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Los Grundrisse de Marx, 150 años después

Como ocurre ahora de nuevo, 150 años después, con la crisis de las subprime, en 1857 los EEUU fueron el teatro de desarrollo de una gran crisis económica internacional, la primera de la historia. Tal suceso generó gran entusiasmo en uno de los más atentos observadores de la época: Karl Marx.

En realidad, después de 1848, Marx había sostenido repetidamente que una nueva revolución sólo podría venir como consecuencia de una crisis, y cuando estalló la de 1857, se resolvió, a pesar de la miseria y los problemas de salud que lo atenazaban, a reemprender los intensos estudios que había comenzado en el British Musuem de Londres en 1850 y a dedicarse nuevamente a su obra de crítica de la economía política. Resultado de ese trabajo, desarrollado entre agosto de 1857 y mayo de 1858, fueron 8 voluminosos cuadernos: los Grundrisse, el primer esbozo de El Capital.

Esos cuadernos terminaron luego sepultados bajo los tantos manuscritos inacabados de Marx, y es probable que no fueran siquiera leídos por el propio Friedrich Engels. Tras la muerte de éste, los manuscritos inéditos de Marx pasaron a ser custodiados por los archivos de la SPD, pero fueron tratados con gran negligencia. La única parte de los Grundrisse dada a imprenta durante ese período fue la “Introducción”, publicada en 1903 por Karl Kautsky. Esa publicación suscitó un notable interés –constituía, en realidad, el tratamiento más detallado jamás escrito por Marx de cuestiones metodológicas— , y fue rápidamente vertida a muchas lenguas, convirtiéndose en uno de los escritos más comentadas de toda su obra.

A despecho de la fortuna experimentada por la “Introducción”, los Grundrisse permanecieron todavía inéditos durante mucho tiempo. Su existencia sólo se hizo pública en 1932, cuando David Riazanov, director del Instituto Marx-Engels en Moscú, los redescubrió al examinar el legado literario de Marx conservado en Berlín. Los fotocopió, y en los años que siguieron varios especialistas soviéticos descifraron su contenido y lo dactilografiaron. Cuando aparecieron publicados en Moscú, en dos volúmenes (1939 y 1941), constituyeron el último manuscrito importante de Marx hecho público. Sin embargo, al haberse publicado en vísperas de la II Guerra Mundial contribuyó a que la obra permaneciera desconocida. Las 3.000 copias de la edición de Moscú se convirtieron en una rareza bibliográfica, y muy pocas lograron traspasar las fronteras soviéticas. Hubo que esperar a 1953 para su reimpresión.

Como ya había ocurrido con la “Introducción”, fue otro extracto de los Grundrisse lo que generó un interés particular que en cierto modo eclipsó al conjunto de la obra: las “Formaciones precapitalistas”. Lo cierto es que, a partir de los años 50, ese texto fue traducido a muchas lenguas, y el prefacio del editor inglés, Eric Hobsbawm, contribuyó a difundir y dar resonancia a su contenido: “se trata del intento más sistemático jamás realizado por Marx de plantear la cuestión de la evolución histórica, y se puede afirmar que cualquier discusión historiográfica marxista que no haya tenido en cuenta este texto deberá replantearse a la luz del mismo”.

La difusión de la versión íntegra de los Grundrisse fué un proceso lento pero inexorable, y una vez concluido, permitió una apreciación más completa y, en según qué aspectos, distinta del conjunto de la obra de Marx. Las primeras traducciones se realizaron en Japón (1958-65) y en China (1962-78). En la Unión Soviética, en cambio, no aparecieron hasta 1968-69.

A fines de los años 60, los Grundrisse comenzaron a circular también por Europa occidental. Aparecieron, primero, en Francia (1967-68) y en Italia (1968-70), por iniciativa de empresas editoriales vinculadas a los partidos comunistas. En lengua castellana fueron publicados en Cuba (1970-71) y en Argentina (1971-6) y luego, en otras ediciones, también en México y en España. La traducción inglesa sólo vio la luz en 1973, en una edición al cuidado de Martin Nicolaus, quien en el prólogo afirmó lo que sigue: “los Grundrisse son el único esbozo de conjunto del proyecto económico-político de Marx, y someten a prueba a cualquier interpretación seria de Marx concebida hasta la fecha”.

Los años 70 fueron la década decisiva también para la traducción en la Europa del Este, y los Grundrisse fueron publicados en Checoslovaquia (1971-7), Hungría (1972), Rumanía (1972-4) y Yugoslavia (1979). En el mismo período, parecían también en Dinamarca (1974-8), mientras que, en los años 80, se publicaron en Irán (1985-7), en lengua eslovena (1985), en Polonia (1986) y en Finlandia (1986). Por lo demás, tras 1989 y el fin del llamado “socialismo real”, los Grundrisse siguieron siendo traducidos en otros países: Grecia (1989-92), Turquía (1999-2003), Corea del Sur (2000), Brasil (2008), y a día de hoy, han sido íntegramente publicados en 22 lenguas, con un total de 500 mil ejemplares salidos de imprenta. Una cifra que sorprendería a quien, a sólo beneficio de inventario, tratara de hacerse una idea de alcance de los estudios de economía política.

El primer comentarista de los Grundrisse fue Roman Rosdolsky, cuya obra Génesis y estructura del ‘Capital’ de Marx, publicada en 1968, constituye la primera monografía dedicada al texto marxiano. Ese mismo año, los Grundrisse sedujeron a algunos de los protagonistas de de las revueltas estudiantiles, que comenzaron a leerlos, entusiasmados por explosiva radicalidad de sus páginas. Por lo demás, los Grundrisse ejercieron una fascinación irresistible entre quienes, sobre todo en los finales de la nueva izquierda, estaban empeñados en superar la interpretación de Marx suministrada por el marxismo-leninismo.

En el mismo período, también los tiempos habían cambiado en el Este. Tras una primera fase en la que los Grundrisse se estudiaban con desconfianza, pasaron a ser definidos por el prestigioso investigador ruso Vitali Vygodski como una obra genial a la que había que prestar la debida atención. Así pues, en unos pocos años, los Grundrisse se convirtieron en un texto fundamental con el que estaba obligado a medirse cualquier estudioso serio de la obra de Marx.

Aun con diversos matices, los varios intérpretes se dividieron entre quienes consideraban los Grundrisse un texto autónomo, al que podía atribuirse una compacidad conceptual completa, y quienes lo estimaban un manuscrito prematuro y meramente preparatorio de El Capital. El trasfondo ideológico de las discusiones sobre los Grundrisse –el núcleo de la disputa tenía que ver con el mayor o menor fundamento de la interpretación misma de Marx, con todas sus implicaciones políticas derivadas— trabajó a favor del desarrollo de tesis interpretativas inadecuadas y que hoy resultan hasta risibles. Entre los comentaristas más entusiastas de ese escrito, los hubo que hasta se avilantaron a sostener su superioridad teórica respecto de El Capital, aun cuando este último contenía los resultados de una década de intensísima investigación ulterior. Y al revés, pero análogamente, entre los principales detractores de los Grundrisse no faltaron quienes, a pesar de los significativos pasos consagrados a la alienación, afirmaban que no añadían nada a lo ya sabido de Marx. Entre las encontradas lecturas de los Grundrisse, destacan las no-lecturas, el caso más llamativo de las cuales es el de Althusser, que concibió una polémica subdivisión del pensamiento de Marx en obas juveniles y obras de madurez, ignorando por completo el contenido de los Grundrisse.

Mas, en general, a partir de mediados de los años 70, los Grundrisse conquistaron un número creciente de lectores e intérpretes. Varios estudiosos vieron en ese texto el lugar privilegiado para profundizar en una de las cuestiones más debatidas del pensamiento de Marx: su deuda intelectual con el legado de Hegel. Y aun otros quedaron fascinados por los proféticos pronunciamientos contenidos en los fragmentos dedicados a las máquinas y a su automatización.

Hoy, con la distancia de 150 años, los Grundrisse muestran la persistente capacidad explicativa de Marx a la hora de explicar el modo capitalista de producir. Su capacidad para entender el papel histórico del capitalismo, en el que la creación de una sociedad cada vez más avanzada y cosmopolita en relación con las que le han precedido queda perspicazmente dibujado junto con la crítica de los obstáculos que el capitalismo pone a un desarrollo social e individual más completo. Por lo demás, los Grundrisse tienen un valor extraordinario, porque recogen un sinnúmero de observaciones (entre ellas, las que tienen que ver con el comunismo) que su autor no tuvo ocasión de desarrollar luego en ninguna parte de su incompleta obra. Es harto probable que las nuevas generaciones que se acerquen a la obra de Marx queden también fascinadas por estos seductores manuscritos, y es lo cierto que resultan todavía indispensables para quienes quieran pensar seriamente en la crisis de la izquierda y en la transformación del presente.

Traducción: Leonor Març, revisada por Antoni Domènech

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Vicisitudes y nuevos estudios de la ideología Alemana

I. Revistas de estudios marxianos
Los múltiples intentos de publicar las obras completas de Marx y Engels han visto florecer, a propósito de sus ediciones, algunos periódicos que tenían el objetivo de acompañar y promover los trabajos, además de ofrecer una contribución a la investigación. También este capítulo de la Marx Forschung (la investigación sobre Marx) se abre, como muchos otros, con los trabajos de David Borisovich Riazanov, curador de la primera edición histórico-crítica de la obra completa de Marx y Engels, la Marx Engels Gesamtausgabe (MEGA), sin duda, el más importante Marx Forscher del siglo XX. Gracias a su iniciativa, y bajo el cuidado del Instituto Marx y Engels de Moscú dirigido por él directamente, en el bienio 1926-27 aparecieron los dos volúmenes del Marx-Engels Archiv. El objetivo del proyecto, del cual, en principio, se había excluido cualquier referencia al debate político del momento, era proveer anticipos sobre los manuscritos de los dos pensadores para hacerlos accesibles a la crítica antes de la edición completa de la obra. Como es sabido, sobre la MEGA se descargó el hacha del estalinismo, responsable, además de muchos otros crímenes, de haber interrumpido la publicación de la obra de Marx.

A pesar de que han aparecido, desde 1956 a 1968 la Marx Engels Werke (MEW) y entre 1955 y 1966, en la Unión Soviética, la segunda K. Marks i F. Engelsa Sochinenia, durante los cuarenta años trascurridos desde la interrupción del primer intento de Gesamtausgabe en 1935 y la impresión de la segunda (cuyo primer volumen se remonta a 1975), en el campo “socialista” nohubo serias iniciativas editoriales semejantes. La única revista de este ciclo fue el completamente doctrinario Nauchno-informacionnii biulleten sektora proizvedenii K. Marksa i F. Engelsa que surgió en 1958 en el Instituto por el Marxismo Leninismo de Moscú, y que prosiguió en 47 números hasta 1989. Por el contrario, en el mismo período, en Occidente, se cuentan numerosos y calificados instrumentos de investigación sobre Marx, y es obligatorio hacer referencia a al menos dos de ellos. En Francia, bajo la dirección del marxólogo Maximilien Rubel, nació la revista Etudes de marxologie. Los 31 números de estos cuadernos -algunos de los cuales eran dobles–, aparecidos de modo discontinuo entre 1959 y 1994, representan un intento irremplazable de documentación de la obra de Marx y de crítica del marxismo gracias a los análisis críticos, los estudios históricos, las bibliografías y las traducciones inéditas que contienen; todavía hoy, son un instrumento indispensable para quien desee aventurarse de manera rigurosa en estos temas.

En cambio, en Tréveris, en la República Federal Alemania, entre los años 1969 y 2000, aparecieron en 49 números los Schriften aus dem Karl Marx Haus. También esta colección, con sus monografías sobre las ediciones de la obra de Marx y Engels –acerca de su recepción en el mundo y las relaciones que ellos mantuvieron con terceros–, y con la presentación de ensayos sobre la historia del movimiento obrero, es una de las fuentes más especializadas de investigación en el campo.

Luego del nacimiento de la MEGA², los Institutos para el Marxismo-Leninismo de Moscú y Berlín dieron vida al Marx-Engels-Jahrbuch. Este anuario, editado por la Dietz Verlag en trece números entre 1978 y 1991, aunque concebido para contribuir a la divulgación del marxismo soviético y su triunfo ideológico (motivo por el cual carecía del carácter científico que Riazanov había deseado enérgicamente cincuenta años antes), acompañó la impresión de los primeros volúmenes de la MEGA², contando con importantes contribuciones de estudio.

En el mismo período, en la República Democrática Alemana, surgieron otras revistas para documentar el trabajo editorial en curso sobre la obra de Marx. Desde 1976 a 1988 salieron, editados por la Martin-Luther Universität de Halle-Wittenberg, un conjunto de 23 números, los Arbeitsblätter zur Marx-Engels-Forschung; desde 1978 a 1989, aparecieron en 29 números y, por iniciativa del Instituto para el Marxismo-Leninismo de Berlín los Beiträge zur Marx-Engels-Forschung (la nueva colección se retomó en 1991 con una periodicidad anual y con el agregado Neue Folge en el título); finalmente, entre 1981 y 1990, fueron impresos de manera irregular por la Karl Marx Universität de Leipzig los 6 números de la Marx-Engels-Forschungsberichte.

Por iniciativa del Internationaal Instituut voor Sociale Geschiedenis (IISG) de Ámsterdam y de la Karl Marx Haus de Tréveris, a los sucesos del otoño de 1989 les siguió, en el año ’90, el nacimiento de la Internationale Marx-Engels-Stiftung (IMES). Esta fundación, surgida con la gravosa tarea de completar la MEGA², asumió el empeño de publicar en Ámsterdam los MEGA Studien, publicados en 11 números entre 1994 y 1999. [1] Esta revista, al centrarse exclusivamente en los trabajos de edición de la MEGA, afirmó el regreso a una renovada objetividad en la investigación científica.

II. Marx-Engels Jahrbuch
La reciente edición del primer volumen del Marx-Engels Jahrbuch, también bajo el cuidado del IMES –pero en esta oportunidad redactado en la Berlin-Brandenburgische Akademie der Wissenschaften–, marca un nuevo comienzo en la historia de las revistas de la Marx-Forschung. Después de la consolidación de la MEGA², lograda a través de la publicación, desde 1998 al día de hoy, de trece volúmenes acompañados por una gran repercusión internacional, este nuevo emprendimiento intenta expandirse más allá de la experiencia de los MEGA Studien, dedicados únicamente a las cuestiones editoriales, y apunta a darle vida a un foro científico sobre la obra de Marx y Engels.

Con el auxilio de ensayos, convenios y críticas de la bibliografía especializada, el anuario aspira a definir el estado actual de la investigación sobre Marx, cobijando en sus páginas los aportes útiles para reconstruir el cuadro histórico de elaboración de sus obras, documentando su contexto y sus fuentes. Los volúmenes contendrán, además de interesantes aportes inherentes a las problemáticas vinculadas con los trabajos de edición, apéndices, correcciones de erratas, documentos integradores y materiales de archivo, también relativos a la historia de la MEGA. El propósito es establecer una relación recíprocamente interesante entre el trabajo editorial y la investigación científica, de modo que las recientes adquisiciones filológicas puedan proveer nuevos impulsos al debate sobre la teoría marxiana y esto, a su vez, influya productivamente sobre la preparación de los volúmenes.

Otro objetivo del proyecto es dar a las imprentas, tal como sucedió con el Marx-Engels Archiv, fragmentos de las obras más significativas de los dos autores como anticipo de la obra completa. De hecho, el primer número [2] está completamente dedicado a La ideología alemana. A tal propósito, este artículo pretende recorrer las etapas de la historia editorial, omitiendo deliberadamente las cuestiones teóricas.

III. La roedora crítica de los ratones
En febrero de 1845, luego de que las autoridades francesas ordenaran su expulsión, Marx se ve obligado a dejar París. Después de haber comenzado los estudios de economía política, sintetizados en los cuadernos de resúmenes y anotaciones de los textos leídos y en los célebresManuscritos económico-filosóficos, y luego de firmar con el editor Leske de Darmstadt un contrato para una obra en dos volúmenes titulada Crítica de la política y de la economía política, partió hacia un nuevo destino. Esta vez, y hasta el estallido de la revolución de marzo de 1848, el teatro del nuevo exilio es la ciudad de Bruselas.
Los proyectos de Marx de continuar las investigaciones para el libro que se había empeñado en realizar, y de publicar –ofreciendo la traducción alemana- una “Biblioteca de los más eminentes escritores socialistas extranjeros”, se vieron alterados por la publicación, en octubre de 1844, del texto de Stirner, El único y su propiedad.

La primera obra en común de Engels y Marx, La sagrada familia, crítica de la filosofía especulativa de Bauer y consortes, habiendo sido escrita prácticamente en el mismo momento, no pudo dar cuenta de él. Entonces también era necesario combatir esta última manifestación del neohegelianismo. Además, Marx consideraba importante preparar al público para el punto de vista de su “Economía” a través de un escrito polémico contra las más recientes concepciones de la ciencia alemana. Con este parecer, pues, el plan de la obra se fue ampliando hasta comprender dos volúmenes; Marx y Engels trabajaron mucho junto con Moses Hess. En mayo de 1846, la parte principal del manuscrito del primer volumen fue enviada a Westfalia, a Joseph Weydemeyer, que debía preparar la edición. Sin embargo, distintas circunstancias impidieron la publicación. En los años 1846-1847, Marx y Engels intentaron encontrar editor, pero siempre sin éxito.

El título de la obra y de los dos volúmenes que hubieran debido conformarla, no aparecen en el manuscrito. Los editores posteriores le han agregado, sobre la base de una declaración de Marx contra Grün publicada en abril de 1847, en la cual se refiere a un “escrito redactado en común con Fr. Engels, La ideología alemana (Crítica de la más reciente filosofía alemana en sus representantes Feurbach, Bruno Bauer y Stirner, y del socialismo alemán en sus diversos profetas)”. La obra fue publicada en su totalidad en 1847; solo unas pocas páginas fueron impresas en vida de los autores.

De Marx, la revista mensual alemana Das Westphälische Dampfboot incluyó el artículo “La historiografía del socialismo verdadero (en contra de Karl Grün)”. De Hess, la Deutsche-Brüsseler-Zeitung publicó “Obras de Il Dottore Graziano”, texto escrito, con la colaboración de Marx, como crítica al libro de Arnold Ruge Dos años en París. De Engels, la misma revista mandó a la imprenta “K. Beck: Cantos del pobre hombre, o la poesía del socialismo verdadero”. No obstante, este fracaso no significó para Marx un gran problema; de hecho, en el breve bosquejo de autobiografía intelectual utilizado como prefacio a la Crítica de la economía política de 1859, así resumió lo sucedido: “[…] entregamos muy de buen grado el manuscrito a la crítica roedora de los ratones, pues nuestro objeto principal, esclarecer nuestras propias ideas, estaba ya conseguido” [3].

IV. Las ediciones póstumas
Las vicisitudes de la publicación póstuma no son menos intrincadas que las de su preparación y redacción. Es más, sobre las ediciones de Marx y Engels han pesado siempre los conflictos de las distintas corrientes, teóricas y políticas, del movimiento obrero. En relación con La ideología alemana, Eduard Bernstein, que luego de la muerte de Engels entró en posesión de gran parte del legado de los dos autores, tiene una responsabilidad enorme. En 1899 se limitó a reeditar en Die neue Zeit la invectiva contra Grün que Marx ya había publicado en 1847. Solo más tarde, en los años 1903-1904, se decidió a publicar en la revista por él dirigida –Dokumente des Sozialismus– la parte inédita concerniente a Stirner. Sin embargo, la introducción que la acompañaba no constaba de una presentación del estado del original. Recién muchos años después, y de la mano del primer y mejor biógrafo de Engels –Gustav Mayer– fue elaborada una descripción válida, puesto que durante la fase de documentación había logrado convencer a Bernstein de permitirle consultar algunas partes del manuscrito. Se remontan, pues, a 1920 (año de la primera edición del Friederich Engels) las primeras noticias dignas de atención.

En1923 Riazanov viajó a Berlín, y a su regreso a la Unión Soviética presentó en la Academia Socialista de Moscú un comunicado sobre el legado literaria de Marx y Engels. [4] Entonces por fin se pudo conocer la verdadera situación del texto que se había vuelto tan controversial. Las faltas y las lagunas científicas de Bernstein mostraron ser múltiples. Se descubrió, de hecho, que había publicado menos de la mitad de la crítica de Stirner, atribuyendo falsamente a la “roedora crítica de los ratones”aquellos cortes que, en realidad, habían sido practicados arbitrariamente por él; ¡además, se pudo constatar que había creído sin razón que las partes sobre Feuerbach y Bauer pertenecían a un único capítulo que, porconsiderarlo irrelevante, había decidido no publicar!

Utilizando su extraordinaria erudición, que le permitía remontarse a cualquier parte del original, y con su gran habilidad diplomática, Riazanov logró obtener de Bernstein, con enorme fatiga pero en solo cuatro semanas, todas las partes del texto. Solo después de fotografiarlo todo, volvió a Moscú. La primera parte de La ideología alemana, incompleta, atribuible verosímilmente a Marx y, sin duda, la más importante de todo el trabajo, se publicó por primera vez en 1926 bajo el cuidado del mismo Riazanov en el primer volumen del Marx-Engels Archiv. Esta sección, titulada “Feuerbach”, pero dedicada sobre todo a su concepción de la historia, contiene la primera exposición de la teoría que Marx había elaborado en el transcurso de dos años de estudios filosóficos, históricos y económicos, aquella que luego definirá el “hilo conductor” de sus propias investigaciones.

En la introducción que acompañó la edición, Riazanov resumió las vicisitudes del manuscrito cuyo valor tanto Engels –aunque, comprensiblemente, luchaba con los libros II y III de El capital- como Mehring habían subestimado. Su importancia, por el contrario, era fundamental ya que permitía llenar el vacío entre La sagrada familia, las Tesis sobre Feuerbach y la posterior Miseria de la filosofía. Se publicó íntegramente recién en 1932, en el volumen I/5 de la MEGA. Como para los Manuscritos económico-filosóficos de 1844, entre la fecha de la redacción y la de la publicación transcurrió casi un siglo. Si no hubiese sido así se habrían evitado muchos malentendidos y confusiones sobre la “concepción materialista de la historia”, célebre expresión acuñada y utilizada por Engels.

Finalmente, luego de que el texto se publicara en la edición MEW, en un artículo de Siegfried Bahne de 1962 en la International Review of Social History, aparecieron otras tres páginas del original que también fueron atribuidas al apetito de los ratones, cuando, en realidad, habían sido conservadas bajo un falso encabezamiento. El texto incluido en el primer número del Marx-Engels Jahrbuch, es un anticipo del volumen I/5 de la MEGA²: Karl Marx, Friedrich Engels, Moses Hess: Die deutsche Ideologie. Manuskripte und Drucke (November 1845 bis Juni 1846), cuya publicación está prevista para 2011. [5] Por primera vez esta edición ofrecerá, entre otras novedades, algunas partes del manuscrito atribuidas correctamente a Hess. Aquellas incluidas en el anuario corresponden a los capítulos: I. “Feuerbach” y II. “Sankt Bruno”.

A diferencia de los seis distintos intentos de reconstruir el famoso capítulo “I. Feuerbach. Antítesis entre concepción materialista y concepción idealista” realizados hasta hoy, esta nueva versión publica los manuscritos de Marx y Engels tal como fueron dejados por ellos, esto es, como siete textos independientes y ordenados cronológicamente. Esta edición evidencia claramente el carácter fragmentario del escrito, y que el capítulo de Feuerbach en particular no está en absoluto terminado. Nuevas y definitivas bases, pues, son provistas por la indagación científica para remontarse con exactitud al pensamiento de Marx; por ejemplo, por primera vez se le atribuye el artículo “Gegen Bruno Bauer”, publicado en forma anónima en enero de 1846 en la revista Gesellschaftsspiegel. Por fin la obra consta, al igual que los volúmenes de la MEGA², de un imponente tomo con la descripción del texto, sus aclaraciones, el catálogo de las modificaciones y correcciones, y los índices.

De los trabajos de la nueva edición histórico-crítica emerge cada vez más un autor desconocido. La distancia que lo separa de las realizaciones y concepciones de las experiencias políticas que se han remitido a él es demasiado grande como para no generar la sospecha de que su espectro, antes o después, volverá a agitarse. Por el momento, las investigaciones filológicas, lejanas al engañoso condicionamiento ideológico del pasado, contribuyen a iluminar su obra y su pensamiento. La ideología alemana, considerada a veces incluso la exposición exhaustiva de la concepción materialista de Marx, devuelta a su originaria incompletudhace imposible cualquier hipótesis de sistematización. La falacia de los marxismos dominantes del siglo XX y las muchas carencias e instrumentalizaciones de las distintas ediciones y lecturas de Marx que se sucedieron, hacen resonar una frase suya contenida en este texto, que no solo se opone, una vez más, a la crítica alemana a él contemporánea, sino que también es una sarcástica admonición para el futuro: “No solo sus respuestas, sino también los problemas mismos, llevan consigo un engaño”. [6]

Traducción de Mora Scillamá

References
1. Sucesivamente, en años distintos a los indicados en la portada, se han publicado otros tres números: 2000/1, 2000/2 y 2001.
2. Marx-Engels Jahrbuch 2003 , 2 voll., pp. 400, € 59.80, Berlín, Akademie Verlag, 2004.
3. Marx, K., Contribución a la crítica de la economía política. Ed. al cuidado de Néstor Casiris. Trad. de Carlos Martínez y Floreal Mazía. Buenos Aires: Estudio, 1975, p. 10.
4. Cfr. David Riazanov, “Neueste Mitteilungen über den literarischen Nachlaß von Karl Marx und Friedrich Engels“. En: Archiv für die Geschichte des Sozialismus und der Arbeiterbewegung. Hirschfeld, Leipzig, 1925, pp. 385-400.
5. Es necesario señalar que el interés por La Ideología Alemana está viviendo una renovada atención también en Oriente. De hecho, en 1998, el estudioso Tadashi Shibuya ha curado una nueva traducción al japonés, publicada en Tokio por la Shiinnihon Publishers, sobre la base de los profundos estudios desarrollados a partir de los manuscritos conservados en la IISG de Ámsterdam. También en Japón, en el 2006, ha sido reeditada la famosa y erudita versión de Wataru Hiromatsu publicada en 1974 tanto en alemán como en japonés (Karl Marx- Friederich Engels, Die deutsche Ideologie. Tokio, Kawade Shobo Shinsha Publishers), que ya en su época había reabierto la discusión entre los especialistas. Prueba la importancia de esa edición su reciente traducción también al chino. Es de esperar que estas importantes publicaciones despierten rápidamente también el deseo de los estudiosos de lengua española, italiana y francesa de volver a traducir la obra de Marx y Engels respetando las nuevas adquisiciones filológicas. En tanto, para 2008 se señala la publicación de una nueva traducción al inglés del capítulo sobre Feuerbach, bajo el cuidado de Terrell Carver.
6. Marx, K. / Engels, F., La ideología alemana. Trad. de Wenceslao Roces. Buenos Aires, Ediciones Pueblos Unidos, 1985, p. 17.

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Marx y el marxismo

“Sobre mil socialistas, quizás uno solo haya leído una obra económica de Marx, sobre mil antimarxistas, ni siquiera uno ha leído a Marx ”.

I. MARX Y EL MARXISMO: INACABADO VERSUS SISTEMATIZACIÓN
Pocos hombres sacudieron el mundo como Karl Marx. A su desaparición, que pasó casi inobservada, le siguió, con una rapidez que en la historia tiene raros ejemplos con los cuales pueda ser confrontada, el eco de la fama. Muy pronto el nombre de Marx estuvo en las bocas de los trabajadores de Chicago y Detroit, así como en las de los primeros socialistas indios en Calcuta. Su imagen sirvió de fondo al congreso de los bolcheviques en Moscú después de la revolución. Su pensamiento inspiró programas y estatutos de todas las organizaciones políticas y sindicales del movimiento obrero, desde Europa entera hasta Shangai.

Sus ideas alteraron profundamente la filosofía, la historia, la economía. Sin embargo, no obstante la afirmación de sus teorías, que en el siglo XX se transformaron en la ideología dominante y doctrina de Estado en una gran parte del género humano, y la enorme difusión de sus escritos, sigue sin tener, hasta hoy, una edición integral y científica de sus obras. Entre los más grandes autores de la humanidad, esta suerte le tocó exclusivamente a él.

La razón primaria de esta particularísima condición reside en el carácter en gran medida inacabado de su obra. Si se excluyen, en efecto, los artículos periodísticos publicados en los tres lustros que van desde 1848 hasta 1862, una gran parte de los cuales estaban destinados a la New-York Tribune, que en esa época era uno de los más importantes periódicos del mundo, los trabajos publicados fueron relativamente pocos si se los compara con los tantos realizados sólo parcialmente y la importante mole de las investigaciones que realizó . Emblemáticamente, cuando en 1881, ya cerca del final de su vida, Marx fue interrogado por Karl Kautsky sobre la oportunidad de una edición completa de sus obras, respondió que “antes habría que escribirlas” .

Marx dejó ad acta muchos más manuscritos que los que mandó a la imprenta . Contra lo que suele pensarse, su obra fue fragmentaria, y a veces, contradictoria, aspectos que evidencian una de sus características peculiares: lo inacabado del trabajo. Su método sumamente riguroso y el hábito de la autocrítica más despiadada, que determinaron la imposibilidad de terminar muchos de los trabajos emprendidos; las condiciones de profunda miseria y de mala salud permanente que lo persiguieron toda la vida, la insaciable pasión de conocimiento, jamás alterada, que le impulsó siempre hacia nuevos estudios; y, por último, la pesada conciencia adquirida con la plena madurez de la dificultad de encerrar la complejidad de la historia en un proyecto teórico, hicieron precisamente de lo inacabado el fiel compañero y la condena de toda la producción de Marx y de su misma existencia. El colosal plan de su obra no fue realizado sino en ínfima parte, y sus incesantes esfuerzos intelectuales resultaron en un fracaso literario, aunque no por eso demostraron ser menos geniales, fecundos en consecuencias y derivaciones extraordinarias .

Sin embargo, a pesar de la carácter fragmentario del Nachlaß (legado literario póstumo) de Marx y de su firme oposición a erigir a partir de él un edificio de doctrina social, su obra incompleta fue subvertida, hasta acabar dando en un nuevo sistema, el “marxismo”. Después de la muerte de Marx en 1883, fue Friedrich Engels el primero que se dedicó a la empresa, dificilísima, dada la dispersión de materiales, lo abstruso del lenguaje y la ilegibilidad de la grafía, de publicar el legado del amigo. El trabajo se concentró en la reconstrucción y la selección de originales, en la publicación de textos inéditos o incompletos y, a la par, en la reedición y traducción de los escritos más conocidos.

Aunque no faltaron excepciones, como en el caso de las [Tesis sobre Feuerbach] , editadas en 1888 como apéndice a su Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, y de la [Crítica del Programa de Gotha], publicada en 1891, Engels privilegió casi exclusivamente el trabajo editorial de completar El capital, del cual había terminado Marx solamente el volumen primero. Esta tarea, que duró más de una década, fue realizada con la intención precisa de conseguir “una obra orgánica y lo más completa posible” . Tal elección, aunque respondía a exigencias comprensibles, trocó un texto parcial y provisorio, compuesto en muchas partes de “pensamientos escritos in statu nascendi” y de apuntes preliminares que Marx acostumbraba reservarse para elaboraciones ulteriores de los temas tratados, en otro homogéneamente unitario, con apariencia de exponer una teoría económica sistemática y completa. De este modo, en el curso de su actividad de redacción, basada en la selección de los textos que se presentaban, no como versiones finales sino, en cambio, como verdaderas variantes, y precisado de uniformar el conjunto de los materiales, Engels, más que reconstruir la génesis y el desarrollo de los libros segundo y tercero de El Capital, que estaban bien lejos de su redacción definitiva, mandó a imprenta volúmenes terminados .

Por otra parte, ya antes había contribuido él mismo a generar directamente un proceso de sistematización teórica con sus propios escritos. El Anti Duhring, aparecido en 1878, que él definiera como una “exposición más o menos unitaria del método dialéctico y de la visión comunista del mundo representados por Marx y por mí” , se convirtió en referencia crucial para la formación el “marxismo” como sistema y para la diferenciación de éste respecto del socialismo ecléctico hasta entonces imperante. Una incidencia aún mayor tuvo La evolución del socialismo utópico al científico, reelaboración, con fines divulgativos, de tres capítulos del escrito precedente que, publicado por primera vez en 1880, tuvo una fortuna análoga a la del Manifiesto del partido comunista. Si bien hubo una distinción neta entre este tipo de vulgarización, realizada en polémica abierta con los simplistas atajos de las síntesis enciclopédicas, y la que tuvo como protagonista a la siguiente generación de socialdemócratas alemanes, la utilización por Engels de las ciencias naturales abrió el camino a la concepción evolucionista que, poco tiempo después, se afirmaría incluso en el movimiento obrero.

El pensamiento de Marx, indiscutiblemente crítico y abierto, aun si, a veces, atravesado por tentaciones deterministas, cayó bajo los golpes del clima cultural de la Europa de fines del XIX, permeado, como nunca antes, por concepciones sistemáticas, y en primer lugar por el darwinismo. Para responder a ellas y a la necesidad de ideología que avanzaba incluso en las filas del movimiento de los trabajadores, el reciente “marxismo”, que cada vez más dejaba de ser sólo una teoría científica para convertirse también en doctrina política – transformado precozmente en ortodoxia en las páginas de la revista Die Neue Zeit dirigida por Kautsky – asumió rápidamente la misma conformación sistémica. En este contexto, la difusa ignorancia y aversión en el seno del partido alemán hacia Hegel, un verdadero arcano impenetrable , y hacia su dialéctica, considerada hasta “el elemento no confiable de la doctrina marxista, la insidia que traba cualquier consideración coherente de las cosas” , desempeñaron un papel decisivo.

En las modalidades que acompañaron su difusión se encuentran otros factores que contribuyeron a la transformación de la obra de Marx en un sistema. Como demuestra la tirada reducida de las ediciones de la época de sus textos, se dio preferencia a los folletos de síntesis y a compendios sumamente parciales. Algunas de sus obras, además, sufrían los efectos de la instrumentalización política ocasional. Aparecieron así, en efecto, las primeras ediciones modificadas por los responsables de la edición, una práctica que, favorecida por las incertidumbres características del legado marxiano, fue imponiéndose más y más, junto con la censura de algunos escritos. La forma manualística, vehículo notable para la exportación del pensamiento de Marx por el mundo, representó seguramente un instrumento muy eficaz de propaganda, pero también la alteración fatal de la concepción inicial. La divulgación de su obra, una obra incompleta y compleja, en un ambiente dominado por el positivismo y con el propósito de responder mejor a las exigencias prácticas del partido proletario, se tradujo, por último, en un empobrecimiento y vulgarización del patrimonio originario , hasta hacerlo irreconocible cuando la Kritik terminó por trocar en Weltanschauung .

Así pues, fue tomando cuerpo una doctrina vertebrada por una esquemática y elemental interpretación evolucionista impregnada de determinismo económico: el “marxismo” del período de la Segunda Internacional (1889-1914). Guiada por una convicción, tan firme como ingenua, en la marcha automática de la historia y, por lo mismo, en la inevitabilidad de la sucesión del capitalismo por el socialismo, terminó por ser incapaz de comprender el curso real del presente y, rompiendo el necesario lazo con la praxis revolucionaria, produjo un quietismo fatalista que se transformó en factor de estabilidad del orden existente . Se evidenciaba de este modo el profundo alejamiento de Marx, que ya en su primera obra había declarado “la historia no hace nada (…) no es la ‘historia’ la que se sirve del hombre como medio para realizar sus propios fines, como si ella fuese una persona particular; ella no es más que la actividad del hombre que persigue sus fines” .

La teoría sobre el derrumbe (Zussammenbruchstheorie), o sea la tesis sobre el fin próximo de la sociedad capitalista-burguesa, que en la crisis económica de la Gran Depresión, desplegada a lo largo del veintenio sucesivo a 1873, tuvo el contexto más favorable para expresarse, fue proclamada la esencia más íntima del socialismo científico. Las afirmaciones de Marx, destinadas a delinear los principios dinámicos del capitalismo y, más en general, a describir una tendencia de desarrollo , fueron transformadas en leyes históricas universalmente válidas , de las cuales se podía inferir, hasta los particulares, el curso de los acontecimientos.

La idea de un capitalismo agonizante, automáticamente destinado al ocaso, estuvo presente también en el sustento teórico de la primera plataforma enteramente “marxista” de un partido político, El programa de Erfurt de 1891, y en el comentario que del mismo hizo Kautsky, que enunciaba cómo “el incontenible desarrollo económico lleva a la bancarrota del modo de producción capitalista con necesidad de ley natural. La creación de una nueva forma de sociedad en lugar de la actual ya no es sólo algo deseabl,e sino que se ha hecho inevitable” . Él fue la representación, más significativa y evidente, de los límites intrínsecos de la elaboración de la época, así como de la distancia abismal que se había producido con quien había sido el inspirador.

El mismo Eduard Bernstein, que al concebir el socialismo como posibilidad y no como inevitabilidad había marcado una discontinuidad con las interpretaciones dominantes en ese período, hizo una lectura de Marx igualmente deformada que no se separaba mínimamente de las de su tiempo y contribuyó a difundir, mediante la vasta resonancia que tuvo el Bernstein-Debatte, una imagen de aquélla igualmente alterada e instrumental. El “marxismo ruso”, que en el curso del siglo XIX desempeñó un papel fundamental en la divulgación del pensamiento de Marx, siguió esta trayectoria de sistematización y vulgarización incluso con mayor rigidez.

Para su pionero más importante, Gueorgui Plejánov, en efecto, “el marxismo es una completa concepción del mundo” , marcada por un monismo simplista según el cual las transformaciones superestructurales de la sociedad avanzan de manera simultánea con las modificaciones económicas. En Materialismo y empiriocriticismo, de 1909, Lenin define el materialismo como “el reconocimiento de la ley objetiva de la naturaleza y del reflejo aproximadamente fiel de esta ley en la cabeza del hombre” . La voluntad y la conciencia del género humano deben “inevitable y necesariamente” adecuarse a las necesidades de la naturaleza. Una vez más, prevalece un planteamiento positivista.

Ello es que, a pesar del áspero choque ideológico que se produjo durante estos años, muchos de los elementos teóricos característicos de la deformación producida por la Segunda Internacional pasaron a quienes acabaron troquelando la vida cultural de la Tercera Internacional. Esa continuidad se manifestó del modo más palmario en la Teoría del materialismo histórico, publicada en 1921 por Nikolai Bujarin, para quien, “tanto en la naturaleza como en la sociedad, los fenómenos son regulados por determinadas leyes. La primera tarea de la ciencia es descubrir esta regularidad” . Este determinismo social, totalmente centrado en el desarrollo de las fuerzas productivas, generó una doctrina, según la cual “la multiplicidad de las causas que hacen sentir su acción en la sociedad no contradice de ningún modo la existencia de una ley única de la evolución social” .

Particular interés reviste la crítica de Antonio Gramsci, quien se opuso “plantear el problema en términos de investigación de leyes, líneas constantes, regulares, uniformes, planteamiento ligado a una exigencia, un tanto pueril e ingenuamente concebida, de resolver perentoriamente el problema práctico de la previsibilidad de los acontecimientos históricos”. Su rotunda negativa a restringir la filosofía de la praxis marxiana a una grosera sociología, a “reducir una concepción el mundo a un formulario mecánico que da la impresión de tener toda la historia en el bolsillo” , fue particularmente importante porque iba más allá de lo escrito por Bujarin y buscaba condenar la orientación bastante más general que después prevalecería sin discusión en la Unión Soviética.

Con la consolidación del “marxismo-leninismo”, el proceso de deformación del pensamiento de Marx conoció su manifestación definitiva. La teoría perdió su función de guía de la acción, para pasar a ser su contrario, a saber: la justificación a posteriori de lo actuado. El punto de no retorno fue alcanzado con el “Diamat” (Dialekticeskij materializm), “la concepción del mundo del partido marxista-leninista” . El folleto de Stalin de 1938, intitulado Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, que gozó de extraordinaria difusión, fijaba los rasgos esenciales: los fenómenos de la vida colectiva son regulados por las “leyes necesarias del desarrollo social”, “perfectamente cognoscibles”; “la historia de la sociedad se presenta como un desarrollo necesario de la sociedad, y el estudio de la historia de la sociedad se convierte en una ciencia”. Eso “quiere decir que la ciencia de la historia de la sociedad, a pesar de toda la complejidad de los fenómenos de la vida social, puede convertirse en una ciencia igualmente exacta, por ejemplo, que la biología, capaz de utilizar las leyes de desarrollo de la sociedad para utilizarlas en la práctica”, y que, por ende, es tarea del partido del proletariado fundar su actividad en esas leyes. A qué punto había llegado el uso confesionario de los términos “científico” y “ciencia”, huelga decirlo. La posible cientificidad del método marxiano, fundada en criterios teóricos escrupulosos y coherentes, vino a ser substituida por el pretendido proceder de las ciencias naturales, supuestamente horro de contradicciones.

De la mano de este catecismo ideológico, encontró terreno abonado el dogmatismo más rígido e intransigente. Completamente extraño y separado de la complejidad social, se sostenía por sí propio, como ocurre siempre con planteamientos formularios ayunos de realidad y tan arrogantes como epistemológicamente infundados. Para percatarse de la desconexión a que se había llegado con elplanteamiento original de Marx, bastará recordar la divisa preferida de éste: de omnibus dubitandum .

La ortodoxia “marxista-leninista” impuso un monismo inflexible que produjo efectos perversos también en los escritos de Marx. Indiscutiblemente, con la Revolución Soviética el “marxismo” vivió un momento significativo de expansión y circulación en ámbitos geográficos y de clases sociales de los que, hasta entonces, había sido excluido. Sin embargo, una vez más, la difusión de textos, lejos de remitirse directamente a los de Marx, se concentraba en los manuales de partido, vademécum, antologías “marxistas” sobre muy diversos argumentos. Además, fue cada vez más común la censura de algunas obras, el desmembramiento y la manipulación de otras, así como la práctica de la extrapolación y del artero montaje de las citas. Invocadas éstas con fines alevosa premeditados, recibían el mismo trato que el bandido Procusto reservaba a sus víctimas: si eran demasiado largas, se las amputaba, si demasiado cortas, se alargaban a voluntad.

Así pues, en resumidas cuentas, la divulgación sin esquematismos de un pensamiento, popularizarlo sin rendir la exigencia de no empobrecerlo es sin dudad una empresa difícil de llevar a cabo. Y con mayor razón si se trata de un pensamiento crítico y voluntariamente no sistemático como el de Marx. Lo cierto es, empero, que a Marx no podría haberle ido peor.

Desmochado aquí y allá en función de contingencias y necesidades políticas, fue asimilado a éstas, y en su nombre fue vituperado. Su teoría, que era crítica, fue utilizada como las exégesis de los versículos bíblicos. Nacieron así las paradojas más impensables. Enemigo “prescribir recetas (…) para la hostería del futuro” , fue transformado en el padre ilegítimo de un nuevo sistema social. Crítico rigurosísimo y siempre insatisfecho de sus resultados, se convirtió en la fuente del más obstinado doctrinarismo. Defensor incansable de la concepción materialista de la historia, fue arrancado de su contexto histórico mucho más que cualquier otro autor. Seguro de “que la emancipación de la clase obrera debe ser obra de los trabajadores mismos” , fue enjaulado en una ideología en la que prevalecía, en cambio, la primacía de las vanguardias políticas y del partido en el papel de propulsor de la conciencia de clase y de guía de la revolución. Propugnador de la idea de que la condición para la maduración de la capacidad humana era la reducción de la jornada de trabajo, fue asimilado al credo productivista del stajanovismo. Convencido promotor de la abolición del Estado, se encontró identificado como baluarte del mismo. Interesado como pocos otros pensadores en el libre desarrollo de las individualidades de los hombres, quien sostuvo, contra un derecho burgués que esconde las desigualdades sociales detrás de una mera igualdad legal, que “el derecho, en vez de ser igual, debería ser desigual” , ha sido incorporado a una concepción que ha neutralizado la investigación de la dimensión colectiva en el indistinto de la homologación.

El originario carácter inacabado del gran trabajo crítico de Marx fue sometido a las presiones de la sistematización de los epígonos, que produjeron, inexorablemente, la deformación de su pensamiento hasta borrarlo y anularlo y convertirlo en su negación manifiesta.

II. UN AUTOR MAL CONOCIDO
“¿Acaso los escritos de Marx y Engels (…) fueron alguna vez leídos por entero por nadie que estuviese fuera de las filas de los amigos próximos y los adeptos y, por consiguiente, de los seguidores e intérpretes directos de los autores?”. Así se interrogaba Antonio Labriola, en 1897, sobre cuánto de la obra de aquéllos fuese hasta entonces conocido. Sus conclusiones fueron inequivocas: “leer todos los escritos de los fundadores del socialismo científico pareció hasta ahora un privilegio de iniciados”; el “materialismo histórico” había llegado a los pueblos de lenguas neolatinas “a través de una serie de equívocos, malentendidos, de alteraciones grotescas, de extraños disfraces y de invenciones gratuitas” . Un “marxismo” imaginario. En efecto, como fue demostrado posteriormente por la investigación historiográfica, la convicción de que Marx y Engels fuesen verdaderamente leídos ha sido el fruto de una leyenda hagiográfica. Por el contrario, muchos de sus textos eran raros o imposibles de encontrar incluso en la lengua original y, por lo tanto, la invitación del estudioso italiano a dar vida a “una edición completa y crítica de todos los escritos de Marx y Engels” , indicaba una ineludible necesidad general. En opinión de Labriola, no era necesario ni compilar antologías, ni redactar un testamentum juxta canonem receptum, sino “todo el trabajo científico y político, toda la producción literaria, aunque fuese ocasional, de los dos fundadores del socialismo crítico, debe ser puesta al alcance de los lectores (…) para que ellos hablen directamente a todos los que tengan ganas de leerlos” . Más de un siglo después de este deseo, este proyecto aún no ha sido realizado.

Junto a estas valoraciones predominantemente filológicas, Labriola planteaba otras de carácter teórico, de sorprendente previsión con respecto a la época en que vivió. Consideraba que todos los escritos y trabajos inacabados de Marx y de Engels eran “los fragmentos de una ciencia y de una política que está en continuo devenir”. Para evitar buscar en ellos “lo que no está, ni debe estar”, o sea, “una especie de vulgata o preceptiva para la interpretación de la interpretación de todo, dondequiera y cuandoquiera”, tenían que ser plenamente comprendidos, lo que sólo podía lograrse reubicándolos en el momento y el contexto de su génesis. De lo contrario, quienes “no entienden el pensar y el saber como trabajos en curso”, o sea “los doctrinarios y los presuntuosos de todo tipo que tienen necesidad de los ídolos de la mente, los hacedores de sistemas clásicos valederos para la eternidad, los compiladores de manuales y de enciclopedias, buscarán en el marxismo, del revés y del derecho, lo que éste jamás pretendió ofrecer a nadie” : una solución sumaria y fideísta a las interrogaciones de la historia.

El ejecutor natural de la realización de las opera omnia no habría podido ser otro que la Sozialdemokratische Partei Deutschlands, detentora del Nachlaß y de las mayores competencias linguísticas y teóricas. Sin embargo, los conflictos políticos en el seno de la Socialdemocracia no sólo impidieron la publicación de la imponente e importante masa de trabajos inéditos de Marx, sino que produjeron también la dispersión de sus manuscritos, comprometiendo así cualquier designio de edición sistemática . Sorprendentemente, el partido alemán tampoco lo pretendió, y trató la herencia literaria de Marx y de Engels con la máxima negligencia . Ninguno de sus teóricos se ocupó de hacer una lista del legado intelectual de los dos fundadores, que estaba compuesto por muchos manuscritos incompletos y por proyectos no llevados a término. Aún menos hubo quien se dedicase a reunir una correspondencia, voluminosa pero extremadamente dispersa, aunque ésta es utilísima como fuente de esclarecimiento, cuando no incluso de continuación, de sus escritos. La biblioteca, por último, que tenía los libros que ellos poseían con interesantes notas marginales y subrayados, fue ignorada, en parte dispersada, y sólo luego, trabajosamente reconstruida y catalogada .

La primera publicación de las obras completas, la Marx-Engels Gesamtausgabe (MEGA) comenzó recién en los años veinte, por iniciativa de David Borisovich Riazanov, principal conocedor de Marx en el siglo diecinueve y director del Instituto Marx-Engels de Moscú. Sin embargo, también esta empresa naufragó a causa de los tempestuosos acontecimientos que vivió el movimiento obrero internacional, los cuales muy a menudo pusieron trabas a la edición de sus textos en vez de favorecerla. Las depuraciones estalinistas en la Unión Soviética, que se abatieron también sobre los estudiosos que dirigían el proyecto, y el triunfo del nazismo en Alemania, condujeron a la precoz interrupción de la edición, tornando vano también este intento.

Se produjo así la contradicción absoluta del nacimiento de una ideología inflexible que se inspiraba en un autor cuya gigantesca obra todavía permanecía en parte inexplorada. La afirmación del “marxismo” y su cristalización como corpus dogmático precedieron al conocimiento de los textos cuya lectura era indispensable para comprender la formación y la evolución del pensamiento de Marx . Los principales trabajos juveniles, en efecto, sólo fueron impresos con la MEGA: [ Sobre la crítica de la filosofía hegeliana del derecho público.] en 1927, los [ Manuscritos económico-filosóficos de 1844] y [ La idelogía alemana] en 1932 – y, como ya había sucedido con los libros segundo y tercero de El capital, en ediciones en las que aparecían como obras terminadas, opción que posteriormente engendró muchos malentendidos interpretativos.

Sucesivamente, y con tirajes que sólo pudieron asegurar una escasísima difusión, se publicaron algunos importantes trabajos preparatorios de El capital: en 1933 el [Capítulo VI inédito] y entre 1939 y 1941 los [Lineamientos fundamentales de la crítica de la economía política], más conocidos como Grundrisse. Esos inéditos, además, como los otros que siguieron, cuando no fueron escondidos por el temor a que pudiesen erosionar el canon ideológico dominante, estaban acompañados por una interpretación funcional a las exigencias políticas que, en el mejor de los casos, aportaba ajustes previsibles a dicha interpretación ya predeterminada y jamás se tradujeron en una seria rediscusión de conjunto de la obra.

El tortuoso proceso de difusión de los escritos de Marx y la carencia de una edición integral de los mismos, unidos a su carácter originario ya incompleto, al trabajo pésimo de los epígonos, a las lecturas tendenciosas y a las aún más numerosas no lecturas, son la causa fundamental de la gran paradoja: Karl Marx es un autor mal conocido, víctima de una profunda y reiterada incomprensión . Lo ha sido durante el período en el que el “marxismo” era política y culturalmente hegemónico, y todavía hoy sigue siéndolo.

IV. UNA OBRA PARA HOY
Liberada de la odiosa función de instrumentum regni, al que había sido destinada en el pasado, y de la falacia del “marxismo”, del cual fue definitivamente separada, la obra de Marx, todavía parcialmente inédita, reaparece en su aspecto original no acabado y es nuevamente presentada a los libres campos del saber. Una vez sustraída a sus autonombrados propietarios y a modos de empleo constrictivos por fin se ha hecho posible el pleno despliegue de su preciosa e inmensa herencia teórica.

Con el auxilio de la filología encuentran una respuesta la ya ineludible exigencia del reconocimiento de las fuentes, durante tanto tiempo envueltas y mistificadas por la propaganda apologética, y la necesidad de disponer de un índice seguro y definitivo de todos los manuscritos de Marx. Ella se ofrece como medio imprescindible para aclarar el texto, restableciéndole el horizonte problemático y polimorfo originario y evidenciando la enorme distancia que existe entre él y muchas de las interpretaciones y de las experiencias políticas que, aunque hayan pretendido apoyarse en él, han transmitido del mismo una percepción sumamente reductiva.

Leer a Marx con la intención de reconstruir la génesis de sus escritos y el cuadro histórico en que nacieron, de poner en evidencia la importancia de la deuda intelectual en la elaboración, de considerar su carácter constantemente multidisciplinario , tal es la complicada tarea que tiene ante sí la nueva Marx Forschung (investigación sobre Marx) y que necesita, para ser realizada, una orientación permanentemente crítica y alejada del condicionamiento engañoso de la ideología. Sin embargo, la de Marx no es solamente una obra carente de una adecuada interpretación crítica que pueda hacerle justicia a su genio , sino que es también una obra en una constante investigación por su autor.
Las reflexiones de Marx están atravesadas por una diferencia irreducible, por un carácter absolutamente particular respecto a las de la mayor parte de los otros pensadores. Ellas están unidas por un lazo inescindible entre la teoría y la praxis y se dirigen persistentemente a un sujeto privilegiado y concreto: “el movimiento real que lleva a la abolición del estado de las cosas presente” (die wirkliche Bewegung welche den jetzigen Zustand aufhebt) al cual se le confía “el derribamiento y la inversión práctica de las relaciones sociales existentes” (den praktischen Umsturz der realen gesellschftlichen Verhältnisse) . Creer que se puede relegar el patrimonio teórico y político de Marx a un pasado que ya no tendría nada que decir a los conflictos actuales, y circunscribirlo a la función de clásico momificado con un interés inofensivo para los días de hoy o encerrarlo en especialismos meramente especulativos, sería algo tan erróneo como su anterior transformación en la esfinge del gris socialismo real del siglo pasado.

Su obra conserva confines y pretensiones mucho más amplios que los ámbitos de las disciplinas académicas. Sin el pensamiento de Marx faltarían los conceptos para comprender y describir el mundo contemporáneo, así como los instrumentos críticos para invertir la subalternidad al credo imperante que presume poder representar el presente con las semblanzas antihistóricas de la naturalidad y de la inmutabilidad. Sin Marx estaríamos condenados a una verdadera afasia crítica.

No debe engañarnos la aparente inactualidad y el dogma absoluto y unánime que decreta con certeza el olvido. Sus ideas podrán en cambio provocar nuevos entusiasmos, estimular fecundas reflexiones ulteriores y sufrir otras alteraciones. La causa de la emancipación humana todavía deberá ponerlo a su servicio. Crítico sin igual del sistema de producción capitalista, Karl Marx será fundamental hasta la superación de aquél. Su “espectro” está destinado a recorrer el mundo y a hacer que la humanidad se agite todavía durante mucho tiempo.

Traducción castellana: Gulliermo Almeyra

APÉNDICE: CRONOLOGÍA DE LAS OBRAS DE MARX

AÑO TÍTULO DE LA OBRA  INFORMACIÓN SOBRE LAS EDICIONES
1841 [Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y la de Epicuro] 1902: en Aus dem literarischen Nachlass von Karl Marx, Friedrich Engels und Ferdinand Lassalle, compilada por Mehring (version parcial).
1927: en MEGA I/1.1, compilada por Riazanov.
1842-43 Artículos para la Gaceta Renana Periódico que se imprimía en Colonia
1844 [Sobre la crítica de la filosofía hegeliana del derecho público] 1927: en MEGA I/1.1, a cargo de Riazanov.
1844 Ensayos para los Anales Franco-Alemanes Incluidos en Sobre la cuestión judía y Para la crítica de la filosofía del derecho de Hegel. Introducción. Número único publicado en París. La mayor parte de los ejemplares fue confiscada por la policía.
1845 [Manuscritos económico-filosóficos de 1844] 1932: en Der historische Materialismus, a cargo de Landshut y Mayer y en MEGA I/3, a cargo de Adoratsky (las ediciones difieren en su contenido y en el orden de las partes). El texto fui excluido de los volúmenes numerados de la MEW y publicado por separado.
1845 La Sagrada Familia (con Engels) Publicado en Frankfort sobre el Mein.
1845 [Tesis sobre Feuerbach] 1888: en apéndice a la reimpresión de Ludwig Fuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana de Engels.
1845-46 [La ideología alemana] (con Engels) 1903-1904: en Dokumente des Sozialismus, a cargo de Bernstein (versión parcial y manipulada).
1932: en Der historische Materialismus, a cargo de Landshut y Mayer, y en MEGA I/3, a cargo de Adoratsky (las ediciones difieren en su contenido y en el orden de las partes).
1847 Miseria de la filosofía Impreso en Bruselas y París. Texto en francés.
1848 Discurso sobre la cuestión del libre cambio Publicado en Bruselas. Texto en francés.
1848 Manifiesto del partido comunista (con Engels) Impreso en Londres. Conquistó cierta difusión a partir de los años setenta.
1848-49 Artículos para la Nueva Gaceta Renana Periódico de Colonia. Entre ellos figura Trabajo asalariado y capital.
1850 Artículos para la Nueva Gaceta Renana. Revista político-económica Fascículos mensuales impresos en Hamburgo y de exiguo tiraje. Comprenden Las luchas de clase en Francia desde 1848 a 1850.
1851-62 Artículos para el New-York Tribune Muchos artículos fueron redactados por Engels.
1852 El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte Publicado en Nueva York en el primer fascículo de Die Revolution. La mayor parte de los ejemplares no pudo ser retirada de la imprenta por dificultades financieras. A Europa llegó solamente un número insignificante de copias. La segunda edición –reelaborada por Marx – apareció sólo en 1869.
1852 [Los grandes hombres del exilio] (con Engels) 1930: en “Archiv Marksa i Engel’sa” (edición rusa). El manuscrito había sido ocultado precedentemente por Bernstein.
1853 Revelaciones sobre el proceso contra los comunistas de Colonia Impreso como anónimo en Basilea (casi todos los dos mil ejemplares fueron secuestrados por la policía) y en Boston. En 1874 fue reimpreso en el Volksstaat y Marx aparece como autor; en 1875 versión en libro.
1854 El caballero de la noble conciencia Publicado en Nueva York como folleto.
1856-57 Revelaciones sobre la historia diplomática del siglo dieciocho Aunque había sido ya publicado por Marx, después fue omitido y sólo fue publicado en Europa oriental en 1986 en la MECW. Texto en inglés.
1857-58 [Introducción a los Lineamientos fundamentales de la crítica de la economía política] 1903: en Die Neue Zeit, a cargo de Kautsky, con notables discordancias con el original.
1859 Para la crítica de la economía política Impreso en Berlín en mil ejemplares.
1860 Herr Vogt Impreso en Londres con escasa resonancia.
1861-63 [Para la crítica de la economía política (Manuscrito 1861-1863)] 1905-1910: Teorías sobre la plusvalía; a cargo de Kautsky (versión manipulada). El texto fiel al original recién apareció en 1954 (edición rusa) y en 1956 (edición alemana).
1976-1982: publicación integral de todo el manuscrito en MEGA² II/3.1-3.6.
1863-64 [Sobre la cuestión polaca] 1961: Manuskripte über die polnische Frag, a cargo del IISG.
1863-67 [Manuscritos económicos 1863-67] 1894: El capital. Libro tercero. El proceso global de la producción capitalista, a cargo de Engels (basado también sobre manuscritos sucesivos, editados en MEGA² II/14 y en preparación en MEGA² II/4.3).
1933: Libro primero. Capítulo VI inédito, en “Archiv Marksa i Engel’sa” (edición rusa).
1988: publicación de manuscritos del Libro primero y del Libro segundo, en MEGA² II/4.1.
1992: publicación de manuscritos del Libro tercero, en MEGA² II/4.2.
1864-72 Discursos, resoluciones, circulares, manifiestos, programas, estatutos para la Asociación Internacional de los Trabajadores Incluyen el Mensaje inaugural de la Asociación internacional de los trabajadores, La guerra civil en Francia y Las llamadas escisiones en la Internacional (con Engels). Por lo general, textos en inglés.
1865 [Salario, precio y ganancia] 1898: a cargo de Eleanor Marx. Texto en inglés.
1867 El capital. Libro primero. El proceso de producción del capital Editado en mil ejemplares en Hamburgo. Segunda edición en 1873 de tres mil copias. Traducción rusa en 1872.
1870 [Manuscrito para el libro segundo de El capital] 1885: El capital. Libro segundo. El proceso de circulación del capital, a cargo de Engels (basado también sobre el manuscrito de 1880-1881 y sobre los otros más breves de 1867-1868 y de 1877-1878, en preparación en MEGA² II/11).
1872-75 El capital. Libro primero: El proceso de producción del capital (edición francesa) Texto reelaborado para la traducción francesa publicada en fascículos. Según Marx tiene “un valor científico independiente del original”.
1874-75 [Notas sobre “Estado y Anarquía” de Bakunin] 1928: en Letopisi marxisma, prefacio de Riazanov (edición rusa). Manuscritos con extractos en ruso y comentarios en alemán.
1875 [Crítica al Programa de Gotha] 1891: en Die Neue Zeit, a cargo de Engels, que modificó algunos trechos del original.
1875 [La relación entre la cuota de plusvalía y la cuota de ganancia desarrollada matemáticamente] 2003: en MEGA² II/14.
1877 Sobre la “Historia crítica” (capítulo del Anti-Dühring de Engels) Publicado parcialmente en el Vorwärts y después íntegramente en la edición como libro.
1879-80 [Anotaciones sobre “La propiedad común rural” de Kovalevsky] 1977: en Karl Marx über Formen vorkapitalischer Produktion, a cargo del IISG.
1880-81 [Extractos de “La sociedad antigua” de Morgan] 1972: en The Ethnological Notebooks of Karl Marx, a cargo del IISG. Manuscritos con extractos en inglés.
1881 [Glosas marginales al “Manual de economía política” de Wagner] 1932: en El Capital (versión parcial).
1933: en SOČ XV (edición rusa).
1881-82 [Extractos cronológicos desde el 90 a.C hasta el 1648 ca.] 1938-1939: en “Archiv Marksa i Engel’sa” (versión parcial, edición rusa).
1953: en Marx,Engels, Lenin, Stalin, Zur deutschen Geschichte (versión parcial).

 

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La crisis del capitalismo y la importancia actual de Marx 150 años después de los Grundrisse

“Para cualquier interesado en las ideas, sea un estudiante universitario o no, es patentemente claro que Marx es y permanecerá como una de las grandes mentes filosóficas y analistas económicas del siglo diecinueve y, en su máxima expresión, un maestro de una prosa apasionada.

También es importante leer a Marx porque el mundo en el cual vivimos hoy, no puede entenderse sin la influencia que los escritos de este hombre tuvieron sobre el siglo XX. Y, finalmente, debería ser leído porque como él mismo escribió, el mundo no puede ser cambiado de manera efectiva a menos que sea entendido, y Marx permanece como una soberbia guía para la comprensión del mundo y los problemas a los que debemos hacer frente.”

Eric Hobsbawm es considerado uno de los más grandes historiadores vivientes. Es Presidente de la Birkbeck College (London University) y profesor emérito de la New School for Social Research (New York). Entre sus muchos escritos se encuentran la trilogía acerca del “largo siglo XIX”: The Age of Revolution: Europe 1789-1848 (1962); The Age of Capital: 1848-1874 (1975); The Age of Empire: 1875-1914 (1987) y el libro The Age of Extremes: The Short Twentieth Century, 1914-1991 (1994) traducidos a varios idiomas. Le entrevistamos cuando la publicación del volumen Karl Marx’s Grundrisse. Foundations of the Critique of Political Economy 150 Years Later y con motivo de la nueva actualidad que están teniendo en los últimos años los escritos de Marx y después de la nueva crisis de Wall Street. Nuestro colaborador Marcello Musto lo entrevistó para Sin Permiso.

1) Marcelo Musto. Profesor Hobsbawm, dos décadas después de 1989, cuando fue apresuradamente relegado al olvido, Karl Marx ha regresado al centro de atención. Libre del papel de intrumentum regni que le fue asignado en la Unión Soviética y de las ataduras del “marxismo-leninismo”, no solo ha recibido atención intelectual por la nueva publicación de su obra sino que también ha sido el centro de un mayor interés. De hecho, en 2003, la revista francesa Nouvel Observateur dedicó un número especial a Karl Marx. Le penseur du troisième millénaire? Un año después, en Alemania, en una encuesta organizada por la compañía de televisión ZDF para establecer quien eran los más importantes alemanes de todos los tiempos, más de 500.000 televidentes votaron por Karl Marx; quien obtuvo el tercer lugar en la clasificación general y primero en la categoría de “relevancia actual”. Luego, en 2005, el semanario Der Spiegel le dedicó una portada con el título de Ein Gespenst Kehrt zurük (Un espectro ha vuelto) mientras los escuchas del programa In Our Time de Radio 4 de la BBC votaron por Marx como el más grande filósofo.
En una conversación recientemente publicada con Jacques Attalí, usted dijo que paradójicamente “son los capitalistas, más que otros, quienes han estado redescubriendo a Marx” y usted habló de su asombro, cuando el hombre de negocios y político liberal, George Soros, le dijo a usted que: “He estado leyendo a Marx y hay muchas cosas interesantes en lo que él dice”. Aunque sea débil y más bien vago ¿cuáles son las razones de este renacimiento? ¿Es probable que su obra sea de interés solamente para los especialistas e intelectuales, para ser presentada en cursos universitarios como un gran clásico del pensamiento moderno que no debería ser olvidado? o ¿también podría venir una nueva “demanda de Marx” en el futuro desde el lado político?

Eric Hobsbawm. Hay un indudable renacimiento del interés público en Marx en el mundo capitalista, sin embargo, probablemente no todavía en los nuevos miembros de la Unión Europea de Europa del Este. Este renacimiento, fue probablemente acelerado por el hecho de que el 150 aniversario de la publicación del Manifiesto del Partido Comunista coincidió con una crisis económica internacional particularmente dramática en medio de un período de ultra-rápida globalización del libre mercado.

Marx predijo la naturaleza de la economía mundial en el comienzo del Siglo XXI, sobre la base de su análisis de la “sociedad burguesa”, ciento cincuenta años antes. No es sorprendente que los capitalistas inteligentes, especialmente en el sector financiero globalizado, fueran impresionados por Marx, ya que ellos fueron necesariamente más concientes que otros de la naturaleza y las inestabilidades de la economía capitalista en la cual ellos operaban. La mayoría de la izquierda intelectual ya no supo que hacer con Marx. Fue desmoralizada por el colapso del proyecto social-demócrata en la mayoría de los Estados Atlánticos del Norte en los ochenta y la conversión masiva de los gobiernos nacionales a la ideología de libre mercado así como por el colapso de los sistemas políticos y económicos que afirmaban ser inspirados por Marx y Lenin. Los así llamados, “nuevos movimientos sociales” como el feminismo, tampoco tuvieron una conexión lógica con el anti-capitalismo (aunque como individuos sus miembros pudieran estar alineados con él) o cuestionaron la creencia en el progreso sin fin del control humano sobre la naturaleza que tanto el capitalismo como el socialismo tradicional habían compartido. Al mismo tiempo, “el proletariado”, dividido y disminuido, dejó de ser creíble como el agente histórico de la transformación social de Marx. Es también el caso que desde 1968, los más prominentes movimientos radicales han preferido la acción directa no necesariamente basada sobre muchas lecturas y análisis teóricos. Claro, esto no significa que Marx dejara de ser considerado como un gran y clásico pensador, aunque por razones políticas, especialmente en países como Francia e Italia, que alguna vez tuvieron poderosos Partidos Comunistas, ha habido una ofensiva intelectual apasionada contra Marx y los análisis marxistas, que probablemente llegaron a su más alto nivel en los ochenta y noventa. Hay signos de que ahora el agua retomará su nivel.

2) M. M. A través de su vida, Marx fue un agudo e incansable investigador, quien percibió y analizó mejor que ninguno otro en su tiempo, el desarrollo del capitalismo a escala mundial. Él entendió que el nacimiento de una economía internacional globalizada era inherente al modo capitalista de producción y predijo que este proceso generaría no solamente el crecimiento y la prosperidad alardeados por políticos y teóricos liberales sino también violentos conflictos, crisis económicas e injusticia social generalizada. En la última década hemos visto la Crisis financiera del este asiático, que empezó en el verano de 1997; la crisis económica argentina de 1999-2002 y sobre todo, la crisis de los préstamos hipotecarios, que empezó en Estados Unidos en 2006 y ahora ha devenido la más grande crisis financiera de la post-guerra. ¿Es correcto decir entonces, que el regreso al interés en Marx está basado en la crisis de la sociedad capitalista y sobre su perdurable capacidad de explicar las profundas contradicciones del mundo actual?

E. H. Si la política de la izquierda en el futuro será inspirada una vez más en los análisis de Marx, como lo fueron los viejos movimientos socialistas y comunistas, dependerá de lo que pase en el mundo capitalista. Pero esto aplica no solamente a Marx sino a la izquierda como un proyecto y una ideología política coherente. Puesto que, como usted dice correctamente, la recuperación del interés en Marx está considerablemente yo diría, principalmente- basado sobre la actual crisis de la sociedad capitalista, la perspectiva es más prometedora de lo que fue en los noventa. La presente crisis financiera mundial, que bien puede devenir en una mayor depresión económica en Estados Unidos, dramatiza el fracaso de la teología del libre mercado global incontrolado y obliga, inclusive del Gobierno norteamericano, a considerar optar por tomar acciones públicas olvidadas desde los treinta. Las presiones políticas están ya debilitando el compromiso de los gobiernos neoliberales en torno a una globalización incontrolada, ilimitada y desregulada. En algunos casos (China) las vastas desigualdades e injusticias causadas por una transición de modo general a una economía de libre mercado, plantea ya problemas importantes para la estabilidad social y dudas inclusive en altos niveles de gobierno.

Es claro que cualquier “retorno a Marx” será esencialmente un retorno al análisis de Marx del capitalismo y su lugar en la evolución histórica de la humanidad incluyendo, sobre todo, sus análisis de la inestabilidad central del desarrollo capitalista que procede a través de crisis económicas auto-generadas con dimensiones políticas y sociales. Ningún marxista podría creer por un momento que, como argumentaron los ideólogos neoliberales en 1989, el capitalismo liberal se había establecido para siempre, que la historia tenía un fin o, en efecto, que cualquier sistema de relaciones humanas podría ser para siempre, final y definitivo.

3) M. M. No piensa usted que si las fuerzas políticas e intelectuales de la izquierda internacional, que se cuestionan a sí mismas con respecto al socialismo en el nuevo siglo, renunciaran a las ideas de Marx, ¿no perderían una guía fundamental para el examen y la transformación de la realidad actual?

E. H. Ningún socialista puede renunciar a las ideas de Marx, en tanto que su creencia de que el capitalismo debe ser sucedido por otra forma de sociedad está basada, no en la esperanza o la voluntad sino en un análisis serio del desarrollo histórico, particularmente de la era capitalista. Su predicción real de que el capitalismo sería re-emplazado por un sistema administrado o planeado socialmente todavía parece razonable, aunque él ciertamente subestimó los elementos de mercado que sobrevivirían en algún sistema(s) post-capitalista. Puesto que él deliberadamente se abstuvo de especular acerca del futuro, no puede ser hecho responsable por las formas específicas en que las economías “socialistas” fueron organizadas bajo el “socialismo realmente existente”. En cuanto a los objetivos del socialismo, Marx no fue el único pensador que quería una sociedad sin explotación y alienación, en que los seres humanos pudieran realizar plenamente sus potencialidades, pero sí fue el que la expresó con mayor fuerza que nadie, y sus palabras mantienen el poder para inspirar.

Sin embargo, Marx no regresará como una inspiración política para la izquierda hasta que sea entendido que sus escritos no deben ser tratados como programas políticos, autoritariamente, o de otra manera, ni como descripciones de una situación real del mundo capitalista de hoy, sino más bien, como guías hacia su modo de entender la naturaleza del desarrollo capitalista. Ni tampoco podemos o debemos olvidar que él no logró una presentación bien planeada, coherente y completa de sus ideas, a pesar de los intentos de Engels y otros de construir de los manuscritos de Marx, un volumen II y III de El Capital. Como lo muestran los Grundrisse. Incluso, un Capital completo habría conformado solamente una parte del propio plan original de Marx, quizá excesivamente ambicioso.

Por otro lado, Marx no regresará a la izquierda hasta que la tendencia actual entre los activistas radicales de convertir el anticapitalismo en anti-globalismo sea abandonada. La globalización existe y, salvo un colapso general de la sociedad humana, es irreversible. En efecto, Marx lo reconoció como un hecho y. como un internacionalista, le dio la bienvenida, teóricamente. Lo que él criticó y lo que nosotros debemos criticar es el tipo de globalización producida por el capitalismo.

4) M. M. Uno de los escritos de Marx que suscitaron el mayor interés entre los nuevos lectores y comentadores son los Grundrisse. Escritos entre 1857 y 1858, los Grundrisse son el primer borrador de la crítica de la economía política de Marx y, por tanto, también el trabajo inicial preparatorio del Capital; contiene numerosas reflexiones sobre temas que Marx no desarrolló en ninguna otra parte de su creación inacabada. ¿Por qué, en su opinión, estos manuscritos de la obra de Marx, continúan provocando más debate que cualquiera otro, a pesar del hecho de que los escribió solamente para resumir los fundamentos de su crítica de la economía política? ¿Cuál es la razón de su persistente interés?

E. H. Desde mi punto de vista, los Grundrisse han provocado un impacto internacional tan grande sobre la escena marxista intelectual por dos razones relacionadas. Permanecieron virtualmente no publicados antes de los cincuenta y, como usted dice, conteniendo una masa de reflexiones sobre asuntos que Marx no desarrolló en ninguna otra parte. No fueron parte del largamente dogmatizado corpus del marxismo ortodoxo en el mundo del socialismo soviético, de ahí que el socialismo soviético no pudiera simplemente desecharlos. Pudieron, por tanto, ser usados por marxistas que querían criticar ortodoxamente o ampliar el alcance del análisis marxista mediante una apelación a un texto que no podría ser acusado de ser herético o anti-marxista. Por tanto, las ediciones de los setenta y los ochenta antes de la caída del Muro de Berlín, continuaron provocando debate, fundamentalmente porque en estos manuscritos Marx plantea problemas importantes que no fueron considerados en el Capital, como por ejemplo, las cuestiones planteadas en mi prefacio al volumen de ensayos que usted recolectó (Karl Marx’s Grundrisse. Foundations of the Critique of Political Economy 150 Years Later , editado por M. Musto, Londres-Nueva York, Routledge, 2008).

5) M. M. En el prefacio de este libro, escrito por varios expertos internacionales para conmemorar el 150 aniversario desde su composición, usted escribió: “Quizá este es el momento correcto para regresar al estudio de los Grundrisse menos constreñidos por las consideraciones temporales de las políticas de izquierda entre la denuncia de Nikita Khrushchev de Stalin y la caída de Mikhail Gorbachev”. Además, para subrayar el enorme valor de este texto, usted establece que los Grundrisse “contienen análisis y la comprensión, por ejemplo, de la tecnología, que lleva al tratamiento de Marx del capitalismo mas allá del siglo XIX en la era de una sociedad donde la producción no requiere ya mano de obra masiva, de automatización, de potencial de tiempo libre y de las transformaciones de alienación en tales circunstancias. Este es el único texto que va, de alguna manera, más allá de los propios indicios de Marx del futuro comunista en la Ideología Alemana. En pocas palabras, ha sido correctamente descrito como el pensamiento de Marx en toda su riqueza. Por tanto ¿cuál podría ser el resultado de la re-lectura de los Grundrisse hoy?

E. H. No hay probablemente más que un puñado de editores y traductores que han tenido un pleno conocimiento de esta gran y notoriamente difícil masa de textos. Pero una re-re-lectura o más bien lectura de ellos hoy puede ayudarnos a repensar a Marx: a distinguir lo general en el análisis del capitalismo de Marx de lo que fue específico de la situación de la “sociedad burguesa” en la mitad del siglo XIX. No podemos predecir qué conclusiones de este análisis son posibles y probablemente solamente que ellos ciertamente no llevarán a acuerdos unánimes.

6) M. M. Para terminar una pregunta final ¿Por qué es importante leer hoy a Marx?

E. H. Para cualquier interesado en las ideas, sea un estudiante universitario o no, es patentemente claro que Marx es y permanecerá como una de las grandes mentes filosóficas y analistas económicas del siglo diecinueve y, en su máxima expresión, un maestro de una prosa apasionada. También es importante leer a Marx porque el mundo en el cual vivimos hoy, no puede entenderse sin la influencia que los escritos de este hombre tuvieron sobre el siglo XX. Y finalmente debería ser leído porque como él mismo escribió, el mundo no puede ser cambiado de manera efectiva a menos que sea entendido, y Marx permanece como una soberbia guía para la comprensión del mundo y los problemas a los que debemos hacer frente.

Traducción: Gabriel Vargas Lozano

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Marx contra Vogt

A través del último volumen de la Marx-Engels Gesamtausgabe (MEGA2), accedemos a la publicación completa de la correspondencia de Karl Marx entre 1860-1861: un capítulo demasiado poco explorado de su biografía intelectual. Este período comprende la redacción del polémico escrito El señor Vogt, los esbozos de El capital, los artículos periodísticos para el New York Tribune y para el Die Presse, además de los estudios realizados a través de minuciosas lecturas, las vicisitudes de su salud y la incierta fortuna de su existencia, causada por la profunda miseria que lo oprimía.

Vicisitudes editoriales de las obras de Marx y Engels
A pesar de la enorme difusión de los escritos y de la amplia afirmación de sus teorías, Marx y Engels todavía carecen de una edición integral y científica de sus obras. La primera razón de esta paradoja se debe al carácter incompleto y fragmentario de la obra de Marx, de la cual, excluyendo los artículos periodísticos editados entre 1848 y 1862, los trabajos publicados fueron relativamente pocos si se los compara a todos los realizados solo parcialmente o a la imponente mole de investigaciones desarrolladas. Esto lo testimonió el mismo Marx, cuando en 1881, en uno de sus últimos años de vida, al ser consultado por Karl Kautsky sobre la posibilidad de una edición completa de sus obras, respondió: “antes que nada éstas deberían escribirse”. En segundo lugar, sobre la publicación de los trabajos de los dos autores han influido las vicisitudes del movimiento obrero, que a menudo lejos de favorecer, obstaculizaron la edición de sus textos.

El primer intento de publicar todos los escritos de Marx y Engels se remonta a los años veinte, cuando David Borissovitch Riazanov, formidable estudioso y conocedor de Marx, además de director del Instituto Marx-Engels en la naciente república de los Soviets, dispuso la publicación en el idioma original a través de la Marx-Engels Gesamtausgabe (MEGA). Sin embargo, a causa de las purgas del estalinismo, que también recayeron sobre los estudiosos del instituto -el mismo Riazanov fue destituido y condenado al exilio en 1931-, el proyecto fue interrumpido en 1935, y de los 42 volúmenes inicialmente previstos, fueron entregados a las imprentas solamente 12 (en 13 tomos). También en la Unión Soviética, desde 1928 a 1946, fue publicada la primera edición en ruso: la Sochineniya (obras completas). Aunque, pese a su nombre, ella reproducía solo un número parcial de los escritos, sus 28 volúmenes (en 33 tomos) conformaron, para la época, la compilación cuantitativamente más consistente de los dos autores. La segunda Sochineniya, en cambio, apareció entre 1955 y 1966 en 39 volúmenes (42 tomos).

Desde 1956 hasta 1968, en la República Democrática Alemana, por iniciativa del Comité Central de la SED, fueron impresos los 41 volúmenes (en 43 tomos) de la Marx Engels Werke (MEW). Sin embargo, esa edición, lejos de ser completa, resultaba tediosa por las introducciones y las notas que, concebidas de acuerdo al modelo de la edición soviética, orientaban la lectura según la concepción del “marxismo-leninismo”. No obstante lo cual, ella constituyó la base de numerosas ediciones análogas en otros idiomas, entre las cuales también están las Opere italianas, que nunca fueron completadas y aparecieron solo en 32 de los 50 volúmenes previstos.

El proyecto de una “segunda” MEGA, que se proponía reproducir de manera fiel y con un amplio aparato crítico todos los escritos de los dos pensadores, renació durante los años sesenta. Sin embargo, las publicaciones iniciadas en 1975 también fueron interrumpidas, esta vez luego de la caída del bloque de los ‘países socialistas’. En 1990, con el objetivo de completar la edición histórico-crítica, distintos institutos en Holanda, Alemania y Rusia conformaron la ” Internationale Marx-Engels-Stiftung” (IMES). Desde 1998, luego de una meticulosa fase de reorganización en la que fueron preparados nuevos principios editoriales y después del traspaso de casa editora -de la Dietz Verlag al la Akademie Verlag-, se retomó la publicación de la Marx-Engels Gesamtausgabe, la denominada MEGA2.

Esta iniciativa reviste de una gran importancia si se considera que una parte considerable de los manuscritos, de la imponente correspondencia, y de la inmensa mole de resúmenes y anotaciones que Marx solía hacer de los textos que leía, permanece inédita. El proyecto integral, del cual participan estudiosos que trabajan en Alemania, Rusia, Japón, Estados Unidos, Holanda, Francia y Dinamarca, se divide en cuatro secciones: la primera comprende todas las obras, los artículos y los bosquejos excluido El capital; la segunda, El capital y todos sus trabajos preparatorios a partir de 1857; la tercera, el epistolario; la cuarta, los resúmenes, las anotaciones y las notas al margen. Hasta hoy, de los 114 volúmenes han sido publicados 52 (12 luego de su continuación en 1998), cada uno de los cuales consta de dos tomos: el texto más el aparato, que contiene los índices y muchos datos adicionales. [1]

La correspondencia de Marx y Engels
El volumen que aquí se presenta – Marx y Engels Gesamtausgabe (MEGA2), Dritte Abteilung, Band 11: Briefwechsel Juni 1860 bis Dezember 1861, Akademie Verlag, Berlin 2005 – es el último editado. Éste incluye una parte de la correspondencia que Marx y Engels intercambiaron en el transcurso de sus vidas y el que mantuvieron con los numerosos corresponsales con los que estuvieron en contacto. El número total de las cartas de este epistolario es enorme. Han sido encontradas, de hecho, más de 4.000 escritas por Marx y Engels, de las cuales 2.500 son aquellas que se intercambiaron directamente y 10.000 son las escritas por ellos a terceros. Además, otras 6.000, aunque no fueron transmitidas, han dejado un cierto testimonio de su existencia. Luego de las nuevas líneas editoriales adoptadas en la MEGA2, todas las cartas siguen rigurosamente el criterio de la sucesión cronológica y los volúmenes ya no están divididos, como en el pasado, en dos partes distintas, una con las cartas escritas por Marx y Engels, y otra con las recibidas por ellos.

El texto que se examina presenta la correspondencia intercambiada entre junio y diciembre del año 1861, período que comprende, esencialmente, las tortuosas vicisitudes relativas a la publicación de Herr Vogt y al violento encuentro que hubo entre éste y Marx. De las 386 cartas conservadas, 133 son las escritas por Marx y Engels, y 253 son las que ellos recibieron -entre éstas, 204 son publicadas por primera vez-. De las primeras 133, 95 son las intercambiadas entre ambos, 73 fueron escritas por Marx a Engels y 22 por Engels a Marx (de la reconstrucción de la correspondencia, sin embargo, ha surgido que al menos 17 cartas de Engels a Marx no fueron transmitidas). Finalmente, son once las cartas escritas por Ferdinand Lassalle a Marx.

El señor Vogt
Representante de la izquierda en la Asamblea nacional de Frankfurt entre 1848-1849, Karl Vogt era, al mismo tiempo, profesor de ciencias naturales en Ginebra, donde vivía exiliado. En la primavera de 1859, publicó un panfleto Studien zur gegenwärtige Lage Europas, en el que sostuvo el punto de vista bonapartista en política externa. En junio del mismo año, apareció en Londres un volante anónimo que denunciaba las intrigas de Vogt a favor de Napoleón III, en particular, sus intentos de corromper a algunos periodistas para que dieran versiones filo-bonapartistas de los sucesos políticos en curso. La acusación -que como luego se demostró fue obra de Karl Blind, periodista y escritor alemán emigrado en Londres- fue retomada por el periódico semanal Das Volk, en el que también colaboraban Marx y Engels, y por el Allgemeine Zeitung.

Esto indujo a Vogt a promover una acción legal contra el periódico alemán, que no pudo impugnar la denuncia a causa del anonimato en el que Blind quiso permanecer. Aunque la demanda fuera rechazada, Vogt fue el vencedor moral de todo el asunto, y al publicar el informe de los acontecimientos ( Mein Prozess gegen die Allgemeine Zeitung), acusó a Marx de ser el inspirador de un complot en su contra y el jefe de una banda que vivía amenazando a quienes habían participado en los movimientos revolucionarios de 1848, chantajeándolos con revelar sus nombres si no estaban dispuestos a pagar el precio del silencio [2].

Además de tener eco en Francia e Inglaterra, el escrito de Vogt tuvo un gran suceso en Alemania y causó una gran conmoción en la prensa liberal: “naturalmente el júbilo de la prensa burguesa no tiene límites [3]”. En particular, el National-Zeitung publicó un resumen de dos extensos artículos fundamentales en enero de 1860. Como consecuencia, Marx demandó al periódico por difamación, pero el “Supremo Tribunal Real Prusiano” rechazó la instancia decretando que los artículos no sobrepasaban los límites de la crítica permitida, y que de ellos no resultaba la intención de ofender. El sarcástico comentario que Marx hizo sobre la sentencia fue: “como aquel turco que le cortó la cabeza a un griego, sin malas intenciones” [4].

El texto de Vogt mezclaba, con hábil maestría, sucesos verdaderos y otros completamente inventados, para poder despertar dudas sobre la historia real de la emigración entre quienes no estaban al tanto de todos los hechos. Para salvaguardar su propia reputación, Marx se sintió obligado a organizar su defensa y, por eso, a fines de febrero de 1860, comenzó a juntar el material para un libro contra Vogt. Realizó esto utilizando dos caminos. Ante todo, escribió decenas de cartas a los militantes con los que había tenido relaciones políticas durante y después de 1848, con el fin de obtener todos los documentos posibles referidos a Vogt [5]. Además, para ilustrar de la mejor manera posible la política de los principales Estados europeos y revelar el rol reaccionario de Bonaparte, desarrolló extensos estudios sobre la historia política y diplomática de los siglos XVII, XVIII y XIX [6]. Sin duda, esta última parte es la más interesante del escrito, además -junto con la que contiene la reconstrucción de la historia de la “Liga de los Comunistas”- es la única que conserva valor para el lector contemporáneo.

De todos modos, como le sucedía siempre a Marx, sus estudios aumentaron mucho las dimensiones del libro que le “crecía bajo las manos” [7], y los tiempos para completarlo se prolongaron cada vez más. De hecho, no obstante Engels lo exhortara: “sé, pues, al menos una vez un poco superficial para poder salir justo a tiempo” [8], y escribiera a Jenny Marx: “nosotros siempre hacemos las cosas más estupendas, pero las hacemos siempre de modo que no salen justo a tiempo, y así todas caen al vacío (…) les pido que hagan lo posible para que se haga algo, pero de inmediato, para encontrar al editor y para que el opúsculo finalmente esté listo” [9], Marx se decidió a terminarlo recién en noviembre. Él hubiera querido titular el libro “Dá-Dá-Vogt” [10], para evocar la semejanza de opiniones entre Vogt y el periodista bonapartista árabe contemporáneo a él, Dá-Dá- Roschaid. Éste, traduciendo los panfletos bonapartistas en árabe por orden de las autoridades de Argel, había definido al emperador Napoleón III como “el sol de beneficencia, la gloria del firmamento” [11], y a Marx nada le parecía más apropiado para Vogt que el epíteto de “Dá-Dá alemán” [12]. Sin embargo, Engels lo convenció de optar por el más comprensible Herr Vogt (El señor Vogt).

Ulteriores problemas se manifestaron respecto al lugar de la publicación del libro. Engels, a propósito, recomendó vivamente hacer salir el libro en Alemania: “es necesario evitar a toda costa imprimir tu opúsculo en Londres (…) Ya hemos experimentado cientos de veces con la literatura de la emigración, siempre sin ningún resultado, siempre dinero y trabajo tirados por nada y para colmo la rabia” [13]. Pero dado que ningún editor alemán estaba disponible, Marx publicó el libro en Londres con el editor Petsch, lo que fue posible gracias a una colecta de dinero para pagar los gastos. Engels comentó que hubiese sido “preferible imprimir en Alemania y era absolutamente necesario lograrlo (:) un editor alemán (…) bien tiene otra fuerza para desarticular la conspiration du silence” [14].

La refutación de las acusaciones de Vogt mantuvo ocupado a Marx durante un año entero, obligándolo a suspender totalmente sus estudios económicos que, según el contrato convenido con el editor Duncker de Berlín, debían haber proseguido a Para una crítica de la economía política, publicada en 1859. Aparentemente, el entusiasmo que lo había invadido durante este suceso contagió también a quienes le eran más cercanos. La mujer Jenny hallaba en El señor Vogt una fuente de “placer y deleite sin fin”; Engels afirmó que la obra era “ciertamente el mejor trabajo polémico que (él hubiese) escrito hasta ahora”[15]; Lassalle saludó el texto como “algo magistral en todos los sentidos” [16]; Wilhelm Wolf, finalmente, dijo: “es una obra maestra de principio a fin” [17].

En realidad, para poder ser hoy comprendido en todas sus referencias y alusiones, El señor Vogt requeriría un amplio comentario. Además, todos los principales biógrafos de Marx han sido unánimes en considerar esta obra como una notable pérdida de tiempo y energías. Al recordar cómo distintos conocidos de Marx habían intentado disuadirlo de emprender esta empresa, Franz Mehring afirmaba que “estamos tentados a desear que él hubiese escuchado esas voces porque ésta obstaculizó (…) la gran obra de su vida (…) a causa del costoso gasto de fuerza y tiempo que derrochó sin una ganancia real” [18]. Con semejante parecer, en 1929, Karl Vorländer escribía: “hoy, después de dos generaciones, razonablemente se puede dudar si valía la pena desperdiciar en esta miserable cuestión, que duró casi un año, tanto trabajo espiritual y tantos gastos financieros para escribir un opúsculo, en el que arremetía contra el odiado adversario, de 191 páginas redactado con brillante argucia, con lemas y citas de toda la literatura mundial (Fischart, Calderón, Shakespeare, Dante, Pope, Cicerón, Boiardo, Sterne, y la literatura en medio-alto alemán)” [19].

También Nikolaevsky y Maenchen-Helfen blasfemaban el hecho de que: “Marx había empleado más de un año en defenderse contra un intento de acabar con su vida política con las denuncias (y que) solo hacia la mitad de 1861 pudo retomar su obra de economía” [20]. También según David McLellan, la polémica contra Karl Vogt “fue un claro ejemplo de la singular capacidad (de Marx) para utilizar una gran cantidad de energías en argumentos absolutamente insignificantes, y de su talento para la inventiva” [21]. Francis Wheen, finalmente, se ha cuestionado de este modo: “para responder a las calumnias publicadas sobre la prensa suiza por un oscuro político llamado Karl Vogt, ¿era realmente necesario escribir un libro de doscientas páginas?” Y a continuación, señalaba que: “los cuadernos de economía permanecieron cerrados sobre su escritorio mientras su autor se distraía con una disputa tan espectacular como superflua (…) una violenta réplica que, ya sea por su extensión como por su tono furibundo, superaba ampliamente el panfleto originario al que quería responder” [22].

Aquello que más sorprende de este escrito es el uso excesivo de referencias literarias en las argumentaciones de Marx. Junto con los autores ya mencionados por Vorländer, sobre el escenario de esta obra aparecen, entre otros, Virgilio, distintos personajes de la Biblia traducida por Lutero, Schiller, Byron, Hugo y, naturalmente, los amadísimos Cervantes, Voltaire, Goethe, Heine y Balzac [23]. Sin embargo, estas citas -y por tanto el precioso tiempo ocupado para construirlas- no respondían solamente al deseo de Marx por mostrar la superioridad de su cultura sobre la de Vogt o al de hacer el panfleto más agradable a los lectores a través de satíricos ribetes; ellas reflejaban dos características esenciales de la personalidad de Marx.

La primera es la enorme importancia que él le asignó, durante todo el transcurso de su existencia, al estilo y a la estructura de sus obras, aún de las menores o de las polémicas como El señor Vogt. Siempre le suscitaban una gran indignación la mediocridad, la forma vulgar, la construcción incierta y con errores de gramática, la falta de lógica en las formulaciones y la presencia de muchos errores en gran parte de los escritos con los que, en sus muchas batallas, el discrepó [24]. Por eso, junto al conflicto de naturaleza teórica, también arremetía contra la vulgaridad intrínseca, la falta de calidad en las obras de sus contendientes, y quería mostrarles no sólo la precisión de lo que él escribía, sino también cuál era el mejor modo de hacerlo.

La segunda impronta típicamente marxiana, que se entreve a través del imponente trabajo preparatorio de El señor Vogt, es la agresividad y la irrefrenable virulencia con la que se lanzaba contra sus adversarios directos, ya fueran filósofos, economistas o militantes y se llamaran Bauer, Stirner, Proudhon, Vogt, Lassalle o Bakunin. Marx quería aniquilarlos, demostrar de todas las formas posibles la falta de fundamento de sus concepciones, obligarlos a rendirse impidiéndoles producir objeciones a sus aserciones. Así, conducido por este ímpetu, estaba tentado a sepultar a sus contrincantes bajo montañas de argumentaciones críticas, y cuando esta furia se apoderaba de él, al punto de hacerle perder de vista también su proyecto de crítica de la economía política, hete aquí que no se contentaba más ‘sólo’ con Hegel, Ricardo o con los acontecimientos históricos, sino que utilizaba a Esquilo, Dante, Shakespeare y Lessing.

El señor Vogt fue como un encuentro fatal entre estos dos componentes de su carácter. Un cortocircuito causado por uno de los ejemplos más eclécticos de la picardía literaria tan odiada por Marx y por la voluntad de destruir al enemigo que, con la mentira, había amenazado la credibilidad e intentado manchar su historia política.

Con este libro, Marx esperaba suscitar revuelo e intentó cuanto pudo para hacer hablar a la prensa alemana. Sin embargo, ni los periódicos ni el mismo Vogt le concedieron ninguna atención: “los perros (…) quieren matar el asunto con el silencio” [25]. También “la publicación de una reelaboración francesa, muy abreviada, que estaba por imprimirse” [26], fue impedida ya que el texto fue alcanzado por la censura e introducido en la lista de los volúmenes prohibidos. Durante la vida de Marx y Engels no apareció ninguna otra edición de El señor Vogt y tampoco fueron reimpresos más que breves pasajes escogidos. El libro traducido al italiano fue publicado recién cincuenta años después, en 1910, por el editor Luigi Mongini.

Contra la miseria y la enfermedad
Contribuyeron a prolongar los retrasos del trabajo de Marx y a complicar terriblemente su situación personal sus dos enemigas de siempre: la miseria y la enfermedad. De hecho, en este período, la condición económica de Marx fue verdaderamente desesperante. Rodeado por las demandas de los muchos acreedores y con el espectro constante de las imposiciones del broker, el oficial judicial en puertas, él se lamentaba con Engels afirmando: “no sé cómo podré arreglármelas, porque los impuestos, las escuelas, la casa, las droguerías, el carnicero, dios y el diablo no quieren darme más tregua” [27]. A fines de 1861, la situación se volvió todavía más grave y para resistir, junto a la constante ayuda del amigo – hacia el cual sentía una gratitud inmensa “por las extraordinarias pruebas de amistad”[28] -, Marx estuvo obligado a empeñar “todo salvo las paredes de la casa” [29].

Siempre al amigo, escribió: “de qué júbilo no me habría colmado el ánimo el fiasco del sistema financiero decembrista pronosticado por mí tan ampliamente y reiteradamente en elTribune, si fuera libre de estas piojerías y no viese a mi familia aplastada por estas miserables angustias!” [30]. Además, a fines de diciembre, al dirigir los augurios para las vísperas del año nuevo, se expreso así: “si éste tuviera que ser igual al pasado, por lo que me concierne, más bien preferiría el infierno”[31].

Los desconsolantes problemas de naturaleza financiera iban acompañados de los de salud, que contribuían a generar. El estado de profunda depresión en el que cayó por muchas semanas la esposa de Marx, Jenny, la volvió más receptiva para la viruela, que contrajo a fines de 1860 y puso seriamente en riesgo su vida. Durante toda la enfermedad y la convalecencia de su compañera, Marx estuvo cuidándola constantemente y retomó su actividad recién cuando Jenny estuvo fuera de peligro. En el tiempo trascurrido, tal como le escribió a Engels, trabajar había estado totalmente fuera de cuestión: “la única ocupación con la que puedo conservar la tranquilidad de ánimo necesaria es la matemática” [32], una de las mayores pasiones intelectuales de su vida. Pocos días después, agregaba, además, que una circunstancia que lo había “ayudado mucho (había) sido un terrible dolor de muelas”.

De hecho, habiendo ido al dentista para hacerse sacar un diente, éste le dejó por error una esquirla que le produjo en la cara “hinchazón y dolor y le cerró media garganta” ¿Y la ayuda, pues? Era justamente eso. De hecho, Marx afirmaba estoicamente: “este malestar físico estimula mucho las facultades del pensar y por eso la capacidad de abstracción, puesto que, como dice Hegel, el pensamiento puro o la nada son lo mismo” [33]. No obstante los problemas, en el curso de estas semanas tuvo la oportunidad de leer muchos libros, entre ellos El origen de las especies de Charles Darwin, publicado el año anterior. El comentario que Marx comunicó por carta a Engels estaba destinado a provocar discusiones entre filas de estudiosos y militantes socialistas: “por cuanto está desarrollado someramente en inglés, aquí está el libro que contiene los fundamentos históricos-naturales de nuestro modo de ver” [34]. A continuación de este período, a principios de 1861, las condiciones de Marx se agravaron a causa de una inflamación en el hígado que ya había padecido el verano anterior: “estoy atormentado como Job, aunque no tan temeroso de Dios” [35].

En particular, el estar encorvado le producía un enorme sufrimiento y le fue imposible escribir. De modo que, para superar la “inmunda situación que (le) imposibilita(ba) trabajar” [36], se refugió una vez más en las lecturas: “a la tarde, para aliviarme (leo) las guerras civiles romanas de Apio en el texto original griego. Es un libro de gran valor, Espartaco figura como el hombre más inteligente de toda la historia antigua, como un gran general (no un Garibaldi), de carácter noble, real representative del antiguo proletariado” [37].

Y mientras tanto la economía espera…
Recuperado de la enfermedad, a fines de febrero de 1861, Marx se trasladó a Zalt-Bomme, en Holanda, en busca de una solución para sus dificultades financieras. Allí encontró la ayuda del tío Lion Philips, hombre de negocios y hermano del padre del futuro fundador de la fábrica de lámparas de la cual desciende una de las más importantes empresas de aparatos electrónicos del mundo, que aceptó anticiparle 160 esterlinas de la futura herencia materna. De aquí Marx se dirigió clandestinamente a Alemania, donde, en Berlín, fue huésped de Lassalle por cuatro semanas. Éste último le había solicitado reiteradas veces promover juntos la fundación de un órgano de “partido” y ahora, con la amnistía promulgada en enero de 1861, también se presentaban las condiciones para que Marx reobtuviera la ciudadanía prusiana que le había sido quitada luego de la expulsión de 1849, y se trasladase a Berlín.

Sin embargo, el escepticismo de Marx en relación a Lassalle impidió que el proyecto fuera considerado seriamente [38]. Al regreso de su viaje, se lo describió a Engels de la siguiente manera: “Lassalle, deslumbrado por la consideración de la que goza en ciertos círculos doctos por su Heráclito y en otro círculo de inmoderados con el buen vino y la cocina, naturalmente no sabe que en el gran público está desacreditado. Además están su prepotencia, su enredo en el ‘concepto especulativo’ (el jovenzuelo hasta sueña con escribir una nueva filosofía hegeliana a la segunda potencia), el estar infectado de viejo liberalismo francés, su pluma difusa, su importunismo, la falta de tacto, etc. Lassalle, mantenido bajo una rígida disciplina, podría prestar servicios como uno de los redactores. De otro modo sólo comprometería las cosas” [39].

El juicio de Engels no era distinto, ya que lapidariamente escribía: “no se puede corregir a este hombre” [40]. De todos modos, la solicitud de ciudadanía de Marx fue rechazada rápidamente y, dado que él nunca se naturalizó en Inglaterra, permaneció apátrida por el resto de su vida.
De esta estadía alemana, la correspondencia de Marx ofrece divertidos informes que facilitan la comprensión de su carácter. Sus hospedantes, Lassalle y su compañera, la condesa Sophie von Hatzfeldt, se dedicaron generosamente a organizar para él una serie de actividades que únicamente sus cartas muestran cuán profundamente las detestara. En una breve reseña de los primeros días trascurridos en la ciudad, lo vemos en apuros con la frivolidad. El martes a la tarde se encontraba entre los espectadores de una “comedia berlinesa de autocomplacencia prusiana: en definitiva un asunto desagradable”. El miércoles fue obligado a asistir a tres horas de ballet en la Opera -“algo de verdad mortalmente aburrido”- y para colmo “horribile dictu” [41], “en un palco muy cerca al del ‘lindo Guillermo’” [42], el rey en persona.

El jueves Lassalle dio un almuerzo en su honor del que participaron algunas ‘celebridades’. Lejos de alegrarse por la circunstancia, como ejemplo de la consideración que tenía por sus comensales, Marx describió a su vecina de mesa, la redactora literaria Ludmilla Assig, de esta manera: “es la criatura más fea que jamás haya visto en vida, con una horrible fisonomía hebraica, una nariz delgada muy saliente, siempre sonriente y riendo burlonamente, hablando una prosa poética, esforzándose continuamente por decir algo extraordinario, fingiendo entusiasmo y salpicando saliva sobre sus oyentes durante los espasmos de sus éxtasis” [43].

A Carl Siebel, poeta renano y lejano pariente de Engels, escribió: “acá me aburro mortalmente. Soy tratado como una especie de león de salón y estoy obligado a ver a muchos señores y señoras ‘de ingenio’. Es terrible” [44] . A continuación, mientras escribía a Engels: “Berlín tampoco es más que un pueblucho”, a Lassalle no podía negarle que la cosmopolita Londres ejercía en el “una extraordinaria atracción”, si bien admitía vivir “como un ermitaño en este agujero gigantesco” [45]. Y así, después de pasar por Elberfeld, Bermen, Colonia, su Tréveris y luego también por Holanda, regresó el 29 de abril.

Esperándolo estaba su “Economía”. Como es sabido, en junio de 1859 Marx había publicado el primer fascículo de Para la crítica de la economía política y tenía programado continuarlo con una segunda entrega lo más rápido posible. No obstante los optimistas anuncios que solía hacer a propósito – en noviembre de 1860 escribió a Lassalle: “pienso que durante pascua podrá salir la segunda parte” [46] -, por los sucesos hasta aquí mencionados trascurrieron en vano más de dos años hasta que pudo volver a sus estudios. Por otra parte, estaba profundamente frustrado por las circunstancias y en julio se lamentó con Engels: “no avanzo tan rápido como querría, porque tengo muchos problemas domésticos” [47]; todavía en diciembre: “mi escrito avanza, pero lentamente. De hecho, no era posible resolver rápidamente esas cuestiones teóricas en medio de tales circunstancias. Por tanto, será mucho más popular y el método estará mucho más disimulado que en la primera parte” [48]. De todos modos, en agosto de 1861 volvió a trabajar incesantemente en su obra, y ya para junio de 1863 había redactado los 23 cuadernos -de 1472 páginas en cuartillas- que comprenden las Teorías sobre la plusvalía.

La primera de las tres fases de esta nueva redacción de la “Economía”, relativa a los primeros cinco cuadernos de este grupo, se extendió desde agosto de 1861 hasta marzo de 1862. Ellos tratan la transformación del dinero en capital -tema abordado en el primer libro de El Capital- y constituyen la primera redacción existente sobre tal argumento. A diferencia de las Teorías sobre la plusvalía, entregadas a las imprentas por Kautsky entre 1905 y 1910, si bien en una edición tergiversada y a menudo poco conforme con los originales, estos cuadernos fueron ignorados por más de cien años. Recién en 1973 fueron publicados por primera vez en una traducción rusa, como volumen adjunto (número 47) de la Sochineniya, y la versión en el idioma original salió sólo en 1976, en la “segunda” MEGA [49].

Periodismo y política internacional
También durante la última fase de 1861, Marx retomó su colaboración con el New York Tribune y escribió para el periódico liberal de Viena Die Presse. La mayor parte de sus cartas de este período estuvieron dedicadas a la guerra civil en los Estados Unidos. En ella, según Marx, “la lucha se disputa(ba) entre la forma más alta de autogobierno popular jamás realizada hasta ahora y la más abyecta forma de esclavitud humana que la historia conozca”[50]. Esta valoración vuelve evidente, más que cualquier otra posible, el abismo que lo separaba de Garibaldi, que había rechazado la oferta del gobierno del norte de asumir un puesto de mando en el ejército, porque consideraba que esa guerra sólo era un conflicto de poder y no concernía a la emancipación de los esclavos. Con respecto a tal posición y en relación a un intento de pacificación entre las partes del italiano, Marx comentó con Engels: “ese burro de Garibaldi se volvió ridículo con la carta sobre la concordia a los yankees” [51].

Además, en sus artículos, Marx analizó las recaídas económicas del conflicto americano causadas por Inglaterra, de la que examinó el desarrollo del comercio, la situación financiera y las opiniones que atravesaban a la sociedad. En relación a este punto, una interesante referencia también se encuentra en una carta a Lassalle: “naturalmente toda la prensa oficial inglesa está a favor de los slave-holders (esclavistas). Son absolutamente los mismos personajes que han cansado al mundo con su filantropismo contra el comercio de esclavos, pero: ¡algodón, algodón!” [52]

Finalmente, siempre en las cartas a éste último, Marx desarrolló distintas reflexiones relativas a uno de los temas políticos en el que puso el mayor empeño por aquellos años: la violenta oposición a Rusia y a sus aliados Henry Palmerston y Luis Bonaparte. En particular, Marx se dedicó a aclarar a Lassalle la legitimidad de la convergencia, en esta batalla, entre su ‘partido’ y el de David Urquhart, un político tory de opiniones románticas. Sobre éste, que en los primeros años cincuenta había tenido la audacia de re-publicar, con un objetivo anti-ruso y anti-whig, los artículos de Marx contra Palmerston aparecidos en el órgano oficial de los cartistas ingleses, escribió: “ciertamente es un reaccionario desde el punto de vista subjetivo (…) eso de ningún modo le impide al movimiento que él dirige en política exterior ser objetivamente revolucionario (…) el asunto me es indiferente como sería para ti, por ejemplo, si en una guerra contra Rusia, tu vecino disparara a los rusos por motivos nacionales o revolucionarios” [53]. Y además: “por el resto va de suyo que en política exterior frases como ‘reaccionario’ o revolucionario’ no sirven para nada” [54].

En fin, también se remonta a 1861 la primera fotografía conocida de Marx [55]. La imagen lo representa mientras posa de pie con las manos apoyadas sobre una silla delante suyo. Los espesos cabellos aparecen ya blancos, mientras que la barba tupida es color negro corvino. La mirada decidida permite que se trasluzca no la amargura por las derrotas sufridas y por las muchas dificultades que lo oprimían, sino más bien la firmeza de ánimo que lo distinguió durante toda su vida. No obstante, la inquietud y la melancolía también lo recorrían a él, que en el mismo período en el que fue tomada esa foto escribía: “para mitigar el profundo mal humor causado por mi situación en todo sentido incierta, leo a Tucídides. Al menos estos antiguos permanecen siempre nuevos” [56] ¿Cómo no afirmar también hoy, aún limitándonos a leer únicamente sus cartas, lo mismo del gran clásico de la Modernidad que es Karl Marx?

Traducción realizada por Mora Scillamá. Revisión de Francisco T. Sobrino

References
1. Información detallada en www.bbaw.de/vs/mega.
2. En 1870, en las cartas de los archivos franceses publicadas por el gobierno republicano luego del segundo Imperio, se encontraron los documentos que comprobaban que Vogt había sido pagado por Napoleón III. De hecho, en agosto de 1859, éste le había dado 40.000 francos de sus fondos secretos.
3. Karl Marx a Friedrich Engels, 31 de enero de 1860, en Marx- Engels Opere, vol. XLI, Editori Riuniti, Roma 1973, pág. 17.
4. Kart Marx, Herr Vogt, en Marx Engels Opere, vol. XVII, Editori Riuniti, Roma 1986, pág. 271.
5. A cerca de la importancia de estas cartas como medio de comunicación política entre los militantes de la revolución de 1848- 1849, y para examinar el conflicto entre Marx y Vogt desde una perspectiva general – no sólo desde el punto de vista de Marx, como también hace este escrito- remitirse a Christian Jansen, Politischer Streit mit harten Bandagen. Zur brieflichen Kommunikation unter den emigrierten Achtundvierzigern – unter besonderer Berücksichtigung der Controverse zwischen Marx und Vogt, en Jürgen Herres-Manfred Neuhaus (bajo el cuidado de), Politische Netzwerke durch Briefkommunikation, Akademie Verlag, Berlín 2002, pp. 49-100, que analiza las motivaciones políticas que habrían inducido a Vogt a responder a Bonaparte. El ensayo también contiene un apéndice de cartas escritas por Vogt y otras dirigidas a él. También son interesantes, porque carecen de la previsible y a menudo doctrinal interpretación marxista, los textos de Jacques Grandjonc- Hans Pelger, Gegen die “Agentur Fazy/Vogt. Karl Marx’ “Herr Vogt”(1860) y Georg Lommels, “Die Wahrheit über Genf” (1865). Quellen- und textgeschichtliche Anmerkungen, ambos en «Marx-Engels-Forschungs-berichte», 1990 (Nr. 6), pp. 37-86, y también de Lommels, Les implicationes del’affaire Marx-Vogt, en Jean Claude Pont- Daniele Bui- Francoise Dubosson- Jan Lacki (bajo el cuidado de), Carl Vogt (1817-1895). Science, philosophie et politique, Georg, Chêne-Bourg 1998, págs. 67-92.
6. Fruto de estas investigaciones fueron los seis cuadernos con extractos de libros, revistas y periódicos de las más diversas orientaciones. Este material -denominado Vogtiana -, que muestra el modo en que Marx utilizaba los resultados de sus estudios para las obras que escribía, está todavía inédito y se publicará en el volumen IV/16 de la MEGA2.
7. Karl Marx a Friedrich Engels, 6 de diciembre de 1860, en MEGA2 III/11, Akademie Verlag, Berlín 2005, p. 250; tr. it. Marx-Engels Opere, vol. XLI, op. cit., pág. 135.
8. Friedrich Engels a Karl Marx, a más tardar el 29 de junio de 1860, op. cit., pág. 72; tr. it., op. cit., pág. 83.
9. Friedrich Engels a Jenny Marx, 15 de agosto de 1860, op. cit., pág. 113; tr. it., op. cit., pág. 604.
10. Karl Marx a Friedrich Engels, 25 de septiembre de 1860, op. cit., pág. 180; tr. it., op. cit., pág. 108.
11. Cfr. Karl Marx, Herr Vogt, op. cit., pág. 180.
12. Ibídem.
13. Friedrich Engels a Karl Marx, 15 de septiembre de 1860, in MEGA² III/11, op. cit., pág. 158; tr. it. Marx-Engels Opere, vol.XLI, op. cit., pág. 103.
14. Friedrich Engels a Karl Marx, 5 de octubre de 1860, op. cit., pág. 196; tr. it., op. cit., pág. 114.
15. Friedrich Engels a Karl Marx, 19 de diciembre de 1860, op. cit., pág. 268; tr. it., op. cit., pág. 143.
16. Ferdinand Lassalle a Karl Marx, 19 de enero de 1861, op. cit., pág. 321.
17. Wilhelm Wolff a Karl Marx, 27 de diciembre de 1860, op. cit., pág. 283.
18. Franz Mehring, Vita di Marx, Editori Riuniti, Roma 1972, pág. 295.
19. Karl Vorlaender, Karl Marx, Sansoni, Florencia 1948, págs. 209-210.
20. Boris Nikolaevsky- Otto Maenchen- Helfen, Karl Marx. La vita e l’opera, Einaudi, Turín 1969, p. 284.
21. David McLellan, Karl Marx, Rizzoli, Milán 1976, p. 317.
22. Francis Wheen, Marx. Vita pubblica e privata, Mondadori, Milán 2000, pp. 145, 204 e 207.
23. A propósito, se remite a las consideraciones del fundamental S. S. Prawe, La biblioteca di Marx, Garzanti, Milán, 1978, que afirma: «en Herr Vogt parece que Marx fuera incapaz de considerar cualquier fenómeno político o social sin asociarlo a alguna referencia a la literatura mundial», p. 263. También señala que este texto puede ser estudiado «como antología de los distintos métodos que Marx utilizaba para incorporar alusiones y citas literarias en sus polémicas», p. 260. Por otra parte, la considerable importancia de las influencias literarias de Marx en sus obras y el muy erudito caudal cultural de su teoría crítica, cada vez llaman más la atención. A propósito: Thomas M. Kemple,Reading Marx Writing. Melodramma, the Market and the ‘Grundrisse’, Stanford University Press, Stanford 1995 y el reciente Francis Wheen, Marx’s Das Kapital. A biography, Atlantic Books, Londres 2006.
24. Sobre este punto consultar también las brillantes consideraciones de S. S. Prawer, op. cit., pág. 264.
25. Karl Marx a Friedrich Engels, 22 de enero de 1861, en MEGA2 III/11, op. cit., pág. 325; tr. it. MARX ENGELS Opere, vol. XLI, op. cit., pág. 162.
26. Karl Marx a Friedrich Engels, 16 de mayo de 1861, op. cit., pág. 476; tr. it., op. cit., pág. 188.
27. Karl Marx a Friedrich Engels, 29 de enero de 1861, op. cit., pág. 333; tr. it., op. cit., pág. 164.
28. Karl Marx a Friedrich Engels, 27 de febrero de 1861, op. cit., pág. 380; tr. it., op. cit., pág. 177.
29. Karl Marx a Friedrich Engels, 30 de octubre de 1861, op. cit., pág. 583; tr. it., op. cit., pág. 217.
30. Karl Marx a Friedrich Engels, 18 de noviembre de 1861, op. cit., pág. 599; tr. it., op. cit, pág. 222.
31. Karl Marx a Friedrich Engels, 27 de diciembre de 1861, op. cit., pág. 636; tr. it., op. cit., pág. 237.
32. Karl Marx a Friedrich Engels, 23 de noviembre de 1860, op. cit., pág. 229; tr. it., op. cit., pág. 124.
33. Karl Marx a Friedrich Engels, 28 de noviembre de 1860, op. cit., pág. 236; tr. it., op. cit., pág. 128.
34. Karl Marx a Friedrich Engels, 19 de diciembre de 1860, op. cit., pág. 271; tr. it., op. cit., pág. 145.
35. Karl Marx a Friedrich Engels, 18 de enero de 1861, op. cit., pág. 319; tr. it., op. cit., pág. 160.
36. Karl Marx a Friedrich Engels, 22 de enero de 1861, op. cit., pág. 325; tr. it., op. cit., pág. 162.
37. Karl Marx a Friedrich Engels, 27 de febrero de 1861, op. cit., pág. 380; tr. it., op. cit., pág. 176.
38. Para más información sobre este período de Marx trascurrido en Berlín, consultar el reciente artículo de Rolf Dlubek, Auf der Suche nach neuen politischen Wirkungsmöglichkeiten. Marx 1861 in Berlin, en «Marx-Engels Jahrbuch», 2004, Akademie Verlag, Berlín 2005, págs. 142-175.
39. Karl Marx a Friedrich Engels, 7 de mayo de 1861, en MEGA2 III/11, op. cit., pág. 460; tr. it. Marx- Engels Opere, vol. XLI, op. cit., págs. 180-181.
40. Friedrich Engels a Karl Marx, 6 de febrero de 1861, op. cit., pág. 347; tr. it., op. cit., pág. 171
41. Karl Marx a Antoinette Philips, 24 de marzo de 1861, op. cit., pág. 404; tr. it., op. cit., pág. 642.
42. Karl Marx a Friedrich Engels, 10 de mayo de 1861, op. cit., pág. 470; tr. it., op. cit., pág. 186.
43. Karl Marx a Antoinette Philips, 24 de marzo de 1861, op. cit., pág. 404; tr. it., op. cit., pág. 642.
44. Karl Marx a Carl Siebel, 2 de abril de 1861, op. cit., pág. 419; tr. it., op. cit., pág. 646.
45. Karl Marx a Ferdinand Lassalle, 8 de mayo de 1861, op. cit., pág. 464; tr. it., op. cit., pág. 656.
46. Karl Marx a Ferdinand Lassalle, 15 de septiembre de 1860, op. cit., pág. 161; tr. it., op. cit., pág. 615.
47. Karl Marx a Friedrich Engels, 20 de Julio de 1861, op. cit., pág. 542; tr. it., op. cit., pág. 212.
48. Karl Marx a Ferdinand Lassalle, 9 de diciembre de 1861, op. cit., pág. 616; tr. it., op. cit., pág. 230.
49. MEGA2 II/3.1, Dietz Verlag, Berlín 1976. La traducción italiana apareció rápidamente bajo el cuidado de Lorenzo Calabi: Karl Marx, Manoscritti del 1861-1863, Editori Riuniti, Roma 1980, pero no logró que se la incluyera en los volúmenes de las Opere.
50. Karl Marx, Der Bürgerkrieg in den Vereinigten Staaten, 7-XI-1861, en MEW 15, Dietz Verlag, Berlín 1961, pág. 339.
51. Karl Marx a Friedrich Engels, 10 de junio de 1861, en MEGA² III/11, op. cit., pág. 493; tr. it. Marx- Engels Opere, vol. XLI, op. cit., pág. 190.
52. Karl Marx a Ferdinand Lassalle, 29 de mayo de 1861, op. cit., pág. 480; tr. it., op. cit., pág. 658.
53. Karl Marx a Ferdinand Lassalle, 1 o 2 de junio de 1860, op. cit., pág. 19; tr. it., op. cit., pág. 596.
54. Karl Marx a Ferdinand Lassalle, 1 o 2 de junio de 1860, op. cit., pág. 20; tr. it., op. cit., pág. 597.
55. La fotografía puede ser del mes de abril, véase MEGA2 III/11, op. cit., pág. 465.
56. Karl Marx a Ferdinand Lassalle, 29 de mayo de 1861, op. cit., pág. 481; tr. it. MARX ENGELS Opere, vol. XLI, op. cit., pág. 659.

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Vuelve Marx, el autor mal conocido

Contrariamente a las previsiones que habían decretado de modo definitivo el olvido, Karl Marx volvió, durante los últimos años, a retomar la atención de los estudiosos internacionales.
Su persistente capacidad explicativa del mundo actual vuelve a proponer el valor del pensamiento, y en los estantes de las bibliotecas de Europa, Estados Unidos y Japón desempolvan cada vez más frecuentemente sus escritos.
El ejemplo más significativo de este redescubrimiento es la reanudación de la publicación de sus obras. En efecto, a pesar de la enorme difusión que las teorías de Marx tuvieron durante el siglo XX, todavía hoy carece de una edición integral y científica de sus escritos. Es el único, entre los grandes pensadores de la humanidad, que corrió tal suerte.

Para comprender cómo pudo suceder esto hay que considerar los muy diversos avatares del movimiento obrero que, demasiado a menudo, en vez de favorecer, obstaculizaron la edición de sus textos. Después de la muerte de Marx y Engels los conflictos internos en el Partido Socialdemócrata alemán fueron la causa de que la herencia literaria de los dos autores fuese tratada con la máxima negligencia. El primer intento de publicar sus obras completas, la Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA) se realizó sólo a partir de los años veinte y en la Unión Soviética. Sin embargo, las depuraciones stalinistas de los primeros años treinta, que afectaron también a los principales estudiosos comprometidos en esa empresa, y el advenimiento del nazismo en Alemania interrumpieron bruscamente esa edición. El sucesivo intento de reproducir todos los escritos de los dos pensadores, la llamada MEGA2, comenzó recién en 1975 pero también fue suspendido, esta vez por el derrumbe de los países socialistas.

En 1990, con el objetivo de completar esta edición, nació la Fundación Internacional Marx Engels (IMES), que reagrupa estudiosos de los tres continentes. Su proyecto es de enorme importancia si se considera que una parte consistente de los manuscritos maxianos está todavía inédita y que esta tarea ciclópea constituye la base para nuevas traducciones de los escritos de Marx y de Engels en todas las lenguas. Consta de cuatro secciones que, respectivamente, deberán imprimir todas sus obras, incluidos la correspondencia, El Capital y sus muchos manuscritos preparatorios, los más de doscientos cuadernos de apuntes (en nueve lenguas) sobre las más diversas disciplinas, que constituyen la base de la elaboración de Marx. Hasta hoy, de los 114 volúmenes previstos han sido publicados 52 (12 después de la reanudación de las ediciones en 1998), cada uno de los cuales cuenta con dos voluminosos tomos: el texto y el aparato crítico (informaciones más detalladas en www.bbaw.de/vs/mega).

Por lo tanto hay que preguntarse: ¿qué Marx surge de la nueva edición histórico-crítica? Decididamente un Marx diferente del que, durante mucho tiempo, nos presentaron muchos seguidores y adversarios. Por paradójico que pueda parecer, Karl Marx es un autor mal conocido. La sistematización de su obra crítica operada por los epígonos, el empobrecimiento teórico que acompañó la divulgación, la manipulación y la censura de sus escritos y su utilización instrumental en función de las necesidades políticas, lo convirtieron en víctima de una profunda y reiterada incomprensión. El redescubrimiento de su obra muestra la diferencia que existe entre Marx y el marxismo, entre la riqueza de un horizonte problemático y polimorfo, aún por explorar, y la doctrina que alteró la concepción originaria hasta convertirse en la negación manifiesta del punto de partida. Así, al perfil granítico de la estatua que, en tantas plazas de los regímenes antilibertarios de los países de Europa oriental, lo representaba apuntando al porvenir con dogmática certidumbre, se sustituye hoy por el de un autor que dejó incompletos la mayor parte de sus escritos para dedicarse, hasta su muerte, a nuevos estudios que verificasen la validez de sus propias tesis.

Dos ejemplos bastan: I) el carácter fragmentario que, en su última edición, recupera La ideología alemana hace evidente la falsificación interpretativa marxista-leninista que había convertido a estos manuscritos en la exposición exhaustiva del materialismo dialéctico (expresión, por otra parte, que jamás utilizó Marx). Lejos de poder ser encerrada en epitafios la concepción marxiana de la historia debe ser buscada en la totalidad de su obra. II) El segundo es el tercer libro de El Capital, que fue publicado con más de cinco mil intervenciones de redacción realizadas por Engels como editor, las cuales muestran que el texto no contenía de ningún modo una teoría económica concluida, pues en buena parte eran sólo apuntes provisorios destinados a elaboraciones sucesivas. La inminente publicación de la totalidad de los originales dejados por Marx permitirá, por fin, una valoración cierta.
Lo que, en cambio, es cierto desde ya es el valor de sus infatigables empeños intelectuales, los cuales, aun incompletos, siguen siendo geniales y fecundos como penetrantes interpretaciones del mundo contemporáneo. Frente a las contradicciones y a la crisis de la sociedad capitalista se vuelve, por consiguiente, a interrogar a ese Marx que después de 1989 fue dejado de lado con demasiada precipitación. Barridos ya del terreno los autodenominados propietarios de su pensamiento, parece que, esta vez, será él quien verdaderamente responda.
(Traducción para wwws.inpermiso.info: Guillermo Almeyra)

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Fabiola Quijas, La Jornada

Una visión multifacética de varios autores de China, Japón y Europa sobre diversos temas alusivos a Karl Marx y el marxismo, se reúne el libro En la pista de un fantasma: las obras de Karl Marx entre la filología y la filosofía.

La obra que redescubre a uno de los más grandes pensadores de la humanidad, fue coordinada por el italiano Marcello Musto, traducida al castellano por Guillermo Almeyra, se publicará próximamente en México.

En entrevista, Almeyra señaló que el volumen ”restituye los materiales de Marx para que los lectores y los estudiosos puedan juzgar por sí mismos, y quedan abiertas pistas que de otro modo estaban cerradas”.

En la pista de un fantasma… se hace referencia a las obras completas que inició en 1990 la Fundación Internacional Marx Engels (IMES). La edición incluye 114 volúmenes de los cuales han sido publicados 52 y cada uno cuenta con dos voluminosos tomos: el texto y el aparato crítico.

Guillermo Almeyra, colaborador de La Jornada, explicó que a diferencia de las estatuas de Marx en los países de Europa porque preveía el porvenir, ese libro ”ayuda a comprenderlo mejor, lo hace un estudioso que ve sus perspectivas y deja incompletos trabajos fundamentales porque está buscando nuevos datos que confirmen o que refuten lo que pone.

”Era un científico y, por tanto, no tenía la verdad en el bolsillo y lo sabía perfectamente bien, por eso no afirmaba certezas. Después lo hicieron decir que tenía las respuestas a todas las cosas y no las tenía, él mismo lo sabía.”

El libro, que aborda los grandes temas de Marx, fue escrito por especialistas de China, Japón, Italia, Alemania y Francia. La obra será la primera en lengua española.

Preparan todas las obras de Marx y Engels

Almeyra destacó que la edición completa de todas las obras de Marx y Engels que se realiza desde hace 16 años, modifica inclusive las traducciones anteriores y restituye todo al nivel en el que estaban.

”Era una obra incompleta, abierta a una serie de cosas. Los libros II y III de El Capital no tenían una teoría económica concluida, sino que también es abierta y deja interpretaciones, discusiones, eso es lo interesante”, expresó.

De acuerdo con el traductor, los 114 volúmenes de las obras completas ”marcan las intervenciones posteriores de albaceas literarios como Engels en los trabajos de Marx, es decir, qué era Marx y qué era Engels”.

El eje de la publicación es el redescubrimiento de la obra que muestra la diferencia que existe entre Marx y el marxismo. Asimismo, la gigantesca obra completa ”arroja luz sobre nuevas cosas porque se trata de ediciones corregidas, sin línea predeterminada de análisis como sucedía con las ediciones realizadas en Moscú que eran sometidas a un control férreo político”.

En los años 20, la Marx-Engels-Gesamtausgabe intentó publicar y difundir por primera vez las obras completas del filósofo alemán, pero el estalinismo y el nazismo interrumpieron esa edición.

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Karl Marx

De unos años a la fecha ha recuperado la atención de los estudiosos internacionales un autor casi olvidado: Karl Marx. Su pensamiento, tan fuera de moda aparentemente, como irrenunciable todavía para la comprensión del presente, ha retornado a los campos libres del saber. Su obra liberada de la odiosa función de instrumentum regni a la que había sido constreñida instrumentalmente, se ha convertido en objeto de renovado interés.

El ejemplo más significativo lo constituyen las publicaciones de la Marx-Engels–Gesamtausgabe (MEGA 2) reiniciadas en 1998 después de la interrupción que siguió al colapso de los países socialistas, la intensa fase de organización de las directivas editoriales (Richard Sperel, Edition auf hohem Nibeau. Zu den Grundsätzen der Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA), pp. 215, E 12, 90, Argument, Hamburg 2004) y el cambio de su dirección hacia la Berlin-Brandenburgische Akademie der Wissenschaften. De los 114 volúmenes previstos, de los cuales cada uno consta de dos tomos, con el texto y su aparato crítico, acaba de aparecer, recientemente, la entrega del volumen no. 50, el décimo de la reiniciada empresa.

Muchas de las adquisiciones filológicas presentes en la nueva edición histórico-crítica evidencian una característica peculiar de la obra de Marx: lo inacabado. En efecto, él dejó muchos manuscritos incompletos de los que tenía sin entregar a la imprenta, mismo que acontece también con El Capital, cuya completa publicación, que incluye todos los trabajos preparatorios a partir de 1857, se realizará finalmente en la segunda sección de la MEGA 2 por el 2007.

Fue Engels, después de la muerte de Marx, el primero en dedicarse a la dificilísima tarea, dada la dispersión de los materiales, lo oscuro del lenguaje y lo ilegible de la escritura, de entregar a la imprenta el Nachlass fragmentario del amigo. La aparición del tercer libro de El Capital (MEGA 2 , II/15. Karl Marx, Das Capital. Kritik der Politishen Ökonomie. Dritter Ban. Hamburg 1894, pp. 1420, E 178, Academie Verlag, Berlin 2004), el único al que Marx no logró ni siquiera de manera aproximativa darle una forma definitiva, replantea también esta problemática. La intensa actividad de redacción realizada por Engels, a la que le dedicó sus mejores energías durante el largo periodo del tiempo comprendido entre 1885 y 1894, produjo la transformación de un texto bastante profesional, compuesto de “pensamientos escritos in statu nascendi” y apuntes preliminares, a otro unitario que originó la figura de una teoría económica sistemática y completa, previsoria de muchas interpretaciones mal entendidas. De mayor consideración al respecto, lo es el volumen precedente (MEGA 2 , II/14. Karl Marx – Friedrich Engels, Manuskripte und redaktionelle Texte zum dritten Bush des,, Kapitals’’, 1871 bis 1895, pp. 1183, E 168 Akademie Verlag, Berlin 2003).

El que en efecto, contiene los últimos seis manuscritos de Marx correspondientes al tercer libro de El Capital escritos entre 1871 y 1882, de los cuales el más importante es el voluminoso Mehwertrate und Profitrate mathematisch behandelt de 1875, así como los textos añadido por Engels durante su trabajo como curador. Precisamente éstos últimos muestran, con inequívoca exactitud, el camino recorrido hasta la versión publicada y, resaltando la cantidad de las intervenciones sobre el texto, muy superiores a las hasta ahora aceptadas, permiten finalmente formular una valoración cierta sobre su rol de editor, resaltando el valor y los límites. A reserva de una posterior confirmación del mérito de éste libro, se subraya que 45 de los 51 textos presentados se publican por primera vez.

La investigación filológica de MEGA 2 produjo resultados importantes también en la sección primera, que comprende las obras, los artículos y los esbozos de Marx y Engels. De los dos últimos volúmenes publicados, el primero (MEGA 2 , I/14. Karl Marx- Friedrich Engels, Werke, Artikel, Entwürfe. Januar bis Dezember 1855, pp. 1695, E 188, Akademie Verlag, Berlin 2001) incluye 200 artículos y esbozos, redactados por los autores para el «New-York Tribune» y la «Neue Oder-Zeitung» de Breslau en 1855. Junto al total de los escritos más sobresalientes, inherentes a la política y a la diplomacia europea, las reflexiones sobre la coyuntura económica internacional y la guerra de Crimea, los estudios realizados hicieron posible añadir otros 21 textos, que anteriormente no se les había atribuido ya que fueron publicados anónimamente en el importante diario americano. A su vez el segundo (MEGA 2 , I/31. Friedrich Engels, Werke, Artikel, Entwürfe. Oktober, 1886 bis Februar 1891, pp. 1440, E 168, Akademie Verlag, Berlin 2002) presenta parte de los trabajos del último Engels.

En el volumen se alternan proyectos y apuntes entre los que se encuentra el manuscrito Rolle der Gewalt in der Geschichte, liberado de las intervenciones de Bernstein quien cuidó la primera edición; dedicados a las organizaciones del movimiento obrero; prólogos a la reimpresión de escritos anteriormente publicados y artículos. Entre estos últimos tienen un especial interés Die auswärtige Politk des russischen Zarentums, historia sobre dos siglos de la política exterior rusa publicada en «Die Neue Zeit», prohibida posteriormente por Stalin en 1934, y Juristen-Socialismus, escrito junto con Kautsky, a quien se le reconoce, por primera vez con certeza, la paternidad de cada una de las partes.

Las novedades de la edición histórico-crítica se pueden también constatar en la tercera sección, la dedicada a la correspondencia. El tema principal del reciente volumen (MEGA 2, III/13. Karl Marx-Friedrich Engels, Briefwechsel Oktober 1864 bis Dezember 1865 pp. 1443, E 168, Akademie Verlag, Berlin 2002), lo constituye la actividad política de Marx en el seno de la International Working Men’s Association, que se había establecido en Londres el 28 de septiembre de 1864. Las cartas documentan lo realizado por Marx en el periodo inicial de la vida de la organización, y durante el cual obtuvo rápidamente el puesto de mayor prestigio, y pudo realizar su deseo de conjuntar a la vez la aceptación del público, que lo veía nuevamente, después de 16 años, en primera línea, con el trabajo científico.

Entre los temas que se debatieron: la función de las organizaciones sindicales, cuya importancia resaltó a la vez que puntualizaba contra Lassalle y su propuesta de establecer corporativas financiadas por el Estado Prusiano que: “la clase obrera es revolucionaria, o no es nada”; la polémica contra el owenista Weston, que apareció en el ciclo de conferencias reunidas posteriormente en 1896 con el nombre de Salario, Precio y Ganancia; las consideraciones sobre la guerra civil en los Estados Unidos; el opúsculo de Engels La Cuestión Militar Prusiana y el Partido Obrero Alemán.

El otro volumen sobre la correspondencia recientemente editado (MEGA 2, III/9. Karl Marx- Friedrich Engels, Briefwechsel Januar 1858 bis August 1859, pp. 1301, E 168, Akademie Verlag, Berlin 2003) tiene como fondo la recesión económica de 1857. Esta revive en Marx la esperanza de una revitalización del movimiento revolucionario después del reflujo iniciado con la derrota de 1848: “la crisis ha ahondado como un hábil viejo topo”. Esta expectativa le impregna una renovada productividad intelectual y lo impulsa a delinear las orientaciones fundamentales de su teoría económica “antes del déluge”, tan esperado, y hasta ahora no realizado. Precisamente en este periodo, escribe Marx los últimos cuadernos de sus Grundrisse – observatorio privilegiado para seguir el desarrollo de la concepción del autor – y decide publicar su obra en fascículos, el primero de los cuales, editado en julio de 1859, lo intituló Para la crítica de la economía política. En el plano personal esta fase se caracteriza por la “lacerante miseria”: “no creo que algún otro haya escrito sobre el dinero con tanta carencia del mismo”.

Marx lucha desesperadamente para que la precariedad de su propia condición no impida llevar a buen término su “Economía” y declara: “Yo debo lograra toda costa mi intento sin permitir a la sociedad burguesa transformarme en una money-making maching”. Sin embargo, aunque se dedicó totalmente a la redacción del segundo fascículo, éste jamás aparecerá, y para la conclusión del primer libro de El Capital, el único terminado, será necesario esperar hasta 1867. La parte restante de su inmenso proyecto, contrariamente al carácter sistemático con el que se le ha constantemente caracterizado, será realizada de manera parcial y permanecerá extraordinariamente llena de manuscritos abandonados, esbozos provisorios y proyectos inconclusos.

Fiel compañero y destino de la obra de Marx, lo inacabado persiste también en sus obras juveniles. El primer número de la nueva serie sobre Marx-Engels-Jahrbuch (Karl Marx, Friedrich Engels, Joseph Weydemeyer, Die deutsche Ideologie, pp. 400, E 59, 80, Akademie Verlag, Berlín 2004) dedicado en su totalidad a la Ideología Alemana, es una prueba irrefutable. Este libro, anticipo del volumen I/5 de la MEGA 2, cuya aparición se prevé para el 2008 ofrecerá partes del manuscrito correctamente atribuido a Moses Heb, a diferencia de las ediciones realizadas hasta ahora, publica las cartas de Marx y Engels tal como las dejaron, es decir, sin ningún intento de reconstrucción.

Las partes incluidas en el anuario correspondiente en los capítulos I. Feuerbach y II. Sankt Bruno. Los siete manuscritos sobrevivientes a la “crítica roedora de los ratones” han sido reunidos como textos independientes y ordenados cronológicamente. En esta edición se manifiesta, con claridad, el carácter no unitario del escrito y, en particular, que el capítulo sobre Feuerbach está completamente inconcluso. Se aportan, por consiguiente nuevas y definitivas bases a la investigación científica para reconsiderar con atención la elaboración teórica de Marx. La ideología alemana, considerada muchas veces como la exposición exhaustiva de la concepción materialista de Marx, es restituida a su originalidad fragmentaria.

Insistiendo sobre el joven Marx, se menciona la reedición de la colección de las obras juveniles cuidada por los estudiosos socialdemócratas Landshut y Meyer (Karl Marx, Die Frühschriften, pp. 670, E 19,80, Kroner, Stuttgart 2004) que en 1932, contemporáneamente a la primera Marx-Engels Gesamtausgabe, hicieron posible la difusión, aunque con diversos errores sobre los contenidos y la sistematización de varias partes de los textos y con una deficiente interpretación sobre los originales, de los Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844 y de La Ideología Alemana, hasta entonces inéditos.

Después de tantos momentos marcados por una profunda y reiterada incomprensión de Marx, comprobada por la sistematización de su teoría crítica, por el empobrecimiento que ha acompañado su difusión, por la manipulación y la censura de sus escritos y su utilización instrumental en función de las necesidades políticas, lo inacabado de su obra se manifiesta con una fascinación indiscreta, libre de soluciones de continuidad con las interpretaciones que anteriormente la han desnaturalizado hasta convertirla en una fragante negación.

De esta resurge la riqueza de un pensamiento, problemático y polimorfo, y del largo horizonte sobre el que la Marx Forschung tiene todavía tantos senderos por recorrer.

Traducción: Roberto Hernández Oramas

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De unos años a la fecha ha recuperado la atención de los estudiosos internacionales un autor casi olvidado: Karl Marx. Su pensamiento, tan aparentemente fuera de moda como irrenunciable para la comprensión del presente, ha retornado a los campos libres del saber. Su obra, liberada de la odiosa función de instrumentum regni a la que había sido constreñida instrumentalmente, se ha convertido en objeto de renovado interés.

El ejemplo más significativo lo constituyen las publicaciones de la Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA2) reiniciadas en 1998, después de la interrupción que siguió al colapso de los países socialistas, la intensa fase de organización de las directivas editoriales (Richard Sperel, Edition auf hohem Niveau. Zu den Grundsätzen der Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA), Hamburgo, Argument, 2004, 215 + 12, 90 pp.) y el cambio de su dirección hacia la Berlín-Brandenburgische Akademie der Wissenschaften. De los 114 volúmenes previstos -cada uno de los cuales consta de dos tomos, con el texto y su aparato crítico- acaba de aparecer recientemente el volumen nº 50, el décimo de la reiniciada empresa. Muchas de las adquisiciones filológicas presentes en la nueva edición histórico-crítica evidencian una característica peculiar de la obra de Marx: lo inconcluso. En efecto, él dejó muchos manuscritos incompletos, y esto mismo acontece con El Capital, cuya publicación íntegra, que incluye todos los trabajos preparatorios a partir de 1857, se realizará finalmente en la segunda sección de la MEGA2 hacia 2007.

Fue Engels, después de la muerte de Marx, el primero en dedicarse a la tarea dificilísima -en vista de la dispersión de los materiales, lo oscuro del lenguaje y lo ilegible de la escritura- de entregar ala imprenta el Nachlass fragmentario del amigo. La aparición del tercer libro de El capital (MEGA2, II/15. Karl Marx, Das Kapital. Kritik der Politischen Ökonomie. Dritter Band. Hamburgo, 1894, Berlín, Akademie Verlag, 2004, 1420 + 178 pp.), el único al que Marx no logró ni siquiera aproximadamente darle una forma definitiva, replantea también esta problemática.

La intensa actividad de redacción realizada por Engels, a la que le dedicó sus mejores energías durante el largo periodo del tiempo comprendido entre 1885 y 1894, produjo la transformación de un texto bastante profesional, compuesto de “pensamientos escritos in statu nascendi” y apuntes preliminares, a otro unitario, que originó la figura de una teoría económica sistemática y completa, anticipatoria de muchas malas interpretaciones. De mayor consideración es el volumen precedente (MEGA2, II/14. Karl Marx – Friedrich Engels, Manuskripte und redaktionelle Texte zum dritten Buch des ‘Kapitals’, 1871-1895, Berlín, Akademie Verlag, 2003 1183 + 168 pp.), que en efecto, contiene los últimos seis manuscritos de Marx correspondientes al tercer libro de El Capital, escritos entre 1871 y 1882. El más importante de ellos es el voluminoso Mehwertrate und Profitrate mathematisch behandelt de 1875, así como los textos añadidos por Engels durante su trabajo como editor. Precisamente estos últimos muestran, con inequívoca exactitud, el camino recorrido hasta la versión publicada y -al resaltar la cantidad de las intervenciones sobre el texto, muy superiores a las hasta ahora aceptadas- permiten finalmente formular una valoración cierta sobre su papel de editor, a la vez que destacan el valor y los límites de dicho papel.

A reserva de una posterior confirmación del mérito de este libro, se subraya que 45 de los 51 textos presentados se publican por primera vez. La investigación filológica de MEGA2 produjo resultados importantes también en la sección primera, que comprende las obras, los artículos y los esbozos de Marx y Engels. De los dos últimos volúmenes publicados, el primero (MEGA2, I/14. Karl Marx- Friedrich Engels, Werke, Artikeln, Entwürfe. Januar bis Dezember 1855, Berlín, Akademie Verlag, 2001, 1695 + 188 pp.) incluye doscientos artículos y esbozos, redactados por los autores para el New-York Tribune y la Neue Oder-Zeitung de Breslau en 1855. Junto al total de los escritos más sobresalientes, referentes a la política y a la diplomacia europeas, las reflexiones sobre la coyuntura económica internacional y la Guerra de Crimea, los estudios realizados hicieron posible añadir otros veintiún textos, que anteriormente no se le habían atribuido ya que fueron publicados anónimamente en el importante diario norteamericano. A su vez, el segundo (MEGA2, I/31. Friedrich Engels, Werke, Artikeln, Entwürfe. Oktober, 1886 bis Februar 1891- Berlín, Akademie Verlag, 2002, , 1440 + 168 pp.) presenta parte de los trabajos del último Engels.

En el volumen se alternan proyectos y apuntes entre los que se encuentra el manuscrito Rolle der Gewalt in der Geschichte, liberado de las intervenciones de Bernstein, quien se encargó de la primera edición; textos dedicados a las organizaciones del movimiento obrero; prólogos a la reimpresión de escritos anteriormente publicados y artículos. Entre estos últimos tienen un especial interés Die auswärtige Politk des russischen Zarentums, historia sobre dos siglos de la política exterior rusa publicada en Die Neue Zeit, prohibida posteriormente por Stalin en 1934, y Juristen-Socialismus, escrito junto con Kautsky, a quien se le reconoce, por primera vez con certeza, la paternidad de cada una de las partes. Las novedades de la edición histórico-crítica se pueden también constatar en la tercera sección, dedicada a la correspondencia.

El tema principal del reciente volumen (MEGA2, III/13.Karl Marx-Friedrich Engels, Briefwechsel Oktober 1864 bis Dezember 1865, Berlín, Akademie Verlag, 2002, 1443 + 168 pp.), lo constituye la actividad política de Marx en el seno de la International Working Men’s Association, que se había fundado en Londres el 28 de septiembre de 1864. Las cartas documentan lo realizado por Marx en el periodo de vida inicial de la organización, y durante el cual obtuvo rápidamente el puesto de mayor prestigio, a la vez que pudo realizar su deseo de unir la aceptación del público (que lo veía nuevamente, después de dieciséis años, en primera línea) al trabajo científico.

Entre los temas que se debatieron están la función de las organizaciones sindicales -cuya importancia resaltó, a la vez que puntualizó (en contra de Lassalle, y su propuesta de establecer corporativas financiadas por el Estado Prusiano) que “la clase obrera es revolucionaria, o no es nada”; la polémica contra el owenista Weston, que apareció en el ciclo de conferencias reunidas posteriormente en 1896 bajo el título de Salario, Precio y ganancia; las consideraciones sobre la guerra civil en los Estados Unidos; el opúsculo de Engels La cuestión militar prusiana y el Partido Obrero Alemán.

El otro volumen sobre la correspondencia recientemente editado (MEGA2, III/9. Karl Marx-Friedrich Engels, Briefwechsel Januar 1858 bis August 1859, Berlín, Akademie Verlag, 2003, 1301 + 168 pp.) tiene como fondo la recesión económica de 1857. Esta revive en Marx la esperanza de una vivificación del movimiento revolucionario después del reflujo iniciado con la derrota de 1848: “la crisis ha ahondado como un hábil viejo topo”. Esta expectativa le infunde una renovada productividad intelectual y lo impulsa a delinear las orientaciones fundamentales de su teoría económica “antes del déluge”, tan esperada, y hasta ahora no realizada. Precisamente en este periodo escribe Marx los últimos cuadernos de sus Grundrisse -observatorio privilegiado para seguir el desarrollo de la concepción del autor- y decide publicar su obra en fascículos, el primero de los cuales, editado en julio de 1859, lleva el título de Para la crítica de la economía política.

En el plano personal, esta fase se caracteriza por la “lacerante miseria”: “no creo que algún otro haya escrito sobre el dinero con tanta carencia del mismo”. Marx lucha desesperadamente para que la precariedad de su propia condición no le impida llevar a buen término su “Economía” y declara: “Debo realizar a cualquier precio mi intento sin permitir que la sociedad burguesa me transforme en una money-making machine”. Sin embargo, aunque se dedicó totalmente a la redacción del segundo fascículo, éste jamás apareció, y para la conclusión del primer libro de El capital, el único terminado, fue necesario esperar hasta 1867. La parte restante de su inmenso proyecto, en contra del carácter sistemático que se le ha atribuido constantemente, será realizada de manera parcial y permanecerá extraordinariamente llena de manuscritos abandonados, esbozos provisorios y proyectos inconclusos.

El carácter inconcluso -fiel compañero y destino de la obra de Marx- persiste también en las obras juveniles. El primer número de la nueva serie del Marx-Engels-Jahrbuch (Karl Marx, Friedrich Engels, Joseph Weydemeyer, Die deutsche Ideologie, Berlín, Akademie Verlag, 2004, 400 + 59, 80 pp.). dedicado en su totalidad a La ideología alemana, es una prueba irrefutable de ello. Este libro, anticipo del volumen I/5 de la MEGA2, cuya aparición se prevé para 2008, ofrecerá partes del manuscrito correctamente atribuido a Moses Hess; a diferencia de las ediciones realizadas hasta ahora, publica las obras de Marx y Engels en su estado original, es decir, sin ningún intento de reconstrucción. También las partes incluidas en el anuario correspondiente a los capítulos I. Feuerbach y II. Sankt Bruno. Los siete manuscritos sobrevivientes a la “crítica roedora de los ratones” han sido reunidos como textos independientes y ordenados cronológicamente. En esta edición se manifiesta con claridad el carácter no unitario del escrito y, en particular, que el capítulo sobre Feuerbach está inconcluso. Se aportan, por consiguiente nuevas y definitivas bases a la investigación científica para reconsiderar con atención la elaboración teórica de Marx. La ideología alemana, considerada muchas veces como exposición exhaustiva de la concepción materialista de Marx, es restituida a su original fragmentariedad.

Insistiendo sobre el joven Marx, se menciona la reedición de la compilación de obras juveniles editada por los estudiosos socialdemócratas Landshut y Meyer (Karl Marx, DieFrühschriften. Stuttgart: Kröner, 2004, 670 + 19, 80 pp.) que en 1932, contemporáneamente a la primera Marx-Engels Gesamtausgabe, hicieron posible la difusión -aunque con diversos errores en cuanto a los contenidos y la sistematización de varias partes de los textos y con una deficienteinterpretación sobre los originales- de los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 y de La ideología alemana, hasta entonces inéditos.

Después de tantos momentos marcados por una profunda y reiterada incomprensión de Marx, según lo testimonian la sistematización de su teoría crítica, el empobrecimiento que ha acompañado su difusión, la manipulación y la censura de sus escritos y su utilización instrumental en función de las necesidades políticas, el carácter inconcluso de su obra se manifiesta con una fascinación indiscreta, libre de soluciones de continuidad con las interpretaciones que anteriormente la habían desnaturalizado hasta convertirla en una fragante negación. De esta resurge la riqueza de un pensamiento problemático y polimorfo, y el largo horizonte sobre el cual la Marx Forschung tiene todavía tantos senderos por recorrer.