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Nicolás Boris Esguerra Pardo, Revista Colombiana de Sociología

Los sustanciosos y aún bastante desconocidos Grundrisse de Karl Marx

Los manuscritos económicos de 1857-1858 de Marx —ocho cuadernos elaborados en el lapso de diez meses— fueron publicados por primera vez en alemán, su lengua original, bajo el título Grundrisse der Kritik der politischen Ökonomie (Rohentwurf) 1857-1858. Anhang 1850-1859 [Lineamientos fundamentales para la crítica de la economía política (borrador) 1857-1858. Anexo 1850-1859)].

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Marx y la crítica de la economía política

I. Encuentro con la economía política
La economía política sólo estaba emergiendo como ciencia en Alemania en la juventud de Marx. No fue entonces su primera pasión intelectual, pues la halló apenas tras haber estudiado otras disciplinas.

Entre 1842 y 1843 se dedicó al periodismo, donde se ocupó de temas de actualidad. Trabajó en la Rheinische Zeitung (Gaceta Renana), el diario de Colonia, del cual muy pronto llegó a ser un muy joven jefe editorial. Sin embargo, poco después de llegar al puesto y comenzar a publicar sus artículos sobre cuestiones económicas (aunque sólo en sus aspectos legales y políticos),1 la censura atacó al rotativo y puso fin a la experiencia, con lo cual Marx decidió “dejar la escena pública” y retirarse a su “gabinete de estudio”.2

De tal modo, continuó los estudios sobre el Estado y las relaciones legales, donde Hegel era autoridad preponderante, y en 1843 escribió un manuscrito publicado en forma póstuma como [Crítica a la filosofía del derecho de Hegel].** Tras desarrollar su convicción de que la sociedad era el verdadero fundamento del Estado político, expuso aquí sus primeras opiniones sobre la importancia de los factores económicos para explicar la totalidad de las relaciones sociales.

Marx encaró “un estudio crítico concienzudo de la economía política”3 en cuanto se mudó a París, donde fundó y coeditó en 1844 los Anales franco-alemanes.4 De allí en adelante, sus investigaciones, antes principalmente de carácter filosófico, histórico y político, giraron hacia la nueva disciplina que sería el núcleo de sus trabajos. Leyó mucho en París: llenó nueve cuadernos de notas y extractos. De hecho, ya había adquirido en la universidad un hábito para toda la vida: compilar resúmenes de obras, a menudo entremezclados con reflexiones sugeridas por éstos.5 Los denominados [Manuscritos de París] son en especial interesantes, pues compendian extensamente el Traité d’èconomie politique, de Jean-Baptiste Say; y La riqueza de las naciones, de Adam Smith.6

De ellos, Marx adquirió sus conocimientos básicos de economía política, así como también de los Principios de economía política y tributación, de David Ricardo, y los Principios de economía política,7 de James Mill, que le permitieron hacer sus primeras evaluaciones sobre los conceptos de valor y precio, y esbozar una crítica al dinero como dominio de cosas alienadas sobre el ser humano. Paralelamente a estos estudios, Marx escribió otros tres cuadernos, publicados en forma póstuma como [Manuscritos económico-filosóficos de 1844]. En ellos dedicó especial atención al concepto de trabajo alienado (entäusserte arbeit). Al contrario de los principales economistas y de G. W. F. Hegel, Marx no considera condición natural y, por tanto, inmutable ese fenómeno, por medio del cual el producto del obrero se opone a él “como un ser ajeno, como una fuerza independiente del productor”8, sino como cierta característica de una particular estructura de las relaciones sociales de producción: el modo de producción y el trabajo asalariado del capitalismo.

Friedrich Engels, quien se encontró por primera vez con Marx en el verano de 1844 y forjó una amistad y una solidaridad teórico-política con él durante el resto de sus vidas, también estaba esperanzado en un levantamiento social inminente. Lo urgió, en la primera carta en sus 40 años de correspondencia, a publicar cuanto antes: “Trata de que el material que has reunido sea lanzado pronto al mundo. ¡Dios sabe que ya es la hora!”9 Marx percibía que sus conocimientos no eran suficientes, y por eso se abstuvo de completar y publicar los manuscritos. Sin embargo, escribió con Engels10 La sagrada familia o crítica de la crítica crítica. Contra Bruno Bauer y consortes, un ataque polémico contra Bauer y otras figuras del movimiento de la izquierda hegeliana.

Tras terminar dicho libro, Engels escribió nuevamente a su amigo a principios de 1845 para instarlo a completar el trabajo en preparación. Pero estas súplicas no valían de nada. Marx seguía sintiendo la necesidad de continuar los estudios antes de tratar de dar una forma definitiva a los borradores. De todas maneras, lo sostenía la convicción de que pronto podría publicar, y el 1 de febrero de 1845, después que le ordenaran salir de Francia por su colaboración con el periódico de los trabajadores de lengua alemana ¡Vorwärts! –firmó un contrato con el editor Karl Wilhelm Leske de Darmstadt, para una obra en dos tomos que se titularía Crítica de la política y de la economía política.11

II. Continuando el estudio de la economía
En marzo de 1845, Marx elaboró una crítica –nunca completada– sobre el libro del economista alemán Friedrich List que trataba del “sistema nacional de economía política”.12 Entre febrero y julio, además, llenó seis cuadernos con extractos, los denominados [Cuadernos de Bruselas], dedicados principalmente a conceptos básicos de la economía política. Pasó julio y agosto en Manchester, examinando la vasta bibliografía económica en lengua inglesa –tarea esencial para el libro que tenía en mente–. Compiló otros nueve cuadernos de extractos, los Cuadernos de Manchester, y –de nuevo– aparecían más los manuales relativos a economía política y libros de historia económica, como Lectures on the elements of political economy, de Thomas Cooper; History of prices and of the state  of circulation, por Thomas Tooke; The literature of political economy, por John Ramsay McCulloch; y Essays on some unsettled problems of political economy, por John Stuart Mill.13

En noviembre de 1845 concibió la idea de escribir, con Engels, Joseph Weydemeyer y Moses Hess, una “crítica de la filosofía alemana moderna, sostenida por sus exponentes Feuerbach, Bruno Bauer y Stirner, así como del socialismo alemán expuesto por sus distintos profetas”.14 El texto resultante, publicado en forma póstuma con el título [La ideología alemana], tenía un doble objetivo: combatir las últimas formas del neohegelianismo en Alemania (en octubre de 1844 se había publicado El único y su propiedad, de Max Stirner) y luego, como escribiera Marx al editor Leske, “preparar al público para el punto de vista que adopto en mi Economía, diametralmente opuesto al academicismo alemán, pasado y presente”.15 Nunca pudo terminar ese texto, sobre el que trabajó hasta junio de 1846, pero le ayudó a elaborar con más claridad que antes, si bien no en una forma definitiva, lo que Engels definió para un público más amplio, 40 años más tarde, como “la concepción materialista de la historia”.16

Sus notas de estudio y los escritos publicados son otra prueba de su actividad. Entre el otoño de 1846 y septiembre de 1847 llenó tres grandes cuadernos de extractos, relacionados principalmente con la historia económica de Gustav von Gülich, uno de los principales economistas alemanes de la época, Geschichtliche Darstellung des Handels, der Gewerbe und des Ackerbaus der bedeutendsten handeltrebeinden Staaten unsrer Zeit.17 En diciembre de 1846, tras leer el Système des contradictions économiques ou Philosophie de la misère, de Pierre-Joseph Proudhon, y encontrarlo “malo, muy malo”,18 Marx decidió escribir una crítica. Lo hizo directamente en francés, para que su oponente –que no leía alemán– fuera capaz de entenderlo. El texto se completó en abril de 1847 y fue publicado en julio como Misère de la philosophie: réponse a la Philosophie de la misère, de M. Proudhon. Fue el primer trabajo publicado de Marx sobre economía política, donde expone sus ideas sobre la teoría del valor, el planteo metodológico adecuado para comprender la realidad social y el carácter histórico transitorio de los modos de producción.

III. 1848 y el estallido de la revolución
La publicación del Manifiesto no podía haber sido más oportuna. Casi inmediatamente, un movimiento revolucionario de alcance e intensidad sin precedente hundió el orden político y social de Europa continental en una crisis. Los gobiernos tomaron todas las contramedidas posibles para poner fin a las insurrecciones y, en marzo de 1848, Marx fue expulsado de Bélgica a Francia, donde apenas se había proclamado una república. Por supuesto, entonces dejó a un lado sus estudios sobre la economía política y retomó la actividad periodística para apoyar la revolución, ayudando a esbozar un curso político recomendable.

Cinco artículos basados en conferencias dictadas en diciembre de 1847 a la Asociación de Trabajadores Alemanes en Bélgica aparecieron con el título Trabajo asalariado y capital, donde Marx presenta al público, de un modo más extenso que en el pasado y en un lenguaje lo más comprensible posible para los trabajadores, sus conceptos sobre cómo el capital explotaba el trabajo asalariado.

Tras un periodo de intensa actividad política, Marx recibió en mayo de 1848 la orden de expulsión de Prusia y volvió a Francia. Pero cuando la revolución fue también derrotada en París, las autoridades le ordenaron irse a Morbihan, una región en Bretaña entonces desolada e infectada por la malaria. Frente a este “ataque velado contra [su] vida”, decidió dejar Francia para irse a Londres, donde pensaba que había “una perspectiva segura de poder comenzar con un periódico alemán”.19

IV. Esperando la crisis en Londres
Marx llegó a Inglaterra en el verano de 1849, cuando tenía 31 años. Su vida en la capital no fue nada tranquila. La familia, que llegaba a seis miembros luego del nacimiento de Laura, en 1845, Édgar, en 1847, y Guido, poco después de su llegada en 1849, debió pasar mucho tiempo en gran pobreza en el Soho, uno de los distritos más pobres y decadentes de Londres. Además de sus problemas familiares, Marx participaba en un comité de ayuda para los emigrados alemanes, que impulsaba a través de la Liga Comunista y cuya misión era asistir a los numerosos refugiados políticos en Londres.

Pese a esas condiciones adversas, Marx logró su objetivo de empezar a publicar un nuevo diario. En marzo de 1850 comenzó a dirigir la Neue Rheinische Zeitung-Politischökonomische Revue. Estaba convencido, si bien erróneamente, de que la situación demostraría ser un breve interludio entre la revolución concluida poco antes y otra ya a la vista.
En diciembre de 1849 escribió a su amigo Weydemeyer: “Tengo pocas dudas de que cuando hayan aparecido tres, o tal vez dos números mensuales [de la Neue Rheinische Zeitung (MM)] se producirá una conflagración mundial y se habrá esfumado la oportunidad de terminar temporariamente con la economía política”. Era inminente una “poderosa crisis industrial, agrícola y comercial”,20 y dio por sentado que emergería un nuevo movimiento revolucionario –si bien apenas tras el estallido de la crisis, dado que la prosperidad industrial y comercial debilitaba la determinación de las masas proletarias–. A continuación, en Las luchas de clases en Francia, aparecidas como una serie de artículos en la Neue Rheinische Zeitung, afirmaba que “una verdadera revolución (…) sólo puede darse en los periodos en que (…) las modernas fuerzas productivas y las formas burguesas de producciónincurren en mutua contradicción. (…) Una nueva revolución sólo es posible como consecuencia de una nueva crisis. Pero es también tan segura como ésta”.21 Marx no cambió de opinión, aunque la prosperidad económica comenzó a generalizarse, y en el primer número (enero-febrero) de la Neue Rheinische Zeitung sentenciaba que la mejoría no duraría mucho, pues los mercados de las Indias Orientales “ya estaban casi saturados” y los de Sudamérica, Estados Unidos de América (EUA) y Australia pronto también lo estarían.

En la siguiente edición, fechada en marzo-abril de 1850, Marx también sostenía que la coyuntura económica positiva no representaba más que una mejoría temporal, mientras que la sobreproducción y el exceso de especulación en el sector de los ferrocarriles estatales estaban produciendo una crisis.22 La situación hipotética descrita por él era entonces muy optimista para la causa del movimiento obrero e incluía los mercados europeos y estadounidense. En su opinión, “siguiendo la entrada de Estados Unidos en la recesión, producto de la sobreproducción, se podría esperar que la crisis se desarrolle en el próximo mes más rápido que hasta ahora”. Su conclusión era por tanto entusiasta: “La coincidencia de la crisis comercial y la revolución (…) se está volviendo cada vez más segura. ¡Que les destins s’accomplissent!”23 Durante el verano, Marx profundizó su análisis económico comenzado antes de 1848 y en el número de mayo-octubre de la revista (la última antes que la falta de fondos y la represión de la policía prusiana lo obligaran a cerrarla) llegó a una conclusión importante: “La contribución de la crisis comercial a las revoluciones de 1848 es infinitamente mayor que la contribución de la revolución a la crisis comercial”.24 De ahí en adelante, la crisis económica adquiriría importancia fundamental en su pensamiento.

Los pronósticos de Marx para este periodo de más de un año resultaron erróneos. Sin embargo, aun en los momentos en que estaba más convencido de una inminente ola revolucionaria, sus ideas eran muy diferentes de las de los otros dirigentes políticos europeos exiliados en Londres. Aunque equivocado en cuanto a cómo se iría plasmando la situación económica, consideraba que a los fines de la actividad política era indispensable estudiar el estado actual de las relaciones políticas y económicas. En cambio, la mayoría de los dirigentes democráticos y comunistas de la época, caracterizados por él como “alquimistas de la revolución”, pensaban que el único requisito para una revolución victoriosa era “una adecuada preparación de su conspiración”.25

A diferencia de quienes esperaban que cayera del cielo otra revolución, en el otoño de 1850 Marx estaba convencido de que sin una nueva crisis económica mundial no podría madurar nada. A partir de ahí se distanció de las falsas esperanzas de una revolución inminente26 y se fue a  vivir “en un retiro total”.27 El desafío pasó a ser así sobre cómo predecir el estallido de la crisis. Para Marx, quien tenía ahora un motivo político adicional, había llegado de nuevo el momento de dedicarse por entero al estudio de la economía política.

V. Las notas de investigación de 1850-53
Durante los tres años en que Marx interrumpió su estudio de la economía política hubo sucesos económicos –desde la crisis de 1847 hasta el descubrimiento del oro en California y en Australia– que a juicio suyo eran tan importantes que debería emprender nuevas investigaciones, así como revisar sus viejas notas y tratar de darles forma definitiva.28 Sus siguientes lecturas se sintetizaron en 26 cuadernos de extractos, de los cuales compiló y numeró 24 (también con textos de otras disciplinas) entre septiembre de 1850 y agosto de 1853, en lo que se llamaron los [Cuadernos de Londres]. Este material de estudio es en extremo interesante: documenta un periodo significativo de desarrollo crítico, cuando no sólo resumía el conocimiento adquirido hasta entonces sino que, estudiando profundamente docenas de nuevos libros (especialmente en inglés) en la biblioteca del British Museum, también iba adquiriendo otras importantes ideas para la obra que intentaba escribir.

En particular, Marx se concentró en la historia y las teorías de las crisis económicas, prestándole mucha atención a la forma-dinero y al crédito, en sus intentos por comprender sus orígenes. A diferencia de otros socialistas de su época, como Proudhon, convencidos de que las crisis económicas podían evitarse reformando el sistema monetario y crediticio, concluyó que como el sistema crediticio era una de las condiciones subyacentes, las crisis podían a lo sumo agravarse o moderarse por el uso correcto o incorrecto de la circulación monetaria; y que las verdaderas causas de las crisis había que buscarlas en las contradicciones de la producción.29

Al final de este primer grupo de extractos, Marx resumió sus conocimientos en dos cuadernos que no numeró como parte de las series principales y que se titularon [Bullion: the perfect monetary system].30 En este manuscrito, escrito en la primavera de 1851, copió de las principales obras de economía política –a veces acompañándolas con comentarios propios– lo que consideraba los pasajes más importantes sobre la teoría del dinero. Divididos en 91 secciones, una para cada libro en consideración, [Bullion: the perfect monetary system] no fue simplemente un acopio de citas, sino que puede considerárselos como la primera formulación autónoma de Marx sobre la teoría del dinero y la circulación,31 usada luego para escribir el libro que había estado planeando durante años.

De tal modo, Marx nuevamente se dedicó a estudiar a los clásicos de la economía política, y entre abril y noviembre de 1851 escribió lo que podría considerarse el segundo grupo (VIII-XVI) de los [Cuadernos de Londres]. El cuaderno VIII estaba dedicado casi enteramente a extractos de Inquiry into the principles of political economy, de James Steuart, que había comenzado a estudiar en 1847, y de los Principios de economía política y tributación, de Ricardo. Los extractos de éste, compilados mientras escribía [Bullion] constituyen la parte más importante de los [Cuadernos de Londres], pues van acompañados por numerosos comentarios críticos y reflexiones personales.32  Hasta finales de la década de 1840, Marx había aceptado en lo fundamental las teorías de Ricardo, mientras que de ahí en más, con nuevos y más profundos estudios sobre la renta de la tierra y del valor, en ciertos aspectos las fue superando.33

Pese al ampliado alcance de sus investigaciones y la acumulación de cuestiones teóricas que había que resolver, Marx siguió siendo optimista sobre la terminación de su proyecto.34  Evidentemente, pensó que podía escribir su libro en dos meses, basado en la vasta cantidad de extractos y notas críticas acumuladas. No obstante, una vez más, no sólo no pudo llegar a la ansiada “conclusión”; no pudo siquiera comenzar el manuscrito de una “copia legible” que debía enviarse a la imprenta. Esta vez, el principal motivo por el cual no cumplió el plazo fueron sus terribles estrecheces económicas.

No obstante, Marx continuó el estudio crítico de la economía política a lo largo del verano de 1851. En agosto leyó la Idée générale de la révolution au XIXe siècle, de Proudhon, y albergó el proyecto (que más tarde descartó) de escribir una crítica con Engels35. Además, continuó compilando extractos de sus lecturas: el cuaderno XI contiene textos que tratan de la condición de la clase obrera; y el XII y XIII tratan de sus investigaciones en química agraria, cómo entendió la importancia de esta disciplina para el estudio de la renta de la tierra. En el cuaderno XIV retoma el debate sobre la teoría de la población de Thomas Robert Malthus; los modos de producción precapitalistas, según demuestran los extractos de Economie politique des Romains, de Adolphe Dureau de la Malle; e History of the conquest of Mexico e History of the conquest of Peru, de William H. Prescott; asimismo, al colonialismo, particularmente a través de los Lectures on colonization and colonies, de Herman Merivale.36

Por último, entre septiembre y noviembre de 1851 extendió su campo de investigación a la tecnología, dedicando considerable espacio en el cuaderno XV a Johann H. M. Poppe y su historia de la tecnología; y en el XVI, a diversas cuestiones de economía política.37 Como muestra una carta a Engels hacia mediados de octubre de 1851, Marx estaba entonces “tratando de dilucidar su economía”, “buscando principalmente en la tecnología, en su historia y en la agronomía”, a fin de “poder formarse por lo menos algún tipo de opinión sobre esta materia”.38

Entretanto, Marx siguió con otra obra. Desde diciembre de 1851 hasta marzo de 1852, escribió El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte pero, debido a la censura de sus obras en Prusia, tuvo que publicarlo en Nueva York, en la revista Die Revolution, de Weydemeyer, de escasa circulación. Entre mayo y junio de 1852 escribió con Engels una polémica galería de retratos caricaturizados de las principales figuras de la emigración política alemana en Londres, y lo tituló Los grandes hombres del exilio (Johann Gottfried Kinkel, Ruge, Karl Heinzen y Gustav von Struve).

Desde abril de 1852 hasta agosto de 1853 resumió la compilación de sus extractos y escribió el tercer y último grupo (XVII-XXIV) de los [Cuadernos de Londres].39 Se trata aquí principalmente de distintas etapas en el desarrollo de la sociedad humana, pues su investigación giraba en torno a las disputas históricas acerca de la Edad Media y la historia de la literatura, la cultura y las costumbres. En particular, le interesó India, sobre la cual escribía al mismo tiempo artículos para el New York Tribune.

Como demuestra esta amplia gama de investigaciones, Marx de ningún modo se estaba “tomando un descanso”. Los obstáculos a sus proyectos atañían de nuevo a la pobreza que lo acechaba durante esos años. Todo esto le costó caro, en tiempo y en trabajo: “Muchas veces debo gastar todo un día entero por un chelín. Te aseguro que cuando considero los sufrimientos de mi mujer y mi propia indefensión, siento que quiero mandar todo al diablo”.40 A veces la situación se hacía intolerable, como cuando en octubre de 1852 escribió a Engels: “Ayer empeñé una chaqueta de la época en que vivía en Liverpool para poder comprar papel”.41

No obstante, las tormentas en el mercado financiero mantenían altas las esperanzas de Marx, y escribió sobre ello en cartas a todos sus amigos más cercanos. Irónicamente, dijo a Lassalle en febrero de 1852: “La crisis financiera ha llegado finalmente a un nivel comparable sólo con la crisis comercial que se hace sentir ahora en Nueva York y Londres. A diferencia de los caballeros del comercio, ¡ay!, no tengo siquiera el recurso de declararme en bancarrota”.42 En abril contó a Weydemeyer que, debido a las circunstancias extraordinarias, como el descubrimiento de nuevos yacimientos de oro en California y Australia, y la penetración comercial inglesa en India, “bien podría ser que la crisis se posponga hasta 1853. Pero en ese momento la erupción será formidable. Hasta entonces, no podremos ni pensar en conmociones revolucionarias”.43 Y en agosto, inmediatamente después de los colapsos especulativos en EUA, escribe a Engels con tono triunfal: “¿No será que se acerca la crisis? La revolución podría llegar antes de lo que quisiéramos”.44

Marx no guardó estas evaluaciones sólo para su correspondencia sino que, también, las escribió en el New York Tribune. En un artículo de noviembre de 1852 sobre “Pauperismo y librecambio” pronosticaba: “La crisis (…) tendrá un carácter mucho más peligroso que en 1847, cuando fue más comercial y monetaria que industrial”, dado que “cuanto mayor capital excedente se concentre en la producción industrial, (…) tanto más amplia, duradera y directa será la crisis que se abatirá sobre las masas trabajadoras”.45 En otras palabras: tal vez sería necesario esperar un poco más, pero él estaba convencido de que tarde o temprano llegaría la hora de la revolución.

VI. Los artículos sobre la crisis para el New York Tribune
También en este periodo, la crisis económica era un tema constante en los artículos de Marx para el New York Tribune. En “Revolución en China y Europa”, de junio de 1853, donde relacionaba la revolución antifeudal china que comenzó en 1851 con la situación económica general, nuevamente expresó su convicción de que pronto llegaría “un momento en el que la ampliación de los mercados no puede seguir al ritmo de la ampliación de la producción industrial británica, y esta desproporción debe dar lugar a una nueva crisis con la misma certidumbre como lo ha hecho en el pasado”.46 A su juicio, luego de la revolución, una contracción imprevista del gran mercado chino “arrojaría la chispa en la mina sobrecargada del sistema industrial actual y causaría la explosión de la crisis general largamente preparada que, difundiéndose por el exterior, será seguida rápidamente por revoluciones políticas en el continente”.47 Por supuesto, él no consideraba el proceso revolucionario de manera determinista, pero estaba seguro de que la crisis era un prerrequisito indispensable para su realización. El tema lo subraya a finales de septiembre de 1853, en el artículo “Movimientos políticos: Escasez de pan en Europa”:

ni las peroratas de los demagogos ni los disparates de los diplomáticos llevarán la situación a una crisis, pero (…) hay desastres económicos y conmociones sociales que se están acercando, que serán los seguros precursores de la revolución europea. Desde 1849, la prosperidad comercial e industrial ha ampliado el lecho en que la contrarrevolución ha dormido tranquila.48

En su correspondencia con Engels también obran vestigios del optimismo con que Marx esperaba estos acontecimientos.49 Pero la crisis no llegaba todavía, y entonces concentró sus energías en otras actividades periodísticas para no perder su única fuente de ingresos. Entre octubre y diciembre de 1853 escribió una serie de artículos, “Lord Palmerston”, donde criticaba la política exterior de Henry John Temple, tercer vizconde de Palmerston, quien durante mucho tiempo fue secretario de relaciones exteriores y futuro primer ministro de Gran Bretaña. Estos artículos aparecieron en el New York Tribune y The People’s Paper, publicado por los cartistas ingleses. Entre agosto y noviembre de 1854, tras el levantamiento cívico-militar de junio en España, escribió otra serie: “La revolución en España”, donde resumía y analizaba los principales acontecimientos de la última década en ese país. Tomaba muy en serio esos trabajos, como apreciamos en los nueve grandes cuadernos de extractos compilados entre septiembre de 1853 y enero de 1855. Los primeros cuatro de éstos se centraron en la historia diplomática, proporcionándole la base para “Lord Palmerston”; en cambio, los otros cinco, sobre la historia política, social y cultural hispana, incluían su investigación para los artículos de “La revolución en España”.50

Por último, en algún momento entre finales de 1854 y principios de 1855, Marx retomó sus estudios de economía política. Luego de una interrupción de tres años, sin embargo, decidió releer sus viejos manuscritos antes de seguir.

Esa revisión originó 20 páginas de 9 notas, intituladas por Marx “Citas. La esencia del dinero, la esencia del crédito, crisis”; se trataba de nuevos extractos de otros extractos realizados en los últimos años. Volvía a los libros de autores como Tooke, John Stuart Mill y Steuart, y a artículos de The Economist, donde resumía las teorías de los principales economistas políticos sobre el dinero, el crédito y la crisis, que había comenzado a estudiar en 1850.51

Al mismo tiempo escribió más artículos sobre la recesión para el New York Tribune. En enero de 1855, en “La crisis comercial en Gran Bretaña”, expuso con gran satisfacción: “La crisis comercial inglesa, cuyos síntomas premonitorios fueron registrados hace tiempo en nuestras columnas, es ahora un hecho que proclaman en voz alta las mayores autoridades en este tema”.52

Sin embargo, justo cuando Marx parecía estar a punto de retomar su trabajo sobre la “Economía”, las dificultades personales, una vez más, lo obligaron a cambiar de planes. En abril de 1855, la muerte de su hijo Édgar, de ocho años, lo afectó profundamente. Así se franqueaba con Engels:

Ya he tenido bastante mala suerte, pero sólo ahora sé lo que realmente significa la verdadera desdicha (…) Entre todos los terribles tormentos que últimamente he debido sufrir, pensar en ti y en tu amistad, siempre me han sostenido, como así también la esperanza de que hay algo bueno para que nosotros lo hagamos en este mundo.53

La salud de Marx y las circunstancias económicas siguieron siendo desastrosas durante 1855, y su familia aumentó de nuevo con el nacimiento de Eleonora, en enero. A menudo se quejaba con Engels de los problemas oculares, dentales y los relativos a una tos terrible, tanto que sentía que “su deterioro físico también le embotaba el cerebro”.54

Marx pudo empezar de nuevo su trabajo sobre la economía política en junio de 1856 y escribir algunos artículos para The People’s Paper sobre el Crédit Mobilier, el principal banco comercial de Francia, al que consideraba “uno de los más curiosos fenómenos económicos de nuestra época”.55 Después que las circunstancias familiares mejoraron por un tiempo en otoño de 1856, permitiéndoles dejar su vivienda en el Soho y mudarse a un departamento mejor en North London, Marx nuevamente escribió para el New York Tribune sobre la recesión: en “La crisis monetaria en Europa”, publicado el 3 de octubre de 1856, expuso que estaba en marcha “un movimiento en los mercados monetarios de Europa análogo al pánico de 1847”.56 En “La crisis europea”, publicado en noviembre, cuando todos los comentaristas pronosticaban confiadamente que lo peor había pasado, Marx planteaba:

Los indicios provenientes de Europa (…) sin duda parecen postergar el colapso final de la especulación y del juego con las acciones a futuro. A ambos lados del océano, los hombres lo anticipan instintivamente como esperando una fatalidad inevitable. El colapso no es menos seguro por esta postergación; en realidad, el carácter crónico que asume la crisis financiera actual sólo anticipa un final más violento y destructivo. Cuanto más dure la crisis, peor será el ajuste de cuentas.57

Sin embargo, en la primera mitad de 1857, en los mercados internacionales prevalecía una calma absoluta. Hasta marzo, Marx trabajó sobre las “Revelaciones de la historia diplomática del siglo XVIII”, una serie de artículos publicados en The Free Press, diario dirigido por el conservador anti-Palmerston David Urquhart. Estos trabajos deberían haber sido sólo la primera parte de uno sobre la historia de la diplomacia, planeado por Marx a principios de 1856, durante la guerra de Crimea, pero que nunca completaría. También en este caso realizó un estudio profundo de los materiales, y entre enero de 1856 y marzo de 1857 compiló siete cuadernos de extractos sobre política internacional en el siglo XVIII.58

Finalmente, en julio escribió ciertos comentarios críticos breves, pero muy interesantes sobre Harmonies economiques, de Frédéric Bastiat, y Principles of political economy, de Carey, estudiados y resumidos por él en 1851. En estas notas, publicadas en forma póstuma con el título [Bastiat y Carey], señaló la ingenuidad de ambos economistas (el primero, defensor del libre comercio; y el segundo, del proteccionismo), quienes en sus escritos se habían esforzado por demostrar “la armonía de las relaciones de producción”59 y, por tanto, de la sociedad burguesa en su totalidad.

VII. La crisis financiera de 1857 y los [Grundrisse]
A diferencia de otras crisis pasadas, esta vez la tormenta económica no empezó en Europa sino en EUA. Durante los primeros meses de 1857, los bancos de neoyorquinos aumentaron el volumen de sus préstamos, pese a la declinación de los depósitos. Como resultado, creció la actividad especulativa y empeoraron las condiciones económicas generales. Después que la sucursal de Nueva York de la Ohio Life Insurance and Trust Company se declaró insolvente, el pánico general llevó a numerosas quiebras. La pérdida de confianza en el sistema bancario produjo luego retracción del crédito, reducción de los depósitos y suspensión de los pagos en efectivo.

Percibiendo la naturaleza extraordinaria de estos eventos, Marx se puso a trabajar de inmediato. El 23 de agosto de 1857 (un día antes que el Ohio Life colapsara y desatara el pánico en la opinión pública) comenzó a escribir la [Introducción] a su “Economía”: el inicio explosivo de la crisis le había dado un motivo adicional que había estado ausente en los años previos. Tras la derrota de 1848, Marx había pasado toda una década de frustraciones políticas y profundo aislamiento personal. Pero con el estallido de la crisis entrevió la posibilidad de formar parte de una nueva ronda de revueltas sociales y consideró que su tarea más urgente era analizar los fenómenos económicos que serían tan importantes para el comienzo de una revolución. Ello significaba escribir y publicar cuanto antes la obra que había planeado durante tanto tiempo.

Desde Nueva York, la crisis se expandió rápidamente al resto de EUA y, en pocas semanas, a todos los centros del mercado mundial en Europa, Sudamérica y Oriente; fue la primera crisis financiera internacional de la historia. Las noticias sobre estos hechos generaron gran euforia y estimularon una enorme explosión de productividad intelectual en Marx. El periodo que va desde el verano de 1857 hasta la primavera de 1858 fue uno de los más prolíficos de su vida: escribió más en esos cuantos meses que en los años precedentes.

En diciembre de 1857 escribía a Engels: “Trabajo como loco día y noche cotejando mis estudios económicos, de modo de por lo menos tener un bosquejo [los Grundrisse] claro antes del diluvio”. También aprovechó la oportunidad para señalar que sus predicciones acerca de la inevitabilidad de una crisis no habían sido tan mal fundamentadas, dado que “el Economist del sábado sostiene que durante los últimos meses de 1853 y durante todo 1854, el otoño de 1855 y los repentinos cambios de 1856, Europa estuvo siempre al borde de una crisis inminente”.60

El trabajo de Marx era ahora notable y de gran alcance. Desde agosto de 1857 hasta mayo de 1858 llenó los ocho cuadernos que se conocen como los [Grundrisse],61en tanto que como corresponsal del New York Tribune escribió docenas de artículos, entre otras cosas, sobre el desarrollo de la crisis en Europa. Acosado por la necesidad de mejorar su situación económica, aceptó componer una serie de apuntes para The New American Cyclopaedia. Por último, de octubre de 1857 a febrero de 1858 compiló tres cuadernos de extractos llamados los [Cuadernos de la crisis].62 A diferencia de los extractos hechos antes, éstos no eran compendios de las investigaciones de los economistas sino que comprendían gran cantidad de notas recogidas de distintos diarios sobre los datos más importantes de la crisis, las tendencias del mercado de acciones, las fluctuaciones de los términos del intercambio y las quiebras más importantes de Europa, EUA y otras partes del mundo. Una carta escrita a Engels en diciembre indica que su actividad era intensa:

Estoy trabajando muchísimo, en general hasta las 4 de la mañana. Estoy embarcado en una doble tarea: 1. Elaborando el plan general de una economía política (para beneficio del público es absolutamente esencial ir al asunto au fond, como lo es para mí, personalmente, para deshacerme de esta pesadilla). La crisis actual. Además de los artículos para el [New York (MM)] Tribune, todo lo que hago es tomar notas lo cual, sin embargo, me lleva un montón de tiempo. Creo que, en algún momento de la primavera, deberíamos hacer juntos un panfleto sobre este asunto para recordar al público alemán que, como siempre, estamos aquí y que siempre estaremos.63

Por lo que se refiere a los Grundrisse, en la última semana de agosto Marx redactó un cuaderno “M” que debía servir como introducción a su obra; más tarde, a mediados de octubre, prosiguió con otros siete cuadernos (I-VII). En el primero y en parte del segundo de ellos escribió el denominado “Capítulo sobre el dinero”, que trata del dinero y de su valor, mientras que en los demás cuadernos escribió el denominado “Capítulo sobre el capital”. Aquí dedica cientos de páginas al proceso de producción y circulación del capital, ocupándose de algunos de los temas más importantes de todo el manuscrito, como el concepto de plusvalía y las formaciones económicas precedentes al modo capitalista de producción. Este inmenso esfuerzo no le permitió, sin embargo, completar la obra.

En realidad, no había señales de los movimientos revolucionarios tan largamente esperados que surgirían junto con la crisis; y en esos momentos había otro motivo por el cual Marx no podía completar el manuscrito: su convicción de que todavía estaba lejos de dominar completamente todo ese material. Por ello, los Grundrissequedaron sólo como un borrador. Tras haber convertido el “Capítulo sobre el dinero” entre agosto y octubre de 1858, en un manuscrito (el texto original del segundo capítulo y el comienzo del tercero), publicó en 1859 un corto libro que no tuvo resonancia pública: Contribución a la crítica de la economía política. Pasarían otros ocho años de febriles estudios y enormes esfuerzos intelectuales antes de la publicación del primer tomo de El capital.

La traducción ha corrido a cargo de Sibila Seibert;
y la corrección, de Francisco T. Sobrino.

* Este trabajo es un fragmento cedido por el autor, a modo de adelanto, a Memoria. Revista de Crítica Militante de su libro más reciente vertido al español, del cual es coordinador, Los Grundrisse de Karl Marx. Fundamentos de la crítica de la economía política 150 años después, de próxima aparición bajo el sello del Fondo de Cultura Económica de Colombia.
** En el presente ensayo, los títulos de los manuscritos incompletos de Marx serán insertados entre corchetes.

References
1. Véase Karl Marx, “Proceedings of the Sixth Rhine Province Assembly”. Third article: “Debates on the law on theft of wood” y “Justification of the correspondent from the Mosel”, en Karl Marx y Frederick Engels, Collected works (MECW), Londres, Lawrence & Wishart, 1975-2005, volumen 1, páginas 224-63 y 332-58; “Verhandlungnen des 6 Rheinischen Landtgas. Dritter artikel: „Debatten über das holzdiebstahlsgesetz” y “Rechtfertigung des korrespondenten von der Mosel”, MEGA I/1, Berlín: Dietz Verlag, 1975, páginas 199-236 y 296-323.
2. Karl Marx, Contribución a la crítica de la economía política, Buenos Aires, Ediciones Estudio, 1970, página 8; Zur kritik der politischen ökonomie. Erstes Heft, MEGA II/2, Berlín: Dietz, 1980, página 100.
3. Karl Marx, Manuscritos económico-filosóficos de 1844, Buenos Aires: Ediciones Colihue, 2004, página 263; Ökonimischphilosophische manuskripte, MEGA I/2, Berlín: Dietz, 1982, página 325.
4. La censura y las disensiones entre Marx y el otro director, Arnold Ruge, fueron duros golpes a esta publicación, aparecida sólo una vez, en febrero de 1844.
5. El Marx Nachlass contiene unos 200 cuadernos de resúmenes, esenciales para comprender la génesis de su teoría y de partes de ésta que nunca tuvo oportunidad de desarrollar como habría deseado. Los extractos sobrevivientes, que se prolongan desde 1838 hasta 1882, están escritos en ocho idiomas (alemán, griego antiguo, latín, francés, inglés, italiano, español y ruso) y pertenecen a las más variadas disciplinas. Fueron extraídos de textos de filosofía, arte, religión, política, matemáticas, fisiología, geología, mineralogía, agronomía, etnología, química y física, así como de artículos en periódicos y revistas, resúmenes parlamentarios, y estadísticas, informes y publicaciones gubernamentales.
6. Como Marx todavía no sabía el idioma inglés en 1844, los libros de autores ingleses que leía en esa época eran traducciones francesas.
7. Estos extractos se hallan en los tomos Karl Marx, Exzerpte und Notizen. 1843 bis Januar 1845, MEGA 2 IV/2, Berlín: Dietz, 1981, y Karl Marx, Exzedrpte und Notizen. Sommer 1844 bis Anfang 1847, MEGA 2 IV/3, Berlín: Akademie, 1998. Las únicas partes traducidas al inglés son “Comments on James Mill, ‘Eléments d’économie politique’”, MECW 3, páginas 211-28.
8. Manuscritos económico-filosóficos de 1844, Buenos Aires: Colihue, 2004, página 106.
9. “Engels to Marx, Beginning of October 1844”, MECW 38, página 6.
10. En realidad, Engels contribuyó con sólo alrededor de 10 páginas al texto.
11. Marx, Engels, Werke, volumen 27, Berlín: Dietz Verlag, 1963, página 669, n. 365.
12. Karl Marx, “Draft of an article on Friedrich List’s Book Das Nationale System der Politischen Oekonomie”, MECW 4, páginas 265-93.
13. Los extractos están contenidos en Karl Marx y Friedrich Engels, Exzerpte und Notizen. Juli bis August 1845, MEGA 2 IV/4, que incluye también el primer Cuaderno de Manchester. Durante este periodo Marx comenzó a leer directamente en inglés.
14. Karl Marx, “Declaration against Karl Grün”, MECW 6, página 72; MEW 4, Berlín: Dietz, 1959, página 38.
15. Karl Marx a Carl Wilhelm Julius Leske, 1 de agosto 1846, en MECW 38, página 50; MEGA 2 III/2, Berlín: Dietz, 1979, página 22.
16. Friedrich Engels, “Prefacio al panfleto Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana”, MECW 26, página 519; und der Ausgang der classischen deutschen Philosophie, MEW 21, página 263. De hecho, Engels ya había usado esta expresión en 1859, en su reseña del libro de Marx Una contribución a la crítica de la economía política, pero el artículo no tuvo resonancia y el término comenzó a circular sólo luego de la publicación de Ludwig Feuerbach.
17. Estos extractos constituyen el libro Karl Marx, Exzerpte und Notizen. September 1846 bis Dezember 1847, MEGA 2 IV/6, Berlín: Dietz, 1983.
18. “Carta de Marx a P. V. Annenkov”, 28 de diciembre de 1846, en Carlos Marx/Federico Engels. Correspondencia, Buenos Aires, Cartago, 1987, página 14.
19. Karl Marx to Friedrich Engels, 23 de agosto de 1849, MECW 38, página 213; MEGA 2 III/3, página 44.
20. Karl Marx a Joseph Weydemeyer, 19 de diciembre de 1849, MECW 38, página 220.
21. K. Marx, Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850, Beijing: Ediciones en Lenguas Extranjeras, sin fecha, páginas 161-62.
22. Karl Marx and Friedrich Engels, “Review: marzo-abril 1850”, MECW 10, página 340; “Revue. März/April 1850”, MEGA 2 I/10, páginas 302-3.
23. Ibídem, página 341; ibídem, página 304.
24. Karl Marx and Friedrich Engels, “Review: May-October 1850”, MECW 10, página 497; “Revue. Mai bis Oktober 1850”, MEGA 2 I/10, página 455.
25. “Reviews from the Neue Rheinische Zeitung Revue no. 4”, MECW 10, página 318; “Rezensionen aus Heft 4 der Neuen Rheinischen Zeitung. Politisch-ökonomische Revue”, MEGA 2 I/10, página 283.
26. “La democracia vulgar esperaba que el estallido volviese a producirse de la noche a la mañana; nosotros declaramos en el otoño de 1850 que por lo menos la primeraetapa del periodo revolucionario había terminado y que hasta que no estallase una nueva crisis económica mundial no había nada que esperar. Y esto nos valió ser proscritos y anatematizados como traidores a la revolución por los mismos que luego, casi sin excepción, hicieron las paces con Bismarck”. Friedrich Engels, “Introducción” a Karl Marx, Las luchas de clases en Francia, 1848-1850, Beijing, Ediciones en Lenguas Extranjeras, sin fecha, página 7.
27. Marx to Engels, 11 February 1851, MECW 38, página 286; MEGA 2 III/4, página 38.
28. Véase Walter Tuchscheerer, Bevor Das capital enstand, Berlín: Akademie, 1973, página 318.
29. Véase Marx to Engels, 3 February 1851, MECW 38, página 275; MEGA 2 III/4, Dietz, Berlín, 1984, página 27.
30. “Bullion. Das vollendete Geldsystem”, MEGA 2 IV/8, obra citada, páginas 3-85. El segundo de estos cuadernos no numerados también contiene otros extractos; el más notable, el de On the regulation of currencies, de John Fullarton.
31. Otra exposición resumida de las teorías de Marx sobre el dinero, el crédito y las crisis se halla en el cuaderno VII, en las “Reflexiones” fragmentarias, MECW 10, páginas 584-92; MEGA 2 IV/8, páginas 227-34.
32. Véase Karl Marx, Exzerpte aus David Ricardo: on the principles of political economy, MEGA 2 IV/8, páginas 326-31, 350-72, 381-95, 402-4 y 409-26. Que los extractos, con otros del mismo autor incluidos en los cuadernos IV y VII, fueran publicados en 1941, en el segundo tomo de la primera edición de los Grundrisse, prueba la importancia de dichas páginas.
33. En esta fase crucial de nuevas conquistas teóricas, la relación de Marx con Engels fue de la mayor importancia: por ejemplo, algunas de sus cartas a él resumen sus opiniones críticas sobre la teoría de Ricardo sobre la renta del suelo (Marx a Engels, 7 de enero de 1851, MECW 38, páginas 258-63; MEGA 2 III/4, páginas 6-10) y sobre la circulación monetaria (Marx a Engels, 3 de febrero de 1851, MECW 38, páginas 273-8; MEGA 2 III/4, páginas 24-30).
34. Marx to Weydemeyer, 27 June 1851, MECW 38, página 377; MEGA 2 III/4, página 140.
35. Véase Friedrich Engels, “Critical review of Proudhon’s book Idée générale de la révolution au XIXe siècle”, MECW 11, páginas 545-70.
36. Los extractos de estos libros se hallan en Karl Marx, Exzerpte und Notizen. Juli bis September 1851, MEGA 2 volumen IV/9, Berlín: Dietz, 1991.
37. Estos cuadernos no han sido publicados en MEGA 2, pero el cuaderno XV figura en la recopilación de Hans Peter Müller: Karl Marx, die technologisch-historischen Exzerpte, Fráncfort/Main: Ullstein, 1982.
38. Marx a Engels, 13 October 1851, MECW 38, página 476; MEGA 2 III/4, página 232.
39. Estos cuadernos no han sido publicados.
40. Marx to Engels, 25 October 1852, MECW 39, página 216; MEGA 2 III/6, página 50.
41. Marx to Engels, 27 October 1852, MECW 39, página 221; MEGA 2 III/6, página 55.
42. Marx to Ferdinand Lasalle, 23 February 1852, MECW 39, página 46; MEGA 2 III/5, página 56.
43. Marx to Joseph Weydemeyer, 30 April 1852, MECW 39, página 96; MEGA 2 III/5, página 110.
44. Marx to Engels, 19 August 1852, MECW 39, página 163; MEGA 2 III/5, página 183.
45. Karl Marx, “Pauperism and free trade: the approaching commercial crisis”, MECW 11, página 361; MEGA 2 I/11, Berlín: Dietz, 1985, página 347.
46. Karl Marx, “Revolution in China and Europe”, MECW 12, páginas 95-6; MEGA 2 I/12, página 149.
47. Ibídem, página 98; ibídem, página 151.
48. Karl Marx, “Political movements: scarcity of bread in Europe”, MECW 12, página 308; MEGA 2 I/12.
49. Marx to Engels, 28 September 1853, MECW 39, página 372; MEGA 2 III/7, página 18.
50. Estos cuadernos de extractos han sido publicados recientemente en Karl Marx y Friedrich Engels, Exzerpte und Notizen. September 1853 bis Januar 1855, Berlín: Akademie, 2007.
51. Véase Fred E. Schrader, Restauration und revolution, Hildesheim: Gerstenberg, 1980, página 99.
52. Karl Marx, “The commercial crisis in Britain”, MECW 13, página 585; MEGA 2 I/14, página 168.
53. Marx to Engels, 12 April 1855, MECW 39, página 533; MEGA 2 III/7, página 189.
54. Marx to Engels, 3 March 1855, MECW 39, página 525; MEGA 2 III/7, página 182.
55. Karl Marx, “The French Crédit Mobilier”, MECW 15, página 10.
56. Karl Marx, “The Monetary Crisis in Europe”, MECW 15, página 113.
57. Karl Marx, “The European Crisis”, MECW 15, página 136.
58. Estos cuadernos de extractos se hallan todavía inéditos.
59. Karl Marx, Ökonomische Manuskripte 1857/58, en MEGA 2 II/1.1, Berlín: Dietz Verlag, 1976, página 4, “Bastiat and Carey”, en Grundrisse: Foundations of the Critique of Political Economy (Draft), Londres: Penguin Books, 1993, página 886. Como sucedió con los extractos de Ricardo, el fragmento “Bastiat y Carey” fue incluido en el tomo II de la primera edición de los Grundrisse.
60. Marx a Engels, 8 de diciembre de 1857, MECW 40, página 217; MEGA 2 III/8, Berlín: Dietz Verlag, 1990.
61. Aparte de los cuadernos M y VII, que se guardan en el Instituto Internacional de Historia Social en Ámsterdam, están todos en el Archivo del Estado Ruso para la Historia Socio-Política en Moscú. Respecto a las fechas, debería subrayarse que la primera parte del cuaderno I, que contiene el análisis crítico por Marx de la réforme des banques, por Alfred Darimon, fue escrito en enero y febrero de 1857, no (como pensaban los editores de los Grundrisse) en octubre. Véase Inna Ossobwa, “Über einige Probleme der ökonomischen Studien von Marx im Jahre 1857 vom Standpunkt des Historikers”, Beiträge zur Marx-Engels-Forschung 29, 1990, páginas 147-61.
62. Estos cuadernos no han sido publicados.
63. Marx to Engels, 18 December 1857, MECW 40, página 224; MEGA 2 III/8, página 221. Pocos días después, Marx comunicó sus planes a Lasalle: “La actual crisis comercial me ha obligado a ponerme a trabajar seriamente sobre mis bosquejos de la economía política y, también, a preparar algo sobre la crisis actual”. (Marx to Ferdinand Lassalle, 21 December 1857, MECW 40, página 226; MEGA 2 III/8, página 223.)

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Francisco Sobrino, Herramienta. Revista de Debate y Crítica Marxista

Este libro, prologado por Eric Hobsbawm para la edición castellana, contiene una colección de ensayos sobre los manuscritos económicos de Marx durante el periodo 1857-1859, a los que se consideran como los primeros borradores de El capital.

Quienes  publicaron estos manuscritos por primera vez en 1939-1941 los llamaron Grundrisse. Lineamientos fundamentales para la crítica de la economía política 1857-1858. En la época en que Marx los elaboraba, los lectores sólo conocieron lo que sería la parte inicial o preliminar de su ambicioso trabajo, bajo el título de Contribución a la crítica de la economía política, que fue publicado en 1859. Este fragmento de sus estudios sería reelaborado por Marx después, al publicar el primer tomo de El capital.

Esta publicación colabora en la tarea de hacer llegar a los lectores hispano hablantes interesados en las actuales investigaciones del proyecto editorial, científico y crítico de la obra de Marx y Engels, conocido como “MEGA2” (Marx Engels Gesamtausgabe). Este proyecto, compuesto por estudiosos, comentaristas y especialistas, está encarando la edición crítica de toda la obra de Marx y Engels, en base al cuidadoso estudio de todos los manuscritos conservados en los archivos existentes, incluyendo borradores, resúmenes, comentarios y tachaduras, etcétera.

El cuerpo del texto consta de una introducción, a cargo del editor: “La crítica de la economía política en los primeros estudios de Marx”. A continuación, se divide en tres partes. La Parte I contiene interpretaciones críticas de los Grundrisse, e incluye los siguientes ensayos: “Historia, producción y método en la ‘Introducción’ de 1857” por el mismo Musto;  “El concepto de valor en la economía moderna: acerca de la relación entre dinero y capital en los Grundrisse”, por Joachim Bischoff y Christoph Lieber; “La concepción de Marx de la alienación en los Grundrisse”, por Terrell Carver; “El descubrimiento de la categoría de plusvalor”, por  Enrique Dussel; “El materialismo histórico en ´Formas que preceden a la producción capitalista’”, por Ellen Meiksins Wood; “Los Grundrisse de Marx y las contradicciones ecológicas del capitalismo”, por John Bellamy Foster; “Individuos emancipados en una sociedad emancipada: la sociedad post-capitalista esbozada por Marx en los Grundrisse”, por Iring Fetscher; y “Repensando El capital a la luz de los Grundrisse”, por Moshe Postone.

La Parte II: “Marx en la época de los Grundrisse”, se dedica a analizar al contexto histórico y biográfico de Marx cuando los escribía, compuesta por los siguientes artículos: “La vida de Marx en la época de los Grundrisse: notas biográficas de 1857-1858”, por Marcello Musto; “La primera crisis económica mundial: Marx como periodista económico”, por Michael R. Krätke; y “Los ‘libros sobre las crisis’ de Marx de 1857-1858”, también por Michael R. Krätke.

La Parte III registra la difusión y la recepción de los Grundrisse en todo el mundo. Este método, ya utilizado eficazmente por Marcello Musto en su anterior libro Marx for Today (publicado en castellano en Buenos Aires con el título: De regreso a Marx: nuevas lecturas y vigencia en el mundo actual, Octubre, 2015), ayuda a los lectores a conocer su impacto en los diversos contextos nacionales y regionales, informando las principales ediciones, versiones y traducciones, así como a las obras más destacadas de comentaristas en los diferentes idiomas. Colaboran aquí 21 autores de una variedad de países y regiones.

Finalmente, un epílogo: “Después de los Grundrisse”, cierra el libro con el ensayo “La escritura de El capital: Génesis y estructura de la crítica de la economía política de Marx”, a cargo del editor. La presente edición, entonces, ofrece un panorama completo del principal proyecto intelectual de Marx, que era su crítica de la economía política. Como lo señala Hobsbawm, en los Grundrisse se refleja la obra de un “Marx maduro, crítico y creativo”. Bien puede afirmarse que con la recepción  de estos manuscritos de 1857-1858 comenzó el proceso de liberar al marxismo de la camisa de fuerza de la ortodoxia soviética, tanto adentro como afuera de los partidos comunistas, y creando la base para una apertura política e ideológica.

Un ejemplo de lo antedicho es la referencia a la conocida tesis que aparece en el “Prólogo” de la Contribución a la crítica de la economía política, publicada en 1859, o sea dos años después de que Marx escribiese la “Introducción” de los Grundrisse: “El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política e intelectual en general”, que Marcello Musto nos alerta que no debería ser interpretada en un sentido determinista, y que debería distinguirse claramente de la lectura estrecha y predecible del marxismo-leninismo, en la que “los fenómenos superestructurales de la sociedad son un mero reflejo de la existencia material de los seres humanos”. Y como prueba de ello nos muestra que cuando Marx citó esa afirmación, en una nota a la edición francesa de El capital de 1872-1875, prefirió utilizar el verbo dominer para traducir el alemán bedingen (traducido más usualmente como déterminer o conditionner). Con eso, Marx quiso evitar el riesgo de plantear una relación mecánica entre los dos aspectos.

Sin embargo, generalmente ha prevalecido la primera lectura, también difundida ampliamente por Stalin en su libro Materialismo dialéctico e histórico: “el mundo material representa la realidad objetiva…y la vida espiritual de la sociedad es un reflejo de dicha realidad objetiva”.

Musto finaliza el epílogo recordando una conversación de Marx con el periodista liberal estadounidense John Swinton, quien estaba “profundamente sorprendido por la vastedad de su conocimiento”, que fue publicada el 6 de septiembre de 1880 en la portada de The Sun. Cuando el periodista le preguntó: “La ley suprema del ser, ¿cuál es?”, luego de unos segundos, Marx “respondió, con un tono profundo y solemne: ¡la lucha!”

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El retorno al Marx político

El pasado 8-10 de mayo se ha celebrado en Pisa la conferencia internacional “Marx 201. Repensar la alternativa”, en la que han particupado un elenco impresionante de especialistas en la obra de Marx (incluso el Vicepresidente Linera), que han enfocado sus debates a la contribución política del autor de ‘El Capital’.

El organizador de la conferencia, nuestro colaborador Marcello Musto, explica el sentido de esta convocatoria.

El regreso a Marx, que se produjo después de la crisis económica de 2008, estuvo marcado por el redescubrimiento de sus críticas a la economía. Desde entonces, en numerosos periódicos, revistas, libros y volúmenes universitarios, se ha observado desde muchos sectores hasta qué punto el análisis de Marx seguía siendo indispensable para comprender las contradicciones del capitalismo y sus mecanismos destructivos.

En los últimos años, sin embargo, está surgiendo un nuevo fenómeno: la re-exploración del Marx político. La impresión, en la edición alemana MEGA², de manuscritos previamente desconocidos y la publicación de interpretaciones innovadoras de su trabajo han abierto nuevos horizontes de investigación. Los textos no publicados y los nuevos estudios teóricos resaltan, más claramente que en el pasado, hasta qué punto Marx fue un autor capaz de examinar las contradicciones de la sociedad capitalista a escala global y mucho más allá del conflicto entre capital y trabajo. No es arriesgado decir que, entre los grandes clásicos del pensamiento político, económico y filosófico, Marx es el que más ha cambiado su perfil a comienzos del siglo XXI.

Repensar la alternativa con Marx
Desmintiendo a quienes han asimilado la concepción marxiana de la sociedad comunista a un mero desarrollo de las fuerzas productivas, las investigaciones emprendidas han resaltado la importancia que Marx asignó a la cuestión ecológica. En repetidas ocasiones denunció que la expansión del modo de producción capitalista causaría no solo un aumento del robo del trabajo a los propios trabajadores, sino también de los recursos naturales. Marx también estaba interesado de manera amplia en las migraciones. Mostró cómo la migración forzada, generada por el capitalismo, constituía un elemento significativo de la explotación de la burguesía y que solo la solidaridad de clase entre los proletarios, independientemente de su origen, sin distinción entre mano de obra local e importada, era la clave para combatirlo

Marx trató ampliamente muchos otros temas, subestimados, cuando no ignorados, por muchos de sus estudiosos y que son de importancia crucial para la agenda política de nuestros días. Estos incluyen la libertad individual en la esfera económica y política, la emancipación de género, la crítica de los nacionalismos, las formas de propiedad colectiva no controladas por el estado.

Además, Marx llevó a cabo investigaciones exhaustivas sobre sociedades no europeas y se expresó de manera nítida contra el papel destructivo del colonialismo. Y está en un error quien escriba lo contrario. Marx criticó a los pensadores que, aunque culparon de las nefastas consecuencias que éste había generado, utilizaron las categorías interpretativas del contexto europeo en sus análisis de las periferias del mundo. Advirtió varias veces contra quienes homologaban fenómenos diferentes y mostró una gran desconfianza, especialmente después de los avances teóricos logrados en los años setenta, hacia la traducción de las mismas categorías interpretativas en contextos históricos y geográficos completamente diferentes. Todo esto ya ha sido constatado, a pesar del escepticismo que todavía está de moda en algunos círculos académicos.

Treinta años después de la caída del Muro de Berlín, hoy es posible leer un Marx muy diferente de aquel dogmático, economicista y eurocéntrico preconizado durante mucho tiempo. Ciertamente, en el impresionante legado de Marx es posible encontrar declaraciones en las que leemos que el desarrollo de las fuerzas productivas conduce a la disolución del modo de producción capitalista. Sin embargo, sería erróneo atribuirle la tesis de que el socialismo se realizaría como una forma de determinismo histórico. Para Marx, por el contrario, la posibilidad de transformación social dependía de la clase trabajadora y de su capacidad para determinar, a través de la lucha, los cambios sociales y el nacimiento de un sistema económico-político alternativo.

El comunismo como asociación libre
En señal de discontinuidad con la asimilación entre el comunismo y la «dictadura del proletariado», promocionada por muchos «socialismos reales», las reflexiones de Marx sobre la sociedad comunista también deberían volver a ser investigadas. Este tipo de sociedad fue definida por él como «una asociación de seres humanos libres». Si el comunismo aspira a ser una forma superior de organización social, debe posibilitar las condiciones para el «desarrollo pleno y libre de cada individuo».

En El capital, Marx desveló la mentira de la ideología burguesa. El capitalismo no es la organización social en la que los seres humanos, protegidos por normas jurídicas imparciales, capaces de garantizarles justicia y equidad, disfrutan de la verdadera libertad y viven en una democracia completa. En realidad, se degradan a simples objetos, cuya función principal es producir bienes y beneficio para otros.

Para revertir este estado de cosas no basta con cambiar la redistribución de los bienes de consumo. Es necesario cambiar las estructuras productivas de la sociedad desde la raíz: «los productores solo pueden ser libres cuando tienen los medios de producción». Por lo tanto, según Marx, el objetivo de la lucha proletaria debe ser devolver estos a la comunidad. Esto permitiría, también gracias al potencial emancipador de la tecnología, la realización de un propósito fundamental del comunismo: la reducción de los tiempos de trabajo y el consiguiente aumento de todo tipo de capacidades, así como de los dones creativos y del disfrute de los individuos. El modelo socialista al que miraba Marx no era un estado de miseria generalizada, sino el logro de una mayor riqueza colectiva y la satisfacción de las necesidades.

Marx también observó que, en el modo de producción comunista, «la propiedad privada de la tierra por parte de individuos particulares habría sido tan absurda como la de un ser humano por otro». Expresó su crítica más radical a la idea de posesión destructiva inherente al capitalismo, recordando que la sociedad no es propietaria del medio ambiente. La propuesta consistía en que tiene «el deber de transmitir el mundo en mejores condiciones a las generaciones posteriores».

Hoy, la izquierda no podría, por supuesto, redefinir su política de acuerdo con lo que Marx escribió hace más de un siglo. Sin embargo, no debe cometer el error de olvidar la claridad de sus análisis y dejar de usar las armas críticas que nos ofrecen para repensar, de manera renovada, cómo construir una sociedad alternativa al capitalismo.

Marcello Musto es profesor asociado de Teoría Sociológica de la Universidad de York, Canadá. Autor y editor de varios libros sobre Marx, entre ellos hay: Los Grundrisse de Karl Marx. Fundamentos de la crítica de la economía política 150 años después (Fondo de Cultura Economica, 2018) y Another Marx: Early Manuscripts to the International (Bloomsbury, 2018).

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Marx 201. El retorno al Marx político

El pasado 8-10 de mayo se ha celebrado en Pisa la conferencia internacional “Marx 201. Repensar la alternativa”, en la que han particupado un elenco impresionante de especialistas en la obra de Marx, que han enfocado sus debates a la contribución política del autor de El Capital.

Uno de los organizadores de la conferencia, nuestro amigo y colaborador Marcello Musto explica el sentido de esta convocatoria. SP

El regreso a Marx, que se produjo después de la crisis económica de 2008, estuvo marcado por el redescubrimiento de sus críticas a la economía. Desde entonces, en numerosos periódicos, revistas, libros y volúmenes universitarios, se ha observado desde muchos sectores hasta qué punto el análisis de Marx seguía siendo indispensable para comprender las contradicciones del capitalismo y sus mecanismos destructivos.

En los últimos años, sin embargo, está surgiendo un nuevo fenómeno: la re-exploración del Marx político. La impresión, en la edición alemana MEGA², de manuscritos previamente desconocidos y la publicación de interpretaciones innovadoras de su trabajo han abierto nuevos horizontes de investigación. Los textos no publicados y los nuevos estudios teóricos resaltan, más claramente que en el pasado, hasta qué punto Marx fue un autor capaz de examinar las contradicciones de la sociedad capitalista a escala global y mucho más allá del conflicto entre capital y trabajo. No es arriesgado decir que, entre los grandes clásicos del pensamiento político, económico y filosófico, Marx es el que más ha cambiado su perfil a comienzos del siglo XXI.

Repensar la alternativa con Marx
Desmintiendo a quienes han asimilado la concepción marxiana de la sociedad comunista a un mero desarrollo de las fuerzas productivas, las investigaciones emprendidas han resaltado la importancia que Marx asignó a la cuestión ecológica. En repetidas ocasiones denunció que la expansión del modo de producción capitalista causaría no solo un aumento del robo del trabajo a los propios trabajadores, sino también de los recursos naturales. Marx también estaba interesado de manera amplia en las migraciones. Mostró cómo la migración forzada, generada por el capitalismo, constituía un elemento significativo de la explotación de la burguesía y que solo la solidaridad de clase entre los proletarios, independientemente de su origen, sin distinción entre mano de obra local e importada, era la clave para combatirlo

Marx trató ampliamente muchos otros temas, subestimados, cuando no ignorados, por muchos de sus estudiosos y que son de importancia crucial para la agenda política de nuestros días. Estos incluyen la libertad individual en la esfera económica y política, la emancipación de género, la crítica de los nacionalismos, las formas de propiedad colectiva no controladas por el estado.

Además, Marx llevó a cabo investigaciones exhaustivas sobre sociedades no europeas y se expresó de manera nítida contra el papel destructivo del colonialismo. Y está en un error quien escriba lo contrario. Marx criticó a los pensadores que, aunque culparon de las nefastas consecuencias que éste había generado, utilizaron las categorías interpretativas del contexto europeo en sus análisis de las periferias del mundo. Advirtió varias veces contra quienes homologaban fenómenos diferentes y mostró una gran desconfianza, especialmente después de los avances teóricos logrados en los años setenta, hacia la traducción de las mismas categorías interpretativas en contextos históricos y geográficos completamente diferentes. Todo esto ya ha sido constatado, a pesar del escepticismo que todavía está de moda en algunos círculos académicos.

Treinta años después de la caída del Muro de Berlín, hoy es posible leer un Marx muy diferente de aquel dogmático, economicista y eurocéntrico preconizado durante mucho tiempo. Ciertamente, en el impresionante legado de Marx es posible encontrar declaraciones en las que leemos que el desarrollo de las fuerzas productivas conduce a la disolución del modo de producción capitalista. Sin embargo, sería erróneo atribuirle la tesis de que el socialismo se realizaría como una forma de determinismo histórico. Para Marx, por el contrario, la posibilidad de transformación social dependía de la clase trabajadora y de su capacidad para determinar, a través de la lucha, los cambios sociales y el nacimiento de un sistema económico-político alternativo.

El comunismo como asociación libre
En señal de discontinuidad con la asimilación entre el comunismo y la «dictadura del proletariado», promocionada por muchos «socialismos reales», las reflexiones de Marx sobre la sociedad comunista también deberían volver a ser investigadas. Este tipo de sociedad fue definida por él como «una asociación de seres humanos libres». Si el comunismo aspira a ser una forma superior de organización social, debe posibilitar las condiciones para el «desarrollo pleno y libre de cada individuo».

En El capital, Marx desveló la mentira de la ideología burguesa. El capitalismo no es la organización social en la que los seres humanos, protegidos por normas jurídicas imparciales, capaces de garantizarles justicia y equidad, disfrutan de la verdadera libertad y viven en una democracia completa. En realidad, se degradan a simples objetos, cuya función principal es producir bienes y beneficio para otros.

Para revertir este estado de cosas no basta con cambiar la redistribución de los bienes de consumo. Es necesario cambiar las estructuras productivas de la sociedad desde la raíz: «los productores solo pueden ser libres cuando tienen los medios de producción». Por lo tanto, según Marx, el objetivo de la lucha proletaria debe ser devolver estos a la comunidad. Esto permitiría, también gracias al potencial emancipador de la tecnología, la realización de un propósito fundamental del comunismo: la reducción de los tiempos de trabajo y el consiguiente aumento de todo tipo de capacidades, así como de los dones creativos y del disfrute de los individuos. El modelo socialista al que miraba Marx no era un estado de miseria generalizada, sino el logro de una mayor riqueza colectiva y la satisfacción de las necesidades.

Marx también observó que, en el modo de producción comunista, «la propiedad privada de la tierra por parte de individuos particulares habría sido tan absurda como la de un ser humano por otro». Expresó su crítica más radical a la idea de posesión destructiva inherente al capitalismo, recordando que la sociedad no es propietaria del medio ambiente. La propuesta consistía en que tiene «el deber de transmitir el mundo en mejores condiciones a las generaciones posteriores».

Hoy, la izquierda no podría, por supuesto, redefinir su política de acuerdo con lo que Marx escribió hace más de un siglo. Sin embargo, no debe cometer el error de olvidar la claridad de sus análisis y dejar de usar las armas críticas que nos ofrecen para repensar, de manera renovada, cómo construir una sociedad alternativa al capitalismo.

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La nueva geografía política de la izquierda radical europea

La crisis económica y política que atraviesa Europa ha provocado, aparte del avance de fuerzas populistas, xenófobas y de extrema derecha, grandes luchas de resistencia y manifestaciones de protesta contra las medidas de austeridad impuestas por la Comisión Europea y llevadas a cabo por los gobiernos nacionales.

Esto ha favorecido, sobre todo en la parte meridional del continente, el renacer de fuerzas radicales de izquierda, así como su considerable éxito electoral. Grecia, España, Portugal, Irlanda y, en menor medida, otros países han sido el teatro de imponentes movilizaciones masivas contra las políticas neoliberales. En Grecia, entre 2010 y 2015 se declararon más de 40 huelgas generales.

En España, el 15 de mayo de 2011 tuvo inicio una gran rebelión, en la cual participaron millones de ciudadanos y de la que surgió el movimiento después definido con el nombre de Indignados. Los manifestantes alcanzaron a ocupar durante unas buenas cuatro semanas la Puerta del Sol, la plaza principal de Madrid. Pocos días después, una contraparte análoga se despegó en Atenas, en la plaza Syntagma. En ambos países, estas luchas sociales, de hecho, crearon las premisas para la sucesiva consolidación de las fuerzas de izquierda.

Por otra parte, sin embargo, las organizaciones sindicales, aun cuando estaban favorecidas por un bagaje común –en los países europeos las medidas adoptadas tras la crisis causaron los mismos desastres sociales–, no tuvieron la voluntad política para construir una plataforma reivindicativa única ni para articular una serie de movilizaciones a escala continental. La única excepción parcial está representada por la huelga general, proclamada el 14 de noviembre de 2012, en España, Italia, Portugal, Chipre y Malta, también apoyada por iniciativas de solidaridad en Francia, Grecia y Bélgica.

Durante este periodo, en la orilla política, la izquierda anticapitalista persistió en su proceso de reconstrucción y recomposición de las fuerzas de campo. Nacieron de hecho formaciones inspiradas por el pluralismo y capaces de juntar el más amplio abanico de sujetos políticos, garantizando al mismo tiempo mayor democracia interna a través del principio de “una cabeza un voto”.

Ya en 1999 surgieron el Bloque de Izquierda en Portugal, donde habían confluido las fuerzas más significativas que se encontraban a la izquierda del Partido Comunista Portugués, y La Izquierda (DL) en Luxemburgo. En 2004, Synaspismos y un rango de otras fuerzas anticapitalistas en Grecia se unieron para formar Syriza, la coalición de la izquierda radical (aunque su fusión en un verdadero partido político no ocurrió hasta 2012).

En mayo de 2004 fue fundado el Partido de la Izquierda Europea, en el cual, inicialmente, se asociaron 15 partidos entre comunistas, socialistas y ecologistas, con el intento de construir un sujeto político alrededor de un programa común de las principales fuerzas de la izquierda antagonista en el continente. Actualmente hacen parte de éste organizaciones políticas de 20 países.1 Dicha agrupación fue precedida, pocos meses antes, por la creación de la Alianza de la Izquierda Verde Nórdica, en la cual confluían siete partidos de Europa septentrional.

Junto a la mayor coalición del Partido de la Izquierda Europea, estaba además la Izquierda Anticapitalista Europea, una formación menor, nacida en 2000, en la cual habían confluido más de 30 partidos trotskistas, a menudo de reducidas dimensiones. Sus principales promotores fueron el Bloque de Izquierda en Portugal, la Izquierda Unitaria-Los Rojo-Verdes en Dinamarca y el Nuevo Partido Anticapitalista en Francia. En el Parlamento europeo, los representantes de estas fuerzas se adhirieron al grupo de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica.2

Algunos años después, la salida, casi contemporánea, de los componentes más radicales del Partido Socialdemócrata Alemán y del Partido Socialista (PS) francés3 –que asumieron rápidamente posiciones más hacia la izquierda que los grupos dirigentes del Partido del Socialismo Democrático, en Alemania, y del Partido Comunista Francés– favoreció el nacimiento, en 2007, de DL en Alemania y, en 2008, del Frente de Izquierda en Francia. En este último país, la transformación, en 2009, de la Liga Comunista Revolucionaria en Nuevo Partido Anticapitalista puede ser explicada según la misma exigencia, advertida también por las fuerzas más típicamente clasistas del comunismo europeo, de poner en el centro de la propia iniciativa política las nuevas contradicciones, cada vez más relevantes, generadas por la exclusión social y la necesidad de abrirse a una generación más joven de militantes.

Al mismo tiempo nacieron en Italia Izquierda, Ecología y Libertad, donde el componente moderado del Partido de la Refundación Comunista se fusionó con un grupo de disidentes de los Demócratas de Izquierda y la Federación de la Izquierda, una alianza entre el Partido de la Refundación Comunista y otros movimientos políticos menores. En Suiza, un proceso similar se dio en 2010, con la fundación de La Izquierda.

El mismo camino fue tomado en Inglaterra, pero con resultado adverso, primero con el Partido del Respeto, en 2004, y después con la Izquierda Unida, en 2013. También al otro lado del Bósforo se emprendió el mismo proceso. En 2012, el movimiento kurdo se asoció con varias organizaciones de la izquierda turca para fundar el Partido Democrático del Pueblo, que se convertiría rápidamente en la cuarta fuerza de Turquía, con 10.7 por ciento en las elecciones de noviembre de 2015.4

En 2014 surgieron Izquierda Unida, en Eslovenia, y Podemos, en España, caso del todo particular porque nació con ambiciones de trascender la tradicional definición de partido de izquierda. Esta última formación, no obstante, tras presentarse por primera vez a las elecciones europeas, también adhirió al grupo de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica. En octubre de 2015, finalmente, en Irlanda fue fundada la coalición electoral Alianza Anti-austeridad-Pueblo antes que Beneficio, que puso fin al largo conflicto entre el PS y la Alianza Pueblo antes que Beneficio.5

El modelo plural –tan diferente del partido monolítico, inspirado por el principio del centralismo democrático, utilizado por el movimiento comunista del siglo XX– se extendió con velocidad por la mayoría de las fuerzas de izquierda radical europea. Los experimentos más exitosos no fueron tanto los procesos federativos que se limitaron a una mera reunificación de pequeños grupos y organizaciones ya existentes, sino las recomposiciones guiadas, en cambio, por la necesidad de incluir la vasta y dispersa red de subjetividades sociales, capaces de articular diferentes prácticas de conflicto. Esta elección se mostró como la vencedora en cuanto logró atraer nuevas fuerzas, incluidos jóvenes, y reconquistando militantes desilusionados, y favoreció, finalmente, la consolidación electoral de los nuevos partidos generados.

En las elecciones alemanas de 2009, Die Linke ganó 11.9 por ciento de los votos, 3 veces más que el 4 por ciento alcanzado por el Partido del Socialismo Democrático 7 años antes. En las elecciones presidenciales francesas de 2012, el candidato del Frente de Izquierda, Melenchon, obtuvo el mayor voto logrado por cualquier partido a la izquierda del Partido Socialista desde 1981. Y en el mismo año, Syriza comenzó el rápido ascenso que lo llevó a 16.8 por ciento en las elecciones de mayo, a 26.9 en junio y, por último, a 36.3 en enero de 2015, cuando, exclusivamente para un partido anticapitalista europeo desde la Segunda Guerra Mundial, formó un gobierno como el socio mayoritario.6

También se lograron excelentes resultados en la península ibérica, donde la Izquierda Plural Española (un nuevo bloque electoral encabezado por Izquierda Unida) cruzó el umbral de 10 por ciento en las elecciones europeas de 2014, y Podemos se situó dentro de 8 por ciento. El total de votos ganados por todas las fuerzas de izquierda (24.5) fue aún mayor en las elecciones generales de diciembre de 2015. En esa ocasión, Podemos alcanzó 12.6, la Unidad Popular, la última denominación adquirida por Izquierda Unida, 3.6 y varias listas electorales locales –entre ellas, En Común Podemos (Cataluña, 3.7), Commitment-We Can-It is Time (Valencia, 2.6), En Tide (Galicia, 1,6) y País Vasco Unido (08) que en conjunto han recaudado casi 9 por ciento de los votos–. Por otro lado, la coalición creada en el momento de las elecciones de junio de 2016, Unidos Podemos, sufrió una caída de tres puntos porcentuales: recibió 21.2 de los votos.

En cuanto a Portugal, la Coalición Democrática Unitaria totalizó 8.3 por ciento en las elecciones generales de octubre de 2015, mientras que el Bloque Izquierdo, con 10.2, obtuvo su mejor resultado, convirtiéndose en la tercera fuerza política en el país. Este resultado se confirmó en las elecciones presidenciales de enero de 2016, cuando el Bloque Izquierdo una vez más superó 10 por ciento.

Experimentos de izquierda plural –siempre, al fin y al cabo, caracterizada por una clara plataforma política antiliberal– rindieron frutos incluso en algunas elecciones administrativas. Lo demostraron los resultados regionales franceses de 2010 en Limousin, cuando la coalición Frente de la Izquierda y Nuevo Partido Anticapitalista alcanzó 19.1 en la segunda vuelta, y las recientes municipales en España, donde las listas Ahora Madrid y Barcelona en Comú, donde confluyeron Izquierda Unida y Podemos, conquistaron los dos municipios más importantes del país. En ambos casos, amplias alianzas, nacidas por el impulso protagónico de las bases, permitieron superar las diferencias existentes entre los grupos dirigentes a escala nacional.

Entre los resultados electorales más considerables, obtenidos en la última década por la izquierda radical, también se encuentran los obtenidos por partidos que decidieron no disolverse para fundirse con otras fuerzas políticas. Notables fueron la consolidación del PS en Holanda –16.6 en 2006–, sobre la estela de la oposición al referendo contra el Tratado sobre la Constitución Europea, y el éxito del Partido Progresista de los Trabajadores en Chipre, cuyo secretario general, Demetris Christofias, resultó vencedor en los comicios presidenciales de 2009 (33.2 en la primera vuelta y 53.3 en la segunda). Su mandato se destacó, sin embargo, por una clamorosa derrota: la incapacidad de poner fin al conflicto que divide la isla desde 1974 y la expresa sujeción, en materia económica, respecto a las imposiciones de la Troika.

Otro cambio que ha sacudido la geografía de la izquierda europea habría sido al menos tan impredecible hace unos años como lo fue la victoria gubernamental de Syriza en Grecia. En las elecciones de estilo primario celebradas en septiembre de 2015, 59.5 por ciento de los miembros del Partido Laborista británico y sus partidarios registrados votaron a favor de Jeremy Corbyn como su nuevo líder. En el país donde Tony Blair gobernó el gallinero hace 20 años, un anticapitalista autoproclamado ahora ocupa el primer puesto en el Partido Laborista, el más izquierdista de su historia. Este extraordinario giro de los acontecimientos representa otro ejemplo significativo del renacimiento de la izquierda. Después de su elección, Corbyn fue severamente atacado por el ala derecha del partido, y en junio de 2016, tras la renuncia de dos tercios de los miembros del gobierno en la sombra, más de 80 por ciento del Partido Laborista Parlamentario no votó a favor de él. En septiembre, en un nuevo concurso de líderes, fue reelegido como jefe del Partido Laborista, con 61.8 de los votos.

Finalmente, en febrero de 2016, Melenchon fundó La France Insoumise (Francia Insumisa). En pocos meses, este nuevo movimiento político, basado en los avales individuales de la plataforma política L’Avenir en commun (Para un futuro común) y no en la pertenencia a un partido o asociación, transformó la escena política francesa. En la primera ronda (abril de 2017) de las elecciones presidenciales, Melenchon obtuvo más de 7 millones de votos (19.6 por ciento), sólo 600 mil menos que Le Pen y sin calificar para la segunda ronda. Éste fue un resultado histórico para la izquierda radical francesa.

En el ámbito de la Unión Europea, el avance general de la izquierda radical se confirmó en las últimas elecciones europeas de 2014. Sus votos alcanzaron 12 millones 981 mil 378, u 8 por ciento, con un aumento de 1 millón 885 mil 574 en comparación con 2009.7 Incluso con el único criterio de número de diputados elegidos (6.9 por ciento, o 52 legisladores), la Izquierda Unida Europea/Izquierda Verde Nórdica es ahora la quinta fuerza política en el Parlamento Europeo, en comparación con la séptima en 2009.8 Por tanto, está detrás del Partido Popular Europeo (29.4), la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (25.4), los Conservadores y Reformistas Europeos (9.3) y la Alianza de Demócratas y Liberales por Europa (8.9); pero por delante de los Verdes/Alianza Libre Europea (6.6), Europa de la Libertad y Democracia Directa (6.4) y Europa de las Naciones y la Libertad (5.2).

Sin embargo, esos resultados positivos están empañados por algunos elementos negativos. En muchos países de Europa oriental, la izquierda radical tiene una posición todavía marginal, si no totalmente minoritaria.9 También está alejada de luchas sociales, está privada de arraigo en los territorios y en las organizaciones sindicales, es desconocida para las generaciones jóvenes y está puntualmente atravesada por sectarismos autolesivos de desgarradoras divisiones internas. En otras palabras, no tiene por el momento perspectiva de desarrollo.

Dicha situación se ha repetido en las elecciones. En seis naciones –Polonia, Rumania, Hungría, Bulgaria, Bosnia-Herzegovina, Estonia–, la izquierda radical recogió menos de 1 por ciento de los votos, mientras que en otras, como Croacia, Eslovaquia, Lituania y Letonia, ha alcanzado resultados poco superiores. Ésta sigue siendo muy débil también en Austria, Bélgica y Suiza, mientras que en Serbia se la identifica todavía con el Partido Socialista local, guiado largo tiempo por Slobodan Milošević.

Estamos en presencia, pues, de una realidad heterogénea. En los países de la península ibérica y del Mediterráneo –con la excepción de Italia–, en los últimos años la izquierda radical se expandió significativamente. En Grecia, España, Portugal o Chipre, sus fuerzas se consolidaron de forma estable y son reconocidas en el grupo de los principales actores políticos en los respectivos contextos nacionales. También en Francia, por otro lado, ésta conquistó un discreto papel social y político. Mientras, en Irlanda, el nacionalismo republicano y progresista, aunque moderado, de Nosotros Mismos (Sinn Fein), que alcanzó 22.8 por ciento de los votos en las europeas de 2014, plantó cara al avance de las fuerzas conservadoras.

En Europa central, la izquierda radical logró conservar una buena fuerza electoral en Holanda y Alemania –así a los buenos resultados en las urnas no correspondan significativos conflictos sociales–, pero su peso es limitado en otras partes. En los países nórdicos defendió la fuerza sobre la cual se apoyó después de 1989 (electoralmente alrededor de 10 por ciento), pero se mostró incapaz de atraer el difuso descontento popular, capturado casi en su totalidad por los partidos de derecha.

El problema principal de la izquierda antagonista sigue estando por ahora en el Este, donde, con la excepción del Partido Comunista de Bohemia y Moravia en República Checa y de Izquierda Unida en Eslovenia, ésta es casi inexistente e incapaz de trascender el espectro del “socialismo real”. Dadas las circunstancias, la expansión de la Unión Europea hacia el Levante ha movido definitivamente hacia la derecha el baricentro político del continente, como dan cuenta las rígidas posiciones extremistas asumidas por los gobiernos de Europa oriental durante la reciente crisis en Grecia y frente a la llegada de los pueblos fugados de los teatros bélicos.

¿Más allá del recinto de la eurozona?

La transformación de los partidos de la izquierda radical en organizaciones más amplias y pluralistas ha demostrado ser una receta útil para reducir su preexistente fragmentación, pero no es que haya resuelto los problemas de naturaleza política.

En Grecia, tras el nacimiento del gobierno de Alexis Tsipras, Syriza tenía la intención de llevar a cabo una ruptura con las políticas de austeridad adoptadas por todos los Ejecutivos de centro-izquierda, “técnicos” o de centro-derecha que se alternaron en el poder desde 2010. No obstante, a causa de la enorme deuda pública del Estado helénico, la concreta actuación de esta movida fue inmediatamente subordinada a una negociación con los acreedores internacionales.

Después de cinco meses de agotadoras conversaciones, durante las cuales el Banco Central Europeo dejó de proporcionar crédito al Banco Central en Atenas, causando que las sucursales de los bancos griegos se agotaran, los líderes de la eurozona impusieron un nuevo plan de rescate que contiene todas las disposiciones económicas a que Syriza se había opuesto firmemente. Desde 2010, el arco parlamentario de fuerzas políticas que ha aceptado el memorándum de Bruselas ha sido amplio. De izquierda a derecha, se han inclinado ante la inexorable lógica de la austeridad: la Nueva Democracia, Griegos Independientes, el Río, la Izquierda Democrática, el Movimiento Socialista Panhelénico y, finalmente, incluso Syriza.10 Ni siquiera la respuesta vigorosa en el referéndum consultivo del 5 de julio de 2015 (cuando 61.3 por ciento de los griegos dijo que la firma no respondía a las propuestas de la Troika) servía para lograr un resultado diferente.

Para evitar la salida de la eurozona, el gobierno de Tsipras permitió ulteriores sacrificios sociales, considerables privatizaciones del patrimonio público –que sería puesto en venta como mercancía en liquidación– y, más generalmente, un conjunto de medidas de austeridad funcionales sólo para los planes de los acreedores internacionales y no, en cambio, para el desarrollo de la economía del país.11

Por otro lado, una salida griega de la zona euro, un escenario que algunos preveían, pero sólo si las negociaciones con el eurogrupo fracasaban, habría catapultado al país a un estado de caos económico y profunda recesión. Habría sido necesario prepararse con mucha anticipación para tomar una decisión tan trascendental, sopesar con cuidado cada eventualidad y planear rigurosamente todas las contramedidas apropiadas. Sobre todo, habría sido necesario conquistar gran variedad de fuerzas sociales y políticas y contar con su apoyo.

El resultado de las negociaciones entre el gobierno de Tsipras y el eurogrupo hizo evidente el hecho de que, cuando un partido de izquierda gana las elecciones y quiere llevar a cabo políticas económicas distintas de las dominantes, las instituciones de Bruselas están listas para impedir que tal cosa ocurra. Si, a partir del decenio de 1990, la aceleración incontestada del credo neoliberal, por parte de las fuerzas de la socialdemocracia europea, tuvo como consecuencia la homologación de los programas de estos últimos y de los de los partidos de centro-derecha, hoy, en cambio, cuando un partido de la izquierda radical alcanza el poder, la Troika misma interviene para evitar la alternancia de los Ejecutivos contrarios a sus directrices económicas. Triunfar en los comicios ya no es suficiente. La Unión Europea se ha convertido en el baluarte del capitalismo neoliberal.

Tras el episodio griego ha habido una reflexión colectiva más profunda sobre la conveniencia de mantener a cualquier costo la moneda única. Se hacen esfuerzos para comprender cuáles son las mejores maneras de poner fin a las políticas económicas actuales, sin abandonar al mismo tiempo el proyecto de una nueva y diferente unión política europea. El referéndum británico de junio de 2016 sobre si retirarse de la Unión Europea infligió un duro golpe a Europa. La mayoría de los ciudadanos de Reino Unido votó a favor de abandonar la UE, dando así una razón ulterior a quienes argumentarían que fue un error afirmar que una elección similar constituiría un salto peligroso hacia el vacío.

Actualmente, la posición mayoritaria entre los partidos de la izquierda radical sigue siendo la de quienes sostienen, en continuidad con las posiciones asumidas durante los últimos años, que todavía es posible modificar las políticas europeas en el contexto existente; es decir, sin romper la unión monetaria alcanzada en 2002 con la entrada en vigor del euro.

A la cabeza de esta iniciativa está Syriza que, si bien tuvo la ocasión, después de haber alcanzado el gobierno, de elaborar y llevar a cabo soluciones alternativas –a pesar de haber estado bajo presión de las instituciones europeas, las cuales propendían por bloquear cualquier cambio– nunca consideró la opción de la “Grexit”. En septiembre de 2015, alcanzando 35.5 por ciento de los votos, Tsipras venció en las elecciones anticipadas, promovidas por él después del conflicto surgido con la parte de su partido contraria a la puesta en marcha de las medidas consideradas en el memorando, y regresó al gobierno con un grupo parlamentario cohesionado y ya no más expuesto al riesgo de disidencias internas.

Syriza, entonces, no obstante el aumento del abstencionismo (7 por ciento mayor respecto a las elecciones de 8 meses antes), y la reducción del número de votantes (unos 600 mil menos) comparado con el referendo de julio, logró conservar el consenso de una parte significativa del pueblo griego. Sin embargo, la confianza que éste volvió a darle será pronto puesta a prueba por los efectos de los recortes impuestos por el eurogrupo. No sería descabellado prever la emergencia de escenarios aún más inciertos que el actual.

En el verano de 2015, Syriza anunció su estrategia para evitar la pérdida de apoyo que sufrieron todas las demás partes que implantaron programas anteriores de rescate de la Troika. El gobierno griego habría tenido que negociar una reducción sustancial de la deuda pública para evitar el inicio de un nuevo ciclo deflacionario. Además, habría tenido que llevar a cabo una agenda paralela a la impuesta por Bruselas, tomando algunas medidas redistributivas que podrían limitar los efectos del memorando más reciente. Ambos proyectos, sin embargo, resultaron ser irrealizables. Después de la experiencia del gobierno de Tsipras, y dado que las instituciones de la UE rechazarán cualquier reestructuración de la deuda, ha quedado claro que la izquierda también debe estar preparada para una posible salida de la zona euro. Sin embargo, sería erróneo pensar en esto como el remedio para todos los males.

Aparte de Syriza, la opción de reformar la Unión Europea en el actual escenario es compartida por la mayoría de las principales fuerzas del Partido de Izquierda Europea, entre las cuales están La Izquierda en Alemania, el Partido Comunista Francés y la Izquierda Unida española. En este bloque se sitúa también Podemos, cuyo grupo dirigente se declaró convencido de que si al gobierno griego se unieran otros dispuestos a romper con las políticas de austeridad impuestas por la Troika podría abrirse un espacio para acabar con algo que parece hoy tan inalterable. El resultado de las recientes elecciones en Portugal –que asignó la mayoría a una alianza del todo impensable hasta hace poco, constituida por el Partido Socialista, el Bloque de Izquierda y la Coalición Democrática Unida–12 parece haber reforzado dicha esperanza.

Sin embargo, para otros, la “crisis griega” –en realidad, una de la democracia y del capitalismo neoliberal– parece comprobar, en cambio, el carácter irreformable de este modelo de Unión Europea. No tanto por las actuales relaciones de poder presentes en su interior, cada vez más desfavorables a las fuerzas anticapitalistas, que le siguen a la expansión hacia el Este sino, por el contrario, por su arquitectura general. Los inflexibles parámetros económicos impuestos de manera creciente a partir del Tratado de Maastricht han reducido inevitablemente, o en algunos casos casi anulado, las bastante más complejas y compuestas exigencias de la política.

En los últimos 25 años, las políticas neoliberales, cubiertas por un engañoso manto tecnocrático y no ideológico, han triunfado por doquier en Europa, asestando duros golpes a su modelo de welfare State. Los Estados nacionales se han encontrado con la privación gradual de algunos instrumentos de dirección político-económica, que habrían sido indispensables para llevar a cabo programas de inversión pública con miras a cambiar el curso de la crisis. Finalmente, se consolidó la práctica antidemocrática –afianzada hasta el punto de parecer natural– de asumir decisiones de gran relevancia sin contar con la aprobación popular.

Por tanto, en los últimos meses la fila de quienes consideran ilusoria la posibilidad de democratizar la eurozona, aun cuando expresan una posición que sigue siendo minoritaria, ha aumentado de manera notable. Junto a las fuerzas de la izquierda radical tradicionalmente euroescépticas, como el Partido Comunista Portugués, el Partido Comunista de Grecia o, en Escandinavia, la Lista unitaria-Los Rojo-Verdes en Dinamarca, se encuentra Unidad Popular. Nacida en Atenas en agosto de 2015, en su interior confluyeron muchos ex dirigentes y ex militantes de Syriza, contrarios a las decisiones de Tsipras de aceptar las imposiciones del eurogrupo. Esta formación, favorable al regreso del dracma, quedó fuera del parlamento helénico, después de haber conseguido sólo 2.8 por ciento de los votos en las últimas elecciones.

Por otra parte, diversos intelectuales y dirigentes políticos han manifestado explícitamente su posición contraria al euro.13 Lafontaine, por ejemplo, propuso un retorno, en forma flexible, al sistema monetario europeo; es decir, al acuerdo, en vigor antes que existiera el euro, que preveía una fluctuación controlada de los valores de varias monedas nacionales. El esfuerzo de encontrar soluciones inmediatas para poner fin al periodo de austeridad, donde se manifiesten nuevas e inaceptables coerciones, como las ejercidas sobre Grecia, debe, sin embargo, considerar todas sus implicaciones posibles. En el plano simbólico, el regreso al viejo sistema monetario podría ser percibido como un primer paso hacia la desaceleración del proyecto de unidad europea, mientras que en el plano político podría constituir un peligroso detonador de la ventaja de las fuerzas de la derecha populista.

Junto a las dos formaciones más claramente a favor y en contra de la “democratización del euro”, hay un área, más bien amplia, que vacilaría al proporcionar una respuesta clara a la pregunta: “¿Qué hacer si mañana sucediera en otro país lo que sucedió en Grecia?” Si bien se ha convertido en una preocupación común que, en el futuro, otros partidos o coaliciones de gobierno puedan estar sujetos al chantaje sufrido por Syriza, por otro lado, sin embargo, también está bastante difundido el temor de que, eclipsando la salida de la eurozona, la izquierda anticapitalista no tendría en cuenta el consenso de amplios sectores de la población, alarmados por la inestabilidad económica y la pérdida de poder adquisitivo de salarios y pensiones que conllevaría la inflación. Un típico ejemplo de esta incertidumbre está representado por los cambios de parecer de los últimos años del Bloque de Izquierda en Portugal y del Partido Socialista en Holanda.

El llamamiento a “un plan B en Europa”, promovido en 2015 por Melenchon, ha dado un nuevo estímulo a la discusión. Calificando la interferencia de la UE en Grecia como un verdadero “golpe de Estado”, propuso una comisión internacional permanente para diseñar las formas en que una alternativa al sistema monetario basado en el euro podría estar disponible si fuera necesario.14 La propuesta del plan B también fue utilizada por La France Insoumise en la reciente campaña electoral. Si en los próximos meses otras fuerzas sociales, partidos políticos e intelectuales aceptan esta posibilidad, la demanda de abandonar el euro podría en el futuro convertirse en la bandera de algo más que la derecha nacionalista.

Por tanto, el conflicto desencadenado en Syriza podría reproducirse en otras partes. Demuestran lo anterior en este momento las fibrilaciones internas del Frente de Izquierda en Francia y en La Izquierda en Alemania. Para la izquierda radical europea, pues, podría concretarse el riesgo de una nueva etapa de divisiones. Tal condición revela los límites de la forma plural que las fuerzas antagonistas se han procurado en los últimos años, que consisten en una falta de definición programática. De hecho, la diversidad de posiciones y de culturas políticas existente en las varias organizaciones que han dado vida a estas nuevas coaliciones requeriría un difícil, pero no imposible, acuerdo puntual sobre las estrategias por implantar.

Ulteriores tensiones recorren la izquierda radical europea también respecto a la relación que debe tenerse con las fuerzas socialdemócratas. El problema, presente a escala municipal y regional, involucra la constante incertidumbre sobre la conveniencia de la participación de experiencias de gobierno en alianza con éstas. El riesgo concreto es desempeñar un papel subalterno, aceptando, como en el pasado, compromisos “desde abajo” que dilapidarían el consenso hasta ahora conquistado y que dejarían a las derechas populistas el monopolio de la oposición social.

La opción del gobierno debe por tanto ser tenida en cuenta sólo si hay condiciones para llevar a cabo un programa económico en clara discontinuidad con las políticas de austeridad impuestas durante la última década. Tomar decisiones diferentes significaría no haber atesorado las lecciones de los años pasados, cuando la participación de los partidos de la izquierda radical en los Ejecutivos moderados, de impronta socialista, comprometió su credibilidad en la clase trabajadora, los movimientos sociales y los estratos sociales más débiles.

De frente a una tasa de desempleo que, en muchos países, se muestra con niveles nunca alcanzados durante la segunda posguerra, se vuelve prioridad el lanzamiento de un gran plan para el trabajo, sustentado por inversiones públicas, que tenga como principio guía el desarrollo sostenible. Éste deberá estar acompañado por un claro cambio de tendencia respecto a la precarización de contratos, que ha distinguido a todas las últimas reformas del mercado laboral, y por la introducción de una ley que indique un mínimo salarial bajo el cual no se pueda descender. Estas medidas podrían restituir a las generaciones jóvenes la posibilidad de organizar su futuro.

Debería ser puesta en marcha, además, la reducción del horario de trabajo y de la edad de pensión. Mediante estas acciones se restablecerían algunos elementos de justicia social, necesarios para derrocar la impronta neoliberal que constantemente ha aumentado el reparto desigual de la riqueza producida.

Para hacer frente a la dramática emergencia ocupacional, los partidos de la izquierda radical deberán hacer aprobar, en todos los países donde aún no existan, medidas aptas para instaurar un rédito de ciudadanía y algunas primordiales formas de asistencia a los estratos menos favorecidos –desde el derecho a la vivienda hasta los subsidios de transporte o el derecho a la educación gratuita– para contrastar así la pobreza y la cada vez más difundida exclusión social.

Paralelamente, se vuelve imprescindible dar un vuelco a los procesos de privatización que han caracterizado la contrarrevolución de las últimas décadas, restituyendo a la propiedad pública y al control universal todos los bienes comunes que pasaron de ser servicios para la colectividad a medios de generación de ganancias para pocos. La propuesta de Corbyn respecto al retorno a la nacionalización del sistema ferroviario inglés y la necesidad de invertir, por doquier en Europa, significativos recursos en la escuela y en la universidad pública muestran la dirección justa.

Respecto a los recursos necesarios para financiar tales reformas, éstos podrían ser obtenidos de los ingresos que deriven de la introducción de una tasa sobre los capitales y de un impuesto sobre las actividades no productivas de las grandes empresas, así como sobre las transacciones y los réditos financieros. Es evidente que, para realizar este plan, se considera como primer acto necesario la promoción de un referendo derogatorio del fiscal compact para acabar así con los vínculos impuestos por la Troika.

A escala continental, una verdadera alternativa es concebible sólo si una amplia coalición de fuerzas políticas y sociales es capaz de imponer un diálogo europeo para la reestructuración de la deuda pública.

Este escenario podrá ser realidad únicamente si la izquierda radical desarrolla, con más determinación y continuidad, campañas políticas y movilizaciones transnacionales, comenzando por el repudio a la guerra y la xenofobia, cuestión todavía más decisiva tras los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París, y sosteniendo la extensión de todos los derechos sociales y civiles a los migrantes que llegan a territorio europeo.

Una política alternativa no da pie a atajos. No basta en realidad encomendarse a líderes carismáticos, pero tampoco la debilidad de los partidos de hoy justifica su destrucción por las instituciones del Estado.15 Es menester dar forma a nuevas organizaciones –pues la izquierda necesita de éstas tanto como las necesitó en la década de 1990–, que gocen de una presencia capilar en los puestos de trabajo, que propendan a la reunificación de las luchas, nunca tan fragmentadas como lo están hoy, y a unas clases trabajadoras y subalternas que, mediante sus estructuras territoriales, sean capaces de dar respuestas inmediatas, incluso antes de las mejoras generales introducidas por ley, a los dramáticos problemas causados por la pobreza y la exclusión social. Esto puede darse incluso reutilizando algunas formas de resistencia y solidaridad social aplicadas por el movimiento obrero en otros momentos históricos.

Se tendrán que redefinir además nuevas prioridades, en particular la puesta en práctica de una auténtica paridad de género y la minuciosa y concienzuda formación política de los militantes más jóvenes, teniendo como punto de referencia, en una época en la que la democracia es rehén de organismos tecnocráticos, la promoción de la participación desde abajo y la evolución del conflicto social.

Las iniciativas de la izquierda radical que en verdad pueden aspirar a cambiar el curso de los eventos tienen por delante una única vía: la de la reconstrucción de un nuevo bloque social capaz de dar vida a una oposición de masas a las políticas introducidas por el Tratado de Maastricht y, por consiguiente, de cambiar radicalmente las directrices económicas que hoy dominan en Europa.

Traducción: Felipe Uribe y Perla Valero

Notas
1. Para una lista de las fuerzas que componen el Partido de la Izquierda Europea véase http://www.european-left.org/about-el/member-parties
2. Por el contrario, no forman parte las formaciones de la Iniciativa de los Partidos Comunistas y de los Trabajadores, fundada en 2013, que comprende, a excepción del Partido Comunista de Grecia, su fuerza principal, 29 minúsculas formaciones ortodoxas y estalinistas.
3. El manifiesto Trabajo y Justicia Social-La Alternativa Electoral, de Oskar Lafontaine, fue constituido en 2005; y la fundación del Partido de Izquierda, guiado por Jean-Luc Mélenchon, anunciada en noviembre de 2008 (el congreso fundacional se celebró en febrero de 2009).
4. En las elecciones de junio de 2015, antes del inicio de la escalada de violencia y de atentados desencadenada por el presidente Recep Erdoğan, el resultado (13.1 por ciento) fue incluso más notorio.
5. Un mapa de las fuerzas de la izquierda radical europea obra en la publicación a cura de Birgit Daiber, Cornelia Hildebrandt, Anna Strienthorst, From revolution to coalition: radical left parties in Europe, Berlin: Rosa Luxemburg Foundation, 2012; y, más recientemente, en el número especial, a cura de Babak Amini, de la revista Socialism and Democracy, volumen 29, número 3, 2015, titulado The radical left in Europe.
6. El único otro ejemplo es el pequeño estado de Chipre, donde el Partido Progresista del Pueblo Trabajador formó un gobierno de coalición en 2009.
7. La mayoría de los datos en circulación sobre los resultados de las elecciones, incluidos los emitidos por la Unión Europea, se refieren a porcentajes del número de diputados elegidos, no del de votos emitidos. Una de las excepciones loables de esta práctica es Paolo Chiocchetti. Véase “La izquierda radical en las elecciones del Parlamento Europeo 2014: una primera evaluación” (en la publicación en línea editada por Cornelia Hildebrandt, Situación de la izquierda en Europa después de las elecciones de la UE: nuevos desafíos, Berlín: Rosa Luxemburg Stiftung, 2014), y The radical Left Party family en Europa Occidental, 1989-2015, Londres: Routledge, 2016.
8. A estos deben agregarse otros dos eurodiputados del Partido Comunista de Grecia, no pertenecientes al grupo EUL/NGL.
9. Se observa que los elegidos al Parlamento Europeo del GUE/NGL provienen sólo de la mitad de los 28 países que componen la Unión Europea.
10. El famoso eslogan de Margaret Thatcher “No hay alternativa” continúa materializándose, como un fantasma, incluso a la distancia de 30 años.
11. A propósito, véase el documento colectivo Preliminary report, a cura del Truth Committee on Public Debt, la comisión establecida el 4 de abril de 2015 por iniciativa del ex presidente del Parlamento griego Zoe Konstantopoulou: http://cadtm.org/IMG/pdf/Report.pdf El nuevo gobierno de Syriza decidió eliminar este importante reporte del sitio oficial del Parlamento griego.
12. En Portugal, tras la Revolución de los Claveles y la instauración de la república, los socialistas nunca habían negociado con fuerzas políticas a su izquierda.
13. Junto a los autores que empujan desde hace tiempo en esta dirección –entre las varias publicaciones disponibles, se recurre a Jacques Sapir, Faut-il sortir de l’Euro?, Paris: Le Seuil, 2012; y Heiner Flassbeck y Costas Lapavitsas, Against the Troika: crisis and austerity in the Eurozone, London: Verso, 2015–, hubo durante las últimas semanas varias intervenciones en la misma dirección. En una entrevista concedida al famoso semanario alemán Der Spiegel, intitulada “Krise in Griechenland: Lafontaine fordert Ende des Euro”, publicada el 11de julio de 2015, Lafontaine se adelantó declarando que “el euro ha caído”. En Italia, el prestigioso sociólogo Luciano Gallino, recientemente desaparecido, publicó en La Repubblica, con fecha 22 de septiembre de 2015, el artículo “Por qué Italia puede y debe salir del euro”. También en Portugal, e incluso antes de la crisis griega, el influyente Francisco Louçã, durante 12 dirigente principal del Bloque de Izquierda, después de haber publicado, junto con Joao Ferreira do Amaral, el volumen A Solução Novo Escudo, Alfragide: Lua de Papel, 2014, expresó posiciones siempre más críticas respecto a la situación presente, véase su artículo “Sair ou não sair do euro”, publicado el 27 de febrero de 2015 en el periódico Publico.
14. La primera reunión sobre el tema se celebró en París del 23 al 24 de enero de 2016, pero fue decepcionante tanto en términos de participación como en la calidad del debate.
15. Cuando se hizo con el poder, en enero de 2015, Syriza obtuvo casi 2 milones 250 mil, pero el número de sus inscritos rondaba sólo 36 mil. Tras asumir la responsabilidad de gobierno, las decisiones democráticamente tomadas por el partido griego fueron repetidamente reformadas o ignoradas.

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Redacción, El Financiero

Porque Carlitos Marx no se acabará nunca

Hay obras redondas. Estos papeles recuperados de antes de El capital confirman a un pensador ya maduro a pesar de su juventud. Vale mucho la pena el prólogo de Hobsbawn y la introducción de Musto.

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Maoísmo en los Andes: La historia de Abimael Guzmán, líder de Sendero Luminoso

La ciudad se sitúa en el centro de la Sierra peruana y ha estado marcada, durante muchos años, por la miseria extrema. Espacial y culturalmente alejada de Lima y de los centros más modernos del país, se halla inmersa en una tierra cuya producción, hasta hace pocas décadas, consistía en un sistema agrícola todavía organizado sobre bases semifeudales. Un tesoro que no dejado nunca de suscitar el interés de antropólogos y estudiosos de las tradiciones populares. Sin embargo, fue precisamente en este lugar remoto, hasta mediados de los años setenta sin carretera asfaltada que lo comunicara con la costa, sin una auténtica red eléctrica y sin televisión, donde se dieron cita los acontecimientos que cambiaron, irreversiblemente, la historia del Perú y que de nuevo pusieron en boca de todo el mundo a esta nación.
En 1962, un joven profesor universitario de veintiocho años llegó a Ayacucho para enseñar filosofía. Introvertido y esquivo, provenía de la espléndida ciudad de Arequipa, donde había estudiado filosofía en el instituto católico distinguiéndose por su disciplina y ascetismo. Poco después de su llegada, Abimael Guzmán aprendió quechua, la lengua más difundida entre las poblaciones indígenas de América Latina, e inició una intensa militancia política. Años después, llegaría a ser famoso en todo el mundo: el líder de Sendero Luminoso, la guerrilla maoísta que emprendió un sanguinario conflicto con el estado peruanoa partir de 1980, cobrandose casi 70.000 vidas durante veinte años.

En los años sesenta, con el estallido de la crisis chino-soviética, el mundo comunista se dividió en dos bloques. El Partido Comunista Peruano no fue ajeno a esta división y, cuando se formalizó la rupturaen 1964, Guzmán se adhirió a la facción filo-china, El PC Bandera Roja. En los años siguientes se sucedieron las escisiones, hasta que en 1970 dejó la organización y fundó el Partido Comunista de Perú – Sendero Luminoso (SL), grupo que se definió heredero de la Revolución Cultural: “el acontecimiento principal de la historia humana”, que había descubierto “como cambiar las almas”. A pesar de las proclamas, la organización surgió sin relación alguna con el campesinado. En todo el país tuvo sólo 51 partidarios y, durante mucho tiempo, su presencia política se limitó tan sólo a la universidad de Ayacucho, donde iban formándose los profesores y el nuevo personal técnico de toda la región interior y meridional de Perú.

En este período, Guzmán asistió a numerosos cursos sobre José Carlos Mariátegui, un agudo y apreciado marxista peruano (por muchos considerado el Gramsci latinoamericano), desaparecido en 1930 y transformado, a pesar de su alejamiento de toda ortodoxia y dogmatismo, en precursor del maoísmo y padre espiritual de SL. Basándose en esquemáticos manuales marxistas, Guzmán comenzó a difundir entre la juventud andina de la zona una visión del mundo extremadamente determinista. El objetivo perseguido fue el de crear un grupo monolítico, caracterizado por una relación opresiva entre partido político y sociedad, que no reconocía espacio alguno a la autonomía de las luchas. De hecho, SL se opuso sistemáticamente a las huelgas y ocupaciones de las tierras, manifestando en muchas ocasiones intolerancia hacia la cultura indígena.

Con todo, en América Latina, fue precisamente este partido, exiguo pero regido por una férrea disciplina, fuertemente centralizado (su principal órgano directivo estaba compuesto por Guzmán, su mujer y su futura compañera) y protegido por el secreto absoluto de sus militantes, el que más cerca estuvo de la conquista del poder político mediante las armas, empresa lograda sólo por Fidel Castro en Cuba y por los sandinistas en Nicaragua.

La Guerra Popular
Entre 1968 y 1980, Perú, como el resto de países latinoamericanos, conoció su periodo de dictadura militar. A finales de los años setenta, Guzmán dejó la universidad para pasar a la clandestinidad y, habiendo extraído de la lectura de Mao Tse-Tung la convicción de que la guerra fuese una etapa indispensable también para la realidad peruana, promovió la creación del Ejército Guerrillero Popular (EGP) como estructura paralela a SL. En los enunciados de Guzmán, la violencia se transmutó en categoría científica y la muerte, por consiguiente, en el precio que la humanidad debería pagar para alcanzar el socialismo: “el triunfo de la revolución costará un millón de muertos”.

El conflicto nació en un clima surreal. En mayo de 1980, durante el transcurso de las primeras elecciones políticas desde 1980, en la plaza central de Chuschi, pueblo poco distante de Ayacucho, los militantes de SL quemaron todas las papeletas electorales. El episodio fue totalmente ignorado, del mismo modo que lo fue el macabro episodio al que debieron asistir los habitantes de Lima pocos meses después cuando, al despertar, encontraron decenas de perros muertos, colgados de algunos semáforos y postes de la luz de las calles, con los carteles, para la mayoría incomprensibles, “Deng Xiaoping hijo de perra”.

En los primeros dos años y medio de guerra, el estado subestimó totalmente la determinación de SL. A mediados de los setenta, al menos 74 organizaciones marxistas-leninistas diferentes operaban en Perú y cuando el gobierno de Fernando Belaúnde decidió intervenir lo hizo sin conocimiento alguno de la estrategia política y militar de la formación que combatía, erróneamente considerada similar a otras guerrillas latinoamericanas (por ejemplo las de matriz guevarista) de las que, sin embargo, estaba totalmente alejada. A pesar del todavía escaso número de sus militantes, que entretanto había ascendido a 520, y el carácter rudimentario de su arsenal, la mayor parte viejos fusiles, la guerra popular de SL avanzó notablemente en este período. Belaunde decidió entonces utilizar las fuerzas armadas y Ayacucho se convirtió en el área de un comando político-militar de la entera región.

Esta segunda fase del conflicto se distinguió por la violenta represión contra las poblaciones locales. El racismo de los soldados llegados de la ciudad, que identificaban en cada campesino un peligro potencial y, por tanto, un objetivo a eliminar, contribuyó a incrementar el número de muertos. Laslibertades políticas fueron suprimidas, y las autoridades civiles sustituidas por exponentes del ejército que dirigían, arbitrariamente y con abusos, los Comités de Defensa Civiles, a medio camino entre campamentos militares y centros de tortura. Frente a esta estrategia, SL respondió intentando crear áreas de “contrapoder”: los Comités Populares. Es decir, “zonas liberadas”, rígidamente gobernadas por comisarios nombrados por el partido, que servían de base de apoyo a la guerrilla. Además, en el trienio siguiente, Guzmán decidió extender el conflicto a escala nacional, partiendo de la capital. Por consiguiente, a finales de la década (en 1984 había surgido también la guerrilla Movimiento Revolucionario Tupac Amaru), el 50% del territorio estaba bajo control militar.

En esta fase, el proceder de Guzmán degeneró en el más extremo de los maniqueísmos, en virtud del cual, identificados como enemigos absolutos cuantos no pertenecían al partido, toda realidad política no controlada por SL se convirtió en objetivo militar, incluidos representantes de campesinos, sindicalistas y líderes de organizaciones femeninas. La estrategia seguida consistió en el aniquilamiento selectivo, con el objetivo de crear vacíos de poder para después ocuparlos por dirigentes y militantes de la organización. En efecto, autoridades locales (incluidas las fuerzas del orden) y dirigentes sociales representaron, tras los campesinos que se oponían a sus directrices, el segundo blanco di SL. En total, más 1500 muertos, el 23% de los cuales fueron asesinados deliberadamente por sus militantes, es decir, no en atentados de gran escala.

La Cuarta Espada Del Marxismo
Si en Moscú Gorbachov daba curso a la Perestrojka y en Pekin Deng Xiaoping dirigía China hacia el capitalismo, en Lima, Guzmán decidió incrementar el número de ataques. Golpeado en su fortaleza rural, su ascendente creció, por el contrario, en la capital (un “monstruo” de siete millones de habitantes con más de 100.000 refugiados provenientes de las zonas en conflicto). Ello fue posible por el espíritu de revuelta que permeaba las clases populares golpeadas por los desastres sociales fruto del estallido de una grave crisis económica (en 1989 la hiperinflación llegó al 2.775%) y por las políticas neoliberales impuestas por los tecnócratas próximos a Alberto Fujimori, el dictador que llegó el poder con las elecciones de 1990 y autor, en 1992, de un autogolpe que condujo al cierre del parlamento y a la supresión de todas las libertades democráticas.

Entre tanto, alrededor de Guzmán sobrevolaban el terror o la reverencia. Si el primer sentimiento se generaba, en quienes habían tomado partido contra SL, por el miedo de represalias mortales, el segundo aumentó entre los miembros de esta organización después del primer congreso del partido, celebrado en 1988. El culto a su personalidad llegó a niveles psicopáticos. Desaparecida cualquier referencia al socialismo de Mariáetegui, Guzmán, que había adoptado el nombre de Presidente Gonzalo, “jefe del partido y de la revolución”, se transformó en una figura semi-divina por la cual todos los militantes (SL llegó a tener 3000 partidarios, mientras que el EGP a 5000) se comprometían, incluso por escrito, a sacrificar la vida. En los materiales de propaganda difundidos en la época, se comenzó a hablar de él como de la “cuarta espada (después de Marx, Lenin y Mao) del marxismo”, del “más grande marxista vivo en la tierra” o de la “encarnación del pensamiento más elevado en la historia de la humanidad”.

En realidad durante gran parte del conflicto, Guzmán nunca dejó Lima y se mantuvo alejado de los riesgos y privaciones de la guerra. Poco después de su captura, en Septiembre de 1992, propuso el acuerdo de paz que había siempre rechazado categóricamente con anterioridad y, a cambio de privilegios penales, llegó hasta a elogiar el régimen de Fujimori. Siguieron otros ocho años de guerrilla de baja intensidad entre el estado peruano, profundamente corrupto y autoritario, y el sector del SL (Proseguir) que no había aceptado el giro del “Presidente Gonzalo”, el líder que será recordado por haber dado vida a la experiencia política más abominable, en América Latina, en nombre del socialismo.

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Rusia, India, Mexico, Argelia: Marx sobre las periferias del capitalismo (Talk)

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Immanuel Wallerstein: Encuentro extremadamente útil a Marx

Volver a Marx no solo es indispensable para comprender la lógica y la dinámica del capitalismo. Su obra es también una herramienta muy útil que proporciona un examen riguroso que aborda por qué fracasaron los experimentos socioeconómicos previos para reemplazar el capitalismo por otro modo de producción.

Una explicación de estos fracasos es fundamental para nuestra búsqueda contemporánea de alternativas.

Immanuel Wallerstein (www.iwallerstein.com), actualmente investigador sénior en la Universidad de Yale, New Haven, Estados Unidos, es uno de los sociólogos vivos más importantes y uno de los académicos más idóneos con quien hablar sobre la relevancia actual de Marx. Veterano lector del pensador alemán, su obra se vio influenciada por las teorías del revolucionario nacido en Tréveris el 5 de mayo de 1818. Wallerstein escribió más de 30 libros, que han sido traducidos a varios idiomas, incluido su afamado The Modern World-System (El moderno sistema-mundo) publicado en cuatro volúmenes entre 1974 y 2011.

— Profesor, 30 años después del fin del llamado “socialismo realmente existente”, continúa habiendo publicaciones, debates y conferencias sobre la vigencia y capacidad explicativa del presente de Karl Marx. ¿Es sorprendente? ¿O cree que las ideas de Marx continúan teniendo relevancia para aquellos que buscan una alternativa al capitalismo?

— Hay una vieja historia acerca de Marx: se le arroja por la puerta principal y vuelve a colarse por la ventana trasera. Eso es lo que ha sucedido una vez más. Marx es relevante porque tenemos que lidiar con cuestiones sobre las que todavía tiene mucho que decir y porque lo que dijo es diferente de lo que la mayoría de otros autores han argumentado sobre el capitalismo. Muchos columnistas y académicos, no solo yo, encuentran a Marx extremadamente útil y hoy atraviesa por una nueva fase de popularidad, a pesar de lo que se predijo en 1989.

— La caída del Muro de Berlín liberó a Marx de las cadenas de una ideología que tenía poco que ver con su concepción de la sociedad. El panorama político tras la implosión de la Unión Soviética ayudó a liberar a Marx del papel de mascarón de proa de un aparato de Estado. ¿Qué tiene la interpretación del mundo de Marx que continúa atrayendo la atención?

— Creo que cuando las personas piensan en la interpretación del mundo de Marx resumida en un concepto, piensan en la “lucha de clases”. Cuando leo a Marx a la luz de los problemas actuales, la lucha de clases significa para mí la lucha necesaria de lo que llamo la Izquierda Global, que creo busca representar al 80% de la población mundial en términos de ingresos, contra la Derecha Global, que representa tal vez al 1% de la población. La lucha es por el otro 19% por conseguir su apoyo y evitar que apoye a la otra parte.

Vivimos en una era de crisis estructural del sistema mundial. El sistema capitalista existente no puede sobrevivir, pero nadie puede saber con certeza qué lo reemplazará. Estoy convencido de que hay dos posibilidades: una es lo que llamo el “Espíritu de Davos”. El objetivo del Foro Económico Mundial de Davos es establecer un sistema que mantenga las peores características del capitalismo: la jerarquía social, la explotación y, por encima de todo, la polarización de la riqueza. La alternativa es un sistema que debe ser más democrático y más igualitario. La lucha de clases es el intento fundamental de condicionar qué reemplazará al capitalismo en el futuro.

— ¿Podría indicar las tres ideas más reconocidas de Marx que hoy vale la pena reconsiderar?

— Ante todo, Marx nos explicó mejor que nadie que el capitalismo no es la forma natural de organizar la sociedad. En La miseria de la filosofía, publicada cuando tenía solo 29 años, ya se burlaba de los economistas políticos burgueses que sostenían que las relaciones capitalistas “son leyes naturales, independientes de la influencia del tiempo”. Marx escribió que para ellos “ha habido historia, ya que en las instituciones del feudalismo encontramos unas relaciones de producción bastante diferentes de las de la sociedad burguesa”, pero que no aplicaron la historia al modo de producción que defendían; sino que representaron el capitalismo como algo “natural y eterno”. En mi libro El capitalismo histórico traté de defender que el capitalismo es lo que ha ocurrido históricamente, a diferencia de una idea vaga y poco clara defendida por algunos economistas políticos convencionales. Argumenté varias veces que no hay otro capitalismo que el capitalismo histórico. Para mí es tan simple como eso y le debemos mucho a Marx. En segundo lugar, quiero enfatizar la importancia del concepto de “acumulación primitiva”, es decir, la desposesión del campesinado de su tierra que está en los orígenes del capitalismo. Marx entendió muy bien que este era un proceso clave para establecer la dominación de la burguesía. Tuvo lugar al comienzo del capitalismo y sigue teniendo lugar en la actualidad. Finalmente, invitaría a una mayor reflexión sobre el tema “la propiedad privada y el comunismo”. En el sistema establecido en la Unión Soviética, en particular bajo Stalin, el Estado poseía la propiedad, pero eso no significaba que la gente no fuera explotada u oprimida. Lo era. Hablar de ‘socialismo en un solo país’, como hizo Stalin, nunca se le ocurrió a nadie antes, incluido a Marx. La propiedad pública de los medios de producción es una posibilidad. También pueden ser de propiedad cooperativa. Pero tenemos que saber quién produce y quién recibe la plusvalía si queremos establecer una sociedad mejor. Eso tiene que ser completamente reorganizado, en comparación con el capitalismo. Para mi, es la pregunta clave.

— Este 2018 celebramos el bicentenario del nacimiento de Marx. ¿Hay algún periodo de su vida que le parezca más interesante?

— Marx tuvo una vida muy difícil. Sufrió personalmente la pobreza de verdad y tuvo la suerte de tener un camarada como Friedrich Engels, que lo ayudó a sobrevivir. Marx tampoco tuvo una vida emocional fácil y su tenacidad a la hora de llevar a cabo lo que él pensaba que era el trabajo de su vida —comprender cómo funciona el capitalismo— es admirable. Eso es lo que creía que tenía que hacer. Marx no quiso explicar la antigüedad ni definir cómo sería el socialismo en el futuro. Esas no fueron las tareas que se impuso. Quiso entender el mundo capitalista en el que vivía.

— Durante toda su vida, Marx no fue simplemente un erudito aislado entre los libros del Museo Británico de Londres, sino que siempre fue un militante revolucionario involucrado en las luchas de su época.

— Es verdad. Es esencial recordar la militancia de Marx. Como (usted) ha subrayado recientemente en el libro Workers Unite! (editado por Marcello Musto) jugó un papel extraordinario en la International, una organización de personas que estaban físicamente distantes entre sí, en un momento en que no existían mecanismos de comunicación fáciles. La actividad política de Marx también incluyó el periodismo. Lo ejerció durante gran parte de su vida, como una forma de llegar a un público más amplio. Trabajó como periodista para obtener ingresos, pero vio sus contribuciones como una actividad política. En ningún caso quiso ser neutral. Siempre fue un periodista comprometido.

— En 2017, con motivo del centenario de la Revolución Rusa, académicos han vuelto a comparar a Marx con algunos de sus pretendidos seguidores que estuvieron en el poder en el siglo XX. ¿Cuál es la principal diferencia entre Marx y ellos?

— Los escritos de Marx son esclarecedores y mucho más sutiles y variados que algunas de las interpretaciones simplistas de sus ideas. Siempre es bueno recordar su famosa boutade: “Si esto es marxismo, yo no soy marxista”. Marx siempre estuvo dispuesto a lidiar con la realidad del mundo, no como muchos otros que dogmáticamente impusieron sus puntos de vista. Marx cambió de parecer a menudo. Estaba constantemente a la búsqueda de soluciones para los problemas a los que el mundo se estaba enfrentando. Por eso sigue siendo un guía tan útil y de tanta ayuda.

— ¿Qué le gustaría decir a la generación más joven que aún no se ha encontrado con Marx?

— Lo primero que tengo que decirles a los jóvenes es que tienen que leerlo. Que no lean sobre él, sino que lean directamente a Marx. Pocas personas, a pesar de las muchas que hablan de él, han leído de verdad a Marx. Lo mismo ocurre con Adam Smith. En general, solo se lee sobre estos clásicos. La gente aprende sobre ellos a través de resúmenes de otros autores. Quieren ahorrar tiempo pero, de hecho, ¡es una pérdida de tiempo! Uno debe leer a personas interesantes y Marx es el erudito más interesante de los siglos XIX y XX. No hay dudas al respecto. Nadie es comparable en términos de la cantidad de cosas que escribió, ni por la calidad de sus análisis. Por lo tanto, mi mensaje a la nueva generación es que vale mucho la pena descubrir a Marx, pero hay que leerle, leerle y leerle. ¡Leer a Karl Marx!

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Marx y su bicentenario (Talk)

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Happy Birthday, Marx

Es realmente difícil vencer la tentación de citar la primera frase del Manifiesto del Partido Comunista para referirse a un extraño acontecimiento, cuyo epicentro se encuentra en una pequeña ciudad alemana, y que le da nuevamente visibilidad a una figura que, nos guste o no, goza de una envidiable actualidad.

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Marx, un joven de 200 años, por Marcello Musto (Talk)