Categories
Journal Articles

Marx kései kutatásai az Európán kívüli társadalmakról

Bevezetés
Marx utolsó és nagyrészt még feltáratlan stúdiumai eloszlatják a mítoszt, miszerint utolsó éveiben Marx már nem írt semmi érdemlegeset. Marx munkásságának utolsó időszaka számára bizonyára nehéz volt, de egyszersmind elméletileg nagyon is jelentős. Az 1870-es évek végén Marx nemcsak folytatta korábbi kutatásait, hanem új területekre is kiterjesztette. Ezenfelül megvizsgált új politikai konfliktusokat (például a narodnyik mozgalom harcait Oroszországban a jobbágyság eltörlése után, vagy a gyarmati elnyomással szembeni ellenállást Indiában, Egyiptomban és Algériában), új elméleti kérdéseket (mint a közösségi földtulajdoné a prekapitalista társadalmakban, vagy a szocialista forradalom lehetősége a nem-kapitalista úton fejlődött országokban) és korábban általa nem tanulmányozott területeket (mint Oroszország, Észak-Afrika vagy India). Ehhez a korszakhoz tartoznak nemcsak A tőkéről szóló utolsó és befejezetlen kéziratai, hanem több tanulmány is a falusi közösségi földtulajdonról – különösen a Makszim Kovalevszkij munkásságáról írott kivonatok (1879–80) és az oroszországi obscsina jól ismert elemzése. Ezenkívül Marx megírta az Etnográfiai jegyzetfüzeteket (1880–1881),1 és még egyszer, életében utoljára, mélyen elmerült a történelemben, különösen India és Euró- pa történelmében. Mindezeknek a kérdéseknek a vizsgálata képessé tette őt arra, hogy árnyaltabb társadalomtudományi elképzeléseket dolgozzon ki, amelyeket befolyásoltak a Nyugat-Európán kívüli országok sajátságai.

A jelen tanulmány megkérdőjelezi Marxnak azt a régre visszanyúló, torzító bemutatását, mintha „eurocentrikus” és ökonomista gondolkodó lett volna, aki kizárólag az osztálykonfliktusokra fixálta a maga gondolkodását. Meg szeretném nyitni az olvasók előtt az utat, hogy vizsgálják meg újra Marx eszméit az antropológiáról, a nem nyugati társadalmakról és az európai gyarmatosítás bírálatáról tett kései megjegyzései fényében, s meg kívánom mutatni: hogyan kerülte el Marx a gazdasági determinizmusnak azt a csapdáját, amelybe oly sok követője később beleesett. Ahelyett, hogy merev módon alkalmazta volna a történelemre a gazdasági determinizmus sémáit, Marx rávilá- gított, milyen hatása van a társadalmi valóság alakítására, a változások elérésére a specifikus történelmi feltételeknek, és milyen központi szerepe van ebben a tudatos emberi beavatkozásnak is.

Marx, bár teljesen lekötötték intenzív elméleti tanulmányai, soha nem veszítette el érdeklődését korának gazdasági és nemzetközi politikai eseményei iránt sem. Amellett, hogy rendszeresen olvasta a fő „polgári” újságokat, megkapta és rendszeresen átnézte a német és francia munkásmozgalmi sajtót is. Miként egész életében, továbbra is kíváncsi volt a világra, és első osztályú tudással rendelkezett arról: mi történik a világban. A különböző országokban élő vezető politi- kai és szellemi figurákkal való levelezése gyakran új stimulusokat és mélyebb tudást adott neki egy sor különböző kérdésről.

Categories
Journal Articles

Marx y el papel del capitalismo en los países no europeos

LOS EFECTOS DEL COLONIALISMO INGLÉS EN LA INDIA
En las últimas décadas, en las universidades se ha difundido cada vez más una interpretación que se propone representar a Marx como un autor culpable de orientalismo, de economicismo y sin la capacidad de descifrar las contradicciones sociales sino es a través del único análisis del conflicto entre capital y trabajo. Muchos de ellos, teóricos de la escuela postmoderna, críticos del eurocentrismo y exponentes de los estudios post-coloniales, han sostenido estas tesis alcanzando un eco y éxito considerable. En verdad, una lectura no superficial de la obra de Marx – y la necesaria distinción entre ésta y el corpus dogmático de los manuales de marxismo-leninismo sobre los cuales algunas de estas tesis parecen sostenerse – muestran el perfil de un pensador completamente distinto de las representaciones tan en boga en la academia.

Algunas advertencias para leer a Marx con mayor atención han llegado también desde el fundador de la revista Subaltern Studies. En Dominance without Hegemony: History and power in colonial India, Ranajit Guha ha expresado su cuestionamiento a una posición que, paradójicamente, también fuera asumida por muchos de sus epígonos: “Algunos de los escritos de Marx – por ejemplo ciertos pasajes de sus tan conocidos escritos sobre la India- han sido seguramente leídos sin contextualización y de un modo distorsionado, al punto de reducir su valoración acerca de las posibilidades históricas del capital en adulaciones de un maníaco de la tecnología” (1997: 15). A su juicio, la de Marx era “una crítica que se distinguía inequívocamente del liberalismo”, aún más válida si se piensa que esta fue elaborada en la “fase ascendente y optimista” de este último, en la que “el capital crecía con fuerza y parecía que no hubiesen límites para su expansión y capacidad de transformar la naturaleza y la sociedad” (1997: 15-16). En síntesis, lo afirmado por Partha Chatterje en The politics of the governed: popular politics in most of the world – a saber, que gran parte de los “marxistas han creído, en general, que el influjo del capital sobre la comunidad tradicional fuese el símbolo inevitable del progreso histórico” (2004: 30)- es indiscutible. Sin embargo, sería erróneo extender esta posición a Marx y a su interpretación de la sociedad.

La convicción de que la expansión del modo de producción capitalista fuese un presupuesto fundamental para el nacimiento de la sociedad comunista atraviesa la obra entera de Marx. En el Manifiesto del partido comunista (1848), Marx y Engels reconocieron más de un mérito a la sociedad burguesa. Esta no solo había “destruido todas las condiciones de la vida feudal, patriarcales, idílicas” sino que también “ en lugar de la explotación velada por ilusiones religiosas y políticas, ha establecido una explotación abierta, descarada, directa y brutal”. Ellos no tuvieron dudas en declarar que “la burguesía ha desempeñado en la historia un papel altamente revolucionario” (1974: 113). Explotando los descubrimientos geográficos y el nacimiento del mercado mundial, “ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países”(1974:114).

En “Futuros resultados de la dominación británica en la India” (1853), uno de los tantos artículos periodísticos aparecidos en el New York Tribune, él escribió que “Inglaterra debe asumir una doble misión en la India, una destructiva, otra regeneradora: aniquilar la vieja sociedad asiática y poner los fundamentos materiales de la sociedad occidental en Asia” (1973a: 78). El no albergaba ninguna ilusión en las características de fondo del capitalismo, sabiendo bien que la burguesía no había “realizado algún progreso sin arrastrar a individuos aislados y a pueblos enteros por la sangre y el lodo, la miseria y la degradación” (1973a: 82). No obstante, asimismo estaba convencido que el intercambio global y el desarrollo de las fuerzas productivas de los seres humanos, mediante la transformación de la producción en un “dominio científico sobre las fuerzas de la naturaleza”, crearían las bases para una sociedad distinta: “la industria y el comercio burgueses van creando esas condiciones materiales de un nuevo mundo” (1973a: 83).

Estas afirmaciones le valieron a Marx la acusación de Edward Said quien, en Orientalismo, no solo declaró que “los análisis económicos de Marx encajan perfectamente en una típica empresa orientalista”, sino que insinuó que éstos dependían del viejo prejuicio de la “desigualdad entre Este y Oeste” (2002: 213-4). El primero en poner en evidencia los errores de esta interpretación, demasiado circunscripta y facciosa, fue Sadiq Jalal al-Azm quien, en el artículo “Orientalism and Orientalism in reverse”, consideró “el informe de [de Said] de las observaciones y de los análisis de Marx, sobre procesos históricos y situaciones altamente complejas, como una farsa”. En su visión, “no había nada de específico, ni respecto de Asia ni del Oriente, en la amplia interpretación teórica de Marx”. Respecto de “la capacidad productiva, la organización social, el ascendente histórico, el poder militar y los desarrollos científicos y tecnológicos (…) Marx, como cualquier otro, conocía la superioridad de Europa moderna sobre Oriente. Sin embargo, acusarlo de (…) transformar este hecho contingente en una realidad necesaria para todos los tiempos era un absurdo” (al-Azm 1980: 14-15).

También Aijaz Ahmad en In Theory: Classes, Nations, Literatures, ha mostrado bien como “Said había descontextualizado citas, con poco sentido de lo que el pasaje citado representaba”en la obra de Marx, “simplemente para insertarlo en su archivo orientalista” (1992: 231, 223). El autor indio ha observado correctamente que “la denuncia de Marx de la sociedad pre-colonial en la India no era menos estridente que su denuncia del pasado feudal de Europa” (1992: 224). A su juicio, “para Marx la idea de un cierto papel progresivo del colonialismo estaba ligado de un papel progresivo del capital en relación a lo que existiera previamente, tanto dentro de Europa como fuera de esta”; “la destrucción del campesinado europeo en el curso de la acumulación original es descripta en tonos análogos” a los de las mutaciones que acaecieron en la India (1992: 227).

En cualquier caso, los artículos de Marx sobre la India de 1853 ofrecen una visión todavía muy parcial y simplificadora del colonialismo si las comparamos con las reflexiones que, posteriormente, elaboró sobre el tema. Las consideraciones sobre la presencia británica en la India fueron enmendadas algunos años después, cuando, escribiendo sobre la rebelión de los Sepoy de 1857 para el mismo cotidiano americano, en el artículo “Investigaciones sobre la tortura en la India”, Marx se alineó, con decisión, de parte de quienes intentaron “expulsar a los conquistadores extranjeros” (1973b: 140). Tomas de partidos análogas fueron muy frecuentes, sea en sus obras como en sus intervenciones políticas.

UNICAMENTE EN EUROPA OCCIDENTAL
Una de las exposiciones más analíticas acerca de los efectos positivos del proceso productivo capitalista se encuentra en el libro primero de El Capital (1867). A pesar de que era mucho más consciente, respecto el pasado, del carácter destructivo del capitalismo, en su obra magna Marx retomó las condiciones generales del capital – en particular de su “centralización”- que constituyen los presupuestos fundamentales para el posible nacimiento de la sociedad comunista. Estas eran: 1) cooperación laboral, 2) la contribución científico técnica en la producción, 3) la apropiación de las fuerzas de la naturaleza por la producción, 4) la creación de grandes máquinas operables tan solo en común por los obreros, 5) el ahorro de los medios de producción, 6) la tendencia a crear el mercado mundial.

Para Marx, el capitalismo había creado las condiciones para la superación de las relaciones económico-sociales originadas por sí mismo y, por lo tanto, el posible traspaso a la sociedad socialista. Así como en sus consideraciones sobre el perfil económico de las sociedades no europeas, el punto central de sus reflexiones consistía en el desarrollo del capitalismo desde el punto de vista de su derrocamiento. Marx reconoció que este modo de producción, no obstante lo despiadado de la explotación de los seres humanos, presentaba algunos elementos potencialmente progresivos, que permiten, mucho más que otras sociedades del pasado, la valoración de las potencialidades de los individuos singulares. Profundamente contrario al precepto productivista del capitalismo, así como al primado del valor de cambio y al imperativo de la producción de plusvalor, Marx valorizó la cuestión del aumento de la capacidad productiva en relación con el incremento de las facultades individuales. Como escribiera también en los Grundrisse, consideró al capitalismo como “un punto de pasaje necesario” (1971: 479) para que se pudiese desplegar las condiciones que permitieran al proletariado luchar, con esperanzas de triunfo, por la instauración de un modo de producción socialista.

Si Marx consideró que el capitalismo fuese una transición esencial que determina las condiciones históricas dentro de las que el movimiento obrero pudiesen luchar para una transformación comunista de la sociedad, en contraste, no pensó nunca que esta idea sea aplicada de un modo rígido y dogmático. Al contrario, él negó muchas veces -sea en textos publicados como en manuscritos inéditos- haber concebido una interpretación unidireccional de la historia en base a la cual los seres humanos a cumplir de cualquier modo el mismo camino y, por añadidura, a través de las mismas etapas.

En el curso de los últimos años de su vida Marx rebatió la tesis, atribuida erróneamente a él, de la inexorabilidad histórica del modo de producción burgués. Su total extrañeza respecto esta posición se expresó en ocasión del debate sobre el posible desarrollo del capitalismo en Rusia. Al escritor y sociólogo Nikolaj Michajlovskij, que lo había acusado de haber considerado el capitalismo como una etapa imprescindible también para la emancipación de Rusia, Marx replicó que en el primer libro de El Capital él había “pretendido solamente indicar la vía por la cual, en Europa occidental, el orden económico capitalista había surgido del seno del orden económico feudal”. Marx remitió a la lectura de un pasaje de la edición francesa (1872-75) de El Capital, en la que había sostenido que la base del recorrido entero de la separación de los productores de sus medios de producción había sido la “expropiación de los cultivadores”. Había añadido que este proceso se había “completado de un modo radical solo en Inglaterra (…) (y que) todos los otros países de Europa occidental recorrían el mismo movimiento” (1990: 173). Por lo tanto, había examinado tan solo el “viejo continente”, no el mundo entero.

En este horizonte espacial se encuadra la afirmación presente en el prefacio del primer libro de El Capital: “el país industrialmente más desarrollado no hace sino mostrar al menos desarrollado la imagen de su propio futuro”. Marx escribió para el lector alemán, observando que a los habitantes de esta nación “nos atormenta, al igual que en los restantes países occidentales del continente europeo, no sólo el desarrollo de la producción capitalista, sino la falta de ese desarrollo”. A su juicio, al lado de las “miserias modernas” sobrevivía la opresión de “toda una serie de miserias heredadas, resultantes de que siguen vegetando modos de producción vetustos, meras supervivencias, con su cohorte de relaciones sociales y políticas anacrónicas” (1975: 7).

En Provincializing Europe: Postcolonial thought and historical difference, Dipesh Chakrabarty, en cambio, ha interpretado erróneamente este pasaje como un típico ejemplo de historicismo que sigue el principio “primero en Europa y luego en otro lugar”. Las “ambigüedades en la prosa de Marx” son presentadas como un prototipo de quienes consideran “la historia como una sala de espera, un período que es necesario para la transición al capitalismo en cualquier tiempo y lugar particular. Este es el período al cual (…) es frecuentemente consignado el tercer mundo” (2000: 65). En cualquier caso, en el ensayo “The fetish of “the West” in postcolonial theory”, Neil Lazarus ha observado con justicia que “no todas las narrativas históricas son teleológicas o historicistas” (2002: 63). En cuanto a Rusia, Marx compartió la opinión de Chernyshevski, según la cual aquel país habría podido “desarrollar sus propios fundamentos históricos y así, sin experimentar todas las torturas de ese régimen [capitalista], apropiarse, sin embargo, de todos sus frutos” (1990: 172). Marx afirmó que Michajlovskij había transfigurado su “esbozo histórico de la génesis del capitalismo en Europa occidental, en una teoría histórico-filosófica sobre la evolución general, fatalmente impuesta a todos los pueblos, cualesquiera sean las circunstancias históricas en las que ellos mismos se encuentren”. Marx hizo notar que la correcta interpretación de los fenómenos históricos no podía garantizarse por “una teoría histórico-filosófica general, cuya suprema virtud consiste en ser supra-histórica” (1990: 174).

EL DEBATE SOBRE EL COMUNISMO EN RUSIA
Marx expresó las mismas convicciones en 1881, cuando la revolucionaria Vera Zasúlich lo interpeló sobre el futuro de la comuna [obscina] agrícola. Zasúlich le preguntó si esta última podría desarrollarse en forma socialista, o si estaba destinada a perecer, porque el capitalismo necesariamente se impondría en Rusia también. En su respuesta, Marx afirmó que en el primer libro de El Capital la “’fatalidad histórica’” del desarrollo del capitalismo -que introducía la “separación radical de los medios de producción del productor”- estaba “expresamente restringida a los países de la Europa occidental” (1980: 60).

Reflexiones aún más detalladas sobre el tema se encuentran en los borradores de la carta enviada a Zasúlich. En estos Marx puso de relieve la característica particular que albergaba la coexistencia entre la obscina y las formas económicas más avanzadas. Observó que Rusia era “contemporánea de una cultura superior, está ligada a un mercado del mundo donde predomina la producción capitalista… Al apropiarse los resultados positivos de este modo de producción está entonces en condiciones de desarrollar y transformar la forma todavía arcaica de su comuna rural en lugar de destruirla” (1980: 48-49). Los campesinos habrían podido “incorporar las adquisiciones positivas logradas por el sistema capitalista, sin pasar por sus horcas caudinas” (1980: 41).

Para quienes consideraban que el capitalismo debía ser una etapa irrenunciable también para Rusia, que sostenían que era imposible que la historia avance de a saltos, Marx preguntó de manera irónica si entonces Rusia, “para explotar las máquinas, los navíos de vapor, los ferrocarriles, etc.” debía “hacer como el Occidente”, esto es, “pasar por un largo período de incubación de la industria mecánica”. A su vez, planteó el problema de cómo habría sido posible “introducir en su país, en un abrir y cerrar de ojos, todo el mecanismo de los intercambios (bancos, sociedades de crédito, etc.) cuya elaboración costó siglos a Occidente” (1980: 32). Era evidente que la historia de Rusia, o cualquier otro país, no debía recorrer por fuerza todas las etapas que habían marcado la historia de Inglaterra u otras naciones europeas. Por tanto, también la transformación socialista de la obscina debería haberse cumplido sin pasar necesariamente por el capitalismo.

En la elaboración de sus reflexiones Marx estuvo muy influenciado por la obra de Nikolai Chernyshevski, en particular el ensayo Crítica de los prejuicios filosóficos contra la propiedad comunal (1859) . Aquí el autor ruso se había preguntado “si, dado un fenómeno social, éste debe pasar por todos los momentos lógicos de la vida real de toda sociedad” (1990: 239). Su respuesta había sido negativa. Chernyshevski había formulado dos conclusiones que contribuyeron a la definición de las reivindicaciones políticas de los populistas rusos y dotaron a éste de un fundamento científico:

  1. el estado superior de desarrollo coincide en la forma con su fuente.
  2. bajo la influencia del desarrollo superior que determinado fenómeno de la vida social ha alcanzado entre los pueblos más avanzados, este fenómeno puede desarrollarse velozmente entre otros pueblos y elevarse de un nivel inferior directamente a uno superior, pasando por encima de los momentos lógicos intermedios (1990: 239-40).

Cabe aclarar que las teorías de Chernyshevski se diferenciaban claramente de las de muchos pensadores eslavófilos de su momento. Con éstos, compartía ciertamente la denuncia de los efectos del capitalismo y la oposición a la proletarización del trabajo en el campo ruso. No obstante, él se oponía decididamente a las posiciones de la intelectualidad aristocrática que buscaba la conservación de las estructuras del pasado y nunca describió a la obscina como una organización idílica y típica solo de las poblaciones eslavas. Declaró, en cambio, que “tampoco tiene ningún motivo nuestro orgullo por el hecho de que este resto de la antigüedad primitiva se haya conservado” Para Chernyshevski su conservación en los países donde aún permanecían presentes “sólo testimonia la naturaleza lenta y perezosa del desarrollo histórico” (1990: 233-4).

Chernyshevski estaba fuertemente convencido que el desarrollo de Rusia no podía prescindir de las conquistas alcanzadas en Europa occidental. Las características positivas de las comunas rurales se preservaban, pero estas solo podrían asegurar el bienestar de las masas campesinas si fuesen insertas en contexto productivo diferente. La obscina podía aportar al inicio de una estadía de emancipación social del pueblo ruso solo si deviniese el embrión de una nueva organización económica de la sociedad radicalmente diversa de la preexistente. Junto con la posesión comunitaria de la tierra debía unirse también una forma colectiva de cultivo de la tierra y distribución de sus frutos. Además, sin los descubrimientos científicos nacidos en el capitalismo y las adquisiciones técnicas que le siguieron, la obscina no se convertiría nunca en una experiencia de cooperativismo agrícola verdadero y moderno. En Rusia, el proceso derivado de los procesos de industrialización – este era el punto clave- no debía causar las condiciones de explotación y miseria típicas del capitalismo.

Las posiciones de Chernyshevski tenían el mérito de oponerse a quienes concebían el desarrollo histórico como un progreso lineal e inmutable hacia una meta final inicialmente ya definida. El estudio de su obra fue de una gran utilidad para Marx.

EL COMUNISMO SEGÚN MARX
El modelo de sociedad comunista que tenía en mente Marx no era de hecho un modo primitivo de producción cooperativa o colectiva como el resultado de un individuo aislado, sino aquel derivado de una socialización de los medios de producción. En los últimos años de vida, había cambiado su juicio, más crítico, sobre las comunas rurales en Rusia y, en el proceso de su análisis, el desarrollo del individuo y de la producción social conservaban intactos su centralidad insustituible.

En las reflexiones sobre el caso ruso no se evidencia, entonces, ningún desgarro dramático respecto de sus convicciones previas. Los elementos de novedad respecto del pasado muestran, en cambio, la maduración de una posición teórico-política que le llevó a considerar como posibles para el pasaje al comunismo otras vías – también las diversas posibilidades respecto de los países europeos – nunca evaluadas hasta entonces, o bien hasta entonces consideradas irrealizables.

Marx afirmó que, “hablando en teoría”, era posible que la obscina pudiese “conservar su tierra desarrollando su base, la propiedad común de la tierra (…). puede convertirse en punto de partida directo del sistema económico al que tiende la sociedad moderna; puede cambiar de existencia sin empezar por suicidarse; puede apoderarse de los frutos con que la producción capitalista ha enriquecido a la humanidad sin pasar por el régimen capitalista” (1980: 40). La contemporaneidad con la producción capitalista ofrecía a la comuna agraria rusa “todas las condiciones del trabajo colectivo” (1980: 41).

Junto con su falta de disposición para aceptar la idea de que el progreso histórico estuviese predefinido, de igual modo, en escenarios económicos y políticos distintos, los progresos teóricos de Marx también se debieron a la evolución de sus elaboraciones sobre los efectos producidos por el capitalismo en los países económicamente más atrasados. No consideraba más, como había asegurado en 1853 en el New York Tribune, a propósito de la India, que “la industria y el comercio burgueses van creando esas condiciones materiales de un nuevo mundo” (1973a: 83). Años de estudios nuevos y observaciones detalladas de los cambios en el escenario político internacional, había contribuido a hacerlo madurar una visión colonialismo británico bien distinta de la que expresara cuando era un periodista de apenas treinta y cinco años. Los efectos producidos por el capitalismo en los países coloniales fueron evaluados de diferente manera. Refiriéndose a “las Indias Orientales” en uno de los borradores de la carta a Zasúlich, Marx escribió que “todo el mundo… sabe que allí la supresión de la propiedad común de la tierra no era más que un acto de vandalismo inglés, que empuja al pueblo indígena no hacia adelante sino hacia atrás” (1980: 52). En su opinión, los británicos habían sido capaces tan solo de “destruir la agricultura indígena y de duplicar el número y la intensidad de las carencias”. El capitalismo no traía progreso y emancipación como exageraban sus apologistas, sino tan solo la rapiña de los recursos naturales, devastación ambiental y nuevas formas de esclavitud y dependencia humana.

En suma, Marx retornó sobre la posible concomitancia entre el capitalismo y las formas comunitarias del pasado, conservadas en los países extra-europeos, también en 1882. En el prefacio a una nueva edición rusa del Manifiesto del partido comunista, redactada junto con Engels, el destino de la obscina fue puesto en común con el de las luchas proletarias en Europa:

En Rusia, al lado del florecimiento febril del fraude capitalista y de la propiedad territorial burguesa en vías de formación, más de la mitad de la tierra es posesión comunal de los campesinos. Cabe, entonces, la pregunta: ¿podría la comunidad rural rusa —forma por cierto ya muy desnaturalizada de la primitiva propiedad común de la tierra— pasar directamente a la forma superior de la propiedad colectiva, a la forma comunista, o, por el contrario, deberá pasar primero por el mismo proceso de disolución que constituye el desarrollo histórico de Occidente? La única respuesta que se puede dar hoy a esta cuestión es la siguiente: si la revolución rusa da la señal para una revolución proletaria en Occidente, de modo que ambas se completen, la actual propiedad común de la tierra en Rusia podrá servir de punto de partida para el desarrollo comunista (Marx y Engels 1974: 102).

La posición dialéctica alcanzada por Marx le permitió abandonar la idea según la cual el modo de producción socialista podría ser construido solo a través de determinadas etapas. Más aún, negó expresamente la necesidad histórica del desarrollo del capitalismo en cualquier parte del mundo. En su razonamiento no hay rastros de determinismo económico. Las consideraciones que desarrolló, con riqueza de argumentación, sobre el futuro de la obscina se encuentran en las antípodas de equiparar el socialismo con el desarrollo de las fuerzas productivas frenadas, que se realizaba, con acentos nacionalistas, tanto en el seno de los partidos socialdemócratas de la Segunda Internacional (en los que incluso había simpatías con el colonialismo) como en el movimiento comunista internacional del siglo veinte, con toda su reivindicación del “método científico” del análisis social.

Marx no cambió sus ideas respecto del perfil que habría de asumir la sociedad comunista. Guiado por la hostilidad hacia los esquematismos del pasado, así como hacia los nuevos dogmatismos que estaban creándose en su nombre, consideró posible el estallido de la revolución en lugares y formas no consideradas previamente. Para Marx el futuro estaba en las manos de la clase trabajadora y en su capacidad de determinar, con sus luchas y mediante sus propias organizaciones de masa, las alteraciones radicales sociales y el nacimiento de un sistema económico-político alternativo.

Bibliografía
al-Azm, S. J. (1980). Orientalism and Orientalism in Reverse. Khamsin. Journal of Socialist Revolutionaries of the Middle East, (8) 5–26
Ahmad, A. (1992). In Theory: Classes, Nations, Literatures. London: Verso. Chakrabarty, D. (2000). Provincializing Europe: Postcolonial Thought and Historical Difference. Princeton: Princeton University Press.
Chatterjee, P. (2004). The Politics of the Governed. Reflections on Popular Politics in Most of the World. New York: Columbia University Press.
Chernysevski, N. (1990). Escritos escogidos. En Shanin, T. (ed.). El Marx tardío y la vía rusa. Marx y la periferia del capitalismo. Madrid: Editorial Revolución. 231-257. Chatterjee, P. (2004). The Politics of the Governed: Popular Politics in Most of the World. New York: Columbia University Press.
Guha, R. (1997). Dominance without Hegemony: History and Power in Colonial India. Cambridge: Harvard University Press.
Lazarus, N. (2002). The Fetish of “the West” in Postcolonial Theory. En Crystal Bartolovich and Neil Lazarus (eds.). Marxism, Modernity and Postcolonial Studies. Cambridge: Cambridge University Press. 43-64
Marx, K. (1971). Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858, México: Siglo XXI. Tomo 1. Marx, K. (1973a). Futuros resultados de la dominación británica en la India. En Marx, K. y Engels, F. Sobre el colonialismo. Cuadernos de Pasado y Presente. México: Siglo XXI. 77-84.
Marx, K. (1973b). Investigación sobre las torturas en la India. En Marx, K. y Engels, F. Sobre el colonialismo. Cuadernos de Pasado y Presente. México: Siglo XXI. 135-140.
Marx, K. (1975). El Capital. Crítica de la economía política. México: Siglo XXI. Tomo 1.
Marx, K. (1990). Carta al Consejo Editorial de Otechestvennye Zapiski. En Shanin, T. (ed.). El Marx tardío y la vía rusa. Marx y la periferia del capitalismo. Madrid: Editorial Revolución. 171-174.
Marx, K. y Engels, F. (1980). Escritos sobre Rusia. II. El porvenir de la comuna rural rusa. México: Cuadernos de Pasado y Presente, Siglo XXI.
Marx, K. y Engels, F. (1974). Manifiesto del Partido Comunista. En Obras Escogidas. Moscú: Editorial Progreso. Tomo 1. 99-140.
Musto, M. (2020). Karl Marx, 1881-1883. El último viaje del Moro. México: Siglo XXI. Said, E. (2002). Orientalismo. Barcelona: Random House Mondadori.

Categories
Journal Articles

Di Karl Marx

Comunismo come libera associazione
Nel Libro primo del Capitale, Marx argomentò che il capitalismo è un modo di produzione sociale «storicamente determinato», nel quale il prodotto del lavoro è trasformato in merce. In conseguenza di questa peculiarità, gli individui hanno valore solo in quanto produttori e «l’esistenza dell’essere umano» è asservita all’atto della «produ[zione] di merci». Pertanto, è «il processo di produzione [a] padroneggi[are] gli esseri umani», non viceversa. Il capitale «non si preoccupa della durata della vita della forza-lavoro» e non ritiene rilevante il miglioramento delle condizioni del proletariato. Quello che gli «interessa è unicamente […] il massimo [sfruttamento] di forza lavoro […], così come un agricoltore avido ottiene aumentati proventi dal suolo rapinandone la fertilità».

Nei Grundrisse, Marx ricordò che, poiché nel capitalismo, «lo scopo del lavoro non è un prodotto particolare che sta in […] rapporto con i bisogni […] dell’individuo, ma [è, invece,] il denaro […], la laboriosità dell’individuo non ha alcun limite». In siffatta società «tutto il tempo di un individuo è posto come tempo di lavoro e [l’uomo] viene degradato a mero operaio, sussunto sotto il lavoro». Ciò nonostante, l’ideologia borghese presenta questa condizione come se l’individuo godesse di una maggiore libertà e fosse protetto da norme giuridiche imparziali, in grado di garantire giustizia ed equità. Paradossalmente, malgrado l’economia sia giunta a un livello di sviluppo in grado di consentire a tutta la società di vivere in condizioni migliori rispetto al passato, «le macchine più progredite costringono l’operaio a lavorare più a lungo di quanto era toccato al selvaggio o di quanto lui stesso aveva fatto, [prima di allora,] con strumenti più semplici e rozzi».

Al contrario, il comunismo fu definito da Marx come «un’associazione di liberi esseri umani [einen Verein freier Menschen] che lavor[a]no con mezzi di produzione comuni e spend[o]no coscientemente le loro molteplici forze-lavoro individuali come una sola forza-lavoro sociale». Definizioni simili sono presenti in numerosi manoscritti di Marx. Nei Grundrisse, egli scrisse che la società postcapitalista si sarebbe fondata sulla «produzione sociale» [gemeinschaftlichen Produktion]. Nei Manoscritti economici del 1863-1867, parlò del «passaggio del modo di produzione capitalistico al modo di produzione del lavoro associato [Produktionsweise der assoziierten Arbeit]. Nella Critica al programma di Gotha (1875), Marx definì l’organizzazione sociale «fondata sulla proprietà comune dei mezzi di produzione» come «società cooperativa» [genossenschaftliche Gesellschaft].

Nel Libro primo del Capitale, Marx chiarì che il «principio fondamentale» di questa «forma superiore di società» sarebbe stato il «pieno e libero sviluppo di ogni individuo». Ne La guerra civile in Francia, espresse la sua approvazione per le misure adottate dai comunardi che lasciavano «presagire la tendenza di un governo del popolo per il popolo». Più precisamente, nelle sue valutazioni circa le riforme politiche della Comune di Parigi, egli ritenne che «il vecchio governo centralizzato avrebbe dovuto cedere il passo, anche nelle province, all’autogoverno dei produttori». L’espressione venne ripresa negli Estratti e commenti critici a «Stato e anarchia» di Bakunin, dove specificò che un radicale cambiamento sociale avrebbe avuto «inizio con l’autogoverno della comunità». L’idea di società di Marx è, dunque, l’antitesi dei totalitarismi sorti in suo nome nel XX secolo. I suoi testi sono utili non solo per comprendere il modo di funzionamento del capitalismo, ma anche per individuare le ragioni dei fallimenti delle esperienze socialiste fin qui compiute.

In riferimento al tema della cosiddetta libera concorrenza, ovvero l’apparente eguaglianza con la quale operai e capitalisti si trovano posti sul mercato nella società borghese, Marx dichiarò che essa era tutt’altro dalla libertà umana tanto esaltata dagli esegeti del capitalismo. Egli riteneva che questo sistema costituisse un grande impedimento per la democrazia e mostrò, meglio di chiunque altro, che i lavoratori non ricevono il corrispettivo di quello che producono. Nei Grundrisse, spiegò che quanto veniva rappresentato come uno «scambio di equivalenti» era, invece, «appropriazione di lavoro altrui senza scambio, ma sotto la parvenza dello scambio». Le relazioni tra le persone erano «determinate soltanto dai loro interessi egoistici». Questa «collisione di individui» era stata spacciata come la «forma assoluta di esistenza della libera individualità nella sfera della produzione e dello scambio». Per Marx non vi era, in realtà, «niente di più falso», poiché, «nella libera concorrenza, non gli individui, ma il capitale è posto in condizioni di libertà». Nei Manoscritti economici del 1861-63 egli denunciò che era «il capitalista a incassare questo pluslavoro – [che era] […] tempo libero [e] […] la base materiale dello sviluppo e della cultura in generale […] – in nome della società». Nel Libro primo del Capitale, egli denunciò che la ricchezza della borghesia è possibile solo mediante la «trasformazione in tempo di lavoro di tutto il tempo di vita delle masse».

Nei Grundrisse, Marx osservò che nel capitalismo «gli individui sono sussunti dalla produzione sociale», la quale esiste come qualcosa che è a «loro estraneo». Essa viene realizzata solamente in funzione dell’attribuzione del valore di scambio conferito ai prodotti, la cui compravendita avviene soltanto «post festum». Inoltre, «tutti i fattori sociali della produzione», comprese le scoperte scientifiche che si palesano come «una scienza altrui, esterna all’operaio», sono poste dal capitale. Lo stesso associarsi degli operai nei luoghi e nell’atto della produzione è «operato dal capitale» ed è, pertanto, «soltanto formale». L’uso dei beni creati da parte dei lavoratori «non è mediat[o] dallo scambio di lavori o di prodotti di lavoro reciprocamente indipendenti [, bensì] […] dalle condizioni sociali della produzione entro le quali agisce l’individuo». Marx fece comprendere come l’attività produttiva nella fabbrica «riguarda[sse] solo il prodotto del lavoro, non il lavoro stesso», dal momento che avveniva «in un ambiente comune, sotto vigilanza, irreggimentazione, maggiore disciplina, immobilità e dipendenza».

Nel comunismo, invece, la produzione sarebbe stata «immediatamente sociale […], il risultato dell’associazione [the offspring of association] che ripartisce il lavoro al proprio interno». Essa sarebbe stata controllata dagli individui come «loro patrimonio comune». Il «carattere sociale della produzione» [gesellschaftliche Charakter der Produktion] avrebbe fatto sì che l’oggetto del lavoro fosse stato, «fin dal principio, un prodotto sociale e generale». Il carattere associativo «è presupposto» e «il lavoro del singolo si pone, sin dalla sua origine, come lavoro sociale». Come volle sottolineare nella Critica al programma di Gotha, nella società postcapitalistica «i lavori individuali non [sarebbero] più diventa[ti] parti costitutive del lavoro complessivo attraverso un processo indiretto, ma in modo diretto». In aggiunta, gli operai avrebbero potuto creare le condizioni per una «scomparsa [del]la subordinazione servile degli individui alla divisione del lavoro».

Nel Libro primo del Capitale, Marx evidenziò che nella società borghese «l’operaio esiste in funzione del processo di produzione e non il processo di produzione per l’operaio». Inoltre, parallelamente allo sfruttamento dei lavoratori, si manifestava anche quello verso l’ambiente. All’opposto delle interpretazioni che hanno assimilato la concezione marxiana della società comunista al mero sviluppo delle forze produttive, il suo interesse per la questione ecologica fu rilevante. Marx denunciò, ripetutamente, che lo sviluppo del modo di produzione capitalistico determinava un aumento «non solo nell’arte di rapinare l’operaio, ma anche nell’arte di rapinare il suolo». Per suo tramite, venivano minate entrambe le «fonti da cui sgorga ogni ricchezza: la terra e l’operaio».

Nel comunismo, viceversa, si sarebbero create le condizioni per una forma di «cooperazione pianificata», in virtù della quale «l’operaio si [sarebbe] spoglia[to] dei suoi limiti individuali e [avrebbe] sviluppa[to] la facoltà della sua specie». Nel Libro secondo Marx scrisse che nel comunismo la società sarebbe stata in grado di «calcolare in precedenza quanto lavoro, mezzi di produzione e di sussistenza [avrebbe potuto] adoperare». Essa si sarebbe così differenziata, anche da questo punto di vista, dal capitalismo, sotto il quale «l’intelletto sociale si fa valere sempre soltanto post festum, [facendo] così intervenire, costantemente, grandi perturbamenti». Anche in alcuni brani del Libro terzo, Marx offrì chiarimenti sulle differenze tra il modo di produzione socialista e quello basato sul mercato, auspicando la nascita di una società «organizzata come una associazione cosciente e sistematica». Egli affermò che «è solo quando la società controlla efficacemente la produzione, regolandola in anticipo, che essa crea il legame fra la misura del tempo di lavoro sociale dedicato alla produzione di un articolo determinato e l’estensione del bisogno sociale che tale articolo deve soddisfare».

Nelle Glosse marginali al «Trattato di economia politica» di Adolf Wagner, infine, compare un’altra indicazione in proposito: «il volume della produzione» avrebbe dovuto essere «regolato razionalmente». L’applicazione di questo criterio avrebbe consentito di abbattere anche gli sprechi dell’«anarchico sistema della concorrenza», il quale, nel ricorrere delle sue crisi strutturali, oltre a «determina[re] lo sperpero smisurato dei mezzi di produzione e delle forze-lavoro sociali», non era in grado di risolvere le contraddizioni derivanti dall’introduzione dei macchinari, dovute essenzialmente «al loro uso capitalistico».

Ruolo dello Stato, diritti individuali e libertà
Nella società comunista, accanto alle trasformazioni dell’economia, avrebbero dovuto essere ridefiniti anche il ruolo dello Stato e le funzioni della politica. Ne La guerra civile in Francia, Marx tenne a chiarire che, in seguito alla presa del potere, la classe lavoratrice avrebbe dovuto lottare per «estirpare le basi economiche sulle quali riposa l’esistenza delle classi e, quindi, il dominio di classe». Una volta che sarà «emancipato il lavoro, ogni essere umano div[errà] un lavoratore e il lavoro produttivo cess[erà] di essere l’attributo di una classe». La nota affermazione «la classe operaia non può semplicemente impadronirsi della macchina statale così com’è» stava a significare, come Marx ed Engels spiegarono nell’opuscolo Le cosiddette scissioni nell’Internazionale, che il movimento operaio avrebbe dovuto tendere a trasformare «le funzioni governative […] in semplici funzioni amministrative». Anche se con una formulazione alquanto concisa, negli Estratti e commenti critici a «Stato e anarchia» di Bakunin, Marx spiegò che «la distribuzione delle funzioni [governative avrebbe dovuto] diven[tare] un fatto amministrativo che non attribuisce alcun potere». In questo modo, si sarebbe potuto evitare, quanto più possibile, che l’esercizio degli incarichi politici generasse nuove dinamiche di dominio e soggezione.

Marx valutò che, con lo sviluppo della società moderna, «il potere dello Stato [aveva] assu[nto] sempre più il carattere di potere nazionale del capitale sul lavoro, di una forza pubblica organizzata di asservimento sociale, di uno strumento del dispotismo di classe». Nel comunismo, al contrario, i lavoratori avrebbero dovuto impedire che lo Stato divenisse un ostacolo alla piena emancipazione degli individui. A essi Marx indicò la necessità che «gli organi meramente repressivi del vecchio potere governativo [fossero] amputati», mentre le sue «funzioni legittime» avrebbe[ro] dovuto essere «strappate da un’autorità che usurpava il primato della società […] e restituite agli agenti responsabili della società». Nella Critica al programma di Gotha Marx chiarì che «la libertà consiste nel mutare lo Stato da organo sovrapposto alla società in organo assolutamente subordinato ad essa», chiosando con sagacia che «le forme dello Stato sono più o meno libere nella misura in cui limitano la “libertà dello Stato”».

In questo stesso testo, Marx sottolineò anche l’esigenza che, nella società comunista, le politiche pubbliche privilegiassero la «soddisfazione collettiva dei bisogni». Le spese per le scuole, le istituzioni sanitarie e gli altri beni comuni sarebbero «notevolmente aumentat[e] fin dall’inizio, rispetto alla società attuale, e [sarebbero] aument[ate] nella misura in cui la nuova società si verrà sviluppando». L’istruzione avrebbe assunto una funzione di primario rilievo e, così come aveva ricordato ne La guerra civile in Francia, riferendosi al modello adottato dai comunardi parigini nel 1871, «tutti gli istituti di istruzione [sarebbero] stati aperti gratuitamente al popolo e liberati da ogni ingerenza sia della Chiesa che dello Stato». Solo così la cultura sarebbe «stata resa accessibile a tutti» e la scienza affrancata sia «dai pregiudizi di classe [che] dalla forza del governo».

Differentemente dalla società liberale, nella quale «l’eguale diritto» lascia inalterate le disuguaglianze esistenti, per Marx nella società comunista «il diritto [avrebbe] dov[uto] essere disuguale, invece di essere uguale». Una sua trasformazione in tal senso avrebbe riconosciuto, e tutelato, gli individui in base ai loro specifici bisogni e al minore o maggiore disagio delle loro condizioni, poiché «non sarebbero individui diversi, se non fossero disuguali». Sarebbe stato possibile, inoltre, determinare la giusta partecipazione di ciascuna persona ai servizi e alla ricchezza disponibile. La società che ambiva a seguire il principio «ognuno secondo le sue capacità, a ognuno secondo i suoi bisogni» aveva, davanti a sé, questo cammino complesso e irto di difficoltà. Tuttavia, l’esito finale non era garantito da «magnifiche sorti e progressive» e, allo stesso tempo, non era irreversibile.

Marx assegnò un valore fondamentale alla libertà individuale e il suo comunismo fu radicalmente diverso tanto dal livellamento delle classi, auspicato da diversi suoi predecessori, quanto dalla grigia uniformità politica ed economica, realizzata da molti suoi seguaci. Nell’Urtext, però, pose l’accento anche sull’«errore di quei socialisti, specialmente francesi», che, considerando «il socialismo [quale] realizzazione delle idee borghesi», avevano cercato di «dimostrare che il valore di scambio [fosse], originariamente […], un sistema di libertà ed eguaglianza per tutti, […] falsificato [… poi] dal capitale». Nei Grundrisse, Marx etichettò come «insulsaggine [quella] di considerare la libera concorrenza quale ultimo sviluppo della libertà umana». Difatti, questa tesi «non significa[va] altro se non che il dominio della borghesia [era] il termine ultimo della libertà umana», idea che, ironicamente, Marx definì «allettante per i parvenus».

Allo stesso modo, egli contestò l’ideologia liberale secondo la quale «la negazione della libera concorrenza equivale alla negazione della libertà individuale e della produzione sociale basata sulla libertà individuale». Nella società borghese si rendeva possibile soltanto un «libero sviluppo su base limitata, sulla base del dominio del capitale». A suo avviso, «questo genere di libertà individuale [era], al tempo stesso, la più completa soppressione di ogni libertà individuale e il più completo soggiogamento dell’individualità alle condizioni sociali, le quali assumono la forma di poteri oggettivi […] [e] oggetti indipendenti […] dagli stessi individui e dalle loro relazioni».

L’alternativa all’alienazione capitalistica era realizzabile solo se le classi subalterne avessero preso coscienza della loro condizione di nuovi schiavi e avessero dato inizio alla lotta per una trasformazione radicale del mondo nel quale venivano sfruttati. La loro mobilitazione e la loro partecipazione attiva a questo processo non poteva arrestarsi, però, all’indomani della presa del potere. Avrebbe dovuto proseguire al fine di scongiurare la deriva verso un socialismo di Stato nei cui confronti Marx manifestò sempre la più tenace e convinta opposizione.

In una significativa lettera indirizzata, nel 1868, al presidente dell’Associazione generale degli operai tedeschi, Marx spiegò che «l’operaio non andava trattato con provvedimenti burocratici», affinché potesse obbedire «all’autorità e ai superiori; la cosa più importante era insegnargli a camminare da solo». Egli non mutò mai questa convinzione nel corso della sua esistenza. Non a caso, come primo punto degli Statuti dell’Associazione Internazionale dei Lavoratori, da lui redatto, aveva posto: «l’emancipazione della classe lavoratrice deve essere opera dei lavoratori stessi». Aggiungendo, in quello immediatamente successivo, che la loro lotta non doveva «tendere a costituire nuovi privilegi e monopoli di classe, ma a stabilire diritti e doveri eguali per tutti».

Molti dei partiti e dei regimi politici sorti nel nome di Marx, utilizzando in modo strumentale e citando impropriamente il concetto di «dittatura del proletariato», non hanno seguito la direzione da lui indicata. Tuttavia, ciò non vuol dire che non sia possibile provarci ancora.

References
1. K. Marx, Il capitale. Libro primo cit., p. 108.
2. Ibid., p. 111.
3. Ibid., p. 113.
4. Ibid., p. 301.
5. K. Marx, Lineamenti fondamentali della critica dell’economia politica cit., I, p. 185.
6. Ibid., II, p. 406.
7. Ibid., p. 405.
8. K. Marx, Il capitale. Libro primo cit., p. 110.
9. K. Marx, Lineamenti fondamentali della critica dell’economia politica cit., I, p. 117.
10. K. Marx, Ökonomische Manuskripte 1863-1867, MEGA2, II/4.2, Dietz Verlag, Berlin 2012, p. 662. Cfr. P. Chattopadhyay, Marx’s Associated Mode of Production, Palgrave, New York 2016, in particolare pp. 59-65 e 157-61.
11. K. Marx, Critica al programma di Gotha, Editori Riuniti, Roma 1990, p. 14. Palmiro Togliatti ha erroneamente tradotto questa espressione con il termine «società collettivista».
12. K. Marx, Il capitale. Libro primo cit., p. 648.
13. K. Marx, La guerra civile in Francia. Indirizzo del Consiglio generale dell’Associazione internazionale dei lavoratori, in Marx Engels Opere, XXII, La Città del Sole-Editori Riuniti, Napoli- Roma 2008, p. 304.
14. Ibid., p. 297.
15. Marx, Estratti e commenti critici a «Stato e anarchia» di Bakunin cit., p. 356.
16. Su questi temi cfr. E. Meiksins Wood, Democracy against Capitalism, Cambridge University Press, London 1995.
17. Marx, Lineamenti fondamentali della critica dell’economia politica cit., II, p. 141.
18. Ibid., p. 333.
19. K. Marx, Manoscritti economici del 1861-1863, Editori Riuniti, Roma 1980, p. 200.
20. Marx, Il capitale. Libro primo cit., p. 578.
21. Marx, Lineamenti fondamentali della critica dell’economia politica cit., I, p. 100.
22. Ibid.
23. Ibid., p. 117.
24. Ibid., II, p. 241.
25. Ibid., p. 393.
26. Ibid., I, p. 118.
27. Ibid., II, 243
28. Ibid., p. 244.
29. Ibid., I, p. 100.
30. Ibid., p. 117.
31. Ibid.
32. Marx, Critica al programma di Gotha cit., pp. 14-5.
33. Ibid., p. 17.
34. Marx, Il capitale. Libro primo cit., p. 537.
35. Su questo tema si è sviluppata, negli ultimi venti anni, un’ampia e innovativa letteratura. Per uno degli ultimi contributi in proposito si rimanda a K. Saito, Karl Marx’s Ecosocialism. Capital, Nature, and the Unfinished Critique of Political Economy, Monthly Review Press, New York 2017, in particolare pp. 217-55.
36. Ibid., p. 552.
37. Ibid., p. 553.
38. Ibid., p. 371.
39. K. Marx, Il capitale. Libro secondo. Il processo di circolazione del capitale, Editori Riuniti, Roma 1989, p. 331.
40. K. Marx, Il capitale. Libro terzo. Il processo complessivo della produzione capitalistica, Editori Riuniti, Roma 1989, p. 763.
41. Ibid., p. 231. In proposito cfr. B. Ollman (a cura di), Market Socialism. The Debate among Socialists, Routledge, New York 1998.
42. Marx, Glosse marginali al «Trattato di economia politica» di Adolf Wagner cit., p. 1409.
43. Marx, Il capitale. Libro primo cit., p. 578.
44. Ibid., p. 486.
45. Marx, La guerra civile in Francia cit., p. 300.
46. K. Marx-F. Engels, Le cosiddette scissioni nell’Internazionale, in Idd., Critica dell’anarchismo cit., p. 76.
47. Marx, Estratti e commenti critici a «Stato e anarchia» di Bakunin cit., p. 357.
48. Marx, La guerra civile in Francia cit., p. 294.
49. Ibid., p. 298.
50. Marx, Critica al programma di Gotha cit., p. 28. 51 Ibid., p. 14.
52. Marx, La guerra civile in Francia cit., p. 297.
53. Marx, Critica al programma di Gotha cit., p. 18.
54. K. Marx, Frammento del testo primitivo, in Id., Scritti inediti di Economia politica, Editori Riuniti, Roma 1963, p. 91.
55. Marx, Lineamenti fondamentali della critica dell’economia politica cit., II, p. 335.
56. Karl Marx a Johann Baptist von Schweitzer, 13 ottobre 1868, in K. Marx, Lettere: gennaio 1868-luglio 1870, Marx Engels Opere, XLIII, Editori Riuniti, Roma 1975, p. 620.
57. K. Marx, Indirizzo inaugurale e statuti provvisori dell’Associazione Internazionale degli Operai, in Marx Engels Opere, XX, Editori Riuniti, Roma 1987, p. 14.
58. Cfr. Hal Draper che in Karl Marx’s Theory of Revolution, III, The Dictatorship of the Proletariat, Monthly Review Press, New York 1986, pp. 385-6, ha dimostrato che Marx aveva utilizzato questa espressione soltanto sette volte, per di più con un significato radicalmente diverso da quello che, erroneamente, gli hanno attribuito molti dei suoi interpreti o i sedicenti continuatori del suo pensiero.

Categories
Journal Articles

Os Manuscritos economico-filosóficos de 1844 de Karl Marx

INTRODUÇÃO
Os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 constituem um dos escritos de Karl Marx mais célebres e difundidos em todo o mundo. Todavia esse texto, tão debatido e tão presente nos debates marxistas, pela exaustiva interpretação da concepção de seu autor, permaneceu desconhecido por muito tempo. Na verdade, de sua redação a quando foi publicado, passou-se quase um século.

A publicação, ocorrida em 1932, não pôs fim, no entanto, às dificuldades. Com ela, iniciou-se a longa discórdia relacionada a seu caráter. Os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 eram escritos que expressavam concepções típicas da esquerda hegeliana, portanto, ainda pouco desenvolvidos se forem relacionados à crítica da economia política que Marx desenvolveu em seguida? Ou eles representavam a base filosófica do pensamento de Marx, que permeia toda sua obra e que foi se enfraquecendo durante o longo período de elaboração de O Capital? Esse conflito interpretativo teve valor político. A primeira interpretação foi sustentada pelos estudiosos soviéticos de Marx e por grande parte dos intérpretes que tinham um forte vínculo com os partidos comunistas ligados ao chamado “bloco socialista” ou que faziam parte dele. A segunda, no entanto, foi apresentada pelos protagonistas de um marxismo crítico, que encontraram, exatamente nesse texto, as fontes textuais e as mais eficazes argumentações (em particular, o conceito de alienação) para romper o monopólio que a União Soviética tinha adquirido, até então, sobre a obra de Marx.

As leituras instrumentais que um e outro grupo fizeram sobre os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 constituem um claro exemplo de como a obra de Marx tem sido constantemente objeto de conflitos teórico-políticos e frequentemente manobrada em razão desses interesses, com interpretações distorcidas. Para melhor evidenciar tal realidade, a segunda e a terceira parte deste artigo reconstroem as dificuldades editoriais ligadas à sua publicação. Na quarta, na quinta e na sexta seção, apresenta-se uma breve resenha – considerando os volumes escritos por tantos intérpretes desse texto – com suas interpretações. Uma breve análise filológica dos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 é desenvolvida nas sétima e na oitava parte, tendo por base a nova edição histórico-crítica MEGA², e são apresentadas algumas indicações sobre a necessidade de se lançar uma nova edição italiana desse texto. Na conclusão, segue uma tabela que reconstrói a cronologia da elaboração dos manuscritos e dos cadernos de extratos do período (outono de 1843 a janeiro de 1845).

As duas edições de 1932
A primeira publicação parcial dos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 foi feita em língua russa, sob a responsabilidade de David Borisoviĉ Rajazanov. Em 1927, na verdade, no meio do terceiro volume do Archiv K. Marksa i F. Engel’as, o famoso estudioso de Marx, na época diretor do Instituto Marx-Engels (IME) de Moscou, publicou grande parte do que viria a ser denominado “terceiro” manuscrito, com o título Trabalhos preparatórios para a “Sagrada Família” (Marx, 1927). O texto foi precedido de uma introdução do próprio Rjazanov, que destacou a importância do período no qual foram escritos esses manuscritos, caracterizado por um rapidíssimo avanço teórico de seu autor. Segundo o estudioso russo, o valor das notas publicadas era excepcional, pois, longe de representarem uma mera curiosidade bibliográfica, elas constituíam uma etapa importante do caminho de Marx e permitiam entender melhor seu desenvolvimento intelectual (Cf. Marx, 1927). Não obstante o grande rigor dos estudos feitos por Rjazanov, essa hipótese interpretativa se revelou equivocada. As indicações de Marx e o conteúdo das páginas dos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 testemunham que eles foram, de fato, um estudo preparatório para A sagrada família, mas também um trabalho anterior e diferente, dedicado à sua primeira análise crítica da economia política. Em 1929, La Revue Marxiste publicou a tradução francesa desse texto, que apareceu em dois números diferentes e com títulos diferentes. No primeiro número, de fevereiro, apareceu uma parte intitulada Notes sur le communisme et la propriété privée (Notas sobre o comunismo e a propriedade privada), enquanto no quinto número, em junho, saiu a parte seguinte com o título Notes sue les besoins, la production et la division du travail (Notas sobre as necessidades, a produção e a divisão do trabalho) (Marx, 1929a,b). Os textos foram apresentados como fragmentos da obra de Marx do ano de 1844 e divididos em vários subtítulos, que os separavam em partes para simplificar a leitura do conjunto.

Ainda em 1929, na K. Marx – F. Engels Soĉinenija (Obras) (1928-1947), a primeira edição soviética das obras de Marx e Engels, foi feita uma segunda edição russa do texto. O manuscrito foi inserido no III tomo, da mesma forma fragmentária e com o mesmo título errado de 1927 (Marx, 1929c).  Além disso, em 1931, a revista Unter den Bannern des Marxismus publicou a primeira versão em língua alemã do fragmento Kritik der Hegelschen Dialektik und der Philosopnie überhaupt (Crítica da dialética e em geral da filosofia de Hegel) (Marx, 1931).

A primeira edição completa em língua alemã foi lançada em 1932. Na verdade, no mesmo ano, as versões publicadas foram duas, e tal circunstância ajudou a alimentar a confusão em relação ao texto. Os estudiosos socialdemocratas Siegfried Landshut e J. P. Mayer publicaram uma coletânea das obras juvenis de Marx em dois volumes, Der historische Materialismus. Die Frühschriften (O materialismo histórico. Os escritos juvenis) (Marx, 1932a), na qual também foram inseridos os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844. Tal edição tinha sido antecipada no ano anterior por um artigo do próprio Mayer, que anunciava a edição de um importantíssimo “texto de Marx até então desconhecido” (Mayer, 1931, p 154-157). Nessa coletânea, no entanto, os manuscritos de Marx foram publicados só parcialmente e com diversas e graves imprecisões. O “primeiro” manuscrito não estava presente; o “segundo” e o “terceiro” foram publicados em total desordem; e foi ainda inserido um suposto “quarto” manuscrito, que era, de fato, somente o compêndio do capítulo final da Fenomenologia do Espírito de Hegel, sem qualquer comentário de Marx. Além do mais, a ordem das várias partes foi alterada (os manuscritos foram publicados na sequência III, II, IV) tornando sua compreensão ainda mais difícil. Mais grave ainda é que a tradução do original continha numerosos erros, e o título escolhido também foi definitivamente equivocado. O título Nationalökonomie und Philosopie. Über den Zusammenhang der Nationalökonomie MIT Staat, Recht, Moral,und bürgerlichem Leben (1844) (Economia política e filosofia. Sobre o vínculo da economia política com o Estado, o direito, a moral e a vida civil) não correspondia ao que afirmara Marx no prefácio: “poderá ser observado, no presente texto, que o vínculo da economia política com o Estado, o direito e a moral será levado em consideração apenas na medida que a própria economia política leva em consideração ex professo esses temas” (Marx, 1968,  p. 3). Um último e importante detalhe: o texto foi acompanhado por pouquíssimas indicações filológicas, contidas no prefácio dos organizadores, que indicavam o provável período em que foram redigidos os manuscritos, no arco de tempo entre fevereiro e agosto de 1844. Inicialmente, o texto deveria ter sido publicado em uma única edição, com o título Über den Zusammenhang der Nationalökonomie mit der Staat, Recht, Moral, und bürgerlichem Leben nebst einer Auseinandersetzung mit der Hegelschen Dialektik und der Philosophie überhaupt (Sobre o vinculo da economia política com o Estado, o direito, a moral e a vida burguesa com uma disputa com a dialética hegeliana e a filosofia em geral), sob os cuidados de Mayer e de Friedrich Salomon, sendo o primeiro responsável pela parte interpretativa e o segundo pela parte editorial.

No entanto, após a segunda revisão dos originais, o texto foi inserido na coletânea anteriormente citada, sob os cuidados do próprio Mayer e de Landshut (Cf. Landshut; Mayer, 1932a). Não obstante os graves erros editoriais e interpretativos até agora expostos, essa versão foi bastante divulgada na Alemanha e foi a base da tradução francesa, feita em 1937 por J. Molitor.

A segunda versão dos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844, publicada em 1932, apareceu no terceiro volume da primeira seção da edição das obras completas de Marx e Engels, a Marx Engels Gesamtausgabe (MEGA), organizado pelo Instituto Marx-Engels de Moscou. Foi a primeira edição integral e científica desse texto, ao qual foi dado o título que se tornou célebre posteriormente: Ökonomisch-philosophische Manuskripte aus dem Jahre 1844 (Marx, 1932b). Pela primeira vez, os manuscritos foram publicados na disposição exata, e os originais foram traduzidos de modo acurado como não tinham sido na edição realizada na Alemanha. Uma introdução, embora muito circunscrita, reconstruiu a gênese do texto, e cada manuscrito foi precedido por uma breve descrição filológica. Mais precisamente, no volume, havia o subtítulo Para a crítica da economia política. Com um capítulo exclusivo sobre a filosofia hegeliana, os três manuscritos ficaram com os seguintes subtítulos: I. Salário – exploração do capital – Renda fundiária – Trabalho estranhado; II. A relação da propriedade privada; III. Propriedade privada e trabalho – Propriedade privada e comunismo – Necessidade, produção e divisão do trabalho – Dinheiro – Crítica da dialética e, em geral, da filosofia de Hegel. O “quarto manuscrito”, como era chamado, que continha os excertos de Hegel, foi publicado em um apêndice com o título Excertos de Marx do último capítulo da ‘Fenomenologia do espírito’ de Hegel.

Todavia, também os editores da MEGA, tendo de dar nome a esses manuscritos, colocando um prefácio no início do texto (na verdade, se encontra no terceiro manuscrito) e de reorganizar o conjunto, deram a entender que Marx teria tido, desde o princípio, a ideia de escrever uma crítica da economia política e que os manuscritos seriam uma obra originariamente dividida em capítulos (Cf. Rojahn, 1983, 2002). Particularmente significativa, nessa edição, foi, no entanto, a publicação dos cadernos de anotações de Marx. Desde o período universitário, na verdade, ele tinha adquirido o hábito, que manteve por toda a vida, de colocar em cadernos os resumos dos livros que lia, intercalando-os com as reflexões que eles suscitavam. Aqueles relativos ao período parisiense foram publicados na segunda parte do volume apresentado como Aus den Exzerptheften. Paris, anfang 1844 – Anfang 1845 (Dos cadernos de resumos. Paris, início de 1844 – início de 1845) e incluíram os resumos, até então inéditos, das obras de Friendrich Engels, Jean Baptiste Say, Fréderic Skarbek, Adam Smith, David Ricardo, James Mill, John R. MacCulloch, Antoine L. C. Destutt de Tracy e Pierre de Boisguillebert. Essa edição apresentou ainda a descrição dos nove cadernos e um índice alfabético de todas as obras compendiadas (Cf. Marx, 1932b). Os intérpretes de Marx assumiram, no entanto, a tese, inexata, segundo a qual ele tinha redigido esses textos somente após ter lido e compendiado as obras de economia política (Cf. McLellan, 1974). Na realidade, o processo de redação se desenvolveu de modo alternado entre grupos de manuscritos e resumos (Cf. Lapin, 1974). Aliás, esses últimos intercalaram toda a produção parisiense, dos ensaios escritos para o Deustsch-französiche Jahrbücher até A sagrada família.

Em todo caso, a edição da MEGA se apresentou como a melhor e se tornou a base de grande parte das traduções que se seguiram. As duas diferentes versões publicadas em 1932 entravam em conflito, não só por algumas questões de filologia. Com o passar dos anos, o confronto entre “marxismo ocidental” e “marxismo soviético” foi se tornando sempre mais áspero, e a interpretação dos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 se apresentou como um dos principais objetos da disputa. Victor Adoratskij, o diretor da MEGA – substituto de Rjazanov em 1931, após os expurgos de Stalin, que também atingiram o IME, o qual, nesse meio tempo, tinha se tornado o Instituto Marx-Engels-Lenin (IMEL), – apresentou o texto como um escrito fragmentário, cujos temas eram o salário, a exploração do capital, a renda fundiária e o dinheiro, no qual Marx tinha elaborado uma análise  da estrutura econômica do capitalismo recorrendo ainda à terminologia filosófica feuerbachiana (Cf. Adoratskij, 1932). Por outro lado, Landshut e Mayer escreveram uma obra que, “na essência, antecipa[va] já O Capital”, e que era, “em um certo sentido, a obra central de Marx,  [que] forma[va] o fulcro de todo seu desenvolvimento conceitual” (Landshut; Mayer, 1932a, p. 33-38) e que não apenas devolvia ao leitor a terminologia filosófica marxiana dos primeiros escritos, mas expressava também a necessidade de reconduzir as teorias econômicas subsequentes aos conceitos desenvolvidos durante esse período. Ou seja: explicitava o conteúdo filosófico da teoria econômica da maturidade. Não obstante a ausência de fundamento, essa interpretação obteve grande sucesso e pode ser atribuído exatamente a esse ensaio o nascimento – facilitado, posteriormente, por muitos, como Louis Althusser, que não compartilhavam essa tese – da invenção do “jovem Marx”.

Traduções e publicações posteriores
Graças à sua superioridade filológica, a versão MEGA se destacou particularmente, e quase todas as traduções que apareceram depois se basearam nela – no Japão, em 1946, na Itália, em 1949, sob os cuidados de Norberto Bobbio, e, em 1962, também na França, após a versão filologicamente pouco confiável de 1937, citada anteriormente.

A melhor qualidade da edição MEGA foi reconhecida também pelo estudioso e teólogo evangélico Erich Thier, na introdução à reedição alemã organizada por ele em 1950 (Marx, 1950). Todavia sua nova edição dos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 acabou sendo um híbrido das duas primeiras versões, na qual algumas partes da versão MEGA se alternavam com outras provenientes daquela organizada por Landshut e Mayer, levando, assim, à produção de maiores mal-entendidos. O texto publicado, na verdade, foi o da MEGA, mas – como tinham já feito anteriormente os estudiosos – Thier decidiu não inserir o “primeiro” manuscrito. Da edição MEGA foram retomadas muitas notas explicativas referentes ao texto, mas Thier conservou também as imprecisões de Landshut e Mayer como, por exemplo, a convicção de que o “Prefácio” estaria colocado no “primeiro” e não no “terceiro” manuscrito. No que se refere ao título, por fim, manteve-se a escolha errada dos estudiosos alemães. Deve-se ressaltar que tais erros continuaram sendo repetidos, mesmo em publicações feitas duas décadas após a edição MEGA.

Em 1953, dessa vez sob a responsabilidade somente de Landshut, foi publicada a versão de 1932, com o novo título de Ökonomische-philosophische Manuskripte (1844). Os erros de 1932 foram repetidos, e as únicas alterações se referem à substituição de algumas traduções do original, que estavam erradas, com base na edição MEGA. Dois anos depois, surge a coletânea K. Marx – F. Engels. Kleine ökonomishe Schriften (Marx, 1953) (Breves escritos econômicos), que apresentou os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 sem o capítulo final sobre a “Crítica da dialética e em geral da filosofia de Hegel”. Além do mais, o texto foi revisado, sem algumas imprecisões contidas na versão MEGA de 1932.
Paralelamente aos limites dessas novas edições alemãs – que representaram, todas,  um retrocesso em relação àquela da MEGA –, deve-se ressaltar a grande “perseguição” sofrida pelos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 na União Soviética e, mais amplamente, no Leste da Europa. Em 1954, o Instituto para o Marxismo-Leninismo (IML) de Moscou, nova denominação do IMEL, diante da preparação da nova edição russa das obras de Marx e Engels (K.Marx – F.Engels Soĉinenija), decidiu não incluir, em seus volumes, os manuscritos incompletos dos “fundadores do socialismo científico”, ou seja, muitos daqueles importantíssimos trabalhos, graças aos quais teria sido possível uma mais correta interpretação da gênese do pensamento de Marx. Dentre os textos excluídos, havia não somente os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844, mas também as Linhas fundamentais da crítica da economia política, mais conhecidos como Grundrisse. Tal escolha editorial foi, porém, muito contraditória. Nessa edição, de fato, foi dado espaço para outros manuscritos de Marx, dentre eles os trabalhos juvenis – Sobre a crítica hegeliana do direito, inserida no primeiro volume, e A ideologia alemã, que ocupou todo o terceiro volume. Ainda nessa “segunda” Soĉinenija (1955-66), havia um número maior de textos do que na primeira (1928-47), e a decisão de não publicar os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 revelou uma clara intenção de censura.

Eles apareceram, no entanto, como publicação individual, intitulada Excertos das obras juvenis (Marx; Engels, 1955) com uma impressão de somente 60.000 exemplares, em 1956 (Marx; Engels, 1956). Para que os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 fossem inseridos na “segunda” Soĉinenija, foi preciso aguardar quase vinte anos, ou seja, a publicação do volume anexo XLII ocorreu em 1974 (Cf. Brouchlinski, 1960). A preparação dessa edição exigiu um novo processo de verificação das fotocópias dos originais (que eram mantidos no Internationaal Instituut voor Social Geschiedenis, IISG, de Amsterdam, onde estão guardados dois terços do Nachlas de Marx e Engels). Tal escolha se revelou fundamental, pois permitiu realizar um grande número de correções não secundárias da versão MEGA de 1932. Por exemplo, a frase contida na última linha do “segundo” manuscrito, anteriormente traduzida como “Kollision wechselseitiger Gegensätze”, foi corretamente traduzida como “Feindlicher wechselseitiger Gegensatz”. Em muitas partes, foi modificada a palavra “Genus”, no lugar da “Geist” (Marx; Engels, 1974). Procedeu-se, por fim, à correção dos erros cometidos por Marx. Serve de exemplo a citação de Smith “Von den drei primitiven Klassen”, corretamente usada nos cadernos de resumos, mas errada nos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844, onde aparecia como “Von den drei produktiven Klassen”. Além do mais, todas as citações feitas por Marx, muito longas, especialmente no “primeiro” manuscrito, foram publicadas com uma fonte menor, para facilitar a identificação da paternidade das várias partes e para não atribuírem a ele frases que, na verdade, eram citações de outros autores.

Assim como para a edição soviética, também a coletânea dos escritos de Marx e Engels publicada na República Democrática Alemã, a Marx Engels Weke (Obras) (MEW), lançada em 39 volumes entre 1956 e 1968, excluiu os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 do grupo de volumes numerados. Eles, na verdade, não foram inseridos no volume 2, publicado em 1962, onde deveriam ter sido colocados por razões cronológicas, tendo sido publicados somente em 1968, como volume anexo (Ergänzungsband) (Cf. Brouchlinski, 1960). Tal volume, depois de ter aparecido com esse formato até 1981, em quatro edições sucessivas, foi publicado em 1985, com o título Schriften und Briefe, November 1837 – August 1844 (Escritos e Cartas, de Novembro de 1837 a Agosto de 1844), como o tomo 40 da MEW. A edição publicada foi a versão MEGA de 1932, com o acréscimo das correções feitas às traduções dos originais e pelo aparato crítico da edição Kleine ökonomische Schriften de 1955.

Após a MEGA de 1932, a primeira edição das obras de Marx publicada no “campo socialista” a inserir os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 nos seus volumes numerados foi a Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA²). Sua publicação começou em 1975, e os manuscritos parisienses foram impressos no volume I/2, em 1982, exatamente 50 anos após a primeira publicação. Nessa nova forma, surgiu  uma edição histórico-crítica, e os manuscritos foram publicados em até duas versões. Uma primeira (Erste Wiedergabe) reproduziu a organização dos papéis originais de Marx e propôs, então, uma divisão em colunas de partes do texto do “primeiro” manuscrito. Uma segunda (Zweite Wiedergabe), no entanto, utilizou a divisão em capítulos e a paginação adotada por todas as edições anteriores (Marx; Engels, 1968). Foram acrescentados outros melhoramentos à tradução dos originais, dessa vez com particular atenção ao Prefácio (Marx-Engels-Gesamtausgabe, 1982). Confirmando as dificuldades de se realizar uma classificação entre os vários manuscritos marxianos (diante também de alguns limites postos pela edição MEGA²), o prospecto do capítulo final da Fenomenologia do Espírito de Hegel foi inserido, tanto nesse volume como no IV/2, contendo os cadernos de resumos do período. Em 1981, de fato, a MEGA² tinha publicado também os cadernos com os resumos parisienses, alguns dos quais (aqueles das obras de Carl W. C. Schüz, Friendrich List, Heirnrich F. Osiander, Guillaume Prevost, Senofonte, Eugene Buret) não tinham sido publicados na primeira MEGA, sendo editados pela primeira vez. A publicação dos Pariser Hefte foi completada, por fim, com o volume IV/3 de 1998, que incluiu os compêndios marxianos referentes à Jean Law, a um manual de história romana de autoria incerta e àqueles referentes a James Lauderdale.

Com a MEGA², os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 e todos os cadernos de resumos de 1844 foram publicados na íntegra. Todavia, antes de desenvolver algumas considerações filológicas a esse respeito, é útil retornar às principais interpretações críticas surgidas em relação a eles.

Um ou dois Marx? A disputa sobre a “continuidade” do pensamento de Marx
As duas edições de 1932 e as duas diferentes interpretações que as acompanharam deram início a uma multiplicidade de controvérsias, de caráter hermenêutico e, naturalmente, também político, do texto marxiano. Por um lado, como si viu, houve a interpretação voltada a entender esse texto como a expressão de uma fase juvenil, ainda negativamente condicionada pela impostação filosófica (Adoratskij). Por outro lado, ao contrário, houve aquela que entrevê, exatamente na elaboração filosófica do primeiro Marx, a essência de toda a sua teoria crítica e a expressão mais elevada de seu humanismo (Landshut e Mayer). As duas teses colocaram no centro do debate a questão da “continuidade”: havia dois Marx diferentes entre si – um jovem e um maduro –, ou existiu um único Marx que, não obstante o passar dos anos, tinha substancialmente conservado suas convicções?

A oposição entre essas duas correntes foi se radicalizando cada vez mais. Em torno da primeira se juntou a ortodoxia stalinista e alguns outros, na Europa Ocidental, que compartilhavam os mesmos princípios  teóricos e políticos e que  minimizaram ou rejeitaram totalmente a importância dos escritos iniciais, considerados superficiais se comparados às obras posteriores (Cf. McLellan, 1998). Para a segunda tese, apresentou-se uma realidade mais variada e heterogênea de autores, e todos tinham como denominador comum a rejeição ao dogmatismo do “comunismo oficial” e queriam romper a suposta relação direta que os expoentes desse último estabeleciam entre o pensamento de Marx e a realidade política da União Soviética. As afirmações de dois protagonistas do debate marxista daquele período evidenciam, mais do que qualquer outro comentário, a importância da questão. Segundo Louis Althusser (1967, p. 35-37):

O debate sobre as obras juvenis de Marx é, antes de mais nada, um debate político. É preciso repetir que as obras juvenis de Marx […] foram exumadas pela social democracia e exploradas contra as posições teóricas do marxismo-leninismo? […] Eis, pois, o campo da discussão: o jovem Marx. A posição: o marxismo. Os termos: se o jovem Marx já é completamente Marx.

Iring Fetscher (1969, p. 312), no entanto afirmou:

Nos escritos juvenis de Marx, a libertação do homem de toda forma de exploração, de domínio e de alienação tem uma importância tão central, que, na época do domínio staliniano, um leitor soviético teria tomado estes argumentos exatamente como uma crítica à sua situação. Por esta razão, os escritos juvenis de Marx nunca foram publicados em russo em edições baratas e de grande tiragem. Eles eram considerados como trabalhos relativamente pouco significativos daquele jovem hegeliano que ainda não chegara ao marxismo, que seria, então, Marx.

Nessa contenda, ambas as partes distorceram o texto de Marx. Os ortodoxos negaram o valor dos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844, chegando a censurá-los e a excluí-los das edições dos textos de Marx e Engels. As leituras do chamado “marxismo ocidental”, ao contrário, conferiram – de maneira evidentemente forçada – a esse primeiríssimo esboço incompleto de Marx, um valor superior ao da obra que fora publicada após vinte anos de estudos e pesquisas: O capital.

Nesse confronto ideológico, porém, quase todos os autores se comportaram do mesmo modo e consideraram os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 como um texto completo, orgânico e coerente, como uma verdadeira obra. Desse modo, apesar de incompletos e com a forma fragmentária que os caracterizava, eles foram lidos sem que se desse muita importância aos problemas filológicos neles presentes, que foram ignorados ou considerados pouco importantes (Rojahn, 1983).

Não é possível aqui dar um relato completo da vasta literatura crítica sobre os Manuscritos Econômico-Filosóficos de 1844. Em vez disso, vamos nos concentrar nos principais trabalhos e tentar mostrar as principais limitações do debate anterior sobre esse assunto.

As principais interpretações
Logo após a publicação das duas versões de 1932, numerosos estudiosos se debruçaram sobre os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844. Os autores alemães Henri de Man e Herbert Marcuse chegaram a conclusões análogas àquelas de Landshut e Mayer.

O primeiro sublinhou que o texto parisiense já continha as avaliações sobre as quais Marx havia fundado todo o seu projeto teórico subsequente e avançou a hipótese de que Marx estava presente nos dois marxismos – o humanista da juventude e o da maturidade – e que o primeiro era superior ao segundo, esse último atingido pelo declínio das energias criativas (Cf. Man, 1932). Marcuse sustenta ainda a tese de que os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 evidenciavam os fundamentos filosóficos da crítica da economia política (Cf. Marcuse, 1975). Além do mais, em sua opinião, a descoberta de uma presença assim tão forte da filosofia hegeliana no pensamento de Marx enriquecia sua antropologia com uma dimensão histórico-social ausente em Ludwig Feuerbach (Cf. Marcuse, 1997).

A descoberta da importância do “jovem Marx” decorreu, cada vez mais, dos estudos de sua relação com Hegel, e tal circunstância foi favorecida pela publicação, ocorrida um pouco antes daquela dos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844, dos manuscritos de Jena de Hegel (Cf. Hegel, 1923, 1931). Um dos principais autores que empreendeu esse percurso foi György Lukács, quando, em seu texto de 1923, História e consciência de classe, surpreendentemente tinha antecipado muitos dos temas do futuro debate hegelo-marxiano. No seu livro de 1938, O jovem Hegel e os problemas da sociedade capitalista, Lukács (1950) estabeleceu uma relação entre estudos juvenis dos dois autores – sendo que os de Marx eram filosóficos e os de Hegel eram econômicos – e identificou as afinidades que havia encontrado neles. Em particular, ele destacou que as referências marxianas sobre Hegel, nos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844, estavam presentes muito além das passagens nas quais ele fora citado textualmente. Em sua opinião, diversas análises econômicas tinham sido motivadas pela crítica da concepção filosófica hegeliana:

… a conexão entre economia e política é […], nestes manuscritos de Marx, uma clara necessidade metodológica, a condição de uma efetiva superação da dialética idealista de Hegel. Por isso seria superficial e extrínseco acreditar que o debate de Marx com Hegel comece somente na última parte do manuscrito, que contém a crítica da Fenomenologia. As partes anteriores, puramente econômicas, em que Hegel nunca é lembrado diretamente, contêm o fundamento mais importante deste debate e desta crítica: o esclarecimento econômico dos principais fatos do estranhamento. (Lukács, 1950, p. 760)

Nas aulas sobre a Fenomenologia do espírito, dadas na École Pratique des Hautes Études de 1933 a 1939 e, depois, reunidas e publicadas por Raymond Queneau no livro Introdução à leitura de Hegel, Alexandre Kojève (1996) – outro autor destinado a exercer grande influência – aprofundou essa relação, embora  sua leitura da obra de Hegel tenha sido feita à luz da interpretação marxiana. O vínculo entre Hegel e Marx foi desenvolvido, por fim, também por Karl Löwith no célebre e muito difundido texto De Hegel a Nietzsche (Löwith, 1949).

Associados ao vínculo com Hegel, sempre na República Federal da Alemanha, após a segunda guerra mundial, textos como Die Anthropologie dês jungen Marx nach den Pariser ökonomisch-philosophischen Manuskripten (A antropologia do jovem Marx nos manuscritos econômico-filosóficos de Paris) de Erich Thier (1950), Der entfremdete Mensch (O homem alienado) de Heinrich Popitz (1967) e O Eros da técnica, de Jacob Hommes (1970) divulgaram a opinião de que os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 eram o texto fundamental de toda a obra marxiana. Pouco depois, surgiu, em toda a Europa, um grande interesse filosófico por Marx. A França foi, sem dúvida, o país onde esses estudos  proliferaram e se difundiram e no qual o pensamento juvenil de Marx foi colocado como a base da crítica filosófica e política, ao contrário do dogmatismo stalinista e do marxismo oficial (Cf. Faracovi, 1972). O estudo dos textos juvenis de Marx foi, na França, “o evento filosófico decisivo daquele período” (Lefebvre, 1957, p. 114). Constituiu um processo variado, que caracterizou todos os 15 anos do pós-guerra francês, no qual muitos autores, diferentes entre si pela cultura filosófica e pelas tendências políticas, tentaram encontrar uma síntese filosófica entre marxismo, hegelianismo, existencialismo e cristianismo. O debate produziu muita literatura ruim, baseada mais nas convicções pessoais dos autores do que no texto marxiano, o que levou a verdadeiras distorções da obra de Marx. Os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 foram apresentados como o melhor texto de Marx e foram violentamente confrontados, em nome da sua presumível unicidade, ao pensamento posterior e, em particular, a O capital, texto que – muito provavelmente – muitos desses autores não tinham estudado suficientemente.

Em Sentido e não sentido, de 1948, após estudar os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844, e mediante a influência exercida pela leitura de Kojève, Maurice Merleau-Ponty declarou sua convicção de que o pensamento juvenil de Marx era existencialista (Cf. Merleau-Ponty, 1962). Poucos anos depois, Jean Hyppolite, em seus Ensaios sobre Marx e Hegel, um dos melhores livros dentre aqueles escritos naquele contexto, insistiu muito no vínculo entre os trabalhos juvenis e O capital, sublinhando como a relação entre eles era exatamente Hegel. Ele colocou em evidência a

… necessidade, para a compreensão de O capital, de fazer referência às obras filosóficas anteriores, além dos estudos econômicos de Marx. – A obra de Marx pressupõe um substrato filosófico do qual nem sempre é fácil reconstituir os diferentes elementos. – Profunda influência de Hegel, que Marx conhecia profundamente. […] Creio […] que não se possa entender a obra essencial de Marx, ignorando as principais obras de Hegel, que contribuíram para a formação e o desenvolvimento do seu pensamento, a Fenomenologia do Espírito, a Lógica, a Filosofia do direito. (Hyppolite, 1963, p. 153, 155)

Os textos de Jean-Paul Sartre também seguiram nessa direção. Ao mesmo tempo, o Marx “filosófico” tornou-se também um Marx “teológico” (Cf. Langset, 1963). Na verdade, nas obras dos autores cristãos Pierre Bigo e Jean Yves Calvez, a primeira intitulada Marxismo e humanismo (Bigo, 1963) e a segunda O pensamento de Karl Marx (Calvez, 1966), com base em uma interpretação particular dos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844, o pensamento de Marx se revestiu sempre mais de valores éticos, devidos à religião cristã e com uma clara oposição às políticas da União Soviética. Roger Garaudy também demonstrou a presença de influências humanísticas nos primeiros textos de Marx e se colocou como suporte de um marxismo aberto ao diálogo com outras culturas, em particular com aquela cristã (Cf. Garaudy, 1969). Por fim, no panorama francês, teve grande importância a tradução, mesmo que tardia, do texto História e consciência de classe de Lukács, publicada, sem a autorização do autor, em 1960.

O principal conceito filosófico que fundamenta essas interpretações é o de alienação (Entäusserung – Entfremdung), e foram vários os volumes dedicados exclusivamente a esse tema, que apresentaram uma nova interpretação de todo o pensamento de Marx. Tal categoria foi o objeto central da principal controvérsia político-filosófica sobre Marx naqueles anos: estabelecer a relação que existia entre as teorias “juvenis” dos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 e aquelas da “maturidade”, ou seja, de O capital. Os vários autores se dividiram em três principais posições: 1) continuidade entre os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 e O capital; 2) contraposição entre os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 e O capital e superioridade teórica dos primeiros sobre o segundo; 3) importância limitada dos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844, interpretados como uma etapa meramente transitória no processo de elaboração de Marx.

A primeira posição pode ser sintetizada no reconhecimento de uma continuidade entre as teses dos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 e aquelas de O capital. Aos trabalhos já citados de Bigo e Calvez pode-se  agregar, nessa linha de interpretação, o texto de 1957 de Maximilien Rubel, Karl Marx. Ensaio de biografia intelectual, e o de Erich Fromm, Marx’s concept o f Man. Segundo Rubel, com a categoria de trabalho alienado (entfremdete Arbeit) tem-se “a chave de toda a obra posterior do economista e do sociólogo [Marx]” e “a tese central de O capital foi aqui antecipada” (Rubel, 2001, p. 130). Do mesmo modo, alguns anos depois, Fromm afirmou (1961, p. 54): “o conceito de alienação sempre [foi] e permaneceu o ponto central do pensamento do ‘jovem’ Marx que escreveu os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 e do ‘velho’ Marx que escreveu o Capital”. Outro importante livro que pode ser arrolado nessa linha de interpretação é Marx e o marxismo, publicado em 1967, na Alemanha ocidental, pelo estudioso alemão Iring Fetscher. O seu propósito, na verdade, foi exatamente o de demonstrar como:

… as categorias críticas que Marx tinha elaborado nos seus  Manuscritos de Paris e nos cadernos de resumos constituem a base da teoria da economia política no Capital e não foram de modo algum renegadas pelo Marx ‘adulto’. Com isso deveria estar provado que as obras juvenis não apenas permitem entender quais foram as motivações que levaram Marx a escrever a crítica da economia política (O capital), mas que a crítica da economia política contém, implicitamente, e, em parte, explicitamente, a crítica à alienação e à reificação, que constituem o tema central das obras juvenis. (Fetscher, 1969, p. 30)

A tese da grande importância dos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 também conquistou um marxista próximo aos cânones interpretativos soviéticos, Palmiro Togliatti, que – em uma contribuição publicada no volume XXX e inserida, em tradução para o francês, em uma importante coletânea de ensaios sobre o jovem Marx – afirmou que, nos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844,

… foi aberta a estrada para a crítica de toda a sociedade burguesa, que será feita nos anos e nas obras seguintes e que culminará no Capital, mas pode-se dizer que em grande parte já está completa […]. Apesar da sua forma, que não é simples, se nota que todo o marxismo já está contido aqui. (Togliatti, 1961, p. 48-49)

A segunda interpretação se baseou, ao contrário, na contraposição entre o “jovem” Marx e o “maduro” e na superioridade e maior riqueza teórica do primeiro em relação ao segundo. Os precursores dessa linha foram os já mencionados Landshut e Mayer, que, no prefácio da edição de 1932, tinham declarado que os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 eram a revelação do autentico marxismo: “em certo sentido a obra mais central de Marx”, que contém “o ponto crucial do desenvolvimento do seu pensamento, onde os princípios da análise econômica derivam diretamente da idéia da ‘verdadeira realidade do homem’” (Landshut; Mayer, 1932a, p. 13). Compartilharam dessa leitura outros autores alemães, dentre os quais os já citados Henri De Man, Heinrich Popitz, Jacob Hommes – além de Erich Thier, no opúsculo de 1957 Das Menschenbild des jungen Marx (Their, 1957) (A visão de homem do jovem Marx). Análoga convicção foi apresentada por Kostas Axelos (1963, p. 56-57), que, na obra Marx pensador da técnica, afirmou: “o manuscrito de 1844 é e continua a ser o texto mais denso do pensamento, dentre todas as obras marxianas e marxistas”.

A terceira posição, por fim, foi defendida por todos aqueles que consideravam os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 somente uma etapa transitória do pensamento de Marx. Nesse texto, que foi definido como de amadurecimento teórico, ele teria sido capaz de recolher as principais contradições da sociedade burguesa, mas com uma impostação ainda filosófico-humanista e uma linguagem influenciada pela obra de Feuerbach. Um dos principais limites dessa interpretação foi o de considerar as concepções juvenis de Marx em função dos futuros e já conhecidos desdobramentos de sua obra. Segundo essa leitura, a categoria de alienação já estava presente exclusivamente nas obras “juvenis”, mas totalmente ausente nas obras da “maturidade”. Enfim, os autores que sustentaram essa posição – principalmente os expoentes da ortodoxia “marxista-leninista” – consideraram que as etapas da evolução do pensamento de Marx foram as indicadas por Lênin, convicção que, além de ser, em muitos aspectos, discutível, não permitia levar em consideração a grande importância dos inéditos de 1932 publicados depois da morte do líder bolchevique.

Entre os expoentes mais importantes dessa escola interpretativa, podemos citar Auguste Cornu que, primeiramente em 1934, com a publicação de sua tese de graduação Karl Marx – L’homme et l’oeuvre. De l’hégélianisme au matérialisme historique (Cornu, 1934) (Karl Marx – O homem e a obra. Do hegelianismo ao materialismo histórico), primeiro embrião da sua futura obra em quatro tomos intitulada Marx e Engels) colocou os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 no trilho da interpretação soviética. Vincularam-se também a ela o já citado ensaio de Jahn, o de Manfred Buhr (1966), publicado na prestigiosa revista da República Democrática Alemã Deustsche Zeitschrift für Philosophie, e as introduções às reedições do texto de Cornu (1968) e de Emile Bottigelli (1962). Mais tarde, Cornu, no terceiro volume de sua obra (Marx em Paris), considerada a biografia intelectual mais completa já escrita sobre essa fase da vida de Marx, evitou a comparação com outros escritos posteriores e se limitou a uma avaliação menos ideologizada do texto (Cornu, 1962a).

Merece particular atenção, enfim, a obra de Althusser. A coletânea de ensaios publicada por ele em 1965, com o título A Favor de Marx, certamente representou o principal texto dessa polêmica, e estimulou o maior número de reações e discussões. Althusser sustentou que, em A ideologia alemã e nas Teses sobre Feuerbach, estava claramente presente uma ruptura epistemológica (coupure èpistémologique) “que constitui a crítica da sua antiga consciência filosófica (ideológica)” (Althusser, 1970, p. 16). Com base nessa cesura, ele subdivide o pensamento de Marx “em dois grandes períodos essenciais: o período ainda ‘ideológico’, anterior à ruptura de 1845 e o período ‘científico’, posterior à ruptura de 1845.” (Althusser, 1970, p. 17). Também nesse caso, um dos principais pontos de divergência foi a relação entre Marx e Hegel. Para Althusser, na verdade, Hegel tinha inspirado Marx em um único texto – os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 – e, portanto, no seu período “ideológico-filosófico”: “o jovem Marx nunca foi hegeliano, mas, inicialmente, foi kantiano-fichtiano e, depois, foi feuerbachiano. A tese em grande voga do hegelianismo do jovem Marx, em geral, é um mito. Em compensação, às vésperas da ruptura com a anterior consciência filosófica” (Althusser, 1970, p. 18) é como se Marx, recorrendo pela primeira e única vez na juventude a Hegel, tivesse produzido uma extraordinária “aberração” teórica indispensável à eliminação da sua consciência “delirante” (Althusser, 1970).

Desse modo, para Althusser, os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 são “o texto mais distante que existe, teoricamente falando, da aurora que estava para surgir” (Althusser, 1970, p. 19). O Marx mais distante de Marx é justamente este Marx aqui, ou seja, o Marx mais próximo, o Marx da véspera, o Marx do limiar: como se, antes da ruptura, e para realizá-la, ele tivesse tido a necessidade de dar à filosofia todas as suas possibilidades, a última possibilidade, este império absoluto do seu contrário e este imenso triunfo teórico: ou seja, a sua derrota. (Althusser, 1970, p. 137)

A paradoxal conclusão de Althusser (1970, p. 65) foi a de que “não se pode absolutamente dizer que ‘a juventude de Marx pertence ao marxismo’”. Dessa forma, sua posição, embora concebida por pontos de partida opostos, contribuiu, especularmente, com a de Landshut e Mayer, ou de outros autores franceses precedentemente já citados , para criar o mito do “jovem” Marx.

Essas concepções se basearam numa contraposição filologicamente infundada dos textos de Marx. Sem entrar, aqui, no mérito da polêmica relativa à presença ou não das categorias filosóficas juvenis e da influência hegeliana nas críticas da economia política de Marx, é preciso ressaltar um limite de grande parte dessas interpretações. Esse limite está em considerar os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 como uma obra concluída, um texto coerente, escrito de modo sistemático e pré-organizado. As tantas interpretações que quiseram atribuir a eles o caráter de uma orientação acabada, tanto aquelas que reconheciam neles a completude do pensamento marxiano (Landshut e Mayer ou os filósofos Frances) quanto as que os tinham como uma concepção definida e oposta àquela da maturidade científica (Althusser) foram refutadas pelo exame filológico.

Um dos primeiros autores que interveio a esse respeito foi Ernest Mandel, que, em seu texto de 1967, A formação do pensamento econômico de Karl Marx, disse que a razão do erro de Althusser se originava no seu “esforçar(se) em vão para apresentar os  Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 como o fruto de uma ideologia concluída ‘pertencente a um todo’” (Mandel, 1973, p. 175). Para Mandel, os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 espelhavam a transição de Marx e, portanto, apresentavam, no seu interior, elementos típicos do passado e temas futuros, circunstância que produzia diversas contradições. Com posicionamento similar a esse respeito, também se apresentava o precedente trabalho de Pierre Naville, Da alienação ao gozo (Naville, 1978).

As interpretações no “campo socialista” no mundo anglo-saxão e na Itália
Inicialmente, o marxismo oficial ignorou os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 ou foi totalmente incapaz de analisá-los com seriedade. Georg Mende, por exemplo, no seu texto Karl Marx’ Entwicklung Von revolutionären Demokraten zum Kommunisten (O desenvolvimento de Karl Marx de democrático revolucionário a comunista), não fez referência a eles nem na primeira edição de 1954, nem na segunda edição de 1955. Somente na terceira edição, em 1960, ele admitiu que esses “trabalhos preparatórios de Marx […] para uma obra maior” (Mende, 1960, p. 132) não podiam ser ignorados. Dessa forma, os escritos e as categorias juvenis de Marx que, no chamado “marxismo ocidental”, ocuparam um lugar de destaque desde os anos trinta, por causa do dogmatismo staliniano e da hostilidade em relação ao conceito de alienação, estrearam no campo soviético com enorme atraso.

Ao lado dos pouquíssimos textos russos, a primeira publicação que difundiu, na Europa, um bom número de ensaios sobre os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 dos estudiosos soviéticos foi a coletânea Sur le jeune Marx (Sobre o jovem Marx), publicada em 1961 como número especial da revista Recherches Internationales à la lumière du marxisme. Aos textos dos russos O. Bakouradze, Nikolai Lapin, Vladimir Brouchlinski, Leonide Pajitnov e A. Ouibo foram acrescentados artigos de alguns dos principais estudiosos de Marx da Polônia (Adam Schaff) e da República Democrática Alemã (Wolfgang Jahn e Joachim Hoeppner), além do texto de Togliatti, citado anteriormente. Mesmo com conotações da abordagem ideológica da época, esses textos constituem a primeira tentativa, do lado socialista, de se enfrentarem quanto às problemáticas relativas ao “jovem” Marx e de disputar o monopólio interpretativo com os marxistas “ocidentais” (Althusser, 1967, p. 35). Algumas contribuições apresentaram ideias interessantes, dentre elas o ensaio “Les manuscrits economico-philosopiques de 1844” de Pajitnov (1960, p. 98), no qual ele  afirmava que

… as ideias fundamentais de Marx estão ainda por vir, e juntamente a notáveis formulações, nas quais está germinando uma nova concepção de mundo, há também muitos pensamentos ainda não amadurecidos, que são marcados pela influência das fontes teóricas que serviram de material para a reflexão de Marx e das quais ele partiu para a elaboração da sua doutrina.

A formulação teórica de base, sustentada por grande parte dos autores, estava, no entanto, errada. Contrariamente às interpretações em voga, que reliam os conceitos de O capital através daqueles encontrados nos trabalhos juvenis, muitos destes estudiosos seguiram o percurso contrário: analisaram os textos juvenis a partir dos desenvolvimentos posteriores da teoria de Marx, ou seja, “ler os textos juvenis pelo filtro dos textos da maturidade” (Althusser, 1967, p. 41). O que veio antes do pensamento de Marx impediu, assim, de captar o significado e o valor da elaboração daquele período.

Em seguida, no entanto, o estudo dos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 ganhou força também nos países socialistas e obteve alguns resultados relevantes. Dentre eles, deve-se destacar o trabalho de 1958, Die Entwicklung der ökonomischen Lehre Von Marx und Engels in den vierziger Jahren dês 19. Jahrhunderts (Rosenberg, 1958) (O desenvolvimento da doutrina econômica de Marx e Engels nos anos quarenta do século XIX), de D. I. Rosenberg. Despertou maior interesse, ainda Antes de O Capital, de Walter Tuchscheerer, sem dúvida o melhor estudo feito no Leste sobre o pensamento econômico do jovem Marx, que teve o mérito de examinar criticamente, além dos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844, também o conteúdo dos principais cadernos de resumos parisienses (Althusser, 1967).

Aos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 foi reconhecido um papel relevante também no marxismo anglo-saxão. No entanto, também ali, o estudo desse texto foi iniciado tardiamente em relação a outros países. A primeira edição que despertou um interesse bastante amplo surgiu nos Estados Unidos, com a obra de Erich Fromm e com tradução de Tom Bottomore, lançada em 1961. O ensaio de introdução, também publicado no mesmo ano, no livro de Fromm, apresentou os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 como “o principal trabalho teórico de Marx” (Fromm, 1961, p. 5), e prevaleceram, de maneira difusa, os estudos que analisaram a influência hegeliana sobre o jovem Marx. Foi precursor, nesse aspecto, Sidney Hook, que, em 1933, com seu trabalho Towards an Understanding of Karl Marx (Hook, 1933) (Para uma compreensão de Karl Marx). Nos anos sessenta, foram publicados diversos volumes que apresentaram uma interpretação análoga. Dentre eles, os principais textos foram Philosophy & Myth in Karl Marx (Tuchscheerer, 1980) (Filosofia e mito em Karl Marx), de Robert Tucker, e o livro, na verdade mais histórico-político do que filosófico, do estudioso israelita Shlomo Avineri O pensamento político e social de Marx (Fromm, 1961).

Não faltaram as opiniões contrárias, também nesse caso, até mesmo muito radicais. Segundo Daniel Bell, a insistente aproximação de Marx a Hegel nada mais era do que a “criação de um novo falso mito”, pois “identificada na economia política a resposta aos mistérios de Hegel, Marx esqueceu-se totalmente da filosofia.” (Bell, 1959, p. 935, 944).

Quanto ao panorama italiano, por fim, deve-se destacar a influência da obra de Galvano della Volpe, especialmente de seu livro de 1956, Russeau e Marx, ao ressaltar que o mais importante, dentre os escritos juvenis de Marx, fora, durante muito tempo, a Crítica da filosofia hegeliana do direito público. Segundo Della Volpe (1971, p. 150), esse texto continha “as premissas mais gerais de um novo método filosófico”, enquanto que os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 foram definidos como uma espécie de “confusão” econômico-filosófica. Uma das melhores análises dos manuscritos parisienses, porém, foi feita pouco depois. Entre 1960 e 1963, Mario Rossi publicou, em quatro volumes, o notável estudo De Hegel a Marx, e a parte final do terceiro tomo – A escola hegeliana. O jovem Marx (Tucker, 2001) – foi dedicada aos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844. Além do mais, o volume dos Anais do Instituto Giangiacomo Feltrinelli de 1963 (Avineri, 1997) e, sobretudo, o de 1964/65 (Bell, 1959), que foi inteiramente dedicado ao “Marx jovem”, representaram uma das mais importantes publicações internacionais sobre o tema. As contribuições publicadas foram, no entanto, em grande parte, de estudiosos estrangeiros. Deve-se citar, por fim, o interessante volume de Mario Dal Pra A dialética de Marx: dos escritos juvenis à “Introdução à crítica da economia política” (Cf. Della Volpe, 1971), que contém, também nele, uma parte dos manuscritos parisienses.

A divulgação dos Grundrisse – os importantíssimos manuscritos econômicos de Marx de 1857-58 – que aconteceu na Alemanha em 1953 (Rossi, 1977), e a partir do final dos anos sessenta, na Europa e nos Estados Unidos, deslocou a atenção dos comentaristas do texto marxiano e militantes políticos das obras juvenis para o “novo” inédito. Nos anos oitenta, período em que a Marx-Forschung (a pesquisa sobre Marx) vivenciou um forte esvaziamento, surgiram, no entanto, alguns estudos sobre a relação entre Hegel e Marx, nos quais os manuscritos parisienses tiveram importância crucial. Dentre tais estudos, citamos Pour lire Hegel et Marx (Instituto Giangiacomo Feltrinelli, 1964) (Para ler Hegel e Marx) e Retour sur le jeune Marx. Deux études sur le rapport de Marx à Hegel (Instituto Giangiacomo Feltrinelli, 1965) (O retorno do jovem Marx. Dois estudos sobre a relação de Marx com Hegel), de Solange Maercier-Josa e Dialectics of labour. Marx and his relation to Hegel (Dal Pra, 1977) de Cristopher Arthur. Trata-se de uma demonstração do grande e permanente fascínio exercido por essas páginas. Alguns recentes estudos sobre Marx, mesmo que em número muito reduzido, se comparado ao passado, se debruçaram sobre o seu valor (Musto, 2008).

Manuscritos e cadernos de resumos: os papéis de 1844
Apesar da evidente incompletude e da fragmentação dos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844, a confusão que se seguiu às diferentes versões publicadas e, sobretudo, a consciência da ausência de grande parte do “segundo” manuscrito, o mais importante e, infelizmente perdido, ninguém, dentre os intérpretes críticos e curadores de novas edições, se ocupou em reexaminar os originais que, por aquele texto que tanto pesava no debate entre as diferentes interpretações críticas de Marx, se revelava tão necessário.

Escritos entre maio e agosto, os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 não podem ser considerados uma obra. Sem homogeneidade e longe de apresentarem uma estreita vinculação entre as partes, são muito mais uma evidente expressão de uma concepção teórica em fase de desenvolvimento. A forma de assimilar e utilizar as leituras de que ele se nutria fica demonstrada em um atento exame dos nove cadernos de resumos que chegaram até nós, com mais de 200 páginas de compêndios e comentários (Mercier-Josa, 1980).

Nos cadernos parisienses, foram encontrados traços do contato que Marx fez com a economia política e do processo de formação de suas primeiríssimas elaborações sobre a teoria econômica. Da comparação desses cadernos com os textos do período, publicados ou não, fica evidente a importância dessas leituras no desenvolvimento de suas ideias. Circunscrevendo a lista somente para os autores de economia política, Marx elaborou resumos de textos de Say, Schüz, List, Osiander, Smith, Skarbek, Ricardo, James Mill, MacCulloch, Prevost, Destutti de Tracy, Buret, de Boisguillebert, Law e Lauderdale (Mercier-Josa, 1986). Nos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844, nos artigos e na correspondência da época, apareceram referências a Proudhon, Schulz, Pecquer, Loudon, Sismond, Ganihl, Chevalier, Malthus, de Pompery e Bentham (Arthur, 1986).

Marx elaborou os primeiros excertos a partir do Traité d’économie politique de Say (Cf. Khan, 1995; Oishi, 2001; Rockmore, 2002), do qual transcreveu partes inteiras, enquanto assimilava conhecimentos elementares de economia. A única anotação é posterior e, como estava habituado a fazer, se concentra na parte direita da folha destinada a essa função. Mesmo os compêndios da Recherches sur la nature et les causes de la richesse des nations de Smith (Cf. Musto, 2006), cronologicamente em seguida, buscavam a análoga finalidade de consolidar a base das noções econômicas. Na verdade, embora eles sejam os mais longos, não têm quase nenhum comentário. Não obstante isso, o pensamento de Marx se mostra claro pela mesma organização dos resumos e, como com frequência acontece em outras partes, pela sua maneira de colocar em contrapoposição teses divergentes de diferentes economistas. Apresentam um caráter diferente, porém, os resumos de Des principes de l’économie politique et de l’impôt de Ricardo, nos quais surgem suas primeiras observações. Elas se concentram nos conceitos de valor e preço, concebidos ainda como perfeitamente idênticos. A igualdade entre valor e preço das mercadorias parte do conceito inicial de Marx, que conferia realidade só para o valor de troca produzido pela concorrência, deixando o preço natural na esfera da abstração. Dando continuidade aos estudos, as notas críticas não foram mais esporádicas, mas se intercalaram nos resumos das obras, aumentando, com o avanço do conhecimento, de autor para autor. Frases isoladas, depois considerações mais longas, até que, concentrando-se, nos Élemens d’économie politique de James Mill, na crítica da intermediação do dinheiro como completo domínio da coisa alienada ao homem, a relação se inverteu, e não foram mais seus textos que se intercalavam aos resumos, mas ocorreu exatamente o oposto (Cf. Marx, 1998).

Por fim, para evidenciar, mais uma vez, a importância dos resumos, convém destacar que eles foram utilizados mesmo após terem sido redigidos. Parte deles foi publicada em 1844, no Vorwärts!, o bi-semanal dos emigrados alemães em Paris, para auxiliar na formação intelectual dos leitores (Cf. Marx, 1981a). Sobretudo, por serem muito abrangentes, foram depois utilizados por Marx, que tinha o hábito de reler suas anotações de tempos em tempos, para a composição dos Grundrisse, manuscritos de 1861-63, conhecidos mais como Teorias sobre o mais valor, e do primeiro livro de O capital (Cf. Marx, 1981b).

Concluindo, Marx desenvolveu seus pensamentos tanto nos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 quanto nos cadernos de resumos de suas leituras. Os manuscritos estão repletos de citações, e o primeiro é quase uma coletânea. Os cadernos de compêndios, mesmo que sobremaneira voltados para os textos que lia, são acompanhados de seus comentários. O conteúdo de ambos, a forma de escrita – caracterizada pela divisão das folhas em colunas –, a numeração das páginas e o momento da anotação confirmam que os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 não são uma obra isolada, mas uma parte da sua produção crítica que, nesse período, se caracteriza pelos resumos dos textos que estudava, pelas reflexões críticas a respeito deles e pelas elaborações que, espontaneamente ou fruto de raciocínio, fixava no papel (Cf. Marx, 1981c). Separar esses manuscritos do resto, retirá-los de seu contexto, pode induzir a erros de interpretação (Marx, 1981d; Marx; Engels, 1976; Cf. Rojanh, 1983).

O conjunto dessas notas e a reconstituição histórica de seu amadurecimento mostram o itinerário e a complexidade de seu pensamento crítico durante esse intenso período de trabalho (Cf. Grandjonc, 1974). Os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 e os cadernos de resumos e anotações constituem o início do estudo crítico da nova disciplina com a qual Marx se firmou: a economia política. Eles estão cheios de elementos teóricos derivados de antecessores e contemporâneos. As observações que ele desenvolveu não foram, pois, o fruto de uma súbita intuição, mas o primeiro resultado de um intenso estudo. A hagiografia marxista-leninista dominante no passado, apresentando o pensamento de Marx com uma urgência impraticável e pré-organizando um resultado final de forma instrumental, maculou o percurso para conhecê-lo e tornou a reflexão mais pobre. É necessário, pois, reconstruir a gênese, as influências intelectuais e as conquistas teóricas dos trabalhos de Marx, evidenciando a complexidade e a riqueza de uma obra que ainda contribui para o pensamento crítico dos nossos dias.

Indicações para uma nova edição italiana
Diante da evidente relação muito estreita entre os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 e os cadernos de resumos do mesmo período, destaca-se a necessidade de se fazer uma nova edição italiana do célebre texto marxiano. A versão que se propõe, a partir da edição histórico-crítica MEGA², deveria reunir, em uma única publicação, os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 e os comentários críticos às obras compendiadas por Marx nos cadernos de resumo do mesmo período. Destes últimos, foram publicados em italiano, por muito tempo, (no volume III das Obras dos Editores Riuniti) somente os Resumos do livro de James Mill, “Élémens d’économie politique”. Somente uma publicação de 1990, em uma coleção menor da mesma editora, com o título de A descoberta da economia política, apresentou grande parte das anotações marxianas, ou seja, aquelas relativas a Say, Smith, Ricardo, Mill, Prevost e Boisguillebert (Engels, 1964).

São muitas as exigências para se fazer uma nova edição. Em primeiro lugar, devem-se reunir todos esses textos que estão relacionados entre si, demonstrando a interdependência e o caráter de incompletude e fragmentação que os distingue. Em segundo lugar, para poder interpretar corretamente os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844, é preciso tornar mais clara sua gênese e, para tal, especificar a exata datação de todos os manuscritos marxianos e reconstituir, através de uma introdução histórico-filológica, os objetivos dessas páginas, além dos ganhos obtidos e todos os limites teóricos ainda presentes nelas. Enfim, seriam necessárias algumas revisões da tradução e uma clara distinção entre o texto de Marx e aquele dos autores dos quais ele extraiu os resumos, que deveriam ser apresentados – como já ocorreu em algumas edições internacionais – em um corpo menor.

Quanto à ordem das várias partes do texto, propõe-se que ela seja mantida, como em grande parte das edições já existentes, com o Prefácio no início, conservando-se a divisão em três “capítulos” (Salário, Exploração do Capital, Renda fundiária) do “primeiro” manuscrito, e deixando claro – até mesmo com a ajuda de alguma ilustração dos originais – o caráter particular da composição original. Todas as anotações críticas de Marx presentes nos nove cadernos de resumos, feitas paralelamente aos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 deveriam ser colocadas, no entanto, após eles. Elas seriam publicadas integralmente, em ordem cronológica, e com um acréscimo final das quatro páginas do compêndio da Fenomenologia do Espírito de Hegel, feito por Marx e por ele mesmo inserido no “terceiro” manuscrito.

References
1. Tradução do italiano por Margareth Nunes, professora da Faculdade de Letras da UFG. Revisão Técnica: David Maciel.
2. O que foi preservado dos Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 são três manuscritos (com 27 partes do primeiro, 4 do segundo e 41 do terceiro), aos quais se deve acrescentar uma folha de 4 partes, que contém um prospecto do último capítulo da Fenomenologia do Espírito de Georg W. F. Hegel, inserido por Marx no terceiro manuscrito.
3. Os títulos das obras em russo foram traduzidos pelo autor diretamente no texto e citados em transliteração em nota.
4. A esse respeito veja também Albert Mesnil, Note sur le communisme et la propriété priée (1929).
5. Todos os títulos das obras ou artigos não traduzidos para o italiano aparecem no texto com o título original seguido pela tradução entre parênteses.
6. Os títulos das obras dos autores estrangeiros incluídos neste artigo, assim como as citações delas retiradas, foram traduzidos pelo autor.
7. As citações retiradas dos textos que não foram traduzidas para o italiano e que aparecem neste artigo são de responsabilidade do autor.
8. Tradução livre do autor.
9. A introdução assinada pelos dois organizadores, na verdade, foi feita somente por Landshut, que também a publicou como opúsculo, em separado (Cf. Landshut, 1932).
10. Na versão italiana de Bobbio, ao contrário, foi mantida a primeira transcrição errada, traduzida como “colisão de oposições recíprocas” (Cf. Marx, 1968, p. 97). O mesmo ocorre na versão feita por Della Volpe nas Obras, onde a expressão foi traduzida como “colisão de recíprocas oposições” (Cf. Marx, 1976). A tradução correta seria: “adversários de recíproca oposição”. A correção do termo Genuss (gozo) no lugar de Geist (espírito), no entanto, é mostrada por Bobbio, que inclui também as correções de Selten (raramente) no lugar de selber (mesmo) e Prinzip (princípio) no lugar de Progress (progresso). A propósito, ver a nota à tradução da p. 18. Na sua versão, presente nas Obras, Dalla Volpe optou por outra tradução para o termo Genuss, que, em português, ficou como “fruição”.
11. Ver MEGA I/3 (1932, p. 472, linha 2) e MEGA I/3 (1932, p. 68, linha 19). Tradução italiana: “das três classes elementares” e “das três classes produtivas”.
12. Segundo os organizadores da nota de introdução do volume I/2, houve “correções essenciais relativas às edições até então publicadas” ver MEGA² I/2,  p. 35. Para todas as informações relativas às novas traduções, deve-se consultar a lista das variantes da Vorrede, incluído no volume MEGA² I/2, p. 842-852.
13. Ver MEGA² I/2 e MEGA² IV/2 (1981).
14. O testemunho autobiográfico de Lukács (1971a, p. 57) em relação à leitura dos Manuscritos econômico-filosóficos do ano 1844 é muito importante: “lendo os manuscritos, mudei completamente a minha relação com o marxismo e transformei a minha perspectiva filosófica”.
15. Ver Georg W. F. Hegel, Jenenser Logik, Metaphysik und Naturphilosophie, (organizado por G. Lasson), Felix Meiner, Leipzig 1923 e Georg W. F. Hegel, Jenenser Realphilosophie, (organizado por J. Hoffmeister), 2 vol., Felix Meiner, Leipzig 1931.
16. Ver Faracovi (1972, p. 9), em particular as páginas 12 a18, onde se destaca que “a cultura filosófica francesa do pós-guerra se interessou por Marx durante muito tempo, de maneira quase que exclusiva, na forma do pensamento juvenil”.
17. Ver, em particular, o capítulo “Marxismo e filosofia”.
18. Após a publicação de 1923, o autor húngaro reviu várias das suas antigas posições filosóficas que tinham sido criticadas, nesse meio tempo, nos países ditos socialistas. A mais importante correção feita foi assim resumida na nova introdução escrita por ocasião da reimpressão de 1967: “História e consciência de classe segue Hegel na medida em que, também nesse livro, a alienação é colocada no mesmo plano da objetivação (para usar a terminologia filosófica dos Manuscritos econômico-filosóficos do ano 1844 de Marx)” (Cf. Lukács, 1971b).
19. Ao lado do já citado Jean Yves Calvez, O pensamento de Karl Marx (1956), deve-se recordar Kostas Axelos, Marx pensador da técnica ([1961] 1963), Istvan Meszaros, A teoria da alienação em Marx (1970); Adam Schaff, A alienação como fenômeno social (1979), Giuseppe Bedeschi, Alienação e fetichismo no pensamento de Marx (1968) e Bertell Ollman, Alienation. Marx’s conception of man in capitalist society (1971).
20. Para uma breve resenha sobre o assunto, veja Ernest Mandel, A formação do pensamento econômico de Karl ([1967] 1970), em particular o capítulo X “Dos Manuscritos de 1844 aos  Grundrisse: de uma concepção antropológica a uma concepção histórica da alienação”. Uma análise das diferentes interpretações encontra-se também no muito citado Jürgen Rojahn, em O caso dos chamados “manuscritos econômico-filosóficos do ano 1844”.
21. Auguste Cornu, Marx e Engels ([1955] 1962). Os volumes III e IV, que não foram traduzidos para o italiano e que, portanto, não foram incluídos nessa edição, foram publicados em Paris pela Presses Universitaires de France em 1962 e em 1970.
22. A esse respeito, veja, em particular, as páginas 172-177.
23. A respeito do conceito de “ruptura epistemológica”, remete-se a Étiénne Balibar, Para Althusser, (1991), em particular o último capítulo “O conceito de ‘ruptura epistemológica’ de Gastón Bachelard a Louis Althusser”, p. 65-97.
24. A “subdivisão” do pensamento de Marx realizada por Althusser foi articulada em quatro fases: as obras juvenis (1840-1844); as obras da ruptura (1845); as obras do amadurecimento (1845-1857); as obras da maturidade (1857-1883), (Althusser, 1970, p. 18).
25. A esse respeito, é interessante o breve testemunho biográfico-intelectual sobre a relação entre Althusser e os Grundrisse, presente no recente texto de Lucien Sève, Penser avec Marx aujourd’hui. I. Marx et nous (2004). A propósito da velha polêmica sobre a presença ou não do conceito de alienação no O capital, o estudioso francês nota como Althusser, com exceção da Introdução de 1857, nunca tenha lido os Grundrisse. Para maiores detalhes ver p. 29. Pode-se acrescentar ainda que os Grundrisse, o texto mais hegeliano do Marx maduro, foram escritos logo após a Introdução de 1857, considerada pelo filósofo francês a quintessência do método marxista maduro. A esse propósito, deve-se ver o capítulo “L’objet Du Capital” em Louis Althusser, Ler o Capital ([1965] 1971).
26. Muito eficaz a esse respeito é a breve e polêmica referência de Maximilien Rubel sobre o “marxismo” de Althusser. Em uma breve nota de introdução a um dos volumes sobre Marx, publicados por ele na prestigiosa coleção Plêiade, Rubel declarou ironicamente que, com a sua afirmação, Althusser tinha dito somente uma “meia verdade […] uma boa leitura das obras da maturidade conduz à verdade por inteiro, ou seja: Marx nunca, em nenhum momento de sua carreira, pertenceu ao marxismo.” (Rubel, 1968, p. 63).
27. Ernest Mandel, A formação do pensamento econômico em Karl Marx, (1973). Segundo Mandel, Althusser “tem razão em se opor a todo método analítico-teleológico que conceba a obra juvenil de um determinado autor exclusivamente com o intento de saber até que ponto tenha-se aproximado ao ‘objetivo’ constituído pela obra da maturidade. [Mandel se refere à crítica feita à “pseudoteoria da historia da filosofia no ‘futuro anterior’”. Ver Louis Althusser, Para Marx, (1970, p. 38). Nota do Autor] Mas está errado em contrapor um método que secciona arbitrariamente em formações ideológicas coerentes, as sucessivas fases evolutivas de um mesmo autor, com o pretexto de considerar ‘cada ideologia como um todo’” (Althusser, 1970, p. 175-176).
28. Outra interessante publicação a respeito foi a coletânea em língua inglesa editada pela Academia das Ciências da União Soviética Philosophy, science and man. The soviet delegation reports for the XIIIth World Congress  of Philosophy, Moscou (1963), assinala, em particular, o ensaio de T. I. Oiserman, Man and his alienation. Sobre temas análogos, em italiano, há  A sociedade soviética e o problema da alienação. Uma polêmica entre E. M. Sitnikov e Iring Fetscher no Iring Fetscher, Marx e o marxismo: da Filosofia do proletariado à Weltanschaaung proletária (1969).
29. Contra essa postura, é bom lembrar uma passagem de Althusser que é muito significativa: “Certamente nós sabemos que o jovem Marx se tornará Marx, mas não queremos viver mais depressa do que ele; não queremos viver no lugar dele, romper por ele ou descobrir por ele. Não o esperaremos à frente no final da corrida, para lançar sobre ele, como sobre um fundista, o manto do descanso, porque, afinal de contas, chegou” (Althusser, 1967, p. 53).
30. Mario Rossi, De Hegel a Marx. III. A escola hegeliana. ([1963] 1977). Os Manuscritos econômico-filosóficos de 1844 foram analisados nas páginas 456-584.
31. Nesse volume, havia muitos ensaios sobre “Marx e Engels. A formação do pensamento deles. O ambiente intelectual e político”. Dentre eles podem ser destacados: Emile Bottigelli, Karl Marx et la gauche hégélienne; Auguste Cornu, La formation du matérialisme historique dans “L’Idéologie allemande”; Claudio Cesa, Figuras e problemas da historiografia filosófica da esquerda hegeliana. 1831-1848; Andrej Walicki, Hegel, Feuerbach and the Russian “philosophical left”. 1836-1848.
32. O volume continha os seguintes ensaios: Adam Schaff, Découverte nouvelle de notions anciennes du marxisme; Rudolf Schlesinger, Les “Manuscrits économico-philosophiques” de Marx replacés dans leur perspective historique; Predrag Vranicki, La signification actuelle de l’humanisme du jeune Marx; Henri Lefebvre, Propositions pour une nouvelle lecture de Marx; Lucien Goldmann, Philosophie et sociologie dans l’oeuvre du jeune Marx; Iring Fetscher, La concrétisation de la notion de liberte chez Le jeune Marx; Roger Garaudy, Fichte et Marx; Ivan Dubsky, Zur Feuerbach und Marx; György Márkus, Der Begriff dês “menschlichen Wesens” in der Philosophie dês jungen Marx; Enrique Gonzáles Pedrero, O humanismo do jovem Marx. Enriquecem o volume duas importantes “Contribuições bibliográficas”: L’oeuvre de jeunesse de Marx et Engels dans lês études publiées de 1945 a 1963/64 e Marx et Engels et la gauche hégélienne (organizado por Bert Andréas).
33. Uma primeira edição de 1939-41 permaneceu quase desconhecida; ver Marcello Musto, Dissemination and reception Critique of Political Economy 150 Years (2008).
34. Naquele período as obras dos economistas ingleses foram lidas por Marx em francês.
35. Nos textos que Marx possuía em sua biblioteca pessoal e naqueles que tinha intenção de adquirir, veja Karl Marx, “Notizbuch aus den Jahren 1844-1847”, MEGA² IV/3 (1998).
36. Karl Marx, Exzerpte aus David Ricardo: des príncipes de l’économie politique et de l’impôt; tradução para o italiano na obra A descoberta da economia (1990).
37. Veja a carta de K. Marx para H. Börnstein, escrita no mais tardar em novembro de 1844, em Marx Engels Obras (1972).

Bibliography
ADORATSKIJ, V.  Einleitung.  In: MEGA 1/3. Berlin: Marx-Engels-Verlag, 1932.
ALTHUSSER, L. Para Marx. Roma: Editori Riuniti, 1967. p. 35-37.
______. Per Marx. [1965]. Roma: Editori Riuniti, 1970.
______. “L’objet Du Capital”. [1965]. In: ______. Ler o Capital.  Milão: Feltrinelli, 1971.
ARTHUR, C. J. Dialectics of labour. Marx and his relation to Hegel. Oxford: Basil Blackwell, 1986.
AVINERI, S. O pensamento politico e social de Marx. [1968]. Bologna: Il Mulino, 1997.
AXELOS, K. Marx pensador da técnica. [1961]. Milão: Sugar, 1963.
BALIBAR, E. “O conceito de “ruptura epistemológica” de Gastón Bachelard a Louis Althusser”. In: ______. Para Althusser. Roma: Manifestolibri, 1991. p. 65-97.
BEDESCHI, G. Alienação e fetichismo no pensamento de Marx. Bari: Laterza, 1968.
BELL, D. The “rediscovery” of alienation – Some notes along the quest for the historical Marx. The journal of Philosophy, v. 24, p. 935-944, 1959.
BIGO, P. Marxismo e humanismo. [1954]. Milão: Bompiani, 1963.
BOTTIGELLI, E. Presentation. In: MARX, K. Manuscrits de 1844.  Paris: Editions Sociales, 1962. p. 66-69.
BROUCHLINSKI, V. Note sur l’histoire de la redaction et de la publication des “Manuscrits economico-philosophiques” de Karl Marx. Recherches Internationales à la lumiere du marxisme: Sur le jeune Marx, n. 19, V-VI, 1960.
BUHR, M. Entƒremdung – philosophische Antropologie – Marx Kritik. “Deutsche Zeitshrift für Philosophie”, n. 7, p. 806-834, 1966.
CALVEZ, J. Y. O pensamento de Karl Marx. [1956]. Torino: Borla, 1966.
CORNU, A. Karl Marx: l’homme et l’oeuvre. De l’hégélianisme au matérialisme historique. Paris: Felix Alcan, 1934.
______. Marx e Engels. [1955]. Milão: Feltrinelli, 1962a.
______. Karl Marx et Friendich Engels. Marx a Paris. Paris: PUF, 1962b.
______. Einleitung. In: MARX, K. Die ökonomisch-philosophische Manuskripte. Berlim: Dietz Verlag, 1968.
DAL PRA, M. La dialética em Marx: dos escritos juvenis à “introdução à crítica da economia política”. Roma: Laterza. 1977.
DELLA VOLPE, G. Rousseau e Marx. [1956]. Roma: Editori Riuniti, 1971. p. 150.
ENGELS, F. Per la quarta edizione. In: MARX, K. Il capitale. Roma: Editori riuniti, 1964.
FARACOVI, O. P. O marxismo francês contemporaneo entre a dialética e a estrutura (1945-1968). Milão: Feltrinelli, 1972.
FETSCHER, I. Marx e o marxismo: da filosofia do proletariado à Weltanschauung proletária. Firenze: Sansoni, 1969. p. 312.
FROMM, E. Marx’s concepto f Man. New York: Frederick Ungar Publishing, 1961. p. 5.
GARAUDY, R. Do anátema ao diálogo. Brescia: Queriniana, 1969.
GRANDJONC, J. Marx et les communistes allemands à Paris 1844. Paris: Maspero, 1974.
HEGEL, G. W. F. Jenenser Logik, metaphysik und naturphilosophie. Organizado por G. Lasson. Leipzig: Felix Meiner, 1923.
______. Jenenser Realphilosophie. Organizado por J. Hoffmeister. Leipzig: Felix Meiner, 1931. v. 2.
HOMMES, J. O eros da técnica. [1955]. Roma: Abete, 1970.
HOOK, S. Towards an understanding of Karl Marx. London: Gollanz, 1933.
HYPPOLITE, J. Ensaios sobre Marx e Hegel. Milão: Bompiani, 1963. p. 153, 155.
INSTITUTO GIANGIACOMO FELTRINELLI. Annali 1963. Milano: Feltrinelli, 1964.
______. Annali 1964/65. Milano: Feltrinelli, 1965.
KHAN, N. Development of the concept and theory of alienation in Marx’s writings. March 1843 to August 1844. Oslo: Solum Forlag, 1995.
KOJÈVE, A. Introdução à leitura de Hegel. Edição italiana organizada por Franco Frigo. Milão: Adelphi Edizioni, 1996.
LANDSHUT, S. Karl Marx. Lübeck: Verlag Von Charles Coleman, 1932.
LANDSHUT, S.; MAYER, J.  P. Vorwort. In: ______. (Org.). Karl Marx: Der historische Materialismus. Die Frühschriƒten.  Leipzig: Kröner, 1932a.
______. (Org.). Karl Marx: Der historische Materialismus. Die Frühschriƒten.  Leipzig: Kröner, 1932b.
LANGSET, L. R. Young Marx and Alienation in Western Debate. “Inquiry”, n. 1, 1963.
LAPIN, N. Der junge Marx. Berlim: Dietz Verlag, 1974.  p. 304.
LEFEBVRE, H. Le marxisme et la pensée française. “Les temps modernes”, n. 137-138, 1957.
LÖWITH, K. De Hegel a Nietzsche: a ruptura revolucionária no pensamento do século XIX. Torino: Einaudi, 1949.
LUKÁCS, G. O jovem Hegel e os problemas da sociedade capitalista. Torino: Einaudi, 1950. p. 760.
______. Lukács on his life and work. New left review, n. 68, juli/aug, 1971a.
______. Prefácio para a história e consciência de classe. Milão: Sugar Editore, 1971b. p. 25.
MAN, H. de. Der neu entdeckte Marx. “Der Kampf”, n. 5-6, 1932.
MANDEL, E. Dos Manuscritos de 1844 aos Grundrisse: de uma concepção antropológica a uma concepção histórica da alienação”. In: ______. .A  formação do pensamento econômico de Karl Marx. [1967]. Bari: Laterza, 1970. p. 171-202.
______. La formazione del pensiero economico di Karl Marx. Roma: Laterza, 1973. p. 175.
MARCUSE, H. Marxismo e revolução: estudos 1929-1932. Totino: Enaudi, 1975. p. 100.
______. Razão e revolução: Hegel e o surgimento da “teoria social”. Bolonha: Il Mulino, 1997.
MARX, K. Podgotovitel’nye raboty dlja “Svjatovo Semejstva”. In: RJAZANOV, D. Archiv K. Marksa i F. Engel’as. Moskva: Leningrad, 1927. p. 247-286 – p. 103-142.
______. Notes sur le communisme et la propriété privée. La revue marxiste, n. 1, p. 6-28, fevr. 1929a.
______. Notes sue les besoins, la production et la division du travail. Revue marxiste, n. 5, juin. 1929b.
______. Podgotovitel’nye raboty dlja “Svjatovo Semejstva”. In: MARX, K.; ENGELS, F. Sob os cuidados de David Rjazanov. Sočinenija. Moskva: Leningrad, 1929c. v. 3, p. 613-670.
______. Kritik der Hegelschen Dialektik und der Philosophie überhaupt. Unter dem Banner des Marxismus, n. 3, p. 256-275, 1931.
______. Nationalökonomie und philosophie: über den zusammenhang der nationalökonomie mit staat, recht, moral, und bürgerlichem leben (1844). In: LANDSHUT, S.; MAYER, J. P. (Org.). Der historische materialismus. Die Frühschriƒten.  Leipzig: Kröner, 1932a.  p. 283-375.
______. Ökonomischi-philosophisce manuskripte aus dem jahre 1844. In: MEGA I/3. Berlin: Marx-Engels-Verlag, 1932b. p. 29-172.
______. Nationalökonomie und Philosophie. Köln: Berlim: Kiepenheuer, 1950.
______. Die Frühschriƒten. Hrsg. v. S. Landshut. Stuttgart: Kröner Verlag, 1953.
______. Manuscritos econômico-filosóficos de 1844. Torino: Einaudi, 1968.  p. 3.
______. Manuscritos econômico-filosóficos de 1844. In: MARX, K.; ENGELS, F. Obras. Roma: Editori Riuniti, 1976. v. 3.
______. Exzerpte aus Jean Baptiste Say: traité d’économie politique. In: MEGA² IV/2. Berlim: Dietz Verlag, 1981a. p. 301-327.
______. Exzerpte aus Adam Smith: recherches sur la nature et les causes de la richesse des nations. In: MEGA² IV/2. Berlim: Dietz Verlag, 1981b. p. 332-386.
______. Exzerpte aus David Ricardo: des príncipes de l’économie politique et de l’impôt. In: MEGA² IV/2. Berlim: Dietz Verlag, 1981c. p. 392-427.
______. Exzerpte aus James Mill: élémens d’économie politique. In: MEGA² IV/2. Berlim: Dietz Verlag, 1981d. p. 428-470.
______. A descoberta da economia. Roma: Editori Riuniti, 1990. p. 5-19.
______. Notizbuch aus den Jahren 1844-1847. In: MEGA² IV/3. Berlim: Dietz Verlag, 1998. p. 5-10, 12-13, 483-487.
MARX-ENGELS-GESAMTAUSGABE MEGA² I/2. Berlim: Dietz Verlag, 1982. p. 187-322 e 323-438.
MARX, K.; ENGELS, F. Kleine ökonomische Schriƒten. Berlim: Dietz Verlag, 1955. p. 42-166.
______. Iz rannikh proïzvedennij. Moscou: Marx-Engels-Verlag, 1956. p. 519-642.
______. Werke, Ergänzungsband. Erster Teil. Berlin: Dietz Verlag, 1968. p. 465-588.
______.  Sočinenija. Mosca: [S.n.], 1974. v. 42, p. 41-174.
______. Obras. Roma: Editori Riuniti, 1976. v. 3.
MAYER , J.  P. Über eine unverössentlichte Schriƒt von Karl Marx.  “Rote Revue”, p. 154-157, 1931.
McLELLAN, D. Marx antes do marxismo. Torino: Einaudi, 1974. p. 189.
______. Marx. Bolonha: Il Mulino, 1998. p. 84.
MENDE, G. Karl Marx’ Entwicklung von revolutionären Demokraten zum Kommunisten. Berlim: Dietz  Verlag, 1960. p. 132.
MERCIER-JOSA, S. Pour lire Hegel et Marx. Paris: Editions sociales, 1980.
______. Pour sur le jeune Marx. Deux études sur le rappport de Marx à Hegel. Paris: Meridiens Klincksieck, 1986.
MERLEAU-PONTY, M. Sentido e não-sentido. Milão: Il Saggiatore, 1962.
MESZAROS, I.  A teoria da alienação em Marx. London: Oxford University Press, 1970.
MILL, J. Élémens d’économie politique. In: MARX, K.; ENGELS, F. Obras. Roma: Editori Riuniti, 1976. p. 229-248.
MUSTO, M. Marx em Paris: a crítica de 1844. In: ______. (Org.). Na trilha de um fantasma. A obra de Karl Marx entre filologia e filosofia. [2005]. Roma: Manisfestolibri, 2006. p. 161-178.
______. Dissemination and reception critique of political economy 150 years later. London: New York Routledge, 2008. p. 179-188.
NAVILLE, P. Da alienação à fruição. Gênese da sociologia do trabalho em Marx e Engels. O novo Leviatã. [1957]. Milão: Jaca Book, 1978.
OISHI, T. The unknown Marx. London: Pluto, 2001.
OLLMAN, B. Alienation. Marx’s conception of man in capitalist society. New York: Cambridge University Press, 1971.
PAJITNOV, L. Les “Manuscrits économico-philosophiques de 1844”. Recherches Internationales à la lumière du marxisme: sur le jeune Marx, ano 4, n. 19, mai./jun. 1960.
(83) PAJITNOV, L. Les “Manuscrits èconomico-philosophiques de 1844”. Sur le jeune Marx, op. cit., p. 98.
POPITZ, H. Der entƒremdete Mensch. Zeitkritk und Geschichtsphilosophie des jungen Marx. [1953]. Darmstadt: Wissenschastliche Buchgesellschaft, 1967.
ROCKMORE, T. Marx after Marxism. Oxford: Blackwell Publishing, 2002.
ROJAHN, J.  O caso dos chamados “manuscritos econômico-filosóficos do ano 1844”. Passado e presente, ano 2, n. 3, p. 43, 1983.
______. The emergence of a theory: the importance of Marx’s notebooks exemplified by those from 1844.  Rethinking marxism, v. 14, n. 4, p. 33, 2002.
ROSENBERG, D. I. Die entwicklung der ökonomischen Lehre von Marx und Engels in den vierziger Jahren des 19. Jahrhunderts. Berlin: Dietz, 1958.
ROSSI, M. De Hegel a Marx. A escola hegeliana. O jovem Marx. [1963]. Milano: Feltrinelli, 1977.
RUBEL, M. Introduction. In: MARX, K. Oeuvres: economie. Paris: Gallimard, 1968. v. 2.
______. Karl Marx: ensaio de biografia intelectual. Prolegômenos para uma Sociologia ética. Milão: Colibri, 2001. p. 130.
SÈVE, L. Penser avec Marx aujourd’hui. I. Marx et nous. Paris: La Dispute, 2004.
SCHAFF, A. A alienação como fenômeno social. Roma: Editori Riuniti, 1979.
SUR LE JEUNE MARX. Recherches Internationales à la lumière du marxisme. Paris: Editions de la Nouvelle Critique, 1961. N. Especial.
THIER, E. Die Anthropologie des jungen Marx nach den Pariser ökonomisch-philosophischen Manuskripten, Einƒührung. In: MARX, K. Nationalökonomie und Philosophie. Köln-Berlin: Kiepenheuer, 1950.
______. Das Menschenbild des jungen Marx. Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht, 1957.
TOGLIATTI, P. Da Hegel au marxisme. Sur le jeune Marx: “Recherches internationales à la lumiere du marxisme”, 1961.
TUCHSCHEERER, W. Antes do “Capital”: a formação do pensamento econômico de Marx. (1843/1858). [1968]. Firenze: La Nuova Italia, 1980.
TUCKER, R. C. Philosophy & Myth in Karl Marx. [1961]. New Brunswick: London: Transaction Publishers, 2001.

Categories
Journal Articles

The Civil War in the USA and the Struggle for the Independence of Poland

I.  The struggle against slavery in the USA
In the spring of 1861, world politics was shaken by the outbreak of the American Civil War. It began shortly after Abraham Lincoln’s election as US President, when seven slaveholding States declared their secession from the USA: South Carolina, Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Louisiana and Texas. They were joined by Virginia, Arkansas, Tennessee, North Carolina and, later on, Missouri and Kentucky (although the latter two did not officially proclaim their separation). The ensuing bloody conflict claimed approximately 750,000 lives among the Confederacy (which favoured maintaining and extending slavery) and the Union (the States loyal to Lincoln, though in some cases considering slavery legal).

Marx immediately set about studying the situation and, at the beginning of July, wrote to Engels: “The conflict between South and North … has at last been brought to a head (if we disregard the effrontery of ‘chivalry’s’  fresh demands) by the weight which the extraordinary development of the North-Western States has thrown into the scales”. In Marx’s view, none of the components of the secessionist movement had any legitimacy; they were to be regarded as “usurpations”, since “nowhere did they allow the people en masse to vote”. In any case, what was at issue was not only “secession from the North, but also consolidating and intensifying the oligarchy of the 300,000 slave lords in the South” (Marx 1985c: 300).  A few days later, he observed that “the secession business [had been] wrongly represented in the English papers”, since everywhere, with the exception of South Carolina, “there was the strongest opposition to secession” (Marx 1985c: 305). Moreover, in places where an electoral consultation was allowed – “only a few” of the States on the Gulf of Mexico held a “proper popular vote” – it took place in reprehensible conditions. In Virginia, for instance, “a huge mass of Confederate troops was suddenly pitched into the territory” and “under their protection (truly Bonapartist, this), it voted for secession” – yet there were “50,000 votes” for the Union, “despite the systematic terrorism”. Texas, which, “after South Carolina, [had] the largest slave party and terrorism”, still recorded “11,000 votes for Union”. In Alabama, there was “no popular vote either on secession or on the new Constitution”, and the 61-39 majority of convention delegates in favour of secession was only due to the fact that under the Constitution “each slaveholder also votes for 3/5 of his slaves” (Marx 1985c: 306-7).  As for Louisiana, more Union votes than secession votes were cast at “the election for delegates to the convention”, but enough delegates defected to change the balance (Marx 1985c: 307).

Such considerations in Marx’s letters to Engels were complemented by even more important arguments in his journalistic pieces. In addition to sporadic contributions to the New-York Tribune, he began in October 1861 to write also for the liberal Viennese daily Die Presse, which, with its 30,000 subscribers, was the most widely read paper in Austria and one of the most popular anywhere in the German language. The main theme of these articles – which also included reports on the second French invasion of Mexico – was the economic effects of the American war on Britain. In particular, Marx focused on the development of trade and the financial situation, as well as assessing trends in public opinion. Thus, in “A London Workers’ Meeting” [1862], he expressed pleasure at the demonstrations organized by English workers, who, though “not represented in Parliament”, had managed to bring their “political influence” (Marx 1984d: 153) to bear and prevented a British military intervention against the Union.

Similarly, Marx wrote an impassioned article for the New-York Tribune following the Trent Affair, when the U.S. Navy illegally arrested two Confederate diplomats on board a British ship. The United States, he wrote, should never forget “that at least the working classes of England [had] never forsaken” it. To them it was due “that, despite the poisonous stimulants daily administered by a venal and reckless press, not one single public war meeting could be held in the United Kingdom during all the period that peace trembled in the balance” (Marx 1984c: 137). The “attitude of the British working classes” was all the more to be valued when placed alongside “the hypocritical, bullying, cowardly and stupid conduct of the official and well-to-do John Bull”; boldness and consistency on one side, incoherence and self-contradiction on the other. In a letter he wrote to Lassalle in May 1861, he commented: “The whole of the official press in England is, of course, in favour of the slaveholders. They are the selfsame fellows who have wearied the world with their antislave trade philanthropy. But cotton, cotton!” (Marx 1985c:  291).

Marx’s interest in the Civil War went far beyond its consequences for Britain; he wanted, above all else, to illuminate the nature of the conflict. The article he wrote for the New-York Tribune a few months after it broke out is a good example of this: “The people of Europe know that a fight for the continuance of the Union is a fight against the continuance of the slaveocracy – that in this  contest the highest form of popular self-government till now realized is giving battle to the meanest and most shameless form of man’s enslaving recorded in the annals of history” (Marx 1984a: 30).

In some of the articles for Die Presse, Marx analysed in greater depth the arguments of the two opposing sides. He began by demonstrating the hypocrisy of the English Liberals and Conservatives. In “The North American Civil War” [1861], he ridiculed the “brilliant discovery” of The Times, then the leading British daily, that it was “a mere tariff war, a war between a protectionist system and a free trade system”, and its conclusion that Britain had no choice but to declare its support for the “free trade” represented by the Southern Confederacy. Some weeklies, including The Economist and The Saturday Review, went a step further and insisted that “the question of slavery … had absolutely nothing to do with this war” (Marx 1984b: 32-3).

In opposing these interpretations, Marx drew attention to the political motives behind the conflict. On the slaveowners of the South, he remarked that their key aim was to maintain control of the Senate and hence “political sway over the United States”. For this, it was necessary to conquer new regions (as had happened in 1845 with the annexation of Texas) or to transform existing parts of the USA into “slave states” (Marx 1984b: 33). The upholders of slavery in America were a “a narrow oligarchy that [was] confronted with many millions of so-called poor whites, whose numbers ha[d] been constantly growing through concentration of landed property and whose condition [was] only to be compared with that of the Roman plebeians in the period of Rome’s extreme decline” (Marx 1984b: 40-1). Therefore, the “acquisition and the prospect of acquisition of new territories” was the only possible way to square the interests of the poor with those of the slaveowners,  “to give their restless thirst for action a harmless direction and to tame them with the prospect of one day becoming slaveholders themselves”.  On the other hand, Lincoln pursued the aim of “strict confinement of slavery within its old terrain”, which “was bound according to economic law to lead to its gradual extinction” and therefore to annihilation of the political “hegemony” of the “slave states” (Marx 1984b: 41).

Marx used his article to argue the opposite: “The whole movement was and is based, as one sees, on the slave question. Not in the sense of whether the slaves within the existing slave states should be emancipated outright or not, but whether the 20 million free men of the North should submit any longer to an oligarchy of 300,000 slaveholders.” What was at stake – and Marx based this on his insight into the expansionist mechanism of this economic form – was “whether the vast Territories of the republic should be nurseries for free states or for slavery; [and] whether the national policy of the Union should take armed spreading of slavery in Mexico, Central and South America as its device” (Marx 1984b: 41).

These assessments highlight the abyss separating Marx from Giuseppe Garibaldi, who had rejected the offer of a command post in the Northern army on the grounds that it was only a power struggle that did not concern the emancipation of the slaves. Regarding Garibaldi’s position and his failed attempt to restore peace between the two sides, Marx commented to Engels: “Garibaldi, the jackass, has made a fool of himself with his letter to the Yankees promoting harmony” (Marx 1985c: 293). Whereas Garibaldi failed to understand the true objectives or options in the process then under way, Marx – as a non-maximalist alert to the possible historical developments – immediately perceived that the outcome of the American Civil War would be decisive on a world scale and set the clock of history moving along the path either of slavery or of emancipation.

In November 1864, faced with the swift and dramatic unfolding of events, Marx asked his uncle Lion Philips to reflect “how at the time of Lincoln’s election [in 1860] it was only a matter of making no further concessions to the slave-owners, whereas now the avowed aim, which has in part already been realized, is the abolition of slavery”. And he added: “One has to admit that never has such a gigantic revolution occurred with such rapidity. It will have a highly beneficial influence on the whole world” (Marx 1987: 48).

II. Abraham Lincoln and Andrew Johnson
Lincoln’s re-election in November 1864 offered Marx an occasion to express, on behalf of the International Working Men’s Association, a congratulatory message with a clear political significance: “If resistance to the Slave Power was the reserved watchword of your first election, the triumphant warcry of your re-election is, Death to Slavery” (Marx 1985a: 19). Some representatives of the Southern ruling classes had declared that “slavery [was] a beneficent institution”, and even preached that it was “the only solution of the great problem of ‘the relation of labour to capital’” (Marx 1985a: 19) Hence Marx’s eagerness to set things straight:

The working classes of Europe understood at once, even before the fanatic partisanship of the upper classes for the Confederate gentry had given its dismal warning, that the slave-holders’ rebellion was to sound the tocsin for a general holy crusade of property against labour, and that for the men of labour, with their hopes for the future, even their past conquests were at stake in that tremendous conflict on the other side of the Atlantic (Marx 1985a: 20).

Marx then addressed a no less important matter:

While the working men, the true political power of the North, allowed slavery to defile their own republic; while before the Negro, mastered and sold without his concurrence, they boasted it the highest prerogative of the white-skinned labourer to sell himself and choose his own master; they were unable to attain the true freedom of labour or to support their European brethren in their struggle for emancipation (Marx 1985a: 20).

A very similar point is made in Capital, Volume I, where Marx forcefully underlines that “in the United States of America, every independent workers’ movement was paralysed as long as slavery disfigured a part of the republic. Labour in a white skin cannot be emancipate itself where it is branded in a black skin.” However, “a new life immediately arose from the death of slavery. The first fruit of the American Civil War was the agitation” for an eight-hour day (Marx 1976: 414).

Marx was well aware of Lincoln’s moderate political positions, nor did he cover over the racial prejudices of some of his allies. But he always clearly stressed, without any sectarianism, the differences between the slave system in the South and the system based on wage labour in the North. He understood that, in the United States, the conditions were developing to demolish one of the world’s most infamous institutions. The end of slavery and racial oppression would enable the global workers’ movement to operate in a more propitious framework for the construction of a classless society and a communist mode of production.

With this in mind, Marx composed the “Address from the Working Men’s International Association to President Johnson”, who had succeeded Lincoln after his assassination on 14 April 1865. Marx wanted to remind Andrew Johnson that, with the presidency, he had received “the task to uproot by the law what ha[d] been felled by the sword”: that is, “to preside over the arduous work of political reconstruction and social regeneration …; to initiate the new era of the emancipation of labour” (Marx 1985b: 100).

A few years later, Marx sent on behalf of the International an “Address to the National Labor Union of the United States” [1869]. He was well aware – he wrote – that “the suffering of the working classes set off as a foil the newfangled luxury of financial aristocrats … and similar vermin bred by wars” (Marx 2014: 259). However, it should not be forgotten that “the Civil War did compensate by freeing the slave and the consequent moral impetus.” “On you,” he concluded, “depends the glorious task to prove to the world that now at last the working classes are bestriding the scene of history no longer as servile retainers but as independent actors, conscious of their own responsibility” (Marx 2014: 260).

III. The question of Polish revolution and Russia’s reactionary role
As to the fine analytic contributions that Marx wrote for Die Presse, only a part of them were ever published. In February 1862 he wrote to Engels that, “in view of the present rotten state of affairs in Germany”, the Viennese daily had not proved to be the “milch-cow it should have been” to shore up his wretched finances. The “fellows” had perhaps printed only “one in four”, so not only had he failed to earn enough to ease his family’s circumstances, he had also suffered “loss of time” and the annoyance of “having to write on spec, whether or no the gracious editorial board condescend[ed] to accord the article its imprimatur” (Marx 1985c: 340). Marx repeated the point in April, in a sarcastic comment he sent to Engels: “In his New Science, Vico says that Germany is the only country in Europe where an ‘heroic tongue’ is still spoken. Had he had the pleasure of becoming acquainted with the Vienna Presse or the Berlin National-Zeitung, the old Neapolitan would have abandoned this preconceived idea” (Marx 1985c: 353-4).  Towards the end of 1862, Marx decided to break off his collaboration with the Austrian paper. In the space of a little over a year, he had managed to publish a total of 52 articles, some of them written with Engels’s help.

Although the events shaking the United States were Marx’s main preoccupation in international politics, he also, in the first part of the 1860s, followed with his usual interest all the main developments in Russia and Eastern Europe. In a letter of June 1860 to Lassalle, Marx made some points regarding one of his chief political focuses: his opposition to Russia and its allies Henry Palmerston and Louis Bonaparte. He tried to convince Lassalle that there was nothing illegitimate in the convergence between the positions of their “party” and those of David Urquhart, a Tory politician with romantic views. Concerning Urquhart – who had had the audacity to republish, for anti-Russian and anti-Liberal purposes, Marx’s articles against Palmerston that  had appeared in the official organ of the English Chartists in the early 1850s (Marx 1979: 341-406) – he wrote: “He is … subjectively reactionary … this in no way precludes the movement in foreign policy, of which he is the head, from being objectively revolutionary. [… It] is to me a matter of complete indifference, just as in a war against Russia, say, it would be a matter of indifference to you whether, in firing on the Russians, the motives of your neighbour in the firing-line were black, red and gold [i.e., nationalist] or revolutionary” (Marx 1985c: 152-3). Marx continued: “It goes without saying that, in foreign policy, there’s little to be gained by using such catchwords as ‘reactionary’ and ‘revolutionary’” (Marx 1985c: 153).

Ever on the look-out for signs of a revolt that might limit Russia’s reactionary role in European politics, Marx wrote to Engels in early 1863 (soon after the Polish January uprising and Bismarck’s immediate offer of help in suppressing it) that “the era of revolution ha[d] now fairly opened in Europe once more” (Marx 1985c: 453). And four days later, he reflected: “The Polish business and Prussia’s intervention do indeed represent a combination that impels us to speak” (Marx 1985c: 455).

Given the importance of these events, Marx did not think it sufficient for them to speak out only through published articles. He therefore suggested the immediate issuing of a manifesto in the name of the German Workers’ Educational Association in London, which remained close to his political positions. This would give him cover in case he proceeded with the idea of applying for German citizenship and “returning to Germany”. Engels was supposed to write the “military bit” of this little text, focusing on “Germany’s military and political interest in the restoration of Poland”, while he would take on the “diplomatic bit” (Marx 1985c: 455). When, on 18 February 1863, the Prussian Chamber of Deputies condemned government policy and passed a resolution in favour of neutrality, Marx boomed with enthusiasm: “We shall soon have revolution” (Marx 1985c: 461). As he saw it, the Polish question offered “further occasion for proving that it is impossible to prosecute German interests so long as the Hohenzollerns’ own state continues to exist” (Marx 1985c: 462). Bismarck’s offer of support to Tsar Alexander II, or his authorization for “Prussia to treat its [Poland’s] territory as Russian” (Marx 1981: 89) gave Marx a further political motivation to complete his plan.

It was in this period, therefore, that Marx embarked on another of his thorough research projects. In a letter he sent to Engels in late May, he reported that in the previous months – apart from political economy – he had been studying aspects of the Polish question; this had enabled him to “fill in the gaps in [his] knowledge (diplomatic, historical) of the Russian-Prussian-Polish affair” (Marx 1985c: 474). Thus, between February and May, he had written a manuscript entitled “Poland, Prussia and Russia” (1863), which well documented Berlin’s historical subjection to Moscow. For the Hohenzollerns, “the progress of Russia represent[ed] Prussia’s law of development”; “there [was] no Prussia without Russia”. For Marx, on the contrary, “the restoration of Poland mean[t] annihilation of today’s Russia, cancellation of its bid for global hegemony” (Marx 1981: 7). For the same reason, “the annihilation of Poland, its passing for good to Russia, [would mean] the certain decline of Germany, the collapse of the only dam holding back the universal Slav deluge” (Marx 1981: 7).

The planned text never saw the light of day. On this occasion, the responsibility clearly lay with Engels (who was to have written the most substantial  part, on military aspects), whereas Marx’s “diplomatic bit”, which he was “ready to do at any time”, was to be “only an appendix” (Marx 1985c: 458). In October, however, Marx managed to publish a “Proclamation on Poland by the German Workers’ Educational Society in London” [1863], which helped to raise funds for the Polish freedom fighters.  It began with a resounding statement: “The Polish question is the German question. Without an independent Poland there can be no independent and united Germany, no emancipation of Germany from the Russian domination that began with the first partition of Poland” (Marx 1984e: 296). For Marx, whereas “the German bourgeoisie look[ed] on, silent, passive and indifferent, at the slaughter of the heroic nation which alone still shield[ed] Germany from the Muscovite deluge”, the “English working class”, “which ha[d] won immortal historical honour for itself by thwarting the repeated attempts of the ruling classes to intervene on behalf of the American slaveholders”, would continue to fight alongside the Polish insurgents (Marx 1984e: 297).

This struggle, which lasted for more than a year, was the longest ever waged against the Russian occupation. It came to an end only in April 1864, when the Russians, having executed the representatives of the revolutionary government, finally crushed the revolt. In May, Russian troops also completed the annexation of the northern Caucasus, bringing to an end a war that had begun in 1817. Once again, Marx displayed great insight, and unlike “the rest of Europe” – which “watched with idiotic indifference” – he regarded “the suppression of the Polish insurrection and the annexation of the Caucasus” as “the two most important events to have taken place in Europe since 1815” (Marx 1985c: 538).

IV. The Support for Polish Struggle during and after the International
Marx continued to occupy himself with the Polish question, which came up for debate several times within the International. Actually, the most significant preparatory meeting of the foundation of the International happened in July 1863 and was organized because a number of French and English workers’ organizations had met in London specifically to express solidarity with the Polish people against Tsarist occupation.

Later, three months after the birth of the International, at a meeting of the Standing Committee of the General Council held in December 1864, the journalist Peter Fox argued in his address on Poland that “the French [had been] traditionally more sympathetic [to the Poles] than the English”. Marx had not disputed this, but, as he wrote to Engels, he had then “unfolded a historically irrefutable tableau of the constant French betrayal of Poland from Louis XV to Bonaparte III”. It was in this context that he drafted a new manuscript, which later came to be known as “Poland and France” [1864]. Written in English, it covered the time span from the Peace of Westphalia, in 1648, to 1812.

One year later, in September 1865, just after the Conference of the International held in London, Marx proposed a draft agenda for the foreign policy of the labour movement in Europe. As one of its priorities, he indicated to Hermann Jung “the need to eliminate Muscovite influence in Europe by applying the right of self-determination of nations, and the re-establishment of Poland upon a democratic and social basis” (Marx 1987: 400). It took many decades for this to happen.

Marx continued to support Polish cause also after the dissolution of the International. In autumn 1875, he was asked to speak at a meeting on the liberation of Poland but he had to decline because of his bad state of health. In the letter explaining his absence that he sent to the publicist and political activist Pyotr Lavrov, he made it clear that, if he had given a speech, he could only have reaffirmed the position he had held for more than thirty years – that “the emancipation of Poland is one of the preconditions for the emancipation of the working class in Europe” (Marx 1991: 111).

The case of Poland demonstrates that Marx, when faced with major historical events in various distant places, was able to grasp what was happening in the world and to contribute to its transformation. This internationalist perspective urgently needs to be revived by Leftist movements today.

References
1. This was the name that Marx used to refer to the Southern plantation owners.
2. The 1860 Census, with which Marx was not familiar at the time of writing, recorded a little over 394,000 slaveowners, or 8 per cent of American families. The number of slaves, however, totalled 3,950,000. See United States Census Office (1866).
3. On Marx’s thinking with regard to slavery, see Wilhelm Backhaus (1974)
4. Translation modified.
5. Marx was quoting here from the speech by slaveholder A. Stephens in Savannah, on 21 March 1861, which was published in the New-York Tribune on 27 March 1861.
6. On the differences between the two, see also the recent work: Allan Kulikoff (2018).
7. Cf. Robin Blackburn: “Defeating the slave power and freeing the slaves would not destroy capitalism, but it would create conditions far more favourable to organizing and elevating labour, whether white or black. Marx portrayed the wealthy slave owners as akin to Europe’s aristocrats, and their removal as a task for the sort of democratic revolution he had advocated in the Communist Manifesto as the immediate aim for German revolutionaries” (2011: 11).
8. Among the numerous studies dedicated to Marx’s political conception of Russia, see Dawid Rjasanow (1909: 1-64); and Bernd Rabehl (1977: 112-78). See also Bruno Bongiovanni (1989: especially pp. 171-89).
9. Cf. Marcello Musto (2018: 132).
10. See also Karl Marx (1985c: 458), and Friedrich Engels (1985: 459).
11. For a thematically organized collection of all Marx’s manuscripts on Poland, see Karl Marx (1961). And for a chronological edition based on date of composition, see Karl Marx (1971).
12. See Bruno Bongiovanni (1981: xxv): “For Marx, a passionate observer of the international great game, the solution to problems bound up in some degree with the dangerous persistence of archaic features not susceptible to social progress … was in a way preliminary to the final struggle, that is, to the solving of contradictions peculiar to the world dominated by the capitalist mode of production”.

Bibliography
Backhaus, Wilhelm (1974): Marx, Engels und die Sklaverei, Düsseldorf: Schwann.
Bongiovanni, Bruno (1981), “Introduzione”, in Karl Marx, Manoscritti sulla questione polacca (1863-1864), Florence: La Nuova Italia, pp V-LXIII.
Bongiovanni, Bruno (1989): Le repliche della storia, Torino: Bollati Boringhieri.
Engels, Friedrich (1985): Marx Engels Collected Works, Marx and Engels 1860-1864, vol. 41, London: Lawrence and Wishart.
Kulikoff, Allan (2018): Abraham Lincoln and Karl Marx in Dialogue, New York: Oxford University Press.
Rabehl, Bernd (1977): ‘Die Kontroverse innerhalb des russischen Marxismus über die asiatischen und westlich-kapitalistischen Ursprünge der Gesellschaft, des Kapitalismus und des zaristischen Staates in Russland’, in Ulf Wolter (ed.), Karl Marx. Die Geschichte der Geheimdiplomatie des 18. Jahrhunderts. Über den asiatischen Ursprung der russischen Despotie. Berlin: Olle & Wolter, pp. 112-78.
Rjasanow, Dawid (1909): “Karl Marx über den Ursprung der Vorherrschaft Russland in Europa”, Die Neue Zeit, vol. 1909, n. 5, pp 1-64.
Marx, Karl (1961): Manuskripte über die polnische Frage (1863-1864), S’-Gravenhage: Mouton & co.
Marx, Karl (1971): Przyczynki do historii kwestii polskiej. Rękopisy z lat 1863-1864 / Beitrage zur Geschichte der polnischen Frage. Manuskipte aus den Jahren 1863-1864, Warsaw: Książka i Wiedza.
Marx, Karl (1976): Capital, Volume I, New York: Penguin Books.
Marx, Karl (1979): “Lord Palmerston”, in Marx Engels Collected Works, vol.12, Moscow: Progress Publishers, pp 341-406.
Marx, Karl (1981): Manoscritti sulla questione polacca (1863-1864), Florence: La Nuova Italia.
Marx, Karl (1984a): “The North American Civil War”, 25 October 1861, in Marx Engels Collected Works, vol. 19, Marx and Engels: 1861-1864, Moscow: Progress Publishers, pp 27-31.
Marx, Karl (1984b): “The London Times on the Orleans Princes in America”, 7 November 1861, in Marx Engels Collected Works, vol. 19, Moscow: Progress Publishers, pp 32-41.
Marx, Karl (1984c): “English Public Opinion”, 1 February 1862, in Marx Engels Collected Works, vol. 19, Moscow: Progress Publishers, pp 137-42.
Marx, Karl (1984d): “A London Workers’ Meeting”, Die Presse, 2 February 1862, Marx Engels Collected Works, vol. 19, Moscow: Progress Publishers, pp 153-6.
Marx, Karl (1984e): “Proclamation on Poland by the German Workers’ Educational Society in London”, November 1963, in Marx Engels Collected Works, vol. 19, Moscow: Progress Publishers, pp 296-7.
Marx, Karl (1985a): “To Abraham Lincoln, President of the United States of America”, 23 December 1864, in Marx Engels Collected Works, vol. 20, Marx and Engels: 1864-1868, pp 19-21.
Marx, Karl (1985b): “Address from the Working Men’s International Association to President Johnson”, 20 May 1865, in Marx Engels Collected Works, vol. 20, Moscow: Progress Publishers, pp 99-100.
Marx, Karl (1985c): Marx Engels Collected Works, vol. 41, Letters 1860-1864, Moscow: Progress Publishers.
Marx, Karl (1987): Marx Engels Collected Works, vol. 42, Letters 1864-1868, Moscow: Progress Publishers.
Marx, Karl (1991): Marx Engels Collected Works, vol. 45, Letters 1874-1879, Moscow: Progress Publishers.
Marx, Karl (2014): “Address to the National Labour Union of the United States”, in Marcello Musto (Ed.), Workers Unite! The International 150 Years Later, London: Bloomsbury, pp 259-60.
Musto, Marcello (2018): Another Marx: Early Manuscripts to the International, London–New York: Bloomsbury.
United States Census Office (1866): Population of the United States in 1860, Compiled from the Original Returns of the Eighth Census Under the Secretary of the Interior, Washington: Government Printing Office.

Categories
Journal Articles

Marx y la crítica de la economía política

I. Encuentro con la economía política
La economía política sólo estaba emergiendo como ciencia en Alemania en la juventud de Marx. No fue entonces su primera pasión intelectual, pues la halló apenas tras haber estudiado otras disciplinas.

Entre 1842 y 1843 se dedicó al periodismo, donde se ocupó de temas de actualidad. Trabajó en la Rheinische Zeitung (Gaceta Renana), el diario de Colonia, del cual muy pronto llegó a ser un muy joven jefe editorial. Sin embargo, poco después de llegar al puesto y comenzar a publicar sus artículos sobre cuestiones económicas (aunque sólo en sus aspectos legales y políticos),1 la censura atacó al rotativo y puso fin a la experiencia, con lo cual Marx decidió “dejar la escena pública” y retirarse a su “gabinete de estudio”.2

De tal modo, continuó los estudios sobre el Estado y las relaciones legales, donde Hegel era autoridad preponderante, y en 1843 escribió un manuscrito publicado en forma póstuma como [Crítica a la filosofía del derecho de Hegel].** Tras desarrollar su convicción de que la sociedad era el verdadero fundamento del Estado político, expuso aquí sus primeras opiniones sobre la importancia de los factores económicos para explicar la totalidad de las relaciones sociales.

Marx encaró “un estudio crítico concienzudo de la economía política”3 en cuanto se mudó a París, donde fundó y coeditó en 1844 los Anales franco-alemanes.4 De allí en adelante, sus investigaciones, antes principalmente de carácter filosófico, histórico y político, giraron hacia la nueva disciplina que sería el núcleo de sus trabajos. Leyó mucho en París: llenó nueve cuadernos de notas y extractos. De hecho, ya había adquirido en la universidad un hábito para toda la vida: compilar resúmenes de obras, a menudo entremezclados con reflexiones sugeridas por éstos.5 Los denominados [Manuscritos de París] son en especial interesantes, pues compendian extensamente el Traité d’èconomie politique, de Jean-Baptiste Say; y La riqueza de las naciones, de Adam Smith.6

De ellos, Marx adquirió sus conocimientos básicos de economía política, así como también de los Principios de economía política y tributación, de David Ricardo, y los Principios de economía política,7 de James Mill, que le permitieron hacer sus primeras evaluaciones sobre los conceptos de valor y precio, y esbozar una crítica al dinero como dominio de cosas alienadas sobre el ser humano. Paralelamente a estos estudios, Marx escribió otros tres cuadernos, publicados en forma póstuma como [Manuscritos económico-filosóficos de 1844]. En ellos dedicó especial atención al concepto de trabajo alienado (entäusserte arbeit). Al contrario de los principales economistas y de G. W. F. Hegel, Marx no considera condición natural y, por tanto, inmutable ese fenómeno, por medio del cual el producto del obrero se opone a él “como un ser ajeno, como una fuerza independiente del productor”8, sino como cierta característica de una particular estructura de las relaciones sociales de producción: el modo de producción y el trabajo asalariado del capitalismo.

Friedrich Engels, quien se encontró por primera vez con Marx en el verano de 1844 y forjó una amistad y una solidaridad teórico-política con él durante el resto de sus vidas, también estaba esperanzado en un levantamiento social inminente. Lo urgió, en la primera carta en sus 40 años de correspondencia, a publicar cuanto antes: “Trata de que el material que has reunido sea lanzado pronto al mundo. ¡Dios sabe que ya es la hora!”9 Marx percibía que sus conocimientos no eran suficientes, y por eso se abstuvo de completar y publicar los manuscritos. Sin embargo, escribió con Engels10 La sagrada familia o crítica de la crítica crítica. Contra Bruno Bauer y consortes, un ataque polémico contra Bauer y otras figuras del movimiento de la izquierda hegeliana.

Tras terminar dicho libro, Engels escribió nuevamente a su amigo a principios de 1845 para instarlo a completar el trabajo en preparación. Pero estas súplicas no valían de nada. Marx seguía sintiendo la necesidad de continuar los estudios antes de tratar de dar una forma definitiva a los borradores. De todas maneras, lo sostenía la convicción de que pronto podría publicar, y el 1 de febrero de 1845, después que le ordenaran salir de Francia por su colaboración con el periódico de los trabajadores de lengua alemana ¡Vorwärts! –firmó un contrato con el editor Karl Wilhelm Leske de Darmstadt, para una obra en dos tomos que se titularía Crítica de la política y de la economía política.11

II. Continuando el estudio de la economía
En marzo de 1845, Marx elaboró una crítica –nunca completada– sobre el libro del economista alemán Friedrich List que trataba del “sistema nacional de economía política”.12 Entre febrero y julio, además, llenó seis cuadernos con extractos, los denominados [Cuadernos de Bruselas], dedicados principalmente a conceptos básicos de la economía política. Pasó julio y agosto en Manchester, examinando la vasta bibliografía económica en lengua inglesa –tarea esencial para el libro que tenía en mente–. Compiló otros nueve cuadernos de extractos, los Cuadernos de Manchester, y –de nuevo– aparecían más los manuales relativos a economía política y libros de historia económica, como Lectures on the elements of political economy, de Thomas Cooper; History of prices and of the state  of circulation, por Thomas Tooke; The literature of political economy, por John Ramsay McCulloch; y Essays on some unsettled problems of political economy, por John Stuart Mill.13

En noviembre de 1845 concibió la idea de escribir, con Engels, Joseph Weydemeyer y Moses Hess, una “crítica de la filosofía alemana moderna, sostenida por sus exponentes Feuerbach, Bruno Bauer y Stirner, así como del socialismo alemán expuesto por sus distintos profetas”.14 El texto resultante, publicado en forma póstuma con el título [La ideología alemana], tenía un doble objetivo: combatir las últimas formas del neohegelianismo en Alemania (en octubre de 1844 se había publicado El único y su propiedad, de Max Stirner) y luego, como escribiera Marx al editor Leske, “preparar al público para el punto de vista que adopto en mi Economía, diametralmente opuesto al academicismo alemán, pasado y presente”.15 Nunca pudo terminar ese texto, sobre el que trabajó hasta junio de 1846, pero le ayudó a elaborar con más claridad que antes, si bien no en una forma definitiva, lo que Engels definió para un público más amplio, 40 años más tarde, como “la concepción materialista de la historia”.16

Sus notas de estudio y los escritos publicados son otra prueba de su actividad. Entre el otoño de 1846 y septiembre de 1847 llenó tres grandes cuadernos de extractos, relacionados principalmente con la historia económica de Gustav von Gülich, uno de los principales economistas alemanes de la época, Geschichtliche Darstellung des Handels, der Gewerbe und des Ackerbaus der bedeutendsten handeltrebeinden Staaten unsrer Zeit.17 En diciembre de 1846, tras leer el Système des contradictions économiques ou Philosophie de la misère, de Pierre-Joseph Proudhon, y encontrarlo “malo, muy malo”,18 Marx decidió escribir una crítica. Lo hizo directamente en francés, para que su oponente –que no leía alemán– fuera capaz de entenderlo. El texto se completó en abril de 1847 y fue publicado en julio como Misère de la philosophie: réponse a la Philosophie de la misère, de M. Proudhon. Fue el primer trabajo publicado de Marx sobre economía política, donde expone sus ideas sobre la teoría del valor, el planteo metodológico adecuado para comprender la realidad social y el carácter histórico transitorio de los modos de producción.

III. 1848 y el estallido de la revolución
La publicación del Manifiesto no podía haber sido más oportuna. Casi inmediatamente, un movimiento revolucionario de alcance e intensidad sin precedente hundió el orden político y social de Europa continental en una crisis. Los gobiernos tomaron todas las contramedidas posibles para poner fin a las insurrecciones y, en marzo de 1848, Marx fue expulsado de Bélgica a Francia, donde apenas se había proclamado una república. Por supuesto, entonces dejó a un lado sus estudios sobre la economía política y retomó la actividad periodística para apoyar la revolución, ayudando a esbozar un curso político recomendable.

Cinco artículos basados en conferencias dictadas en diciembre de 1847 a la Asociación de Trabajadores Alemanes en Bélgica aparecieron con el título Trabajo asalariado y capital, donde Marx presenta al público, de un modo más extenso que en el pasado y en un lenguaje lo más comprensible posible para los trabajadores, sus conceptos sobre cómo el capital explotaba el trabajo asalariado.

Tras un periodo de intensa actividad política, Marx recibió en mayo de 1848 la orden de expulsión de Prusia y volvió a Francia. Pero cuando la revolución fue también derrotada en París, las autoridades le ordenaron irse a Morbihan, una región en Bretaña entonces desolada e infectada por la malaria. Frente a este “ataque velado contra [su] vida”, decidió dejar Francia para irse a Londres, donde pensaba que había “una perspectiva segura de poder comenzar con un periódico alemán”.19

IV. Esperando la crisis en Londres
Marx llegó a Inglaterra en el verano de 1849, cuando tenía 31 años. Su vida en la capital no fue nada tranquila. La familia, que llegaba a seis miembros luego del nacimiento de Laura, en 1845, Édgar, en 1847, y Guido, poco después de su llegada en 1849, debió pasar mucho tiempo en gran pobreza en el Soho, uno de los distritos más pobres y decadentes de Londres. Además de sus problemas familiares, Marx participaba en un comité de ayuda para los emigrados alemanes, que impulsaba a través de la Liga Comunista y cuya misión era asistir a los numerosos refugiados políticos en Londres.

Pese a esas condiciones adversas, Marx logró su objetivo de empezar a publicar un nuevo diario. En marzo de 1850 comenzó a dirigir la Neue Rheinische Zeitung-Politischökonomische Revue. Estaba convencido, si bien erróneamente, de que la situación demostraría ser un breve interludio entre la revolución concluida poco antes y otra ya a la vista.
En diciembre de 1849 escribió a su amigo Weydemeyer: “Tengo pocas dudas de que cuando hayan aparecido tres, o tal vez dos números mensuales [de la Neue Rheinische Zeitung (MM)] se producirá una conflagración mundial y se habrá esfumado la oportunidad de terminar temporariamente con la economía política”. Era inminente una “poderosa crisis industrial, agrícola y comercial”,20 y dio por sentado que emergería un nuevo movimiento revolucionario –si bien apenas tras el estallido de la crisis, dado que la prosperidad industrial y comercial debilitaba la determinación de las masas proletarias–. A continuación, en Las luchas de clases en Francia, aparecidas como una serie de artículos en la Neue Rheinische Zeitung, afirmaba que “una verdadera revolución (…) sólo puede darse en los periodos en que (…) las modernas fuerzas productivas y las formas burguesas de producciónincurren en mutua contradicción. (…) Una nueva revolución sólo es posible como consecuencia de una nueva crisis. Pero es también tan segura como ésta”.21 Marx no cambió de opinión, aunque la prosperidad económica comenzó a generalizarse, y en el primer número (enero-febrero) de la Neue Rheinische Zeitung sentenciaba que la mejoría no duraría mucho, pues los mercados de las Indias Orientales “ya estaban casi saturados” y los de Sudamérica, Estados Unidos de América (EUA) y Australia pronto también lo estarían.

En la siguiente edición, fechada en marzo-abril de 1850, Marx también sostenía que la coyuntura económica positiva no representaba más que una mejoría temporal, mientras que la sobreproducción y el exceso de especulación en el sector de los ferrocarriles estatales estaban produciendo una crisis.22 La situación hipotética descrita por él era entonces muy optimista para la causa del movimiento obrero e incluía los mercados europeos y estadounidense. En su opinión, “siguiendo la entrada de Estados Unidos en la recesión, producto de la sobreproducción, se podría esperar que la crisis se desarrolle en el próximo mes más rápido que hasta ahora”. Su conclusión era por tanto entusiasta: “La coincidencia de la crisis comercial y la revolución (…) se está volviendo cada vez más segura. ¡Que les destins s’accomplissent!”23 Durante el verano, Marx profundizó su análisis económico comenzado antes de 1848 y en el número de mayo-octubre de la revista (la última antes que la falta de fondos y la represión de la policía prusiana lo obligaran a cerrarla) llegó a una conclusión importante: “La contribución de la crisis comercial a las revoluciones de 1848 es infinitamente mayor que la contribución de la revolución a la crisis comercial”.24 De ahí en adelante, la crisis económica adquiriría importancia fundamental en su pensamiento.

Los pronósticos de Marx para este periodo de más de un año resultaron erróneos. Sin embargo, aun en los momentos en que estaba más convencido de una inminente ola revolucionaria, sus ideas eran muy diferentes de las de los otros dirigentes políticos europeos exiliados en Londres. Aunque equivocado en cuanto a cómo se iría plasmando la situación económica, consideraba que a los fines de la actividad política era indispensable estudiar el estado actual de las relaciones políticas y económicas. En cambio, la mayoría de los dirigentes democráticos y comunistas de la época, caracterizados por él como “alquimistas de la revolución”, pensaban que el único requisito para una revolución victoriosa era “una adecuada preparación de su conspiración”.25

A diferencia de quienes esperaban que cayera del cielo otra revolución, en el otoño de 1850 Marx estaba convencido de que sin una nueva crisis económica mundial no podría madurar nada. A partir de ahí se distanció de las falsas esperanzas de una revolución inminente26 y se fue a  vivir “en un retiro total”.27 El desafío pasó a ser así sobre cómo predecir el estallido de la crisis. Para Marx, quien tenía ahora un motivo político adicional, había llegado de nuevo el momento de dedicarse por entero al estudio de la economía política.

V. Las notas de investigación de 1850-53
Durante los tres años en que Marx interrumpió su estudio de la economía política hubo sucesos económicos –desde la crisis de 1847 hasta el descubrimiento del oro en California y en Australia– que a juicio suyo eran tan importantes que debería emprender nuevas investigaciones, así como revisar sus viejas notas y tratar de darles forma definitiva.28 Sus siguientes lecturas se sintetizaron en 26 cuadernos de extractos, de los cuales compiló y numeró 24 (también con textos de otras disciplinas) entre septiembre de 1850 y agosto de 1853, en lo que se llamaron los [Cuadernos de Londres]. Este material de estudio es en extremo interesante: documenta un periodo significativo de desarrollo crítico, cuando no sólo resumía el conocimiento adquirido hasta entonces sino que, estudiando profundamente docenas de nuevos libros (especialmente en inglés) en la biblioteca del British Museum, también iba adquiriendo otras importantes ideas para la obra que intentaba escribir.

En particular, Marx se concentró en la historia y las teorías de las crisis económicas, prestándole mucha atención a la forma-dinero y al crédito, en sus intentos por comprender sus orígenes. A diferencia de otros socialistas de su época, como Proudhon, convencidos de que las crisis económicas podían evitarse reformando el sistema monetario y crediticio, concluyó que como el sistema crediticio era una de las condiciones subyacentes, las crisis podían a lo sumo agravarse o moderarse por el uso correcto o incorrecto de la circulación monetaria; y que las verdaderas causas de las crisis había que buscarlas en las contradicciones de la producción.29

Al final de este primer grupo de extractos, Marx resumió sus conocimientos en dos cuadernos que no numeró como parte de las series principales y que se titularon [Bullion: the perfect monetary system].30 En este manuscrito, escrito en la primavera de 1851, copió de las principales obras de economía política –a veces acompañándolas con comentarios propios– lo que consideraba los pasajes más importantes sobre la teoría del dinero. Divididos en 91 secciones, una para cada libro en consideración, [Bullion: the perfect monetary system] no fue simplemente un acopio de citas, sino que puede considerárselos como la primera formulación autónoma de Marx sobre la teoría del dinero y la circulación,31 usada luego para escribir el libro que había estado planeando durante años.

De tal modo, Marx nuevamente se dedicó a estudiar a los clásicos de la economía política, y entre abril y noviembre de 1851 escribió lo que podría considerarse el segundo grupo (VIII-XVI) de los [Cuadernos de Londres]. El cuaderno VIII estaba dedicado casi enteramente a extractos de Inquiry into the principles of political economy, de James Steuart, que había comenzado a estudiar en 1847, y de los Principios de economía política y tributación, de Ricardo. Los extractos de éste, compilados mientras escribía [Bullion] constituyen la parte más importante de los [Cuadernos de Londres], pues van acompañados por numerosos comentarios críticos y reflexiones personales.32  Hasta finales de la década de 1840, Marx había aceptado en lo fundamental las teorías de Ricardo, mientras que de ahí en más, con nuevos y más profundos estudios sobre la renta de la tierra y del valor, en ciertos aspectos las fue superando.33

Pese al ampliado alcance de sus investigaciones y la acumulación de cuestiones teóricas que había que resolver, Marx siguió siendo optimista sobre la terminación de su proyecto.34  Evidentemente, pensó que podía escribir su libro en dos meses, basado en la vasta cantidad de extractos y notas críticas acumuladas. No obstante, una vez más, no sólo no pudo llegar a la ansiada “conclusión”; no pudo siquiera comenzar el manuscrito de una “copia legible” que debía enviarse a la imprenta. Esta vez, el principal motivo por el cual no cumplió el plazo fueron sus terribles estrecheces económicas.

No obstante, Marx continuó el estudio crítico de la economía política a lo largo del verano de 1851. En agosto leyó la Idée générale de la révolution au XIXe siècle, de Proudhon, y albergó el proyecto (que más tarde descartó) de escribir una crítica con Engels35. Además, continuó compilando extractos de sus lecturas: el cuaderno XI contiene textos que tratan de la condición de la clase obrera; y el XII y XIII tratan de sus investigaciones en química agraria, cómo entendió la importancia de esta disciplina para el estudio de la renta de la tierra. En el cuaderno XIV retoma el debate sobre la teoría de la población de Thomas Robert Malthus; los modos de producción precapitalistas, según demuestran los extractos de Economie politique des Romains, de Adolphe Dureau de la Malle; e History of the conquest of Mexico e History of the conquest of Peru, de William H. Prescott; asimismo, al colonialismo, particularmente a través de los Lectures on colonization and colonies, de Herman Merivale.36

Por último, entre septiembre y noviembre de 1851 extendió su campo de investigación a la tecnología, dedicando considerable espacio en el cuaderno XV a Johann H. M. Poppe y su historia de la tecnología; y en el XVI, a diversas cuestiones de economía política.37 Como muestra una carta a Engels hacia mediados de octubre de 1851, Marx estaba entonces “tratando de dilucidar su economía”, “buscando principalmente en la tecnología, en su historia y en la agronomía”, a fin de “poder formarse por lo menos algún tipo de opinión sobre esta materia”.38

Entretanto, Marx siguió con otra obra. Desde diciembre de 1851 hasta marzo de 1852, escribió El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte pero, debido a la censura de sus obras en Prusia, tuvo que publicarlo en Nueva York, en la revista Die Revolution, de Weydemeyer, de escasa circulación. Entre mayo y junio de 1852 escribió con Engels una polémica galería de retratos caricaturizados de las principales figuras de la emigración política alemana en Londres, y lo tituló Los grandes hombres del exilio (Johann Gottfried Kinkel, Ruge, Karl Heinzen y Gustav von Struve).

Desde abril de 1852 hasta agosto de 1853 resumió la compilación de sus extractos y escribió el tercer y último grupo (XVII-XXIV) de los [Cuadernos de Londres].39 Se trata aquí principalmente de distintas etapas en el desarrollo de la sociedad humana, pues su investigación giraba en torno a las disputas históricas acerca de la Edad Media y la historia de la literatura, la cultura y las costumbres. En particular, le interesó India, sobre la cual escribía al mismo tiempo artículos para el New York Tribune.

Como demuestra esta amplia gama de investigaciones, Marx de ningún modo se estaba “tomando un descanso”. Los obstáculos a sus proyectos atañían de nuevo a la pobreza que lo acechaba durante esos años. Todo esto le costó caro, en tiempo y en trabajo: “Muchas veces debo gastar todo un día entero por un chelín. Te aseguro que cuando considero los sufrimientos de mi mujer y mi propia indefensión, siento que quiero mandar todo al diablo”.40 A veces la situación se hacía intolerable, como cuando en octubre de 1852 escribió a Engels: “Ayer empeñé una chaqueta de la época en que vivía en Liverpool para poder comprar papel”.41

No obstante, las tormentas en el mercado financiero mantenían altas las esperanzas de Marx, y escribió sobre ello en cartas a todos sus amigos más cercanos. Irónicamente, dijo a Lassalle en febrero de 1852: “La crisis financiera ha llegado finalmente a un nivel comparable sólo con la crisis comercial que se hace sentir ahora en Nueva York y Londres. A diferencia de los caballeros del comercio, ¡ay!, no tengo siquiera el recurso de declararme en bancarrota”.42 En abril contó a Weydemeyer que, debido a las circunstancias extraordinarias, como el descubrimiento de nuevos yacimientos de oro en California y Australia, y la penetración comercial inglesa en India, “bien podría ser que la crisis se posponga hasta 1853. Pero en ese momento la erupción será formidable. Hasta entonces, no podremos ni pensar en conmociones revolucionarias”.43 Y en agosto, inmediatamente después de los colapsos especulativos en EUA, escribe a Engels con tono triunfal: “¿No será que se acerca la crisis? La revolución podría llegar antes de lo que quisiéramos”.44

Marx no guardó estas evaluaciones sólo para su correspondencia sino que, también, las escribió en el New York Tribune. En un artículo de noviembre de 1852 sobre “Pauperismo y librecambio” pronosticaba: “La crisis (…) tendrá un carácter mucho más peligroso que en 1847, cuando fue más comercial y monetaria que industrial”, dado que “cuanto mayor capital excedente se concentre en la producción industrial, (…) tanto más amplia, duradera y directa será la crisis que se abatirá sobre las masas trabajadoras”.45 En otras palabras: tal vez sería necesario esperar un poco más, pero él estaba convencido de que tarde o temprano llegaría la hora de la revolución.

VI. Los artículos sobre la crisis para el New York Tribune
También en este periodo, la crisis económica era un tema constante en los artículos de Marx para el New York Tribune. En “Revolución en China y Europa”, de junio de 1853, donde relacionaba la revolución antifeudal china que comenzó en 1851 con la situación económica general, nuevamente expresó su convicción de que pronto llegaría “un momento en el que la ampliación de los mercados no puede seguir al ritmo de la ampliación de la producción industrial británica, y esta desproporción debe dar lugar a una nueva crisis con la misma certidumbre como lo ha hecho en el pasado”.46 A su juicio, luego de la revolución, una contracción imprevista del gran mercado chino “arrojaría la chispa en la mina sobrecargada del sistema industrial actual y causaría la explosión de la crisis general largamente preparada que, difundiéndose por el exterior, será seguida rápidamente por revoluciones políticas en el continente”.47 Por supuesto, él no consideraba el proceso revolucionario de manera determinista, pero estaba seguro de que la crisis era un prerrequisito indispensable para su realización. El tema lo subraya a finales de septiembre de 1853, en el artículo “Movimientos políticos: Escasez de pan en Europa”:

ni las peroratas de los demagogos ni los disparates de los diplomáticos llevarán la situación a una crisis, pero (…) hay desastres económicos y conmociones sociales que se están acercando, que serán los seguros precursores de la revolución europea. Desde 1849, la prosperidad comercial e industrial ha ampliado el lecho en que la contrarrevolución ha dormido tranquila.48

En su correspondencia con Engels también obran vestigios del optimismo con que Marx esperaba estos acontecimientos.49 Pero la crisis no llegaba todavía, y entonces concentró sus energías en otras actividades periodísticas para no perder su única fuente de ingresos. Entre octubre y diciembre de 1853 escribió una serie de artículos, “Lord Palmerston”, donde criticaba la política exterior de Henry John Temple, tercer vizconde de Palmerston, quien durante mucho tiempo fue secretario de relaciones exteriores y futuro primer ministro de Gran Bretaña. Estos artículos aparecieron en el New York Tribune y The People’s Paper, publicado por los cartistas ingleses. Entre agosto y noviembre de 1854, tras el levantamiento cívico-militar de junio en España, escribió otra serie: “La revolución en España”, donde resumía y analizaba los principales acontecimientos de la última década en ese país. Tomaba muy en serio esos trabajos, como apreciamos en los nueve grandes cuadernos de extractos compilados entre septiembre de 1853 y enero de 1855. Los primeros cuatro de éstos se centraron en la historia diplomática, proporcionándole la base para “Lord Palmerston”; en cambio, los otros cinco, sobre la historia política, social y cultural hispana, incluían su investigación para los artículos de “La revolución en España”.50

Por último, en algún momento entre finales de 1854 y principios de 1855, Marx retomó sus estudios de economía política. Luego de una interrupción de tres años, sin embargo, decidió releer sus viejos manuscritos antes de seguir.

Esa revisión originó 20 páginas de 9 notas, intituladas por Marx “Citas. La esencia del dinero, la esencia del crédito, crisis”; se trataba de nuevos extractos de otros extractos realizados en los últimos años. Volvía a los libros de autores como Tooke, John Stuart Mill y Steuart, y a artículos de The Economist, donde resumía las teorías de los principales economistas políticos sobre el dinero, el crédito y la crisis, que había comenzado a estudiar en 1850.51

Al mismo tiempo escribió más artículos sobre la recesión para el New York Tribune. En enero de 1855, en “La crisis comercial en Gran Bretaña”, expuso con gran satisfacción: “La crisis comercial inglesa, cuyos síntomas premonitorios fueron registrados hace tiempo en nuestras columnas, es ahora un hecho que proclaman en voz alta las mayores autoridades en este tema”.52

Sin embargo, justo cuando Marx parecía estar a punto de retomar su trabajo sobre la “Economía”, las dificultades personales, una vez más, lo obligaron a cambiar de planes. En abril de 1855, la muerte de su hijo Édgar, de ocho años, lo afectó profundamente. Así se franqueaba con Engels:

Ya he tenido bastante mala suerte, pero sólo ahora sé lo que realmente significa la verdadera desdicha (…) Entre todos los terribles tormentos que últimamente he debido sufrir, pensar en ti y en tu amistad, siempre me han sostenido, como así también la esperanza de que hay algo bueno para que nosotros lo hagamos en este mundo.53

La salud de Marx y las circunstancias económicas siguieron siendo desastrosas durante 1855, y su familia aumentó de nuevo con el nacimiento de Eleonora, en enero. A menudo se quejaba con Engels de los problemas oculares, dentales y los relativos a una tos terrible, tanto que sentía que “su deterioro físico también le embotaba el cerebro”.54

Marx pudo empezar de nuevo su trabajo sobre la economía política en junio de 1856 y escribir algunos artículos para The People’s Paper sobre el Crédit Mobilier, el principal banco comercial de Francia, al que consideraba “uno de los más curiosos fenómenos económicos de nuestra época”.55 Después que las circunstancias familiares mejoraron por un tiempo en otoño de 1856, permitiéndoles dejar su vivienda en el Soho y mudarse a un departamento mejor en North London, Marx nuevamente escribió para el New York Tribune sobre la recesión: en “La crisis monetaria en Europa”, publicado el 3 de octubre de 1856, expuso que estaba en marcha “un movimiento en los mercados monetarios de Europa análogo al pánico de 1847”.56 En “La crisis europea”, publicado en noviembre, cuando todos los comentaristas pronosticaban confiadamente que lo peor había pasado, Marx planteaba:

Los indicios provenientes de Europa (…) sin duda parecen postergar el colapso final de la especulación y del juego con las acciones a futuro. A ambos lados del océano, los hombres lo anticipan instintivamente como esperando una fatalidad inevitable. El colapso no es menos seguro por esta postergación; en realidad, el carácter crónico que asume la crisis financiera actual sólo anticipa un final más violento y destructivo. Cuanto más dure la crisis, peor será el ajuste de cuentas.57

Sin embargo, en la primera mitad de 1857, en los mercados internacionales prevalecía una calma absoluta. Hasta marzo, Marx trabajó sobre las “Revelaciones de la historia diplomática del siglo XVIII”, una serie de artículos publicados en The Free Press, diario dirigido por el conservador anti-Palmerston David Urquhart. Estos trabajos deberían haber sido sólo la primera parte de uno sobre la historia de la diplomacia, planeado por Marx a principios de 1856, durante la guerra de Crimea, pero que nunca completaría. También en este caso realizó un estudio profundo de los materiales, y entre enero de 1856 y marzo de 1857 compiló siete cuadernos de extractos sobre política internacional en el siglo XVIII.58

Finalmente, en julio escribió ciertos comentarios críticos breves, pero muy interesantes sobre Harmonies economiques, de Frédéric Bastiat, y Principles of political economy, de Carey, estudiados y resumidos por él en 1851. En estas notas, publicadas en forma póstuma con el título [Bastiat y Carey], señaló la ingenuidad de ambos economistas (el primero, defensor del libre comercio; y el segundo, del proteccionismo), quienes en sus escritos se habían esforzado por demostrar “la armonía de las relaciones de producción”59 y, por tanto, de la sociedad burguesa en su totalidad.

VII. La crisis financiera de 1857 y los [Grundrisse]
A diferencia de otras crisis pasadas, esta vez la tormenta económica no empezó en Europa sino en EUA. Durante los primeros meses de 1857, los bancos de neoyorquinos aumentaron el volumen de sus préstamos, pese a la declinación de los depósitos. Como resultado, creció la actividad especulativa y empeoraron las condiciones económicas generales. Después que la sucursal de Nueva York de la Ohio Life Insurance and Trust Company se declaró insolvente, el pánico general llevó a numerosas quiebras. La pérdida de confianza en el sistema bancario produjo luego retracción del crédito, reducción de los depósitos y suspensión de los pagos en efectivo.

Percibiendo la naturaleza extraordinaria de estos eventos, Marx se puso a trabajar de inmediato. El 23 de agosto de 1857 (un día antes que el Ohio Life colapsara y desatara el pánico en la opinión pública) comenzó a escribir la [Introducción] a su “Economía”: el inicio explosivo de la crisis le había dado un motivo adicional que había estado ausente en los años previos. Tras la derrota de 1848, Marx había pasado toda una década de frustraciones políticas y profundo aislamiento personal. Pero con el estallido de la crisis entrevió la posibilidad de formar parte de una nueva ronda de revueltas sociales y consideró que su tarea más urgente era analizar los fenómenos económicos que serían tan importantes para el comienzo de una revolución. Ello significaba escribir y publicar cuanto antes la obra que había planeado durante tanto tiempo.

Desde Nueva York, la crisis se expandió rápidamente al resto de EUA y, en pocas semanas, a todos los centros del mercado mundial en Europa, Sudamérica y Oriente; fue la primera crisis financiera internacional de la historia. Las noticias sobre estos hechos generaron gran euforia y estimularon una enorme explosión de productividad intelectual en Marx. El periodo que va desde el verano de 1857 hasta la primavera de 1858 fue uno de los más prolíficos de su vida: escribió más en esos cuantos meses que en los años precedentes.

En diciembre de 1857 escribía a Engels: “Trabajo como loco día y noche cotejando mis estudios económicos, de modo de por lo menos tener un bosquejo [los Grundrisse] claro antes del diluvio”. También aprovechó la oportunidad para señalar que sus predicciones acerca de la inevitabilidad de una crisis no habían sido tan mal fundamentadas, dado que “el Economist del sábado sostiene que durante los últimos meses de 1853 y durante todo 1854, el otoño de 1855 y los repentinos cambios de 1856, Europa estuvo siempre al borde de una crisis inminente”.60

El trabajo de Marx era ahora notable y de gran alcance. Desde agosto de 1857 hasta mayo de 1858 llenó los ocho cuadernos que se conocen como los [Grundrisse],61en tanto que como corresponsal del New York Tribune escribió docenas de artículos, entre otras cosas, sobre el desarrollo de la crisis en Europa. Acosado por la necesidad de mejorar su situación económica, aceptó componer una serie de apuntes para The New American Cyclopaedia. Por último, de octubre de 1857 a febrero de 1858 compiló tres cuadernos de extractos llamados los [Cuadernos de la crisis].62 A diferencia de los extractos hechos antes, éstos no eran compendios de las investigaciones de los economistas sino que comprendían gran cantidad de notas recogidas de distintos diarios sobre los datos más importantes de la crisis, las tendencias del mercado de acciones, las fluctuaciones de los términos del intercambio y las quiebras más importantes de Europa, EUA y otras partes del mundo. Una carta escrita a Engels en diciembre indica que su actividad era intensa:

Estoy trabajando muchísimo, en general hasta las 4 de la mañana. Estoy embarcado en una doble tarea: 1. Elaborando el plan general de una economía política (para beneficio del público es absolutamente esencial ir al asunto au fond, como lo es para mí, personalmente, para deshacerme de esta pesadilla). La crisis actual. Además de los artículos para el [New York (MM)] Tribune, todo lo que hago es tomar notas lo cual, sin embargo, me lleva un montón de tiempo. Creo que, en algún momento de la primavera, deberíamos hacer juntos un panfleto sobre este asunto para recordar al público alemán que, como siempre, estamos aquí y que siempre estaremos.63

Por lo que se refiere a los Grundrisse, en la última semana de agosto Marx redactó un cuaderno “M” que debía servir como introducción a su obra; más tarde, a mediados de octubre, prosiguió con otros siete cuadernos (I-VII). En el primero y en parte del segundo de ellos escribió el denominado “Capítulo sobre el dinero”, que trata del dinero y de su valor, mientras que en los demás cuadernos escribió el denominado “Capítulo sobre el capital”. Aquí dedica cientos de páginas al proceso de producción y circulación del capital, ocupándose de algunos de los temas más importantes de todo el manuscrito, como el concepto de plusvalía y las formaciones económicas precedentes al modo capitalista de producción. Este inmenso esfuerzo no le permitió, sin embargo, completar la obra.

En realidad, no había señales de los movimientos revolucionarios tan largamente esperados que surgirían junto con la crisis; y en esos momentos había otro motivo por el cual Marx no podía completar el manuscrito: su convicción de que todavía estaba lejos de dominar completamente todo ese material. Por ello, los Grundrissequedaron sólo como un borrador. Tras haber convertido el “Capítulo sobre el dinero” entre agosto y octubre de 1858, en un manuscrito (el texto original del segundo capítulo y el comienzo del tercero), publicó en 1859 un corto libro que no tuvo resonancia pública: Contribución a la crítica de la economía política. Pasarían otros ocho años de febriles estudios y enormes esfuerzos intelectuales antes de la publicación del primer tomo de El capital.

La traducción ha corrido a cargo de Sibila Seibert;
y la corrección, de Francisco T. Sobrino.

* Este trabajo es un fragmento cedido por el autor, a modo de adelanto, a Memoria. Revista de Crítica Militante de su libro más reciente vertido al español, del cual es coordinador, Los Grundrisse de Karl Marx. Fundamentos de la crítica de la economía política 150 años después, de próxima aparición bajo el sello del Fondo de Cultura Económica de Colombia.
** En el presente ensayo, los títulos de los manuscritos incompletos de Marx serán insertados entre corchetes.

References
1. Véase Karl Marx, “Proceedings of the Sixth Rhine Province Assembly”. Third article: “Debates on the law on theft of wood” y “Justification of the correspondent from the Mosel”, en Karl Marx y Frederick Engels, Collected works (MECW), Londres, Lawrence & Wishart, 1975-2005, volumen 1, páginas 224-63 y 332-58; “Verhandlungnen des 6 Rheinischen Landtgas. Dritter artikel: „Debatten über das holzdiebstahlsgesetz” y “Rechtfertigung des korrespondenten von der Mosel”, MEGA I/1, Berlín: Dietz Verlag, 1975, páginas 199-236 y 296-323.
2. Karl Marx, Contribución a la crítica de la economía política, Buenos Aires, Ediciones Estudio, 1970, página 8; Zur kritik der politischen ökonomie. Erstes Heft, MEGA II/2, Berlín: Dietz, 1980, página 100.
3. Karl Marx, Manuscritos económico-filosóficos de 1844, Buenos Aires: Ediciones Colihue, 2004, página 263; Ökonimischphilosophische manuskripte, MEGA I/2, Berlín: Dietz, 1982, página 325.
4. La censura y las disensiones entre Marx y el otro director, Arnold Ruge, fueron duros golpes a esta publicación, aparecida sólo una vez, en febrero de 1844.
5. El Marx Nachlass contiene unos 200 cuadernos de resúmenes, esenciales para comprender la génesis de su teoría y de partes de ésta que nunca tuvo oportunidad de desarrollar como habría deseado. Los extractos sobrevivientes, que se prolongan desde 1838 hasta 1882, están escritos en ocho idiomas (alemán, griego antiguo, latín, francés, inglés, italiano, español y ruso) y pertenecen a las más variadas disciplinas. Fueron extraídos de textos de filosofía, arte, religión, política, matemáticas, fisiología, geología, mineralogía, agronomía, etnología, química y física, así como de artículos en periódicos y revistas, resúmenes parlamentarios, y estadísticas, informes y publicaciones gubernamentales.
6. Como Marx todavía no sabía el idioma inglés en 1844, los libros de autores ingleses que leía en esa época eran traducciones francesas.
7. Estos extractos se hallan en los tomos Karl Marx, Exzerpte und Notizen. 1843 bis Januar 1845, MEGA 2 IV/2, Berlín: Dietz, 1981, y Karl Marx, Exzedrpte und Notizen. Sommer 1844 bis Anfang 1847, MEGA 2 IV/3, Berlín: Akademie, 1998. Las únicas partes traducidas al inglés son “Comments on James Mill, ‘Eléments d’économie politique’”, MECW 3, páginas 211-28.
8. Manuscritos económico-filosóficos de 1844, Buenos Aires: Colihue, 2004, página 106.
9. “Engels to Marx, Beginning of October 1844”, MECW 38, página 6.
10. En realidad, Engels contribuyó con sólo alrededor de 10 páginas al texto.
11. Marx, Engels, Werke, volumen 27, Berlín: Dietz Verlag, 1963, página 669, n. 365.
12. Karl Marx, “Draft of an article on Friedrich List’s Book Das Nationale System der Politischen Oekonomie”, MECW 4, páginas 265-93.
13. Los extractos están contenidos en Karl Marx y Friedrich Engels, Exzerpte und Notizen. Juli bis August 1845, MEGA 2 IV/4, que incluye también el primer Cuaderno de Manchester. Durante este periodo Marx comenzó a leer directamente en inglés.
14. Karl Marx, “Declaration against Karl Grün”, MECW 6, página 72; MEW 4, Berlín: Dietz, 1959, página 38.
15. Karl Marx a Carl Wilhelm Julius Leske, 1 de agosto 1846, en MECW 38, página 50; MEGA 2 III/2, Berlín: Dietz, 1979, página 22.
16. Friedrich Engels, “Prefacio al panfleto Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana”, MECW 26, página 519; und der Ausgang der classischen deutschen Philosophie, MEW 21, página 263. De hecho, Engels ya había usado esta expresión en 1859, en su reseña del libro de Marx Una contribución a la crítica de la economía política, pero el artículo no tuvo resonancia y el término comenzó a circular sólo luego de la publicación de Ludwig Feuerbach.
17. Estos extractos constituyen el libro Karl Marx, Exzerpte und Notizen. September 1846 bis Dezember 1847, MEGA 2 IV/6, Berlín: Dietz, 1983.
18. “Carta de Marx a P. V. Annenkov”, 28 de diciembre de 1846, en Carlos Marx/Federico Engels. Correspondencia, Buenos Aires, Cartago, 1987, página 14.
19. Karl Marx to Friedrich Engels, 23 de agosto de 1849, MECW 38, página 213; MEGA 2 III/3, página 44.
20. Karl Marx a Joseph Weydemeyer, 19 de diciembre de 1849, MECW 38, página 220.
21. K. Marx, Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850, Beijing: Ediciones en Lenguas Extranjeras, sin fecha, páginas 161-62.
22. Karl Marx and Friedrich Engels, “Review: marzo-abril 1850”, MECW 10, página 340; “Revue. März/April 1850”, MEGA 2 I/10, páginas 302-3.
23. Ibídem, página 341; ibídem, página 304.
24. Karl Marx and Friedrich Engels, “Review: May-October 1850”, MECW 10, página 497; “Revue. Mai bis Oktober 1850”, MEGA 2 I/10, página 455.
25. “Reviews from the Neue Rheinische Zeitung Revue no. 4”, MECW 10, página 318; “Rezensionen aus Heft 4 der Neuen Rheinischen Zeitung. Politisch-ökonomische Revue”, MEGA 2 I/10, página 283.
26. “La democracia vulgar esperaba que el estallido volviese a producirse de la noche a la mañana; nosotros declaramos en el otoño de 1850 que por lo menos la primeraetapa del periodo revolucionario había terminado y que hasta que no estallase una nueva crisis económica mundial no había nada que esperar. Y esto nos valió ser proscritos y anatematizados como traidores a la revolución por los mismos que luego, casi sin excepción, hicieron las paces con Bismarck”. Friedrich Engels, “Introducción” a Karl Marx, Las luchas de clases en Francia, 1848-1850, Beijing, Ediciones en Lenguas Extranjeras, sin fecha, página 7.
27. Marx to Engels, 11 February 1851, MECW 38, página 286; MEGA 2 III/4, página 38.
28. Véase Walter Tuchscheerer, Bevor Das capital enstand, Berlín: Akademie, 1973, página 318.
29. Véase Marx to Engels, 3 February 1851, MECW 38, página 275; MEGA 2 III/4, Dietz, Berlín, 1984, página 27.
30. “Bullion. Das vollendete Geldsystem”, MEGA 2 IV/8, obra citada, páginas 3-85. El segundo de estos cuadernos no numerados también contiene otros extractos; el más notable, el de On the regulation of currencies, de John Fullarton.
31. Otra exposición resumida de las teorías de Marx sobre el dinero, el crédito y las crisis se halla en el cuaderno VII, en las “Reflexiones” fragmentarias, MECW 10, páginas 584-92; MEGA 2 IV/8, páginas 227-34.
32. Véase Karl Marx, Exzerpte aus David Ricardo: on the principles of political economy, MEGA 2 IV/8, páginas 326-31, 350-72, 381-95, 402-4 y 409-26. Que los extractos, con otros del mismo autor incluidos en los cuadernos IV y VII, fueran publicados en 1941, en el segundo tomo de la primera edición de los Grundrisse, prueba la importancia de dichas páginas.
33. En esta fase crucial de nuevas conquistas teóricas, la relación de Marx con Engels fue de la mayor importancia: por ejemplo, algunas de sus cartas a él resumen sus opiniones críticas sobre la teoría de Ricardo sobre la renta del suelo (Marx a Engels, 7 de enero de 1851, MECW 38, páginas 258-63; MEGA 2 III/4, páginas 6-10) y sobre la circulación monetaria (Marx a Engels, 3 de febrero de 1851, MECW 38, páginas 273-8; MEGA 2 III/4, páginas 24-30).
34. Marx to Weydemeyer, 27 June 1851, MECW 38, página 377; MEGA 2 III/4, página 140.
35. Véase Friedrich Engels, “Critical review of Proudhon’s book Idée générale de la révolution au XIXe siècle”, MECW 11, páginas 545-70.
36. Los extractos de estos libros se hallan en Karl Marx, Exzerpte und Notizen. Juli bis September 1851, MEGA 2 volumen IV/9, Berlín: Dietz, 1991.
37. Estos cuadernos no han sido publicados en MEGA 2, pero el cuaderno XV figura en la recopilación de Hans Peter Müller: Karl Marx, die technologisch-historischen Exzerpte, Fráncfort/Main: Ullstein, 1982.
38. Marx a Engels, 13 October 1851, MECW 38, página 476; MEGA 2 III/4, página 232.
39. Estos cuadernos no han sido publicados.
40. Marx to Engels, 25 October 1852, MECW 39, página 216; MEGA 2 III/6, página 50.
41. Marx to Engels, 27 October 1852, MECW 39, página 221; MEGA 2 III/6, página 55.
42. Marx to Ferdinand Lasalle, 23 February 1852, MECW 39, página 46; MEGA 2 III/5, página 56.
43. Marx to Joseph Weydemeyer, 30 April 1852, MECW 39, página 96; MEGA 2 III/5, página 110.
44. Marx to Engels, 19 August 1852, MECW 39, página 163; MEGA 2 III/5, página 183.
45. Karl Marx, “Pauperism and free trade: the approaching commercial crisis”, MECW 11, página 361; MEGA 2 I/11, Berlín: Dietz, 1985, página 347.
46. Karl Marx, “Revolution in China and Europe”, MECW 12, páginas 95-6; MEGA 2 I/12, página 149.
47. Ibídem, página 98; ibídem, página 151.
48. Karl Marx, “Political movements: scarcity of bread in Europe”, MECW 12, página 308; MEGA 2 I/12.
49. Marx to Engels, 28 September 1853, MECW 39, página 372; MEGA 2 III/7, página 18.
50. Estos cuadernos de extractos han sido publicados recientemente en Karl Marx y Friedrich Engels, Exzerpte und Notizen. September 1853 bis Januar 1855, Berlín: Akademie, 2007.
51. Véase Fred E. Schrader, Restauration und revolution, Hildesheim: Gerstenberg, 1980, página 99.
52. Karl Marx, “The commercial crisis in Britain”, MECW 13, página 585; MEGA 2 I/14, página 168.
53. Marx to Engels, 12 April 1855, MECW 39, página 533; MEGA 2 III/7, página 189.
54. Marx to Engels, 3 March 1855, MECW 39, página 525; MEGA 2 III/7, página 182.
55. Karl Marx, “The French Crédit Mobilier”, MECW 15, página 10.
56. Karl Marx, “The Monetary Crisis in Europe”, MECW 15, página 113.
57. Karl Marx, “The European Crisis”, MECW 15, página 136.
58. Estos cuadernos de extractos se hallan todavía inéditos.
59. Karl Marx, Ökonomische Manuskripte 1857/58, en MEGA 2 II/1.1, Berlín: Dietz Verlag, 1976, página 4, “Bastiat and Carey”, en Grundrisse: Foundations of the Critique of Political Economy (Draft), Londres: Penguin Books, 1993, página 886. Como sucedió con los extractos de Ricardo, el fragmento “Bastiat y Carey” fue incluido en el tomo II de la primera edición de los Grundrisse.
60. Marx a Engels, 8 de diciembre de 1857, MECW 40, página 217; MEGA 2 III/8, Berlín: Dietz Verlag, 1990.
61. Aparte de los cuadernos M y VII, que se guardan en el Instituto Internacional de Historia Social en Ámsterdam, están todos en el Archivo del Estado Ruso para la Historia Socio-Política en Moscú. Respecto a las fechas, debería subrayarse que la primera parte del cuaderno I, que contiene el análisis crítico por Marx de la réforme des banques, por Alfred Darimon, fue escrito en enero y febrero de 1857, no (como pensaban los editores de los Grundrisse) en octubre. Véase Inna Ossobwa, “Über einige Probleme der ökonomischen Studien von Marx im Jahre 1857 vom Standpunkt des Historikers”, Beiträge zur Marx-Engels-Forschung 29, 1990, páginas 147-61.
62. Estos cuadernos no han sido publicados.
63. Marx to Engels, 18 December 1857, MECW 40, página 224; MEGA 2 III/8, página 221. Pocos días después, Marx comunicó sus planes a Lasalle: “La actual crisis comercial me ha obligado a ponerme a trabajar seriamente sobre mis bosquejos de la economía política y, también, a preparar algo sobre la crisis actual”. (Marx to Ferdinand Lassalle, 21 December 1857, MECW 40, página 226; MEGA 2 III/8, página 223.)

Categories
Journal Articles

La nueva geografía política de la izquierda radical europea

La crisis económica y política que atraviesa Europa ha provocado, aparte del avance de fuerzas populistas, xenófobas y de extrema derecha, grandes luchas de resistencia y manifestaciones de protesta contra las medidas de austeridad impuestas por la Comisión Europea y llevadas a cabo por los gobiernos nacionales.

Esto ha favorecido, sobre todo en la parte meridional del continente, el renacer de fuerzas radicales de izquierda, así como su considerable éxito electoral. Grecia, España, Portugal, Irlanda y, en menor medida, otros países han sido el teatro de imponentes movilizaciones masivas contra las políticas neoliberales. En Grecia, entre 2010 y 2015 se declararon más de 40 huelgas generales.

En España, el 15 de mayo de 2011 tuvo inicio una gran rebelión, en la cual participaron millones de ciudadanos y de la que surgió el movimiento después definido con el nombre de Indignados. Los manifestantes alcanzaron a ocupar durante unas buenas cuatro semanas la Puerta del Sol, la plaza principal de Madrid. Pocos días después, una contraparte análoga se despegó en Atenas, en la plaza Syntagma. En ambos países, estas luchas sociales, de hecho, crearon las premisas para la sucesiva consolidación de las fuerzas de izquierda.

Por otra parte, sin embargo, las organizaciones sindicales, aun cuando estaban favorecidas por un bagaje común –en los países europeos las medidas adoptadas tras la crisis causaron los mismos desastres sociales–, no tuvieron la voluntad política para construir una plataforma reivindicativa única ni para articular una serie de movilizaciones a escala continental. La única excepción parcial está representada por la huelga general, proclamada el 14 de noviembre de 2012, en España, Italia, Portugal, Chipre y Malta, también apoyada por iniciativas de solidaridad en Francia, Grecia y Bélgica.

Durante este periodo, en la orilla política, la izquierda anticapitalista persistió en su proceso de reconstrucción y recomposición de las fuerzas de campo. Nacieron de hecho formaciones inspiradas por el pluralismo y capaces de juntar el más amplio abanico de sujetos políticos, garantizando al mismo tiempo mayor democracia interna a través del principio de “una cabeza un voto”.

Ya en 1999 surgieron el Bloque de Izquierda en Portugal, donde habían confluido las fuerzas más significativas que se encontraban a la izquierda del Partido Comunista Portugués, y La Izquierda (DL) en Luxemburgo. En 2004, Synaspismos y un rango de otras fuerzas anticapitalistas en Grecia se unieron para formar Syriza, la coalición de la izquierda radical (aunque su fusión en un verdadero partido político no ocurrió hasta 2012).

En mayo de 2004 fue fundado el Partido de la Izquierda Europea, en el cual, inicialmente, se asociaron 15 partidos entre comunistas, socialistas y ecologistas, con el intento de construir un sujeto político alrededor de un programa común de las principales fuerzas de la izquierda antagonista en el continente. Actualmente hacen parte de éste organizaciones políticas de 20 países.1 Dicha agrupación fue precedida, pocos meses antes, por la creación de la Alianza de la Izquierda Verde Nórdica, en la cual confluían siete partidos de Europa septentrional.

Junto a la mayor coalición del Partido de la Izquierda Europea, estaba además la Izquierda Anticapitalista Europea, una formación menor, nacida en 2000, en la cual habían confluido más de 30 partidos trotskistas, a menudo de reducidas dimensiones. Sus principales promotores fueron el Bloque de Izquierda en Portugal, la Izquierda Unitaria-Los Rojo-Verdes en Dinamarca y el Nuevo Partido Anticapitalista en Francia. En el Parlamento europeo, los representantes de estas fuerzas se adhirieron al grupo de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica.2

Algunos años después, la salida, casi contemporánea, de los componentes más radicales del Partido Socialdemócrata Alemán y del Partido Socialista (PS) francés3 –que asumieron rápidamente posiciones más hacia la izquierda que los grupos dirigentes del Partido del Socialismo Democrático, en Alemania, y del Partido Comunista Francés– favoreció el nacimiento, en 2007, de DL en Alemania y, en 2008, del Frente de Izquierda en Francia. En este último país, la transformación, en 2009, de la Liga Comunista Revolucionaria en Nuevo Partido Anticapitalista puede ser explicada según la misma exigencia, advertida también por las fuerzas más típicamente clasistas del comunismo europeo, de poner en el centro de la propia iniciativa política las nuevas contradicciones, cada vez más relevantes, generadas por la exclusión social y la necesidad de abrirse a una generación más joven de militantes.

Al mismo tiempo nacieron en Italia Izquierda, Ecología y Libertad, donde el componente moderado del Partido de la Refundación Comunista se fusionó con un grupo de disidentes de los Demócratas de Izquierda y la Federación de la Izquierda, una alianza entre el Partido de la Refundación Comunista y otros movimientos políticos menores. En Suiza, un proceso similar se dio en 2010, con la fundación de La Izquierda.

El mismo camino fue tomado en Inglaterra, pero con resultado adverso, primero con el Partido del Respeto, en 2004, y después con la Izquierda Unida, en 2013. También al otro lado del Bósforo se emprendió el mismo proceso. En 2012, el movimiento kurdo se asoció con varias organizaciones de la izquierda turca para fundar el Partido Democrático del Pueblo, que se convertiría rápidamente en la cuarta fuerza de Turquía, con 10.7 por ciento en las elecciones de noviembre de 2015.4

En 2014 surgieron Izquierda Unida, en Eslovenia, y Podemos, en España, caso del todo particular porque nació con ambiciones de trascender la tradicional definición de partido de izquierda. Esta última formación, no obstante, tras presentarse por primera vez a las elecciones europeas, también adhirió al grupo de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica. En octubre de 2015, finalmente, en Irlanda fue fundada la coalición electoral Alianza Anti-austeridad-Pueblo antes que Beneficio, que puso fin al largo conflicto entre el PS y la Alianza Pueblo antes que Beneficio.5

El modelo plural –tan diferente del partido monolítico, inspirado por el principio del centralismo democrático, utilizado por el movimiento comunista del siglo XX– se extendió con velocidad por la mayoría de las fuerzas de izquierda radical europea. Los experimentos más exitosos no fueron tanto los procesos federativos que se limitaron a una mera reunificación de pequeños grupos y organizaciones ya existentes, sino las recomposiciones guiadas, en cambio, por la necesidad de incluir la vasta y dispersa red de subjetividades sociales, capaces de articular diferentes prácticas de conflicto. Esta elección se mostró como la vencedora en cuanto logró atraer nuevas fuerzas, incluidos jóvenes, y reconquistando militantes desilusionados, y favoreció, finalmente, la consolidación electoral de los nuevos partidos generados.

En las elecciones alemanas de 2009, Die Linke ganó 11.9 por ciento de los votos, 3 veces más que el 4 por ciento alcanzado por el Partido del Socialismo Democrático 7 años antes. En las elecciones presidenciales francesas de 2012, el candidato del Frente de Izquierda, Melenchon, obtuvo el mayor voto logrado por cualquier partido a la izquierda del Partido Socialista desde 1981. Y en el mismo año, Syriza comenzó el rápido ascenso que lo llevó a 16.8 por ciento en las elecciones de mayo, a 26.9 en junio y, por último, a 36.3 en enero de 2015, cuando, exclusivamente para un partido anticapitalista europeo desde la Segunda Guerra Mundial, formó un gobierno como el socio mayoritario.6

También se lograron excelentes resultados en la península ibérica, donde la Izquierda Plural Española (un nuevo bloque electoral encabezado por Izquierda Unida) cruzó el umbral de 10 por ciento en las elecciones europeas de 2014, y Podemos se situó dentro de 8 por ciento. El total de votos ganados por todas las fuerzas de izquierda (24.5) fue aún mayor en las elecciones generales de diciembre de 2015. En esa ocasión, Podemos alcanzó 12.6, la Unidad Popular, la última denominación adquirida por Izquierda Unida, 3.6 y varias listas electorales locales –entre ellas, En Común Podemos (Cataluña, 3.7), Commitment-We Can-It is Time (Valencia, 2.6), En Tide (Galicia, 1,6) y País Vasco Unido (08) que en conjunto han recaudado casi 9 por ciento de los votos–. Por otro lado, la coalición creada en el momento de las elecciones de junio de 2016, Unidos Podemos, sufrió una caída de tres puntos porcentuales: recibió 21.2 de los votos.

En cuanto a Portugal, la Coalición Democrática Unitaria totalizó 8.3 por ciento en las elecciones generales de octubre de 2015, mientras que el Bloque Izquierdo, con 10.2, obtuvo su mejor resultado, convirtiéndose en la tercera fuerza política en el país. Este resultado se confirmó en las elecciones presidenciales de enero de 2016, cuando el Bloque Izquierdo una vez más superó 10 por ciento.

Experimentos de izquierda plural –siempre, al fin y al cabo, caracterizada por una clara plataforma política antiliberal– rindieron frutos incluso en algunas elecciones administrativas. Lo demostraron los resultados regionales franceses de 2010 en Limousin, cuando la coalición Frente de la Izquierda y Nuevo Partido Anticapitalista alcanzó 19.1 en la segunda vuelta, y las recientes municipales en España, donde las listas Ahora Madrid y Barcelona en Comú, donde confluyeron Izquierda Unida y Podemos, conquistaron los dos municipios más importantes del país. En ambos casos, amplias alianzas, nacidas por el impulso protagónico de las bases, permitieron superar las diferencias existentes entre los grupos dirigentes a escala nacional.

Entre los resultados electorales más considerables, obtenidos en la última década por la izquierda radical, también se encuentran los obtenidos por partidos que decidieron no disolverse para fundirse con otras fuerzas políticas. Notables fueron la consolidación del PS en Holanda –16.6 en 2006–, sobre la estela de la oposición al referendo contra el Tratado sobre la Constitución Europea, y el éxito del Partido Progresista de los Trabajadores en Chipre, cuyo secretario general, Demetris Christofias, resultó vencedor en los comicios presidenciales de 2009 (33.2 en la primera vuelta y 53.3 en la segunda). Su mandato se destacó, sin embargo, por una clamorosa derrota: la incapacidad de poner fin al conflicto que divide la isla desde 1974 y la expresa sujeción, en materia económica, respecto a las imposiciones de la Troika.

Otro cambio que ha sacudido la geografía de la izquierda europea habría sido al menos tan impredecible hace unos años como lo fue la victoria gubernamental de Syriza en Grecia. En las elecciones de estilo primario celebradas en septiembre de 2015, 59.5 por ciento de los miembros del Partido Laborista británico y sus partidarios registrados votaron a favor de Jeremy Corbyn como su nuevo líder. En el país donde Tony Blair gobernó el gallinero hace 20 años, un anticapitalista autoproclamado ahora ocupa el primer puesto en el Partido Laborista, el más izquierdista de su historia. Este extraordinario giro de los acontecimientos representa otro ejemplo significativo del renacimiento de la izquierda. Después de su elección, Corbyn fue severamente atacado por el ala derecha del partido, y en junio de 2016, tras la renuncia de dos tercios de los miembros del gobierno en la sombra, más de 80 por ciento del Partido Laborista Parlamentario no votó a favor de él. En septiembre, en un nuevo concurso de líderes, fue reelegido como jefe del Partido Laborista, con 61.8 de los votos.

Finalmente, en febrero de 2016, Melenchon fundó La France Insoumise (Francia Insumisa). En pocos meses, este nuevo movimiento político, basado en los avales individuales de la plataforma política L’Avenir en commun (Para un futuro común) y no en la pertenencia a un partido o asociación, transformó la escena política francesa. En la primera ronda (abril de 2017) de las elecciones presidenciales, Melenchon obtuvo más de 7 millones de votos (19.6 por ciento), sólo 600 mil menos que Le Pen y sin calificar para la segunda ronda. Éste fue un resultado histórico para la izquierda radical francesa.

En el ámbito de la Unión Europea, el avance general de la izquierda radical se confirmó en las últimas elecciones europeas de 2014. Sus votos alcanzaron 12 millones 981 mil 378, u 8 por ciento, con un aumento de 1 millón 885 mil 574 en comparación con 2009.7 Incluso con el único criterio de número de diputados elegidos (6.9 por ciento, o 52 legisladores), la Izquierda Unida Europea/Izquierda Verde Nórdica es ahora la quinta fuerza política en el Parlamento Europeo, en comparación con la séptima en 2009.8 Por tanto, está detrás del Partido Popular Europeo (29.4), la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (25.4), los Conservadores y Reformistas Europeos (9.3) y la Alianza de Demócratas y Liberales por Europa (8.9); pero por delante de los Verdes/Alianza Libre Europea (6.6), Europa de la Libertad y Democracia Directa (6.4) y Europa de las Naciones y la Libertad (5.2).

Sin embargo, esos resultados positivos están empañados por algunos elementos negativos. En muchos países de Europa oriental, la izquierda radical tiene una posición todavía marginal, si no totalmente minoritaria.9 También está alejada de luchas sociales, está privada de arraigo en los territorios y en las organizaciones sindicales, es desconocida para las generaciones jóvenes y está puntualmente atravesada por sectarismos autolesivos de desgarradoras divisiones internas. En otras palabras, no tiene por el momento perspectiva de desarrollo.

Dicha situación se ha repetido en las elecciones. En seis naciones –Polonia, Rumania, Hungría, Bulgaria, Bosnia-Herzegovina, Estonia–, la izquierda radical recogió menos de 1 por ciento de los votos, mientras que en otras, como Croacia, Eslovaquia, Lituania y Letonia, ha alcanzado resultados poco superiores. Ésta sigue siendo muy débil también en Austria, Bélgica y Suiza, mientras que en Serbia se la identifica todavía con el Partido Socialista local, guiado largo tiempo por Slobodan Milošević.

Estamos en presencia, pues, de una realidad heterogénea. En los países de la península ibérica y del Mediterráneo –con la excepción de Italia–, en los últimos años la izquierda radical se expandió significativamente. En Grecia, España, Portugal o Chipre, sus fuerzas se consolidaron de forma estable y son reconocidas en el grupo de los principales actores políticos en los respectivos contextos nacionales. También en Francia, por otro lado, ésta conquistó un discreto papel social y político. Mientras, en Irlanda, el nacionalismo republicano y progresista, aunque moderado, de Nosotros Mismos (Sinn Fein), que alcanzó 22.8 por ciento de los votos en las europeas de 2014, plantó cara al avance de las fuerzas conservadoras.

En Europa central, la izquierda radical logró conservar una buena fuerza electoral en Holanda y Alemania –así a los buenos resultados en las urnas no correspondan significativos conflictos sociales–, pero su peso es limitado en otras partes. En los países nórdicos defendió la fuerza sobre la cual se apoyó después de 1989 (electoralmente alrededor de 10 por ciento), pero se mostró incapaz de atraer el difuso descontento popular, capturado casi en su totalidad por los partidos de derecha.

El problema principal de la izquierda antagonista sigue estando por ahora en el Este, donde, con la excepción del Partido Comunista de Bohemia y Moravia en República Checa y de Izquierda Unida en Eslovenia, ésta es casi inexistente e incapaz de trascender el espectro del “socialismo real”. Dadas las circunstancias, la expansión de la Unión Europea hacia el Levante ha movido definitivamente hacia la derecha el baricentro político del continente, como dan cuenta las rígidas posiciones extremistas asumidas por los gobiernos de Europa oriental durante la reciente crisis en Grecia y frente a la llegada de los pueblos fugados de los teatros bélicos.

¿Más allá del recinto de la eurozona?

La transformación de los partidos de la izquierda radical en organizaciones más amplias y pluralistas ha demostrado ser una receta útil para reducir su preexistente fragmentación, pero no es que haya resuelto los problemas de naturaleza política.

En Grecia, tras el nacimiento del gobierno de Alexis Tsipras, Syriza tenía la intención de llevar a cabo una ruptura con las políticas de austeridad adoptadas por todos los Ejecutivos de centro-izquierda, “técnicos” o de centro-derecha que se alternaron en el poder desde 2010. No obstante, a causa de la enorme deuda pública del Estado helénico, la concreta actuación de esta movida fue inmediatamente subordinada a una negociación con los acreedores internacionales.

Después de cinco meses de agotadoras conversaciones, durante las cuales el Banco Central Europeo dejó de proporcionar crédito al Banco Central en Atenas, causando que las sucursales de los bancos griegos se agotaran, los líderes de la eurozona impusieron un nuevo plan de rescate que contiene todas las disposiciones económicas a que Syriza se había opuesto firmemente. Desde 2010, el arco parlamentario de fuerzas políticas que ha aceptado el memorándum de Bruselas ha sido amplio. De izquierda a derecha, se han inclinado ante la inexorable lógica de la austeridad: la Nueva Democracia, Griegos Independientes, el Río, la Izquierda Democrática, el Movimiento Socialista Panhelénico y, finalmente, incluso Syriza.10 Ni siquiera la respuesta vigorosa en el referéndum consultivo del 5 de julio de 2015 (cuando 61.3 por ciento de los griegos dijo que la firma no respondía a las propuestas de la Troika) servía para lograr un resultado diferente.

Para evitar la salida de la eurozona, el gobierno de Tsipras permitió ulteriores sacrificios sociales, considerables privatizaciones del patrimonio público –que sería puesto en venta como mercancía en liquidación– y, más generalmente, un conjunto de medidas de austeridad funcionales sólo para los planes de los acreedores internacionales y no, en cambio, para el desarrollo de la economía del país.11

Por otro lado, una salida griega de la zona euro, un escenario que algunos preveían, pero sólo si las negociaciones con el eurogrupo fracasaban, habría catapultado al país a un estado de caos económico y profunda recesión. Habría sido necesario prepararse con mucha anticipación para tomar una decisión tan trascendental, sopesar con cuidado cada eventualidad y planear rigurosamente todas las contramedidas apropiadas. Sobre todo, habría sido necesario conquistar gran variedad de fuerzas sociales y políticas y contar con su apoyo.

El resultado de las negociaciones entre el gobierno de Tsipras y el eurogrupo hizo evidente el hecho de que, cuando un partido de izquierda gana las elecciones y quiere llevar a cabo políticas económicas distintas de las dominantes, las instituciones de Bruselas están listas para impedir que tal cosa ocurra. Si, a partir del decenio de 1990, la aceleración incontestada del credo neoliberal, por parte de las fuerzas de la socialdemocracia europea, tuvo como consecuencia la homologación de los programas de estos últimos y de los de los partidos de centro-derecha, hoy, en cambio, cuando un partido de la izquierda radical alcanza el poder, la Troika misma interviene para evitar la alternancia de los Ejecutivos contrarios a sus directrices económicas. Triunfar en los comicios ya no es suficiente. La Unión Europea se ha convertido en el baluarte del capitalismo neoliberal.

Tras el episodio griego ha habido una reflexión colectiva más profunda sobre la conveniencia de mantener a cualquier costo la moneda única. Se hacen esfuerzos para comprender cuáles son las mejores maneras de poner fin a las políticas económicas actuales, sin abandonar al mismo tiempo el proyecto de una nueva y diferente unión política europea. El referéndum británico de junio de 2016 sobre si retirarse de la Unión Europea infligió un duro golpe a Europa. La mayoría de los ciudadanos de Reino Unido votó a favor de abandonar la UE, dando así una razón ulterior a quienes argumentarían que fue un error afirmar que una elección similar constituiría un salto peligroso hacia el vacío.

Actualmente, la posición mayoritaria entre los partidos de la izquierda radical sigue siendo la de quienes sostienen, en continuidad con las posiciones asumidas durante los últimos años, que todavía es posible modificar las políticas europeas en el contexto existente; es decir, sin romper la unión monetaria alcanzada en 2002 con la entrada en vigor del euro.

A la cabeza de esta iniciativa está Syriza que, si bien tuvo la ocasión, después de haber alcanzado el gobierno, de elaborar y llevar a cabo soluciones alternativas –a pesar de haber estado bajo presión de las instituciones europeas, las cuales propendían por bloquear cualquier cambio– nunca consideró la opción de la “Grexit”. En septiembre de 2015, alcanzando 35.5 por ciento de los votos, Tsipras venció en las elecciones anticipadas, promovidas por él después del conflicto surgido con la parte de su partido contraria a la puesta en marcha de las medidas consideradas en el memorando, y regresó al gobierno con un grupo parlamentario cohesionado y ya no más expuesto al riesgo de disidencias internas.

Syriza, entonces, no obstante el aumento del abstencionismo (7 por ciento mayor respecto a las elecciones de 8 meses antes), y la reducción del número de votantes (unos 600 mil menos) comparado con el referendo de julio, logró conservar el consenso de una parte significativa del pueblo griego. Sin embargo, la confianza que éste volvió a darle será pronto puesta a prueba por los efectos de los recortes impuestos por el eurogrupo. No sería descabellado prever la emergencia de escenarios aún más inciertos que el actual.

En el verano de 2015, Syriza anunció su estrategia para evitar la pérdida de apoyo que sufrieron todas las demás partes que implantaron programas anteriores de rescate de la Troika. El gobierno griego habría tenido que negociar una reducción sustancial de la deuda pública para evitar el inicio de un nuevo ciclo deflacionario. Además, habría tenido que llevar a cabo una agenda paralela a la impuesta por Bruselas, tomando algunas medidas redistributivas que podrían limitar los efectos del memorando más reciente. Ambos proyectos, sin embargo, resultaron ser irrealizables. Después de la experiencia del gobierno de Tsipras, y dado que las instituciones de la UE rechazarán cualquier reestructuración de la deuda, ha quedado claro que la izquierda también debe estar preparada para una posible salida de la zona euro. Sin embargo, sería erróneo pensar en esto como el remedio para todos los males.

Aparte de Syriza, la opción de reformar la Unión Europea en el actual escenario es compartida por la mayoría de las principales fuerzas del Partido de Izquierda Europea, entre las cuales están La Izquierda en Alemania, el Partido Comunista Francés y la Izquierda Unida española. En este bloque se sitúa también Podemos, cuyo grupo dirigente se declaró convencido de que si al gobierno griego se unieran otros dispuestos a romper con las políticas de austeridad impuestas por la Troika podría abrirse un espacio para acabar con algo que parece hoy tan inalterable. El resultado de las recientes elecciones en Portugal –que asignó la mayoría a una alianza del todo impensable hasta hace poco, constituida por el Partido Socialista, el Bloque de Izquierda y la Coalición Democrática Unida–12 parece haber reforzado dicha esperanza.

Sin embargo, para otros, la “crisis griega” –en realidad, una de la democracia y del capitalismo neoliberal– parece comprobar, en cambio, el carácter irreformable de este modelo de Unión Europea. No tanto por las actuales relaciones de poder presentes en su interior, cada vez más desfavorables a las fuerzas anticapitalistas, que le siguen a la expansión hacia el Este sino, por el contrario, por su arquitectura general. Los inflexibles parámetros económicos impuestos de manera creciente a partir del Tratado de Maastricht han reducido inevitablemente, o en algunos casos casi anulado, las bastante más complejas y compuestas exigencias de la política.

En los últimos 25 años, las políticas neoliberales, cubiertas por un engañoso manto tecnocrático y no ideológico, han triunfado por doquier en Europa, asestando duros golpes a su modelo de welfare State. Los Estados nacionales se han encontrado con la privación gradual de algunos instrumentos de dirección político-económica, que habrían sido indispensables para llevar a cabo programas de inversión pública con miras a cambiar el curso de la crisis. Finalmente, se consolidó la práctica antidemocrática –afianzada hasta el punto de parecer natural– de asumir decisiones de gran relevancia sin contar con la aprobación popular.

Por tanto, en los últimos meses la fila de quienes consideran ilusoria la posibilidad de democratizar la eurozona, aun cuando expresan una posición que sigue siendo minoritaria, ha aumentado de manera notable. Junto a las fuerzas de la izquierda radical tradicionalmente euroescépticas, como el Partido Comunista Portugués, el Partido Comunista de Grecia o, en Escandinavia, la Lista unitaria-Los Rojo-Verdes en Dinamarca, se encuentra Unidad Popular. Nacida en Atenas en agosto de 2015, en su interior confluyeron muchos ex dirigentes y ex militantes de Syriza, contrarios a las decisiones de Tsipras de aceptar las imposiciones del eurogrupo. Esta formación, favorable al regreso del dracma, quedó fuera del parlamento helénico, después de haber conseguido sólo 2.8 por ciento de los votos en las últimas elecciones.

Por otra parte, diversos intelectuales y dirigentes políticos han manifestado explícitamente su posición contraria al euro.13 Lafontaine, por ejemplo, propuso un retorno, en forma flexible, al sistema monetario europeo; es decir, al acuerdo, en vigor antes que existiera el euro, que preveía una fluctuación controlada de los valores de varias monedas nacionales. El esfuerzo de encontrar soluciones inmediatas para poner fin al periodo de austeridad, donde se manifiesten nuevas e inaceptables coerciones, como las ejercidas sobre Grecia, debe, sin embargo, considerar todas sus implicaciones posibles. En el plano simbólico, el regreso al viejo sistema monetario podría ser percibido como un primer paso hacia la desaceleración del proyecto de unidad europea, mientras que en el plano político podría constituir un peligroso detonador de la ventaja de las fuerzas de la derecha populista.

Junto a las dos formaciones más claramente a favor y en contra de la “democratización del euro”, hay un área, más bien amplia, que vacilaría al proporcionar una respuesta clara a la pregunta: “¿Qué hacer si mañana sucediera en otro país lo que sucedió en Grecia?” Si bien se ha convertido en una preocupación común que, en el futuro, otros partidos o coaliciones de gobierno puedan estar sujetos al chantaje sufrido por Syriza, por otro lado, sin embargo, también está bastante difundido el temor de que, eclipsando la salida de la eurozona, la izquierda anticapitalista no tendría en cuenta el consenso de amplios sectores de la población, alarmados por la inestabilidad económica y la pérdida de poder adquisitivo de salarios y pensiones que conllevaría la inflación. Un típico ejemplo de esta incertidumbre está representado por los cambios de parecer de los últimos años del Bloque de Izquierda en Portugal y del Partido Socialista en Holanda.

El llamamiento a “un plan B en Europa”, promovido en 2015 por Melenchon, ha dado un nuevo estímulo a la discusión. Calificando la interferencia de la UE en Grecia como un verdadero “golpe de Estado”, propuso una comisión internacional permanente para diseñar las formas en que una alternativa al sistema monetario basado en el euro podría estar disponible si fuera necesario.14 La propuesta del plan B también fue utilizada por La France Insoumise en la reciente campaña electoral. Si en los próximos meses otras fuerzas sociales, partidos políticos e intelectuales aceptan esta posibilidad, la demanda de abandonar el euro podría en el futuro convertirse en la bandera de algo más que la derecha nacionalista.

Por tanto, el conflicto desencadenado en Syriza podría reproducirse en otras partes. Demuestran lo anterior en este momento las fibrilaciones internas del Frente de Izquierda en Francia y en La Izquierda en Alemania. Para la izquierda radical europea, pues, podría concretarse el riesgo de una nueva etapa de divisiones. Tal condición revela los límites de la forma plural que las fuerzas antagonistas se han procurado en los últimos años, que consisten en una falta de definición programática. De hecho, la diversidad de posiciones y de culturas políticas existente en las varias organizaciones que han dado vida a estas nuevas coaliciones requeriría un difícil, pero no imposible, acuerdo puntual sobre las estrategias por implantar.

Ulteriores tensiones recorren la izquierda radical europea también respecto a la relación que debe tenerse con las fuerzas socialdemócratas. El problema, presente a escala municipal y regional, involucra la constante incertidumbre sobre la conveniencia de la participación de experiencias de gobierno en alianza con éstas. El riesgo concreto es desempeñar un papel subalterno, aceptando, como en el pasado, compromisos “desde abajo” que dilapidarían el consenso hasta ahora conquistado y que dejarían a las derechas populistas el monopolio de la oposición social.

La opción del gobierno debe por tanto ser tenida en cuenta sólo si hay condiciones para llevar a cabo un programa económico en clara discontinuidad con las políticas de austeridad impuestas durante la última década. Tomar decisiones diferentes significaría no haber atesorado las lecciones de los años pasados, cuando la participación de los partidos de la izquierda radical en los Ejecutivos moderados, de impronta socialista, comprometió su credibilidad en la clase trabajadora, los movimientos sociales y los estratos sociales más débiles.

De frente a una tasa de desempleo que, en muchos países, se muestra con niveles nunca alcanzados durante la segunda posguerra, se vuelve prioridad el lanzamiento de un gran plan para el trabajo, sustentado por inversiones públicas, que tenga como principio guía el desarrollo sostenible. Éste deberá estar acompañado por un claro cambio de tendencia respecto a la precarización de contratos, que ha distinguido a todas las últimas reformas del mercado laboral, y por la introducción de una ley que indique un mínimo salarial bajo el cual no se pueda descender. Estas medidas podrían restituir a las generaciones jóvenes la posibilidad de organizar su futuro.

Debería ser puesta en marcha, además, la reducción del horario de trabajo y de la edad de pensión. Mediante estas acciones se restablecerían algunos elementos de justicia social, necesarios para derrocar la impronta neoliberal que constantemente ha aumentado el reparto desigual de la riqueza producida.

Para hacer frente a la dramática emergencia ocupacional, los partidos de la izquierda radical deberán hacer aprobar, en todos los países donde aún no existan, medidas aptas para instaurar un rédito de ciudadanía y algunas primordiales formas de asistencia a los estratos menos favorecidos –desde el derecho a la vivienda hasta los subsidios de transporte o el derecho a la educación gratuita– para contrastar así la pobreza y la cada vez más difundida exclusión social.

Paralelamente, se vuelve imprescindible dar un vuelco a los procesos de privatización que han caracterizado la contrarrevolución de las últimas décadas, restituyendo a la propiedad pública y al control universal todos los bienes comunes que pasaron de ser servicios para la colectividad a medios de generación de ganancias para pocos. La propuesta de Corbyn respecto al retorno a la nacionalización del sistema ferroviario inglés y la necesidad de invertir, por doquier en Europa, significativos recursos en la escuela y en la universidad pública muestran la dirección justa.

Respecto a los recursos necesarios para financiar tales reformas, éstos podrían ser obtenidos de los ingresos que deriven de la introducción de una tasa sobre los capitales y de un impuesto sobre las actividades no productivas de las grandes empresas, así como sobre las transacciones y los réditos financieros. Es evidente que, para realizar este plan, se considera como primer acto necesario la promoción de un referendo derogatorio del fiscal compact para acabar así con los vínculos impuestos por la Troika.

A escala continental, una verdadera alternativa es concebible sólo si una amplia coalición de fuerzas políticas y sociales es capaz de imponer un diálogo europeo para la reestructuración de la deuda pública.

Este escenario podrá ser realidad únicamente si la izquierda radical desarrolla, con más determinación y continuidad, campañas políticas y movilizaciones transnacionales, comenzando por el repudio a la guerra y la xenofobia, cuestión todavía más decisiva tras los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París, y sosteniendo la extensión de todos los derechos sociales y civiles a los migrantes que llegan a territorio europeo.

Una política alternativa no da pie a atajos. No basta en realidad encomendarse a líderes carismáticos, pero tampoco la debilidad de los partidos de hoy justifica su destrucción por las instituciones del Estado.15 Es menester dar forma a nuevas organizaciones –pues la izquierda necesita de éstas tanto como las necesitó en la década de 1990–, que gocen de una presencia capilar en los puestos de trabajo, que propendan a la reunificación de las luchas, nunca tan fragmentadas como lo están hoy, y a unas clases trabajadoras y subalternas que, mediante sus estructuras territoriales, sean capaces de dar respuestas inmediatas, incluso antes de las mejoras generales introducidas por ley, a los dramáticos problemas causados por la pobreza y la exclusión social. Esto puede darse incluso reutilizando algunas formas de resistencia y solidaridad social aplicadas por el movimiento obrero en otros momentos históricos.

Se tendrán que redefinir además nuevas prioridades, en particular la puesta en práctica de una auténtica paridad de género y la minuciosa y concienzuda formación política de los militantes más jóvenes, teniendo como punto de referencia, en una época en la que la democracia es rehén de organismos tecnocráticos, la promoción de la participación desde abajo y la evolución del conflicto social.

Las iniciativas de la izquierda radical que en verdad pueden aspirar a cambiar el curso de los eventos tienen por delante una única vía: la de la reconstrucción de un nuevo bloque social capaz de dar vida a una oposición de masas a las políticas introducidas por el Tratado de Maastricht y, por consiguiente, de cambiar radicalmente las directrices económicas que hoy dominan en Europa.

Traducción: Felipe Uribe y Perla Valero

Notas
1. Para una lista de las fuerzas que componen el Partido de la Izquierda Europea véase http://www.european-left.org/about-el/member-parties
2. Por el contrario, no forman parte las formaciones de la Iniciativa de los Partidos Comunistas y de los Trabajadores, fundada en 2013, que comprende, a excepción del Partido Comunista de Grecia, su fuerza principal, 29 minúsculas formaciones ortodoxas y estalinistas.
3. El manifiesto Trabajo y Justicia Social-La Alternativa Electoral, de Oskar Lafontaine, fue constituido en 2005; y la fundación del Partido de Izquierda, guiado por Jean-Luc Mélenchon, anunciada en noviembre de 2008 (el congreso fundacional se celebró en febrero de 2009).
4. En las elecciones de junio de 2015, antes del inicio de la escalada de violencia y de atentados desencadenada por el presidente Recep Erdoğan, el resultado (13.1 por ciento) fue incluso más notorio.
5. Un mapa de las fuerzas de la izquierda radical europea obra en la publicación a cura de Birgit Daiber, Cornelia Hildebrandt, Anna Strienthorst, From revolution to coalition: radical left parties in Europe, Berlin: Rosa Luxemburg Foundation, 2012; y, más recientemente, en el número especial, a cura de Babak Amini, de la revista Socialism and Democracy, volumen 29, número 3, 2015, titulado The radical left in Europe.
6. El único otro ejemplo es el pequeño estado de Chipre, donde el Partido Progresista del Pueblo Trabajador formó un gobierno de coalición en 2009.
7. La mayoría de los datos en circulación sobre los resultados de las elecciones, incluidos los emitidos por la Unión Europea, se refieren a porcentajes del número de diputados elegidos, no del de votos emitidos. Una de las excepciones loables de esta práctica es Paolo Chiocchetti. Véase “La izquierda radical en las elecciones del Parlamento Europeo 2014: una primera evaluación” (en la publicación en línea editada por Cornelia Hildebrandt, Situación de la izquierda en Europa después de las elecciones de la UE: nuevos desafíos, Berlín: Rosa Luxemburg Stiftung, 2014), y The radical Left Party family en Europa Occidental, 1989-2015, Londres: Routledge, 2016.
8. A estos deben agregarse otros dos eurodiputados del Partido Comunista de Grecia, no pertenecientes al grupo EUL/NGL.
9. Se observa que los elegidos al Parlamento Europeo del GUE/NGL provienen sólo de la mitad de los 28 países que componen la Unión Europea.
10. El famoso eslogan de Margaret Thatcher “No hay alternativa” continúa materializándose, como un fantasma, incluso a la distancia de 30 años.
11. A propósito, véase el documento colectivo Preliminary report, a cura del Truth Committee on Public Debt, la comisión establecida el 4 de abril de 2015 por iniciativa del ex presidente del Parlamento griego Zoe Konstantopoulou: http://cadtm.org/IMG/pdf/Report.pdf El nuevo gobierno de Syriza decidió eliminar este importante reporte del sitio oficial del Parlamento griego.
12. En Portugal, tras la Revolución de los Claveles y la instauración de la república, los socialistas nunca habían negociado con fuerzas políticas a su izquierda.
13. Junto a los autores que empujan desde hace tiempo en esta dirección –entre las varias publicaciones disponibles, se recurre a Jacques Sapir, Faut-il sortir de l’Euro?, Paris: Le Seuil, 2012; y Heiner Flassbeck y Costas Lapavitsas, Against the Troika: crisis and austerity in the Eurozone, London: Verso, 2015–, hubo durante las últimas semanas varias intervenciones en la misma dirección. En una entrevista concedida al famoso semanario alemán Der Spiegel, intitulada “Krise in Griechenland: Lafontaine fordert Ende des Euro”, publicada el 11de julio de 2015, Lafontaine se adelantó declarando que “el euro ha caído”. En Italia, el prestigioso sociólogo Luciano Gallino, recientemente desaparecido, publicó en La Repubblica, con fecha 22 de septiembre de 2015, el artículo “Por qué Italia puede y debe salir del euro”. También en Portugal, e incluso antes de la crisis griega, el influyente Francisco Louçã, durante 12 dirigente principal del Bloque de Izquierda, después de haber publicado, junto con Joao Ferreira do Amaral, el volumen A Solução Novo Escudo, Alfragide: Lua de Papel, 2014, expresó posiciones siempre más críticas respecto a la situación presente, véase su artículo “Sair ou não sair do euro”, publicado el 27 de febrero de 2015 en el periódico Publico.
14. La primera reunión sobre el tema se celebró en París del 23 al 24 de enero de 2016, pero fue decepcionante tanto en términos de participación como en la calidad del debate.
15. Cuando se hizo con el poder, en enero de 2015, Syriza obtuvo casi 2 milones 250 mil, pero el número de sus inscritos rondaba sólo 36 mil. Tras asumir la responsabilidad de gobierno, las decisiones democráticamente tomadas por el partido griego fueron repetidamente reformadas o ignoradas.

Categories
Journal Articles

日本でもマルクスをリバイバルさせよう!

二〇一八年はマルクス生誕二〇〇周年でした。近年、世界中でマルクス再読の動きが広がっています。なぜいまマルクスが再評価されているのか、そして、こうした世界的な流れのなか、日本で私たちがするべきことは何か。「マルクス・リバイバル」の旗手役として活躍されているマルチェロ・ムストさんにお話しいただきました。
※本記事は、二〇一九年一月一五日に開催された POSSE Cafe第二回「マルクスと現代の若者の労働」の抄録です。

マルクスのアプローチがいま求められている
マルチェロ・ムストです。一九七六年にイタリアで生まれ、高校生のときに活動家になりました。当時取り組んでいたのは、難民を支援する反差別運動です。大学で反資本主義や共産主義を勉強しました。大学に入って以降もずっと活動を続けていて、大学の先生になったのは偶然です。博士号を取得後は、六年のあいだにベルリン、アムステルダム、コペンハーゲン、オスロを転々としました。そして二〇〇九年にカナダで大学の教授としての仕事を得ることができました。
故郷の美味しいイタリア料理を捨ててまで(笑)マルクスを勉強しようと思った理由は、やはりマルクスが、この複雑な社会を一体として把握・説明することができている、ということに尽きます。

ここ三〇年間の流れを見てみると、いまこそマルクスを読むことが切実に求められている時代だといえます。マルクスの対極にあるのが、たとえばポストモダニズムと呼ばれる思想であり、これは基本的には社会の一部だけを取り出して説明するという性格が強いですね。

こういう一部分だけを扱うというアプローチは、学問の領域だけではなく、社会的な領域においても少なくありません。たとえば、ここ二〇年の社会運動の歴史を見ても、多くは社会問題の一部分しかアプローチしない。もちろん、私はこれらの社会運動を支援しますし、非常に重要な取り組みであることは認識していますが、でもそこには限界がある。なぜなら、それぞれが個々の問題の解決を図ろうとしても、それだけでは依然としてそれらの根本にある大きな問題は解決できないからです。その大きな問題というのが、マルクスが資本主義と呼んだものです。

この資本主義という言葉自体が、最近は使われなくなってきています。マルクス以前は、資本主義は普遍的なものであり、永遠に続く自然的なものだと捉えられていました。ここに、マルクスを踏まえて考える意義があるのです。

「資本主義は永遠で不変である」?
さて、現代のほうに目を向けていきましょう。現代の抱える大きな問題は、社会運動がなぜ、それほど広範に広がっていないのか、ということです。これは一九九一年にソビエト連邦が崩壊したことで、いわゆるマルクス・レーニン主義がダメだ、と考えられるようになったことが大きいですね。ただし、こういったマルクス・レーニン主義、あるいは社会主義国といわれるソ連などの国々というのは、マルクスの思想とはほとんど関係がありません。マルクスは、その国家体制を正当化するために都合のいいように利用されたにすぎません。マルクスのいうような市民や労働者が自由に個人を表現するということは禁じられおり、むしろ非常に抑圧的で非民主的な政治体制でした。

ソ連の崩壊に対する反応は二パターンあります。一つには、資本主義は永遠で不変であると捉えるようになり、人々が資本主義という言葉を使わなくなる。そして、「リベラリズムが問題をすべて解決するのだ」という言説が非常に強くなります。
もう一つは、いろいろな社会運動が現れてきたのですが、先ほども述べたように、一般的な社会全体の問題を解決しようとしていないのですね。

労働者側からの闘争なき階級闘争
それでは、このようななかで何を考えなければいけないか。今日お話しするのはマルクスの理論でももっとも使い古された話ですが、でも私は日本で一番重要な話だと思っています。それは、「階級闘争」です。
日本を外から見ていると、階級闘争は実に非常に多くの場面でおこなわれているんです。ただ日本に住んでいる人々にはそれがなかなか見えていないんですね。ここで、階級闘争とはもちろん労働者と資本家との闘いのことですが、相互に闘うわけですから、労働者の資本家に対する闘いだけではなく、資本家が労働者と闘うことも含まれる。ここ三〇年間では労働者が闘う機会がほとんどなくなってしまっていて、逆に、資本家の側が労働者に対してもっと苛烈に闘っています。
世界を見てみると、冷戦時代に、ソ連以外の国家は自国に社会主義が拡がることを恐れて、社会民主主義的な政策を非常に多くとりいれました。いわゆる階級妥協です。これは今日では福祉国家と呼ばれています。この福祉国家はこの三〇年で激しい攻撃にさらされてきました。これは世界的な現象ですが、こうした福祉国家に対する攻撃は、新自由主義と呼ばれていますね。労働者が資本家に負けているということです。

こうしたなかで進んでいるのが、雇用の不安定化です。グローバリゼーションによって一五〇年前のマルクスの時代よりも、マルクスが言ったことがかなりはっきりと現れてきています。利潤を最大化するために日本からの生産拠点の移転もかなりおおっぴらにおこなわれています。

あるいは富の格差の拡大という面から見れば、五~六〇年前よりも状況は圧倒的に悪化しています。ソ連が崩壊した時に、「これからは労働運動の妥協を踏まえなくても資本主義が全部調整してくれる」という話がかなり跋扈しましたが、その結果はどうでしょうか。南北間のグローバルな格差が拡がり、かつ環境破壊が爆発的にすすんでいます。利潤を最大化するために生産力をあげていけば、いずれ環境が生産力の発展の制約になるとマルクスは述べたわけですけれども、まさにいま起こっていることですね。

福祉国家そのものは資本主義の枠組みを超え出るものではないですから、究極の目標にはなりません。とはいえ、マルクスは資本主義を克服するために福祉国家を利用することは評価していると私は考えます。それは福祉国家が労働者の生活環境を向上させるからであり、とりわけ重要なのは労働時間の短縮です。実際、機械化やテクノロジーがこれだけ発展していますから、本来は労働にもっと余裕があってしかるべきなんです。なぜそれができないのかというと、自由時間をすべて資本家が掌握しているからですよね。

いまの社会体制と闘うための武器
ここで階級闘争に関してマルクスが言及していたことをお話しすると、マルクスは、労働運動などの闘争に参加することで、労働者の個人的な解放を目指していました。そこで一番重要なのは、誰かに任せていたら何も達成できない、ということです。労働者自身による解放が重要だということですね。
ギリシャ語でポリスという言葉があって、ポリティクス(政治)の原語であるわけですけれども、重要なのは参加のプロセスなのです。しかし、いま起こっていることはまさに真逆のことで、人々は何かがあってもそれを消極的に受け入れてしまっている。

日本においては、既存の社会機構や体制に対する批判が弱いのではないでしょうか。たとえば、二〇一八年はマルクス生誕二〇〇周年でしたが、国によっては「一九六八年」の五〇周年を祝った国もあります。一九六八年には学生たちが、たとえば女性の家庭内における抑圧や、あるいは既存の権威主義的な体制を批判する運動に取り組んでいました。このように現存の問題含みな体制と闘うことが、いまの日本ではさほどおこなわれていないのではないかと思います。
他方でヨーロッパの状況はどうかといえば、現在ヨーロッパの経済政策は基本的にIMFや国際通貨基金、欧州委員会といった組織の官僚が一方的に決めてしまっていて、個々の国家ではほとんど何もできないという状況になっています。そのなかで、労働者は以前に比べてより長く働かなければならなくなってきています。

とはいえ、ネガティヴな話ばかりではありません。近年ではこうした既存の社会体制に対する批判的な動きも出てきています。一番よく知られているのは、二〇〇八年の金融危機後に起こった運動ですよね。資本主義に対するオルタナティヴがたくさん議論されました。学問の世界にとどまらず、社会的な領域でもこういった動きが出てきています。
ただし、そうした動きは左右どちらからも出てきていて、もし極右の台頭をこのまま許すのであれば、いっそう悪い社会体制になる可能性もあります。排外主義が蔓延して軍隊が政権をとるような社会体制もありうる。

その一方で、左派の側からしたら革新的な体制を生みだしうる余地があるということです。ソ連はかなり抑圧的な体制でしたが、ソ連が崩壊した一九九一年の後には、「そうではない別のかたちでどうやったら社会を組織できるのか」という議論が起こっています。そのようにしていかないと、実際に格差がどんどん広がり、戦争が起こり、難民が大量に発生し、環境破壊がどんどん進んでしまうからです。こういったなかで新しいアイディアが次々に出てきている。
近年、マルクス・リバイバルが世界的な流れになっています。日本ではまだかもしれませんが、世界では各地でマルクスに関するシンポジウムがおこなわれていて、多いときには一〇〇〇人以上が参加して議論しています。

では、なぜマルクスはいま再評価されているのでしょうか。マルクスが言ったことは、マルクスが生きた一八五〇年代の社会にだけあてはまるわけでも、イングランドないしはヨーロッパにだけあてはまるわけでもなくて、もっと普遍的な資本主義の傾向や矛盾を捉えているからです。マルクスを教条主義的に捉えるのではなく、きちんと自分たちで考えていけば、必ずヒントが見つかるでしょうし、マルクス本来の意義を再発見できるだろうと思います。くり返しになりますが、資本主義は歴史的なものであって、永遠の自然的なものではありません。労働者個人の解放にとどまらず、資本主義的生産様式を変革し、どうやったら環境に負荷をかけずに生産ができるかを考えていくこともできるでしょう。

では、私たちはどうするか
会場からの質問:日本の現状に対して、私たちはどのように動いていけばいいのでしょうか。

フラストレーションが高まっているのはよくわかります。日本のように運動が困難な国では特にそうかもしれません。でも「こうやったらこうなる」という魔法のような何かがあるわけではない。私たちがこれから何をするかで変わってくるのです。
たとえば労働運動の歴史では、これまで「革命は自動的に起こる」「資本主義が行き詰まって労働者の生活環境が悪くなっていけば不満を持って自然と立ち上がるのだ」と言われてきましたが、私は違うと思います。重要なのは、研究をおこなうこと、そして仲間を組織することです。イタリアのグラムシという学者は「学ぶこと、そして組織すること、これらが重要だ」と説いています。社会について勉強し、どういう仕組みで社会が動いているかを理解する。そして、それにとどまらずに実際に人々を組織することです。

理論活動と実践をおこなっていく―これはまさにマルクスの人生でした。マルクスの理論はつねに労働者階級のための理論であって、実際にマルクス自身が第一インターナショナルで、労働者を組織したり労働者向けにいろいろなものを書いたり、という実践をしています。ですからたとえば、大学のなかで学生を組織してみたり、映画鑑賞会を開いてみたり、あるいはデモをおこなったり、あるいはPOSSEがおこなっているように雑誌を発行してみたり、こういった具体的な実践が非常に重要だと思います。

グラムシが言ったのは、文化、そして教育が果たす役割の重要性です。人々が階級意識を育むのには非常に時間がかかります。そして、歴史的にみても教育はほとんどの人々にとって、もともと与えられていたものではありませんでした。女性は基本的に教育から排除されていましたし、労働者は差別されていて、八歳くらいから現場で働いていたので教育を受ける機会がありませんでした。民族的な差別も非常に横行していました。そういった人たちが勉強したのは、労働組合の支部などといった場所だったのです。

こういった長いプロセスの積み重ねが福祉国家につながりましたし、そのなかでまともな仕事を求めたり普通に生活できる住居を確保できるようにしたりしていったのです。いまの状況を悲観的に捉える必要ありません。かといって楽観的に考えているだけでは社会はよくならないので、もっといまの社会を深く理解していくことが重要だと思います。

Categories
Journal Articles

A kapitalizmus történelmi szerepének dialektikája

A kapitalizmus fejlődésének történelmi jelentősége
Marx egész munkásságán végigvonul a meggyőződés, hogy a kapitalista termelési mód elterjedése alapvető előfeltétele a kommunista társadalom születésének, végigvonul Marx egész munkásságán.

Egyik első nyilvános előadásán, amelyet Brüsszelben tartott, a Német Munkásszövetségben és beépített egy kéziratos vázlatba, amelynek „Bérek” volt a címe, Marx szól „a tőke, a nagyipar, a szabad verseny, a világpiac pozitív szerepéről”. A munkásoknak, akik azért jöttek, hogy meghallgassák, azt mondta:

Nem szükséges elmagyaráznom Önöknek részletesen, hogy eme termelési viszonyok nélkül sem a termelési eszközök – a munkásosztály felszabadításának és egy új társadalom alapjainak anyagi eszközei – nem teremthetők meg, sem pedig a proletariátus maga nem mehet végig az egyesülésnek és a fejlődésnek azon az útján, amelynek révén valóban képes lesz forradalmasítani a régi társadalmat és önmagát.

A Kommunista Párt Kiáltványában Engelssel együtt amellett érvelt, hogy a munkásosztálynak a feudális társadalom végső krízise alatti felkelései kudarcra voltak ítélve, „mert maga a proletariátus fejletlen volt, s mert nem voltak meg felszabadításának anyagi feltételei, amelyek éppen a polgári korszak termékei.” Mindazonáltal elismerte ennek a korszaknak nem egy érdemét: nemcsak „elpusztított minden hűbéri, patriarchális, idillikus állapotot”, hanem „a vallási és politikai illúziókba burkolt kizsákmányolás helyébe a nyílt, szemérmetlen, közvetlen, sivár kizsákmányolást tette.” Engels és Marx nem habozott kijelenteni, hogy „[a] burzsoáziának a történelemben fölöttébb forradalmi szerepe volt.”

Kiaknázva a földrajzi felfedezéseket és a születő világpiacot, „valamennyi ország fogyasztását és termelését nemzetközivé tette.” Ezenfelül alig egy évszázad leforgása alatt „a burzsoázia tömegesebb és kolosszálisabb termelőerőket hozott létre, mint minden letűnt nemzedék együttvéve.” Ez azáltal vált lehetségessé, hogy „a falut a város uralma alá hajtotta” és kiragadta „a népesség jelentékeny részét a falusi élet bárgyúságából”, amely oly elterjedt volt az európai feudális társadalomban. Ami még fontosabb, a burzsoázia „a fegyvereket kovácsolta melyek halálát okozzák” és az embereket is, akik használni fogják őket „a modern munkásokat, a proletárokat”, akiknek száma és ereje a burzsoázia terjeszkedésével egy ütemben növekszik… Ugyanis Marx és Engels szerint „az ipar haladása, amelynek a burzsoázia akarat- és ellenállás nélküli hordozója, a munkásoknak a versenyből eredő elszigetelődése helyére társulásukból eredő forradalmi egyesülésüket állítja.”

Marx hasonló gondolatokat fejtett ki Osztályharcok Franciaországban c. művében, amellett érvelve, hogy egyedül a burzsoázia uralma „tépi csak ki a hűbéri társadalom anyagi gyökereit és egyengeti a terepet – az egyedülit, amelyen a proletárforradalom lehetséges.” Az 1850-es évek elején, korának alapvető politikai eseményeit kommentálva, elméletileg még jobban kidolgozta azt az elképzelést, hogy a kapitalizmus szükséges előfeltétele az újfajta társadalom születésének. Egyik, Engelssel közösen, a Neue Rheinische Zeitungba írott bírálatukban amellett érvelt, hogy Kínában „a föld legrégibb és legrendíthetetlenebb birodalmát az angol burzsoák kartonbálái nyolc év alatt egy társadalmi átalakulás küszöbére vitték, amelynek mindenesetre a legjelentősebb következményekkel kell járnia a civilizáció szempontjából.”

Három évvel később Az indiai brit uralom eljövendő eredményeiben Marx megállapítja: „Angliának kettős küldetést kell betöltenie Indiában: az egyik romboló, a másik alkotó – a régi ázsiai társadalom megsemmisítése és a nyugati társadalom alapjainak lefektetése Ázsiában.” Marxnak nem voltak illúziói a kapitalizmus alapvető vonásairól, Nagyon is tudatában volt annak, hogy a burzsoázia soha nem „hozott létre haladást anélkül, hogy egyéneket és népeket ne vonszolt volna véren és szennyen, nyomoron és megaláztatáson át?” De Marx arról is meg volt győződve, hogy a világkereskedelem és az emberi termelőerők fejlődése, az anyagi termelésnek „a természeti erők feletti tudományos uralommá” változtatásával megteremtik az alapjait egy másfajta társadalomnak: „a burzsoá ipar és kereskedelem megteremtik az új világ ezen anyagi feltételeit”.

Marx néhány évvel később helyesbítette az indiai brit jelenléttel kapcsolatos nézeteit, egy, a New York Daily Tribune-ba a szipoj lázadásról szóló cikkében, amelyben határozottan azok mellé állt, akik „megkísérelték kiűzni az idegen hódítókat”.A kapitalizmusról megfogalmazott álláspontját azonban megerősítette, politikusabb hangnemben, a ragyogó 1856-os Beszéd a ’People’s Paper’ évfordulóján-ban. Ekkor, emlékeztetve rá, hogy a kapitalizmus milyen soha nem látott ipari és tudományos erőket hívott életre, azt mondta az eseményen jelenlévő elvtársainak: „A gőz, az elektromosság és a fonógép sokkal veszedelmesebb forradalmárok voltak, mint Barbès, Raspail és Blanqui”. A Grundrissében Marx többször megismétli azt a gondolatot, hogy a társadalomban a kapitalizmus révén bizonyos „civilizáló tendenciák” érvényesülnek. Megemlíti a „külkereskedelem civilizáló hatását”, éppúgy, mint a „tőke termelésének” ama „propagandisztikus (civilizáló) tendenciáját”, amely „pusztán” a tőkének a sajátja, „a korábbi termelési feltételektől” eltérően. Marx annyira messze ment ez ügyben, hogy helyeslően idézi John Wade történészt (1788–1875), aki a munkamegosztás által létrehozott szabadidőre gondolva, azt állította, hogy a „tőke csak más név arra, hogy civilizáció”.

Ugyanakkor azonban Marx akként támadta a tőkést, mint aki „bitorolja a munkások által létrehozott szabad időt a társadalom számára”. Egy passzusban, amely nagyon közel áll a Kommunista kiáltványban vagy az 1853-ban a New York Tribune-nak írott cikkekben kifejtett álláspontjához, Marx azt írta:

Ahogy tehát a tőkére alapozott termelés egyfelől az egyetemes ipart hozza létre – azaz többletmunkát, értéklétrehozó munkát –, úgy másfelől a természeti és emberi tulajdonságok általános kiaknázásának egy rendszerét, az általános hasznosság egy rendszerét, melynek hordozójaként jelenik meg a tudomány maga is, akárcsak az összes fizikai és szellemi tulajdonságok, ugyanakkor semmi nem jelenik meg mint magán-valóan magasabb, önmagáért-valóan jogosult a társadalmi termelés és csere e körén kívül. Ily módon a tőke hozza csak létre a polgári társadalmat és a természetnek, valamint magának a társadalmi összefüggésnek a társadalom tagjai által való egyetemes elsajátítását. Innen ered a tőke nagy civilizáló befolyása; az, hogy olyan társadalmi fokot termel, amelyhez képest valamennyi korábbi csak mint az emberiség lokális fejlődése és mint természetimádás jelenik meg. A természet először válik tisztán tárggyá az ember számára, tisztán hasznosság dolgává; nem ismerik el többé magáért-való hatalomnak. […] A tőke ennél a tendenciájánál fogva éppúgy túlhajt nemzeti korláton és előítéleteken, mint a természet istenítésén és meglévő szükségleteknek meghatározott határok közt önmagával beérően körülkarózott, hagyományos kielégítésén és régi életmód újratermelésén. Mindezekkel szemben romboló a tőke és állandóan forradalmasító, ledönt minden korlátot, amely gátolja a termelőerők fejlődését, a szükségletek bővülését, a termelés sokrétűségét és a természeti és szellemi erők kiaknázását és cseréjét.

A Grundrisse megírásának idején tehát az ökológiai kérdés még mindig teljesen háttérbe szorult a Marxot foglalkoztató kérdések sorában, teljesen alárendelődött az egyének fejlődési potenciálja kérdésének.

A kapitalista fejlődés pozitívumairól szóló egyik legmélyebb elemzés A tőke első kötetében található. Habár Marx sokkal inkább tudatában volt ekkor már a kapitalizmus romboló jellegének, mint korábbi írásaiban, magnum opusa megismétli azt a hat, a tőke által létrehozott feltételt – különösképpen a tőke „centralizációját” – amelyek lehetővé teszik a kommunista társadalom születését. Ezek a feltételek 1) a kooperatív munka 2.) a tudomány és a technológia termelésben való alkalmazása 3) a természet erőinek a termelés révén való elsajátítása, 4) olyan nagyméretű gépi berendezések létrejötte, amelyeket a munkások csak közösen tudnak működtetni 5) a termelőeszközökkel való takarékoskodás 6) a világpiac létrehozására  irányuló tendencia. Marx szerint:

Ezzel a centralizációval, vagyis sok tőkésnek kevés tőkés által történő kisajátításával karöltve kifejlődik mind nagyobb méretekben a munkafolyamat kooperatív formája, a tudomány tudatos technikai alkalmazása, a föld tervszerű kiaknázása, a munkaeszközök alkalmazása csak közösen alkalmazható munkaeszközökké, minden termelési eszköz gazdaságosabbá tétele azáltal, hogy kombinált, társadalmi munka termelési eszközeiként használják őket, valamennyi nép bekapcsolása a világpiac hálózatába és ezzel a tőkés rendszer nemzetközi jellege.”

Marx nagyon jól tudta, hogy a termelés egyre kevesebb és kevesebb tulajdonos kezében való koncentrálódásával „nő a nyomor, az elnyomás, a szolgaság, az elfajulás, a kizsákmányolás” a munkásosztályban, de azzal is tisztában volt, hogy „a bérmunkások kooperációját teljes mértékben az őket alkalmazó tőke hozza létre.”

Arra a következtetésre jutott, hogy a termelőerőknek a kapitalizmusban való rendkívüli növekedése – amely sokkal nagyobb mérvű, mint bármilyen más korábbi termelési módban – megteremtette annak a feltételeit, hogy a társadalom meghaladja azokat a társadalmi-gazdasági viszonyokat, amelyeket maga ez a termelési mód teremtett, s így tovább lépjen a szocialista társadalom felé. Miként a nem-európai társadalmakról szóló vizsgálódásaiban, Marx gondolkodásának központjában itt is az áll, hogy a kapitalizmus a saját meghaladása felé halad. A tőke harmadik kötetében azt írta, hogy az „uzsora” a kapitalizmus előtti társadalmakban „forradalmian hatott” amennyiben hozzájárult azoknak a „tulajdonformáknak” a szétrombolásához és felbomlasztásához, „amelyeknek a szilárd bázisán és ugyanazon formában való állandó újratermelésén a politikai tagozódás nyugszik”. A feudális urak és a kistermelés pusztulása a „munkafeltételek centralizációját” jelentette.

A tőke I. kötetében Marx azt írta, hogy „a tőkés termelési mód történelmileg úgy mutatkozik meg, mint történelmi szükségszerűség, amely megköveteli a munkafolyamat társadalmi folyamattá változtatását”.Ahogyan ő látta a kérdést: „a munka társadalmi termelőereje ingyen fejlődik, mihelyt a munkásokat meghatározott feltételek közé helyezik, márpedig a tőke az, amely e feltételek közé helyezi őket.” Marx mindig fenntartotta, hogy a kommunizmus számára legkedvezőbb történelmi feltételek csak a tőke felhalmozása révén fejlődhetnek ki:

(A kapitalista) mint az érték értékesítésének fanatikusa, az emberiséget könyörtelenül arra kényszeríti, hogy magáért a termelésért termeljen, ennélfogva rákényszeríti a társadalmi termelőerők kifejlesztésére és azoknak az anyagi termelési feltételeknek a megteremtésére, amelyek egyedül alkalmasak arra, hogy egy olyan magasabb társadalmi forma reális bázisát alkossák, amelynek alapelve minden egyén teljes és szabad fejlődése.”

További reflexiók arra, hogy a kapitalista termelési mód döntő szerepet játszik abban, hogy a kommunizmus valódi történelmi lehetőséggé váljék, mindenhol megjelennek Marxnak a politikai gazdaságtanról adott bírálatában. Bizonyos, hogy Marx világosan megértette – mint megírta a Grundrissében – hogy bár a tőke tendenciáinak egyike az, hogy „rendelkezésre álló időt hozzon létre” a másik viszont az, hogy „ezt többletmunkává változtassa át.” Mégis, ebben a termelési módban a munkát a maximális mértékben értékesítik, míg „az egy bizonyos tárgy termeléséhez szükséges munkamennyiséget valóban egy minimumra redukálja”. Marx számára ez volt a legalapvetőbb. A történelmi változás, amelyet involvál „a felszabadult munkának javára válik majd” és „feltétele felszabadulásának”. Így a tőke „önakarata ellenére szerszámul szolgál a társadalmilag rendelkezésre álló idő eszközeinek megteremtésében, hogy a munkaidőt az egész társadalom számára egy süllyedő minimumra redukálják, és ily módon mindenki idejét szabaddá tegyék saját fejlődése számára.”

Marx észrevette azt is, hogy egy olyan társadalom létrehozásához, amelyben elérhető az egyének egyetemes önkibontakoztatása, „mindenekelőtt az szükséges, hogy a termelőerők teljes fejlődése termelési feltétellé váljék.”Ezért megállapította, hogy „a tőke nagy történelmi oldala az”, hogy

„létrehozza ezt a többletmunkát, a puszta használati érték, a puszta létfenntartás álláspontjáról fölösleges munkát, és történelmi rendeltetése beteljesedett, mihelyst egyrészt a szükségletek annyira fejlettek, hogy a szükségesen felüli többletmunka maga is általános szükséglet, magukból az egyéni szükségletekből ered – másrészt a tőke szigorú fegyelme révén, amelyen az egymást követő nemzedékek [Geschlechter] átmentek, az általános serénység az új nemzedék [Geschlecht] általános birtokává fejlődik; – végül mihelyt a munka termelőerőinek fejlődése folytán, amelyet a tőke a maga korlátlan gazdagodási vágyában és azon feltételek között, amelyek között egyedül realizálhatja őket, állandóan előrehajt, odáig halad a dolog, hogy egyrészt az általános gazdagság birtoklása és fenntartása csak kevesebb munkaidőt követel az egész társadalom számára és a dolgozó társadalom tudományosan viszonyul előrehaladó újratermelésének folyamatához; tehát mihelyt véget ért az a munka, amelyben az ember teszi azt, amit dolgokkal tétethet magáért. […] Ezért termelő a tőke; azaz lényegi viszony a társadalmi termelőerők fejlődése szempontjából. Csak akkor nem ilyen többé, amikor maguknak ezeknek a termelőerőknek a fejlődése korlátba ütközik magában a tőkében.”

Marx megismételte ezeket a meggyőződéseit a „Közvetlen termelési folyamat eredményei” c. szövegében. Miután emlékeztetett a tőke strukturális határaira – mindenekelőtt arra a tényre, hogy az „termelés a termelők ellenében és velük nem törődve” –, máris a tőke „pozitív oldalára”  fókuszál. Összehasonlítva a múlttal, a kapitalizmus úgy jelenik meg, mint „olyan termelés, amely nem kötődik a szükségletek előre meghatározó és előre meghatározott korlátaihoz.” Pontosan a „munka társadalmi termelőerőinek” növekedése az, amely megmagyarázza „a tőkés termelésnek sajátos történelmi jelentőségét.”

Marx tehát a maga korának társadalmi-gazdasági feltételei között alapvetőnek tekintette „a gazdagságnak mint olyannak a megteremtését, azaz a társadalmi munka kíméletlen termelőerőinek a megteremtését, s csakis ezek alkothatják egy szabad emberi társadalom anyagi bázisát.”  Ami „szükséges” ehhez, az a „tőkés termelési mód ellentétekkel teli formájának” megszüntetése.
Ugyanez a téma visszaköszön A tőke Harmadik Kötetében, amikor Marx hangsúlyozza „a termelési feltételeknek általános, közösségi, társadalmi termelési feltételekké való kimunkálódását” […] amely: „adva van a termelőerőknek a tőkés termelés során megtett fejlődése, és azon mód által, ahogyan ez a fejlődés végbemegy.”

Marx miközben úgy látta, hogy a kapitalizmus a legjobb társadalmi rendszer, amely eddig létezett, abban az értelemben, hogy a maximumig tudja bővíteni az emberiség termelőerőit, azt is felismerte, hogy – annak ellenére, hogy könyörtelenül kizsákmányolja az emberi lényeket – van bizonyos számú potenciális progresszív vonása, amelyek lehetővé teszik, hogy az egyének képességei sokkal inkább kibontakozzanak, mint a korábbi társadalmakban.

Marx, aki mélységesen ellenségesen viszonyult a kapitalizmus termelésközpontú normáihoz és az értéktöbblet-termelés imperatívuszához, a megnövekedett termelékenység kérdését az egyén képességeinek kifejlődése vonatkozásában vizsgálta. Így a Grundrissében kimutatta:
Magában az újratermelés aktusában nem csak az objektív feltételek változnak, pl. a faluból város lesz, a vadonból irtásföld stb., hanem a termelők is változnak, azáltal, hogy új minőségeket tételeznek magukból, a termelés útján fejlesztik, átformálják önmagukat, új erőket és új képzeteket alkotnak, új érintkezési módokat, új szükségleteket és új nyelvet.
A termelőerőknek ez sokkal intenzívebb és összetettebb fejlődése hozta létre „az egyének leggazdagabb fejlődését” és „vonatkozásaik egyetemességét” is. Marx szerint ugyanis:

De mint a gazdagság általános formájára való nyughatatlan törekvés, a tőke túlhajtja a munkát természeti szűkösségének határain és ily módon létrehozza az anyagi elemeket a gazdag egyéniség fejlődéséhez, amely éppúgy mindenoldalú a termelésében, mint a fogyasztásában, és amelynek munkája ezért már nem is mint munka, hanem mint magának a tevékenységnek a teljes fejlődése jelenik meg, amelyben a természeti szükségszerűség a maga közvetlen formájában eltűnt, mert a természeti szükséglet lépett.

Röviden: Marx számára a kapitalista termelés bizonyosan „az egyén önmagától és másoktól való elidegenülésének általánosságával először termeli meg vonatkozásainak és képességeinek általánosságát és mindenoldalúságát is.” Marx jó néhányszor hangsúlyozta ezt.

Az 1861-63-as Kéziratokban megjegyzi, hogy a tőke „a termelés nagyobb változatosságára, a társadalmi szükségletek körének és kielégítésük eszközeinek bővítésére, ennélfogva az emberi termelőképesség fejlesztésére és vele az emberi adottságok új irányokban való működtetésére hajt”.  Az Értéktöbblet-elméletekben pedig világossá teszi, hogy a termelőerőknek a kapitalizmus létrehozta páratlan növekedése nemcsak gazdasági következményekkel jár, hanem „minden társadalmi és politikai viszonyt forradalmasít”.  A tőke I. kötetében pedig azt írta, hogy „látjuk itt, miként töri át az árucsere a közvetlen termékcsere egyéni és helyi korlátait, és miként fejleszti ki az emberi munka anyagcseréjét. Másrészt kifejlődik a cselekvő személyek ellenőrzésén kívül eső, társadalmi-természeti összefüggések [gesellschaftlicher Naturzusammenhänge] egész köre.”  Arról van szó, hogy a termelés „a teljes emberi fejlődésnek megfelelő” formában menjen végbe.

Végül Marx pozitívnak tekint a kapitalizmusban bizonyos, a nők emancipációjával és a családon belüli viszonyok modernizálódásával kapcsolatos tendenciákat is. Az egyik tőle származó fontos politikai dokumentumban, az „Instrukciók az Ideiglenes Központi Tanács küldöttei számára. Különféle kérdések”-ben a következőket írja erről: „jóllehet a tőke uralma alatt ez a tendencia förtelemmé torzult”, de „[a] modern iparnak azt a tendenciáját, hogy a mindkét nembeli gyermekeket és fiatalokat bekapcsolja a társadalmi termelés nagy munkájába, haladó, egészséges és jogos tendenciának tekintjük.”

Hasonló álláspontot találunk A tőke I. kötetében is, ahol azt írja:
Bármily rettenetesnek és undorítónak látszik mármost a régi család felbomlása a tőkés rendszeren belül, mégis a nagyipar azzal a döntő szereppel, melyet a nőknek, fiatal személyeknek és mindkét nembeli gyermekeknek a háztartás területén túl, társadalmilag szervezett folyamatokban kiutal, megteremti az új gazdasági alapzatot a családnak és a két nem viszonyának egy magasabb formája számára.

Marx továbbá megjegyzi, hogy „A tőkés termelési mód kiteljesíti a mezőgazdaság és az ipar eredeti családi kötelékének széttépését, amely kettejük gyermekiek fejletlen alakját átfogta.” Ennek az egyik következménye „a városi népességnek”, amely „a társadalom történelmi mozgató ereje” és amelyet a tőke „nagy központokban halmoz össze” [a] „folyton növekvő túlsúlya”.

A dialektikus módszert használva, amelyhez oly gyakran folyamodik A tőkében és annak előkészítő kézirataiban, Marx amellett érvelt, hogy a kapitalizmusban „egy új társadalom alkotóelemei” alakulnak ki azáltal, hogy a tőke „a termelési folyamat anyagi feltételeivel és társadalmi kombinációjával érleli” őket. Így megteremtődnek az anyagi feltételei „egy új és magasabb szintézisnek”.  Habár a forradalom soha nem fog a puszta gazdasági dinamika révén létrejönni, hanem mindig megköveteli éppúgy a politikai tényezők működését is, a kommunizmus eljöveteléhez „a társadalom bizonyos anyagi alapzata szükséges, vagyis számos olyan anyagi létfeltétel, amelyek maguk viszont hosszú és gyötrelmes fejlődéstörténet természet adta termékei.”

Hasonló téziseket fejtett ki Marx jó néhány rövid, ám fontos politikai szövegben, amelyek A tőke megalkotásával egy időben, vagy röviddel azt követően keletkeztek, s ez azt mutatja, hogy Marx felfogása a kérdésről nemigen változott. Így a Bér, ár és haszonban a munkásokkal meg akarja értetni azt, hogy „a jelenlegi rendszer, minden nyomor ellenére, amelyet a munkásokra zúdít, egyidejűleg megteremti azokat az anyagi feltételeket és formákat, amelyek a társadalom gazdasági újjáalakításához szükségesek.”

A „Bizalmas közlés”-ben, amelyet Marx a Nemzetközi Munkásszövetség Főtanácsa nevében küldött a Német Szociáldemokrata Munkáspárt braunschweigi bizottságához, Marx határozottan fenntartja, hogy „bár a forradalmi kezdeményezés valószínűleg Franciaországból indul majd ki, csakis Anglia szolgálhat egy komoly gazdasági forradalom emeltyűjéül.” Ezt a következő szavakkal magyarázza el:

Ez az egyetlen ország, ahol nincsenek már parasztok és ahol a földtulajdon kevés kézben összpontosul. Ez az egyetlen ország, ahol a tőkés forma – azaz a nagy méretekben, tőkés vállalkozók alatt egyesített munka – csaknem az egész termelést hatalmába kerítette. Ez az egyetlen ország, ahol a lakosság nagy többsége bérmunkásokból áll. Ez az egyetlen ország, ahol az osztályharc és a munkásosztály szervezettsége a trade-unionok révén bizonyos fokú érettségre és egyetemességre tett szert. Ez az egyetlen ország, ahol – világpiaci uralma következtében – a gazdasági viszonyokban bekövetkező minden forradalomnak közvetlenül vissza kell hatnia az egész világra. Ha a landlordizmus és a kapitalizmus klasszikus székhelye is ez az ország, másfelől itt értek meg megsemmisítésének anyagi feltételei.

A Bakunyin Államiság és anarchia c. könyvének konspektusa c. művében, amely fontos pontokon jelzi a közte és az orosz forradalmár közötti nézetkülönbségeket a kapitalizmus alternatívájával kapcsolatban, Marx megerősíti a szocializmus vezetésére majdan hivatott társadalmi szubjektumot illetően is, hogy: „[a radikális szociális forradalom a gazdasági fejlődés bizonyos történelmi feltételeihez kapcsolódik; e feltételek az ilyen forradalom előfeltételei. Tehát csak ott van rá lehetőség, ahol a tőkés termelés mellett az ipari proletariátus legalábbis jelentékeny helyet foglal el a nép tömegében.”
A Gothai Program kritikájában, amelyben az Általános Német Munkásegylet és a Szociáldemokrata Munkáspárt egyesülése során elfogadott közös platform egyes aspektusaival vitázik, Marx azt mondja:

Amilyen mértékben a munka társadalmilag fejlődik és ezáltal gazdagságnak és kultúrának forrása lesz, abban a mértékben fejlődik szegénység és lesüllyedés a dolgozó oldalán, gazdagság és kultúra a nem-dolgozó oldalán.” Majd hozzáteszi: „itt határozottan ki kellett volna mutatni, hogy a mostani tőkés társadalomban hogyan jöttek létre végül is azok az anyagi stb. feltételek, amelyek a munkásokat képessé teszik és kényszerítik arra, hogy ezt a történelmi átkot megtörjék.

Végül A szocialista munkások választási programjában (1880), egy rövid, három évvel halála előtt írott szövegben Marx azt hangsúlyozza, hogy a termelési eszközök csak „kollektív formában, amelynek anyagi és szellemi elemeit maga a tőkés társadalom fejlődése teremti meg” kerülhetnek a munkások tulajdonába.

Így hát, mint látjuk, Marx egész munkásságában, a materialista történelemfelfogás első megfogalmazásaitól az 1840-es években egészen az 1880-as évekbeli utolsó politikai állásfoglalásaiig, folyamatosan rámutatott arra, hogy alapvető összefüggés van a termelésnek a kapitalista termelési mód által létrehozott növekedése, és a kommunista társadalomnak, amelyért a munkásmozgalomnak harcolnia kell, a szükséges történelmi előfeltételei között. Ámde az élete utolsó éveiben végzett kutatások segítettek neki abban, hogy felülvizsgálja ezt a meggyőződését, és elkerülje, hogy a sok követőjét jellemző „ökonomizmusba” essék.

A nem mindig szükségszerű átmenet
Marx a kapitalizmust úgy tekintette, mint „szükségszerű átmeneti pontot” azokhoz a kibontakozó történelmi feltételekhez, amelyek lehetővé teszik, hogy a proletariátus a siker bizonyos esélyével vegye fel a harcot a szocialista termelési mód megvalósításáért. A Grundrisse egy másik szakaszában megismétli, hogy a kapitalizmus „átmeneti pont”a társadalom további haladása felé, amely „összeegyeztethető a termelőerők legmagasabb fejlődésével”, ezért „az egyének leggazdagabb fejlődésével” is. Marx úgy írta le „a termelés mostani feltételeit”, mint „önmagukat megszüntető és ezért egy új társadalmi állapot történelmi előfeltételeiként tételező feltételek”-et.

Olykor-olykor arra helyezve a hangsúlyt, hogy a tőkében benne rejlik önmaga elpusztításának tendenciája, Marx kijelenti: „[a] hogy a polgári gazdaságtan rendszere csak lassan fejlődik ki számunkra, úgy önmaga tagadása is, amely a végső eredménye.” Azt mondja: meg van győződve róla, hogy a tőkés termelés mód „az utolsó szolgaalak” (az „utolsó”-val bizonyosan túl messzire ment),

melyet az emberi tevékenység magára ölt, az egyik oldalon a bérmunka, a másikon a tőke alakját, és ez a levetés maga is a tőkének megfelelő termelési mód eredménye; a bérmunka és a tőke tagadásának az anyagi és szellemi feltételei – e kettő maga is tagadása már a nem-szabad társadalmi termelés korábbi formáinak – maguk is a tőke termelési folyamatának eredményei.

Metsző ellentmondásokban, válságokban, görcsökben jut kifejezésre az, hogy a társadalom termelő fejlődése növekvő módon nem illik össze eddigi termelési viszonyaival. Tőke erőszakos megsemmisítése, nem számára külső viszonyok által, hanem mint önfenntartásának feltétele, ez a legcsattanósabb forma, amelyben közlik vele, hogy menjen és adjon helyet a társadalmi termelés egy magasabb állapotának.

További bizonyítéka annak, hogy Marx a kapitalizmust a szocialista gazdaság születése alapfeltételének gondolta, található az Értéktöbblet-elméletekben. Itt megfogalmazza, hogy egyetért Richard Jones közgazdásszal (1790–1855), aki „a tőkét és a tőkés termelési módot csak a társadalmi termelés fejlődésének átmeneti fázisaként» fogadja el«.” A kapitalizmus révén, írja Marx itt, „feltárul a kilátás egy új társadalomra, gazdasági társadalomformációra, amelyhez ez csak az átmenetet alkotja.”

Marx hasonló elképzelést dolgozott ki A tőke I. kötetében és az azt előkészítő kéziratokban. A híres, nem publikált „Függelék: A közvetlen termelési folyamat eredményei”-ben, azt írta, hogy a kapitalizmus „teljes gazdasági forradalmat” követően jött létre, amely egyrészt először hozza létre a reális feltételeket a tőke munka feletti uralmához, teljesíti azt ki, ad neki megfelelő formát, másrészt a munka termelőerőiben, a termelési feltételekben és érintkezési viszonyokban, melyeket a munkás ellenében fejlesztett ki, megteremti egy a tőkés termelési mód ellentétekkel teli formáját megszüntető új termelési mód reális feltételeit, és ennélfogva egy újonnan kialakított társadalmi életfolyamat, ezzel pedig egy új társadalomalakulat anyagi bázisát. A Tőke első kötete egyik záró fejezetében: A tőkés felhalmozás történelmi tendenciájában Marx megállapítja: „A termelési eszközök centralizációja és a munka társadalmasítása olyan pontot ér el, amelyen mér nem fér meg tőkés burkában. A burkot szétrepesztik. Üt a tőkés magántulajdon végórája, A kisajátítókat kisajátítják.”

Habár Marx meg volt győződve róla, hogy a kapitalizmus nélkülözhetetlen történelmi átmeneti forma, mert egyedül a kapitalizmusban teremtődhetnek meg azok a feltételek, amelyek talaján a munkásmozgalomnak meg kell küzdenie a társadalom kommunista átalakításáért, nem gondolta, hogy ezt az eszmét merev, dogmatikus módon kellene alkalmaznunk. Éppen ellenkezőleg, nem is egyszer tagadta – úgy publikált, mint kiadatlan szövegeiben – hogy ő a történelemnek valamiféle egyenesvonalú értelmezését fejlesztette volna ki, amely szerint az emberi lényeknek minden társadalomban történelmi szükségszerűséggel ugyanazt az utat és ugyanazokat a fejlődési szakaszokat kell bejárniuk.

Élete utolsó éveiben Marx elvetette azt a tévesen neki tulajdonított tézist, hogy a tőkés termelési mód történelmileg elkerülhetetlen. Ettől az állásponttól való eltávolodását világosan megfogalmazta, amikor bevonódott a kapitalizmus lehetséges oroszországi fejlődéséről folyt vitába. Egy cikkében, amelynek az volt a címe: „Marx Ju. Zsukovszkij ítélőszéke előtt”, az orosz író és szociológus, Nyikolaj Mikhailovszkij (1842–1904) azzal vádolta őt, hogy a kapitalizmust Oroszország felszabadulása egy elkerülhetetlen történelmi szakaszának tekinti. Marx egy levélben, amelyet az Otecsesztvennije Zapiszki számára fogalmazott, azt válaszolta erre, hogy ő A tőke első kötetében „csak jelezni kívánja azt az utat, amelyen haladva Nyugat-Európában a tőkés gazdasági rendszer a feudális gazdasági rendszer méhéből megszületett.” Itt Marx hivatkozik egy szakaszra A tőke első kötetének francia kiadásából (1872–1875), amely azt mondja, a falusi tömegek termelőeszközeiktől való megfosztásának az alapja „a földművesek kisajátítása” volt, azonban ez „radikális módon csak Angliában valósult meg”, de „Nyugat-Európa valamennyi országa végigéli ugyanezt a folyamatot.” Ennek megfelelően, állítja Marx, vizsgálódásainak tárgya az „öreg kontinens”, nem az egész világ.

Marx hasonlóan rugalmas módon közelített a többi európai országokhoz, hiszen nem mint homogén egészre gondolt Európára. Egy 1867-ben tartott beszédében, amelyet a londoni Német Munkás Művelődési Egylet előtt tartott, és amely később megjelent a genfi Vorbotében, amellett érvelt, hogy a német munkások azért lesznek képesek sikeresen véghezvinni a forradalmat, mert „nem kell végig menniük azon a hosszadalmas polgári mozgalmon, mint a többi ország munkásainak.”

Ami Oroszországot illeti, Marx osztotta Mikhailovszkij nézetét, hogy ez az ország „tovább fejlesztve saját történelmi adottságait”, „át sem vergődve e rendszer (a kapitalizmus) gyötrelmein, magáévá teheti annak minden gyümölcsét.” Azzal vádolta Mikhailovszkijt, hogy eltorzítva az ő álláspontját, „[történelmi] vázlatomat a kapitalizmus nyugat-európai keletkezéséről feltétlenül át kell alakítania valami történelemfilozófiai elméletté a fejlődés általános útjáról, amelyet végzetszerűen meg kell tennie minden népnek, bármilyen történelmi viszonyok között éljen is.” Marx ezután általánosságban leszögezi: „Megdöbbentően hasonló, de eltérő történelmi környezetben lejátszódó történelmi események tehát teljesen különböző eredményekhez vezettek.” Ezért a történelmi átalakulások megértéséhez szükséges külön-külön tanulmányozni az egyes jelenségeket, csak ekkor tudunk velük megfelelően foglalkozni. A történelmi jelenségek helyes értelmezésének „sohasem fogunk a nyitjára jutni egy olyan történelemfilozófiai elmélet franciakulcsával, amelynek legfőbb erénye abban van, hogy történelem-fölötti.”

Marx ugyanezeket a meggyőződéseit fejtette ki 1881-ben, amikor az orosz forradalmárnő, Vera Zaszulics (1848–1919) kérte ki nézeteit az orosz falusi földközösség, az obscsina jövőjéről. Zaszulics tudni akarta, vajon a falusi földközösség átfejlődhet-e egy szocialista formába, vagy pedig pusztulásra van ítélve, mert a kapitalizmus szükségszerűen kiterjeszkedik Oroszországra is. Válaszában Marx azt hangsúlyozta, hogy „A tőke első kötetében a kapitalizmus kifejlődésének, amely a termelőket radikálisan elválasztotta a termelőeszközöktől”, „történelmi elkerülhetetlenségét […] kifejezetten Nyugat-Európa országaira korlátoztam.”

A levél bevezető vázlataiban Marx a falusi földközösségnek a fejlettebb gazdasági formákkal való együttéléséből származó sajátságokat fejtegeti. Oroszország, állapítja meg,
kortársa egy magasabb kultúrának, össze van kapcsolva egy világpiaccal, amelyen a tőkés termelés uralkodik. Elsajátítva e termelési mód pozitív eredményeit, képes tehát fejleszteni és átalakítani földközösségének még archaikus formáját, ahelyett, hogy szétrombolná.
A parasztság így „átveheti tehát a tőkés rendszer által kimunkált összes pozitív vívmányokat anélkül, hogy átmenne annak caudiumi igája alatt.” Azoktól, akik arra hivatkozva érvelnek amellett, hogy a kapitalizmus elkerülhetetlen fejlődési szakasz Oroszország számára is, hogy a történelem nem haladhat előre ugrásokban, Marx gúnyosan azt kérdezi, vajon Oroszország „kénytelen volt-e a Nyugat módján átmenni a gépiparnak egy hosszú inkubációs időszakán, hogy eljuthasson a gépekhez, gőzhajókhoz, vasutakhoz, stb?” Hasonlóképpen talán nem volt lehetséges „bevezetni országukban egy szempillantás alatt az egész cseremechanizmust (bankok, részvénytársaságok stb.), amelynek kimunkálása a Nyugatnak évszázadokba került?”  

Nyilvánvaló, hogy Oroszország vagy bármely más ország történelmének nem kell megismételni mindazokat a szakaszokat, amelyeken Anglia, vagy más európai nemzetek történelme átment. Ezért az obscsina szocialista átalakulása is végbe mehet anélkül, hogy szükségszerűen át kellene mennie a kapitalizmuson. Ezek a tézisek nem mondanak ellent A tőke első kötete Előszavá-nak, ahol Marx kijelenti, hogy „[e] gy társadalom, még ha nyomára jött is mozgása természeti törvényének […] természetes fejlődési fázisokat sem át nem ugorhat, sem rendeletileg el nem tüntethet. De megrövidítheti és enyhítheti a szülési fájdalmakat.”

Ugyanebben az időszakban Marxot a prekapitalista közösségek viszonyaival kapcsolatos elméleti kutatásai, amelyeket az Etnográfiai Jegyzetfüzetekben gyűjtött össze, ugyanabba az irányba vezették, mint amely a Vera Zaszulicsnak adott válaszából kiviláglik. Az amerikai antropológus, Lewis Morgan (1818–1881) munkásságának olvasásától hajtatva, propagandisztikus hangnemben azt írja: „Európában és Amerikában” azok a népek, ahol a kapitalizmus a leginkább kifejlődött, „másra nem is törekszenek, mint hogy letörjék láncait, helyettesítve a tőkés termelést a kooperatív termeléssel és a tőkés tulajdont a tulajdon archaikus típusának egy magasabb formájával, vagyis a kommunista tulajdonnal.”

Marx elképzelt közösségi termelési modellje egyáltalán nem „az elszigetelt egyén” gyengeségéből eredő „ősi típusa” „a kooperatív vagy kollektív termelésnek”, hanem a „termelési eszközök társadalmasításának” az eredménye. Marx nem változtatta meg a maga (mélységesen kritikus) felfogását az orosz falusi földközösségekről, s elemzésében változatlanul megőrzi az egyéni és társadalmi termelés fejlődésének központi szerepét.
Marx Oroszországról adott reflexióiban tehát nincs semmiféle drámai „törés” korábbi elgondolásaihoz képest. A korábbi művekkel szemben az új elemek abban állnak, hogy Marx elméleti-politikai álláspontja kiérleltebbé vált, ami odavezette, hogy hogy megvizsgáljon a kommunizmusba vezető olyan más lehetséges utakat is, amelyeket korábban megvalósíthatatlannak vélt.

Marx elfogadta, hogy „elméletileg” lehetséges, hogy az obscsina „[k]özvetlenül kiindulópontjává válhatik tehát ama gazdasági rendszernek, amely felé a modern társadalom tendál és új életet kezdhet anélkül, hogy előbb öngyilkossá lenne.” Az, hogy együtt létezik a tőkés termeléssel, a falusi közösségnek lehetővé teszi, hogy felhasználja „a nagyüzemi méretekben megszervezett kooperatív munka anyagi feltételeit.”

Az az elgondolás, hogy a szocializmus kialakulása plauzibilis lehet Oroszországban, nem egyedül Marxnak az ottani gazdasági helyzetről folytatott stúdiumain alapult. Az orosz narodnyikokkal való kapcsolata, mint a párizsi kommünárokkal való kapcsolat egy évtizeddel korábban, segített abban, hogy nyitottabbá váljon arra a lehetőségre, hogy a történelem nemcsak a termelési módok egymásra következésének lesz a tanúja, hanem forradalmi események közbelépésének és ama szubjektív tényezőknek is, amelyek ezt lehetővé teszik.

Marx úgy érezte, hogy még több figyelmet kell szentelnie a specifikus történelmi tényezőknek, a politikai és társadalmi feltételek országról-országra és az egyes társadalmi kontextusok szerint különböző, egyenlőtlen fejlődésének.

Azon felül, hogy nem akarta elfogadni, hogy egy előre meghatározott történelmi fejlődés ugyanúgy jelenhet meg a különböző gazdasági és társadalmi kontextusokban, az, hogy Marx elmélete továbbfejlődött ezekben az utolsó években, annak volt köszönhető, hogy tovább gondolta a kapitalizmusnak a gazdaságilag elmaradott országokra gyakorolt hatása problémáját. Többé már nem úgy vélte, mint 1853-ban, a New York Tribune számára írott cikkében, hogy „[a] burzsoá ipar és kereskedelem megteremtik az új világ ezen anyagi feltételeit.”Sok éves részletes stúdiumok és a nemzetközi politikában bekövetkezett változások megfigyelése segítette Marxot abban, hogy kialakítson egy olyan képet a brit gyarmatosításról, amely teljesen eltért attól, amit újságíróként harmincas évei közepe táján fogalmazott meg. A kapitalizmusnak a gyarmati országokra gyakorolt hatásai most teljesen másként jelentek meg számára. Zaszulicshoz írott levele vázlatainak egyikében utalva „Kelet-Indiára” azt írta, hogy „mindenki […] jól tudja, hogy ott a föld közös tulajdonának eltörlése csakis az angol vandalizmus aktusa volt, amely a bennszülött népet nem előbbre vitte, hanem visszavetette.” Nézete szerint, az angoloknak „csak tönkre tenniük sikerült a bennszülött földművelést és megkétszerezniük az éhínséget és annak intenzitását.” A kapitalizmus, apologétái dicsekvésével ellentétben, nem haladást és felszabadulást hozott az elmaradott országokban, hanem csak a természeti erőforrások kíméletlen kizsákmányolását, környezetpusztítást, valamint az emberi szolgaság és alávetettség új formáit.

1882-ben Marx megint visszatért arra a lehetőségre, hogy a kapitalizmus és a múltból fennmaradt közösségi formák együtt létezhetnek az elmaradott országokban. Januárban, a Kommunista Kiáltvány új, orosz kiadása előszavában, amelyet Engelssel együtt írtak, az orosz falusi földközösség sorsát összekapcsolja a nyugat-európai proletariátus osztályharcának alakulásával:

Oroszországban azt látjuk, hogy a gyorsan felvirágzó kapitalista szédelgés és az éppen hogy kifejlődő polgári földtulajdon mellett a földnek nagyobbik fele a parasztok közös birtokában van. Az a kérdés most: átmenet-e az orosz obscsina, a föld ősrégi közös birtoklásának egyik, jóllehet erősen megrendült formája, közvetlenül a közös birtoklás magasabb, kommunista formájába? Vagy, ellenkezőleg, végig kell-e előbb mennie ugyanazon felbomlási folyamaton, amely a Nyugat történelmi fejlődését alkotja? Az egyetlen válasz, amely erre manapság lehetséges, a következő: ha az orosz forradalom jeladás lesz egy nyugati proletárforradalomra, úgy, hogy a kettő egymást kiegészíti, akkor a mostani orosz közös földtulajdon kiindulópontja lehet egy kommunista fejlődésnek.

Marx már 1853-ban elemezte Anglia gazdasági jelenlétének következményeit Kínában, a New York Tribune számára írott Forradalom Kínában és Európában c. cikkében. Marx azt gondolta: lehetséges, hogy a forradalom Kínában „kirobbantja a régóta érlelődő általános válságot, amelyet, mihelyt külföldön is elharapódzik, közvetlenül politikai forradalmak követnek majd a kontinensen.” Hozzátette, hogy „[k] ülönös színjáték lenne, ha Kína zűrzavart szállítana a nyugati világba, mialatt a nyugati hatalmak angol, francia és amerikai hadihajókkal» rendet «visznek Sanghajba, Nankingba és a Nagy Csatorna torkolataiba.”

Mindamellett Marxnak nem az Oroszországgal kapcsolatos reflexiói voltak az egyetlen indok arra, hogy azt gondolja: a különféle forradalmi mozgalmak, amelyek egymástól különböző társadalmi-gazdasági kontextusokban bontakoznak ki, összefonódhatnak egymással. 1869 és 1870 között írt leveleiben és a Nemzetközi Munkásszövetség egyes dokumentumaiban – legvilágosabban és legtömörebben elvtársaihoz, Sigfrid Meyerhez (1840-1872) és August Vogthoz (1817-1895) intézett egyik levelében – Angliának („a tőke metropoliszának”) jövőjét összekapcsolta az elmaradottabb Írországéval.  Az előbbi, Anglia, kétségkívül „a világpiac eddig uralkodó hatalma”, és ezért „egyelőre a legfontosabb ország a munkásforradalom számára”, „ezenkívül az egyetlen ország, amelyben ennek a forradalomnak az anyagi feltételei már bizonyos érettségi fokra fejlődtek.”

Azonban „miután évekig foglalkozott az ír kérdéssel”, Marxnak meggyőződésévé vált, hogy „az angliai uralkodó osztályokra a döntő csapást” – amely, gondolta őt, becsapva önmagát, „döntő az egész világ munkásmozgalmára nézve”, „nem Angliában, hanem csak Írországban lehet mérni”. A legfontosabb cél továbbra is „a forradalom meggyorsítása Angliában”, de „ennek az egyetlen eszköze” „Írország függetlenségének kivívása”. Mindenesetre Marx az iparosodott, tőkés Angliát stratégiailag központi jelentőségűnek tartotta a munkásmozgalom harcában, az írországi forradalom, amely csak akkor lesz lehetséges, ha a két ország „kényszerű uniója” véget ér, „társadalmi forradalom lesz”, amely „divatjamúlt formákban” fog megnyilvánulni. A burzsoá hatalom megdöntése az olyan nemzeteknél, ahol a termelés modern formái még csak kifejlődőben vannak, nem lesz elégséges a kapitalizmus eltűnéséhez.

A dialektikus álláspont, amelyhez Marx utolsó éveiben eljutott, lehetővé tette számára, hogy elvesse azt a gondolatot, hogy a szocialista termelési mód csak bizonyos, mereven meghatározott szakaszokon áthaladva valósítható meg. Az a materialista történetfelfogás, amelyet kidolgozott, távol áll attól a fajta mechanikus egymásutániságot feltételező felfogástól, amelyre a marxizmus történetében jó néhányszor redukálták. A történelemnek ez a dialektikus felfogása nem egyeztethető össze azzal az elképzeléssel, hogy az emberi történelem termelési módok egymásra következése, amelyek pusztán előkészítő szakaszai a történelem elkerülhetetlen lezárulásának: a kommunista társadalom születésének.

Ezenfelül, Marx kifejezetten tagadta, hogy a kapitalizmus a világ minden részén történelmileg szükségszerű lenne. Gondolkodásában nincs nyoma a gazdasági determinizmusnak. A politikai gazdaságtan bírálata híres Előszavában vázlat szerűen felsorolta az egymást követő „ázsiai, antik, feudális és modern polgári termelési módokat”, mint „az emberi társadalom előtörténetét”, s hasonló kijelentések találhatók más írásaiban is. Ámde ez az elképzelés Marxnak a különböző termelési formák keletkezéséről és fejlődéséről szóló egész, átfogóbb munkásságában csak egy kis részt foglal el. Marx módszere nem redukálható a gazdasági determinizmusra.

Az obscsina jövőjéről alkotott, gazdagon argumentált elképzeléseit egy egész világ választja el attól, amikor a szocializmust egyszerűen a termelőerők fejlődésével azonosítják – amely felfogást, nacionalista felhangokkal, magáévá tették mind a II. Internacionáléban és a szociáldemokrata pártokban (amelyeken belül még a gyarmatosítással szimpatizáló álláspontok is kialakultak), mind a huszadik századi nemzetközi kommunista mozgalomban, amely mindig a társadalomelemzés egy állítólag „tudományos” módszerére hivatkozott.

Marx nem változtatott saját alapvető elképzelésein az eljövendő kommunista társadalom arculatáról, ahogyan ezt a Grundrissében felvázolta, anélkül, hogy absztrakt leírásokba bocsátkozott volna róla. Mivel ellenségesen viszonyult a múlt merev sémáihoz, s az ő nevében kialakult új dogmákhoz is, lehetségesnek tartotta, hogy a forradalom kitörhet olyan formák és olyan feltételeket között is, amelyekre azelőtt soha nem gondolt.

Marx számára az emberiség jövője a munkásosztály kezében volt – a munkásosztály képes a maga harcai és tömegszervezetei révén elhozni a társadalmi átalakulást, és létrehozni egy másfajta gazdasági-politikai rendszert.

Fordította: Szalai Miklós

Jegyzetek
1. Karl Marx: Wages. Marx-Engels Collected Works (MECW) 6. 436.
2. Karl Marx – Friedrich Engels: A kommunista párt kiáltványa. In Marx-Engels: Válogatott Művek, Budapest, Szikra Könyvkiadó, 1949. 38.
3. Uo. 13.
4. Uo. 13.
5. Uo. 13.
6. Uo. 14.
7. Uo. 15.
8. Uo. 15. A „bárgyúság” (idiotizmus) kifejezést nem kell a butaság szinonimájaként .rtenünk. Összhangban görög eredetével, Marx és Engels azokra az emberekre használják, akik szűklátókörűek és nem törődnek k.z.ss.gük sorsával. Lásd: Eric Hobsbawm: How to Change the World: Reflections on Marx and Marxism. New Haven/London, Yale University Press, 2011. 108.
9. Karl Marx – Friedrich Engels: A kommunista párt kiáltványa. In Marx-Engels: Válogatott Művek, Budapest, Szikra Könyvkiadó, 1949. 22. o.
10. Uo. 19.
11. Karl Marx: Osztályharcok Franciaországban. In Marx-Engels: Válogatott Művek, Budapest, Szikra Könyvkiadó, 1949. 126.
12. Karl Marx – Friedrich Engels: Szemle. 1850 jan.-febr. 8. In Karl Marx – Friedrich Engels Művei 7. köt. Budapest, 1962. Kossuth Könyvkiadó, 219.
13. Az indiai brit uralom eljövendő eredményei. Marx-Engels: Válogatott művek. Budapest, Szikra Könyvkiadó
1949. 329.
14. Uo. 332.
15. Uo. 334. Lásd még Marx levelét Engelshez (1853. június 14.), amelyben, bár fenntartja, hogy „a britek egész indiai gazdálkodása ocsmány volt és mindmáig az”, azt írja barátjának, hogy egy, a sajtóban megjelent cikkében „forradalminak” nevezte „India házi iparának Anglia által történő ledöntését” (Karl Marx levele Friedrich Rngelsnek. Karl Marx és Friedrich Engels Művei 28. köt. 251.) A New York Tribune szóban forgó cikke arra késztette Edward Saidot, hogy ne csak azt állítsa, hogy „Marx gazdasági elemzései teljesen beleillettek a standard orientalista megközelítésbe”, hanem egyszersmind azzal vádolja őt, hogy „a Kelet és a Nyugat közötti ősrégi kül.nbs.gt.telen alapultak”: (Edward W. Said: Orientalizmus, Budapest, Európa Könyvkiadó, 2000, 193.) Valójában Said Marx-olvasata egyoldalú és felületes. Az első, aki rámutatott ennek az értelmezésnek a hiányosságaira, Sadiq Jalal al-Azm volt (1934-2016) aki egy cikkében: „Orientalism and Orientalism in Reverse” (Khamsin, vol. 8, 1980) azt írta: „Marx a nagyon bonyolult történelmi folyamatokról és helyzetről adott nézeteinek ez a leírása nem más, mint travesztia […] semmi specifikusan» Ázsiára «vagy a» Keletre «vonatkozó nincs Marx életművében.” (14–15.) A „termelési kapacitásokkal, a társadalmi szervezettel, a történelmi előrehaladottsággal, a katonai erővel és a technológiai fejlődéssel kapcsolatban […] Marx, mint mindenki más, tudott a modern Nyugat fölényéről a Kelettel szemben. De egyszerűen abszurd lenne azzal vádolni […] hogy ezt a kontingens tényt egy örökérvényű, szüks.gszerű igazságnak akarta volna feltüntetni. (15-16.) Hasonlóképpen Aijaz Ahmad (1932) az In Theory: Classes, Nations, Literaturesben (London, Verso, 1992) pedig megfelelően bebizonyította, hogy Said „kontextusukból kiemelt Marx-idézetekkel operált”, kevés érzékkel ahhoz, amiről a kérdéses szakasz szólt, egyszerűen azért, hogy beilleszthesse Marxot a saját „orientalizmus-képébe” (231, 223.) A Marx állítólagos „eurocentrizmusával” szembeni kritikát lásd még: Irfan Habib: Marx’s Perception of India, in Iqbal Husain (szerk.) Karl Marx on India New Delhi, Tulika, 2006. xiv-liv. Mindenesetre, Marx 1853-as cikkei későbbi reflexióihoz képest csak egy nagyon részleges és leegyszerűsítő képet nyújtanak a gyarmatosításról.
16. Karl Marx: Az indiai kínzásokról (In: Karl Marx és Friedrich Engels Művei 12. köt. 253-257.) 257.
17. Karl Marx: Beszéd a „People’s Paper” évfordulóján, in Marx-Engels: Válogatott művek, Budapest, Szikra Könyvkiadó, 1949, 335. Marx itt Armand Barbèsra (1809–1870), Francois Raspailra (1794–1878) és Auguste Blanquira (1805–1881) utal.
18. Karl Marx: A politikai gazdaságtan bírálatának alapvonalai. Első Rész. Karl Marx és Friedrich Engels Művei, 46/I köt. Budapest, Kossuth Könyvkiadó. 1984. 302. (A továbbiakban: Grundrisse.)
19. Uo. 256.
20. Uo. II. köt. 25.
21. Uo. II. 62. Lásd: John Wade: History of the Middle and Working Classes London: E. Wilson, 1835 (3. kiad.) kül.n.sen a 122-132. oldalak, ahol Wade azt állítja, hogy „a feladatok megosztása az alkalmazottak között időt takarít meg” (123.). Marx már egészen korán, 1845-ben szemelvényeket másolt ki Wade művéből. Lásd MEGA, IV/4m Berlin, Dietz, 1988 288–301. és 303–308. A legmeglepőbb sorok azok, mint pl. a következő (288.) „Egy, a lehető legegyszerűbbre redukált munka az elmét szabadon hagyja a gondolkodásra és a beszélgetésre, s a munkamegosztásnak máris ezek a hatásai sok manufaktúrában.”
22. Grundrisse II. köt. 107.
23. Uo. I. köt. 298.
24. Ranajit Guha szerint (Dominance without Hegemony: History and Power in colonial India, Cambridge, Harvard University Press, 1997, 15–16.), „ez az ékesszóló passzus önmagában, elkül.n.tve a szerzőnek a tőkén gyakorolt kritikája hatalmas korpuszától, megkül.nb.ztethetetlenn. tenné őt az ezernyi tizenkilencedik századi liberálistól, akik csak a tőke pozitív oldalát látták. […] Azonban ha megfelelő kontextusban olvassuk, akkor úgy kell .rtelmezzük, mint ami semmi egyéb egy kidolgozott kritika első mozzanatánál.” A Subaltern Studies folyóirat alapítója itt egy olyan félrevezető és felületes álláspontot vett célba, amelyet, paradox módon, Marx sok epigonja is magáévá tett: „Marx írásainak némelyikét – például egyes passzusokat Indiáról írott jól ismert cikkeiből – valóban a kontextusukból kiragadva olvasták, és olyan mértékben eltorzították, hogy v.gül a tőke történelmi lehetőségeiről adott értékelését egy technikamániásnak a kapitalizmusról szóló tömjénező leírására redukálták.” Ám Guha nézete szerint, Marx a maga kritikáját „egyértelműen elkül.n.tette a liberalizmustól”, és annál erőteljesebbnek tűnik ez a kritika, ha tekintetbe vesszük, hogy Marx a kapitalizmus „felfelé emelkedő és optimista” szakaszában alkotta meg, amikor a tőke „ereje nőttön nőtt, és úgy tűnt, korlátlanul tud terjeszkedni és átformálni a társadalmat.” A Grundrisse-ből vett idézet egy másfajta értelmezését, amely Francis Baconnak (1561–1626) a természetnek való „engedelmességről” és a „természet alávetéséről” szóló komplex elképzelésén alapszik, lásd: John Bellamy Foster: Marx’s Grundrisse an the Ecological contradictions of Capitalism c. írását, in Marcello Musto (szerk.): Karl Marx’s Grundrisse: Foundations of the Critique of Political Economy 150 years Later London, Routledge 1998, kül.n.sen 100–101.
25. Karl Marx: A tőke I. köt. Karl Marx és Friedrich Engels Művei 23. köt. Budapest, Kossuth Könyvkiadó, 1967, 712–713. Egy ehhez hasonló korábbi passzusban Marx majdnem pontosan ugyanígy sorol fel ötöt az itt megemlített hat kérdésből: „hogy a munka társadalmi termelőerejének fejlődése nagybani kooperációt tételez fel, hogy csak ezzel a feltétellel lehet a munka megosztását és kombinációját megszervezni, a termelési eszközöket tömeges koncentrációjuk révén gazdaságosabbá tenni, már anyagilag is csak közösen alkalmazható munkaeszközöket, például a gépi berendezés rendszerét, stb. életre hívni, hatalmas természeti erőket a termelés szolgálatába kényszeríteni és a termelési folyamatot a tudomány technológiai alkalmazásává változtatni.” A tőkés termelés globális dimenziójáról l. Marx levelét Engelshez 1858 október 8.-án, amelyben megállapítja: „A polgári társadalom tulajdonképpeni feladata, hogy létrehozza, legalábbis körvonalaiban, a világpiacot és egy ennek bázisán nyugvó termelést.” (Karl Marx levele Friedrich Engelshez, 1858. október 8. Karl Marx és Friedrich Engels Művei 29. köt. Budapest,1972. Kossuth Könyvkiadó, 339.
26. Uo. 713.
27. Uo.314.
28. Karl Marx: A tőke III. köt. Karl Marx és Friedrich Engels Művei 25. köt. Budapest, Kossuth Könyvkiadó,
1974. 368.
29. Karl Marx: A tőke I. köt. Karl Marx és Friedrich Engels Művei 23. köt. Budapest, Kossuth Könyvkiadó, 1967, 314.
30. Uo. 312.
31. Uo. 553. Lásd Marx 1867 december 7.-i levelét Engelshez, amelyben felsorolja barátjának (aki A tőke recenzióján dolgozott) a fő érveket munkájában, amelyeket szeretne, ha Engels megemlítene. Marx egyszersmind úgy látja saját művét, mint amelynek az egyik legfőbb haszna az, hogy bebizonyítja: „a mostani társadalom gazdaságilag tekintve egy új magasabb formával terhes”. Olyan gondolatmenetet követve, amely ma egy némileg túl merész összehasonlításnak tűnhet a saját meglátásai és Darwin fejlődéselmélete között, Marx azt állítja, hogy elmélete „ott is rejtett haladást mutat ki, ahol a modern gazdasági viszonyokat ijesztő közvetlen következmények kísérik.” „Kritikai felfogásával” és „talán malgré lui” (akarata ellenére – a ford.) „véget vetett minden professzionális szocializmusnak, azaz minden utópizmusnak”. Mindent összevéve, ami a legjobban kiviláglik a kifejezésekből, amelyeket Engelsnek javasol, az az a meggyőződés, amelyet a kapitalizmus történelmi jelentőségéről kialakított, mint amely abszolút evidens számára: „Míg Lassalle úr a tőkéseket szidalmazta és a porosz parlagi nemességnek hízelgett, addig Marx úr, ellenkezőleg, kimutatja a tőkés termelés történelmi szüksgszerűségét.” (Karl Marx és Friedrich Engels Művei 31. kötet, Budapest, Kossuth Könyvkiadó, 1973. 398.
32. Karl Marx: Grundrisse II. k. 171.
33. Uo. II. 165.
34. Uo. II. 171.
35. Uo. II. 24.
36. Uo. II. 219.
37. Karl Marx: A közvetlen termelési folyamat eredményei. Budapest, Kossuth Könyvkiadó, 1988, 115.
38. Uo.
39. Uo. 100.
40. Uo. 61.
41. Uo.144.
42. K. Marx: A tőke III. köt. 251.
43. K. Marx: Grundrisse I. köt. 373.
44. K. Marx: Grundrisse II. köt. 23.
45. Uo. 24.
46. K. Marx: Grundrisse I. köt. 219.
47. Uo. 79.
48. K. Marx: A politikai gazdaságtan bírálatához (1861–63-as kézirat). Karl Marx és Friedrich Engels Művei 47-48. kötet. Budapest, Kossuth Könyvkiadó, 1985. 170–171.
49. K. Marx: Értéktöbblet-elméletek. III. Rész. Budapest, Kossuth Könyvkiadó, 1963, 368.
50. K. Marx: A tőke I. köt. 110.
51. Uo. 471.
52. Karl Marx: Instrukciók az Ideiglenes Központi Tanács küld.ttei számára. Kül.nf.le kérdések. In Karl Marx
és Friedrich Engels Művei 16. köt. Budapest Kossuth Könyvkiadó, 1964.174.
53. Uo. 457.
54. Uo. 571.
55. Uo. 469.
56. Uo. 471.
57. Uo. 81.
58. Karl Marx: Bér, ár és haszon. In Marx-Engels: Válogatott Művek. Budapest, Szikra Könyvkiadó, 1949. 426.
59. Karl Marx: Bizalmas közlés. In Karl Marx és Friedrich Engels Művei 16. köt (1864–1870) Budapest, Kossuth Könyvkiadó 1964, 402.
60. Karl Marx: Bakunyin Államiság és anarchia c. művének konspektusa. In Karl Marx és Friedrich Engels
Művei 18. köt. Budapest, Kossuth Könyvkiadó, 1969. 600.
61. Karl Marx: A gothai program kritikája. In Karl Marx és Friedrich Engels Művei 19. köt. Budapest, Kossuth Könyvkiadó 1969. 11–30.
62. Karl Marx: A szocialista munkások választási programja (A szöveget Marx franciául a L’Égalité c. francia szocialista újság számára írta – A ford.) In Karl Marx és Friedrich Engels Művei 19. köt. 228.
63. Grundrisse I. köt. 392.
64. Grundrisse II. köt. 23.
65. Uo.
66. Grundrisse I. köt. 346.
67. Nem szabad elfelejtenünk, hogy a Grundrisse, amelyet Marx nem publikálásra szánt, az 1857–58-as esztendő sajátos légkörében íródott, akkor, amikor közeledőben volt a kapitalizmus történetének első világméretű válsága.
68. Grundrisse II. köt. 175.
69. Uo. 208.
70. K. Marx: Értéktöbblet-elméletek. Harmadik rész. Budapest, Kossuth Könyvkiadó, 1963, 390–391.
71. Karl Marx: A közvetlen termelési folyamat eredményei. I. m. 144.
72. Karl Marx: A tőke I. köt. 713.
73. Николай К. Михайловский: Карл Маркс перед судом г. Ю. Жуковскаго. Отечественные записки. 1877.
köt. 10. sz. 321–356.; megjelent ugyanezzel a címmel: Полное собрание сочинений (Összes művek), 4. köt. Szentpétervár, 1911. 165–206.
74. Karl Marx: Levél az Otyecsesztvennije Zapiszki szerkesztőségének. In Karl Marx és Friedrich Engels Művei,
19. köt. 111.
75. Uo. Lásd Karl Marx: Le Capital. MEGA vol. II/7. 634. Az eredeti, 1867-es kiadásnak ezt a kiegészítését,
amelyet Marx akkor toldott be, amikor munkájának francia fordítását ellenőrizte, Engels nem illesztette be A tőke 1890-es német kiadásába, amely A tőke későbbi fordításainak alapszövege lett. Maximilien Rubel ezt a szöveget „az ebbe a fejezetbe illesztett egyik legfontosabb betoldásnak” nevezte. Lásd: Karl Marx: Oeuvres. Économie I. Párizs, Gallimard 1963, 1701. Az Engels által publikált kiadás azt állítja: az eredeti felhalmozás története „kül.nb.ző országokban kül.nb.ző színeket ölt és a kül.nb.ző szakaszokat kül.nb.ző sorrendben és kül.nb.ző történelmi korszakokban futja be. Klasszikus formája csak Angliában található, ezért ezt vesszük példának. (Karl Marx: A tőke I. köt. 671.)
76. Karl Marx: Tudósítás Marxnak a londoni Német Munkás Művelődési Egylet jubileumi ünneps.g.n, 1867. február 28-án elmondott beszédéről. Karl Marx és Friedrich Engels Művei 16. köt. Budapest, Kossuth Könyvkiadó, 1964, 486.
77. Karl Marx: Levél az Otyecsesztvennije Zapiszki szerkesztőségének. In Karl Marx és Friedrich Engels Művei,
19. köt. 112.
78. Uo. Mikhajlovszkij – aki nem ismerte Marx valódi elméleti álláspontját – így előrevetíti a huszadik századi marxizmus egyik alapvető korlátját. De hasonló téves elgondolások elterjedtek voltak ekkor már Marx követői között is, mind Oroszországban, mins másutt. Marx kritikái ezekkel szemben annál is fontosabb volt, mert saját korán túllátva anticipálta a későbbi fejleményeket is. Lásd. Pier Paolo Poggio: L’Obscina. Comune contadina e rivoluzione in Russia. Milan. Jaca Book, 1978. 148. és M. Musto: The Last Marx (2019 elők.születben).
79. Karl Marx: A V. I. Zaszulics levelére adandó válasz fogalmazványai. Második fogalmazvány. Karl Marx és Friedrich Engels Művei 19. köt. Budapest, Kossuth Könyvkiadó, 1969, 271.
80. Uo. 273.
81. Uo. Harmadik fogalmazvány. 278.
82. Uo. Első fogalmazvány, 266.
83. K. Marx: A tőke I. köt. 9.
84. K. Marx: A V. I. Zaszulicshoz írott levél fogalmazványai. Második fogalmazvány 272. Vö. Lewis Morgan:
„Magasabb szinten fogja újra éleszteni a régi népek szabadságát, egyenlőségét és testvériségét” (Marx által készített és lemásolt kivonat) in L. Krader (ed.): The Ethnological Notebooks of Karl Marx (Assen, Van Gorcu, 1972. 159.) (Saját fordításom. Tudomásom szerint, az idézett szövegnek nincs magyar fordítása. – A ford.)
85. Uo. Első fogalmazvány. 264.
86. Lásd az érvelést: Shanin (szerk.): Late Marx and the Russian Road (London, Routledge, 1984, 60.), amely szerint a vázlatok „jelentős váltást” mutatnak, ami 1867, A tőke kiadása óta ment volna végbe Marx
munkásságában. Hasonlóképpen vélekedik Enrique Dussel, aki „törésről” beszél az El ultimo Marx (1883–1882) y la liberación latinoamericana c. munkájában (Mexico D. F., Siglo XXI, 1990, 230 és 237.). Más szerzők Marx utolsó írásainak egyfajta third-worldist olvasatát sugallták, amely szerint, a forradalom szubjektuma többé nem a gyári munkásság, hanem a vidéken és a periférián élő néptömegek.
87. Lásd Marian Sawer kiváló munkáját: Marxism and the Question of the Asiatic Mode of Production. The Hague, Martinus Nijjhoff, 1977, 67. „Az, ami specifikusan az 1870-es években történt, nem az volt, hogy Marx megváltoztatta volna felfogását az falusi közösségek jellegéről, vagy eldöntötte volna, hogy ezek, úgy, ahogy léteztek, a szocializmus bázisa lehetnek, hanem inkább arról volt szó, hogy elkezdte megvizsgálni azt a lehetőséget, hogy a közösségeket nem a kapitalizmusnak, hanem a szocializmusnak kell forradalmasítania. […] Úgy tűnik, komolyan foglalkoztatta az a remény, hogy a társadalmi kommunikáció intenzívebbé válásával és a termelés módszereinek modernizálódásával a falu gazdálkodási rendszere integrálható egy szocialista társadalomba. 1882-ben ez még mindig valódi alternatívának tűnt Marx számára, az obscsinának a teljes dezintegrálódásával szemben.”
88. K. Marx: A V. I. Zaszulicshoz írott levél fogalmazványai. Első fogalmazvány. I. m. 267.
89. K. Marx: Uo. Harmadik fogalmazvány, 278.
90. Az indiai brit uralom eljövendő eredményei. Marx-Engels: Válogatott művek. Budapest, Szikra Könyvkiadó 1949. 334.
91. K. Marx: Levél V. I. Zaszulicshoz. Harmadik fogalmazvány. I. m. 276. A kérdés további megvitatását illetőn lásd: Marx Ny. F. Danyielszonhoz, 1881. február 19-én írott levelét: Karl Marx és Friedrich Engels Művei 35. köt. 145–149.
92. Uo. 278. Az a Marx, aki ezekben a szövegekben megnyilatkozik, nagyon kül.nb.zik tehát követői
legtöbbjétől. Partha Chatterjee jól írta le ez utóbbiak álláspontját The Politics of the Governed: Popular Politics in Most of the World című könyvében (New York, Columbia University Press, 2004): „A marxisták általában úgy vélték, hogy a tőke uralma a hagyományos közösségek felett biztos jele a történelem előrehaladásának.” (30.)
93. Karl Marx–Friedrich Engels: Előszó „A Kommunista Párt kiáltványa” második orosz kiadásához, In Karl Marx és Friedrich Engels Művei 19. köt. 440.
94. Karl Marx: Forradalom Kínában és Európában, in Karl Marx és Friedrich Engels Művei 9. köt. 94. A Marx and Latin America (Leiden, Boston, 2014) c. könyvében José Arico megállapítja, hogy Marx fontolóra vette a lehetőségét „egy olyan forradalomnak a gyarmati világban, amely, ellentétben azzal, amelyet 1848 előtt hiposztazált, nem a centrumországok elnyomott osztályainak forradalmi politikai cselekvésétől függne, hanem maga döntően meghatározná mind a kapitalista fejlődés menetét a centrumországokban, mind a proletárforradalom kitörését Európában.” (18–19.). Idézett művében, a Marxism and the Question of the Asiatic Mode of Production-ban Marian Sawer megállapítja, hogy Marx „abból a szempontból is érdeklődött a Nyugaton k.vüli világ iránt, hogy milyen szerepe lehet az európai kapitalizmus élettartamának meghosszabbításában. Ez az érvelés kül.n.sen fontossá vált Marx és Engels számára 1850-ben és azután, amikor csalódniuk kellett korábbi forradalmi reményeikben.” (42.).
95. Marx Sigfrid Meyerhez és August Vogthoz, 1870 április 9. Karl Marx és Friedrich Engels Művei 32. köt.
652–657.
96. Karl Marx: Bízalmas közlés. In Karl Marx és Friedrich Engels Művei 16. kötet (1864–1870) Budapest,
Kossuth Könyvkiadó, 1964, 402.
97. Lawrence Krader amellett érvel, hogy Marxnak az emberi történelemről adott felosztása, amelyet élete során alaposan kidolgozott, végső soron „több vonalon haladó és az unilineáris felé tartó” történelmi mozgást feltételezett, amely „kül.nb.ző népek által megtett kül.nb.ző történelmi utakból” áll össze. Míg ezeket amolyan hozzávetőleges módon fejtette ki az 1857–1867 között alkotott műveiben, határozottabban, habár még mindig nem véglegesen rögzítette őket az 1879 és 1881 közötti időszakban. The Asiatic Mode of Production Assen, Van Gorcum, 1975. 139.

Categories
Journal Articles

《资本论》的创作

一、关于剩余价值理论的批判性分析
《资本论》是马克思二十多年从事政治经济学研究的伟大成果。马克思于1843年开始研究经济学,1857年的金融危机促使他重新研究政治经济学,并写下了囊括八个笔记本的《大纲》。1859年出版《政治经济学批判。第一分册》,这是其工作计划的第一部分。该书包括第一章“商品”(区分使用价值和交换价值)和第二章“货币或简单流通”(探讨各种货币理论)。在序言中,马克思指出:“我考察资产阶级经济制度是按以下的顺序:资本、土地所有制、雇佣劳动;国家、对外贸易、世界市场。”

1861年8月,马克思再次展开对政治经济学的批判,而且没有改变原来的计划:他仍想写六本著作,每一本都专注于他在1859年列出的一个主题。截止到1863年6月,他写了23本笔记,内容涉及货币向资本的转化、商业资本,其中最重要的便是经济学家们的各种剩余价值学说。 从1861年夏到1862年3月,他都在写新的一章“资本一般”,并试图将它作为出版计划的第三章。到1863年末,马克思在其准备手稿(23本笔记中的前5本笔记)中关注了资本的生产过程,特别是:(1)货币向资本的转化;(2)绝对剩余价值;(3)相对剩余价值。 其中,某些在《大纲》中论述过的主题得到更丰富而准确的分析。

沉重经济负担的片刻缓解让马克思有更多时间投入到自己的研究中,以便做出重要的理论推进。1861年10月底,他写信给恩格斯说:“我的境况终于有所好转,我至少又重新感到自己脚踏实地。” 这时,他在为《纽约每日论坛》撰稿,并能获得每周两磅的报酬,同时也跟另一家报社签订了合同。但在12月,马克思告诉恩格斯自己已负债累累。由于这些烦恼,他的研究推进得很缓慢:“在当前情况下,要迅速完成这种理论性的东西实际上是不可能的。” 而当《纽约每日论坛》因内战导致的财务紧张而削减外国通信员时,事情变得更加糟糕。马克思为该报写的最后一篇文章准备于1862年3月10日。自此以后,他就失去了从1851年夏以来的主要收入来源。

1862年春,马克思开始了新的研究领域:剩余价值理论, 并计划将其作为第三章“资本一般”的第五部分 和最后一部分。在整整十个笔记本中,马克思细致分析了主要经济学家是如何解决剩余价值问题的。他的基本观点是“所有经济学家都犯了一个错误:他们不是纯粹地就剩余价值本身,二是在利润和地租这些特殊形式上来考察剩余价值。”
在第六笔记本中,马克思从批判重农主义者开始。首先,他将他们看作“现代经济学的真正鼻祖” ,因为他们“为分析资本主义生产奠定了基础” ,指出剩余价值并非来源于“流通领域”,而是来源于“生产领域”。他们认识到“这样一个基本论点:只有创造剩余价值的劳动才是生产的” 。但他们错误地将农业劳动看作是“惟一的生产劳动” ,将地租看作“剩余价值的惟一形式” 。他们的分析局限于这样一种观点,即土地的生产率“只够维持他本人的生活” 。因此,剩余价值看起来就像“自然的赐予” 。
在第六笔记本的后半部分和第七、八、九笔记本的大部分中,马克思集中关注了亚当·斯密。他没有犯重农主义者的错误,即“创造剩余价值的,仅仅是一个特定种类的实在劳动——农业劳动” 。马克思认为,斯密的最大贡献之一就是他已经认识到在资产阶级社会的特殊劳动过程中,资本家无偿占有了活劳动的一部分,或者从工人的立场来看,以较多的劳动同较少的劳动相交换,从资本家的立场来看,以较少的劳动同较多的劳动相交换。然而,斯密的局限在于他没有将“剩余价值本身”同“它在利润和地租上所具有的特殊形式”区别开来。 他不是将剩余价值同它所由产生的那部分资本联系起来看,而是看作“超出预付资本总价值的余额” ,包括资本家用来购买原料的部分。

在六月初,马克思将研究对象扩展到其他经济学家,比如,热尔曼·加尔涅 (Germain Garnier,1754 – 1821)和沙尔·加尼耳(Charles Ganilh,1758 – 1836)。然后,他进一步探究了生产劳动和非生产劳动,并再次关注了斯密。虽然斯密在某些方面还不够清晰,但已指出两者的区别。从资本家的角度来看,生产劳动“是雇佣劳动,它同资本的可变部分(花在工资上的那部分资本)相交换,不仅把这部分资本(也就是自己劳动能力的价值)再生产出来,而且,除此之外,还为资本家生产剩余价值。仅仅由于这一点,商品或货币才转化为资本,才作为资本生产出来。只有生产资本的雇佣劳动才是生产劳动。” 而非生产劳动是“不同资本交换,而直接同收入即工资或利润交换的劳动。” 在斯密看来,统治者的活动——以及统治者周围的法官、军官——不生产价值,而这是与对国家公务员的指责相适应的。马克思指出,这是还具有“革命性的资产阶级”说的话,还没有“把整个社会、国家等等置于自己支配之下”,“所有由这些卓越的历来受人尊敬的职业——君主、法官、军官、教士等等,所有由这些职业产生的各个旧的意识形态阶层,所有属于这些阶层的学者、学士、教士……在经济上被放在与他们自己的、由资产阶级以及有闲财富(土地贵族和有闲资本家)豢养的大批仆从和丑角同样的地位” 。

在第十笔记本中,马克思转向对弗朗西斯·魁奈(François Quesnay, 1694 – 1774)的《经济表》的分析, 并给予了高度评价,将其看作“一个极有天才的思想,毫无疑问是政治经济学至今所提出的一切思想中最有天才的思想” 。
同时,马克思的经济状况继续恶化,以致他的妻子不得不考虑卖掉他的一些书籍。尽管如此,马克思仍然“加紧工作”,并告诉恩格斯说:“奇怪的是,在种种困苦的包围之下,我的脑袋倒比前几年更好用了。” 当年夏天,他写了第十一、十二和十三笔记本。在这些笔记本中,马克思主要关注了地租理论,并决定将其作为正计划出版的一本书的增补。 马克思批判地考察了约翰·洛贝尔图斯(Johann Rodbertus,1805–1875)的思想,随后对大卫·李嘉图的学说做了大量分析。 李嘉图否定了绝对地租的存在,只承认同土地肥力和位置相关的级差地租。在这一理论中,地租是一种超额利润:它不可能是任何别的东西,因为那将与他的“等于一定量的劳动时间的价值概念”相矛盾。 他将不得不承认农产品经常是以高于其费用价格出售的,而他将费用价格算作预付资本和平均利润的总和。 与之相反,马克思的绝对地租理论认为,“土地私有制的确(在某种历史情况下)提高了原料的价格” 。

从1862年6月到12月,马克思写了第十四、十五笔记本。他对各个经济学家做了大量批判性的分析。他注意到托马斯·R·马尔萨斯(Thomas Robert Malthus,1766-1834),他的剩余价值源于卖家以高于商品价值的价格出售商品,这代表了经济理论向过去的倒退,因为他是从商品交换中得出利润。 马克思指责詹姆斯·穆勒(James Mill,1773 -1836)误解了剩余价值和利润;强调赛米尔·贝利(Samuel Bailey,1791-1870)因未能区分内在价值尺度和商品价值而造成混淆;批评约翰·S·穆勒(John Stuart Mill,1806-1873)没有意识到“剩余价值率和利润率”的区别 ,后者不仅由工资水平决定,而且由其他不直接作用于它的因素决定。

马克思同样特别关注了反对李嘉图理论的经济学家,例如社会主义者托马斯·霍吉斯金(Thomas Hodgskin,1787-1869)。最后,他对匿名文本《各种收入及其源泉》做了分析。他认为,这是一本“庸俗经济学”的完美例子,“他们把这些观念、动机翻译成学理主义的语言,但是他们是从进行统治的那一部分即资本家的立场出发的” 。通过对这本书的研究,马克思总结分析了过去主要经济学家提出的剩余价值理论,并开始考察商业资本,或者不创造却瓜分剩余价值的资本。 马克思认为,改良派对生息资本的反驳并没有“触动现实的资本主义生产,而只是攻击这种生产的一个结果” 。

随着对商业资本的研究,马克思进入到所谓的《1861-1863年经济学手稿》的第三阶段。这开始于1862年的12月,在第十六笔记本的“资本和利润”一节中,马克思标上了“第三章” 。这里马克思写了一个区分剩余价值和利润的提纲。在第十七笔记本中,他回到商业资本和资本主义再生产中的货币回流运动问题。在1862年底,马克思在给库格曼的信中说,第二部分或“第一册的续篇”(“大约有三十印张”)“现在已经脱稿”。现在,马克思对之前的研究计划做了修改,决定使用《资本论》这个新标题,而1859年的《政治经济学批判》这个名称“只作为是副标题” ,而且“它只包括本来应构成第一篇第三章的内容,即《资本一般》……这一卷的内容就是英国人称为‘政治经济学原理’的东西。这是精髓(同第一部分合起来),至于余下的问题(除了国家的各种不同形式对社会的各种不同的经济结构的关系以外),别人就容易在已经打好的基础上去探讨了” 。

马克思打算在1863年写一个手稿的“誊清本” ,并亲自带到德国去。然后再“结束资本、竞争和信用的阐述”。同时,他也对1859年的版本和正在准备的工作之间的写作风格做了比较:“第一分册的阐述方法当然很不通俗。部分原因在于对象的抽象性质,给我规定的有限的篇幅,以及著作的目的本身。第二部分就比较容易懂了,因为这一部分论述的是比较具体的关系。”他进一步补充道:“使一门科学革命化的科学尝试,从来就不可能真正通俗易懂。可是只要科学的基础一奠定,通俗化也就容易了。”

在新年伊始,马克思更详细地罗列了他的工作所包含的各个部分。他在第十八笔记本的一个目录中指出,“第一篇:资本的生产过程”可分为如下部分:
(1)导言。商品。货币。(2) 货币转化为资本。(3)绝对剩余价值。[…] (4) 相对剩余价值。[…] (5)绝对剩余价值和相对剩余价值的结合。[…] (6)剩余价值重新转化为资本。原始积累。韦克菲尔德的殖民理论。(7)生产过程的结果。[…] (8)剩余价值理论。(9)生产劳动与非生产劳动理论。

马克思并没有把自己局限于第一篇,而是起草了一份关于“第三篇:资本和利润”的目录。这一部分构成了《资本论》第三卷的主题,具体如下:
(1)剩余价值转化为利润。利润率与剩余价值率的区别。(2)利润转化为平均利润。[…](3)亚当·斯密和李嘉图的利润理论和生产价格理论。(4)地租。[…] (5)所谓的李嘉图地租规律史。(6)利润率下降的规律。(7)利润理论。[…] (8)利润分成产业利润和利息。[…](9)收入及其各种来源。[…] (10)资本主义生产总过程中的货币回流运动。(11)庸俗经济学。(12)结论。资本和雇佣劳动。

在1863年1月写的第十八笔记本中,马克思继续对商业资本展开分析。他在对经济学家们的剩余价值理论的研究中插入了一些增补,考察了乔治·拉姆赛(George Ramsay,1855-1935),安东·埃利泽·舍尔比利埃(Antoine-Elisée Cherbuliez,1797 -1869)和查理·琼斯(Richard Jones,1790-1855)的思想。

在这一时期,马克思的经济窘况依然存在,甚至在1863年初变得更糟了。他写信给恩格斯说自己处在深渊的边缘。同时,马克思又得了肝病,这注定会折磨他很长时间。

在此期间,除了对机器问题的研究,马克思不得不暂停对经济学的深入研究。但在三月份,他还是写了第二十和二十一两个笔记本,涉及到积累、劳动对资本实际从属和形式从属,以及资本与劳动的生产率问题。这些研究同马克思当时所研究的重要主题(剩余价值)紧密相关。

五月底,他告诉恩格斯,前几周他一直在英国博物馆研究波兰问题 :“我所做的是:努力填补自己在俄国—波兰—普鲁士事件方面的缺陷(外交的和历史的),此外,阅读与我所加工的那部分政治经济学有关的文献,并且作了摘要。” 这些写于五、六月间的笔记收录在另外八个笔记本(A-H)中,囊括了几百页的关于十八、十九世纪经济学研究的总结性内容。
六月中旬,马克思的身体刚有所好转,便重回英国博物馆继续工作。七月中旬,他告诉恩格斯他每天花十小时来研究经济学。在这段时间里,他分析了剩余价值转化为资本,并准备在第二十二笔记本中重写魁奈的《经济表》 。然后,他完成了第二十三笔记本,即自1861年开始写的一系列笔记本的最后一本笔记。该笔记主要由注释和补充性评论组成。
经过两年的辛勤工作和对主要经济学家的深层批判性考察,马克思比过去更加坚定地继续从事他的重要工作。虽然马克思还没有清晰解决许多概念性和阐释性问题,但现在他在思想史部分的工作的完成促使他重新回到理论问题上来。

二、《资本论》三卷的写作
马克思咬紧牙关开启他工作的新阶段。自1863年夏,马克思就开始了对这部鸿篇巨著的真正创作。 直到1865年12月,他都在全身心地投入于各个部分的诸版本的写作,包括准备《资本论》第一卷的草稿,第三卷的主体部分(这是马克思对资本主义生产总过程的惟一阐述) 和第二卷的最初版本(首次对资本的流通过程的一般概述)。对于《第一分册》序言中所提到的六册计划,马克思插入了一些原本打算在第二、三卷中加以阐述的关于地租和工资的主题。

1865年秋,马克思快速而全身心地写作第一卷。但结果是他的健康状况迅速恶化,从11月开始,马克思接连患上皮肤病和溃疡,使他饱受病痛的折磨直至第二年早春。1866年4月中旬,马克思才得以重新开始工作,并继续专注于第一卷的写作。似乎就在那时,马克思写了所谓的“直接生产过程的结果”这一草稿,这是保存下来的最初版本的惟一部分。

夏天的到来并没有改变马克思的危险状况。只是在拉姆斯盖特做了一次家庭度假之后,在七月的最后一周和八月上旬,马克思才继续进行他的工作。他开始写作《资本论》第三卷:先写了第二篇“利润转化为平均利润”,然后是第一篇“剩余价值转化为利润”(这很可能是在1864年10月末和11月初之间完成的)。在此期间,他积极参加了国际工人协会的会议,并在10月为大会写了就职演说和章程。 在因政治活动而短暂中断之后,马克思重新回到工作,写下了第三卷第三篇“利润率趋于下降的规律”。期间,他的病情再次复发。

从1865年1月到5月,马克思投入到第二卷的写作中。这些手稿包括三章内容:(1)资本形态变化;(2)资本周转;(3)流通和再生产。在这些手稿中,马克思发展了新的观点,并将第一卷和第三卷中的一些理论联系起来。后来,这些材料都成为恩格斯编辑出版《资本论》第二卷的部分内容。

然而,疾病仍没有停止折磨马克思,政治活动也占用了大量时间。尽管如此,马克思仍没有停止写作,即使这意味着他有时“直到四点钟才上床睡觉”。

促使马克思尽快完成《资本论》的最后一个动因就是出版商的合同。由于共产主义者同盟前成员威廉·施特罗恩(Wilhelm Strohn)的中介,奥托·迈斯纳(Otto Meisner,1819-1902)于3月21日从汉堡给马克思寄来一封信,信里包括一份出版“《资本论:政治经济学批判》”的合同,其中提到《资本论》“大约有50个印张 ,分两卷出版” 。
在1865年春末,马克思还写了第三卷的第四篇“商品资本和货币资本转化为商业经营资本和货币经营资本(商人资本)”。1865年7月底,他告诉恩格斯:“再写三章就可以结束理论部分(前三册)。然后还得写第四册,即历史文献部分。对我来说这是最容易的一部分,因为所有的问题都在前三册中解决了,最后这一册大半是以历史的形式重述一遍。但是我不能下决心在一个完整的的东西还没有摆在我面前时,就送出任何一部分。不论我的著作有什么缺点,它们却有一个长处,即它们是一个艺术的整体。”

当诸多不可避免的减缓和一系列负面事件迫使马克思重新考虑自己的工作方法时,他给恩格斯写信说,问题的关键在于是应把一部分手稿誊写清楚寄给出版商,还是先把整个著作完成?他更喜欢后一种解决方案,但他向恩格斯保证他在其他卷上的工作不会浪费时间:“工作进行得还是非常快,其他人就是丢开一切艺术上的考虑也未必能够如此。再加上规定我要以六十个印张为最大限度 ,因此我绝对有必要把整个东西放在面前,以便知道,要压缩和删节多少才能在给我指定的数量范围内均衡地和匀称地阐述各个部分。”

虽然马克思决定首先完成第一卷,但他不想搁置手头的第三卷的工作。在1865年7月到12月间,马克思片段式地写了第三卷的第五篇(“利润分为利息和企业主收入。生息资本”),第六篇(“超额利润转化为地租”)和第七篇(“各种收入及其源泉”)。 因此,马克思从1864年夏到1865年底写的第三卷的结构同1863年1月在涉及剩余价值理论的手稿第十八笔记本中所列的12条提纲是非常相近的。

经济困难的消失使马克思可以继续推进他的工作,但这种状况并没有持续多久。一年后,经济窘况重新出现,而且当年夏天,马克思的健康状况再次恶化。更重要的是,因筹备在伦敦召开的国际工人协会第一次大会,他在9月份的工作尤为繁重。

三、《资本论》第一卷的完成
在1866年初,马克思开始写作《资本论》第一卷的新草稿。一月中旬,他写信给威廉·李卜克内西(Wilhelm Liebknecht,1826-1900)说:“病痛[…]各种偶然事情使我不愉快,由于国际协会而忙绿等等,这一切迫使我把每一分钟的空闲时间都用来誊清我的手稿。”然而,马克思认为自己已接近尾声,他将“能在3月份亲自把第一卷带给出版商排印”。他补充说,《资本论》的“两卷”会“同时出版” 。在另一封同一天给库格曼的信里,马克思说自己“每天用十二个小时去誊清” ,希望能在两个月内拿给汉堡的出版商。

但事与愿违,他一整年都在跟疾病作斗争。2月份,马克思遭受了最严重的发病,甚至危及到他的生命。这种形势给恩格斯敲响了警钟。由于担心最坏的情况,他坚决说服马克思不能再以同样的方式继续下去了:“为了摆脱该死的痈,你的确应该采取一些合理的措施了,即使因此让书耽误三个月也无妨。事情确实会逐渐变得非常严重的,当你的脑子,如你自己所说的,不能胜任理论工作时,那你的确应该休息一下,别管这些高深的理论吧。放弃一段时间的夜间工作,过一过多少有点规律的生活。”
恩格斯立即咨询龚佩尔特(Gumpert)医生,医生建议了另一种治疗方案,同时他也就马克思的书提了一些建议。他想确保马克思已放弃在任何部分发表之前写完整部《资本论》的不现实的想法。他问道:“你能不能这样安排一下:至少将第一卷先送去付印,第二卷再晚几个月?”

马克思对恩格斯的每一点都作了答复。关于他的工作计划,他写道:
关于这本“可诅咒的”书,它的情况是:12月底已经完成。单是讨论地租的倒数第二章,按现在的结构看,就几乎构成一本书。 我白天去博物馆,夜间写作。德国的新农业化学,特别是李比希和申拜因,对这件事情比所有经济学家加起来还更重要;另一方面,自我上次对这点进行研究以后,法国人已提供了大量的材料,—这一切都必须下功夫仔细研究。两年以前,我结束了对地租所作的理论探讨。正好在这一时期,许多新东西出现了,并且完全证实了我的理论。关于日本的新资料(如果不是职业上的需要,通常我是绝不会看游记的)在这里也是很重要的。因此,就象1848-1850年英国狗厂主把“换班制度”用在同一些工人身上一样,我也把这个制度用在自己的身上。

为了及时了解最新发现,马克思白天在图书馆学习,晚上写作手稿:这是一个紧张的日程安排,他想把全部精力都用在完成这本书上。就主要任务而言,他告诉恩格斯:“手稿虽已完成,但它现在的篇幅十分庞大,除我以外,任何人甚至连你在内都不能编纂出版。”最后,他接受了恩格斯的建议,延长了出版计划:“我完全同意你的意见,一当第一卷完成,就立即寄给迈斯纳。” 事实上,马克思的健康状况持续恶化。为了给马克思一些救济,恩格斯准备做出任何经济上的牺牲,并建议他完全休息一段时间。马克思接受恩格斯的劝说。3月15日他旅行去了马尔吉特,肯特郡的一个海滨疗养地。

四月初,马克思告诉他的朋友库格曼他“好多了”。但是他却抱怨,由于中断工作,“又两个多月”过去了,他的书“又要延期了” 。回到伦敦之后,由于风湿病和其它麻烦,他又继续中断了几个星期;他的身体仍然疲惫和脆弱。尽管他在6月初跟恩格斯说“幸好没有再出现痈的征兆” ,但他的工作“由于纯粹身体的情况一直进展得不好” 。

七月,马克思向库格曼陈述了自己当时设想的计划:
我的情况迫使我只好先出版第一卷,而不是象我起初设想的那样两卷一起出版,而且现在看来总共可能有三卷。
全部著作分为以下几部分:
第一册 资本的生产过程。
第二册 资本的流通过程。
第三册 总过程的各种形式。
第四册 理论史。
第一卷包括头两册。
我想把第三册编作第二卷,第四册编作第三卷。

在回顾了自1859年出版《政治经济学批判。第一分册》以来的工作后,马克思继续说:
我认为在第一册中必须从头开始,也就是必须把我在敦克尔那里出版的书加以概括而编成专论商品和货币的一章。我所以认为需要这样做,不仅是为了叙述的完整,而且是因为即使很有头脑的人对这个题目也了解得不完全正确。显然,最早的叙述,特别是关于商品的分析,是不够清楚的。

1866年秋,马克思陷入赤贫窘境。他被迫每天都要花大量时间和精力同贫困作斗争。12月,他写道:“我只是苦于私人不能象商人那样名正言顺地向破产法庭提出破产声明。” 整个冬天这种情况都没有改变,在1867年2月末,马克思告诉恩格斯:“到星期六(后天)我要付给一个杂货铺老板起码五英镑,不然我的家产就要照他的要求被查封。[…]著作即将完成,如果不是近来受到各方面的打扰,本来今天就可以完工。”

1867年4月初,马克思终于能够给恩格斯一个期待已久的消息,即这本书完成了。现在他要带着它去德国,他又一次被迫向他的朋友求助,这样他就可以把他的“衣服和表” 从当铺取出来,否则他就不能离开了。
到达汉堡后,马克思同恩格斯讨论了迈斯纳提出的新计划:
他现在想把书分成三卷出版。尤其是,他反对照我原来打算的那样缩减最后一本书(历史文献部分)的篇幅。他说,考虑到书的销路问题[…]他的最大希望正是寄托在这一部分上。我告诉他,在这方面听凭他决定。
几天后,马克思给贝克尔写一封相似的信:
全书将分为三卷出版。书名是:《资本论。政治经济学批判》。
第一卷包括第一册:《资本的生产过程》。这无疑是向资产者(包括土地所有者在内)脑袋发射的最厉害的炮弹。

马克思在给齐格弗里特·迈耶尔(Sigfrid Meyer ,1840-1872)的信中写道:“第一卷包括《资本的生产过程》。[…]第二卷是理论部分的续篇和结尾,第三卷是十七世纪中叶以来的政治经济学理论史。”
六月中旬,恩格斯参与了出版文本的修订。他认为,与1859年的《第一分册》相比,“在辨证发展的明确性上,前进了一大步” 。对此,马克思深感鼓舞:“你到现在为止所表现的满意对我来说比世界上其他人可能作出的任何评价都更为重要。” 但是,恩格斯注意到马克思关于价值形式的阐述过于抽象,对一般读者来说不够清楚;他同样感到遗憾的是,恰恰这一重要的部分“带有一些受痈困扰的痕迹” 。在回复中,马克思诅咒了使其身体深受折磨的原因—“我希望资产阶级毕生都会记得我的痈” ,并说服自己增加一个附录,以便更加通俗地阐述他的价值形式思想。新增的二十页完成于六月末。

马克思于1867年8月1日凌晨2点完成论证校对。几分钟后,他给恩格斯写信说:“亲爱的弗雷德:这本书的最后一个印张刚刚校完。[…]这样,这一卷就完成了。其所以能够如此,我只有感谢你![…]我满怀感激的心情拥抱你!” 几天后,在给恩格斯的另一封信中,他总结了这本书的两个重点:“(1)在第一章就着重指出了按不同情况表现为使用价值或交换价值的劳动的二重性(这是对事实的全部理解的基础);(2)研究剩余价值时,撇开了它的特殊形态—利润、利息地租等等。”
1867年9月14日《资本论》出版发行。 经最后修订的目录内容如下:
序言
1.商品和货币
2.货币转化为资本
3.绝对剩余价值的生产
4.相对剩余价值的生产
5.绝对剩余价值和相对剩余价值的生产
6.资本的积累过程
第一部分附录,1:价值形式

尽管经过长时间的修改和最后的增补,《资本论》的结构在接下来几年里还是做了相当大的扩展,并对文本做了进一步的修改。因此,在第一卷出版后,马克思依然对它投入了大量精力。

四、追寻最后的版本
1867年10月,马克思回到第二卷的写作。当与此同时,马克思仍然深受各种疾病的困扰。11月底,马克思写信说:“我的健康状况已经大大恶化,根本谈不上工作了。”

1868年,马克思的健康状况持续反复。3月末,他告诉恩格斯他应该“把一切工作和思考都丢开一些时候”。但是他补充说这对他来说“办不到”,即使他“有钱去游荡”。 正当他重新开始写第二卷第二稿时,新的中断出现了。当年春,他完成前两章,并着手写一组准备手稿——涉及剩余价值与利润率之间的关系, 利润率规律和资本的形态变化——这些直到1868年末才完成。
在1868年4月末,马克思给恩格斯发了一份新的提纲,特别提及“利润率的阐述方法” 。他指出,第二册中“资本的流通过程将根据第一册中所阐述的前提来论述”。他打算以更好的方式论述固定资本、流动资本和资本周转的“形式规定”。因此,研究“各个资本、资本的各个组成部分和收入(=m)相互之间的社会交错现象。”然后第三卷将“剩余价值转化为它的各种不同的形式和彼此分离的组成部分” 。

然而,5月份健康问题又回来了。在8月的第二周,他告诉库格曼他希望在1869年“9月底”之前完成整个工作。 但秋天,痈又复发了。1869年春,当马克思仍在写作第二卷第三章时, 他的肝病又恶化了。在接下来的几年里,马克思一直遭受着各种不幸和麻烦,这致使他无法完成第二卷的工作。

这种推延也有理论上的原因。从1868年秋到1869年春,马克思决心了解资本主义的最新发展,他从《货币市场评论》、《经济学家》及类似刊物上摘录了大量关于金融和货币市场的文章。 此外,1869年秋,马克思发现了有关俄国变革的新文献,于是决定学习俄语以便进行研究。他以一贯的严谨追求着这种新兴趣,1870年初燕妮告诉恩格斯,“他不去关心自己的健康,却非常热心地研究起俄语来,很少外出,饮食不定时,在腋下的痈已经肿得很大并且变硬以后才给人看。” 恩格斯赶紧写信试图说服他“单是为了你的第二卷”,他需要“改变一下生活方式”;否则,如果“总是这样时断时续,反反复复”,他将永远无法完成这本书。

夏初,马克思告诉库格曼说,他的工作“整整中断了一个冬天”,而且他“发现有必要认真学习一下俄文,因为在探讨土地问题时,就不可避免地要从原文材料中去研究俄国的土地所有制关系” 。
经历了各种中断和伴随巴黎公社的建立而投入了一段时间的政治活动之后,马克思重新回到第一卷的新版本。他不满意对价值理论的阐述方式,于是从1871年12月到1872年1月重写了1867年的附录,因而也重写了第一章。 这次,除了一小部分的增补,马克思也修改了这本书的整个结构。
这些修改和重写也影响到了法文译本。从1872年的3月开始,马克思不得不修改草稿,这些草稿在1872年到1875年间被送给出版商。在修订过程中,马克思决定对基础文本做进一步修改,主要是关于资本积累的部分。在法文版的跋中,马克思强调它“在原本之外有独立的科学价值”。

虽然节奏没有以前快了—因为他的健康处于不稳定状态以及需要在某些领域拓展自己的知识—马克思在他生命的最后几年继续写作《资本论》。1875年,他为第三卷写了另一份手稿,即“关于剩余价值率和利润率的数学计算(Mehrwertrate und Profitrate mathematisch behandelt)” 。从1876年10月到1881年初,他准备了第二卷的新手稿 。马克思的一些书信表明,如果他不断吸收新的研究成果,也会更新第一卷。
马克思的这部巨著中所蕴含的批判精神恰恰揭示了他离那些自以为是的作家们有多远,这些人既包括他的大多数对手,也包括许多自诩为马克思的门徒的人。虽然它仍未完成 ,但是今天那些想用本质性的理论观念来批判资本主义生产方式的人们仍然不能放弃阅读马克思的《资本论》。

张福公 王鸽 译

参考书目
* 本文系作者直接供稿。译文有删节。
Karl Marx, A Contribution to the Critique of Political Economy, in MECW, vol. 29, p. 261.《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1998年,第411页。
这些笔记共计1472四开页。参见Friedrich Engels, ‘Preface to the First German Edition’, in Karl Marx, Capital, Volume II, in MECW, vol. 36, p. 6.
这些笔记本被忽视了100多年,直到1973年俄文版《马克思恩格斯全集》第47卷(补卷)最终出版。它的德文原版出版于1976年的MEGA2 vol.II/3.1。
Karl Marx to Friedrich Engels, 30 October 1861, in MECW, vol. 41, p. 323.《马克思恩格斯全集》第30卷,北京:人民出版社,1974年,第199页。
Karl Marx to Friedrich Engels, 9 December 1861, in MECW, vol. 41, pp. 332-333.《马克思恩格斯全集》第30卷,北京:人民出版社,1974年,第209页。
在1905到1910年间,考茨基以某种稍微偏离原始文本的形式出版过相关的手稿。
它的前四部分包括:(1)货币转化为资本;(2)绝对剩余价值;(3)相对剩余价值;(4)关于如何将前三部分结合起来思考的小节——马克思实际没有写出来。
Karl Marx, Theories of Surplus-Value, vol. I, in MECW, vol. 30, p. 348.《马克思恩格斯全集》第33卷,北京:人民出版社,2004年,第7页。(在英文版《马克思恩格斯文集》中,这些手稿是以较少使用的“1861-1863年经济学手稿”这一标题来命名的。)
Ibid., p. 352.《马克思恩格斯全集》第33卷,北京:人民出版社,2004年,第15页。
Ibid., p. 354.《马克思恩格斯全集》第33卷,北京:人民出版社,2004年,第16页。
Ibid., p. 354.《马克思恩格斯全集》第33卷,北京:人民出版社,2004年,第19页。
Ibid., p. 355.《马克思恩格斯全集》第33卷,北京:人民出版社,2004年,第19页
Ibid., p. 355.《马克思恩格斯全集》第33卷,北京:人民出版社,2004年,第20页。
Ibid., p. 357.《马克思恩格斯全集》第33卷,北京:人民出版社,2004年,第22页。
Ibid., p. 357.《马克思恩格斯全集》第33卷,北京:人民出版社,2004年,第22页。
Ibid., p. 391.《马克思恩格斯全集》第33卷,北京:人民出版社,2004年,第62页。
Ibid., p. 389.《马克思恩格斯全集》第33卷,北京:人民出版社,2004年,第59页。
Ibid., p. 396.《马克思恩格斯全集》第33卷,北京:人民出版社,2004年,第67页。
Marx, Theories of Surplus Value, vol. I, in MECW, vol. 31, p. 8.《马克思恩格斯全集》第34卷,北京:人民出版社,2008年,第136页。
Ibid., p. 12.《马克思恩格斯全集》第34卷,北京:人民出版社,2008年,第141页。
Ibid., p. 197.《马克思恩格斯全集》第34卷,北京:人民出版社,2008年,第363-364页。
Karl Marx to Friedrich Engels, 18 June 1862, in MECW, vol. 41, p. 381.《马克思恩格斯全集》第30卷,北京:人民出版社,1974年,第251页。
Marx, Theories of Surplus Value, vol. I, in MECW, vol. 31, p. 240.《马克思恩格斯全集》第34卷,北京:人民出版社,2008年,第415页。
Karl Marx to Friedrich Engels, 18 June 1862, in MECW, vol. 41, p. 380.《马克思恩格斯全集》第30卷,北京:人民出版社,1974年,第251页。
Karl Marx to Friedrich Engels, 2 August 1862, in MECW, vol. 41, p. 394.《马克思恩格斯全集》第30卷,北京:人民出版社,1974年,第265页。
这些笔记本构成了《剩余价值理论》的第二卷。参见 Theories of Surplus Value, vol. II, in MECW 31. 《马克思恩格斯全集》第34卷,北京:人民出版社,2008年。
Ibid., p. 359.《马克思恩格斯全集》第34卷,北京:人民出版社,2008年,第268页。
Karl Marx to Friedrich Engels, 2 August 1862, in MECW, vol. 41, p. 396.《马克思恩格斯全集》第30卷,北京:人民出版社,1974年,第268页。
Ibid., p. 398.《马克思恩格斯全集》第30卷,北京:人民出版社,1974年,第270页。
Karl Marx, Theories of Surplus Value, vol. III, in MECW, vol. 32, p. 215.《马克思恩格斯全集》第35卷,北京:人民出版社,2013年,第12页。
Ibid., p. 373.《马克思恩格斯全集》第35卷,北京:人民出版社,2013年,第207页。
Ibid., p. 450.《马克思恩格斯全集》第35卷,北京:人民出版社,2013年,第302页。
这些是构成《剩余价值理论》第三卷的最后笔记本。
《马克思恩格斯全集》第35卷,北京:人民出版社,2013年,第306页。
Karl Marx, Zur Kritik der politischen Ökonomie (Manuskript 1861-1863), in MEGA2, vol. II/3.5, pp. 1598-675.
Karl Marx to Ludwig Kugelmann, 28 December 1862, op. cit., p. 435.《马克思恩格斯全集》第30卷,北京:人民出版社,1974年,第636页。
参见写于1858年6月的《大纲》索引,包括“M”笔记本(即“1857年导言”)以及1860年为第三章写的草稿索引,即马克思的“资本章计划草稿”,参见MECW, vol. 29, pp. 511-17.
Karl Marx to Ludwig Kugelmann, 28 December 1862, op. cit., p. 435.《马克思恩格斯全集》第30卷,北京:人民出版社,1974年,第637页。
Karl Marx to Ludwig Kugelmann, 28 December 1862, in MECW, vol. 41, p. 436.《马克思恩格斯全集》第30卷,北京:人民出版社,1974年,第637-638页。
Marx, Theories of Surplus Value, vol. III, in MECW, vol. 33, p. 347.
Marx, Theories of Surplus Value, vol. I, in MECW, vol. 33, pp. 346-7.马克思在《1861-1863年经济学手稿》第十六笔记本中已经对第一章做了概述,在第十八笔记本中准备了一个第二章的提纲。参见ibid., p. 299.
在阿姆斯特丹国际社会史研究所(IISH)的Marx-Engels Papers, B 98中有60多页的内容。基于这一研究,马克思开始了他的众多未完成的项目之一。参见 Karl Marx, Manuskripte über die polnische Frage (1863 – 1864). S-Gravenhage: Mouton, 1961.
Karl Marx to Friedrich Engels, 29 May 1863, in MECW, vol. 41, p. 474.《马克思恩格斯全集》第30卷,北京:人民出版社,1974年,第346页。
参见IISH, Marx-Engels Papers, B 93, B 100, B 101, B 102, B 103, B 104(包含了535页笔记)以及收藏在俄罗斯国家社会史和政治史档案馆(RGASPI)的三个笔记本(包括RGASPI f.1, d. 1397, d. 1691, d. 5583)。马克思在第二十二和二十三笔记本中利用了其中的一些材料。
Karl Marx to Friedrich Engels, 6 July 1863, in MECW, vol. 41, p. 485.《马克思恩格斯全集》第30卷,北京:人民出版社,1974年,第358页。
参见Michael Heinrich, ‘Entstehungs- und Auflösungsgeschichte des Marxschen Kapital’, pp. 176-9, in Werner Bonefeld and Michael Heinrich (eds.), Kapital & Kritik. Nach der ‘neuen’ Marx-Lektüre. Hamburg: VSA, 2011, pp. 176-9.海因里希认为,这一时期的手稿不应被看作是以《大纲》为开端的著作的第三版,而应该被看作《资本论》的第一草稿。
Karl Marx, Marx’s Economic Manuscript of 1864-1865, Fred Moseley (ed.). Leiden: Brill, 2015.
参见Marcello Musto, ‘Introduction’, in Musto (Ed.), Workers Unite! The International 150 Years Later (Editor), London–New York: Bloomsbury, 2014, pp. 1-68.
Karl Marx to Friedrich Engels, 13 March 1865, in MECW, vol. 42, pp. 129-30.
50印张相当于800页。
‘Agreement between Mr. Karl Marx and Mr. Otto Meissner, Publisher and Bookseller’, in MECW, vol. 20, p. 361.
Karl Marx to Friedrich Engels, 31 July 1865, in MECW, vol. 42, p. 173. 《马克思恩格斯全集》第30卷,北京:人民出版社,1972年,第135页。
这相当于960页。后来, 迈斯纳表示同意更改他同马克思的合约。参见Karl Marx to Friedrich Engels, 13 April 1867, in MECW, vol. 42, p. 357. 《马克思恩格斯全集》第30卷,北京:人民出版社,1972年,第291页。
Karl Marx to Friedrich Engels, 5 August 1865, in MECW, vol. 42, p. 175.《马克思恩格斯全集》第30卷,北京:人民出版社,1972年,第138页。
恩格斯在1894年出版《资本论》第三卷时遵循了这一区分。参见Carl-Erich Vollgraf, Jürgen Jungnickel and Stephen Naron, ‘Marx in Marx’s Words? On Engels’ Edition of the Main Manuscript of Volume III of Capital, in International Journal of Political Economy, vol. 32 (Spring, 2002), no. 1, pp. 35-78.另参见最新研究:Carl-Erich Vollgraf, ‘Das Kapital – bis zuletzt ein “Werk im Werden”,’ in Marx-Engels Jahrbuch, vol. 2012/13, pp. 113-33
和Regina Roth, ‘Die Herausgabe von Band 2 und 3 des Kapital durch Engels’, in ibid., pp. 168-82. 对于恩格斯编辑的批判性评价,参见Michael Heinrich, ‘Engels’ Edition of the Third Volume of Capital and Marx’s Original Manuscript’, in Science & Society, vol. 60 (1996-1997), no. 4, pp. 452-66.一种不同的观点,参见Michael R. Krätke, Kritik der politischen Ökonomie Heute, VSA, Hamburg 2017, esp. the final chapter ‘Gibt es ein Marx-Engels-Problem?’
Karl Marx to Wilhelm Liebknecht, 15 January 1866, in MECW, vol. 42, p. 219.《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第499页。
Karl Marx to Ludwig Kugelmann, 15 January 1866, in MECW, vol. 42, p. 221. 《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第498页。
Friedrich Engels to Karl Marx, 10 February 1866, in MECW, vol. 42, pp. 225-6. 《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第179页。
Ibid., p. 226. 第179页。
马克思后来把关于地租的部分插入到第三卷第六篇“剩余利润转化为地租”中。
Karl Marx to Friedrich Engels, 13 February 1866, in MECW, vol. 42, p. 227. 《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第180-181页。
Ibid.,p. 227. 《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第181页。
Karl Marx to Ludwig Kugelmann, 6 April 1866, in MECW, vol. 42, p. 262. 《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第517页。
Karl Marx to Friedrich Engels, 7 June 1866, in MECW, vol. 42, p. 281.《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第224页。
Karl Marx to Friedrich Engels, 9 June 1866, in MECW, vol. 42, p. 282.《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第225页。
Karl Marx to Ludwig Kugelmann, 13 October 1866, in MECW, vol. 42., p. 328. 《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第535-536页。
Ibid., pp. 328-329.《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第536页。
《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第268页。
Karl Marx to Friedrich Engels, 21 February 1867, in MECW, vol. 42, p. 347. 《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第279页。
Karl Marx to Friedrich Engels, 2 April 1867, in MECW, vol. 42, p. 351. 《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第283页。
Karl Marx to Friedrich Engels, 13 April 1867, in MECW, vol. 42, p. 357. 《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第291页。
Karl Mark to Johann Philip Becker, 17 April 1867, in MECW, vol. 42, p. 358.《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第542-543页。
Karl Marx to Sigfrid Meyer, 30 April 1867, in MECW, vol. 42, p. 367.《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第544页。
Friedrich Engels to Karl Marx, 16 June 1867, in MECW, vol. 42, p. 381. 《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第308页。
Karl Marx to Friedrich Engels, 22 June 1867, in MECW, vol. 42, p. 383.《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第310页。
Friedrich Engels to Karl Marx, 16 June 1867, in MECW, vol. 42, p. 380.《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第308页。
Karl Marx to Friedrich Engels, 22 June 1867, in MECW, vol. 42, p. 383.《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第310页。
Karl Marx to Friedrich Engels, 16 August 1867, in MECW, vol. 42, p. 405. 《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第328-329页。
Karl Marx to Friedrich Engels, 24 August 1867, in MECW, vol. 42, p. 407. 《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第331页。
Karl Marx, Das Kapital. Kritik der Politischen Ökonomie. Erster Band, Hamburg 1867, in MEGA2, vol. II/5, p. 674.
Ibid., pp. 9-10.
Karl Marx to Friedrich Engels, 27 November 1867, in MECW, vol. 42, p. 477. 《马克思恩格斯全集》第31卷,北京:人民出版社,1972年,第395页。
Karl Marx to Friedrich Engels, 25 March 1868, in MECW, vol. 42, p. 557. 《马克思恩格斯全集》第32卷,北京:人民出版社,1972年,第51页。
Karl Marx, ‘Manuskripte zum zweiten Buch des ‘Kapitals’ 1868 bis 1881′, in MEGA2, vol. II/11, pp. 1-339.《马克思恩格斯全集》中文第二版第46卷,北京:人民出版社,2003年,第29-57页。
这些文本已出版于Karl Marx, Ökonomische Manuskripte 1863-1868, in MEGA2, vol. II/4.3, pp. 78-234, and pp. 285-363. 最后一篇构成了第二卷的第四手稿,包含第一篇的新版本,“资本流通”和第二篇“资本形态变化”。
Karl Marx to Friedrich Engels, 30 April 1868, in MECW, vol. 43, p. 21. 《马克思恩格斯全集》第32卷,北京:人民出版社,1972年,第70页。
Ibid., p. 21. 《马克思恩格斯全集》第32卷,北京:人民出版社,1972年,第70-71页。
Karl Marx to Ludwig Kugelmann, 10 August 1868, in MECW, vol. 43, p. 82. 《马克思恩格斯全集》第32卷,北京:人民出版社,1972年,第545页。
Marx, ‘Manuskripte zum zweiten Buch des ‘Kapitals’ 1868 bis 1881′, in MEGA2, vol. II/11, pp. 340-522.《马克思恩格斯全集》第45卷,北京:人民出版社,2003年,第171-387页。
这些笔记还没有出版,都收录在IISH, Marx-Engels Papers, B 108, B 109, B 113 and B 114.
Jenny Marx to Friedrich Engels, ‘About 17 January 1870’, in MECW, vol. 43, p. 551. 《马克思恩格斯全集》第32卷,北京:人民出版社,1972年,第694页。
Friedrich Engels to Karl Marx, 19 January 1870, in MECW, vol. 43, p. 408. 《马克思恩格斯全集》第32卷,北京:人民出版社,1972年,第410页。
Karl Marx to Ludwig Kugelmann, 27 June 1870, in MECW, vol. 43, p. 528. 《马克思恩格斯全集》第32卷,北京:人民出版社,1972年,第672-673页。
Marx, Das Kapital. Kritik der Politischen Ökonomie. Ertser Band, Hamburg 1867, in MEGA2 vol. II/5, pp. 1-55.《马克思恩格斯全集》第44卷,北京:人民出版社,2001年,第47-102页。
1867年,马克思把这本书划分成几章。1872年,他又将这些章都变为节,并对每节做了更详细的划分。
Karl Marx, ‘Afterword to the French Edition’ to Capital, Volume I, in MECW, vol. 35, p. 24.
Karl Marx, ‘Manuskripte und redaktionelle Texte zum dritten Buch des “Kapitals”. 1871 bis 1895’, in MEGA², vol. II/14, pp. pp. 19-150.
Karl Marx, ‘Manuskripte zum Zweiten Buch des des “Kapitals”. 1876 bis 1881’, in MEGA², vol. II/11, pp. 525-828.
Karl Marx to Nikolai Danielson, 13 December 1881, in MECW, vol. 46, p. 161.《马克思恩格斯全集》第35卷,北京:人民出版社,1971年,第238页。
在马克思去世后,恩格斯对《资本论》的各个未完成部分的编辑工作是极其复杂的。值得注意是,这些文本都是基于马克思在其一生中的不同阶段写下的各种不完整的材料而进行的,其中的一些观点与《资本论》有所不同。无论如何,恩格斯出版了第二卷(1885)和第三卷(1894)。

Categories
Journal Articles

Pääoman kirjoittaminen

1. Lisäarvoteorioiden kriittinen analyysi
Elokuussa 1861 Marx paneutui taas poliittisen taloustieteen kritiikkinsä1. Hän kirjoitti niin intensiivisesti, että oli kesäkuuhun 1863 mennessä täyttänyt 23 laajahkoa muistivihkoa. Ne käsittelivät rahan muuttumista pääomaksi, kauppapääomaa ja ennen kaikkea erilaisia teorioita, joiden avulla taloustieteilijät olivat yrittäneet selittää lisäarvoa. Hänen tavoitteenaan oli saada valmiiksi Poliittisen taloustieteen arvostelua (Zur Kritik der politischen Ökonomie, 1859), jonka oli tarkoitus olla hänen suunnitellun työnsä ensimmäinen osa. Kirjan alkusanoissa Marx totesi: ”Tarkastelen porvarillista talousjärjestelmää tässä järjestyksessä: pääoma, maanomistus, palkkatyö, valtio, ulkomaankauppa, maailmanmarkkinat.”2

Kaksi vuotta myöhemmin Marxin suunnitelmat olivat ennallaan: hän oli edelleen aikeissa kirjoittaa kuusi kirjaa. Jokaisen kirjan oli määrä käsitellä yhtä niistä teemoista, jotka hän oli listannut vuonna 1859. Kesästä 1861 maaliskuuhun 1862 hän kuitenkin työsti uutta lukua ”Pääoma yleensä”, jota hän ajatteli julkaisusuunnitelmansa kolmanneksi luvuksi3. Hän kirjoitti vuoden 1863 loppuun mennessä yhteensä 23 muistivihkoa. Käsikirjoitusluonnoksessa, joka kattaa näistä viisi ensimmäistä, hän keskittyi pääoman tuotantoprosessiin ja erityisesti 1) rahan muuttumiseen pääomaksi; 2) absoluuttiseen lisäarvoon; ja 3) suhteelliseen lisäarvoon.4 Joitain jo Grundrissessa sivuttuja teemoja tuotiin nyt esiin analyyttisesti tarkemmin ja monipuolisemmin5.

Hetkellinen helpotus valtaviin taloudellisiin ongelmiin, joista hän oli kärsinyt jo vuosia, antoi Marxille mahdollisuuden viettää enemmän aikaa tutkimuksensa parissa ja ottaa merkittäviä teoreettisia edistysaskeleita. Lokakuun lopulla 1861 hän kirjoitti Engelsille olosuhteiden parantuneen vihdoin siinä määrin, että hänellä oli omien sanojensa mukaan ”jälleen ainakin tukeva maa jalkojensa alla”. Hänen työnsä New York Tribune -lehdelle takasi hänelle ”kaksi puntaa viikossa”.6 Viimeisen vuoden aikana hän oli ”pantannut kaiken, mitä ei ollut pultattu kiinni”, ja heidän ahdinkonsa oli masentanut hänen vaimonsa vakavasti. Mutta nyt nämä ”kaksi toimeksiantoa” lupasivat ”tehdä lopun hänen perheensä ahdingosta” ja sallisivat hänen ”saada kirjansa valmiiksi”.7

Joulukuussa hän kuitenkin kertoi Engelsille, että hänellä oli rästissä erinäisille velkojille yhteensä sata puntaa. Näiden huolien takia hänen tutkimuksensa eteni hitaasti: ”näissä olosuhteissa ei ole ollut juuri mahdollisuutta saada teoreettisia asioita nopeasti päätökseen.”8

Asiat kääntyivät vielä huonompaan suuntaan, kun New-York Tribune joutui Yhdysvaltain sisällissodan vuoksi karsimaan budjettiaan ja vähentämään ulkomaisten kirjeenvaihtajiensa määrää. Marxin viimeinen artikkeli lehdessä ilmestyi 10. maaliskuuta 1862. Siitä eteenpäin hänen oli pärjättävä ilman työtä, joka oli ollut hänen tärkein tulonlähteensä kesästä 1851 alkaen.

Keväällä Marx ulotti tutkimuksensa uudelle alueelle, jota hän käsitteli työnimellä ”Lisäarvoteorioita”9. Tämän oli tarkoitus olla viides ja viimeinen osa pitkästä kolmannesta luvusta ”Pääoma yleensä”10. Marx eritteli yksityiskohtaisesti kymmenen vihon verran sitä, kuinka merkittävät taloustieteilijät olivat käsitelleet kysymystä lisäarvosta. Hänen perusajatuksenaan oli, että ”kaikki taloustieteilijät tekevät sen virheen, etteivät käsittele lisäarvoa puhtaasti sellaisenaan vaan erityisissä voiton ja maankoron muodoissa”11.
Marx aloitti vihon VI fysiokraattien kritiikillä. Ensinnäkin hän tunnusti heidät ”modernin poliittisen taloustieteen todellisiksi isiksi”12, koska he olivat ”luoneet perustan kapitalistisen tuotannon analyysille”: he eivät etsineet lisäarvon alkuperää ”kiertokulun piiristä” – rahan tuottavuudesta, kuten merkantilistit tekivät – vaan ”tuotannon piiristä”. He ymmärsivät ”perustavanlaatuisen periaatteen, että tuottavaa on ainoastaan sellainen työ, joka luo lisäarvoa”.13 Toisaalta he ymmärsivät maankoron ”ainoana lisäarvon muotona”, koska heidän väärän käsityksensä mukaan ”maataloustyö” oli ”ainoaa tuottavaa työtä”14. Heidän analyysinsä rajautui ajatukseen, että maa soi ihmiselle mahdollisuuden tuottaa enemmän ”kuin hän tarvitsi pysyäkseen hengissä”. Niinpä tämän teorian mukaan lisäarvo näytti olevan ”luonnon lahja”.15

Kuudennen muistivihon toisessa puoliskossa ja suurelta osin muistivihoissa VII, VIII ja IX Marx keskittyi Adam Smithiin. Smith ei jakanut fysiokraattien väärää ajatusta, että ”vain yksi konkreettisen työn muoto – maataloustyö – luo lisäarvoa”16. Itse asiassa Marxin silmissä yksi Smithin suurimmista saavutuksista oli ymmärtää, että porvarilliselle yhteiskunnalle ominaisessa työprosessissa kapitalisti ”ottaa omakseen ilman vastiketta, anastaa osan elävästä työstä maksamatta siitä”17; tai toisaalta, että kun ”suurempi työmäärä vaihdetaan vähäisempään työmäärään (työläisen näkökulmasta), vähempi työmäärä vaihdetaan enempään työmäärään (kapitalistin näkökulmasta)”18. Smithin rajoituksena oli kuitenkin, ettei hän kyennyt erottamaan ”lisäarvoa sellaisenaan” niistä ”erityisistä muodoista, jotka se omaksuu voittona ja maankorkona”19. Hän ei laskenut lisäarvoa suhteessa siihen pääoman osaan, josta se syntyy, vaan piti sitä ”ylijäämänä sijoitetun pääoman kokonaisarvosta”, mukaan lukien se osa, jonka kapitalisti käyttää raaka-aineiden hankkimiseen20.

Kesäkuun alussa Marx laajensi tutkimustaan toisiin taloustieteilijöihin, kuten Germain Garnieriin (1754–1821) ja Charles Ganilhiin (1758–1836). Sitten hän paneutui syvemmin kysymykseen tuottavasta ja tuottamattomasta työstä keskittyen jälleen erityisesti Smithiin, joka tietyistä epäselvyyksistä huolimatta oli tehnyt eron näiden kahden käsitteen välillä. Kapitalistin näkökulmasta tuottava työ

”on palkkatyötä, joka vaihdettuna […] palkkoihin sijoitettuun osaan pääomasta ei uusinna ainoastaan tämän pääomanosan arvoa (tai oman työkykynsä arvoa), vaan myös tuottaa kapitalistille lisäarvoa. Ainoastaan siten tavara tai raha muuttuu pääomaksi, tuotetaan pääomana. Tuottavaa on ainoastaan se palkkatyö, joka tuottaa pääomaa.”21

Toisaalta tuottamaton työ on ”työtä, jota ei vaihdeta pääomaan vaan välittömästi tuloihin, eli palkkaan tai voittoon”22. Smithin mukaan hallitsijoiden – samoin kuin heitä ympäröivien lakimiesten ja upseerien – toiminta ei tuottanut mitään arvoa ja oli tässä suhteessa verrattavissa kotiapulaisten tehtäviin. Marx totesi, että tällaista kieltä puhui ”yhä vallankumouksellinen porvaristo”, joka ei ollut vielä ”alistanut valtaansa koko yhteiskuntaa, valtiota jne.”23

”Nämä ylimaalliset ja kunnianarvoisat ammatit – hallitsija, tuomari, upseeri, pappi jne. – kaikki vanhat ideologiset säädyt, jotka he synnyttävät, heidän kirjanoppineensa, heidän opettajansa ja pappinsa, asetetaan taloudellisesta näkökulmasta samalle tasolle kuin se narrien ja lakeijoiden parvi, joita he ja richesse oisive [laiska raha], maa-aatelisto ja capitalistes oisifs [tyhjää toimittavat kapitalistit] ylläpitävät.”24

Muistivihossa X Marx kohdisti huomionsa François Quesnayn (1694–1774) Tableau économiqueen25. Hän ylisti sen maasta taivaisiin ja sanoi sen olevan ”äärimmäisen nerokas keksintö, kiistatta nerokkain tähänastisessa poliittisessa taloustieteessä”26.Samaan aikaan Marxin taloudellinen tilanne jatkui epätoivoisena. Kesäkuun puolivälissä hän kirjoitti Engelsille: ”Joka päivä vaimoni sanoo toivovansa, että hän makaisi lasten kanssa haudassa, enkä todellakaan voi moittia häntä, sillä kaikki tällaisessa tilanteessa koettavat nöyryytykset, kärsimykset ja hätä ovat totisesti sanoinkuvaamattomia.”27 Tilanne oli niin äärimmäinen, että Jenny päätti myydä joitakin kirjoja miehensä henkilökohtaisesta kirjastosta – vaikkei tosin löytänyt ketään, joka olisi halunnut ostaa niitä.

Marx kuitenkin onnistui ”työskentelemään tehokkaasti” ja ilmaisi kesäkuun puolivälissä tyytyväisyytensä Engelsille: ”ja ihmeellistä kyllä aivolokeroni ovat kaiken ympärillä vallitsevan kurjuuden keskellä paremmin käynnissä kuin vuosiin.”28 Hän jatkoi tutkimustaan ja laati kesän aikana muistivihot XI, XII ja XIII; ne keskittyivät korkoteoriaan, jonka hän oli päättänyt sisällyttää julkaistavaan tekstiin ”erillisenä lukuna”29. Marx tutki kriittisesti Johann Rodbertuksen (1805–1875) ajatuksia ja siirtyi sitten laajaan analyysiin David Ricardon (1772–1823) opeista30. Ricardo oli kieltänyt absoluuttisen maankoron olemassaolon ja myöntänyt ainoastaan maaperän hedelmällisyyden ja sijainnin mukaan vaihtelevan differentiaalimaakoron. Hänen teoriassaan maankorko oli lisäys tavaran arvoon, eikä se voinut muuta ollakaan, sillä muutoin ajatus olisi ollut ristiriidassa sen kanssa, että hänen teoriassaan ”arvo vastaa tiettyä työaikaa”31. Muussa tapauksessa hänen olisi täytynyt tunnustaa, että maatalouden tuotteet myytäisiin aina yli kustannushintansa, jonka hän laski sijoitetun pääoman ja keskimääräisen voiton summana.32 Marxin käsitys absoluuttisesta maankorosta lähti sen sijaan siitä, että ”maanomistus tietenkin kohottaa (tietyissä historiallisissa oloissa) alkutuotteiden hintoja”33.

Samassa kirjeessään Engelsille Marx kirjoitti: ”On tosi ihme, että olen vielä kyennyt etenemään teoreettisissa töissäni.”34 Hänen vuokranantajansa uhkasi jälleen ulosottomiehellä, ja kauppiaat, joille hän oli velkaa, puhuivat ostokiellosta ja oikeustoimista. Hänen oli jälleen kerran pyydettävä apua Engelsiltä, jolle hän tilitti, että ”jos minulla ei olisi family difficulties, muuttaisin paljon mieluummin model lodging-houseen kuin nylkisin jatkuvasti rahaa sinulta”.35

Tänä aikana Marx täytti muistivihot XIV ja XV eri taloustieteilijöiden kriittisellä analyysilla. Hän huomautti, että Thomas Robert Malthus (1766–1834), jonka mukaan lisäarvo oli peräisin ”siitä tosiasiasta, että myyjä myy tavaran yli arvonsa”, edusti talousteorian kehityksen kannalta paluuta menneeseen, sillä hän johti voiton tavaranvaihdosta36. Marx syytti James Milliä (1773–1836) lisäarvon ja voiton kategorioiden väärinymmärtämisestä ja toi esiin myös Samuel Baileyn (1791–1870) aiheuttaman sekaannuksen, tämä kun ei tehnyt eroa arvon immanentin mitan ja tavaran arvon välillä37. Lisäksi John Stuart Mill (1806–1873) ei Marxin väittämän mukaan ymmärtänyt, että ”lisäarvon suhdeluku ja voiton suhdeluku” ovat kaksi eri suuretta38. Marxin mukaan jälkimmäistä määrittävät palkkatason lisäksi myös muut, siitä suoranaisesti riippumattomat seikat.

Marx kiinnitti erityistä huomiota myös Ricardon teoriaa vastustaneisiin taloustieteilijöihin, kuten sosialisti Thomas Hodgskiniin (1787–1869). Lopuksi hän käsitteli vielä anonyymin kirjoittajan tekstiä Revenue and its Sources (”Tulot ja niiden lähteet”). Se oli hänen mielestään täydellinen esimerkki vulgaaritaloustieteestä, joka käänsi ”hallitsevan luokan eli kapitalistien näkemyksiä” ”teoreettiselle” mutta näitä ”puolustelevalle” kielelle39. Tämän teoksen käsittelyyn Marx päätti aikaisempien taloustieteilijöiden esittämien lisäarvoteorioiden analyysin ja siirtyi tutkimaan kauppiaanpääomaa tai pääomaa, joka ei tuottanut lisäarvoa, vaan yksinomaan jakoi sitä uudelleen40. Marxin mukaan Revenuen polemiikki ”korkoa tuottavaa pääomaa” vastaan ehkä ”rehenteli olevansa sosialistista”, mutta Marxilla ei ollut aikaa tällaiseen ”uudistusintoon”, joka ei ”kajonnut todelliseen kapitalistiseen tuotantoon” vaan ainoastaan ”hyökkäsi sen yksittäistä seurausta vastaan”.41

Kauppapääoman tutkimuksen jälkeen Marx siirtyi vaiheeseen, jota voidaan pitää taloudellisten käsikirjoitusten 1861–1863 kolmantena vaiheena. Tämä alkoi joulukuussa 1862 vihon XVI jaksolla ”Pääoma ja voitto”, jota Marx nimitti ”kolmanneksi luvuksi”42. Tässä Marx hahmotteli pääpiirteissään lisäarvon ja voiton välisen eron43. Vihossa XVII, joka myös syntyi joulukuussa, hän palasi kysymykseen kauppapääomasta (jatkona vihon XV pohdinnoille44) ja rahankierrosta kapitalistisessa uusintamisessa. Vuoden lopussa Marx raportoi ystävälleen Ludwig Kugelmannille työnsä edistymisestä ja kertoi tälle, että ”toinen osa” tai ”ensimmäisen osan jatko”, noin ”30 painoarkin” laajuinen käsikirjoitus, oli ”nyt vihdoin valmis”.45

Marx oli esittänyt teoksensa ensimmäisen luonnoksen kirjassaan Poliittisen taloustieteen arvostelua (Zur Kritik der politischen Ökonomie, 1859). Nyt neljä vuotta myöhemmin hän tarkasteli uudelleen tulevan työnsä rakennetta. Hän kertoi Kugelmannille päättäneensä vaihtaa otsikkoa. Nyt hän puhui ensimmäistä kertaa Pääomasta (Das Kapital) ja ilmoitti, että hänen vuonna 1859 käyttämänsä nimi olisi ”pelkästään alaotsikko”. Muuten hän jatkoi työtään alkuperäisen suunnitelman mukaan. Nyt hänen aikomuksenaan oli kirjoittaa ”ensimmäisen osan kolmas luku, nimeltään ’pääoma yleensä’”. Tämä viimeistelyä vaille valmis nide käsittelisi ”sitä, mitä englantilaiset kutsuvat nimellä the principles of political economy”. Se muodostaisi yhdessä 1859 julkaistun osan kanssa hänen talousteoriansa ”perimmän ytimen”. Hän kertoi Kugelmannille, että hänen nyt julkaisua varten valmistelemiensa kirjoitusten pohjalta myös toisten olisi helppoa päätellä kehittelyn jatko (kenties lukuun ottamatta kuitenkaan erilaisten valtiomuotojen ja erilaisten taloudellisten yhteiskuntarakenteiden suhteita). Marx ajatteli, että hän saattaisi kenties saada valmiiksi ”puhtaaksikirjoitetun version” käsikirjoituksesta uudeksi vuodeksi, minkä jälkeen hän aikoi itse matkustaa Saksaan toimittamaan sen46.

Muutamaa päivää myöhemmin, vuoden alussa, Marx teki yksityiskohtaisemman listauksen osista, joista hänen työnsä koostuisi. Muistivihon XVIII kaaviossa hän viittasi siihen, että
”ensimmäinen jakso [Abschnitt], ’Pääoman tuotantoprosessi’, jäsentyisi seuraavasti:
1) Johdanto. Tavara. Raha. 2) Rahan muuttuminen pääomaksi. 3) Absoluuttinen lisäarvo. […] 4) Suhteellinen lisäarvo. […] 5) Absoluuttisen ja suhteellisen lisäarvon yhdistelmä. […] 6) Lisäarvon muuttuminen takaisin pääomaksi. Alkuperäinen kasaantuminen. Wakefieldin siirtomaateoria. 7) Tuotantoprosessin tulos. […] 8) Lisäarvoteorioita. 9) Teorioita tuottavasta ja tuottamattomasta työstä.”47

Tammikuussa 1863 kirjoittamassaan muistivihossa XVIII Marx jatkoi kauppapääoman analyysiaan. Tutkiessaan George Ramsayta (1855–1935), Antoine-Elisée Cherbuliezia (1797–1869) ja Richard Jonesia (1790–1855) hän teki tutkimukseensa joitakin lisäyksiä siitä, kuinka eri taloustieteilijät olivat selittäneet lisäarvoa.

Marxin talousvaikeudet jatkuivat koko tämän ajan ja itse asiassa vaikeutuivat entisestään alkuvuodesta 1863. Hän kirjoitti Engelsille olevansa kuilun partaalla. Samalla hänelle oli ilmaantunut uusia terveysongelmia. Hänellä ilmeni maksasairaus, joka piinasi häntä vielä pitkään. Tänä aikana Marxin oli lykättävä perusteellisempia taloudellisia tutkimuksiaan lukuun ottamatta joitakin lyhyitä ajanjaksoja, jolloin hän tutki konejärjestelmiä. Maaliskuussa hän kuitenkin päätti ”paikata menetetyn ajan kovalla uurastuksella”.48 Hän kokosi kaksi uutta vihkoa, XX ja XXI, jotka käsittelivät kasaantumista, työn todellista ja muodollista alistamista pääomalle sekä pääoman ja työn tuottavuutta. Hänen argumenttinsa liittyivät hänen tuolloisten tutkimustensa pääteemaan: lisäarvoon.

Toukokuun lopulla Marx kertoi Engelsille tuntevansa itsensä jälleen ”enemmän tai vähemmän työkykyiseksi” ja päättäneensä ”heittää painon harteiltaan”. Hän oli sen vuoksi päättänyt ”kirjoittaa siistityn version poliittisesta taloustieteestä painoa varten (ja antaa sille loppusilauksen)”.49 Hän kärsi kuitenkin edelleen ”pahasti paisuneesta maksasta” eikä ollut kesäkuun puolessa välissä edelleenkään ”oikein kunnossa”, vaikka oli ”ahminut rikkiä”.50 Heinäkuussa hän palasi British Museumiin, ja analysoidessaan lisäarvon muuttumista takaisin pääomaksi hän jäsensi Quesnayn Tableau économiquen uudella tavalla vihossa XXIII51. Sitten hän laati tämän 1861 aloittaneensa sarjan viimeisen vihon – numeron XXIII – joka sisälsi enimmäkseen muistiinpanoja ja lisähuomautuksia.

Näiden kahden työntäyteisen vuoden ja poliittisen taloustieteen tärkeimpien edustajien teorioiden syvällisemmän uudelleenarvioinnin jälkeen Marx oli entistäkin vakaammin päättänyt saada pääteoksensa valmiiksi. Vaikka monet käsitteelliset ja esitystapaan liittyvät ongelmat olivat vielä vailla lopullista ratkaisuaan, historiallisen osan loppuun saattaminen ajoi häntä nyt palaamaan teoreettisten kysymysten pariin.

2. Pääoman kolmen osan kirjoittaminen
Hammasta purren Marx ryhtyi työnsä seuraavaan vaiheeseen. Kesällä 1863 hän aloitti tulevan pääteoksensa varsinaisen kirjoitustyön. Hän omistautui joulukuuhun 1865 saakka teoksensa eri osien pääpiirteiden hahmotteluun. Hän kirjoitti vuoron perään osan I käsikirjoitusta, osan III runkoa (ainoaa esitystänsä kapitalistisen tuotannon kokonaisprosessista)52 ja osan II ensimmäistä versiota (pääoman kiertokulun ensimmäistä yleistä esitystä).

Marx piti koko syksyn ajan yllä raivokasta työtahtiaan ja keskittyi erityisesti ensimmäisen osan kirjoittamiseen. Tämä johti kuitenkin hänen terveytensä nopeaan heikkenemiseen, ja marraskuussa puhkesi se, mitä hänen vaimonsa kutsui ”karmeaksi sairaudeksi” ja mitä vastaan hänen oli taisteltava vuosikausia. Paisetulehdus, ilkeä infektiotauti, ilmeni märkäpesäkkeinä ja heikkoon kuntoon vievinä paiseina eri puolilla kehoa.

Marxin oli mentävä leikkaukseen suuren pukaman aiheuttaman haavauman vuoksi, ja hän ”oli hyvän aikaa hengenvaarassa”. Hänen vaimonsa myöhemmän selostuksen mukaan kriittinen tila kesti neljä viikkoa ja aiheutti Marxille jatkuvia pahoja kipuja ”piinaavien huolien ja kaikenlaisen henkisen kärsimyksen lisäksi”.

Tulehdukset ja iho-ongelmat tulisivat vaivaamaan Marxia alkukevääseen 1866 saakka. Hän pystyi palaamaan suunnitellun työnsä ääreen vasta huhtikuun puolessa välissä [1864], yli viiden kuukauden keskeytyksen jälkeen. Tänä aikana hän keskittyi edelleen osaan I, ja näyttää todennäköiseltä, että juuri tänä ajanjaksona hän luonnosteli nimellä ”Välittömän tuotantoprosessin tulokset” (Resultate des unmittelbaren Produktionsprozesses) tunnetun tekstin, ainoan alkuperäiskäsikirjoituksesta säästyneen osan.

Kesän saapuessa hänen olosuhteensa olivat edelleen epävakaat. Vasta perheen kanssa kesällä vietetyn pienen loman jälkeen hän saattoi puskea eteenpäin työssään. Hän aloitti uuden kirjoitusjakson kirjoittamalla Pääoman osan III toista osastoa ”Voiton muuttuminen keskimääräiseksi voitoksi” ja sen jälkeen ensimmäistä osastoa ”Lisäarvon muuttuminen voitoksi”. (Viimeksi mainittu valmistui todennäköisesti loka–marraskuun vaihteessa 1864.) Tänä aikana hän osallistui tunnollisesti Kansainvälisen työväenliiton kokouksiin ja kirjoitti järjestölle lokakuun aikana perustamismanifestin sekä yleiset säännöt.53

Jatkettuaan työtään ensimmäisen Internationaalin54 tehtävien aiheuttaman keskeytyksen jälkeen Marx kirjoitti osan III kolmannen osaston, otsikoltaan ”Voiton suhdeluvun laskutendenssin laki”. Hänen työtään varjosti sairauden uusi puhkeaminen. Marraskuussa ”jälleen yksi paise ilmestyi” hänen oikean rintansa ”alapuolelle” ja kahlehti hänet vuoteeseen viikoksi55. Tämän jälkeen se jatkoi hänen vaivaamistaan aina kun hän ”kumartui kirjoittamaan”56.

Tammikuusta toukokuuhun 1865 Marx omistautui osan II työstämiselle. Käsikirjoitukset jaettiin kolmeen lukuun. Niistä tuli lopulta osastoja laitoksessa, jonka Engels painatutti vuonna 1885: 1) Pääoman muodonvaihdokset ja niiden kiertokulku; 2) Pääoman täyskierros; ja 3) Yhteiskunnallisen kokonaispääoman uusintaminen ja kierto. Näillä sivuilla Marx kehitteli uusia käsitteitä sekä yhdisti joitakin osien I ja III teorioita toisiinsa.

Seuraavanakaan vuonna paisetulehdus ei lakannut ahdistamasta Marxia: helmikuun puolivälin aikaan hänen tautinsa puhkesi jälleen. Kuun puoleenväliin kestäneen ”paisetaudin” lisäksi Internationaali kulutti häneltä ”valtavia määriä aikaa”. Hän ei kuitenkaan keskeyttänyt työtään kirjan parissa, vaikka se joskus tarkoittikin, että ”hän meni nukkumaan vasta neljältä aamulla”.57

Viimeisen kannusteen puuttuvien osien pikaiseen loppuun saattamiseen antoi kustannussopimus. Kommunistien liiton ajoilta tutun vanhan toverin, Wilhelm Strohnin, ansiosta Otto Meisner (1819–1902) oli lähettänyt hänelle 21. maaliskuuta Hampurista kirjeen, joka piti sisällään sopimuksen Das Kapital. Kritik der politischen Ökonomie-nimisen teoksen julkaisusta. Sen oli määrä olla ”noin 50 painoarkkia58 pitkä [ja ilmestyä] kahdessa osassa”59.

Kevään loppupuolella Marx kirjoitti lisäksi osan III neljännen osaston ja antoi sille nimen ”Tavarapääoman ja rahapääoman muuttuminen tavarakauppapääomaksi ja rahakauppapääomaksi (kauppiaanpääomaksi)”. Heinäkuun lopussa 1865 hän selosti Engelsille jälleen etenemistä:
”Vielä kolme lukua on kirjoittamatta teoreettisen osan viimeistelemiseksi (ensimmäiset kolme kirjaa). Sen lisäksi jäljellä on yhä neljännen, historiallis-kirjallisen kirjan kirjoittaminen […]. Mutten saa itseäni pakotetuksi lähettämään mitään, ennen kuin minulla on koko juttu edessäni. Whatever shortcomings they may have, kirjoitusteni etu on se, että ne muodostavat taiteellisen kokonaisuuden, ja tämä voidaan saavuttaa vain minun tavallani, olemalla painattamatta mitään ennen kuin olen saanut ne eteeni kokonaisuudessaan.”60

Kun vääjäämättömät hidastukset ja sarja kielteisiä sattumuksia pakottivat hänet harkitsemaan työskentelytapaansa, Marx kysyi itseltään, olisiko hyödyllisempää tuottaa viimeistelty versio osasta I, jotta hänen olisi mahdollista julkaista se välittömästi, vai mieluummin kirjoittaa loppuun kaikki osat, joista teoksen kokonaisuus muodostuu. Kirjeessään Engelsille hän sanoi ”kysymyksen olevan”, pitäisikö hänen ”kirjoittaa osa käsikirjoituksesta puhtaaksi ja lähettää se kustantajalle, vai saattaa työ ensin kokonaan loppuun.” Hän puolsi jälkimmäistä vaihtoehtoa, mutta vakuutti ystävälleen, että hänen työnsä muiden osien parissa ei menisi hukkaan. Marx vakuutti, ettei hän ”säästäisi vaivaa saadakseen työnsä valmiiksi mahdollisimman nopeasti”; koko juttu oli hänelle ”painajaismainen taakka”. Se esti häntä ”tekemästä mitään muuta” ja hän halusi saada sen julkaistuksi ennen seuraavaa poliittista mullistusta: ”Tiedän, ettei aika pysy ikuisesti muuttumatta samanlaisena kuin nyt.”61

Vaikka Marx olikin päättänyt saattaa loppuun I osan viimeistelytyön, hän ei halunnut jättää osan III eteen tekemäänsä työtä roikkumaan. Heinäkuun ja joulukuun välisenä aikana 1865 hän luonnosteli, vaikkakin hajanaisessa muodossa, viidennen (”Voiton jakautuminen koroksi ja yrittäjäntuloksi. Korkoa tuottava pääoma”), kuudennen (”Ylimääräisen voiton muuttuminen maankoroksi”) ja seitsemännen osaston (”Tulot ja niiden lähteet”). Marxin osalle III kesän 1864 ja loppuvuoden 1865 välillä antama rakenne oli näin ollen hyvin samanlainen kuin hänen kaksitoistakohtainen, tammikuussa 1863 laatimansa hahmotelma, joka sisältyi ”Lisäarvoteorioiden” käsikirjoituksen vihkoon XVIII.

Taloudelliset vaikeudet olivat hetkeksi väistyneet, joten Marx saattoi jatkaa työtään, mutta näin ei kuitenkaan jatkunut pitkään: noin vuoden kuluttua Marx oli jälleen talousahdingossa, ja hänen terveytensä kääntyi jälleen huonompaan suuntaan kesän aikana. Tämän lisäksi hänen vastuutehtävänsä Internationaalille olivat syyskuussa erityisen velvoittavia sen ensimmäisen, Lontoossa järjestetyn konferenssin takia.

3. Osan I valmistuminen
Vuoden 1866 alussa Marx heittäytyi kirjoittamaan uutta Pääoman osan I luonnosta. Tammikuun puolivälissä Kugelmannille lähettämässään kirjeessä hän kertoi työskentelevänsä ”nykyisin 12 tuntia päivässä sen puhtaaksikirjoituksen parissa”, mutta toivoi voivansa viedä sen kustantajalleen Hampuriin kahden kuukauden kuluessa62.

Vastoin Marxin ennustuksia koko vuosi kuitenkin kului kamppailussa paisetulehduksen kanssa. Helmikuussa iski taudin tähän mennessä pahalaatuisin kohtaus, ja Marx oli vaarassa menettää henkensä. Kun hän tointui riittävästi aloittaakseen taas kirjoittamisen, hän tunnusti Engelsille:

”Se oli lähellä tällä kertaa. Perheeni ei tiennyt, kuinka serieux cas se oli. Jos tuo pirulainen palaa tuollaisena vielä kolme tai neljä kertaa, olen kuoleman oma.”63

Engels huolestui tilanteesta tosissaan. Peläten pahinta hän puuttui tilanteeseen tiukasti vakuuttaakseen Marxille, ettei tämä voisi jatkaa enää samalla tavalla:

”Sinun on todellakin viimein tehtävä jotain järkevää toipuaksesi tästä paisetulehdusasiasta, vaikka se viivästyttäisi ensimmäistä kirjaa vielä kolme kuukautta. Asiasta on kehkeytymässä aivan liian vakava.”64

Engels kääntyi välittömästi tohtori Gumpertin puoleen, joka neuvoi ottamaan jälleen arsenikkikuurin. Lisäksi Engels teki myös joitakin ehdotuksia liittyen teoksen viimeistelyyn. Hän halusi varmistaa, että Marx oli luopunut kaikkea muuta kuin realistisesta ajatuksestaan kirjoittaa Pääoma kokonaisuudessaan, ennen kuin yksikään osa siitä olisi julkaistu. Hän kysyi Marxilta: ”Etkö voisi järjestää asioita niin, että ainakin ensimmäinen osa lähetetään painoon ensin ja toinen muutamaa kuukautta myöhemmin?”65 Marx vastasi Engelsille:

”Mitä tähän ’kirottuun’ kirjaan tulee, tilanne on nyt tämä: se valmistui joulukuun lopussa.

Tutkielma maankorosta, toiseksi viimeinen kappale, on nykyisessä muodossaan yksinkin miltei riittävän pitkä kirjaksi.66 Olen mennyt [British] Museumiin päiväsaikaan ja kirjoittanut yöllä. Minun on täytynyt kahlata läpi uutta saksalaista maatalouskemiaa, erityisesti Liebigiä ja Schönbeinia67. Se on ollut paljon tärkeämpää tämän kysymyksen kannalta kuin kaikki taloustieteilijät yhteensä. Lisäksi minun on täytynyt raivata hartiavoimin tieni läpi myös sen suunnattoman aineistomäärän, jonka ranskalaiset ovat tuottaneet sen jälkeen, kun viimeksi työskentelin aiheen parissa. Päätin teoreettisen tutkimukseni maankorosta kaksi vuotta sitten. Siinä välissä on ehditty saavuttaa paljon sellaista, mikä on sivumennen sanoen täysin vahvistanut teoriani. Myös Japanin avautuminen on tässä ollut tärkeää (yleensä en koskaan lue matkakirjoja, jollei ammatillisista syistä ole pakko). Näin ollen sovelsin itseeni samanlaista ’shifting systemiä’ kuin englantilaiset tehtailijaroistot sovelsivat yksiin ja samoihin ihmisiin vuosina 1848–1850.”68

Päiväsaikaan Marx teki tutkimustyötä kirjastossa pysyäkseen kärryillä viimeisimmistä tutkimustuloksista, ja öisin hän työsti käsikirjoitustaan: tällainen oli se raskas rutiini, johon hän pakotti itsensä käyttääkseen kaikki voimansa kirjansa viimeistelyyn. Päätehtävästään hän kirjoitti Engelsille: ”Vaikkakin nykyisessä muodossaan jättiläismäinen käsikirjoitus on valmis, se ei ole kelvollinen näytettäväksi kenellekään paitsi itselleni, ei edes sinulle.”69

Lopulta hän hyväksyi Engelsin neuvon julkaisuaikataulun venyttämiseksi: ”Olen samaa mieltä kanssasi ja aion saattaa ensimmäisen osan Meissnerille välittömästi, kun se on valmis.” ”Mutta”, hän lisäsi, ”viimeistelläkseni sen minun on ensin voitava istua.”70

Itse asiassa Marxin terveys oli heikkenemässä entisestään. Helmikuun lopulla hänen kehoonsa ilmestyi kaksi uutta paisetta ja hän yritti hoitaa niitä itse. Hän kertoi Engelsille käyttäneensä ”terävää partaveistä” päästäkseen eroon ”ylemmästä”, ja puhkaisseensa ”tuon pirulaisen” omin käsin. ”Tulehtunut veri […] valui, tai pikemminkin ryöpsähti, suoraan ilmaan”, ja tämä antoi hänelle syyn uskoa, että paise oli ”haudattu”, vaikka ”it still wants some nursing”.71

Tämän riipaisevan kertomuksen jälkeen Engels nuhteli ystäväänsä ankarammin kuin koskaan aiemmin: ”[K]ukaan ei voi kestää pitkään tällaista paiseiden jatkuvaa sarjaa ottaen huomioon, että lopulta voi puhjeta jokin niin pahanlaatuinen, että se vie sinut manan maille. Ja minne kirjasi ja perheesi silloin joutuvat?”72 Helpottaakseen Marxin oloa edes vähän hän sanoi olevansa valmis mihin tahansa taloudelliseen uhraukseen. Anoen häntä olemaan ”järkevä” Engels ehdotti täydellisen levon jaksoa.

Lopulta Marx antoi suostutella itsensä ottamaan töistään taukoa. 15. maaliskuuta hän matkusti Margateen, merenrannalla sijaitsevaan lomanviettopaikkaan Kentiin ja kymmenentenä päivänä lähetti selvityksen tilanteestaan:

”En lue mitään, en kirjoita mitään. Päivittäiset kolme arsenikkiannosta yksistään pakottavat järjestämään ruokailuajat ja päiväkävelyt […] niin, ettei muulle ’ole aikaa’. Mitä seuraelämään tulee, sitä ei tietenkään ole. Voin laulaa ’The Miller of the Deen’73 sanoin: ’I care for nobody and nobody cares for me’.”74

Huhtikuun alussa Marx kertoi ystävälleen Kugelmannille olevansa ”pitkälti parantunut”, mutta valitti, että tämän keskeytyksen vuoksi ”yli kaksi kuukautta” oli täysin hukattu ja kirjan valmistuminen ”jälleen viivästynyt”.75 Lontooseen palattuaan hänen työnsä ei edelleenkään muutamaan viikkoon edennyt reumakohtauksen ja muiden ongelmien vuoksi; hänen kehonsa oli vielä uuvuksissa ja haavoittuvainen. Vaikka hän kertoi Engelsille kesäkuun alussa, että ”onneksi mitään paiseen kaltaista ei ole ilmaantunut uudelleen”76, hän oli harmissaan, koska hänen työnsä ”oli edistynyt kehnosti puhtaasti fyysisten tekijöiden vuoksi”.77

Heinäkuussa Marx kohtasi kolme tutuksi tullutta vihollistaan: Liviuksen periculum in mora (vaara viivytyksessä) vuokrarästeinä, paiseet, joista uusin oli puhkeamaisillaan, ja sekä maksavaivan. Kuvaillessaan tilannetta ystävälleen Kugelmannille ja selittäessään viivästyksen syitä Marx esitti suunnitelman, joka hänellä nyt oli mielessään:

”Olosuhteeni (jatkuvat keskeytykset, sekä ruumiilliset että sosiaaliset) pakottavat minut julkaisemaan osan I ensin, eikä kumpaakin osaa yhdessä, kuten olin alun perin aikonut. Lisäksi nyt näyttää siltä, että niteitä tulee todennäköisesti olemaan kolme. Koko teos on näin ollen jaettu seuraaviin osiin:

  1. kirja. Pääoman tuotantoprosessi.
  2. kirja. Pääoman kiertokulkuprosessi.
  3. kirja. Prosessin kokonaishahmo.
  4. kirja. Teorian historiasta.

Ensimmäinen nide sisältää kaksi ensimmäistä kirjaa. Kolmas kirja uskoakseni täyttää toisen niteen ja neljäs kolmannen.”78

Tarkastellessaan työtä, jota oli tehnyt 1859 julkaistun Poliittisen taloustieteen kritiikin jälkeen, Marx jatkoi:

”Olen katsonut välttämättömäksi aloittaa ensimmäisen kirjan jälleen kerran ab ovo, toisin sanoen tiivistää Dunckerin julkaisema kirjani yhteen lukuun tavarasta ja rahasta. Ainoa syy alusta aloittamisen välttämättömyyteen ei ole kokonaisuuden täydellisyys. Pidän sitä välttämättömänä myös siksi, että koska älykkäätkään ihmiset eivät ole ymmärtäneet asiaa täysin oikein, ensimmäisessä esityksessä on pakko olla puutteellisuuksia, erityisesti mitä tulee tavaran analyysiin.”79

Vuoden 1866 syksyä leimasi myös äärimmäinen köyhyys. Jouduttuaan kuluttamaan hyvin paljon aikaa ja voimia jokapäiväiseen kamppailuun köyhyyden kanssa hän kirjoitti joulukuussa: ”Suren vain, ettei yksityishenkilön sovi tehdä kuten liikemiehet: file their bills for the Bankruptcy Court.”80

Tilanne ei muuttunut koko talvena, ja 1867 helmikuun lopulla Marx kirjoitti tuolloin Manchesterissa oleskelevalle ystävälleen (joka aina lähetti hänelle niin paljon rahaa kuin vain pystyi): ”Eräs grocer lähettää ulosottomiehen lauantaina (ylihuomenna), ellen maksa hänelle vähintään viittä puntaa. […] Työ on pian valmis, ja olisi ollut valmis tänään, ellei minua olisi viime aikoina hätyytelty niin paljon.”81

Huhtikuun 1867 lopussa Marx saattoi viimein kertoa Engelsille pitkään odotetun uutisen kirjan valmistumisesta. Hänen piti nyt viedä se Saksaan, ja jälleen kerran hänen täytyi kääntyä ystävänsä puoleen, jotta voisi lunastaa ”vaatteensa ja kellonsa niiden majapaikasta, panttilainaamosta”82. Muutoin hän ei olisi pystynyt lähtemään.

Saavuttuaan Hampuriin Marx keskusteli Engelsin kanssa uudesta Meissnerin ehdottamasta suunnitelmasta:

”Nyt hän haluaa, että kirja ilmestyisi kolmessa osassa. Hän nimittäin vastustaa sitä, että tiivistäisin viimeisen kirjan (historiallis-kirjallisen osan), kuten olin aikonut. Hän sanoo, että kirjakaupan […] kannalta hän laskisi eniten juuri tämän osan varaan. Vastasin, että tässä asiassa noudatan hänen käskyjään.”83

Muutamaa päivää myöhemmin hän raportoi Johann Beckerille samaan tapaan:

”Koko teos ilmestyy kolmessa osassa. Otsikkona on Pääoma. Poliittisen taloustieteen arvostelua. Ensimmäinen osa käsittää ensimmäisen kirjan: ’Pääoman tuotantoprosessi’. Se on takuulla hirvittävin missile, joka tähän mennessä on singottu päin porvareiden (maanomistajat mukaanluettuina) näköä.”84

Sigfrid Meyerille (1840–1872), saksalaiselle Internationaalin sosialistijäsenelle, joka oli työväenliikkeen aktiivi New Yorkissa, hän kirjoitti: ”Ensimmäinen osa käsittää ’pääoman tuotantoprosessin’ […] II osa antaa teorian jatkon ja lopun, III osa kansantaloustieteen historian 1600-luvun puolivälistä alkaen.”85

Kesäkuun puolivälissä Engels ryhtyi tarkistamaan tekstiä julkaisemista varten. Hänen mielestään verrattuna vuoden 1859 kirjaan Poliittisen taloustieteen arvostelua ”on edistyminen dialektisen kehittelyn terävyydessä varsin huomattava […].”86 Marxia tämä hyväksyntä lämmitti: ”Sinun tähänastinen tyytyväisyytesi on minulle tärkeämpää kuin kaikki, mitä muu maailma saattaa siitä sanoa.”87 Engels kuitenkin huomautti, että Marxin arvomuodon käsittely oli tarpeettoman abstraktia ja liian epäselvää keskivertolukijalle. Hän myös valitteli, että nimenomaan tärkeällä “toisella arkilla on jonkin verran korostunut paiseittesi antama masennuksen leima”.88 Vastauksessaan Marx pauhasi fyysisten kärsimystensä syytä vastaan – ”Toivon […] että porvaristo muistaa koko elämänsä ajan minun paiseeni”89 – ja onnistui vakuuttamaan itsensä siitä, että tarvitaan liite, jossa hän voi esittää käsityksensä arvomuodosta yleistajuisemmassa muodossa. Tämä 20-sivuinen liite valmistui kesäkuun loppuun mennessä.

Marx sai oikovedoksen korjaukset valmiiksi kahdelta aamuyöllä elokuun ensimmäisenä päivänä 1867. Muutama minuutti myöhemmin hän kirjoitti ystävälleen Manchesteriin:

”Hyvä Fred: Sain juuri valmiiksi kirjan viimeisen (49.) arkin oikoluvun […]. Niin muodoin tämä osa on valmis. Vain Sinua minun on kiittäminen siitä, että tämä kävi mahdolliseksi! […] Kiitosta täynnä syleilen Sinua.”90

Muutama päivä myöhemmin, toisessa kirjeessään Engelsille, hän tiivisti teoksen kaksi mielestään tärkeintä peruspilaria: ”1. heti ensimmäisessä luvussa korostettu työn kaksoisluonne, sen mukaan, ilmaiseeko työ itsensä käyttöarvona vai vaihtoarvona (siihen nojaa tosiseikkojen koko ymmärtäminen); 2. lisäarvon käsitteleminen riippumattomana sen erityisistä muodoista, joina ovat voitto, korko, maankorko ym.”91

Pääoma tuli myyntiin 14. syyskuuta 1867.92 Viimeisten muutosten jälkeen sisällysluettelo näytti tältä:

”Johdanto

  1. Tavara ja raha
  2. Rahan muuttuminen pääomaksi.
  3. Absoluuttisen lisäarvon tuotanto.
  4. Suhteellisen lisäarvon tuotanto.
  5. Jatkotutkimuksia absoluuttisen ja suhteellisen lisäarvon tuotannosta
  6. Pääoman kasautumisprosessi

Liite osaan 1, 1: Arvomuoto.”93

Pitkästä korjausprosessista ja viimeisistä lisäyksistä huolimatta teoksen rakenne laajentui huomattavasti seuraavien vuosien aikana ja tekstiin tuli useita uusia muutoksia.

Niinpä Pääoman ensimmäinen osa kulutti huomattavasti Marxin energiaa sen julkaisun jälkeenkin. Kriittinen henki, jolla Marx kokosi magnum opuksensa, paljastaa, miten kaukana hän on siitä dogmaattisesta kirjoittajasta, jollaisena sekä hänen vastustajansa että monet itseään hänen oppilaikseen kutsuvat hänet esittävät. Vaikka teos jäikin keskeneräiseksi, Marxin Pääoman lukeminen on ohittamatonta niille, jotka nykypäivänä haluavat käyttää olennaisia teoreettisia käsitteitä kapitalistisen tuotantotavan kritiikkiin.

Lyhentäen suomentaneet Paula Rauhala, Saska Heino, Matti Kortesoja & Miika Salo

(alun perin: Capital. The Unfinished Critique. Teoksessa Another Marx. Early Manuscripts to the International. Käänt. Patrick Camiller. Bloomsbury, London 2018)

Viitteet & Kirjallisuus
1. Musto kertoo artikkelissaan tarinan Marxin elämästä ja ajattelusta vuosina 1861–1867, jolloin hän kirjoitti Pääomaansa sekä viimeisteli teoksen ensimmäisen osan julkaisukuntoon. Marxin työ poliittisen taloustieteen kritiikin parissa kesti vuosikymmeniä, mutta kuusi vuotta ennen Pääoman ensimmäisen osan julkaisua alkoi tärkeä vaihe. Vuosina 1861–1863 syntyi käsikirjoitus, josta Karl Kautsky julkaisi Marxin kuoleman jälkeen, vuosina 1905–1910, osan nimellä Theorien über den Mehrwert. Tekstiä kutsutaan joskus Pääoman neljänneksi osaksi. Vuosina 1863–1865 syntyi Pääoman kolmannen osan käsikirjoitus, ja Pääoman I osa ilmestyi 1867. Pääoman oli tarkoitus koostua teoreettisesta osasta (kirjat I–III) sekä teoriahistoriallisesta osasta (”Lisäarvoteorioita”). Marx itse sai julkaistuksi vain osan I. Seuraavien vuosien aikana hän paranteli tätä osaa toiseen saksankieliseen painokseen (1873) sekä ranskankieliseen editioon (1872–1875). Engels julkaisi Marxin käsikirjoitusten pohjalta osat II (1885) sekä osan III (1894) vasta Marxin kuoleman jälkeen. Suom. huom.
2. Karl Marx, Poliittisen taloustieteen arvostelua (Zur Kritik der politischen Ökonomie, 1859). Suom. Antero Tiusanen. Teoksessa Valitut teokset kuudessa osassa. Osa 4. Edistys, Moskva 1979, 7.
3. Marx oli julkaissut suunnitelman kaksi ensimmäistä lukua teoksessaan Poliittisen taloustieteen arvostelua(1859). Suom. huom.
4. Nämä muistivihot jätettiin huomiotta yli sadan vuoden ajan. Alkuperäinen saksalainen laitos ilmestyi vasta vuonna 1976 teoksessa Marx–Engels-Gesamtausgabe (MEGA2). II/3.1. Akademie, Berlin 1976. (Jatkossa MEGA2.)
5. Grundrisse der Kritik der politischen Ökonomie eli Vuosien 1857–1858 taloudelliset käsikirjoitukset koostuu Marxin muistiinpanoista, jotka pohjustivat Pääomaa. Marx ei ollut tarkoittanut muistiinpanoja julkaistavaksi, ja ne ilmestyivätkin kokonaisuudessaan vasta Neuvostoliitossa 1939–1941. Karl Marx, Vuosien 1857–1858 taloudelliset käsikirjoitukset (Grundrisse, 1939–1941). Suom. Antero Tiusanen. Kustannusliike Edistys, Moskva 1986. Toim. huom.
6. Marx Engelsille 30. lokakuuta 1861. Teoksessa Karl Marx–Friedrich Engels. Collected Works. Vol. 41. Lawrence & Wishart, London 1985, 323. (Jatkossa MECW.)
7. Sama.
8. Marx Engelsille 9. joulukuuta 1861. Teoksessa MECW. Vol. 41, 333.
9. Karl Kautsky kokosi Marxin vuosien 1862–1863 käsikirjoitusten pohjalta teoksen Lisäarvoteorioita(Theorien über den Mehrwert) ja julkaisi sen kolmessa osassa vuosina 1905–1910. Osa siitä on julkaistu suomeksi nimellä Lisäarvoteorioita. Liitteitä. Suom. Olli Perheentupa. Esim. teoksessa Karl Marx & Friedrich Engels, Valitut teokset kuudessa osassa. Osa 4. Edistys, Moskva 1979, 439–563. Suom. huom.
10. Se oli tarkoitus jäsentää seuraavasti: 1) rahan muuttuminen pääomaksi; 2) absoluuttinen lisäarvo; 3) suhteellinen lisäarvo; ja 4) lopulta kirjoittamatta jäänyt osa siitä, miten näitä kolmea olisi tarkasteltava yhdessä.
11. Karl Marx, Theories of Surplus Value. Vol. I. Teoksessa MECW. Vol. 30, 348. (MECW:ssä nämä käsikirjoitukset on merkitty vähemmän käytetyllä otsikolla Economic Manuscript of 1861–1863.) [Marxin mukaan kaikki lisäarvo on peräisin palkkatyöläisten korvauksetta tekemästä lisätyöstä. Palkkatyöläisten tuottama lisäarvo jakautuu kilpailussa omistavan luokan edustajien kesken: liikevoittona teollisuuskapitalisteille, rahankorkona pankkiireille, kauppavoittoina kauppapääomille ja maanvuokrina maanomistajille. Marxia edeltävät taloustieteilijät olivat käsitelleet lisäarvoa, mutta aina vain sen erityisissä muodoissa: liikevoittona, kauppavoittona, rahankorkona tai maankorkona. Suom. huom.]
12. Sama, 352.
13. Sama, 354.
14. Sama, 355.
15. Sama, 357.
16. Sama, 391.
17. Sama, 388.
18. Sama, 393.
19. Sama, 389.
20. Sama, 396. [Marx erotti lisäarvon suhdeluvun m/v voiton suhdeluvusta m/c+v. Lisäarvon suhdeluvun kaavassa (m/v) verrataan työläisen vastikkeetta työnantajalleen tuottamaa arvosummaa (m) palkkoihin sijoitettuun arvosummaan (v). Voiton suhdeluvun kaavassa (m/c+v) tuota maksamatonta työtä (m) verrataan työnantajan alun perin investoimaan rahasummaan, joka jakautuu koneisiin ja raaka-aineisiin sijoitettuun rahasummaan (c) sekä palkkojenmaksuun sijoitettuun rahasummaan (v). Lisäarvon suhdeluvun kaava (m/v) paljastaa Marxin mukaan todellisen luokkasuhteen: työväenluokan työpäivä jakautuu maksamattomaan (m) ja maksettuun (v) osaan, ja kaikki muut kuin työstä saadut tulot (voitto, korko, maankorko jne.) ovat peräisin palkkatyöläisten tekemästä, heille maksamattomasta lisätyöstä (m). Voiton suhdeluvun kaava (m/c+v) puolestaan on omiaan luomaan vaikutelman siitä, että koneet ja raaka-aineet tuottavat lisäarvoa siinä missä työkin. Suom. huom.]
21. Karl Marx, Theories of Surplus Value. Vol. I. Teoksessa MECW. Vol. 31, 8.
22. Sama, 12. [Marxin mukaan tuottavaa on ainoastaan sellainen työ, joka tuottaa työnantajalle lisäarvoa. Jos koulutusta myyvän yrityksen omistaja kuluttaa osan voitoistaan kotiopettajan palkkaamiseen lapselleen, kotiopettaja ei tässä tapauksessa tee tuottavaa työtä. Hänen tehtävänään ei ole voiton tuottaminen omistajalle, vaan palveluksen tuottaminen, eli lapsen opettaminen. Samalla tämän saman omistajan yksityiskoulun leivissä olevat opettajat tekevät tuottavaa työtä. Heidän työnsä ei eroa sisällöltään kotiopettajan työstä, mutta heidät on palkattu ensi sijassa tuottamaan voittoa yrityksen omistajalle tai omistajille. Ero ei ole siis työn sisällössä vaan niissä yhteiskunnallisissa suhteissa, joissa työtä tehdään. Suom. huom.]
23. Sama, 197.
24. Sama. [Marxin teoriassa vastaavasti myös julkisten palveluiden piirissä tehty työ on tuottamatonta työtä. Esimerkiksi kunnallisen terveyskeskuksen sairaanhoitaja tekee tuottamatonta työtä, mutta yksityisellä lääkäriasemalla vastaavaa työtä tekevä sairaanhoitaja tekee tuottavaa työtä. Vaikka näiden kahden sairaanhoitajan työ olisi hyvin samanlaista, ne yhteiskunnalliset suhteet, joissa työtä tehdään, eroavat toisistaan. Vain yksityisellä lääkäriasemalla työskentelevä sairaanhoitaja tuottaa omistajalle lisäarvoa ja voittoa. Suom. huom.]
25. Lääkäri ja taloustieteilijä François Quesnayn Tableau économique oli ensimmäinen hahmotelma tuotteiden- ja rahankierrosta kansantaloudessa. Suom. huom.
26. Karl Marx, Theories of Surplus Value. Vol. I. Teoksessa MECW. Vol. 31, 240.
27. Marx Engelsille, 18. kesäkuuta 1862. Teoksessa MECW. Vol. 41, 380.
28. Marx Engelsille, 18. kesäkuuta 1862. Teoksessa MECW. Vol. 41, 380; Karl Marx & Friedrich Engels, Kirjeitä. Suom. Timo Koste & Vesa Oittinen. Edistys, Moskva 1976, 129.
29. Marx Engelsille 2. elokuuta 1862. Teoksessa MECW. Vol. 41, 394; Kirjeitä, 130.
30. Nämä muistikirjat ovat osa ”Lisäarvoteorioita”-käsikirjoitusta. Theories of Surplus Value. Vol. II. Teoksessa MECW. Vol. 31.
31. Sama, 359.
32. Marx Engelsille 2. elokuuta 1862. Teoksessa MECW. Vol. 41, 396; Kirjeitä, 132.
33. Sama. Teoksessa MECW. Vol. 41, 398; Kirjeitä, 133. [Koska kaikki arvo oli työarvoteorian mukaan peräisin työstä, Ricardo kiisti ns. absoluuttisen maankoron olemassaolon. Ricardon teorian mukaan vain differentiaalimaankorko oli mahdollinen. Maapalstat eroavat toisistaan hedelmällisyytensä ja sijaintinsa suhteen. Hedelmällisellä tai paremmalla paikalla sijaitsevalla maalla maata viljelevä kapitalisti saattaa tuottaa alhaisemmin kustannuksin kuin huonompaa maata viljelevä kapitalisti. Kilpailun vuoksi tuottajat joutuvat kuitenkin myymään tuotteensa markkinahintaan, eivätkä suhteessa niiden todellisiin, yksilöllisiin tuotantokustannuksiin. Hyvälaatuisen maan omistaja voi periä tuotteen todellisen kustannushinnan ja tuotteen markkinahinnan välisen erotuksen maata vuokraavalta kapitalistilta differentiaalimaankorkona. Vain huonoin käytössä oleva maapalsta ei mahdollista maankoron perimistä, sillä tällä maalla tuotantokustannukset vastaavat tuotteiden markkinahintaa. Tämän maapalstan tuottama maankorko olisi näin ollen ”absoluuttista”, koska se ei perustuisi mihinkään erotukseen, differentiaaliin. Ricardo kiisti absoluuttisen maankoron olemassaolon mahdollisuuden, sillä se olisi ollut ristiriidassa hänen työarvoteoriansa kanssa – kaikki arvo on peräisin työstä, eikä maa voi itsessään tuottaa uutta arvoa. Marx puolestaan esitti sellaisen teorian absoluuttisesta maankorosta, joka ei ole ristiriidassa työarvoteorian kanssa. Ks. Karl Marx, Pääoma. Poliittisen taloustieteen arvostelua. TA-Tieto, Helsinki 2015, 737–761. Ks. myös Miika Kabata & Timo Ilomäki, Maankorko osana poliittisen talouden kritiikkiä. Peruste 17.1.2018. Suom. huom.]
34. Marx Engelsille 2. elokuuta 1862. Teoksessa MECW. Vol. 41, 394; Kirjeitä, 130 .
35. Marx Engelsille 7. elokuuta 1862. Teoksessa MECW. Vol. 41, 399.
36. Karl Marx, Theories of Surplus Value. Vol. III. Teoksessa MECW. Vol. 32, 215.
37. Marx kutsui työaikaa tavaran arvon immanentiksi mitaksi ja rahaa puolestaan tämän arvon sisäisen mitan ilmenemismuodoksi ja sen ulkoiseksi mitaksi. Samuel Bailey hylkäsi Ricardon työarvoteorian, kiisti arvon immanentin mitan olemassaolon ja ajatteli, että talousteoria voidaan rakentaa pelkästään vaihtoarvojen tai hintojen pohjalta – kysymättä, mihin nuo hinnat perustuvat. Marx piti Baileyn asennetta epätieteellisenä. Suom. huom.
38. Sama, 373.
39. Sama, 450. [Marx piti arvossa klassisia poliittisia taloustieteilijöitä, kuten Smithiä ja Ricardoa, heidän tieteellisten saavutustensa perusteella. Nämä hän erotti vulgaaritaloustieteilijöistä, joita hän ei pitänyt vakavasti otettavina tutkijoina vaan pääoman apologeetteina. Suom. huom.]
40. Nämä muistikirjat muodostavat viimeisen osan vuosien 1861–1863 taloudellisten käsikirjoitusten osasta III.
41. Karl Marx, Theories of Surplus Value. Vol. III. Teoksessa MECW. Vol. 32, 453.
42. Karl Marx, Zur Kritik der politischen Ökonomie. Manuskript 1861–1863. Teoksessa MEGA2. Vol. II/3.5, 1598–1675.
43. Marxille lisäarvo on teollisuuskapitalistin välittömästi riistämän, maksamattoman työn arvotuote (m). Teollisuuskapitalisti ei kuitenkaan voi pitää riistämäänsä lisäarvoa itsellään, vaan se jakautuu kilpailussa uudelleen teollisuuskapitalistien, kauppapääomien, rahakauppapääomien ja maanomistajien kesken. Kaikki sellaiset tulot, jotka eivät perustu saajansa omaan työhön (edellä mainitut voitto, maankorko, rahankorko ja kauppiaanvoitto), ovat peräisin työväenluokan vastikkeetta tekemästä työstä. Suom. huom.
44. Sama, 1682–1773.
45. Marx Kugelmannille 28. joulukuuta 1862. Teoksessa MECW. Vol. 41, 435.
46. Sama .
47. Karl Marx, Theories of Surplus Value. Vol. III. Teoksessa MECW. Vol. 33, 347.
48. Marx Engelsille 24. maaliskuuta 1863. Teoksessa MECW. Vol. 41, 461.
49. Marx Engelsille 29. toukokuuta 1863. Sama, 474.
50. Marx Engelsille 12. kesäkuuta 1863. Sama, 479.
51. Marx Engelsille 6. heinäkuuta 1863. Sama, 485. Kirjeitä, 143.
52. Karl Marx, Marx’s Economic Manuscript of 1864—1865. Toim. Fred Moseley. Brill, Leiden 2015. [Ks. myös Vesa Oittinen & Paula Rauhala, Marx, Engels ja Pääoman III osa. Tiede & edistys 1/16, 84–89. Suom. huom.]
53. Vrt. Marcello Musto, Introduction. Teoksessa Marcello Musto, Workers Unite! The International 150 Years Later. Bloomsbury, London 2014, 1–68. [Ks. myös Musto 2014. Marxin mainitut internationaalitekstit ovat ilmestyneet myös suomeksi: Karl Marx, Kansainvälisen työväenliiton perustamismanifesti. Teoksessa Valitut teokset kuudessa osassa. Osa 3. Edistys, Moskva 1978, 279–289; Karl Marx, Kansainvälisen työväenliiton yleiset säännöt. Sama, 290–293. Suom. huom.]
54. Suomeksi Kansainvälinen työväenliitto (1864–1876). Suom. huom.
55. Marx Engelsille 4. marraskuuta 1864. Teoksessa MECW. Vol. 42, 12.
56. Marx Engelsille 14. marraskuuta 1864. Sama, 22.
57. Marx Engelsille 13. maaliskuuta 1865. Sama, 129–130.
58. Viisikymmentä painoarkkia vastasi noin 800 painettua sivua.
59. Agreement between Mr. Karl Marx and Mr. Otto Meissner, Publisher and Bookseller. Teoksessa MECW. Vol. 20, 361.
60. Marx Engelsille 31. heinäkuuta 1865. Teoksessa MECW. Vol. 42, 173.
61. Marx Engelsille, 5. elokuuta 1865. Sama, 175.
62. Marx Kugelmannille 15. tammikuuta 1866. Sama, 221. Kirjeitä, 176.
63. Marx Engelsille 10. helmikuuta 1866. Sama, 223.
64. Engels Marxille, 10. helmikuuta 1866. Sama, 225–226.
65. Sama, 226.
66. Marx lisäsi myöhemmin osuuden maankorosta osan III kuudenteen osastoon ”Lisävoiton muuttuminen maankoroksi”.
67. Kemistit Justus von Liebig (1803–1973) ja Christian Friedrich Schönbein (1799–1868). Suom. huom.
68. Marx Engelsille 13. helmikuuta 1866. Teoksessa MECW. Vol. 42, 227. [Marx viittaa tässä vuorotyöjärjestelmään, jota englantilaiset tehtailijat käyttivät ensimmäisten lasten ja nuorten työtä rajoittavien tehdaslakien kiertämiseksi. Lapset ja nuoret siirrettiin kesken työpäivän toiselle osastolle tai toiseen tehtaaseen. Näin harhautettiin tehtaantarkastajia. Kokonaistyöpäivä ei näin ollen ollut välttämättä aiempaa lyhyempi vaan usein jopa pidempi kuin ennen lasten työaikaa rajoittavia lakeja. Ks. Marx–Engels-Werke. Osa 31. Dietz, Berlin (Ost) 1965, 644. Suom. huom.]
69. Marx Engelsille 13. helmikuuta 1866. Teoksessa MECW. Vol. 42, 227.
70. Sama, 228.
71. Marx Engelsille 20. helmikuuta 1866. Sama, 231.
72. Engels Marxille 22. helmikuuta 1866. Sama, 233.
73. Perinteinen englantilainen kansanlaulu.
74. Marx Engelsille 24. maaliskuuta 1866. Sama, 249.
75. Marx Ludwig Kugelmannille 6. huhtikuuta 1866. Sama, 262.
76. Marx Engelsille 7. kesäkuuta 1866. Sama, 281.
77. Marx Engelsille 9. kesäkuuta 1866. Sama, 282.
78. Marx Ludwig Kugelmannille, 13. lokakuuta 1866. Sama, 328.
79. Marx Ludwig Kugelmannille, 13. lokakuuta 1866. Sama, 328–329.
80. Marx Engelsille 8. joulukuuta 1866. Sama, 336.
81. Marx Engelsille 21. helmikuuta 1867. Sama, 347.
82. Marx Engelsille 2. huhtikuuta 1867. Sama, 351.
83. Marx Engelsille 13. huhtikuuta 1867. Sama, 357.
84. Marx Johann Philip Beckerille, 17. huhtikuuta 1867. Sama, 358.
85. Marx Sigfrid Meyerille, 30. huhtikuuta 1867. Teoksessa MECW. Vol. 42, 367; Kirjeitä, 184–185. Suomennosta muokattu.
86. Engels Marxille 16. kesäkuuta 1867. Teoksessa MECW. Vol. 42, 381; Kirjeitä, 186.
87. Marx Engelsille 22. kesäkuuta 1867. Teoksessa MECW. Vol. 42, 383; Kirjeitä, 187.
88. Engels Marxille, 16. kesäkuuta 1867. Teoksessa MECW. Vol. 42, 380; Kirjeitä, 186.
89. Marx Engelsille 22. kesäkuuta 1867. Teoksessa MECW. Vol. 42, 383; Kirjeitä, 187 .
90. Marx Engelsille 16. elokuuta 1867. Teoksessa MECW. Vol. 42, 405; Kirjeitä, 190.
91. Marx Engelsille 24. elokuuta 1867. Teoksessa MECW. Vol. 42, 407; Kirjeitä, 190–191. [Vrt. alaviitteet 11 ja 20. Marx piti omana oivalluksenaan työn kaksinaista luonnetta eli sitä seikkaa, että tavarantuotannossa työ tuottaa toisaalta hyödyllisiä tuotteita ja palveluita, mutta toisaalta se tuottaa myös näiden rahallisen arvon. Näin ollen yhdellä ja samalla työllä on taloudellisesti kaksinaiset seuraukset. Tämä jännite vaikuttaa Marxin teorian jokaisella tasolla. Toisena oivalluksenaan Marx pitää sitä, että kaikki työstä välittömästi johtumattomat tulot (liikevoitto, kauppavoitto, rahankorko, maankorko) voidaan palauttaa palkkatyöläisten ilman korvausta tekemään lisätyöhön. Palkkatyöläiset tuottavat siis aina osan työajastaan vailla korvausta, ja tämän lisätyöajan tuote rahassa ilmaistuna, eli lisäarvo, jakautuu omistavan luokan kesken liikevoittona, rahankorkona ja maankorkona tiettyjen taloudellisten lakien mukaisesti. Vaikka Marxia edeltävät taloustieteilijät olivat käsitelleet lisäarvoa, he eivät olleet käsitelleet sitä sinänsä, yleisessä muodossaan, riippumatta niistä erityisistä muodoista, joita se kilpailussa omaksuu. Suom. huom.]
92. Ks. Karl Marx, Das Kapital. Kritik der Politischen Ökonomie. Erster Band. Hamburg 1867. Teoksessa MEGA2 II/5, 674.
93. Sama, 9–10.

Categories
Journal Articles

A escrita de O Capital

1. Dos Grundrisse à análise crítica das Teorias do mais-valor
Marx somente começou a escrever O capital muitos anos depois de iniciar seus estudos rigorosos de economia política. Desde 1843, ele já trabalhava com grande intensidade em direção àquela que mais tarde ele definiria como sua própria “economia”. Foi a erupção da crise financeira de 1857 que o forçou a começar seu trabalho. Marx estava convencido de que a crise que se desenvolvia em nível internacional criava as condições para um novo período revolucionário em toda a Europa. Ele esperava por esse momento desde as insurreições populares de 1848 e, agora que finalmente parecia ter chegado, não queria que os eventos o pegassem despreparado. Então, decidiu retomar seus estudos econômicos e dar-lhes uma forma acabada.

Este período foi um dos mais fecundos da sua vida: em poucos meses, conseguiu escrever mais do que nos anos precedentes. Em dezembro de 1857, escreveu a Engels: “Estou trabalhando como louco durante toda a noite e todas as noites, reunindo meus estudos econômicos para que eu possa ao menos ter os fundamentos [Grundrisse] claros antes do dilúvio.” (MARX; ENGELS, 2010i, p. 257)3

O trabalho de Marx era agora notável e abrangente. De agosto de 1857 a maio de 1858, ele preencheu os oito cadernos conhecidos como Grundrisse, enquanto, como correspondente do New York Tribune (o jornal de maior circulação nos Estados Unidos da América, com o qual colaborou a partir de 1851), escreveu dezenas de artigos sobre, entre outras coisas, o desenvolvimento da crise na Europa. Por fim, de outubro de 1857 a fevereiro de 1858, compilou três livros de extratos, chamados de Cadernos sobre as crises4. Graças a isso, é possível mudar a imagem convencional de um Marx que estuda a Ciência da lógica de Hegel à procura de inspiração para os Manuscritos de 1857-8, pois, naquela época, ele estava muito mais preocupado com os eventos ligados à maior crise já prevista. Ao contrário dos extratos que havia produzido anteriormente, esses manuscritos não eram compêndios das obras dos economistas, mas consistiam em uma grande quantidade de notas, recolhidas de vários jornais, sobre os principais desenvolvimentos da crise, tendências do mercado de ações, flutuações cambiais e falências importantes na Europa, nos Estados Unidos da América e em outras partes do mundo. Uma carta escrita a Engels em dezembro indica a intensidade de sua atividade:

Estou trabalhando intensamente, como regra, até às quatro horas da manhã. Estou empenhado numa dupla tarefa: 1. Elaborar os fundamentos da economia política. (Para o benefício do público, é absolutamente essencial abordar o assunto a fundo, assim como é, para mim mesmo, individualmente, livrar-me desse pesadelo.) 2. A crise atual. Além dos artigos para o [New York] Tribune, tudo o que faço é manter registros dela, o que, no entanto, leva uma quantidade considerável de tempo. Eu acho que, em algum momento da primavera, devemos fazer juntos um panfleto sobre o assunto. (MARX; ENGELS, 2010i, p. 224)5

Os Grundrisse foram divididos em três partes: uma “Introdução” metodológica, um “Capítulo sobre o dinheiro”, no qual Marx se ocupou do dinheiro e do valor, e um “Capítulo sobre o capital”, centrado no processo de produção e circulação do capital, e que abordou temas-chave, como o conceito de mais-valor e as formações econômicas que precederam o modo de produção capitalista. Contudo, mesmo o imenso esforço de Marx não lhe permitiu completar o trabalho. No final de fevereiro de 1858, ele escreveu a Lassalle:

Na verdade, tenho trabalhado nas etapas finais há alguns meses. Mas a coisa está indo muito devagar porque não se consegue dispor finalmente dos assuntos aos quais se devotou anos de estudo antes que eles comecem a revelar novos aspectos e demandar que se pense mais. (…) O trabalho que atualmente me preocupa é uma Crítica das Categorias Econômicas ou, se quiser, uma exposição crítica do sistema da economia burguesa. É ao mesmo tempo uma exposição e uma crítica do sistema. Eu tenho pouquíssima ideia de a quantas folhas isso vai chegar. (…) Agora que estou finalmente preparado para trabalhar depois de 15 anos de estudo, tenho, no final das contas, uma sensação desconfortável de que os movimentos turbulentos vindos de fora provavelmente interferirão. (MARX; ENGELS, 2010i, pp. 270-1)6

Não havia sinal do tão esperado movimento revolucionário que deveria nascer juntamente com a crise. Marx também abandonou o projeto de escrever um volume sobre a crise atual. Ainda assim, ele não conseguiu terminar o trabalho com o qual lutava havia muitos anos, pois sabia que ainda estava longe de uma conceptualização definitiva dos temas abordados no manuscrito. Portanto, os Grundrisse permaneceram apenas um rascunho, do qual – depois de ter trabalhado cuidadosamente o “Capítulo do dinheiro” –, em 1859, ele publicou um pequeno livro sem repercussão pública: Contribuição para a crítica da economia política.

Em agosto de 1861, Marx voltou a dedicar-se à crítica da economia política, trabalhando com tanta intensidade que, em junho de 1863, havia preenchido 23 cadernos volumosos sobre a transformação do dinheiro em capital, sobre o capital comercial e, acima de tudo, sobre as diversas teorias por meio das quais os economistas tentaram explicar o mais-valor7. Seu objetivo era concluir a Contribuição para a crítica da economia política, que tinha sido designada como a primeira parte do seu plano de trabalho. O livro publicado em 1859 continha um breve primeiro capítulo, “A mercadoria”, diferenciando valor de uso e valor de troca, e um segundo capítulo mais longo, “Dinheiro ou circulação simples”, tratando das teorias do dinheiro como uma unidade de medida. No “Prefácio”, Marx declarou: “Examino o sistema da economia burguesa na seguinte ordem: capital, propriedade da terra, trabalho assalariado, o estado, comércio exterior, mercado mundial.” (MARX; ENGELS, 2010b, p. 261)

Dois anos depois, o plano de Marx não havia mudado: ele ainda pretendia escrever seis livros, cada um dedicado a um dos temas listados por ele em 18598. No entanto, do verão de 1861 a março de 1862, ele trabalhou em um novo capítulo, “O capital em geral”, que pretendia tornar o terceiro capítulo no seu plano de publicação. No manuscrito preparatório contido nos primeiros cinco dos 23 cadernos compilados até o final de 1863, ele se concentrou no processo de produção do capital e, mais especificamente, em: 1) transformação do dinheiro em capital; 2) mais-valor absoluto; e 3) mais-valor relativo9. Alguns desses temas, já abordados nos Grundrisse, foram agora demonstrados com maior riqueza e precisão analítica.

Um alívio momentâneo dos imensos problemas econômicos que o atormentaram por anos permitiu a Marx dedicar mais tempo aos seus estudos e fazer significativos avanços teóricos. No final de outubro de 1861, ele escreveu a Engels que “as circunstâncias [tinham] finalmente se tranquilizado ao ponto que [ele tinha] ao menos um chão firme sob os [seus] pés novamente”. Seu trabalho para a New York Tribune garantia “duas libras por semana” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 323)10. Ele também firmou um contrato com Die Presse. Ao longo do ano anterior, ele havia “penhorado tudo que não estava efetivamente empenhado”, e sua condição deixou sua mulher profundamente deprimida. Mas agora a “dupla ocupação” prometia “colocar um fim à torturante existência levada por [sua] família” e permitir a ele “terminar seu livro”.

Não obstante, em dezembro, ele contou a Engels que foi forçado a deixar notas promissórias no açougue e no armazém e que sua dívida com variados credores chegou a cem libras (MARX; ENGELS, 2010j, p. 332)11. Por conta dessas preocupações, sua pesquisa progredia devagar: “Dadas as circunstâncias, havia de fato uma possibilidade pequena de dar às questões teóricas resoluções rápidas.” Mas ele avisou a Engels que “a coisa está assumindo uma forma muito mais popular, e o método está em menor evidência que na Parte I” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 333)12.

Nesse contexto dramático, Marx tentou pedir dinheiro emprestado à sua mãe, bem como a outros parentes e ao poeta Carl Siebel (1836-68). Em uma carta a Engels do final de dezembro, explicou que estas foram tentativas de evitar “importuná-lo” constantemente. De toda forma, nenhuma surtiu efeito. Nem o contrato com Die Presse estava dando certo, pois eles estavam publicando (e pagando por) somente metade dos artigos submetidos ao jornal. Confidenciou em resposta às mensagens de feliz ano-novo enviadas por seu amigo que se o novo ano mostrasse “qualquer semelhança com o antigo” ele iria “mandar logo ao diabo” (MARX; ENGELS, 2010j, pp. 337-8)13.

As coisas voltaram a piorar quando o New York Tribune, em face das restrições financeiras associadas à Guerra Civil Americana, teve de reduzir o número de seus correspondentes estrangeiros. O último artigo de Marx para o jornal foi publicado em 10 de março de 1862. A partir de então, ele teve de se virar sem aquela que tinha sido sua principal fonte de renda desde o verão de 1851. Naquele mesmo mês, o locador de sua casa ameaçou mover uma ação para recuperar o aluguel atrasado, e em tal caso – como contou a Engels –, ele seria “processado por tudo e por todos” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 344)14. E acrescentou logo em seguida: “Eu não estou indo bem com meu livro, já que o trabalho é frequentemente interrompido, ou seja, suspenso durante semanas a fio por distúrbios domésticos.” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 352)15

Durante esse período, Marx se lançou em uma nova área de pesquisa: Teorias do mais-valor16. Esta foi planejada para ser a quinta e última parte17 do longo terceiro capítulo sobre “O capital em geral”. Em mais de dez cadernos, Marx dissecou minuciosamente a maneira como os principais economistas haviam tratado a questão do mais-valor; sua ideia fundamental era que “todos os economistas compartilham o erro de examinar o mais-valor não como tal, em sua forma pura, mas nas formas particulares do lucro e da renda” (MARX; ENGELS, 2010c, p. 348)18.

No Caderno VI, Marx iniciou pela crítica dos fisiocratas. Em primeiro lugar, ele os reconheceu como os “verdadeiros pais da economia política moderna” (MARX; ENGELS, 2010c, p. 352), já que foram eles que “assentaram as bases para as análises da produção capitalista” e buscaram a origem do mais-valor não na “esfera da circulação” – na produtividade do dinheiro, como pensavam os mercantilistas –, mas na “esfera da produção”. Eles entenderam o “princípio fundamental de que somente aquele trabalho que é produtivo cria mais-valor” (MARX; ENGELS, 2010c, p. 354). Por outro lado, estando erroneamente convencidos de que o “trabalho agrícola” era “o único trabalho produtivo”, concebiam a “renda” como “a única forma de mais-valor” (MARX; ENGELS, 2010c, p. 355). Eles limitaram sua análise à ideia que a produtividade da terra possibilitou ao homem produzir “não mais do que o suficiente para mantê-lo vivo”. De acordo com essa teoria, então, o mais-valor aparecia como “uma dádiva da natureza” (MARX; ENGELS, 2010c, p. 357).

Na segunda metade do Caderno VI, e na maior parte dos Cadernos VII, VIII e IX, Marx se concentrou em Adam Smith, que não compartilhava da falsa ideia dos fisiocratas, para quem “um só tipo definido de trabalho concreto – trabalho agrícola – cria mais-valor” (MARX; ENGELS, 2010c, p. 391). De fato, aos olhos de Marx, um dos grandes méritos de Smith foi ter compreendido que, no processo de trabalho distintivo da sociedade burguesa, o capitalista “se apropria de graça, apropria-se sem pagar por isso, de uma parte do trabalho vivo” (MARX; ENGELS, 2010c, p. 388); ou, novamente, que “mais trabalho é trocado por menos trabalho (do ponto de vista do trabalhador), menos trabalho é trocado por mais trabalho (do ponto de vista do capitalista)”(MARX; ENGELS, 2010c, p. 393). A limitação de Smith, entretanto, foi sua incapacidade de diferenciar o “mais-valor como tal” das “formas específicas que ele assume no lucro e na renda” (MARX; ENGELS, 2010c, p. 389). Ele calculou o mais-valor não em relação à parte do capital do qual se originou, mas como “um excedente sobre o valor total do capital adiantado” (MARX; ENGELS, 2010c, p. 396), incluindo a parte que o capitalista gasta na compra de matérias-primas.

Marx expressou muitos desses pensamentos por escrito durante uma estada de três semanas com Engels em Manchester, em abril de 1862. Ao retornar, relatou a Lassalle:

Quanto ao meu livro, não será concluído por mais dois meses. Durante o ano passado, para evitar morrer de fome, tive de fazer o mais desprezível trabalho por encomenda e, muitas vezes, estive por meses sem poder adicionar uma linha à “coisa”. Além disso, também possuo o hábito de encontrar falhas em qualquer coisa que escrevi e não olhei por um mês, de modo que eu tenho de revisá-la completamente. (MARX; ENGELS, 2010j, p. 356)19

Marx retomou obstinadamente o trabalho e, até o início de junho, estendeu sua pesquisa a outros economistas, como Germain Garnier (1754-1821) e Charles Ganilh (1758-1836). Então, abordou mais profundamente a questão do trabalho produtivo e improdutivo, voltando a concentrar-se, particularmente, em Smith, que, apesar da falta de clareza em alguns aspectos, delineou a distinção entre os dois conceitos. Do ponto de vista capitalista, trabalho produtivo

é um trabalho assalariado que, trocado pela parte do capital que é gasta em salários, reproduz não só esta parte do capital (ou o valor de sua própria capacidade de trabalho), mas também produz mais-valor para o capitalista. É somente assim que a mercadoria ou o dinheiro são transformados em capital, são produzidos como capital. O único trabalho assalariado que é produtivo é aquele que produz capital (MARX; ENGELS, 2010d, p. 8).

O trabalho improdutivo, por outro lado, é “trabalho que não é trocado por capital, mas diretamente por receita, isto é, por salários e lucro” (MARX; ENGELS, 2010d, p. 12). Segundo Smith, a atividade dos soberanos – e dos oficiais jurídicos e militares que os cercam – não produzia valor e, dessa forma, era comparável aos afazeres dos empregados domésticos. Isto, Marx apontou, era a linguagem de uma “burguesia ainda revolucionária”, a qual ainda não havia “subjugado a si própria toda a sociedade, o estado, etc.”,

as profissões ilustres e tradicionalmente honradas – a de soberano, juiz, oficial, sacerdote etc. –, com todas as antigas castas ideológicas a que dão origem, seus homens de letras, seus professores e sacerdotes estão de um ponto de vista econômico no mesmo nível que o enxame de seus próprios lacaios e bobos da corte mantidos pela burguesia e pela riqueza ociosa – a aristocracia fundiária e os capitalistas ociosos (MARX; ENGELS, 2010d, p. 197).

No Caderno X, Marx voltou-se a uma análise rigorosa do Tableau économique de François Quesnay (1694-1774) (MARX; ENGELS, 2010j, p. 381)20. Ele o louvou aos céus, descrevendo-o como “uma concepção extremamente brilhante, incontestavelmente a mais brilhante pela qual a economia política até então seria responsável” (MARX; ENGELS, 2010d, p. 240).

Enquanto isso, as condições econômicas de Marx continuavam desesperadoras. Em meados de junho, ele escreveu a Engels: “Todos os dias, minha esposa diz desejar que ela e as crianças estivessem seguras em seus túmulos, e eu realmente não posso culpá-la, pois as humilhações, tormentos e alarmes pelos quais têm de passar em tal situação são de fato indescritíveis”. Já em abril, a família tivera de penhorar novamente todas as posses que havia recentemente recuperado da casa de penhor. A situação era tão extrema que Jenny decidiu vender alguns livros da biblioteca pessoal do marido – embora não conseguisse encontrar alguém que quisesse comprá-los.

Marx, no entanto, conseguiu “trabalhar duro” e, em meados de junho, manifestou sua satisfação a Engels: “estranho dizer, mas minha massa cinzenta está funcionando melhor em meio à pobreza circundante do que funcionou por anos” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 380)21. Continuando sua pesquisa, ele compilou os Cadernos XI, XII e XIII no decorrer do verão; eles se concentravam na teoria da renda, que ele decidiu incluir como “um capítulo extra” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 394)22 ao texto que estava preparando para publicação. Marx examinou criticamente as ideias de Johann Rodbertus (1805-75) e então passou a uma extensa análise das doutrinas de David Ricardo (1772-1823)23. Negando a existência da renda absoluta, Ricardo admitia um lugar somente para a renda diferencial relativa à fertilidade e à localização da terra. Nessa teoria, a renda era um excesso: não poderia ser mais nada, porque isso contradiria seu “conceito de valor como sendo igual a certa quantidade de tempo de trabalho” (MARX; ENGELS, 2010d, p. 359); ele teria de admitir que o produto agrícola era constantemente vendido acima do preço de custo, o qual calculou como a soma do capital adiantado e do lucro médio (MARX; ENGELS, 2010j, p. 396)24. A concepção marxiana de renda absoluta, em contrapartida, estipulava que “sob certas circunstâncias históricas (…) a propriedade fundiária de fato aumenta os preços das matérias-primas” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 398)25.

Na mesma carta dirigida a Engels, Marx escreveu ser “um verdadeiro milagre” que ele “tenha sido capaz de continuar [seu] escrito teórico a tal ponto” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 394). Seu locador tinha novamente ameaçado enviar os oficiais de justiça, enquanto os comerciantes com quem estava em débito falavam da retenção de suas provisões na fonte e em mover ação judicial contra ele. Mais uma vez, teve de recorrer a Engels para ajudá-lo, confidenciando que, não fossem sua esposa e filhos, ele “preferiria mudar para um abrigo a estar constantemente apertando [sua] carteira” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 399)26.

Em setembro, Marx escreveu a Engels que poderia conseguir um emprego “em um escritório ferroviário” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 417)27 no ano seguinte. Em dezembro, repetiu para Ludwig Kugelmann (1828-1902) que as coisas se tornaram tão desesperadoras que “decidiu tornar-se um ‘homem prático’”; no entanto, essa ideia não vingou. Marx relatou com seu típico sarcasmo: “Por sorte – ou talvez devesse dizer azar? – não consegui o emprego por causa da minha má caligrafia.” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 436)28 Enquanto isso, no início de novembro, ele confidenciou a Ferdinand Lassalle (1825-64) que havia sido forçado a suspender o trabalho “por cerca de seis semanas”, mas que estava “progredindo (…) com interrupções”. “No entanto”, acrescentou, “isso certamente será concluído logo mais.” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 426)29

Durante esse período, Marx completou mais dois cadernos, o XIV e o XV, com extensa análise crítica de vários teóricos da economia. Ele observou que Thomas Robert Malthus (1766 -1834), para quem o mais-valor decorria “do fato de que o vendedor vende a mercadoria acima do seu valor” (MARX; ENGELS, 2010e, p. 215), representava um retorno ao passado na teoria econômica, já que ele derivava o lucro da troca de mercadorias (MARX; ENGELS, 2010e, p. 215). Marx acusou James Mill (1773-1836) de compreender mal as categorias do mais-valor e do lucro; destacou a confusão produzida por Samuel Bailey (1791-1870), que falhou em distinguir a imanente medida do valor do próprio valor da mercadoria; e argumentou que John Stuart Mill (1806-73) não percebeu que “a taxa de mais-valor e a taxa de lucro” (MARX; ENGELS, 2010e, p. 373)30 eram duas grandezas diferentes, sendo esta última determinada não somente pelo nível dos salários, mas também por outras causas não diretamente atribuíveis a ele.

Marx também prestou especial atenção em vários economistas que se opuseram à teoria ricardiana, como o socialista Thomas Hodgskin (1787-1869). Finalmente, tratou do texto apócrifo Receita e suas fontes – em sua visão, um exemplo perfeito de “economia vulgar”, que traduzia em linguagem “doutrinária”, mas “apologética”, o “ponto de vista do setor dominante, isto é, dos capitalistas” (MARX; ENGELS, 2010e, p. 450). Com o estudo deste livro, Marx concluiu sua análise das teorias do mais-valor apresentadas pelos principais economistas do passado e começou a examinar o capital comercial, ou o capital que não criou, mas distribuiu o mais-valor31. Sua polêmica contra o “capital portador de juros” talvez “desfilasse como socialismo”, contudo, Marx não tinha tempo para tal “zelo reformista”, que não “tocava na verdadeira produção capitalista”, mas “apenas atacava uma de suas consequências”. Para Marx, pelo contrário:

A completa objetivação, inversão e destruição do capital como capital portador de juros – na qual, no entanto, a natureza interior da produção capitalista, [seu] distanciamento, simplesmente aparece em sua forma mais palpável – é o capital que produz “juros compostos”. Parece com um Moloch exigindo o mundo inteiro como um sacrifício que pertence a ele por direito, cujas demandas legítimas, decorrentes de sua própria natureza, nunca são cumpridas e sempre são frustradas por um destino misterioso. (MARX; ENGELS, 2010e, p. 453)

Marx continuou, no mesmo espírito:

Assim, são os juros, não o lucro, que parecem ser a criação de valor decorrente do capital como tal [… e], consequentemente, são considerados a receita específica criada pelo capital. Esta é também a forma como são concebidos pelos economistas vulgares. (…) Todas as conexões intermediárias são obliteradas, e a face fetichista do capital, como também o conceito de capital-fetiche, está completa. Esta forma surge necessariamente porque o aspecto jurídico da propriedade é separado do seu aspecto econômico e uma parte do lucro sob o nome de juros decorre do capital por si só, o qual está completamente separado do processo de produção ou do proprietário desse capital. Para o economista vulgar que deseja representar o capital como uma fonte de valor independente, uma fonte que cria valor, esta é, naturalmente, uma dádiva de Deus, uma forma na qual a fonte de lucro não é mais reconhecível, e o resultado do processo capitalista – separado do próprio processo – adquire uma existência independente. Em D-M-D’, uma conexão intermediária ainda é mantida. Em D-D’ temos a forma incompreensível de capital, a inversão e a materialização mais extremas das relações de produção. (MARX; ENGELS, 2010e, p. 458)

Seguindo os estudos sobre o capital comercial, Marx prosseguiu para aquela que pode ser considerada uma terceira fase dos manuscritos econômicos de 1861-3. Isso começou em dezembro de 1862, com a seção sobre “capital e lucro” no Caderno XVI, que indicou como sendo o “terceiro capítulo” (MARX, 1980, pp. 1.598-1.675). Nela, apresentou um esboço da distinção entre o mais-valor e o lucro. No Caderno XVII, também compilado em dezembro, voltou à questão do capital comercial (seguindo as reflexões do Caderno XV [cf. MARX, 1980, pp. 1.682-773]) e ao refluxo do dinheiro na reprodução capitalista. No final desse ano, Marx apresentou a Kugelmann um relatório do seu progresso, informando-lhe que “a segunda parte”, ou a “continuação da primeira parcela”, um manuscrito equivalente a “cerca de 30 folhas impressas”, estava “agora finalmente terminada”. Quatro anos após o primeiro esquema, presente na Contribuição para a crítica da economia política, Marx agora revisava a estrutura do seu plano de trabalho. Ele disse a Kugelmann que havia se decidido por um novo título, utilizando O capital pela primeira vez, e que o nome com o qual operou em 1859 seria “apenas o subtítulo” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 435)32. Fora isso, continuava trabalhando de acordo com o plano original. O que pretendia escrever seria “o terceiro capítulo da primeira parte, a saber, o capital em geral”33. O volume nas últimas etapas de preparação conteria “o que os ingleses chamam de ‘princípios da economia política’”. Juntamente com o que já havia escrito na edição de 1859, esse volume compreenderia a “quintessência” de sua teoria econômica. Com base nos elementos que estava preparando para tornar públicos, ele disse a Kugelmann, uma futura “sequência (com exceção, talvez, da relação entre as várias formas de estado e as várias estruturas econômicas da sociedade) poderia ser facilmente perseguida por outros”.

Marx pensou que seria capaz de produzir uma “cópia final” do manuscrito no novo ano, em seguida, planejava levá-la pessoalmente para a Alemanha. Então ele pretendia “concluir a apresentação de capital, concorrência e crédito” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 435)34. Na mesma carta a Kugelmann, comparou os estilos de escrita no texto publicado em 1859 e no trabalho que estava então preparando: “Na primeira parte, o modo de exposição adotado estava certamente longe de ser popular. Isto se deveu em certa medida à natureza abstrata do assunto (…). A presente parte é mais fácil de entender porque trata de condições mais concretas”. Para explicar a diferença, praticamente se justificando, ele acrescentou:

As tentativas científicas de revolucionar uma ciência nunca podem ser realmente populares. Mas, uma vez que as bases científicas são assentadas, a popularização é fácil. Novamente, se os tempos se tornarem mais turbulentos, pode-se selecionar as cores e nuances exigidas para uma apresentação popular desses assuntos específicos. (MARX; ENGELS, 2010j, p. 436)35

Poucos dias depois, no início do novo ano, Marx enumerou em mais detalhes as partes que conformariam seu trabalho. Em um esquema no Caderno XVIII, indicou que a “primeira seção [Abschnitt]”, “O processo de produção do capital”, seria dividida da seguinte forma:

1) Introdução. Mercadoria. Dinheiro. 2) Transformação de dinheiro em capital. 3) Mais-valor absoluto. (…) 4) Mais-valor relativo. (…) 5) Combinação do mais-valor absoluto e relativo. (…) 6) Reconversão do mais-valor em capital. Acumulação primitiva. A teoria da colonização de Wakefield. 7) Resultado do processo de produção. (…) 8) Teorias do mais-valor. 9) Teorias do trabalho produtivo e improdutivo. (MARX; ENGELS, 2010e, p. 347)

Marx não se limitou ao primeiro volume, mas também esboçou um esquema do que se destinava a ser a “terceira seção” de seu trabalho: “Capital e lucro”. Essa parte, que já indicava temas que estariam incluídos em O capital, Volume III, foi dividida da seguinte forma:

1) Conversão do mais-valor em lucro. Taxa de lucro como distinta da taxa de mais-valor. 2) Conversão de lucro em lucro médio. (…) 3) As teorias de Adam Smith e Ricardo sobre lucro e preços de produção. 4) Renda. (…) 5) História da chamada lei ricardiana da renda. 6) Lei da queda da taxa de lucro. 7) Teorias do lucro. (…) 8) Divisão do lucro em lucro industrial e juro. (…) 9) Receita e suas fontes. (…) 10) Movimentos de refluxo de dinheiro no processo de produção capitalista como um todo. 11) Economia vulgar. 12) Conclusão. Capital e trabalho assalariado. (MARX; ENGELS, 2010e, pp. 346-7)36

No Caderno XVIII, composto em janeiro de 1863, Marx continuou sua análise do capital mercantil. Avaliando George Ramsay (1855-1935), Antoine-Elisée Cherbuliez (1797-1869) e Richard Jones (1790-1855), ele inseriu alguns adendos ao estudo do modo como vários economistas haviam explicado o mais-valor.

As dificuldades financeiras de Marx persistiram durante esse período e, em verdade, começaram a piorar no começo de 1863. Ele escreveu a Engels que suas “tentativas de levantar dinheiro na França e na Alemanha [não deram] em nada”, que ninguém lhe forneceria alimentos a crédito e que “as crianças não [tinham] roupas ou sapatos para sair” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 442)37. Duas semanas depois, ele estava à beira do abismo. Em outra carta a Engels, confidenciou que havia proposto à sua companheira de vida o que agora parecia inevitável:

Minhas duas filhas mais velhas serão empregadas como governantas pela família Cunningham. Lenchen deve começar o serviço em outro lugar, e eu, juntamente com minha esposa e o pequeno Tussy, devemos morar no mesmo abrigo municipal onde Red Wolff já residiu com sua família. (MARX; ENGELS, 2010j, p. 445)38

Ao mesmo tempo, surgiram novos problemas de saúde. Nas primeiras duas semanas de fevereiro, Marx estava “estritamente proibido de qualquer leitura, escrita e também de fumar”. Sofria de “algum tipo de inflamação ocular, combinada com a mais desagradável crise nervosa”. Ele só pôde retornar aos seus livros na metade do mês, quando confessou a Engels que, durante os longos dias ociosos, esteve tão alarmado que “se entregou a todas as formas de fantasias psicológicas sobre como seria estar cego ou demente” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 453)39. Em pouco mais de uma semana, tendo se recuperado dos problemas oculares, desenvolveu um novo distúrbio hepático destinado a persegui-lo por muito tempo. Visto que o Dr. Allen, seu médico, teria imposto um “longo tratamento”, que significaria interromper todo o seu trabalho, ele pediu a Engels que conseguisse com o Dr. Eduard Gumpert que recomendasse um “remédio caseiro” mais simples (MARX; ENGELS, 2010j, p. 460)40.

Durante esse período, afora os breves momentos em que estudou maquinaria, Marx teve de suspender seus estudos econômicos mais abrangentes. Em março, no entanto, ele resolveu “compensar o tempo perdido com trabalho duro” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 461)41. Compilou dois cadernos, o XX e o XXI, que tratavam da acumulação, da subsunção real e formal do trabalho ao capital e da produtividade do capital e do trabalho. Seus argumentos estavam correlacionados ao tema principal de sua pesquisa no momento: o mais-valor.

No final de maio, escreveu a Engels que, nas semanas anteriores, também estudou a questão polonesa42 no Museu Britânico: “O que eu fiz, por um lado, foi preencher as lacunas do meu conhecimento (diplomático e histórico) acerca do caso russo-prussiano-polonês e, por outro lado, ler e anotar excertos de todo tipo de literatura anterior sobre a parte da economia política que eu elaborei.” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 474)43 Essas notas de trabalho, escritas em maio e junho, foram reunidas em oito cadernos adicionais, que vão do A ao H, os quais continham centenas de outras páginas resumindo os estudos econômicos dos séculos XVIII e XIX44.

Marx também informou a Engels que, sentindo-se “mais ou menos capaz de trabalhar novamente”, estava determinado a “tirar o peso de seus ombros” e que, portanto, pretendia “fazer uma cópia final da economia política para impressão (e dar a ela um acabamento final)”. Contudo, continuava sofrendo com um “fígado muito inchado” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 474)45, e na metade de junho, apesar do “enxofre devastador”, ainda “não estava em forma” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 479)46. Em todo caso, voltou ao Museu Britânico e, em meados de julho, informou a Engels que estava mais uma vez dedicando “dez horas por dia ao trabalho sobre economia”. Esses foram precisamente os dias em que, ao analisar a reconversão do mais-valor em capital, ele preparou no Caderno XXII uma reformulação do Tableau économique de Quesnay (MARX; ENGELS, 2010j, p. 485)47. Em seguida, compilou o último caderno da série iniciada em 1861 – o XXIII – que consistia principalmente em notas e observações complementares.

Ao final desses dois anos de trabalho árduo e após um reexame crítico mais profundo dos principais teóricos da economia política, Marx estava mais determinado do que nunca a completar a grande obra de sua vida. Embora ainda não tivesse resolvido em definitivo muitos dos problemas conceituais e expositivos, sua conclusão da parte histórica agora o levava a retornar às questões teóricas.

2. A escrita dos três volumes
Marx rangeu os dentes e embarcou em uma nova fase de seus trabalhos. A partir do verão de 1863, começou a estrutura de fato do que se tornaria o seu magnum opus48. Até dezembro de 1865, ele se dedicou às versões mais extensas das várias subdivisões, preparando rascunhos em torno do Volume I, a maior parte do Volume III (sua única consideração do processo completo de produção capitalista [cf. MARX, 2015]) e a versão inicial do Volume II (a primeira apresentação geral do processo de circulação do capital). No que diz respeito ao plano de seis volumes, indicado, em 1859, no “Prefácio” da Contribuição para a crítica da economia política, Marx acrescentou uma série de temas relacionados à renda e aos salários que, originalmente, deveriam ser tratados nos volumes II e III. Em meados de agosto de 1863, ele atualizou Engels dos passos seguintes:

Por um lado, meu trabalho (de preparação do manuscrito para publicação) está indo bem. Na elaboração final, as coisas estão, penso eu, assumindo uma forma bastante popular. (…) Por outro lado, apesar do fato de eu escrever todos os dias, não está indo tão rápido quanto a minha própria ansiedade, há muito submetida a uma prova de paciência, talvez exija. De qualquer forma, será 100% mais compreensível do que o nº 149. (MARX; ENGELS, 2010j, p. 488)50

Marx manteve a velocidade ao longo do outono, concentrando-se na escrita do Volume I. Mas, como resultado, sua saúde rapidamente piorou e, em novembro, viu aparecer o que sua esposa chamou de “doença terrível”, contra a qual lutaria por muitos anos de sua vida. Era um caso de carbúnculos51, uma infecção desagradável que se manifestava em abscessos e feridas graves e debilitantes em várias partes do corpo.

Por causa de uma grave úlcera que sucedeu um grande carbúnculo, Marx teve de realizar uma operação e “por bastante tempo sua vida esteve em perigo”. De acordo com o relato posterior de sua esposa, a condição crítica durou “quatro semanas” e causou em Marx severas e constantes dores, juntamente com “preocupações atormentadoras e todo tipo de sofrimento mental”, dado que a situação financeira da família se manteve “à beira do abismo” (MARX, 1973, p. 288).

No início de dezembro, quando estava em vias de se recuperar, Marx disse a Engels que “tinha estado com um pé na cova” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 495)52 – dois dias depois, essa sua condição física o apanhou como “um bom tema para um conto”. De frente, ele parecia com alguém que “deleitava o seu homem interior com um vinho do porto, vermelho, forte, e um enorme pedaço de carne”. Mas, “pelas costas, no homem exterior, havia um maldito carbúnculo” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 497)53.

Neste contexto, a morte da mãe de Marx o obrigou a viajar para a Alemanha a fim de resolver questões relativas à herança. Sua condição novamente se deteriorou durante a viagem, e no caminho de volta isso o forçou a parar por alguns meses no seu tio Lion Philips, em Zaltbommel, na Holanda. Durante este tempo, um carbúnculo, maior do que todos os anteriores, apareceu na perna direita, bem como extensos furúnculos em sua garganta e costas; a dor decorrente deles era tão grande que o mantinha acordado durante a noite. Na segunda quinzena de janeiro de 1864, escreveu a Engels que se sentia “como um verdadeiro Lázaro (…), golpeado por todos os lados ao mesmo tempo” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 507)54.

Depois de voltar a Londres, todas as infecções e irritações de pele continuaram a afetar a saúde de Marx no início da primavera, e ele só conseguiu retomar seu plano de trabalho em meados de abril, após uma interrupção de mais de cinco meses. Naquele tempo, continuou a concentrar-se no Volume I, e parece provável que tenha sido precisamente então que redigiu os assim chamados “Resultados do processo de produção imediato”, a única parte da versão inicial que foi preservada.

No final de maio, novos tumores purulentos apareceram em seu corpo e provocaram tormentos indescritíveis. Com a intenção de continuar com o livro a todo custo, ele evitou novamente o Dr. Allen e suas pretensões de um “tratamento regular”, o que teria interrompido o trabalho que simplesmente “tinha de fazer”. Marx sentia o tempo todo que “havia algo errado”, e confessou suas dúvidas ao amigo em Manchester: “A tremenda energia que eu tenho de convocar antes de poder abordar assuntos mais difíceis também contribui para esse senso de inadequação. Desculpe-me o termo espinosista.” (MARX; ENGELS, 2010j, p. 530)55

A chegada do verão não mudou suas precárias circunstâncias. Nos primeiros dias de julho, ele adoeceu, caiu gripado, e não conseguiu escrever56. E, duas semanas depois, esteve imobilizado por dez dias devido a uma séria lesão pustulenta em seu pênis. Só depois de um repouso com a família em Ramsgate, entre a última semana de julho e os dez primeiros dias de agosto, foi possível forçar-se a trabalhar. Ele começou o novo período de escrita com o Volume III: Parte Dois, “A conversão do lucro em lucro médio”, posteriormente, a Parte Um, “A conversão do mais-valor em lucro” (que foi concluída, provavelmente, entre o final de outubro e o início de novembro de 1864). Durante esse período, participou assiduamente das reuniões da Associação Internacional dos Trabalhadores, para a qual escreveu em outubro o discurso inaugural e os estatutos. Também nesse mês, escreveu a Carl Klings (1828 -?), um trabalhador metalúrgico de Solingen, que tinha sido membro da Liga dos Comunistas, e contou-lhe de seus vários percalços e o motivo da sua inevitável lentidão:

Fiquei doente durante o ano passado (sendo atingido por carbúnculos e furúnculos). Se não fosse por isso, meu trabalho sobre economia política, O capital, já teria saído. Espero que eu agora possa, finalmente, terminá-lo em alguns meses e dê à burguesia um golpe teórico do qual nunca se recuperará. (…) Você pode confiar, meu sempre leal defensor da classe trabalhadora. (MARX; ENGELS, 2010k, p. 4)57

Retomando o trabalho depois de uma pausa para cumprir deveres com a Internacional, Marx escreveu a Parte Três do Volume III, intitulada “A lei da queda tendencial da taxa de lucro”. Este trabalho foi acompanhado de outro surto da sua doença. Em novembro, “outro carbúnculo apareceu abaixo de [seu] peito direito” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 12)58, deixando-o de cama por uma semana e continuando a incomodá-lo quando se “inclinava para a frente para escrever” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 22)59. No mês seguinte, temendo outro possível carbúnculo no lado direito, decidiu tratá-lo sozinho. Ele confiou a Engels que estava relutante em consultar o Dr. Allen, que não sabia sobre sua tentativa de tratamento prolongado com um remédio à base de arsênico e lhe daria uma “terrível reprimenda” por causa do “tratamento dos carbúnculos pelas suas costas” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 51)60.

De janeiro a maio de 1865, Marx se dedicou ao Volume II. Os manuscritos foram divididos em três capítulos, que eventualmente se tornaram partes na versão que Engels publicou em 1885: 1) As metamorfoses do capital; 2) A reviravolta do capital; e 3) Circulação e reprodução. Nessas páginas, Marx desenvolveu novos conceitos e conectou algumas das teorias dos volumes I e III.

Também no novo ano, contudo, o carbúnculo não parou de perseguir Marx e, em meados de fevereiro, houve outro surto da doença. Ele disse a Engels que, ao contrário do ano anterior, suas “faculdades não foram afetadas” e que estava “perfeitamente capaz de trabalhar” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 107)61. Mas tais previsões revelaram-se excessivamente otimistas: até o início de março, o “problema antigo [estava] atacando[-o] em vários lugares delicados e ‘alarmantes’, de modo que se sentar [era] difícil” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 115)62. Além dos “furúnculos”, que persistiram até meados do mês, a Internacional tomou uma “enorme quantidade de tempo”. Ainda assim, ele não parou de trabalhar no livro, mesmo que isto significasse que, às vezes, “não dormisse antes das quatro da manhã” (MARX; ENGELS, 2010k, pp. 129-30)63.

Um último estímulo para completar logo as partes que faltavam foi o contrato da editora. Graças à intervenção de Wilhelm Strohn, um antigo camarada dos tempos de Liga dos Comunistas, Otto Meissner (1819-1902), enviou-lhe uma carta de Hamburgo, em 21 de março, que incluía um acordo para publicar “a obra O capital: contribuição para a crítica da economia política”. Deveria ter “aproximadamente 50 assinaturas64 de comprimento [e ser] publicada em dois volumes” (MARX; ENGELS, 2010a, p. 361)65.

O tempo era curto e, certa vez, no final de abril, Marx escreveu a Engels que se sentia “tão mole quanto um trapo molhado (…), em parte por trabalhar até tarde da noite (…), em parte pela porcaria diabólica [que ele estava] tomando” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 148)66. Em meados de maio, “um carbúnculo horrível” apareceu no quadril esquerdo, “perto da parte inexprimível do corpo” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 158)67. Uma semana depois, os furúnculos estavam “ainda lá”, embora, felizmente, “eles apenas perturba[ssem-no] localmente e não incomoda[ssem] o juízo”. Ele usou bem o tempo em que se encontrou “apto para o trabalho” e disse a Engels que estava “trabalhando como uma mula” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 159)68.

Entre a última semana de maio e o final de junho, Marx compôs um breve texto chamado Salário, preço e lucro69. Nele, contestou a tese de John Weston de que os aumentos salariais não seriam favoráveis à classe trabalhadora e que as demandas sindicais por salários mais elevados eram na verdade prejudiciais. Marx mostrou que, pelo contrário, “um aumento geral dos salários resultaria em uma queda na taxa geral de lucro, mas não afetaria os preços médios das mercadorias, ou seus valores” (MARX; ENGELS, 2010a, p. 144).

No mesmo período, Marx também escreveu a Parte Quatro do Volume III, intitulando-a “Transformação de capital-mercadoria e de capital monetário em capital de comércio de mercadorias e capital de comércio de dinheiro”. No final de julho de 1865, ele deu a Engels outro relatório do seu progresso:

Há mais três capítulos a serem escritos para completar a parte teórica (os primeiros três livros). Depois, ainda há o quarto livro, o histórico-literário, a ser escrito, que, em termos comparativos, será a parte mais fácil para mim, já que todos os problemas teriam sido resolvidos nos primeiros três livros, de modo que este último seja algo mais próximo de uma repetição em forma histórica. Mas eu não consigo me fazer entregar nada até que tenha tudo à minha frente. Quaisquer que sejam as deficiências que possam haver, a vantagem de meus escritos é que eles são um todo artístico, e isso só pode ser alcançado através da minha prática de nunca publicar as coisas até que eu as tenha em minha frente na sua totalidade. (MARX; ENGELS, 2010k, p. 173)70

Quando desvios inevitáveis e uma série de eventos negativos o forçaram a reconsiderar seu método de trabalho, Marx se perguntou se não poderia ser mais útil primeiro produzir uma cópia acabada do Volume I, para que pudesse publicá-lo imediatamente ou, em vez disso, terminar de escrever todos os volumes que conformariam o trabalho. Em outra carta a Engels, disse que o “ponto em questão” era se deveria “fazer uma cópia final de parte do manuscrito e enviá-lo para o editor, ou terminar de escrever tudo primeiro”. Ele preferiu a última solução, mas assegurou ao amigo que seu trabalho nos outros volumes não seria desperdiçado:

[Sob as circunstâncias], o progresso foi tão rápido quanto poderia ser possível a qualquer um, mesmo sem nenhuma consideração artística. Além disso, como eu tenho um limite máximo de  60 folhas impressas 71, é absolutamente essencial que eu tenha tudo à minha frente, para saber quanto tem que ser condensado e riscado, de modo que as seções individuais sejam uniformemente equilibradas e na dimensão dos limites prescritos (MARX; ENGELS, 2010k, p. 175).72

Marx confirmou que “não pouparia nenhum esforço para completar o mais rápido possível”; aquilo era um “fardo tenebroso” para ele. Impedia-o “de fazer qualquer outra coisa” e ele estava ansioso para tirá-lo do caminho antes de uma nova agitação política: “Eu sei que esse tempo não ficará parado para sempre como está agora.” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 175)73

Embora tenha decidido avançar na conclusão do Volume I, Marx não queria abandonar o que havia feito no Volume III. Entre julho e dezembro de 1865, ele redigiu, embora de forma fragmentária, a Parte Cinco (“Divisão do lucro em ganho empresarial e juros. Capital portador de juros”), Parte Seis (“Transformação do lucro excedente em renda fundiária”) e Parte Sete (“Os rendimentos e suas fontes”)74. A estrutura que Marx deu ao Volume III, entre o verão de 1864 e o final de 1865, foi, portanto, muito semelhante ao esquema de 12 pontos de janeiro de 1863, contido no Caderno XVIII dos manuscritos sobre teorias do mais-valor.

A ausência de dificuldades financeiras que permitiu a Marx avançar em seu trabalho não duraria muito; elas reapareceram após cerca de um ano, e sua saúde tornou a piorar no decorrer do verão. Além disso, seus deveres para com a Internacional foram particularmente intensos em setembro, em razão da sua primeira conferência, em Londres. Em outubro, Marx visitou Engels em Manchester e, quando voltou a Londres, teve de enfrentar os eventos mais terríveis: sua filha Laura ficou doente, o locador ameaçava novamente despejar sua família e enviar os oficiais de justiça e “cartas ameaçadoras” começaram a “sair pelo ladrão”. Sua esposa, Jenny, estava “tão desolada” que – como relatou a Engels – “não teve a coragem de explicar o verdadeiro estado de coisas a ela” e “realmente não sab[ia] o que fazer” (MARX; ENGELS, 2010k, pp. 193-94)75. A única “boa notícia” foi a morte de uma tia de 73 anos em Frankfurt, de quem ele esperava receber uma pequena parcela da herança.

3. A conclusão do Volume I
No início de 1866, Marx lançou-se sobre o novo rascunho de O capital, Volume I. Em meados de janeiro, ele atualizou Wilhelm Liebknecht (1826-1900) sobre a situação: “Indisposição, (…) toda sorte de infelizes reveses, demandas feitas a mim pela Associação Internacional etc. têm confiscado todos os momentos livres que eu tenho para escrever a cópia final do meu manuscrito”. No entanto, pensava estar perto do fim e que seria “capaz de entregar o Volume I ao editor para publicação em março”. Ele acrescentou que seus “dois volumes aparecer[iam] simultaneamente” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 219)76. Em outra carta, enviada no mesmo dia a Kugelmann, falou sobre estar “ocupado 12 horas por dia escrevendo a cópia final” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 221)77, mas esperava levá-la ao editor em Hamburgo dentro de dois meses.

Contrariamente às suas previsões, no entanto, ele passaria o ano inteiro em luta contra os carbúnculos e seu agravado estado de saúde. No final de janeiro, sua esposa, Jenny, informou ao velho camarada de luta Johann Philipp Becker (1809-86) que seu marido havia “sido novamente derrubado pela sua antiga enfermidade, perigosa e extremamente dolorosa”. Desta vez, foi mais “angustiante” para ele, porque interrompeu “a cópia do livro que [tinha] apenas começado”. Em sua opinião, “essa nova erupção foi simples e unicamente devida ao excesso de trabalho e às longas horas sem dormir à noite” (MARX, 2010a, pp. 570-1)78.

Poucos dias depois, Marx foi atingido pelo ataque mais virulento até então, correndo o risco de perder a vida. Quando se recuperou o suficiente para começar a escrever novamente, confidenciou a Engels:

Desta vez foi por um triz. Minha família não soube o quão grave era o caso. Se o problema se repete nesta forma três ou quatro vezes mais, eu serei um homem morto. Estou extraordinariamente consumido e ainda muito fraco, não na mente, mas em meus lombos e nas minhas pernas. Os médicos têm razão ao pensar que o trabalho excessivo durante a noite foi a principal causa dessa recaída. Mas eu não posso dizer a esses senhores os motivos que me obrigam à extravagância – nem haveria propósito fazê-lo. Neste momento, tenho todos os tipos de pequenas progênies sobre meu corpo, o que é doloroso, mas ao menos não mais perigoso. (MARX; ENGELS, 2010k, p. 223)79

Apesar de tudo, os pensamentos de Marx ainda estavam dirigidos principalmente para a tarefa à frente dele:

O mais odioso para mim foi a interrupção do meu trabalho, que estava indo de modo esplêndido desde primeiro de janeiro, quando me recuperei da minha queixa hepática. Não havia nenhum problema em “sentar-me”, é claro (…). Eu era capaz de avançar, mesmo que fosse por curtos períodos do dia. Eu não poderia fazer nenhum progresso com a parte realmente teórica. Meu cérebro não estava preparado para isso. Portanto, elaborei a seção sobre a “Jornada de trabalho” do ponto de vista histórico, que não fazia parte do meu plano original. (MARX; ENGELS, 2010k, pp. 223-4)80

Marx concluiu a carta com uma frase que resumiu bem esse período de sua vida: “Meu livro requer todo o meu tempo de escrita.” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 224)81 Isso foi ainda mais verdadeiro em 1866.

A situação estava agora preocupando seriamente Engels. Temendo o pior, ele interveio firmemente para persuadir Marx de que não poderia mais seguir no mesmo caminho:

Você realmente deve, por fim, fazer agora algo sensato para se livrar dessa bobagem de carbúnculo, mesmo que o livro seja atrasado por mais três meses. A coisa está realmente se tornando muito séria, e se, como você diz, seu cérebro não está à altura da parte teórica, então dê um pouco de descanso para a teoria mais elevada. Abra mão de trabalhar durante a noite por um tempo e leve uma vida muito mais normal. (MARX; ENGELS, 2010k, pp. 225-6)82

Engels imediatamente consultou o Dr. Gumpert, que aconselhou outro ciclo de arsênico, mas também fez algumas sugestões sobre a conclusão de seu livro. Ele queria ter certeza de que Marx havia abandonado a ideia fora da realidade de escrever todo O capital antes de ser publicada qualquer parte. “Você não pode organizar as coisas”, perguntou ele, “para que pelo menos o primeiro volume seja enviado para impressão antes e o segundo alguns meses depois?”83. Levando tudo em conta, ele terminou com uma observação sábia: “Qual seria o ganho nessas circunstâncias de ter talvez alguns capítulos do final do livro completos e nem sequer o primeiro volume em condições de ser impresso, caso os eventos nos surpreendam?” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 226)

Marx respondeu a cada um dos argumentos de Engels, alternando entre tons sérios e graciosos. No que dizia respeito ao arsênico, ele escreveu: “Diga ou escreva para Gumpert que me envie a receita com instruções de uso. Ele deve isso tão somente ao bem da ‘economia política’, ignorando a etiqueta profissional e me tratando de Manchester, eu confio nele.” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 227)84 Quanto aos seus planos de trabalho, escreveu:

No que diz respeito a este “maldito” livro, a posição agora é: estava pronto no final de dezembro. O tratado sobre a renda da terra sozinho, o penúltimo capítulo, na sua forma atual, é quase o suficiente para ser um livro em si mesmo85. Eu tenho ido ao Museu durante o dia e escrito à noite. Eu tive de arar a nova química agrícola alemã, em particular Liebig e Schönbein, que é mais importante para este assunto do que todos os economistas reunidos, bem como a enorme quantidade de material que os franceses produziram desde a última vez que lidei com esse ponto. Concluí minha investigação teórica sobre a renda da terra há dois anos. E muito se avançou, especialmente, no período posterior, confirmando incidentalmente toda a minha teoria. Além da abertura do Japão (em geral, eu não leio livros de viagem se não estou profissionalmente obrigado). Então, aqui estava a “mudança de sistema”, como foi aplicada por aqueles vira-latas dos fabricantes ingleses a uma e às mesmas pessoas em 1848-50, sendo aplicado por mim para mim. (MARX; ENGELS, 2010k, p. 227)86

Estudos diurnos na biblioteca para se manter atento às últimas descobertas e trabalho noturno em seu manuscrito: esta foi a rotina punitiva a que Marx se submeteu em um esforço para usar todas as suas energias na conclusão do livro. Sobre a tarefa principal, escreveu a Engels: “Embora pronto, o manuscrito, que na sua forma atual é gigantesco, não é adequado para ser publicado por ninguém além de mim mesmo, nem sequer você.” Deu então uma ideia sobre as semanas precedentes:

Eu comecei a copiar e a polir o estilo pontualmente em primeiro de janeiro, e tudo fluiu, já que eu naturalmente me divirto em lamber o bebê para limpá-lo após as longas dores do parto. Mas então o carbúnculo interveio novamente, de modo que, desde então, não consegui fazer mais progresso, apenas preencher com mais fatos as seções que estavam, de acordo com o plano, já terminadas. (MARX; ENGELS, 2010k, p. 227)87

No final das contas, ele aceitou o conselho de Engels para desdobrar o planejamento de publicação: “Concordo com você e entrego o primeiro volume a Meissner assim que estiver pronto.” “Mas”, acrescentou, “para concluí-lo, tenho de primeiro poder me sentar.” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 227)88

Em verdade, a saúde de Marx continuava a deteriorar-se. No final de fevereiro, dois grandes carbúnculos apareceram em seu corpo, e ele tentou tratá-los sozinho. Disse a Engels que usou uma “lâmina afiada” para se livrar do “mais alto”, lancinando “o vira-lata” sozinho. “O sangue infectado (…) jorrava, ou melhor, saltava no ar”, e a partir daí pensou que o carbúnculo estivesse “sepultado”, embora precisasse de “algum cuidado”. Quanto ao “mais baixo”, escreveu: “Está se tornando maligno e ficando além do meu controle. (…) Se esse negócio diabólico avança, eu terei de mandar buscar Allen, é claro, porque, devido ao local, não posso vê-lo e curá-lo sozinho.” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 231)89

Após esse relato angustiante, Engels repreendeu seu amigo mais severamente do que nunca: “Ninguém pode suportar uma sucessão tão crônica de carbúnculos por muito tempo, além do que, você pode eventualmente obter um que se torne tão agudo que seja o seu fim. E onde estarão seu livro e sua família então?” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 233)90 Para dar um pouco de alívio a Marx, ele disse que estava preparado para fazer qualquer sacrifício financeiro. Implorando-lhe que fosse “sensato”, sugeriu um período de descanso total:

Faça o único favor de curar-se, por mim e sua família. O que seria de todo o movimento se alguma coisa acontecesse a você, e da maneira como você está procedendo, esse será o resultado inevitável. Eu realmente não terei paz nenhum dia ou noite até que o tenha convencido desse objetivo, e cada dia que passa sem que ouça notícias suas, eu me preocupo e imagino que você esteja ainda pior. Nota bene. Você nunca mais deve deixar as coisas chegarem a tal ponto que um carbúnculo que realmente deveria ser lancetado não é lancetado. Isso é extremamente perigoso. (MARX; ENGELS, 2010k, pp. 233-4)91

Finalmente, Marx se deixou persuadir a fazer uma pausa do trabalho. Em 15 de março, viajou para Margate, uma estância balneária em Kent, e no décimo dia enviou um relatório sobre si:

Não estou lendo nada, não estou escrevendo nada. O simples fato de ter de tomar o arsênico três vezes ao dia obriga a organizar o tempo para as refeições e para passear. (…) No que diz respeito à vida social aqui, ela não existe, é claro. Eu posso cantar com o Miller of the Dee92: “Não me importo com ninguém e ninguém se importa comigo.” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 249)93

No início de abril, Marx disse a seu amigo Kugelmann que estava “recuperadíssimo”. Mas se queixou que, devido à interrupção, “outros dois meses ou mais” tinham sido completamente perdidos, e a conclusão de seu livro “atrasava mais uma vez” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 262)94. Depois de retornar a Londres, permaneceu paralisado por mais algumas semanas devido a um ataque de reumatismo e outros problemas; seu corpo ainda estava exausto e vulnerável. Embora tenha relatado a Engels no início de junho que, “felizmente, não houve recorrência de nada relacionado aos carbúnculos” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 281)95, estava infeliz porque seu trabalho vinha “progredindo mal devido a fatores puramente físicos” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 282)96.

Em julho, Marx teve de enfrentar aqueles que se tornaram seus três inimigos habituais: o periculum in mora (perigo da demora) de Tito Lívio, na forma do aluguel atrasado; os carbúnculos, com uma nova ferida pronta para surgir; e um fígado enfermo. Em agosto, assegurou a Engels que, embora sua saúde “oscila[sse] de um dia para o outro”, ele se sentia em geral melhor: afinal, “a sensação de estar apto a trabalhar novamente faz muito bem para um homem” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 303)97. Estava “ameaçado por um novo carbúnculo aqui e ali”, e, embora “seguissem desaparecendo” sem a necessidade de uma intervenção de urgência, obrigavam-no a manter suas “horas de trabalho muito estritas” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 311)98. No mesmo dia, escreveu a Kugelmann: “Não acho que seja capaz de entregar o manuscrito do primeiro volume (ele agora cresceu para três volumes) em Hamburgo antes de outubro. Eu só posso trabalhar de forma produtiva por poucas horas diárias sem sentir imediatamente os efeitos físicos.” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 312)99

Também desta vez, Marx estava sendo excessivamente otimista. O fluxo constante de fenômenos negativos, aos quais estava diariamente exposto na luta para sobreviver, mais uma vez provou ser um obstáculo para a conclusão do seu texto. Além disso, ele tinha de gastar um tempo precioso procurando maneiras de extrair pequenas somas de dinheiro da casa de penhores e escapar do tortuoso ciclo de notas promissórias no qual havia caído.

Escrevendo a Kugelmann em meados de outubro, Marx expressou o temor de que, como resultado de sua longa doença e de todas as despesas que ela implicou, ele não mais pudesse “manter os credores a distância”, e o teto estava “prestes a ruir sobre [sua] cabeça” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 328)100. Nem sequer em outubro, portanto, foi possível que ele desse os toques finais ao manuscrito. Ao descrever o estado das coisas a seu amigo em Hannover, e explicando os motivos da demora, Marx definiu o plano que agora tinha em mente:

Minhas circunstâncias (intermináveis interrupções, tanto físicas como sociais) me obrigam a publicar primeiro o Volume I, não ambos os volumes juntos, como eu pretendia originalmente. E agora haverá provavelmente três volumes. O trabalho todo está dividido nas seguintes partes:

Livro I. O processo de produção do capital.
Livro II. O processo de circulação do capital.
Livro III. Estrutura do processo como um todo.
Livro IV. Sobre a história da teoria.

O primeiro volume incluirá os primeiros dois livros. O terceiro livro, creio, enche o segundo volume, o quarto o terceiro. (MARX; ENGELS, 2010k, p. 328)101

Revisando o trabalho que fez desde a Contribuição para a crítica da economia política, que foi publicado em 1859, Marx continuou:

Era, na minha opinião, necessário começar de novo desde o início o primeiro livro, ou seja, resumir o meu livro, publicado por Duncker, em um capítulo sobre mercadoria e dinheiro. Eu julguei que isso fosse necessário, não apenas por causa da completude, mas porque mesmo as pessoas inteligentes não entenderam adequadamente a questão, em outras palavras, deve ter havido defeitos na primeira apresentação, especialmente na análise da mercadoria. (MARX; ENGELS, 2010k, pp. 328-9)102

A pobreza extrema também marcou o mês de novembro. Referindo-se a um terrível cotidiano que não permitia nenhum período de descanso, Marx escreveu a Engels: “Não só o meu trabalho foi frequentemente interrompido por tudo isso, como tentando compensar à noite o tempo perdido durante o dia adquiri um belo carbúnculo próximo ao meu pênis.” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 331)103 Mas ele estava desejoso por apontar que “nesse verão e outono, não foi em verdade a teoria que causou o atraso, mas [a sua] condição física e civil”. Se tivesse estado em boa saúde, teria sido capaz de completar o trabalho. Ele lembrou a Engels que fazia três anos desde que “o primeiro carbúnculo fora removido” – anos em que ele teve “apenas curtos períodos” de alívio (MARX; ENGELS, 2010k, p. 332)104. Além disso, tendo sido forçado a gastar tanto tempo e energia na luta diária contra a pobreza, observou em dezembro: “Apenas lamento que pessoas físicas não possam apresentar suas contas ao tribunal de falências com os mesmos direitos que os homens de negócios.”

A situação não mudou durante o inverno e, no final de fevereiro de 1867, Marx escreveu a seu amigo em Manchester (que nunca deixou de mandar o que pudesse): “Um armazém enviará os oficiais de justiça no sábado (depois de amanhã) se eu não pagar pelo menos £ 5. (…) O trabalho em breve estará completo, e teria sido hoje se eu estivesse sujeito nos últimos tempos a menos assédio.” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 347)105

No final de fevereiro de 1867, Marx finalmente conseguiu dar a Engels a tão esperada notícia de que o livro estava concluído. Agora ele tinha de levá-lo para a Alemanha, e mais uma vez foi obrigado a recorrer a seu amigo para que pudesse resgatar suas “roupas e relógio da estada na casa de penhor” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 351)106; caso contrário, não poderia partir.

Tendo chegado a Hamburgo, Marx discutiu com Engels o novo plano proposto por Meissner:
Ele agora quer que o livro seja publicado em três volumes. Em particular, ele se opõe à compressão do livro final (a parte histórico-literária) como eu pretendia. Ele disse que, do ponto de vista editorial, (…) esta era a parte para a qual estava reservando maior espaço. Eu disse a ele que, no que diz respeito a isso, eu estava ao seu comando. (MARX; ENGELS, 2010k, p. 357)107

Poucos dias depois, deu um informe similar a Becker:

Todo o trabalho será publicado em três volumes. O título é O capital: crítica da economia política. O primeiro volume compreende o primeiro livro: “O processo de produção do capital”. É sem sombra de dúvida o mais terrível míssil que já foi lançado sobre as cabeças da burguesia (proprietários fundiários inclusos). (MARX; ENGELS, 2010k, p. 358)108

Depois de alguns dias em Hamburgo, Marx seguiu viagem para Hannover. Ficou lá como convidado de Kugelmann, que finalmente o conheceu depois de anos de relações puramente epistolares. Marx permaneceu lá para o caso de Meissner querer que ele ajudasse com a leitura das provas. Escreveu a Engels que sua saúde estava “extraordinariamente melhor”. Não havia “nenhum vestígio da antiga queixa” ou seu “problema do fígado”, e que “ainda por cima, [ele estava] de bom humor” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 361)109. Seu amigo respondeu de Manchester:

Eu sempre tive a sensação de que aquele maldito livro, que você carregou durante tanto tempo, era o fundamento de todo o seu infortúnio, e você nunca iria nem poderia se livrar até que o tirasse de suas costas. Resistir eternamente a concluí-lo estava levando você física, mental e financeiramente ao chão, e eu posso muito bem entender como, depois de ter acordado deste pesadelo, você agora é um homem novo. (MARX; ENGELS, 2010k, p. 362)110

Marx queria informar aos outros sobre a próxima publicação do seu trabalho. Para Sigfrid Meyer (1840-72), membro socialista alemão da Internacional que atuava na organização do movimento operário em Nova York, escreveu: “O Volume I compreende o processo de produção do capital. (…) O Volume II contém a continuação e conclusão da teoria, o Volume III, a história da economia política a partir de meados do século XVII.” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 367)111

Em meados de junho, Engels se envolveu na correção do texto para publicação. Ele pensou que, em comparação com a Contribuição para a crítica da economia política de 1859, “a dialética do argumento tinha sido muito afiada” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 381)112. Marx foi encorajado por essa aprovação: “O fato de você estar satisfeito com isso até agora é mais importante para mim do que qualquer coisa que o resto do mundo possa dizer.” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 383)113 No entanto, Engels observou que sua exposição da forma do valor era excessivamente abstrata e insuficientemente clara para o leitor médio; também lamentou que precisamente esta importante seção tivesse “as marcas dos carbúnculos mais firmemente estampadas” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 380)114. Em resposta, Marx fulminou contra a causa de seus tormentos físicos – “Espero que a burguesia se lembre dos meus carbúnculos até o dia de sua morte” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 383)115 – e se convenceu da necessidade de um apêndice que apresentasse sua concepção da forma do valor de um modo mais popular. Este complemento de 20 páginas foi concluído no final de junho.

Marx completou as correções da prova às duas horas da manhã em 1 de agosto de 1867. Poucos minutos depois, escreveu para seu amigo em Manchester: “Caro Fred, acabei de corrigir a última folha (…). Então, este volume está concluído. Eu devo apenas a você que isso tenha sido possível! (…) Eu te abraço completamente agradecido.” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 405)116 Poucos dias depois, em outra carta a Engels, ele resumiu o que considerava os dois pilares principais do livro: “1. (isto é fundamental para toda a compreensão dos fatos) o duplo caráter do trabalho conforme se expressa em valor de uso ou valor de troca, que é trazido logo no primeiro capítulo; 2. O tratamento do mais-valor independentemente de suas formas particulares, como lucro, juros, renda da terra etc.” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 407)117.

O capital foi colocado à venda em 11 de setembro de 1867 (cf. MARX, 1983, p. 674). Seguindo as modificações finais, o índice dos conteúdos foi o seguinte:

Prefácio

  1. Mercadoria e dinheiro
  2. A transformação do dinheiro em capital
  3. A produção do mais-valor absoluto
  4. A produção do mais-valor relativo
  5. Pesquisas mais aprofundadas sobre a produção do mais-valor absoluto e relativo
  6. O processo de acumulação de capital

Apêndice à Parte I, 1: A forma do valor. (MARX, 1983, pp. 9-10)
Apesar do longo processo de correção e da adição final, a estrutura do trabalho seria amplamente expandida nos próximos anos e várias modificações adicionais seriam feitas no texto. Por conseguinte, mesmo após sua publicação, o volume continuou a absorver energias significativas por parte de Marx.

4. Em busca da versão definitiva
Em outubro de 1867, Marx voltou ao Volume II. Mas isso trouxe uma repetição de suas queixas médicas: dores no fígado, insônia e florescimento de “dois pequenos carbúnculos perto do membrum”. Nem as “incursões de fora” nem os “agravamentos da vida doméstica” o deixaram; havia certa amargura em sua sábia observação a Engels de que “minha doença sempre se origina na mente” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 453)118. Como sempre, seu amigo ajudou e enviou todo o dinheiro que podia, juntamente com a esperança de que “afastasse os carbúnculos” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 457)119. Não foi o que aconteceu e, no final de novembro, Marx escreveu para dizer: “O estado da minha saúde piorou muito, e praticamente não é possível trabalhar.” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 477)120

O novo ano, 1868, começou muito parecido ao modo como o antigo terminara. Durante as primeiras semanas de janeiro, Marx nem sequer conseguia responder a sua correspondência. Sua esposa, Jenny, confiou a Becker que seu “pobre marido tinha sido novamente acamado e tinha mãos e pés atados por sua antiga, séria e dolorosa queixa, que [estava] se tornando perigosa devido à sua constante recorrência” (MARX, 2010b, p. 580)121. Alguns dias depois, sua filha Laura relatou a Engels: “o Mouro é mais uma vez vítima de seus antigos inimigos, os carbúnculos e, pela chegada do último, sente-se muito desconfortável numa postura sentada” (MARX, 2010, p. 583)122. Marx começou a escrever novamente apenas no final do mês, quando disse a Engels que “durante 2-3 semanas” ele “não faria absolutamente nenhum trabalho”. “Seria terrível”, acrescentou, “se um terceiro monstro irrompesse.” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 528)123

O estado de saúde de Marx continuou a oscilar. No final de março, ele informou a Engels que a situação era tal que deveria “realmente desistir inteiramente de trabalhar e pensar por algum tempo”. Mas acrescentou que isso seria “difícil” para ele, mesmo que tivesse “os meios para ficar à toa” (MARX; ENGELS, 2010k, p. 557)124. A nova interrupção ocorreu exatamente quando estava recomeçando o trabalho na segunda versão do Volume II – depois de um hiato de quase três anos, desde a primeira metade de 1865. Ele completou os dois primeiros capítulos no decorrer da primavera (Cf. MARX, 2008, pp. 1-339), além de um grupo de manuscritos preparatórios – sobre a relação entre o mais-valor e a taxa de lucro, a lei da taxa de lucro e as metamorfoses do capital – que o ocuparam até o final de 1868 125.

No final de abril de 1868, Marx enviou a Engels um novo esquema para seu trabalho, com particular referência ao “modo pelo qual a taxa de lucro se desenvolve”126. Na mesma carta, deixou claro que o Volume II apresentaria o “processo de circulação do capital com base nas premissas desenvolvidas” no Volume I. Ele pretendia estabelecer, de forma tão satisfatória quanto possível, as “determinações formais” do capital fixo, capital circulante e volume de negócios do capital – e, portanto, investigar “a intercalação social dos diferentes capitais, partes de capital e de receita (= d)”. O Volume III seria então “a conversão do valor excedente em suas diferentes formas e partes separadas” (MARX; ENGELS, 2010l, p. 21)127.

Em maio, no entanto, os problemas de saúde voltaram e, depois de um período de silêncio, Marx explicou a Engels que “dois carbúnculos no escroto talvez deixassem mesmo Sulla rabugento” (MARX; ENGELS, 2010l, p. 35)128. Na segunda semana de agosto, ele contou a Kugelmann da sua esperança de terminar todo o trabalho “no final de setembro de 1869” (MARX; ENGELS, 2010l, p. 82)129. Mas o outono trouxe um surto de carbúnculos e, na primavera de 1869, quando Marx ainda estava trabalhando no terceiro capítulo do Volume II130, seu fígado também piorou mais uma vez. Os seus infortúnios continuaram nos anos seguintes com uma regularidade incômoda e impediram-no para sempre de completar o Volume II.

Havia também razões teóricas para o atraso. Desde o outono de 1868 até a primavera de 1869, determinado a dar conta dos últimos desenvolvimentos do capitalismo, Marx compilou copiosos trechos de textos sobre os mercados financeiros e monetários que apareceram em The Money Market Review, The Economist e publicações similares131. Além disso, no outono de 1869, tendo tomado conhecimento de literatura nova (na realidade, insignificante) sobre mudanças na Rússia, decidiu aprender russo para que pudesse estudar o assunto por si mesmo. Ele perseguiu esse novo interesse com seu rigor habitual e, no início de 1870, Jenny disse a Engels que, “em vez de cuidar de si [ele havia começado] a estudar martelos e pinças russas, saía raramente, comia com pouca frequência e mostrou o carbúnculo sob o braço apenas quando já estava muito inchado e tinha endurecido” (MARX, 2010c, p. 551)132. Engels se apressou em escrever para o amigo, tentando convencê-lo de que “no interesse do Volume II” ele precisava de “uma mudança de estilo de vida”; caso contrário, se houvesse “repetição constante de tais suspensões”, ele nunca terminaria o livro (MARX; ENGELS, 2010l, p. 408)133.

A previsão foi certeira. No início do verão, resumindo o que aconteceu nos meses anteriores, Marx disse a Kugelmann que seu trabalho tinha sido “aguentar a doença durante todo o inverno” e que “acho[u] necessário melhorar [o seu] russo, pois, ao lidar com a questão da terra, isso se tornou essencial para estudar as relações de propriedade das terras russas a partir de fontes primárias” (MARX; ENGELS, 2010l, p. 528)134.

Depois de todas as interrupções e de um período de intensa atividade política junto da Internacional, após o nascimento da Comuna de Paris, Marx voltou-se para uma nova edição do Volume I. Insatisfeito com a maneira como expusera a teoria do valor, ele passou dezembro de 1871 e janeiro de 1872 reescrevendo o apêndice de 1867, o que levou a reescrever o primeiro capítulo em si (cf. MARX, 1983, pp. 1-55). Nesta ocasião, além de um pequeno número de adições, também modificou toda a estrutura do livro135.

Correções e reformulações também afetaram a tradução francesa. A partir de março de 1872, Marx teve de trabalhar na correção dos rascunhos que foram impressos em fascículos entre 1872 e 1875 (cf. MARX, 1989). Ao longo das revisões, ele decidiu fazer mais mudanças no texto básico, principalmente na seção sobre acumulação de capital. No postscriptum da edição francesa, não hesitou em atribuir-lhes “um valor científico independente do original” (MARX; ENGELS, 2010g, p. 24).

Embora o ritmo tenha sido menos intenso do que antes – por causa do estado precário de sua saúde e porque ele precisava ampliar seu conhecimento em algumas áreas –, Marx continuou a trabalhar em O capital durante os últimos anos de sua vida. Em 1875, escreveu outro manuscrito para o Volume III, intitulado “Relação entre taxa de valor excedente e taxa de lucro desenvolvida matematicamente” (cf. MARX, 2003, pp. 19-150) e, entre outubro de 1876 e início de 1881, preparou novos rascunhos de seções do Volume II (cf. MARX, 2008, pp. 525-828). Algumas de suas cartas indicam que, se tivesse sido capaz de alimentar os resultados de sua incessante pesquisa, ele teria atualizado o Volume I também (MARX; ENGELS, 2010m, p.161)136.

O espírito crítico com o qual Marx compôs seu magnum opus revela quão distante ele estava do autor dogmático que a maioria de seus adversários e muitos autodeclarados discípulos apresentaram ao mundo. Apesar de permanecer inacabado137, aqueles que hoje queiram usar conceitos teóricos essenciais para a crítica do modo de produção capitalista ainda não podem dispensar a leitura de O capital de Marx.

Referências
1. Artigo inédito. Traduzido por Murilo Leite Pereira Neto (professor substituto na UFJF) e Carolina Peters (graduanda em letras pela UFRJ). Revisado por Vânia Noeli Ferreira de Assunção.
2. Doutor, professor de ciência política da York University (Toronto, Canadá). No Brasil, organizou a obra Trabalhadores, uni-vos! Antologia política da I Internacional (Boitempo, 2015). Endereço eletrônico: marcello.musto@gmail.
3. Karl Marx para Friedrich Engels, 8 dez. 1857. O título posteriormente conferido a esses manuscritos foi inspirado por essa carta.
4. Cf. o recém-publicado volume MEGA2, IV/14 (MARX; ENGELS, 2017).
5. Karl Marx para Friedrich Engels, 18 dez. 1857. Poucos dias depois, Marx comunicou seus planos a Lassalle (Karl Marx para Ferdinand Lassalle, 21 dez. 1857): “A atual crise comercial me impeliu a trabalhar seriamente nos fundamentos da economia política e, também, a preparar algo sobre a presente crise.” (MARX; ENGELS, 2010i, p. 226)
6. Karl Marx para Ferdinand Lassalle, 22 fev. 1858.
7. Esses cadernos totalizam 1.472 páginas quarto [quarto pages]. Cf. Friedrich Engels, “Preface to the first German edition” (MARX; ENGELS, 2010h, p. 6).
8. Anteriormente, nos Grundrisse, Marx havia estabelecido uma “organização do material” similar, embora menos precisa, em quatro pontos distintos (MARX, 1993, pp. 108; 227-8; 264; 275). Ele também antecipou o esquema de seis partes planejado para a Contribuição para a crítica da economia política em duas cartas do primeiro semestre de 1858: uma para Ferdinand Lassalle, de 22 de fevereiro de 1858 (cf. MARX; ENGELS, 2010i, pp. 268-71), e outra para Friedrich Engels, em 2 de abril de 1858 (cf. MARX; ENGELS, 2010i, pp. 296-304). Entre fevereiro e março de 1859, ele também rascunhou um longo índice preparatório para o seu trabalho, que na edição em língua inglesa dos Grundrisse aparece como “Analytical contents list” (MARX, 1993, pp. 69-80). Sobre o plano original e suas variações, ver o agora datado, mas ainda fundamental trabalho de Roman Rosdolsky (1977, pp. 1-62). Mais limitado, contudo, é Maximilien Rubel (1974, pp. 379; 389), o qual alega que Marx não modificou o plano original concebido em 1857.
9. Esses cadernos foram ignorados por mais de 100 anos, antes que uma tradução russa fosse finalmente publicada em 1973, no volume suplementar 47 da Marx-Engels Sochinenya. Uma edição original em alemão foi publicada somente em 1976 na MEGA2, v. II/3.1 (MARX; ENGELS, 1976).
10. Karl Marx para Friedrich Engels, 30 out. 1861.
11. Karl Marx para Friedrich Engels, 9 dez. 1861.
12. Karl Marx para Friedrich Engels, 9 dez. 1861.
13. Karl Marx para Friedrich Engels, 27 dez. 1861.
14. Karl Marx para Friedrich Engels, 3 mar. 1862.
15. Karl Marx para Friedrich Engels, 15 mar. 1862.
16. Entre 1905 e 1910, Kautsky publicou os manuscritos em questão de uma forma um tanto divergente dos originais.
17. Deveria seguir: 1) A transformação do dinheiro em capital; 2) Mais-valor absoluto; 3) Mais-valor relativo; e 4) Uma seção – nunca escrita de fato – sobre como estas três deveriam ser consideradas em conjunto.
18. Em Marx and Engels collected works (MECW), esses manuscritos – Theories of surplus-value – são indicados com o título Economic manuscript of 1861-3.
19. Karl Marx para Ferdinand Lassalle, 28 abr. 1862.
20. Karl Marx para Friedrich Engels, 18 jun. 1862.
21. Karl Marx para Friedrich Engels, 18 jun. 1862.
22. Karl Marx para Friedrich Engels, 2 ago. 1862.
23. Esses cadernos são parte de Theories of surplus value v. II (MARX; ENGELS, 2010d).
24. Karl Marx para Friedrich Engels, 2 ago. 1862.
25. Karl Marx para Friedrich Engels, 2 ago. 1862.
26. Karl Marx para Friedrich Engels, 7 ago. 1862.
27. Karl Marx para Friedrich Engels, 10 set. 1862.
28. Karl Marx para Ludwig Kugelmann, 28 dez. 1862.
29. Karl Marx para Ferdinand Lassalle, 7 nov. 1862.
30. Karl Marx para Ferdinand Lassalle, 7 nov. 1862.
31. Este é o último caderno que conforma as Teorias do mais-valor v. III.
32. Karl Marx para Ludwig Kugelmann, 28 dez. 1862.
33. Cf. o esquema dos Grundrisse, escrito em junho de 1858 e contido no Caderno M (o mesmo da “Introdução de 1857”), bem como o esboço de esquema para o terceiro capítulo, escrito em 1860: MARX, “Draft plan of the chapter on Capital” (MARX; ENGELS, 2010b, pp. 511-7).
34. Karl Marx para Ludwig Kugelmann, 28 dez. 1862. Essa afirmação parece indicar que Marx percebeu o quão difícil seria completar seu projeto original em seis tomos. Cf. Michael Heinrich (2009, p. 80).
35. Karl Marx para Ludwig Kugelmann, 28 dez. 1862.
36. O primeiro capítulo já havia sido delineado no Caderno XVI dos manuscritos econômicos de 1861-3. Marx preparou um esquema do segundo no Caderno XVIII (MARX; ENGELS, 2010e, p. 299).
37. Karl Marx para Friedrich Engels, 8 jan. 1863.
38. Karl Marx para Friedrich Engels, 13 jan. 1863.
39. Karl Marx para Friedrich Engels, 13 fev. 1863.
40. Karl Marx para Friedrich Engels, 21 fev. 1863.
41. Karl Marx para Friedrich Engels, 24 mar. 1863.
42. Ver as mais de 60 páginas contidas em IISH, Marx-Engels Papers, B 98. Com base nessa pesquisa, Marx deu início a um dos seus muitos projetos inacabados, cf. Marx (1961).
43. Karl Marx para Friedrich Engels, 29 maio 1863.
44. Cf. IISH, Marx-Engels Papers, B 93, B 100, B 101, B 102, B 103, B 104 contêm cerca de 535 páginas de notas. A elas devem-se adicionar os três cadernos RGASPI f.1, d. 1397, d. 1691, d. 5583. Marx usou parte deste material para a compilação dos Cadernos XXII e XXIII.
45. Karl Marx para Friedrich Engels, 29 maio 1863.
46. Karl Marx para Friedrich Engels, 12 jun. 1863.
47. Karl Marx para Friedrich Engels, 6 jul. 1863.
48. Cf. Michael Heinrich (2011, pp. 176-9), que argumenta que os manuscritos deste período devem ser tomados não como a terceira versão do trabalho iniciado com os Grundrisse, mas como o primeiro esboço de O capital.
49. “Nº 1”: quer dizer, a Contribuição para a crítica da economia política, de 1859.
50. Karl Marx para Friedrich Engels, 15 ago. 1863.
51. Nos últimos anos, dermatologistas atualizaram a discussão sobre as causas da doença de Marx. Sam Shuster (2008, pp. 1-3) sugeriu que ele sofresse de hidradenite supurativa, enquanto Rudolf Happle e Arne Koenig (2008, pp. 255-6) alegaram, de forma ainda menos plausível, que o culpado seria o intenso fumo de charutos. Para a resposta de Shuster a essa sugestão, ver Rudolf Happle e Arne Koenig (2008, p. 256).
52. Karl Marx para Friedrich Engels, 2 dez. 1863.
53. Karl Marx para Friedrich Engels, 4 dez. 1863.
54. Karl Marx para Friedrich Engels, 20 jan. 1864.
55. Karl Marx para Friedrich Engels, 26 maio 1864.
56. Cf. Karl Marx para Friedrich Engels, 1 jul. 1864.
57. Karl Marx para Carl Klings, 4 out. 1864.
58. Karl Marx para Friedrich Engels, 4 nov. 1864.
59. Karl Marx para Friedrich Engels, 14 nov. 1864.
60. Karl Marx para Friedrich Engels, 2 dez. 1864.
61. Karl Marx para Friedrich Engels, 25 fev. 1864.
62. Karl Marx para Friedrich Engels, 4 mar. 1865.
63. Karl Marx para Friedrich Engels, 13 mar. 1865.
64. Cinquenta assinaturas eram equivalentes a 800 páginas impressas.
65. “Agreement between Mr. Karl Marx and Mr. Otto Meissner, publisher and bookseller” [Acordo entre o Sr. Karl Marx e o Sr. Otto Meissner, editor e distribuidor de livros].
66. Karl Marx para Friedrich Engels, 22 abr. 1865.
67. Karl Marx para Friedrich Engels, 13 maio 1865.
68. Karl Marx para Friedrich Engels, 20 maio 1865.
69. Esse texto foi publicado em 1898 por Eleanor Marx como Value, price and profit [Valor, preço e lucro]. O título usual serviu de base para a tradução alemã que foi publicada no mesmo ano em Die Neue Zeit [O Novo Tempo].
70. Karl Marx para Friedrich Engels, 31 jul. 1865.
71. O equivalente a 960 páginas. Posteriormente, Meissner assinalou sua abertura para modificar seu contrato com Marx. Cf. Karl Marx para Friedrich Engels, 13 abr. 1867 (MARX; ENGELS, 2010k, p. 357).
72. Karl Marx para Friedrich Engels, 5 ago. 1865.
73. Karl Marx para Friedrich Engels, 5 ago. 1865.
74. Essa divisão foi seguida por Engels quando publicou O capital, Volume III, em 1894. Cf. Carl-Erich Vollgraf, Jürgen Jungnickel e Stephen Naron (2002, pp. 35-78); e também o mais recente Carl-Erich Vollgraf (2013, pp. 113-33) e Regina Roth (2013, pp. 168-82 [Ed. bras: 2015]). Para uma avaliação crítica da edição de Engels, ver Michael Heinrich (1997, pp. 452-66). Um ponto de vista diferente está contido em: Michael R. Krätke (2017), especialmente o capítulo final “Gibt es ein Marx-Engels-Problem?”.
75. Karl Marx para Friedrich Engels, 8 nov. 1865.
76. Karl Marx para Wilhelm Liebknecht, 15 jan. 1866.
77. Karl Marx para Ludwig Kugelmann, 15 jan. 1866.
78. Jenny Marx para Johann Philipp Becker, 29 jan. 1866.
79. Karl Marx para Friedrich Engels, 10 fev. 1866.
80. Karl Marx para Friedrich Engels, 10 fev. 1866.
81. Karl Marx para Friedrich Engels, 10 fev. 1866.
82. Friedrich Engels para Karl Marx, 10 fev. 1866.
83. Friedrich Engels para Karl Marx, 10 fev. 1866.
84. Karl Marx para Friedrich Engels, 13 fev. 1866.
85. Marx depois inseriu a seção sobre renda da terra na Parte Seis do Volume III: “Transformação do lucro excedente em renda fundiária”.
86. Karl Marx para Friedrich Engels, 13 fev. 1866.
87. Karl Marx para Friedrich Engels, 13 fev. 1866.
88. Karl Marx para Friedrich Engels, 13 fev. 1866.
89. Karl Marx para Friedrich Engels, 20 fev. 1866.
90. Friedrich Engels para Karl Marx, 22 fev. 1866.
91. Friedrich Engels para Karl Marx, 22 fev. 1866.
92. Uma canção tradicional do folclore inglês.
93. Karl Marx para Friedrich Engels, 24 mar. 1866.
94. Karl Marx para Ludwig Kugelmann, 6 abr. 1866.
95. Karl Marx para Friedrich Engels, 7 jun. 1866.
96. Karl Marx para Friedrich Engels, 9 jun. 1866.
97. Karl Marx para Friedrich Engels, 7 ago. 1866.
98. Karl Marx para Friedrich Engels, 23 ago. 1866.
99. Karl Marx para Ludwig Kugelmann, 23 ago. 1866.
100. Karl Marx para Ludwig Kugelmann, 13 out. 1866.
101. Karl Marx para Ludwig Kugelmann, 13 out. 1866.
102. Karl Marx para Ludwig Kugelmann, 13 out. 1866.
103. Karl Marx para Friedrich Engels, 8 nov. 1866.
104. Karl Marx para Friedrich Engels, 10 nov. 1866.
105. Karl Marx para Friedrich Engels, 21 fev. 1867.
106. Karl Marx para Friedrich Engels, 2 abr. 1867.
107. Karl Marx para Friedrich Engels, 13 abr. 1867.
108. Karl Mark para Johann Philipp Becker, 17 abr. 1867.
109. Karl Marx para Friedrich Engels, 24 abr. 1867.
110. Friedrich Engels para Karl Marx, 27 abr. 1867.
111. Karl Marx para Sigfrid Meyer, 30 abr. 1867.
112. Friedrich Engels para Karl Marx, 16 jun. 1867.
113. Karl Marx para Friedrich Engels, 22 jun. 1867.
114. Friedrich Engels para Karl Marx, 16 jun. 1867.
115. Karl Marx para Friedrich Engels, 22 jun. 1867.
116. Karl Marx para Friedrich Engels, 24 ago. 1867.
117. Karl Marx para Friedrich Engels, 24 ago. 1867.
118. Karl Marx para Friedrich Engels, 19 out. 1867.
119. Friedrich Engels para Karl Marx, 22 out. 1867.
120. Karl Marx para Friedrich Engels, 27 nov. 1867.
121. Jenny Marx para Johann Philipp Becker, após 10 jan. 1868.
122. Laura Marx para Friedrich Engels, 13 jan. 1868.
123. Karl Marx para Friedrich Engels, 25 jan. 1868.
124. Karl Marx para Friedrich Engels, 25 mar. 1868.
125. Esses textos foram recentemente publicados (MARX, 2012, pp. 78-234; 285-363). A última parte constitui o Manuscrito IV do Volume II e contém novas versões da Parte Um, “A circulação do capital”, e Parte Dois, “As metamorfoses do capital”.
126. Karl Marx para Friedrich Engels, 30 abr. 1868.
127. Karl Marx para Friedrich Engels, 30 abr. 1868.
128. Karl Marx para Friedrich Engels, 16 maio 1868.
129. Karl Marx para Ludwig Kugelmann, 10 ago. 1868.
130. Cf. Marx (2008, pp. 340-522).
131 Ainda não publicadas, essas notas estão incluídas nos cadernos do IISH, Marx-Engels Papers, B 108, B 109, B 113 e B 114.
132. Jenny Marx para Friedrich Engels, por volta de 17 jan. 1870.
133. Friedrich Engels para Karl Marx, 19 jan. 1870.
134. Karl Marx para Ludwig Kugelmann, 27 jun. 1870.
135. Em 1867, Marx dividiu o livro em capítulos. Em 1872, eles se tornaram seções, cada uma com subdivisões muito mais detalhadas.
136. Karl Marx para Nikolai Danielson, 13 dez. 1881.
137. O trabalho editorial que Engels assumiu para preparar as partes inconclusas de O capital para a publicação após a morte de seu amigo foi extremamente complexo. Deve-se ter em mente que o texto em questão foi preparado com base em material incompleto e muitas vezes heterogêneo, escrito por Marx em distintos períodos de sua vida, alguns dos quais continham observações diferentes de outras encontradas em outras partes de O capital. Ainda assim, Engels publicou o Volume II em 1885 e o Volume III em 1894.

Bibliografia
HAPPLE, Rudolf; KOENIG, Arne. A lesson to be learned from Karl Marx: smoking triggers hidradenitis supurativa. British Journal of Dermatology, v. 159, n. 1, pp. 255-6, 2008.
HEINRICH, Michael. Engels’ edition of the third volume of Capital and Marx’s original manuscript. Science & Society, v. 60, n. 4, pp. 452-66, 1997.
______. “Reconstruction or deconstruction? Methodological controversies about value and capital, and new insights from the critical edition”. In: BELLOFIORE, Riccardo; FINESCHI, Roberto (Org.). Re-reading Marx: new perspectives after the critical edition. Basingstoke: Palgrave-Macmillan, 2009, p. 80.
______. “Entstehungs- und Auflösungsgeschichte des Marxschen Kapital”. In: BONEFELD, Werner; HEINRICH, Michael (Org.). Kapital & Kritik. Nach der ‘neuen’ Marx-Lektüre. Hamburg: VSA, 2011, pp. 176-9.
KRÄTKE, Michael R. Kritik der politischen Ökonomie Heute. Hamburgo: VSA, 2017.
MARX, Jenny. Gespräche mit Marx und Engels. Edited by Hans Magnus Enzensberger. Frankfurt/Main: Insel Verlag, 1973, p. 288.
______. “Jenny Marx to Engels. About 17 January 1870”. In: MARX, Karl; ENGELS, Friedrich. Karl Marx and Frederick Engels Collected Works v. 43. Londres: Lawrence & Wishart, 2010c, pp. 550-1. [Electric Book]
______. “Jenny Marx to Johann Philipp Becker. 29 January 1866”. In: MARX, Karl; ENGELS, Friedrich. Karl Marx and Frederick Engels Collected Works v. 42. Londres: Lawrence & Wishart, 2010a, pp. 568-71. [Electric Book]
______. “Jenny Marx to Johann Philipp Becker. After 10 January 1868”. In: MARX, Karl; ENGELS, Friedrich. Karl Marx and Frederick Engels Collected Works v. 42. Londres: Lawrence & Wishart, 2010b, pp. 580-2. [Electric Book]
MARX, Karl. Das Kapital. Kritik der Politischen Ökonomie [Erster Band, Hamburg 1867]. In.: MARX, Karl; ENGELS, Friedrich. Gesamtausgabe. Berlim: Dietz, 1983, v. II/5.
______. Grundrisse: foundations of the critique of political economy (draft). Londres: Penguin Books, 1993.
______. Manuskripte über die polnische Frage (1863-1864). S-Gravenhage: Mouton, 1961.
______. “Manuskripte und redaktionelle Texte zum dritten Buch des ‘Kapitals’ 1871 bis 1895”. In: MARX, Karl; ENGELS, Friedrich. Gesamtausgabe v. II/14. Berlim: Akademie, 2003.
______. “Manuskripte zum zweiten Buch des ‘Kapitals’ 1868 bis 1881”. In: MARX, Karl. ENGELS, Friedrich. Gesamtausgabe v. II/11. Berlim: De Gruyter, 2008.
______. Marx’s Economic Manuscript of 1864-1865. Translated by Bem Fowkes; edited and with na introduction by Fred Moseley. Leiden: Brill, 2015.
______. “Ökonomische Manuskripte 1863–1868”. In: MARX, Karl; ENGELS, Friedrich. Gesamtausgabe v. II/4.3. Berlim: Akademie, 2012.
______. “Zur Kritik der politischen Ökonomie (Manuskript 1861-1863)”. In: MARX, Karl; ENGELS, Friedrich. Gesamtausgabe v. II/3.5. Berlim: Dietz, 1980.
______. “Le capital, Paris 1872–1875”. In: MARX, Karl; ENGELS, Friedrich. Gesamtausgabe v. II/7. Berlim: Dietz, 1989.
MARX, Karl; ENGELS, Friedrich. Gesamtausgabe v. II/3.1. Berlim: Dietz, 1976.
______; ______. Gesamtausgabe v. IV/14. Berlim: De Gruyter, 2017.
______; ______. Karl Marx and Frederick Engels Collected Works v. XX. Londres: Lawrence & Wishart, 2010a. [Electric Book]
______; ______. Karl Marx and Frederick Engels Collected Works v. XIX. Londres: Lawrence & Wishart, 2010b. [Electric Book]
______; ______. Karl Marx and Frederick Engels Collected Works v. XXX. London: Lawrence & Wishart, 2010c. [Electric Book]
______; ______. Karl Marx and Frederick Engels Collected Works v. XXXI. Londres: Lawrence& Wishart, 2010d. [Electric Book]
______; ______. Karl Marx and Frederick Engels Collected Works v. XXXII. Londres: Lawrence & Wishart, 2010e. [Electric Book]
______; ______. Karl Marx and Frederick Engels Collected Works v. XXIII. Londres: Lawrence & Wishart, 2010f. [Electric Book]
______; ______. Karl Marx and Frederick Engels Collected Works v. XXXV. Londres: Lawrence & Wishart, 2010g. [Electric Book]
______; ______. Karl Marx and Frederick Engels Collected Works v. XXXVI. London: Lawrence & Wishart, 2010h. [Electric Book]
______; ______. Karl Marx and Frederick Engels Collected Works v. XL. Londres: Lawrence & Wishart, 2010i. [Electric Book]
______; ______. Karl Marx and Frederick Engels Collected Works v. XLI. Londres: Lawrence & Wishart, 2010j. [Electric Book.]
______; ______. Karl Marx and Frederick Engels Collected Works v. XLII. Londres: Lawrence & Wishart, 2010k. [Electric Book]
______; ______. Karl Marx and Frederick Engels Collected Works v. XLIII. Londres: Lawrence & Wishart, 2010l. [Electric Book]
______; ______. Karl Marx and Frederick Engels Collected Works v. XLVI. Londres: Lawrence & Wishart, 2010m. [Electric Book]
MARX, Laura. “Laura Marx to Engels. 13 January 1868”. In.: MARX, Karl; ENGELS, Friedrich. Karl Marx and Frederick Engels Collected Works v. XLII. Londres: Lawrence & Wishart, 2010, pp. 583-6. [Electric Book]
ROSDOLSKY, Roman. The making of Marx’s Capital. Londres: Pluto, 1977, pp. 1-62.
ROTH, Regina. Die Herausgabe von Band 2 und 3 des Kapital durch Engels. Marx-Engels Jahrbuch, v. 2012/13, 2013, pp. 168-82. [Ed. bras.: A publicação dos livros II e III d’O capital por Engels. Trad. Leonardo Gomes de Deus. Verinotio – Revista on-line de Filosofia e Ciências Humanas, n. 20, pp. 207-15, out. 2015. Disponível em: <http://verinotio.org/conteudo/0.32662100189051.pdf>, acessado em 7 abr. 2018.]
RUBEL, Maximilien. Marx critique du marxisme. Paris: Payot, 1974.
SHUSTER, Sam. The nature and consequence of Karl Marx’s skin disease. British Journal of Dermatology, v. 158, n. 1, pp. 1-3, 2008.
VOLLGRAF, Carl-Erich. Das Kapital – bis zuletzt ein “Werk im Werden”. Marx-Engels Jahrbuch, v. 2012/13, pp. 113-33, 2013.
______; JUNGNICKEL, Jürgen; NARON, Stephen. Marx in Marx’s words? On Engels’ edition of the main manuscript of Volume III of Capital. International Journal of Political Economy, v. 32, n. 1, pp. 35-78, 2002.
Como citar:
MUSTO, Marcello. A escrita de O capital: gênese e estrutura da crítica de Marx à economia política. Trad. Murilo Leite Pereira Neto e Carolina Peters. Verinotio – Revista on-line de Filosofia e Ciências Humanas, Rio das Ostras, v. 24, n. 1, pp. 23-57, abr./2018.

Categories
Journal Articles

The Writing of Capital

1. From the Grundrisse to the Contribution of 1859
Marx started to write Capital only many years after he had begun his rigorous studies of political economy. From 1843 onwards, he had already been working, with great intensity, towards what he would later define as his own ‘Economy’. It was the eruption of the financial crisis of 1857 that forced Marx to start his work. Marx was convinced that the crisis developing at international level had created the conditions for a new revolutionary period throughout Europe. He had been waiting for this moment ever since the popular insurrections of 1848, and now that it finally seemed to have come, he did not want events to catch him unprepared. He therefore decided to resume his economic studies and to give them a finished form.

This period was one of the most prolific in his life: he managed to write more in a few months than in the preceding years. In December 1857, he wrote to Friedrich Engels: ‘I am working like mad all night and every night collating my economic studies, so that I might at least get the outlines Grundrisse clear before the deluge.’

Marx’s work was now remarkable and wide-ranging. From August 1857 to May 1858, he filled the eight notebooks known as the Grundrisse, while as correspondent of the New-York Tribune (the paper with the largest circulation in the United States of America), he wrote dozens of articles on, among other things, the development of the crisis in Europe. Lastly, from October 1857 to February 1858, he compiled three books of extracts, called the Crisis Notebooks. Thanks to these, it is possible to change the conventional image of a Marx studying Hegel’s Science of Logic to find inspiration for the manuscripts of 1857-58. For at that time he was much more preoccupied with events linked to the long-predicted major crisis.

Unlike the extracts he had made before, these were not compendia from the works of economists but consisted of a large quantity of notes, gleaned from various daily newspapers, about major developments in the crisis, stock market trends, trade exchange fluctuations and important bankruptcies in Europe, the United States of America, and other parts of the world.

The Grundrisse were divided in three parts: a methodological ‘Introduction’, a ‘Chapter on Money’, in which Marx dealt with money and value, and a ‘Chapter on Capital’, that was centred on the process of production and circulation of capital, and addressed such key themes as the concept of surplus-value, and the economic formations which preceded the capitalist mode of production. Marx immense effort did not, however, allow him to complete the work. In late February 1858 he wrote to Ferdinand Lassalle: ‘the thing is proceeding very slowly because no sooner does one set about finally disposing of subjects to which one has devoted years of study than they start revealing new aspects and demand to be thought out further’.

There was no sign of the much anticipated revolutionary movement, which was supposed to be born in conjunction with the crisis. Marx also abandoned the project to write a volume on the current crisis. Nevertheless, he could not finish the work, on which he had been struggling for many years, because he was aware that he was still far away from a definitive conceptualization of the themes addressed in the manuscript. Therefore, the Grundrisse remained only a draft, from which – after he had carefully worked up the ‘Chapter on Money’ –, in 1859, he published a short book with no public resonance: A Contribution to the Critique of Political Economy.

2. Critical Analysis of Theories of Surplus-Value
In August 1861, Marx again devoted himself to the critique of political economy, working with such intensity that by June 1863 he had filled 23 sizeable notebooks on the transformation of money into capital, on commercial capital, and above all on the various theories with which economists had tried to explain surplus value. His aim was to complete A Contribution to the Critique of Political Economy, which had been meant as the first instalment of his planned work. The book published in 1859 contained a brief first chapter, ‘The Commodity’, differentiating between use value and exchange value, and a longer second chapter, ‘Money, or Simple Circulation’, dealing with theories of money as unit of measure. In the preface, Marx stated: ‘I examine the system of bourgeois economy in the following order: capital, landed property, wage-labour; the state, foreign trade, world market.’

Two years later, Marx’s plans had not changed: he was still intending to write six books, each devoted to one of the themes he had listed in 1859. However, from Summer 1861 to March 1862, he worked on a new chapter, ‘Capital in General’, which he intended to become the third chapter in his publication plan. In the preparatory manuscript contained in the first five of the 23 notebooks he compiled by the end of 1863, he focused on the process of production of capital and, more particularly, on: 1) the transformation of money into capital; 2) absolute surplus value; and 3) relative surplus value. Some of these themes, already addressed in the Grundrisse, were now set forth with greater analytic richness and precision.

A momentary alleviation of the huge economic problems that had beset him for years allowed Marx to spend more time on his studies and to make significant theoretical advances. In late October 1861 he wrote to Engels that ‘circumstances ha[d] finally cleared to the extent that [he had] at least got firm ground under [his] feet again’. His work for the New-York Tribune assured him of ‘two pounds a week’. Over the past year, he had ‘pawned everything that was not actually nailed down’, and their plight had made his wife seriously depressed. But now the ‘twofold engagement’ promised to ‘put an end to the harried existence led by [his] family’ and to allow him to ‘complete his book’.

Things took a further turn for the worse when the New-York Tribune, faced with financial constraints associated with the American Civil War, had to cut down on the number of its foreign correspondents. Marx’s last article for the paper appeared on 10 March 1862. From then on, he had to do without what had been his main source of income since the summer of 1851.

During the spring, Marx launched into a new area of research: Theories of Surplus Value. This was planned to be the fifth and final part of the long third chapter on ‘Capital in General’. Over ten notebooks, Marx minutely dissected how the major economists had dealt with the question of surplus value; his basic idea was that ‘all economists share the error of examining surplus-value not as such, in its pure form, but in the particular forms of profit and rent’.

In Notebook VI, Marx started from a critique of the Physiocrats. First of all, he recognized them as the ‘true fathers of modern political economy’, since it was they who ‘laid the foundation for the analysis of capitalist production’ and sought the origin of surplus value not in ‘the sphere of circulation’ – in the productivity of money, as the mercantilists thought – but in ‘the sphere of production’. They understood the ‘fundamental principle that only that labour is productive which creates a surplus value’. On the other hand, being wrongly convinced that ‘agricultural labour’ was ‘the only productive labour’, they conceived of ‘rent’ as ‘the only form of surplus value’. They limited their analysis to the idea that the productivity of the land enabled man to produce ‘no more than sufficed to keep him alive’. According to this theory, then, surplus value appeared as ‘a gift of nature’.

In the second half of Notebook VI, and in most of Notebooks VII, VIII and IX, Marx concentrated on Adam Smith. He did not share the false idea of the Physiocrats that ‘only one definite kind of concrete labour – agricultural labour – creates surplus value’. Indeed, in Marx’s eyes one of Smith’s greatest merits was to have understood that, in the distinctive labour process of bourgeois society, the capitalist ‘appropriates for nothing, appropriates without paying for it, a part of the living labour’; or again, that ‘more labour is exchanged for less labour (from the labourer’s standpoint), less labour is exchanged for more labour (from the capitalist’s standpoint)’. Smith’s limitation, however, was his failure to differentiate ‘surplus-value as such’ from ‘the specific forms it assumes in profit and rent’. He calculated surplus-value not in relation to the part of capital from which it arises, but as ‘an overplus over the total value of the capital advanced’, including the part that the capitalist expends to purchase raw materials.

In early June Marx extended his research to other economists such as Germain Garnier and Charles Ganilh. Then he went more deeply into the question of productive and unproductive labour, again focusing particularly on Smith, who, despite a lack of clarity in some respects, had drawn the distinction between the two concepts. From the capitalist’s viewpoint, productive labour

is wage labour which, exchanged against the […] part of the capital that is spent on wages, reproduces not only this part of the capital (or the value of its own labour capacity), but in addition produces surplus value for the capitalist. It is only thereby that commodity or money is transformed into capital, is produced as capital. Only that wage labour is productive which produces capital.

Unproductive labour, on the other hand, is ‘labour which is not exchanged with capital, but directly with revenue, that is, with wages or profit’. According to Smith, the activity of sovereigns – and of the legal and military officers surrounding them – produced no value and in this respect was comparable to the duties of domestic servants. This, Marx pointed out, was the language of a ‘still revolutionary bourgeoisie’, which had not yet ‘subjected to itself the whole of society, the state, etc.’:

illustrious and time-honoured occupations – sovereign, judge, officer, priest, etc. – with all the old ideological castes to which they give rise, their men of letters, their teachers and priests, are from an economic standpoint put on the same level as the swarm of their own lackeys and jesters maintained by the bourgeoisie and by idle wealth – the landed nobility and idle capitalists.

In Notebook X, Marx turned to a rigorous analysis of François Quesnay’s Tableau économique. He praised it to the skies, describing it as ‘an extremely brilliant conception, incontestably the most brilliant for which political economy had up to then been responsible’.

Meanwhile, Marx’s economic circumstances continued to be desperate. In mid-June, he wrote to Engels: ‘Every day my wife says she wishes she and the children were safely in their graves, and I really cannot blame her, for the humiliations, torments and alarums that one has to go through in such a situation are indeed indescribable.’ The situation was so extreme that Jenny made up her mind to sell some books from her husband’s personal library – although she could not find anyone who wanted to buy them.

Nevertheless, Marx managed to ‘work hard’ and he compiled Notebooks XI, XII and XIII in the course of the summer. They focused on the theory of rent, which he had decided to include as ‘an extra chapter’ in the text he was preparing for publication. Marx critically examined the ideas of Johann Rodbertus, then moved on to an extensive analysis of the doctrines of David Ricardo. Denying the existence of absolute rent, Ricardo had allowed a place only for differential rent related to the fertility and location of the land. In this theory, rent was an excess: it could not have been anything more, because that would have contradicted his ‘concept of value being equal to a certain quantity of labour time’; he would have had to admit that the agricultural product was constantly sold above its cost price, which he calculated as the sum of the capital advanced and the average profit. Marx’s conception of absolute rent, by contrast, stipulated that ‘under certain historical circumstances […] landed property does indeed put up the prices of raw materials’.

In a letter to Engels, Marx wrote that it was ‘a real miracle’ that he ‘had been able to get on with [his] theoretical writing to such an extent’. His landlord had again threatened to send in the bailiffs, while tradesmen to whom he was in debt spoke of withholding provisions and taking legal action against him. In September, Marx communicated to Engels that he might get a job ‘in a railroad office’ in the new year. In December, he repeated to Ludwig Kugelmann that things had become so desperate that he had ‘decided to become a “practical man”;’ nothing came of the idea, however. Marx reported with his typical sarcasm: ‘Luckily – or perhaps I should say unluckily? – I did not get the post because of my bad handwriting.’

During this span of time, Marx filled another two notebooks, XIV and XV, with extensive critical analysis of various economic theorists. He noted that Thomas Robert Malthus, for whom surplus value stemmed ‘from the fact that the seller sells the commodity above its value’, represented a return to the past in economic theory, since he derived profit from the exchange of commodities. Marx accused James Mill of misunderstanding the categories of surplus value and profit; highlighted the confusion produced by Samuel Bailey in failing to distinguish between the immanent measure of value and the value of the commodity; and argued that John Stuart Mill did not realize that ‘the rate of surplus value and the rate of profit’ were two different quantities, the latter being determined not only by the level of wages but also by other causes not directly attributable to it.

Marx also paid special attention to various economists opposed to Ricardian theory, such as the socialist Thomas Hodgskin. Finally, he dealt with the anonymous text Revenue and Its Sources – in his view, a perfect example of ‘vulgar economics’, which translated into ‘doctrinaire’ but ‘apologetic’ language the ‘standpoint of the ruling section, i.e. the capitalists’. With the study of this book, Marx concluded his analysis of the theories of surplus value put forward by the leading economists of the past and began to examine commercial capital, or the capital that did not create but distributed surplus value. Its polemic against ‘interest-bearing capital’ might ‘parade as socialism’, but Marx had no time for such ‘reforming zeal’ that did not ‘touch upon real capitalist production’ but ‘merely attacked one of its consequences’.

Following the studies of commercial capital, Marx moved on to what may be thought of as a third phase of the economic manuscripts of 1861-1863. This began in December 1862, with the section on ‘capital and profit’ in Notebook XVI that Marx indicated as the ‘third chapter’. Here Marx drew an outline of the distinction between surplus value and profit. In Notebook XVII, also compiled in December, he returned to the question of commercial capital (following the reflections in Notebook XV ) and to the reflux of money in capitalist reproduction.

At the end of the year, Marx gave a progress report to Kugelmann, informing him that ‘the second part’, or the ‘continuation of the first instalment’, a manuscript equivalent to ‘about 30 sheets of print’ was ‘now at last finished’. Four years after the first schema, in the Contribution to the Critique of Political Economy, Marx now reviewed the structure of his projected work. He told Kugelmann that he had decided on a new title, using Capital for the first time, and that the name he had operated with in 1859 would be ‘merely the subtitle’.

Otherwise he was continuing to work in accordance with the original plan. What he intended to write would be ‘the third chapter of the first part, namely Capital in General’. The volume in the last stages of preparation would contain ‘what Englishmen call ‘the principles of political economy’. Together with what he had already written in the 1859 instalment, it would comprise the ‘quintessence’ of his economic theory. Marx thought he would be able to produce a ‘fair copy’ of the manuscript in the new year, after which he planned to take it to Germany in person. Then he intended ‘to conclude the presentation of capital, competition and credit’ . A few days later, at the start of the new year, Marx listed in greater detail the parts that would have comprised his work. In a schema in Notebook XVIII, he indicated that the ‘first section (Abschnitt)’, ‘The Production Process of Capital’, would be divided as follows:

1) Introduction. Commodity. Money. 2) Transformation of money into capital. 3) Absolute surplus value. […] 4) Relative surplus value. […] 5) Combination of absolute and relative surplus value. […] 6) Reconversion of surplus value into capital. Primitive accumulation. Wakefield’s theory of colonization. 7) Result of the production process. […] 8) Theories of surplus value. 9) Theories of productive and unproductive labour.

Marx did not confine himself to the first volume but also drafted a schema of what was intended to be the ‘third section’ of his work: ‘Capital and Profit’. This part, already indicating themes that were to comprise Capital, Volume III was divided as follows:

1) Conversion of surplus value into profit. Rate of profit as distinguished from rate of surplus value. 2) Conversion of profit into average profit. […] 3) Adam Smith’s and Ricardo’s theories on profit and prices of production. 4) Rent. […] 5) History of the so-called Ricardian law of rent. 6) Law of the fall of the rate of profit. 7) Theories of profit. […] 8) Division of profit into industrial profit and interest. […] 9) Revenue and its sources. […] 10) Reflux movements of money in the process of capitalist production as a whole. 11) Vulgar economy. 12) Conclusion. Capital and wage labour.

In Notebook XVIII, which he composed in January 1863, Marx continued his analysis of mercantile capital. Surveying George Ramsay, Antoine-Elisée Cherbuliez and Richard Jones, he inserted some additions to the study of how various economists had explained surplus value.

Marx’s financial difficulties persisted during this period and actually grew worse in early 1863. At the same time, new health problems had appeared. He developed a new liver disorder that was destined to plague him for a long time to come. During this period, apart from brief moments when he studied machinery, Marx had to suspend his in-depth economic studies. In March, however, he resolved ‘to make up for lost time by some hard slogging’. He compiled two notebooks, XX and XXI, that dealt with accumulation, the real and formal subsumption of labour to capital, and the productivity of capital and labour. His arguments were correlated with the main theme of his research at the time: surplus value.

In late May, he wrote to Engels that in the previous weeks he had also been studying the Polish question at the British Museum. In May and June he collected working notes in eight additional notebooks (A to H), which contained hundreds of more pages summarizing economic studies of the eighteenth and nineteenth centuries. Marx also informed his friend that, feeling ‘more or less able to work again’, he was determined to ‘cast the weight off his shoulders’ and therefore intended to ‘make a fair copy of the political economy for the printers (and give it a final polish)’ . He returned to the British Museum and in mid-July reported to Engels that he had again been spending ‘ten hours a day working at economics’. These were precisely the days when, in analysing the reconversion of surplus value into capital, he prepared in Notebook XXII a recasting of Quesnay’s Tableau économique. Then he compiled the last notebook in the series begun in 1861 – no. XXIII – which consisted mainly of notes and supplementary remarks.

At the end of these two years of hard work, and following a deeper critical re-examination of the main theorists of political economy, Marx was more determined than ever to complete the major work of his life. Although he had not yet definitively solved many of the conceptual and expository problems, his completion of the historical part now impelled him to return to theoretical questions.

3. The Writing of the Three Volumes
Marx gritted his teeth and embarked on a new phase of his labours. From Summer 1863, he began the actual composition of what would become his magnum opus. Until December 1865, he devoted himself to the most extensive versions of the various subdivisions, preparing drafts in turn of Volume I, the bulk of Volume III (his only account of the complete process of capitalist production), and the initial version of Volume II (the first general presentation of the circulation process of capital). As regards the six-volume plan indicated in 1859 in the preface to A Contribution to the Critique of Political Economy, Marx inserted a number of themes relating to rent and wages that were originally to have been treated in volumes II and III.

Marx kept up the furious pace throughout the autumn, concentrating on the writing of Volume I. But his health rapidly worsened as a result, and November saw the appearance of what his wife called the ‘terrible disease’ against which he would fight for many years of his life. It was a case of carbuncles, a nasty infection that manifested itself in abscesses and serious, debilitating boils on various parts of the body. Because of one deep ulcer following a major carbuncle, Marx had to have an operation and ‘for quite a time his life was in danger’. According to his wife’s later account, the critical condition lasted for ‘four weeks’ and caused Marx severe and constant pains, together with ‘tormenting worries and all kinds of mental suffering’.

Marx was able to resume his planned work only towards the middle of April of 1866, after an interruption of more than five months. In that time, he continued to concentrate on Volume I, and it seems likely that it was precisely then that he drafted the so-called ‘Results of the Immediate Process of Production’, the only part of the initial version that has been preserved.

The arrival of summer did not change his precarious circumstances. Only in August Marx began the new period of writing with Volume III: Part Two, ‘The Conversion of Profit into Average Profit’, then Part One, ‘The Conversion of Surplus Value into Profit’ (which was completed, most probably, between late October and early November 1864). During this period, he assiduously participated in meetings of the International Working Men’s Association, for which he wrote the Inaugural Address and the Statutes in October.

Having resumed work after a pause for duties to the International, Marx wrote Part Three of Volume III, entitled ‘The Law of the Tendency of the Rate of Profit to Fall’. His work on this was accompanied with another flare-up of his disease. In November, ‘yet another carbuncle appeared below [his] right breast’ and confined him to bed for a week; it then continued to give him trouble when he ‘leaned forward to write’.

From January to May 1865, Marx devoted himself to Volume II. The manuscripts were divided into three chapters, which eventually became Parts in the version that Engels had printed in 1885: 1) The Metamorphoses of Capital; 2) The Turnover of Capital; and 3) Circulation and Reproduction. In these pages, Marx developed new concepts and connected up some of the theories in volumes I and III.

In the new year too, however, the carbuncle did not stop persecuting Marx, and around the middle of February, there was another flare-up of the disease. In addition to the ‘foruncles’ the International took up an ‘enormous amount of time’. Still, he did not stop work on the book, even if it meant that sometimes he ‘didn’t get to bed until four in the morning’. A final spur for him to complete the missing parts soon was the publisher’s contract. Otto Meisner in Hamburg had sent him a letter on 21 March that included an agreement to publish ‘the work Capital: A Contribution to the Critique of Political Economy’. It was to be ‘approximately 50 signatures in length [and to] appear in two volumes’.

In the final part of the spring, Marx also wrote Part Four of Volume III, entitling it ‘Conversion of Commodity-Capital and Money-Capital into Commercial Capital and Money-Dealing Capital (Merchant’s Capital)’. At the end of July 1865, he gave Engels another progress report:

There are 3 more chapters to be written to complete the theoretical part (the first 3 books). Then there is still the 4th book, the historical-literary one, to be written, which will, comparatively speaking, be the easiest part for me, since all the problems have been resolved in the first 3 books, so that this last one is more by way of repetition in historical form. But I cannot bring myself to send anything off until I have the whole thing in front of me. Whatever shortcomings they may have, the advantage of my writings is that they are an artistic whole, and this can only be achieved through my practice of never having things printed until I have them in front of me in their entirety.

When unavoidable slowdowns and a series of negative events forced him to reconsider his working method, Marx asked himself whether it might be more useful first to produce a finished copy of Volume I, so that he could immediately publish it, or rather to finish writing all the volumes that would comprise the work. He preferred the latter solution, but reassured Engels that he would ‘no spare no effort to complete as soon as possible’; the thing was a ‘nightmarish burden’ to him. It prevented him ‘from doing anything else’ and he was keen to get it out of the way before a new political upheaval: ‘I know that time will not stand still for ever just as it is now.’

Although he had decided to bring forward the completion of Volume I, Marx did not want to leave what he had done on Volume III up in the air. Between July and December1865, he composed, albeit in fragmentary form, Part Five (‘Division of Profit into Interest and Profit of Enterprise. Interest-Bearing Capital’), Part Six (‘Transformation of Surplus-Profit into Ground-Rent’) and Part Seven (‘Revenues and Their Sources’). The structure that Marx gave to Volume III between Summer 1864 and the end of 1865 was therefore very similar to the 12-point schema of January 1863 contained in Notebook XVIII of the manuscripts on theories of surplus value.

The lack of financial difficulties that had allowed Marx to forge ahead with his work was not to last long; they reappeared after a year or so had passed, and his health took another turn for the worse in the course of the summer. On top of this, his duties for the International were particularly intense in September, in connection with its first conference, in London.

4. The Completion of Volume I
At the beginning of 1866, Marx launched into the new draft of Capital, Volume I. In a letter sent to Kugelmann, he spoke of being ‘busy 12 hours a day writing out the fair copy’, but hoped to take it to the publisher in Hamburg within two months.

Contrary to his predictions, however, the whole year would pass in a struggle with the carbuncles. In February, Marx was struck by the most virulent attack yet and was in danger of losing his life. When he recovered enough to start writing again, he confided to Engels: ‘It was a close shave this time. My family did not know how serious the case was. If the matter recurs in that form three or four times more, I shall be a dead man’.

The situation was now seriously alarming Engels. Fearing the worst, he intervened firmly to persuade Marx that he could no longer go on in the same way. He wanted to be sure that Marx had given up the far from realistic idea of writing the whole of Capital before any part of it was published. ‘Can you not so arrange things,’ he asked, ‘that the first volume at least is sent for printing first and the second one a few months later?’ Marx replied that

this ‘damned’ book (…) was ready at the end of December. The treatise on ground rent alone, the penultimate chapter, is in its present form almost long enough to be a book in itself. (…) I had to plough through the new agricultural chemistry in Germany, in particular Liebig and Schönbein, which is more important for this matter than all the economists put together, as well as the enormous amount of material that the French have produced since I last dealt with this point. I concluded my theoretical investigation of ground rent 2 years ago. And a great deal had been achieved, especially in the period since then, fully confirming my theory incidentally.

Daytime study at the library, to keep abreast of the latest discoveries, and night-time work on his manuscript: this was the punishing routine to which Marx subjected himself in an effort to use all his energies for the completion of the book. On the main task, he wrote to Engels: ‘Although ready, the manuscript, which in its present form is gigantic, is not fit for publishing for anyone but myself, not even for you.’

In the end, he accepted Engels’s advice to spread out the publication schedule: ‘I agree with you and shall get the first volume to Meissner as soon as it is ready.’ ‘But,’ he added, ‘in order to complete it, I must first be able to sit.’ In fact, Marx’s health was continuing to deteriorate. Towards the end of February, two huge new carbuncles appeared on his body, and he attempted to treat them alone. He told Engels that he used a ‘sharp razor’ to get rid of the ‘upper one’, lancing ‘the cur’ all by himself.

Following this harrowing account, Engels rebuked his friend more severely than ever before. Finally, Marx let himself be persuaded to take a break from work. On 15 March he travelled to Margate, a seaside resort in Kent. Early in April, Marx told his friend Kugelmann that he was ‘much recovered’. But he complained that, because of the interruption, ‘another two months and more’ had been entirely lost, and the completion of his book ‘put back once more’.

In July, Marx had to confront what had become his three habitual enemies: Livy’s periculum in mora (danger in delay) in the shape of rent arrears; the carbuncles, with a new one ready to flare up; and an ailing liver. In describing the state of things to his friend Kugelmann, and explaining the reasons for the delay, Marx set out the plan he now had in mind:

My circumstances (endless interruptions, both physical and social) oblige me to publish Volume I first, not both volumes together, as I had originally intended. And there will now probably be 3 volumes. The whole work is thus divided into the following parts:
Book I. The Process of Production of Capital.
Book II. The Process of Circulation of Capital.
Book III. Structure of the Process as a Whole.
Book IV. On the History of the Theory.
The first volume will include the first 2 books. The 3rd book will, I believe, fill the second volume, the 4th the 3rd.

Reviewing the work, he had done since the Contribution to the Critique of Political Economy, which was published in 1859, Marx continued:

It was, in my opinion, necessary to begin again from the beginning in the first book, i.e., to summarize the book of mine published by Duncker in one chapter on commodities and money. I judged this to be necessary, not merely for the sake of completeness, but because even intelligent people did not properly understand the question, in other words, there must have been defects in the first presentation, especially in the analysis of commodities.

Extreme poverty also marked autumn season of 1866 and the beginning of 1867, but at the end of February 1867 Marx was able to give Engels the long-awaited news that the book was finished. Now he had to take it to Germany, and once again he was forced to turn to his friend so that he could redeem his ‘clothes and timepiece from their abode at the pawnbroker’s’; otherwise he would not have been able to leave.
Having arrived in Hamburg, Marx discussed with Engels the new plan proposed by Meissner:

He now wants that the book should appear in 3 volumes. In particular he is opposed to my compressing the final book (the historico-literary part) as I had intended. He said that from the publishing point of view […] this was the part by which he was setting most store. I told him that as far as that was concerned, I was his to command.

Capital, Volume I, was put on sale on 14 September 1867. Following the final modifications, the table of contents was as follows:

Preface
1. Commodity and money
2. The transformation of money into capital
3. The production of absolute surplus value
4. The production of relative surplus value
5. Further research on the production of absolute and relative surplus value
6. The process of accumulation of capital
Appendix to Part 1, 1: The form of value.

Despite the long correction process and the final addition, the structure of the work would be considerably expanded over the coming years, and various further modifications would be made to the text. Volume I therefore continued to absorb significant energies on Marx’s part even after its publication.

5. In Search of the Definitive Version
In October 1867, Marx returned to Volume II. But this brought a recurrence of his medical complaints: liver pains, insomnia, and the blossoming of ‘two small carbuncles near the membrum’. Nor did the ‘incursions from without’ or the ‘aggravations of home life’ leave off; there was a certain bitterness in his sage remark to Engels that ‘my sickness always originates in the mind’. As always, his friend helped out and sent all the money he could, together with a hope that it ‘drives away the carbuncles’. That is not what happened, though, and in late November Marx wrote to say: ‘The state of my health has greatly worsened, and there has been virtually no question of working’.

The new year, 1868, began much as the old one had ended. The state of Marx’s health continued to fluctuate. A new interruption came just as he was recommencing work on the second version of Volume II – after a gap of nearly three years since the first half of 1865. He completed the first two chapters in the course of the spring, in addition to a group of preparatory manuscripts – on the relationship between surplus value and rate of profit, the law of the rate of profit, and the metamorphoses of capital – which occupied him until the end of 1868.

At the end of April 1868, Marx sent Engels a new schema for his work, with particular reference to ‘the method by which the rate of profit is developed’. In the same letter, he made it clear that Volume II would present the ‘process of circulation of capital on the basis of the premises developed’ in Volume I. He intended to set out, in as satisfactory a manner as possible, the ‘formal determinations’ of fixed capital, circulating capital and the turnover of capital – and hence to investigate ‘the social intertwining of the different capitals, of parts of capital and of revenue (=m)’. Volume III would then ‘the conversion of surplus value into its different forms and separate component parts’.

In May, however, the health problems were back. In the second week of August, he told Kugelmann of his hope to finish the entire work by ‘the end of September’ 1869. But the autumn brought an outbreak of carbuncles, and in Spring 1869, when Marx was still working on the third chapter of Volume II, his liver too yet another turn for the worse. His misfortunes continued in the following years, with troublesome regularity, and prevented him from ever completing Volume II.

There were also theoretical reasons for the delay. From Autumn 1868 to Spring 1869, determined to get on top of the latest developments in capitalism, Marx compiled copious excerpts from texts on the finance and money markets that appeared in The Money Market Review, The Economist and similar publications. Moreover, in Autumn 1869, having become aware of new (in reality, insignificant) literature about changes in Russia, decided to learn Russian so that he could study it for himself. He pursued this new interest with his usual rigour, and in early 1870 Jenny told Engels that, ‘instead of looking after himself, [he had begun] to study Russian hammer and tongs, went out seldom, ate infrequently, and only showed the carbuncle under his arm when it was already very swollen and had hardened’. Engels hastened to write to his friend, trying to persuade him that ‘in the interests of the Volume II’ he needed ‘a change of life-style’; otherwise, if there was ‘constant repetition of such suspensions’, he would never finish the book.

The prediction was spot on. In early summer, summarizing what had happened in the previous months, Marx told Kugelmann that his work had been ‘held up by illness throughout the winter’, and that he had ‘found it necessary to mug up on [his] Russian, because, in dealing with the land question, it ha[d] become essential to study Russian landowning relationships from primary sources’.

After all the interruptions and a period of intense political activity for the International following the birth of the Paris Commune, Marx turned to work on a new edition of Volume I. Dissatisfied with the way in which he had expounded the theory of value, he spent December 1871 and January 1872 rewriting the first chapter. On this occasion, apart from a small number of additions, he also modified the entire structure of the book.

Corrections and reworking also affected the French translation. From March 1872, Marx had to work on correcting the drafts, which were then sent to the printer in instalments between 1872 and 1875. In the course of the revisions, he decided to make further changes to the basic text, mostly in the section on the accumulation of capital. In the postscript to the French edition, he did not hesitate to attach to it ‘a scientific value independent of the original’.

Although the rhythm was less intense than before – because of the precarious state of his health and because he needed to widen his knowledge in some areas – Marx continued to work on Capital during the final years of his life. In 1875, he wrote another manuscript for Volume III entitled ‘Relationship between Rate of Surplus-Value and Rate of Profit Developed Mathematically’, and between October 1876 and early 1881 he prepared new drafts of sections of Volume II . Some of his letters indicate that, if he had been able to feed in the results of his ceaseless research, he would have updated Volume I as well.

The critical spirit with which Marx composed his magnum opus reveals just how distant he was from the dogmatic author that both most of his adversaries and many self-styled disciples presented to the world. Unfinished though it remained, those who today want to use essential theoretical concepts for the critique of the capitalist mode of production still cannot dispense with reading Marx’s Capital.