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La Izquierda Radical Europea Después de 1989

I. El fin del “socialismo real”
La caída del Muro de Berlín determinó un profundo cambio en el escenario político europeo. La implosión de los regímenes del bloque soviético, que se habían vuelto con el tiempo cada vez más represivos y burocráticos, tuvo la consecuencia positiva de liberar al comunismo del “socialismo real” –que había representado su degeneración– y de devolverlo a la lucha por la emancipación de las clases obreras.

Sin embargo, después de 1989, por el efecto de una convulsión del cuadro político y de relevantes transformaciones económicas, se desplegó un proceso de restauración capitalista que provocó durísimas repercusiones sociales a escala global. También en Europa, las fuerzas anticapitalistas atestiguaron cómo se redujo, inexorablemente, su protagonismo en la sociedad. Estas se encontraron, de hecho, con la enorme dificultad de organizar y orientar las luchas sociales y, por el lado ideológico, la izquierda en su conjunto perdió el rol hegemónico conquistado después de 1968 en la cultura de muchos países.

Tal retroceso se manifestó también en las elecciones. A partir de los años ochenta, tanto los partidos congregados en torno a las ideas del eurocomunismo[1], como aquellos aún fuertemente vinculados a las directrices de Moscú [2], sufrieron una grave disminución de consensos, que se convirtió, apenas después del final de la Unión Soviética, en un evidente colapso. Las diversas agrupaciones de la nueva izquierda y los partidos trotskistas corrieron la misma suerte [3].

Comenzó, sucesivamente, una fase de reconstrucción, en el transcurso de la cual surgieron, a menudo a través de procesos federativos entre varios de los componentes anticapitalistas que habían sobrevivido, nuevas formaciones políticas. Esto permitió a las fuerzas tradicionales de la izquierda abrirse también a movimientos ecologistas, feministas y pacifistas, nacidos en los dos decenios anteriores. Izquierda Unida (IU) en España, creada en 1986, fue la precursora de este proceso. Más tarde, iniciativas análogas alcanzaron la madurez en Portugal, donde, en 1987, nació la Coalición Democrática Unitaria (CDU); en Dinamarca, en 1989, con la Lista Unitaria – Los Rojos-Verdes (Enhl., Ø); en Finlandia, en 1990, con la Alianza de Izquierda (VAS), y en Italia y en Grecia, en 1991, cuando fueron fundados el Partito de la Refundación Comunista (PRC) y Synaspismós (SYN – Coalición de la Izquierda, de los Movimientos y de la Ecología). Varias fueron las modalidades organizativas a través de las cuales se definieron las nuevas congregaciones. Los partidos que le dieron forma a la Izquierda Unida –entre ellos el Partido Comunista de España– conservaron su existencia; la Coalición Democrática Unitaria en Portugal fungió sólo como lista electoral, mientras que el Partido de la Refundación Comunista en Italia y Synaspismós en Grecia se constituyeron como un nuevo y unitario sujeto político.

En otros países, en cambio, se procedió a un intento de renovación, a veces casi sólo de fachada, de los partidos que existían antes de la caída del Muro de Berlín. En 1989, después de la fundación de la República Checa, fue creado el Partido Comunista de Bohemia y Moravia (KSČM); mientras que en 1990, en Alemania, nació el Partido del Socialismo Democrático (PDS), heredero del Partido de Unidad Socialista de Alemania (PSUA), que ejerció el gobierno de la República Democrática Alemana desde 1949. Durante el mismo año, en Suecia el Partido de la Izquierda – Comunistas (V) asumió orientaciones más moderadas y eliminó la palabra “Comunistas” de sus iniciales.

II. El fracaso de las experiencias gubernamentales
Estos nuevos partidos, de la misma manera que aquellos que no habían cambiado su denominación, lograron conservar una cierta presencia política en sus respectivos escenarios nacionales y contribuyeron, junto con los movimientos sociales y las fuerzas sindicales progresistas, a la lucha contra las políticas neoliberales, intensificadas por la entrada en vigor, en 1993, del Tratado de Maastricht, en virtud del cual habían sido establecidos parámetros monetarios para el ingreso de los distintos países a la Unión Europea. En 1994, fue creado el grupo de la Izquierda Unitaria Europea del Parlamento Europeo que, un año después, siguiendo la adhesión de algunos partidos escandinavos, modificó su nombre para convertirse en Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica (GUE/NGL).

Además, a mediados de los años noventa, algunas fuerzas políticas de la izquierda radical, favorecidas por las huelgas y las grandes manifestaciones de plaza contra los gobiernos de Berlusconi y Dini en Italia, Juppé en Francia y González y Aznar en España, obtuvieron de hecho discretas afirmaciones electorales. La Izquierda Unida conquistó el 13,4% en las europeas de 1994; el Partido de la Refundación Comunista alcanzó el 8,5% de los votos en las elecciones italianas de 1996; el Partido Comunista Francés rozó el 10% en las legislativas de 1997. De la mano con lo anterior, estos partidos registraron un incremento del número de inscritos y una ampliación de su presencia en los territorios y en los puestos de trabajo. En esta fase de consolidación la excepción fue la de los partidos de los países del Este europeo, en los cuales, si se excluye la anomalía del Partido Comunista de Bohemia y Moravia, la herencia de las dictaduras “comunistas” de la posguerra no hizo posible –y aún hoy impide– el desarrollo de un proceso de renacimiento de las fuerzas de la izquierda.

Con el comienzo del siglo, se difundió por cada rincón del globo un amplio y políticamente heterogéneo movimiento de lucha contra la globalización neoliberal. Ya desde finales de los años noventa, colectivos autoorganizados, sindicatos de base, asociaciones, partidos anticapitalistas y organizaciones no gubernamentales habían promovido numerosas protestas masivas con ocasión de las periódicas cumbres internacionales del G8, del Fondo Monetario Internacional, de la Organización Mundial del Comercio y del Foro Económico Mundial (WEF) de Davos, Suiza. Los sucesivos nacimientos del Foro Social Mundial (FSM), Brasil 2001, y del Foro Social Europeo (ESF) favorecieron una discusión más abierta sobre la elaboración de políticas alternativas a las dominantes.

Mientras tanto, en el frente de la socialdemocracia, el advenimiento de Tony Blair, que guió el Labour Party desde 1994 y fue primer ministro del Reino Unido de 1997 a 2007, le allanó el camino a un profundo cambio ideológico y programático de la Internacional Socialista [4]. Su “Tercera Vía”, evidente adhesión al mantra liberal, disimulada con una exaltación vacía de lo “nuevo”, fue bienvenida y sostenida, con matices y modalidades diversas, por los gobiernos de Gerhard Schröder, canciller del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) de 1998 a 2005 [5], y de José Sócrates, primer ministro del Partido Socialista Portugués (PS), de 2005 a 2011 [6]. También Romano Prodi, presidente del Consejo italiano, a la cabeza de coaliciones de centro-izquierda de 1996 a 1998 y de 2006 a 2008, compartió muchos de los temas propuestos por Blair y se expresó a favor de la búsqueda de una “nueva vía”.

En nombre del “futuro de las próximas generaciones”, estos ejecutivos, inspirados por la Estrategia de Lisboa, el programa económico aprobado, en 2000, por los gobiernos de los países de la Unión Europea, dieron rienda suelta, casi del mismo modo que los de centro-derecha, a contrarreformas económicas que devastaron el modelo social europeo. De hecho, estos encaminaron, con inflexibilidad, fuertes recortes del gasto público, precarizaron las relaciones laborales (limitando las tutelas legislativas y empeorando las condiciones generales), pusieron en práctica políticas de “moderación” salarial y liberalizaron los mercados y los servicios, como sostenía la desastrosa “directiva Bolkestein” de 2006. La Agenda 2010, particularmente el Plan Hartz IV de Schröder, en Alemania, constituyó el ejemplo probatorio de tales elecciones desafortunadas.

En muchos países del sur de Europa, la situación fue ulteriormente agravada por el redimensionamiento de algunas garantías fundamentales del welfare state –comenzando por los ataques al sistema de pensiones–, por ulteriores cesiones masivas del patrimonio público, por procesos de privatización de la educación, por la drástica reducción de las becas para la investigación y la innovación y, finalmente, por la ausencia de políticas industriales eficaces. Estas medidas también fueron asumidas por Konstantinos Simitis (1996-2004) en Grecia, Massimo D’Alema (1998-2000) en Italia y José Zapatero (2004-2011) en España.

También en Europa del Este las elecciones fueron análogas. Los gobiernos socialistas de Leszek Miller (2001-2004) en Polonia y de Ferenc Gyurcsány (2004-2010) en Hungría estuvieron entre los más fieles secuaces del neoliberalismo y aplicaron grandes recortes al gasto público. De tal modo, éstos se deshicieron del consenso de la clase obrera y de los estratos más pobres de la población, al punto de que hoy en día las fuerzas de la Internacional Socialista ocupan una posición del todo marginal en ambos países.

Con respecto a las direcciones de la política económica es difícil rastrear diferencias, solo totalmente marginales, entre la actuación de los ejecutivos socialistas y la de los gobiernos conservadores en función durante el mismo período. Más bien, en muchos casos los partidos socialdemócratas, o las coaliciones de centro-izquierda, resultaron aún más funcionales para el proyecto neoliberal. Sus decisiones, de hecho, captaron más fácilmente el consentimiento por parte de las organizaciones sindicales, guiadas por la vieja, tan ilusoria, lógica del “gobierno amigo”. Con el tiempo, la decisión de adoptar un modelo de concertación y de baja conflictividad hizo a los sindicatos cada vez menos representativos de los sectores sociales más débiles.

Las medidas asumidas en política exterior siguieron con la misma dirección de discontinuidad con el pasado. En 1999, de hecho, fue el gobierno guiado por los Demócratas de Izquierda (DS), los herederos del viejo Partido Comunista Italiano, el que autorizó la segunda intervención militar de la historia italiana después de 1945: los bombardeos de la OTAN en Kosovo, sensación en la prensa también por el uso de proyectiles de uranio empobrecido. En 2003, los laboristas ingleses apoyaron en primera línea al republicano George W. Bush en la Segunda Guerra del Golfo contra el “Estado canalla” iraquí, falsamente acusado de posesión de armas de destrucción masiva[7]. Durante estos dos conflictos, ninguna fuerza del socialismo europeo se opuso a la intervención en Afganistán, a los devastadores “efectos colaterales” que éste trajo a la población y, más en general, a la campaña Enduring Freedom (“libertad duradera”) promovida por el gobierno de los Estados Unidos de América.

Finalmente, también la cuestión ecológica fue relegada a menudo a declaraciones de principios, que casi nunca se tradujeron en intervenciones legislativas eficaces para resolver los principales problemas ambientales. A esto contribuyó el desenvolvimiento moderado de gran parte de los partidos verdes que, decidiendo formar alianzas de gobierno tanto con las fuerzas de la derecha como con las de la izquierda, se volvieron partidos “post-ideológicos” y abandonaron la batalla en contra del modo de producción existente.

La metamorfosis de la socialdemocracia europea, sucedida por la anticrítica adhesión al capitalismo y a todos los principios del liberalismo, demostró que los acontecimientos de 1989 habían sacudido no sólo al campo comunista sino también a las fuerzas socialistas. En efecto, éstas habían renunciado a cualquier función reformadora; es decir, a la característica principal que las había distinguido después de la Segunda Guerra Mundial, cuando recomendaban, por ejemplo, la intervención estatal en la economía.

A pesar del profundo cambio neoliberal de la Internacional Socialista muchos partidos de la izquierda radical europea se aliaron con las fuerzas socialdemócratas como consecuencia de la legítima preocupación de impedir el nacimiento de gobiernos de derecha que habrían empeorado, aún más, las condiciones de vida de los jóvenes, los trabajadores y los pensionados, o para evitar el aislamiento y el miedo de ser castigados por la lógica del “voto útil”. Con pocos años de diferencia el Partido de la Refundación Comunista en Italia (1996-98 y 2006-8), el Partido Comunista Francés en Francia (1997-2002), Izquierda Unida en España (2004-2008) y el Partido de la Izquierda Socialista (SV) en Noruega [8] (2005-13) ingresaron a las mayorías parlamentarias de los gobiernos de centro-izquierda o incluso aceptaron la guía de algunos ministerios. Más recientemente, también la Alianza de Izquierda en Finlandia (2011-2014) y el Partido Popular Socialista de Dinamarca (2011-2015) adquirieron responsabilidades de gobierno.

Tal elección de fondo, sin embargo, ya había sido utilizada en modo consistente a nivel local, prescindiendo, a menudo, de una confrontación programática seria con las fuerzas políticas con las cuales se aprobaban los acuerdos de coalición[9].

El ventarrón liberal que soplaba sin nada que lo contrarrestara desde la península ibérica hasta Rusia y, sobre todo, la ausencia de grandes movimientos sociales que hubieran podido condicionar las acciones de los gobiernos encabezados por socialistas representaban, evidentemente, dos advertencias negativas para los partidos de la izquierda radical. Por otra parte, llamados a presidir, con representantes propios, ministerios poco relevantes (como en el caso de Francia e Italia), o valiéndose solamente de grupos parlamentarios restringidos (como en España), las relaciones de poder que éstos lograron establecer al interior de los ejecutivos por ellos sostenidos fueron muy débiles.

Por lo tanto, las izquierdas anticapitalistas no lograron hacerse con ninguna conquista social significativa, con excepción de algún blando paliativo por alguna ligera contradicción con las directrices económicas de fondo. Por el contrario, con mayor frecuencia tuvieron que “besar el sapo” y votar medidas contra las cuales habían prometido con anterioridad la más intransigente oposición. Guiados por parlamentarios y por líderes locales seleccionados basándose en la acrítica fidelidad a la línea política del grupo dirigente, estos partidos fueron absorbidos por las elecciones de los gobiernos a los que apoyaban y vieron cómo se consumó una lenta pero constante ruptura con sus propias bases, que derivó en una consiguiente pérdida de credibilidad y consenso entre quienes habían votado por ellos.

Los resultados electorales sucesivos a su participación en el gobierno fueron, de hecho, desastrosos por doquier. En las presidenciales de 2007, los comunistas franceses obtuvieron menos del 2% de los votos. El año siguiente Izquierda Unida en España tocó fondo, con el 3,8%, llegando a su mínimo histórico y, por primera vez en la historia republicana, los comunistas fueron excluidos del parlamento italiano, con el desolador porcentaje de 3,1, alcanzado, además, bajo la insignia de la más amplia coalición de la Izquierda Arcoíris [10].

III. En los tiempos de la dictadura de la Troika
En el transcurso de 2007, los Estados Unidos de América fueron golpeados por una de las crisis financieras más graves de la historia, que involucró, bastante temprano, también a Europa, haciéndola caer en una durísima recesión.

A causa del considerable aumento de la deuda pública y del consiguiente peligro de insolvencia, muchos países tuvieron que recurrir a los préstamos de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, es decir, la llamada Troika. Los créditos para las naciones con riesgo de default fueron concedidos a cambio de la introducción de inflexibles políticas de austeridad, frente a las que las de por sí pesadas reestructuraciones de los años noventa parecieron intervenciones superficiales. Desde el año 2008, fueron realizados en el área de la Unión Europea 13 programas de salvamento (bailout programs): en Hungría (2008-10), en Letonia (2008-11) [11] y tres en Rumania (2009-15), a los cuales se suman los tres de Grecia (2010-2018), el de Irlanda (2010-2013), el de Portugal (2011-14), los dos de Chipre (2011-2016) y el de España (2012-2013), implementados al interior de la Eurozona.

La misma expresión “reformas estructurales” terminó sufriendo una transformación semántica. El término, que había pertenecido al léxico del movimiento obrero para indicar el lento pero progresivo mejoramiento de las condiciones sociales, se convirtió, por el contrario, en sinónimo de la destrucción del welfare state. Estas pseudoreformas, en realidad verdaderas involuciones, acabaron con muchísimas conquistas del pasado y restablecieron condiciones legislativas y económicas que recuerdan a las del capitalismo rapaz de los años 1800.

Dentro de este marco se abrió un terrible ciclo recesivo del cual Europa no ha salido todavía y que, por el momento, la ve luchar con el fantasma de la deflación. El fuerte recorte de salarios determinó la caída de la demanda, con la consiguiente disminución del producto interno bruto, y el desempleo alcanzó niveles nunca registrados en la segunda posguerra. De 2007 a 2014, este último pasó del 8,4% al 26,5% en Grecia, del 8,2% al 24,5% en España, del 6,1% al 12,7 en Italia y del 9,1% al 14,1% en Portugal. En 2014, la falta de trabajo para una generación entera de jóvenes alcanzó niveles epidémicos: 24,1% en Francia, 34,7% en Portugal, 42,7% en Italia, 52,4% en Grecia y 53,2% en España. De hecho, el número de jóvenes de estos países que fueron obligados a emigrar [12] asciende a más de un millón –se trata a menudo de aquellos más calificados y que poseen una mayor instrucción–.

Estamos en presencia de una nueva modalidad de lucha de clase conducida con gran resolución por las clases dominantes contra las subalternas, cuya resistencia fue, a menudo, apenas débil, desordenada y fragmentada [13]. Esto ocurrió tanto en los centros capitalistas más desarrollados, donde la reducción de los derechos de los trabajadores alcanzó niveles impensables hace treinta años, como en las periferias del mundo, donde las empresas, muchas veces multinacionales, explotaron de formas extremas la mano de obra y siguen robándole al territorio sus preciosos recursos naturales.

Estos procesos generaron un enrome incremento de las desigualdades y una significativa redistribución de las riquezas a favor de la parte más rica del planeta. Las relaciones sociales mismas cambiaron profundamente con la impronta de una precariedad incontestada hacia una extrema competitividad entre los trabajadores, hacia la mercantilización de cualquier ámbito de la existencia, hacia la guerra social entre los sectores más pobres y hacia un nuevo y más invasivo capitalismo, que corrompe las conciencias y las vidas de manera inédita.

La crisis en Europa se transfirió rápidamente incluso a la dimensión política. Durante los últimos veinte años el poder de decisión transitó cada vez más desde la esfera política hacia la económica. La economía se ha convertido en un ámbito separado e inmodificable que asume las decisiones más importantes, cada vez más alejadas del control democrático. Aquellas que, en un tiempo no muy lejano, eran consideradas posibles acciones políticas se convirtieron hasta hoy en incontestables imperativos económicos que, tras la máscara ideológica de lo apolítico, esconden, por el contrario, un arraigo peligrosamente autoritario y un contenido totalmente reaccionario.

El caso más emblemático es el del Tratado sobre la estabilidad, coordinación y gobernanza en la unión económica monetaria. Puesto en vigor en 2013, el fiscal compact, como se lo denomina generalmente, impuso la introducción del vínculo del presupuesto de equilibrio en las Constituciones de los países de la Unión Europea. Esto significa que cada nación asumió la obligación de reincidir, en el arco de veinte años, en los parámetros establecidos por el Tratado de Maastricht de 1993. Es decir, asumieron la obligación de que su deuda pública no debe superar el umbral del 60% del producto interno bruto. Esta relación, según las estadísticas de 2014, está actualmente en el 92% en la zona Euro (incluidos el 74,4%de Alemania y el 89,4% del Reino Unido, único país, junto a la República Checa, que no suscribió el acuerdo), con los picos máximos de Bélgica al 106,5%, Portugal al 130,2%, Italia al 132% y Grecia al 177%.

Tal decisión es un muro erigido para impedir a cada parlamento, también a los futuros, adoptar decisiones autónomas sobre las direcciones a tomar en términos de política económica. Esta conlleva a la destrucción del Estado social en los países más endeudados y, en la fase económica actual, corre el riesgo de agravar, aún más, la recesión. En el interior de esta ofensiva más general, inspirándose en algunos países anglosajones, en Francia, a partir de 2007, y en Italia, en 2011, se introdujeron nuevas figuras, encargadas de “racionalizar” el gasto público: los comisarios para la spending review. Las medidas propuestas por éstos, en vez de reducir el derroche, como había sido anunciado, provocaron una reducción de la cantidad y calidad de los servicios.

La etapa posterior a este diseño prevé la Asociación Transatlántica para el Comercio y las Inversiones (TTIP), un acuerdo entre la Unión Europea y los Estados Unidos de América, alrededor del cual está en curso una negociación reservadísima, encaminada a la ulterior desregulación de los intercambios comerciales, a la primacía del beneficio de las empresas sobre el interés general y al consiguiente aumento de la competencia a la baja, que generará nuevas reducciones salariales y menores derechos para los trabajadores.

La transición de poder desde los parlamentos –ya vaciados de su valor representativo por las modificaciones aportadas a los sistemas electorales en sentido mayoritario, así como de revisiones, siempre menos democráticas, de la relación entre poder ejecutivo y legislativo– hacia las instituciones oligárquicas internacionales, cuyas directivas neoliberales favorecen el dominio incondicional del mercado, constituye el más grave ataque al ordenamiento democrático de nuestro tiempo [14]. Revela la cara de un capitalismo con una grave crisis de consenso, e incompatible con la democracia.

Sin embargo, en los pocos referendos convocados después de la aprobación del Tratado de Maastricht, las elecciones de los poderes tecnocráticos dominantes en Europa a menudo fueron vencidas por el voto popular. Acaeció en Francia y en Holanda, en 2005, con respecto al Tratado sobre la Constitución Europea [15]; y, sucesivamente, también en Irlanda, en 2008, en relación con el Tratado de Lisboa [16].

Los índices de la bolsa, las calificaciones de las agencias de rating, el spread entre las tasas sobre los títulos estatales, son gigantescos fetiches de la sociedad contemporánea que han adquirido mayor valor que la voluntad popular. Las decisiones que más dañan a las masas son presentadas como necesidades imprescindibles para “restablecer la confianza” de los mercados.

En el mejor de los casos, la política es convocada para sostener a la economía, como sucedió, después de 2008, tanto en los Estados Unidos de América como en Europa, cuando fueron realizados los rescates de los bancos. Los representantes de la gran finanza tuvieron la necesidad de intervenir políticamente para mitigar la devastación producida por la más reciente crisis de capital, pero éstos se negaron a discutir nuevamente las reglas y los lineamientos económicos de fondo.

Ni siquiera la alternancia entre gobiernos de centro-derecha y de centro-izquierda modificó las directrices económico-sociales, ya que es la economía la que determina, siempre más, el nacimiento, la composición y la finalidad de los ejecutivos que alcanzan el poder. Si, en el pasado, esto se realizaba a través de las grandes cantidades de dinero destinadas por “los poderes fuertes” a gobiernos y partidos para controlarlos y mediante el condicionamiento de los medios de comunicación masivos, en el siglo XXI esto sucede, por el contrario, por decreto de las instituciones internacionales.

Dicho fenómeno quedó demostrado con mayor evidencia con la temporada de los “gobiernos técnicos”. En el transcurso de una semana -entre el 11 y el 16 de noviembre de 2011– Lucas Papademos y Mario Monti, intachables representantes del poder económico dominante (el primero había sido vicepresidente del Banco Central Europeo de 2002 a 2010), fueron nombrados, sin el filtro de las elecciones, primeros ministros de Grecia e Italia. Papademos estuvo a cargo sólo siete meses, mientras que Monti, debido al apoyo determinante del Partido Democrático (PD), por un año y medio. Erigidos como los adalides de la austeridad, éstos introdujeron drásticos recortes del gasto y ulteriores sacrificios sociales.

Sus experiencias políticas resultaron breves, dado que ambos fueron drásticamente derrotados apenas se le restituyó la palabra a los electores, pero la actuación de sus gobiernos se mostró mortífera por las decisiones tomadas en el plano económico y, tal vez más, a causa del vulnus democrático generado por la modalidad de sus investiduras.

Algunas fuerzas de la Internacional Socialista emprendieron en estos años un camino que tuvo un resultado similar al de los “gobiernos técnicos”. Armadas con la convicción ideológica de que no existe alternativa al neoliberalismo –así la crisis de 2008 haya mostrado los desastres que éste había tenido la capacidad de producir y a pesar de que, en la otra costa del Atlántico, la administración Obama, con el American recovery and reinvestment Act de 2009, hubiera tomado un camino diferente–, éstas se aliaron con las fuerzas del Partido Popular Europeo (EPP), el grupo que recoge los partidos europeos de centro-derecha, lo que modificó acríticamente sus principales directrices económico-sociales.

El prototipo de dicha tendencia fue la Große Koalition en Alemania, el acuerdo a través del cual el Partido Socialdemócrata Alemán, al apoyar de 2005 a 2009 y de 2013 hasta hoy a la canciller Angela Merkel, prácticamente renunció a la propia autonomía.

Otros experimentos de “unidad nacional” surgieron en Europa meridional. En Grecia, de 2012 a 2015, el Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK) y, durante un período, también la Izquierda Democrática (DIMAR), apoyaron al primer ministro del partido Nueva Democracia (ND), Antonis Samaras. En Italia, después de las elecciones de 2013, el Partido Democrático se hizo con el gobierno –guiado por su vicesecretario, Enrico Letta– junto con la coalición de centro-derecha Il Popolo delle Libertà (El Pueblo de las Libertades) (PdL), comandado por Silvio Berlusconi. En 2014, lo relevó el joven rottamatore neoblairiano Matteo Renzi, quien desmantela para recuperar lo utilizable, y forma un gobierno, hoy todavía a cargo, con la Nuova Centrodestra (Nueva Centroderecha) (NCD) –formado por un grupo salido del movimiento de Berlusconi– y estrechó con este último un acuerdo sobre algunas “reformas” significativas a nivel electoral y constitucional.

Con la elección de Jean-Claude Juncker [17] como presidente de la Comisión Europea, la gran coalición entre el Partido Popular Europeo y el grupo de la Alianza Progresista de los Socialistas y los Demócratas (S&D) también gobierna las principales instituciones de la Unión Europea.

IV. Antipolítica, populismo y xenofobia
La sustancial y nociva uniformidad de los partidos en sus directrices políticas y en sus decisiones económicas, confirmada, por último, también por las políticas llevadas a cabo en Francia, a partir de 2012, durante la presidencia de François Hollande y, más generalmente, la creciente hostilidad de gran parte de la opinión pública contra la tecnocracia de Bruselas, contribuyeron a la producción de un nuevo gran cambio –el segundo después del de 1989– en el contexto político europeo.

En el transcurso de los últimos años se desarrollaron por doquier en el viejo continente sentimientos de profunda aversión hacia todo lo que tiene que ver con política, convertida en sinónimo de la ocupación, fin en sí misma, del poder, y no, al contrario, de empeño e interés colectivo por cambiar la sociedad, como había sucedido en los años sesenta y setenta. En muchos países esta ola de antipolítica también abrumó a las fuerzas de la izquierda radical, consideradas como responsables, sobre todo a causa de las mediocres experiencias de gobierno, de haberse adaptado al contexto existente y de haber abandonado progresivamente las instancias antagonistas que antes las habían acompañado.

Significativas son las alteraciones en las relaciones de fuerza presentes en el interior del panorama europeo. Bipartidismos consolidados como el español o el griego, países en los cuales, después del fin de las dictaduras, la suma de las fuerzas socialistas y de centro-derecha habían alcanzado constantemente cerca de las tres cuartos del electorado, implosionaron. Al parecer, la misma suerte le tocó al bipolarismo italiano y francés, por efecto del cual, en las últimas décadas se había dado puntualmente una constante división de los votos entre las formaciones de centro-derecha y centro-izquierda. Por otra parte, los tres grupos políticos principales del Parlamento Europeo elegido en 2009 –es decir, el Partido Popular Europeo, la Alianza Progresista de los Socialistas y de los Demócratas y la Alianza de los Demócratas y los Liberales por Europa (ALDE)– perdieron más del 13% de sus parlamentarios en las elecciones de 2014.

El panorama político-electoral se modificó debido al incremento del abstencionismo, el nacimiento de formaciones populistas, el avance significativo de las fuerzas de extrema derecha y, en algunos contextos, la consolidación de una alternativa de izquierda a las políticas neoliberales.

El primero de estos fenómenos encuentra su explicación principal en el creciente alejamiento de los partidos políticos. Tal tendencia se manifestó, en los países más diversos, en la ocasión de las elecciones legislativas. En Francia, el número de votantes descendió del 67,9% en 1997 al 57,2% en 2013[18]; en Alemania del 84,3% en 1987 al 71,5% en 2013; en el Reino Unido del 77,7% en 1992 al 66,1% en 2015; en Italia del 87,3% en 1992 al 72,2% en 2013; en Portugal del 71,5% en 1987 al 57% en 2015; en Grecia del 76,6% en 2004 al 56,5% en 2015, y, en Polonia, con ocasión de las elecciones presidenciales, del 64,7% en 1995 al 48,9% en 2015. El porcentaje de ciudadanos que se acercaron a las urnas también disminuyó en las elecciones del Parlamento Europeo: del 62% en 1979 al 42,6% en las últimas consultas[19]. Este dato refleja el progresivo desinterés por una institución que representa un modelo de Europa siempre más tecnocrático y menos político.

Montando la ola antieuropeísta, en los últimos años también surgieron nuevos movimientos políticos, autodeclarados como “post-ideológicos”, que tuvieron como idea guía la genérica denuncia de la corrupción del sistema o el mito de la democracia online, como garantía de la participación política desde abajo y como alternativa a la practicada en los partidos políticos.

Sobre la base de estos principios, en 2006, fue fundado casi al unísono en Suecia y Alemania el Partido Pirata (PP). Tres años después, éste alcanzó el 7,1% en las elecciones europeas en el país escandinavo y el 2% en las elecciones por el Bundestag. En 2012, este partido se constituyó también en Islandia, donde obtuvo un 5,1% de los votos en las elecciones de 2013. Porcentajes significativos, si se considera su limitado programa político, pero irrisorios si se comparan con los del Movimento 5 Stelle (Movimiento 5 Estrellas – M5S), al cual le dio vida, en 2009, el humorista Beppe Grillo y que se convirtió, en las primeras elecciones generales a las que se presentó, en la primera fuerza política italiana con el 25,5% de los votos.

En 2013, nació en Berlín la Alternativa para Alemania (AfD) que, gracias al creciente euroescepticismo, recogió el 4,7% en las elecciones federales de 2013, el 7% en las europeas del año siguiente y entre el 12% y el 24% en la elección estatales de marzo de 2016. En 2014, fue el turno de El Río (TP) en Grecia, que logró el 6,6% en las europeas y el 4,1% en las siguientes elecciones políticas, y el desarrollo, a escala nacional, de Ciudadanos (C’s) –movimiento fundado en Cataluña en 2006–, con el 3,2% en las europeas, velozmente duplicado en las administrativas de 2015, con el 6,6% de las preferencias totales. En las recientes presidenciales de Polonia, finalmente, el cantante Pawel Kukiz, populista de derecha, obtuvo el 21,3% de los votos. Su movimiento político, Kukiz’15, se convirtió en la tercera fuerza política del país con el 8,8% de los votos en las legislativas de octubre de 2015.

Durante el mismo período, formaciones que existían hacía tiempo lograron significativas afirmaciones sobre análogas plataformas políticas. El caso más llamativo es el del Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP) que, combinando populismo, nacionalismo y xenofobia, se convirtió, con el 26,6%, en la primera fuerza en las últimas elecciones europeas al otro lado de la Mancha y alcanzó el 12,6% en las elecciones políticas de 2015. En el parlamento europeo, los elegidos del Partido por la Independencia del Reino Unido hicieron coalición con el Movimiento 5 Estrellas, formando el grupo Europa de la Libertad y de la Democracia Directa (EFDD).

Incluso en Suiza, las elecciones de octubre de 2015 fueron ganadas con el 29,4% de los votos –el mejor resultado desde siempre– por el Partido del Pueblo Suizo-Unión Democrática de Centro (SVP-UDC). Aunque el nombre dejaría entrever otra cosa, se trata de una formación de ultraderecha xenófoba y antieuropeista, que se distinguió en el pasado por haber promovido un referendo, aprobado en 2009, sobre la prohibición de la construcción de nuevos alminares en el país.

Por otro lado, en muchos países europeos, cuando los efectos de la crisis económica comenzaron a hacerse sentir con todo su peso, partidos xenófobos, nacionalistas o aparentemente neofascistas vieron crecer enormemente sus consensos. En algunos casos, éstos cambiaron su discurso político, sustituyendo la clásica división entre derecha e izquierda por la de una nueva lucha en acto dentro de la sociedad contemporánea: aquella que Marine Le Pen definió como el conflicto “entre lo alto y lo bajo” [20]. Dentro de esta nueva polarización, éstos se hicieron candidatos para representar esta última parte, el pueblo, contra el establishment, es decir, las fuerzas que se alternaron durante un buen tiempo en el gobierno y contra las élites que favorecen la omnipotencia del libre mercado.

Incluso la tendencia ideológica de estos movimientos políticos cambió. El componente racista fue, en muchos casos, puesto en segundo plano con respecto a las temáticas económicas. La oposición a las ya ciegas y restrictivas políticas sobre la inmigración puestas en práctica por la Unión Europea se reforzó haciendo hincapié en la guerra entre pobres, incluso por encima de la discriminación basada en el color de piel o el credo religioso. En un contexto de desempleo masivo y de grave conflicto social, la xenofobia se fermentó mediante una propaganda según la cual los inmigrantes le roban el trabajo a los trabajadores locales, quienes serían, de otro modo, privilegiados en materia de ocupación, servicios sociales y derechos [21].

Este cambio de ruta seguramente influyó en el resultado del Frente Nacional que, bajo la guía de Le Pen, alcanzó el 17,9% en las elecciones presidenciales de 2012, antes de convertirse, con el 24,8% de los votos, en el primer partido político francés [22] en las consultas europeas de 2014 y de conseguir el 25,2% en las administrativas de 2015. También la Lega Nord (Liga Norte) en Italia ha sufrido una notable metamorfosis. Nacida en 1989 reivindicando la independencia de Padania (o, a partir de 1996, su sucesión), se convirtió, en los últimos tiempos, en un partido nacional, cuya plataforma política antieuro y antiinmigrantes ha constituido la premisa del proceso de alianza con las principales fuerzas herederas del fascismo. Recientemente, su consenso electoral aumentó considerablemente, hasta el punto de convertirse en las elecciones administrativas de 2015 en la primera organización de centro-derecha italiana, superando a Forza Italia, el partido de Silvio Berlusconi.

En Francia y en Italia, algunas fortalezas históricas del voto obrero y comunista se modificaron para convertirse en estables bases electorales de estas dos fuerzas. La reciente coalición, con sede europea, entre el Frente Nacional y la Liga Norte hizo posible, en junio de 2015, el nacimiento del grupo Europa de las Naciones y de la Libertad (ENL) en el europarlamento de Bruselas. De éste hacen parte consolidados partidos políticos que, apoyados por otras organizaciones menores, claman, desde hace tiempo, por la salida del euro, la revisión de los tratados sobre inmigración y el retorno de la soberanía nacional. Entre los más representativos están Interés Flamenco en Bélgica (VB); el Partido de la Libertad Austriaco (FPÖ), que alcanzó el 20,5% en las elecciones políticas de 2013, el 19,7% en las europeas de 2014, el 30,8% en las comunales de Viena de 2015 y el 35.1% en el primero turno de las presidenciales de abril 2016; el Partido por la Libertad (PVV) holandés, formado en 2006, que recogió el 13,3% en las europeas. Estos últimos dos partidos alcanzaron la tercera posición en sus respectivos países.

Las fuerzas de extrema derecha entraron en diversos grupos del europarlamento y, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, lograron avances relevantes incluso en otras regiones de Europa. En toda Escandinavia, por ejemplo, éstas se constituyen como una realidad ya bastante consolidada y también como la orientación ideológica que ha registrado el mayor éxito electoral.

En la patria por excelencia del “modelo nórdico”, los Demócratas Suecos (SD), nacidos en 1988 mediante la fusión de diversos grupos neonazis de la época, se convirtieron, con el 12,8% de los votos, en el tercer partido más votado en las elecciones legislativas de 2014. En Europa éstos están aliados con el Partido por la Independencia del Reino Unido.

En Dinamarca y Finlandia, dos partidos fundados en 1995 y ambos adherentes al Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR), que históricamente ha sido guiado por el Partido Conservador (CP) británico, alcanzaron resultados aún más sorprendentes, convirtiéndose en la segunda fuerza política en sus respectivos países. Suscitando el estupor general, el Partido Popular Danés (DPP) fue, con un 26,6% de los votos, el movimiento político más votado en las últimas elecciones europeas. Tal éxito fue confirmado en las legislativas de 2015, después de las cuales, con el 21,1% de las preferencias, entró en la mayoría de gobierno. Después de las recientes elecciones de 2015, también subieron a los escaños del gobierno de Helsinki los Verdaderos Finlandeses (PS), con el 17,6% de los votos. Finalmente, en Noruega, con el 16,3% de los votos, llegó por primera vez al gobierno el Partido del Progreso (FrP), de visión política igualmente reaccionaria, que ya había conseguido el 22,9% en 2009.

La notoria y casi uniforme afirmación de estos partidos, en una región donde las organizaciones del movimiento obrero ejercieron una indiscutida hegemonía por un largo tiempo, se hizo posible porque los partidos de extrema derecha se apropiaron de temáticas y batallas que en el pasado correspondían a la izquierda, tanto socialdemócrata como comunista. El maquillaje de la simbología política (los Demócratas Suecos sustituyeron, por ejemplo, la llama, a menudo usada por movimientos fascistas, con una tranquilizadora flor de campo con los colores nacionales) y el advenimiento de líderes jóvenes y hábiles comunicándose con los medios fueron factores útiles, pero no fundamentales.

El avance de la derecha se dio no sólo utilizando clásicas campañas reaccionarias, como aquellas contra la globalización, la llegada de nuevos solicitantes de asilo y el espectro de la “islamización” de la sociedad. En la base de su éxito estuvo, sobre todo, la reivindicación de políticas, tradicionalmente de izquierda, a favor del Estado social, justo cuando los socialdemócratas optaban por recortes del gasto público y la izquierda radical estaba maniatada por el apoyo o la participación directa en los gobiernos. Se trata, sin embargo, de un diferente tipo de welfare. Ya no es universal, inclusivo y solidario, como el del pasado, sino que se basa en un principio diferente –que algunos académicos han incluido en la categoría de welfare nationalism–, el cual consiste en proporcionar derechos y servicios exclusivamente a los miembros de la preexistente comunidad nacional.

Al gran consenso recibido en las zonas rurales y de provincia, a menudo despobladas o con índices de desempleo récord a causa de la crisis económica, la extrema derecha escandinava ha añadido el de una parte significativa de la clase obrera, la cual ha cedido al chantaje de “inmigración o Estado social”. Incluso en diversos países del Este europeo la derecha radical consiguió reorganizarse después del fin de los regímenes prosoviéticos. La unión Nacional del Ataque (ATAKA) en Bulgaria, el Partido Eslovaco Nacional (SNS) y el Partido Grande Rumania (PRM) son algunas de las fuerzas políticas que a menudo obtienen buenos resultados y eligen representantes propios en el parlamento.

En Polonia, el partido de la derecha populista Derecho y Justicia (PiS) venció en las presidenciales de mayo de 2015 y después obtuvo, gracias al 37,6% de los votos en las legislativas de octubre de 2015, la primera mayoría absoluta conseguida en el parlamento por una única fuerza política después del final de la Guerra Fría. A diferencia de los frecuentes llamados de atención al nacionalismo y a los valores religiosos más conservadores, el programa económico de Derecho y Justicia se centró en la promesa de aumentar la inversión social, mejorar el nivel de los salarios y disminuir la edad de pensión. Una plataforma de izquierda, en un país donde la izquierda anticapitalista no existe y la socialdemócrata está confinada a una participación minoritaria después de haber golpeado con sus políticas a los estratos sociales más débiles.

En esta zona de Europa, sin embargo, el caso más alarmante es el de Hungría. Después de la introducción de severas medidas de austeridad lanzadas por el gobierno del Partido Socialista Húngaro, en deferencia a las imposiciones de la Troika, y después de la grave crisis de deflación desencadenada por éstas, alcanzó el poder la Unión Cívica Húngara-Fidesz (adherente al Partido Popular Europeo). Después de haber depurado la magistratura y haber puesto bajo control los medios masivos de comunicación, el gobierno instauró en 2012 una nueva Constitución de connotaciones autoritarias y extraña a los principios propios del Estado de derecho. Junto a tan peligrosa realidad, a partir de 2010, el Movimiento por una Hungría Mejor (Jobbik) se convirtió en el tercer partido del país, alcanzando el 20,5% en las elecciones de 2014. A diferencia de las fuerzas presentes en Europa occidental y Escandinavia, Jobbik representa el clásico ejemplo –hoy en día dominante en el Este– de formaciones de extrema derecha, que insisten en utilizar el odio hacia las minorías (en particular la Rom), el antisemitismo y el anticomunismo como principales instrumentos de propaganda y acción.

Completan, finalmente, este panorama diversas organizaciones neonazis esparcidas por varias zonas de Europa. Dos de éstas obtuvieron buenos resultados. El Partido Nacionaldemócrata de Alemania (NPD) conquistó una presencia institucional en dos parlamentos regionales, alcanzó el 1,5% en las elecciones de 2013 y eligió un eurodiputado en 2014. Alba Dorada, en Grecia, recogió el 9,4% en las europeas de 2014 y el 7% en las elecciones de 2015, afirmándose, en ambos casos, como la tercera fuerza política del país[23].

Durante estos años, pues, los partidos políticos de derecha populista, nacionalista o neofascista han ampliado definitivamente su consenso casi por doquier en Europa. En muchas ocasiones estuvieron en capacidad de hegemonizar el debate político y, en algunos casos, aliándose con fuerzas de la derecha más moderada, fueron capaces de hacerse con el gobierno. Se trata de una epidemia muy preocupante, a la cual no se puede pensar en responder sin haber combatido el virus que la generó: la letanía neoliberal hoy tan en boga en Bruselas.

No obstante, tanto en Grecia como en las regiones orientales de Alemania, éstos tuvieron resultados inferiores a los que habrían podido obtener; mientras que en España, Portugal y República Checa, algunos de los lugares donde la izquierda comunista mantuvo un consistente arraigo social y desarrolló, con el transcurso de los años, una coherente política de oposición, no se dieron las condiciones para su renacimiento.

V. La nueva geografía política de la izquierda radical europea
La crisis económica y política que atraviesa Europa ha provocado, aparte del avance de fuerzas populistas, xenófobas y de extrema derecha, grandes luchas de resistencia y manifestaciones de protesta contra las medidas de austeridad impuestas por la Comisión Europea y llevadas a cabo por los gobiernos nacionales.

Esto ha favorecido, sobre todo en la parte meridional del continente, el renacer de fuerzas radicales de izquierda, así como su considerable éxito electoral. Grecia, España, Portugal, así como Irlanda y, en menor medida, otros países, han sido el teatro de imponentes movilizaciones masivas contra las políticas neoliberales. En Grecia, a partir de 2010, se declararon más de 40 huelgas generales.

En España, el 15 de mayo de 2011, tuvo inicio una gran rebelión, en la cual participaron millones de ciudadanos y de la que surgió el movimiento después definido con el nombre de Indignados. Los manifestantes alcanzaron a ocupar, durante unas buenas cuatro semanas, la Puerta del Sol, la plaza principal de Madrid. Pocos días después, una contraparte análoga despegó en Atenas, en la Plaza Syntagma. En ambos países, estas luchas sociales, de hecho, crearon las premisas para la sucesiva consolidación de las fuerzas de izquierda.

Por otra parte, sin embargo, las organizaciones sindicales, aun cuando estaban favorecidas por un bagaje común –en los países europeos las medidas adoptadas después de la crisis causaron los mismos desastres sociales–, no tuvieron la voluntad política ni para construir una plataforma reivindicativa única, ni para articular una serie de movilizaciones a escala continental. La única excepción parcial está representada por la huelga general, proclamada el 14 de noviembre de 2012, en España, Italia, Portugal, Chipre y Malta, también apoyado por iniciativas de solidaridad en Francia, Grecia y Bélgica.

Durante este período, en la orilla política, la izquierda anticapitalista persistió en su proceso de reconstrucción y de recomposición de las fuerzas de campo. Nacieron, de hecho, nuevas formaciones inspiradas por el pluralismo y capaces de juntar el más amplio abanico de sujetos políticos, garantizando, al mismo tiempo, una mayor democracia interna a través del principio de “una cabeza un voto”.

Ya en 1999, surgieron el Bloque de Izquierda (BE) en Portugal, en el cual habían confluido las fuerzas más significativas que se encontraban a la izquierda del Partido Comunista Portugués, y La Izquierda (DL) en Luxemburgo. En 2004, fue el turno de la Izquierda Radical (SYRIZA), la alianza entre Synaspismós y otras numerosas fuerzas anticapitalistas griegas, que solo hasta 2012 se constituyó como partido único.

En mayo de 2004 fue fundado el Partido de la Izquierda Europea, dentro del cual, inicialmente, se asociaron 15 partidos entre comunistas, socialistas y ecologistas, con el intento de construir un sujeto político alrededor de un programa común de las principales fuerzas de la izquierda antagonista en el continente. Actualmente hacen parte de éste organizaciones políticas de veinte países[24]. Dicha agrupación fue precedida, pocos meses antes, por la creación de la Alianza de la Izquierda Verde Nórdica, en la cual confluían siete partidos de Europa septentrional.

Junto a la mayor coalición del Partido de la Izquierda Europea, existía, además, la Izquierda Anticapitalista Europea (EACL), una formación menor, nacida en 2000, en la cual habían confluido más de 30 partidos trotskistas, a menudo de reducidas dimensiones. Sus principales promotores fueron el Bloque de Izquierda en Portugal, la Izquierda Unitaria-Los Rojo-Verdes en Dinamarca y el Nuevo Partido Anticapitalista en Francia. En el parlamento europeo, los representantes de estas fuerzas adhirieron al grupo de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica [25].

Algunos años después, la salida, casi contemporánea, de los componentes más radicales del Partido Socialdemócrata Alemán y del Partido Socialista (PS) francés[26] –que asumieron rápidamente posiciones más hacia la izquierda que los grupos dirigentes del Partido del Socialismo Democrático, en Alemania, y del Partido Comunista Francés– favoreció el nacimiento, en 2007, de La Izquierda (DL) en Alemania y, en 2008, del Frente de Izquierda (FdG) en Francia. En este último país, la transformación, en 2009, de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) en Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) puede ser explicada según la misma exigencia, advertida también por las fuerzas más típicamente clasistas del comunismo europeo, de poner en el centro de la propia iniciativa política a las nuevas contradicciones, cada vez más relevantes, generadas por la exclusión social y la necesidad de abrirse a una generación más joven de militantes.

Al mismo tiempo, nacieron en Italia Izquierda Ecología y Libertad (SEL), en la cual el componente moderado del Partido de la Refundación Comunista se fusionó con un grupo de disidentes de los Demócratas de Izquierda y la Federación de la Izquierda (FdS), una alianza entre el Partido de la Refundación Comunista y otros movimientos políticos menores. En Suiza un proceso similar se dio en 2010, con la fundación de La Izquierda (AL).

El mismo camino fue tomado en Inglaterra, pero con resultado adverso, primero con el Partido del Respeto, en 2004, y después con la Izquierda Unida (LU), en 2013. También al otro lado del Bósforo, se emprendió el mismo proceso. En 2012, el movimiento kurdo se asoció con varias organizaciones de la izquierda turca para fundar el Partido Democrático del Pueblo (HDP), que se convertiría rápidamente en la cuarta fuerza de Turquía con el 10,7% en las elecciones de noviembre de 2015 [27].

En 2014 surgieron Izquierda Unida (ZL), en Eslovenia, y Podemos, en España, caso del todo particular porque nació con ambiciones de trascender la tradicional definición de partido de izquierda. Esta última formación, no obstante, después de haberse presentado por primera vez a las elecciones europeas, también adhirió al grupo de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica. En octubre de 2015, finalmente, en Irlanda fue fundada la coalición electoral Alianza Antiausteridad-Pueblo antes que Beneficio (AAA-PBP), que le puso fin al largo conflicto entre el Partido Socialista (PS) y la Alianza Pueblo Antes que Beneficio (APBP) [28].

El modelo plural –tan diferente del partido monolítico, inspirado por el principio del centralismo democrático, utilizado por el movimiento comunista del siglo XX– se extendió, velozmente, por la mayoría de las fuerzas de izquierda radical europea. Los experimentos más exitosos no fueron tanto los procesos federativos que se limitaron a una mera reunificación de pequeños grupos y organizaciones ya existentes, sino las recomposiciones que fueron guiadas, en cambio, por la necesidad de incluir aquella vasta y dispersa red de subjetividades sociales, capaces de articular diferentes prácticas de conflicto. Esta elección se mostró como la vencedora en cuanto logró atraer nuevas fuerzas, incluyendo jóvenes y reconquistando militantes desilusionados, y favoreció, finalmente, la consolidación electoral de los nuevos partidos generados.

De hecho, en las elecciones alemanas de 2009, La Izquierda conquistó el 11,9%, el triple de lo que obtuvo el Partido del Socialismo Democrático siete años antes (4%). En 2012, el candidato del Frente de Izquierda en las presidenciales francesas, Mélenchon, alcanzó el 11,1% de los votos, realizando el mejor resultado jamás conseguido, desde 1981, por una fuerza a la izquierda del Partido Socialista. En el mismo año, comenzó la veloz escalada de Syriza, que tocó el 16,8% en las elecciones de mayo y el 26,9% en las de junio, antes de conquistar como fuerza mayoritaria –36,3%– el gobierno, en enero de 2015 (evento inédito, desde la segunda posguerra, para un partido anticapitalista en Europa [29]).

Excelentes resultados fueron conseguidos también en la península ibérica, donde, en las consultas europeas de 2014 la Izquierda Plural española (una nueva coalición electoral guiada por Izquierda Unida) superó el 10% y Podemos el 8%. En las elecciones políticas portuguesas de octubre de 2015, por otro lado, la Coalición Democrática Unitaria totalizó el 8,3% de los votos y el Bloque de Izquierda, con el 10,2%, consiguió el mejor resultado de su historia, convirtiéndose en la tercera fuerza política lusitana.

Experimentos de izquierda plural –siempre, al fin y al cabo, caracterizada por una clara plataforma política antiliberal–, rindieron frutos incluso en algunas elecciones administrativas. Lo demostraron los resultados regionales franceses de 2010 en Limousin, cuando la coalición Frente de la Izquierda y Nuevo Partido Anticapitalista alcanzó el 19,1% en la segunda vuelta, y las recientes municipales en España, donde las listas Ahora Madrid y Barcelona en Comú, en las cuales confluyeron Izquierda Unida y Podemos, conquistaron los dos municipios más importantes del país. En ambos casos, amplias alianzas, nacidas por el impulso protagónico de las bases, permitieron superar las diferencias existentes entre los grupos dirigentes a nivel nacional.

Entre los resultados electorales más considerables, conseguidos en la última década por la izquierda radical, también se encuentran los obtenidos por partidos que decidieron no disolverse para fundirse con otras fuerzas políticas. Notables fueron, de hecho, la consolidación del Partido Socialista (PS) en Holanda –16,6% en 2006)–, sobre la estela de la oposición al referendo contra el Tratado sobre la Constitución Europea, y el éxito del Partido Progresista de los Trabajadores (AKEL) en Chipre, cuyo secretario general, Demetris Christofias, resultó vencedor en las elecciones presidenciales de 2009 (33,2% en la primera vuelta y 53,3% en la segunda). Su mandato se destacó, sin embargo, por una clamorosa derrota: la incapacidad de ponerle fin al conflicto que divide la isla desde 1974 y la expresa sujeción, en materia económica, con respecto a las imposiciones de la Troika.

A la sacudida de la geografía de la izquierda europea contribuyó otro evento, imprevisible hasta hace algunos años. Después de las elecciones primarias de septiembre de 2015, el 59,5% de los militantes ingleses del Partido Laborista eligió a Jeremy Corbyn como nuevo líder de la organización. Donde hacía veinte años se sentaba Tony Blair, tomó asiento un declarado anticapitalista, el secretario más hacia la izquierda en la historia del partido británico. Esta extraordinaria novedad, que hasta hace pocos años habría sido incluso menos previsible que la conquista del gobierno griego por parte de Syriza, representa un significativo ejemplo del despertar de la izquierda. que la conquista del gobierno griego por parte de Syriza, representa un significativo ejemplo del despertar de la izquierda.

Más allá de los varios casos de partidos nacionales, el avance general de la izquierda radical también fue confirmado con ocasión de las últimas elecciones europeas. El número de votos recogidos por ésta fue de 12.981.378, equivalente al 8% del total, con un aumento de 1.885.574 preferencias con respecto a 2009 [30].

Incluso tomando en consideración el dato de los elegidos, la formación de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica representa la quinta fuerza política del Parlamento Europeo (en 2009 era la séptima) con el 6,9% de los diputados, equivalente a 52 parlamentarios ssa2 parlamentariosiputados, equivalente da Verde Ncon un aumento de 1.885.574 preferencias con respecto a 2009la izquierda.fra [31]. Esta se encuentra por detrás del Partido Popular Europeo (29,4%), la Alianza Progresista de los Socialistas y los Demócratas (25,4%), el Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos (9,3%), la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa (8,9%); pero prevalece por sobre los Verdes-Alianza Libre Europea (6,6%), Europa de las Libertades y de la Democracia Directa (6,4%) y Europa de las Naciones y la Libertad (5,2%).

Sin embargo, estos resultados positivos están empañados por algunos elementos negativos. De hecho, en muchos países de Europa oriental la izquierda radical detenta una posición todavía marginal, sino totalmente minoritaria[32]. También está alejada de luchas sociales, está privada de arraigo en los territorios y en las organizaciones sindicales, es desconocida para las generaciones jóvenes y está puntualmente atravesada por sectarismos autolesivos de desgarradoras divisiones internas. En otras palabras, no tiene, por el momento, ninguna perspectiva de desarrollo.

Dicha situación se ha repetido en las elecciones. En seis naciones –Polonia, Rumania, Hungría, Bulgaria, Bosnia-Herzegovina, Estonia– la izquierda radical recogió menos del 1% de los votos, mientras que en otras, como Croacia, Eslovaquia, Lituania y Letonia ha alcanzado resultados poco superiores. Ésta sigue siendo muy débil también en Austria, Bélgica y Suiza, mientras que en Serbia se la identifica todavía con el Partido Socialista de Serbia, guiado por largo tiempo por Slobodan Milošević.

Estamos en presencia, pues, de una realidad heterogénea. En los países de la península ibérica y del Mediterráneo –con la excepción de Italia–, en los últimos años la izquierda radical se expandió significativamente. En Grecia, España, Portugal o Chipre sus fuerzas se consolidaron de forma estable y son reconocidas en el grupo de los principales actores políticos en los respectivos contextos nacionales. También en Francia, por otro lado, ésta conquistó un discreto rol social y político. Mientras que, en Irlanda, el nacionalismo republicano y progresista, aunque moderado, de Nosotros Mismos (Sinn Fein – SF), que alcanzó el 22,8% de los votos en las europeas de 2014, plantó cara al avance de las fuerzas conservadoras.

En Europa central, la izquierda radical logró conservar una buena fuerza electoral en Holanda y Alemania –así a los buenos resultados en las urnas no correspondan significativos conflictos sociales–, pero su peso es limitado en otras partes. En los países nórdicos defendió la fuerza sobre la cual se apoyó después de 1989 (electoralmente alrededor del 10%), pero se mostró incapaz de atraer el difuso descontento popular, capturado, casi en su totalidad, por los partidos de derecha.

El problema principal de la izquierda antagonista sigue estando, por ahora, en el Este, donde, con la excepción del Partido Comunista de Bohemia y Moravia en República Checa y de Izquierda Unida en Eslovenia, ésta es casi inexistente e incapaz de trascender el espectro del “socialismo real”. Dadas las circunstancias, la expansión de la Unión Europea hacia el Levante ha movido definitivamente hacia la derecha el baricentro político del continente, como dan cuenta las rígidas posiciones extremistas asumidas por los gobiernos de Europa oriental durante la reciente crisis en Grecia y frente a la llegada de los pueblos fugados de los teatros bélicos.

VI. ¿Más allá del recinto de la Eurozona?
La transformación de los partidos de la izquierda radical en organizaciones más amplias y pluralistas ha demostrado ser una receta útil para reducir su preexistente fragmentación, pero no es que haya resuelto los problemas de naturaleza política.

En Grecia, después del nacimiento del gobierno de Alexis Tsipras, Syriza tenía la intención de llevar a cabo una ruptura con las políticas de austeridad adoptadas por todos los ejecutivos de centro-izquierda, “técnicos” o de centro-derecha que se alternaron el poder desde 2010. No obstante, a causa de la enorme deuda pública del Estado helénico, la concreta actuación de esta movida fue inmediatamente subordinada a una negociación con los acreedores internacionales.

Después de cinco meses de extenuantes negociaciones –durante las cuales el Banco Central Europeo dejó de desembolsar crédito al Banco Central de Atenas, determinando la parálisis de las sucursales bancarias griegas–, los líderes de la Eurozona impusieron al gobierno griego un nuevo plan de rescate, en el cual se insertaron todas las medidas económicas contra los cuales Syriza había expresado precedentemente su más férrea oposición. De 2010 en adelante, el espectro de las fuerzas políticas que aceptaron los memorandos de Bruselas fue amplísimo. De derecha a izquierda, fueron doblegados por la inexorable lógica de la austeridad: Nueva Democracia, los Griegos Independientes (ANEL), El Río, la Izquierda Democrática, el Movimiento Socialista Panhelénico y, finalmente, incluso Syriza [33].

Ni siquiera la vigorosa respuesta al referendo que consultaba sobre las propuestas de la Troika, convocado el 5 de julio de 2015 –respecto al cual el 61,3% de los griegos había manifestado su desacuerdo–, sirvió para determinar una salida diferente. Para evitar la salida de la Eurozona, el gobierno de Tsipras permitió ulteriores sacrificios sociales, considerables privatizaciones del patrimonio público –que sería puesto en venta como mercancía en liquidación– y, más generalmente, un conjunto de medidas de austeridad funcionales solamente para los planes de los acreedores internacionales y no, en cambio, para el desarrollo de la economía del país [34].

Por otra parte, la salida de Grecia de la Eurozona, hipótesis prefigurada por algunos sólo con la expiración de las negociaciones con el Eurogrupo, habría catapultado al país hacia una condición de caos económico y profunda recesión. Una elección de tal magnitud habría tenido que ser preparada con tiempo, acompañada de una escrupulosa valoración de todos los escenarios que habrían podido abrirse y de una rigurosa programación de todas las contramedidas a adoptar. Sobre todo, ésta habría tenido que ser apoyada por el convencido sostén de una extensa formación de fuerzas sociales y políticas. Sin esta imprescindible presunción, la autarquía económica, en cuyo marco Grecia habría sido condenada a resistir durante un tiempo difícilmente determinable, habría podido abrir un espacio político todavía más grande para los neofascistas de Alba Dorada.

El resultado de las negociaciones entre el gobierno de Tsipras y el Eurogrupo hizo evidente el hecho de que, cuando un partido de izquierda gana las elecciones y quiere llevar a cabo políticas económicas alternativas a las dominantes, las instituciones de Bruselas están listas para impedir que tal cosa ocurra. Si, a partir de los años noventa, la aceleración incontestada del credo neoliberal, por parte de las fuerzas de la socialdemocracia europea, tuvo como consecuencia la homologación de los programas de éstos últimos y de los de los partidos de centro-derecha, hoy, en cambio, cuando un partido de la izquierda radical alcanza el poder, la Troika misma es la que interviene para evitar la alternancia de los ejecutivos contrarios a sus directrices económicas. Ganar en las elecciones ya no es suficiente. La Unión Europea se ha convertido en el baluarte del capitalismo neoliberal.

Después de estos episodios, se suscitó una profunda reflexión colectiva –a partir de la cuestión de la oportunidad de conservar a cualquier costo la moneda única– para comprender cuáles serían los caminos idóneos para ponerle punto final a las políticas económicas en vigor, sin abandonar, al mismo tiempo, la perspectiva de lograr una nueva y diferente unión política europea.

Actualmente, la posición mayoritaria entre los partidos de la izquierda radical sigue siendo la de quienes sostienen, en continuidad con las posiciones asumidas durante los últimos años, que todavía es posible modificar las políticas europeas en el contexto existente, es decir, sin romper la unión monetaria alcanzada en 2002 con la entrada en vigor del euro.

A la cabeza de esta iniciativa está Syriza que, aunque tuvo la ocasión, después de haber alcanzado el gobierno, de elaborar y llevar a cabo soluciones alternativas –a pesar de haber estado bajo presión de las instituciones europeas, las cuales propendían por bloquear cualquier cambio– nunca consideró la opción de la “Grexit”. En septiembre de 2015, alcanzando el 35,5% de los votos, Tsipras venció en las elecciones anticipadas, promovidas por él después del conflicto surgido con la parte de su partido contraria a la puesta en marcha de las medidas contempladas en el memorando, y regresó al gobierno con un grupo parlamentario cohesionado y ya no más expuesto al riesgo de disidencias internas.

Syriza, entonces, no obstante el aumento del abstencionismo (7% mayor con respecto a las elecciones de ocho meses antes), y la reducción del número de votantes (unos 600.000 menos) con respecto al referendo de julio, logró conservar el consenso de una parte significativa del pueblo griego. Sin embargo, la confianza que éste le volvió a dar prontamente será puesta a prueba por los efectos de los recortes impuestos por el Eurogrupo. No sería descabellado prever la emergencia de escenarios aún más inciertos que el actual.

La estrategia de Syriza para evitar la hemorragia de consensos sufrida por todas las otras fuerzas políticas que, en el pasado, han llevado a cabo los anteriores “programas de rescate” de la Troika, parece tener dos direcciones. El gobierno griego tratará de reorganizar una sustancial reducción de la deuda pública con el objetivo de evitar el comienzo de un nuevo ciclo deflacionario. Por otro lado, buscará introducir una agenda paralela a la impuesta por Bruselas, con la cual pueda poner en práctica algunas medidas de redistribución social capaces de limitar los efectos del memorando.

A la luz de lo acaecido en 2015, se puede afirmar objetivamente que se trata de una misión casi imposible. De cualquier modo, después de la experiencia del gobierno de Tsipras resulta evidente que, frente a la probable negativa de las instituciones europeas con respecto a la reestructuración de la deuda, es menester prepararse para responder previendo incluso el posible abandono de la Eurozona. Sin embargo, sería errado considerar tal hipótesis como la solución a todos los males.

Aparte de Syriza, la opción de reformar la Unión Europea dentro del actual escenario, es compartida por la mayoría de las principales fuerzas del Partido de Izquierda Europea, entre las cuales están La Izquierda en Alemania, el Partido Comunista Francés y la Izquierda Unida española. En este bloque se sitúa también Podemos, cuyo grupo dirigente se declaró convencido de que si al gobierno griego se le unieran otros dispuestos a romper con las políticas de austeridad impuestas por la Troika podría abrirse un espacio para acabar con algo que parece, hoy, tan inalterable. El resultado de las recientes elecciones en Portugal –que le asignó la mayoría a una alianza del todo impensable hasta hace poco, constituida por el Partido Socialista, el Bloque de Izquierda y la Coalición Democrática Unida[35]– parece haber reforzado dicha esperanza.

Sin embargo, para otros, la “crisis griega” –que, en realidad, es una crisis tanto de la democracia como del capitalismo neoliberal– parece comprobar, en cambio, el carácter irreformable de este modelo de Unión Europea. No tanto por las actuales relaciones de poder presentes en su interior, cada vez más desfavorables a las fuerzas anticapitalistas, que le siguen a la expansión hacia el Este, sino, por el contrario, por su arquitectura general. Los inflexibles parámetros económicos impuestos, de manera creciente, a partir del Tratado de Maastricht, han reducido inevitablemente, o en algunos casos casi anulado, las bastante más complejas y compuestas exigencias de la política.

En los últimos 25 años, las políticas neoliberales, cubiertas por un engañoso manto tecnocrático y no ideológico, han triunfado por doquier en Europa, asestando duros golpes a su modelo de welfare state. Los Estados nacionales se han encontrado con la privación gradual de algunos instrumentos de dirección político-económica, que habrían sido indispensables para llevar a cabo programas de inversión pública con miras a cambiar el curso de la crisis. Finalmente, se consolidó la práctica antidemocrática –que se consolida hasta el punto de parecer natural– de asumir decisiones de gran relevancia sin contar con la aprobación popular.

Por lo tanto, en los últimos meses, la fila de quienes consideran ilusoria la posibilidad de democratizar la Eurozona, aunque expresan una posición que sigue siendo minoritaria, han aumentado notablemente. Junto a las fuerzas de la izquierda radical tradicionalmente euroescépticas, como el Partido Comunista Portugués, el Partido Comunista de Grecia o, en Escandinavia, la Lista unitaria – Los Rojo-Verdes en Dinamarca, se encuentra Unidad Popular (LE). Nacida en Atenas en agosto de 2015, en su interior confluyeron muchos ex dirigentes y ex militantes de Syriza, contrarios a las decisiones de Tsipras de aceptar las imposiciones del Eurogrupo. Esta formación, favorable al regreso del dracma, quedó fuera del parlamento helénico, después de haber conseguido sólo el 2,8% de los votos en las últimas elecciones.

Por otra parte, diversos intelectuales y dirigentes políticos han manifestado explícitamente su posición contraria al euro [36]. Lafontaine, por ejemplo, propuso un retorno, en forma flexible, al Sistema Monetario Europeo (SME), es decir, al acuerdo, en vigor antes de que existiera el euro, que preveía una fluctuación controlada de los valores de varias monedas nacionales. El esfuerzo de encontrar soluciones inmediatas para ponerle fin al período de austeridad, donde se manifiesten nuevas e inaceptables coerciones, como aquellas ejercidas sobre Grecia, debe, sin embargo, contemplar todas sus implicaciones posibles. En el plano simbólico, el regreso al viejo sistema monetario podría ser percibido como un primer paso hacia la desaceleración del proyecto de unidad europea, mientras que en el plano político podría constituir un peligroso detonador de la ventaja de las fuerzas de la derecha populista.

Junto a las dos formaciones más claramente a favor y en contra de la “democratización del euro”, existe un área, más bien amplia, que vacilaría al proporcionar una respuesta clara a la pregunta: “¿Qué hacer si mañana sucediera en otro país lo que sucedió en Grecia?”. Si bien se ha convertido en una preocupación común que, en el futuro, otros partidos o coaliciones de gobierno puedan estar sujetos al chantaje sufrido por Syriza, por otro lado, sin embargo, también está bastante difundido el temor de que, eclipsando la salida de la Eurozona, la izquierda anticapitalista no tendría en cuenta el consenso de amplios sectores de la población, alarmados por la inestabilidad económica y por la pérdida de poder adquisitivo de salarios y pensiones que conllevaría la inflación. Un típico ejemplo de esta incertidumbre está representado por los cambios de parecer de los últimos años del Bloque de Izquierda en Portugal y del Partido Socialista en Holanda.

El reciente llamado de “Un plan B en Europa”, promovido por Mélenchon [37], aunque esté lleno de contradicciones y opacidades, está destinado a estimular ulteriormente la discusión. En este documento, en el cual la intromisión de la Unión Europea en Grecia se estigmatiza como todo un “golpe de Estado”, se propuso dar vida a una conferencia internacional permanente, con el objetivo de poner a punto las modalidades para poder disponer, cuando sea necesario, de un sistema monetario alternativo al basado en el euro [38]. Si, en los próximos meses, también otras fuerzas sociales, partidos e intelectuales se juntan alrededor de este objetivo, en el futuro el clamor por salir del euro podría no ser más la bandera de la derecha populista.

Por lo tanto, el conflicto desencadenado dentro de Syriza podría reproducirse en otras partes. Algo que demuestra lo anterior, en este momento, son las fibrilaciones internas del Frente de Izquierda en Francia y en La Izquierda en Alemania. Para la izquierda radical europea, pues, podría concretarse el riesgo de una nueva etapa de divisiones. Tal condición revela los límites de la forma plural que las fuerzas antagonistas se han procurado en los últimos años, que consisten en una falta de definición programática. De hecho, la diversidad de posiciones y de culturas políticas existente dentro de las varias organizaciones que le han dado vida a estas nuevas coaliciones requeriría un difícil, pero no imposible, acuerdo puntual sobre las estrategias a implementar.

Ulteriores tensiones recorren la izquierda radical europea también con respecto a la relación que debe tenerse con las fuerzas socialdemócratas. El problema, que se presenta tanto a nivel municipal como regional, involucra la constante incertidumbre sobre la conveniencia de la participación de experiencias de gobierno en alianza con éstas. El riesgo concreto es el de desempeñar un rol subalterno, aceptando, como en el pasado, compromisos “desde abajo” que dilapidarían el consenso hasta ahora conquistado y que le dejarían a las derechas populistas el monopolio de la oposición social.

La hipótesis del gobierno debe, por lo tanto, ser tenida en cuenta solo y solo si hay condiciones para llevar a cabo un programa económico en clara discontinuidad con las políticas de austeridad impuestas durante la última década. Tomar decisiones diferentes significaría no haber atesorado las lecciones de los años pasados, cuando la participación de los partidos de la izquierda radical en los ejecutivos moderados, de impronta socialista, comprometió su credibilidad dentro de la clase trabajadora, los movimientos sociales y los estratos sociales más débiles.

De frente a una tasa de desempleo que, en muchos países, se muestra con niveles nunca alcanzados durante la segunda posguerra, se vuelve prioridad el lanzamiento de un gran plan para el trabajo, sustentado por inversiones públicas, que tenga como principio guía el desarrollo sostenible. Éste deberá estar acompañado por un claro cambio de tendencia con respecto a la precarización de contratos, que ha distinguido a todas las últimas reformas del mercado laboral, y por la introducción de una ley que indique un mínimo salarial bajo el cual no se pueda descender. Estas medidas podrían restituir a las generaciones jóvenes la posibilidad de organizar su propio futuro.

Deberían ser puestas en marcha, además, la reducción del horario de trabajo y la reducción de la edad de pensión. Mediante estas acciones se restablecerían algunos elementos de justicia social, necesarios para derrocar la impronta neoliberal que constantemente ha aumentado el reparto desigual de la riqueza producida.

Para hacer frente a la dramática emergencia ocupacional, los partidos de la izquierda radical deberán hacer aprobar, en todos los países donde aún no existan, medidas aptas para instaurar un rédito de ciudadanía y algunas primordiales formas de asistencia a los estratos menos favorecidos –desde el derecho a la vivienda, hasta los subsidios de transporte o el derecho a la educación gratuita–, para, así, contrastar la pobreza y la cada vez más difundida exclusión social.

Paralelamente, se vuelve imprescindible darle un vuelco a los procesos de privatización que han caracterizado la contrarrevolución de las últimas décadas, restituyendo a la propiedad pública y al control universal todos aquellos bienes comunes que pasaron de ser servicios para la colectividad a medios de generación de ganancias para pocos. La propuesta de Corbyn con respecto al retorno a la nacionalización del sistema ferroviario inglés, así como la necesidad de invertir, por doquier en Europa, significativos recursos en la escuela y en la universidad pública, muestran la dirección justa.

Con respecto a los recursos necesarios para financiar tales reformas, éstos podrían ser obtenidos de los ingresos que deriven de la introducción de una tasa sobre los capitales y de un impuesto sobre las actividades no productivas de las grandes empresas, así como sobre las transacciones y los réditos financieros. Es evidente que, para realizar este plan, se considera como primer acto necesario la promoción de un referendo derogatorio del fiscal compact, para, así, acabar con los vínculos impuestos por la Troika. También sería muy importante impedir la aprobación de la Asociación Transatlántica para el Comercio y las Inversiones, cuya operatividad sólo empeoraría la situación [39].

A escala continental, una verdadera alternativa es concebible solo si una amplia coalición de fuerzas políticas y sociales es capaz de imponer un diálogo europeo para la reestructuración de la deuda pública. Este escenario podrá ser realidad únicamente si la izquierda radical desarrolla, con más determinación y continuidad, campañas políticas y movilizaciones transnacionales, comenzando por el repudio a la guerra y la xenofobia, cuestión todavía más decisiva después de los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París, y sosteniendo la extensión de todos los derechos sociales y civiles a los migrantes que llegan a territorio europeo.

Una política alternativa no da pie a atajos. No basta, en realidad, con encomendarse a líderes carismáticos, pero tampoco la debilidad de los partidos de hoy en día justifica su destrucción por parte de las instituciones del Estado [40]. Es menester dar forma a nuevas organizaciones –porque la izquierda necesita de éstas tanto como las necesitó en los años noventa–, que gocen de una presencia capilar en los puestos de trabajo, que propendan por la reunificación de las luchas, nunca tan fragmentadas como lo están hoy, y a unas clases trabajadoras y subalternas que, mediante sus estructuras territoriales, sean capaces de dar respuestas inmediatas, incluso antes de las mejoras generales introducidas por ley, a los dramáticos problemas causados por la pobreza y la exclusión social. Esto puede darse incluso reutilizando algunas formas de resistencia y solidaridad social aplicadas por el movimiento obrero en otros momentos históricos.

Se tendrán que redefinir, además, nuevas prioridades, en particular la puesta en práctica de una auténtica paridad de género y la minuciosa y concienzuda formación política de los militantes más jóvenes, teniendo como punto de referencia, en una época en la que la democracia es rehén de organismos tecnocráticos, la promoción de la participación desde abajo y la evolución del conflicto social.

Las iniciativas de la izquierda radical que en verdad pueden aspirar a cambiar el curso de los eventos tienen por delante una única vía: la de la reconstrucción de un nuevo bloque social capaz de dar vida a una oposición de masas a las políticas introducidas por el Tratado de Maastricht y, por consiguiente, de cambiar radicalmente las directrices económicas que hoy dominan en Europa.

References
1. Desde 1989, éstos se asociaron dentro del grupo de la Izquierda Unitaria Europea (Group for the European United Left) del Parlamento Europeo, del cual formaron parte el Partido Comunista Italiano (PCI), el Partido Comunista Español (PCE), la Izquierda Griega (EAR) y el Partido Popular Socialista (SF) en Dinamarca.
2. Al interior del Parlamento Europeo, éstos últimos, a partir de 1989, se unieron en el grupo Coalición de las Izquierdas (Left Unity), compuesto por el Partido Comunista Francés (PCF), el Partido Comunista Portugués (PCP), el Partido Comunista de Grecia (KKE) y el Partido de los Trabajadores (WP) de Irlanda.
3. El más significativo de éstos últimos fue Lucha Obrera (LO) en Francia.
4. El gobierno en cabeza de Lionel Jospin, en Francia, que introdujo la reducción del horario de trabajo de 35 horas semanales, fue la excepción a tal tendencia. En España, el gobierno de Zapatero siguió las mismas políticas neoliberales en vigor en los otros países europeos y fue golpeado por los efectos de la crisis económica. Sin embargo, aprobó importantes reformas en temas de derechos civiles. Para un análisis completo de las varias tendencias del reformismo europeo véase Jean-Michel de Waele, Fabien Escalona, Mathieu Vieira (eds.), The Palgrave Handbook of Social Democracy in the European Union , Basingstoke: Palgrave Macmillan, 2013.
5. Cfr. Anthony Blair and Gerhard Schröder, Europe: The Third Way – die Neue Mitte, London/Berlin, Labour Party/SPD, 1999.
6. Tariq Ali ha enmarcado esta nueva disposición de partidos de la izquierda moderada europea en un fenómeno más complejo, al cual le ha dado el nombre de “extremismo de centro”. Cfr. The Extreme Centre: A Warning, London: Verso, 2015.
7. El 18 de octubre de 2015 el periódico conservador de Londres The Mail on Sunday publicó un documento secreto (“Secret/Noforn”), fechado el 28 de marzo de 2002, gracias al cual fue posible constatar que el primer ministro inglés, mientras, en público, se declaraba empeñado en buscarle una solución diplomática a la crisis, había ofrecido, ya un año antes del comienzo del segundo conflicto iraquí, su ayuda al presidente norteamericano para convencer a la opinión pública mundial de que Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva que nunca fueron halladas. Cfr. http://www.dailymail.co.uk/news/article-3277402/Smoking-gun-emails-reveal-Blair-s-deal-blood-George-Bush-Iraq-war-forged-YEAR-invasion-started.html
8. Esta formación adhirió a la Alianza de la Izquierda Verde Nórdica y no al grupo Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica del Europarlamento.
9. La misma decisión, a la que le siguió como resultado una partición de los votos, también fue tomada por La Izquierda en Alemania durante el gobierno del Partido Socialdemócrata Alemán en el Land de Brandemburgo, donde descendió del 27,2% en 2009 al 18,6% en 2014 y, en el pasado, también en el de la capital, Berlín, donde disminuyó del 22,6% en 2001 al 11,6% en 2011. Actualmente, también el Partido Socialista en Holanda gobierna seis de las doce provincias que componen el país, en algunos casos en coalición con los partidos de centro-derecha y dejando al Partido del Trabajo (PvdA), miembro de la Internacional Socialista, en la oposición.
10] En Dinamarca, el Partido Popular Socialista tocó el 13% en 2007, antes de precipitarse, después de una movida política moderada y progubernamental, al actual 4,2%. Tal cambio también fue acompañado por el pasaje del grupo de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica al Partido Verde Europeo, que fue acordado en el congreso nacional de esta organización en 2008.
11. Letonia adoptó el euro a partir del 1 de enero de 2014.
12. El Instituto Nacional de Estadística Portugués calculó que, de 2010 a 2014, al menos 200.000 personas dejaron el país. En España el Instituto Nacional de Estadística contó al menos 133.000 jóvenes migrantes entre 2008 y 2013. En Italia, por otro lado, se contaron al menos 136.000 jóvenes que viajaron al exterior entre 2010 y 2014. En realidad, estas estimaciones son muy inferiores a los números reales. En cambio, no existen datos relativos a Grecia, donde la Autoridad Estadística Helénica no registra la migración juvenil.
13. Como afirmó emblemáticamente, en 2006, Warren Buffet, el inversionista y magnate estadounidense: “está en curso una lucha de clases, es verdad, pero mi clase, la clase de los ricos, es la que está haciendo la guerra. Y la estamos ganando”. La cita de Buffet está contenida en la entrevista expedida a Ben Stein, In Class Warfare, Guess Which Class Is Winning, publicada en The New York Times el 26/11/2006.
14. Sobre la relación entre capitalismo y democracia, tema alrededor del cual se ha generado en los últimos años una vasta literatura, véase Ellen Meiksins Wood, Democracy Against Capitalism, London: Cambridge University Press, 1995.
15. Aprobado sólo en España y en Luxemburgo, el proceso de ratificación de este tratado encalló justo después de estos dos rechazos.
16. También el referendo consultivo promovido en Grecia, en julio de 2015, por el gobierno de Alexis Tsipras expresó un ruidoso no con respecto a las políticas de Bruselas.
17. Ex primer ministro de Luxemburgo. Durante su mandato, Juncker favoreció a más de trescientas multinacionales que utilizaban las condiciones especiales del régimen fiscal de su país.
18. Se recuerda que en las elecciones presidenciales, las más importantes del país, la participación fue bastante superior, como lo comprueba la afluencia del 79,4% alcanzada en 2012.
19. En muchos países del Este hubo picos bajísimos: Eslovaquia 13%, República Checa 18,2%, Eslovenia 24,5%, Croacia 25,2%, Hungría 28,9%. A éstos se les une el 33,6% de Portugal y el 35,6% del Reino Unido, cfr. http://www.europarl.europa.eu/pdf/elections_results/review.pdf
20. Marine Le Pen después de las elecciones municipales de marzo de 2014.
21. Se trata de un viejo eslogan xenófobo de Jean-Marie Le Pen: “los franceses primero”, cfr. Les français d’abord, Paris: Carrère-Michel Lafon, 1984.
22. A partir de las elecciones políticas de 2012, el Frente Nacional se presenta al interior de una coalición más amplia que tomó el nombre de Rassemblement Bleu Marine (Reunión “Aguamarina”) (RBM).
23. Para una indagación sobre las fuerzas de la ultraderecha europea, véase el volumen a cargo de Andrea Mammone, Emmanuel Godin y Brian Jenkins, Mapping the Extreme Right in Contemporary Europe, London: Routledge, 2012.
24. Para un elenco de las fuerzas que componen el Partido de la Izquierda Europea cfr. http://www.european-left.org/about-el/member-parties
25. Por el contrario, no forman parte las formaciones de la Iniciativa de los Partidos Comunistas y de los Trabajadores (INITIATIVE), fundada en 2013, que comprende, a excepción del Partido Comunista de Grecia, su fuerza principal, 29 minúsculas formaciones ortodoxas y estalinistas.
26. El manifiesto Trabajo y Justicia Social – La Alternativa Electoral (WASG) de Oskar Lafontaine fue constituido en 2005 y la fundación del Partido de Izquierda (PG), guiado por Jean-Luc Mélenchon, fue anunciada en noviembre de 2008 (el congreso fundacional se celebró en febrero de 2009).
27. En las elecciones de junio de 2015, antes del inicio de la escalada de violencia y de atentados desencadenada por el presidente Recep Erdoğan, el resultado (13,1%) fue incluso más notorio.
28. Un mapa de las fuerzas de la izquierda radical europea está contenida en la publicación a cura de Birgit Daiber, Cornelia Hildebrandt, Anna Strienthorst, From Revolution to Coalition: Radical Left Parties in Europe , Berlin: Rosa Luxemburg Foundation, 2012; y, más recientemente, en el número especial, a cura de Babak Amini, de la revistaSocialism and Democracy, vol. 29, nr. 3, 2015, titulado The Radical Left in Europe.
29. Con excepción del pequeño Estado de Chipre, donde el Partido Progresista de los Trabajadores (AKEL) alcanzó el gobierno en 2009.
30. Desafortunadamente, todos los datos que circulan con respecto a los resultados electorales –también aquellos oficiales difundidos por la Unión Europea– se refieren a los porcentajes relativos al número de los diputados elegidos y no a los del número de los votos reales recibidos. Entre las pocas y loables excepciones a esta práctica se encuentra el ensayo de Paolo Chiocchetti, “The Radical Left at the 2014 European Parliament election: A First Assessment”, incluido en la publicación online a cura de Cornelia Hildebrandt, Situation on the Left in Europe after the EU Elections: New Challenges , Berlin: Rosa Luxemburg Stiftung, 2014.
31. A éstos se les suman otros dos eurodiputados elegidos de las filas del Partido Comunista de Grecia y que, por lo tanto, no adhieren al grupo GUE/NGL.
32. Se observa que los elegidos al Parlamento Europeo del GUE/NGL provienen sólo de la mitad de los 28 países que componen la Unión Europea.
33. El célebre eslogan de la primera ministra inglesa Margaret Tatcher –”no hay alternativa”– continúa materializándose, como un espectro, incluso después de treinta años.
34. A propósito, véase el documento colectivo Preliminary Report, a cura del Truth Committee on Public Debt, la comisión establecida el 4 de abril de 2015 por iniciativa del ex presidente del parlamento griego Zoe Konstantopoulou: http://cadtm.org/IMG/pdf/Report.pdf. Hace pocas semanas, el nuevo gobierno de Syriza decidió eliminar este importante reporte del sitio oficial del parlamento griego.
35. En Portugal, después de la Revolución de los Claveles y la instauración de la República, los socialistas nunca habían negociado con fuerzas políticas a su izquierda.
36. Junto a los autores que empujan desde hace tiempo en esta dirección –entre las varias publicaciones disponibles, se recurre a Jacques Sapir, Faut-il sortir de l’Euro?, Paris: Le Seuil, 2012; y Heiner Flassbeck and Costas Lapavitsas, Against the Troika: Crisis and Austerity in the Eurozone, London: Verso, 2015–, hubo durante las últimas semanas varias intervenciones en la misma dirección. En una entrevista al famoso semanario alemán Der Spiegel, titulada “Krise in Griechenland: Lafontaine fordert Ende des Euro”, publicada el 11de julio de 2015, Lafontaine se adelantó declarando que “el euro ha caído”. En Italia el prestigioso sociólogo Luciano Gallino, recientemente desaparecido, publicó en La Repubblica, con fecha 22 de septiembre de 2015, un artículo con el título “Por qué Italia puede y debe salir del euro”. También en Portugal, e incluso antes de la crisis griega, el influyente Francisco Louçã, que durante doce años fue el principal dirigente del Bloque de Izquierda, despu. entre el 14 y el 15 de noviembreipal dirigenteocipal, 29 mintiva de los Partidos Comunistas y de los Trabajadores (INITIATIVE) és de haber publicado, junto con Joao Ferreira do Amaral, el volumen A Solução Novo Escudo, Alfragide: Lua de Papel, 2014, expresó posiciones siempre más críticas con respecto a la situación presente, cfr. su artículo “Sair ou não sair do euro”, publicado el 27 de febrero de 2015 en el periódico Publico.
37. Los otros cuatro firmantes fueron Oskar Lafontaine, el ex ministro de las finanzas griego Yanis Varoufakis, Zoe Konstantopoulou y el italiano Stefano Fassina.
38. La primera reunión se llevó a cabo en París entre el 14 y el 15 de noviembre.
39. Significativa, en este sentido, fue la gran manifestación del 10 de octubre de 2015, en la que se vio desfilar por Berlín a 250.000 personas contrarias a este acuerdo comercial.
40. Cuando se hizo con el poder, en enero de 2015, Syriza obtuvo casi 2.250.000 votos, pero el número de sus inscritos rondaba sólo los 36.000. Después de asumir la responsabilidad de gobierno, las decisiones democráticamente tomadas por el partido griego fueron repetidamente reformadas o ignoradas.

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Marxismo 21

I. El final de “el socialismo real existente”
Después de 1989, como resultado de turbulencias estructurales y políticas, y de grandes transformaciones económicas, un proceso de restauración capitalista tuvo severas repercusiones sociales a escala global.

En Europa, las fuerzas anticapitalistas encontraron que su influencia estaba siendo sacudida irresistiblemente: se volvió cada vez más y más difícil para ellas organizar y liderar luchas sociales, y la izquierda, en su conjunto, perdió ideológicamente las posiciones hegemónicas que había ganado después de 1968 en áreas claves de muchas culturas nacionales.

La derrota también fue evidente a nivel electoral. Desde 1980 en adelante, los partidos que estaban unidos alrededor de la idea del Eurocomunismo, así como aquellos que seguían fuertemente atados a Moscú, sufrieron un agudo declive en términos de respaldo, lo que se convirtió en una verdadera colisión después de la implosión de la Unión Soviética. El mismo destino afectó también a varios de los grupos de la Nueva Izquierda y de los partidos trotskystas.

Comenzó pues una fase de reconstrucción en la que nuevas formaciones políticas emergieron con regularidad a través del reagrupamiento de elementos anticapitalistas todavía existentes. Esta diversidad organizacional habilitó a las fuerzas tradicionales de la izquierda para abrirse a los movimientos ecológicos, feministas y por la paz que habían surgido en las décadas previas. La Izquierda Unida en España, creada en 1986, fue pionera en este sentido. Iniciativas similares tomaron forma más tarde en Portugal (en donde, en 1987, se creó la Coalición Democrática Unitaria); en Dinamarca (Lista Unida/Rojo-Verde, en 1989); en Finlandia (Alianza de Izquierda, en 1990) y en Italia y Grecia, en 1991, cuando nacieron el Partido Comunista de Refundación y Synaspismos (coalición de los movimientos de izquierda y ecologistas).

En otros países, sin embargo, hubo intentos (algunos meramente cosméticos) de renovar los partidos que habían existido antes de la caída del Muro de Berlín. En 1989, después de la fundación de la República Checa, fue proclamado el Partido Comunista de Bohemia y Moravia, y, en 1990, apareció en Alemania el Partido del Socialismo Democrático, reemplazando al Partido Socialista Unificado de Alemania que había gobernado la República Democrática Alemana desde 1949. También en 1990, en Suecia, el Partido de Izquierda (los comunistas) adoptó posiciones más moderadas y eliminó el nombre “comunista” de su denominación.

Estos nuevos partidos, así como otros que no cambiaron sus nombres, lograron retener una presencia política en sus respectivos escenarios nacionales. Junto con movimientos sociales y fuerzas sindicales progresistas, contribuyeron a la intensa resistencia contra las políticas neoliberales después de 1993, cuando el Tratado de Maastricht se hizo efectivo y definió rígidos parámetros monetarios para nuevos países que pretendían ingresar a la Unión Europea.

II. En el momento de la “tercera vía”
A mediados de los 90, animadas por huelgas y grandes protestas en contra de sus respectivos gobiernos (Berlusconi y Dani en Italia, Juppe in Francia, González y Aznar en España), algunas fuerzas de la izquierda radical alcanzaron incluso modestos éxitos electorales. La Izquierda Unida obtuvo el 13.4 por ciento en las elecciones europeas de 1994; el Partido de Comunista de Refundación 8.5 por ciento en las elecciones nacionales de 1996 y el Partido Comunista Francés 10 por ciento en las elecciones parlamentarias de 1997. Al mismo tiempo, éstos incrementaron su número de miembros y su presencia a nivel local y en los lugares de trabajo. En 1994, se formó el Grupo Unido Europeo en el Parlamento Europeo, el cual, después de su fusión con algunos partidos escandinavos, cambió su nombre a Izquierda Europea Unida/ Izquierda Verde Nórdica (GUE/NGL).

Por el otro lado, con el ascenso de Tony Blair como líder del Partido Laborista (1994) y como primer ministro del Reino Unido (1997-2007), se despejó el camino para un profundo cambio en la ideología y el programa de la Internacional Socialista. La “Tercera Vía” de Blair (de hecho una aceptación supina del mantra neoliberal enmascarado por la vacua exaltación de “lo nuevo”) fue apoyada en varios grados y formas por los gobiernos de Gerhard Schröder en Alemania (canciller socialdemócrata de 1998 a 2005), Romano Prodi en Italia (cabeza de coaliciones de centro-izquierda y primer ministro de 1996 a 1998 y de 2006 a 2008) y José Sócrates en Portugal (primer ministro del Partido Socialista de 2005-2011) (De Waele et al., 2013).

En nombre de las “futuras generaciones” (quienes, mientras tanto, serían privadas del derecho al trabajo), e inspirados por la adopción de la UE del Tratado de Lisboa en 2000, estos gobiernos pusieron en marcha una serie de contrarreformas económicas para erosionar el modelo social europeo. Muchas regiones de Europa del sur vieron la reducción de lo que quedaba del Estado de bienestar, así como ataques al sistema de pensiones, la privatización de la educación, cortes drásticos en la financiación de la investigación y el desarrollo y barreras efectivas a un nuevo paquete de políticas industriales.

En lo que tiene que ver con la política económica es difícil detectar algo más que diferencias marginales entre gobiernos socialdemócratas y regímenes conservadores en el poder en ese momento. En efecto, en muchos casos, “los socialistas” o administradores de centro-izquierda fueron más eficientes en la implementación del proyecto neoliberal que otros sectores, pues los sindicatos, cada vez menos y menos representativos de la capas sociales más débiles, encontraron las decisiones del gobierno más aceptables por cuenta de la vieja creencia ilusoria de que éste era “amigable” con el movimiento obrero.

A pesar de todo esto, muchos partidos de la izquierda radical europea se aliaron con fuerzas socialdemócratas, ya fuese para prevenir un gobierno de derecha o para evitar el aislamiento que la lógica del “voto táctico” les generaría. En la siguiente década y media, el Partido Comunista de Refundación en Italia (1996-98 y 2006-08), el Partido Comunista en Francia (1997-2002), la Izquierda Unida en España (2004-08) y el Partido Socialista de Noruega (2005-13) apoyaron en su totalidad o tenían ministros en gobiernos de centro-izquierda. Y recientemente, la Alianza de Izquierda (2011-14) y el Partido Socialista del Pueblo (2011-15) han asumido responsabilidades gubernamentales en Finlandia y Dinamarca respectivamente.

El viento neoliberal que sopló sin resistencia desde la península ibérica hacia Rusia, junto con la ausencia de movimientos sociales robustos capaces de moldear acciones gubernamentales en una dirección socialista, fue evidentemente una constelación negativa para los partidos radicales de izquierda. Esta no logró extraer ninguna ganancia social significativa que corriera en contra de los lineamientos económicos; todo lo que pudieron lograr fue paliativos débiles ocasionales. Más a menudo, tuvieron que tragarse una píldora amarga y votar por medidas en contra de los cuales habían prometido la más acérrima oposición.

Aún así, los resultados en las urnas electorales fueron desastrosos en todas partes. En las elecciones presidenciales de 2007, los comunistas franceses obtuvieron menos del 2 por ciento de la votación, y en el año siguiente, con un porcentaje de votación de tan sólo el 3.8 por ciento, la Izquierda Unida tocó fondo en España. En Italia, por primera vez en la historia de la República, los comunistas quedaron por fuera del parlamento, obteniendo un triste total de 3.1 por ciento y solo bajo el ala de la Izquierda Arcoíris.

III. Contra la austeridad
Mientras tanto, una de las crisis financieras más grandes de la historia estalló en los Estados Unidos de América, y por virtud de su debilidad, toda Europa tembló gracias a los vientos de la recesión. A medida que la galopante deuda pública incrementaba los peligros de insolvencia, muchos países tuvieron que acudir a créditos de la así llamada Troika, conformada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. A los países en riesgo de mora les fueron ofrecidos préstamos a cambio de la introducción de rígidas políticas de austeridad, a pesar de que las medidas de “reestructuración” de mitad de los años 90 parecían bastante restringidas.

El propio término “reforma estructural” sufrió una transformación semántica radical. Originalmente, en el vocabulario del movimiento de los trabajadores, indicaba mejoras lentas pero estables de las condiciones sociales, pero ahora era sinónimo de una profunda erosión del Estado de bienestar, bajo el dictado del Banco Central Europeo. El efecto fue el retorno al voraz capitalismo del siglo XIX.

Este fue el escenario para una terrible recesión de la cual Europa todavía no se repone y que, en el presente, lidia con el espectro de la deflación. Una fuerte presión hacia abajo de los salarios ha acompañado la caída del PBI, y el desempleo ha alcanzado niveles nunca antes registrados desde la Segunda Guerra Mundial.

Para usar palabras otrora flagrantes y, sin embargo, más aplicables ahora que nunca, se trata de la lucha de clases; una lucha de cases que está siendo sopesada por las clases dominantes contra las clases subalternas, en los centros con el capitalismo más desarrollado, así como en las periferias de la economía mundial, en la que la explotación de la fuerza de trabajo está en su punto más extremo y los países están siendo despiadadamente despojados de sus más preciados recursos naturales. Esto ha conducido a un inmenso crecimiento de las inequidades y a una mayor redistribución de la riqueza a favor de los sectores más ricos de la sociedad. Las relaciones sociales han atravesado profundos cambios, encabezados por la seguridad laboral, la competencia entre los trabajadores, la comercialización de cada esfera de la vida, y guerras sociales entre las capas más empobrecidas de la población.

Al mismo tiempo, la crisis en Europa se ha propagado rápidamente al mundo de la política. En los últimos veinte años, poderes con capacidad de decisión han sido transferidos cada vez más de la esfera política a la económica; la economía ahora domina a la política, y es constantemente retratada como un ámbito distinto no susceptible al cambio, que fija la agenda y se asegura de que las decisiones clave estén por fuera del control popular.

Lo que solía ser visto no hace mucho tiempo como un espacio para la actividad política es ahora gobernado por pseudoimperativos económicos, los cuales, detrás de la máscara ideológica con la cual pretenden ser no-políticos, presentan de hecho una estructura altamente política, una forma peligrosamente autoritaria y un contenido totalmente reaccionario. El caso ilustrativo más emblemático es el Tratado sobre Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria (TSCG): el “convenio fiscal”, como es ampliamente conocido, que introdujo la obligación de formular presupuestos balanceados en los países de la UE. Esto significa que cada Estado miembro se compromete a cumplir, dentro del espacio de veinte años, con las disposiciones del Tratado de Maastricht de 1993, según el cual la deuda pública no debe exceder el límite del 60 por ciento del PBI.

Al construir una muralla para impedir a los parlamentos nacionales la toma de decisiones sobre objetivos político-económicos, el TSCG sirve, pues, para minar el Estado social en los países de la UE más fuertemente endeudados, y amenaza con profundizar, aún más, la actual recesión. La transición del sistema electoral proporcional hacia uno basado en su mayoría en “bonos” de un tipo o del otro, así como las tendencias antidemocráticas que buscaban fortalecer más el poder ejecutivo frente al poder legislativo, habían hecho ya mella en el carácter representativo de los parlamentos nacionales. Pero esta última transferencia de poder del parlamento al mercado y sus instituciones oligárquicas es el impedimento más grave para la democracia en nuestros tiempos. Esto demuestra que el capitalismo está entrando en una profunda crisis de consenso y es incompatible con la democracia.

Esta dañina uniformidad de los dos programas políticos y objetivos económicos, confirmada por la administración socialista de Hollande en Francia, elegida en 2012, ha ayudado a producir un segundo cambio (después del de 1989) en el contexto político europeo. En medio del crecimiento de la hostilidad pública frente a la tecnocracia burocrática de Bruselas, hemos visto altos niveles de abstencionismo, la emergencia de movimientos neopopulistas y euroescépticos, y un crecimiento significativo de partidos xenófobos de la extrema derecha.

IV. La izquierda plural y los nuevos retos del presente
De otro lado, la izquierda radical ha continuado reagrupándose en nuevas formaciones pluralistas que involucran a un amplio abanico de fuerzas, un modelo que en los últimos quince años se ha extendido a la mayor parte de Europa y que se está volviendo rápidamente dominante. En 1999, el bloque de izquierda de Portugal unió a las fuerzas más importantes del Partido Comunista, y en el mismo año la fundación de La Izquierda marcó un nuevo comienzo en Luxemburgo. En 2004, Synaspismos y toda una gama de fuerzas anticapitalistas en Grecia se unieron para formar la Coalición de la Izquierda Radical, SYRIZA (aunque su fusión como partido de facto se dio hasta 2012). La salida de militantes del Partido Socialdemócrata de Alemania y del Partido Socialista en Francia, que pronto tomaron posiciones a la izquierda de las dirigencias comunistas del Partido del Socialismo Democrático y del Partido Comunista Francés, favoreció el nacimiento de La Izquierda (en Alemania) en 2007 y del Frente de Izquierda (en Francia) en 2009. También en Francia, la fusión de la Liga Comunista Revolucionaria en 2009 en el Nuevo Partido Anti-Capitalista puede ser vista como parte de la misma exigencia a las fuerzas radicales de la izquierda tradicional europea para que confrontaran nuevas contradicciones sociales y se abrieran a nuevas generaciones de militantes.

También en Italia, en el mismo año, fueron fundadas la Izquierda Ecológica y Libertad (unión de tres componentes: el ala moderada del Partido Comunista de Refundación, un grupo disidente de la Izquierda Democrática y algunos ecologistas) y la Federación de Izquierda (una alianza entre el Partido Comunista de Refundación y tres movimientos más pequeños).

Un camino similar se intentó seguir en Inglaterra, con la fundación del Partido del Respeto en 2004, pero los resultados allí fueron mucho menos favorables. La tendencia llegó incluso hasta el Bósforo, en donde activistas kurdos se reunieron con varios movimientos de la izquierda turca en el Partido Democrático del Pueblo; éste se ha convertido rápidamente en la cuarta fuerza política del país.

El año 2014 vio emerger a la Izquierda Unida y a Podemos en España. El último es un caso particularmente especial, pues afirma ir más allá del espacio tradicional de un partido de izquierda. No obstante, después de participar en las elecciones europeas por primera vez en 2014, se unió al GUE/NGL. El ejemplo más reciente de esta tendencia fue la creación de la Izquierda Unida en Polonia en julio de 2015 [1].

El modelo es ciertamente muy distinto al modelo monolítico del partido democrático centralista del movimiento comunista del siglo XX. Pero a pesar de que ha abarcado a la mayoría de las fuerzas de la izquierda radical europea, restringiendo su fragmentación y estimulando su avance (de manera más notable en el caso de SYRIZA en Grecia), esto no significa que la nueva forma organizacional haya resuelto los problemas políticos.

El problemático resultado de las negociaciones entre Alexis Tsipras, líder de SYRIZA y primer ministro de Grecia, y otros primer ministros y presidentes de la eurozona, que impusieron el tercer paquete de “rescate” financiero a Grecia en julio de 2015, ha mostrado que cuando una fuerza no conformista de gobierno logra ganar las elecciones con una plataforma alternativa, las instituciones europeas intervienen para prevenir cualquier ruptura en el modelo socioeconómico dominante.

Se ha hecho incluso más claro que, a pesar de la esperanza que sienten aquellos que piensan que un gran cambio en España es posible y de la importante e inesperada elección de Jeremy Corbyn como líder del Partido del Trabajo en Inglaterra, la Unión Europea no se puede reformar desde adentro. La izquierda europea anticapitalista debe rediscutir su programa, con seriedad y con urgencia, comenzando con la pregunta central sobre la moneda única y la necesidad de realizar campañas y movilizaciones transnacionales más frecuentes y resolutas.

 

Traducción del inglés: Nathalia Hernández Vidal

References
1. Para la encuesta de la fuerza europea de la izquierda radical véase la publicación online Daiber et al. (2012), y más recientemente el número especial de la Revista Socialism and Democracy, vol. 29, N.° 3, 2015, editada por Babak Amini, titulado The Radical Left in Europe (La Izquierda Radical en Europa).

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The Threatening Advancement of the Far Right in Europe

The second round of the French regional elections in December 2015 ended with a defeat for the National Front.

Nevertheless, this party is now a concrete threat for France and Europe. Under Marine Le Pen’s leadership, it shot up to 17.9 per cent in the 2012 presidential elections, became the largest French political party at the 2014 Euro-elections, carried away one fourth of the vote at the departmental elections in March 2015, and has finally scored 27.7 per cent at these regional elections. It is a success that cannot be explained only in relation to the Paris attack in November; it concerns a deeper political change that is taking place all over Europe.

In the last twenty years, decision-making powers have been increasingly transferred from the political to the economic sphere. Economics now dominates politics and is often depicted as a separate realm unsusceptible to change, setting the agenda and ensuring that the key choices are outside popular control.

The uniformity of approach of socialdemocratic and conservative parties to political and economic questions, and the growing hostility of public opinion to the Brussels technocracy have helped to produce a major transformation in the political context.

Populist wind
In the last few years, a profound aversion has developed towards anything that can be described as ‘politics’. Some bipartisan systems have simply imploded, as in post-dictatorship Spain and Greece, where Socialist and centre-right forces regularly used to account for three-quarters of the electorate. Similar trends seem to have affected the political systems in France and Italy, where for decades the vote was divided between the centre-right and centre-left blocs.

The political-electoral landscape has been modified by abstentionism, the rise of new populist formations, the major advance of far-right forces, and in some cases the consolidation of a left alternative to neoliberal policies – a topic that deserves separate consideration.

The first of these phenomena is mainly attributable to the growing detachment from political parties in general.

The second has developed on the crest of the anti-EU wave. New ‘post-ideological’ movements have arisen in recent years, guided by general denunciation of the corrupt existing system, by the myth of online democracy as a guarantee of rank-and-file participation in contrast to the usual practice of political parties, and by euroscepticism. On the basis of these principles, a Pirate Party was founded almost simultaneously in Sweden and Germany. The Five Star Movement created by the comedian Beppe Grillo became the first political force in Italy, with 25.5 per cent of the vote. Alternative for Germany, The River in Greece, and Ciudadanos in Spain also became important political actors in their respective countries. Finally, at the recent presidential elections in Poland, the right-wing populist singer Pawel Kukiz captured 21.3 per cent of the vote and his movement, Kukiz’15, has become the third political force in the country at the legislative elections in October 2015.

During the same period, a number of already existing formations boosted their presence on the basis of similar political platforms. The most striking example is the United Kingdom Independence Party, which topped the Euro polls in 2014 with 26.6 per cent.

The “new” face of the right
In many European countries, xenophobic, nationalist or openly neofascist parties have made big advances as the effects of economic crisis have made themselves felt.

In some cases, they have modified their political discourse, replacing the classical left-right division with a new polarization specific to contemporary society: what Marine Le Pen calls the conflict ‘between those at the top and those at the bottom’. In this, far-right candidates are supposed to represent the ‘people’ against the elites who favour an all-powerful free market.

The ideological profile of these political movements has also changed. The racist component is often shifted to the background and economic issues brought to the fore. The blind, restrictive opposition to EU immigration policies is taken a stage further by playing on the ‘war among the poor’, even more than discrimination based on skin colour or religious affiliation. In a context of high unemployment and grave social conflict, xenophobia is raised through propaganda asserting that migrants take jobs from local workers and that the latter should have priority in employment, social services and welfare entitlements.

This change of course has certainly played a role in the recent successes of the National Front in France. In Italy, meanwhile, the Northern League has also undergone a metamorphosis. It was born in 1989 demanding independence for ‘Padania’ (its name for northern Italy), and after 1996 it envisaged the unilateral secession of the region. But recently it has turned itself into a national party, whit a ‘non’euro’, anti-immigrant platform. As a result, its electoral score has climbed dramatically: it is now the largest organization of the Italian centre-right, having overtaken Silvio Berlusconi’s Forza Italia. In both France and Italy, some historical fortresses of the working-class and Communist vote have mutated into stable electoral bases of the above two parties.

A coalition agreement between the National Front and the Northern League led to the formation in June 2015 of a Europe of Nations and Freedom (ENL) at the European Parliament in Brussels; this also includes established political parties which, alongside lesser organizations, have for some time been demanding withdrawal from the euro, a revision of the treaties on immigration and a return to national sovereignty. Among the most representative forces in this respect are the Austrian Freedom Party, which won 20.5 per cent of the vote at the 2013 national elections, and 30.8 per cent at the Viennese elections in 2015; and the Party for Freedom in the Netherlands, which scored 13.3 per cent at the last European elections. The latter two parties have risen to occupy third position in their national polities.

Far-right forces have made important advances in various parts of the continent. In Switzerland, the Swiss People’s Party, which distinguished itself in the past by advocating a referendum (actually approved in 2009) for a ban on new minarets, pulled off its best-ever result in 2015, winning 29.4 per cent at the October elections.

In every Scandinavian country, they also are already an established reality. In the homeland par excellence of the ‘Nordic model’, the Swedish Democrats (SD), which arose in 1988 through a fusion of neo-Nazi groups, have emerged as the third largest political force with 12.8 per cent at the last elections. In Denmark and Finland, two parties founded in 1995 have scored even more surprising results, becoming the second largest parties in their respective countries. To general amazement, the Danish People’s Party won the highest number of votes at the last European elections, with 26.6 per cent of the total; it then consolidated its success with 21.1 per cent at the 2015 legislative elections and joined the government majority. In Finland, the True Finns also now sit on the government benches, having attracted 17.6 per cent support at the ballot box in 2015. Finally, in Norway, the Progress Party – which already collected 22.9 per cent of the vote in 2009, and whose political views are equally reactionary – has entered government for the first time, with a score of 16.3 per cent.

The near-uniform assertion of these parties, in a region where the organizations of the workers’ movement had exercised undisputed hegemony for a very long time, may also be attributed to the fact that they have taken up battles and issues once dear to both the Social Democratic and Communist Left. Two other useful, though not fundamental, factors are their carefully designed political symbolism and the rise of young leaders skilled at communication with the media.
The Right has made its breakthroughs not only by means of classical reactionary instruments, such as campaigns against globalization, but also through the arrival of new asylum-seekers and the spectre of the ‘Islamization’ of society. Above all, however, they called for social policies traditionally associated with the Left, at a time when the Social Democrats were opting for public spending cuts and the radical Left was gagged because of its support for, or actual participation in, government. The rightist ‘welfare’ is of a different kind, however: no longer universal, inclusive and solidaristic, but based on a principle that some theorists have described as ‘welfare nationalism’. In other words, it involves the offer of rights and services only to members of the already existing national community.

In addition to its widespread support in rural areas and the provinces, which are often depopulated and hit by high unemployment because of the economic crisis, the far Right has been able to draw on a significant number of workers who have yielded to the blackmail of ‘either immigration or the welfare state’.

The danger in East
The radical Right has also managed to reorganize in a number of East European countries, since the end of the pro-Soviet regimes there.

In Poland, the populist Law and Justice party won the presidential elections in May 2015 and, having scored 37.6 per cent at the legislative elections in October 2015, holds the first absolute majority of seats in parliament since the end of the Cold War. Unlike the usual appeals to nationalism and ultra-conservative religious values, the Law and Justice economic programme highlights promises to increase social spending, to improve wage levels and to lower the retirement age. It is a left platform, in a country where social democracy is confined to a small residual space after its pursuit of policies that hit the weakest layers of society.

The most alarming case in this part of Europe, however, is Hungary. After the Socialist Party government had imposed severe austerity measures at the behest of the Troika, causing a lurch into deflation, the Hungarian Civic Union/Fidesz took over the reins of office. Then in 2102, having purged the judiciary and brought the mass media under control, the government introduced a new constitution with authoritarian overtones that took the country a perilously long way from the rule of law.

As if that were not enough, the Movement for a Better Hungary has been the third party in the country since 2010, netting 20.5 per cent of the vote at the 2014 elections. Unlike most of the radical Right in Western Europe and Scandinavia, Jobbik is a classical example – now dominant in the East – of a far-right formation that uses hatred of minorities (especially Roma), anti-Semitism and anti-communism as major instruments of propaganda and action.

To complete this survey, we should mention some of the neo-Nazi organizations spread across parts of Europe. One of these has obtained good results at the polls. In Greece, Golden Dawn picked up 9.4 per cent of the vote in the European elections of 2014 and 7 per cent in the general elections of 2015, thereby asserting itself as the third political force in the country.

In recent years, therefore, the parties of the populist, nationalist or neofascist Right have considerably broadened their support in almost every part of Europe. In many cases, they have proved capable of hegemonizing political debate and sometimes entered government in a coalition with the more moderate Right.

It is a disturbing epidemic, to which it is certainly impossible to respond without fighting the virus that caused it in the first place: the Troika’s neoliberal mantra still so fashionable in Brussels.

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A Europa em tempo de crise

I. Em tempo de ditadura da Troika
Ao longo de 2007, os EUA sofreram uma das piores crises financeiras da história, que logo envolveu também a Europa, e que precipitou uma dura recessão. Devido ao pesado aumento da dívida pública e do consequente perigo de insolvência, muitos países tiveram de recorrer a empréstimos junto ao grupo constituído pela Comissão Europeia, pelo Banco Central Europeu e pelo Fundo Monetário Internacional, isto é a chamada Troika.

Os créditos às nações com risco de default foram concedidos em troca da introdução de inflexíveis políticas de austeridade, em relação às quais as pesadas “reestruturações” dos anos de 1990 pareceram medidas moderadas. A partir de 2008, foram implementados treze programas de resgate (bailout programs): na Hungria (2008-11), na Letônia (2008-11) [1], e três na Romênia (2009-15), na área da União Europeia, além dos três da Grécia (2010-2018), o da Irlanda (2010-2013), o de Portugal (2011-14), os dois de Chipre (2011-16) e o da Espanha (2012-13), dentro da eurozona.

A própria expressão “reformas estruturais” acabou sofrendo uma radical transformação semântica. O termo, que pertencia ao léxico do movimento operário, para indicar a lenta, mas progressiva, melhoria das condições sociais, tornou-se, ao contrário, sinônimo de destruição do welfare state. Este tipo pseudorreformas, que na verdade são verdadeiras involuções, tem cancelado numerosas conquistas do passado e tem estabelecido condições legislativas e econômicas que recordam as do capitalismo rapaz do século XIX.

Neste quadro, abriu-se um terrível ciclo recessivo, do qual a Europa, que hoje está lutando contra o espectro da deflação, ainda não saiu. A forte compressão salarial determinou a queda da demanda, com a consequente queda do produto interno bruto, e o desemprego alcançou níveis nunca registrados no segundo pós-guerra. De 2007 a 2014, o desemprego passou de 8.4% para 26.5% na Grécia, de 8.2% para 24.5% na Espanha, de 6.1% para 12.7% na Itália e de 9.1% para 14.1% em Portugal. Em 2014, a falta de trabalho para uma geração inteira de jovens alcançou níveis epidêmicos: 24.1% na França, 34.7% no Portugal, 42.7% na Itália, 52.4 na Grécia e 53.2% na Espanha. De fato, supera o milhão o número de jovens desses países – trata-se sobretudos dos mais qualificados e que possuem uma melhor instrução – que foram obrigados a emigrar[2].

Estamos diante de uma nova modalidade de luta de classes, conduzida com grande determinação pelas classes dominantes contra as subalternas, cuja resistência foi frequentemente débil, desordenada e fragmentada [3]. Isso ocorreu tanto nos centros capitalistas mais desenvolvidos, onde a redução dos direitos dos trabalhadores atingiu níveis inimagináveis trinta anos atrás, quanto nas periferias do mundo, onde as empresas, muitas vezes multinacionais, exploram de forma extrema a mão de obra e continuam a depredar o território de seus preciosos recursos naturais.

Esses processos geraram um enorme aumento das desigualdades e uma significativa redistribuição das riquezas em favor da parte mais rica do planeta. As próprias relações sociais passaram por profundas mudanças, marcadas por uma precariedade incondicional, por uma extrema concorrência entre os trabalhadores, por uma mercantilização de diversos âmbitos da existência, por uma guerra social entre as classes mais pobres e por um novo e mais invasivo capitalismo, que corrompe de forma inédita as consciências e as vidas.

A crise na Europa transferiu-se rapidamente para a dimensão política. Nos últimos vinte anos, o poder de decisão passou cada vez mais da esfera política para a esfera econômica. A economia tornou-se um campo separado e imutável onde se tomam as decisões mais importantes, cada vez mais subtraídas ao controle democrático. Essas, que não muito tempo atrás eram consideradas medidas políticas, tornaram-se hoje incontestáveis imperativos económicos que, sob a máscara ideológica da apoliticidade, ocultam, ao contrário, um sistema perigosamente autoritário e um conteúdo totalmente reacionário.

O caso mais emblemático é representado pelo Tratado sobre Estabilidade, Coordenação e Governança da União Econômica e Monetária . Entrado em vigor em 2013, o chamado fiscal compact impôs a introdução do equilíbrio orçamentário nas constituições dos países da União Europeia. Isto significa que cada nação assume a obrigação de permanecer, num período de vinte anos, dentro dos parâmetros estabelecidos pelo Tratado de Maastricht em 1993, ou seja, que a dívida pública não poderá ultrapassar o limite de 60% do PIB. Esta proporção, de acordo com as estatísticas de 2014, atualmente é de 92% na zona euro (de 74,4% na Alemanha e 89,4% no Reino Unido, o país que, como a República Checa, não assinou o acordo), com pontas máximas na Bélgica de 106,5%, em Portugal de 130,2%, na Itália de 132% e na Grécia de 177%.

Esta decisão representa um muro erguido para impedir aos diferentes parlamentos, também aos futuros, escolhas autônomas sobre o tipo de política econômica a ser implementada. Ela implica a destruição do estado de bem-estar nos países mais endividados e, nesta fase econômica, ela pode agravar ainda mais a atual recessão. Dentro desta ofensiva mais geral, assim como havia acontecido em alguns países anglo-saxões, na França desde 2007, e na Itália a partir de 2011, foram introduzidas novas figuras, responsáveis por “racionalizar” a despesa pública: os comissários para a spending review. As medidas que eles propuseram, em vez de reduzir o desperdício, como havia sido anunciado, resultaram em uma diminuição na quantidade e na qualidade dos serviços. A etapa seguinte deste projeto prevê a Parceria Transatlântica de Comércio e Investimento (PTCI), um acordo entre a União Europeia e os EUA em torno do qual estão em curso negociações confidenciais, as quais levariam a uma maior desregulamentação do comércio, à primazia do lucro das empresas sobre o interesse geral e ao consequente aumento da concorrência, o que geraria novas reduções salariais e menos direitos para os trabalhadores.

A transferência de poder desde os parlamentos – já esvaziados de seu valor representativo pelas mudanças introduzidas nos sistemas eleitorais, assim como pelas revisões da relação entre o poder executivo e o legislativo – para as instituições oligárquicas internacionais, cujas diretivas neoliberais favorecem o domínio incondicional do mercado, constitui o ataque mais grave à ordem democrática do nosso tempo [4]. Revela o rosto de um capitalismo em grave crise de consenso e incompatível com a democracia. Por outro lado, nos poucos referendos convocados após da aprovação do Tratado de Maastricht, as decisões dos poderes tecnocráticos dominantes na Europa foram muitas vezes derrotadas pelo voto popular. Isso aconteceu na França e na Holanda em 2005, em relação aoTratado sobre a Constituição Europeia [5]; e, posteriormente, também na Irlanda em 2008, contra o Tratado de Lisbo [6]

Os índices da bolsa, as avaliações das agências de entre as taxas dos títulos de Estado, são enormes fetiches da sociedade contemporânea, que adquiriram um valor maior do que a vontade popular. As escolhas que mais prejudicam as massas são apresentadas como necessidades imprescindíveis para “restabelecer a confiança” dos mercados.

No melhor dos casos, a política é chamada a sustentar a economia, como aconteceu depois de 2008, tanto nos EUA quanto na Europa, quando foram realizados os resgates bancários. Os representantes da grande finança necessitaram da intervenção política do Estado para mitigar os estragos produzidos pela mais recente crise capitalista, mas eles recusaram-se a renegociar as regras e as escolhas econômicas gerais. Nem sequer a substituição de governos de centro-direita por governos de centro-esquerda alterou o panorama econômico-social, uma vez que é a economia que está determinando, cada vez mais, a formação, a composição e a finalidade dos executivos que assumem o poder. Se, no passado, isto se realizava através da grande quantidade de dinheiro alocada pelo poder econômico a governos ou partidos políticos a serem controlados e pelo condicionamento dos meios de comunicação, no século XXI acontece por decreto das instituições internacionais.

Este fenômeno teve sua manifestação mais evidente com a breve onda de “governos técnicos”. No espaço de uma semana – entre os dias 11 e 16 de novembro de 2011 – Lucas Papademos e Mario Monti, representantes exemplares do poder econômico dominante (o primeiro tinha sido vice-presidente do Banco Central Europeu de 2002 a 2010), foram nomeados sem escrutínio popular, primeiros-ministros da Grécia e da Itália. Papademos permaneceu no cargo por apenas sete meses, enquanto Monti, graças ao apoio determinante do Partido Democrático (PD), por um ano e meio. Campeões de austeridade, eles implementaram, contemporaneamente, drásticos cortes de gastos e ulteriores sacrifícios sociais. Suas experiências políticas revelaram-se breves, já que ambos foram drasticamente derrotados assim que a palavra foi devolvida aos eleitores, mas a atuação de seus governos foi deletéria, tanto pelas escolhas feitas no plano econômico, quanto, e talvez mais, por causa do vulnus democrático representado pelas modalidades de sua investidura.

Algumas das forças da Internacional Socialista tomaram, nos últimos anos, um caminho que teve um resultado semelhante ao dos “governos técnicos”. Armados pela convicção ideológica de que não há alternativa ao neoliberalismo – embora a crise de 2008 tivesse mostrado os desastres que esse tinha sido capaz de produzir, e a administração Obama, com o American Recovery and Reinvestment Act de 2009, tivesse realizado escolhas diferentes – elas se aliaram com as forças do Partido Popular Europeu (PPE), o grupo que reúne partidos europeus de centro-direita, aceitando acriticamente suas principais orientações econômico-sociais. O protótipo desta tendência foi a Grande Coalizão na Alemanha, o acordo através do qual o Partido Socialdemocrata Alemão, apoiando a chanceler Angela Merkel de 2005 a 2009 e de 2013 até hoje, praticamente abriu mão de sua própria autonomia.

Outros experimentos de “unidade nacional” surgiram na Europa meridional. Na Grécia, de 2012 a 2015, o Movimento Socialista Pan-helênico (PASOK), e, por um tempo, também a Esquerda Democrática (DIMAR), apoiaram o primeiro-ministro do partido Nova Democracia (ND), Antonis Samaras. Na Itália, após as eleições de 2013, o Partido Democrático assumiu o governo – chefiado pelo seu vice-secretário Enrico Letta – juntamente com a coalizão de centro-direita do Povo das Liberdades (PDL), liderada por Silvio Berlusconi. Em 2014, ele foi substituído pelo jovem neo- blairiano Matteo Renzi, que criou um governo com o Novo Centro-Direita (NCD) – formado por um grupo que havia abandonado de movimento de Berlusconi –, com o qual encontrou um acordo sobre algumas significativas “reformas” eleitorais e constitucionais. Com a eleição de Jean-Claude Juncker7 [7] como presidente da Comissão Europeia, a grande coalizão entre o Partido Popular Europeu e o grupo da Aliança Progressista dos Socialistas e dos Democratas (S&D) hoje governa também as principais instituições da EU.

As medidas adotadas na política externa desses governos socialdemocratas confirmaram a descontinuidade com o passado. De fato, em 1999, o governo liderado pelos Democratas de Esquerda (DS), os herdeiros do velho Partido Comunista Italiano, autorizou a segunda intervenção militar da história italiana, após 1945: os bombardeios da OTAN no Kosovo, conhecidos também pelo uso de munições de urânio empobrecido. Em 2003, os trabalhistas ingleses juntaram-se ao republicano George W. Bush na Segunda Guerra do Golfo contra o “Estado bandido” iraquiano, falsamente acusado de possuir armas de destruição de massa [8]. Entre estes dois conflitos, nenhuma força do socialismo europeu se opôs à intervenção no Afeganistão, aos devastadores “efeitos colaterais” causados à população e, mais em geral, à campanha Enduring Freedom (“Liberdade Duradoura”) promovida pelo governo dos Estados Unidos da América.

Mesmo a questão ecológica, por fim, foi muitas vezes relegada a declarações de princípio, que raramente foram traduzidas em medidas legislativas eficazes para resolver os principais problemas ambientais. Para isso contribuiu o giro moderado da maioria dos partidos verdes que, ao decidirem formar alianças governamentais tanto com as forças de direita quanto com as de esquerda, transformaram-se em partidos “pós-ideológicos” e abandonaram a batalha contra o modo de produção existente.

II – Antipolítica, populismo e xenofobia
A substancial e nociva uniformidade dos partidos políticos em suas linhas política e econômica, confirmada, também, por escolhas realizadas na França a partir de 2012 na presidência de François Hollande e, mais em geral, a crescente hostilidade de boa parte da opinião pública em relação à tecnocracia de Bruxelas, contribuíram a produzir uma nova – a segunda depois do de 1989 – grande mudança no contexto político europeu. Ao longo dos últimos anos, em todo o “velho continente”, desenvolveu-se um sentimento de profunda aversão para tudo aquilo que tem a ver com a política, a qual se tornou sinônimo de usufruto do poder e não, ao contrário, de compromisso e de interesse coletivo para transformar a sociedade, como tinha acontecido nas décadas de 1960 e 1970. Este fenômeno afetou, em particular, mas não apenas, as gerações mais jovens e favoreceu uma apatia generalizada e uma redução dos conflitos sociais, por causa do desapego para com as organizações sindicais, percebidas cada vez mais como homologadas pelo poder. Em muitos países, essa onda de antipolítica envolveu também as forças da esquerda radical, consideradas responsáveis, especialmente por causa das medíocres experiências de governo, de terem adaptado-se ao contexto existente e terem abandonado progressivamente as propostas antagônicas das quais eram portadoras.

Significativas foram as mudanças nas relações de força preexistentes dentro da cena europeia. Bipartidarismos consolidados como os da Espanha e da Grécia – países nos quais, após o fim das ditaduras, a soma das forças socialistas e as de centro-direita haviam atingido constantemente cerca de três quartos do eleitorado – implodiram. Também os bipartidarismos italiano e francês, que nas últimas décadas haviam mostrado uma divisão constante de votos entre centro-direita e centro- esquerda, tiveram uma sorte parecida. Além disso, os três principais grupos políticos do Parlamento Europeu eleitos em 2009 – isto é, o Partido Popular Europeu, a Aliança Progressista dos Socialistas e Democratas e a Aliança dos Democratas e Liberais pela Europa (ALDE) – perderam mais de 13% dos seus parlamentares nas eleições de 2014.

O cenário político-eleitoral foi alterado também pelo grande aumento do abstencionismo, pelo nascimento de formações populistas, pelo significativo avanço das forças da extrema-direita e, emalguns contextos, pela consolidação de uma alternativa de esquerda às políticas neoliberais.

O primeiro destes fenômenos encontra sua principal explicação no crescente afastamento dos partidos políticos. Esta tendência manifestou-se, nos mais diversos países, por ocasião de eleições legislativas. Na França, o número de eleitores passou de 67,9% em 1997 para 57,2% em 2013 [9]; na Alemanha de 84,3% em 1987 para 71,5% em 2013; no Reino Unido de 77,7% em 1992 para 66,1% em 2015; na Itália de 87,3% em 1992 para 72,2% em 2013; em Portugal de 71,5% em 1987 para 57% em 2015, na Grécia de 76,6% em 2004 para 56,5% em 2015 e, na Polônia, por ocasião das eleições presidenciais, de 64,7% em 1995 para 48,9% em 2015. A porcentagem de cidadãos que foram às urnas diminuiu também nas eleições para o Parlamento Europeu: de 62% em 1979 para 42,6% nas últimas eleições[10]. Este dado reflete a progressiva falta de interesse para uma instituição que representa um modelo de Europa cada vez mais tecnocrático e menos político.

Cavalgando a onda antieuropeísta, nos últimos anos surgiram também novos movimentos políticos que se declararam “pós-ideológicos”, os quais tiveram como ideias guia a denúncia genérica da corrupção do sistema ou o mito da democracia online, como garantia da participação política a partir de baixo e como alternativa àquela praticada nos partidos políticos. Com base nestes princípios foi fundado, em 2006, quase simultaneamente na Suécia e na Alemanha, o Partido Pirata (PP). Três anos depois, ele atingiu 7,1% nas eleições europeias no país escandinavo e 2% nas eleições para o Bundestag. Em 2012, este partido foi criado também na Islândia, onde obteve 5,1% dos votos nas eleições de 2013. Porcentagens significativas, considerando seu programa político limitado, mas mínimas quando comparadas com aquelas do Movimento 5 Estrelas (M5S) na Itália. Ele foi criado em 2009 pelo comediante Beppe Grillo e tornou-se, nas primeiras eleições gerais em que se apresentou, a primeira força política italiana, com 25,5% dos votos. Em 2013, nasceu em Berlim, a Alternativa para a Alemanha (AFD) que, graças ao crescente euroceticismo, obteve 4,7% nas eleições federais de 2013 e 7% naquelas europeias do ano seguinte. Em 2014, foi a vez de O Rio (TP) na Grécia, que recebeu 6,6% nas eleições europeias. No mesmo ano houve o crescimento, em escala nacional, de Cidadãos (C’s) – movimento fundado na Catalunha em 2006 –, que obteve 3,2% nas eleições europeias, 6,6% nas administrativas de 2015, resultado que foi dobrado nas eleições políticas do dezembro passado (13,9%).

Nas recentes votações presidenciais na Polônia, por fim, o cantor Pawel Kukiz, populista de direita, obteve 21,3% dos votos. Seu movimento político, Kukiz’15, tornou-se a terceira força política do país, com 8,8% dos votos, nas eleições legislativas de outubro de 2015. No mesmo período, formações existentes há muito tempo tiveram resultados significativos com plataformas políticas similares às desses novos partidos. O caso mais notável é o do Partido de Independência do Reino Unido (UKIP), que combinando populismo, nacionalismo e xenofobia, tornou-se, com 26,6% dos votos, a primeira força nas últimas eleições europeias e alcançou 12,6% nas eleições políticas de 2015. No Parlamento Europeu, os eleitos do Partido de Independência do Reino Unido coligaram-se com os do Movimento 5 Estrelas, formando o grupo Europa da Liberdade e da Democracia Direta (EFDD). Também na Suíça, as eleições de outubro 2015 foram ganhas, com 29,4% dos votos – o melhor resultado até então – pela coalizão entre o Partido do Popular Suíço e a União Democrática do Centro (SVP-UDC). Embora seu nome possa enganar, trata-se de uma formação de ultradireita, xenófoba e antieuropeísta, que se distinguiu no passado por ter promovido um referendum, aprovado em 2009, sobre a proibição da construir novos minaretes no país.

Além disso, em muitos países europeus, quando os efeitos da crise econômica começaram a manifestar-se de forma evidente, os partidos xenófobos, nacionalistas ou abertamente neofascistas ganharam repentinamente muito apoio. Em alguns casos, eles mudaram seu discurso político, substituindo a clássica divisão entre esquerda e direita com a perspectiva de uma nova luta em ato na sociedade contemporânea: aquela que Marine Le Pen definiu, em 2014, como o conflito “entre os de cima e os de baixo”. Nessa nova polarização, eles se candidataram a representar essa última parte, isto é, o povo, contra o establishment, ou seja, as forças que se alternaram por um longo tempo no governo, e contra as elites que favorecem a difusão do mercado livre. Até mesmo o sistema ideológico desses movimentos políticos mudou. A componente racista foi, em muitos casos, relegada a um segundo plano, em relação às questões econômicas.

A oposição às políticas de imigração, cegas e restritivas, implementadas pela União Europeia, reforçou-se aproveitando em primeiro lugar da guerra entre os mais pobres, e em seguida da discriminação baseada na cor da pele ou na crença religiosa. Em um contexto de desemprego de massa e de grave conflito social, a xenofobia cresceu mediante uma propaganda segundo a qual os migrantes subtraem empregos aos trabalhadores locais, que deveriam, no entanto, ser privilegiados em matéria de ocupação, serviços sociais e direitos[11].

Esta mudança de rumo influiu certamente no resultado da Frente Nacional que, sob a liderança de Le Pen, alcançou 17,9% nas eleições presidenciais de 2012, antes de se tornar, com 24,8% dos votos, o primeiro partido político francês[12] nas votações europeias de 2014, nas administrativas de março de 2015 – com 25,2% – e nas regionais de dezembro de 2015, em que obteve 27,7%. Também o partido Liga Norte na Itália passou por uma metamorfose notável.

Nascido em 1989 reivindicando a independência da Padânia [13], tornou-se, nos últimos tempos, um partido nacional, cuja plataforma política “não ao euro” e anti-imigração constituiu a premissa para a aliança com as principais forças herdeiras da tradição fascista. Recentemente, seu apoio eleitoral aumentou maciçamente, até tornar-se, nas eleições administrativas de 2015, a primeira organização do centro-direita italiano, superando Força Itália, o partido de Silvio Berlusconi.

Na França e na Itália, algumas fortalezas históricas do voto operário e comunista transformaram-se em bases eleitorais estáveis destas duas forças. A recente coalizão, no nível europeu, entre a Frente Nacional e a Liga Norte permitiu, em junho de 2015, o nascimento no Parlamento Europeu do grupo Europa das Nações e das Liberdades (ENL). Pertencem a esse grupo partidos políticos consolidados que, apoiados por outras organizações menores, defendem, há algum tempo, a saída do euro, a revisão dos tratados sobre a imigração e o retorno à soberania nacional. Entre as mais representativas há Interesse Flamengo (VB); o Partido da Liberdade Austríaca (FPÖ), que obteve 20,5% dos votos nas eleições políticas de 2013, 19,7% naquelas europeias de 2014 e 30,8% nas municipais de Viena de 2015; e o Partido para a Liberdade (PVV) holandês, fundado em 2006, que obteve 13,3% nas eleições europeias.

As forças de extrema-direita entraram em vários grupos do Parlamento Europeu e, pela primeira vez após a Segunda Guerra Mundial, tiveram grandes avanços também em outras regiões da Europa. Na Escandinávia, por exemplo, elas constituem uma realidade já bem estabelecida, com uma orientação ideológica que registrou o maior sucesso eleitoral. Na pátria por excelência do “modelo nórdico”, os Democratas Suecos (SD), partido criado em 1988 através da fusão de vários grupos neonazistas existentes na época, tornou-se, com 12,8% dos votos, o terceiro partido mais votado nas eleições legislativas de 2014. Na Europa eles estão aliados com o Partido de Independência do Reino Unido.

Na Dinamarca e na Finlândia, os dois partidos membros do Grupo dos Conservadores e Reformistas Europeus (ECR), historicamente liderado pelo Partido Conservador (CP) britânico, conseguiram resultados ainda mais surpreendentes, tornando-se as segundas forças políticas de seus países. Despertando o espanto geral, o Partido Popular Dinamarquês (DPP) foi, com 26,6%, o movimento político mais votado nas últimas eleições europeias. Este sucesso foi confirmado nas eleições legislativas de 2015, após as quais, com 21,1% dos votos, juntou-se à maioria governamental. Após as recentes eleições de 2015, no governo de Helsinki entrou também o Partido dos Finlandeses (PS), com 17,6% dos votos. Por fim, na Noruega, com 16,3% dos votos, chegou pela primeira vez ao governo o Partido do Progresso (FRP), de opiniões políticas igualmente reacionárias, que já tinha atingido 22,9% em 2009.

A notável e quase uniforme afirmação desses partidos, em uma região onde as organizações do movimento operário têm exercido uma hegemonia indiscutível por longo tempo, foi possível também porque os partidos de extrema direita defenderam batalhas e temáticas que no passado pertenciam à esquerda, tanto a socialdemocrata quanto a comunista. O maquillage da simbologia política (os Democratas Suecos, por exemplo, substituíram a chama, muito utilizada pelos movimentos fascistas, com um campo de flor com as cores nacionais) e o advento de líderes jovens e hábeis na comunicação, representaram outros fatores significativos, embora não essenciais.

O avanço da direita ocorreu não apenas através de campanhas reacionárias clássicas, como aquelas contra a globalização, a chegada de novos requerentes de asilo e o espectro da “islamização” da sociedade. Na base de seu sucesso houve, acima de tudo, a reivindicação de políticas, tradicionalmente de esquerda, em favor do Estado social, enquanto os socialdemocratas optavam por cortes nos gastos públicos e a esquerda radical era enfraquecida pelo apoio ou participação direta ao governo. Trata-se, no entanto, de um tipo diferente de welfare. Não mais universal, inclusivo e solidário, como o do passado, mas baseado em um princípio diferente – que alguns estudiosos têm incluído na categoria do “welfare nationalism” –, ou seja, fornecer direitos e serviços exclusivamente aos membros da já existente comunidade nacional. Ao grande apoio recebido nas áreas rurais e provinciais, muitas vezes despovoadas e com altas taxas de desemprego, a extrema direita escandinava acrescentou o apoio de uma parte significativa da classe trabalhadora, que cedeu à chantagem “imigração ou Estado social”.

Também em vários países da Europa do Leste a direita radical conseguiu reorganizar-se após o fim dos regimes pró-soviéticos. A União Nacional Ataque (ATAKA) na Bulgária, o Partido Nacional Eslovaco (SNS) e o Partido da Grande Roménia (PRM) são algumas das forças políticas que obtiveram bons resultados e elegeram seus representantes no parlamento. Na Polônia, o partido da direita populista Lei e Justiça (PIS) ganhou a eleição presidencial em maio de 2015 e, em seguida, obteve, com 37,6% dos votos nas eleições legislativas de outubro de 2015, a primeira maioria absoluta alcançada no parlamento após o fim da Guerra Fria. Ao contrário das frequentes referências ao nacionalismo e aos valores religiosos mais conservadores, o programa econômico do partido Lei e Justiça focou-se na promessa de aumentar os gastos sociais, melhorar o nível dos salários e baixar a idade da aposentadoria. Uma plataforma de esquerda, em um país onde a esquerda anticapitalista não existe e aquela socialdemocrata está confinada em um espaço minoritário.

Nesta parte da Europa, no entanto, o caso mais alarmante é o da Hungria. Após da introdução de medidas rigorosas de austeridade decretadas pelo governo do Partido Socialista Húngaro, obedecendo às imposições da Troika, e após da grave crise deflacionária desencadeada, chegou ao poder a União Cívica Húngara – Fidesz (aderente do Partido Popular Europeu). Depois de ter expurgado a magistratura e colocado sob controle os mass media, em 2012 o governo aprovou uma nova constituição com conotações autoritárias e longe dos princípios do Estado de direito. Ao lado desta perigosa realidade, desde 2010, o Movimento por uma Hungria Melhor (Jobbik) tornou-se o terceiro partido do país, atingindo 20,5% nas eleições de 2014. Ao contrário das forças presentes na Europa Ocidental e na Escandinávia, Jobbik representa o exemplo clássico – hoje dominante na Europa do Leste – de formações de extrema-direita, que continuam a utilizar o ódio contra as minorias (especialmente a cigana), o antissemitismo e o anticomunismo como principais instrumentos de propaganda e ação.

Completam, finalmente, este panorama diversas organizações neonazistas, espalhadas em várias regiões da Europa. Duas delas alcançaram bons resultados. O Partido Nacional Democrático da Alemanha (NPD), ganhou uma presença institucional em dois parlamentos regionais, atingindo 1,5% dos votos nas eleições de 2013 e elegendo um eurodeputado em 2014. Aurora Dourada (AD), na Grécia, obteve 9.4% dos votos nas eleições europeias de 2014 e 7% nas eleições de 2015, consolidando-se, em ambos os casos, como a terceira força política do país [14].

Nestes anos, portanto, os partidos políticos da direita populista, nacionalista ou neofascista têm decisivamente expandido seu apoio em quase todas as partes da Europa. Em muitas ocasiões, eles foram capazes de hegemonizar o debate político e, em alguns casos, aliando-se com as forças da direita mais moderada, conseguiram entrar no governo. Trata-se de uma epidemia muito preocupante, que é possível combater apenas destruindo o vírus que a gerou: a litania neoliberal hoje tão em voga em Bruxelas. Todavia, tanto na Grécia quanto nas regiões orientais da Alemanha, os partidos de direita obtiveram resultados abaixo de suas possibilidades. Enquanto isso, na Espanha, Portugal e República Checa, ou seja, em alguns dos lugares onde a esquerda comunista manteve um consistente enraizamento social e desenvolveu, ao longo dos anos, uma coerente política de oposição, não se formaram as condições para a revitalização das forças de direita.

III – A alternativa à esquerda
A crise econômica e política que atravessa a Europa provocou, simultaneamente ao avanço das forças populistas, xenófobas e de extrema direita, também grandes manifestações de resistência e de protesto contra as medidas de austeridade impostas pela Comissão Europeia e implementadas pelos governos nacionais. Isso favoreceu, especialmente na parte Sul do continente, o ressurgimento das forças da esquerda radical, bem como um notável sucesso eleitoral para elas. Grécia, Espanha, Portugal foram palco de impressionantes mobilizações de massa contra as políticas neoliberais.

Neste período, do ponto de vista político, a esquerda anticapitalista iniciou um percurso de reconstrução e recomposição das forças. Afirmaram-se ou nasceram, de fato, novas formações capazes de reunir a mais ampla gama de sujeitos políticos, garantindo, ao mesmo tempo, uma maior democracia interna através do princípio de “uma cabeça um voto”.

O Bloco de Esquerda (BE) em Portugal, a Coligação da Esquerda Radical (SYRIZA) na Grécia, A Esquerda (DL) na Alemanha e a Frente de Esquerda (FdG) na França são todos exemplos de um modelo de força política plural – diferente do partido monolítico, inspirado no princípio da centralização democrática, utilizado pelo movimento comunista no século XX – que se estendeu, rapidamente, à maioria das forças políticas da esquerda radical europeia. O partido Podemos na Espanha é um caso muito particular porque nasceu com a ambição de superar a tradicional definição de partido de esquerda. Outro episódio, imprevisível até poucos anos atrás, animou a geografia da esquerda europeia. Após as eleições primárias de setembro de 2015, 59,5% dos militantes ingleses do Partido Trabalhista elegeu Jeremy Corbyn como novo líder da organização. Onde vinte anos atrás estava sentado o liberal Tony Blair, hoje está um anticapitalista declarado, o secretário mais à esquerda da história do partido britânico.

Além dos casos de vários partidos nacionais, o avanço geral da esquerda radical foi confirmado também por ocasião das últimas eleições europeias. O número de votos recolhidos foi de 12.981.378, ou seja, 8% do total, com um aumento de 1.885.574 de preferências em relação ao resultado de 2009. A questo risultato è poi seguita la vittoria di Syriza alle elezioni politiche greche del gennaio 2015, con il 36,3% dei consensi, e l’elezione di Alexis Tsipras alla carica di Primo ministro.

No entanto, esses resultados positivos estão sendo ofuscados por alguns elementos negativos. Em muitos países da Europa Oriental, na verdade, a esquerda radical expressa uma posição ainda marginal, quando não inteiramente minoritária. Ela se mantém muito longe das lutas sociais, sem enraizamento nos territórios e nas organizações sindicais, permanecendo desconhecida pelas gerações maisjovens e atravessada por um sectarismo lesivo e fortes divisões internas.

Estamos diante, portanto, de uma realidade muito desigual. Nos países da Península Ibérica e do Mediterrâneo – com exceção da Itália –, a esquerda radical expandiu-se significativamente nos últimos anos; já na Europa Central, ela conseguiu manter uma boa força eleitoral na Holanda e na Alemanha – embora aos bons resultados nas urnas não tenham correspondido conflitos sociais significativos –, mas seu peso está ainda limitado em outros lugares.

Consideradas estas circunstâncias, a expansão da União Europeia em direção do Leste tem deslocado à direita o baricentro político do continente, como testemunham as posições extremistas tomadas pelos governos do Leste europeu durante a recente crise na Grécia e diante da chegada dos povos em fuga das zonas de guerra. Inoltre, la trasformazione dei partiti della sinistra radicale in organizzazioni più ampie e plurali si è dimostrata una ricetta utile per ridurre la loro preesistente frammentazione, ma non ne ha certo risolto i problemi di natura politica.

La scelta che sia possibile riformare l’Unione Europea all’interno dell’attuale scenario viene condivisa da Syriza e dalla maggioranza delle principali forze del Partito della Sinistra Europea, tra cui La Sinistra in Germania, il Partito Comunista Francese e la Sinistra Unita spagnola. In questo blocco, si situa anche Podemos, il cui gruppo dirigente si è dichiarato convinto che, se al governo greco se ne affiancassero altri disposti a rompere con le politiche di austerità imposte dalla Troika, potrebbe aprirsi uno spazio per incrinare ciò che appare, oggi, così inalterabile.

Per altri, al contrario, la “crisi greca” – che, in realtà, è una crisi della democrazia al tempo del capitalismo neoliberale – sembra comprovare, invece, l’irriformabilità di questo modello di Unione Europea. Non tanto per gli attuali rapporti di forza presenti al suo interno, quanto, invece, per la sua architettura generale. Gli inflessibili parametri economici hanno ridotto, o in alcuni casi quasi annullato, le ben più complesse e composite esigenze della politica. Pertanto, negli ultimi mesi, le fila di quanti reputano illusoria la possibilità di democratizzare l’eurozona, seppure esprimono una posizione che resta minoritaria, sono notevolmente aumentate.

Pertanto, il conflitto imploso nel 2015 dentro Syriza potrebbe riprodursi altrove. Per la sinistra radicale europea, dunque, potrebbe concretizzarsi il rischio di una nuova stagione di divisioni. Tale condizione rivela un limite della forma plurale che le forze antagoniste si sono date negli ultimi anni, ovvero l’indefinitezza programmatica. Infatti, la diversità di posizioni e di culture politiche esistente tra le varie organizzazioni che hanno dato vita a queste nuove aggregazioni richiederebbe una difficile, ma non impossibile, intesa puntuale sulle strategie da perseguire.

Al di là della necessità di proseguire questo cruciale dibattito senza reticenze, em uma escala continental, uma verdadeira alternativa só é concebível se a esquerda radical desenvolver, com maior determinação e continuidade, campanhas políticas e mobilizações transnacionais, começando com a recusa da guerra e da xenofobia, questão que se tornou ainda mais crucial após os ataques de 13 novembro 2015 em Paris, e apoiando a extensão de todos os direitos sociais e de cidadania aos imigrantes que chegam no solo europeu. As iniciativas da esquerda radical que podem realmente aspirar a mudar o curso dos eventos têm diante de si um único caminho: o da reconstrução de um novo bloco social, capaz de dar vida a uma oposição de massa às políticas iniciadas com o Tratado de Maastricht e, consequentemente, de mudar pela raiz as orientações econômicas hoje dominantes na Europa.

Tradução do italiano realizada por Gualtiero Marini

References
1. A Letónia adotou o euro desde o 1° de janeiro de 2014.
2. O Instituto Nacional de Estatística Português estimou que, de 2010 a 2014, pelo menos 200.000 pessoas com idade entre 20 e 40 anos deixaram o país. Na Espanha, o Instituto Nacional de Estatística tem contado, pelo menos, 133.000 jovens novos imigrantes entre 2008 e 2013. Na Itália foram pelo menos 136.000 os jovens que foram para o exterior entre 2010 e 2014. Na verdade, estas estimativas são muito inferiores do que os números reais. Não há, no entanto, os dados da Grécia, onde a Autoridade Estatística Helênica não registra a migração juvenil.
3. Conforme afirmou emblematicamente, em 2006, Warren Buffet, o investidor e magnata estadunidense: “Há uma luta de classes em curso – é verdade, mas é a minha classe, a classe dos ricos, que está fazendo a guerra. E estamos vencendo”. A citação de Buffet está contida em uma entrevista com Ben Stein, In Class Warfare, Guess Which Class Is Winning, publicada no The New York Times na edição do 26/11/2006.
4. Sobre a relação entre capitalismo e democracia, tema em torno do qual se tem desenvolvido nos últimos anos uma vasta literatura, ver Ellen Meiksins Wood, Democracy Against Capitalism, London: Cambridge University Press, 1995.
5. Aprovado apenas na Espanha e no Luxemburgo, o processo de ratificação deste tratado bloqueou-se logo após destes dois fracassos.
6. Também o referendo realizado na Grécia pelo governo de Alexis Tsipras, em julho de 2015, respondeu com um sonoro “não” contra as políticas de Bruxelas.
7. Ex-primeiro ministro do Luxemburgo, durante seu mandato Juncker favoreceu mais de trezentos multinacionais que aproveitaram das condições especiais do sistema de imposto de seu país.
8. No dia 18 de outubro de 2015, o quotidiano conservador The Mail on Sunday publicou um documento secreto (“Secret / Noforn”), datado 28 de março de 2002, graças ao qual foi possível verificar que o primeiro-ministro britânico conquanto, em público, declarava-se empenhado em encontrar uma solução diplomática para a crise, havia oferecido sua ajuda, já um ano antes do início do segundo conflito iraquiano, ao presidente norte-americano para convencer a opinião pública mundial de que Saddam Hussein possuía armas de destruição de massa, que nunca foram encontradas. Cf. http://www.dailymail.co.uk/news/article-3277402/Smoking-gun-emails-reveal-Blair-s-deal- blood-George-Bush-Iraq-war-forged-YEAR-invasion-started.html
9. Nas eleições presidenciais, as mais importantes do país, a participação foi muito maior, como comprovado pela afluência de 79,4% alcançada em 2012.
10. Em muitos países da Europa do Leste ocorreram marcas de comparecimento muito baixas: Eslováquia 13%, República Checa 18,2%, Eslovênia 24,5%, Croácia 25,2%, Hungria 28,9%. A estes devem ser adicionados 33,6% em Portugal e 35,6% no Reino Unido, cfr . http://www.europarl.europa.eu/pdf/elections_results/review.pdf.
11. Trata-se de um antigo slogan xenófobo de Jean-Marie Le Pen: “primeiros os franceses”, cfr. Les français d’abord, Paris: Carrère-Michel Lafon, 1984.
12. A partir das eleições políticas de 2012, a Frente Nacional apresentou-se dentro de uma coalizão mais ampla que adquiriu o nome de Rassemblement Bleu Marine (RBM).
13. Região do vale padana, no Norte da Itália, que não corresponde a nenhuma demarcação geográfica juridicamente definida.
14. Para uma investigação sobre as forças europeias de ultra-direita ver o volume Andrea Mammone/Emmanuel Godin/Brian Jenkins. Mapping the Extreme Right in Contemporary Europe, London: Routledge, 2012.

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Edgardo Logiudice, Herramienta. Revista de Debate y Crítica Marxista

De los regresos a Marx

El más mediático regreso a Marx en lo que va del siglo ha sido un pseudoregreso.Fue el de Pikkety con El Capital del siglo XXI, quien confesó que nada tenía que ver con el autor de la célebre obra. Un poco más acá, y con menos prensa y sin el matiz provocativo del economista francés, el filósofo alemán Joseph Vogl escribió un sugerente El espectro del capital.

Ello solo justificaría la aparición del trabajo que me ocupa: De regreso a Marx, nuevas lecturas y vigencia en el mundo actual (Editorial Octubre, 2015), editado por Marcello Musto y traducido por Francisco T. Sobrino.Porque la apelación al teórico crítico más célebre del capitalismo en dos asuntos que conmueven hoy al mundo, en la desigualdad, uno, y en la crisis teórica y fáctica del capital financiero, el otro, aunque sesgada no puede eludirlo. Tal como inicia Musto su trabajo: “Pocos hombres han conmovido al mundo como lo hizo Karl Marx”. Y este libro es una panorámica de esa conmoción.

Panorama en un doble sentido. De las “Relecturas actuales de Marx”, una primera parte, y de “La recepción de Marx en el mundo actual”, la segunda. Con una ágil y clara introducción de Musto, a la que acompaña una erudita y útil tabla cronológica de los escritos más importantes. Es precisamente allí donde Musto vincula la primera crisis financiera, crisis que obsesionará a Marx, como síntoma del carácter histórico, no eterno, del modo de producción capitalista. Carácter históricamente determinado como modo de dominación cuya forma es esta desigualdad que escandaliza (y atemoriza) y que indujera ya al joven Marx a bucear en ella las causas de la enajenación. Y en la necesidad de las luchas por la emancipación humana.

La cantidad de temas y autores nos dan una idea de este fenómeno de difusión universal de las ideas marxianas, al mismo tiempo me eximen, obviamente, de una relación exhaustiva de las más de cuatrocientas páginas.

De la difusión universal y, según las épocas, en expresiones muy ricas y otras en pobres versiones oficializadas, provee un indicio la segunda parte. Desde la difícil tarea del traductor sintetizando en un artículo suyo la presencia de Marx en la América hispana en sus mojones más destacados, pasando por el texto dedicado a las dos últimas décadas en Brasil, bastante conocidos para nosotros, hasta la casi desconocida literatura en Japón.

Más frecuentadas por razones políticas y académicas son las del mundo anglófono, francés e italiano, algo menos el alemán. Particular interés tienen naturalmente las referencias a Rusia y China. Y, un logro muy particular es el referido a la obviamente dificultosa presencia de Marx en Corea del Sur.

Cabe decir que a pesar de la brevedad de las notas constituyen algo más que una noticia, pues sus redactores lucen un buen bagaje heurístico que las transforma en experiencias compartidas.

Quizá lo que señale la persistente vitalidad de Marx es que, tanto como se vuelve a acudir a él en momentos de graves trastornos críticos, también las discusiones perduran en el seno de sus líneas problemáticas, es decir, entre los que se reclaman de una u otra forma marxistas. Sea por lo que Marx haya escrito u omitido, sea por abarcar nuevos problemas o nuevas miradas sobre ellos. Aunque a veces se cuelen en la historia algunos inevitables “usos” o algunas discusiones especulativas.

Esa vitalidad en sus diversas formas aparece en la primera parte de la compilación. En un variado mosaico de perspectivas que conforman los “redescubrimientos”, particularmente en las sucesivas crisis capitalistas, como lo señala Richard Wolff.

En ese mosaico se destacan obras eminentemente eruditas respecto a la obra de Marx, como la revisita a la concepción de la alienación, del mismo Musto. Sobre el mismo tema, el no menos docto trabajo de Ricardo Antunes tratando de cercar las formas actuales de alienación y cosificación.

Asuntos no tratados, no tratados suficientemente por Marx (o maltratados, como las discutidas cuestiones de género) son objeto de estudio. Ejemplos son el dedicado a las sociedades no occidentales, el nacionalismo y la etnicidad de Kevin Anderson o el de Terrell Carver sobre las mujeres como clase.

Otros trabajos recorren no sólo el tratamiento hecho por Marx sino por los que le siguieron (o pretendieron seguirlo) sea en la teoría como en la práctica política. Y allí, naturalmente, no puede estar ausente, en diversas manifestaciones, el llamado “socialismo real”. “El mito del socialismo en el siglo XX, de Paresh Chattopadhyay, es uno de ellos.

Algunos tienen una clara intención de intervención política señalando las limitaciones de algunas posiciones. Así un texto de Michael Lebowitz incitando a cambiar el sistema y no sus barreras y el de Victor Wallis sobre el “mal menor” como argumento y táctica política, desde Marx hasta el presente.

Creo que tanto como para quienes hace muchos años transitamos, o intentamos transitar, algún camino en esa visión del mundo y de la vida que llamamos marxismo, como para quienes lo hacen desde hace menos tiempo, y aun de quienes sólo pretenden una información, la compilación es sumamente útil. No podría decirse que es completa, sería una pretensión inconducente frente a la riqueza de Marx, de muchos que le siguieron y de la propia historia.

Estos “regresos” no son apologéticos, son parte, me parece, de una re-visión de algunas bases con una clara intención de enfrentar, seguir enfrentando, la tarea de la emancipación humana del cerrojo inhumano del capitalismo. Un “capitalismo ‘universal’ comiéndose a sí mismo, devorando su propia sustancia humana”, dice Ellen Meiksins Wood. A través de sus nuevos modos de apropiación y desposesión de las condiciones de vida.

Un esfuerzo que, en mi opinión, debe tener aun mayor empeño, dado los cambios revolucionarios en los modos de producir que “iluminan” todo el conjunto de las relaciones sociales. Demostrar, demostrarnos, que a pesar de ello “en ninguna parte carecemos de alternativas”. Puesto que parte de la libertad es la “capacidad de unirse en la lucha contra la alienación en todas sus formas”, dice George Comninel.

Esta compilación es parte de ese esfuerzo por aprehender la complejidad de la trama y las tareas. Ejemplo, ella misma, de tal complejidad y, por eso, no fácil de reseñar en pocas líneas.

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Santiago M. Roggerone, Ideas de Izquierda: Revista de Política y Cultura

En un capítulo de Los Simpson, Bart vende su alma a Milhouse por la suma de cinco dólares.Tras gastar el dinero en esponjas con forma de dinosaurios, comienza a arrepentirse de haber efectuado menuda transacción.

Dispuesto a pagar o hacer lo que sea por recuperarla, sale entonces a su búsqueda. Sin embargo, pronto descubre que ya es demasiado tarde: su entrañable amigo la cambió por unas fichas en la tienda de revistas. “¿Te acuerdas de Alf? ¡Volvió! ¡En forma de fichas!”, lanza éste a aquél en uno de los tantos momentos memorables de la serie… Resulta realmente sorprendente que en la actualidad varios se encuentren diciendo algo similar pero en relación a Marx. Es que desde que en 2008 estallara una profunda crisis económico-financiera, se asiste en el mundo de las ideas a una situación en verdad curiosa, determinada por la convicción de que Marx habría vuelto.

Ciertamente, resulta ya difícil mantenerse al día con respecto a los anuncios del regreso del pensador oriundo de Tréveris que se efectúan en la escena pública. Existe, incluso, una amplia literatura especializada que aborda el fenómeno y da cuenta de los motivos que habrían obligado al revolucionario alemán no tanto a partir — ¿cómo, cuándo y a causa de qué se habría ido?— como a retornar: parecería ser cada vez más que, después de todo, él llevaba la razón [1] . Pero con el Marx edulcorado que hoy en día es redescubierto como agudo analista del capitalismo tardío e incluso como afable profeta pospolítico del orden mundial, con este Marx que sale de su cuarentena sólo para habitar el ámbito de la prensa y los claustros universitarios, no regresa a la vida el pensamiento estratégico forjado por Engels, Lenin, Trotsky o Gramsci. Podría decirse, por consiguiente, que el retorno al que se asiste actualmente entraña la última fantasía posmodernista: como Daniel Bensaïd sugiriera poco antes de morir, el que hoy se presta a regresar es en lo fundamental “un Marx sin comunismo y sin revolución, un Marx académicamente correcto” [2] –esto es, un Marx sin organización ni partido revolucionario, un Marx sin programa y sin una estrategia convincente para vencer–.

Por fortuna, el libro que reseñamos aquí toma cierta distancia de las aproximaciones acríticas y celebratorias a la vuelta de Marx. Montado a su manera sobre lo hecho pioneramente por Étienne Balibar, el propio Bensaïd o incluso Jacques Derrida [3]; alineado más en lo inmediato con las empresas editoriales llevadas adelante por Jacques Bidet y Eustache Kouvelakis o Andrew Pendakis et al.[4], el trabajo compilado por el politólogo y filósofo italiano Marcello Musto –sin dudas, uno de los mayores referentes de la marxología del momento– examina y problematiza no el presunto retorno de Marx sino más bien el regreso contemporáneo a él que tiene lugar a través de toda una constelación de reinterpretaciones. Esto último conmina a distinguirlo de iniciativas un poco más ambiciosas que hacen hincapié no en las nuevas claves de lectura de los textos de Marx sino en las teorías críticas de la sociedad que, en el presente, se autoconstituyen dialogando con los mismos pero también con los de algunos otros [5].

Aparecido originalmente en 2010 como número especial de la revistaSocialism and Democracy y bajo el título de “Marx for Today” [6], De regreso a Marx. Nuevas lecturas y vigencia en el mundo actual, traducido por Francisco Sobrino y publicado en 2015 a instancias del sello Octubre y con el auspicio de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo, se divide en dos partes: una dedicada a las relecturas de la obra del pensador alemán y otra a su recepción. Puede afirmarse por esto que el libro consigue ir más allá de los diversos ejercicios de reflexión que atienden exclusivamente a lo que sucede con Marx en Europa y los Estados Unidos. Básicamente, nos hallamos ante una cartografía de las interpretaciones contemporáneas del autor que incluye informes sumamente instructivos sobre lo que acontece con él en las principales regiones del globo a nivel intelectual.

En su introducción, Musto plantea la hipótesis de que “siempre ha habido un ‘regreso a Marx’” (p. 14). Hoy en día, más de veinte años después de la caída del Muro de Berlín y el colapso del bloque soviético, el interés por él se encontraría renaciendo a causa de “su permanente capacidad para explicar el presente” (p. 15) –vale decir, porque su obra continúa constituyendo “un instrumento indispensable” no sólo para “comprender” el mundo sino también para “transformarlo” (p. 32)–. Ahora bien, “el resurgimiento contemporáneo de Marx” (p. 33), advierte Musto, es algo peculiar. Como alguna vez Immanuel Wallerstein lo sugiriera, la actual es una era de “miles de marxismos”, una era “en que el marxismo ‘hizo explosión’” [7]. Es en este sentido que puede decirse que el trabajo de Marx es hoy reconsiderado a través del prisma de toda una “multiplicidad de enfoques teóricos” (p. 33) que pone verdaderamente en crisis los dogmatismos y ortodoxias que dominaron al siglo pasado.

Es probablemente el artículo de Kevin B. Anderson el que mejor da cuenta de estos señalamientos de Musto. El autor de Marx at the Marginsse ocupa, en parte al igual que lo hace Terrell Carver en su ensayo, de “las acusaciones de unilinealismo y grand narrative, etnocentrismo, y falta de preocupación por la raza, la etnicidad, el género y el nacionalismo” (pp. 44-45) de las que el pensador alemán ha sido objeto en distintos momentos y debido a diferentes razones. Partiendo de que, en tanto “inmigrante clandestino”, “Marx vivió una existencia marginal” (p. 45), Anderson echa nueva luz sobre sus intervenciones en torno a India, China, Rusia, Polonia, Estados Unidos e Irlanda, y concluye que si bien “comenzó con una apreciación algo unilateral de la modernidad capitalista, y de su progresividad”, efectuó “contribuciones importantes y originales” a propósito de los problemas de la nación, la etnicidad y la raza, refiriéndose en particular a “las formas indígenas de resistencia al capital y su necesidad de relacionarse con las clases obreras de sectores más desarrollados tecnológicamente” (p. 65) [8].

Más allá del embellecimiento del régimen chavista, la contribución de Michael Lebowitz se mueve en la misma dirección que la de Anderson, en la medida en que invita a concebir a Marx como un pensador político preocupado por cambiar el sistema y no meramente por reformarlo. En sintonía, el ensayo de Victor Wallis reivindica la lógica del mal menor en tanto entiende por ella la práctica de tácticas eventuales que, en lo primordial, no afecta o pone en cuestión al núcleo central de la independencia de clase.

Mención aparte merece la revisita a la concepción de la alienación que en sus contribuciones llevan a cabo Ricardo Antunes, el propio Musto y a su modo también George Comninel. El rasgo principal de los textos de los autores viene dado por el interés de dejar atrás la discusión de la década de 1960, protagonizada entre otros por Louis Althusser, en la que el tratamiento marxiano de la alienación y la enajenación era entendido como un pecado idealista de juventud. En particular, influenciados en igual grado por los Grundrisse y el trabajo de Georg Lukács, Antunes y Musto trazan un hilo de continuidad entre los primeros escritos de Marx y la tesis del fetichismo de la mercancía y la cosificación, expuesta en el primer capítulo de El capital, que ciertamente les permite problematizar la recepción de la teoría de la alienación que tuvo lugar a lo largo del siglo XX. Se trata a las claras de un ejercicio de lectura ingenioso y estimulante, pero que conlleva el riesgo de presentar la obra de Marx como un todo coherente y sin fisuras. En cualquier caso, los autores consiguen llevar a término “una mejor comprensión del cuadro contemporáneo de los extrañamientos o de las alienaciones en el mundo del capital, diferenciados respecto a su incidencia, pero vigentes en su calidad de manifestación que atañe a la totalidad de la clase trabajadora” (p. 210).

La primera parte se completa con los artículos de Richard D. Wolff y Ellen Meiksins Wood, en los que la intención es poner de manifiesto que Marx es “útil para comprender las causas y los costos de la crisis [actual] y hasta para hallar las posibles soluciones al sistema” (p. 269) –en, como dice Wood, “traer de vuelta a Marx” (p. 293)–. Claramente, nos hallamos ante intervenciones un tanto polémicas, por no decir directamente revisionistas. Wolff, referente del movimiento Democracy at Work, plantea que la solución marxiana a la crisis estriba en “cambiar el sistema, y hacer avanzar a la sociedad hacia más allá del capitalismo” (p.288). Sin embargo, para ello parecería dejar de lado la dimensión de la política y promover “un tipo de transformación en el interior de las empresas que marcaría una transición desde la organización capitalista hacia la organización no capitalista de la producción, la apropiación y la distribución de los excedentes” (ídem). Por su parte, la recientemente fallecida Wood afirma que hoy en día se asiste al “doloroso espectáculo de un capitalismo ‘universal’ comiéndose a sí mismo, devorando su propia sustancia humana y natural” (p. 303). A diferencia de Wolff, la autora reivindica la política anticapitalista, pero lo hace privilegiando el significante de la democracia por sobre los de socialismo o comunismo.

No obstante, el escrito más polémico de todos es con seguridad el de Paresh Chattopadhyay. La tesis que el autor intenta defender consiste en que, para Marx, “el socialismo y el comunismo son […] términos equivalentes y alternativos para la misma sociedad que concibe para la época poscapitalista” (p. 72). Hacer de cuenta como si Marx nunca hubiera escrito la Crítica del Programa de Gotha, permite a Chattopadhyay tomar la obra del revolucionario alemán como un bloque de acero exento de fases o períodos, y poner en entredicho sin más el vanguardismo y la tradición bolchevique. A su modo de ver, el derrotero de la URSS y el socialismo del siglo XX en general supone no, como supiera sostener Trotsky, una consecuencia de la traición a la revolución y la degeneración burocrática de los Estados obreros [9], sino más bien el producto necesario de concebir al socialismo “como la fase inferior del comunismo y como transición a este, basada en la propiedad pública […] de los medios de producción y el trabajo asalariado y con la forma estatal bajo un partido único” (p. 92).

Presuntamente libertaria y humanista, es ésta en verdad la estratagema propia de los nouveaux philosophes y las almas bellas antitotalitarias. Es por demás sintomático que en este artículo exista espacio para Lenin, Stalin, Mao y hasta en una nota al pie para el Che Guevara, y no se diga una sola palabra sobre Trotsky. Sin lugar a dudas, la defensa del pluripartidismo basado en los soviets expresa un programa no sólo para los trotskistas sino también para todos los que siguen luchando contra el capital y aquello en lo que el socialismotrágicamente devino en el siglo XX. En tal sentido, lo quiera o no Chattopadhyay, el diablo continúa llamándose Trotsky [10] .

La segunda parte del libro, como dijimos, retrata la recepción actual de Marx, para lo que se brinda una serie de útiles informes sobre la situación en América hispana, Brasil, el mundo anglófono, Francia, Alemania, Italia, Rusia, China, Corea del Sur y Japón. El énfasis de los distintos artículos está puesto tanto en la edición y difusión de la obra de Marx y Engels como en las especificidades de las diversas investigaciones y publicaciones sobre la misma. Es de especial importancia para el lector hispanoparlante la segunda tanda de informes, ya que en ellos se pinta un panorama general del estado de los estudios marxológicos y marxistas en regiones del mundo a las que, a causa de las barreras idiomáticas y culturales existentes, resulta verdaderamente difícil acceder.

Tomada en su conjunto, esta segunda parte representa la cartografía propiamente dicha de las lecturas contemporáneas de Marx. A decir verdad, da cuenta ella de forma magistral del regreso al que alude el título del libro. Teniendo en cuenta todo lo que allí se vierte y expresa, para culminar sería útil parafrasear lo que Emmanuel Barot se preguntaba en el primer número de Ideas de Izquierda a propósito de la Idea del comunismo [11]: ¿qué hace falta para que las masas se reapropien del presente retorno de Marx como una fuerza material? En otras palabras: ¿qué es lo que se requiere para que la vuelta en cuestión pierdasu forma de fichas y tome un nuevo curso revolucionario? Son éstos sin dudas problemas cuyas potenciales soluciones rebasan por mucho el marco de una simple reseña. Concluyamos tan sólo provisoriamente, por lo tanto, permaneciendo del lado de los interrogantes y citando en extenso a Barot:

lo que cuenta […] es el reconocimiento de la centralidad de la autoorganización del proletariado, y de la existencia de una sola y única brújula para la lucha de clases: ¿qué es lo que unifica y fortalece duraderamente, o no, y cómo aumenta la conciencia de la posición y de la fuerza de los trabajadores? [12].

Véase, por ejemplo, Eagleton, T., Por qué Marx tenía razón, Barcelona, Península, 2011.
Bensaïd, D., Marx ha vuelto, Buenos Aires, Edhasa, 2011, p. 9.
Véase Balibar, É., La filosofía de Marx, Buenos Aires, Nueva Visión, 2000; Bensaïd, D., Marx intempestivo. Grandezas y miserias de una aventura crítica , Buenos Aires, Herramienta, 2003; Derrida, J., Espectros de Marx. El estado de la deuda, el trabajo de duelo y la nueva Internacional , Madrid, Trotta, 1998.
Véase Bidet, J. y Kouvelakis, E. (eds.), Dictionnaire Marx contemporain, París, C. Presses Universitaires de France, 2001; Pendakis, A. et al. (eds.), Contemporary Marxist Theory. A Reader, Nueva York y Londres, Bloomsbury, 2014.
Véase, especialmente, Keucheyan, R., Hemisferio izquierda. Un mapa de los nuevos pensamientos críticos, Madrid, Siglo XXI, 2013.
Véase Musto, M. (ed.), “Marx for Today”, en: Socialism and Democracy, Vol. 24, N° 3, noviembre de 2010.
Wallerstein, I., Impensar las ciencias sociales. Límites de los paradigmas decimonónicos , México, Siglo XXI, 1998, p. 194.
Para ampliar, véase Anderson, K. B., “Marx en los márgenes del capitalismo. Entrevista a Kevin Anderson”, en: IdZ 32, agosto 2016.
Véase Trotsky, L., La revolución traicionada y otros escritos, Buenos Aires, IPS-CEIP “León Trotsky”, 2014.
Véase Del Río, E., El diablo se llama Trotsky, Barcelona, Grijalbo, 1981.
Véase Barot, E., “Por un nuevo curso del comunismo revolucionario”, en IdZ 1, julio 2013.
Ídem.

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Antônio David, Mouro

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Terrell Carver, Political Studies Review

The title of this landmark volume refers to the International Workingmen’s Association (IWMA), formally founded in London in 1864, and known in more recent times simply as ‘The International’ or ‘First International’.

This crucial period – to the late 1870s – in the development of global politics has somewhat faded from view, or where visible, has been remembered in a narrow and misleading way. Marcello Musto’s lengthy (68 pp.) and meticulously scholarly Introduction to a further 80 documents – many accessibly reproduced and translated into English for the first time – sets the record straight. The history of the IWMA is not just an episode in the life of Karl Marx, nor are its major texts simply minor adjuncts to his works.

The IWMA had a life of its own, and a lively one at that. Musto is very even-handed in his treatment of trades unionists and reformers, mutualists and utopians and anarchists and autonomists. The documents are selected and organised around quite practical themes, show-casing what are often contradictory views, about, for example, the political utility of violence and strikes, a bewildering variety of economic principles and proposals, education and welfare policies in draft, the ‘woman question’, as well as war, empire and international relations generally. Indeed, given its structure of national representative delegations and congressional decision-making (and horse-trading in the General Council), the International mixed nationalistic rivalries with cross-cultural communication and inter-textual idea-swapping. Hardly any country on the planet permitted such freedom of thought and radical theorising. It is amazing the delegates and officers got away with it.

Musto’s Introduction and the documents themselves show us not so much how Marx fitted in – no one could ‘fit in’ to such a mélange and maelstrom – but how he worked politically to get it rolling, keep it going and – opinions differ of course – how he determined that it was past its ‘sell-by’. Musto carefully shows that no one individual could dominate it, kill it or save it, and he takes care to discuss the successor organisations that Marx-based accounts exclude or dismiss. The political message of the volume is to provoke a re-examination of the IWMA as a way of revitalising current mass, popular movements of the left. The focus of the International – on working people – and its spirited commitment to setting down guidelines, recommendations, principles and policies amid on-going debates holds up a mirror – not to Marx – but to political parties and movements of the present.

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Giorgio Mele, Critica Marxista

L’ultimo Marx

Il 10 marzo 1883, dopo il controllo del dottor Donkin, Federico Engels comunica che le condizioni di Karl Marx, malato ormai da tempo, sembravano migliorate.

Era il canto del cigno del Moro – come veniva chiamato Marx –, quel momento in cui il corpo di un uomo sembra riprendersi per poi avviarsi definitivamente alla morte. E infatti il 14 marzo 1883 alle ore 14.45. Marx si spegne. Quando Engels arriva a casa del suo grande amico, alle 14.30, sale nella sua stanza e lo vede giacere nel letto addormentato, «ma per non risvegliarsi più. Non c’erano più né polso né respiro. In due minuti era spirato, serenamente e senza dolore».

Karl Marx fu sepolto il 17 marzo in un angolo del cimitero di Highgate nei sobborghi di Londra. Al funerale c’erano undici persone; l’Inghilterra non aveva mai amato quel barbuto rivoluzionario. Nell’orazione funebre Engels commosso lo descrisse come un grande genio rivoluzionario, l’uomo più amato e odiato del suo tempo e predisse: «il suo nome vivrà nei secoli e così la sua opera».

la sua opera». Nel suo ultimo lavoro (L’ultimo Marx 1881-1883, Roma, Donzelli, 2016, pp. 147), Marcello Musto, che ha dedicato il suo impegno culturale alla studio di Marx, descrive gli anni della decadenza fisica, dell’appressamento alla morte del filosofo di Treviri, con un affresco di grande efficacia che intreccia sofferenze esistenziali e impegno politico-culturale, impegno che Marx porterà avanti fino alla vigilia della sua scomparsa.

La cifra interpretativa dell’ultimo Marx sta fondamentalmente nell’intervista che questi concesse al giornalista statunitense John Swinton nell’agosto del 1880 (apparve sul New York Sun del 6 settembre di quell’anno) con cui inizia il libro di Musto. Swinton presenta Marx come «uno degli uomini più straordinari del tempo, colui che aveva giocato un ruolo imperscrutabile, eppure poderoso nella politica rivoluzionaria» del secolo diciannovesimo. «Parlammo del mondo e dell’uomo, dei tempi e delle idee, con il rumore del mare che faceva da sottofondo al tintinnio dei nostri bicchieri. Il treno non aspetta nessuno e la notte è imminente. Levandosi al di sopra del confuso brusio degli anni e delle epoche, oltre i discorsi del giorno e le immagini della serata, affiorò nella mia mente una domanda sulla legge ultima dell’esistenza per la quale avrei voluto una risposta da parte di quel saggio. Durante una pausa di silenzio mi rivolsi al rivoluzionario e filosofo con queste fatidiche parole, emerse dalla profondità del linguaggio e scandite al culmine dell’enfasi: “Che cos’è?”. Sembrò che la sua mente si distraesse mentre guardava il mare che tumultuava davanti a noi e la moltitudine si agitava sulla spiaggia. Che cos’è? avevo chiesto e in tono profondo e solenne egli rispose: “La lotta!”. Per un attimo mi parve di aver udito l’eco della disperazione, ma forse era la legge della vita».

Marx ormai in là con gli anni non ha esitazione, risponde con chiarezza guardando indietro alla sua vita e al futuro della storia del mondo che la legge ultima del – l’esistenza è la lotta. Solo così gli uomini possono dare senso alla loro vita. E il libro di Musto mostra come anche negli ultimi anni della sua esistenza Marx sia stato guidato da questo anelito. La sua vita era trascorsa tra pene e stenti, in inverno era spesso malato, stanco, debilitato; la vecchiaia cominciava a farsi sentire intaccando il suo abituale vigore e la salute della moglie era sempre più precaria. Nonostante ciò egli con grande perseveranza portava avanti il compito che aveva assegnato alla sua esistenza: «fornire al movimento operaio le basi teoriche per distruggere il modo di produzione capitalistico» (p. 7).

Continuò quindi a lavorare e ad ampliare le sue conoscenze imparando nuove lingue come il russo, studiando la matematica, che rappresentò spesso un conforto psicologico di fronte alle avversità della vita, e mantenendosi sempre aggiornato sulle vicende politiche in tutto il mondo e in rapporto con esponenti del movimento operaio internazionale.

Il Marx che emerge dal libro di Musto è un Marx che corregge il tiro sulla storia, su un’idea troppo deterministica o positivistica dello sviluppo sociale ed economico. Importante in questo senso fu lo studio approfondito dell’antropologia e delle società antiche e in particolare il tema del succedersi dei modi di produzione che gli permise di respingere «le rigide rappresentazioni che legavano i mutamenti sociali alle sole trasformazioni economiche» e comprendere «la specificità delle condizioni storiche, le molteplici possibilità che il corso del tempo offriva e la centralità dell’intervento umano per modificare l’esistente e realizzare il cambiamento» (p. 30).

Secondo questa linea viene dato ampio spazio alla controversia sullo sviluppo del capitalismo in Russia che si apre quando nel febbraio 1881 la populista russa Vera Zasulič, chiede a Marx un parere se la comune rurale russa (Obšcina) fosse in grado di «svilupparsi sulla strada socialista» e di organizzare la sua produzione «su basi collettiviste» o se al contrario la comune era destinata a perire e cedere allo sviluppo ineluttabile del capitalismo.

Il confronto su questo tema portò Marx a riconsiderare il tema della transizione dal capitalismo. Dopo lunga riflessione in tre lunghe bozze sostenne che le analisi sul passaggio dalla produzione feudale in produzione capitalistica era espressamente limitato ai paesi dell’Europa occidentale. Per cui ne derivava che il passaggio al socialismo non dovesse avvenire ovunque allo stesso modo e che la obščina avrebbe perciò potuto rappresentare il germe di una futura società socialista, «il fulcro della rigenerazione sociale in Russia».

Questa conclusione assume nell’analisi di Musto una grande rilevanza perché comporta come conseguenze strategiche in primo luogo la rottura dell’equiparazione fra socialismo e forze produttive e al contempo l’impossibilità di definire un modello o una ricetta di socialismo come Marx ebbe a dire più volte.

E in secondo luogo un’idea non lineare dello sviluppo storico, in cui diventa centrale il protagonismo degli uomini. Insomma il Marx maturo vicino alla morte muta in parte la sua prospettiva e guarda il mondo con uno sguardo multipolare e più complesso.

Ma la morte si avvicinava sempre più, la sua salute precaria lo costrinse a interrompere di fatto la sua ricerca e a migrare continuamente, talvolta all’isola di Wight o addirittura ad Algeri, per trovare un clima che facesse bene ai suoi polmoni, ma invano. La scomparsa della moglie e di una delle figlie fece il resto prostrandolo psicologicamente. Fino a quel 14 marzo del 1883.

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Kiri Radikal Pasca-1989 di Eropa

1. Akhir dari “sosialisme yang ada secara aktual”
RUNTUHNYA Tembok Berlin pada 1989 membawa perubahan besar dalam lanskap politik Eropa.
Runtuhnya rezim birokratik represif blok Soviet memiliki efek positif, yakni membebaskan komunisme dari ‘sosiali me yang ada secara aktual,’ dan membuka kembali peluang untuk perjuangan emansipasi kelas-pekerja.

Namun demikian, pergolakan politik struktural dengan transformasi ekonomi yang besar, memulai sebuah proses restorasi kapitalis yang menghasilkan pukulan balik sosial yang parah dalam skala global. Di Eropa, kekuatan-kekuatan anti-kapitalis menemukan pengaruh mereka mengecil dalam tekanan: menjadi semakin sulit bagi mereka untuk mengorganisir dan mengorientasikan perjuangan sosial, dan secara ideologis, kaum Kiri secara keseluruhan kehilangan posisi hegemonik yang telah dimenangkannya setelah 1968 di wilayah-wilayah kunci dari banyak budaya nasional.

Pukulan balik ini juga terlihat di tingkat elektoral. Sejak 1980an, partai-partai yang bersatu di sekitar gagasan Eurokomunisme [1] dan juga mereka yang masih terikat kuat dengan Moskow, [2] mengalami kemunduran tajam dalam dukungan elektoral. Yang selanjutnya mengalami kehancuran nyata setelah runtuhnya Uni Soviet. Nasib serupa juga memengaruhi berbagai kelompok Kiri Baru dan partai-partai Trotskyis. [3]

Sebuah fase rekonstruksi kemudian dimulai, di mana formasi politik baru seringkali muncul melalui pengelompokkan kembali elemen-elemen anti-kapitalis yang masih ada. Hal ini memungkinkan kekuatan tradisional Kiri terbuka kepada gerakan perdamaian, ekologis dan feminis yang telah berkembang sejak beberapa dekade sebelumnya. Izquierda Unida di Spanyol, yang terbentuk pada 1986, merupakan pelopor dalam hal ini. Inisiatif serupa lalu terbentuk di Portugal (di mana Koalisi Demokratik Unitaris (CDU) dibentuk pada 1987); Denmark (Daftar Unitaris/Merah-Hijau pada 1989); Finlandia (Aliansi Kiri pada 1990); dan Italia serta Yunani pada 1991, ketika Partai Refondasi Komunis (PRC) dan Synaspismos (Koalisi Kiri, Gerakan dan Ekologi) muncul. Bentuk-bentuk organisasional dari kumpulan baru ini sangat bervariasi. Partai-partai yang terdiri dari Izquierda Unida – termasuk Partai Komunis Spanyol – mempertahankan keberadaan mereka; Koalisi Demokratik Unitaris di Portugal berfungsi hanya sebagai sebuah blok elektoral; dan Partai Refondasi Komunis serta Synaspismos membentuk diri mereka sebagai sebuah subjek politik unitaris yang baru.

Meskipun demikian, di negara-negara lain, terdapat upaya (beberapa tidak serius) untuk memperbarui kembali partai-partai yang sudah ada sebelum keruntuhan Tembok Berlin. Pada 1989, menyusul pendirian Republik Ceko, Partai Komunis Bohemia dan Moravia (KSČM) diproklamirkan; dan pada 1990, Partai Sosialisme Demokratik (PDS) muncul di Jerman, mengambilalih peran Partai Persatuan Sosialis yang telah menguasai GDR sejak 1949. Begitu pula pada 1990, di Swedia, Partai Kiri–Komunis mengadopsi posisi yang lebih moderat dan menghapus ‘Komunis’ dari namanya.

2. Kegagalan Pemerintahan
Partai-partai baru ini, seperti yang lain yang belum mengubah nama mereka, berhasil mempertahankan kehadiran politiknya di panggung nasional mereka masing-masing. Bersama-sama dengan kekuatan gerakan sosial dan serikat buruh progresif, mereka berkontribusi pada perlawanan yang semakin meningkat terhadap kebijakan-kebijakan neoliberal setelah 1993, ketika Perjanjian Maastricht berlaku dan menerapkan parameter monetaris yang kaku untuk negara-anggota baru yang bergabung ke Uni Eropa.

Pada 1994, sebuah grup Kiri Bersatu Eropa dibentuk di Parlemen Eropa, dan pada tahun berikutnya, mengikuti kedekatan baru dengan Skandinavia, mereka mengubah namanya menjadi Kiri Bersatu Eropa/Kiri Hijau Nordik (GUE/NGL). Pada pertengahan 1990an, ditopang oleh pemogokan dan demonstrasi besar terhadap negara mereka masing-masing (Berlusconi dan Dini di Italia, Juppé di Perancis, Gonzáles dan Aznar di Spanyol), beberapa kekuatan Kiri radikal bahkan mencapai terobosan elektoral yang moderat. Izquierda Unida mendapat 13,4 persen di pemilu Eropa pada 1994; Partai Refondasi Komunis 8,5 persen di pemilu nasional pada 1996; dan Partai Komunis Perancis hampir 10 persen di pemilu parlementer pada 1997. Di saat yang sama, partai-partai ini meningkatkan keanggotaan mereka dan keberakaran mereka di tingkat lokal dan di tempat kerja.

Selain Republik Ceko (dengan KSČM yang Komunis), negara-negara Eropa Timur adalah pengecualian dari fase konsolidasi ini; warisan ‘komunis’ pasca-perang mengeksklusi ‒ dan terus menghalangi ‒ proses kelahiran kembali kekuatan Kiri. Saat abad baru menyingsing, sebuah gerakan yang besar dan heterogen secara politik untuk melawan globalisasi neoliberal menyebar ke seluruh penjuru dunia. Sejak akhir 1990an, kolektif-kolektif yang diorganisir-sendiri, gerakan serikat lapisan bawah, partai-partai anti-kapitalis dan organisasi non-pemerintah sudah mendorong protes massa di konferensi tingkat tinggi dari G8, Dana Moneter Internasional, Organisasi Perdagangan Dunia dan Forum Ekonomi Dunia (di Davos, Switzerland). Dengan terbentuknya Forum Sosial Dunia (WSF/World Social Forum) di Brazil pada 2001, dan Forum Sosial Eropa (ESF/European Social Forum) telah mendorong pembahasan yang lebih luas tentang alternatif dari kebijakan-kebijakan yang dominan.

Sementara, dengan naiknya Tony Blair sebagai pemimpin Partai Buruh (1994) dan perdana menteri Inggris (1997-2007), terbuka jalan untuk pergeseran yang lebih besar dalam ideologi dan program Sosialis Internasional. [4] ‘Jalan Ketiga’ Blair ‒ pada kenyataannya, tidak lain dari penerimaan tanpa syarat atas mantra neoliberal yang bertopeng perayaan hampa dari ‘yang baru’ ‒ didukung dalam bentuk dan derajat yang berbeda-beda oleh pemerintahan Gerhard Schröder di Jerman, kanselir dari Partai Sosial-demokratik Jerman (SPD) selama 1998-2005,[5] dan José Sócrates dari Portugis, perdana menteri dari Partai Sosialis (PS) selama 2005-2011. Romano Prodi di Italia (perdana menteri dan ketua koalisi kiri-tengah selama 1996-1998 dan 2006-2008) juga memiliki banyak tema yang sama dan mengumandangkan pencarian sebuah ‘jalan baru’.

Atas nama ‘generasi masa depan’ (yang sementara ini dirampas haknya untuk bekerja) dan terinspirasi oleh adopsi Program Lisbon oleh UE pada 2000, pemerintahan-pemerintahan ini menerapkan serangkaian kontra-pembaruan ekonomi yang telah memerosotkan model sosial Eropa. Mereka dengan keras memulai pemotongan besar-besaran dalam belanja negara, membuat hubungan kerja lebih rentan (dengan membatasi jaminan legal dan secara umum memperburuk kondisi kerja), menerapkan kebijakan ‘moderasi’ upah dan meliberalisasi pasar serta jasa sesuai dengan petunjuk Bolkestein pada 2006 yang membawa bencana. Apa yang disebut Agenda 2010 di Jerman, terutama rencana ‘Hartz IV’ dari Schröder, adalah bukti paling konklusif dari arah kebijakan baru ini.

Banyak bagian dari Eropa selatan melihat tergerusnya apa yang masih tersisa dari negara kesejahteraan: serangan pada sistem pensiun, satu putaran lagi dari privatisasi yang masif, komodifikasi pendidikan, pemotongan drastis pada pembiayaan penelitian dan pengembangan, serta kurangnya kebijakan industri yang efektif. Kecenderungan ini juga terlihat dalam pemerintahan yang dipimpin oleh Konstantinos Simitis (1996-2004) di Yunani, Massimo D’Alema (1998-2000) di Italia dan José Zapatero (2004-2011) di Spanyol.

Pilihan-pilihan serupa beroperasi di Eropa Timur, ketika pemerintahan Sosialis Leszek Miller (2001-2004) di Polandia dan Ferenc Gyurcsány (2004-2010) di Hongaria turut dalam barisan pengikut yang paling berdedikasi dari neoliberalisme dan menerapkan pemotongan belanja negara. Dengan demikian, mereka mengalienasi kelas pekerja dan bagian termiskin dari penduduk, sampai tingkat di mana sekarang kekuatan Sosialis Internasional menempati posisi yang sepenuhnya marginal di kedua negara.

Terkait kebijakan ekonomi, sulit untuk mendeteksi sesuatu yang lebih dari perbedaan minimal antara berbagai pemerintahan sosial-demokratik ini dan rezim konservatif yang berkuasa saat itu. Bahkan, dalam banyak kasus, pemerintahan sosial-demokratik atau kiri-tengah lebih efisien dalam menjalankan proyek neoliberal, mengingat serikat-serikat buruh menganggap tindakan pemerintah lebih dapat diterima karena keyakinan lama yang ilusif bahwa mereka ‘ramah’ kepada gerakan buruh. Sejalan dengan waktu, pengadopsian model yang non-konfliktual dan lunak telah menjadikan serikat buruh semakin tidak mewakili bagian terlemah dari masyarakat.

Orientasi kebijakan luar negeri melibatkan keterputusan yang sama dengan masa lalu. Pada 1999, pemerintahan yang dipimpin oleh Demokrat Kiri (DS), pewaris Partai Komunis lama, mengesahkan intervensi militer kedua dari Italia sejak perang; pengeboman NATO di Kosovo, dengan penggunaan senjata uranium terdeplesi yang banyak dilaporkan. Pada 2003, para pemimpin Partai Buruh Inggris berdiri di garis depan berdampingan dengan George W. Bush dalam sebuah perang yang mereka lancarkan terhadap ‘negara bandit’ Irak, yang mereka fitnah memiliki senjata pemusnah massal. [6] Di antara kedua konflik ini, tidak ada kekuatan dalam Sosialisme Eropa yang menentang intervensi di Afghanistan (yang ‘kerusakan sampingannya’ yang parah berdampak pada penduduk secara umum) atau berbicara menentang operasi Kebebasan Abadi yang lebih umum dan dilancarkan oleh Amerika Serikat.

Partai-partai Sosialis sering mendorong persoalan ekologi ke dalam deklarasi prinsip, tetapi hampir tidak pernah menerjemahkannya ke dalam perundang-undangan yang efektif untuk menyelesaikan masalah besar yang dihadapi lingkungan hidup. Ini diperparah oleh perubahan moderat di kebanyakan partai-partai Hijau, yang dengan memilih bersekutu tanpa pandang bulu dengan partai-partai Kanan atau Kiri, bermutasi menjadi barisan ‘pasca-ideologi’ dan menyerah dalam pertempuran dengan cara produksi yang berlaku.

Pergeseran dalam sosial demokrasi Eropa, yang melibatkan penerimaan tidak kritis atas kapitalisme dan semua prinsip neoliberalisme, menunjukkan bahwa peristiwa 1989 tidak hanya mengguncang kubu Komunis, tetapi semua kekuatan Sosialisme. Karena hal ini meninggalkan hasrat pembaruan apapun dan tidak lagi menyokong jenis intervensi negara dalam ekonomi yang telah menjadi ciri khusus mereka yang utama setelah Perang Dunia Kedua.

Terlepas dari perubahan-perubahan besar ini, banyak partai Kiri radikal Eropa bersekutu dengan kekuatan sosial-demokratik ‒ entah karena kekhawatiran yang masuk akal untuk membendung kemunculan pemerintahan sayap-kanan yang akan memerosotkan lebih lanjut situasi anak muda, pekerja dan pensiunan, atau dalam beberapa kasus untuk menghindari isolasi atau mencegah logika ‘pemungutan suara taktis’ bekerja merugikan mereka. Jadi, dalam rentang beberapa tahun, Partai Refondasi Komunis di Italia (1996-98 dan 2006-8), Partai Komunis Perancis (1997-2002), Izquierda Unida di Spanyol (2004-8) dan Partai Kiri Sosialis di Norwegia (2005-13), [7] semua mendukung atau menjabat sebagai menteri dalam pemerintahan Kiri Tengah. Lebih belakangan lagi, Aliansi Kiri (2011-14) dan Partai Rakyat Sosialis (2011-15) masing-masing telah memikul tanggung jawab pemerintahan di Finlandia dan Denmark. Pilihan-pilihan seperti itu telah dibuat secara konsisten di tingkat lokal, seringkali tanpa perhatian serius terhadap program dari kekuatan politik yang menjadi mitra koalisi. [8]

Angin neoliberal yang berembus tanpa hambatan dari Semenanjung Iberia ke Rusia, bersama dengan ketiadaan gerakan sosial yang besar dan mampu mewarnai tindakan pemerintah ke arah sosialis, rupanya menerangkan sebuah konstelasi negatif bagi partai-partai sayap-kiri radikal. Lebih jauh lagi, apakah mereka dipanggil untuk menjabat di kementrian yang kurang penting (seperti di Perancis atau Italia) atau harus puas dengan kelompok parlementer yang kecil (seperti di Spanyol), hubungan kekuatan vis-à-vis eksekutif yang berkuasa sangat tidak menguntungkan mereka. Kaum Kiri anti-kapitalis tidak berhasil memperoleh capaian sosial apapun yang signifikan, yang bertentangan dengan garis pedoman dasar ekonomi; yang mereka bisa peroleh hanyalah obat yang memberikan keringanan kecil dan tak berkala. Lebih sering mereka harus menelan pil pahit dan memilih langkah-langkah yang sebelumnya mereka janjikan akan paling mereka tentang. Dipimpin oleh anggota parlemen dan tokoh lokal yang dipilih karena loyalitas tidak kritis mereka terhadap kepemimpinan yang ada, partai-partai ini ditelan oleh kebijakan kabinet yang mereka dukung. Kesenjangan dengan basis mereka sendiri pelan-pelan tumbuh, tetapi terus meluas, mengakibatkan hilangnya kredibilitas dan persetujuan di antara pemilih mereka.

Akibatnya, hasil di kotak suara hancur di mana-mana. Dalam pemilihan presiden pada 2007, kaum Komunis Perancis memperoleh kurang dari 2 persen suara, dan di tahun berikutnya, Izquierda Unida mencapai titik terendah dengan angka 3,8 persen. Di Italia, untuk pertama kalinya dalam sejarah Republik itu, kaum Komunis dikucilkan dari parlemen, mencapai total angka yang suram 3,1 persen dan hanya ada di bawah payung Kiri Pelangi. [9]

3. Kediktatoran Troika
Selama 2007, Amerika Serikat dihantam oleh salah satu krisis finansial paling parah dalam sejarah, yang segera memengaruhi Eropa dan menenggelamkannya ke dalam resesi yang mendalam. Ketika utang negara yang melonjak meningkatkan bahaya kredit macet, banyak negara beralih ke kredit dari (apa yang disebut) Troika, yang terdiri dari Komisi Eropa, Bank Sentral Eropa dan Dana Moneter Internasional. Bangsa-bangsa yang beresiko gagal bayar diberikan pinjaman sebagai imbalan dari memperkenalkan kebijakan pemotongan belanja negara yang kaku, selain mana langkah-langkah ‘restrukturisasi’ pada tahun 90an tampak cukup mengekang. Sejak 2008, sudah terdapat total 13 program bailout di UE: satu di Hongaria (2008-10), satu di Latvia (2008-11) [10] dan tiga di Romania, plus ‒ dalam Zona Euro ‒ tiga di Yunani (2010-18), satu di Irlandia (2010-13), satu di Portugal (2011-14), dua di Siprus (2011-16) dan satu di Spanyol (2012-13).

Istilah ‘pembaruan struktural’ mengalami transformasi semantik yang radikal. Awalnya, dalam kosa kata gerakan buruh, hal itu merujuk ke perbaikan kondisi sosial yang pelan tetapi terus-menerus, namun sekarang hal itu menjadi sinonim dengan erosi negara kesejahteraan secara mendalam. Pembaruan-semu yang bersangkutan ‒ kemunduran menjadi istilah yang lebih baik ‒ telah membatalkan sejumlah capaian dan menghidupkan kembali kondisi hukum dan ekonomi yang mengingatkan kita akan kapitalisme abad kesembilan belas yang tamak.

Inilah latar dari resesi yang mengerikan, dari mana Eropa masih belum muncul, dan yang pada saat ini, menyaksikannya bergulat dengan hantu deflasi. Tekanan yang kuat atas upah untuk turun telah menyebabkan rontoknya permintaan, berakibat jatuhnya PDB, dan pengangguran telah mencapai tingkat yang belum pernah tercatat sebelumnya sejak Perang Dunia Kedua. Antara tahun 2007 dan 2014, tingkat pengangguran melonjak dari 8,4 persen menjadi 26,5 persen di Yunani, dari 8,2 persen menjadi 24,5 persen di Spanyol, dari 6,1 persen menjadi 12,7 persen di Italia, dan dari 9,1 persen menjadi 14,1 persen di Portugal. Pada 2014, kurangnya pekerjaan mencapai proporsi yang epidemik bagi seluruh generasi anak muda: 24,1 di Perancis, 34,7 persen di Portugal, 42,7 persen di Italia, 52,4 persen di Yunani dan 53,2 persen di Spanyol. Lebih dari sejuta anak muda, seringkali yang paling terampil dan pendidikannya paling baik, dipaksa untuk beremigrasi dari kelima negara ini. [11]

Jadi, kita menghadapi bentuk baru perjuangan kelas: hal itu dilancarkan dengan tekad yang besar oleh kelas-kelas yang dominan terhadap kelas-kelas subaltern, sementara perlawanan dari yang terakhir seringkali lemah, tidak terorganisir dan terfragmentasi. [12] Hal ini terjadi baik di daerah pusat kapitalis yang maju, di mana pembatasan hak-hak pekerja telah melampaui apapun yang dapat dibayangkan selama 30 tahun yang lalu, dan di pinggiran ekonomi dunia, di mana perusahaan (banyak dari mereka multinasional) mengeksploitasi tenaga kerja mereka dalam bentuk-bentuk yang ekstrem dan dengan kejam melucuti negara-negara itu dari sumber daya alam mereka yang berharga. Hal ini menyebabkan peningkatan ketidaksetaraan yang tinggi dan redistribusi kekayaan yang besar untuk para penduduk terkaya planet ini. Hubungan sosial telah mengalami perubahan yang mendalam, diakibatkan oleh ketidakpastian kerja, kompetisi di antara pekerja, komodifikasi setiap bidang kehidupan, perang sosial di antara strata yang paling miskin, serta sebuah kapitalisme yang baru dan lebih invasif, yang merusak kehidupan dan hati nurani orang-orang dengan cara yang belum pernah terlihat sebelumnya.

Pada saat yang sama, krisis di Eropa telah menyebar dengan cepat ke dunia politik. Selama 20 tahun terakhir, kekuasaan pengambilan-keputusan semakin berpindah dari ranah politik ke ekonomi; ekonomi sekarang ini mendominasi politik dan seringkali digambarkan sebagai sebuah ranah yang terpisah dan kebal dari perubahan, yang menetapkan agenda dan memastikan pilihan-pilihan kuncinya berada di luar kontrol rakyat.

Apa yang belum lama ini biasanya terlihat sebagai ranah untuk tindakan politik sekarang diatur oleh imperatif-semu ekonomi, yang di balik topeng non-politiknya yang ideologis, sebenarnya menyajikan sebuah bentuk otoritarian yang berbahaya dan sebuah isi yang sepenuhnya reaksioner. Kasus yang paling melambangkan hal ini adalah Perjanjian tentang Stabilitas, Koordinasi dan Pemerintahan dalam Persatuan Ekonomi dan Moneter (TSCG) ‒ ‘perjanjian fiskal’, sebagaimana hal itu dikenal luas, yang memaksakan kewajiban anggaran berimbang ke dalam hukum negara-negara UE. Ini berarti setiap negara-anggota berjanji memenuhi, dalam rentang waktu 20 tahun, ketentuan-ketentuan Perjanjian Maastricht, di mana utang negara tidak boleh melebihi ambang batas 60 persen dari Produk Domestik Bruto. Pada kenyataannya, menurut statistik 2014, angka ini sekarang adalah 92 persen di Zona Euro; angka itu berjumlah 74,4 persen di Jerman dan 89,4 persen di Inggris (satu-satunya negara dengan Republik Ceko yang tidak menandatangani perjanjian itu), dan naik menjadi 106,5 persen di Belgia, 130,2 persen di Portugal, 132 persen di Italia dan 177 persen di Yunani.

Dengan membangun dinding yang menghalangi parlemen nasional mengambil keputusan yang mandiri untuk tujuan-tujuan ekonomi-politik, TSCG dengan demikian berperan merusak negara sosial di negara-negara UE yang paling dililit utang dan mengancam memperdalam lebih jauh resesi yang sedang terjadi. Sebagai bagian dari serangan umum ini, dan terinspirasi oleh beberapa negara berbahasa Inggris, Perancis (sejak 2007) dan Italia (pada 2011) memperkenalkan komisioner ‘peninjau belanja’ yang baru untuk ‘merasionalisasi’ belanja negara. Langkah-langkah yang mereka usulkan tidak hanya mengurangi pemborosan, seperti yang dimaksudkan, tetapi juga menyebabkan penurunan jumlah dan kualitas pelayanan.

Tahap berikut dari proyek ini seharusnya adalah Kemitraan Investasi dan Perdagangan Transatlantik (TTIP), sebuah persetujuan antara UE dan AS. Negosiasi-negosiasi yang sangat rahasia mengenai rinciannya sekarang ini sedang berlangsung, diarahkan ke deregulasi perdagangan lebih lanjut, keutamaan keuntungan perusahaan di atas kepentingan umum, dan akibatnya peningkatan kompetisi yang destruktif dan memerosotkan, yang menyebabkan penurunan upah lebih lanjut dan lebih sedikit hak bagi pekerja.

Pergeseran dari sistem pemilu proporsional ke sistem lain yang didasarkan pada ‘bonus-bonus’ mayoritas dari satu atau lain jenis, dan juga kecenderungan anti-demokrasi yang menguatkan eksekutif di hadapan kekuatan legislatif, telah merusak karakter representatif dari parlemen nasional. Tetapi, transfer kekuasaan yang terakhir ini, dari parlemen ke pasar dan institusi-institusi oligarkisnya, merupakan halangan terparah bagi demokrasi di zaman kita. [13] Hal itu menunjukkan bahwa kapitalisme saat ini sedang menderita krisis konsensus yang mendalam dan tidak sesuai dengan demokrasi.

Di sisi lain, di beberapa referendum nasional sejak pengadopsian Perjanjian Maastricht, pilihan terhadap kekuasaan teknokratik yang dominan di Eropa telah dikalahkan lebih dari satu kali di kotak suara. Hal ini terjadi di Perancis dan Belanda pada 2005, dalam kaitannya dengan Perjanjian yang menetapkan sebuah Konstitusi untuk Eropa, [14] dan di Irlandia pada 2008 dalam kaitannya dengan Perjanjian Lisbon. [15]

Indeks pasar saham, penilaian lembaga pemeringkat dan hasil yang menyebar di obligasi pemerintah adalah pujaan-pujaan besar masyarakat kontemporer: hal itu memperoleh nilai lebih besar dari kehendak rakyat. Karenanya, keputusan-keputusan yang menyebabkan bahaya terbesar bagi massa penduduk dipresentasikan sebagai benar-benar sangat diperlukan bagi ‘pemulihan kepercayaan pasar.’

Paling banter, politik dipanggil untuk memberikan dukungan kepada ekonomi, seperti dalam kasus bailout bank di AS dan Eropa pada awal 2008. Para perwakilan keuangan yang besar memerlukan intervensi negara untuk mengurangi efek yang sangat destruktif dari krisis kapitalis yang paling belakangan ini, tetapi mereka dengan keras menolak membuka kembali pembahasan tentang aturan-aturan dasar dan pilihan-pilihan ekonomi.

Bahkan rotasi pemerintahan kanan-tengah dan kiri-tengah tidak mengubah arah dasar sosial-ekonomi, karena adalah ekonomi yang semakin menentukan formasi, komposisi dan tujuan pemerintahan yang memegang tampuk kekuasaan. Jika, di masa lalu, faktor utamanya adalah sejumlah besar uang yang diberikan oleh ‘kepentingan sempit’ kepada pemerintah atau partai yang hendak mereka kontrol, dan juga upaya mewarnai media massa untuk melayani mereka, maka elemen kunci di abad ke-21 adalah fatwa-fatwa lembaga internasional.

Bukti paling jelas dari hal ini datang dengan musim ‘pemerintahan teknokratik.’ Dalam kurang dari seminggu ‒ selama 11-16 November 2011 ‒ dua suri teladan kekuatan ekonomi, Lucas Papademos (wakil-presiden Bank Sentral Eropa selama 2002-2010) dan Mario Monti, masing-masing ditetapkan sebagai perdana menteri Yunani dan Italia, tanpa melalui pemilu. Papademos hanya menjabat selama tujuh bulan, sementara Monti, berkat dukungan penuh Partai Demokratik (PD), menjabat selama setahun setengah. Sudah terkenal sebagai pembela pemotongan belanja negara, mereka secara serentak memajukan pemotongan belanja yang drastis dan pengorbanan sosial lebih lanjut. Pengalaman mereka terbukti berumur pendek, karena mereka terlihat pergi dengan cepat segera setelah pemilih diberi kesempatan bersuara. Tetapi aktivitas pemerintahan mereka memiliki efek yang sangat merusak, baik di tingkat ekonomi dan, mungkin terlebih lagi, karena luka di demokrasi yang disebabkan oleh bentuk pelantikan mereka.

Selama tahun-tahun itu, beberapa kekuatan dalam Sosialis Internasional mengambil jalan yang berakhir dengan cara yang sama. Karena secara ideologis yakin bahwa tidak ada alternatif bagi neoliberalisme ‒ meskipun krisis 2008 telah menunjukkan potensi bencananya dan pemerintahan Obama telah memilih jalan yang berbeda dengan Undang-Undang Reinvestasi dan Pemulihan tahun 2009 ‒ mereka bersekutu dengan kekuatan grup partai-partai kanan-tengah yang bernama Partai Rakyat Eropa (EEP) dan secara tidak kritis mengadopsi elemen-elemen utama pendekatannya atas ekonomi dan masyarakat.

Prototipe kecenderungan ini adalah Grosse Koalition di Jerman, yang perjanjiannya adalah Partai Sosial-demokratik Jerman, dengan mendukung Angela Merkel sebagai kanselir selama 2005-2009 dan sejak 2013 sampai sekarang, harus untuk semua maksud dan tujuan, menyerahkan otonominya. Eksperimen lain ‘persatuan nasional’ telah terjadi di Eropa selatan. Di Yunani, antara tahun 2012 dan 2015, Gerakan Sosialis Pan-Hellenik (PASOK) dan, untuk waktu tertentu, Kiri Demokratik (DIMAR), memberikan dukungan mereka kepada perdana menteri dari Demokrasi Baru (ND), Antonis Samaras. Di Italia, setelah pemilu 2013, Partai Demokratik memasuki pemerintahan (dengan wakil sekretarisnya, Enrico Letta, sebagai perdana menteri) berdampingan dengan koalisi kanan-tengah, Rakyat Kebebasan (PdL), yang dipimpin oleh Silvio Berlusconi. Pada 2014, ‘ikonoklas’ muda neo-Blairit, Matteo Renzi mengambilalih dan menghidupi pemerintahan yang sekarang masih berjalan, di mana Partai Demokratik (PD) telah bekerjasama dengan Kanan-Tengah Baru (NCD), sebuah kelompok sempalan dari gerakan Berlusconi, dan mencapai kesepakatan dengannya dalam beberapa ‘pembaruan’ konstitusional dan elektoral yang signifikan.

Sejak pemilihan Jean-Claude Juncker [16] sebagai presiden Komisi Eropa pada 2014, koalisi besar antara Partai Rakyat Eropa dengan Aliansi Progresif dari Sosialis dan Demokrat (S&D) masih terus memerintah institusi-institusi utama Uni Eropa.

4. Anti-politik, populisme dan xenofobia
Keseragaman pendekatan yang berbahaya terhadap persoalan politik dan ekonomi ‒ yang telah dikonfirmasi sejak 2012 dengan evolusi pemerintahan Sosialis Hollande di Perancis ‒ serta ketidaksukaan opini publik yang meningkat terhadap teknokrasi Brussel, telah membantu menghasilkan perubahan besar kedua (setelah yang pertama pada 1989) dalam konteks politik Eropa.

Selama beberapa tahun terakhir, sebuah ketidaksukaan yang mendalam telah berkembang di mana-mana di benua lama terhadap apapun yang bisa digambarkan sebagai ‘politik’; istilah ini telah menjadi sinonim dengan kekuasaan untuk kekuasaan itu sendiri, dan bukan sebagai sebuah komitmen dan kepentingan bersama untuk perubahan sosial, seperti yang sebagian besar dipahami pada 1960an dan 1970an. Fenomena baru ini terkait khususnya, tetapi bukan secara eksklusif, dengan generasi muda. Hal itu juga telah mendorong apati yang lebih tersebar dan penurunan konflik sosial, terutama ketika organisasi-organisasi gerakan serikat buruh semakin terlihat diakui oleh kekuasaan yang berlaku.

Di sejumlah negara, gelombang anti-politik juga telah berdampak besar pada kekuatan Kiri radikal. Sebagian besar akibat kinerja mereka yang buruk di pemerintahan, mereka bahkan disalahkan karena beradaptasi dengan iklim yang ada dan secara bertahap meninggalkan tuntutan militan yang biasa mereka usung.

Telah terjadi perubahan yang signifikan dalam perimbangan kekuatan di Eropa. Beberapa sistem bipartisan telah meledak begitu saja, seperti di masa pasca-kediktatoran Spanyol dan Yunani, di mana kekuatan Sosialis dan Kanan-Tengah biasanya mendapatkan tiga perempat suara pemilih. Kecenderungan serupa tampaknya telah memengaruhi sistem politik di Perancis dan Italia, di mana selama berpuluh-puluh tahun, suara yang ada terbagi antara blok kanan-tengah dan kiri-tengah. Lebih jauh lagi, ketiga grup politik di Parlemen Eropa yang terpilih pada 2009 ‒ Partai Rakyat Eropa, Aliansi Progresif dari Sosialis dan Demokrat serta Aliansi Kaum Liberal dan Demokrat untuk Eropa (ALDE) ‒ kehilangan lebih dari 13 persen kursi mereka di pemilu yang diselenggarakan pada 2014.

Lanskap politik-elektoral telah dimodifikasi oleh abstainisme, kebangkitan formasi populis baru, kemajuan besar kekuatan kanan-jauh, dan dalam beberapa kasus, konsolidasi alternatif kiri dari kebijakan neoliberal. Tingkat abstainisme elektoral yang lebih tinggi, sebuah kecenderungan yang terlihat di berbagai negara, terutama disebabkan oleh keterasingan yang semakin tinggi dari partai politik secara umum. Partisipasi pemilih di pemilu parlementer menurun di Perancis dari 67,9 persen pada 1997 menjadi 57,2 persen pada 2013;[17] di Jerman dari 84,3 persen pada 1987 menjadi 71,5 persen pada 2013; di Inggris dari 77 persen pada 1992 menjadi 66,1 persen pada 2015; di Italia dari 87,3 persen pada 1992 menjadi 72,2 persen pada 2013; di Portugal dari 71,5 persen pada 1987 menjadi 57% pada 2015; di Yunani dari 76,6 persen pada 2004 menjadi 56,5 persen pada 2015; dan di Polandia (di pemilu presiden) dari 64,7 persen pada 1995 menjadi 48,9 persen pada 2015.

Partisipasi dalam pemilu untuk Parlemen Eropa juga telah jatuh, dari 62 persen pada 1979 menjadi 42,6 persen di jajak pendapat terbaru; [18] Ini mencerminkan hilangnya minat terhadap institusi yang merepresentasikan model yang semakin teknokratis dan tidak politis bagi Eropa. Dengan menunggangi gelombang anti-UE, gerakan ‘pasca-ideologi’ yang baru telah bangkit dalam beberapa tahun terakhir, dipandu oleh kutukan umum terhadap sistem sekarang yang korup atau oleh mitos demokrasi online sebagai jaminan bagi partisipasi politik lapisan bawah yang berlawanan dengan praktik partai politik selama ini.

Berdasarkan prinsip-prinsip ini, Partai Pembajak (PP) didirikan secara hampir bersamaan di Swedia dan Jerman pada 2006. Tiga tahun kemudian, partai itu memenangkan 7,1 persen suara di pemilihan-Euro Swedia dan 2 persen di pemilihan Bundestag. Pada 2012, partai ini juga didirikan di Islandia, di mana ia memenangkan 5 persen suara pada pemilu yang diselenggarakan di tahun berikutnya. Ini merupakan persentase yang signifikan jika kita melihat program politik yang terbatas dari Partai Pembajak, tetapi kecil jika dibandingkan dengan Gerakan Lima Bintang (M5S) yang dibuat oleh pelawak Beppe Grillo pada 2009. Di pemilihan umum berikutnya, gerakan itu menjadi kekuatan politik pertama di Italia dengan 25,5 persen suara.

Pada 2013, Alternatif untuk Jerman (AfD) didirikan di Berlin, dan berkat gelombang Euro-skeptisisme, ia menang 4,7 persen di pemilihan federal pada 2013 dan 7 persen di pemilihan-Euro pada tahun berikutnya. Pada 2014, adalah giliran partai Sungai (TP) di Yunani yang mendapatkan 6,6 persen dan 4,1 persen masing-masing di pemilihan Eropa dan nasional yang berikutnya. Sementara itu, Ciudadanos (C’s) ‒ sebuah gerakan yang didirikan di Catalunya pada 2006 ‒ menerobos ke angka 3,2 persen di pemilihan-Euro, 6,6 persen di pemilihan dewan lokal pada 2015 dan menggandakan jumlahnya ke 13,9 persen di pemilihan umum Desember 2015.

Akhirnya, di pemilihan presiden yang terakhir di Polandia, penyanyi populis sayap-kanan Pawel Kukiz memperoleh 21,3 persen suara; gerakannya, Kukiz’15 telah menjadi kekuatan politik ketiga di negeri itu, memenangkan 8,8 persen suara di pemilihan legislatif pada Oktober 2015.
Selama periode yang sama, sejumlah formasi yang sudah ada meningkatkan kehadiran mereka dengan berdasarkan pada platform politik yang sama. Contoh paling mencolok adalah Partai Kemerdekaan Inggris (UKIP), yang dengan menggabungkan populisme dengan nasionalisme dan xenofobia, berada di peringkat pertama jajak pendapat Euro pada 2014 (26,6 persen) dan memperoleh 12,6 persen suara di pemilihan umum pada Mei 2015. Di Parlemen Eropa, wakil-wakil Partai Kemerdekaan Inggris sudah bergabung dengan Gerakan Lima Bintang untuk membentuk sebuah grup baru, Kebebasan dan Demokrasi Langsung Eropa.

Di Switzerland, Partai Rakyat Swiss/Serikat Demokratik dari Tengah (SVP-UDC) mencapai hasil terbaiknya pada 2015, memenangkan 29,4 persen di pemilihan bulan Oktober. Meskipun namanya bisa menyampaikan pesan yang berbeda, ia pada kenyataannya adalah sebuah formasi kanan-jauh yang xenofobik, yang membedakan dirinya di masa lalu dengan mengadvokasi sebuah referendum (secara aktual disetujui pada 2009) untuk melarang menara masjid baru.

Di banyak negara Eropa, partai-partai xenofobik, nasionalis atau yang secara terbuka neofasis sudah jauh melangkah maju ketika dampak krisis ekonomi melanda diri mereka semakin terasa. Dalam beberapa kasus, mereka telah memodifikasi bahasa politik mereka, mengganti pembelahan kiri-kanan yang klasik dengan sebuah perjuangan baru yang spesifik dalam masyarakat kontemporer: apa yang disebut Marine Le Pen sebagai konflik ‘antara mereka yang di atas dan mereka yang di bawah.’ [19] Dalam polarisasi baru ini, para calon kanan-jauh seharusnya merepresentasikan ‘rakyat’ melawan kekuasaan (atau kekuatan yang untuk jangka waktu lama telah bergantian di pemerintahan) dan para elit yang menyukai pasar bebas yang mahakuasa.

Profil ideologis dari gerakan politik ini juga telah berubah. Komponen rasisnya seringkali digeser ke belakang dan isu-isu ekonomi dimajukan ke depan. Oposisi yang terbatas dan buta terhadap kebijakan imigrasi UE dibawa selangkah lebih maju dengan memainkan perang di antara kaum miskin, bahkan lebih dari diskriminasi berdasarkan warna kulit atau afiliasi agama. Dalam konteks pengangguran yang tinggi dan konflik sosial yang parah, xenofobia dibangkitkan melalui propaganda yang menegaskan bahwa para migran mengambil pekerjaan dari pekerja lokal dan yang terakhir harus menjadi prioritas dalam pekerjaan, pelayanan sosial dan hak-hak kesejahteraan. [20]

Perubahan ini tentu saja telah memainkan peran dalam kesuksesan Front Nasional baru-baru ini, yang di bawah kepemimpinan Marine Le Pen, memperoleh 17,9 persen suara dalam pemilihan presiden 2012, menjadi partai politik Perancis terbesar (24,8 persen) dalam pemilihan-Euro 2014, dan menggotong 25,2 persen suara di pemilihan lokal pada Maret 2015, serta 27,7 persen di pemilihan regional pada Desember 2015, meski gagal menguasai pemerintahan regional manapun. [21] Sementara itu, di Italia, Liga Utara juga telah mengalami metamorfosis.

Kelompok itu lahir pada 1989 menuntut kemerdekaan untuk ‘Padania’ (nama yang diberikan mereka untuk Italia utara), dan setelah 1996, ia membayangkan pemisahan diri daerah itu secara sepihak. Namun, belakangan ini, kelompok itu telah mengubah dirinya menjadi sebuah partai nasional, yang platform anti-imigran ‘non-euronya’ menjadi jangkar persekutuan dengan kekuatan-kekuatan utama yang berasal dari tradisi fasis. Sebagai hasilnya, angka elektoralnya telah meningkat secara dramatis: sekarang ia merupakan organisasi kanan-tengah Italia yang terbesar, mendekati Forza Italia (FI) dari Silvio Berlusconi.

Baik di Perancis maupun Italia, beberapa benteng historis dari suara kelas-pekerja dan Komunis telah bermutasi menjadi basis elektoral yang stabil bagi kedua partai di atas. Sebuah kesepakatan koalisi antara Front Nasional dan Liga Utara mengarah pada pembentukan Bangsa-Bangsa dan Kebebasan Eropa (ENL) pada Juni 2015 di Parlemen Eropa di Brussels; koalisi ini juga mencakup partai-partai politik mapan yang, di samping organisasi-organisasi yang lebih kecil, untuk beberapa lama telah menuntut penarikan diri dari euro, revisi perjanjian tentang imigrasi dan kembali ke kedaulatan nasional. Di antara kekuatan yang paling representatif dalam hal ini adalah Kepentingan Flemish (VB) di Belgia, Partai Kebebasan Austria (FPÖ) yang memenangkan 20,5 persen suara di pemilihan nasional pada 2013, 19,7 persen di pemilihan Eropa pada 2014 dan 30,8 persen di pemilihan Wina pada 2015; serta Partai untuk Kebebasan (PVV) di Belanda, yang didirikan pada 2006 dan memenangkan 13,3 persen di pemilihan Eropa yang terakhir. Posisi kedua partai terakhir sudah naik menempati posisi ketiga dalam politik nasional mereka.

Kekuatan kanan-jauh telah bergabung dengan lebih dari satu grup di Parlemen Eropa dan, untuk pertama kalinya sejak Perang Dunia Kedua, sudah mengalami kemajuan penting di berbagai daerah di benua itu. Di setiap negara Skandinavia, misalnya, mereka sudah menjadi realitas yang mapan, belum lagi berbicara tentang reorientasi ideologi dalam masyarakat yang telah didorong oleh kesuksesan elektoral mereka. Di tanah air par excellence dari ‘model Nordik,’ partai Demokrat Swedia, yang berdiri pada 1988 melalui fusi kelompok-kelompok neo-Nazi, telah muncul sebagai kekuatan politik ketiga terbesar, dan bersekutu dengan UKIP di Eropa.

Di Denmark dan Finlandia, dua partai yang didirikan pada 1995 dan berafiliasi ke Grup Konservatif dan Reformis Eropa telah memperoleh hasil yang jauh lebih mengejutkan, menjadi partai kedua terbsar di negara mereka masing-masing. Yang menakjubkan secara umum, Partai Rakyat Denmark (DPP) memenangkan jumlah suara terbesar di pemilihan Eropa terakhir, dengan total 26,6 persen; ia kemudian mengkonsolidasikan kesuksesannya dengan 21,1 persen di pemilihan legislatif pada 2015 dan bergabung dengan mayoritas pemerintahan. Di Finlandia, partai Finlandia Sejati (PS) sekarang juga duduk di bangku pemerintahan, setelah memperoleh dukungan 17,6 persen di kotak suara pada 2015. Akhirnya, di Norwegia, Partai Kemajuan (FfP) ‒ yang sudah mengumpulkan 22,9 persen suara pada 2009, dan yang pandangan politiknya sama-sama reaksioner ‒ telah memasuki pemerintahan untuk pertama kalinya, dengan angka 16,3 persen.

Kemenonjolan yang hampir-seragam dari partai-partai ini, di daerah di mana organisasi gerakan pekerja telah mempraktikkan hegemoni yang tak pernah dipersoalkan untuk jangka waktu yang sangat lama, mungkin juga disebabkan oleh fakta bahwa mereka mengangkat pertempuran dan isu-isu yang dulunya dekat dengan kaum sosialdemokratik dan komunis. Dua faktor lain yang berguna, meski tidak mendasar, adalah simbolisme politik mereka yang dirancang dengan hati-hati ‒ partai Demokrat Swedia, misalnya, telah mengganti lambang api yang dulunya umum di antara gerakan fasis dengan bunga liar yang menenteramkan dalam warna nasional ‒ dan tumbuhnya pimpinan-pimpinan muda yang terampil berkomunikasi dengan media.

Kaum Kanan telah membuat terobosan mereka tidak hanya dengan instrumen reaksioner yang klasik, seperti kampanye menentang globalisasi, tetapi juga dengan kedatangan pencari-suaka yang baru dan hantu ‘Islamisasi’ masyarakat. Namun demikian, yang terpenting adalah mereka menyerukan kebijakan-kebijakan sosial yang secara tradisional terkait dengan kaum Kiri, di saat kaum Sosial Demokrat memilih pemotongan belanja negara dan Kiri radikal tercekik karena dukungannya terhadap, atau partisipasi aktualnya dalam, pemerintahan. Meskipun demikian, ‘kesejahteraan’ kaum kanan berbeda jenis: tidak lagi universal, inklusif dan solidaristik, tetapi didasarkan pada prinsip yang oleh beberapa teoritisi disebut sebagai ‘nasionalisme kesejahteraan.’ Dengan kata lain, hal itu melibatkan pemberian hak dan layanan hanya ke anggota masyarakat nasional yang sudah ada.

Selain dukungan yang meluas di provinsi dan daerah pedesaan, yang seringkali penduduknya berkurang secara drastis dan terpukul oleh tingkat pengangguran yang tinggi karena krisis ekonomi, kaum Kanan jauh Skandinavia telah mampu menggalang dukungan dari sejumlah penting pekerja yang telah menyerah ke pemerasan ‘antara imigrasi atau negara kesejahteraan.’ Kaum Kanan radikal juga sudah mampu mengorganisir diri mereka kembali di sejumlah negara Eropa Timur, sejak akhir rezim pro-Soviet di sana. ‘Serikat Serangan Nasional’ (ATAKA) di Bulgaria, Partai Nasional Slovak (SNS) dan Partai Romania yang Lebih Besar (RM) adalah beberapa kekuatan politik yang sudah sering memperolah hasil bagus dan mengirim wakil-wakil mereka sendiri ke parlemen.

Di Polandia, partai Hukum dan Keadilan (Pis) yang populis memenangkan pemilihan presiden pada Mei 2015, dan setelah memperoleh 37,6 persen di pemilihan legislatif pada Oktober 2015, memegang kursi mayoritas absolut yang pertama di parlemen sejak akhir Perang Dingin. Tidak seperti penggunaan yang biasa dari nilai-nilai nasionalisme dan agama ultra-konservatif, program ekonomi PiS menampilkan janji-janji untuk meningkatkan belanja sosial, memperbaiki tingkat upah dan menetapkan usia pensiun yang lebih rendah. Itu adalah platform kiri, di sebuah negara di mana Kiri anti-kapitalis tidak ada dan sosial demokrasi hanya memiliki sisa ruang yang kecil setelah mereka menjalankan kebijakan-kebijakan yang memukul lapisan terlemah dari masyarakat.

Namun demikian, kasus yang paling mengkhawatirkan di bagian Eropa yang ini adalah Hongaria. Setelah pemerintahan Partai Sosialis Hongaria (MSZP) memaksakan langkah-langkah pemotongan belanja negara yang parah atas perintah Troika, yang mengakibatkan deflasi, Serikat Sipil Hongaria/Fidesz (yang berafiliasi ke Partai Rakyat Eropa) mengambilalih kendali kekuasaan. Kemudian pada 2012, setelah membersihkan pengadilan dan meletakkan media massa di bawah kendali, pemerintah memperkenalkan sebuah konstitusi baru dengan nada otoritarian yang membawa negara semakin jauh dari rule of law. Seolah-olah itu tidak cukup, Gerakan untuk Hongaria yang Lebih Baik (Jobbik) menjadi partai ketiga di negeri itu sejak 2010, menjaring 20,5 persen suara di pemilu 2014. Berbeda dengan kebanyakan Kanan radikal di Eropa Barat dan Skandinavia, Jobbik merupakan contoh klasik ‒ sekarang dominan di Timur ‒ dari sebuah formasi kanan-jauh yang menggunakan kebencian terhadap minoritas (terutama Roma), anti-semitisme dan anti-komunisme sebagai instrumen utama propaganda dan tindakan politiknya.

Untuk melengkapi survei ini, kita harus menyebutkan beberapa organisasi neo-Nazi yang tersebar di seluruh bagian Eropa. Dua dari mereka telah memperoleh hasil yang baik dalam jajak pendapat. Partai Nasional Demokratik Jerman (NPD) memiliki pijakan di dua parlemen regional; ia mendapatkan 1,5 persen dalam pemilihan 2013; dan ia memiliki satu utusan di Parlemen Eropa sejak 2012. Di Yunani, Fajar Emas (GD) memperoleh 9,4 persen suara di pemilihan Eropa 2014 dan 7 persen di pemilihan umum 2015, dengan demikian menegaskan dirinya sebagai kekuatan politik ketiga di negeri itu. [22]

Dengan demikian, pada tahun-tahun belakangan ini, partai-partai Kanan neofasis, nasionalis atau populis sudah sangat memperluas dukungan mereka di hampir setiap bagian Eropa. Dalam banyak kasus, mereka telah terbukti mampu menghegemoni debat politik dan terkadang memasuki pemerintahan melalui koalisi dengan Kanan yang lebih moderat. Hal itu adalah wabah yang mengkhawatirkan, di mana sudah tentu mustahil untuk meresponsnya tanpa memerangi virus yang pertama-tama menyebabkannya: mantra neoliberal yang masih sangat populer di Brussel.

Meskipun demikian, di Yunani maupun di daerah timur Jerman, kaum Kanan jauh belum bertindak sebaik yang mungkin mereka mampu; dan di Spanyol, Portugal dan Republik Ceko ‒ yaitu, di daerah di mana Kiri Komunis telah mempertahankan akarnya di masyarakat dan mengembangkan sebuah kebijakan oposisi yang koheren pada tahun-tahun belakangan ini [23] ‒ kondisi untuk kebangkitan baru dari Kanan radikal belum terpenuhi.

5. Geografi politik baru dari Kiri radikal Eropa
Krisis ekonomi dan politik yang melintasi Eropa bukan hanya menyebabkan majunya kekuatan populis, xenofobik dan kanan-jauh. Pada saat yang sama, hal itu telah mendorong perjuangan besar dan demonstrasi protes melawan langkah-langkah pemotongan belanja negara yang dipaksakan oleh Komisi Eropa dan diimplementasikan oleh pemerintahan nasional.
Terutama di Eropa selatan, hal ini telah mendorong kebangkitan kembali Kiri radikal, dan juga terobosan elektoral yang penting. Yunani, Spanyol dan Portugal, bersama-sama dengan Irlandia dan, dengan kurang mencolok, negara-negara lain, telah menjadi panggung mobilisasi massa yang mengesankan terhadap kebijakan-kebijakan neoliberal. Di Yunani, lebih dari empat puluh pemogokan umum telah diserukan sejak 2010.

Di Spanyol, jutaan warga negara berpartisipasi dalam sebuah pemberontakan besar yang dimulai pada Mei 2011 yang memunculkan gerakan yang kemudian disebut Indignados. Para demonstran menduduki alun-alun kota Madrid, Puerta del Sol, selama empat minggu. Beberapa hari setelah tindakan mereka dimulai, sebuah gerakan protes serupa turun ke jalan di Athena, di Lapangan Syntagma. Dan di kedua negara, perjuangan sosial secara efektif meletakkan fondasi untuk penegasan dan pertumbuhan Kiri lebih lanjut.

Di sisi lain, meskipun gerakan serikat buruh menghadapi situasi yang sama ‒ langkah-langkah pemerintah pasca-krisis telah menyebabkan bencana sosial yang sama di negara-negara Eropa ‒ mereka tidak mempunyai kemauan politik untuk merumuskan plaftorm tuntutan bersama dan mengorganisir serangkaian mobilisasi berskala-benua. Pengecualian parsialnya hanyalah pemogokan umum 14 November 2012 di Spanyol, Italia, Portugal, Siprus dan Malta, yang juga didukung oleh aksi-aksi solidaritas di Perancis, Yunani dan Belgia.

Di tingkat politik, Kiri anti-kapitalis terjebak dalam pembangunan kembali dan penyusunan kembali kekuatannya di lapangan. Formasi-formasi baru yang terinspirasi oleh pluralisme mulai terbentuk dan menjadi serangkaian subyek politik, pada saat yang sama mengamankan demokrasi yang lebih besar melalui prinsip ‘satu orang, satu suara.’ Pada 1999, Blok Kiri (BE) di Portugal mengumpulkan kekuatan terpenting yang berada di sebelah kiri Partai Komunis Portugis, dan pada tahun yang sama pembentukan Kiri menandai permulaan yang segar di Luxemburg. Pada 2004, Synaspismos dan serangkaian kekuatan anti-kapitalis yang lain di Yunani berkumpul untuk membentuk Syriza, Koalisi Kiri Radikal (meskipun fusinya menjadi sebuah partai yang aktual baru terjadi pada 2012).

Pada Mei 2004, pembentukan Partai Kiri Eropa pada awalnya menghubungkan lima belas partai komunis, sosialis dan ekologis dengan tujuan membangun sebuah subyek politik yang dapat menyatukan kekuatan utama Kiri militan Eropa atas dasar sebuah program bersama. Pada saat yang sama, organisasi politik dari 20 negara adalah bagian dari hal ini. [24] Pengelompokan kembali ini telah didahului, beberapa bulan sebelumnya, oleh pembentukan Aliansi Kiri Hijau Nordik, yang melibatkan tujuh partai dari Eropa utara.

Selain koalisi Kiri Eropa, terdapat juga Kiri Anti-kapitalis Eropa (EACL), sebuah formasi yang lebih kecil yang diluncurkan pada 2000 dan berisikan lebih dari 30 organisasi Trotskyis (seringkali kecil). Promotor utamanya adalah Blok Kiri di Portugal, Daftar Bersatu/Merah Hijau di Denmark dan Partai Anti-kapitalis Baru di Perancis. Di Parlemen Eropa, perwakilan kekuatan ini telah bergabung dengan grup Kiri Bersatu Eropa/Kiri Hijau Nordik. [25]

Beberapa tahun kemudian, komponen paling radikal dari SPD Jerman dan Partai Sosialis Perancis (PS)[26] memisahkan diri dan dengan cepat mengadopsi posisi di sebelah kiri kepemimpinan Partai Sosialisme Demokratik (di Jerman) atau Partai Komunis Perancis. Hal ini mendorong peluncuran Kiri (Die Linke – DL) di Jerman pada 2007 dan Front Kiri (FdG) di Perancis pada 2008. Juga di Perancis, transformasi Liga Komunis Revolusioner (LCR) menjadi Partai Anti-kapitalis Baru (NPA) pada 2009 mungkin disebabkan oleh visi yang sama dengan visi kekuatan berorientasi-kelas tipikal tertentu dari Komunisme Eropa: yaitu, memfokuskan inisiatif politik pada kontradiksi baru yang penting dan terikat dengan eksklusi sosial.

Di Italia, juga pada 2009, Kebebasan dan Ekologi Kiri (SEL) yang baru terbentuk menggabungkan tiga elemen: sayap moderat dari Partai Refondasi Komunis, sebuah kelompok penentang dalam Demokrat Kiri (DS); dan Federasi Kiri (FdS), sebuah aliansi antara Partai Refondasi Komunis dan tiga gerakan politik yang lebih kecil. Di Switzerland, sebuah proses serupa diselesaikan pada 2010 dengan pendirian Kiri (AL).

Jalan serupa dicoba di Inggris, dengan pembentukan Partai Kehormatan pada 2004 dan Persatuan Kiri pada 2013. Kecenderungan ini bahkan melintasi Bosphorus, di mana para aktivis Kurdi berkumpul pada 2012 dengan beberapa gerakan Kiri Turki untuk membentuk Partai Rakyat Demokratik (HDP); ini dengan cepat menjadi kekuatan politik keempat di negeri itu, mendapatkan 10,7 persen suara di pemilihan November 2015. [27]

Tahun 2014 menyaksikan kemunculan Kiri Bersatu di Slovenia dan Podemos di Spanyol. Yang terakhir lebih merupakan kasus khusus, karena ia mengklaim melampaui definisi tradisional dari partai Kiri, tetapi ia memajukan calon untuk pertama kalinya di pemilihan Eropa yang terakhir dan telah bergabung dengan grup Kiri Bersatu Eropa/Kiri Hijau Nordik di Parlemen Eropa. Akhirnya, pada Oktober 2015, sebuah koalisi elektoral baru bernama Aliansi Anti-Pemotongan Belanja Negara – Rakyat Sebelum Keuntungan (AAA-PBP) mengakhiri perseteruan lama antara Partai Sosialis (PS) dan Aliansi Rakyat Sebelum Keuntungan (APBP). [28]

Model plural, yang sangat berbeda dari partai gerakan Komunis abad ke-20 yang ‘sentralis demokratik’ dan monolitik, dengan cepat menyebar ke hampir semua kekuatan Kiri radikal Eropa. Eksperimen yang paling berhasil bukanlah yang hanya menyatukan kelompok dan organisasi yang sudah ada serta kecil, tetapi penyusunan ulang yang sejati yang didorong oleh kebutuhan untuk melibatkan jaringan subyek sosial yang luas dan tersebar serta menjahit bentuk-bentuk perjuangan yang berbeda. Pendekatan ini sudah memperoleh kemenangan sejauh ia telah menarik berbagai kekuatan baru, menarik anak-anak muda, membawa kembali orang-orang militan yang kecewa dan membantu kemajuan elektoral dari partai-partai yang baru dibentuk.

Di pemilihan Jerman 2009, Die Linke memenangkan 11,9 persen suara ‒ tiga kali lipat dari 4 persen yang diperoleh Partai Sosialisme Demokratik tujuh tahun sebelumnya. Di pemilihan presiden Perancis pada 2012, calon Front Kiri, Mélenchon, memperoleh suara tertinggi yang pernah didapatkan oleh partai yang berada di sebelah kiri Partai Sosialis sejak 1981. Dan pada tahun yang sama, Syriza mulai meningkat pesat sehingga ia memperoleh 16,8 persen di pemilihan bulan Mei, 26,9 persen di bulan Juni dan akhirnya 36,3 persen pada Januari 2015 ketika, unik bagi sebuah partai anti-kapitalis Eropa sejak Perang Dunia Kedua, ia membentuk sebuah pemerintahan sebagai mitra mayoritas.[29]

Hasil sangat baik juga diperoleh di Semenanjung Iberia, di mana Kiri Plural Spanyol (sebuah blok elektoral yang baru dan dipimpin oleh Izquierda Unida) melewati batas ambang 10 persen dalam pemilihan-Euro pada 2014, dan Podemos nyaris mencapainya dengan 8 persen. Total suara yang dicapai oleh semua kekuatan Kiri lebih besar lagi di pemilihan umum Desember 2015. Dalam peristiwa itu, Podemos telah mencapai 12,6 persen, Persatuan Rakyat (PU) ‒ pengelompokan terbaru yang didorong oleh Izquierda Unida ‒ 3,6 persen, dan berbagai daftar elektoral lokal ‒ di antaranya ada Bersama Kita Bisa (ECP) (Catalunya ‒ 3,7 persen); Komitmen‒Kita Bisa‒Sudah Saatnya (C-P-É) (Valencia ‒ 2,6 persen); Gelombang (EM) (Galicia ‒ 1,6 persen); Negara Basque Bersatu (EH Bildu) (0,8 persen) ‒ semuanya telah mengumpulkan hampir 9 persen suara.

Adapun Portugal, Koalisi Demokratik Unitaris memperoleh total 8,3 persen dalam pemilihan umum Oktober 2015, sementara Blok Kiri, dengan 10,2 persen, mendapatkan hasil terbaiknya, menjadi kekuatan politik ketiga di negeri itu. Hasil ini telah dikonfirmasi di pemilihan presiden Januari 2016, ketika partai yang terakhir sekali lagi melampaui 10 persen.

Eksperimen kiri plural, selalu dicirikan oleh oposisi yang jelas terhadap neoliberalisme, juga telah membuahkan hasil di pemungutan suara tingkat lokal. Satu contoh kasus bagus adalah pemilihan regional Perancis pada 2010 di Limousin, ketika koalisi Front de Gauche dan Partai Antikapitalis Baru bersama-sama memperoleh 19,1 persen di putaran kedua, dan pemilihan kotamadya di Spanyol, di mana daftar Madrid Ahora dan Barcelona en Comú (termasuk Izquierda Unida dan Podemos) memenangkan dua kota terbesar di negeri itu. Di kedua kasus, aliansi luas yang didorong oleh lapisan bawah memungkinkannya mengatasi perbedaan antara kelompok-kelompok kepemimpinan nasional.

Partai yang memilih untuk tidak membangun blok dengan kekuatan politik lain terkadang juga telah mencapai hasil elektoral yang patut diperhatikan pada dekade terakhir. Sebagai contoh, di Belanda, Partai Sosialis (SP) meningkat menjadi 16,6 persen suara pada 2006, menjelang seruannya untuk memilih ‘tidak’ dalam referendum Konstitusi Eropa; dan di Siprus, sekretaris jenderal AKEL Demetris Christofias memenangkan pemilihan presiden pada 2009 dengan 33,2 persen di pemungutan suara putaran pertama dan 53,3 persen di putaran kedua. Namun demikian, masa jabatan Christofias berakhir dengan kemunduran besar, karena ia tidak mampu mengakhiri konflik yang telah membelah pulau itu sejak 1974, dan secara eksplisit tunduk pada permintaan Troika dalam ekonomi.

Pembalikan lain yang telah menggoncang geografi Kiri Eropa, sekurangnya tidak dapat diperkirakan beberapa tahun yang lalu, seperti kemenangan pemerintahan Syriza di Yunani. Di pemilihan bercorak-utama yang diselenggarakan pada September 2015, 59,5 persen anggota dan pendukung terdaftar Partai Buruh Inggris memilih Jeremy Corbyn sebagai pimpinan baru mereka. Di negara di mana Tony Blair berkuasa dua puluh tahun lalu, sebuah pernyataan-diri anti-kapitalis sekarang telah menempati pos utama di Partai Buruh, warna yang paling sayap-kiri dalam sejarahnya. Pembalikan peristiwa yang luar biasa ini merepresentasikan contoh signifikan lebih jauh dari kebangkitan Kiri.

Di tingkat UE, kemajuan umum dari Kiri radikal dikonfirmasi di pemilihan Eropa terakhir pada 2014. Jumlah suara totalnya mencapai 12.981.378 atau 8 persen, dengan penambahan 1.885.574 dari 2009. [30] Bahkan dengan kriteria tunggal berupa jumlah perwakilan yang dipilih (6,9 persen, atau 52 anggota parlemen), Kiri Bersatu Eropa/Kiri Hijau Nordik sekarang menjadi kekuatan politik kelima di Parlemen Eropa, meningkat dari yang ketujuh pada 2009.[31] Dengan demikian, ia berada di belakang Partai Rakyat Eropa (29,4 persen), Aliansi Progresif dari Sosialis dan Demokrat (25,4 persen), Konservatif dan Reformis Eropa (9,3 persen) serta Aliansi Demokrat dan Liberal untuk Eropa (8,9 persen); tetapi berada di depan Aliansi Bebas Eropa/Hijau (6,6 persen), Kebebasan dan Demokrasi Langsung Eropa (6,4 persen) serta Bangsa-Bangsa dan Kebebasan Eropa (5,2 persen).

Meski demikian, ada beberapa elemen negatif yang menggelapkan gambaran ini. Di banyak negara Eropa Timur, Kiri radikal masih mengekspresikan posisi yang marjinal, jika bukan terisolasi secara total; [32] mereka jauh dari perjuangan sosial, kurang mengakar di daerah-daerah lokal dan serikat buruh, tidak begitu diketahui oleh generasi muda, dan terus diguncang oleh sektarianisme yang merusak dan menyebabkan pembelahan internal. Dengan kata lain, ia tidak memiliki prospek perkembangan yang segera.

Situasi ini direfleksikan dalam jajak pendapat. Di enam negara ‒ Polandia, Romania, Hongaria, Bulgaria, Bosnia-Herzegovina dan Estonia ‒ Kiri radikal mengumpulkan kurang dari 1 persen suara, sementara di negara lainnya seperti Kroasia, Slowakia, Lithuania dan Latvia, mereka tidak lebih baik. Mereka juga masih sangat lemah di Austria, Belgia dan Switzerland, serta di Serbia, Kiri masih diidentifikasi dengan Partai Sosialis yang dipimpin selama bertahun-tahun oleh Slobodan Milošević.

Dengan demikian, kenyataan yang kita hadapi di Eropa sangat heterogen. Di Semenanjung Iberia dan Cekungan Mediterania ‒ dengan pengecualian Italia ‒ Kiri radikal telah meluas secara signifikan pada tahun-tahun belakangan ini. Di Yunani, Spanyol, Portugal dan Siprus, kekuatan itu telah mengonsolidasikan diri mereka dan bisa dikenal di antara aktor-aktor utama dalam arena politik. Begitu pula, di Perancis, kekuatan Kiri radikal telah mendapatkan kembali peran yang agak signifikan dalam masyarakat dan politik. Sementara itu, di Irlandia, nasionalisme republikan progresif (meski moderat) dari Sinn Fein (SF), yang mengumpulkan 22,8 persen suara pada pemilihan-Euro 2014, telah bertindak sebagai penahan majunya kekuatan-kekuatan konservatif.

Di Eropa Tengah, Kiri radikal mampu mempertahankan kekuatan elektoral yang besar di Jerman dan Belanda, tetapi bobotnya terbatas di tempat-tempat lain. Di negara-negara Nordik, mereka mempertahankan posisi yang didapatkannya setelah 1989 (sekitar 10 persen di jajak pendapat), tetapi mereka terbukti tidak mampu menarik ketidakpuasan rakyat yang tersebar, yang malah ditangkap oleh ekstrim Kanan.

Meski demikian, masalah utama Kiri radikal masih ada di bagian timur, di mana dengan pengecualian Partai Komunis Bohemia dan Moravia di Republik Ceko, serta Kiri Bersatu di Slovenia, kekuatan itu nyaris tidak ada dan tidak mampu bergerak melampaui hantu ‘sosialisme yang ada secara aktual,’ Dalam situasi ini, ekspansi UE ke arah timur dengan tegas telah menggeser gravitasi pusat politik ke kanan, seperti yang dapat kita lihat dari posisi ekstrim yang kaku yang diambil oleh pemerintahan di Eropa Timur selama krisis baru-baru ini di Yunani dan terkait dengan kedatangan orang-orang yang melarikan diri dari daerah-daerah yang dilanda perang.

6. Melampaui batasan Zona Euro?
Perubahan partai-partai Kiri radikal menjadi organisasi yang luas dan lebih plural berguna dalam mengurangi fragmentasi mereka, tetapi hal itu tentu belum menyelesaikan masalah politik mereka.

Di Yunani, ketika pemerintahan yang dipimpin oleh Alexis Tsipras mulai bekerja, Syriza berniat keluar dari kebijakan pemotongan belanja negara yang diadopsi oleh semua pemerintahan, kiri-tengah, ‘teknokratik’ atau ‘kanan-tengah,’ yang telah berganti satu sama lain sejak 2010. Meski demikian, karena besarnya utang negara, penerapan kongkrit dari langkah ini dengan segera disubordinasi di bawah negosiasi dengan kreditor internasional. Setelah lima bulan perundingan yang melelahkan ‒ selama mana Bank Sentral Eropa berhenti lagi memberikan kredit kepada bank sentral di Athena, menyebabkan cabang-cabang dari berbagai bank Yunani kehabisan uang ‒ para pemimpin Zona Euro memaksakan sebuah rencana bailout yang baru dan berisikan semua syarat ekonomi yang selama ini telah ditentang dengan tegas oleh Syriza.

Sejak 2010, rangkaian kekuatan politik parlementer yang telah menerima memorandum Brussels memang sudah luas. Dari kiri ke kanan, mereka sudah tunduk pada logika pemotongan belanja negara yang tak kenal ampun: Demokrasi Baru, Orang-orang Yunani Independen (ANEL), Sungai, Kiri Demokratis, Gerakan Sosialis Panhelenis dan akhirnya, Syriza. [33] Bahkan respons yang kuat dalam referendum konsultatif pada 5 Juli 2015 (ketika 61,3 persen rakyat Yunani menyatakan “tidak” dengan tegas kepada usulan Troika) tidak membawa hasil yang berbeda. Untuk menghindari keluarnya Yunani dari Zona Euro, pemerintahan Tsipras menyetujui pengorbanan sosial lebih lanjut, penjualan aset-aset publik dengan harga murah dan masif, serta secara lebih umum satu rakit penuh langkah-langkah pemotongan belanja negara yang diarahkan pada kepentingan kreditor internasional dan bukannya pada pembangunan ekonomi Yunani. [34]

Di sisi lain, keluarnya Yunani dari Zona Euro ‒ sebuah skenario yang dibayangkan oleh beberapa kalangan, tetapi hanya jika negosiasi dengan Eurogroup gagal ‒ akan melontarkan negeri itu ke situasi kekacauan ekonomi dan resesi yang mendalam. Adalah penting untuk mempersiapkan diri dengan baik dari jauh-jauh hari untuk sebuah keputusan yang krusial seperti itu, dengan hati-hati menimbang setiap kemungkinan dan merencanakan secara ketat semua penanggulangan yang tepat. Di atas segalanya, adalah penting untuk memenangkan serangkaian luas kekuatan sosial dan politik serta mengandalkan dukungan mereka ‒ jika tidak, autarki ekonomi di mana Yunani dikutuk untuk mengadopsinya selama jangka waktu yang tidak dapat diperkirakan, dapat membuka ruang lebih besar lagi bagi kelompok neofasis Fajar Emas.

Hasil negosiasi antara Tsipras dan Eurogroup membuatnya sangat jelas bahwa ketika sebuah partai sayap-kiri memenangkan pemilu dan berusaha menerapkan kebijakan ekonomi alternatif, institusi-institusi Brussels siap mengintervensi dan menghentikan mereka. Pada 1990an, penerimaan tanpa syarat paham neoliberal menyelaraskan kekuatan sosial demokrasi Eropa dengan partai-partai kanan-tengah. Sekarang, sebaliknya, ketika sebuah partai Kiri radikal naik ke kekuasaan, Troika itu sendiri yang turun tangan menghalangi pemerintahan baru merusak arahan-arahan ekonominya. Memenangkan pemilu tidaklah cukup; Uni Eropa telah menjadi landasan dari kapitalisme neoliberal.

Menyusul episode Yunani, terdapat refleksi kolektif yang mendalam terhadap kebijakan mempertahankan mata uang tunggal dengan ongkos apapun. Berbagai upaya dilakukan untuk memahami cara mana yang terbaik untuk mengakhiri kebijakan ekonomi yang sekarang, tanpa, pada waktu yang sama, mengabaikan proyek persatuan politik Eropa yang baru dan berbeda.
Posisi mayoritas di antara partai-partai Kiri radikal tetaplah bahwa masih mungkin untuk memodifikasi kebijakan Eropa dalam konteks yang ada: yaitu, melakukannya tanpa mengakhiri persatuan moneter yang dicapai pada 2002 ketika euro mulai berlaku.

Syriza adalah kekuatan paling menonjol yang masih menganut pandangan ini: ia memiliki kesempatan dalam pemerintahan untuk merumuskan dan menerapkan solusi-solusi alternatif ‒ terlepas dari tekanan yang tidak patut dari institusi UE untuk membendung perubahan apapun ‒ tetapi ia tidak mempertimbangkan pilihan ‘Grexit.’ Pada September 2015, Tsipras memenangkan pemilihan awal yang ia serukan mengikuti konflik dengan sebagian dari partai yang menentang penerapan usulan-usulan memorandum Eurogroup; ia mengumpulkan 35,5 persen suara rakyat dan kembali ke pemerintahan dengan grup parlementer yang kohesif, tidak lagi terpapar oleh bahaya ketidakpuasan internal.

Jadi, terlepas dari tingkat abstain yang lebih tinggi (sampai 7 persen sejak pemilihan yang lalu tujuh bulan sebelumnya), dan terlepas dari fakta bahwa orang yang memberikan suara lebih sedikit 600,000 orang daripada referendum Juli, Syriza mampu mempertahankan dukungan dari bagian yang cukup besar dari rakyat Yunani. Meskipun demikian, mosi percaya yang baru dan mereka berikan akan diuji dalam waktu singkat ketika kapak yang dipaksakan oleh Eurogroup terasa akibatnya, dan tidaklah terlalu gegabah untuk memprediksi kemunculan skenario yang lebih tak tentu lagi daripada yang sejauh ini kita lihat.

Syriza tampaknya memiliki strategi dua-arah untuk mencegah hilangnya dukungan yang dialami oleh semua partai lain yang menerapkan program bailout Troika sebelumnya. Pemerintahan Yunani akan berupaya menegosiasikan pengurangan besar dalam utang negara, untuk menghindari serangan siklus deflasi yang baru. Dan ia akan berusaha menjalankan sebuah agenda yang paralel dengan yang dipaksakan oleh Brussels, yaitu mengambil beberapa langkah redistributif yang dapat membatasi efek dari memorandum yang paling baru.

Mengingat apa yang terjadi pada 2015, terdapat landasan objektif untuk berpendapat bahwa ini adalah misi yang hampir-mustahil. Bagaimanapun juga, setelah pengalaman pemerintahan Tsipras, dan mengingat kemungkinan bahwa institusi UE akan menolak restrukturisasi utang apapun, menjadi jelas bahwa Kiri juga perlu mempersiapkan diri untuk kemungkinan keluar dari Zona Euro. Meskipun demikian, adalah keliru untuk menganggap hal ini sebagai obat dari semua masalah.

Selain Syriza, sebagian besar kekuatan utama dalam Partai Kiri Eropa memiliki pandangan yang sama bahwa adalah mungkin untuk memperbarui Uni Eropa dalam konfigurasi yang ada; ini berlaku bagi Die Linke di Jerman, Partai Komunis Perancis dan Izquierda Unida di Spanyol. Podemos juga masuk dalam blok ini, karena kepemimpinannya yakin bahwa jika pemerintahan Yunani disusul oleh yang lain yang siap untuk putus dari pemotongan belanja negara yang dipaksakan-Troika, akan terbuka ruang untuk menghancurkan apa yang saat ini tampak sangat tidak bisa diubah. Hasil pemilihan Portugal baru-baru ini ‒ yang telah menghasilkan aliansi yang selama ini sangat tidak mungkin[35]: sebuah pemerintahan minoritas yang dipimpin oleh seorang Sosialis Antonio Costa, dengan dukungan eksternal dari Blok Kiri dan Koalisi Demokratik Bersatu ‒ tampak memperkuat harapan seperti itu. Skenario serupa juga tidak dapat diabaikan di Spanyol, di mana pada saat ini negosiasi antara Partai Pekerja Sosialis Spanyol (PSOE) dan Podemos sedang berlangsung.

Dalam pandangan yang lain, ‘krisis Yunani’ ‒ pada kenyataannya, sebuah krisis demokrasi di zaman kapitalisme neoliberal ‒ tampak membuktikan bahwa model UE yang ada tidak dapat diperbarui: bukan karena hubungan kekuatan lebih tidak menguntungkan bagi Kiri anti-kapitalis akibat pembesaran di bagian timur, tetapi karena arsitektur umumnya. Parameter-parameter ekonomi yang diterapkan dengan kekakuan yang semakin tinggi sejak penandatanganan Perjanjian Maastricht niscaya telah mengurangi, atau dalam beberapa kasus, hampir membatalkan urgensi politik yang jauh lebih kompleks dan majemuk.

Selama 25 tahun terakhir, kebijakan neoliberal dengan jubah teknokratik dan non-ideologis yang menipu, sudah menang di seluruh Eropa, memberikan pukulan berat bagi model negara kesejahteraan. Negara-negara menemukan diri mereka secara perlahan dilucuti instrumen pengarah ekonomi dan politiknya yang penting, yang sangat dibutuhkan untuk meluncurkan program investasi publik yang dapat mengubah arah krisis. Dan di atas ini, praktik anti-demokrasi berupa pengambilan keputusan penting tanpa mengupayakan persetujuan rakyat sudah begitu melekat sehingga hal itu sekarang tampak sangat biasa.

Mereka yang menganggap tujuan mendemokratisasikan Zona Euro sebagai ilusif mungkin masih minoritas dalam Kiri radikal, tetapi barisan mereka membesar beberapa bulan belakangan ini. Di samping kekuatan yang secara tradisional Euro-skeptik seperti Partai Komunis Portugis, Partai Komunis Yunani atau Daftar Unitaris/Merah-Hijau di Denmark, sekarang terdapat Persatuan Rakyat (LE) yang menyempal dari Syriza. Lahir di Athena pada Agustus 2015, ia telah merekrut sejumlah besar mantan pemimpin dan anggota yang menentang keputusan Tsipras untuk menerima perintah Eurogroup. Tetapi meskipun ia menginginkan kembali ke drachma, ia masih berada di luar parlemen Yunani setelah pemilihan terakhir, mendapatkan hanya 2,8 persen suara rakyat.

Pada saat yang sama, berbagai intelektual dan pemimpin politik secara eksplisit telah mengambil posisi menentang euro. [36] Lafontaine, misalnya, telah mengusulkan untuk kembali (dengan bentuk yang fleksibel) ke Sistem Moneter Eropa (EMS): yaitu, kesepakatan yang berlaku sebelum euro diadopsi, yang menetapkan fluktuasi nilai-tukar yang terkontrol di antara berbagai mata uang nasional. Walau bagaimanapun, pencarian solusi yang segera untuk mengakhiri tahap pemotongan belanja negara, dengan latar belakang tekanan yang baru dan tidak dapat diterima seperti yang dilancarkan kepada Yunani, mesti mempertimbangkan semua implikasinya. Di tingkat simbolik, kembali ke sistem moneter yang lama mungkin terlihat sebagai langkah pertama untuk menghentikan seluruh proyek persatuan Eropa; dan secara politik, hal itu mungkin akan menjadi katalis yang berbahaya yang menguntungkan Kanan populis.

Selain kedua posisi yang terus terang mendukung dan menentang ‘demokratisasi euro,’ terdapat serangkaian opini yang cukup luas dan ragu-ragu memberikan jawaban yang jelas terhadap pertanyaan: ‘Apa yang harus dilakukan jika hal-hal yang terjadi di Yunani terulang di negara lain?’ Banyak yang khawatir bahwa partai-partai atau pemerintahan koalisi lain akan menjadi sasaran pemerasan yang sama seperti Syriza, tetapi ada juga ketakutan yang meluas bahwa jika ia memikirkan penarikan diri dari Zona Euro, Kiri anti-kapitalis akan mengasingkan sebagian besar penduduk yang khawatir terhadap kemungkinan inflasi dan akibatnya berupa instabilitas ekonomi serta kemerosotan upah dan pensiun mereka. Contoh tipikal dari ketidakpastian ini adalah posisi Blok Kiri di Portugal dan Partai Sosialis di Belanda yang berganti-ganti pada tahun-tahun belakangan ini.

Meskipun seruan Mélenchon baru-baru ini, ‘Sebuah Rencana B di Eropa,’ [37] penuh dengan kontradiksi dan kesamaran, ia telah memberikan rangsangan lebih lanjut untuk diskusi. Menandai campur tangan UE di Yunani sebagai sebuah ‘ coup d’État’ yang sungguhan, mereka mengusulkan sebuah konferensi internasional yang permanen untuk merancang cara bagaimana alternatif dari sistem moneter berbasis-euro bisa ada jika kebutuhannya muncul. [38] Jika di bulan-bulan mendatang, intelektual, partai politik dan kekuatan sosial lain bersatu atas dasar tujuan ini, di masa depan tuntutan untuk meninggalkan euro mungkin akan menjadi bendera dari tidak hanya Kanan populis.

Di sisi lain, konflik yang meledak dalam Syriza dapat direproduksi di tempat lain. Sudah ada tanda-tanda ini dalam ketegangan internal yang telah memmengaruhi Front de Gauche dan Die Linke. Dengan demikian, untuk Kiri radikal Eropa, resiko berupa periode baru pembelahan bisa mewujud secara kongkrit. Hal ini mengungkap batas-batas dari bentuk plural yang diadopsi kekuatan militan pada tahun-tahun belakangan ini, dengan segala kekurangan definisi programatiknya. Karena keragaman posisi politik dan budaya politik di antara berbagai organisasi yang menghidupkan konfigurasi yang baru mungkin sangat memerlukan kesepakatan tentang strategi yang akan dijalankan; hal itu akan sulit dicapai, tetapi tidak mustahil.

Ketegangan lain ada dalam Kiri radikal Eropa mengenai hubungan dengan kekuatan sosial-demokratik. Isu kuncinya, yang terus ada baik di tingkat kota maupun regional, adalah apakah merupakan ide yang baik untuk terlibat bersama-sama dengan mereka dalam pengalaman memerintah; bahaya yang jelas adalah pada akhirnya kita hanya akan memainkan peran subordinat, menerima seperti di masa lalu, kompromi-kompromi negatif yang degradatif dan memerosotkan capaian-capaian yang ada dalam dukungan rakyat, serta menyerahkan monopoli oposisi sosial kepada Kanan populis.

Namun demikian, pilihan memerintah harus dipertimbangkan hanya jika terdapat kondisi untuk menerapkan sebuah program ekonomi yang benar-benar memutuskan diri dari kebijakan pemotongan belanja negara pada dekade terakhir. Keputusan yang lain dari itu akan berarti belum menangkap berbagai pelajaran pada tahun-tahun yang lampau, ketika partisipasi dalam eksekutif moderat yang dipimpin-Sosialis menodai kredibilitas Kiri radikal di antara kelas pekerja, gerakan sosial, dan bagian terlemah dari masyarakat.

Menghadapi pengangguran yang di beberapa negara telah mencapai tingkat yang belum pernah terlihat sejak perang, sudah menjadi prioritas untuk meluncurkan sebuah rencana yang ambisius untuk buruh, yang didukung investasi publik dan memiliki pembangunan yang berkelanjutan sebagai prinsip panduannya. Hal ini harus berjalan bersama-sama dengan perubahan arah yang jelas terkait ketidakamanan pekerjaan yang telah menandai semua ‘pembaruan’ pasar-kerja yang terakhir; juga harus diperkenalkan legislasi untuk menetapkan batas ambang minimum di bawah mana upah tidak boleh dibiarkan jatuh. Langkah-langkah seperti itu akan memungkinkan anak muda untuk merencanakan kembali masa depan mereka. Juga harus ada pemotongan jam kerja dan penurunan umur pensiun, dengan demikian memulihkan beberapa elemen keadilan sosial untuk melawan pembagian kekayaan yang tidak setara, yang terus tumbuh di bawah rezim neoliberal.

Untuk menghadapi peningkatan pengangguran yang dramatis, partai-partai Kiri radikal harus memajukan langkah-langkah yang cenderung menetapkan pendapatan warga negara dan bentuk dukungan yang dasar bagi yang kurang mampu ‒ mulai dari hak atas perumahan melalui konsesi transportasi ke pendidikan gratis ‒ dengan suatu cara untuk memerangi kemiskinan dan eksklusi sosial yang semakin meluas.

Pada saat yang sama, adalah penting untuk membalik proses privatisasi yang telah menandai kontra-revolusi selama beberapa dekade belakangan ini. Semua barang bersama yang ditransformasikan dari pelayanan komunitas menjadi alat untuk menciptakan laba bagi segelintir harus dipulihkan ke kontrol dan kepemilikan publik. Usulan Jeremy Corbyn untuk menasionalisasi kembali kereta api Inggris, dan juga kebutuhan di mana-mana di Eropa untuk menginvestasikan sumber daya secara signifikan di sekolah dan universitas, mengindikasikan arah yang benar untuk diambil.

Terkait pembiayaan untuk pembaruan seperti itu, hal ini dapat berasal dari pajak atas kapital dan atas aktivitas non-produktif dari perusahaan-perusahaan besar, dan juga atas pendapatan dan transaksi keuangan. Jelas bahwa cara pertama yang diperlukan untuk tujuan ini adalah referendum untuk menghapuskan ‘paket fiskal’ dan membatalkan rantai yang dipaksakan oleh Troika. Juga sangat penting untuk memblokir persetujuan Kemitraan Investasi dan Perdagangan Transatlantik, yang jika diterapkan, hanya akan memperburuk situasi lebih lanjut. [39] Di tingkat benua, sebuah alternatif yang riil hanya bisa dibayangkan jika spektrum kekuatan sosial dan politik yang luas mampu berjuang untuk dan mencapai sebuah konferensi Eropa tentang restrukturisasi utang negara.

Ini hanya bisa terjadi jika Kiri radikal berkembang, dengan keteguhan dan konsistensi yang lebih besar, serta bermacam kampanye politik dan mobilisasi transnasional. Hal ini perlu dimulai dari penolakan terhadap perang dan xenofobia ‒ isu yang lebih menentukan lagi sejak penyerangan 13 November 2015 di Paris ‒ dan dukungan untuk perluasan kewarganegaraan serta hak sosial penuh bagi para migran yang datang ke tanah Eropa.

Tidak ada jalan pintas bagi sebuah politik alternatif. Karena tidak cukup untuk mempercayai para pemimpin alternatif; begitu pula, kelemahan partai-partai sekarang ini tidak membenarkan pembatalan mereka oleh institusi negara.[40] Adalah penting untuk membangun organisasi-organisasi baru ‒ Kiri memerlukan hal ini sebanyak yang mereka perlukan pada abad ke-20: organisasi yang memiliki kehadiran yang meluas di tempat kerja; organisasi yang berusaha keras menyatukan perjuangan kelas pekerja dan subaltern, di saat di mana hal ini belum pernah lebih terfragmentasi daripada sekarang; organisasi yang struktur lokalnya mampu memberikan jawaban segera (bahkan sebelum legislasi untuk perbaikan secara umum) terhadap masalah-masalah dramatis yang diakibatkan oleh kemiskinan dan eksklusi sosial. Begitu pula, akan membantu hal ini terjadi jika Kiri menggunakan lagi bentuk-bentuk perlawanan sosial dan solidaritas yang dipraktikkan oleh gerakan pekerja di masa sejarah yang lain.

Prioritas-prioritas baru juga perlu didefinisikan, terutama kesetaraan gender yang riil dan latihan politik yang saksama terhadap anggota-anggota yang lebih muda. Kunci untuk kerja seperti itu, di masa di mana demokrasi disandera oleh organisme teknokratik, adalah mendorong partisipasi lapisan bawah dan pengembangan perjuangan sosial.

Satu-satunya inisiatif Kiri radikal, yang memiliki aspirasi untuk mengubah arah peristiwa, hanya memiliki jalan tunggal di hadapan mereka: membangun sebuah blok sosial baru yang mampu merangsang oposisi massa terhadap kebijakan-kebijakan yang dimulai oleh Perjanjian Maastricht; dan dengan demikian, mengubah di akarnya pendekatan ekonomi yang saat ini dominan di Eropa.***

Diterjemahkan oleh M. Zaki Hussein.

References

1. Pada 1989, Partai Komunis Italia (PCI), Partai Komunis Spanyol (PCE), Kiri Yunani (EAR) dan Partai Rakyat Sosialis (SF) di Denmark membentuk Grup untuk Kiri Bersatu Eropa di Parlemen Eropa.
2. Dimulai pada 1989, Partai Komunis Perancis (PCF), Partai Komunis Portugis (PCP), Partai Komunis Yunani (KKE) dan Partai Buruh (WP) di Irlandia membentuk grup Persatuan Kiri di Parlemen Eropa.
3. Di antara mereka yang paling signifikan secara elektoral adalah Perjuangan Buruh (LO) di Perancis.
4. Pemerintahan yang dipimpin oleh Lionel Jospin di Perancis, yang mengurangi jam kerja seminggu menjadi tiga puluh lima jam, adalah pengecualian dari kecenderungan ini. Di Spanyol, pemerintahan Zapatero mengikuti kebijakan neoliberal yang sama seperti di negara-negara Eropa lain dan tersapu oleh efek dari krisis ekonomi. Namun demikian, ia mengadopsi sejumlah pembaruan penting terkait hak-hak sipil. Untuk analisis yang lengkap terhadap kecenderungan sosial-demokratik di Eropa, lihat Jean-Michel de Waele, Fabien Escalona, Mathieu Vieira (eds.), The Palgrave Handbook of Social Democracy in the European Union , Basingstoke: Palgrave Macmillan, 2013.
5. Lihat Anthony Blair dan Gerhard Schröder, Europe: The Third Way ‒ die Neue Mitte, London/Berlin, Partai Buruh/SPD, 1999.
6. Pada 18 Oktober 2015, surat kabar Mail on Sunday menerbitkan sebuah dokumen rahasia (‘Rahasia/Noforn) tertanggal 28 Maret 2002 (setahun sebelum perang Irak) yang membuktikan bahwa perdana menteri Inggris ‒ sementara mengumumkan keputusannya untuk mencari solusi diplomatik bagi krisis itu ‒ sudah menawarkan Bush dukungannya untuk meyakinkan opini publik dunia bahwa Saddam Hussein memiliki senjata pemusnah massal. Lihat http://www.dailymail.co.uk/news/article-3277402/Smoking-gun-emails-reveal-Blair-s-deal-blood-George-Bush-Iraq-war-forged-YEAR-invasion-started.html.
7. Partai ini hanya bergabung dengan Kiri Hijau Nordik, bukan dengan grup Kiri Bersatu Eropa/Kiri Hijau Nordik dalam parlemen Eropa.
8. Partai Kiri (‘Die Linke’) mengambil keputusan yang sama di Jerman, memasuki pemerintahan dengan kaum Sosial Demokrat di Negara Brandenburg (di mana sebagai akibatnya suaranya jatuh dari 27,2 persen pada 2009 menjadi 18,6 persen pada 2014) dan di Berlin (di mana suaranya turun setengah dari 22,6 persen pada 2001 menjadi 11,6 persen pada 2011). Di Belanda, Partai Sosialis ada dalam pemerintahan di enam dari dua belas provinsi di negeri itu, setelah bergabung dalam beberapa kasus dengan partai-partai kanan-tengah, sementara Partai Buruh (PvdA), yang merupakan afiliasi dari Sosialis Internasional, masih terus menjadi oposisi.
9. Di Denmark, Partai Rakyat Sosialis memperoleh 13 persen pada 2007, tetapi kemudian jatuh ke angka yang sekarang 4,2 persen setelah perubahan sikap politik yang moderat mendukung pemerintahan. Kejatuhan ini terjadi bersamaan waktunya dengan perpindahan partai itu dari grup Kiri Bersatu Eropa/Kiri Hijau Nordik dalam parlemen Eropa ke grup Partai Hijau Eropa ‒ sebuah langkah yang disetujui oleh kongres nasionalnya pada 2008.
10. Latvia mengadopsi Euro pada 1 Januari 2014.
11. Institut Statistik Nasional Portugis telah menghitung bahwa selama 2010-2014, setidaknya 200.000 orang berumur antara 20 dan 40 tahun meninggalkan negeri itu. Di Spanyol, Institut Statistik Nasional menghitung setidaknya 133.000 emigran muda baru selama tahun 2008-2013. Dan di Italia, setidaknya 136.000 anak muda pergi ke luar negeri antara tahun 2010 dan 2014. Pada kenyataannya, perkiraan-perkiraan ini berada jauh di bawah angka sebenarnya. Dalam kasus Yunani, tidak ada data resmi, karena badan statistik nasionalnya tidak mencatat emigrasi anak muda.
12. Pada 2006, investor dan tokoh terkemuka AS, Warren Buffet, menyartakan dengan fasih dalam sebuah wawancara: ‘Baiklah, ada perang kelas, tetapi itu adalah kelas saya, kelas kaya, yang sedang melancarkan perang, dan kami menang.’ Lihat Ben Stein, ‘In Class Warfare, Guess Which Class Is Winning,’ New York Times, 26 November 2006.
13. Mengenai hubungan antara kapitalisme dan demokrasi ‒ sebuah tema mengenai mana sejumlah besar literatur tumbuh subur beberapa tahun belakangan ini ‒ lihat Ellen Meiksins Wood, Democracy Against Capitalism, London: Cambridge University Press, 1995.
14. Disetujui hanya di Spanyol dan Luxemburg, ratifikasi perjanjian ini menemui kemacetan persis sebagai akibat dari penolakan ini di Perancis dan Belanda.
15. Di Yunani, referendum konsultatif yang diselenggarakan oleh pemerintahan Tsipras pada Juli 2015 juga menghasilkan suara ‘tidak’ dalam jumlah besar terhadap kebijakan-kebijakan Brussel yang terkait.
16. Sebagai perdana menteri Luxemburg, Juncker telah memungkinkan lebih dari 300 perusahaan multinasional mengambil keuntungan dari rezim pajak khusus di negerinya.
17. Namun, harus dicatat bahwa partisipasi dalam pemilu presiden yang lebih penting di Perancis jauh lebih tinggi, seperti yang ditunjukkan oleh 79,4 persen kedatangan pemilih pada 2012.
18. Di banyak negara Eropa Timur, angkanya sangat rendah: Slowakia 13 persen, Republik Ceko 18,2 persen, Slovenia 24,5 persen, Kroasia 25,2 persen, Hongaria 28,9 persen. Yang juga penting adalah 33,6 persen di Portugal dan 35,6 persen di Inggris. Lihat http://www.europarl.europa.eu/pdf/elections_results/review.pdf .
19. Setelah pemilihan kota pada Maret 2014.
20. ‘Prioritas untuk orang Perancis’ adalah sebuah slogan xenofobik lama dari Jean-Marie Le Pen: lihat karyanya Les Français d’abord, Paris: Carrère-Michel Lafon, 1984.
21. Sejak pemilihan 2012, Front Nasional telah menjadi bagian dari sebuah koalisi yang lebih luas, yang menamakan dirinya Barisan Biru Laut (Rassemblement Blu Marine – RBM).
22. Untuk kajian tentang kekuatan kanan-jauh di Eropa, lihat buku yang diedit oleh Andrea Mammone, Emmanuel Godin dan Brian Jenkins: Mapping the Extreme Right in Contemporary Europe, London: Routledge, 2012.
23. Ini benar bahkan ketika kita mempertimbangkan keterombangambingan posisi Izquierda Unida terhadap pemerintahan Spanyol selama 2004-2008.
24. Untuk daftar kekuatan yang bergabung dalam Partai Kiri Eropa, lihat http://www.european-left.org/about-el/member-parties .
25. Namun demikian, grup ini tidak mencakup formasi yang berpartisipasi dalam Partai Inisiatif Komunis dan Pekerja, sebuah aliansi yang diluncurkan pada 2013 yang terdiri dari—selain Partai Komunis Yunani (KKE), komponen utamanya—29 partai-partai Stalinis ortodoks yang kecil.
26. Kartel Oskar Lafontaine Buruh dan Keadilan Sosial ‒ Alternatif Elektoral (WASG) muncul pada 2005, dan pembentukan Parti de Gauche (PG) di Perancis di bawah kepemimpinan Jean-Luc Mélenchon diumumkan pada November 2008 (kongres pendiriannya diselenggarakan pada Februari 2009).
27. Pada pemilihan Juni 2015, sebelum spiral kekerasan dan pembunuhan yang dipicu oleh Presiden Recep Erdoğan, HDP memenangkan lebih banyak lagi suara (13,1 persen).
28. Untuk pemetaan Kiri Eropa, lihat Birgit Daiber, Cornelia Hildebrandt, Anna Strienthorst (ed.), From Revolution to Coalition: Radical Left Parties in Europe , Berlin: Rosa Luxemburg Foundation, 2012; dan lebih baru lagi, edisi khusus Socialism and Democracy (vol. 29/3, 2015) yang diedit oleh Babak Amini: The Radical Left in Europe.
29. Satu-satunya contoh lain hanya negara Siprus yang kecil, di mana Partai Rakyat Pekerja Progresif (AKEL) membentuk sebuah pemerintahan koalisi pada 2009.
30. Penting untuk dicatat bahwa semua data yang beredar tentang hasil pemilihan ‒ termasuk yang dikeluarkan oleh Uni Eropa ‒ merujuk ke persentase jumlah total perwakilan yang dipilih, bukan ke jumlah suara yang diberikan. Salah satu pengecualian yang patut dipuji dari praktek ini adalah Paolo Chiocchetti, ‘The Radical Left at the 2014 European Parliament election: A First Assessment,’ dalam sebuah publikasi online yang diedit oleh Cornelia Hildebrandt: Situation on the Left in Europe after the EU Elections: New Challenges , Berlin: Rosa Luxemburg, 2014.
31. Untuk ini, perlu ditambahkan dua lagi anggota parlemen Euro dari Partai Komunis Yunani, yang tidak termasuk dalam grup EUL/NGL.
32. Utusan di Parlemen Eropa dari grup EUL/NGL berasal dari hanya setengah dari 29 negara yang menjadi anggota Uni Eropa.
33. Slogan terkenal Margaret Thatcher: ‘Tidak ada alternatif’ terus mewujud, seperti momok, bahkan dengan jarak tiga puluh tahun.
34. Lihat kumpulan Preliminary Report, yang diedit oleh Komite Kebenaran Utang Negara, komisi ini didirikan pada 4 April 2015 atas inisiatif mantan presiden parlemen Yunani, Zoe Konstantopoulou:
http://cadtm.org/IMG/pdf/Report.pdf . Beberapa minggu yang lalu, pemerintahan Tsipras yang baru memutuskan untuk menghapus dokumen penting ini dari situs resmi parlemen Yunani.
35. Di Portugal tahun 1970an, setelah Revolusi Anyelir dan pendirian republik, kaum Sosialis tidak pernah bernegosiasi dengan kekuatan politik di sebelah kiri mereka.
36. Selain pengarang yang telah mengajukan pendapat ini di waktu-waktu tertentu ‒ lihat misalnya, Jacques Sapir, Faut-il sortir de l’Euro?, Paris: Le Seuil, 2012; dan Heiner Flassbeck serta Costas Lapavitsas, Against the Troika: Crisis and Austerity in the Eurozone, London: Verso, 2015 ‒ terdapat sejumlah intervensi ke arah ini. Dalam sebuah wawancara di mingguan Jerman yang terjenal, Der Spiegel, yang berjudul ‘Krise in Griechenland: Lafontaine fordert Ende des Euro’ (11 Juli 2015), Oskar Lafontaine tidak menghindar dari topik yang pelik ini dengan menyatakan ‘euro telah gagal’. Di Italia, sosiolog yang belum lama ini meninggal, Luciano Gallino, menerbitkan sebuah artikel yang menjelaskan kenapa Italia bisa dan harus meninggalkan euro: ‘Perché l’Italia può e deve uscire dall’euro’, La Repubblica, 22 September 2015. Dan di Portugal, Francisco Loucã yang berpengaruh ‒ yang selama 10 tahun merupakan pemimpin utama Blok Kiri ‒ sudah menerbitkan pandangan yang semakin kritis sebelum pecahnya krisis Yunani. Lihat bukunya bersama Joao Ferreira do Amaral: A Solução Novo Escudo, Alfragide: Lua de Papel, 2014; dan lebih belakangan ini artikelnya, ‘Sair ou não sair do euro’, Público, 27 Februari 2015.
37. Keempat penandatanganan yang lain adalah Oskar Lafontaine, mantan menteri keuangan Yunani Yanis Varoufakis, Zoe Konstantopoulou dan ekonom Italia Stefano Fassina.
38. Pertemuan pertama tentang topik itu diselenggarakan di Paris pada 23-24 Januari 2016, tetapi hal itu mengecewakan baik dalam hal partisipasi maupun kualitas perdebatannya.
39. Yang penting dalam hal ini adalah demonstrasi besar pada 10 Oktober 2015 di Berlin, yang memobilisasi 250.000 orang melawan persetujuan komersial ini.
40. Ketika Syriza naik ke kekuasaan pada Januari 2015, ia telah memperoleh 2.250.000 suara, tetapi keanggotaan totalnya tidak lebih dari 36.000. Sejak ia menjalankan tanggung jawab pemerintahan, keputusan yang secara demokratis diambil oleh partai Yunani itu berkali-kali dijungkirbalikkan atau diabaikan.