehen bestimmte Vorstellungen in uns, gegen die wir nicht ankönnen»[6].

Viele dieser Vorstellungen machten auch auf Karl Marx großen Eindruck, der, fünfundzwanzigjährig, im Oktober 1843 in die Stadt gelangt war. Sie prägten seine intellektuelle Entwicklung zutiefst, die gerade während des Paris-Aufenthalts eine entscheidende Reifung durchmachte.

In die theoretische Offenheit, mit der Marx nach der journalistischen Erfahrung bei der Rheinischen Zeitung und nach seiner Abkehr vom Begriffshorizont von Hegels vernünftigem Staat und vom demokratischen Radikalismus nach Paris kam [7], traf die konkrete Begegnung mit dem Proletariat. Die Ungewissheit, die aus der schwierigen Atmosphäre der Zeit erwuchs, in der sich rasch eine neue sozialökonomische Wirklichkeit konsolidierte, schwand im Kontakt mit der Pariser Arbeiterklasse und ihren Arbeits- und Lebensbedingungen, mit denen Marx auf theoretischer Ebene wie in der Lebenserfahrung in Berührung kam.

Die Entdeckung des Proletariats und somit der Revolution; die Bejahung des Kommunismus, wenngleich noch in unbestimmter, halbutopischer Form; die Kritik an Hegels spekulativer Philosophie und an der hegelschen Linken; der erste Entwurf der materialistischen Geschichtsauffassung und die Anfänge einer Kritik der politischen Ökonomie – dies sind die Grundthemen, die Marx in jener Zeit entwickelte.

In den nachstehenden Ausführungen werden die [Ökonomisch-philosophischen Manuskripte] [8], die während seines Paris-Aufenthalts entstanden, mit Blick auf die mit ihnen verknüpften philologischen Fragen untersucht, während die kritische Interpretation seiner berühmten Jugendschrift gewollt ausgespart wird.

II. DER WEG ZUR POLITISCHEN ÖKONOMIE
Schon während der Mitarbeit an der «Rheinischen Zeitung» hatte Marx sich mit einzelnen ökonomischen Fragen befasst, wenngleich stets vom juristischen und politischen Standpunkt. Daraufhin gelangte er in den 1843 in Kreuznach entwickelten Gedanken, aus denen das Manuskript [Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie] hervorging, zur ersten Formulierung der Relevanz des ökonomischen Faktors in den gesellschaftlichen Verhältnissen, denn er hatte die bürgerliche Gesellschaft in der Schrift als reale Basis des politischen Staats konzipiert [9]. Doch erst in Paris nahm er ein «gewissenhaftes kritisches Studium der Nationalökonomie» [10] in Angriff, getrieben von der Widersprüchlichkeit des Rechts und der Politik, die in deren Bereich nicht lösbar waren, das heißt von der Unfähigkeit beider, Antworten auf die gesellschaftlichen Probleme zu geben. Entscheidenden Einfluss hatten dabei die Betrachtungen, die Engels in den Umrissen zu einer Kritik der Nationalökonomie, einem der beiden im ersten und einzigen Band der «Deutsch-französischen Jahrbücher» von ihm erschienenen Artikel, angestellt hatte. Von diesem Moment an richteten sich Marx’ vorwiegend philosophische, politische und historische Untersuchungen auf diese neue Disziplin, die der Brennpunkt seiner wissenschaftlichen Untersuchungen und Bemühungen wurde. Er steckte damit einen neuen Horizont ab, von dem er sich nie wieder abwenden wird [11].

Unter dem Einfluss von Über das Geldwesen von Hess, der den Begriff der Entfremdung von der spekulativen auf die sozioökonomische Ebene übertragen hatte, konzentrierten sich die entsprechenden Analysen in einer ersten Phase auf die Kritik der Vermittlung des Geldes, die der Verwirklichung des menschlichen Wesens entgegenstand. In der Polemik gegen Bruno Bauers Zur Judenfrage betrachtet Marx jene Vermittlung als gesellschaftliches Problem, das die philosophische und historisch-soziale Voraussetzung der gesamten kapitalistischen Zivilisation darstellt. Der Jude ist Metapher und historische Avantgarde der Beziehungen, die diese hervorbringt, seine weltliche Figur wird Synonym für den Kapitalisten tout court [12].

Kurz darauf weihte Marx das neue Studienfeld mit einer großen Menge von Lektüren und kritischen Aufzeichnungen ein, die er, wie wir weiter unten genauer ausführen werden, abwechselnd in den Manuskripten und Exzerptheften niederschrieb, die er gewöhnlich zu den von ihm gelesenen Texten angelegte. Den Leitfaden seiner Arbeit bildete das Bedürfnis, die größte Mystifizierung der politischen Ökonomie – die These, wonach ihre Kategorien allezeit und allerorts gültig seien – als solche sichtbar zu machen und anzufechten. Marx war zutiefst betroffen von der Blindheit der Ökonomen, ihrem Mangel an historischem Sinn, denn in Wahrheit suchten sie dergestalt die Unmenschlichkeit der ökonomischen Bedingungen der Zeit im Namen ihrer Natürlichkeit zu verhüllen und zu rechtfertigen. Im Kommentar zu einem Text von Say merkte er an: «Privateigenthum ist ein factum, dessen Begründung die Nationalökonomie nichts angeht, welches aber ihre Grundlage bildet. […] Die ganze Nationalökonomie beruht also auf einem factum ohne Nothwendigkeit» [13]. Ähnlich äußerte er sich in den [Ökonomisch-philosophischen Manuskripten], in denen er unterstrich: «Die Nationalökonomie geht vom Faktum des Privateigentums aus. Sie erklärt uns dasselbe nicht» [14]. «Er [der Nationalökonom] unterstellt in der Form der Tatsache, des Ereignisses, was er deduzieren soll» [15].

Die politische Ökonomie betrachtet die Ordnung des Privateigentums, die mit ihr verknüpfte Produktionsweise und die entsprechenden ökonomischen Kategorien folglich als unwandelbar und ewig gültig. Der Mensch als Mitglied der bürgerlichen Gesellschaft erscheint als natürlicher Mensch. «Wenn man von Privateigentum spricht, so glaubt man es mit einer Sache außer dem Menschen zu tun zu haben» [16], kommentiert Marx, der diese Ontologie des Tausches mit aller denkbaren Schärfe ablehnte.

Gestützt auf mancherlei gründliche historische Untersuchungen, die ihm einen ersten Interpretationsschlüssel für die zeitliche Entwicklung der Gesellschaftsstrukturen geliefert hatten, und unter Aneignung derjenigen Einsichten Proudhons, die er für die treffendsten hielt, nämlich dessen Kritik an der Vorstellung vom Eigentum als Naturrecht, gewann Marx stattdessen die zentrale Einsicht von der Vorläufigkeit der Geschichte. Die bürgerlichen Ökonomen hatten die Gesetze der kapitalistischen Produktionsweise als ewige Gesetze der menschlichen Gesellschaft präsentiert. Marx dagegen machte die spezifische Natur der Verhältnisse seiner Zeit, «[d]ie zerrißne Wirklichkeit der Industrie» [17], zu seinem ausschließlichen und spezifischen Untersuchungsgegenstand, unterstrich deren Vorläufigkeit, ihren Charakter eines historisch gewordenen Stadiums und machte sich an die Suche nach den Widersprüchen, die der Kapitalismus hervorruft und die zu seiner Überwindung führen.

Diese andere Auffassungsweise der gesellschaftlichen Verhältnisse hatte wichtige Folgen, worunter die auf den Begriff der entfremdeten Arbeit bezogene fraglos die bedeutsamste war. Im Gegensatz zu den Ökonomen, wie auch zu Hegel, die sie als natürliche, unwandelbare Bedingung der Gesellschaft begriffen, ging Marx einen Weg, in dessen Verlauf er die anthropologische Dimension der Entfremdung zurückwies und eine sozialhistorisch begründete Auffassung an ihre Stelle setzte, welche das Phänomen auf eine bestimmte Struktur der gesellschaftlichen Produktionsverhältnisse zurückführte: auf die menschliche Entfremdung unter den Bedingungen der Industriearbeit.

Die begleitenden Aufzeichnungen zu den Exzerpten aus James Mill verdeutlichen, «wie die Nationalökonomie die entfremdete Form des geselligen Verkehrs als die wesentliche und ursprüngliche und der menschlichen Bestimmung entsprechende fixirt» [18]. Alles andere als eine konstante Bedingung der Vergegenständlichung, der Produktion des Arbeiters, ist die entfremdete Arbeit für Marx Ausdruck der Gesellschaftlichkeit der Arbeit innerhalb der bestehenden Ordnung, der Arbeitsteilung, die den Menschen als «eine Drehmaschine» betrachtet, ihn «bis zur geistigen und physischen Mißgeburt […] umwandelt» [19].

In der Arbeitstätigkeit tritt die Besonderheit des Individuums zutage, es ist die Verwirklichung eines notwendigen Bedürfnisses, indes: «Diese Verwirklichung der Arbeit erscheint in dem nationalökonomischen Zustand als Entwirklichung des Arbeiters» [20]. Eigentlich wäre die Arbeit Selbstverwirklichung des Menschen, freie schöpferische Tätigkeit, «unter der Voraussetzung des Privateigenthums ist meine Individualität bis zu dem Punkte entäussert, daß diese Thätigkeit mir verhaßt, eine Qual und vielmehr nur der Schein einer Thätigkeit, darum auch eine nur erzwungene Thätigkeit und nur durch eine äusserliche zufällige Noth […] auferlegt ist» [21].

Marx gelangte zu diesen Schlüssen, indem er die geltenden Theorien der Wirtschaftswissenschaft sammelte, sie in ihren Bestandteilen kritisierte und ihre Ergebnisse umkehrte. Er widmete sich dieser Aufgabe mit intensivem, rastlosem Einsatz. Der Marx der Pariser Zeit ist ein lesehungriger Marx, der den Lektüren Tag und Nacht widmete. Es ist ein Marx voller Enthusiasmus und Projekte, der so umfängliche Arbeitspläne entwarf, dass er sie nie zu Ende führen konnte, der jedes seine jeweilige Frage betreffende Dokument studierte, um dann vom raschen Fortschritt seiner Erkenntnisse und den sich ändernden Interessen absorbiert zu werden, die ihn regelmäßig zu neuen Horizonten, neuen Vorsätzen und weiteren Untersuchungen führten [22].

Am linken Seine-Ufer plante er, eine Kritik der hegelschen Rechtsphilosophie zu verfassen, führte Studien zur Französischen Revolution durch, um eine Geschichte des Konvents zu schreiben, fasste eine Kritik der bestehenden sozialistischen und kommunistischen Lehren ins Auge. Dann stürzte er sich wie besessen ins Studium der politischen Ökonomie, das er plötzlich unterbrach, gepackt von dem vorrangigen Anliegen, das Terrain in Deutschland endgültig von der transzendenten Kritik von Bauer und Konsorten zu befreien, und schrieb sein erstes Werk:Die heilige Familie. Weitere tausend Vorsätze schlossen sich an. Was immer es zu kritisieren gab, es ging durch seinen Kopf und seine Feder. Und doch war der schaffensfreudigste junge Mann der hegelschen Linken auch derjenige, der weniger publiziert hat, als viele andere. Die Unvollendetheit, die sein gesamtes Werk kennzeichnen wird, prägte bereits seine Arbeiten in dem Jahr in Paris. Seine Gewissenhaftigkeit war schier unglaublich. Er weigerte sich, einen Satz zu schreiben, wenn er ihn nicht auf zehn verschiedene Arten beweisen konnte [23]. Die Überzeugung, seine Informationen seien unzureichend, seine Bewertungen verfrüht, hinderte ihn in den meisten Fällen daran, seine Arbeiten in Druck zu geben, die somit Entwürfe, Fragmente blieben [24]. Seine Aufzeichnungen sind deshalb von unschätzbarem Wert. Sie lassen die Weitläufigkeit seiner Untersuchungen ermessen, geben einige seiner Reflexionen wieder und sind als integraler Bestandteil seines Werkes zu werten. Dies gilt auch für die Pariser Zeit, deren Manuskripte und Lektüreaufzeichnungen von der untrennbaren Verbindung zwischen Schriften und Notizen zeugen [25].

III. MANUSKRIPTE UND EXZERPTHEFTE: DIE PAPIERE VON 1844
Ihrer Unvollendetheit und der sie kennzeichnenden fragmentarischen Form zum Trotz wurden die [Ökonomisch-philosophischen Manuskripte] aus dem Jahre 1844 fast immer unter weitgehender Missachtung der mit ihnen verknüpften philologischen Probleme gelesen, die man entweder ganz übersah oder für wenig wichtig hielt [26]. Erst 1932 wurden sie erstmals integral veröffentlicht, und obendrein in zwei verschiedenen Ausgaben. In dem von den sozialdemokratischen Wissenschaftlern Landshut und Mayer besorgten Sammelband Der historische Materialismus erschienen sie unter dem Titel «Nationalökonomie und Philosophie»[27], in derMarx Engels Gesamtausgabe dagegen als «Ökonomisch-philosophische Manuskripte aus dem Jahre 1844» [28]. Nicht nur dem Titel nach unterschieden sich die beiden Publikationen, sondern auch inhaltlich und hinsichtlich der Reihenfolge der verschiedenen Teile, die sogar sehr große Differenzen aufwies. In der erstgenannten Ausgabe, die aufgrund der ungenauen Entzifferung des Originals von Fehlern strotzte, fehlte die erste Gruppe von Blättern, das sogenannte erste Manuskript, und irrtümlicherweise wurde ein viertes Manuskript, bei dem es sich in Wahrheit um eine Zusammenfassung des Schlusskapitels von Hegels Phänomenologie des Geistes handelt, Marx selber zugeschrieben [29]. Doch wurde bislang zu wenig beachtet, dass auch die Herausgeber der ersten MEGA dadurch, dass sie den Manuskripten einen Namen gaben, das Vorwort an den Anfang stellten – in Wirklichkeit steht es im dritten Manuskript – und sie insgesamt neu ordneten, glauben machten, Marx habe von Anfang an beabsichtigt, eine Kritik der politischen Ökonomie zu schreiben, und das Ganze sei ursprünglich in Kapitel unterteilt gewesen [30].

Außerdem war man allgemein von der unzutreffenden Vorstellung ausgegangen, Marx habe jene Texte erst geschrieben, nachdem er die Werke der politischen Ökonomie gelesen und zusammengefasst hatte [31], während sich im Schreibprozess in Wahrheit Manuskripte und Exzerpte abwechselten und letztere sogar die gesamte Pariser Produktion, von den Beiträgen für die «Deutsch-französischen Jahrbücher» bis zur Heiligen Familie, begleiteten.

Trotz ihrer offensichtlich problematischen Form, der Verwirrung, die die verschiedenen in Druck gegebenen Versionen gestiftet hatten, und des Bewusstseins, dass ein Großteil des zweiten, wichtigsten und leider verloren gegangenen Manuskripts fehlte, widmete sich keiner der Interpreten, Kritiker und Herausgeber neuer Editionen der erneuten Prüfung der Originale, die doch dringend notwendig war für einen Text, der in der Debatte zwischen den unterschiedlichen kritischen Marx-Interpretationen so schwer wog.

Die [Ökonomisch-philosophischen Manuskripte] entstanden zwischen Mai und August und können nicht als kohärentes, vorherbestimmtes und systematisch verfasstes Werk gelten. Die zahlreichen Interpretationen, die ihnen den Charakter einer fertigen Einstellung zuschrieben, sei es, dass sie die Vollendetheit von Marx’ Denken an ihnen hervorhoben, sei es, dass sie sie als Ausdruck einer bestimmten Auffassung im Gegensatz zu derjenigen der wissenschaftlichen Reife begriffen [32], werden durch die philologische Analyse widerlegt. Heterogen und weit davon entfernt, einen engen Zusammenhang zwischen den Teilen aufzuweisen, sind sie der offenkundige Ausdruck einer in Bewegung begriffenen Position. Die Art der Aneignung und Verwendung der Lektüren, aus denen Marx’ Denken sich speiste, lässt sich anhand der neun überlieferten Hefte mit über 200 Seiten Exzerpten und Kommentaren zeigen [33].

Die Pariser Hefte bewahren die Spuren von Marx’ Begegnung mit der politischen Ökonomie, ebenso wie die Entstehungsspuren seiner frühesten Ausarbeitungen einer ökonomischen Theorie. Aus dem Vergleich dieser Hefte mit den zeitgleichen veröffentlichten und unveröffentlichten Schriften geht die Bedeutung der Lektüren für die Entwicklung seiner Gedanken deutlich hervor [34]. Marx fertigte – um die Aufzählung auf die Autoren der politischen Ökonomie zu beschränken – Exzerpte aus Texten von Say, Schütz, List, Osiander, Smith, Skarbek, Ricardo, James Mill, MacCulloch, Prevost, Destutt de Tracy, Buret, de Boisguillebert, Law und Lauderdale an [35]. Außerdem nahm er in den [Ökonomisch-philosophischen Manuskripten], in den Artikeln und der Korrespondenz der Zeit auf Proudhon, Schulz, Pecquer, Loudon, Sismondi, Ganihl, Chevalier, Malthus, de Pompery und Bentham Bezug.

Die ersten Exzerpte aus dem Traité d’économie politique von Say, aus dem er ganze Teile herausschrieb, machte Marx, während er sich Grundkenntnisse der Ökonomie aneignete. Die einzige eigene Betrachtung wurde nachträglich hinzugefügt und steht auf der rechten Seite des Blattes, der er diese Funktion gewöhnlich vorbehielt. Auch mit den Zusammenfassungen aus den Recherches sur la nature et les causes de la richesse des nations von Smith, die zeitlich später entstanden, verfolgte er dasselbe Ziel, sich ökonomische Grundbegriffe zu erarbeiten. Obwohl es sich um die längsten Exzerpte handelt, findet sich in der Tat darin kaum ein Kommentar. Dennoch wird Marx’ Denken durch die Montage der Passagen und die oft auch andernorts von ihm angewandte Technik der Gegenüberstellung von divergierenden Thesen verschiedener Ökonomen klar. Von anderer Art sind dagegen die Exzerpte aus Des principes de l’économie politique et de l’impôt von Ricardo, in denen seine ersten Betrachtungen auftauchen. Sie konzentrieren sich auf die Begriffe Wert und Preis, die er damals noch als gleichbedeutend fasste. Diese Gleichsetzung von Warenwert und Preisen entsprang der ursprünglichen Konzeption von Marx, wonach nur der durch den Wettbewerb erzeugte Tauschwert Wirklichkeit besaß, während er den natürlichen Preis als bloßes Hirngespinst ins Reich der Abstraktion verwies. Mit dem Fortgang seiner Studien tauchen derlei kritische Anmerkungen nicht mehr sporadisch auf, sondern wechseln mit den Zusammenfassungen der Werke ab, und mit fortschreitender Kenntnis, von Autor zu Autor, werden es immer mehr. Einzelne Sätze, dann breitere Ausführungen, bis sich das Verhältnis schließlich umkehrt, nachdem er sich im Zusammenhang mit den Éléments d’économie politique von James Mill auf die Kritik der Vermittlung des Geldes als völlige Herrschaft des entfremdeten Gegenstands über den Menschen konzentriert hat, und seine Texte nicht mehr die Exzerpte durchsetzen, sondern das genaue Gegenteil geschieht.

Auch ein Hinweis auf die weitere Verwendung jener Aufzeichnungen – zum Zeitpunkt ihrer Entstehung wie in späterer Zeit – erscheint nützlich, um die Bedeutung der Exzerpte zu veranschaulichen. Ein Teil von ihnen wurde 1844 im «Vorwärts!», der Zweiwochenschrift der deutschen Emigranten in Paris, publiziert, um zur intellektuellen Bildung der Leser beizutragen [36]. Da sie sehr erschöpfend waren, wurden sie aber von Marx, der die Gewohnheit besaß, seine Aufzeichnungen nach einiger Zeit erneut durchzulesen, vor allem in den ökonomischen Manuskripten von 1857-58, besser bekannt als [Grundrisse], in denen von 1861-63 und im ersten Buch des Kapitals weiterverwendet.

Marx entwickelte seine Gedanken also sowohl in den [Ökonomisch-philosophischen Manuskripten] wie in den Exzerptheften zu seinen Lektüren. Die Manuskripte sind voller Zitate, das erste ist fast eine Zitatsammlung, und die Hefte mit seinen Zusammenfassungen sind, obgleich stärker auf die gelesenen Texte konzentriert, mit seinen Kommentaren versehen. Der Inhalt beider, ebenso wie die Schreibmodalitäten – gekennzeichnet durch die Unterteilung der Blätter in Spalten –, die Seitennumerierung und der Zeitpunkt der Abfassung belegen, dass die [Ökonomisch-philosophischen Manuskripte] kein für sich stehendes Werk [37], sondern Teil seiner kritischen Produktion sind, welche in jener Zeit Exzerpte aus den von ihm studierten Texten, diesbezügliche kritische Überlegungen und Ausarbeitungen umfasst, die er ad hoc oder in durchdachterer Form zu Papier brachte. Die Manuskripte vom Rest zu trennen, sie aus ihrem Zusammenhang zu reißen, kann somit zu Interpretationsfehlern führen.

Nur die Gesamtheit all dieser Aufzeichnungen, zusammen mit der historischen Rekonstruktion ihrer Entstehung, verdeutlicht tatsächlich den Weg und die Komplexität seines kritischen Denkens während des intensiven Arbeitsjahrs in Paris [38].

IV. KRITIK DER PHILOSOPHIE UND KRITIK DER POLITIK
Der äußere Rahmen, in dem Marxens Ideen fortschritten, und der Einfluss, den er in theoretischer wie praktischer Hinsicht auf ihn hatte, verdienen eine weitere kurze Überlegung. Geprägt war er durch eine tief greifende sozioökonomische Transformation und vor allem durch die große Expansion des Proletariats. Mit der Entdeckung des Proletariats konnte Marx den hegelschen Begriff des bürgerlichen Staats in Klassenbegriffen zerlegen. Er erlangte zudem das Bewusstsein, dass das Proletariat eine neue Klasse war, die sich von den Armen unterschied, weil ihr Elend aus ihren Arbeitsbedingungen entsprang. Es handelte sich um die Demonstration eines Hauptwiderspruchs der bürgerlichen Gesellschaft: «Der Arbeiter wird um so ärmer, je mehr Reichtum er produziert, je mehr seine Produktion an Macht und Umfang zunimmt» [39].

Der schlesische Weberaufstand im Juni jenes Jahres bot Marx eine weitere Gelegenheit für die Entwicklung seiner Orientierung. In den Kritischen Randglossen zu dem Artikel “Der König von Preußen und die Sozialreform. Von einem Preußen“, die im «Vorwärts!» erschienen, ging er über die Kritik an Ruge und an einem vorher publizierten Artikel von ihm, worin jenem Kampf Mangel an politischem Geist angelastet wird, auf Distanz zur hegelschen Auffassung, die im Staat den einzigen Vertreter des allgemeinen Interesses sah und jede Bewegung der bürgerlichen Gesellschaft in den Bereich der Partialität und der Privatsphäre verwies [40]. Für Marx dagegen befindet sich «eine sociale Revolution […] auf dem Standpunkt des Ganzen» [41], und unter dem Eindruck jenes ausdrücklich revolutionären Ereignisses unterstrich er die Verblendung jener, die den Grund der sozialen Probleme «nicht im Wesen des Staats, sondern in einer bestimmten Staatsform» [42] suchten.

Überhaupt hielt er das Ziel der sozialistischen Lehren, die Reform der Gesellschaft, Lohngleichheit und eine neue Arbeitsorganisation innerhalb der kapitalistischen Ordnung für Vorschläge von Leuten, die noch Gefangene der von ihnen selbst bekämpften Voraussetzungen blieben (Proudhon) und die vor allem die wahre Beziehung zwischen Privateigentum und entäußerter Arbeit nicht verstanden. Es zeige sich, dass, «wenn das Privateigentum als Grund, als Ursache der entäußerten Arbeit erscheint, es vielmehr eine Konsequenz derselben ist» [43]. «Das Privateigentum ist also das Produkt, das Resultat, die notwendige Konsequenz der entäußerten Arbeit» [44]. Den sozialistischen Theorien setzte Marx den Plan zu einer radikalen Transformation des Wirtschaftssystems entgegen, demzufolge «das Kapital, […] “als solches” aufzuheben ist» [45].

Je näher jene Lehren seinem Denken standen, desto schärfer wurde seine Kritik, gestärkt durch das Bedürfnis, Klarheit zu schaffen. Die Ausarbeitung seiner Konzeption trieb ihn zum fortwährenden Vergleich zwischen den Ideen, die ihn umgaben, und den Ergebnissen seiner voranschreitenden Studien. Es war der rasche Gang seiner geistigen Reifung, der ihn dazu zwang. Das gleiche Los wie andere Lehren traf auch die hegelsche Linke. Die Urteile über ihre Vertreter waren sogar besonders streng, weil sie auch Selbstkritik an der eigenen Vergangenheit waren. In der «Allgemeinen Literatur-Zeitung», der von Bruno Bauer herausgegebenen Monatsschrift, wurde ein für alle Mal gefordert: «So entbehrt der Kritiker aller Freuden der Gesellschaft; aber auch ihre Leiden bleiben ihm fern […] er throne in der Einsamkeit» [46]. Für Marx dagegen ist «die Kritik keine Leidenschaft des Kopfs […]. Sie ist kein anatomisches Messer, sie ist eine Waffe. Ihr Gegenstand ist ihr Feind, den sie nicht widerlegen, sondern vernichten will. […] Sie gibt sich nicht mehr als Selbstzweck, sondern nur noch als Mittel» [47]. Entgegen dem Solipsismus der «kritischen Kritik» [48], die von der abstrakten Überzeugung ausging, wonach eine Entfremdung allein dadurch, dass man sie erkannte, auch schon überwunden sei, stand ihm klar vor Augen, dass «die materielle Gewalt […] gestürzt werden [muß] durch materielle Gewalt» [49] und das gesellschaftliche Sein nur durch die menschliche Praxis verändert werden kann. Die Entfremdung des Menschen zu entdecken, sich ihrer bewusst zu werden, musste gleichzeitig bedeuten, für ihre tatsächliche Aufhebung zu wirken. Es lässt sich kein größerer Abstand denken als der zwischen einer Philosophie, die sich in der spekulativen Isolierung verschloss und bloß fruchtlose Begriffsschlachten hervorbrachte, und seiner Kritik, die «im Handgemenge» ist [50]. Es ist derselbe Abstand, der die Suche nach der Freiheit des Selbstbewusstseins von der Suche nach der Freiheit der Arbeit trennt.

V. SCHLUSSFOLGERUNGEN
Marx’ Denken machte in dem zentralen Jahr in Paris eine entscheidende Entwicklung durch. Er war sich nunmehr gewiss, dass die Transformation der Welt eine praktische Frage war, «welche die Philosophie nicht lösen konnte, eben weil sie dieselbe als nur theoretische Aufgabe faßte» [51]. Von einer Philosophie, die dieses Bewusstsein nicht erlangt und sich nicht in die notwendige Philosophie der Praxis verwandelt hat, nahm er endgültig Abschied. Seine Analyse setzte fortan nicht mehr bei der Kategorie der entfremdeten Arbeit, sondern bei der Realität des Arbeiterelends an. Seine Schlüsse waren nicht spekulativer Art, sondern richteten sich auf das revolutionäre Tun [52].

Auch seine politische Auffassung wandelte sich zutiefst. Er übernahm keine der bestehenden, engstirnigen sozialistischen und kommunistischen Lehren, ging vielmehr zu ihnen auf Abstand und bildete das Bewusstsein heran, dass die ökonomischen Verhältnisse das Bindegewebe der Gesellschaft ausmachen. «Religion, Familie, Staat, Recht, Moral, Wissenschaft, Kunst etc. sind nur besondre Weisen der Produktion und fallen unter ihr allgemeines Gesetz» [53]. So büßte der Staat den Vorrang ein, den er in Hegels politischer Philosophie besaß, und wurde, von der Gesellschaft absorbiert, als bestimmte und nicht als bestimmende Sphäre der zwischenmenschlichen Beziehungen gedacht: «Nur der politische Aberglaube bildet sich noch heutzutage ein, daß das bürgerliche Leben vom Staat zusammengehalten werden müsse, während umgekehrt in der Wirklichkeit der Staat von dem bürgerlichen Leben zusammengehalten wird» [54].

Radikal veränderte sich auch seine Begrifflichkeit im Hinblick auf das revolutionäre Subjekt. Vom anfänglichen Hinweis auf die «leidende Menschheit» [55] gelangte Marx zur Ermittlung des Proletariats. Es wurde zunächst als abstrakter, auf dialektischen Antithesen fußender Begriff, als «passive[s] Element» [56] der Theorie betrachtet, um dann auf der Basis einer ersten sozialökonomischen Analyse zum aktiven Element seiner eigenen Befreiung zu werden, die einzige Klasse, die in der kapitalistischen Gesellschaftsordnung über revolutionäres Potenzial verfügt.

Schließlich trat an die Stelle der noch vagen Kritik der politischen Vermittlung des Staates und der ökonomischen des Geldes – Hindernissen für die Verwirklichung des Gemeinwesens des Menschen Feuerbach’scher Prägung – die Kritik eines historischen Verhältnisses, die in der materiellen Produktion die Basis für jede Analyse und Transformation der Gegenwart zu skizzieren begann, «weil die ganze menschliche Knechtschaft in dem Verhältnis des Arbeiters zur Produktion involviert ist und alle Knechtschaftsverhältnisse nur Modifikationen und Konsequenzen dieses Verhältnisses sind» [57]. Marx erhob also keine generische Emanzipationsforderung mehr, sondern forderte die radikale Transformation des realen Produktionsprozesses.

Während er zu diesen Schlüssen gelangte, plante er weitere Arbeiten. Nach der Heiligen Familie setzte er seine Studien und Exzerpte zur politischen Ökonomie fort, umriss eine Kritik Stirners, entwarf [Die Entstehungsgeschichte des modernen Staats oder die französische Revolution] [58], machte Notizen zu Hegel, plante eine Kritik des deutschen Ökonomen List, die er kurz darauf realisierte. Er war unermüdlich. Engels drängte ihn, der Welt sein Material zur Verfügung zu stellen, denn «es ist verflucht hohe Zeit» [59], und Marx unterzeichnete vor seiner Ausweisung aus Paris [60] einen Vertrag mit dem Verleger Leske über die Veröffentlichung eines Bandes mit dem Titel «Kritik der Politik und Nationalökonomie» [61]. Doch wird man weitere 15 Jahre warten müssen, bis 1859 ein erster Teil seines Werks Zur Kritik der politischen Ökonomie in Druck gehen wird.

Die [Ökonomisch-philosophischen Manuskripte] und die Exzerpthefte geben den Sinn der ersten Schritte des Unterfangens wieder. Seine Schriften sind voll theoretischer Elemente, die von Vorläufern und Zeitgenossen herrühren. Keiner der Entwürfe und kein Werk jener Zeit lässt sich in eine bestimmte Disziplin einordnen. Es gibt keine rein philosophischen noch wesentlich ökonomische noch ausschließlich politische Schriften. Was aus all dem entspringt, ist kein neues System, kein homogenes Ganzes, sondern eine kritische Theorie.

Der Marx von 1844 besitzt die Fähigkeit, die Erfahrungen der Pariser Proletarierinnen und Proletarier mit Studien zur Französischen Revolution, die Lektüre von Smith mit den Einsichten Proudhons, den schlesischen Weberaufstand mit der Kritik der hegelschen Staatsauffassung, die Analyse des Elends von Buret mit dem Kommunismus zu verbinden. Es ist ein Marx, der diese unterschiedlichen Erkenntnisse und Erfahrungen aufzunehmen weiß und durch ihre Verknüpfung eine revolutionäre Theorie ins Leben ruft.

Sein Denken, namentlich die ökonomischen Überlegungen, die sich während des Paris-Aufenthalts herauszukristallisieren beginnen, sind nicht die Frucht einer plötzlichen Eingebung, sondern das Ergebnis eines Prozesses. Indem die lange Zeit herrschende marxistisch-leninistische Hagiografie dieses Denken mit unvertretbarer Unmittelbarkeit präsentiert und ein instrumentelles Endergebnis vorausbestimmt hat, hat sie seinen Erkenntnisweg entstellt und seine armseligste Reflexion wiedergegeben. Es geht dagegen darum, Entstehung, Einflüsse und Errungenschaften seiner Arbeiten zu rekonstruieren, um die Komplexität und den Reichtum eines Werks zu verdeutlichen, das dem kritischen Denken der Gegenwart noch immer etwas zu sagen hat.

ANHANG: CHRONOLOGISCHE TABELLE DER IN PARIS VON MARX VERFASSTEN EXZERPTHEFTE UND MANUSKRIPTE

ABfassungs-

Zeitraum

Inhalt der Hefte NACH-LASS Merkmale der Hefte
Zwischen Ende 1843 und Anfang 1844 R. Levasseur, Mémoires MH Die Seiten mit den Exzerpten sind in zwei Spalten unterteilt.
Zwischen Ende 1843 und Anfang 1844 J. B. Say, Traité d’économie politique B 19 Das großformatige Heft umfasst Seiten mit in zwei Spalten unterteilten Exzerpten: in der linken aus dem Traité von Say und in der rechten (die nach Abfassung von B 24 geschrieben wurde) aus Skarbek und dem Cours complet von Say.
Zwischen Ende 1843 und Anfang 1844 C. W. C. Schüz, Grundsätze der National-Ökonomie B 24 Großformatiges Heft, Seiten in zwei Spalten unterteilt.
Zwischen Ende 1843 und Anfang 1844 F. List, Das nationale System der politischen Ökonomie B 24
Zwischen Ende 1843 und Anfang 1844 H. F. Osiander, Enttäuschung des Publikums über die Interessen des Handels, der Industrie und der Landwirtschaft B 24
Zwischen Ende 1843 und Anfang 1844 H. F. Osiander, Über den Handelsverkehr der Völker B 24
Frühjahr 1844 F. Skarbek, Theorie des richesses sociales B 19
Frühjahr 1844 J. B. Say, Cours complet d’économie politique pratique B 19
Mai-Juni 1844 A. Smith, Recherches sur la nature et les causes de la richesse des nations B 20 Kleinformatiges Heft mit normaler Seitengestaltung.
Ende Mai-Juni 1844 K. Marx, Arbeitslohn; Gewinn des Capitals; Grundrente; [Entfremdete Arbeit und Privateigentum] A 7 Großformatiges Heft, Seiten in zwei bzw. drei Spalten unterteilt. Der Text umfasst Zitate aus Say, Smith, aus Die Bewegung der Production von Schulz, aus der Théorie nouvelle d’économie sociale et politique von Pecqueur, aus Solution du problème de la population et de la substance von Loudon und aus Buret.
Juni-Juli 1844 J. R. MacCulloch, Discours sur l’origine, les progrès, les objets particuliers, et l’importance de l’économie politique B 21 Kleinformatiges Heft, Seiten in zwei Spalten unterteilt, mit Ausnahme der Seite 11, die einen Abriss von Engels’ Artikel enthält.
Juni-Juli 1844 G. Prevost, Réflexions du traducteur sur le système de Ricardo B 21
Juni-Juli 1844 G. Prevost, Réflexions du traducteur sur le système de Ricardo B 21
Juni-Juli 1844 F. Engels, Umrisse zu einer Kritik der Nationalökonomie B 21
Juni-Juli 1844 A. L. C. Destutt de Tracy, Éléments d’Idéologie B 21
Spätestens Juli 1844 K. Marx, [Das Verhältnis des Privateigentums] A 8 Auf großformatige, in zwei Spalten unterteilte Blätter geschriebener Text.
Zwischen Juli und August 1844 G. W. F. Hegel, Phänomenologie des Geistes A 9 (Hegel) Später in A 9 eingenähtes Blatt.
August 1844

K. Marx, [Privateigentum und Arbeit]; [Privateigentum und Kommunismus];[Kritik der Hegelschen Dialektik und Philosophie überhaupt]; [Privateigentum und Bedürfnisse]; [Zusätze]; [Teilung der Arbeit]; [Vorrede]; [Geld].

 

A 9 Großformatiges Heft. Der Text umfasst Zitate aus: Das entdeckte Christentum von Bauer, aus Smith, Destutt de Tracy, Skarbek, J. Mill, aus Goethes Faust, aus dem Timon von Athen von Shakespeare,sowie aus verschiedenen in der «Allgemeinen Literatur-Zeitung» erschienenen Artikeln von Bauer. Indirekt wird außerdem Bezug genommen auf: Engels, Say, Ricardo, Quesnay, Proudhon, Cabet, Villegardelle, Owen, Hess, Lauderdale, Malthus, Chevalier, Strauss, Feuerbach, Hegel und Weitling.
September 1844 D. Ricardo, Des principes de l’économie politique et de l’impôt B 23 Großformatiges Heft, Seiten in zwei, selten auch in drei Spalten unterteilt. Die ersten beiden Seiten mit Exzerpten aus Xenophon sind nicht in Spalten unterteilt.
September 1844 J. Mill, Éléments d’économie politique B 23
Zwischen Sommer 1844 und Januar 1845 E. Buret, De la misère des classes laborieuses en Angleterre et en France B 25 Kleinformatiges Heft mit normaler Seitengestaltung.
Zwischen Mitte September 1844 und Januar 1845 P. de Boisguillebert, Le détail de la France B 26 Großformatiges Heft mit Exzerpten aus Boisguillebert. Normale Seitengestaltung, mit Ausnahme weniger Seiten, die in zwei Spalten unterteilt sind.
Zwischen Mitte September 1844 und Januar 1845 P. de Boisguillebert, Dissertation sur la nature des richesses, de l’argent et des tributs B 26
Zwischen Mitte September 1844 und Januar 1845 P. de Boisguillebert, Traité de la nature, culture, commerce et intérêt des grains B 26
Zwischen Mitte September 1844 und Januar 1845 J. Law, Considération sur le numéraire et le commerce B 26
Zwischen Mitte September 1844 und Januar 1845 J. Lauderdale, Recherches sur la nature et l’origine de la richesse publique B 22 Großformatiges Heft, Seiten in zwei Spalten unterteilt.

 

References
1. Honoré de Balzac, Ferragus, das Haupt der Verschworenen, in: Geschichte der Dreizehn (Die großen Romane und Erzählungen, Bd. 7), Insel Verlag, Frankfurt/Main, Leipzig 1996, S. 21.
2. Vgl. Isaiah Berlin, Karl Marx. Sein Leben und sein Werk, Piper & Co Verlag, München 1959, S. 94 f.
3. Michail Bakunin, Ein Briefwechsel von 1843, MEGA², Dietz Verlag, Berlin 1982, I/2, S. 482.
4. Lorenz von Stein, Der Socialismus und Communismus des heutigen Frankreichs. Ein Beitrag zur Zeitgeschichte, Otto Wigand Verlag, Leipzig 1848, S. 509.
5. Arnold Ruge, Zwei Jahre in Paris. Etudien und Erinnerungen, Zentralantiquariat der DDR, Leipzig 1975, S. 59.
6. Honoré de Balzac, Ferragus, das Haupt der Verschworenen, a.a.O., S. 19.
7. «Nicht nur, daß eine allgemeine Anarchie unter den Reformern ausgebrochen ist, so wird jeder sich selbst gestehen müssen, daß er keine exacte Anschauung von dem hat, was werden soll», in Karl Marx, Ein Briefwechsel von 1843, MEGA² I/2, S. 486.
8. Im vorliegenden Beitrag stehen die unvollständigen Manuskripte von Marx, die von späteren Herausgebern veröffentlicht wurden, in eckigen Klammern.
9. «[D]er politische Staat kann nicht sein ohne die natürliche Basis der Familie und die künstliche Basis der bürgerlichen Gesellschaft; sie sind für ihn eine conditio sine qua non» (Karl Marx, Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie, MEGA² I/2, S. 9); «Familie und bürgerliche Gesellschaft sind die Voraussetzungen des Staats; sie sind die eigentlich Tätigen; aber in der Spekulation wird es umgekehrt» (ebd., S. 8). Genau hier steckt Hegels Fehler, der will, dass «der politische Staat nicht von der bürgerlichen Gesellschaft bestimmt wird, sondern umgekehrt sie bestimmt» (ebd., S. 100). Vgl. dazu Walter Tuchscheerer, Bevor „Das Kapital“ entstand, Akademie Verlag, Berlin 1968, S. 68.
10. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte, MEGA² I/2, S. 325.
11. Vgl. Maximilien Rubel, Introduction zu Karl Marx Œuvres. Economie II, Gallimard, Paris 1968, S. LIV-LV, der den Beginn des langen Alptraums von Marx’ ganzem Leben, die theoretische Besessenheit, von der er nie wieder lassen wird – die Kritik der Nationalökonomie – auf genau diesen Moment datiert.
12. Vgl. Walter Tuchscheerer, a.a.O, S. 76.
13. Karl Marx, Exzerpte aus Jean Baptiste Say: Traité d’economie politique, MEGA² IV/2, Dietz Verlag, Berlin 1981, S. 316-7.
14. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte, MEGA² I/2, S. 363.
15. Ebd., S. 364.
16. Ebd., S. 374.
17. Ebd., S. 384.
18. Karl Marx, Exzerpte aus James Mill: Élémens d’économie politique, MEGA² IV/2, S. 453.
19. Ebd., S. 456.
20. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte, MEGA I/2, S. 365.
21. Karl Marx, Exzerpte aus James Mill: Éléments d’économie politique, MEGA² IV/2, S. 466.
22. Vgl. diesbezüglich die Zeugnisse von Arnold Ruge: «Er liest sehr viel; er arbeitet mit ungemeiner Intensivität […] aber er vollendet nichts, er bricht überall ab und stürzt sich immer von neuem in ein endloses Büchermeer», «…wenn er sich krank gearbeitet und drei, ja vier Nächte hintereinander nicht ins Bett gekommen ist», A. Ruge an L. Feuerbach, Paris, 15. Mai 1844, in Hans Magnus Enzensberger (Hg.), Gespräche mit Marx und Engels, Insel Verlag, Frankfurt/Main 1973, S. 23-24. «Wenn Marx sich nicht durch Wüstheit, Hochmut und tolles Arbeiten umbringt und in kommunistischer Originalität nicht allen Sinn für einfache, noble Form verliert, so ist von seiner großen Belesenheit und selbst von seiner gewissenlosen Dialektik noch etwas zu erwarten […]. Er will immer das schreiben, was er zuletzt gelesen, liest dann aber immer wieder weiter und macht neue Exzerpte. Noch halte ich es für möglich, daß er ein recht großes und recht abstruses Buch fertigbringt, in das er alles hineinpropft, was er aufgehäuft hat». A. Ruge an M. Duncker, 29. August 1844, ebd., S. 31.
23. Vgl. das Zeugnis von Paul Lafargue, der Engels’ Erzählung über den Herbst 1844 wiedergibt: «Engels und Marx hatten die Gewohnheit angenommen, zusammen zu arbeiten; Engels, der doch die Genauigkeit bis zum Äußersten trieb, konnte dennoch manchmal über die Skrupulosität von Marx ungeduldig werden, der keinen Satz aufstellen wollte, den er nicht auf zehn verschiedene Arten beweisen konnte». P. Lafargue [1904], Herbst 1844, ebd., S. 32.
24. Vgl. Heinrich Bürgers: «Indessen, die scharfe Selbstkritik, die er gegen sich selbst zu üben gewohnt war, ließ ihn nicht zu dem größeren Werk kommen». H. Bürgers [1876], Herbst 1844/Winter 1845, ebd., S. 46-47.
25. Zu dieser komplizierten Beziehung vgl. David Rjazanov, Einleitung zu MEGA I/1.2, Marx-Engels-Verlag, Berlin 1929, S. XIX, der als erster auf die große Schwierigkeit einer klaren Grenzziehung zwischen bloßen Exzerptheften und als wahren Vorarbeiten zu betrachtenden Texten hingewiesen hat.
26. Vgl. Jürgen Rojahn, Marxismus – Marx – Geschichtswissenschaft. Der Fall der sog. „Ökonomisch-philosopischen Manuskripte aus dem Jahre 1844“, in International Review of Social History, Jg. XXVIII, 1983, Part 1, S. 20.
27. Karl Marx, Der historische Materialismus. Die Frühschriften, hg. von Siegfried Landshut und Jacob Peter Mayer, Alfred Kröner Verlag, Leipzig 1932, S. 283-375.
28. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte aus dem Jahre 1844, MEGA I/3, Marx-Engels-Verlag, Berlin 1932, S. 29-172.
29. Zum Beweis der Einordnungsschwierigkeiten erscheinen diese Seiten in der MEGA² sowohl in der ersten als auch in der vierten Abteilung. Vgl. MEGA² I/2, S. 439-444, und MEGA² IV/2, S. 493-500.
30. Vgl. Jürgen Rojahn, The emergence of a theory: the importance of Marx’s notebooks exemplified by those from 1844, «Rethinking Marxism», Bd. 14, Nr. 4 (2002), S. 33.
31. Diesem Irrtum erliegt beispielsweise David McLellan, Marx before marxism, Reprint Macmillan, London 1970, S. 163.
32. Ohne im Geringsten die endlose Debatte über diese Schrift von Marx nachzeichnen zu wollen, seien hier zwei der wichtigsten Arbeiten angeführt, in denen die genannten Positionen vertreten werden. Der erstgenannten Richtung gehören Landshut und Meyer an, die als erste in den [Ökonomisch-philosophischen Manuskripten] «in gewissem Sinne die zentralste Arbeit von Marx [erblickt haben, die…] den Knotenpunkt seiner ganzen Gedankenentfaltung bildet» und «im Kern das Kapital vorwegnimmt». Vgl. Karl Marx,Der historische Materialismus. Die Frühschriften, a.a.O., S. XIII und V. Der zweitgenannten ist dagegen Althussers berühmte These von der coupure épistémologique zuzurechnen; vgl. Louis Althusser, Für Marx, Suhrkamp, Frankfurt/Main 1968, S. 15.
33. Abgedruckt in MEGA², IV/2, S. 279-579, und MEGA², IV/3, Akademie Verlag, Berlin 1998, S. 31-110.
34. «Seine Manuskripte aus dem Jahr 1844 gingen geradewegs aus den Exzerpten jener Zeit hervor», in Jürgen Rojahn, The emergence of a theory: the importance of Marx’s notebooks exemplified by those from 1844, a.a.O, S. 33.
35. Marx las die englischen Ökonomen zu jener Zeit noch in französischer Übersetzung.
36. Vgl. Jacques Grandjonc, Marx et les communistes allemands à Paris 1844, Maspero, Paris 1974, S. 61-62, sowie den spätestens im November 1844 verfassten Brief von K. Marx an H. Börnstein, MEGA² III/I, Dietz Verlag, Berlin 1975, S. 248.
37. «Es besteht daher kein Anlaß, davon auszugehen, daß die “Manuskripte” einen eigenen Komplex für sich darstellen» (Jürgen Rojahn, Marxismus – Marx – Geschichtswissenschaft. Der Fall der sog. „Ökonomisch-philosopischen Manuskripte aus dem Jahre 1844“, a.a.O., S. 20).
38. Vgl. Jürgen Rojahn, The emergence of a theory: the importance of Marx’s notebooks exemplified by those from 1844, a.a.O., S. 45.
39. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte, MEGA² I/2, S. 364.
40. Vgl. Michael Löwy, La théorie de la révolution chez le jeune Marx, Maspero, Paris 1970, S. 41, Anm. 22.
41. Karl Marx, Kritische Randglossen zu dem Artikel “Der König von Preußen und die Sozialreform. Von einem Preußen“, MEGA² I/2, S. 462.
42. Ebd., S. 455.
43. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte, MEGA² I/2, S. 372-373.
44. Ebd., S. 372.
45. Ebd., S. 387.
46. Bruno Bauer (Hg.), «Allgemeine Literatur-Zeitung», Heft 6, Verlag von Egbert Bauer, Charlottenburg 1844, S. 32. Marx führt das Zitat, wenngleich nicht wörtlich, in seinem Brief an Ludwig Feuerbach vom 11. August 1844 an. Vgl. MEGA² III/1, Dietz Verlag, Berlin 1975, S. 65.
47. Karl Marx, Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie. Einleitung, MEGA ² I/2, S. 172.
48. Marx verwendet den Ausdruck in Die Heilige Familie zur Bezeichnung und Verspottung von Bruno Bauer und den anderen Junghegelianern, die an der «Allgemeinen Literatur-Zeitung» mitarbeiteten.
49. Ebd., S. 177.
50. Karl Marx, Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie. Einleitung, MEGA² I/2, S. 173.
51. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte, MEGA² I/2, S. 395.
52. Vgl. Ernest Mandel, Entstehung und Entwicklung der ökonomischen Lehre von Karl Marx (1843-1863), Europäische Verlagsanstalt/Europa Verlag, Frankfurt/Wien 1982, S. 156.
53. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte, MEGA² I/2, S. 390.
54. Friedrich Engels-Karl Marx, Die heilige Familie, Marx Engels Werke, Band 2, Dietz Verlag, Berlin 1962, S. 128.
55. Karl Marx, Ein Briefwechsel von 1843, MEGA² I/2, S. 479.
56. Karl Marx, Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie. Einleitung, MEGA² I/2, S. 178.
57. Karl Marx, Ökonomisch-philosophische Manuskripte, MEGA² I/2, S. 373-374.
58. Vgl. MEGA² IV/3, a.a.O, S. 11.
59. F. Engels an K. Marx, Anfang Oktober 1844, MEGA² III/I, Dietz Verlag, Berlin 1975, S. 245; vgl. außerdem F. Engels an K. Marx, um den 20. Januar 1845: «Mach daß Du mit Deinem nationalökonomischen Buch fertig wirst, wenn Du selbst auch mit Vielem unzufrieden bleiben solltest, es ist einerlei, die Gemüther sind reif und wir müssen das Eisen schmieden weil es warm ist», ebd., S. 260.
60. Auf Druck der preußischen Regierung erließen die französischen Behörden einen Ausweisungsbefehl gegen verschiedene Mitarbeiter des «Vorwärts!». Marx musste Paris am 1. Februar 1845 verlassen.
61. Marx Engels Werke, Band 27, Dietz Verlag, Berlin 1963, S. 669.
62. Die Chronologie umfasst alle von Marx während seines Paris-Aufenthalts von 1843-1845 verfassten Studienhefte (nicht berücksichtigt wurde daher das in der MEGA² IV/3, S. 5-30, erschienene [Notizbuch aus den Jahren 1844-1847], auch wenn es die höchst wichtigen [Thesen über Feuerbach] enthält). Da das Abfassungsdatum der Hefte oft ungewiss ist, wurde in vielen Fällen der Zeitraum angegeben, in dem sie vermutlich entstanden. Maßgeblich für die chronologische Ordnung ist das jeweilige Anfangsdatum der betreffenden Zeiträume. Außerdem hat Marx die Hefte nicht nacheinander verfasst, sondern bisweilen abwechselnd an ihnen geschrieben (s. B 19 und B 24). Aus diesem Grund wurde der Stoff entsprechend den verschiedenen Heftteilen geordnet. Für die Hefte mit den sogenannten [Ökonomisch-Philosophischen Manuskripten] von 1844 (A 7, A 8 und A 9) wird Marx als Autor genannt, während die Paragraphenüberschriften, die nicht von ihm stammen, sondern von den Herausgebern des Textes eingefügt wurden, in eckigen Klammern stehen. Werden in der vierten Spalte (Merkmale der Hefte) von den Autoren, die Marx zitiert, keine Werktitel genannt, so entsprechen sie stets den schon in der zweiten Spalte (Inhalt der Hefte) angeführten Titeln. Mit Ausnahme von MH, das sich imRossiiskii gosudarstvennyi arkhiv sotsial’no-politicheskoi istorii (RGASPI) Moskau befindet, werden sämtliche Hefte aus dieser Zeit im Internationaal Instituut voor Sociale Geschiedenis (IISG) Amsterdam unter den in der dritten Spalte (Nachlass) angegebenen Siglen aufbewahrt.

Ich möchte Jürgen Rojahn meinen Dank aussprechen, der sich freundlicherweise der Durchsicht der chronologischen Tabelle angenommen und mir wertvolle Verbesserungsvorschläge geliefert hat. Für eventuelle Fehler zeichne ich selbstverständlich allein verantwortlich.

Categories
Journal Articles

Diffusione e recezione del Manifesto in Italia dal 1889 al 1945

I. Prologo
A causa di conflitti teorici o di vicende politiche, l’interesse per l’opera di Marx non è mai stato costante e, sin da quando si è manifestato, ha vissuto indiscutibili momenti di declino.
Dalla «crisi del marxismo» alla dissoluzione della «Seconda Internazionale», dalle discussioni sui limiti della teoria del plusvalore alle tragedie del comunismo sovietico, le critiche alle idee di Marx sembrarono, ogni volta, superarne in maniera definitiva l’orizzonte concettuale. Sempre, però, vi fu un «ritorno a Marx» [1]. Costantemente, si sviluppò un nuovo bisogno di richiamarsi alla sua opera che, attraverso la critica dell’economia politica, le formulazioni sull’alienazione o le brillanti pagine dei pamphlet politici, continuò a esercitare un irresistibile fascino su seguaci e oppositori.
Nonostante, col finir del secolo, ne fosse stato decretato all’unanimità l’oblio, del tutto inatteso, da qualche anno a questa parte, Marx si è ripresentato sul palcoscenico della storia. Nei suoi riguardi, infatti, è in corso un vero e proprio ritorno di interesse e sugli scaffali delle biblioteche di Europa, Stati Uniti e Giappone, i suoi scritti vengono rispolverati sempre più frequentemente.
La riscoperta di Marx si basa sulla sua persistente capacità esplicativa del presente, del quale egli rimane strumento indispensabile per poterlo comprendere e trasformare. Davanti alla crisi della società capitalistica, e alle profonde contraddizioni che la attraversano, si ritorna a interrogare quell’autore messo da parte, troppo frettolosamente, dopo il 1989. Così, l’affermazione di Jacques Derida: «sarà sempre un errore non leggere, rileggere e discutere Marx»[2], che soltanto pochi anni fa sembrava una provocazione isolata, è divenuta sempre più condivisa. Dalla fine degli anni Novanta, infatti, quotidiani, periodici, emittenti televisive e radiofoniche non fanno che discutere del pensatore più attuale per i nostri tempi: Karl Marx. Il primo articolo che produsse una certa eco in questa direzione fu The return of Karl Marx, apparso sulla rivista statunitense «The New Yorker» [3]. Venne poi il turno della BBC, che nel 1999 conferiva a Marx lo scettro di più grande pensatore del millennio. Qualche anno più tardi, il bimestrale del «Nouvel Observateur» fu interamente dedicato al tema Karl Marx – le penseur du troisième millénaire? [4] e poco dopo anche la Germania pagò il suo tributo a colui che aveva costretto all’esilio per quarant’anni: nel 2004, oltre 500.000 telespettatori della televisione nazionale ZDF indicarono Marx quale terza personalità tedesca di tutti i tempi (prima, invece, nella categoria ‘attualità’) e, durante le ultime elezioni politiche, la nota rivista «Der Spiegel» lo ritraeva in copertina, dal titolo Ein Gespenst kehrt zurück (Un fantasma è tornato), con le dita, in segno di vittoria[5]. A completare questa curiosa rassegna, vi è il sondaggio condotto nel 2005 del canale radiofonico BBC 4, che ha assegnato a Marx la palma di filosofo più amato dagli ascoltatori inglesi.
Anche la letteratura su Marx, quasi del tutto tralasciata quindici anni fa, dà diffusi segnali di ripresa e, accanto al fiorire di nuovi significativi studi, spuntano, in più lingue, opuscoli dal titolo Why read Marx today? Analogo consenso riscuotono le riviste internazionali aperte ai contributi riguardanti Marx e i marxismi, così come sono tornati di moda convegni, corsi e seminari universitari dedicati a questo autore. Infine, seppure timidamente o in forme piuttosto confuse, dall’America latina al movimento alter-mondialista, una nuova domanda di Marx giunge anche dal versante politico.
Ancora una volta, il testo marxiano che più di ogni altro ha suscitato il maggiore coinvolgimento di lettori e studiosi è stato il Manifesto del partito comunista. Nel 1998, infatti, in occasione del centocinquantesimo anniversario della pubblicazione, il Manifesto di Marx ed Engels è stato stampato in decine di nuove edizioni in ogni angolo del pianeta e celebrato non solo quale la più formidabile previsione dello sviluppo del capitalismo su scala mondiale, ma anche come il testo politico più letto della storia dell’umanità [6]. Per questo motivo, può risultare di qualche interesse ripercorrere le vicende che ne accompagnarono la prima propagazione nel nostro paese.

II. Karl Marx: Il misconoscimento italiano
In Italia, le teorie di Marx hanno goduto di una popolarità straordinaria. Ispirando partiti, organizzazioni sindacali e movimenti sociali hanno influito, come nessun’altra, alla trasformazione della vita politica nazionale. Diffusesi in ogni campo della scienza e della cultura ne hanno mutato, irreversibilmente, l’indirizzo e lo stesso lessico. Concorrendo alla presa di coscienza della propria condizione delle classi subalterne, sono state il principale strumento teorico nel processo di emancipazione di milioni di donne ed uomini.
Il livello di diffusione che raggiunsero può essere paragonato a quello di pochi altri paesi. È d’obbligo interrogarsi, pertanto, sull’origine di questa notorietà. Ovvero, quando si parlò per la prima volta di «Carlo Marx»? Quando apparve sui giornali questo nome in calce ai primi scritti tradotti? Quando la fama si propagò nell’immaginario collettivo di operai e militanti socialisti? E, soprattutto, in che modo e attraverso quali circostanze si dispiegò l’affermazione del suo pensiero?
Le primissime traduzioni degli scritti di Marx, quasi del tutto sconosciuto durante i moti rivoluzionari del 1848, comparvero soltanto nella seconda metà degli anni Sessanta. Esse, tuttavia, furono poco numerose e relative soltanto all’Indirizzo e agli Statuti della «International Working Men’s Association»[7]. A questo ritardo concorse senz’altro l’isolamento di Marx ed Engels dall’Italia, con la quale, nonostante il fascino che nutrirono per la sua storia e cultura e la partecipazione dimostrata per la sua realtà, non ebbero corrispondenti epistolari fino al 1860 ed effettive relazioni politiche prima del 1870 [8].
Un primo interesse intorno alla figura di Marx fiorì solo in coincidenza dell’esperienza rivoluzionaria della Comune di Parigi. Al «fondatore e capo generale dell’Internazionale» [9], infatti, la stampa nazionale, così come la miriade di fogli operai esistenti, dedicarono, in poche settimane, schizzi biografici e la pubblicazione di estratti di lettere e di risoluzioni politiche (tra queste La guerra civile in Francia). Anche in questa circostanza, gli scritti stampati – che compresi quelli di Engels raggiunsero il numero di 85 nel solo biennio 1871-72 – riguardarono esclusivamente documenti dell’«Internazionale», a testimonianza di un’attenzione inizialmente politica e solo successivamente di carattere teorico [10]. Inoltre, su alcuni giornali comparvero fantasiose descrizioni che concorsero a conferire alla sua immagine un’aureola leggendaria: «Carlo Marx è un uomo astuto e coraggioso a tutta prova. Gite veloci da uno Stato all’altro, continui travestimenti, fanno sì che eluda la sorveglianza di tutti gli spioni polizieschi d’Europa»[11].
L’autorevolezza che cominciò a circondarne il nome fu tanto grande quanto generica [12]. Durante questo periodo, infatti, manuali di propaganda diffusero le concezioni di Marx – o perlomeno quelle presunte tali – insieme a quelle di Darwin e Spencer [13]. Il suo pensiero venne considerato sinonimo di legaritarismo[14] o di positivismo [15]. Le sue teorie furono inverosimilmente sintetizzate con quelle agli antipodi di Fourier, Mazzini e Bastiat [16]. La sua figura accostata – secondo gli equivoci – a quella di Garibaldi[17] o di Schäffle [18].
L’interesse rivolto a Marx, oltre che restare così approssimativo, non si tradusse neanche in adesione alle sue posizioni politiche. Tra gli internazionalisti italiani – che nello scontro tra Marx e Bakunin presero parte in maniera pressoché compatta per quest’ultimo –, infatti, la sua elaborazione rimase pressoché sconosciuta ed il conflitto in seno all’«Internazionale» fu percepito più come scontro personale tra i due che come contesa teorica[19].
Ciò nonostante, nel decennio seguente segnato dall’egemonia del pensiero anarchico – che ebbe facile gioco ad imporsi nella realtà italiana caratterizzata dall’assenza di un moderno capitalismo industriale, dalla conseguente ancora limitata consistenza operaia, nonché dalla viva tradizione cospirativa mutuata dalla recente rivoluzione nel paese [20] –, gli elementi teorici di Marx andarono lentamente affermandosi nelle file del movimento operaio [21]. Anzi, paradossalmente, conobbero una prima divulgazione proprio tramite gli anarchici, che condividevano completamente le teorie dell’autoemancipazione operaia e della lotta di classe, contenute negli Statuti e negli Indirizzi dell’«Internazionale» [22]. Essi, in seguito, continuarono a pubblicare Marx, spesso in polemica con il socialismo che fu verbosamente rivoluzionario, ma, nella pratica, legalitario e revisionista. La più importante iniziativa realizzata fu, senz’altro, la pubblicazione, nel 1879, del compendio del primo libro de Il capitale, a cura di Carlo Cafiero. Fu questa la prima occasione nella quale, seppure in forma popolarizzata, i principali concetti teorici di Marx poterono cominciare a circolare in Italia.

III. Gli anni ottanta e il «marxismo» senza Marx
Gli scritti di Marx non furono tradotti neanche durante gli anni Ottanta. Eccetto pochissimi articoli comparsi sulla stampa socialista, le uniche opere pubblicate furono entrambe di Engels (Il socialismo utopico e il socialismo scientifico nel 1883 e L’origine della famiglia, della proprietà privata e dello Stato nel 1885) e videro la luce – in edizioni di scarsissima diffusione – solo grazie alla caparbia quanto virtuosa iniziativa del socialista beneventano Pasquale Martignetti. Al contrario, cominciarono ad occuparsi di Marx importanti settori della cultura ufficiale, che nutrirono nei suoi confronti minori preclusioni di quelle manifestate, invece, in ambito tedesco. Così, per iniziativa dei più importanti livelli editoriali ed accademici, la prestigiosissima «Biblioteca dell’economista», la stessa che Marx aveva consultato più volte nel corso delle sue ricerche al British Museum, pubblicò, tra il 1882 ed il 1884 in dispense separate e nel 1886 in unico volume, il libro primo de Il capitale. A dimostrazione della vacuità del movimento italiano, Marx venne a conoscenza di quest’iniziativa, che fu l’unica traduzione dell’opera realizzata in Italia fino a dopo la seconda guerra mondiale, solo casualmente e due mesi prima della morte [23]. Engels, invece, soltanto nel 1893[24]!
Pur se in una realtà ancor piena di limiti, come quella che si è tentato sin qui brevemente di descrivere, la prima circolazione del «marxismo» può datarsi proprio a questo periodo. Tuttavia, a causa del numero ridottissimo di traduzioni degli scritti di Marx e della loro così difficile reperibilità, questa diffusione non avvenne quasi mai tramite le fonti originali, ma attraverso riferimenti indiretti, citazioni di seconda mano, compendi ad opera della miriade di epigoni o presunti continuatori, sorti in poco tempo [25].
Durante questi anni si sviluppò un vero e proprio processo di osmosi culturale, che investì non solo le diverse concezioni socialiste presenti sul territorio, ma anche ideologie che con il socialismo non avevano nulla a che fare. Studiosi, agitatori politici e giornalisti formarono le proprie idee ibridando il socialismo con tutti gli altri strumenti teorici di cui disponevano [26]. E se il «marxismo» riuscì rapidamente ad affermarsi sulle altre dottrine, ciò anche in ragione dell’assenza di un socialismo italiano autoctono, l’esito di questa omogeinizzazione culturale fu la nascita di un «marxismo» impoverito e contraffatto[27]. Un «marxismo» passe-partout. Soprattutto, un «marxismo» senza conoscenza di Marx, visto che i socialisti italiani che lo avevano letto dai suoi testi originali potevano contarsi, ancora, sulle dita [28].
Pur se elementare ed impuro, determinista ed in funzione delle contingenze politiche, questo «marxismo» fu comunque capace di conferire identità al movimento dei lavoratori, ad affermarsi nel Partito dei Lavoratori Italiani costituitosi nel 1892 e, finanche, a dispiegare la propria egemonia nella cultura e nella scienza italiana [29].
Del Manifesto del partito comunista, fino alla fine degli anni Ottanta, non ve n’è ancora alcuna traccia. Ciò nonostante, esso eserciterà, insieme con il suo principale interprete, Antonio Labriola, un ruolo importante nella rottura di quel «marxismo» adulterato che aveva, fino ad allora, caratterizzato la realtà italiana. Prima di parlarne, però, è necessario fare un passo indietro.

IV. Le prime pubblicazioni del Manifesto in Italia
Il prologo alla prima stampa del Manifesto del partito comunista ne annunciava la pubblicazione «in inglese, francese, tedesco, italiano, fiammingo e danese» [30]. In realtà, questo proposito non fu realizzato. O, come sarebbe meglio affermare, il Manifesto divenne uno degli scritti più diffusi della storia dell’umanità, ma non secondo i piani dei suoi due autori.
Il primo tentativo di traduzione de «il Manifesto in italiano e in spagnolo» fu intrapreso a Parigi da Hermann Ewerbeck, membro dirigente della Lega dei Comunisti della capitale francese [31]. Tuttavia, nonostante a distanza di anni, nello Herr Vogt, Marx segnalasse erroneamente l’esistenza di un’edizione italiana [32], questa impresa non fu mai realizzata. Del progetto iniziale, l’unica traduzione eseguita fu quella inglese del 1850, preceduta da quella svedese del 1848. Successivamente, in seguito alla sconfitta delle rivoluzioni del biennio 1848-49, il Manifesto fu dimenticato. Le uniche ristampe, due negli anni Cinquanta e tre negli anni Sessanta, apparvero in lingua tedesca e per la comparsa di nuove traduzioni bisognerà attendere un ventennio. Nel 1869, infatti, venne data alle stampe l’edizione russa e nel 1871 quella serba. Nello stesso periodo, a New York, videro la luce la prima versione inglese pubblicata negli Stati Uniti (1871) e la prima traduzione francese (1872). Sempre nel 1872 uscì a Madrid la prima traduzione spagnola, seguita, l’anno successivo, da quella portoghese condotta su quest’ultima [33].
Al tempo, in Italia, il Manifesto era ancora sconosciuto. La sua prima breve esposizione, composta da riassunti ed estratti dal testo, comparve solo nel 1875, nell’opera di Vito Cusumano, Le scuole economiche della Germania in rapporto alla questione sociale. In essa si poteva leggere che: «dal punto di vista del proletariato questo programma è tanto importante quanto la Déclaration des droits des hommes per la borghesia: esso è uno dei fatti più importanti del XIX secolo, uno di quei fatti che caratterizzano, che danno nome e indirizzo ad un secolo» [34]. In seguito, i riferimenti al Manifesto furono poco frequenti. Tuttavia, lo scritto venne citato, nel 1883, negli articoli che diedero notizia della scomparsa di Marx. Il foglio socialista «La Plebe» ne parlava come di uno «dei documenti fondamentali del socialismo contemporaneo (…) simbolo della maggioranza del proletariato socialista dell’occidente e dell’America del Nord» [35]. Il quotidiano borghese la «Gazzetta Piemontese», invece, presentava Marx come l’autore del «famoso Manifesto dei Comunisti, che divenne il labaro del socialismo militante, il catechismo dei diseredati, il vangelo sul quale votano, giurano, combattono gli operai tedeschi e la maggior parte degli operai inglesi» [36]. A dispetto di questi apprezzamenti, la sua stampa dovette, però, ancora attendere.
Nel 1885, dopo aver ricevuto una copia del Manifesto da Engels, Martignetti ne realizzò la traduzione. Tuttavia, per mancanza di danaro, l’edizione non fu mai pubblicata. La prima traduzione italiana apparve, con oltre quarant’anni di ritardo, soltanto nel 1889, anno nel quale erano già state pubblicate 21 edizioni in tedesco, 12 in russo, 11 in francese, 8 in inglese, 4 in spagnolo, 3 in danese (la prima nel 1884), 2 in svedese, ed 1 rispettivamente in lingua portoghese, ceka (1882), polacca (1883), norvegese (1886) e yiddish (1889). Il testo italiano fu dato alle stampe con il titolo di Manifesto dei socialisti redatto da Marx e Engels, in dieci puntate tra l’agosto ed il novembre, sul giornale democratico di Cremona «L’Eco del popolo». Questa versione, però, si distinse per la pessima qualità, risultando priva delle prefazioni di Marx ed Engels, della terza sezione («Letteratura socialista e comunista») e di diverse altre parti che furono omesse o riassunte. Inoltre, la traduzione di Leonida Bissolati, eseguita dall’edizione tedesca del 1883 e confrontata con quella francese del 1885 curata da Laura Lafargue, semplificava le espressioni maggiormente complicate. Dunque, più che di una traduzione, si trattò di un popolarizzazione dello scritto, con un certo numero di passaggi testualmente tradotti [37].
La seconda edizione italiana, che fu la prima ad uscire in brochure, giunse nel 1891. La traduzione, condotta dalla versione francese del 1885 del giornale parigino «Le Socialiste», e la prefazione furono opera dell’anarchico Pietro Gori. Il testo si segnala per l’assenza del preambolo e per i diversi errori presenti. L’editore Flaminio Fantuzzi, anche egli vicino alle posizioni anarchiche, avvisò Engels solo a cose fatte e questi, in una lettera a Martignetti, espresse il suo particolare fastidio per le «prefazioni di sconosciuti tipo Gori» [38].
La terza traduzione italiana uscì nel 1892, in feuilletton sul periodico «Lotta di classe» di Milano. Questa versione, che si presentava come la «prima e sola traduzione italiana del Manifesto, che non sia un tradimento» [39], fu condotta da Pompeo Bettini sull’edizione tedesca del 1883. Seppure presentava anch’essa errori e semplificazioni di alcuni passaggi, si affermò decisamente sulle altre, ebbe numerose riedizioni fino al 1926 e diede avvio al processo di formazione della terminologia marxista in Italia [40]. L’anno seguente, con alcune correzioni e miglioramenti di stile e con l’indicazione che «la versione completa [era stata] eseguita sulla 5.a edizione tedesca (Berlino 1891)»[41], questa traduzione apparve in brochure, in mille copie. Nel 1896 la ristampa in duemila copie. Il testo conteneva le prefazioni del 1872, 1883 e 1890, tradotte da Filippo Turati, direttore di «Critica Sociale» al tempo la principale rivista del socialismo italiano, e l’apposito proemio Al lettore italiano che questi era riuscito ad ottenere da Engels per l’occasione, al fine di poter distinguere la nuova edizione da quelle che l’avevano preceduta. La prefazione italiana fu l’ultima scritta per il Manifesto da uno dei suoi autori.
Negli anni seguenti vennero pubblicate altre due edizioni che, seppur prive dell’indicazione del traduttore, riprendevano decisamente la versione di Bettini. La prima, alla quale mancavano, però, la prefazione e la terza sezione, venne realizzata per dare al Manifesto un’edizione popolare ed a buon mercato. Essa fu promossa, in occasione del 1° Maggio del 1897, dalla rivista «Era Nuova» ed apparve a Diano Marina (in Liguria) in ottomila copie. La seconda, senza le prefazioni, a Firenze, presso l’editore Nerbini, nel 1901.

V. Il Manifesto tra la fine dell’ottocento e il fascismo
Negli anni Novanta, il processo di diffusione degli scritti di Marx ed Engels compì un grande progresso. Il consolidamento delle strutture editoriali di quello che era divenuto il Partito Socialista Italiano, l’opera svolta dai numerosi giornali ed editori minori e la collaborazione di Engels alla «Critica Sociale», furono tutte circostanze che concorsero a determinare una maggiore conoscenza dell’opera di Marx. Ciò non bastò, però, ad arginare il processo di alterazione che ne accompagnava la divulgazione. La scelta di combinare le concezioni di Marx con le teorie più disparate fu tanto opera di quel fenomeno denominato «socialismo della cattedra» che del movimento operaio, i cui contributi teorici, pur se divenuti di una certa mole, si caratterizzavano ancora per una stentatissima conoscenza degli scritti marxiani.
Marx aveva ormai assunto un’indiscussa notorietà, ma era ancora considerato come un primus inter pares nella moltitudine dei socialisti esistenti [42]. Soprattutto, fu messo in circolazione da pessimi interpreti del suo pensiero. Per tutti, valga l’esempio di colui che fu considerato «il più socialista, il più marxista (…) degli economisti italiani» [43]: Achille Loria; correttore e perfezionatore di quel Marx che nessuno conosceva abbastanza per dire in cosa fosse stato corretto o perfezionato. Poiché è nota la sua descrizione dipinta da Engels nella Prefazione al Libro Terzo de Il capitale – «improntitudine illimitata, agilità da anguilla per sgusciare da situazioni insostenibili, eroico disdegno delle pedate ricevute, prontezza nell’appropriarsi prodotti altrui…» [44] –, per meglio descrivere la falsificazione subita da Marx, può essere utile ricordare un aneddoto raccontato, nel 1896, da Benedetto Croce. Nel 1867, a Napoli, in occasione della costituzione della prima sezione italiana dell’«Internazionale», uno sconosciuto personaggio straniero, «molto alto e molto biondo, dai modi dei vecchi cospiratori e dal parlare misterioso», intervenne per convalidare la nascita del circolo. Ancora a distanza di molti anni, un avvocato napoletano, presente all’incontro, era convinto che «quell’uomo alto e biondo fosse stato Carlo Marx» [45] e ci volle una grande fatica per riuscire a convincerlo del contrario. Poiché in Italia molti concetti marxiani sono stati introdotti dall’«illustre Loria» [46], si può concludere che quello che è stato inizialmente divulgato sia stato un Marx snaturato, un Marx, anche questo, «alto e biondo!» [47]
Tale realtà mutò soltanto grazie all’opera di Labriola, che per primo introdusse in Italia il pensiero marxiano in maniera autentica. Più che essere interpretato, attualizzato o «completato» con altri autori, si può affermare che, grazie a lui, Marx venne svelato per la prima volta [48]. Questa impresa avvenne tramite i Saggi sulla concezione materialistica della storia, pubblicati da Labriola tra il 1895 ed il 1897. Il primo di questi, In memoria del Manifesto dei comunisti, consisteva proprio in uno studio sulla genesi del Manifesto che, a seguito dell’approvazione giunta da Engels poco prima della sua morte [49], ne divenne il più importante commento e l’interpretazione ufficiale di parte «marxista».
Molti dei limiti della realtà italiana poterono essere così affrontati. Secondo Labriola, la rivoluzione «non può procedere da una sommossa di una turba guidata da alcuni, ma deve essere e sarà il risultato dei proletari stessi» [50]. «Il comunismo critico – che per il filosofo napoletano era il nome più adatto per descrivere le teorie di Marx ed Engels – non fabbrica le rivoluzioni, non prepara le insurrezioni, non arma le sommosse (…) non è in somma, un seminario in cui si formi lo stato maggiore dei capitani della rivoluzione proletaria; ma è solo la coscienza di tale rivoluzione»[51]. IlManifesto, dunque, non è «il vademecum della rivoluzione proletaria» [52], ma lo strumento per smascherare l’ingenuità del socialismo che si pensa possibile «senza rivoluzione, ossia senza fondamentale mutazione della struttura elementare e generale della società» [53].
Con Labriola il movimento operaio italiano ebbe, finalmente, un teorico capace, al contempo, di conferire dignità scientifica al socialismo, di compenetrare e rinvigorire la cultura nazionale, di misurarsi con i massimi livelli della filosofia e del marxismo europei. Tuttavia, il rigore del suo marxismo, problematico per le immediate circostanze politiche e critico verso i compromessi teorici, ne decretò anche l’inattualità [54].
A cavallo tra i due secoli, infatti, la pubblicazione de La filosofia di Marx di Giovanni Gentile (libro segnalato in seguito da Lenin come «degno di attenzione»[55]), degli scritti di Croce che proclamavano la «morte del socialismo» [56] e – sul versante militante – dei lavori di Francesco Saverio Merlino [57] e di Antonio Graziadei[58], fecero spirare anche in Italia il vento della «crisi del marxismo». Nel Partito Socialista Italiano, tuttavia, non vi era – come in Germania – un «marxismo» ortodosso e, in realtà, lo scontro fu combattuto tra due «revisionismi», uno riformista e l’altro sindacal-rivoluzionario [59].
In questo stesso periodo, a partire dal 1899 e fino al 1902, ci fu un proliferare di traduzioni di Marx ed Engels che fornirono al lettore italiano buona parte delle opere al tempo disponibili. Fu in questo contesto che, nel 1902, in appendice alla terza edizione dello scritto di Labriola In memoria del Manifesto dei comunisti, apparve una nuova traduzione del Manifesto, l’ultima eseguita in Italia fino alla fine della seconda guerra mondiale. Questa, la cui paternità fu assegnata da alcuni a Labriola e da altri a sua moglie Rosalia Carolina De Sprenger, conteneva alcune inesattezze ed omissioni e venne ripresa in poche altre riedizioni dello scritto.
La versione più utilizzata fino al secondo dopoguerra fu, dunque, quella di Bettini, riprodotta in numerose ristampe. Ad una prima nel 1910, ne seguirono diverse a cura della «Società editrice Avanti», divenuta il principale veicolo di propaganda del Partito Socialista. In particolare, due nel 1914, la seconda delle quali includeva I fondamenti del comunismo di Engels. Ancora tra il 1914 ed il 1916 (ristampa nel biennio 1921-22) venne inserita nel primo tomo dell’edizione delle Opere di Marx ed Engels che, a riprova della confusione generale dominante, in Italia – come in Germania – furono raccolte insieme con quelle di Lassalle. Poi nel 1917, per due volte nel 1918 con in appendice i 14 punti della Conferenza di Kienthal ed il manifesto della Conferenza di Zimmerwald, nel 1920 (con due ristampe nel 1922) in una traduzione rivista da Gustavo Sacerdote e, infine, nel 1925. A queste edizioni «Avanti», vanno aggiunte altre sette ristampe che apparvero, presso case editrici minori, tra il 1920 ed il 1926.
Durante la prima decade del secolo, il «marxismo» fu congedato dalla pratica politica quotidiana del Partito Socialista Italiano. In un famoso dibattito parlamentare del 1911, infatti, il presidente del consiglio Giovanni Giolitti poteva affermare: «il Partito Socialista ha moderato assai il suo programma. Carlo Marx è stato mandato in soffitta» [60]. I commenti ai testi di Marx, che solo poco tempo prima avevano inondato il mercato librario, si arrestarono. E, se si escludono il «ritorno a Marx» degli studi filosofici di Rodolfo Mondolfo [61] e poche altre eccezioni, lo stesso si verificò durante gli anni Dieci. Quanto alle iniziative ad opera di altre realtà, il campo borghese aveva da tempo celebrato la «dissoluzione del marxismo», mentre nella chiesa cattolica le condanne pregiudiziali prevalsero di gran lunga sui tentativi di analisi.
Nel 1922 l’irrompere della barbarie fascista. Dal 1923, tutti gli esemplari del Manifesto furono ritirati dalle biblioteche pubbliche e universitarie. Nel 1924 tutte le pubblicazioni di Marx e quelle legate al movimento operaio furono date al fuoco [62]. Le leggi «fascistissime» del 1926, infine, decretarono lo scioglimento dei partiti di opposizione e diedero inizio al periodo più tragico della storia italiana moderna.
Se si escludono alcune edizioni illegali dattilografate o ciclostilate, i pochi scritti di Marx pubblicati in lingua italiana tra il 1926 ed il 1943 apparvero all’estero (tra questi si segnalano due versioni del Manifesto stampate in Francia, nel 1931 e nel 1939, e un’altra pubblicata a Mosca nel 1944, con una nuova traduzione di Palmiro Togliatti). Uniche eccezioni a questa congiura del silenzio furono tre diverse edizioni del Manifesto del partito comunista. Due di queste apparvero, «a uso degli studiosi» e con diritto di consultazione solo tramite richiesta preventiva, nel 1934. La prima nel volume collettaneo Politica ed economia, che raccolse, accanto a quello di Marx, testi di Labriola, Loria, Pareto, Weber e Rimmel; la traduzione era quella di Bettini rivisitata dal curatore Robert Michels [63]. La seconda a Firenze nella versione di Labriola, in un altro volume collettivo, Le carte dei diritti, primo tomo della collana «Classici del liberalismo e del socialismo». E poi da ultimo, nel 1938, stavolta a cura di Croce, in appendice ad una raccolta di saggi di Labriola, dal titolo La concezione materialistica della storia, nella traduzione da lui stesso eseguita. Il volume comprendeva anche un saggio di Croce, divenuto poi famoso, dal titolo quanto mai esplicito: Come nacque e come morì il marxismo teorico in Italia (1895-1900). Il filosofo idealista, però, si sbagliava. Il «marxismo» italiano non era morto, ma soltanto imprigionato nei Quaderni del carcere di Antonio Gramsci [64] che avrebbero presto dispiegato tutto il loro valore teorico e politico.
Con la liberazione dal fascismo, il Manifesto ricominciò ad apparire in diverse edizioni. Federazioni provinciali del «Partito Comunista Italiano», iniziative di singoli e piccole case editrici nell’Italia meridionale già liberata, diedero al testo di Marx ed Engels una nuova linfa. Tre edizioni apparvero nel 1943 e otto nel 1944. E così di seguito negli anni successivi: dalle nove edizioni pubblicate alla fine della guerra, nel 1945, all’exploit del 1948, in occasione del centenario.

VI. Conclusione
Ripercorrendo la storia dell’edizione italiana del Manifesto del partito comunista risalta, con evidenza, l’enorme ritardo con il quale esso venne pubblicato. Contrariamente a molti paesi dove il Manifesto fu il primo scritto di Marx ed Engels ad essere tradotto, in Italia apparve solo dopo altre opere[65]. Anche la sua influenza politica fu modesta e esso non incise mai direttamente sui principali documenti del movimento operaio. Tanto meno fu determinante nella formazione della coscienza politica dei dirigenti socialisti. Tuttavia, fu di grande rilevanza per gli studiosi (si è visto il caso di Labriola) e, attraverso le sue edizioni, svolse un ruolo importante tra i militanti, fino a divenirne il riferimento teorico privilegiato.
Ad oltre centocinquant’anni dalla sua pubblicazione, preso in esame da un numero ormai incalcolabile di esegeti, oppositori e seguaci di Marx, ilManifesto ha attraversato le più svariate stagioni ed è stato letto nei modi più diversi. Pietra miliare del «socialismo scientifico» o plagio del Manifeste de la démocratie di Victor Considerant; testo incendiario colpevole di aver fomentato l’odio tra le classi nel mondo o simbolo di liberazione del movimento operaio internazionale; classico del passato o opera anticipatrice della realtà odierna della «globalizzazione capitalistica». Quale che sia l’interpretazione per la quale si propenda, una cosa è certa: pochissimi altri scritti nella storia possono vantare analoga vitalità e diffusione. Ancora oggi, infatti, il Manifesto continua ad essere stampato ed a far parlare di sé in America latina come in Cina, negli Stati Uniti come in Italia e nell’intera Europa.
Se la perpetua giovinezza di uno scritto sta nella sua capacità di sapere invecchiare, ovvero di essere sempre capace di stimolare nuovi pensieri, si può allora affermare che il Manifesto possiede senz’altro questa virtù.

 

References
1. Cfr. Gian Mario Bravo, Marx e il marxismo nella prima sinistra italiana, in Marcello Musto (a cura di), Sulle tracce di un fantasma. L’opera di Karl Marx tra filologia e filosofia, Manifestolibri, Roma 2006 (2005), p. 97.
2. Jacques Derrida, Spettri di Marx, Raffaello Cortina Editore, Milano 1994, p. 22.
3. Cfr. John Cassidy, The return of Karl Marx, in «The New Yorker», October 20/27 1997, pp. 248-259.
4. Cfr. «Le Nouvel Observateur», Octobre/Novembre 2003.
5. Cfr. «Der Spiegel», 22/08/2005.
6. In particolare cfr. Eric Hobsbawm, Introduction a Karl Marx-Friedrich Engels, The communist Manifesto, Verso, London 1998.
7. Per un indice completo degli scritti di Marx ed Engels pubblicati in lingua italiana dal 1848 al 1926 si veda Emilio Gianni, Diffusione, popolarizzazione e volgarizzazione del marxismo in Italia, Pantarei, Milano 2004. Per una ricostruzione storiografica della prima diffusione delle opere di Marx in Italia si rimanda alla raccolta di saggi di Gian Mario Bravo, Marx ed Engels in Italia, Editori Riuniti, Roma 1992. Di notevole interesse, inoltre, Gerhard Kuck (a cura di), Karl Marx, Friedrich Engels und Italien: Teil I, Herausgabe und Verbreitung der Werke von Karl Marx und Friedrich Engels in Italien, e Teil II, Die Entwicklung des Marxismus in Italien: Wege, Verbreitung, Besonderheiten. Il primo dei due tomi comprende una completa «Auswahlbibliographie zur italienischen Marx/Engels-Forschung», dagli anni Settanta dell’Ottocento al 1943, pp. 131-148.
8. Cfr. Giuseppe Del Bo (a cura di), La corrispondenza di Marx e Engels con italiani (1848-1895), Feltrinelli, Milano 1964, pp. IX-XXI.
9. Carlo Marx capo supremo dell’Internazionale , in «Il proletario Italiano», Torino, 27-VII-1871.
10. Cfr. Roberto Michels, Storia del marxismo in Italia, Luigi Mongini Editore, Roma 1909, p. 15, che sottolinea come “dapprima fu il Marx politico, che spinse a poco a poco gli Italiani ad occuparsi anche del Marx scienziato”.
11. Carlo Marx capo supremo dell’Internazionale , op. cit.
12. Cfr. Renato Zangheri, Storia del socialismo italiano, Volume I, Einaudi, Torino 1993, p. 338.
13. Quale esempio in proposito si rimanda al manuale di Oddino Morgari, L’arte della propaganda socialista, Libr. Editr. Luigi Contigli, Firenze 1908 (2ª ediz.), p. 15. Esso proponeva ai propagandisti del partito di utilizzare questo modo di apprendimento: leggere anzitutto un riassunto qualsiasi di Darwin e di Spencer che darà allo studioso la direzione generale del pensiero moderno; poi verrà Marx a completare la “formidabile triade” che rinchiuderà degnamente il “vangelo dei socialisti contemporanei”. In proposito cfr. Roberto Michels, Storia del marxismo in Italia, op. cit., p. 102.
14. Ivi, p. 101.
15. Si veda lo scritto molto diffuso di Enrico Ferri, Socialismo e scienza positiva. Darwin, Spencer, Marx, Casa Editrice Italiana, Roma 1894. Nella sua prefazione l’autore italiano affermava: “io intendo provare come il socialismo Marxista (…) non sia che il completamento pratico e fecondo, nella vita sociale, di quella moderna rivoluzione scientifica (…) decisa e disciplinata dalle opere di Carlo Darwin e Erberto Spencer”.
16. Cfr. Gnocchi Viani, Il socialismo moderno, Casa di pubblicità Luigi Pugni, Milano 1886. In proposito si veda la critica a Gnocchi Viani di Roberto Michels, Storia critica del movimento socialista italiano. Dagli inizi fino al 1911, Società An. Editrice “La voce”, Firenze 1926, p. 136.
17. A mo’ di esempio si veda la lettera della «Associazione democratica di Macerata» a Marx del 22-XII-1871. Questa organizzazione propose Marx come “triunviro onorario insieme ai cittadini Giuseppe Garibaldi e Giuseppe Mazzini”, in Del Bo (a cura di), op. cit., p. 166. Nel riportare la notizia a Wilhelm Liebknecht, il 2-I-1872, Engels scrisse: “Una società di Macerata nella Romagna ha nominato come suoi 3 presidenti onorari: Garibaldi, Marx e Mazzini. Questa confusione rispecchia fedelmente lo stato dell’opinione pubblica tra gli operai italiani. Manca solo Bakunin per completare il quadro”, MEW 33, Dietz Verlag, Berlin 1966, p. 368.
18. Cfr. Roberto Michels, Storia del marxismo in Italia, op. cit., p. 101, che afferma come “agli occhi di molti lo Schäffle passò per il più autentico di tutti i marxisti”.
19. Cfr. Paolo Favilli, Storia del marxismo italiano. Dalle origini alla grande guerra, FrancoAngeli, Milano 2000 (1996), p. 50. Sui congressi della «Internazionale» italiana si veda Gastone Manacorda, Il movimento operaio italiano attraverso i suoi congressi, Editori Riuniti, Roma 1992 (1963), in particolare pp. 51-95.
20. Cfr. Paolo Favilli, Storia del marxismo italiano. Dalle origini alla grande guerra, op. cit., p. 45.
21. Ivi, p. 42.
22. Ivi, pp. 59-61.
23. Cfr. Tullio Martello a Karl Marx, 5-I-1883, in Giuseppe del Bo (a cura di), Corrispondenze con italiani, op. cit., p. 294.
24. Cfr. Filippo Turati a Friedrich Engels, 1-VI-1893, Ivi, pp. 479-480.
25. Cfr. Roberto Michels, Storia critica del movimento socialista italiano. Dagli inizi fino al 1911, op. cit., p. 135, che afferma come, in Italia, il marxismo non scaturì, “nella quasi totalità dei suoi adepti, da una profonda conoscenza delle opere scientifiche del maestro, ma da contatti presi lì per lì con qualche suo scrittarello politico e qualche (non suo) riassunto d’economia e spesso, quel che era peggio, attraverso i suoi epigoni della socialdemocrazia tedesca”.
26. Cfr. Antonio Labriola, Discorrendo di socialismo e filosofia, in Scritti filosofici e politici, (a cura di Franco Sbarberi), Einaudi, Torino 1973, p. 731, che affermava come “molti di quelli che in Italia si danno al socialismo, e non da semplici agitatori, conferenzieri e candidati, sentono che è impossibile di farsene una persuasione scientifica, se non riallacciandolo per qualche via o tramite alla rimanente concezione genetica delle cose, che sta più o meno in fondo a tutte le scienze. Di qui la manía che è in molti, di cacciar dentro al socialismo tutta quella rimanente scienza di cui più o meno essi dispongono”.
27. Cfr. Gian Mario Bravo, Marx e il marxismo nella prima sinistra italiana, op. cit., p. 103.
28. Cfr. Roberto Michels, Storia del marxismo in Italia, op. cit., p. 99.
29. Cfr. Benedetto Croce, Storia d’Italia dal 1871 al 1915, Laterza, Bari 1967, pp. 146 e 148.
30. Friedrich Engels – Karl Marx, Manifesto del partito comunista, MEW 4, p. 461.
31. Cfr. Friedrich Engels a Karl Marx, 25-IV-1848, MEGA² III/2, p. 153.
32. Cfr. Karl Marx, Herr Vogt, MEGA² I/18, p. 107.
33. Per la bibliografia e la storia delle edizioni del Manifesto del partito comunista si veda l’indispensabile Bert Andréas, Le Manifeste Communiste de Marx et Engels, Feltrinelli, Milano 1963 e la pregevole pubblicazione del Manifesto a cura delle Edizioni Lotta Comunista, Milano 1998, ricchissima di notizie a riguardo.
34. Vito Cusumano, Le scuole economiche della Germania in rapporto alla questione sociale, Giuseppe Marghieri Editore, Prato 1875, p. 278.
35. In «La Plebe», Milano, Aprile 1883, Nr. 4.
36. Dall’Enza: Carlo Marx e il socialismo scientifico e razionale, in «Gazzetta Piemontese», Torino, 22-III-1883.
37. Cfr. Bert Andréas, op. cit., p. 145.
38. Friedrich Engels a Pasquale Martignetti, 2-IV-1891, in MEW 38, Dietz Verlag, Berlin 1964, p. 72.
39. In «Lotta di classe», Milano, Anno I, Nr. 8, 17/18-IX-1892.
40. Cfr. Michele A. Cortellazzo, La diffusione del Manifesto in Italia alla fine dell’Ottocento e la traduzione di Labriola, in «Cultura Neolatina», 1981, Nr. 1-2, p. 98, che afferma: «il 1892 è lo spartiacque che divide l’insieme delle traduzioni ottocentesche del Manifesto in due campi ben distinti: al di là di quell’anno stanno le traduzioni approssimative, lacunose e largamente debitrici alle versioni straniere, più importanti per il loro valore di primi documenti della diffusione del testo in Italia che per la qualità della traduzione; al di qua la traduzioni complete e scrupolose che, anche per la loro tiratura, influirono decisamente sulla diffusione del marxismo in Italia».
41. Carlo Marx – Friedrich Engels, Il Manifesto del Partito Comunista, Uffici della Critica Sociale, Milano 1893, p. 2.
42. Cfr. Gaetano Arfé, Storia del socialismo italiano (1892-1926), Mondadori, Milano 1977, p. 70.
43. Filippo Turati ad Achille Loria, 26-XII-1890, in «Appendice» a Paolo Favilli, Il socialismo italiano e la teoria economica di Marx (1892-1902), Bibliopolis, Napoli 1980, pp. 181-182.
44. Friedrich Engels, Vorwort a Karl Marx, Das Kapital. Dritter Band, MEGA II/15, p. 21.
45. Benedetto Croce, Materialismo storico ed economia marxistica, Bibliopolis, Napoli 2001, p. 65.
46. Friedrich Engels, op. cit., p. 21.
47. Benedetto Croce, Materialismo storico ed economia marxistica, op. cit., p. 65.
48. Cfr. Antonio Labriola a Benedetto Croce, 25-V-1895, in Benedetto Croce, Materialismo storico ed economia marxistica, op. cit., p. 269. In proposito si veda anche Mario Tronti, Tra materialismo dialettico e filosofia della prassi – Gramsci e Labriola, in Alberto Caracciolo – Gianni Scalia (a cura di), La città futura. Saggi sulla figura e il pensiero di Antonio Gramsci, Feltrinelli, Milano 1959, p. 148.
49. “Tutto molto bene, solo qualche piccolo errore di fatto e all’inizio uno stile un pò troppo erudito. Sono molto curioso di vedere il resto”, in Friedrich Engels a Antonio Labriola, 8-VII-1895, MEW 39, Dietz Verlag, Berlin 1968, p. 498.
50. Cfr. Antonio Labriola, In memoria del Manifesto dei comunisti, in Scritti filosofici e politici, op. cit.,p. 507.
51. Ivi, p. 503.
52. Ivi, p. 493.
53. Ivi, pp. 524-525.
54. Cfr. Eugenio Garin, Antonio Labriola e i saggi sul materialismo storico, in Antonio Labriola, La concezione materialistica della storia, Laterza, Bari 1965, p. XLVI.
55. Vladimir Illich Lenin, Karl Marx, in Opere, Volume XXI, p. 76.
56. In proposito si veda il saggio di Benedetto Croce, Come nacque e come morì il marxismo teorico in Italia (1895-1900), in Benedetto Croce, Materialismo storico ed economia marxistica, op. cit., pp. 265-305.
57. Cfr. Francesco Saverio Merlino, L’utopia collettivista e la crisi del socialismo scientifico, Treves, Milano 1897; Francesco Saverio Merlino, Pro e contro il socialismo. Esposizione critica dei principi e dei sistemi socialisti, Treves, Milano 1897.
58. Cfr. Antonio Graziadei, La produzione capitalistica, Bocca, Torino 1899.
59. Cfr. Roberto Michels, Storia del marxismo in Italia, op. cit., p. 120.
60. La frase fu pronunciata da Giolitti in parlamento l’8 aprile del 1911. Si vedano gli Atti parlamentari, Camera dei Deputati, Sessione 1909-1913, Vol. XI, p. 13717. In proposito si veda Enzo Santarelli, La revisione del marxismo in Italia. Studi di critica storica, Feltrinelli, Milano 1964, pp. 131-132.
61. Cfr. Rodolfo Mondolfo, Umanismo di Marx. Studi filosofici 1908-1966, Einaudi, Torino 1968.
62. Cfr. Antonio Gramsci, La costruzione del partito comunista (1923-1926), Einaudi, Torino, 1978, pp. 475-476.
63. Le modifiche alla versione di Bettini contenute in questa nuova edizione furono un vero e proprio tentativo di deformazione e soppressione di alcune parti del testo, per renderlo meno pericolo e più consono all’ideologia fascista. In proposito cfr. Franco Cagnetta, Le traduzioni italiane del «Manifesto del partito comunista», in «Quaderni di Rinascita», N. 1, Il 1848, Rinascita, Roma 1949, pp. 28-29.
64. Cfr. Enzo Santarelli, La revisione del marxismo in Italia, op. cit., p. 23.
65. La cronologia delle edizioni degli scritti maggiori di Marx ed Engels fino alla pubblicazione del Manifesto del partito comunista è la seguente:1871. Karl Marx, La guerra civile in Francia; 1873. Friedrich Engels, Dell’autorità; 1873. Karl Marx, Dell’indifferenza in materia politica; 1879. Carlo Cafiero, Il capitale di Carlo Marx brevemente compendiato da Carlo Cafiero; 1882-84. Karl Marx, Il capitale; 1883. Friedrich Engels, L’evoluzione del socialismo dall’utopia alla scienza; 1885. Friedrich Engels, L’origine della famiglia, della proprietà privata e dello Stato; 1889. Karl Marx-Friedrich Engels, Manifesto del partito comunista (traduzione Bissolati); 1891. Karl Marx-Friedrich Engels, Manifesto del partito comunista (traduzione Gori); 1892. Karl Marx-Friedrich Engels, Manifesto del partito comunista (traduzione Bettini).