Karl Marx: Todavía indispensable para repensar la alternativa al capitalismo

El retorno a Marx tras la crisis económica de 2008 se ha caracterizado por el renovado interés en su crítica de la economía. Muchos autores, en diferentes periódicos, revistas, libros y volúmenes académicos, han subrayado lo indispensable que resulta el análisis de Marx para comprender las contradicciones y los mecanismos destructivos del capitalismo. Sin embargo, en los últimos años también se ha replanteado la figura de Marx como político y teórico.
La publicación de manuscritos hasta ahora desconocidos en la edición alemana MEGA[1], junto con interpretaciones innovadoras de su obra, han abierto nuevos horizontes de investigación y han demostrado -con mayor claridad que en el pasado su capacidad para examinar las contradicciones de la sociedad capitalista a escala mundial y en ámbitos que van más allá del conflicto entre el capital y el trabajo. No es exagerado decir que, de los grandes clásicos del pensamiento político, económico y filosófico, el perfil de Marx es el que más ha cambiado en las primeras décadas del siglo XXI.
Como es sabido, El Capital quedó inconcluso debido a la pobreza extrema en la que vivió Marx durante dos décadas y a su persistente mala salud relacionada con las preocupaciones cotidianas. Pero El Capital no fue el único proyecto que quedó incompleto. La despiadada autocrítica de Marx aumentó las dificultades de más de uno de sus proyectos destinados a ser publicados y el prolongado tiempo que dedicó a muchos de ellos se debió al extremo rigor al que sometió todo su pensamiento. Siendo joven, era conocido entre sus amigos de la universidad por su meticulosidad. Hay relatos que lo describen como alguien que se negaba a “escribir una frase si no era capaz de demostrarla de diez maneras diferentes”. Por eso, a pesar de ser el joven erudito más prolífico de la izquierda hegeliana, publicaba menos que los demás. La creencia de Marx de que su información era insuficiente y sus juicios inmaduros le impidió publicar escritos que quedaron en forma de esbozos o fragmentos. Pero también por eso sus notas son extremadamente útiles y deben considerarse parte integrante de su obra. Muchos de sus sempiternos trabajos tuvieron extraordinarias consecuencias teóricas para el futuro.
Esto no significa que sus textos incompletos tengan el mismo peso que los publicados. Hay que distinguir cinco tipos de escritos: las obras publicadas, sus manuscritos preparatorios, los artículos periodísticos, las cartas y los cuadernos de extractos. Pero también hay que hacer distinciones dentro de estas categorías. Algunos de los textos publicados de Marx no deben considerarse como su última palabra sobre los temas en cuestión. Por ejemplo, el Manifiesto del Partido Comunista fue considerado por Friedrich Engels y Marx como un documento histórico de su juventud y no como el texto definitivo en el que se exponían sus principales concepciones políticas. O hay que tener en cuenta que los escritos de propaganda política y los escritos científicos no suelen ser combinables. Este tipo de errores son muy frecuentes en la literatura secundaria sobre Marx. Por no hablar de la ausencia de la dimensión cronológica en muchas reconstrucciones de su pensamiento.
Los textos de la década de 1840 no pueden citarse indistintamente junto a los de las décadas de 1860 y 1870, ya que no tienen el mismo peso de conocimiento científico y experiencia política. Algunos manuscritos fueron escritos por Marx solo para él, mientras que otros eran verdaderos materiales preparatorios para libros que iban a ser publicados. Algunos fueron revisados y a menudo actualizados por Marx, mientras que otros fueron abandonados por él sin posibilidad de actualizarlos (en esta categoría está El Capital, volumen III). Algunos artículos periodísticos contienen consideraciones que pueden ser tomadas como la terminación de las obras de Marx. Otros, sin embargo, fueron escritos rápidamente con el fin de conseguir dinero para pagar el alquiler. Algunas cartas incluyen los auténticos puntos de vista de Marx sobre los temas tratados. Otras contienen solo una versión suavizada, porque estaban dirigidas a personas ajenas al círculo de Marx, con las que a veces era necesario expresarse diplomáticamente. Por último, están los más de 200 cuadernos que contienen resúmenes (y a veces comentarios) de todos los libros más importantes leídos por Marx durante el largo período que va de 1838 a 1882. Son esenciales para comprender la génesis de su teoría y de aquellos elementos que no pudo desarrollar como hubiera deseado.
Nuevos perfiles de un clásico que aún tiene mucho que decir
Investigaciones recientes han refutado los diversos enfoques que reducen la concepción de la sociedad comunista de Marx al desarrollo superior de las fuerzas productivas. En particular, se ha demostrado la importancia que concedió a la cuestión ecológica: en repetidas ocasiones, denunció que la expansión del modo de producción capitalista aumenta no solo el robo del trabajo de los trabajadores, sino también el saqueo de los recursos naturales. Otra cuestión que despertó el interés de Marx fue la migración. Demostró que el desplazamiento forzoso de la mano de obra generado por el capitalismo era un componente importante de la explotación burguesa y que la clave para combatirlo era la solidaridad de clase entre los trabajadores, independientemente de su origen o de cualquier distinción entre mano de obra local e importada.
Además, Marx investigó a fondo las sociedades fuera de Europa y se expresó sin ambigüedades contra los estragos del colonialismo. Todos estos elementos son demasiado obvios para cualquiera que haya leído a Marx, a pesar del escepticismo de moda hoy día en ciertos sectores académicos.
La primera clave relevante para entender la ampliación geográfica de la investigación de Marx durante la última década de su vida, radica en su plan de hacer un estudio más amplio de las dinámicas del modo de producción capitalista a escala mundial. Inglaterra había sido el principal campo de observación de El Capital, volumen I; tras su publicación, quiso ampliar las investigaciones socioeconómicas en los dos volúmenes de El Capital que quedaban por escribir. Por esta razón, en 1870 decidió aprender el idioma ruso y, a partir de entonces, pidió sin cesar libros y estadísticas sobre Rusia y los Estados Unidos de América. Creía que el análisis de las transformaciones económicas de estos países sería útil para comprender las posibles formas en que puede desarrollarse el capitalismo en diferentes períodos y contextos. Este elemento crucial se subestima en la literatura secundaria sobre el tema -hoy de moda- “Marx y el eurocentrismo”.
Otra pregunta clave en la investigación de Marx sobre las sociedades no europeas era si el capitalismo era un requisito necesario para el nacimiento de la sociedad comunista y hasta qué nivel tenía que desarrollarse internacionalmente. La concepción multilineal más acentuada que Marx asumió en sus últimos años le llevó a mirar con más atención las especificidades históricas y la desigualdad del desarrollo económico y político en los diferentes países y contextos sociales. Marx se volvió muy escéptico en cuanto a la transmisión de categorías interpretativas entre contextos históricos y geográficos completamente diferentes y, como escribió, también se dio cuenta de que “acontecimientos de sorprendente similitud, que tienen lugar en contextos históricos diferentes, conducen a resultados totalmente dispares”. Este enfoque hizo aún más difícil el ya accidentado intento de completar los volúmenes de El Capital y contribuyó a la lenta aceptación de que su obra principal quedaría incompleta. Pero ciertamente abrió nuevas esperanzas revolucionarias.
Marx profundizó en muchas otras cuestiones que, aunque a menudo se subestiman o incluso se ignoran, están adquiriendo una importancia crucial para la agenda política de nuestro tiempo. Entre ellas, la libertad individual en la esfera económica y política, la emancipación de género, la crítica del nacionalismo y las formas de propiedad colectiva no controladas por el Estado. Así, décadas después de la caída del Muro de Berlín, es posible leer a un Marx muy distinto al teórico dogmático, economicista y eurocéntrico que predominó durante tanto tiempo. Entre el enorme legado literario de Marx se pueden encontrar varias afirmaciones que sugieren que el desarrollo de las fuerzas productivas está llevando a la disolución del modo de producción capitalista. Pero sería un error atribuirle la idea de que la llegada del socialismo es una fatalidad histórica. De hecho, para Marx la posibilidad de transformar la sociedad dependía de la clase obrera y de su capacidad, a través de la lucha, de provocar estallidos sociales que condujeran al nacimiento de un sistema económico y político alternativo.
Alternativa al capitalismo
En toda Europa, América del Norte y muchas otras regiones del mundo, la inestabilidad económica y política es una característica persistente de la vida social contemporánea. La globalización, las crisis financieras, el incremento de las cuestiones ecológicas y la reciente pandemia mundial son solo algunos de los choques y problemas que producen las tensiones y contradicciones de nuestro tiempo. Por primera vez desde el final de la Guerra Fría existe un creciente consenso mundial sobre la necesidad de repensar la lógica organizativa dominante de la sociedad contemporánea y desarrollar nuevas soluciones económicas y políticas. A diferencia de equiparar el comunismo con la dictadura del proletariado, posición adoptada en la propaganda del “socialismo realmente existente”, es necesario volver a mirar las reflexiones de Marx sobre la sociedad comunista. En su momento la definió como “una asociación de individuos libres”. Si el comunismo pretende ser una forma superior de sociedad, debe promover las condiciones para “el pleno y libre desarrollo de cada individuo”. En El Capital, Marx reveló el carácter mendaz de la ideología burguesa. El capitalismo no es una organización de la sociedad en la que los seres humanos, protegidos por normas jurídicas imparciales capaces de garantizar la justicia y la equidad, disfruten de una verdadera libertad y vivan en una democracia consumada. En realidad, se les degrada hasta convertirlos en meros objetos, cuya función principal es producir mercancías y beneficios para otros. Para cambiar este estado de cosas, no basta con modificar la distribución de los bienes de consumo. Lo que se necesita es un cambio radical a nivel de los bienes productivos de la sociedad: “los productores sólo pueden ser libres cuando están en posesión de los medios de producción”. El modelo socialista que Marx tenía en mente no permitía un estado de pobreza generalizado, sino que buscaba la consecución de una mayor riqueza colectiva y una mayor satisfacción de las necesidades.

[1] MEGA, por sus siglas en aleman, se refiere a la edicion historico-critica de las obras completas de Carlos Marx y Federico Engels: Marx-Engels-Cesamtaus- gabe. El proyecto comprende todas sus publicaciones, manuscritos y borradores, asi como la correspondencia de los dos autores. Al respecto se puede consultar: https://espai-marx.net/?p=4022y https://mega.bbaw.de/de (N. del E.).

Published in:

Izquierda

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1 September, 2021

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