Karl Marx. Biografía intelectual y política, 1857-1883, entronca la vida revolucionaria con el pensamiento filosófico del autor alemán. Pero el trabajo de Musto no cristaliza el legado marxista como un “caso cerrado” sino todo lo contrario: analiza el período citado como una etapa en la que el pensamiento de Marx se desenvolvió en estado de revisión permanente.
Valiéndose de los manuscritos de la Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA2), el autor rastrea cómo el exiliado en Londres no se limitó a la economía política inglesa. Marx se sumergió en la antropología, la historia de las comunas rurales rusas y el estudio de las sociedades no occidentales, relativizando la extendida visión eurocéntrica del progreso.
Pero más allá de la teoría, Musto nos presenta a un Marx que hacía de su pensamiento una herramienta para la intervención política. Aparece entonces también un Marx que vive y que sufre la realidad de su tiempo: desgracias familiares, penurias económicas y problemas de salud se convierten en el trasfondo material sobre el que construyó su obra monumental, la que cambió para siempre la historia de la filosofía y de la economía política: El Capital.
Un Marx cansado pero no vencido se hizo cargo así de la frase que había incluido en sus famosas Tesis sobre Feuerbach en 1845: “Los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo de diversos modos, pero de lo que se trata es de transformarlo”.