Categories
Reviews

Ramsés Guerrero Arroyo, Oficio. Revista de historia e interdisciplina

En nuestro siglo han acontecido complejas transformaciones, hemos sido testigos del desarrollo vertiginoso de las ias, de nuevos conflictos internacionales, de una globalización nunca antes vista y de la presencia de una pandemia que demostró la fragilidad de nuestro modo de vida. La crítica de Karl Marx hacia el modelo de producción capitalista, no obstante, sigue presente en el imaginario colectivo de la sociedad contemporánea. El marxismo está aquí, entre nosotros, en simposios serios o en conversaciones de café, en discursos que con encono señalan una izquierda todopoderosa y corruptora, o en debates académicos que encuentran en el modelo de sociedad de clases un método viable.
Marcello Musto es consciente de la realidad que lo rodea, de su punto de enunciación. Estamos lejos del mundo bipolar disuelto tras la extinción del bloque comunista o de las revoluciones proletarias, la lucha de clases no forma más parte de los discursos político-filosóficos como lo hacía en el siglo pasado. En nuestro contexto es fácil caer en un lugar común, el de asumir que todo lo relativo a Marx ha sido superado por completo. Si bien las bases del pensamiento crítico a la sociedad capitalista están presentes en la producción intelectual de este siglo, en tópicos como el decolonialismo, la subalternidad o la necroeconomía, son pocos los autores que como Musto se centran en estudiar a Marx de manera directa. Esta obra demuestra la actualidad y riqueza teórica del pensador de Tréveris más allá de los mitos que lo rodean. La tesis nuclear de la obra es que, para estudiar a Marx, es preciso hacerlo más allá del mito que significa la figura para sus seguidores ortodoxos y para sus detractores acérrimos. Para lograr estos fines, Musto divide su texto en cuatro partes en las que presenta la obra y la labor política de Karl Marx: “La crítica de la economía política”, “La militancia política”, “Las investigaciones de la última década” y “La teoría política”. En todas las páginas hay una clara intención de objetividad, un enlace entre exposiciones, argumentos y fuentes documentales; esta rigurosidad hace que el autor a menudo aborde a Marx desde la crítica, destacando sus desatinos, algunas contradicciones, pero también distingue lo que sostuvo Marx de lo que fue interpretado por estudiosos o políticos ulteriores. Un detalle que es mejorable en la obra es el corte cronológico que se encuentra en la segunda parte del libro titulada “La militancia política”, pues retrotrae detalles que ya habían sido tratados en la primera parte, pecando en cierto grado de repetición.
Quiero señalar, a propósito del trabajo documental, que el manejo de fuentes es exhaustivo, se mueve en diferentes lenguas: alemán, italiano e inglés.
Marcello Musto consultó las siguientes fuentes: Marx-Engels-Gesamtausgabe (mega), MarxEngelsWerke (mew), Marx-Engels Collected Works (mecw), así como otras ediciones individuales de obras de Marx y bibliografía complementaria de diversas autorías. Es un gran acierto el estudio documental de los compendios antes abreviados como mega, mew y mecw, pues rescatan el soporte teórico, la relación personal e intelectual con Engels, a la vez que recuperan correcciones y adendas posteriores a Das Kapital, mismas que no siempre fueron traducidas en las versiones en español. El resultado de esta investigación es un robusto corpus documental que incluye epístolas, notas a obras leídas, cuadernos de trabajo, informes de trabajo, etcétera, así la obra no sólo es valiosa en sí misma, sino que también significa un potencial catálogo para estudiosos del marxismo, de los procesos decimonónicos y la historia de las ideas. Este buen manejo documental se expresa en un impecable aparato crítico; la mayoría de las notas al pie que son expositivas no pueden perderse de vista. Independientemente de lo que otros lectores encuentren en sus lecturas individuales, me atrevo a sostener que hay una serie de temas centrales, yo destacaría al menos tres: 1) Marx como humano detrás de las ideas, 2) Marx inmerso en su contexto, 3) La obra intelectual y política. Cada tema está presente en todo el texto y se aborda con más o menos exhaustividad, considero que el punto tres (por su título lo podemos suponer) es el tema central, pero la información que nos ofrecen los otros dos temas permite comprender la estrecha relación entre pensador-vida-obra.
Respecto al primer punto: Marx como humano detrás de las ideas, Musto expone las dificultades de salud, económicas y políticas de un condenado al exilio, pero también recoge la vida matrimonial, las buenas amistades o el toque perspicaz de “El Moro” incluso en momentos ríspidos. Si bien la biografía es rigurosa, sin atisbos novelados, a lo largo de la lectura es fácil empatizar con el apátrida que pasó sus años criticando un sistema que parece (incluso ahora) invencible. Asimismo, está presente la figura de un pensador curioso y autocrítico hasta los huesos, a menudo en perjuicio de su propio trabajo, retrasando publicaciones por su afán de perfección. En palabras de Musto: “el espíritu problemático con el que Marx escribió y continuó repensando su obra revela la enorme distancia que lo separa de la imagen de un autor dogmático, difundida tanto por muchos de sus adversarios como por un sinfín de sus supuestos seguidores” (p. 116).
En el caso del segundo punto: Marx inmerso en su contexto, situamos al pensador en distintos procesos del siglo xix, como la Guerra de Secesión, la lucha por la Independencia de Polonia, las demandas irlandesas de emancipación, la Comuna de París, la formación de un partido socialista en Alemania, la Guerra franco-prusiana o el colonialismo inglés. Estos eventos decimonónicos no sólo son valiosos como procesos que acompañaron a Marx, se exponen porque lo obligaron a repensar sus posturas, a rectificar y afinar sus teorías, reiterando así el esbozo de un Karl Marx en constante desarrollo, no dogmático. Esta imagen del pensador en constante desarrollo, circunscrito a sus condiciones, se cristaliza en la incipiente crítica de Marx hacia el colonialismo extractivista en India que devastaba paisajes sin las “bondades” de la era industrial, o el reconocimiento de la existencia de diversos caminos que llevarían a la emancipación obrera, no sólo la revolución como insistirían los marxistasleninistas del siglo XXI.
La parte más sólida de la obra está en el tercer punto que aquí se destaca: la obra intelectual y polí- tica, al respecto, Musto recorre la vida productiva del autor desde finales de la década de 1840 (a partir de su exilio) hasta la publicación del primer tomo de El Capital, en 1867 y sus posteriores correcciones (p. 109). Se construye la trayectoria de Marx como un desarrollo intelectual de preocupaciones teóricas rastreables desde los Manuscritos Económicos Filosó- ficos de 1844, pasando por los Grundrisse y hasta Das Kapital. Como todo proceso de pensamiento es un vaivén de lecturas, correcciones y de formación paulatina, asimilando conceptos de la lectura exhaustiva de economistas clásicos como Adam Smith o David Ricardo, pero también de trabajos mucho más próximos a la redacción de Das Kapital, como El origen de las especies, ensayos sobre la renta como concepto económico o textos de autores rusos que reflexionaban sobre los cambios en la propiedad eslava. Uno de los argumentos que pesan y se repiten, es que, si bien Das Kapital es la magna obra de Marx, no deja de ser un texto incompleto y debe leerse como tal. El libro segundo era débil en su aspecto teórico y el tercero estaba impublicable, si bien la labor editorial de Engels fue titánica ésta no fue conclusiva. Dicha esencia incompleta no debe verse como una tragedia, sino como la posibilidad de continuar cuestionando el papel de nuestro sistema económico, pues Marx nunca pretendió escribir un manual del buen comunista.
A propósito de la militancia política de Marx, esta estuvo circunscrita sobre todo en la Asociación Internacional de los Trabajadores entre 1864 y 1872. En ocho años pasó de ser un asistente callado a la imagen principal de la Asociación, tanto para bien al fungir como líder intelectual, como para mal, hasta ser llamado “Doctor del Terror Rojo”. Musto expone las cavilaciones de su autor en el contexto de las primeras luchas obreras organizadas, su postura frente a procesos claves del siglo xix y su rol en la última etapa de la Asociación Internacional de Trabajadores. Su labor política no dejó de ser una preocupación teórica, siempre mantuvo el anticapitalismo como base de lucha obrera, cuestión que lo llevó a polemizar con autores como Bakunin, que era enemigo del Estado en su sentido más abstracto, aunque fuera un obrero.
Para concluir, considero que la lectura de Karl Marx. Biografía intelectual y política, 1857–1883 de Marcello Musto no sólo revitaliza la figura del pensador de Tréveris. Merece ser leída para estudiar fenómenos de clase y dar respuesta a retos contemporáneos, sea complementando sus tesis más fuertes o polemizando sus enfoques, sin caer en determinismos que ni el propio Marx desearía. La obra responde a la pregunta primigenia: ¿por qué leer a Marx?, pero inevitablemente nos orilla a cuestionarnos qué hacer con el pensamiento de un autor que criticó un sistema aún vigente.
El libro es sólido y metódico, reconstruye con rigor filológico y sensibilidad histórica la trayectoria de un Marx que no es ídolo ni demonio, sino un intelectual comprometido, contradictorio, al fin y al cabo, humano. Su enfoque logra algo poco común: restituir el movimiento interno del pensamiento marxiano, mostrar sus fisuras y rectificaciones sin menoscabar su potencia crítica. En un momento en que la desigualdad global y la crisis ecológica reconfiguran las bases mismas del capitalismo, esta obra propone una lectura más allá de los mitos; la exposición de la vida y obra se hace, por así decirlo, con las fuentes en la mano. Musto, con su erudición y distancia analítica, ofrece una biografía que también es una lección metodológica: la de leer sin prejuicios, con las fuentes a la vista y con la convicción de que los clásicos deben ser criticados con método.

Categories
Reviews

Ana Carolina Marra de Andrade, Verinotio

“Novos rostos de Marx”[1]: da crítica da economia política aos horizontes da luta pela emancipação humana

 

Introdução
O presente texto traz um debate sobre a vida e obra de Karl Marx a partir da biografia Karl Marx: biografia intelectual e política (1857-1883) [Karl Marx: biografia intellettuale e política 1857-1883], publicada originalmente em 2018, e cuja versão traduzida foi publicada no Brasil pela Expressão Popular em 2023. Professor de Sociologia na York University (Toronto, Canadá), o italiano Marcello Musto é uma das principais especialistas mundiais acerca da vida e obra de Karl Marx na atualidade. Também escreveu O velho Marx: uma biografia de seus últimos anos, 1881-1883 [L’ultimo Marx: biografia intellettuale (1881–1883)] (MUSTO, 2018), e teve seu trabalho como autor e organizador traduzido para vinte e cinco idiomas[2].
A biografia não é apenas mais uma compilação de fatos ocorridos na vida do autor d’O capital. Na obra, o autor busca apresentar uma nova faceta do consagrado fundador da crítica da economia política, ao mesmo tempo desvinculando-o de suas interpretações vulgares, e também apresentando-o enquanto um pensador real, humano, que teve que enfrentar durante sua vida uma série de dificuldades materiais, desde a doença até a miséria. Musto reconstrói a história de Marx em conexão com o desenvolvimento de seu pensamento teórico, e, nesse sentido, traz à tona uma ampla gama de materiais marxianos, desde de cadernos, manuscritos e livros publicados, até cartas do autor tratando de suas questões pessoais e relatos de pessoas próximas.
Ademais, diante do grande número de biografias já existentes do Marx que se dedicam a apresentar somente o período de sua juventude, Musto opta por caminho distinto – começa do período de elaboração do primeiro rascunho da crítica da economia política, os Grundrisse, em 1857, chegando até o final da vida do autor, ressaltando os vínculos entre sua elaboração teórica, sua militância política e os acontecimentos mundiais e de sua vida privada. Só este recorte dá à obra um caráter inovador, pois quase todas as biografias até hoje publicadas privilegiam seus escritos juvenis. Além disso, Musto conecta a crítica da economia política a todos os inúmeros projetos aos quais Marx se dedicou concomitantemente ao longo dos anos, rompendo com “divisão fictícia entre o ‘Marx filósofo’, o ‘Marx economista’ e o ‘Marx político’” (MUSTO, 2018), de modo a representar com primor a totalidade da dimensão da proposta de um pensador profundamente dedicado a transformar o mundo.
A escolha desse livro para o debate se insere em um momento no qual, há alguns anos, têm-se popularizado estudos sobre o “último Marx”[3]. Os novos materiais da Marx-Engels Gesamtausgabe (Mega), que vêm sendo publicados desde 1998, têm contribuído para a emergência de uma visão sobre Marx diferente da vulgata comumente impulsionada por movimentos operaístas ou stalinistas, um Marx “capaz de examinar as contradições da sociedade capitalista muito além do conflito entre capital e trabalho” (MUSTO, 2018, p. 16). Em dezembro de 2023, a versão digital de vários cadernos do “último” Marx foi publicada pela MEGA, referente ao IV/27 M/E: Excertos e notas de 1879-1881 (etnologia, história primitiva, história da propriedade fundiária) 2023/24 [Exzerpte und Notizen 1879 bis 1881 (Ethnologie, Frühgeschichte, Geschichte des Grundeigentums) 2023/24, cf. MARX, 2025]. Grande parte desse material permanecia inédita, o que – tem impulsionado novos debates em torno da teoria marxiana – inclusive a partir de excertos já conhecidos, anteriormente publicados, como na edição de Lawrence Krader dos chamados Cadernos etnológicos[4]. Esses textos têm contribuído com a visão de Marx como autor “completamente diferente da vulgata que o descreve como eurocêntrico, economicista e interessado apenas na análise da esfera produtiva e no conflito de classes entre capital e trabalho” (MUSTO, 2018, p. 18), o que, como explica Musto, não significa que “os textos que surgiram recentemente derrubam o que já se sabia sobre esse autor” (MUSTO, 2018, p. 19), mas o complementam. Assim, enquanto outros comentadores, como Michael Löwy (2018) e Jean Tible (2020), defendem que no “último” Marx um teórico que passou por uma grande virada em seu pensamento, deixando de lado concepções prévias que seriam “eurocêntricas”, Musto opta por trazer a continuidade entre seus escritos desde 1858.
A obra é dividida em quatro partes: Parte I. A crítica da economia política; II. Militância política; III. As pesquisas da última década; e IV. A teoria política. Como explica o autor: “A primeira delas – ‘A crítica da economia política’ – é dedicada à descrição das principais etapas da elaboração e redação d’O capital”, a segunda foca na “participação de Marx na Associação Internacional dos Trabalhadores”, a terceira, em fazer um “exame da correspondência e dos manuscritos, alguns ainda inéditos, dos últimos anos da vida de Marx” (MUSTO, 2018, p. 18), e a quarta em “examinar as concepções de Marx sobre o modo de produção capitalista e o perfil que a sociedade comunista poderia assumir” (MUSTO, 2018, p. 19). O presente texto também irá seguir a linha temática dessa divisão

“Hic Rhodus, hic salta!”[5]: a crítica da economia política e o fardo da obra magna

Hic Rhodus, hic salta! [Aqui é Rodes, salta aqui mesmo!] Hier ist die Rose, hier tanze! [Aqui está a rosa, dança agora!]” Karl Marx, O 18 de Brumário de Luís Bonaparte

Segundo Musto (2023), “a economia política não foi a primeira paixão intelectual de Marx” (p. 27). Assim, antes de entrar nos períodos de foco da presente biografia, isto é, a partir de 1857, o autor faz uma breve introdução da formação intelectual do autor d’O capital. Musto resgata o Marx redator da Gazeta Renana (1842-1843). Nesse momento, ele próprio afirma que foi impelido a se voltar para os chamados “interesses materiais” (MARX, 2024, p. 24), ocupando-se, em 1843, de uma revisão crítica da Filosofia do direito de Hegel, momento em que “amadureceu a convicção de que a sociedade civil era a base real do estado político” (MUSTO, 2023, p. 27), e, acrescenta-se, passou por uma virada crucial em seu pensamento: a crítica da especulação (cf. CHASIN, 2009). No mesmo ano, Marx, perseguido político da monarquia alemã, muda-se para Paris, e foi lá, “após ter entrado em contato com o proletariado [parisiense] e ficado impressionado com as considerações contidas no artigo de Friedrich Engels, Esboços para uma crítica da economia política (1844)”, que ele se volta a estudar criticamente a economia política, o que marca outra mudança da maior importância em seu pensamento, justamente a crítica da economia política[6], e resulta nos fascinantes Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 (cf. MUSTO, 2023, p. 28).
O período subsequente é muito fértil em termo de produções, passando desde relevantes manuscritos inacabados como A ideologia alemã (1845-1846)[7], livros publicados, como A miséria da filosofia (1847) e o Manifesto do partido comunista (1848), até os artigos jornalísticos da Nova Gazeta Renana: órgão da democracia (1848-9). Por perseguições políticas, Marx passou esse período “entre Bruxelas, Paris e Colônia” e “peregrinou por Berlim, Viena, Hamburgo e muitas outras cidades alemãs” (MUSTO, 2023, p. 29), até, após ordens de Luís Bonaparte, mudar-se para Londres, onde iria viver como apátrida até o resto de seus anos (exceto por alguns períodos menores em outros países, como na Argélia). Lá, passou por um difícil recomeço: “Os primeiros anos do exílio inglês foram marcados pela mais profunda pobreza e por doenças, que nessa data provocaram também a dramática perda de três de seus filhos” (MUSTO, 2023, p. 29).
Contudo, Marx manteve uma árdua rotina de estudos, visando a entender “a anatomia da sociedade burguesa”, que, em suas palavras, “deve ser procurada na economia política” (MARX, 2014, pp. 24-5). Muitos textos e cadernos de notas com seus estudos foram redigidos nos anos subsequentes a sua chegada em Londres, mas foi em 1857 que, impulsionado pela avassaladora crise financeira[8] – a qual, “ao contrário das crises anteriores, […] não começou na Europa, mas nos Estados Unidos da América” (MUSTO, 2023, p. 32) –, redigiu os oito cadernos manuscritos de crítica da economia política que ficaram conhecidos como Grundrisse (1857-8). São da mesma época os Cadernos sobre a crise. Nesses anos, “Marx se propôs a trabalhar em dois projetos diferentes ao mesmo tempo: a elaboração de uma obra teórica, dedicada à crítica do modo de produção capitalista, e a redação de um livro, mais restrito à atualidade, relativo aos desdobramentos da crise em curso” (MUSTO, 2023, p. 34). Assim, ele também se dedicava a compilar notícias sobre a crise ao redor do mundo, registrando não apenas os eventos econômicos relevantes dos Estados Unidos e da Inglaterra, mas de toda a Europa, Índia, China, Egito, Brasil e Austrália (cf. MUSTO, 2023, p. 35).
Musto, então, faz uma análise de alguns dos temas que perpassam os Grundrisse de Marx. Na “Introdução” de 1857, Marx traz considerações críticas em relação ao método da economia política e ao método hegeliano, apresentando sua teoria das abstrações[9] e condenando o “mito de Robinson Crusoé como paradigma do Homo oeconomicus, ou a extensão dos fenômenos típicos da era burguesa a todas as outras sociedades que já existiram, inclusive as primitivas”[10], de modo que a economia política em geral parte do indivíduo isolado, algo que “antes dessa época […] simplesmente não existia” (MUSTO, 2023, p. 37). O restante dos manuscritos é dividido em “duas partes: o ‘capítulo do dinheiro’, no qual tratou do dinheiro e do valor, e o ‘capítulo do capital’, no qual dedicou centenas de páginas à descrição do processo de produção e circulação do capital” (MUSTO, 2023, p. 51). O projeto inicial da crítica à economia política era dividido em seis livros: “1. Do capital (contém alguns capítulos introdutórios [Vorchapters]). 2. Da propriedade fundiária. 3. Do trabalho assalariado. 4. Do estado. 5. Comércio exterior. 6. Mercado mundial” (MARX in ENGELS; MARX, 2020, p. 118). Marx abandona esse plano a partir de 1863 (cf. MARX in ENGELS; MARX, 2020, p. 97), dando lugar ao projeto dos três livros d’O capital como os conhecemos, o qual tampouco foi finalizado, tendo apenas o primeiro livro sido publicado em vida.
O final da década de 1850, apesar de muito produtivo, foi marcado por uma situação econômica difícil, na qual ele precisou contar com a ajuda financeira de seu amigo, Engels: “A única renda de Marx, além da ajuda que Engels lhe garantia, consistia nos pagamentos recebidos do jornal New York Tribune.” (MUSTO, 2023, p. 44) O amigo o ajudava, inclusive, redigindo parte dos textos do jornal, para que Marx pudesse se dedicar ainda mais à crítica da economia política. Porém, “a pobreza não era o único espectro que assombrava Marx. Como na maior parte de sua conturbada existência, foi acometido, também nesse período, por múltiplas doenças” (MUSTO, 2023, p. 45). Nesse momento, Marx passou por dores diversas, inflamações nos olhos e problemas hepáticos, a maior parte das enfermidades agravadas pelo regime extenuante de trabalho. Contudo, mantinha-se resiliente:

Se nunca deixou de lutar contra a sociedade burguesa, com igual constância manteve a consciência de que, nessa batalha, seu principal objetivo era forjar a crítica ao modo de produção capitalista. Para cumprir essa tarefa, era necessário um estudo muito rigoroso da economia política e a análise constante dos eventos contemporâneos. (MUSTO, 2023, p. 60)

Assim, os Grundrisse foram escritos em meio a problemas de saúde, sofrimentos e luto por seu sétimo filho com Jenny, que faleceu logo após o nascimento (cf. MUSTO, 2023, pp. 45-6). Os Grundrisse fizeram parte de um projeto abandonado, o projeto da crítica em seis livros, e o resultado publicado de seu trabalho foi a Contribuição à crítica da economia política (1859), texto do qual “os Grundrisse foram o laboratório inicial” (MUSTO, 2023, p. 61).
Em 1860, Marx teve que interromper seus estudos de economia política para lidar com acusações difamatórias espalhadas por Carl Vogt, então professor de Ciências Naturais em Genebra e ex-representante da esquerda na Assembleia Nacional de Frankfurt. Vogt vinha sendo tachado como favorável a Luís Bonaparte, e culpou Marx por sua reputação. O professor acusou-o de enganar os trabalhadores, empurrando o proletariado à destruição, e de se envolver em uma conspiração contra ele, além de ser “líder supremo” de um grupo denominado “Gangue do Enxofre” (cf. MUSTO, 2023, p. 64). Marx, então, além de processar o jornal por difamação (pedido rejeitado pela Real Suprema Corte da Prússia), dedicou-se a fazer um trabalho de crítica teórica, que ficou intitulado de Senhor Vogt [Herr Vogt], “um curto-circuito causado pelo desejo de destruir o adversário que, com mentiras, ameaçar sua credibilidade e tentara manchar sua história política e que, ao mesmo tempo, fizera-o usando de charlatanismo literário, algo que Marx desprezava profundamente” (MUSTO, 2023, p. 69). O texto, contudo, foi um fracasso: além de silenciado pelos próprios jornais, acabou entrando na lista de censurados pelo governo alemão.
Nesse momento, Marx seguia convivendo com seus “inimigos de sempre: a miséria e a doença” (MUSTO, 2023, p. 69). Em 1861, via-se novamente cercado de dívidas, tendo que penhorar boa parte de seus bens. No ano anterior, sua esposa, Jenny, contraíra varíola, e chegou a passar a qual também por um “estado de profunda depressão” (MUSTO, 2023, p. 70). Musto ressalta que um acontecimento relevante da mesma época foi a leitura de Marx d’A origem das espécies pela seleção natural (1859), de Charles Darwin, um livro que marcou sua era[11]. O Mouro, como lhe chamavam seus amigos próximos (cf. MUSTO, 2018), foi, então, para a Holanda, onde conseguiu um empréstimo de seu tio Lion Philips, o que ajudou a estabilizar sua situação financeira. Também visitou clandestinamente a Alemanha, hospedando-se por um mês na casa de Ferdinand Lassalle em Berlim, um pensador da esquerda alemã com o qual Marx ainda travaria muitos embates teóricos e práticos[12]. Lá, teve que acompanhar agitados compromissos sociais organizados por Lassalle e sua esposa, os quais não combinavam com o estilo de vida “eremita” que vivia em Londres. Dessa época é “a primeira fotografia conhecida de Marx” (MUSTO, 2023, p. 73). Voltando para a Inglaterra em abril, esperava-lhe sua “Economia”.
Ainda em 1861, logo após a eleição de Abraham Lincoln, eclodiu a Guerra Civil Americana (1861-5), ou Guerra de Secessão. Desde a década anterior, Marx trabalhava como redator do New York Tribune, e escreveu, além de importantes textos militantes enquanto representante da Internacional dos Trabalhadores[13], vários artigos jornalísticos[14] ressaltando as contradições da guerra e seu apoio à “morte da escravidão” (cf. MUSTO, 2023, p. 79). Além disso, não deixou de acompanhar, “com seu habitual interesse, todos os acontecimentos ligados à Rússia e à Europa Oriental” (MUSTO, 2023, p. 81). Em 1863, eclodiu a Revolta de Janeiro na Polônia contra a ocupação da Rússia czarista, reprimida com a ajuda da Prússia de Otto von Bismark, o que resultou na vitória russa em abril de 1864. Marx se debruçou sobre a questão polonesa, posicionando-se contra o massacre e em favor de uma Polônia – e de uma Alemanha – independentes da influência moscovita (cf. MUSTO, 2023, pp. 83-4). Ao traçar este itinerário, vemos um Marx militante, interessado na libertação dos povos ao redor do mundo. Musto é bem-sucedido em demonstrar como “diante dos grandes acontecimentos da história, ocorridos em lugares distantes e diferentes, Marx pôde, uma vez mais, compreender o que se passava no mundo e oferecer sua contribuição para transformá-lo” (MUSTO, 2023, p. 84).
A década de 1860 também foi muito frutífera para seus estudos sobre economia política, escrevendo, entre agosto de 1861 e junho de 1863, “23 volumosos cadernos de anotações dedicados à transformação do dinheiro em capital, ao capital comercial e, sobretudo, a diferentes teorias com as quais os economistas explicaram a mais-valia” (MUSTO, 2023, p. 85). O projeto, aqui, ainda era o da escrita dos seis livros, que, notoriamente, é posteriormente abandonado pelo projeto dos três livros. Musto faz uma análise desses 23 cadernos e seus temas principais, explicando que Marx escreveu, desde uma crítica aos fisiocratas até uma análise das teorias de Adam Smith, Germain Garnier, Charles Ganilh, François Quesnay (em especial, seu Quadro econômico de 1758), Thomas Malthus, James Mill, Samuel Bailey, John Stuart Mill, Johann Rodbertus, David Ricardo, e muitos outros.
Porém, o biógrafo explica que esta fase também foi marcada por uma série de intempéries e sofrimentos de nível pessoal, físico e financeiro. Em 1862, em razão da Guerra Civil, o jornal New York Tribune passava por uma crise financeira e precisou abdicar dos colaboradores estrangeiros, de modo que “o último artigo de Marx para o jornal estadunidense foi publicado em 10 de março de 1862” (MUSTO, 2023, p. 87), e o filósofo renano perdia o que era “desde o verão de 1851, sua principal fonte de renda” (MUSTO, 2023, p. 87), o que novamente colocou um entrave em seus estudos econômicos. Marx, entretanto, “não abdicou dos estudos e dedicou-se a uma nova área de pesquisa: as teorias da mais-valia (1862-1863)” (MUSTO, 2023, p. 87), redigindo seus famosos manuscritos com este nome, que também ficaram posteriormente conhecidos como o “Livro IV d’O capital”, apesar de ser vinculado ao projeto da obra original, e não ao projeto dos três livros posteriores, mas guardando semelhanças estruturais com o Livro III redigido entre 1864-5 (cf. MUSTO, 2023, p. 104).
Afetado, ainda que brevemente, por novos problemas oculares e hepáticos, e sofrendo com o aprofundamento de sua preocupante condição financeira, em 1863, Marx teve que passar alguns períodos afastado dos estudos de economia política. Dedicou-se por um tempo à maquinaria, chegando a fazer um curso prático experimental, e estudou bastante a questão da Polônia, que enfrentava desafios diplomáticos com a Prússia. O Mouro, contudo, não parou completamente seus trabalhos, e durante esse ano redigiu os cadernos XX-XXIII e chegou a compilar “oito cadernos suplementares […] contendo cerca de 600 páginas de resumos econômicos dos séculos XVIII e XIX e retirados de mais de 100 volumes” (MUSTO, 2023, p. 96)
Foi a partir de 1863 que Marx deu início à redação d’O capital:

Nesse período, de fato, ele seguiu uma ordem: o primeiro rascunho do Livro I; o único manuscrito do Livro III, no qual encontramos a única exposição de Marx sobre o processo geral da produção capitalista; e a versão inicial do Livro II, que contém a primeira representação geral do processo de circulação do capital. (MUSTO, 2023, p. 97)

Porém, o marco da escrita de sua grande obra foi também o começo de seus carbúnculos, “o que sua esposa Jenny chamou de ‘a doença terrível’, contra a qual Marx lutaria por muitos anos de sua vida” (MUSTO, 2023, p. 97). Musto demonstra a partir das diversas cartas e rascunhos como essa doença estava diretamente associada com o fardo de redigir a crítica da economia política – quanto mais Marx trabalhava em seu projeto, mais os furúnculos se proliferavam. O próprio Mouro admitiu a Engels: “a minha doença vem sempre da cabeça” (MARX apud MUSTO, 2023, p. 117). Assim, O capital foi escrito entre problemas físicos desconcertantes e problemas econômicos oscilantes, com alguns alívios financeiros intermitentes, como uma inesperada e infeliz – porém conveniente – herança do amigo Wilhelm Wolff em 1863, que lhe proporcionou uma condição estável até aproximadamente meados de 1865, e os muitos auxílios monetários periodicamente concedidos por seu amigo Engels.
Marx alternava entre os livros durante sua escrita d’O capital, escrevia, por exemplo, alguns capítulos do Livro III, e depois focava no Livro II etc. Apesar de continuar tomado pelos furúnculos, seguiu avidamente dedicado ao seu projeto, especialmente após, em março de 1865, assinar o contrato para a publicação da obra até o final do ano, prazo que teve que ser postergado algumas vezes – a publicação de fato ocorreu apenas em 1867. Mesmo com os percalços, Marx estudava e escrevia cotidianamente por longas horas, nunca deixando de lado seus deveres na Associação Internacional dos Trabalhadores (AIT) que realizou sua primeira conferência em setembro de 1865, em Londres (cf. MUSTO, 2023, p. 104).
Nessa época, como Engels vivia em Manchester e Marx em Londres, temos uma longa troca de cartas entre os amigos que permitiu ao biógrafo entender com certos detalhes a situação do filósofo renano. Musto explica que já “no início de 1866, Marx deu início a um rascunho do Livro I d’O capital”, contudo, “contrariando suas previsões, […] o ano inteiro foi passado na luta contra os carbúnculos e com o agravamento de seu estado de saúde” (MUSTO, 2023, p. 105). Em geral, o excesso de trabalho agravava penosamente a condição de Marx, que não abandonou suas obrigações na AIT, e “não obstante a tão grave e dolorosa condição os pensamentos de Marx continuaram voltados, principalmente, para a conclusão de sua obra” (MUSTO, 2023, p. 106), trabalhou até ser forçado, por seu próprio corpo, a tirar alguns meses de descanso, sob pena de ocorrer-lhe o pior (cf. MUSTO, 2023, p. 109).
Os problemas físicos, as eventuais complicações de sua situação econômica, e sua “permanente curiosidade intelectual” (MUSTO, 2023, p. 110) que só aumentava o tamanho de seu projeto, seguiram sendo fatores responsáveis pelo adiamento da publicação d’O capital. Porém, em abril de 1867, a “tão esperada notícia” chegou: o livro estava pronto (cf. MUSTO, 2023, p. 113), e, com isso, a saúde de Marx também melhorou (MUSTO, 2023, pp. 113-4). No “Prefácio” da primeira edição, o próprio Marx admite: “A obra, cujo primeiro volume apresento ao público, é a continuação de meu escrito Contribuição à crítica da economia política, publicado em 1859. A longa pausa entre começo e continuação se deve a uma enfermidade que me acometeu por muitos anos e interrompeu repetidas vezes meu trabalho.” (MARX, 2017, p. 77)
Marx foi a Hamburgo, cidade da editora, e depois passou cerca de um mês em Hanover na casa do amigo Ludwig Kugelmann. Musto analisa os relatos próximos de sua esposa, Franziska Kugelmann, em que descreve uma personalidade alegre e agradável do Mouro (cf. MUSTO, 2023, p. 114). O texto a ser publicado foi revisado por Engels, que sugeriu mudanças substanciais na forma da escrita e na estrutura do texto. Marx revisou seus rascunhos e, então, “O capital foi colocado à venda, com 14 mil exemplares, em setembro de 1867” (MUSTO, 2023, p. 116). Ainda assim, “nos anos seguintes a estrutura da obra seria ampliada e várias alterações também seriam feitas no texto” (p. 117).
Entre instabilidades de saúde, tanto relacionada MUSTO, 2023, com os furúnculos quanto com problemas hepáticos, o Mouro seguia pesquisando e escrevendo a crítica da economia política. O objetivo era, agora, concluir o Livro II. Entre seus estudos, Musto destaca comentários de Marx sobre livros de história e agricultura que leu em 1868, incluindo considerações vanguardistas sobre ecologia que datam dessa época. Além disso, o autor considera, a partir de uma análise das correspondências, que é possível entender que Marx supera a noção da lei da queda tendencial da taxa de lucro após 1868:

Data de fins de abril de 1868 a carta enviada a Engels na qual Marx traçava um novo esboço da sua obra, com particular referência ao “desenvolvimento, nas suas características muito gerais […] da taxa de lucro”. Foi a última vez em que se referiu, em sua correspondência, à lei da queda tendencial da taxa de lucro. Apesar da grande crise econômica que se desenvolveu a partir de 1873, esse conceito, tão enfatizado posteriormente – ao qual é dedicada toda a terceira seção do Livro III d’O capital (que foi escrito em 1864-1865) –, nunca mais foi mencionado por Marx e foi considerado superado. (MUSTO, 2023, p. 119)

Assim, 1868 marca a última menção da lei da queda tendencial da taxa de lucro, o que sustenta o argumento de que ele seria superado[15]. Essa é a posição de outros autores vinculados à Mega2, em especial Michael Heinrich (2013), que não apenas critica tal lei marxiana como sustenta que o próprio Marx teria a revisado ainda em vida[16], contudo, essa concepção não é consensual dentro da tradição marxista[17], até mesmo porque o próprio Marx nunca afirmou propriamente o abandono dessa concepção. Outro grande acontecimento da vida de Marx na mesma época é que, em 1869, em razão de seu estudo da questão agrária e “depois de tomar conhecimento da nova e nada desprezível literatura que analisava as mudanças ocorridas na Rússia” (MUSTO, 2023, p. 120), dedicou-se avidamente ao estudo da língua russa, como se fosse, nas palavras de sua esposa, “uma questão de vida ou morte” (LONGUET apud
MUSTO, 2023, p. 120).
Musto apresenta um Marx nada dogmático, mesmo diante de seu magnum opus: em 1872, finalmente foi publicada uma reimpressão do Livro I d’O capital, com sua estrutura inteiramente reformulada. Apenas em 1875 foi publicada a tradução francesa, que foi quase uma nova edição, pois o próprio Marx não apenas corrigiu, mas “reescreveu passagens” e páginas inteiras “para tornar palatável ao público francês” (MARX apud MUSTO, 2023, p. 122), aproveitando para fazer retificações e mudanças (cf. MUSTO, 2023, pp. 123; 203). É notório que os rascunhos do Livro II foram deixados incompletos, e os do Livro III, também, além de possivelmente desatualizados. Contudo, nem mesmo o Livro I, Marx, em seu perfeccionismo, considerou completo: “nem a tradução francesa, de 1872-1875, nem a terceira edição alemã, de 1881, podem ser consideradas como a versão definitiva que estava em suas aspirações” (MUSTO, 2023, p. 124).

O “filósofo” preocupado em mudar o mundo: da militância na Internacional até o trabalho do “último Marx”

Explicitados alguns dos principais acontecimentos da elaboração e publicação da crítica da economia política marxiana, a segunda parte da biografia reflete particularmente acerca da militância política de Marx, em especial na Associação Internacional dos Trabalhadores (AIT), na luta pela libertação irlandesa, e em torno da Comuna de Paris. Marx, apesar de não ser um dos fundadores da AIT (cf. MUSTO, 2023, p. 131), foi um de seus principais membros e articuladores, chegando a liderar uma de suas correntes majoritárias. Musto analisa a organização desde sua gênese a partir de diversos documentos da época desde a assembleia de fundação, em 1864 em Londres. As principais correntes na fundação eram: o sindicalismo inglês; o mutualismo francês, seguidores de Pierre-Joseph Proudhon; os comunistas, liderados por Marx, inicialmente minoritários; e alguns outros grupos ainda menores (cf. MUSTO, 2023, pp. 129-30). Proudhon já havia sido alvo de numerosas críticas de Marx e de Engels na obra Miséria da filosofia, de 1847, resposta à Filosofia da miséria do pensador francês (cf. ENGELS; MARX, 2017), e seria um de seus principais opositores políticos nos anos subsequentes na AIT, sobretudo por sua força hegemônica entre os membros da França, da Suíça francófona, Valônia e Bruxelas (cf. MUSTO, 2023, p. 146).
A Alemanha não possuía representantes na AIT, até mesmo em razão da censura e perseguição política que o país sofria na época, mas a Associação Geral dos

Trabalhadores Alemães (AGT) girava em sua órbita. A AGT era uma organização fundada e liderada por Ferdinand Lassalle, que, contudo, “seguiu um diálogo ambíguo com Otto von Bismarck e perdeu interesse pela Internacional durante os primeiros anos de sua existência” (MUSTO, 2023, p. 138). Lassalle e sua relação com a monarquia alemã foram profundamente criticados por Marx ao longo de sua vida, seja por meio de cartas (cf. MUSTO, 2023, p. 150), ou, na década de 1870, na célebre Crítica do Programa de Gotha (1975) (cf. MARX, 2012), redigida como resposta ao manifesto de unificação da AGT com o Partido Social-Democrata dos Trabalhadores, movimento vinculado a Marx na Alemanha (cf. MUSTO, 2023, pp. 204-5).
A organização era diversa, e Marx cumpria um relevante papel na agregação dos diferentes grupos, mesmo sem poupá-los de suas críticas. Para Musto, “a sua habilidade política permitiu-lhe conciliar o que parecia irreconciliável e garantiu um futuro à Internacional que, sem o seu protagonismo, teria partilhado o mesmo rápido esquecimento de todas as outras numerosas associações operárias que a precederam”, de modo que “foi ele quem criou um programa político não excludente, mas firmemente classista, garantindo uma organização que aspirava ser de massas e não sectária” (MUSTO, 2023, p. 131). O protagonismo do autor d’O capital foi crescendo dentro da organização. Muitos membros se identificavam com o modo através do qual ele expressava claramente seu projeto comunista e ressaltava que a organização não deveria se preocupar com a disputa de eleições: “não podemos nos tornar o trampolim de mesquinhas ambições parlamentares” (MARX apud MUSTO, 2023, p. 133)[18], mas sem abandonar, como os seguidores de Proudhon, a perspectiva das conquistas concretas, como a legislação pela redução da jornada de trabalho. No primeiro congresso da AIT, em 1866 em Genebra, a linha vinculada a Marx era majoritária, e sua maior oposição era composta pelos mutualistas franceses, que acabaram perdendo no resultado geral (cf. MUSTO, 2023, pp. 141-2).
Com o tempo, o mutualismo foi perdendo força. Este foi um resultado de uma firme disputa política de Marx, mas, conforme Musto, “mais ainda do que Marx, foram os próprios trabalhadores que tornaram a doutrina proudhoniana marginal na Internacional” (MUSTO, 2023, p. 147), pois, pelo aumento das greves, da luta por direitos, e da mobilização do movimento operário em geral, as teses mutualistas pareciam cada vez mais desconectados da luta concreta dos trabalhadores. Ao analisar os documentos do Congresso de Bruxelas de 1868, Musto destaca que pela primeira vez a AIT se posicionou claramente sobre a necessidade de socialização dos meios de produção por meio da utilização do poder público (cf. MUSTO, 2023, p. 148), uma grande derrota para os mutualistas.
Não obstante, o congresso marcaria o início da virada coletivista da organização. Contando com a participação do russo Mikhail Bakunin, então membro da Aliança Social-Democrata, com o tempo Marx foi “confrontado com um rival ainda mais duro, um adversário que formava uma nova tendência – o anarquismo coletivista – no seio da organização e que pretendia conquistá-la” (MUSTO, 2023, p. 153). Musto descreve: “Em suma, Bakunin queria transformar a Internacional em uma organização controlada por ele, ‘por meio da infiltração desta [a Aliança Social Democrata] sociedade secreta’. Marx denunciou este objetivo e abriu-se um conflito sem limites entre os dois.” (MUSTO, 2023, p. 162)
No interior do cenário político dos anos 1860 e 70, Marx foi um grande defensor da união internacional dos trabalhadores e da libertação dos povos em geral. Em inúmeros textos e cartas, Marx denuncia a burguesia inglesa por antagonizar seus proletários ao proletariado irlandês para favorecer seu domínio classista, defendendo em 1870 que “o golpe decisivo contra as classes dominantes na Inglaterra (e que será decisivo para o movimento operário mundial) só pode ser desferido na Irlanda e não na Inglaterra” (MARX apud MUSTO, 2023, p. 158). Marx foi redator da Primeira e da Segunda Mensagem do Conselho Geral sobre a Guerra franco-prussiana, guerra a qual eclodiu em 1870 e terminou em 71 com a derrota francesa, posicionando-se fortemente contra Luís Bonaparte[19], mas também contra a Prússia, em prol da uma união proletária pela paz, e expressando seus medos com relação aos frutos futuros da guerra (cf. MUSTO, 2023, pp. 164-5).
Em março de 1871, eclodiu um dos eventos mais relevantes do século, a Comuna de Paris, a qual, apesar do “papel desempenhado pelos dirigentes da Internacional” estava, contudo, “nas mãos da ala jacobino-radical” (MUSTO, 2023, p. 170). Dois dias após sua violenta repressão, em maio, Marx “regressou ao Conselho Geral e trouxe consigo um manuscrito intitulado A guerra civil na França (1871)” (MUSTO, 2023, p. 168), que também foi aprovado e publicado em nome do Conselho Geral da AIT, e reflete a postura ao mesmo tempo de exaltação da coragem dos communards e reconhecimento de sua relevância histórica, mas também de crítica a um movimento “que estava condenado à derrota” (MUSTO, 2023, p. 166).
Com o fim da Comuna, os países europeus em geral se tornaram mais repressivos com os movimentos de oposição, e a AIT, independente de não ter tido parte na direção do movimento de Paris, passou a ser demonizada, juntamente com seus dirigentes. Marx afirmou, com tons irônicos, que teve a “honra de ser o homem mais caluniado e mais ameaçado de Londres” (MARX apud MUSTO, 2023, p. 171). Assim, a tarefa do Mouro na organização agora era dupla: ao mesmo tempo “defender a Internacional do ataque de forças hostis e colocar por terra a influência crescente de Bakunin” (MUSTO, 2023, p. 171), e ele não conteve esforços para sanar, na mídia e nos encontros políticos, ambas ameaças. Na conferência de Londres de 1871, a AIT publicou uma resolução que definia o partido político (em sentidos muito distintos e mais amplos do que entendemos hoje)[20] como um “instrumento fundamental da luta do movimento operário” (MUSTO, 2023, p. 174), o que foi muito mal visto pelos comunitaristas. Em razão de sua má recepção entre os apoiadores de Bakunin, Musto diagnostica a resolução como um “erro de avaliação cometido por Marx que acelerou a crise da internacional” (MUSTO, 2023, p. 177). Fato é que a conferência marcou o início de um período desfavorável à ala comunista.
Os conflitos se aprofundaram de tal modo que, no ano seguinte, o V Congresso Geral da Internacional, em Haia, no qual Marx e Engels estavam presentes, marcaria o fim da organização, ao menos nos moldes de sua fundação em 1864. Com receio de a organização ser tomada por representantes de uma “seita sectária” e “abstencionista” comandada por Bakunin, foi votada a transferência da sede do Conselho Geral para Nova York, defendida também por Marx e por Engels, decisão que venceu por poucos votos, muito criticada não apenas pelos comunitaristas, mas também pelos blanquistas, que “abandonaram o congresso e, pouco depois, também a Internacional” (MUSTO, 2023, p. 186). Contudo, o evento acabou sendo, nas palavras de Musto, uma “vitória de Pirro” para Marx, pois, na verdade “agravou significativamente a crise da organização” (MUSTO, 2023, p. 188), e acelerou sua dissolução. Após sua transferência, “a Internacional foi substituída por dois agrupamentos de forças muito pequenos” e “sem capacidade de planejamento e ambição política”, os “centralistas” e os “autonomistas” ou “federalistas” (MUSTO, 2023, p. 194), ambos os quais rapidamente foram extintos.
À luz deste embate, Musto analisa decisões da Internacional e outros textos em que Marx e Engels se contrapõem ao revolucionário russo, e vice-versa, notadamente As chamadas cisões na Internacional (1872) de Marx e Engels; Excertos e comentários críticos ao “Estado e anarquia” de Bakunin (1875) de Marx; a Carta ao La Liberté de Bruxelas (1872) de Bakunin, e Estado e anarquia (1873), a única obra completa do russo. Contudo, é importante frisar que o biógrafo critica a tese de que o fim da Internacional se deu apenas pelos conflitos internos, ou pior, a que personifica tais conflitos, alegando que derivou de uma disputa pessoal entre Marx e Bakunin. A derrocada da organização deve ser entendida à luz de seu contexto histórico, das determinações objetivas dos elementos econômicos e sociais que a engendraram:

A tese, sugerida por numerosos acadêmicos, de que foi o conflito entre as suas duas correntes ou, o que é ainda mais improvável, o conflito entre dois homens, ainda que do calibre de Marx e Bakunin, que determinou o declínio da Internacional, não parece convincente. As razões de seu fim devem ser procuradas em outro lugar. O que tornou a Internacional obsoleta foram, acima de tudo, as grandes mudanças que ocorreram fora dela. O crescimento e a transformação das organizações do movimento operário, o reforço dos estados- nação com a unificação nacional da Itália e da Alemanha, a expansão da Internacional em países como Espanha e a Itália, caracterizados por condições econômicas e sociais profundamente diferentes das da Inglaterra e da França, onde a associação nasceu, a definitiva guinada à moderação do sindicalismo inglês e a repressão que se seguiu à queda da Comuna de Paris, tudo isto agiu conjuntamente para tornar a configuração original da Internacional inadequada às novas condições históricas. (MUSTO, 2023, p. 187)

Fato é que o fim da Internacional em 1872 foi também o fim de uma era muito relevante para Marx. A organização devia muito a ele, que foi por alguns anos um de seus principais líderes, e ele à organização, que também ajudou a popularizar suas teorias entre os trabalhadores. A data é também um marco da sua última década, dado seu falecimento em março de 1883.
Entre seus recorrentes problemas de saúde, que não cessavam, na década de 1870, especificamente entre 1872-75, Marx também se ocupava com a tradução – ou, melhor dizendo, edição – francesa do Livro I d’O capital, que consistiu em uma revisão crítica com mudanças e acréscimos em toda a obra. Outros textos relevantes da mesma época são um manuscrito para o Livro III, A relação entre a taxa de mais- valia e a taxa de lucro desenvolvida matematicamente (1875), e a Crítica do Programa de Gotha (1875) sobre a unificação dos partidos socialistas na Alemanha. Além disso, desde 1869 o autor aprendia russo e não deixava de pesquisar sobre as mudanças sociais que ocorriam no país, recebendo uma série de livros e publicações de seu amigo e economista russo, posteriormente tradutor d’O capital, Nicolai Danielson. Em 1875, na Alemanha, travou amizade com o historiador russo Maksim Kovalevsky, com quem também trocou obras e correspondências até o final de sua vida (cf. MUSTO, 2023, pp. 206-7). Os livros teóricos lidos por Marx – sem contar com as muitas obras de literatura que conhecia – eram, em geral, tão diversos quanto seus interesses, não se limitando à história ou economia política. Na época passaram, por exemplo, desde fisiologia e botânica até formas de propriedade coletiva (cf. MUSTO, 2023, pp. 208- 9).
Com o advento da Guerra Russo-Turca (1877-1878), Marx se ocupou em estudar o que era chamado em sua época de “questão oriental” e o papel da reacionária Rússia tsarista, que, contudo, passava por seus próprios conflitos sociais internos após a (segundo Marx, lamentável) vitória de Alexandre II (cf. MUSTO, 2023, pp. 210-1). Na Alemanha, apesar de o Partido Socialista dos Trabalhadores da Alemanha (PSTA) estar se expandindo, a situação era preocupante, pois ele era cada vez mais dominado por tendências conflitantes com os interesses da classe trabalhadora. Esse foi um dos motivos que levou Marx a escrever o décimo capítulo da obra de Engels Anti-Dühring, contra o professor e intelectual socialista alemão (cf. MUSTO, 2023, p. 212) cujos apoiadores cresciam dentro do PSTA. Sobre a conjuntura alemã, o autor d’O capital também viu de modo negativo a tentativa do anarquista Karl Eduard Nobiling de assassinar o Rei Wilhelm I, resultado de uma leitura “tola” do contexto social que apenas acarretou no aumento das perseguições aos socialistas no país (cf. MUSTO, 2023, pp. 214-5). Ele entendia que os anarquistas do partido, ao contrário da massa de operários que o compunham, eram “um esboço da juventude sem problemas que quer fazer história e apenas demonstra como as ideias do socialismo francês [podem] se tornar uma caricatura de homens degradados de classes superiores” (MARX apud MUSTO, 2023, p. 215). De outro lado, Marx também temia o avanço da “ralé do socialismo de cátedra” (MARX apud MUSTO, 2023, p. 217), socialistas de estado que dominavam as universidades alemãs, como Adolph Wagner (cf. MUSTO, 2023, p. 234).
O principal projeto de Marx ainda continuava ativo: “Entre 1877 e 1881, Marx
redigiu novas versões de várias partes do Livro II d’O capital.” (MUSTO, 2023, p. 218) Entre problemas pessoais (dentre eles, o falecimento da segunda esposa de Engels em 1878) e de saúde, dedicou-se a estudar livros sobre comércio, capital financeiro, bancário, e circulação de capital em geral (cf. MUSTO, 2023, pp. 218-20). Paralelamente, estudava sobre “os desenvolvimentos econômicos da Rússia e dos Estados Unidos” (MUSTO, 2023, p. 220), chegando a afirmar que “o campo mais interessante para os economistas, est[ava], sem dúvida, nos Estados Unidos” (MARX apud MUSTO, 2023, p. 221).
Os próprios estudos para o Livro II o levaram a, em 1878, focar em “geologia, mineralogia e química agrária” (MUSTO, 2023, p. 221), visando sobretudo a aumentar seu conhecimento sobre renda da terra (cf. MUSTO, 2023, p. 222). Não obstante a continuidade de seus trabalhos, o prazo para a finalização do segundo livro estava em suspenso, o que justificou, em uma carta para Danielson, em razão de: (1) poder “esperar até que a crise industrial na Inglaterra atingisse seu ponto mais alto”, (2) precisar estudar melhor o material que havia recebido sobre a Rússia e os Estados Unidos; e (3) ordens médicas para reduzir seu tempo de trabalho (cf. MUSTO, 2023, pp. 225-6).
O ano de 1879 é marcado por estudos sobre Ciências naturais, química, física, fisiologia e geologia (cf. MUSTO, 2023, p. 229), dos quais, como sempre, tomava notas em seus cadernos pessoais. Em setembro, dedicou-se ao livro A propriedade comum da terra… (1879) de seu amigo e correspondente, Kovalevsky, que lhe fora enviado pelo próprio autor. Dele, tomou extratos nos quais “resumiu as diferentes maneiras pelas quais os colonizadores espanhóis na América Latina, os ingleses na Índia e os franceses na Argélia haviam regulamentado os direitos de posse” (p. 229), passando “formas de propriedade da terra existentes entre as civilizações pré-colombianas” (MUSTO, 2023, p. 229). Ademais, dedicou-se extensivamente a tomar notas referentes à colonização inglesa na Índia, que compõem mais da metade de seus excertos sobre o autor russo. Entre 1879-80, decidiu organizar uma cronologia da história indiana, as Notas sobre a história da índia (664-1858), baseada em diversos autores com os quais teve contato ao longo de sua vida, o que aponta um claro interesse do autor na região. Nesse período, Marx também se voltou a estudar textos sobre as comunidades indígenas e a economia na Austrália, resultado de seu interesse geral em entender a realidade das colônias inglesas. São da mesma época as Glosas marginais do Tratado de economia política de Wagner (1880), nas quais critica veementemente seu chamado “socialismo de estado” (cf. MUSTO, 2023, pp. 233-5).
Em 1880, Marx acompanhava de perto a emergência da Federação do Partido
Socialista dos Trabalhadores da França (FPTSF), redigindo o Programa eleitoral dos trabalhadores socialistas (1880), com Lafargue. Nele, escreve que, além da necessidade da expropriação dos meios de produção, “a emancipação da classe produtiva é a emancipação de todos os seres humanos sem distinção de sexo e raça” (MARX apud MUSTO, 2023, p. 236). Ele via a recém formada organização como o “primeiro movimento real dos trabalhadores na França”, diferente de organizações anteriores que se constituíram enquanto “seitas que recebiam a palavra de ordem de seus fundadores” (MARX apud MUSTO, 2023, p. 237). Ainda em 1880, Marx organizou a Enquete operária (1880), um questionário publicado na Revue Socialiste a ser preenchido pelos operários, circulando 25 mil cópias pela França. A enquete foi uma iniciativa original, voltada a dar voz aos próprios operários; uma alternativa aos, também muito utilizados por Marx, relatórios de inspetores que constavam nos Livros azuis [Blue books].
Outros eventos da época são o encontro com o jornalista liberal dos Estados Unidos John Swinton, que posteriormente afirmou que, ao contrário de suas expectativas, viu em Marx um homem de muito bom caráter. Do mesmo ano é, também, a Carta à Assembleia de Genebra (1880), em comemoração da revolução polonesa de 1830, de Marx e Engels. A nível pessoal, o autor d’O capital nunca deixou de batalhar contra seus muitos problemas de saúde, mas agora enfrentava também uma deterioração na condição física de sua amada esposa, Jenny, que padecia de um grave câncer no fígado.
Em seus últimos anos, Marx dedicou-se a estudos diversos. Entre dezembro de 1880 e junho de 1881 escreveu a maior parte das notas que foram publicadas, em 1972, na compilação denominada Cadernos etnológicos, feita por Krader, mas hoje disponíveis na versão digital no site da Mega2. Na vida privada, esse período foi, sem dúvida, bastante penoso. Enquanto suas dores reumáticas e problemas respiratórios pioravam, ele viu membros de sua família adoecendo. Sua querida filha mais nova, Eleanor (“Tussy”), passou por um sério período depressivo por volta de 1880-81, e sua esposa Jenny von Westphalen estava a cada dia mais fraca em decorrência do câncer. Sua companheira de vida morreu em 2 de dezembro de 1881, aos 68 anos (cf. MUSTO, 2023, p. 254). Por este advento trágico, somado à necessidade própria de recuperação, Marx viaja, sob recomendação médica de mudança de “ares”, para a Argélia, aportando em Argel em 20 de fevereiro de 1882. Estimulado pelo novo ambiente, estudou sobre o país e a cultura árabe, e, em suas cartas “atacou, com indignação, os abusos violentos dos colonizadores franceses em Argel” (MUSTO, 2023, p. 259). Contudo, sua condição física não melhorou, ao invés, o isolamento do restante de sua família surtiu-lhe um efeito negativo, fazendo-lhe retornar à Europa pouco tempo depois, desembarcando já no dia 5 de maio (cf. MUSTO, 2023, p. 259).
Mesmo diante de intempéries, Marx manteve-se ativo intelectualmente. Outros textos relevantes do “último Marx” são o Caderno B 168 / B 150 (duplamente numerado em sua capa), de outubro 1882, no qual estão, dentre outras[21], suas notas sobre The origin of civilisation and the primitive condition of man (1870), de John Lubbock; e uma cronologia de fatos importantes da história mundial, desde o século I aC (1881-2). São da mesma época a famosa carta à Vera Zasulich (1881) e o “Prefácio” à edição russa do Manifesto do partido comunista (1882)[22]. Os últimos meses de Marx, em 1883, foram vividos em Londres. Já bastante debilitado, sofreu mais uma perda irreparável, a de sua filha: “Em 11 de janeiro [de 1883], antes mesmo de completar 39 anos, Jenny morreu de câncer na bexiga.” (MUSTO, 2023, p. 264) A partir de então, a deterioração de Marx se agravou rapidamente, e desenvolveu um abscesso pulmonar. O autor d’O capital faleceu às 14h45 do dia 14 de março de 1883, e a seu amigo Engels, coube “‘fazer alguma coisa’ com seus manuscritos inacabados” (MUSTO, 2023, p. 266). Marx se foi, mas, como ressalta Musto, “nunca o abandonou a certeza de que muitos outros continuariam seu trabalho teórico e que milhões deles, em todos os cantos do mundo, continuariam a luta pela emancipação das classes subalternas” (MUSTO, 2023, p. 266).

Marx e o projeto de uma sociedade emancipada “E nós bradamos: A revolução está morta! – Viva a revolução!”

Karl Marx, As lutas de classes na França

A quarta parte da biografia escrita por Musto, “A teoria política”, é voltada para analisar a dialética do capitalismo e o caráter da sociedade comunista. Parte da leiga crítica, aponta Marx como um teórico que teve uma visão positiva da sociedade civil- burguesa, e até mesmo etapista[23] ou evolucionista da história, por tratar da possibilidade do comunismo como engendrada pelo modo de produção capitalista. Musto, contudo, explica como essas inferências são equivocadas, na medida em que:
1) Marx não coloca que as sociedades devem passar por estágios históricos necessários; e 2) as condições para o comunismo serem engendradas no interior da sociedade capitalista é devido ao desenvolvimento da produção humana em geral, não a uma visão engessada da história. O biógrafo resume essas condições da seguinte maneira:

[…] constituem os pré-requisitos fundamentais para o possível surgimento da sociedade comunista […]: 1) a cooperação do trabalho; 2) o aporte científico-tecnológico para a produção; 3) a apropriação das forças da natureza pela produção; 4) a criação de grandes máquinas que só podem ser usadas em conjunto pelos operários; 5) a economia dos meios de produção; 6) a tendência a criar o mercado mundial (MUSTO, 2023, p. 273).

O modo de produção capitalista inaugura um índice de produção nunca antes alcançado pela humanidade, ao mesmo tempo que cria “uma classe que tem de suportar todos os fardos da sociedade sem desfrutar de suas vantagens” (ENGELS; MARX, 2007, p. 2.007). Ou seja, os produtos do trabalho humano não são acessados por aqueles que os produzem. Tem-se, por exemplo, de um lado, a capacidade de produzir, transportar e armazenar uma imensidão de alimentos, muitos descartados no lixo; de outro, a fome e a miséria[24]. Contudo, já existindo tal capacidade tecnológica, produtiva, a possibilidade de uma sociedade que não sofra de fomes periódicas em razão de secas naturais, já está dada pela própria realidade. Marx era “profundamente contrário ao ditame produtivista do capitalismo” (MUSTO, 2023, p. 278), mas o exemplo utilizado por nós serve para demonstrar que não se trata de romantizar a sociedade civil-burguesa, e sim de situar a possibilidade do comunismo historicamente, pensamento foi mantido por Marx ao longo de toda sua vida:

[…] com continuidade, desde as primeiras formulações da concepção materialista da história na década de 1840 até suas últimas intervenções políticas na década de 1880, Marx destacou a relação entre o papel fundamental do incremento produtivo gerado pelo modo de produção capitalista e as pré-condições necessárias para o surgimento da sociedade comunista pela qual o movimento dos trabalhadores deveria lutar (MUSTO, 2023, pp. 279-80).

Apesar de considerar que o capitalismo fornece as pré-condições do comunismo, Marx “negou inúmeras vezes – tanto em textos publicados quanto em manuscritos não publicados – que tivesse concebido uma interpretação unidirecional da história, segundo a qual os seres humanos estavam destinados a seguir o mesmo caminho em todos os lugares e, além disso, por meio dos mesmos estágios” (MUSTO, 2023, pp. 281-2). O autor d’O capital é veementemente contrário à posição de que todas as sociedades devem fazer uma revolução civil-burguesa, e “durante os últimos anos de sua existência” dedicou-se a refutar “a tese, erroneamente atribuída a ele, da inexorabilidade histórica do modo de produção burguês” (MUSTO, 2023, p. 282).
Com essas condições dadas pela revolução industrial inglesa, o próprio Marx deixa explícito em sua carta à Vera Zasulich (1882), que a Rússia do século XIX, por exemplo, já poderia fazer uma transição ao comunismo através de sua própria comuna rural, sem antes realizar uma revolução burguesa, “trocando de pele sem cometer suicídio (MARX in ENGELS; MARX, 2013, p. 100). Para ele, “a contemporaneidade da produção ocidental, que domina o mercado mundial, permite à Rússia incorporar à comuna todas as conquistas positivas produzidas pelo sistema capitalista sem passar por seus forcados caudinos [fourche caudines]” (MARX in ENGELS; MARX, 2013, p. 94). Nesse sentido, Marx entendia que a “história da Rússia, ou de qualquer outro país, não precisava refazer todas as etapas que marcaram a história da Inglaterra ou de outras nações europeias” (MUSTO, 2023, p. 284). Essa postura não é uma “ruptura dramática com suas convicções anteriores”, mas, para Musto, o “amadurecimento de sua posição teórico-política” (MUSTO, 2023, p. 285). Para nós, não é uma mudança, e sim uma consequência de seu pensamento anterior, acrescido agora de novos estudos específicos sobre a Rússia.
Marx teve a oportunidade de criticar em vida as “interpretações” equivocadas que entendiam O capital como uma fórmula das etapas da história de todos os países, e “dogmatismos” desse tipo que surgiam em seu nome (cf. MUSTO, 2023, p. 289). Ele contestou, por exemplo, Mikhajlovsky por “transfigurar seu ‘esboço da gênese do capitalismo na Europa Ocidental em uma teoria histórico-filosófica da marcha universal fatalmente imposta a todos os povos, qualquer que seja sua situação história’” (MARX apud MUSTO, 2023, p. 283). A escolha da Inglaterra como o enfoque d’O capital se dá em razão da forma clássica de entificação do capitalismo, sendo o país na qual as determinações específicas da sociedade civil-burguesa já estavam colocadas, à época de Marx, de modo mais evidente, como ele próprio explica no “Posfácio” de sua obra[25]. Apesar de ler autores evolucionistas, Marx nunca foi afetado por essa tendência, como Musto explica em sua biografia sobre o “último” Marx:

Todos os autores lidos e resumidos por Marx nos Cadernos etnológicos haviam sido influenciados – com nuances distintas – pela teoria evolucionista que imperava à época, e alguns deles eram também defensores convictos da superioridade da civilização burguesa. Um estudo dos Cadernos etnológicos mostra claramente que Marx não sofreu nenhuma influência dessas asserções ideológicas. (2018, p. 39)

A última seção do capítulo da teoria política é dedicada a traçar o “perfil da sociedade comunista”. Antes de Marx, destacam-se os socialistas “críticos-utópicos”, que cumpriram uma função histórico-crítica específica, apesar de suas visões moralistas e seus projetos irrealizáveis (cf. MUSTO, 2023, pp. 292-3), e de que nunca alcançaram o estatuto de crítica aos reais fundamentos da sociedade civil-burguesa. Após a revolução francesa, emergiu a suposição de que “todos os males da sociedade acabariam assim que fosse estabelecido um sistema de governo fundado na igualdade absoluta de todos os seus membros” (MUSTO, 2023, p. 293), o igualitarismo, que foi um “princípio orientador da Conspirações dos Iguais”, defendida, por exemplo, por François-Noël Babeuf e Sylvain Maréchal (MUSTO, 2023, p. 294). Musto analisa as ideias e vertentes do igualitarismo desde a revolução francesa até meados do século
XX. Eles eram baseados em uma “ideologia igualitária ingênua” como solução dos problemas sociais, baseadas em uma imposição “de cima para baixo” (MUSTO, 2023, p. 295).
Outra corrente relevante dos primeiros socialistas, defendida por, dentre outros, Henri de Saint-Simon, Charles Fourier, Robert Owen e Étienne Cabet, apostava “que a elaboração teórica de melhores sistemas de organização social era uma condição suficiente para mudar o mundo” (MUSTO, 2023, p. 296). Muitos deles tinham de fato o “compromisso de promover o surgimento de pequenas comunidades alternativas” (MUSTO, 2023, p. 297), todas as quais, sabe-se, tiveram o mesmo destino fatal. Esses movimentos eram, essencialmente, antirrevolucionários. Com o tempo, “suas organizações se tornaram […] seitas políticas dogmaticamente vinculadas a sistemas teóricos que já estavam predeterminados e, portanto, completamente desvinculadas dos conflitos reais da classe trabalhadora” (MUSTO, 2023, p. 299), como tratam Marx e Engels no panfleto da AIT As ditas cisões na Internacional (1872) e na chamada Carta circular (1879).
Marx “refutou a ideia de que [sua teoria] poderia ser a inspiração para um novo credo político dogmático” e “se recusou a propor a configuração de um modelo universal de sociedade comunista” (MUSTO, 2023, p. 302), por exemplo no “Posfácio à segunda edição” (1873) do Livro I d’O capital e nas Glosas marginais sobre Wagner (1879-1880). Ainda assim, ele escreveu sobre o comunismo, no que Musto classifica por três grupos textuais distintos: 1) críticas às concepções de socialismo de outros autores; 2) “escritos sobre luta e propaganda política destinados às organizações da classe proletária de sua época” (MUSTO, 2023, p. 304); e 3) observações críticas ao modo de produção capitalista que geram reflexões sobre o comunismo. Contudo, ressalta, “suas anotações […] não devem ser avaliadas como o modelo marxista a ser adotado dogmaticamente, nem, muito menos, como as soluções que […] deveriam ter sido aplicadas, indiferenciadamente, em diferentes lugares e épocas” (MUSTO, 2023, p. 304).
O comunismo não é a aplicação de um ideal, mas uma sociedade emancipada[26], sem classes e sem política, baseada na associação de seres humanos livres e na produção coletiva (cf. MARX, 2017, p. 153), que parte “de cada um segundo suas capacidades, a cada um segundo suas necessidades!” (MARX, 2012, p. 25). As condições objetivas para a existência da sociedade comunista estão dadas, mas não faz sentido deliberar, a partir do arcabouço categórico marxiano, sobre um modelo afirmativo de como a revolução será e como a sociedade comunista se organizará, redundando em utopias sem fundamento ou futurologias crassas. É necessário retirar as deturpações amplamente disseminadas sobre o sentido de comunismo e resgatar o projeto revolucionário marxiano em seu sentido profundamente emancipatório.
A partir da obra de Musto, é possível notar como Marx nunca foi um intelectual apartado em sua “torre de Marfim” – não há uma cisão entre “teoria” e “prática” em sua obra; elas são, ao invés, indissociáveis. Em sua vida, Marx teve uma postura de participação ativa e de agregação dos movimentos de esquerda, sem nunca abandonar seus próprios pensamentos ou poupar seus pares de duras críticas. Criticando o materialismo contemplativo, Engels e Marx (2007) redigiram a famosa tese 11: “os filósofos apenas interpretaram o mundo de diferentes maneiras; o que importa é transformá-lo” (p. 535), objetivando romper com a oposição entre filosofia e mundo. A transformação material do mundo depende da devida compreensão da realidade, e vice-versa:

A arma da crítica não pode, é claro, substituir a crítica da arma, o poder material tem de ser derrubado pelo poder material, mas a teoria também se torna força material quando se apodera das massas. A teoria é capaz de se apoderar das massas tão logo demonstra ad hominem, e demonstra ad hominem tão logo se torna radical. Ser radical é agarrar a coisa pela raiz. Mas a raiz, para o homem, é o próprio homem. (MARX, 2013, pp. 151-2)

Assim, entender a realidade é também intervir nela – as armas da crítica nas mãos das massas são força material. Marx é muito maior que qualquer tipo de deturpação economicista, etapista ou evolucionista de sua teoria, ou de toda crítica que tenta vendê-lo como um teórico eurocentrista e colonialista a ser descartado. Não se trata de não o entender como um europeu do século XIX, e sim reconhecer que ele foi muito além dos preconceitos burgueses da ideologia dominante em seu tempo, partindo de um projeto de emancipação material dos seres humanos em geral.

Espaço de discussão
Como mencionamos anteriormente, nos tempos atuais tem ressurgido um grande interesse na vida e obra de Marx, impulsionado pela recente publicação de muitos cadernos de anotações do “último Marx” pela Mega2, antes inéditos ao público. Assim, os textos dessa época, nos quais Marx trata de questões como gênero, colonialismo, dentre outros, têm sido alvo de grandes debates na tradição marxista. Se para Edward Said, Marx apresenta uma visão “orientalista romântica”, a qual mantém até o final de sua vida (cf. SAID, 2012, p. 197), há uma corrente que defende que esses textos marcam uma mudança radical de pensamento de Marx, em que ele deixa de lado supostas tendências eurocêntricas anteriores. Para Michael Löwy (2020), por exemplo, os Cadernos etnológicos mostram a “evolução de Marx, a partir de posições eurocêntricas, em direção a uma crescente abertura ao ‘Outro’” (p. 23), de modo que “A morte interrompeu um extraordinário processo de reelaboração, de reformulação, de reinvenção do materialismo histórico e da teoria da revolução” (LÖWY, 2018).
Jean Tible (2020) propõe um Marx selvagem a partir dos escritos do “último Marx”. Para ele, o filósofo, ao final da vida, volta-se “às sociedades sem classes em busca de inspiração para futuras organizações” (TIBLE, 2020, p. 104). Assim, os cadernos representariam uma virada do pensamento marxiano em direção a outros povos, uma “mudança em que o autor passa a valorizar por si mesmas as experiências e formas de resistência que ocorrem fora dos países da Europa Ocidental” (TIBLE, 2020, p. 93). Para ele, essas sociedades serviriam de “modelo” para o comunismo, de modo que elas servem de inspiração como contraposição, apesar do avanço das forças produtivas, à desigualdade que acompanha evolução da técnica: “na visão de Marx – e de vários marxistas – haveria um elo entre comunismo primitivo e comunismo moderno que resolveria essa contradição, unindo o pré e o pós-capitalismo” (TIBLE, 2020, p. 99), isto é, “um elo entre passado e futuro, tradição e porvir” (TIBLE, 2020, p. 104). Nesse sentido, nos extratos do “último Marx” e n’A origem da família… “a conclusão de Morgan é retomada por Marx e Engels assim como as formas sociais igualitárias e sem classes constituem inspiração para futuras organizações” (TIBLE, 2020, p. 104), já presente em outros de seus textos, mas intensificado na obra de ambos na década de 1880.
A biografia de Musto mostra um olhar distinto sobre o “último Marx”. Para ele, o autor d’O capital manteve-se a par da história e dos acontecimentos de países de fora do velho continente não apenas ao final de sua vida, mas ao longo de toda ela – evidentemente, a partir dos limites do material disponível em sua época. Além disso, entende que Marx “nunca desejou um retorno ao passado, mas sim, como anotou nos extratos sobre Morgan, o advento de um ‘tipo superior de sociedade, baseado em uma nova forma de produção e um modo diferente de consumo” (MUSTO, 2023, p. 248). Nesse sentido, Marx nunca teve como “solução” uma “reedição socialista do ‘mito do bom selvagem’” (MUSTO, 2018, p. 37), mas a construção de um novo tipo de sociedade, que, além disso, “não surgiria por meio de uma evolução mecânica da história, mas somente por meio da luta consciente dos trabalhadores” (MUSTO, 2023, p. 248).
Entendemos que “Marx não estava revisando e reformulando todo seu arcabouço teórico anterior, mas, na verdade, colhendo seus resultados” (ANDRADE, 2025, p. 36), e ao olhar para seu percurso teórico, isso se confirma. Igualmente, o filósofo não trata de comunidades sem estado buscando um modelo de inspiração para a sociedade comunista – não se trata de olhar para o passado, até mesmo porque várias dessas sociedades foram contemporâneas a ele, e existem ainda no presente. Não há uma “receita de bolo” para a revolução ou para o comunismo, como tentaram os chamados “socialistas utópicos”, pois projetar um modelo na realidade é impossível. Para Marx (2012): “Cada passo do movimento real é mais importante do que uma dúzia de programas” (p. 17) – trata-se de partir do real, do existente.
Ademais, Marx não parte das conclusões de Morgan, mas critica o romantismo mistificador com do estadunidense diante das sociedades ditas “primitivas”. Entendemos que se “Morgan transporta princípios burgueses até as comunidades que analisa, como fraternidade, igualdade e democracia”, Marx, por outro lado, opõe a ele sua própria visão acerca da história, criticando a transposição anacrônica de ideais burgueses até sociedades distintas, e “a todo momento remontando às relações reais e concretas” (ANDRADE, 2025, p. 202).
De um modo geral, nota-se como o estudo da relação entre a vida e obra de Marx é essencial para entendermos seu pensamento em torno de sua gênese, estrutura e função. Ante a tais “novos rostos de Marx”, percebe-se como ele foi um pensador muito à frente de seu tempo – e, em certo sentido, também muito à frente de nosso, tendo muitas contribuições pouco exploradas, seja em razão de materiais ainda não publicados ou de perseguições políticas e deturpações posteriores feitas com seu arcabouço teórico. Apresenta-se um teórico muito interessado em se manter atualizado sobre as pesquisas mais avançadas de sua época sobre as mais variadas sociedades. Longe de se circunscrever às noções tradicionais de um economista, um cientista político, sociólogo, historiador etc., ou até um “filósofo” em sentido estrito, Marx era um pensador que não se limitou diante da divisão parcelar do conhecimento.

Como Musto ressalta, ao longo de toda sua trajetória intelectual, Marx
foi, ainda que apátrida, um verdadeiro “cidadão do mundo”:
O mundo inteiro, portanto, estava contido em seu escritório. Mesmo permanecendo sentado à escrivaninha, por meio de seu estudo das transformações sociais nos Estados Unidos, das esperanças nutridas pelo fim da opressão colonial na índia, do apoio à causa feniana, da análise da crise econômica na Inglaterra e da atenção dedicada às eleições na França, Marx observava constantemente os sinais dos conflitos sociais que se desenvolviam em todas as latitudes do globo terrestre. Onde quer que emergisse, ele tentava acompanhá-los.
Não é sem razão, é verdade, costumava dizer de si mesmo: “Sou um cidadão do mundo, e ajo onde me encontro”. Seus últimos anos de vida não desmentiram esse modo de ser. (MUSTO, 2018, p. 57)

Nesse sentido, se, por um lado, reconhecer e humanizar a trajetória de Marx contribui para tirá-lo de um “pedestal” muito comumente atribuído aos grandes pensadores, por outro, fortalece também uma visão contrária a certas tendências que o postulam como antiquado ou preso às determinações de seu próprio tempo. A obra de Musto é muito frutífera para a formação de uma visão realista sobre essa personalidade tão controversa, e vem em um momento em que essa tarefa é da mais suma importância. A partir dessa biografia, é evidente como boa parte da leiga crítica ao autor d’O capital é insustentável, pois ao contrário da imagem muito disseminada por movimentos anticomunistas – mas também por uma parcela de marxistas –, Marx não é um pensador etapista, evolucionista ou eurocentrista, e nunca considerou “apenas” a luta entre burgueses e operários, ou “apenas” a Europa ou a Inglaterra.

 

[1] Expressão utilizada em referência ao curso ministrado por Marcello Musto, autor de Karl Marx: biografia intelectual e política (1857-1883), na Universidade Federal de Minas Gerais (UFMG) entre os dias 13/11 e 4/12/2024.

[2] Mais informações sobre o autor podem ser conferidas em: <https://marcellomusto.org/>. Acesso em: 2 set. de 2025

[3] Sobre os debates em torno do “último Marx” nas últimas décadas, cita-se o trabalho do próprio Musto (2018), de Heather Brown (2012), Kevin Anderson (2019, 2025), e Jean Tible (2020), além de autores menores como Lucas Álvares (2019), Gustavo Velloso (2018), e o nosso trabalho, Andrade (2025).

[4]. Os textos selecionados pelo etnólogo estadunidense Lawrence Krader são uma pequena parcela de todos os excertos marxianos de 1879-83, notadamente excertos de Marx referentes a quatro obras distintas: A sociedade antiga ou investigações sobre as linhas do progresso humano desde a selvageria, através da barbárie, até a civilização [Ancient society or researches in the lines of human progress from Savagery, through Barbarism to Civilization] (1877) de Lewis Henry Morgan; A aldeia ariana na Índia e no Ceilão [The Aryan village in India and Ceylon], de John Budd Phear (1880); A origem da civilização e a condição primitiva do homem: condição mental e social dos selvagens [The origin of civilisation and the primitive condition of man: mental and social condition of savages] (1870) de John Lubbock (Lord Avebury); e Preleções sobre o início da história das instituições [Lectures on the early history of institutions] (1875), de Henry Sumner Maine. Tais excertos mesclam parcialmente os cadernos de Marx nomeados B 146 e B 160, os quais hoje podemos ter acesso na versão digital da Mega2. O título do texto dado por Krader, Cadernos etnológicos, é, no mínimo, parcial. Musto (2023) prefere chamar a totalidade desses excertos de Cadernos antropológicos, nome utilizado também em uma versão italiana, Quaderni antropologici (2009), em que estão as notas sobre Morgan e sobre Maine. Para entender melhor o debate em torno da edição de Krader e do vínculo de Marx a essas áreas do conhecimento, cf. Andrade (2025).

[5] “Aqui é Rodes, salta aqui mesmo!”, provérbio latino baseado na fábula O fanfarrão, de Esopo. A expressão é utilizada por Marx em O 18 de Brumário de Luís Bonaparte (1852) (cf. MARX, 2011, p. 30) e por Hegel no “Prefácio” de sua Filosofia do direito.

[6] Opondo-se ao falseamento do tríplice amálgama originário do pensamento marxiano, que enfraquece e diminui sua radicalidade e originalidade, tomando-o por uma mera justaposição de pensamentos anteriores, J. Chasin (2009) define a formação do pensamento marxiano a partir de três grandes críticas ontológicas: a crítica à politicidade (p. 66), inaugurada com o texto Sobre a questão judaica (1843), no qual a política deixa de ter um caráter ontopositivo, isto é, perde sua dimensão resolutiva diante dos problemas sociais; a crítica à especulação (cf. CHASIN, 2009, p. 72), marcada pela Crítica da filosofia do direito de Hegel (1843), em que Marx é capaz de se contrapor à “coisificação da lógica” do sistema hegeliano; e a crítica à economia política (cf. CHASIN, 2009, p. 74), inaugurada pelos Manuscritos econômico-filosóficos (1844), que marcam um pensamento propriamente marxiano na medida em que ela ultrapassa e engloba suas críticas anteriores, pois na “busca da anatomia da sociedade civil […] as categorias da economia política são ontocriticamente elevadas à esfera filosófica, onde esplendem como malha categorial da produção e reprodução da vida humana” (CHASIN, 2009, p. 75).

[7] Hoje há um debate em torno da suposta unidade dos manuscritos que compõem A ideologia alemã. Para entender mais, cf. Hubmann; Pagel (2022).

[8] Em uma carta a Ferdinand Lassalle, de 21 de dezembro de 1857, Marx explica que “a presente crise comercial me estimulou a dedicar-me seriamente à formulação dos traços fundamentais da Economia política e, ao mesmo tempo, preparar alguma coisa sobre a atual crise” (MARX in ENGELS; MARX, 2020, p. 113)

[9] Acerca da teoria das abstrações, cf. Assunção (2018).

[10] Para entender melhor o problema da gênese do capitalismo e as críticas marxianas às “robinsonadas” da Economia Política, cf. Heleno (2024).

[11] Como explica Maurício Vieira Martins (2024), a relevância da obra de Darwin no pensamento filosófico se associa à derrubada definitiva da teoria criacionista: “Foi apenas em 1859, com a publicação darwiniana de A origem das espécies – e, mais ainda, em 1871, com A descendência do homem – que o milenar criacionismo teve sua ontologia religiosa consistentemente demolida em bases científicas.” (MARTINS, 2024, p. 30).

[12] Para entender melhor os embates teóricos e práticos entre Marx e Lassalle, cf. Machado (2022).

[13] Cita-se o Discurso da Associação Internacional dos Trabalhadores ao presidente Johnson (1865) e o Discurso ao Sindicato Nacional dos Trabalhadores dos Estados Unidos da América (1869), dentre outros (cf. MUSTO, 2023, p. 80).

[14] A tradução em português desses artigos com outros textos da mesma temática pode ser conferida em Escritos sobre a guerra civil americana (cf. ENGELS, MARX, 2020).

[15] Leonardo Gomes de Deus, Bovick Wandja Yemba e Lucien André Regnault Marques (2018) apontam que esse é um dos grandes debates da contemporaneidade, analisando suas principais vertentes.

[16] Para Michael Heinrich (2013), “as mudanças mais importantes ocorreram enquanto Marx trabalhava no terceiro rascunho (1871-81). Presumivelmente, Marx estava atormentado por dúvidas consideráveis sobre a lei da taxa de lucro. Já no Manuscrito de 1863-5, Marx não estava completamente convencido com sua explicação, como fica claro pelas repetidas tentativas de formular uma justificativa. Essas dúvidas provavelmente se amplificaram ao longo da década de 1870. Em 1875, surge um manuscrito abrangente que foi publicado pela primeira vez sob o título “Tratamento matemático da taxa de mais- valia e da taxa de lucro”. Aqui, sob várias condições de contorno e com muitos exemplos numéricos, Marx tenta compreender matematicamente a relação entre a taxa de mais-valia e a taxa de lucro. A intenção é demonstrar as “leis” do “movimento da taxa de lucro”, através do qual rapidamente se torna evidente que, em princípio, todos os tipos de movimento são possíveis. Várias vezes, Marx observa as possibilidades de aumento da taxa de lucro, embora a composição do valor do capital estivesse aumentando. No caso de uma composição renovada do Livro III, todas essas considerações teriam que ser incluídas em uma revisão do capítulo sobre a “lei da queda tendencial da taxa de lucro”. Uma consideração consistente sobre elas deveria ter levado ao abandono da “lei”. Marx também sugere isso em uma nota manuscrita que fez em sua cópia da segunda edição do Volume I, que não se encaixa mais na queda tendencial e que Engels incorporou como nota de rodapé na terceira e quarta edições (numa tradução livre): “Nota aqui para trabalhar mais tarde: se a extensão for apenas quantitativa, então, para um capital maior e um menor no mesmo ramo de atividade, os lucros são proporcionais às magnitudes dos capitais avançados. Se a extensão quantitativa induzir uma mudança qualitativa, então a taxa de lucro sobre o capital maior aumenta ao mesmo tempo.”

[17] A discussão acerca da lei da queda tendencial da taxa de lucro acompanha a história de recepção d’O capital. Leonardo Costa Ribeiro, Leonardo Gomes de Deus, Pedro Mendes Loureiro e Eduardo da Motta Albuquerque (2017) fazem um mapeamento de alguns dos debates envolvendo a lei da queda tendencial da taxa de lucro tanto nos textos do Marx quanto a partir de suas repercussões na tradição marxista. Ainda que a elaboração marxiana seja de fato autêntica, um debate sobre a tendência da queda da taxa de lucro (e suas contratendências) remonta à economia política clássica, estando presente em autores como Smith, Ricardo e Mill. Já as críticas à lei como elaborada por Marx remontam, dentre outros, a Paul Sweezy (1942), Nobuo Okishio (1961), e, mais recentemente, a uma nova tendência encabeçada por Heinrich, que nasceu do trabalho filológico da Mega2, que inaugurou novas perspectivas sobre o Livro III d’O capital. Boa parte do argumento dessa tendência, como vimos, gira em torno de Marx não mais ter abordado a lei da queda tendencial da taxa de lucro após seus manuscritos de 1863-5. Contudo, Ribeiro et al. (2017) trazem o manuscrito de Marx de 1875, Taxa de mais valor e de taxa de lucro consideradas matematicamente, no qual remete-se à lei em questão, leia- se: “Ao considerar a taxa de lucro – distinta da taxa de mais-valor –, partimos de um determinado capital, com uma determinada composição e uma determinada taxa de valorização. Em seguida, deixamos que ele passe por uma série de mudanças possíveis que produzem alterações na taxa de lucro, que é, em última análise, uma função de diferentes variáveis, e encontramos as leis que determinam o aumento, a queda ou a constância da taxa de lucro, em uma palavra, as leis de seu movimento. As leis descobertas dessa maneira são válidas para o capital social, considerado como um único capital, portanto, para a taxa de lucro considerada como uma proporção entre o capital social em funcionamento e o mais-valor por ele produzido (MEGA II.14, p. 128)” (MARX apud RIBEIRO et al., 2017, pp. 5-6 – tradução livre). Assim, para os autores, Marx não abandonou sua perspectiva anterior sobre a lei da queda tendencial da taxa de lucro e suas contratendências, o que, ademais, também implicaria mudanças com relação a outros temas também tratados em seu Livro I. Para eles: “Em outras palavras, no final de sua trajetória, Marx não abandonou sua perspectiva, pois isso implicaria abandonar também a perspectiva do Volume I. As leis que regem a taxa de lucro são outra maneira de abordar as leis descritas no processo de acumulação no volume I. Se descrevermos as leis da composição do capital, da concorrência e do mais-valor, encontraremos a lei da queda tendencial da taxa de lucro. No entanto, como ‘leis do movimento’, elas não são inevitáveis, nunca fazem parte de uma teoria do colapso do capitalismo. A lei descreve um processo da sociedade capitalista que, como Marx sabia, é contraditório e, portanto, deve incluir as contratendências como elemento-chave.” (RIBEIRO et al., 2017, p. 6 – tradução livre).

[18] Essa concepção do papel da política em Marx foi posteriormente denominada pelo filósofo brasileiro José Chasin de concepção ontonegativa da politicidade. Essa concepção é identificada como uma noção fundante do pensamento marxiano a partir de 1843, notadamente em Sobre a questão judaica, momento no qual Marx “vai da sustentação ardorosa do estado universal, racionalmente posto, à negação radical de sua possibilidade, e não por mero recurso a algum volteio cético, mas pela emergência de um complexo determinativo que se afirma como reprodução ideal do efetivamente real, ou seja, pela via da crítica ontológica à mais elevada expressão, à época, da reflexão política” (CHASIN, 2013, p. 46). O reconhecimento da incapacidade da politicidade de resolver a miséria social, isto é, de seu caráter essencialmente negativo, não é um abandono da esfera da política ou mesmo da luta por direitos, mas o reconhecimento de que a verdadeira emancipação humana não é a emancipação política, mas a emancipação do homem da política com a dissolução da sociedade civil-burguesa (cf. MARX, 2010). Assim, resumidamente, o fim último da política não deve ser ela própria, isto é, por exemplo, a ocupação de um cargo eleitoral, mas remeter para além de si mesma, para a emancipação humana.

[19] Observa-se que Marx já havia escrito, entre 1848 e 1850, artigos sobre Luís Bonaparte e a situação francesa, publicados na Nova Gazeta Renana. Esses textos foram republicados por Engels, em 1895, em um compilado intitulado As lutas de classes na França de 1848 a 1850. Além disso, em 1852, Marx publicou na revista Die Revolution o ensaio O 18 de Brumário de Luís Bonaparte.

[20] Nota-se que é anacrônico transpor, aqui, a definição de partido no sentido de partido político atual, sendo mais associada à organização geral da classe. Musto ressalta: “Convém sublinhar que, nessa época, a noção de partido político tinha um significado muito mais amplo do que aquele que se consolidou no século XX, e que a concepção de Marx era radicalmente diferente tanto da blanquista, com a qual acabou por entrar em conflito, como da leninista, mais tarde implantada em muitas organizações comunistas após a revolução de outubro.” (2023, pp. 174-5).

[21] Notadamente, notas sobre Egyptianf finance (1882), de Michael George Mulhall; e Spoiling the Egyptians, de Sheldon Amos (1882).

[22] Para entender mais sobre os textos do “último Marx” sobre a Rússia, cf. Souza (2025).

[23] Para entender as críticas à concepção de que Marx seria um “etapista histórico”, cf. Heleno (2019).

[24] É válido pontuar que exemplo dado por nós não pode ser considerado um problema de distribuição de alimentos, como trata boa parte do socialismo vulgar, na medida em que não é possível dissociar a distribuição do modo de produção. Nas palavras de Marx: “A distribuição dos meios de consumo é, em cada época, apenas a consequência da distribuição das próprias condições de produção; contudo, esta última é uma característica do próprio modo de produção. […] O socialismo vulgar (e a partir dele, por sua vez, uma parte da democracia) herdou da economia burguesa o procedimento de considerar e tratar a distribuição como algo independente do modo de produção e, por conseguinte, de expor o socialismo como uma doutrina que gira principalmente em torno da distribuição.” (MARX, 2012, p. 25)

[25] O que pretendo nesta obra investigar é o modo de produção capitalista e suas correspondentes relações de produção e de circulação. Sua localização clássica é, até o momento, a Inglaterra. Essa é a razão pela qual ela serve de ilustração principal à minha exposição teórica, mas, se o leitor alemão encolher farisaicamente os ombros ante a situação dos trabalhadores industriais ou agrícolas ingleses, ou se for tomado por uma tranquilidade otimista, convencido de que na Alemanha as coisas estão longe de ser tão ruins, então terei de gritar-lhe: De te fabula narratur [A fábula refere-se a ti]! (MARX, 2017, p. 78).

[26] “[…] a emancipação humana só estará plenamente realizada quando o homem individual real tiver recuperado para si o cidadão abstrato e se tornado ente genérico na qualidade de homem individual na sua vida empírica, no seu trabalho individual, nas suas relações individuais, quando o homem tiver reconhecido e organizado suas ‘forces propres’ [forças próprias] como forças sociais e, em consequência, não mais separar de si mesmo a força social na forma da força política.” (MARX, 2010, p. 54).

 

 

Referências bibliográficas
ALMEIDA, Matheus; ÁLVARES, Lucas Parreira. O desafio de Marx à razão antropológica. Máquina Crísica entrevista Lucas Parreira Álvares e Matheus Almeida. Máquina Crísica, ago. 2019. Disponível em: <https://maquinacrisica.org/2019/08/14/o- desafio-de-marx-a-razao-antropologica-maquina-crisica-entrevista-lucas-parreira- alvares-e-matheus-almeida/>. Acesso em 17 maio 2024.
ÁLVARES, Lucas Parreira. Flechas e martelos: Marx e Engels como leitores de Lewis Morgan. Dissertação (Mestrado) – Faculdade de Direito e Ciências do Estado da Universidade Federal de Minas Gerais, Belo Horizonte, 2019.
ANDERSON, Kevin. Marx nas margens: nacionalismo, etnia e sociedades não ocidentais. São Paulo, Boitempo, 2019.
ANDERSON, Kevin. The late Marx’s revolutionary roads: colonialism, gender, and indigenous communism. London/New York: Verso, 2025.
ANDRADE, Ana Carolina Marra de. Relações de parentesco em sociedades sem estado: as críticas de Marx a Morgan e a Maine. Dissertação (Mestrado) – Faculdade de Direito e Ciências do Estado da Universidade Federal de Minas Gerais, Belo Horizonte, 2025.
ASSUNÇÃO, Vânia Noeli. A teoria das abstrações de Marx: o método científico exato para o estudo do ser social. Verinotio – Revista on-line de Filosofia e Ciências Humanas, n. 18, 2014.
BROWN, Heather. Marx on gender and the family: a critical study. Chicago, IL: Haymarket Books, 2012.
CHASIN, J. Marx: estatuto ontológico e resolução metodológica. São Paulo: Boitempo, 2009.
CHASIN, J. Marx – a determinação ontonegativa da politicidade. Verinotio – Revista on-line de Filosofia e Ciências Humanas, n. 15, Ano VIII, abr. 2013.
ENGELS, Friedrich; MARX, Karl. A ideologia alemã: crítica da mais recente filosofia alemã em seus representantes Feuerbach, B. Bauer e Stirner, e do socialismo alemão em seus diferentes profetas (1845-1846). São Paulo: Boitempo, 2007.
ENGELS, Friedrich; MARX, Karl. Miséria da filosofia: resposta à Filosofia da miséria do Sr. Proudhon. São Paulo: Boitempo, 2017.
ENGELS, Friedrich; MARX, Karl. Cartas sobre O capital. São Paulo: Expressão Popular, 2020.
ENGELS, Friedrich; MARX, Karl. Escritos sobre a Guerra Civil Americana: artigos do New York Daily Tribune, Die Presse e outros (1861-1865). Londrina / São Paulo: Aetia Editorial/Peleja, 2020.
HELENO, Matheus Correa de Souza. Era Karl Marx um etapista histórico? Práxis Comunal, v. 2, n. 1, p. 1-15, jan./jun. 2019.
HELENO, Matheus Correa de Souza. Lineamentos sobre o problema da gênese do capitalismo na “Introdução” de 1857 de K. Marx. Trabalho de Conclusão de Curso (Graduação) – Faculdade de Direito e Ciências do Estado da Universidade Federal de Minas Gerais, Belo Horizonte, 2024.
HEINRICH, Michael. Crisis theory, the law of the tendency of the profit rate to fall,
and Marx’s studies in the 1870s. New York: Monthly Review, 2013. Disponível em:
<https://monthlyreview.org/2013/04/01/crisis-theory-the-law-of-the-tendency-of- the-profit-rate-to-fall-and-marxs-studies-in-the-1870s/>. Acesso em: 12 ago. 2025.
HUBMANN, Gerald; PAGEL, Ulrich. A “Ideologia alemã” não é um livro: Conversa sobre a nova edição dos manuscritos da Ideologia alemã. Entrevista feita por Olavo Ximenes. Dissonância: Revista de Teoria Crítica, v. 6, pp. 28-56, Campinas, 2022. LÖWY, Michael. A descoberta do último Marx. Blog da Boitempo, 30 mai. 2018. Disponível em: <https://blogdaboitempo.com.br/2018/05/30/michael-lowy-a-
descoberta-do-ultimo-marx/>. Acesso em: 29 jun. 2025.
LÖWY, Michael. “Apresentação”. In: TIBLE, Jean. Marx selvagem. São Paulo: Autonomia Literária, 2020.
MACHADO, Gabriel Müller de Jesus P. Ferdinand Lassalle e a crítica marxiana ao direito como crítica ao idealismo. Brazilian Journal of Development, v. 8, n. 8, August, 2022.
MARX, Karl. Sobre a questão judaica. São Paulo: Boitempo, 2010.
MARX, Karl. O 18 de brumário de Luís Bonaparte. São Paulo: Boitempo, 2011. MARX, Karl. As lutas de classes na França. São Paulo: Boitempo, 2011.
MARX, Karl. Crítica do Programa de Gotha. São Paulo: Boitempo, 2012.
MARX, Karl. “Crítica da filosofia do direito de Hegel – Introdução”. In: MARX, Karl.
Crítica da filosofia do direito de Hegel. São Paulo: Boitempo, 2013.
MARX, Karl. O capital: crítica da economia política. Livro I: o processo de produção do capital. São Paulo: Boitempo, 2017.
MARX, Karl. Heft 1880 bis 1881. Mega Digital, 2025. Disponível em:
<https://megadigital.bbaw.de/exzerpte/detail.xql?id=M5176449>. Acesso em: 14 abr. 2025.
MARTINS, Maurício Vieira. Os 180 anos dos Manuscritos de 1844 de Marx: materialismo, subjetividade e o debate com Hegel. Verinotio – Revista on-line de Filosofia e Ciências Humanas, v. 29.2, pp. 24-67, jul.-dez., 2024.
MUSTO, Marcello. Karl Marx: biografia intelectual e política (1857-1883). São Paulo: Expressão Popular, 2023.
MUSTO, Marcello. O velho Marx: uma biografia de seus últimos anos (1881-1883).
São Paulo: Boitempo, 2018.
RIBEIRO, Leonardo Costa; DEUS, Leonardo Gomes de; LOUREIRO, Pedro Mendes; ALBUQUERQUE, Eduardo da Motta. Profits and fractal properties: notes on Marx, countertendencies and simulation models. Review of Political Economy, 2017. Disponível em:
<https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/09538259.2016.1265823>. Acesso em: 20 set. 2025.
SAID, Edward W. Orientalismo: o Oriente como invenção do Ocidente. São Paulo: Companhia das Letras, 2012.
SOUZA, Gabriella M. Segantini. O mir e o mundo: Marx em diálogo com o movimento revolucionário russo no século XIX. Dissertação (Mestrado) – Faculdade de Direito e Ciências do Estado da Universidade Federal de Minas Gerais, Belo Horizonte, 2025.
TIBLE, Jean. Marx selvagem. São Paulo: Autonomia Literária, 2020.
VELLOSO, Gustavo. Anti-Lubbock: as “negações” do velho Mouro contra o Barão de
Avebury. Práxis Comunal, v. 1, n. 1, pp. 72-86, jan./dez., 2018.

Categories
Reviews

Andrés Gómez, La Tercera

El italiano Marcello Musto, experto mundial en Marx, viene desarrollando una nueva lectura de la obra del pensador alemán, a partir de sus manuscritos, cartas e ingente material inédito. Musto planea que Marx, con distancia, es el pensador más citado y menos leído. “Después de 1917, la ortodoxia marxista-leninista impuso un monismo inflexible que no pudo menos que producir efectos perversos en los escritos de Marx”, escribe. Así, su obra fue censurada, desmembrada y manipulada a conveniencia. Contra la idea establecida, Musto demuestra que en sus últimos años Marx no dejó de escribir, siguió estudiando y reflexionando. En este breve período, entre 1881 y 1883, aprendió ruso para comprender a los populistas de ese país, viajó a Argel, y amplió su estudio a las secuelas ambientales del capitalismo y las devastaciones provocadas por el colonialismo.

Categories
Reviews

Lucas Lavado, El Perfil

En los tiempos que corren, acompañados de espectaculares innovaciones, cada idea y cada nuevo dato que se descubre en sus textos inéditos resisten y sobrepasan el olvido. Siguen suscitando controversias como ningún otro pensador en la historia de la cultura, incluso por aquellos que no le han leído, y quizá por eso mismo. Provoca debates incansables, inspirando la renovada explicación del cosmos y la sociedad, levantando emociones suscitadoras porque entran en el quid del mundo vivo. Leer sus escritos hace que la lectura sea un alimento que mejora el espíritu.

Marcello Musto, sociólogo de la Universidad de York en Toronto, escribe un volumen relativamente breve: Los últimos años de Karl Marx, 1881-1883, una biografía intelectual. De lectura amena, intercalada de citas breves, presenta algunos escenarios y pasajes de la azarosa vida intelectual de los últimos años del más influyente pensador político. Con claridad expositiva, hace énfasis en aspectos conmovedores desconocidos hasta hoy. Es lo que justifican autores y libros en medio de la odiosa ampulosidad.

Después de que la Editorial Riuniti publicara, entre 1972-1990, 32 volúmenes de los 50 previstos, la Editorial Lotta Comunista editó 15 volúmenes; son los que se citan y comentan generalmente. De sus manuscritos y cuadernos de apuntes han visto la luz 70 de los 114 previstos, que según el autor aún existen por poner a disposición de los lectores otros volúmenes que algún día llegarán a los lectores. Y no existe autor que tanto encono haya suscitado, sobre todo, por parte de quienes no lo han leído. Es un enigma que se va aclarando.

Este volumen de Musto nos muestra un cerebro pensante sin concesiones a las penurias, un ser humano lleno de dificultades y la salud quebrantada, pero entregado a pensar en una causa que nunca abandonó hasta sus últimos días, vividos con tesón y dignidad. Con ventanas abiertas para ver, pensar y actuar en un mundo cada vez cambiante, abriendo puertas para entender por qué cautivó a multitudes y por qué suscitó diálogos fecundos, encendidos debates y controversias inacabadas que han provocado caudales de emociones, pensamientos y acciones.

Abarca un tiempo breve que cubre los últimos años de vida, desde inicios de 1881 hasta inicios de 1883, conformado por cuatro breves capítulos: 1. Nuevos horizontes de investigación, 2. Controversias sobre el desarrollo del capitalismo en Rusia, 3. Los tormentos del Viejo Nick, 4. El último viaje del Moro. Un acercamiento precedido por una investigación seria y de primera fuente que posibilita tomar nota acerca de algunas novedades que permiten comprender una vida intelectual rica, lejos de los acartonados cercos de la ideología.

Aquejado por dificultades familiares y una enfermedad pleural irreparable, agravado por el mal tiempo, pudo sobreponerse para seguir investigando y estudiando la matemática, la física, la química, la biología, la historia, la sociología, la economía y la antropología. El cometido de toda una vida y un desmentido directo a la visión estrecha de algunos expositores marxistas pegados a recetarios y consignas. Esta preocupación y cometido de Marx recobran actualidad justamente cuando urge la evaluación de los cambios políticos, como el declive inexorable de la unipolaridad dando paso a la multipolaridad.

Y, para ser breve, hay una cuestión que es más actual y viva en el legado de Karl Marx porque atañe al núcleo motor de la investigación. Tan ausente en los manuales más acreditados de investigación científica, porque tiene que ver con el planteamiento de los problemas y las preguntas pertinentes, pasada con ligereza por los manidos manuales. Presentes en los procesos de revolución, que son procesos complejos, muy lejos de un rápido vuelco de sistema, dado que entrañan la necesaria discusión entre los conceptos y la realidad. Queda tiempo para revisar los innumerables manuscritos, la revisión de sus nuevas investigaciones, el contacto con políticos e investigadores y la visita a Argelia que le obligaron a repensar sus investigaciones y volver a revisar su estilo.

Categories
Reviews

Satoru Kikuchi, Political economy quarterly

『万国の労働者,団結せよ!――マルクスと第一インターナショナルの闘い』マルチェロ・ムスト編著,結城剛志監訳,柏崎正憲・塩見由梨・𠮷村信之訳,2022年,大月書店

菊地賢(立教大学)

本書の内容
本書は近年のマルクス・リバイバルに多大な貢献を果たしているマルチェロ・ムスト氏によって編まれた国際労働者協会(第1インターナショナル:以下「IWA」と略記)に関する資料集の翻訳である。邦語で読めるムスト氏の文献としてはマルクスの伝記『アナザー・マルクス』(江原慶・結城剛志訳,2018年,堀之内出版)がある。この著作ではマルクスの研究や活動のみならずその時々の体調など細部にわたる情報をくみ取りながらも,手際よくまとめたムスト氏の手腕が光っていた。こうしたムスト氏の手腕は,人物や派閥の特徴をうかがえる適切な資料を選び,編集するという本書のような資料集にも存分に生かされている。
既訳があるものも含まれているが,本書に収録されている80点のうち49点が初めての邦訳となっている(xvii)。また,原文がフランス語のものについては,英語からの重訳ではなくフランス語から直接翻訳がなされている。IWA関する資料集としては本邦初のものであり,その意義は極めて大きい。今後IWAについて触れる際の必須文献と位置付けられるものだろう。この資料集の編集上の方針としては,「インターナショナルの文書の利用可能な版をもとにして,政治的・理論的論争の注目すべき論点を際立たせること」が意識され,新聞や手紙の抜粋などを除外したインターナショナルの公式文章のみが対象とされている(xxiii)。
本書はムスト氏による「序論」に続いて,資料が13のテーマに分けられて収録されている。このような収録方法は,「政治的・理論的論争の注目すべき論点を際立たせること」という編集方針が大きく反映された本書の大きな特徴である。IWAに精通していない読者からすれば,多種多様な人物や派閥が登場するIWA史を辿るだけでも大きな苦労を伴うものであり,とりわけこうした「資料集」は忌避される傾向があるように思われる。しかしテーマ別に編集されていることにより,読者は初めから通読せずとも自分が興味関心を抱いているテーマから「つまみ食い」的に読むことができる。この意味で,本書はIWAを研究する専門家のみならず,幅広い層に対して開かれた資料集と言えるだろう。
さらに「序論」では100頁ほどでIWAの通史が描かれており,この点も,IWAに馴染みのない読者に対して親切な構成となっている [1]。「序論」では通史を描くうえでの主要な段階が二つの観点から設定されている。第一のものが組織上の観点からであり,「(1)インターナショナルの誕生(1864-1866年),創立から第一回大会(ジュネーブ,1866年)まで。(2)拡大期(1866-1870年)。(3)革命の高揚期とパリ・コミューン(1871-1872年)後の弾圧の時期。(4)分裂と危機の時期(1872-1877年)」(16頁)とされる。第二のものが理論的発展の観点からであり,「(1)インターナショナルを構成するさまざまな分子の間での初期の闘争と,インターナショナルの基礎固めの時期(1864-1865年)。(2)集産主義者と相互主義者の間の主導権争いの時期(1866-1869年)。(3)中央集権主義者と自治主義者との間の衝突(1870-1877年)」(16頁)とされる。基本的には党派間の争いとして叙述が進められているものの,1872年のハーグ大会以降のIWAの衰退について触れる際には,その決定的な理由をマルクスとバクーニンの対立に求めるのではなく,当時の世界の変化がインターナショナルを時代遅れにしたとしている(72頁)。
ムスト氏が描く通史の特徴としてまずあげられるのは,ソヴィエトの正統派に対する批判である。ただしその際,具体名などはあげられず,またその内容についても明確な概念規定がなされているわけではないので,この批判が成功しているか否かを判断するのは難しい。所々でなされている批判点としてあげられるのは,マルクスのインターナショナルでの役割は,すでに完成されていた政治理論を歴史の段階に応じて機械的に適用していったというソヴィエト正統派の見方に対して,IWA内での議論を通じてマルクスは自身の理論を発展させ,ときには修正することもあったという点である(8頁)。しかし具体的なものがあげられていないため,その内実をうまくくみ取ることができなかった。
さらにマルクス派とそれ以外の派閥との対立を描く際に見られる特徴が,政治権力の獲得,政治闘争そして政党の意義の強調である(56,64,66,68頁)。こうした政治闘争に対して相互主義者や自治主義者たちの棄権主義という構造が描かれている。トーンとしては相互主義者に対してより否定的な描き方がなされている。ムスト氏曰く,「相互主義者は事実上すべての政治活動を棄権して,初期のインターナショナルのお荷物になっていた」(78頁)。これに対して,ギヨームやバクーニンら自治主義者は「消極政治」をかかげ,「インターナショナルの革命的な構成要素」であったことが強調される(78頁)。
このように政治闘争を中心に対立点を設定するムスト氏の見方は,マルクスがIWAを去ったハーグ大会以降の描き方にも見られる。ハーグ大会以降,IWAは総評議会の政治的指導の下で多数派を形成した中央集権主義者と,支部の意思決定の絶対的な自律性を認めていた少数派の自治主義者(あるいは連合主義者)に分裂した。そして規模としては縮小しつつも,自治主義者たちがスペインやイタリアなどに勢力を広げていった。ムスト氏はこのように総評議会に対する急進的な反対が広まった経緯の原因に,1871年ロンドン協議会でなされた決議,すなわちインターナショナルを政治的に統合された組織にするために,各国に政党に相当するものを設立し,総評議会への集権化が強行されたことにあるとする(91頁)。
IWAの歴史を振り返ったうえで,ムスト氏がIWAの意義として打ち出すのは,「労働の解放が一国の内部で勝ち取られるものではなく,むしろグローバルな目標であることを労働者に理解させることに役立った」(98頁)ということ,すなわち国際主義の重要性である。それに加えて,ムスト氏は,エコロジー,貧富の格差,女性の抑圧,戦争,人種差別と排他的な愛国主義といった諸問題に直面する現代の労働運動に対して,インターナショナルがもつ「組織の多様性と,目的における急進主義」という特徴に基づいた組織再編が急務であることを訴える(98-99頁)。
このようなIWAの意義を踏まえながら,ムスト氏は13のテーマに分けて資料の編集を行っている。第1部「創立宣言」にはマルクスによるIWAの創立宣言が収録されている。第2部「政治綱領」には同じくマルクスによるジュネーヴ大会の決議とブリュッセル大会の決議が収録されている。これらの宣言や決議では,労働時間の削減や児童労働の問題,協同組合,そして戦争と常備軍に関して言及が行われており,IWAの基本的姿勢を見ることができる。
第3部「労働」では機械が労働者にもたらす影響に関する諸派の報告および声明が収録されている。資本家の下にある機械を労働者たちの下に置く,という路線に関しては諸派においても概ね共通しているように思われるが,その際,相互信用金庫の役割を強調する一派もいるなどプルードン主義の特徴もうかがうことができる。また,この部では女性の賃労働を巡る問題についての報告も収録されている。当時,ベルギー支部の多数派の主張は,女性の解放も働く男性の解放を通じてのみ達成されるのであり,女性を家庭に戻るように呼びかけるような保守的なものであったとされる(144頁注11)。こうした中,女性の独立やIWAにおける男性中心主義を糾弾する資料を掘り起こし,少数派の主張に光を当てた点にムスト氏による編集の特徴が見て取れる。
第4部「労働組合とストライキ」では,労働組合の位置づけを巡る諸派の見解の相違を見ることができる。この部には,マルクスが『賃金,価格,利潤』において賃金の平等ではなく賃労働制の廃止を求めた箇所が収録されている。この主張そのものはオーウェン主義者のジョン・ウェストンに対して行われたものであるが,この部に収録されているド・パープの報告も合わせて読むと,賃金の平等を求める主張がIWA内で一定程度広がりをもっていたことを見ることができる。
第5部「協同組合運動と信用」には,主に相互主義者たちによる無償信用論や,それに基づいた協同組合論,アソシエーション論が収録されている。彼らの主張からうかがえるのは,協同組合として目指されるべきなのは生産者協同組合ではなく,消費者協同組合であるということだ。前者のように利潤の獲得を行うのではなく,商品の原価での交換や無償信用による利子の廃止などを目指すべきとされる。第6部「相続について」には,相続権を巡るマルクスとバクーニンの報告が収録されている。相続権の廃止を唱えるバクーニンに対して,マルクスは問題の本質はそこにではなく,相続権を法的帰結として生み出すところの社会の既存の経済的組織にあるとする。
第7部「集団的所有と国家」には土地の集団的所有や国家の廃絶に関する報告が収められている。この中で独特の色彩を放っているのが,ド・パープのパンフレットや講演である。彼は国家の廃絶を唱えるアナーキストたちの理論において,治安,民事,公共施設の維持や水道の整備といった公共サービスに関して論じられていないことを糾弾する。未来社会においては多くの新しい欲求が生まれ,こうした「国家」の行政機能は拡大していくと彼は論じる。そのうえで彼は単に国家の廃絶を追求するのみならず,コミューン同士が連盟を組織し委員を選出することを通じて,こうした国家の機能を再構築することを主張する。ド・パープは,IWA内でマルクスに次ぐ理論家と位置付けられている。そうした彼の理論の一端がうかがえる点は,本書の大きな貢献と言えるだろう。
第8部「教育」では教育の内容ではなく,公教育のあり方や無償教育の必要性について述べられた報告が収められている。第9部「パリ・コミューン」には,マルクスの『フランスの内乱』の第3部および第4部からの抜粋が収められている。第10部「国際主義と反戦」,第11部「アイルランド問題」,第12部「アメリカに関して」は一連のものとして読むことができる。第10部には様々な人物の報告が収録されているが,戦争の原因を貧窮と見なし,その解消に注力することの重要性を唱えるという点では概ね一致しているように思われる。
それに対して第11部,第12部で中心をなしているのはマルクスのものである。資本主義とレイシズムの結びつきを糾弾し,アメリカにおける奴隷制の廃止やイギリスにおけるアイルランド人とイギリスのプロレタリアートの対立の解消に,資本主義に対する抵抗の端緒を求めるマルクスの姿勢をうかがうことができる。あえて「アイルランド」と「アメリカ」に関する部を設けたのは,こうしたマルクスの主張を際立たせるというムスト氏の意図があったように思われる。アンダーソンによればIWA総評議会のイギリスのメンバーとマルクスの間にはフィニアン党に対する見方に乖離があったとされているが [2],IWA内におけるアイルランド問題やアメリカの奴隷制に関する言論情況がうかがえる資料も収録されていれば,マルクスの主張の背景やその意義がより明確になったと思われる。
第13部「政治組織」には「序論」において示された政党組織の重視というムスト氏の姿勢をよく見ることができる。労働者階級の政治を唱え,IWAの組織化を推し進めようとするマルクス,エンゲルスと,そうした組織がもつ権威性を問題とするギヨームやバクーニンら自治主義者の対立を見ることができる。

疑問点
多くの層に開かれた形で編集された本書は大きな意義をもつものであるが,疑問点がないわけではない。ここでは2つほどあげたい。第1にあげられるのが,IWAの意義としてあげられた国際主義や多様性という視点をムスト氏自身が上手く生かせているのか,という点である。「序論」で描かれた通史で中心となっていたのは,労働者政党の組織化に親和的か否かという点であり,最後になって唐突に多様性の重視が掲げられている印象は拭えない。たしかに本書においては,資料として女性の賃労働を巡る報告や常備軍や戦争に関する報告が収められてはいる。しかし通史においてそれらの資料は脇に追いやられてしまっているのだ。資料を踏まえた上で改めて,相互主義者たちの家父長主義的な姿勢がもつ問題性や,当時の運動に対して国際主義がもった意義などについて積極的な言及があってもよかったのではないだろうか。
疑問点として第2にあげられるのが,政党中心主義的な観点によって,とりわけ相互主義者たちの取り組みが低く位置づけられている点である。彼らが行った協同組合や無償信用の取り組みは,ムスト氏の検討の俎上にものらない。もちろんマルキストというムスト氏の立場上,幾分か相互主義者に対する評価が低くなる点は致し方ない部分もある。しかし看過できないのは,相互主義者の取り組みを低く評価するあまり,マルクスにおける協同組合の評価が抜け落ちてしまっている点である。第5部「協同組合運動と信用」でとりあげられているのは,相互主義者たちの取り組みであるが,本書にも収録されているようにマルクスも協同組合に関しては積極的な評価を行っている。
ただし両者が想定する協同組合は異なるものである。この点に関しては本書にも収録されている両者の資料において,互いの協同組合構想に対する批判からもくみ取ることができる。相互主義者が目指していた協同組合とは,商品の原価での交換や無償信用による利子の廃止などを目指したものと見られる。おそらくこれが消費者協同組合と位置付けられている(216頁)。一方,相互主義者たちが掲げる協同組合を「協同組合商店」(122頁)と批判したマルクスが積極的に評価しているのが生産者協同組合である。収録されている資料からも協同組合を巡る両者の議論の対立が見られることから,この点に関して何らかの言及があるべきであっただろう。
以上のような疑問点はあるものの,本邦においてIWA研究を行う上で基礎となる資料を本書は提供している。本書の刊行を機にIWA研究が盛り上がることを期待したい。

参考文献
・Anderson, K. [2010=2015], Marx at Margin, University of Chicago Press (平子友長監訳, 明石英人・佐々木隆治・斎藤幸平・隅田聡一郎訳『周縁のマルクス』社会評論社, 2015年).

 

[1] 「序論」の付録と12,13節以外は,本書の後に出版された『アナザー・マルクス』(VII,IX章)にも収録されている(原著では本書が2014年,『アナザー・マルクス』が2018年の出版となっている)。
[2] Anderson [2010=2015] 197頁。

 

Categories
Reviews

Ibon Zubiaur, El Correo

La obra de Karl Marx ha dado pie a tantas y tan dispares interpretaciones que uno no esperaría grandes hallazgos. Marcello Musto empieza por recalcar algo inapelable: tras reanudarse en 1998 la edición de sus obras completas, se han añadido nada menos que 30 tomos a los 40 anteriores. Y aunque buena parte del nuevo material consta de notas, resúmenes de lecturas y correspondencia, Musto demuestra que al final de su vida Marx revisó tesis claves de su trabajo previo. Desde la portentosa erudición acumulada (leía sin descanso en los principales idiomas europeos, incluyendo el ruso, ya sobre cálculo, etnología o química agrícola), desmintió expresamente que exista un progreso histórico lineal y que toda sociedad deba atravesar las mismas fases hasta que el desarrollo de las fuerzas productivas permita una revolución y el paso al comunismo. Frente al secuestro de décadas por la ortodoxia bolchevique y las caricaturas de sus enemigos, pero también frente al desproporcionado peso que la bibliografía reciente concede a su obra temprana, Musto presenta a un Marx tardío sorprendente y bien poco dogmático, intransigente en su anticolonialismo y en reclamar la igualdad de sexos, que no dejó nunca de investigar en apoyo del movimiento obrero sin erigirse en profeta ni dictar medidas a adoptar bajo condiciones diversas. Parece haber tenido claro que lo «científico» en su socialismo era el rigor empírico de los análisis y no lo inamovible de las conclusiones.

Categories
Reviews

Ruan de Sousa Gabriel, O Globo

Em 20 de outubro de 2008, no início da maior crise financeira desde a Grande Depressão, o jornal londrino The Times, insuspeito de esquerdismo, noticiou um espectro que se supunha exorcizado desde a queda do Muro de Berlim, em 1989, voltava a rondar o mundo: Karl Marx. “O Capital”, dizia a reportagem, “que na última década vinha sendo usado principalmente como peso de porta”, fora reabilitado por leitores que buscavam entender a raiz da crise. Quase duas décadas depois, os efeitos da debacle econômica ainda não passaram — e nem o interesse nas ideias do velho Marx. Tanto é que uma tradução do “Capital” produzida na Guerra Fria acaba de retornar às estantes do país.

No dia 5 de maio (aniversário de Marx), a editora Ubu relançou a célebre tradução de Regis Barbosa e Flávio R. Kothe, publicada em 1983 na coleção “Os economistas”, da Abril Cultural. Totalmente revisada, a nova edição inclui as modificações de Marx na tradução francesa, de 1875, até agora inéditas no Brasil. Ele incorporou observações críticas ao texto, acrescentou material histórico e estatístico, reposicionou parágrafos e capítulos inteiros, indicando que sua reflexão estava longe de encerrada. O primeiro volume do “Capital” foi publicado em 1867. O segundo e o terceiro foram editados por Friedrich Engels em 1885 e 1894, após a morte de seu parceiro intelectual.

Para José Paulo Netto, autor de “Karl Marx: uma biografia” (Boitempo) “O Capital” é, por excelência, “uma obra inconclusa”:

— “O capital” permanecerá inacabado enquanto seu objeto de análise, o modo de produção capitalista, não se esgotar historicamente. É isso que define um clássico, ele não cessar de provocar, de estimular — insiste o professor emérito da UFRJ.

E “O capital” é um clássico que não interessa apenas a quem sonha com a superação do capitalismo, diz Fernando Rugitsky, professor de economia da Universidade do Oeste da Inglaterra. Até o austríaco Joseph Schumpeter, crítico da intervenção estatal na economia, foi um grande leitor e intérprete do Marx.

— “O capital” contém tensões internas e ambiguidades que convidam a múltiplas leituras. É uma obra que buscou desvendar a dinâmica de uma sociedade que se organiza em torno da troca de mercadorias e que ganha atualidade à medida que a mercantilização avança sobre diferentes esferas da vida — afirma Rugitsky, que escreveu um texto introdutório à nova edição.

Fundadora da Boitempo, Ivana Jinkings relata que a procura pela “Coleção Marx-Engels” cresceu na pandemia. Ao todo, os 36 volumes da coleção já bateram quase meio milhão de cópias vendidas (incluindo e-books). Em dezembro, a editora publicou “O essencial de Marx e Engels”, seleção do “best of” da dupla (“Manifesto comunista”, “Teses sobre Feuerbach”, feita pelo sociólogo italiano Marcello Musto. Ainda este ano, a editora publica o primeiro volume de “Teorias do mais-valor”, obra considerada uma espécie de continuação do “Capital”.

— A Boitempo nasceu há 30 anos com a ideia de publicar clássicos nunca lançados no Brasil ou fora de catálogo. A tradução do “Manifesto comunista”, em 1998, deu início a uma mudança de rota. Notamos a enorme carência da obra de Marx e Engels nas livrarias. Hoje celebramos o crescente interesse nessa obra por parte do público e das editoras — afirma Jinkings. — Para nós, publicar Marx e Engels é também um projeto social e político.

De fato, nem sempre houve tanta fatura de marxismo nas livrarias. Nascido em 1947, em Juiz de Fora, José Paulo Netto recorda-se das antologias da editora Vitória, ligada ao Partido Comunista, que traziam traduções de segunda mão de textos de Marx e Engels. Quem se dispunha a desbravar “O capital” e não sabia alemão recorria a traduções francesas ou à do Fondo de Cultura Económica do México, assinada por Wenceslao Roces, intelectual exilado da Guerra Civil Espanhola.

A primeira tradução nacional do “Capital”, de Reginaldo Sant’Anna, foi publicada entre 1968 e 1974. Em 1983, saiu a de Flávio R. Kothe e Regis Barbosa, coordenada e revisada por Paul Singer, que fixou o vocabulário marxista brasileiro. De 2013 a 2017, a Boitempo lançou a tradução de Rubens Enderle, que inovou ao substituir “mais-valia” por “mais-valor”, expressão mais próxima do alemão “Mehrwert”.

— Mais-valia, na verdade, vem da tradução francesa “plus-value”. Discutimos se devíamos mudar para “mais-valor” e o Singer argumento que mais-valia já era um conceito estabelecido. Eu achava que devia ser “valor a mais”, uma solução mais próxima da lógica do português. — diz Kothe, que é professor aposentado de estética da UnB.

A tradução agora recuperada pela Ubu se beneficiou das discussões travadas nos míticos seminários do “Capital” organizados a partir de 1958 por jovens intelectuais da USP, como José Arthur Giannotti, Roberto Schwarz e Paul Singer. Em “Lugar periférico, ideias modernas”, o sociólogo Fabio Mascaro Querido analisa o impacto da recepção paulista da obra de Marx no pensamento crítico brasileiro.

Os seminários na USP, diz Querido, são um exemplo do que Max Weber, um dos pais da sociologia, chamou de “paradoxo das consequências”. Embora o grupo tenha optado por uma leitura “científica” do “Capital”, que não estivesse explicitamente comprometida com a intervenção no presente (como faziam intelectuais ligados ao Partido Comunista ou ao nacional-desenvolvimentismo), jovens sociólogos como FHC e Octavio Ianni incorporaram o marxismo às suas pesquisas sobre a sociedade brasileira.

— Assim surgiu o que Roberto Schwarz chamou de “nova intuição do Brasil”, uma interpretação influenciada pelo marxismo que marcou profundamente a vida intelectual e, a partir dos anos 1980, a política do país. — afirma o professor da Unicamp, lembrando que esses debates influenciaram até mesmo a criação dos dois partidos que dominaram a política nacional após a redemocratização, o PT e o PSDB.

Na mesma época em que o Brasil encerrava a ditadura, o comunismo cambaleava na Europa e o marxismo caía em descrédito. Após um momento de “perplexidade”, diz José Paulo Netto, a esquerda apostou “na revitalização de textos clássicos de Marx e Engels” e discussões sobre a cultura. Intelectuais feministas, como Silvia Federici e Nancy Fraser, também chamaram o alemão para conversar (e o criticaram por desconsiderar a importância do trabalho doméstico), lembra Fernando Rugitsky. E a crise de 2008 trouxesse o “Capital” de volta à discussão econômica.

— Qualquer crítica à ordem social vigente tem que começar pela crítica da economia política, e ninguém fez isso melhor que Marx. Sem ele, não é possível pensar soluções efetivas às questões contemporâneas. Do contrário, nosso papo pode até ser radical, mas a prática não será — provoca Netto.

Rugitsky recomenda a leitura do “Capital” tanto a quem se esforça para entender decisões supostamente erráticas de Donald Trump quanto a jovens angustiados com a crise climática e que não veem perspectivas de futuro.

— A obsessão de Marx foi mostrar que as sociedades humanas são sempre produtos históricos. Por maiores que sejam os desafios do presente, é bom lembrar que nosso modelo de sociedade, que foi criado num certo período, se transformou de diferentes maneiras (muito bem descritas no “Capital”, aliás) e dificilmente durará para sempre. Seu destino está em aberto.

Karl Marx em seu tempo

1818: Nasce em Trier, na atual Alemanha.
1842: Conhece Friedrich Engels na redação da Gazeta Renana, jornal de Colônia para o qual escrevia.
1843: Casa-se com Jenny von Westphalen e redige sua “Crítica da filosofia do Direito de Hegel”.
1848: Em parceria com Engels, publica “O manifesto comunista”.
1849: Expulso da Alemanha e da França, muda-se com a família para Londres. A ajuda de Engels alivia suas dificuldades financeiras.
1867: Publica o primeiro volume do “Capital”.
1883: Morre, em Londres, deixando incompleto o projeto do “Capital”. O segundo e o terceiro volumes são editados por Engels em 1885 e 1894.

Categories
Reviews

Álvaro Cortina, El Español

En el entorno familiar, a Karl Marx se le llamaba el Moro y Old Nick, es decir, Diablo. El especialista Marcello Musto (Nápoles, 1976), catedrático en sociología en Toronto, ha contado, con nutrido rigor de notas al pie, los últimos tres años de quien escribió El capital. Realmente, 1881, 1882 y 1883 no fueron años dichosos para él.

El desarrollo de la Asociación Internacional de los Trabajadores y las reediciones y traducciones de su citada obra magna en el curso de la década anterior le habían otorgado una cierta notoriedad al apátrida alemán afincado en Londres norte, pero no se había impuesto aún en prestigio sobre otros intelectuales socialistas o revolucionarios del tiempo, como Lassalle, Louis-Auguste Blanqui, Proudhon o Bakunin.

En el entorno familiar, a Karl Marx se le llamaba el Moro y Old Nick, es decir, Diablo. El especialista Marcello Musto (Nápoles, 1976), catedrático en sociología en Toronto, ha contado, con nutrido rigor de notas al pie, los últimos tres años de quien escribió El capital. Realmente, 1881, 1882 y 1883 no fueron años dichosos para él.

El desarrollo de la Asociación Internacional de los Trabajadores y las reediciones y traducciones de su citada obra magna en el curso de la década anterior le habían otorgado una cierta notoriedad al apátrida alemán afincado en Londres norte, pero no se había impuesto aún en prestigio sobre otros intelectuales socialistas o revolucionarios del tiempo, como Lassalle, Louis-Auguste Blanqui, Proudhon o Bakunin.

En Inglaterra, Marx “seguía siendo casi desconocido” (p. 122). En Los últimos años de Karl Marx, Musto facilita pormenores de las lecturas, viajes (sur de Francia, Montecarlo, isla de Wight, Argelia, Suiza) de este tiempo. También recuerda tres tragedias que golpearon al genio demónico, entonces emergente y declinante a partes iguales: la muerte de su esposa, de su hija y la suya propia. Pero el objeto último del trabajo es eminentemente filosófico.

El empeño principal del volumen es mostrar que Marx fue un filósofo crítico, más que dispuesto a revisar sus propias doctrinas. Según Musto, el marxismo ha olvidado, en muchas ocasiones, este espíritu. Según el exégeta, el Marx final fue un autor más empírico que apriorista.

Libros esenciales de y sobre Marx
¿Qué escribe el socialista “científico”, el políglota polímata, en este período?Los apuntes etnológicos,Los manuscritos matemáticos,Notas sobre la reforma de 1861 y sobre el consiguiente desarrollo en Rusia, el “Prólogo” a la edición rusa del Manifiesto del partido comunista, una cronología comentada de la historia universal e innumerables cartas dirigidas, entre muchos otros, a su mítico amigo y colaborador Engels.

Pues bien, según Musto (p. 116), ni la Segunda Internacional ni el mismísimo Engels (por no hablar de intérpretes posteriores) discurrieron siempre según los estrictos parámetros demarcados por Marx tras su muerte por colapso cardiaco, provocado por tuberculosis pulmonar, el 14 de marzo de 1883.

“Es sintomático que Marx nunca diera por concluido El Capital. Según Musto, no deberíamos dar carpetazo hoy a estos asuntos”

Las dos ideas principales que es preciso mencionar aquí son el fatalismo economicista y paradigma eurocéntrico. Ambas van ligadas: Marx las terminó cuestionando. Tomando como modelo las historias económicas de naciones como Inglaterra, Alemania o Francia, el joven Marx había diseñado una serie de leyes de desarrollo civilizatorio en una serie de estadios (Fase 1, Fase 2…), en la línea de las inquietudes de su siglo. Así pues, sólo advendría el movimiento final de la sinfonía (supresión de clases), tras el desarrollo del capitalismo industrial y maquinista.

Ahora bien, al parecer, el Marx posterior no creyó en la “aceptación pasiva del rumbo de la historia” (Ibid.). Más aún: “Rechazó las rígidas representaciones que ligaban los cambios sociales solamente a las transformaciones económicas.

Por el contrario, defendió las especificidades de las condiciones históricas, las múltiples posibilidades que ofrecía el paso del tiempo y el protagonismo de la intervención del hombre a la hora de modificar las condiciones existentes y hacer realidad el cambio” (p. 58).

Así, tras leer ingentes masas de papel escrito sobre historia de la propiedad, advirtió que la realidad positiva era todavía más compleja que sus teorías. ¿Nos resistiremos a recordar que, según la sabiduría popular, más sabe el Diablo por viejo que por Diablo? Es sintomático, sostiene Musto, que Marx nunca diera por concluido El capital. Según él, de ninguna manera deberíamos dar carpetazo a estos asuntos en el siglo XXI.

Categories
Reviews

Vernon Shaw, Socialism and Democracy

It goes without saying that much ink has already been spilled on Karl Marx’s famously unfinished magnum opus known as Capital. In spite of its incompleteness, however, many cite Marx’s critique of political economy as one of the most influential books in world history. Indeed, one would be hard pressed to find a book which has been read with half as much dedication and scrupulousness as Capital – after all, entire revolutions and socialist development projects have hinged on the insights it contains regarding the dialectical motions of history and capital(ism), and the central role of the working and oppressed masses in the struggIe for human emancipation. Nonetheless, the final edited volume of Marcello Musto’s trilogy on the making of Capital sheds some new light on the development of Marx’s own thinking through a nuanced, multipronged analysis of “an almost unknown version of Capital: the French translation, published between 1872 and 1875, to which Marx participated directly” (i). In fact, this 1872–1875 French translation – henceforth referred to as Le Capital to distinguish it from the more popular French translation of the fourth German edition published in 1983 – was the last version of Capital that Marx personally oversaw and this, a number of contribu- tors contend, endows it with a special significance insofar as it is seen as Marx’s authorial “last word” on the matters therein. The unfin- ished nature of Capital as a whole, however, complicates this position, as without all of the improvements Marx intended, Musto argues that “neither the French edition of 1872–75 nor the [fourth] German edition of 1881 can be considered the definitive version that [he] would have liked it to be” (4). In all likelihood, no version would have ever been considered “definitive” for Marx because he continued to study and sharpen his dialectical worldview until the very end. This points to the fact that what we call Marxism is not some set-in-stone doctrine, but rather a living science whose methodology is continuously undergoing development as it is applied and adapted to various historical contexts and material conditions.

Evidently, however, the renewed scholarly focus on Le Capital is perhaps not entirely unjustified. Musto’s introduction quotes a letter from Engels which substantiates the assertion that Marx had to “more or less to rewrite the whole thing from the beginning” after he received the rough translations from the underperforming French translator, Joseph Roy (3). In the process of making these revisions, Marx also took it upon himself to modify and expand certain sections. According to Musto, these mostly concerned the section on the process of capital accumulation, but also “some specific points such as the distinction between ‘concentration’ and ‘centralization’ of capital” (4). At the same time, Marx also wanted Le Capital to serve as a lodestar to the fiery French working class which he had always thought to be as ideologically misguided as they were extraordinarily motivated. This led to the new translation originally being published in a series of instalments with the hopes that this would give the proletarian audience more ample time to read and digest what even Marx characterized as fairly “arduous reading” in the early chapters on commodities and money (3).
This redoubled focus on the working class is particularly emphasized in David Norman Smith’s contribution to Part I of the collection centered on the theoretical value of Le Capital. His essay underscores the subtle additions and points of clarification that Marx offers in his revised translation on the relationship between the falling rate of profit and what Smith calls the “falling rate of employment” under capitalism (23). Here, the attention largely falls on the sections of Le Capital concerning the general law of capitalist accumulation which Smith reconstructs in great detail, often utilizing passages which cannot be found in any other standard edition of Capital vol. I. Some of these additions are particularly illuminating – such as Marx’s superb metaphor regarding le changement des saisons [the changing of the seasons] in his description of the “mute pressure [sourde pression] of economic relations on the working class” – but many do not have as much impact (27). For this reason, one might not be fully convinced that they reveal a totally unknown side of Marx or his theories. Moreover, particularly astute readers of the fourth German edition or either of the popular English translations based on it will recognize that Engels had already started to incorporate many of these revisions beginning with the third German edition first published in 1883 (85).
The essays from Kevin B. Anderson and Jean-Numa Ducange both speak to the value of Le Capital for understanding colonialism and the historical trajectory of societies beyond Western Europe. For his part, Anderson continues to develop the argument, now decades in the making, that Le Capital marked a sharp turning point for Marx away from Engels and the unilinear conception of history they had suppo- sedly exhibited in texts like the Manifesto and The German Ideology, toward a multilinear conception which more readily incorporated the struggles of the colonized, the enslaved, and the peasant masses on the peripheries of capital’s fortified heartland. [1] These revisions and modifications, alongside Marx’s long unpublished ethnographic manuscripts and his now well-known letters to Russian narodniks like Vera Zasulich, are therefore considered by many, Anderson included, to be vital in apprehending a version of Marx that largely manages to break free from the ideological confines of Eurocentrism and orientalism – a feat which Engels ostensibly never quite managed. Ducange’s essay serves as a useful foil to this perhaps overly “Marxological” approach that attempts to drive a wedge between Marx and the “post-Marx” Marxism of his closest friend and collaborator (211). This, Ducange claims, is part and parcel of the Marxological tradition’s attempt to distance Marx (and themselves one might add) from the revolutionary socialist movements that have laid claim to his name and legacy. Akin to the assertions made by figures like Walter Rodney,[2] Ducange argues quite convincingly that:

Indeed, in the twentieth century, most of the Third World leaders who looked to Marx for arguments in support of the fight against colonial domination largely drew on his best-known and yet ‘European-centred’ texts, such as the Manifesto of the Communist Party. Analyses that tend to systematically coun- terpose Capital, Volume I to the ‘unilinearism’ of the Manifesto of the Communist Party also seem dubious. This is again the problem of Marxology and the tra- dition it represents, which sees Marxism, taken as a whole, as merely a distort- ing ideology. This is, in fact, to underestimate its power to mobilise in the name of Marx. From this point of view, the Manifesto of the Communist Party has cer- tainly contributed much more to ‘de-Orientalising’ Marxism than the passages on colonisation in the French edition of Capital, even though they are more sig- nificant in substance. (68)

Likewise, he notes that the plethora of edited volumes issued by firms such as Progress and International Publishers – as well as by independent political organizations like the Danish Kommunistisk Arbejdskreds [Communist Working Group or KAK] – which contain anthologized excerpts from Marx and Engels’ anti-colonial and anti-imperialist writings have long made clear Marx’s “change of orientation,” thereby filling in the gap which the Marxological tra- dition has attempted to create and bridge by other more philologi- cal means (68).[3]
Terrell Carver’s contribution picks up the pen in defense of Engels as a lifelong political activist and editor of Marx’s unfinished works. “Taking an Engels-centric and career-long view,” he claims, casts his editorial decisions relating to the fourth German edition in an entirely new light (86). As he outlines in great detail, the recorded working relationship between the two men points to the likely reality that, without Engels’ years of nagging encouragement, neither Le Capital nor any of the subsequent editions would have ever seen the light of day even if Marx spent the majority of his life perfecting them (84, 99). However, as Carver asserts, this is not to say that Engels’ influence on Marx and his posthumously published works should go unquestioned, but rather that a deeper understanding of Engels’ own life and activism in addition to his relationship with Marx can aid greatly in our understanding of Le Capital as both a theoretical and political intervention in line with Marx’s famous eleventh thesis on Feuerbach.
The remainder of the volume is dedicated more specifically to the making of Le Capital throughout its international process of translation and publication; as well as to the dissemination and reception of the work inside and outside of metropolitan France. Here, Guillaume Fondu’s essay is especially noteworthy insofar as it elucidates the profound influence of the previously mentioned Russian narodniks on Marx’s shift, expressed in Le Capital and else- where, away from Eurocentrism (in the form of Western European universalism) and toward the multilinear conception of history described by Anderson and others. Fondu evidences that this shift occurred concomitantly as Marx shed some of the more idealist remnants of Hegelian logic in Le Capital and approached a more resolutely scientific and historicized interpretation of capitalism’s development across time and space. In other words, this development coincided with a conceptual and analytical shift away from a category like “pure” capitalism in favor of analyzing what Marx termed “‘société bourgeoise actuelle’” meaning “current” or “actual bourgeois society” i.e. really existing capitalism (121). Additionally, Fondu is the first contributor to the collection to adequately empha- size the fact that in spite of some of its conceptual advantages, Marx also recognized that Le Capital compared unfavorably even to the second German edition precisely because of his overzealous evacuation of certain elements of the Hegelian language of dialectics, once again forcing us to take heed of Musto’s earlier warning that Le Capital is far from the definitive version of Marx’s magnum opus. Ultimately, it seems that the most reasonable conclusion one can draw from Le Capital and all the subsequent work on it can be found in a separately published article by William Outhwaite and Kenneth Smith: namely, “there is no one ‘definitive’ version of Capital but rather, as [Thomas] Kuczynski has shown, it is necessary to take all of the slightly different ver- sions together to arrive at Marx’s overall general argument” (209). And so it seems that familiar readers will not be confronted with an unknown version of Marx, regardless of whether or not Le Capital can be considered the unknown version of Capital, but this is a worthwhile volume nonetheless for all those interested in the finer details of Capital’s publication history and the development of Marx’s thinking.

[1] See for instance, Anderson (1983), (1997) and (2010).
[2] See for instance, Rodney’s essay “Marxism as a Third World Ideology” republished in Decolonial Marxism (2022)
[3] For example, the KAK published an edited collection On Colonies, Industrial Monopoly and Working Class Movement in 1972; Moscow’s Foreign Language Publishing House published Marx and Engels’ writings On Colonialism in 1960; International Publishers published the pair’s work on Ireland and the Irish Question in 1972; and Lawrence and Wisehart published Marx on China in 1951.

 

References

Anderson, Kevin. Marx at the Margins: On Nationalism, Ethnicity, and Non- Western Societies. Chicago, IL: Univ. of Chicago Press, 2010.

Anderson, Kevin. “On the MEGA and the French Edition of Capital, Vol. I: An Appreciation and a Critique.” In Beiträge zur Marx-Engels-Forschung, Neue Folge 1997, edited by Rolf Hecker, Richard Sperl, and Carl-Erich Vollgraf, 131–136. Berlin: Argument Verlag, 1997.

Anderson, Kevin. “The ‘Unknown’ Marx’s Capital, Volume I: The French Edition of 1872-75, 100 Years Later.” Review of Radical Political Economics 15, no. 4 (1983): 71–80.

Marx, Karl. Marx on China 1853–1860: Articles from the New York Daily Tribune. London: Lawrence and Wisehart, 1951.

Marx, Karl, and Friedrich Engels. Ireland and the Irish Question: A Collection of Writings. New York: International Publishers, 1972.

Marx, Karl, and Friedrich Engels. On Colonialism. Moscow: Foreign Languages Publishing House, 1960.

Marx, Karl, and Friedrich Engels. On Colonies, Industrial Monopoly and Working Class Movement: Extract from Articles and Letters, 1847–1894. Copenhagen: Futura : [Eksp., 1972.

Outhwaite, William, and Kenneth Smith. “Karl Marx, Le Capital.” Review of Radical Political Economics 52, no. 2 (June 2020): 208–221. https://doi. org/10.1177/0486613419850887.

Rodney, Walter. Decolonial Marxism: Essays from the Pan-African Revolution. London New York: Verso, 2022.

Categories
Reviews

Babak Amini, Contemporary Sociology

The notion of “alienation” has a strange history, oscillating between periods of undeniable eminence and apparent obscurity. There have been renewed attempts in recent years across different disciplines to recover the concept of alienation. The three books included in this review essay—Karl Marx’s Writings on Alienation, edited and introduced by Marcello Musto; Alienation and Nature in Environmental Philosophy, by Simon Hailwood; and Alienation, by Rahel Jaeggi—exemplify some of the most creative and exacting accounts of alienation that outline the frontiers of scholarship on the topic. In this short essay, I will briefly introduce their distinctive approaches but largely focus on the implications of their engagement with Karl Marx’s conception of alienation. I argue that the failure of Rahel Jaeggi and Simon Hailwood to read Marx’s account accurately is reflected in serious shortcomings in their critical outlooks. Furthermore, I show how recent scholarship on Marx, as represented by Marcello Musto’s book, hints toward generative uses of Marx’s theory of alienation to address the very questions that Jaeggi and Hailwood are rightfully concerned about.
As one of the most influential scholars in contemporary critical theory, Jaeggi has been a leading force behind the recent revival of the concept of alienation in social philosophy. She characterizes alienation as “a concept of social philosophy par excellence” (p. xxii) in outlining interpretive schemes to examine individuals’ entangled relation with the self and the world. Her analysis of alienation revolves around the examination of a “disturbance in the development of interest and capacities” (p. 36) that leads to “a failure to apprehend, and a halting of, the movement of appropriation” (p. 1). “Appropriation” is defined as a form of praxis in “both the integration and transformation of what is given” (p. 1)—in other words, “the idea of productively and formatively interacting with what one makes one’s own” (p. 38). Put differently, the study of alienation entails an analysis of the conditions that underlie individuals’ “inability to establish a relation to other human being, to things, to social institutional and thereby also . . . to oneself” (p. 3). Jaeggi argues that such an approach allows us to critically examine an alienated social form when “individuals cannot identify with it, when they cannot realize themselves in it, when they cannot make it ‘their own’” (p. xxii). This is why she conceives of alienation as “a relation of relationlessness”—hence itself a particular social relation—whose overcoming implies nothing less than “realizing freedom” (p. 2).
Jaeggi’s analytical framework appears as a synthesis between certain aspects of Marxist-Hegelian and existentialist critique to conceive of alienation as powerlessness and a loss of meaning, maintained through relations of domination, which lead to disconnectedness or alienness. Her philosophically sophisticated account masterfully avoids notorious objections to the concept of alienation including essentialism, objectivism, and paternalism. Her account requires neither a unified self who is fully transparent to oneself, nor an objectively adequate or ethically good form of life, nor a teleological movement of history toward overcoming alienation. She conceptualizes an unalienated life as “a certain way of appropriating oneself—that is, a way of establishing relations to oneself and to the relationships in which one lives (relationships that condition or shape who one is)” (p. 33).
Although Jaeggi firmly embeds praxis of self-appropriation as always already mediated by an appropriation of the world, the sociopolitical and historical content of such mediation remains extremely thin and largely absent in her account. Her concept of alienation is not equipped to clarify the historical specificity of the generalized form of alienation under capitalism. Furthermore, the class dimension of the praxis of appropriation, which arguably shapes the “relation to the self mediated by the world” (p. 215), is not touched on in the book. The absence of these two components makes it possible to conceive of pockets of unalienated lives that meet all the criteria outlined for the praxis of appropriation (see p. 202) but arguably with skewed membership of those social classes with access to and control over material resources and institutional infrastructure. One could argue that her account would still leave substantial room for critique of a society in which the possibility of realizing freedom is severely limited to a privileged minority. However, the substance of such a critique remains mostly exogenous to Jaeggi’s theory of alienation, making her account politically toothless despite its philosophical brilliance.
Most approaches to the concept of alienation consider the commonly affiliated notions, the alienation-reification-externalization triad, in their complementary identity. However, Hailwood, a widely published environmental philosopher, shifts the focus to exploring the unity-in-difference between these notions in order to lay out a neo-pragmatist foundation for an environmental philosophy that is based neither on a romanticist nor an instrumentalist approach to nature. To that end, he first breaks down the conception of “alienation” into “estrangement” (i.e., “the sense of a state of being separated or cut off from something”), “reification” (i.e., “reduction of humanity, human processes and products to mere given ‘things’”), and “property alienation” (i.e., “a renunciation of ownership”) (p. 16). He then decomposes the notion of “nature” into “nonhuman nature” (i.e., the “natural world insofar as it is not human or has not been shaped and interpreted by humanity or human-oriented ends”), the “natural world” (i.e., an “encompassing sense of nature, in which it is wider than humanity and of which humanity is a part but not the whole”), and “landscape” (i.e., the “natural world insofar as it has become so shaped [by humans]”) (p. 16).
Much of Hailwood’s book is dedicated to the ontological, epistemological, and ethical justification of this conceptual scheme and the qualified interrelation between its six building blocks to show that “alienation from nature can be justified, useful, and important.” At the end of a long tedious journey with many side quests throughout the book, we reach a succinct summary: “Reification of or within landscape is bad and to be overcome. Estrangement within the landscape is bad and to be overcome, except in relation to human difference. With regard to nonhuman nature, it is a qualified good, to be lived with, to some extent, rather than overcome. Estrangement from the natural world is bad and to be overcome. Alienation within landscapes is bad when unjust, for example, when coerced or exploitative. In relation to nonhuman nature and the natural world, it is a qualified good to be encouraged” (pp. 230–31). It is through such qualifications that Hailwood reserves a seemingly crucial theoretical space for the positive role of the alienation of nature in ecological philosophy.
Despite their conceptual diversity, none of the six building blocks in Hailwood’s analytical scheme are socio-historical categories. This is not to say that his key concepts do not have any temporal content or that they carry no relational significance. It is also not about the ways these categories may be “encountered” through mediation by “historically specific forms of production” (pp. 33–34). Socio-historical categories should enable us to make sense of how historically specific social relations are reproduced and how those very categories evolve within them. Without that, an environmental philosophy would be unable to illuminate the empirically observable connection between, for example, the current environmental crisis and the emergence of capitalism as a historically specific social relation beyond vague references to quantitative changes in its otherwise immutable categories. This is precisely what is lacking in Hailwood’s approach, as evident in the rare references to capitalism in a book that is about an ecological crisis that is demonstrably connected to the rise of industrial capitalism.
The political orientation of Hailwood’s analysis in this book, and therefore his conception of environmental justice, is limited to the politics of recognition. Accordingly, Hailwood offers a pragmatist approach to recognitional politics in response to a system whose historical manifestation follows a profoundly different logic, not of a “non-psychological status injurious misrecognition” (p. 89 f2) but of historically dynamic systematic exploitation. The political orientation of Hailwood’s account has profound strategic implications, as it primarily demands categorical reconfiguration and legislative protection to avoid status injuries to humans and nonhumans. But it would be naïve at best to think that such strategies would be sufficient to transform the dynamics of power and the relations of material interests that underlie the environmental crisis.
One of the most notable similarities between Jaeggi and Hailwood is found in their reading of Marx’s conception of alienation, which reflects their general neglect of the centrality of the political economy of capitalism in relation to alienation. Despite their acknowledgment of the continued relevance of the concept of alienation throughout Marx’s intellectual life, both authors limit their engagement with Marx’s ideas to his early writings in the so-called “Economic and Philosophical Manuscripts of 1844” (hereafter, EPM44). Their references to Marx’s later elaborations on the concept remain extremely limited and superficial.
Jaeggi almost completely ignores Marx’s critique of political economy even to the extent that it was advanced in the EPM44 and, even there, focuses only on the philosophical aspects. While taking issue with Marx’s essentialist and determinist approach to alienation and its overcoming, Jaeggi draws two insights from the EPM44: the importance of linking appropriation and alienation, hence relating meaninglessness and powerlessness; and the importance of the problem of reification. The crucial piece missing in such an interpretation of the EPM44, as Musto shows, is Marx’s attempt not just toward widening the problem of alienation from the “philosophical, religious, and political sphere to the economic sphere of material production” but also that “the economic sphere was essential to understanding and overcoming alienation in the other spheres” (p. 6). However, what remained unclear in the early writings of Marx was the relation between alienated labor and private property, which was addressed in a theoretically sophisticated and more politically demanding manner in Capital and its preparatory manuscripts.
Jaeggi’s brief comment on the later writings of Marx on alienation interprets Marx’s critique of political economy as “a ‘denaturalizing’ critique that reveals the social character of what presents itself as a natural relation” (p. 16). But what is fascinating about the later writings of Marx is not so much that he presented his critique of political economy as a denaturalizing critique, something that he had already firmly committed to from early on even though he later widened and deepened it by radically reformulating the essentialist categories he had previously used. It is much more that he progressively enhanced his theoretical analysis of capitalist social relations all the while deepening his critique of why “free individuality,” which he saw as the marker of an unalienated future society, is unachievable under the intensifying conditions of alienation in capitalism.
Hailwood reduces Marx’s theory of alienation to a critique of private property that, Hailwood argues, might have some merits, but only with respect to the landscape. When it comes to nonhuman nature, Hailwood condemns this approach as epistemologically flawed since it focuses “entirely on the project of making that as homely an expression of humanity and epistemic security as possible” (p. 56). This reading allows Hailwood to corner Marx’s theory of alienation largely to one of the three senses of alienation that he outlines—that is, “property alienation”—and there only to one of the three senses of nature—that is, “landscape.” From there, Hailwood’s progressive de-emphasis of this aspect of alienation in critical environmental philosophy and the ideologically charged qualifications of the critique of property relations even within the landscape entail a marginalization of Marx’s theory of alienation in particular and his critique of political economy in general.
Marx’s later elaborations on the notion of alienation in Hailwood’s reading are articulated mainly in a recognitional paradigm. For example, he interprets Marx’s use of alienation in the sense of reification as the “mistake” of taking human relations as given things (p. 32), as if Marx were concerned with the processes of misrecognition. He also interprets Marx’s notion of the “fetishism of commodity” as a matter of delusion or ignorance, which in turn transforms the overcoming of alienation into a question of the “recognition of the human social origin of such processes and their re-appropriation as such” (p. 56). Instead, as Musto correctly points out, “Marx conceives of fetishism not as an individual problem but as a social phenomenon, not as an affair of the mind but as a real power, a particular form of domination, which establishes itself in market economy as a result of the transformation of objects into subjects” (p. 34).
Indeed, a careful reading of Marx reveals precisely not only the essential connection between alienation and capitalist social relations but also between the latter and what he called the “metabolic rift” that has fundamentally altered the relationship between the “landscape,” to use Hailwood’s vocabulary here, and the “natural world.” As Marx developed his ecological critique of capitalism both theoretically and empirically, he progressively strengthened the theoretical links between alienation and nature, therefore making the vision of an unalienated society beyond capitalism inseparably connected to overcoming the antagonism between humans and nature ecologically while avoiding both the productivist path toward the domination of nature and the romantic path toward becoming one with nature.
But why should a careful engagement with Marx’s concept of alienation matter? Marx’s concept of alienation is arguably the most influential elaboration of the concept due not just to its theoretical preeminence but especially to the sociopolitical consequences of its reception after Marx’s death. Even though Marx did not invent the concept of alienation, nor did he always refer to it explicitly in his writings, it played a central role in his critique of capitalism and his vision of an alternative socioeconomic system throughout his life. The history of the reception of Marx’s concept of alienation after his death is perhaps as fascinating as its evolution during his life. Indeed, it is perhaps only upon such recognition of the contentious history of the concept that we can appreciate what contemporary scholarship on Marx’s theory of alienation, despite continued controversies, has been able to achieve and how these make his conception ever more relevant.
The new anthology by Musto, one of the leading Marx scholars in the world, on Marx’s writings on alienation is an indispensable resource that seeks to draw attention to the centrality of this concept for Marx and its contemporary relevance by highlighting underappreciated texts in relation to the concept of alienation and challenging some of the most entrenched orthodoxies on the subject. Looking at the format and style of the book, one might be tempted to think it is aimed mostly at students and perhaps young researchers: it is a relatively short anthology with a relatively long introduction. But given the appalling poverty in the existing literature on Marx’s concept of alienation that largely confines the discussion to his early writings, this book benefits a far larger audience.
Musto’s introduction to the anthology focuses less on the reception of the concept before Marx, a rather familiar theme that has been discussed by many other scholars, and instead explores its ebbs and flows in the twentieth century both within and outside the Marxist tradition. The intellectual history of the concept is presented not as scholastic debates between various theorists, but as complex processes embedded in the sociopolitical contexts within which they operate. While his critical overview of other conceptions of alienation outside the Marxist tradition shows the general strength of the Marxian approach to the concept, Musto remains strongly critical of the Marxist tradition in either ignoring the centrality of the concept for Marx, often for political ends, or in rendering partial and superficial readings, for those who cared to deploy the concept.
It is only after his overview of the reception of the concept of alienation that Musto comes around to examine the evolution of it within Marx’s corpus. While qualifying the originality of Marx’s early elaborations of alienation in relation to the existing debates at the time, Musto highlights their limitations, which were substantially improved upon as Marx continued his rigorous studies in preparation for his magnum opus, Capital. This approach projects an essential continuity in Marx’s conception of alienation while emphasizing its centrality throughout his intellectual life. Musto shows not only the relevance of the concept of alienation to Marx’s critique of capitalism but also its indispensability in understanding Marx’s vision of an alternative socioeconomic model. The structure of the anthology indeed reflects these discussions. The selections from the three volumes of Capital, the Grundrisse, and the Theories of Surplus Value occupy more than five times as much space as the selection from Marx’s writing on alienation in the 1840s. As such, this book facilitates new approaches to the concept of alienation informed by its complex history and its neglected dimensions.
Reading Marx’s theory of alienation along these lines can help us address the core concerns of Jaeggi and Hailwood while avoiding the pitfalls in their analyses. Even though Jaeggi’s conception highlights the existentialist aspects of alienation as a central part of her social philosophy, her dismissal of political economy decouples her approach from the concrete reality and form specificity of a historically unique social relation in which the meaninglessness and powerlessness that she underscores reach a class-structured generalization. Similarly, even though Hailwood’s conception underscores the nonanthropocentric dimension of alienation as an indispensable part of his ecological philosophy, his suspension of a critique of political economy and, even worse, his effective support for some of its constitutive elements prevent his approach from having any real bearing on the dynamics of a system that has created the ecological crisis.
The fundamental connection between alienation and an ecological critique of capitalism centered on a fundamental concern for “free individuality” is precisely what a careful study of Marx’s theory of alienation along the contours outlined in Musto’s book can offer to a critical theory of alienation. Offering critical analyses of contemporary capitalism on the basis of such a connection is urgently needed at this time of the existential threat of climate change amid heightened conditions of alienation. This would also help to critically examine and actively avoid the colossal failures of twentieth-century actually existing socialism in its visions of alternative socioeconomic models.

Categories
Reviews

Alexandre Braga, Katálysis

Marcello Musto é um jovem intelectual italiano que vem se destacando pelas recentes pesquisas sobre os últimos períodos de vida do pensador alemão Karl Marx (1818–1883). Musto, que é também professor de Sociologia na York University (Toronto, Canadá), já publicou Another Marx: Early Manuscripts to the International (Bloomsbury, 2018) e Karl Marx: biografia intelectual e política (Einaudi, 2018); organizou obras como Karl Marx’s Grundrisse (Routledge, 2008); Marx for Today (Routledge, 2012); Trabalhadores, uni-vos! Antologia política da I Internacional (Boitempo, 2014); Marx’s Capital after 150 Years (Routledge, 2019); The Marx Revival (Cambridge University Press, 2020); Karl Marx’s Writings on Alienation (Palgrave, 2021); Rethinking Alternatives with Marx (Palgrave, 2021); e Marx and Le Capital (Routledge, 2022). Ou seja, ao longo da década de 2000, o autor vem realizando uma profícua incursão no pensamento marxiano, ora para realizar uma descoberta de um Karl Marx quase desconhecido do grande público, ora para redescobrir pontos e análises conceituais que só agora tiveram a devida correção no itinerário que Marx tinha em mente ao dar início à sua crítica da sociedade civil burguesa.
Nessa seara, Marcello Musto realizou uma tarefa impecável, pois suas publicações vão ajudar em muito na compreensão daquilo que Marx tinha como propósito analítico e como projeto político, a emancipação da classe trabalhadora. O livro de Marcello Musto – O velho Marx: uma biografia de seus últimos anos (1881–1883) –, em suas 158 páginas, contribui e contribuirá, sobremaneira, nessa direção, principalmente porque, após a dissolução da União Soviética, no ano de 1989, uma onda negacionista tomou conta dos debates políticos mundo afora, resultando num esquecimento quase que natural e numa crise do marxismo, que por pouco não jogou por terra essa proposta de emancipação elaborada por Karl Marx, Friedrich Engels, Rosa Luxemburgo e toda uma geração de lutadores e lutadoras do povo em prol da classe do proletariado, nos últimos 200 anos. Desse ponto de vista, ficou um vácuo de ideias progressistas, e para dificultar, surgiram pregações que anunciavam o fim do Socialismo como decante e a vitória final da formação capitalista, como se a História fosse uma “planilha” que não pudesse ser alterada pelo curso do desenvolvimento social, na sociedade, nas universidades e na militância de esquerda. Portanto, a escrita de Marcello Musto e diversas outras publicações que começam a circular nos meios acadêmicos, desde 2008 retomam a discussão do projeto socialista e repõem o Marxismo no centro dos debates, seja no próprio meio universitário, seja nas redes sociais, ainda que o novo cenário apresente um contexto de evolução conservadora e reacionária.
Em seu livro, Musto traz quatro pontos importantíssimos para entendermos os últimos anos de vida de Karl Marx, entre os anos de 1881 e 1883: 1) O pardo da existência e os novos horizontes de pesquisa; 2) A controvérsia sobre o desenvolvimento do capitalismo na Rússia; 3) Os tormentos do “Velho Nick”; e 4) A última viagem do Mouro. Ao longo dos capítulos, o leitor se deparará com um Karl Marx não só inédito, mas diferente daquilo que sempre se soube por meio dos escritos densos sobre economia política, temas internacionais e das agitações revolucionárias que abalaram o mundo de sua época. Aliás, nessa fase de maturidade, Marx se aventurou em temas como a matemática, a questão ecológica, temas americanos, botânica e os assuntos mais densos da luta que estava acontecendo em países como Índia, Egito e Argélia. Dessa forma, nesse ciclo antes de seu passamento, Marx era o “oposto de um autor eurocêntrico, economicista e absorvido exclusivamente pela luta de classes”, como prefacia Musto (2018, p. 11).

O gabinete da Rua Maitland Park Road

Musto já começa a obra trazendo à tona fatos da intimidade pessoal de Karl Marx de pouco acesso de seus próprios leitores, inclusive dos círculos mais próximos de Marx, como a imersão do filósofo alemão em temas fora do eixo econômico-filosófico, como a preocupação de Marx com os assim chamados “temas americanos”, a redação dos cadernos sobre matemática, os estudos de fisiologia, de geologia, de agronomia, de química e de física, ou seja, uma série de temas multidisciplinares, boa parte deles localizados no escritório de uma casa alugada na Rua Maitland Park Road, situada na região periférica de Londres, onde era sua residência e da família Marx. Lá, moravam o Mouro[1] , sua esposa Jenny (1814–1881), as filhas Eleanor (1855–1898) e Helene Demuth (1820–1890) e sua governanta de mais de 40 anos de convívio com o casal.
A casa da Rua Maitland Park Road, número 41, era o refúgio para Karl Marx guardar seus mais de 2 mil volumes de livros, sobretudo acerca de Ciência Política, História alemã e Literatura francesa, italiana, alemã e, desde 1869, sobre a Literatura russa que Marx começou a estudar para melhor compreender o processo revolucionário russo. Nessa biblioteca, havia uma infinidade de autores como Shakespeare, Dickens, Molière, Racine, Montaigne, Bacon, Goethe, Voltaire, entre outras produções literárias. Além de ser um reduto principal das visitas dos colaboradores, ativistas e líderes políticos dos mais diferentes locais do planeta, serviu, ainda, como centro de troca de correspondências internacionais entre os militantes socialistas, tanto que a caixapostal da residência vivia abarrotada de cartas, de acordo com Musto (2018, p. 21). Prova disso é que o próprio Friedrich Engels (1820–1895) se mudou para a vizinhança próxima à casa de Marx, na Rua Regent’ Park Road, número 122, a poucos metros de distância.
Além do mais, o local era estratégico para a formação política da militância socialista, porque lá estavam guardadas publicações, documentos e resoluções mais importantes da Associação Internacional dos Trabalhadores (AIT), uma cópia de A Sagrada Família, escrita em coautoria com Engels, em 1845, da Miséria da Filosofia, também pelos dois amigos e obras cruciais para o que se viria a ser conhecido depois como marxismo, como os livros Manifesto do Partido Comunista (1848), O 18 Brumário de Luís Bonaparte (1852), e o próprio O Capital, de 1867, sua obra-prima. No sótão da casa havia, ainda, sinopses e manuscritos inacabados, destinados à “crítica roedora dos ratos”[2] , cuja volumosidade situava-se perto de um divã de couro, onde Marx costumava descansar após horas de estudos em cima de materiais muitas vezes em língua original.
Conforme Marcello Musto, no ano de 1881, Karl deu início aos estudos sobre Antropologia, indo estudar o livro A sociedade Antiga (1877), do antropólogo norte-americano Lewis Morgan (1818–1881), e resultando numa série de enxertos conhecidos como Cadernos Etnológicos. Essas anotações dispersas tratavam da colônia de Java na Indonésia, escrita por James Money (1818–1890), sobre a aldeia ariana na Índia, de autoria de Jonh Phear (1825–1905) e sobre história antiga das instituições, do historiador Enry Maine (1822–1888). Os Cadernos Etnológicos, de pouco mais de 100 folhas, não foram escritos por Marx, mas, posteriormente editados e lançados por Lawrence Krader (1919–1998) com o título de Cadernos Etnológicos de Karl Marx (Musto, 2018, p. 31). Nos Cadernos Etnológicos, é possível encontrar outras anotações sobre a pré-história, o desenvolvimento dos vínculos familiares, as condições das mulheres, a origem das relações de propriedade, a formação da natureza e questões como as conotações racistas de alguns antropólogos da época e os efeitos do Colonialismo. Sobre isso Marx pensava:

a família moderna em germe não somente a servitus (a escravidão), mas também a servidão da gleba; desde o princípio, ela pôs suas relações a serviço da agricultura. Possui em miniatura todos os antagonismos que, mais tarde, se desenvolverão em massa na sociedade e em seu Estado […] na origem, era constituída diretamente de escravos (Morgan apud Musto, 2018, p. 34).

Com isso, a palavra “família” desde seu germe, tem a ver com famulus (escravo, criado), e sem nenhuma relação com a criação de filhos pelos casais casados, mas, sim, com o conjunto de escravizados que são forçados a trabalhar para o patrão, regidos pelo poder do pater famílias. Isso é, foi a escravidão que esteve na orientação do princípio organizador da família, com seus antagonismos. Nesse aspecto, conforme Marcelo Musto, Marx dedicou especial atenção às condições das mulheres. Segundo a revisitação historiográfica que está sendo feita desde 2008 da posição marxiana sobre o tema, Marx observou que as sociedades antigas tinham melhor tratamento com as mulheres. A partir de dados elencados por Lewis Morgan, a mudança da descendência da linhagem materna para a paterna foi prejudicial para o sexo feminino, entre os gregos, o que diminuiu o direito das esposas e mulheres, cujo modelo foi avaliado por Morgan como negativo. Na cultura grega da época a mulher passou a ser inferior, a “deusa da sabedoria saiu da cabeça de Zeus”[3], como lembrou Marx.
Noutra ponta do debate histórico, Musto reforça em seu “O velho Marx: uma biografia de seus últimos anos (1881–1883)” a rejeição da ideia de que as mudanças sociais ocorreriam unicamente devido às transformações econômicas, uma vez que Karl Marx defendia, na verdade, a especificidade de cada condição histórica, as múltiplas possibilidades e a centralidade da ação humana para realizar as transformações, com clara condenação do avanço espontâneo do processo histórico. Principalmente porque, como acreditavam seus seguidores menos atentos, que a última fase burguesa se seguiria para o fim do capitalismo, automaticamente a ser superado pelo Socialismo, o que resultou num surto fatalista e de passividade que blocou o movimento operário e que negligenciava as próprias reflexões de Marx contrárias a essa interpretação. De acordo com Musto (2018, p. 37), “jamais desejou um retorno ao passado, mas – como acrescentou na transcrição do livro de Morgan – vislumbrou um tipo de sociedade superior”. Isso porque, tanto como condenação do determinismo econômico como ponto de vista de que as contradições da civilização não eram estáticas e nem passivas, mas eram projetos realizados pelo esforço humano diante da necessidade de preservar a vida, e não pela evolução mecânica da sociedade. Ou falando de outra forma, pela ação consciente da classe trabalhadora (Musto, 2018, p. 37).

A questão da comuna agrária russa

Outro ponto de especial atenção aos leitores e leitoras do livro de Marcello Musto é a posição marxiana sobre a Rússia, que até então Marx considerava como o grande obstáculo à emancipação da classe trabalhadora, melhor dizendo: através de volumas cartas e em artigos de grande repercussão internacional publicados no jornal New-York Tribune e na História Diplomática Secreta do Século XVIII (1856–1857), Marx considerava que o atraso das condições sociais, a lentidão do desenvolvimento econômico do país, o regime czarista de caráter despótico e a política externa conservadora levaram a uma postura contrarrevolucionária na Rússia. Porém, em sua fase de maturidade, e já tendo consolidada sua irretocável carreira como líder revolucionário e como agitador das massas proletárias, Karl Marx reviu boa parte dessas opiniões, na medida em que algumas transformações ocorridas nas condições sociais russas proporcionaram uma reviravolta e uma mudança de rota, que agora poderiam viabilizar uma revolução mais intensa que a ocorrida na Inglaterra, por exemplo, uma vez que apesar de ser o berço do capitalismo e ter um maior contingente de operários fabris, o proletariado inglês havia perdido força por causa das algumas melhorias de suas situações de vida, como a redução da jornada de trabalho e o consequente reformismo dos sindicatos (Musto, 2018, p. 59).
Karl Marx acompanhava a situação russa desde 1850, seja saudando as revoltas camponesas que resultaram a abolição da servidão, em 1861, seja através de estudos sobre estatísticas dos problemas locais, ou por meio do início do aprendizado da língua russa, o que o ajudou a melhor compreender esse cenário interno. A partir de 1881, as formas arcaicas de organização comunitária da Rússia levaram Marx a aprofundar os estudos e a troca de correspondências com militantes russos, como aquelas enviadas a militante do “Repartição Negra”, Vera Zasulitch (1849–1919), que numa destinada a Marx, em 16 de fevereiro de 1881, resumiu quais eram os pontos centrais das discussões:

A comuna rural, liberada das exigências desmesuradas do fisco, dos pagamentos à nobreza e da administração arbitrária, é capaz de desenvolver-se pela via socialista, que dizer, de organizar pouco a pouco sua produção e sua distribuição de produtos em bases coletivas. Nesse caso, os socialistas revolucionários devem envidar todos os esforços em prol da liberação da comuna e de seu desenvolvimento (Zasulitch apud 2018, p. 61).

Nessa carta enviada a Karl Marx, Vera Zasulitch fazia uma consulta ao pensador alemão de como circulavam nos meios revolucionários e entre os ativistas a opinião de que a comuna rural era um atraso condenado à morte, e boa parte deles atribuía ao próprio Marx a origem dessa opinião. Contrariamente, Zasulitch pensava que os revolucionários deviam dar todo apoio a essa comuna agrária de especificidade russa. O apelo da militante russa era para que Marx pudesse esclarecer tal dúvida, já que ele estava familiarizado com as relações comunitárias da época pré-capitalista. Em sua resposta, Marx relembrara que sua reflexão sobre o percurso seguido pela ordem econômica capitalista para sair do ventre da ordem econômica feudal era apenas uma referência à situação aplicada somente ao Velho Continente, diga-se Europa Ocidental, e que não servia para descrever outras situações em outras regiões do planeta, tendo em vista que seria necessário estudar separadamente cada um dos fenômenos e só depois confrontá-los. Resumindo: não havia a possibilidade de usar uma teoria histórico-filosófica geral para ser aplicada em casos diversos e diferentes (Musto, 2018, p. 74–78).
Ainda na carta de resposta a Vera Zasulitch, Marx deixou clara sua posição sobre a possibilidade de a obschina[4] ser o germe de uma futura sociedade socialista, na perspectiva de que a Rússia não podia percorrer servilmente todos os caminhos trilhados pela Inglaterra, portanto, não precisaria passar pelo capitalismo, isto é , por meio da lógica capitalista do trabalho coletivo e cooperativo realizado em larga escala e incorporando as conquistas positivas do sistema capitalista, mas substituindo-as gradualmente a agricultura parcelária pela agricultura combinada com o auxílio das máquinas e dos avanços tecnológicos, preservando, no entanto, seu caráter comunitário através de uma revolução russa para garantir o livre crescimento da comuna rural, ou como Marx enfatizou “trocar de pele sem precisar antes cometer suicídio” (Marx, 2013, p. 111).

1881, Karl Marx se torna “cidadão do mundo”

Na visão de Musto, ainda no ano de 1881, Karl Marx, apesar da profícua produção literária e sociológica, anda não era um teórico de referência internacional indubitável. Isso só veio a acontecer no século seguinte, no início do XX após as repercussões das resoluções adotadas pela Associação Internacional dos Trabalhadores (AIT) e pelo impacto provocado pela eclosão da Comuna de Paris, em 1871. A notoriedade como mentor político veio em seguida à publicação de O Capital, reimpresso na Alemanha em 1873, o que em seu conjunto foram fatores que contribuíram para a expansão do pensamento marxiano e da consolidação da figura de Karl Marx como o grande expoente do movimento operário internacional, como aconteceu na construção de programas partidários e na redação de teses de cunho político, ou como Musto (2018, p. 86) registrou: “[…] em seus últimos anos Marx foi testemunha de um interesse cada vez maior, em muitos países europeus, por suas teorias – especialmente as contidas em seu magnum opus”[5] . A título de exemplificação temos a influência de Karl Marx na redação do programa do Partido Social-Democrata dos Trabalhadores da Alemanha (SDAP), em 1875, na Federação do Partido dos Trabalhadores Socialistas da França (FPTSF), entre outras produções de ordem prática e nas quais sempre eram destacadas que a revolução não era uma derrubada simples do sistema, mas um processo longo e complexo (Musto, 2018, p. 94).
Se na esfera internacional Marx viu seus textos serem valorizados enquanto fonte de análises para deliberações filosóficas e políticas, no plano pessoal as coisas não andavam tão bem assim. Isto porque nas primeiras semanas de junho de 1881, sua esposa, Jenny von Westphalen, teve as condições de saúde pioradas por causa de um tratamento de câncer no fígado, obrigando Marx a se tornar seu mais íntimo enfermeiro e o casal indo morar em Eastbourne, próxima ao canal da Mancha. Nessa cidade francesa, a família Marx mudou-se com os netos, sua filha Jenny Longue e seus dois pets, na esperança de que os ares do litoral pudessem ajudar na recuperação da esposa Jenny, cujas despesas de hospedagem e do tratamento de saúde foram pagas por Friedrich Engels. Entre os familiares, Karl Marx era chamado de velho Nick (que na gíria inglesa significava “velho diabo”); e em muitas de suas cartas-pessoais, Marx as assinavam como Old Nick, divertindo-se com a apologia de tal figura, apesar das dívidas e do momento doloroso e de sofrimento de Jenny Westphalen. A essa fase, o Mouro a declarou como “aquela em que na família, neste momento, só infortúnios” (Marx apud Musto, 2018, p. 101).
E os infortúnios desabafados por Marx não cessariam tão cedo. Em 16 de agosto, sua filha Eleanor cai em depressão devido a um suposto noivado malsucedido, em outubro foi o próprio Marx que teve a saúde abalada, agora por uma forte bronquite, com risco de resultar em pneumonia, o que levou Marx a permanecer acamado por 12 dias, e no dia 2 de dezembro de 1881, aos 68 anos, falece sua esposa Jenny von Westphalen. Essa morte, nas palavras do Old Nick, lhe privara de seu “maior tesouro” (Marx apud Musto, 2018, p. 101). A cronologia de dissabores levou Marx para um estado de convalescença e de um drama de acontecimentos familiares entretecedor, entre 1881 e 1882. Contudo, nesse curto período, Marx consegue tempo para se dedicar aos estudos sobre o desenvolvimento do Estado Moderno (século XV), especialmente consultando obras que resultaram nas Notas Sobre a História Indiana, de 1879, inspiradas no livro História Analítica da Índia, de Robert Sewell (1845–1925), História dos Povos da Itália, do historiador Carlo Botta (1766–1837) e História do Povo Alemão, escrito por Friedrich Schlosser (1776–1861), totalizando 143 páginas sobre história. Todavia, a instabilidade de seu quadro de saúde interrompeu suas anotações sobre demais temas históricos da época, sob o risco de uma nova recaída na debilidade de saúde. Retrato disso é que em 1882 Marx foi obrigado a usar um respirador artificial, pelo qual os jornais alemães já tinham anunciado sua morte (Musto, 2018, p. 105–107).

Os dias africanos de Karl Marx

Os 72 dias em que Karl Marx permaneceu em estadia no continente africano representam as últimas viagens do Mouro na procura para a cura de suas chagas. Obviamente, para o porte de um homem que estava em pleno exercício das funções cognitivas e teóricas, a conciliação entre o rigoroso tratamento médico a expedições de análises políticas não deixou de ser realizada, a partir da chegado do líder alemão à África, no dia 20 de fevereiro de 1882, após longas 34 horas de viagens até Argel, capital da Argélia. Marx foi ao continente africano à procura de soluções mais concretas para suas doenças, especialmente por tratamento mais eficaz contra a bronquite, a tosse ininterrupta e uma série de catarros que não lhe davam sossego, sendo prontamente atendido pelo juiz Albet Fermé, destacado militante socialista e único que conhecia a já famosa trajetória do paciente. Infelizmente, por infortúnio do destino, a época escolhida para as sessões de terapia foi de intensos períodos chuvosos e de frio, com o pior inverno que a cidade já tinha vivido. O médico de Karl Marx, Charles Stéphann (1840–1906) receitou, então, cuidados à base de xarope e de psicotrópicos, visando diminuir as dores de grande intensidade, e os mais intensos deles, reduzir drasticamente os esforços físicos, que significava para Marx abandonar qualquer trabalho de ordem intelectual, inclusive se preocupar com os problemas de ordem mundial. Na enfermaria, foi submetido à aplicação de medicamentos para estancar as dores, a proliferação de bolhas na região do tórax e para conter a insônia, além da tentativa de paralisar as feridas nas costas, na qual Marx se queixou reclamando: “para uma mente sã num corpo são, ainda havia muito para fazer [6]”, numa alusão aos poucos resultados do longo e doloroso tratamento (Musto, 2018, p. 111–113).
A última viagem do Mouro e única na região africana o impediu de fazer as correções da terceira edição alemão d’O Capital, de analisar a conjuntura política da época e de tecer comentários críticos sobre a propriedade comunal árabe, bem como de falar sobre a realidade argelina, pois fora realizada praticamente para se dedicar ao tratamento médico e da cura para suas dores. Haja vista que em 22 de fevereiro de 1882 o jornal L’Akbbar publicou uma matéria relatando as injustiças do sistema dominação agrária pelos colonizadores franceses, e uma vez que qualquer cidadão francês podia adquirir uma concessão de mais de 100 hectares de terras argelinas e depois podia revendê-las ao preço de 40 mil francos a qualquer pessoa argelina, isso sem precisar deixar a França. Com todos os esforços para se concentrar nas orientações médicas de total reclusão, Marx não deixou de observar da sacada do hotel em que estava sendo realizada a medicação que próximo ao local havia grupos de trabalhadores construindo casas, apesar de sadios, depois de três dias de trabalho, já apresentavam quadro de febre, e que parte do salário era para pagar despesas de medicamentos fornecidos pelos empreiteiros.
Marx resumiu essas observações sobre a realidade árabe-argelina em 16 cartas redigidas às margens do Mar Mediterrâneo, com destaque para a visão colonial crítica marxiana e sobre as relações sociais na cultura muçulmana. Um aspecto, nesse conjunto de cartas, que se destaca é a postura natural, elegante e digna do povo argelino, de vestimenta quase opulenta em contraste com a realidade europeia, principalmente a francesa, a qual registrou:

[…] a riqueza e pobreza não tornam os filhos de Maomé uns diferentes dos outros. A absoluta igualdade em suas relações sociais não é influenciada por elas. Pelo contrário, são notadas apenas pelos desonestos. Não que se refere ao ódio pelos cristãos e à esperança numa vitória definitiva sobre os infiéis, seus políticos consideram, com razão, que o sentimento e a prática de absoluta igualdade (não de riqueza e renda, mas da pessoa) são garantias para manter vivo o ódio e não abandonar a esperança. Ambos, no entanto, sem um movimento revolucionário, caminham para a ruína (Marx apud Musto, 2018, p. 117).

Por meio desse trecho da carta enviada à sua filha Laura Lafargue, em 13 de abril de 1882, Marx registra seus encantos e como ficou maravilhado com as relações sociais argelinas e da noção de igualdade crônica, porém ressaltou a necessidade dessa noção de igualdade ser permeada por um movimento de inspiração revolucionária que desse cabo a toda forma de opressão, destacadamente a colonial. Marx não deixou de perceber que na cultura muçulmana não havia a subordinação, a autoridade pregada pela cultura ocidental. Principalmente, aquela oriunda das torturas contra os árabes e da brutalidade policial empregada pela autoridade colonial francesa. Finalmente, feliz com o que viu, ficou mais lisonjeado, ainda, com os resultados do tratamento que finalmente deram certo, e Karl Marx pode finalmente retornar à França, agora surpreendendo a todos, sem as longas madeixas e sem a barbas longa que o imortalizara.
Assim, “O velho Marx: uma biografia de seus últimos anos (1881–1883)” é um livro que merece e precisa ser lido, pois possibilita redescobrir Karl Marx como homem, cidadão preocupado com o mundo e como uma pessoa comum que elabora e pensa os problemas sociais. Entretanto, merece uma discussão o deslize cometido pela edição brasileira da Boitempo, pois no original a obra foi publicada em italiano com o título “L’ ultimo Marx (1881–1883). Saggio di biografia intellectuale”. “Último Marx” atenderia melhor as exigências da luta contra o etarismo, a categoria velho, além de pejorativa para vários usos, carrega toda uma conotação de coisa que está em idade avançada, antiquada e em desuso, portanto, nada mais distante daquilo que o pensamento de Karl Marx se tornou, ao longo dos anos, e porque está confrontante à ideia de uma sociedade nova, que é a grande contribuição do arcabouço marxiano para a humanidade, principalmente quando se leva em consideração que o etarismo embutido na categoria “velho” traz uma noção de coisa em declínio nas sociedades classistas e, dessa forma, que pode ser descartada após cumprir determinados papéis no seio da exploração do trabalho social. Se a tradução fosse para ‘’Último Marx”, traria embutida toda uma carga de atualizações e redescobertas que estão sendo feitas pelas novas gerações, assim, o universo categorial marxiano, agora, ganharia um novo ciclo de leituras e perquisições que colocariam possibilidade socialista na ordem do dia. E não possui nada de velho, ao contrário.

REFERÊNCIAS

MARX, KARL. O Capital: crítica da economia política: Livro III: o processo global da produção capitalista. Tradução de Rubens Enderle. São Paulo: Boitempo, 2017. 980 p.
MARX, Karl; ENGELS, Friedrich. As lutas de classes na França. Tradução de Nélio Schneider. São Paulo: Boitempo, 2012. (Coleção Marx-Engels).
MARX, Karl; ENGELS, Friedrich. Lutas de Classes na Rússia. São Paulo: Boitempo, 2013.
MUSTO, Marcello. O velho Marx: uma biografia de seus últimos anos (1881–1883). Tradução de Rubens Enderle. São Paulo: Boitempo, 2018. 158 p.

Notas:

[1] Alusão à pele escura de Karl Marx que virou um apelido íntimo
[2] Marx assim se expressou como porque estavam esquecidos em uma gaveta ou porque estavam proibidos de circular.
[3] A deusa grega Atena era uma divindade no panteão grego, considerada a deusa da sabedoria, das habilidades e dos ofícios, da
guerra. Ela ficou marcada por ter nascido ao sair da cabeça de seu pai, Zeus.
[4] Conforme o Dicionário do Pensamento Marxista, obschina era um tipo de comuna russa, uma antiga comunidade de camponeses
russos na qual a terra era de propriedade inalienável da comuna, e periodicamente redistribuída em lotes às famílias pertencentes
a ela, em geral de acordo com o número de adultos do sexo masculino existentes em cada família. (Cf. Bottomore, Tom,1988)
[5] Musto refere-se ao “O Capital”
[6] Conforme confessou em carta enviada a Engels em 28 de março de 1882.

Categories
Reviews

Naoki Hashimoto, JSHET

本 書 は 国 際 労 働 者 協 会(International Workingmen’s Association: IWMA) 創 立 150 年を記念して 2014 年に刊行された一般向け 文書集(Marcello Musto ed., Workers Unite!: The International 150 Years Later. London, New York: Bloomsbury)の邦訳である。出版 を廻る状況が 100 年記念時より悪化する中,研究者のそう多くない IWMA の,それも一
般向け文書集の邦訳は,類書が得難く,意義深い。
献辞,目次,凡例,エピグラフ,日本語版への序文,はしがき,序論,国際労働者協会(―宣言,決議,発言,文書),付録 インターナショナル(歌詞),監訳者あとがき参照文献(目録),索引,収録文書一覧から
成る。
収録文書は 80 点,内 32 点のマルクス,エンゲルス文書(邦訳頁で約 45%)以外は初邦訳と思われ[底本では 33 点が初英訳(xxiv)],訳者たちの貢献は大きい。第1部 創 立 宣言[1], 第 2 部 政 治 綱 領 [2, 3], 第 3 部 労 働[4–11], 第 4 部 労 働 組 合とストライキ[12–22],第 5 部 協同組合運動と信用[23–28],第 6 部 相続につい て[29–31],第 7 部 集団的所有と国家[32–42],第 8 部 教育[43–45],第 9 部 パリ・コミューン[46],第 10 部 国際主義と反戦[47–57],第 11 部 アイルランド問題[58–60], 第 12 部 ア メ リ カ に 関 し て[61–64],第 13 部 政治組織[65–80]の各部に時系列で配されている([ ]内は文書番号。文書は 1-1 と部 – 番号で示す)。収録には何倍もの文書の採否の検討と編集作業が不可欠で,その労を多とする。
日本語版への序文で編著者は本邦初の資料集であり,ねらいは新世代の日本の読者に,IWMA の 歴 史, 主 な 思 想, 業 績 を より完全な形で理解する新たな方法を提供する(xvii)と述べる。その方法とは監訳者あとがきが挙げる,①マルクスと IWMA の関係を一次資料に基づいて再構成する,②IWMA の全容を,マルクスだけでない様々な人物や団体の観点から多角的に明らかにすしさ」が証明されていく過程と見るのではな
く,論争の過程や国際的な労働運動の展開に即して見る(412–13)の 3 点であって,初る,③ IWMA での議論を,マルクスの「正邦訳の諸文書によって概ね実現されている。
序論は編著者による IWMA の解説であり,1)始まりの段階,2)うってつけの人材,3)協会員と組織の構造,4)インターナショナルの形成,5)勢力の拡大,6)相互主義者の敗北,7)ヨーロッパ全土への拡大と普仏戦争への反対,8)インターナショナルとパリ・コミューン,9)1871 年のロンドン協議会,10)インターナショナルの危機,11)マルクス対バクーニン,12)マルクス以降―「中央集権主義者」と「自治主義者」のインターナショナル,13)新しいインターナショナル,以上の 13 項に付録 国際労働者協会―年表と協会員数が続く。項立てと分量配分は適切で,上記の新たな方法,特に③との関わりで 12)及び付録の立項と内容に新味がある
序論中,2)は「マルクスの偉大な業績」(6)の記述であり,妥当な評価であろう。
とはいえ,創設の機縁となった集会で,マルクスは「「壇上のだんまり役として」列席しただけ」(7)とあるが,集会でのドイツ人労働者の演説者にエッカリウスを推薦し「1864 年 11 月 4 日付エンゲルス宛マルクス書簡」),演説内容も前夜に協議したとするのが通説(『第一インタナショナル史』刀江書院,1967 年,第 1 部第 1 巻[同書院編集部訳]54)で,かかるマルクス派内での役割分担をイギリス選挙法改正やアイルランド問題等でも示せば,より一般読者の興味を引き,理解も深まったであろう。
編著者は旧ソ連の研究に批判的である(8)。しかし,И. А Bах, И. Н. Толмач B. E. Кунина ред., Первый Интернационал, часть 1/2, Москва 1964/65 は上記邦訳が出るほど標準的であったし,資料収集と厖大な蓄積等でも侮り難いと看做されてきたと評者は見ていただけに,Marx-Engels-Jahrbuch各号の旧ソ連研究者の関連論文とも参照文献に欠くのは意外であった。
典拠でも,上記通説の論拠「1864 年 9 月26 日付マルクス宛エッカリウス書簡」所収 巻(Marx Engels Gesamtausgabe: MEGA2, III/12)同様,I/20-22 他で豊富化した新資料の利用がないのが残念である。例えば,4)インターナショナルの形成中,総評議会でのマルクスの講演『賃金,価格および利潤』を引用している(22)が,底本は,4-12[労働組合による闘争の必要 性と限界]同様,末娘エレナ編の 1898 年刊『価値,価格,利潤』で あ る。 だ が 講 演 原稿 はMEGA2, II/4.1 とI/20 に 2 度も収録され,これが最善の典拠である。(MEGA2 関係は邦訳で補足してもよかったろう。その際,表題中の「賃金」をエレナに倣い「価値」とするのみならず,「価格」か「物価」かの邦訳上の争点をも検討して欲しかった。)
マルクスの著作が IWMA に与えた影響も述べる必要 があった。特に『資本論』と『フランスにおける内乱』(『内乱』)で,前者の出版がローザンヌ大会後となった点はその普及史で必須である。後者が総評議会で「読まれると,満場一致で採択され,全評議員名で公刊されることになった」(47)としているが,当日は相変わらずオジャーやアップルガースが欠席で,『内乱』への連署が論議された 1871 年 6 月 20 日の会議では署名が拒否され,後者は IWMA との関係を絶つと述べ,両人とも退室したこと(The General Council of the First International 1870–1871 Minutes: GC, IV, 217–18)を記し 51 頁の『内乱』の箇所に続ければ,彼らが「敵対的な報道キャンペーンの圧力に屈し」た(51)だけでなく,イギリス労働組合の改良主義的性格を示す好例ともなし得たであろう。
共産主義者同盟から続く視点があれば,3)協会員と組織の構造中の,構成員に資本主義本来の賃金労働者が少なかった点(12)は,同盟も同様で,「自身の先行きを本能的に予見」した手工業職人が多数だったし(Marx Engels Werke: MEW, Bd.8, 581),10)のIWMA の「終幕」(70–71)も,分裂に陥った 1850 年 9 月 15 日の同盟中央指導部会議でケルンへの指導部移転を提案したのと全く同じ措置であった,と示せた。
9)1871 年のロンドン協議会の「最も重な決定は……ヴァイヤンの第 9 決議(組織の集権化等)の承認」(55)としている。直の自治主義者との分裂があるからだが,労農同盟を述べた第 8 決議も非常に重 で,一言欲しかった。
11)マルクス対バクーニンの項末で,編著者はバクーニン『鞭のドイツ帝国と社会革命』から「革命後の官僚制が退廃する危険性」の予見とみる引用を行い,「彼の批判的な洞察は 20 世紀のドラマのいくつかを先取りしている」と述べている(84)が,評者にはむしろ,彼のみならず,レーニンも目前にしていたツァーリの国家が透けて見えるようであった。
収録文書では,資料間の連繋が不十分な場合がある。1868 年のブリュッセル大会の労働時間短縮問題委員会報告 3-10[労働時間の短縮のために]では,※ 15 中に,2-2[ジュネーヴ大会(1866 年)の決議]で「労働日の制限」が採択済みなので,今回は委員会がそれに実践的な効果を与えようとしたことを明記し,両資料の関係を示すとよかった。ましてや編著者は「自由時間(disposable time)」論初出の『経済学批判要 綱』の研究書を有し,この視点から未来社会を具体的に展望すれば極めて有益であったろう。
各文書は,短縮のためか概要 の抜粋が多く,文書の文脈が不明だと理解困難なことがある。7-34[土地所有について](242)は抜粋 5 行だけ。※ 43 の注 3 行のみでは不十分で,MEW, Bd.16, 558–59 等の追記が必要だった。
文 書 の 採 否 で は, 例 え ば 4-13[ ス ト 破りに抗して]よりも同じマルクスに発するジュネーヴ大会採択の決議 2「労資の闘争における協会の仲介による国際協力」(GC [184-1866, I, 341)が優ったか。
翻訳についは,マルクス,エンゲルス文書の既訳が同じ版元の『全集』にある。用いなかった事情が示されるとよかった。これと関連して,例えば 7-38[バクーニンの政策に 対する批判]253 頁 17 行目からの段落などは既訳と対照すればより適切な訳文となったであろう(※ 47 の 6 行目の本文書収録書表題冒頭の「国際」は収録書・底本にはない。
編著者は著者にラファルグも加えるが協力者であろう)。
2-3[ブリュッセル大会(1868 年)の決議]の筆者がカール・マルクスとある([iv],127)が,底本は Various Authors である。審議経過からみて「資本家の手中にある機械の結果」,「労働時間の縮減」項以外はマルクスではなかろう。
biweekly を,『フォルクスシュタート』掲載文書 4-22 と 10-57 の※ 30 と※ 82 で「隔週紙」(202, 338)としている。同紙は 1869年 10 月 2 日創刊,当初週 2 回刊,1873 年7 月から週 3 回刊となる(『全集』33 巻文献目録 57)。熟れぬ表現だが前者は「週 3 回刊紙」,後者は「週 2 回刊紙」が適切である。編著者が twice a week 等と書かぬためだが,『ビーハイブ』紙を編著者が「序論」でbiweekly(1), ※ 57 で weekly(285) と するも,訳者が前者を「週刊紙」と匡している。編著者は同紙を引用するが(2),『フォルクスシュタート』同様直接当たらず,リャザーノフから孫引きした(4, ※ 1, 2)ためであろう。
「「市民戦争」として扱う」(34)は底本 “treat…’as a civil war'”なので,引用符を生かし,『内乱』に合わせ,「「内乱として」扱う」とした方がよい。
付録はポティエの仏語歌詞全文を「原文の意味通りに伝える」初めての邦訳(410)である。各国で「インターナショナル」の普及史研究が進む中,大変貴重 な試みである。
好著であり,一読をお勧めする。
(橋本直樹:鹿児島大学名誉教授)

Categories
Reviews

Virgínia Fontes, Le Monde Diplomatique Brasil

O sociólogo Marcello Musto, é um grande estudioso da obra de Marx e teve rara fineza ao definir a seleção para os três volumes que compõem O essencial de Marx e Engels. Entre os destaques está a coerência e a fidelidade à obra e trajetória de Marx e de Engels, aliadas à sensibilidade para a extração de textos que incidem, por exemplo, sobre a relação do Estado com as religiões (Estado teológico), a censura, o livre comércio, a brutalidade das colonizações capitalistas, o racismo, a desigualdade de gênero, a violência e a guerra. Temas dramáticos em nossos tempos.

O fio condutor da política, na obra de Marx, é a luta pela emancipação humana do jugo de um modo de produção histórico – o capital e o capitalismo – que expande as classes trabalhadoras por sucessivas expropriações, mas as subordina na extração de mais-valor e enreda no fetiche e na ideologia; que se apresenta como “natural e racional”; e que no século XIX avançava em direção a todos os quadrantes do planeta. Não há defesa de uma humanidade abstrata: a redução violenta da esmagadora maioria da população à mera condição de livres e necessitados vendedores de força de trabalho converte-se na universalidade da luta humana contra o capital, contra as burguesias, seu Estado e seus acólitos.

A política em Marx afasta-se determinadamente de uma “ciência política” liberal ordinária. Ela se explicita como ciência efetiva, como conhecimento das modalidades históricas do ser social sob o capital, das lutas sociais e de classe, das formas organizativas da classe trabalhadora em direção à revolução. Envolve uma crítica radical da “razão” burguesa em todas as suas manifestações. Contrapõe-se a uma suposta “política” ou um Estado neutros, fios condutores da dominação de classes, legitimação e cilada para enredar os subalternos.

A crítica de Marx desmente que o Estado possa ser a expressão da Razão (Hegel), pois é a forma política da dominação econômica. Em outros termos, não está acima e separado da sociedade civil, mas é seu fruto, assegurando o aprofundamento da exploração de classes que nela reina.

Não se deve enganar o leitor: assim como a crítica da economia política, a crítica efetiva do Estado exige compreender que as massas vivem sob sua dominação, mas que também agem, atuam, reivindicam e conquistam vitórias. É preciso desvendar cada uma dessas conquistas, valorizando-as, ao mesmo tempo em que se evidenciam seus limites reais. Explicitar as contradições é um ponto crucial.

Não bastam as belas e emocionadas palavras com que alguns denunciam o Estado; é preciso entender (e sentir) que estamos imersos num processo sócio-histórico (e metabólico) e que é sob essa dominação que transcorrem as lutas de classes. Não escolhemos o terreno da luta.

A política e as lutas não se limitam ao Estado nem a suas instituições. Precisam enfrentá-lo, mas atingindo todo o arcabouço da vida social, a começar pela propriedade do capital. A institucionalidade estatal está contida na análise, mas não é o centro. Este é o da revolução, o da superação do capital e de seu Estado. A clareza do alvo revolucionário envolve a explicitação da necessidade de processos organizativos, do enfrentamento cotidiano das múltiplas formas de produção da subalternidade e da construção/socialização de um conhecimento ao mesmo tempo teórico e prático dos – e para os – trabalhadores. A exigência é da luta e da organização políticas contra a política e o Estado.

O livro incorpora passagens polêmicas, por exemplo sobre a colonização britânica da Índia, permitindo sua contextualização. Acompanha aprendizados de Marx ao longo do tempo, como a relação com o campesinato e as exigências derivadas das conjunturas das lutas – da Comuna de Paris ao crescimento da luta eleitoral –, sempre com o agudo fio revolucionário.