La escritura de El capital: génesis y estructura de la crítica de la economía política de Marx

Génesis y estructura de la crítica de la economía política de Marx

De los Grundrisse al análisis crítico de las teorías de la plusvalía
En el período 1857-1859 no hubo señal del tan anticipado movimiento revolucionario, que Marx suponía nacería de la mano de la crisis y, por ello, abandonó el proyecto de escribir un volumen en torno a la crisis de ese momento. Tampoco pudo terminar el trabajo con el que había estado luchando por muchos años, porque era consciente de encontrarse todavía muy lejos de una conceptualización definitiva de los problemas analizados en el manuscrito. Por lo tanto, los Grundrisse se quedaron simplemente como un esbozo, del que (después de haber elaborado con cuidado el ‘Capítulo sobre el dinero’) publicó en 1859 un libro corto sin resonancia pública, la Contribución a la crítica de la economía política. Pensado como la primera entrega de su trabajo planeado, este texto incluía un primer capítulo corto, ‘La mercancía’, distinguiendo entre valor de uso y valor de cambio, así como un segundo capítulo más largo, ‘El dinero o la circulación simple’, que se refiere a teorías del dinero como unidad de medida. Marx informó en el prólogo que estos dos capítulos, junto con un tercero, ‘el capital en general’, constituían la primera sección del primer libro de un plan general de seis: ‘Consideraré el sistema de la economía burguesa en la siguiente secuencia: el capital, la propiedad de la tierra, el trabajo asalariado; el Estado, el comercio exterior, el mercado mundial’ (Marx [1859] 2000: 3).

Tras un intenso período de conflictos políticos, durante el cual Marx escribe Herr Vogt (1860), y después de muchas dificultades económicas y de salud, que volvieron a atormentarlo, en agosto de 1861 Marx se dedicó de nuevo a la crítica de la economía política. Reanudó su trabajo con tal intensidad que para junio de 1863 ya había redactado 23 voluminosos cuadernos de apuntes dedicados a la transformación del dinero en capital, al capital comercial y, sobre todo, a las diferentes teorías con las que los economistas habían tratado de explicar la plusvalía (1). Su objetivo era completar la Contribución a la crítica de la economía política.

Los planes de Marx no habían cambiado dos años después: todavía tenía la intención de escribir seis libros, cada uno dedicado a una de las cuestiones que había enumerado en 1859 (2). Sin embargo, entre el verano de 1861 y marzo de 1862, Marx trabajó en un nuevo capítulo, ‘El capital en general’, que tenía la intención de incluir como un tercer capítulo en su plan de publicación. En el manuscrito preparatorio, que hacía parte de los primeros cinco de los veintitrés cuadernos compilados a finales de 1863, se concentró en el proceso de producción del capital y, más específicamente, en: 1) la transformación del dinero en capital; 2) plusvalía absoluta; y 3) plusvalía relativa (3). Algunas de estas cuestiones, ya tratadas en los Grundrisse, fueron ahora presentadas con una riqueza y precisión analíticas mayores.

Un alivio momentáneo de los enormes problemas económicos que lo acosaron durante años le permitió a Marx dedicar más tiempo y hacer avances teóricos significativos. A finales de octubre de 1861 le escribió a Engels que «las circunstancias se han aclarado finalmente, así que he puesto de nuevo al menos un suelo fijo bajo los pies». Su trabajo con el New-York Tribune le aseguraba «dos libras a la semana» (Marx a Engels, 30 de octubre de 1861, Marx and Engels 1985a: 323). También había finalizado un acuerdo con Die Presse, el diario vienés de tendencias liberales, que con sus 30.000 suscriptores era el más difundido de los diarios austriacos, además de uno de los más populares en alemán. Durante el último año había «empeñado todo lo que no estaba clavado al piso» y lo difícil de la situación había deprimido seriamente a su esposa. Pero, ahora, el doble compromiso prometía ponerle fin a «la agobiante situación que llevaba su familia», permitiéndole «completar su libro».
Sin embargo, en diciembre le contó a Engels que se había visto forzado a dejar pagarés con el carnicero y el tendero, y que su deuda con varios acreedores alcanzaba las 100 libras (Marx a Engels, 9 de diciembre de 1861, Marx and Engels 1985a: 332). Por todas estas preocupaciones, su investigación procedía muy lentamente: «En estas circunstancias era efectivamente imposible completar rápidamente dichos asuntos teóricos». Pero le avisa a Engels que «[la cosa] se hace mucho más popular y el método esta mucho menos oculto en comparación con el primero» (Ibid.: 333).
Con este dramático trasfondo Marx intentó pedir dinero prestado a su madre, así como a otros familiares y al poeta Carl Siebel [1836-1868]. En una carta a Engels a finales de diciembre le explicó que estos eran intentos de evitar estar molestándolo constantemente; en cualquier caso, todos resultaron improductivos. Y el acuerdo con Die Presse tampoco estaba funcionando, pues estos estaban imprimiendo (y pagando por) la mitad de los artículos que Marx les enviaba. Como respuesta a los buenos deseos de año nuevo de su amigo, le confesó que, si el nuevo llegase a ser como el anterior, «preferiría irse al infierno» (Marx a Engels, 27 de diciembre de 1861, Marx and Engels 1985a: 337-338).

Las cosas tomaron un rumbo incluso peor cuando el New-York Tribune, enfrentando limitaciones financieras asociadas con la Guerra Civil, tuvo que reducir el número de sus corresponsales extranjeros. El último artículo de Marx para el periódico se publicó el 10 de marzo de 1862. De ahí en adelante, tuvo que arreglárselas sin lo que había sido su principal fuente de ingreso desde el verano de 1851. Este mismo mes, el propietario de la casa, amenazando con enviar a un oficial judicial, les dio un ultimátum para el pago de la renta atrasada, por lo cual la familia Marx tuvo que recurrir nuevamente a la oficina de préstamos para evitar ser «citados todos a juicio, sin distinción» (Marx a Engels, 3 de marzo de 1862, Marx and Engels 1985a: 344). Él mismo afirmó que «no vale la pena llevar una vida así de asquerosa» y se vio obligado a retrasar sus estudios económicos. Algunos días después añadió: «No puedo avanzar con mi libro ordenadamente, pues el trabajo se ve interrumpido o incluso suspendido, a menudo durante semanas enteras, por las contrariedades domésticas» (Marx a Engels, 15 de marzo de 1862, Marx and Engels 1985a: 352).
Durante este periodo, Marx se abocó a una nueva área de investigación: Teorías de la plusvalía (4). Se había planeado que esta fuera la quinta (5) y última parte del extenso tercer capítulo sobre el ‘Capital en general’. A lo largo de 10 cuadernos, Marx diseccionó minuciosamente la manera en la que los principales economistas habían lidiado con la cuestión de la plusvalía; su idea básica era que: «Todos los economistas incurren en la misma falta: en vez de considerar la plusvalía puramente en cuanto tal, la consideran a través de las formas específicas de la ganancia y la renta de la tierra» (Marx 1980a: 33).

En el cuaderno VI, Marx comienza con una crítica de los fisiócratas. Primero que todo, los reconoce como «los verdaderos padres de la economía moderna» (Marx 1980a: 37), pues fueron ellos los que sentaron «las bases para el análisis de la producción capitalista», (Marx 1980a: 38) y buscaron el origen no en «la esfera de la circulación» (en la productividad del dinero, como pensaban los mercantilistas), si no en «la esfera de la producción». Entendieron «la tesis de que sólo es productivo el trabajo que arroja una plusvalía» (Marx 1980a: 38). Por otra parte, al estar incorrectamente convencidos de que «el trabajo agrícola es el único trabajo productivo» (Marx 1980a: 39) consideraban que «la renta de la tierra [es] la única forma de plusvalía que […] existe» (Marx 1980a: 39). Limitaron su análisis a la idea de que la productividad de la tierra le permitía al hombre producir lo que «alcanzara solamente para permitirle a él subsistir» (Marx 1980a: 41). De acuerdo con esta teoría, entonces, la plusvalía aparece como un «don natural» (Marx 1980a: 41).
En la segunda parte del cuaderno VI, en la mayoría de los cuadernos VII, VIII y IX, Marx se concentró en Adam Smith. Este no compartía la falsa idea de los fisiócratas de que «el creador de plusvalía es solamente un determinado tipo de trabajo real, el trabajo agrícola» (Marx 1980a: 76). De hecho, uno de los méritos más grandes de Smith, a ojos de Marx, es haber entendido que, en el proceso del trabajo específico de la sociedad burguesa, «una parte del trabajo vivo es apropiada gratuitamente, sin retribución alguna» (Marx 1980a: 72) por parte del capitalista; o, de nuevo, que «se cambia (desde el punto de vista del trabajador) más trabajo por menos trabajo y (desde el punto de vista del capitalista) menos trabajo por más» (Marx 1980a: 78). La limitación de Smith, sin embargo, fue su incapacidad de distinguir «la plusvalía en cuanto tal […] de las formas específicas que reviste en la ganancia y en la renta del suelo» (Marx 1980a: 73). Este calculó la plusvalía, no en relación con la parte del capital de la que proviene, sino como «un remanente sobre el valor global del capital desembolsado» (Marx 1980a: 79s.) incluyendo la parte que el capitalista gasta para comprar materia prima.
Marx puso muchas de estas reflexiones por escrito durante una estadía de tres semanas con Engels, en Manchester, en abril de 1862. A su retorno, le contó a Lassalle:
En lo que respecta a mi libro, no estará listo antes de dos meses. Durante los últimos años, para no morir de hambre, he tenido que hacer los más desagradables oficios, y, a menudo durante meses enteros, no he podido escribir línea alguna sobre la ‘cosa’. Y a esto se ha de sumar esa peculiaridad mía de que cuando tengo frente a mí algo que escribí cuatro semanas atrás, lo encuentro insuficiente y debo reescribirlo por completo. (Marx a Lassalle, 28 de abril de 1862, Marx and Engels 1985a: 356)

Marx reanudó el trabajo obstinadamente y extendió su investigación, hasta principios de junio, a otros economistas tales como Germain Garnier [1754-1821] y Charles Ganilh [1758-1836]. Se concentró entonces más profundamente en la pregunta por el trabajo productivo e improductivo, enfatizando de nuevo particularmente en Smith, quien, a pesar de una falta de claridad en algunos respectos, había planteado la distinción entre estos conceptos. Desde el punto de vista del capitalista, el trabajo productivo
Es el trabajo asalariado, que, al ser cambiado por la parte variable del capital (la parte del capital invertido en salarios) no solo reproduce esta parte del capital (o el valor de su propia fuerza de trabajo), sino que produce, además, una plusvalía para el capitalista. Solamente así se convierte la mercancía o el dinero en capital, produce como capital. Solamente es productivo el trabajo asalariado que produce capital. (Marx 1980a: 137)

El trabajo improductivo, por otra parte, es «el trabajo que no se cambia por capital, sino que se cambia directamente por un ingreso, es decir, por el salario o la ganancia» (Marx 1980a: 141). De acuerdo con Smith, la actividad de los soberanos (y de los oficiales legales y militares que los rodeaban) no producía valor, y en este sentido era comparable a los oficios de los sirvientes domésticos. Éste, señaló Marx,
es el lenguaje de una burguesía todavía revolucionaria, que aún no ha sometido [a su férula] a toda la sociedad, al Estado, etc. Estas ocupaciones trascendentales y venerandas, como las de soberano, juez, oficial, sacerdote, etc., y la totalidad de los viejos estamentos ideológicos de los que salen los eruditos, los profesores y los curas, aparecen económicamente equiparados al enjambre de sus propios lacayos y bufones, sostenidos por ellos y la riqueza ociosa, por la nobleza de la tierra y los capitalistas ociosos. (Marx 1980a: 278)
En el cuaderno X, Marx se volcó a un análisis riguroso del Tableau économique de François Quesnay [1694-1774] (Marx a Engels, 18 de junio de 1862, Marx and Engels 1985a: 381), al que alabó enormemente, describiéndolo como «una idea verdaderamente genial, sin disputa la idea más genial que a la economía política se le puede reconocer, hasta ahora» (Marx 1980a: 317).
Mientras tanto, las circunstancias económicas de Marx seguían siendo desesperadas. A mediados de junio le escribió a Engels: «Mi esposa me dice todos los días que desearía estar ya en la tumba con los niños, y en realidad no puedo tomárselo a mal, pues las humillaciones, tormentos y espantos que se sufren en esta situación son en efecto indescriptibles» (Marx a Engels, 18 de junio de 1862, Marx and Engels 1985a: 381). Ya en abril la familia había tenido que empeñar de nuevo todas sus posesiones que apenas poco antes había reclamado de la casa de empeño. La situación era tan extrema que Jenny se decidió a vender algunos de los libros de la biblioteca personal de su esposo, aunque no pudo encontrar a nadie que quisiera comprarlos.
A pesar de todo, Marx consiguió «trabajar duro» y le compartió una nota de satisfacción a Engels a mediados de junio: «extrañamente, mi materia gris anda mejor bajo toda esta miseria que lo que lo ha hecho por muchos años» (Marx a Engels, 18 de junio de 1862, Marx and Engels 1985a: 380). Continuando con su investigación, compiló los cuadernos XI, XII y XIII a lo largo del verano; se concentraban en la teoría de la renta, que había decidido incluir como un «capítulo extra» (Marx a Engels, 2 de agosto de 1862, Marx and Engels 1985a: 394) del texto que estaba preparando para publicación. Marx examinó críticamente las ideas de Rodbertus [1805-1875], y luego se dedicó a un análisis extenso de las doctrinas de David Ricardo [1772-1823] (6). Negando la existencia de la renta absoluta, Ricardo había abierto un lugar tan solo a la renta diferencial relacionada con la fertilidad y la ubicación de la tierra. En esta teoría, la renta era un exceso: no podía ser nada más. Para Marx, Ricardo no podría haber afirmado lo contrario, pues esto hubiera contradicho su «concepto del valor [como] siendo igual a cierta cantidad de tiempo de trabajo»; hubiera tenido que admitir que no es el tiempo de trabajo, sino algo diferente, lo que determina el valor (Marx 1980b: 111) y que el producto agrícola era vendido constantemente por encima de su precio de costo, que calculaba como la suma del capital adelantado y la ganancia promedio (Marx a Engels, 2 de agosto de 1862, Marx and Engels 1985a: 396). La concepción de Marx de la renta absoluta, por el contrario, estipulaba que «bajo ciertas circunstancias históricas […] los precios de las materias primas se ven encarecidos por la propiedad sobre la tierra» (Marx a Engels, 2 de agosto de 1862, Marx and Engels 1985a: 398).
En la misma carta a Engels Marx escribió que era «un verdadero milagro» que «hubiera sido capaz de avanzar tanto con [su] trabajo teórico» (ibid.: 394). El propietario de la casa había amenazado de nuevo con enviar a los oficiales, mientras que algunos comerciantes a los que les adeudaba hablaban de retenerle las provisiones y tomar acción legal en su contra. Una vez más se había dirigido a Engels por ayuda, confiándole que si no hubiera sido por su esposa e hijos hubiera «preferido mudar[se] a un cuarto en un albergue para indigentes que estar apretando [el bolsillo de Engels] constantemente» (Marx a Engels, 7 de agosto de 1862, Marx and Engels 1985a: 399). En septiembre, Marx le escribió a Engels que era posible que el siguiente año tomara un trabajo en «una empresa ferroviaria inglesa» (Marx a Engels, 10 de septiembre de 1862, Marx and Engels 1985a: 417). En diciembre le repitió a Ludwig Kugelmann [1828-1902] que las cosas se habían puesto tan desesperadas que había «decidido convertirse en un [hombre] ‘práctico’», pero su postulación fue rechazada; le fue comunicado que, debido a su mala letra, no podía ocupar ese puesto. Al recibir la noticia, Marx comentó, con su típico sarcasmo: «¿He de llamarla mala o buena suerte?» (Marx a Kugelmann, 28 de diciembre de 1862, Marx and Engels 1985a: 436).
Mientras tanto, a principios de noviembre le había confiado a Ferdinand Lassalle [1825-1864] que se había visto forzado a suspender el trabajo «alrededor de 6 semanas», y que estaba «avanzando […] con interrupciones». «Sin embargo», añadió, «se llevará a término por completo» (Marx a Lassalle, 7 de noviembre de 1862, Marx and Engels 1985a: 426). Durante este tiempo, Marx llenó otros dos cuadernos, XIV y XV, con un análisis crítico extenso de varios teóricos económicos. Mostró en ellos que Thomas Robert Malthus [1766-1834], para quien la plusvalía provenía de «que el vendedor vende la mercancía en más de lo que vale», representaba un retorno al pasado en la economía teórica, pues derivaba la ganancia del intercambio de mercancías (Marx 1980c: 13). Acusó también a James Mill [1773 -1836] de malinterpretar las categorías de plusvalía y ganancia; señaló la confusión producida por Samuel Bailey [1791-1870] al no distinguir entre la medida inmanente del valor y el valor de la mercancía; y argumentó que John Stuart Mill [1806-1873] no se dio cuenta de que «la tasa de plusvalía y la tasa de ganancia» eran dos cantidades diferentes (Marx 1980c: 172) la última determinada no solo por el nivel de los salarios, sino también por otras causas que no se pueden atribuir directamente a ella.

Marx prestó también atención especial a varios economistas que se oponían a la teoría de Ricardo, como el socialista Thomas Hodgskin [1787-1869]. Finalmente, se dedicó al texto anónimo Revenue and Its sources [El ingreso y sus fuentes] (en su opinión, un ejemplo perfecto de «economía vulgar» que traducía en un lenguaje «doctrinario», pero «apologético», «el punto de vista de la clase dominante, del capitalista») (Marx 1980c: 403). Con el estudio de este libro, Marx concluyó su análisis de las teorías de la plusvalía que llevaron a cabo los principales economistas del pasado, y comenzó a examinar el capital comercial, o el capital que no crea plusvalía, sino que la distribuye (7). Su polémica en contra del «capital a interés» podría «posar como socialismo», pero Marx no tenía tiempo para este «ánimo reformista» que no «enfrentaba la producción capitalista real», sino que «atacaba apenas una de sus consecuencias». Para Marx, por el contrario:
La total cosificación, inversión y el absurdo del capital como capital a interés —en el que, sin embargo, no hace más que manifestarse bajo su forma más tangible la naturaleza interior de la producción capitalista, el absurdo de esta— es el capital que rinde compounded interest [interés compuesto] y que aparece como un Moloch reclamando el mundo entero como víctima sacrificada en sus altares, pero que, impulsado por una misteriosa fatalidad, no logra nunca satisfacer, sino que ve siempre contrarrestadas sus justas aspiraciones, nacidas de su propia naturaleza. (Marx 1980c: 406)
Marx continuó, en la misma línea:
Es, por tanto, el interés, y no la ganancia, lo que aparece, así, en cuanto tal, [y, por lo tanto, se lo toma] como el ingreso creado por el capital e inherente [a él]. Bajo esta forma es, pues, como los economistas vulgares lo conciben también. En esta forma se esfuma toda mediación y se redondea y se culmina la forma fetichista del capital, como la representación del capital-fetiche. Esta forma surge necesariamente cuando se desglosa la propiedad jurídica del capital de su propiedad económica y la propiedad y la apropiación de una parte de la ganancia afluye, bajo el nombre de interés, a un capital en sí o al propietario de [un] capital totalmente desglosado del proceso de producción.
Para el economista vulgar, que pretende prestar el capital como fuente independiente de valor, de creación de valor, esta forma [representa], naturalmente, una [manera de] devorar que se ha descubierto, una forma en que la fuente de la ganancia es irreconocible y el resultado del proceso capitalista cobra existencia independiente, al margen de este proceso. En D-M-D´ aparece todavía [una] mediación. En D-D´ tenemos la forma carente de concepto del capital, la inversión y cosificación de la relación de producción elevada a su máxima potencia. (Marx 1980c: 410)

Después de los estudios sobre el capital comercial, Marx se ocupó de lo que puede considerarse la tercera fase de los manuscritos económicos de 1861-1863. Esto comenzó en diciembre de 1862, con la sección ‘Capital y ganancia’ en el cuaderno XVI que Marx señaló como el «tercer capítulo» (Marx 1980d: 1598-1675). Aquí planteó un esquema de la distinción entre plusvalía y ganancia. En el cuaderno XVII, también compilado en diciembre, volvió a la pregunta por el capital comercial (siguiendo las reflexiones del cuaderno XV (Ibid.:1682-1773) y al flujo de dinero en la reproducción capitalista. A final de año, Marx le envió un reporte del progreso a Kugelmann, informándolo de que la «segunda parte», o la «continuación de la primera entrega», un manuscrito que equivalía a «alrededor de 30 páginas impresas», estaba «finalmente completo». Cuatro años después del primer esquema en la Contribución a la crítica de la economía política, Marx revisaba ahora la estructura de su trabajo proyectado. Le contó a Kugelmann que se había decidido por un nuevo título, usando El capital por primera vez, y que el nombre con el que había trabajado en 1859 iba a ser apenas el «subtítulo» (Marx a Kugelmann, 28 de diciembre de 1862, Marx and Engels 1985a: 435). Más allá de esto, seguía trabajo de acuerdo con el plan original: lo que se proponía escribir era lo que sería «el tercer capítulo de la primera parte, o sea el capital en general» (8). El volumen, en las etapas finales de su preparación, incluiría «lo que los ingleses llaman ‘los principios de la economía política’». Junto a lo que ya había escrito en la entrega de 1859, habría de constituir la «quintaesencia» de su teoría económica. Sobre la base de los elementos que se preparaba para publicar, le contó a Kugelmann, otros podrían fácilmente desarrollar una continuación «(con la excepción, tal vez, de la relación entre las diferentes formas de Estado y las varias estructuras económicas de la sociedad)». Marx pensó que sería capaz de producir una «copia limpia» (Marx a Kugelmann, 28 de diciembre de 1862, Marx and Engels 1985a: 435) (9) del manuscrito en el año nuevo, tras lo cual planeaba llevarlo a Alemania en persona. Luego, tenía pensado «concluir la presentación del capital, competencia y crédito». En la misma carta a Kugelmann comparó los estilos de escritura del texto publicado en 1859 y del trabajo que estaba preparando entonces: «En el primer cuaderno, en todo caso, el método de presentación era muy poco popular. Esto tenía que ver en parte con la naturaleza abstracta del tema […] Esta parte es más fácil de entender porque se ocupa de relaciones más concretas». Para explicar la diferencia, casi como forma de justificación, añadió:

Los intentos científicos de revolucionar una ciencia nunca pueden ser realmente populares. Pero cuando se ha establecido una base científica, la popularización se vuelve más fácil. Si los tiempos se vuelven más turbulentos, uno sería tal vez capaz de elegir los colores y tintes que ofrecería una presentación popular de estos objetos de estudio. (Marx a Kugelmann, 28 de diciembre de 1862, Marx and Engels 1985a: 436)
Un par de días después, al inicio del nuevo año, Marx enumeró con mayor detalle las partes que habrían constituido su trabajo. En un esquema en el cuaderno XVIII indicó que la ‘primera sección [Abschnitt]’, ‘El proceso de producción del capital’, sería dividida de la siguiente manera:
1) Introducción. La mercancía. El dinero.
2) Conversión del dinero en capital
3) La plusvalía absoluta. […]
4) La plusvalía relativa […]
5) Combinación de plusvalía absoluta y relativa. […]
6) Retroconversión de la plusvalía en capital. […]
7) Resultado del proceso de producción. […]
8) Teorías sobre la plusvalía. […]
9) Teorías sobre el trabajo productivo e improductivo.
(Marx 1980a: 383)
Marx no se limitó a la ‘primera sección’, sino que esbozó un esquema de lo que habría de ser la ‘tercera sección’ de su trabajo: ‘Capital y ganancia’. Esta parte, que ya indicaba algunas cuestiones que habrían de estar en El capital, Libro III, se dividía de la siguiente manera:
1) Conversión de la plusvalía en ganancia. La tasa de ganancia, a diferencia de la tasa de plusvalía.
2) Conversión de la ganancia en ganancia media. […]
3) Teorías de A[dam] Smith y Ricardo sobre la ganancia y los precios de producción.
4) Renta. […]
5) Historia de la llamada ley ricardiana de la renta.
6) Ley del descenso de la tasa de ganancia. […]
7) Teorías sobre la ganancia. […]
8) Desdoblamiento de la ganancia en ganancia industrial e interés. […]
9) El ingreso y sus fuentes […]
10) Movimientos de reflujo del dinero en el proceso total de la producción capitalista.
11) La economía vulgar.
12) Conclusión. Capital y trabajo asalariado.
(Marx 1980a: 383-384) (10)

En el cuaderno XVIII, compuesto en enero de 1863, Marx continuó sus análisis del capital mercantil. Haciendo un sobrevuelo por el pensamiento de George Ramsey [1855-1935], Antoine-Elisée Cherbuliez [1797-1869] y Richard Jones [1790-1855], incluyó algunas adiciones al estudio de cómo habían explicado la plusvalía distintos economistas.
Las dificultades financieras de Marx persistieron durante este periodo y de hecho empeoraron a principios de 1863. Le escribió a Engels que sus «intentos de recaudar dinero en Francia y Alemania han fracasado», que nadie le proveería comida a crédito, y que «los niños no tenían ni ropa ni zapatos para salir» (Marx a Engels, 8 de enero de 1863, Marx and Engels 1985a: 442). Dos semanas después estaba al borde del abismo. En otra carta a Engels le confió que le había propuesto a su compañera de vida lo que ahora se veía como inevitable:
Mis dos hijas mayores van a recibir empleo como institutrices para la familia Cunningham. Lenchen entrará en servicio en otro lugar, y yo, junto a mi esposa y la pequeña Tussy, iremos a vivir en el mismo albergue en donde el rojo Wolff vivió con su familia. (Marx a Engels, 13 de enero de 1863, Marx and Engels 1985a: 445).
Al mismo tiempo habían aparecido nuevos problemas de salud. En las dos primeras semanas de febrero, a Marx se le «prohibió estrictamente leer, escribir y fumar». Sufría de «una especie de inflamación del ojo, combinada con afecciones muy molestas de los nervios de la cabeza». Pudo retornar a sus libros solo a mediados del mes, cuando le confesó a Engels que durante los largos días de inactividad había estado tan alarmado que «se dejó llevar por toda clase de fantasías psicológicas de lo que se sentiría estar ciego o loco» (Marx a Engels, 13 de febrero de 1863, Marx and Engels 1985a: 453). Tan sólo una semana después, habiéndose recuperado de los problemas visuales, desarrolló un nuevo desorden hepático que estaría destinado a molestarlo por mucho tiempo. Dado que el doctor Allen, su médico regular, le hubiera impuesto un «ciclo completo de tratamiento», Marx le pidió a Engels que le pidiera al doctor Eduard Gumpert (11) la recomendación de un «remedio casero» (Marx a Engels, 21 de febrero de 1863, Marx and Engels 1985a: 460) más simple.
En este periodo, aparte de momentos breves en los que estudió maquinarias, Marx tuvo que suspender sus exhaustivos estudios económicos. Sin embargo, en marzo se decidió a «recuperar el tiempo perdido trabajando duro’ (Marx a Engels, 24 de marzo de 1863, Marx and Engels 1985a: 461). Compiló dos cuadernos, XX y XXI, que se ocupaban de la acumulación, la subsunción real y normal del trabajo al capital, y la productividad del capital y el trabajo. Sus argumentos se correlacionaban con el tema fundamental de su investigación en ese tiempo: la plusvalía.
A finales de mayo le escribió a Engels que en las semanas previas había estado estudiando también la cuestión polaca (12) en el Museo Británico: «Lo que hice fue, por un parte, llenar mis vacíos (diplomáticos e históricos) sobre el asunto ruso-prusiano-polaco, y, por otra, leer y sacar extractos de toda clase de literatura en torno a la parte que he trabajado sobre la economía política» (Marx a Engels, 29 de mayo de 1863, Marx and Engels 1985a: 474). Estas notas de trabajo, escritas entre mayo y junio, fueron incluidas en ocho cuadernos adicionales, A a H, que contienen cientos de páginas más resumiendo los estudios económicos de los siglos XVIII y XIX (13). Marx informó también a Engels que, sintiéndose «relativamente capaz de trabajar», estaba determinado a «quitarse el peso de encima» y por tanto tenía la intención de «pasar a limpio la economía política para la imprenta (y darle una retocada final)». Sin embargo, todavía sufría de un «hígado muy inflamado» (Marx a Engels, 29 de mayo de 1863, Marx and Engels 1985a: 474), y a mediados de junio, a pesar de haber «tragado azufre», no estaba «del todo bien» (Marx a Engels, 12 de junio de 1863, Marx and Engels 1985a: 479).
En todo caso, volvió al Museo Británico, y a mediados de junio le reportó a Engels que estaba de nuevo pasando «diez horas al día trabajando en economía». Estos eran precisamente los días en los que, analizando la reconversión de la plusvalía en capital, Marx preparó en el cuaderno XXII una revaloración del Tableau économique de Quesnay (Marx a Engels, 6 de julio de 1863, Marx and Engels 1985a: 485). Luego, compiló el último cuaderno en la serie que había comenzado en 1861 (el número XXIII), que consistía principalmente en notas y anotaciones suplementarias.
Al final de estos dos años de trabajo duro, y siguiendo un reexamen crítico de los principales teóricos de la economía política, Marx estaba más determinado que nunca a completar el trabajo más importante de su vida. Aunque no había solucionado definitivamente muchos de los problemas conceptuales y expositivos, su compleción de la parte histórica lo conminaba ahora a retornar a las preguntas teóricas.

La escritura de los tres volúmenes de El capital
Marx apretó los dientes y se embarcó en una nueva fase de sus labores. A partir del verano de 1963 comenzó la composición real de lo que habría de convertirse en su magnum opus (14). Hasta diciembre de 1865, se dedicó a ampliar las varias partes en las cuales había subdividido su escrito. Durante este período les dio forma, en ese orden: al primer borrador del Libro I; al manuscrito principal del Libro III, en el cual se encuentra la única exposición completa hecha por Marx sobre el proceso de la producción capitalista (Marx 2015); y a la versión inicial del Libro II, la cual contiene la primera representación general del proceso de circulación del capital. En lo que concierne al plan de seis libros que había indicado en 1859 en el prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política, incluyó un número de cuestiones relacionadas con la renta y los salarios que iban a ser tratados originariamente en los libros 2 y 3 de ese plan general inicial. A mediados de agosto de 1863, Marx actualizó a Engels acerca de los pasos a seguir:
Con respecto a mi trabajo (el manuscrito para la imprenta), en un sentido va bien. En la última reelaboración, las cosas adoptan una forma llevaderamente popular, me parece […]. Por otra parte, a pesar de que escribo el día entero, no avanza tan rápidamente como lo quisiera, mi propia impaciencia, que ha sido puesta a la prueba de la paciencia por tanto tiempo. En todo caso, se vuelve 100% más fácil de entender que el No. 1 (15). (Marx a Engels, 15 de agosto de 1863, Marx a Engels 1985a: 488).
Marx continuó el ritmo furioso a lo largo del otoño, concentrándose en la escritura del Libro I. Sin embargo, su salud se deterioró rápidamente como resultado, y noviembre vio la aparición de lo que su esposa llamó la «terrible enfermedad» contra la cual él pelearía por muchos años de su vida. Se trataba de un caso de carbuncos (16), una horrible infección que se manifestaba en abscesos y en serios y debilitantes forúnculos en varias partes del cuerpo. Debido a una profunda úlcera que le siguió a un gran carbunco, Marx tuvo que someterse a una operación, y «su vida estuvo en riesgo por un buen tiempo». De acuerdo con la narración posterior de su esposa, la condición crítica duró «cuatro semanas» y le causó a Marx dolores severos y constantes, junto a «preocupaciones atormentadoras y todo tipo de sufrimiento mental», pues la situación financiera de la familia la mantenía «al borde del abismo» (Enzensberger 1999: 227). A principios de diciembre, cuando estaba en camino a la recuperación, Marx le contó a Engels que «había tenido un pie en la tumba’ (Marx a Engels, 2 de diciembre de 1863, Marx and Engels 1985a: 495), y dos días después que su condición física le sonaba como una «buena trama para una novela». De frente, parecía un hombre que «regalaba a su hombre interior con Porto, Bourdeaux, Stout, y cantidades enormes de carne. […]. Pero por detrás en su espalda, el hombre exterior, un maldito carbunco» (Marx a Engels, 4 de diciembre de 1863, Marx and Engels 1985a: 497).
En este contexto, la muerte de la madre de Marx lo obligó a viajar a Alemania para organizar la herencia. Su condición se deterioró de nuevo durante el viaje, y cuando estaba de vuelta tuvo que parar por un par de meses en donde su tío Lion Philips, en Zaltbommel, Holanda. Durante este tiempo, un carbunco más grande que cualquiera antes apareció en su pierna derecha, así como forúnculos enormes en su garganta y espalda. El dolor por causa de estos era tan grande que lo mantenía despierto durante la noche. En la segunda mitad de enero de 1864, le escribió a Engels que se sentía como «un verdadero Lázaro (alias Lassalle), asolado desde todas las esquinas» (Marx a Engels, 20 de enero de 1864, Marx and Engels 1985a: 507). Después de su regreso a Londres, su pésima condición física, debida a múltiples abscesos cutáneos y a la recaída en infecciones, perduró durante el inicio de la primavera y sólo le permitió volver a trabajar a mediados de abril, tras más de cinco meses de interrupción. Durante esta fase, siguió dedicándose al manuscrito del Libro I y es plausible que, justo en ese período, haya redactado el llamado ‘Capítulo VI inédito’, la única parte de la versión inicial que se conserva. Hacia finales de mayo aparecieron en su cuerpo nuevas masas purulentas que le causaron tormentos indescriptibles. Decidido a terminar el libro a toda costa, ignoró de nuevo al Dr. Allen y sus llamados a un «tratamiento de curso regular» que habría perturbado el trabajo que simplemente «tenía que ser llevado a cabo». Marx sentía todo el tiempo que «había algo mal», confesándole sus recelos a su amigo en Manchester: «[…] la enorme resolución que debo adoptar para trabajar en temas complejos pertenece también a este sentimiento de inadecuación. Perdonarás el término spinozista» (Marx a Engels, 26 de mayo de 1864, Marx and Engels 1985a: 530).
La llegada del verano no cambió estas precarias circunstancias. En los primeros días de julio, Marx se contagió de influenza y no pudo escribir (Marx a Engels, 1 de julio de 1864, Marx and Engels 1985a: 545). Y dos semanas después tuvo que guardar cama debido a una grave lesión pustulosa en su pene. Tan sólo después de unas vacaciones familiares en Ramsgate, en la última semana de julio y los primeros diez días de agosto, le fue posible continuar con su trabajo. Comenzó el nuevo periodo de escritura con el Libro III parte dos, ‘La conversión de la ganancia en ganancia promedio’, y luego la parte uno, ‘La conversión de la plusvalía en ganancia’ (que fue completada, muy probablemente, entre finales de octubre e inicios de noviembre de 1864). Durante este periodo participó asiduamente en las reuniones de la Asociación Internacional de Trabajadores, para la que escribió la conferencia inaugural y los estatutos en octubre. También en ese mes le escribió a Carl Klings [1828- ¿?], un trabajador metalúrgico en Sollingen que había sido miembro de la Liga de los Comunistas, contándole de sus varios percances y la razón de su inevitable lentitud, de la siguiente manera:
Estuve enfermo todo el año pasado (afectado por carbuncos y forúnculos). Si no fuera por esto, mi trabajo sobre economía política, El capital, ya habría sido publicado. Espero poder completarlo finalmente en un par de meses, y darle a la burguesía un golpeo teórico del que nunca se recupere. [P]uede usted fiarse de que la clase trabajadora siempre encontrará en mí a un paladín. (Marx a Carl Klings, 4 de octubre de 1864, Marx and Engels 1987: 4).
Habiendo reanudado el trabajo tras una pausa para cumplir con los deberes con la Internacional, Marx escribió la parte tercera del Libro III, titulado ‘La ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia’. Este trabajo fue acompañado por otro estallido de su enfermedad. «Otro carbunco apareció en noviembre bajo [su] pecho derecho» (Marx a Engels, 4 de noviembre de 1864, Marx and Engels 1987: 12) y lo confinó a la cama por una semana. Pero lo siguió aquejando cuando se «inclinaba hacia delante para escribir» (Marx a Engels, 14 de noviembre de 1864, Marx and Engels 1987: 22). Al mes siguiente, temiendo otro posible carbunco en su lado derecho, Marx decidió tratárselo él mismo. Le confesó a Engels que era reacio a consultar con el Dr. Allen, quien no sabía nada sobre su uso prolongado de un remedio basado en arsénico, y quien «se molestaría terriblemente por haber carbunculado tanto tiempo a sus espaldas» (Marx a Engels, 2 de diciembre de 1864, Marx and Engels 1987: 51).
De enero a mayo de 1865, Marx se dedicó de lleno al Libro II. Los manuscritos estaban divididos en tres capítulos, que se convirtieron eventualmente en las partes de la versión que Engels imprimió en 1885:1) Las metamorfosis del capital; 2) La rotación del capital; 3) Circulación y reproducción. En estas páginas, Marx desarrolló nuevos conceptos y conectó algunas de las teorías de los Libros I y III. También en el nuevo año, sin embargo, los carbuncos continuaron persiguiendo a Marx, y alrededor de mediados de febrero ocurrió una nueva recaída en la enfermedad. Le contó a Engels que, a diferencia del año anterior, «su cabeza no había sido afectada» y que era «perfectamente capaz de trabajar» (Marx a Engels, 25 de febrero de 1865, Marx and Engels 1987: 107). Estos pronósticos probaron ser demasiado optimistas: ya a principios de marzo el «viejo mal [lo] estaba plagando en distintos lugares sensibles y molestos», haciendo[le] difícil sentarse (Marx a Engels, 4 de marzo de 1865, Marx and Engels 1987: 115). Además de los «forúnculos», que se mantuvieron hasta mediados del mes, la Internacional requirió una «cantidad de tiempo enorme». Sin embargo, Marx no dejó de trabajar en el libro, incluso si esto significaba que a veces «no [se iba] a la cama hasta las cuatro de la mañana» (Marx a Engels, 13 de marzo de 1865, Marx and Engels 1987: 129-130).
Un último incentivo para completar pronto las partes faltantes del libro fue el contrato con la editorial. Gracias a la intervención de Wilhelm Strohn, un viejo camarada de los días de la Liga Comunista, Otto Meißner [1819-1902], en Hamburgo, le había mandado una carta el 21 de marzo que incluía un acuerdo para publicar «el trabajo El capital: una contribución a la crítica de la economía política». El libro habría de tener «aproximadamente 50 signatures (17) de extensión [y] aparecer en dos volúmenes» (Marx and Engels 1985b: 361). El tiempo era corto, y ya a finales de abril Marx le escribió a Engels que se sentía «tan débil como un perro, en parte por trabajar hasta tarde en la noche […] y en parte por la basura del demonio que [había estado] tomando» (Marx a Engels, 22 de abril de 1865, Marx and Engels 1987: 148). A mediados de mayo apareció en su cadera izquierda un «carbunco repugnante, cerca de la parte inexpresable del cuerpo» (Marx a Engels, 13 de mayo de 1865, Marx and Engels 1987: 158). Una semana después los forúnculos estaban «todavía allí», aunque, afortunadamente, sólo «me molestan localmente, y no en la caja del cerebro». Hacía un buen uso del tiempo cuando era «capaz de trabajar», y le contó a Engels que estaba «trabajando como un caballo» (Marx a Engels, 20 de mayo de 1865, Marx and Engels 1987: 159).

Entre la última semana de mayo y el final de junio, Marx compuso un texto corto, Salarios, precio y ganancia (18). En este texto cuestionaba la tesis de John Weston [¿?] de que los incrementos de salario no eran favorables para la clase trabajadora, y que las demandas de los sindicatos por un pago mayor eran en realidad nocivos. Marx mostró que, por el contrario, «un aumento general de los salarios generaría una caída en la tasa general de ganancia, pero no afectaría los precios promedio de las mercancías, o su valor» (Marx and Engels 1985c: 144).
En el mismo periodo, Marx también escribió la parte cuatro del Libro III, llamándola ‘La conversión del capital-mercancía y del capital-dinero en capital comercial y capital monetario (mercantil)’. Al final de julio de 1865 le envió a Engels otro reporte del progreso:
Faltan todavía tres capítulos por escribir para completar la parte teórica (los tres primeros libros). Luego, falta todavía por escribir el Libro IV, el histórico-literario, que en comparación es para mí la parte relativamente más fácil, pues todas las cuestiones han sido resueltas en los tres primeros libros; el último es más bien una repetición en forma histórica. Sin embargo, no puedo decidirme a enviar a imprenta algo antes de tener la totalidad frente a mí. No importa las fallas que tenga, la ventaja de mis escritos es que son una totalidad artística, y esto sólo puede ser alcanzado con mi manera de nunca dejar que se impriman, antes de tenerlos completos frente a mí. (Marx a Engels, 31 de julio de 1865, Marx a Engels 1987: 173).
Un tiempo después, su fascinación por el arte se asomó en El capital. De hecho, Marx le aconsejó a Engels leer La obra maestra desconocida (1831) de Honoré de Balzac, definida por el mismo como «una pequeña obra maestra, llena de deliciosa ironía» (Marx a Engels, 25 de febrero de 1867, Marx and Engels 1987: 348). El protagonista de la obra era el genial pintor Frenhofer el cual, obsesionado por el deseo de pintar un cuadro del modo más preciso posible, sigue retocándolo en busca de la perfección, demorando así su terminación. A quienes le preguntaban qué le hacía falta para completar la obra, les respondía: «nada, pero esa nada es todo» (Balzac 2006: 217-218). A quienes le pedían que mostrara su lienzo, se negaba convencido: «no, no, debo mejorarla todavía. Anoche pensé haberla terminado […] Sin embargo, todavía no estoy satisfecho. Tengo dudas» (Ibid. 222-3). El personaje magistralmente creado por Balzac llega incluso a exclamar: «Ya son diez años de trabajo, pero ¿qué son diez años cuando se trata de luchar contra la naturaleza?» (Ibid. 224). Después añade: «Por un momento pensé que mi obra estaba terminada, pero está claro que me equivoqué en algunos detalles y no me quedaré tranquilo hasta despejar mis dudas» (Ibid. 230).
Con su habitual y sutil ingenio, es probable que Marx se haya identificado con el protagonista de este cuento. En una reconstrucción de este período, su yerno Paul Lafargue (1842-1911) relata que la lectura del cuento de Balzac le había causado «una profunda impresión [a Marx], porque describía en parte sus propios sentimientos» (Enzensberger 1999: 240). También Marx, según Lafargue, «trabajaba siempre con extrema escrupulosidad» (Ibid.) y no «estaba nunca satisfecho con su trabajo. Lo modificaba en forma continua y encontraba que la representación no se encontraba a la par con la imaginación» (Ibid.).
Cuando ciertos retrasos inevitables, así como una serie de eventos negativos, lo forzaron a reconsiderar su método de trabajo, Marx se preguntó si sería más útil producir primero una copia final del Libro I, de tal manera que la pudiera publicar inmediatamente, o si sería mejor terminar de escribir todos los libros que habría de contener el trabajo. En otra carta a Engels le dijo que «el único punto en cuestión» era si debía «dejar en limpio una copia del manuscrito y enviársela al librero, o terminar de escribir primero todo». Se decidió por la última solución, pero le aseguró a su amigo que su trabajo en los otros libros no sería una pérdida de tiempo:
[Dadas las circunstancias,] la cosa ha ido progresado tan rápidamente como hubiera sido posible para cualquiera, incluso sin consideraciones artísticas en lo absoluto. Dado que, además, tengo un límite máximo de 60 Druckbogen (19), es absolutamente necesario tener frente a mí la totalidad para saber cuándo ha de ser condensado y tachado, para que las partes individuales se encuentren de manera similar y proporcional dentro de los límites establecidos. (Marx a Engels, 5 de agosto de 1865, Marx and Engels 1987: 175).
Marx confirmó que no «ahorraría esfuerzo para terminar lo más pronto posible, pues la cosa pesaba como una pesadilla». Le impedía «hacer nada más», y estaba inclinado a sacarla de camino antes de un nuevo desorden político: «Sé que el tiempo no se mantendrá tan tranquilo como ahora para siempre» (Ibid.).
Aunque había decidido anteponer la compleción del Libro I, Marx no quería dejar lo que había hecho del Libro III en el aire. Entre julio y diciembre de 1865 redactó, aunque de manera fragmentaria, la quinta parte (‘Escisión de la ganancia en interés y ganancia empresarial. El capital que devenga interés’, la sexta parte (‘Transformación de la plus ganancia en renta de la tierra’) y parte siete (‘Los réditos y sus fuentes’) (20). La estructura que Marx le dio al Libro III entre el verano de 1864 y el final de 1865 era, por lo tanto, muy similar al esquema de 12 puntos de enero de 1863 incluido en el cuaderno XVIII de los manuscritos sobre las teorías de la plusvalía.
La ausencia de dificultades financieras que le había permitido a Marx continuar con su trabajo no habría de perdurar por mucho tiempo. Estas reaparecieron después de más o menos un año, y su salud empeoró también a lo largo del verano. Además de esto, sus responsabilidades con la Internacional fueron particularmente intensas en septiembre, en conexión con la primera conferencia convocada por la organización en Londres. En octubre, Marx visitó a Engels en Manchester, y al regresar a Londres tuvo que enfrentar más eventos terribles: su hija Laura había caído enferma, y el propietario de la casa estaba amenazando de nuevo con desalojar a su familia, enviando a los agentes judiciales, mientras que comenzaron a llegar «cartas amenazantes» de «toda esa otra chusma». Su esposa, Jenny, estaba «tan desolada» que, tal y como se lo puso a Engels, «no [tuvo] el valor de explicarle el verdadero estado de cosas» y «no [sabía] qué hacer». La única «buena noticia» fue la muerte de una tía de 73 años de Fráncfort, de la cual Marx esperaba recibir una parte -aunque pequeña, de la herencia (Marx a Engels, 8 de noviembre de 1865, Marx and Engels 1987: 193-194).
La compleción del volumen I
A principios de 1866, Marx se zambulló en la escritura de un nuevo borrador de El capital, volumen I. A mediados de enero puso al corriente de la situación a Wilhelm Liebknecht [1826-1900]: «Indisposición, […] todo tipo de mala suerte, estar preso de las demandas de la ‘Asociación Internacional’, etc., han confiscado todos los momentos libres que tengo para escribir en limpio mi manuscrito». Sin embargo, pensaba que estaba cerca del final, y que sería «capaz de entregar el volumen I al librero para imprenta en marzo». Añadió que los «dos volúmenes [aparecerían] simultáneamente» (Marx a Wilhelm Liebknecht, 15 de enero de 1866, Marx and Engels 1987: 219). En otra carta, enviada el mismo día a Kugelmann, habló de estar «ocupado con la escritura en limpio del texto doce horas al día» (Marx a Ludwig Kugelmann, 15 de enero de 1866, Marx and Engels 1987: 221), pero que esperaba enviarlo a la editorial en Hamburgo dentro de los próximos dos meses.
En contra de sus predicciones, sin embargo, todo el año se pasaría en una lucha contra los carbuncos, mientras su estado de salud empeoraba. A finales de enero, su esposa, Jenny, le informó al viejo camarada en armas Johann Philipp Becker [1809-1886] que su esposo «se [encontraba] afectado de nuevo por su antiguo, peligroso y excesivamente doloroso mal». Esta vez era, sin embargo, más «molesto» aún para él, porque interrumpió la «transcripción de su libro que apenas había comenzado». Desde su punto de vista, «este nuevo desencadenamiento [provenía] única y exclusivamente del excesivo trabajo y de las constantes desveladas» (Jenny Marx a Johann Philipp Becker, 29 de enero de 1866, Marx and Engels 1987: 570-571). Apenas unos días después, Marx fue golpeado por el ataque más virulento hasta ese entonces, y estuvo en peligro de perder la vida. Cuando se recuperó lo suficiente como para comenzar a escribir de nuevo, le escribió a Engels, confesándole:
Esta vez me salvé por un pelo. Mi familia no sabe cuán serio fue el caso. Si la cosa se repite tres o cuatro veces más en la misma forma, soy hombre muerto. Estoy asombrosamente molido y todavía me siento condenadamente débil, no en la mente, sino en el costado y la pierna. Los doctores tienen toda la razón en que el trabajo excesivo durante las noches es la causa principal de esta recaída. Pero no les puedo comunicar a estos señores las causas que me obligan a esta extravagancia, lo que por demás no tendría ningún sentido. En este momento tengo todavía todo tipo de pequeños nacidos en el cuerpo, que son dolorosos, pero de ninguna manera ya peligrosos. (Marx a Engels, 10 de febrero de 1866, Marx and Engels 1987: 223)
A pesar de una condición similar, seria y dolorosa, los pensamientos de Marx estaban mayormente dirigidos al trabajo enfrente suyo:
Lo que me causó más repugnancia fue la interrupción de mi trabajo, que había andado espléndidamente desde el primero de enero, cuando mis padecimientos del hígado se habían esfumado. Por supuesto, no había ni riesgo de ‘sentarse’. […] Pero sí me podía acostar, aunque fuera tan sólo por cortos intervalos durante el día. No pude avanzar con la parte realmente teórica; el cerebro estaba muy débil para eso. Por ello, amplié históricamente la sección sobre la ‘Jornada laboral’, lo que estaba por fuera de mi plan original. (Ibid.: 223-224)
Marx concluyó la carta con una frase que resumía muy bien este periodo de su vida: «Mi libro requiere todo mi tiempo de escritura» (Ibid.: 224). Cuán cierto fue esto en 1866. La situación, llegada ya al extremo, estaba ahora alarmando seriamente a Engels. Temiendo lo peor, intervino firmemente para persuadir a Marx de que no podía seguir de la misma manera:

Tienes que hacer por fin algo realmente razonable para librarte de esta historia de los carbuncos, incluso si el libro ha de aplazarse otros tres meses. La cosa se está poniendo verdaderamente muy seria, y si tu cerebro, como tú mismo lo dices, no está a la altura de los asuntos teóricos, dale entonces un poco de descanso de la teoría elevada. Deja por un tiempo los trabajos nocturnos y lleva una vida un poco más regular. (Engels a Marx, 10 febrero 1866, Marx and Engels 1987: 225-226)

Engels consultó inmediatamente al Dr. Gumpert (quien recomendó otra ronda de arsénico), pero hizo también sugerencias acerca de la compleción del libro. Quería asegurarse de que Marx hubiera abandonado la idea, nada realista, de escribir todo El capital antes de que alguna parte de éste fuera publicada. «¿No puedes arreglar las cosas», le preguntó, «para que al menos el primer volumen sea enviado primero a impresión y el segundo un par de meses después?» (Ibid.: 226) Tomando todo en cuenta, terminó su carta con una sabia observación: «¿De qué serviría que tal vez lleguen a estar listos un par de capítulos al final de tu libro y que ni siquiera el primer volumen llegue a ser impreso, si los eventos nos toman por sorpresa?».
Marx contestó a cada uno de los puntos de Engels, alternando entre tonos serios y jocosos. Con respecto al arsénico, escribió: «Dile o escríbele a Gumpert que me mande la receta con instrucciones de uso. Dado que tengo confianza en él, le debe a la mejor de las ‘economías políticas’ obviar la etiqueta profesional y tratarme desde Manchester» (Marx a Engels, 13 de febrero de 1866, Marx and Engels 1987: 227). En relación con sus planes de trabajo, escribió:

En lo que respecta a este ‘maldito’ libro, está así: va a estar listo a finales de diciembre. Tan sólo el tratado sobre la renta básica (el penúltimo capítulo), en su forma actual, ajusta casi un libro en sí mismo (21). Durante el día voy al museo, y escribo de noche. Tuve que arar a través de la nueva química agraria en Alemania, en particular en Liebig y Schönbein, que resulta más importante para este asunto que todos los economistas puestos juntos, así como el enorme material que los franceses han producido desde que me ocupé por última vez de este punto. Concluí mi investigación de la renta básica hace dos años, y se ha logrado mucho entre tanto; dicho sea de paso, confirmando mi teoría. La apertura de Japón (en general, de otra manera no leería libros de viajes si no estoy obligado profesionalmente a hacerlo) fue importante aquí. Así que apliqué el ‘shifting system’ contra mí mismo, tal y como los perros de las fábricas inglesas los utilizaron contra las personas mismas entre 1848 y 1850. (Ibid: 227)
Trabajo diurno en la biblioteca, para estar al tanto de los últimos descubrimientos, y trabajo nocturno en su manuscrito: esta fue la rutina de castigo a la que Marx se sometió en un esfuerzo para usar todas sus energías en completar el libro. Acerca del trabajo principal, le escribió a Engels: «Aunque está listo, el manuscrito (enorme en su forma actual) no es editable por nadie diferente a mí, incluso no por ti». Y procedió a darle una idea de las semanas precedentes:
Comencé el proceso de pasarlo a limpio y darle estilo exactamente el primero de enero, y la cosa iba bastante bien, dado que evidentemente me divierte lamer al infante hasta que esté limpio después de los largos dolores de parto. Sin embargo, el carbunco se interpuso de nuevo, de tal manera que no he podido seguir adelante con ello, sino únicamente llenar de datos aquello que estaba ya listo según el plan. (Ibid: 227)
Finalmente, Marx aceptó el consejo de Engels de alargar la agenda de publicación: «por cierto, estoy de acuerdo con tu punto de vista; le voy a llevar a Meißner el primer volumen en cuanto esté listo. Pero», añadió, «para poder terminarlo tengo que ser capaz, al menos, de sentarme» (Ibid).
De hecho, su salud seguía deteriorándose. A finales de febrero, dos nuevos carbuncos aparecieron en su cuerpo, y Marx intentó tratárselos él mismo. Le contó a Engels que usó «una navaja afilada» para deshacerse del que estaba más arriba, cercenando «el perro» por sí mismo. «La sangre infectada […] brotó, más bien saltó por los aires», y de ahí en adelante considero al carbunco como enterrado, aunque con necesidad de «algún cuidado». En lo que respecta al «de más abajo», escribió: «se está tornando tan maligno que está fuera de mi control […] Si esta porquería continúa así, tendré por supuesto que mandar por Allen, pues, dado el locus de este perro, soy incapaz de seguirlo y tratarlo yo mismo» (Marx a Engels, 20 de febrero de 1866, Marx and Engels 1987: 231).
Siguiendo este pavoroso recuento, Engels reprendió a su amigo más severamente que nunca: «Ningún ser humano puede soportar a largo plazo esta historia crónica con los carbuncos, sin mencionar que eventualmente pueda aparecer uno que adquiera tal forma que te mande al demonio. ¿Y qué pasaría entonces con tu libro y tu familia?» (Engels a Marx, 22 de febrero 1866, Marx and Engels 1987: 233)
Para darle a Marx algo de respiro, le dijo que estaba preparado para hacer cualquier sacrificio financiero necesario. Le sugirió un periodo de descanso total, rogándole que fuera «razonable»:
[…] Hazme a mí y a tu familia el único favor de dejarte curar. ¿Qué será de todo el movimiento si algo te pasara? Tal y como te estás comportando, a eso vamos a llegar. Para ser honesto, no voy a tener paz ni de día ni de noche hasta que te haya sacado de esta situación, y cada día que no oiga nada de ti voy a estar inquieto y voy a pensar que te estás poniendo peor.
Nota bene: No deberías nunca más dejar que las cosas lleguen hasta el extremo de que un carbunco que ha ser rebanado no sea rebanado. Esto es altamente peligroso. (Ibid.: 233-234)
Finalmente, Marx se dejó persuadir de tomar un receso del trabajo. El 15 de marzo viajó a Margate, un lugar de descanso a orillas del mar en Kent, y a los diez días mandó un reporte acerca de sí mismo. «No leo nada, no escribo nada. El simple hecho de tener que tomar el arsénico tres veces al día lo obliga a uno a organizar su tiempo en función de las comidas y los paseos […]. Con respecto a la compañía aquí, simplemente no existe. Puedo cantar con el molinero del [rio] Dee (22): ‘No cuido de nadie y nadie cuida de mí’» (Marx a Engels, 24 de marzo de 1866, Marx and Engels 1987: 249)
A principios de abril, Marx le dijo a su amigo Kugelmann que estaba «muy recuperado». Pero se quejó de que, por causa de la interrupción, se habían perdido «otros dos meses, y más», y que la compleción de su libro «tendría que posponerse una vez más» (Karl Marx a Ludwig Kugelmann, 6 de abril de1866, Marx and Engels 1987: 262). Después de su regreso a Londres, el trabajo de Marx continuó detenido por otras semanas gracias a un ataque de reumatismo y otros problemas; su cuerpo estaba todavía exhausto y vulnerable. A pesar de que le reportó a Engels, a principios de junio, que «nada carbuncoso [había] aparecido de nuevo», (Marx a Engels, 7 de junio de 1866, Marx and Engels 1987: 281) no estaba contento de que su trabajo hubiera «progresado tan pobremente puramente debido a mi situación corporal». (Marx a Engels, 9 de junio de 1866, Marx and Engels 1987: 282).
En julio, Marx tuvo que confrontar lo que se había convertido en tres enemigos habituales: el periculum in mora [peligro por la mora] de Livy, en la forma de deudas por la renta; los carbuncos, con uno que estaba a punto de aparecer; y un hígado enfermo. En agosto le aseguró a Engels que, aunque su salud «fluctuaba de un día al otro», se sentía en general mejor: después de todo, «la sensación de estar de nuevo en forma para el trabajo hace mucho por un hombre» (Marx a Engels, 7 de agosto de 1866, Marx and Engels 1987: 303). Se veía «amenazado con carbuncos aquí y allá», y aunque «siguen desapareciendo» sin la necesidad de intervenciones urgentes, lo habían obligado a mantener sus «horas de trabajo dentro de los límites» (Karl Marx a Friedrich Engels, 23 de agosto de 1866, Marx and Engels 1987: 311). El mismo día le escribió a Kugelmann: «[…] no creo ser capaz de enviar a Hamburgo el manuscrito del primer volumen (se trata ahora de tres volúmenes) antes de octubre. Apenas puedo trabajar productivamente unas horas por día sin sentir inmediatamente los efectos en mi cuerpo […]» (Marx a Ludwig Kugelmann, 23 de agosto de 1866, Marx and Engels 1987: 312).
También esta vez estaba siendo Marx demasiado optimista. El constate flujo de fenómenos negativos a los que estaba expuesto diariamente en su lucha por sobrevivir lograron ser de nuevo un obstáculo para completar su texto. Más aún, tenía que invertir tiempo preciado en la búsqueda de maneras de extraer pequeñas sumas de dinero de la casa de empeño y en escapar al tortuoso círculo de pagarés en el que se había metido.
En una carta a mediados de octubre, Marx le expresó a Kugelmann el miedo de que, como resultado de su larga enfermedad, y de todos los gastos que esta había generado, no fuera capaz de «mantener a los acreedores a raya», y que la casa estuviera a «punto de caerse sobre su cabeza» (Marx a Ludwig Kugelmann, 13 de octubre de 1866, Marx and Engels 1987: 328). Por lo tanto, ni siquiera en octubre fue posible para él poner los últimos toques al manuscrito. Al describir el estado de cosas a su amigo en Hannover, y explicando las razones de la demora, Marx expuso el plan que tenía en ese entonces en mente:
Mis circunstancias (interrupciones corporales y sociales sin descanso) me exigen publicar primero el volumen I, y no ambos volúmenes, como era mi intención originalmente. Y probablemente se trate ahora de tres volúmenes. La obra entera se divide entonces en las siguientes partes:
Libro I: El proceso de producción del capital
Libro II: El proceso de circulación del capital
Libro III: El proceso global de la producción capitalista
Libro IV: Hacia una historia de la teoría
El volumen I incluye los dos primeros Libros. El Libro III, creo, llenará el volumen II, y el Libro IV, el volumen III. (Ibid.: 328)
Revisando el trabajo que había hecho desde la Contribución a la crítica de la economía política, publicado en 1859, Marx continuó:
Me pareció necesario comenzar de nuevo desde el principio del primer libro, es decir, resumir mi escrito, publicado por Duncker, en un capítulo acerca de la mercancía y el dinero. Me pareció necesario, no sólo en aras de la completitud, sino porque incluso la gente inteligente no captó la cosa del todo correctamente; es decir, algo debía fallar en la primera exposición, en especial con respecto al análisis de la mercancía (Ibid.: 328-329).
También el mes de noviembre estuvo marcado por una pobreza extrema. Refiriéndose a la terrible vida cotidiana, que no le daba un respiro, Marx le escribió a Engels: «Todo esto no sólo ha interrumpido ampliamente mi trabajo, sino que, por cuenta de tratar de recuperar en la noche el tiempo perdido durante el día, me ha salido un lindo carbunco cerca del pene». (Marx a Engels, 8 de noviembre de 1866, Marx and Engels 1987: 331). Pero no tardó en apuntar que «este verano y otoño no fue la teoría, sino motivos de salud y burgueses, lo que causó la demora». Si hubiera gozado de buena salud, hubiera sido capaz de completar el trabajo. Le recordó a Engels que ya habían pasado tres años desde que «el primer carbunco [había sido] rebanado», años en los que solo había tenido «cortos periodos» de respiro de la enfermedad (Marx a Engels, 10 de noviembre de 1866, Marx and Engels 1987: 332). Más aún, habiendo sido obligado a invertir tanto tiempo y energía en la lucha diaria contra la pobreza, en diciembre comentó: «Tan sólo lamento que las personas privadas no puedan enviar sus cuentas a la Corte de Bancarrota con la misma facilidad como los comerciantes» (Ibid.).
La situación no cambió durante todo el verano, y a finales de febrero de 1867 Marx le escribió a su amigo en Manchester (quien nunca había fallado en enviarle todo lo que podía): ‘Un tendero me va a enviar a las autoridades el sábado (pasado mañana), si no le pago al menos 5£ […]. El trabajo estará listo pronto, y lo estaría hoy mismo, si no se me hubiera acosado tanto en estos días» (Marx a Engels, 21 de febrero de 1867, Marx and Engels 1987: 347).
A finales de marzo, Marx fue finalmente capaz de darle a Engels la muy esperada noticia de que «había acabado el libro» (Marx a Engels, 27 de marzo 1867, Marx and Engels 1987: 350) (23). Ahora tendría que enviarlo a Alemania, y una vez más se veía forzado a acudir a su amigo para que reclamara «su ropa y reloj, que se [encontraban] en una casa de empeño»; de lo contrario no sería capaz de irse (Marx a Engels, 2 de abril de 1867, Marx and Engels 1987: 351).
Habiendo llegado a Hamburgo, Marx discutió con Engels el nuevo plan propuesto por Meißner:
Ahora quiere que el libro se publique en tres volúmenes. Es decir, está en contra de que concentre el último Libro (la parte histórico-literaria), como lo había planeado. Dijo que, desde el punto de vista de la publicación […] ésta es la parte que más se vendería. Yo le dije que, en este respecto, estaba a su total disposición. (Marx a Engels, 13 de abril de 1867, Marx and Engels 1987: 357).
Un par de días después le dio un reporte similar a Becker:
El trabajo completo aparecerá en tres volúmenes. El título es El capital. Crítica de la economía política. El volumen I incluye el Libro I: ‘El proceso de producción del capital’. Se trata, sin lugar a duda, del más terrible misil que se ha disparado jamás contra las cabezas de la burguesía (terratenientes incluidos). (Marx a Johann Philip Becker, 17 de abril de 1867, Marx and Engels 1987: 358)
Tras unos días en Hamburgo, Marx viajó a Hannover. Se quedó allí como huésped de Kugelmann, quien lo conoció finalmente después de años de relaciones puramente epistolares. Marx se hizo disponible allí en caso de que Meißner lo requiriera para ayudar con la corrección de pruebas. Le escribió a Engels que su salud se había «mejorado extraordinariamente». No había «rastro de la vieja dolencia» ni de su «problema de hígado», y «lo que, es más, [estaba] de buen humor» (Marx a Engels, 24 de abril de1867, Marx and Engels 1987: 361).
Su amigo le contestó desde Manchester:
Siempre se me hizo que este maldito libro, al que has estado cargando durante tanto tiempo, era el núcleo fundamental de toda tu mala suerte, y que nunca serías capaz de salir de ella hasta que te lo sacudieras de encima. Esta cosa eternamente inacabada te oprimía corporal, espiritual y financieramente hasta el suelo, y me puedo dar cuenta muy bien de que después de haberte sacudido esta pesadilla te sientes como un tipo completamente distinto. (Engels a Marx, 27 de abril de1867, Marx and Engels 1987: 362).
Marx quería informarles a otros acerca de la inminente publicación de su trabajo. Le escribió a Sigfrid Meyer [1840-1872], un socialista alemán, miembro de la Internacional, activo en la organización del movimiento de los trabajadores en Nueva York: «El volumen I está compuesto por el ‘Proceso de producción del capital’. […] El volumen II contiene la continuación y conclusión de la teoría, mientras que el volumen III, la historia de la economía política desde mediados del siglo XVII» (Marx a Sigfrid Meyer, 30 de abril de 1867, Marx and Engels 1987: 367). Su plan se mantuvo inalterado y, por tanto, los Libros II y III deberían haber salido juntos, como parte del volumen II.
Engels se involucró en la corrección del texto para publicación a mediados de junio. Le pareció que, comparado con la Contribución a la crítica de la economía política, «la dialéctica del argumento se había precisado fuertemente» (Engels a Marx, 16 de junio de1867, Marx and Engels 1987: 381). Marx se conmovió por esta aprobación: «Que estés satisfecho hasta este momento es más importante para mí que cualquier cosa que alguien más pueda decir de éste» (Marx a Engels, 22 de junio de 1867, Marx and Engels 1987: 383)
Sin embargo, Engels anotó que su exposición de la forma del valor era excesivamente abstracta y no suficientemente clara para una persona lectora promedio; también lamentó que fuera precisamente esta sección la que tenía «las marcas de los carbuncos algo estampadas» (Engels a Marx, 16 de junio de 1867, Marx and Engels 1987: 380). En respuesta, Marx se fue lanza en ristre contra la causa de sus tormentos físicos («Espero que la burguesía recuerde mis carbuncos hasta el último día de su vida») (Marx a Engels, 22 de junio de 1867, Marx and Engels 1987: 383) y se convenció de la necesidad de un apéndice presentando su concepción de la forma del valor de una manera más popular. Esa adición de veintidós páginas fue terminada a finales de junio.
Marx completó la corrección de pruebas a las 2:00 a.m. del primero de agosto de 1867. Unos minutos después le escribió a su amigo en Manchester: «Querido Fred: acabo de terminar de corregir la última página […]. Así que este volumen está listo. ¡Te debo sólo a ti que esto haya sido posible! […] ¡Te abrazo, lleno de agradecimiento!» (Marx a Engels, 24 de agosto de 1867, Marx and Engels 1987: 405)

Un par de días después, en otra carta a Engels, resumiría lo que consideraba como los dos pilares fundamentales del libro: «1. (en esto se basa toda comprensión de los hechos) el carácter doble, desde el principio del primer capítulo, del trabajo que se manifiesta ya sea en el valor de uso o el valor de cambio; 2. El tratamiento de la plusvalía, independientemente de sus formas particulares como ganancia, interés, renta básica, etc.» (Marx a Engels, 24 de agosto de 1867, Marx and Engels 1987: 407).

El capital fue puesto a la venta el 11 de septiembre de 1967 (ver: Marx [1867] 1983: 674). Siguiendo las modificaciones finales, el índice quedó como sigue:
Prefacio

  1. Mercancía y dinero
  2. Transformación del dinero en capital
  3. Producción de la plusvalía absoluta
  4. La producción de la plusvalía relativa
  5. Desarrollo complementario de la producción de la plusvalía absoluta y relativa
  6. El proceso de acumulación del capital

Apéndice a la Parte 1, 1: La forma del valor
(Marx [1867] 1983: 9-10).
A pesar del largo proceso de corrección y de la adición final, la estructura del trabajo sería expandida considerablemente en el transcurso de los años siguientes, y se le harían más modificaciones al texto. El volumen I, por lo tanto, continuaría absorbiendo una significativa energía por parte de Marx, incluso después de su publicación.

En búsqueda de la versión definitiva
Marx retornó al volumen II en octubre de 1867. Esto, sin embargo, trajo de nuevo dolores de hígado, insomnio, y la erupción de «dos pequeños carbuncos cerca del membrum». Tampoco desaparecieron las «incursiones desde afuera» ni las «complicaciones de la vida doméstica»; había una cierta amargura en su afirmación a Engels de que «mi enfermedad siempre se origina en la mente» (Marx a Engels, 19 de octubre de 1867, Marx and Engels 1987: 453). Como siempre, su amigo le ayudó, enviándole todo el dinero que podía junto con el deseo de que «ahuyentara los carbuncos» (Engels a Marx, 22 de octubre 1867, Marx and Engels 1987: 457). No fue lo que ocurrió, sin embargo, y a finales de noviembre Marx escribió para informar: «Mi estado de salud ha empeorado mucho, así que ni hablar de trabajar» (Marx a Engels, 27 de noviembre de 1867, Marx and Engels 1987: 477).
El nuevo año, 1868, comenzó más o menos como terminó el anterior. Durante las primeras semanas de enero Marx fue incapaz incluso de encargarse de su correspondencia. Su esposa, Jenny, le contó a Becker que su «pobre esposo está de nuevo en cama, encadenado de manos y pies por su grave y dolorosa dolencia, que se [estaba] volviendo peligrosa por su constante recurrencia» (Jenny Marx a Johann Philip Becker, después del 10 de enero de 1868, Marx and Engels 1987: 580). Algunos días después, su hija Jenny le reportó a Engels: «El Moro es de nuevo víctima de sus viejos enemigos, los carbuncos, y, gracias a la aparición del último, se siente muy enfermo, incluso cuando está sentado» (Laura Marx a Friedrich Engels, 13 de enero de 1868, Marx and Engels 1987: 583).
Marx comenzó a escribir de nuevo tan sólo hacia finales del mes, cuando le contó a Engels que «por dos o tres semanas» fue incapaz «de hacer ningún trabajo»; «sería desastroso», añadió, «si un tercer monstruo hubiera de aparecer» (Marx a Engels, 25 de enero de 1868, Marx and Engels 1987: 528).
Sin embargo, como era habitual, apenas podía volvía a sus investigaciones. En este período estaba mucho más interesado en profundizar sobre la historia y la agricultura y, para esto, compiló cuadernos con extractos de las obras de muchos autores. Entre estos, dedicó una enorme atención a la Introducción a la historia del ordenamiento de la marca, del poder, de la villa y la ciudad y del poder público (1854), del estadista e historiador del derecho Georg Ludwig von Maurer (1790-1872). Marx le comentó a Engels que había encontrado sus obras «extraordinariamente importantes» desde el momento que en ellas había sido «configurado en una forma completamente nueva […] no sólo la temprana edad media, sino todo el desarrollo posterior de las ciudades imperiales libres, de los propietarios que gozaban de inmunidad, del poder público, de la lucha entre los campesinos libres y los siervos de la gleba» (Marx a Engels, 25 de marzo de 1868, Marx and Engels 1987: 557). Marx manifestó su aprobación por Maurer, ya que le había «demostrado, ampliamente, que la propiedad privada de la tierra habría surgido sólo posteriormente» (Marx a Engels, 14 de marzo de 1868, Marx and Engels 1987: 547). Por otra parte, dirigió comentarios irónicos a quienes se «sorprendían de encontrar las cosas más recientes entre las más antiguas- incluso igualitarias a un nivel que horrorizaría a Proudhon» (Marx a Engels, 25 de marzo de 1868, Marx and Engels 1987: 558).
En este mismo período, Marx profundizó también el estudio de las obras Historia de la agricultura, a saber: panorama histórico de los progresos en los conocimientos agícolas de los últimos cien años (1852), La naturaleza de la agricultura. Contribución a una teoría de la misma (1857) y Clima y reino vegetal en el tiempo: una contribución a la historia de ambos (1847), de Karl Fraas (1810-1875). De este último libro, considerado por Marx «muy interesante», apreció, de modo particular, la parte en la cual aparecía una «demostración de que, en una época histórica, el clima y la flora cambian». En cuanto a su autor, lo describe ante Engels como un «darwinista antes de Darwin, [ya que] hace surgir las especies mismas en épocas históricas». Le causaron también una impresión positiva sus consideraciones de tipo ecológico, a partir de las cuales se notaba su preocupación sobre «el cultivo [que,] al proceder de modo natural, en vez de ser dominado conscientemente (como burgués, obviamente, él no llegaba muy lejos), deja tras de sí desiertos». Para Marx, también desde este punto de vista, se manifestaba una «inconsciente tendencia socialista» (Ibid.:559).
El estado de salud de Marx continuó fluctuando. A finales de marzo le contó a Engels que su «estado era tal, que debería renunciar del todo a trabajar y pensar por algún tiempo». Pero añadió que esto sería «difícil» para él, «incluso si tuviera los medios para vagabundear» (Marx a Engels, 25 de marzo de 1868, Marx and Engels 1987: 557). La nueva interrupción llegó justo cuando estaba recomenzando el trabajo en la segunda versión del Libro II (después de una etapa de casi tres años desde la primera mitad de 1865). Completó los dos primeros capítulos en el curso de la primavera (Marx 2008a: 1-339), además de un grupo de manuscritos preparatorios (acerca de la relación entre plusvalía y la tasa de ganancia, la ley de la tasa de ganancia, y las metamorfosis del capital), que lo ocuparon hasta el final de 1868 (24).
Al final de abril de 1868, Marx le envió a Engels un nuevo esquema de su trabajo, con una referencia particular al «método por el que se desarrolla la tasa de ganancia» (Marx a Engels, 30 de abril de 1868, Marx and Engels 1988: 21). Fue esa la última vez que hizo referencia, en su correspondencia, a la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. A pesar de las grandes crisis económicas que se presentaron a partir de 1873, este concepto, en el cual hizo un marcado enfasis en su momento -tanto que le dedica la totalidad de la tercera sección del Libro III de El capital (que fue redactado en 1864-1865)- no vuelve a ser mencionado por Marx, y se considera superado. En la misma carta dejó en claro que el volumen II habría de presentar el «proceso de circulación del capital sobre la base de las premisas desarrolladas» en el volumen I. Tenía la intención de exponer, de la manera más satisfactoria posible, las ‘determinaciones formales’ del capital fijo, del capital circulante y la transferencia del capital (y, por lo tanto, de investigar «la mezcla social de los diferentes capitales, de partes del capital y los ingresos (=m)». El volumen III habría entonces de investigar «la conversión de la plusvalía en sus diferentes formas y diferentes partes constitutivas» (Ibid.).
Sin embargo, los problemas de salud volvieron en mayo, y después de un periodo de silencio Marx le explicó a Engels que «dos carbuncos en el escroto hubieran puesto incluso a Sila [Lucius Cornelius Sila Félix] malhumorado» (Marx a Engels, 16 de mayo 1868, Marx and Engels 1988: 35). En la segunda semana de agosto le contó a Kugelmann de su esperanza de finalizar el trabajo «a finales de septiembre» de 1869 (Marx a Ludwig Kugelmann, 10 de agosto de 1868, Marx and Engels 1988: 82). Pero el otoño trajo una nueva aparición de carbuncos, y en la primavera de 1869, cuando Marx estaba todavía trabajando en el tercer capítulo del volumen II «Las relaciones reales del proceso de circulación y del proceso de reproducción» (Marx 2008b: 340-522). Su plan de finalizarlo a más tardar en 1869 parecía realista, puesto que la segunda versión del texto que había redactado a partir de la primavera de 1868 constituía un avance, tanto desde el punto de vista cualitativo como cuantitativo. Sin embargo, ese mismo año, su enfermedad hepática empeoró y sus achaques reaparecieron con regularidad peligrosa en los años siguientes y le impidieron completar nunca el volumen II.
Había también razones teóricas para la demora. Determinado a estar al tanto de las últimas noticias en el capitalismo, entre el otoño de 1868 y la primavera de 1869 Marx compiló numerosos extractos de textos sobre finanzas y mercados de dinero que aparecieron en The Money Market Review [La revista del mercado monetario], The Economist y publicaciones similares (25). Su interés por lo que ocurría al otro lado del Atlántico seguía creciendo y lo alentaba, constantemente, a la búsqueda de noticias actualizadas. Escribió a su amigo Meyer que para él hubiera sido «sumamente precioso» que le pudiera enviar «algo antiburgués sobre la propiedad de la tierra o sobre la economía agraria en los Estados Unidos». Le explicó que «dado que en el segundo volumen [hubiera] trata[do] la renta hipotecaria o el alquiler de tierras, este material hubiera sido especialmente bienvenido para contrarestar la Armonía de los intereses de H. Carey [1793-1879]» (Marx a S. Meyer, 4 de julio de 1868, Marx and Engels 1988: 61). Más aún, en el otoño de 1869, habiéndose enterado de nueva literatura (en realidad, insignificante) sobre algunos cambios en Rusia, decidió aprender ruso para poder estudiarla por sí mismo. Persiguió este nuevo interés con su rigor habitual, y a principios de 1870 Jenny le contó a Engels que «en vez de cuidarse, [Marx había comenzado] a estudiar ruso con todas sus fuerzas, saliendo poco, comiendo con poca frecuencia, y sólo mostró el carbunco bajo su brazo cuando ya estaba muy inflamado y endurecido» (Jenny Marx a Friedrich Engels, alrededor del 17 enero de 1870, Marx and Engels 1988: 551). Engels se apresuró a escribir a su amigo, tratando de persuadirlo de que, «en el interés del volumen II», necesitaba un «cambio de vida»; de lo contrario, si había «una constante repetición de dichas suspensiones», nunca sería capaz de terminar el libro (Engels a Marx, 19 de enero de 1870, Marx and Engels 1988: 408).
La predicción dio en el blanco. Al comienzo del verano, resumiendo lo que había sucedido en los meses previos, Marx le contó a Kugelmann que su trabajo había sido «retrasado por la enfermedad a lo largo del invierno», y que había «encontrado necesario concentrase en su ruso, porque, al lidiar con la cuestión de la tierra, se había vuelto esencial estudiar las relaciones de propiedad sobre la tierra en Rusia a partir de recursos primarios» (Marx a Ludwig Kugelmann, 27 de junio de 1870, Marx and Engels 1988: 528).
Después de todas las interrupciones y de un periodo de actividad política intensa para la Internacional derivado del surgimiento de la Comuna de París, Marx se volcó al trabajo de una nueva edición del volumen I. Insatisfecho de la manera en la que había explicado la teoría del valor, dedicó diciembre de 1870 y enero de 1872 a reescribir el apéndice de 1867, y esto lo llevó a reescribir también el primer capítulo mismo. El fruto de este trabajo fue el manuscrito conocido con el título Adiciones y cambios al Libro I de El capital (1871-1872) (Marx [1872] 1987: 1-55). Con ocasión de la revisión de la edición de 1867, Marx incorpora complementos y precisiones. Algunos de ellos se refieren a la diferencia entre capital constante y variable, el plusvalor por el uso de la maquinaria y la tecnología. Además, ajustó la estructura interna del libro. En 1867 había dividido la obra en seis capítulos, mientras que en la nueva edición estos se convirtieron en siete secciones compuestas de 25 capítulos, cada uno de los cuales comprendía subdivisiones en parágrafos mucho más detallados. La reimpresión fue publicada en 1872, con una tirada de 3.000 ejemplares.
El año 1872 fue fundamental para la difusión de El capital puesto que en abril sale la traducción al ruso, la primera de una larga serie (26). Comenzada por German Lopatin (1845-1918) y posteriormente completada por el economista Nikolaj Danielson (1844-1918), fue valorada como «excelente» (Marx a N. Danielson, 28 de mayo de 1872, Marx and Engels 1989: 385) (27) por el mismo Marx. Leßner cuenta que «el acontecimiento [considerado una] importante señal de los tiempos se convirtió en una celebración para él, su familia y sus amigos» (Leßner 1996: 138)

En mayo, en una carta dirigida a Liebknecht, Jenny von Westphalen, que había compartido con las hijas la alegría de este éxito, así como las demás reivindicaciones de Marx, dejó en evidencia, con palabras tremendamente efectivas, cuánto pesaban las diferencias de género, incluso en la batalla común por el socialismo. En ella afirmaba que, en todos los conflictos existentes:
[…] a nosotras las mujeres nos toca la parte más dura, la más mezquina. El hombre se templa en el combate contra el mundo exterior, se templa cara a cara con los enemigos, mientras nosotras -así los enemigos sean una legión- debemos estar encerradas en la casa remendando calcetines. Esto no aleja las preocupaciones y las pequeñas miserias cotidianas consumen, lenta pero inexorablemente, la fuerza y la alegría de vivir. (Jenny Marx a W. Liebknecht, 26 de mayo de 1872, Marx and Engels 1989: 580)
Durante ese año tuvo inicio la publicación de la traducción al francés de El capital. Esta, confiada a Joseph Roy (?), qua había ya traducido algunos textos de Ludwig Feuerbach (1804-1872), debía ser publicada por el editor francés Maurice Lachâtre (1814-1900) en fascículos entre 1872 y 1875. Marx se había puesto de acuerdo con ellos sobre la posibilidad de impresión de una «edición popular económica» (Marx a L. Lafargue, 18 de diciembre de 1871, Marx and Engels 1989: 283) y, en efecto, les escribe: «aplaudo su idea de publicar la traducción en pequeños fascículos periódicos. De esta forma, la obra será fácilmente accesible a la clase obrera y esta valoración es para mí más importante que cualquier otra cosa». Sin embargo, consciente de que esa elección presentaba también «un revés […] de la medalla», Marx anticipó que este método haría «tremendamente difícil la lectura del primer capítulo» y existía el temor de que el público se desanimara «por la dificultad de avanzar». Para eludir este «inconveniente», él no podía «hacer más que advertir y preparar de antemano al lector que anhela la verdad: no existe un camino único en la ciencia y solo aquellos que no huyen al esfuerzo de escalar sus senderos escarpados pueden aspirar a alcanzar sus luminosas cimas» (Marx a L. Lachatre, 18 de marzo de 1872, Marx and Engels 1989: 344).

Iniciada la traducción, Marx tuvo que emplear mucho más tiempo que el previsto en corregir los borradores. De hecho, como informó a Danielson, Roy había «traducido con frecuencia demasiado literalmente», motivo por el cual se había visto obligado a reescribir pasajes enteros para que fueran apetecibles para el público francés» (Marx a N. Danielson, 28 de mayo de 1872, Marx and Engels 1989: 385). En mayo de 1872, su hija Jenny comunicó a la familia Kugelmann que su padre se «había visto obligado a hacer numerosas correciones, reescribiendo no sólo frases enteras sino hasta páginas completas» (Jenny Marx (hija) a L. Kugelmann, 3 de mayo de 1872, Marx and Engels 1989: 578). En una actualización del mes siguiente, agregó que la traducción era «tan insatisfactoria que, lamentablemente, el Moro se había visto obligado a reescribir la mayor parte del primer capítulo» (Jenny Marx (hija) a L. y G. Kugelmann, 27 de junio de 1872, Marx and Engels 1989: 582). Sucesivamente, también Engels le comunicó a Kugelmann que «la traducción al francés le suponía a Marx un trabajo colosal» y que con frecuencia tenía que «comenzar nuevamente desde cero» (Engels a L. Kugelmann, 1 de julio de 1873, Marx and Engels 1989: 515). Al termino de la labor, Marx comentó que la tarea le había «implicado una tal pérdida de tiempo que personalmente hubiera preferido no participar, de ningún modo, en ninguna traducción» (Marx a F. Sorge, 27 de septiembre de 1877, Marx and Engels 1991: 276)

A pesar de estar tan ocupado en la traducción del texto, durante su revisión Marx decidió agregar algunas modificaciones y rectificaciones. Estas concernían, principalmente, a la sección dedicada al «proceso de acumulación del capital», pero también se relacionaban a algunos temas específicos como la distinción que quería hacer entre los conceptos de «concentración» y «centralización» del capital. En el posdata de la edición francesa, Marx no dudó en atribuirle un «valor científico independiente del original» (Marx 1996: 24) No es fortuito que en 1877, cuando apareció la posibilidad de una versión en inglés, Marx precisó a Sorge que el traductor habría debido «necesariamente […] cotejar la segunda edición alemana con la francesa», en la cual había agregado «algunas cosas nuevas y muchas otras [las había] descrito mejor» (Marx a F. Sorge, 27 de septiembre de 1877, Marx and Engels 1991: 276). Refiriéndose a ella y resaltando, al mismo tiempo, los aspectos positivos y negativos, en cartas dirigidas a Danielson, en noviembre de 1878, Marx escribió que esta contenía «muchas variaciones e incorporaciones importantes», pero admitía también que se había visto obligado -sobre todo en el primer capítulo- a «aplanar» la exposición (Marx a N. Danielson, 15 de noviembre de 1878, Marx and Engels 1991: 343). Fue por este motivo que sintió la necesidad de aclarar que los capítulos ‘Mercancia y dinero’ y ‘La transformación del dinero en capital’ deberían ser «traducidos siguiendo exclusivamente el texto en alemán» (Marx a N. Danielson, 28 de noviembre de 1878, Marx and Engels 1991: 346) (28).
El borrador del Libro II de El capital fue dejado en un estado lejos de definitivo y presenta numerosos problemas teóricos. Los manuscritos del Libro III son de carácter mucho más fragmentado y Marx no alcanza tampoco a realizar una actualización que fuese coherente con el progreso de sus estudios (29). Hay que tener presente también que no alcanzó a terminar una revisión del Libro I que le permitiera incorporar las modificaciones y las partes complementarias que, en sus intenciones, hubieran mejorado su magnum opus (30). De hecho, ni la traducción al francés, de 1872-75, ni la tercera edición alemana, de 1881, pueden ser consideradas la versión definitiva que hubiera querido llevar a cabo.
De todas formas, el espíritu problemático con el cual Marx escribió y reconsideró su obra, demuestra la enorme distancia que lo separa de la representación de autor dogmático, propuesta ya sea por múltiples adversarios o por muchos de sus presuntos discípulos. Incluso en su estado incompleto, aquellos que quieran valerse de categorías teóricas esenciales para comprender el modo de producción capitalista, no pueden prescindir de leer, incluso hoy, el libro primero de El capital.

La ampliación de los estudios para el Libro II de El capital.
Entre 1877 y el comienzo de 1881, Marx escribió nueve versiones de diversas partes del Libro II de El capital. En marzo de ese año, empezó a redactar un índice bastante extenso de materiales recopilados previamente (Marx 2008c: 525-548). Luego, se concentró casi exclusivamente en la primera sección: ‘Las metamorfosis del capital y su ciclo’ (Marx 2008d: 550-697), realizando una descripción más completa del fenómeno de la circulación del capital. Más tarde, a pesar de que sus precarias condiciones de salud y la necesidad de llevar a cabo numerosos chequeos médicos volviesen el trabajo muy ocasional, Marx siguió ocupándose de varios temas, incluido el último capítulo titulado ‘Acumulación y reproducción ampliada’. A este período se remonta el llamado ‘Manuscrito VIII’ del Libro II (Marx 2008e: 698-828) en donde, además de la recapitulación de textos anteriores, Marx preparó nuevos borradores que consideraba útiles para la continuación de la obra. También entendió que había cometido, y repetido por largo tiempo, un error de interpretación al considerar que las representaciones monetarias fueran apenas un velo del contenido real de las relaciones económicas (Cfr. Otani, Vasina e Vollgraf 2008: 881).
En el verano de 1877, por causa «del insomnio y el consecuente estado caótico de los nervios que había alcanzado […] un nivel inquietante» (Marx a Engels, 18 de julio de 1877, Marx and Engels 1991: 242), Marx se vio obligado a programar, por enésima vez, un período de descanso. Tras varias consideraciones, le dijo a Engels que ese año tenía la intención de ir a Neuenahr, una pequeña localidad en Renania, no muy lejos de Tréveris.
Después de pasar unos días en Neuenahr, que definió como un pequeño pueblo
«completamente aislado del mundo» (Marx a M. Barry, 15 de agosto de 1877, Marx and Engels 1991: 266), los doctores confirmaron lo que Marx había sospechado antes de partir: «el […] hígado ya no mostraba ningún indicio de agrandamiento, […] el verdadero mal [era] de tipo nervioso» (Marx a Engels, 17 de agosto de 1877, Marx and Engels 1991: 268). Los médicos le aconsejaron que se trasladara durante dos semanas a la Floresta Negra, «para respirar aire de montaña y bosque a alturas elevadas» (Ibid.) (31).
Una vez de nuevo en casa, y aunque su estado de salud no hubiese mejorado mucho, Marx volvió a sumergirse en sus manuscritos. Se quejó con Sorge por el «maldito insomnio que había sufrido durante el año y que lo había vuelto enormemente perezoso para escribir», a pesar de esforzarse en «dedicar todos los momentos posibles al trabajo» (Marx a F. Sorge, 27 de septiembre de 1877, Marx and Engels 1991: 275-276). En noviembre de 1877, Marx comunicó al joven banquero de Frankfurt Sigmund Schott (1852-1910) que estaba «adelantando simultáneamente varias partes del trabajo». Le dijo que había «comenzado El capital en una secuencia inversa a la que le había presentado al público, empezando por la tercera parte, la histórica (32). La única diferencia era que el primer volumen, escrito al final, había sido inmediatamente revisado para su impresión, mientras que los otros dos habían permanecido en su forma cruda (en estado bruto), necesariamente propia de toda investigación» (Marx a Engels, 3 de noviembre de 1877, Marx and Engels 1991: 287) (33).
En este período, Marx tampoco descuidó sus estudios, centrando su atención en los bancos y el comercio. Escribió extractos de la Historia de los bancos (1874) del economista italiano Pietro Rota (1846-1875), de la Historia del comercio bizantino (1808) y de la Historia del comercio de los griegos (1839), ambos escritos por el primer rector de la Universidad de Bonn Hullmann Karl (1765-1846), y de La historia natural del comercio (1872), escrita por el jurista y estadístico John Yeats (1822-1902) (34). A finales de marzo de 1878, Marx le escribió a Schott que había encontrado «muy útil» la lectura de un libro de A. Saling (?), editor de un anuario bursátil. Marx también leyó y escribió extractos de las obras del economista ruso Illarion Ignatevich Kaufman (1848-1916), en particular de la Teoría y práctica del sistema bancario (1873-1877). De esta obra criticó el «estilo pomposo» y «[su] apología» del capitalismo, a través de la cual su autor, aunque «de forma totalmente inconsciente, llegaba a demostrar […] la correlación entre […] el actual sistema de producción y lo que el filisteo condena como ‘abuso’, ‘ilícito’, etc.» (Marx a S. Schott, 29 de marzo de 1878, Marx and Engels 1991 : 304) (35). Durante el otoño, Marx continuó con el trabajo para ampliar el conocimiento sobre estos temas, examinando, entre otras muchas publicaciones, Papel moneda, la raíz de todos los males (1872), del economista Charles A. Mann (?), y Los principios de la ciencia bancaria (1873) de Rota.
Junto con estas investigaciones, Marx volvió a leer las más recientes publicaciones y a analizar los avances económicos que llegaban de Rusia y los Estados Unidos de América. Gracias a su amigo Danielson, en abril recibió «un montón de publicaciones ‘rusas’ desde San Petersburgo» (Marx a T. Allsop, 28 de abril de 1878, Marx and Engels 1991: 307). Entre los diversos autores estaba el jurista y filósofo Nikolaevič Čičerin (1828-1904), sobre cuya mediocridad Marx escribió: «evidentemente, desconoce los rudimentos de la economía política y se imagina que, si aparecen bajo su nombre, las trivialidades de la escuela de Bastiat se convierten en verdades originales e inmediatamente convincentes» (Marx a N. Danielson, 28 de noviembre de 1878, Marx and Engels 1991: 346). Más tarde, también le encargó a Danielson que redactara para él una síntesis de la política financiera rusa de los últimos quince años y un resumen de la productividad del trabajo agrícola.
En abril de 1876, Marx le había escrito a Sorge que, con el fin de continuar con el Libro II de El capital, necesitaría «ver personalmente lo que [se había impreso], [y fuera] utilizable, sobre la agricultura estadounidense y las relaciones de propiedad de la tierra, así como sobre el crédito (pánico [financiero], dinero y todo lo que [estaba] relacionado con esto)» (Marx a F. Sorge, 4 de abril de 1876, Marx and Engels 1991: 115) Fue también por esta razón que, en agosto, le pidió al librero londinense George Rivers (?) que le enviara «los catálogos de sus libros estadounidenses y antiguos» (Marx a G. Rivers, 24 de agosto de 1878, Marx and Engels 1991: 318). Poco después de recibirlos y consultarlos, Marx observó que «el campo más interesante para los economistas se encuentra, sin duda, en los Estados Unidos […]. Las transformaciones cuya implementación [había] requerido siglos en Inglaterra [se habían] realizado allí en unos pocos años». En este sentido, le aconsejó a su amigo Danielson que examinara con especial atención, no tanto las [transformaciones] que estaban en marcha en los «Estados más antiguos sobre el Atlántico, sino [en aquellos] más recientes» (Marx a N. Danielson, 15 de noviembre de 1878, Marx and Engels 1991: 344), como Ohio y California.
Era lo que él mismo había empezado a hacer. En mayo, de hecho, estudió el Primer informe anual de la Oficina de Estadísticas Laborales del estado de Ohio de 1877. En los meses siguientes, gracias a las publicaciones que Sorge seguía enviándole desde los Estados Unidos, Marx continuó en este campo adicional de investigación, examinando el estado de Pennsylvania y Massachusetts. Es posible que, en los libros de El capital aún por escribir, quisiera exponer las dinámicas del modo de producción capitalista de manera más extensa y en una escala cada vez más global. Si el capitalismo en Inglaterra representó el campo de observación para el Libro I, los Estados Unidos habrían podido representar la continuación que le hubiera permitido ampliar su investigación. Además, es de suponer que también estuviera interesado en verificar atentamente cómo el modo de producción capitalista se desarrollaba en diferentes contextos y períodos (Cfr. Vollgraf 2018: 64-65).
Sin embargo, entre la primavera y el verano de 1878, más que la economía política, estudió geología, mineralogía y química agrícola. Desde finales de marzo hasta principios de junio, Marx compiló resúmenes de varios textos, incluidos la Historia natural de las materias primas del comercio (1872) de Yeats, el Libro de la naturaleza (1848), del químico Friedrich Schoedler (1813-1884), los Elementos de química agraria y geología (1856), del químico y minerólogo James Johnston (1796-1855). Desde junio hasta principios de septiembre, en cambio, se puso a prueba con el Manual estudiantil de geología (1857), del geólogo Joseph Jukes (1811-1869). De ese libro trajo la mayoría de sus extractos que se enfocaron sobre la metodología científica, las fases de desarrollo de la geología como disciplina y su utilidad para la producción industrial y agrícola.

Estas nuevas investigaciones de Marx surgieron de la necesidad de aumentar las nociones sobre la renta, temática que, a mediados de los años sesenta, ya había tratado en la sexta sección del Libro III de El capital, titulada «Transformación de la plusganancia en renta de la tierra». Algunos de los resúmenes de estos textos de ciencias naturales le aclararon las materias estudiadas. Otros se enfocaron en los aspectos teóricos de los temas tratados y en la intención de utilizar las nuevas adquisiciones para finalizar el Libro III. De hecho, incluso Engels, recordó que Marx se ocupó de cuestiones como «prehistoria, agronomía, condiciones de la propiedad de la tierra rusa y estadounidense, geología (…) especialmente para elaborar la sección sobre la renta agrícola del Libro III de El capital en una forma exhaustiva nunca realizada» (Engels 1990: 341).
Mientras tanto, incluso durante el verano de 1878, Marx escribió que su «estado de salud requiere con urgencia» (Marx a S. Schott, 15 de julio de 1878, Marx and Engels 1991: 312) una nueva pausa. La hija Eleanor le dijo al periodista y militante alemán Carl Hirsch (1841-1900) que Marx estaba «sufriendo mucho, [porque] últimamente [había] trabajado demasiado» y, por lo tanto, tenía que «abstenerse absolutamente del trabajo por un tiempo» (E. Marx a C. Hirsch, 8 de junio de 1878, Marx and Engels 1991: 449).
En septiembre, reanudado el trabajo, Marx (también) leyó La reforma del sistema monetario (1869) del economista alemán Adolph Samter (1824-1883). Entre las citaciones de El capital presentes en este texto, estaba la frase «el oro y la plata son por naturaleza dinero», aunque en la página original Marx hubiera escrito que ellos «no son obviamente dinero». Molesto, le comentó a Engels que «en Alemania, el arte de saber leer parece estar cada vez más en peligro de extinción entre las clases ‘cultas’» (Marx a Engels, 18 de septiembre de 1878, Marx and Engels 1991: 329).
Por el contrario, los que conocieron a Marx quedaron profundamente impresionados por su erudición e ilimitada cultura. En diciembre de 1878, un corresponsal anónimo que lo entrevistó para el Chicago Tribune dijo «estar muy sorprendido por el profundo conocimiento que tiene Marx sobre los problemas estadounidenses de los últimos veinte años» (Marx, 1989: 569). En la Entrevista con Karl Marx (1879), los dos discutieron numerosos temas. Mostrando una gran ductilidad política, Marx comenzó aclarando que «varios puntos» del programa de los socialistas alemanes «no [tenían] significado fuera de Alemania». Explicó que en «España, Rusia, Inglaterra y los Estados Unidos» el movimiento obrero «[tenía] programas propios que, según el caso, [venían] adaptados a las dificultades particulares. Su único parecido consistía en el propósito final común» que Marx, más que definir «el poder de los trabajadores», como sugirió su entrevistador, llamó «la liberación del trabajo» (Ibid.: 578). A la pregunta «qué [había] logrado el socialismo hasta entonces», Marx centró su respuesta sobre dos cuestiones principales. Primero:
los [comunistas] han demostrado que la lucha general entre capital y trabajo tiene lugar en todas partes. […] Por lo tanto, han intentado llegar a un acuerdo entre los trabajadores de diferentes países. Esto se hizo aún más necesario a medida que los capitalistas se volvieron más y más cosmopolitas y, tanto en los Estados Unidos, como en Inglaterra, Francia y Alemania, habían contratado mano de obra extranjera y la habían utilizado contra los trabajadores locales. Inmediatamente surgieron conexiones internacionales entre los trabajadores de varios países: se evidenció que el comunismo no era un asunto local sino internacional que debía llevarse a cabo con la acción internacional de los trabajadores (Ibid.: 573).

Además, Marx volvió a afirmar que «las clases trabajadoras [habían] entrado en movimiento de forma espontánea», sin filántropos burgueses o sectas revolucionarias que decidieran en su nombre qué hacer. Asimismo, los comunistas «no [habían] inventado el movimiento», aunque sí les «aclaraban a los trabajadores su carácter y objetivos» (Ibid.).
Por otra parte, el periodista estadounidense le pidió que confirmara las frases que el sacerdote Josephus Cook le atribuía (1838-1901). Para el religioso evangelista, autor de varios libros sobre las ciencias populares y el socialismo, Marx había dicho que, en 1871, época de la Comuna de París, los revolucionarios eran «como mucho tres millones», pero, en los siguientes veinte años llegarían a ser «50 o 100 millones». Entonces, ellos se habrían «levantado contra el odiado capital (y) el pasado [habría] desaparecido como una aterradora pesadilla», borrado por un «incendio popular que [habría] estallado en cien lugares» (Ibid.: 576). Marx respondió que no había pronunciado «ni una palabra» de ese texto publicado en el periódico conservador francés Le Figaro. Declaró que nunca escribía «semejantes estupideces melodramáticas» y que, si hubiera tenido que «responder a todo lo que se [había] dicho y escrito sobre él, [habría] tenido que contratar veinte secretarias». Marx estaba interesado en la crítica del capitalismo, del cual reiteró que «este sistema [era] sólo una fase histórica que desaparecerá y dará paso a un orden social más elevado» (Ibid.: 577). A diferencia de los que asocian sus ideas con la concepción de un colapso inmediato e inevitable del capitalismo, Marx se declaró, «firmemente convencido» de la posible «puesta en práctica de sus teorías», pero – consciente de las características del modo de producción observado cuidadosamente por más de 35 años – agregó: «si no en este, por lo menos en el próximo siglo» (Ibid.: 569).
A principios de 1879, Marx se encontró con el político escocés de ascendencia noble, Mountstuart Elphinstone (1829-1906) a quien le reiteró un concepto análogo. Cuando Elphinstone lo provocó afirmando: «supongamos que su revolución haya tenido lugar y haya formado su gobierno republicano; el camino todavía es largo, muy largo, antes de realizar sus ideas y las de sus amigos», Marx respondió: «sin duda, pero todos los grandes movimientos se mueven lentamente. Sería sólo un paso hacia el mejoramiento de las cosas, así como su revolución de 1688 [la segunda Revolución Inglesa] fue sólo un paso en el curso de nuestro camino» (Enzensberger 1999: 380-381).
En noviembre de 1878, cuando Danielson, traductor ruso del Libro I de El capital, estaba a la espera de novedades sobre la continuación de este, Marx le informó que el «segundo volumen» no iría a imprenta «antes de finales de 1879» (Marx a N. Danielson, 15 de noviembre de 1878, Marx and Engels 1991: 343). En abril de 1879, Marx declaró que había sido informado que, a raíz de la promulgación de las leyes antisocialistas, la continuación de El capital no podría ser publicada «mientras el régimen actual persistiera en su severidad del momento» (Marx a N. Danielson, 10 de abril de 1879, Marx and Engels 1991: 354). Consciente de que aún estaba lejos de completar la obra, Marx comentó esta noticia, de por sí perjudicial, de manera casi positiva. Para su justificación, quiso aclarar las tres razones por las que consideraba útil dedicar aún más tiempo a completar el libro que había quedado suspendido desde 1867.
Primero que todo, dijo que quería esperar hasta que la crisis industrial en Inglaterra alcanzara su punto más alto. Incluso si, como en sus expectativas, hubiera pasado como «todas aquellas que la habían precedido» y hubiera empezado un «nuevo ‘ciclo industrial’, con todas sus diferentes fases de prosperidad», su curso y su «observación detallada [resultaban] de gran importancia para un estudioso de la producción capitalista» (Ibid).
En segundo lugar, Marx declaró que «la cantidad de documentos que [había] recibido de Rusia [y …] los Estados Unidos le daba el pretexto para seguir [sus] análisis, en lugar de terminarlas con la publicación» (Ibid.: 355). Afirmó que, «en cuanto al ritmo del progreso económico, los Estados Unidos [habían] superado en gran medida a Inglaterra, aún si [seguían] todavía rezagados al tamaño de la riqueza adquirida» (Ibid.: 358). Marx estaba muy interesado en seguir el desarrollo de las sociedades anónimas y los efectos económicos de la construcción de líneas ferroviarias (36). En sus evaluaciones, «en algunos de los estados en los que el capitalismo estaba confinado en pocos puntos de la sociedad», las líneas ferroviarias habían «permitido, o incluso obligado a crear, en un corto período de tiempo, una superestructura capitalista, ampliándola en dimensiones del todo desproporcionadas respecto a la parte preponderante de la sociedad» que seguía en sus formas tradicionales de producción. En los estados donde el capitalismo estaba menos desarrollado, el ferrocarril había «acelerado la desintegración social y política». Por el contrario, en los estados más avanzados «había acelerado el desarrollo definitivo de la producción capitalista» (Ibid: 356). Además, el desarrollo de estas grandes infraestructuras no sólo había garantizado «medios de transporte [más] aptos a los medios modernos de producción, sino que [había] sentado las bases para [el surgimiento de] gigantescas sociedades anónimas, [además de] establecer un nuevo comienzo para las […] empresas bancarias» (Ibid.). El transporte ferroviario había ofrecido «un impulso, nunca antes imaginado, para la concentración del capital». Por otra parte, había permitido un «fuerte crecimiento de la actividad cosmopolita del capital variable», que, según Marx, empezaba a «envolver al mundo a través de una red de estafas financieras y mutuo endeudamiento», es decir la «forma capitalista de la hermandad internacional» (Ibid).
Estos nuevos fenómenos requerían de tiempo para ser entendidos. Por eso, en junio de 1880, Marx le reiteró a Ferdinand Nieuwenhuis (1846-1919), el principal exponente de la Liga Socialdemocrática de los Países Bajos, que, en las «circunstancias políticas actuales, la noticia que «la segunda parte de El capital […] no podía [ser] publicada en Alemania […] [le] llegaba de forma grata». De hecho, justo en ese momento, «ciertos fenómenos económicos [habían] entrado en una nueva etapa de desarrollo y exigían un nuevo análisis» (Marx a F. Nieuwenhuis, 27 de junio de 1880, Marx and Engels 1992: 16).

Finalmente, como tercera y última razón a favor de un tiempo más largo para la conclusión del Libro Segundo estaban las disposiciones del médico que le había impuesto «reducir significativamente [su] jornada laboral» (Marx a N. Danielson, 10 de abril de 1879, Marx and Engels 1991: 356).
Ya en abril de 1879, Marx le había confesado a Danielson que, debido en parte al clima político en Alemania y Austria después de la promulgación de las leyes antisocialistas, él «no había podido hacer su viaje [anual] a Karlsbad [y por eso] nunca había estado realmente bien de salud» (Ibid.: 353). Además, las condiciones de su esposa Jenny empeoraban rápidamente e, incluso durante ese verano, fue necesario proporcionarle terapias complejas y atención constante.
Sin embargo, las dos semanas en Ramsgate, cuyo «aire […] le hacía extraordinariamente bien», lo pusieron de nuevo en forma y el 10 de septiembre le dijo a Engels que se había «recuperado mucho» (Marx a Engels, 10 de septiembre de 1879, Marx and Engels 1991: 388). De esa buena noticia también fue informado Danielson a quién Marx le contó que, después de una pausa de «vida rural y [de] suspensión de todo trabajo», durante el cual «ni siquiera [honró] el alimento intelectual» que este le había enviado, se sentía mejor y planeaba «poner[se] a trabajar con energía» (Marx a N. Danielson, 19 de septiembre de 1879, Marx and Engels 1991: 409). No obstante, él era muy consciente de la tarea extraordinariamente difícil que le esperaba. Además de la necesidad de volver a revisar algunas partes de sus manuscritos para perfeccionar su escritura, también existía la necesidad, aún más urgente, de abordar algunos complicados temas teóricos aún por resolver (37).
Engels también le informó de la mejoría de la salud de Marx a Becker, a quien le dijo: «Está más en forma que el año pasado, aunque todavía no está como debería. Hace mucho tiempo la Sra. Marx sufre de trastornos digestivos […] y rara vez se siente bien. El Libro Segundo avanza despacio y no seguirá rápidamente, hasta que un verano mejor del que acaba de transcurrir no le permita a M[arx] recuperarse de verdad» (Engels a J. Becker, 19 de diciembre de 1879, Marx and Engels 1991: 432). En 1885, dos años después de la muerte de Marx, le tocó al mismo a Engels ensamblar los diversos manuscritos sin terminar y mandarlos a imprimir.

«¡La lucha!»
En el transcurso de 1880, Marx se dedicó también al estudio del Tratado de economía política (1876) de Adolph Wagner (1835-1917), profesor de economía política en la Universidad de Berlín y defensor del socialismo de Estado. Durante su lectura, como de costumbre, Marx redactó un compendio de las principales partes de dicho texto, intercalando entre ellas una serie sustanciosa de comentarios críticos. En las Notas marginales al ‘Tratado de economía política’ de Wagner (1880), Marx observó que, incluso en el tipo de sociedad ideada por quienes, con sarcasmo, fueron clasificados como socialistas de la cátedra alemana, las contradicciones fundamentales del capitalismo se mantenían prácticamente inalteradas. Escribió, en efecto, que «donde el Estado es en sí mismo un productor capitalista, como en el caso de la explotación de yacimientos minerales, bosques, etc., su producto es ‘mercancía’ y posee, por lo tanto, el mismo carácter específico que cualquier otra mercancía» (Marx 1975: 200).
En sus anotaciones, Marx fijó su atención también en otras temáticas. Uno de sus intentos fue demostrar que Wagner no había comprendido la distinción entre valor y valor de cambio. Como consecuencia, no fue capaz de distinguir la teoría de Marx de la de David Ricardo (1772-1823) que se había «ocupado exclusivamente del trabajo como medida de la magnitud del valor» (Ibid.: 184). Según Wagner, el valor de uso y el valor de cambio se debían «deducir […] del concepto de valor» (Ibid.: 197); para Marx, por el contrario, debían ser examinados «a partir de un objeto concreto: la mercancía» (Marx 1975: 198).
A Wagner, que había afirmado que la teoría del valor de Marx era «la piedra angular de su sistema socialista» (38), Marx le contestó que en lugar de «adosarle […] demostraciones relacionadas con el futuro», debería haber presentado pruebas de lo que afirmaba sólo como principio teórico. Wagner había escrito erróneamente que «no [había] existido ningún proceso social de producción en las numerosas comunidades que [habían] precedido la aparición del capitalista privado». Marx lo desmintió mencionando los casos de la «antigua comunidad india, [y de] la comunidad familiar de los eslavos del sur» (Marx 1975: 185). También señaló que, «en las comunidades primitivas, donde los medios de subsistencia se producen de manera colectiva y se distribuyen entre los miembros de la comunidad, el producto común responde directamente a las necesidades vitales de cada miembro de la comunidad, de cada productor». En este caso, «el carácter social del producto, del valor de uso, es inherente a su carácter comunitario (común)» (Ibid.:199).
Marx también dirigió su atención a otras tesis de Wagner, quien había afirmado que «el beneficio capitalista [era] […] un elemento constitutivo del valor y no, como en la concepción socialista, sólo un gravamen impuesto al trabajador o un robo contra él». Sin embargo, Marx reiteró que él había demostrado que el capitalista «no se limita[ba] a ‘tomar’ o ‘robar’, sino que, por el contrario, imponía la producción de plusvalor». Era un mecanismo diferente, en el cual, cuando el capitalista «le paga al trabajador el valor real de su fuerza de trabajo, gana plusvalía». No obstante, en «este tipo de producción», esto constituía un «derecho», una no violación del intercambio de bienes y no significaba, como sostenía Wagner, que el «beneficio del capital [fuera] el elemento ‘constituyente’ del valor» (39).
Además, Marx transcribió otra declaración paradójica de Wagner en la que argumentaba que «Aristóteles erró al considerar no transitoria la economía esclavista», pero que Marx proponía una tesis errónea al «considerar transitoria» (Marx 1975: 185) la economía capitalista. Para el economista de Baviera, «la organización económica de hoy, [así como] su base legal […], es decir, la propiedad privada […] de la tierra y el capital», constituían una «institución esencialmente inmutable» (40).
Para Marx, por el contrario, representaba un modo de producción propio de un determinado período histórico y, por lo tanto, hubiera podido ser reemplazado por una forma radicalmente distinta de organización económica y política: una sociedad sin clases.
Antes del verano, y después de otro año extremadamente difícil a causa de enfermedades y problemas familiares, Marx fue forzado por los doctores «a abstenerse, con urgencia, de cualquier trabajo». Además, las condiciones de salud de su esposa se habían «agravado repentinamente», hasta el punto de predecir «un desenlace fatal» (Marx a F. Nieuwenhuis, 27 de junio de 1880, Marx and Engels 1992: 30). Lo que Marx le había descrito a Sorge como una «grave enfermedad hepática» (Marx a F. Sorge, 30 de agosto de 1880 Marx and Engels 1992: 24) era, en realidad, un cáncer. Debido a las circunstancias, no era posible pensar en ningún viaje para un tratamiento en el extranjero, así que en agosto de 1880 toda la familia Marx, con excepción de Eleanor, regresó, durante casi mes y medio, a Ramsgate, donde alquilaron una cabaña. Después de dos semanas, Engels se unió a ellos. Marx le dijo a Danielson que, a parte el cuidado que se le debía dar a Jenny von Westphalen, el médico le había ordenado «curar [sus] nervios ‘haciendo nada’» (Marx a N. Danielson, 12 de septiembre de 1880, Marx and Engels 1992: 30).

Durante este período, el periodista liberal estadounidense John Swinton (1829-1901) se encontró personalmente con Marx y escribió un intenso perfil. En la entrevista, publicada el 6 de septiembre de 1880 en la portada de The Sun, Swinton lo presentó a los lectores norteamericanos como «uno de los hombres más extraordinarios de la época, que [había] jugado un papel inescrutable, y sin embargo poderoso, en la política revolucionaria de los últimos cuarenta años». De Marx escribió: «No tiene prisa y no conoce el reposo. Es un hombre con una mente poderosa […] siempre involucrado en proyectos ambiciosos […] y objetivos prácticos. Fue y sigue siendo el inspirador de muchos de los terremotos que han trastornado naciones y derribado tronos» (Swinton 1989: 583). Después de entrevistarlo, el periodista neoyorquino se convenció de que estaba en presencia de un hombre capaz de «analizar el mundo europeo país por país, destacando sus peculiaridades, desarrollos y personalidades, tanto las que actúan en la superficie, como aquellas que operan por debajo de ella» (Swinton 1989: 584).
Después de pasar un día completo con Marx, el periodista fue profundamente sorprendido por la vastedad de su conocimiento. Por la noche, pensando en «las incertidumbres y los tormentos del presente y el pasado», todavía conmocionado por el poder de las palabras escuchadas y «sumergiéndose en su profundidad», Swinton decidió preguntarle al gran hombre que tenía al frente por «la ley suprema del ser». Aprovechando un momento de silencio, «interrumpió al revolucionario y filósofo con esta fatídica pregunta: ‘¿Cuál es?’». Por un momento, tuvo la sensación de que la mente de Marx «estuviera divagando sobre sí misma […], mientras escuchaba el rugido del mar y observaba a la multitud inquieta en la playa. ‘¿Cuál es [la ley]?’ – le había preguntado. [Marx] respondió, con un tono profundo y solemne: ‘¡La lucha!’» (Ibid.: 585).

 

Notas
(1) Estos cuadernos abarcan un total de 1472 cuartillas. Ver el ‘Prólogo’ a la primera edición alemana del volumen II de El capital de Marx (Engels 2017 [1885]: 8).
(2) También previamente, en los Grundrisse.
(3) Se publicó en 1973, en un volumen suplementario (vol. 47) de la Marx-Engels Sochinenya [Obras completas]. La edición original alemana apareció solo en 1976 en MEGA2 vol. II/3.1.
(4) Entre 1905 y 1910, Kautsky público los manuscritos en cuestión en una forma que se desviaba un poco de los originales.
(5) Habría de seguir a: 1) la transformación del dinero en capital; 2) la plusvalía absoluta; 3) la plusvalía relativa; y 4) una sección (que nunca escribió) de cómo estas tres habían de ser consideradas en combinación.
(6) Estos cuadernos hacen parte de Teorías de la plusvalía, vol. II.
(7) Esto corresponde a los últimos cuadernos que hacen parte de Teorías de la plusvalía, vol. III.
(8) Ver el índice de los Grundrisse, escrito en junio de 1858 e incluido en el Cuaderno M (el mismo de la ‘Introducción de 1857’), así como el borrador de índice para el tercer capítulo, escrito en 1860: Marx, ‘Borrador del plan del capítulo sobre el capital’, en Marx (1987: 511-517).
(9) Esta afirmación parece indicar que Marx se dio cuenta de lo difícil que sería completar su proyecto original en seis libros. Ver (Heinrich 2009: 80).
(10) El primer capítulo ya había sido esbozado en el Cuaderno XVI de los manuscritos económicos de 1861-63. Marx preparó un esquema del segundo en el Cuaderno XVIII.
(11) Médico alemán que ejercía la profesión en Manchester. Era el médico personal de Friedrich Engels y también su amigo. [NT]
(12) Ver las más de sesenta páginas contenidas en IISH [International Institute of Social History], Marx-Engels Papers, B 98. Sobre la base de esta investigación, Marx inició uno de sus muchos proyectos inacabados. Ver (Marx 1961).
(13) IISH, Marx-Engels Papers, B 93, B 100, B 101, B 102, B 103, B 104 incluyen unas 535 páginas de notas. Se les debe añadir a éstas los tres cuadernos RGASPI f.1, d. 1397, d. 1691, d. 5583. Marx usó algo de este material para la compilación de los Cuadernos XXII y XXIII.
(14) Ver Michael Heinrich (2011: 176-179), que argumenta que los manuscritos de este periodo deben tomarse, no como la tercera versión del trabajo que comenzó con los Grundrisse, sino como el primer borrador de El capital.
(15) ‘No. 1.’: se refiere a la Contribución a la crítica de la economía política de 1859.
(16) En años recientes, investigaciones en dermatología han revisado la discusión en torno a las causas de la enfermedad de Marx. Sam Shuster sugirió que sufría de hidradenitis supurativa (‘The nature and consequence of Karl Marx’s skin disease’, en British Journal of Dermatology, vol. 158 (2008), no. 1, pp. 1-3), mientras que Rudolf Happle y Arne Koenig aseguraron, aún menos plausiblemente (‘A lesson to be learned from Karl Marx: smoking triggers hidradenitis suppurativa’, British Journal of Dermatology, vol. 159 (2008) no. 1, pp. 255-6) que el culpable era su fuerte costumbre de fumar cigarros. Para la respuesta de Shuster a esta sugerencia, ver ibid., p. 256.
(17) En términos editoriales una signature correspondía a 16 páginas, cincuenta signatures eran equivalentes a 800 páginas impresas.
(18) Publicado en 1898 por Eleanor Marx, como Value, Price and Profit. Este título, comúnmente utilizado, fue la base de la traducción alemana que apareció el mismo año en Die Neue Zeit.
(19) Druckbogen es el término alemán para signature, 60 es el equivalente a 960 páginas. Más adelante, Meißner indicó su disposición a modificar el contrato con Marx: ver (Marx a Engels, 13 de abril de 1867, Marx and Engels 1987: 357).
(20) Engels siguió esta división al publicar El capital, Libro III, en 1894. Ver (Vollgraf, Jungnickel y Naron 2002: 35-78). Ver también los más recientes: (Vollgraf 2012a: 113-133); y (Roth 2012: 168-82). Para un estudio crítico de la edición de Engels, ver (Heinrich 1996-1997: 452-466) Un punto de vista diferente se encuentra en: (Krätke 2017) especialmente el capítulo final: ‘Gibt es ein Marx-Engels-Problem?’[‘¿Hay un problema Marx-Engels?’].
(21) Marx incluyó luego la sección sobre la renta del suelo (básica) en la parte seis del Libro III: ‘La transformación de la plusvalía en ganancia’.
(22) Canción popular tradicional inglesa Miller of the Dee.
(23) Los más recientes estudios filológicos han demostrado que, contrario a lo que siempre se ha creído, el manuscrito original del Libro I -que se remonta al período 1863-64 y sobre el cual se ha sostenido por mucho tiempo que el único fragmento conservado es el ‘Capítulo IV inédito’- fue, de hecho, recortado y trasladado por Marx durante la preparación de la copia que sería mandada a la imprenta. Vease Vollgraf (2012b: 464-467).
(24) Estos manuscritos han sido publicados recientemente en 2012 en Karl Marx, Ökonomische Manuskripte 1863-1868, en MEGA2, vol. II/4.3, pp. 78-234, y pp. 285-363. La última parte constituye el Manuscrito IV del volumen II y contiene nuevas versiones de la Parte 1, ‘La circulación del capital’, y la Parte 2, ‘Las metamorfosis del capital’.
(25) Todavía sin publicar, estas notas están incluidas en los cuadernos IISH, Marx-Engels Papers, B 108, B 109, B 113 y B 114.
(26) Ver en próxima aparición de M. Musto y B. Amini (eds.), The Routledge Handbook of Marx’s ‘Capital’: A Global History of Translation, Dissemination and Reception, London – New York, Routledge, 2019
(27) Para más información al respecto véase (Uroeva 1974: 94 ss.).
(28) Para un listado de las incorporaciones y modificaciones contenidas en la traducción al francés que no fueron incluídas en la tercera ni en la cuarta edición alemana -a saber, la versión canónica de El capital a partir de la cual fue traducida la versión italiana principal- véase Marx (1991: 732-783). Para una comparación sobre el mérito de esta edición véase Anderson (1985: 71-80) y D’Hondt (1985: 131-137).
(29) La labor editorial desarrollada por Engels después de la muerte de su amigo, para mandar a imprenta las partes de El capital que este no alcanzó a completar, fue tremendamente compleja. Los varios manuscritos, borradores y fragmentos de los Libros II y III, escritos entre 1864 y 1881, corresponden, en los volúmenses de la MEGA, a alrededor de 2.350 páginas. Engels tuvo éxito en mandar a la imprenta el Libro II en 1885 y el Libro III en 1894, pero hay que tener presente que estos dos volúmenes fueron reconstruidos sobre la base de textos incompletos, con frecuencia desiguales y, además, al ser escritos en diferentes períodos, las opiniones de Marx resultan deformadas.
(30) Ver, por ejemplo, la carta de Marx a N. Danielson del 13 de diciembre de 1881, en la cual afirmó: «Primero tengo que sanar y luego terminar el segundo volumen […]. Acompañaré a mi editor para hacer [en] la tercera edición las menores correcciones y adiciones posibles. […] una vez que estas 1.000 copias de la tercera edición hayan sido vendidas podré revisar el texto como lo hubiera hecho ahora si las circunstancias hubieran sido diferentes» (Marx and Engels 1992: 161)
(31) Marx, Jenny y Eleanor se quedaron en este lugar del 4 al 20 de septiembre, pero no se recibieron cartas relativas a este período.
(32) Se refiere a la teoría del plusvalor.
(33) Con las palabras «tercera parte», Marx se refería a los estudios sobre la historia de las teorías económicas que empezó a principios de los años sesenta. La segunda se refería, por el contrario, a aquellos que Engels publicó luego como el Libros II y III de El capital. Véase la carta de Marx a L. Kugelmann,13 de octubre de 1866 (Marx and Engels 1987: 328). Sin embargo, hay que notar que en su carta a Schott, Marx proporcionó una representación del estado de sus manuscritos que no correspondía a la realidad. Carl-Erich Vollgraf declaró correctamente que partes sustanciales de las Teorías sobre la plusvalía aún no contenían «su interpretación elaborada de forma completa». Además, muchas páginas de este texto eran «no bien pensadas [y] pedantes» (Vollgraf 2018: 62).
(34) Estos extractos se encuentran sobretodo en IISG, Marx-Engels Papers, B 129 e B 138.)
(35) Cfr. IISG, Marx-Engels Papers, B 140, B 141 e B 146. Sobre los juicios de Marx sobre Kaufman cfr., tambien la carta a N. Danielson (Marx a N. Danielson, 10 de abril de 1879, Marx and Engels 1991: 358).
(36) En este sentido, ver Musto (2016: 41-42)
(37) Según M. Heinrich Marx entendió que, «con respecto a las teorías del crédito y la crisis, ya no era posible ignorar el rol del Estado, en particular de los bancos nacionales y el crédito público. De la misma manera, no era posible ignorar el rol del comercio internacional, de las tasas de cambio y los flujos de crédito internacional». Además, Marx se convenció de que, dado los enormes progresos registrados en los últimos años, su conocimiento de las «cuestiones tecnológicas» – que habían sido la base del Primer Libro de El capital – ya no era suficiente (Heinrich 2016:132).
(38) A. Wagner, Lehrbuch der politischen Ökonomie [Tratado de economía política], Winter, Leipzig 1879, p. 45.
(39) A. Wagner, Lehrbuch der politischen Ökonomie cit., pp. 45-6.
(40) A. Wagner, Lehrbuch der politischen Ökonomie cit., p. 105.

 

Referencias
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Published in:

Marcello Musto (Ed.), Los Grundrisse de Karl Marx. Fundamentos de la crítica de la economía política 150 años después,

Publisher:

Fondo de Cultura Economica

Pub Info:

2018, pp. 381-424

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