Created: Thursday, 06 June 2019 17:49 | Rate this article
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Francisco Sobrino, review of Los Grundrisse de Karl Marx. Fundamentos de la crítica de la economía política. 150 años después, herramienta, June 2019.

 

Este libro, prologado por Eric Hobsbawm para la edición castellana, contiene una colección de ensayos sobre los manuscritos económicos de Marx durante el periodo 1857-1859, a los que se consideran como los primeros borradores de El capital.

Quienes  publicaron estos manuscritos por primera vez en 1939-1941 los llamaron Grundrisse. Lineamientos fundamentales para la crítica de la economía política 1857-1858. En la época en que Marx los elaboraba, los lectores sólo conocieron lo que sería la parte inicial o preliminar de su ambicioso trabajo, bajo el título de Contribución a la crítica de la economía política, que fue publicado en 1859. Este fragmento de sus estudios sería reelaborado por Marx después, al publicar el primer tomo de El capital.

Esta publicación colabora en la tarea de hacer llegar a los lectores hispano hablantes interesados en las actuales investigaciones del proyecto editorial, científico y crítico de la obra de Marx y Engels, conocido como “MEGA2” (Marx Engels Gesamtausgabe). Este proyecto, compuesto por estudiosos, comentaristas y especialistas, está encarando la edición crítica de toda la obra de Marx y Engels, en base al cuidadoso estudio de todos los manuscritos conservados en los archivos existentes, incluyendo borradores, resúmenes, comentarios y tachaduras, etcétera.

El cuerpo del texto consta de una introducción, a cargo del editor: “La crítica de la economía política en los primeros estudios de Marx”. A continuación, se divide en tres partes. La Parte I contiene interpretaciones críticas de los Grundrisse, e incluye los siguientes ensayos: “Historia, producción y método en la ‘Introducción’ de 1857” por el mismo Musto;  “El concepto de valor en la economía moderna: acerca de la relación entre dinero y capital en los Grundrisse”, por Joachim Bischoff y Christoph Lieber; “La concepción de Marx de la alienación en los Grundrisse”, por Terrell Carver; “El descubrimiento de la categoría de plusvalor”, por  Enrique Dussel; “El materialismo histórico en ´Formas que preceden a la producción capitalista’”, por Ellen Meiksins Wood; “Los Grundrisse de Marx y las contradicciones ecológicas del capitalismo”, por John Bellamy Foster; “Individuos emancipados en una sociedad emancipada: la sociedad post-capitalista esbozada por Marx en los Grundrisse”, por Iring Fetscher; y “Repensando El capital a la luz de los Grundrisse”, por Moshe Postone.

 La Parte II: “Marx en la época de los Grundrisse”, se dedica a analizar al contexto histórico y biográfico de Marx cuando los escribía, compuesta por los siguientes artículos: “La vida de Marx en la época de los Grundrisse: notas biográficas de 1857-1858”, por Marcello Musto; “La primera crisis económica mundial: Marx como periodista económico”, por Michael R. Krätke; y “Los ‘libros sobre las crisis’ de Marx de 1857-1858”, también por Michael R. Krätke.

La Parte III registra la difusión y la recepción de los Grundrisse en todo el mundo. Este método, ya utilizado eficazmente por Marcello Musto en su anterior libro Marx for Today (publicado en castellano en Buenos Aires con el título: De regreso a Marx: nuevas lecturas y vigencia en el mundo actual, Octubre, 2015), ayuda a los lectores a conocer su impacto en los diversos contextos nacionales y regionales, informando las principales ediciones, versiones y traducciones, así como a las obras más destacadas de comentaristas en los diferentes idiomas. Colaboran aquí 21 autores de una variedad de países y regiones.

Finalmente, un epílogo: “Después de los Grundrisse”, cierra el libro con el ensayo “La escritura de El capital: Génesis y estructura de la crítica de la economía política de Marx”, a cargo del editor. La presente edición, entonces, ofrece un panorama completo del principal proyecto intelectual de Marx, que era su crítica de la economía política. Como lo señala Hobsbawm, en los Grundrisse se refleja la obra de un “Marx maduro, crítico y creativo”. Bien puede afirmarse que con la recepción  de estos manuscritos de 1857-1858 comenzó el proceso de liberar al marxismo de la camisa de fuerza de la ortodoxia soviética, tanto adentro como afuera de los partidos comunistas, y creando la base para una apertura política e ideológica.

Un ejemplo de lo antedicho es la referencia a la conocida tesis que aparece en el “Prólogo” de la Contribución a la crítica de la economía política, publicada en 1859, o sea dos años después de que Marx escribiese la “Introducción” de los Grundrisse: “El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política e intelectual en general”, que Marcello Musto nos alerta que no debería ser interpretada en un sentido determinista, y que debería distinguirse claramente de la lectura estrecha y predecible del marxismo-leninismo, en la que “los fenómenos superestructurales de la sociedad son un mero reflejo de la existencia material de los seres humanos”. Y como prueba de ello nos muestra que cuando Marx citó esa afirmación, en una nota a la edición francesa de El capital de 1872-1875, prefirió utilizar el verbo dominer para traducir el alemán bedingen (traducido más usualmente como déterminer o conditionner). Con eso, Marx quiso evitar el riesgo de plantear una relación mecánica entre los dos aspectos.

Sin embargo, generalmente ha prevalecido la primera lectura, también difundida ampliamente por Stalin en su libro Materialismo dialéctico e histórico: “el mundo material representa la realidad objetiva…y la vida espiritual de la sociedad es un reflejo de dicha realidad objetiva”.

Musto finaliza el epílogo recordando una conversación de Marx con el periodista liberal estadounidense John Swinton, quien estaba “profundamente sorprendido por la vastedad de su conocimiento”, que fue publicada el 6 de septiembre de 1880 en la portada de The Sun. Cuando el periodista le preguntó: “La ley suprema del ser, ¿cuál es?”, luego de unos segundos, Marx “respondió, con un tono profundo y solemne: ¡la lucha!”