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El retorno al Marx político

El pasado 8-10 de mayo se ha celebrado en Pisa la conferencia internacional “Marx 201. Repensar la alternativa”, en la que han particupado un elenco impresionante de especialistas en la obra de Marx (incluso el Vicepresidente Linera), que han enfocado sus debates a la contribución política del autor de ‘El Capital’.

El organizador de la conferencia, nuestro colaborador Marcello Musto, explica el sentido de esta convocatoria.

El regreso a Marx, que se produjo después de la crisis económica de 2008, estuvo marcado por el redescubrimiento de sus críticas a la economía. Desde entonces, en numerosos periódicos, revistas, libros y volúmenes universitarios, se ha observado desde muchos sectores hasta qué punto el análisis de Marx seguía siendo indispensable para comprender las contradicciones del capitalismo y sus mecanismos destructivos.

En los últimos años, sin embargo, está surgiendo un nuevo fenómeno: la re-exploración del Marx político. La impresión, en la edición alemana MEGA², de manuscritos previamente desconocidos y la publicación de interpretaciones innovadoras de su trabajo han abierto nuevos horizontes de investigación. Los textos no publicados y los nuevos estudios teóricos resaltan, más claramente que en el pasado, hasta qué punto Marx fue un autor capaz de examinar las contradicciones de la sociedad capitalista a escala global y mucho más allá del conflicto entre capital y trabajo. No es arriesgado decir que, entre los grandes clásicos del pensamiento político, económico y filosófico, Marx es el que más ha cambiado su perfil a comienzos del siglo XXI.

Repensar la alternativa con Marx
Desmintiendo a quienes han asimilado la concepción marxiana de la sociedad comunista a un mero desarrollo de las fuerzas productivas, las investigaciones emprendidas han resaltado la importancia que Marx asignó a la cuestión ecológica. En repetidas ocasiones denunció que la expansión del modo de producción capitalista causaría no solo un aumento del robo del trabajo a los propios trabajadores, sino también de los recursos naturales. Marx también estaba interesado de manera amplia en las migraciones. Mostró cómo la migración forzada, generada por el capitalismo, constituía un elemento significativo de la explotación de la burguesía y que solo la solidaridad de clase entre los proletarios, independientemente de su origen, sin distinción entre mano de obra local e importada, era la clave para combatirlo

Marx trató ampliamente muchos otros temas, subestimados, cuando no ignorados, por muchos de sus estudiosos y que son de importancia crucial para la agenda política de nuestros días. Estos incluyen la libertad individual en la esfera económica y política, la emancipación de género, la crítica de los nacionalismos, las formas de propiedad colectiva no controladas por el estado.

Además, Marx llevó a cabo investigaciones exhaustivas sobre sociedades no europeas y se expresó de manera nítida contra el papel destructivo del colonialismo. Y está en un error quien escriba lo contrario. Marx criticó a los pensadores que, aunque culparon de las nefastas consecuencias que éste había generado, utilizaron las categorías interpretativas del contexto europeo en sus análisis de las periferias del mundo. Advirtió varias veces contra quienes homologaban fenómenos diferentes y mostró una gran desconfianza, especialmente después de los avances teóricos logrados en los años setenta, hacia la traducción de las mismas categorías interpretativas en contextos históricos y geográficos completamente diferentes. Todo esto ya ha sido constatado, a pesar del escepticismo que todavía está de moda en algunos círculos académicos.

Treinta años después de la caída del Muro de Berlín, hoy es posible leer un Marx muy diferente de aquel dogmático, economicista y eurocéntrico preconizado durante mucho tiempo. Ciertamente, en el impresionante legado de Marx es posible encontrar declaraciones en las que leemos que el desarrollo de las fuerzas productivas conduce a la disolución del modo de producción capitalista. Sin embargo, sería erróneo atribuirle la tesis de que el socialismo se realizaría como una forma de determinismo histórico. Para Marx, por el contrario, la posibilidad de transformación social dependía de la clase trabajadora y de su capacidad para determinar, a través de la lucha, los cambios sociales y el nacimiento de un sistema económico-político alternativo.

El comunismo como asociación libre
En señal de discontinuidad con la asimilación entre el comunismo y la «dictadura del proletariado», promocionada por muchos «socialismos reales», las reflexiones de Marx sobre la sociedad comunista también deberían volver a ser investigadas. Este tipo de sociedad fue definida por él como «una asociación de seres humanos libres». Si el comunismo aspira a ser una forma superior de organización social, debe posibilitar las condiciones para el «desarrollo pleno y libre de cada individuo».

En El capital, Marx desveló la mentira de la ideología burguesa. El capitalismo no es la organización social en la que los seres humanos, protegidos por normas jurídicas imparciales, capaces de garantizarles justicia y equidad, disfrutan de la verdadera libertad y viven en una democracia completa. En realidad, se degradan a simples objetos, cuya función principal es producir bienes y beneficio para otros.

Para revertir este estado de cosas no basta con cambiar la redistribución de los bienes de consumo. Es necesario cambiar las estructuras productivas de la sociedad desde la raíz: «los productores solo pueden ser libres cuando tienen los medios de producción». Por lo tanto, según Marx, el objetivo de la lucha proletaria debe ser devolver estos a la comunidad. Esto permitiría, también gracias al potencial emancipador de la tecnología, la realización de un propósito fundamental del comunismo: la reducción de los tiempos de trabajo y el consiguiente aumento de todo tipo de capacidades, así como de los dones creativos y del disfrute de los individuos. El modelo socialista al que miraba Marx no era un estado de miseria generalizada, sino el logro de una mayor riqueza colectiva y la satisfacción de las necesidades.

Marx también observó que, en el modo de producción comunista, «la propiedad privada de la tierra por parte de individuos particulares habría sido tan absurda como la de un ser humano por otro». Expresó su crítica más radical a la idea de posesión destructiva inherente al capitalismo, recordando que la sociedad no es propietaria del medio ambiente. La propuesta consistía en que tiene «el deber de transmitir el mundo en mejores condiciones a las generaciones posteriores».

Hoy, la izquierda no podría, por supuesto, redefinir su política de acuerdo con lo que Marx escribió hace más de un siglo. Sin embargo, no debe cometer el error de olvidar la claridad de sus análisis y dejar de usar las armas críticas que nos ofrecen para repensar, de manera renovada, cómo construir una sociedad alternativa al capitalismo.

Marcello Musto es profesor asociado de Teoría Sociológica de la Universidad de York, Canadá. Autor y editor de varios libros sobre Marx, entre ellos hay: Los Grundrisse de Karl Marx. Fundamentos de la crítica de la economía política 150 años después (Fondo de Cultura Economica, 2018) y Another Marx: Early Manuscripts to the International (Bloomsbury, 2018).

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Return of Alternatives

The return to Marx following the economic crisis of 2008 has been distinct from the renewed interest in his critique of economics.

Many authors, in a whole series of newspapers, journals, books and academic volumes, have observed how indispensable Marx’s analysis has proved to be for an understanding of the contradictions and destructive mechanisms of capitalism. In the last few years, however, there has also been a reconsideration of Marx as a political figure and theorist.

The publication of previously unknown manuscripts in the German MEGA2 edition, along with innovative interpretations of his work, have opened up new research horizons and demonstrated more clearly than in the past his capacity to examine the contradictions of capitalist society on a global scale and in spheres beyond the conflict between capital and labour. It is no exaggeration to say that, of the great classics of political, economic and philosophical thought, Marx is the one whose profile has changed the most in the opening decades of the twenty-first century.

Rethinking the alternative with Marx
Recent research has refuted the various approaches that reduce Marx’s conception of communist society to superior development of the productive forces. In particular, it has shown the importance he attached to the ecological question: on repeated occasions, he denounced the fact that expansion of the capitalist mode of production increases not only the theft of workers’ labour but also the pillage of natural resources. Another question in which Marx took a close interest was migration. He showed that the forced movement of labour generated by capitalism was a major component of bourgeois exploitation and that the key to fighting this was class solidarity among workers, regardless of their origins or any distinction between local and imported labour.

Marx went deeply into many other issues which, though often underestimated, or even ignored, by students of his work, are acquiring crucial importance for the political agenda of our times. Among these are individual freedom in the economic and political sphere, gender emancipation, the critique of nationalism, and forms of collective ownership not controlled by the state.

Furthermore, Marx undertook thorough investigations of societies outside Europe and expressed himself unambiguously against the ravages of colonialism. It is a mistake to suggest otherwise. Marx criticized thinkers who, while highlighting the destructive consequences of colonialism, used categories peculiar to the European context in their analysis of peripheral areas of the globe. He warned a number of times against those who failed to observe the necessary distinctions between phenomena, and especially after his theoretical advances in the 1870s he was highly wary of transferring interpretive categories across completely different historical or geographical fields. All this is now clear, despite the scepticism still fashionable in certain academic quarters.

Thus, thirty years after the fall of the Berlin wall, it has become possible to read a Marx very unlike the dogmatic, economistic and Eurocentric theorist who was paraded around for so long. Of course, one can find in Marx’s massive literary bequest a number of statements suggesting that the development of the productive forces is leading to dissolution of the capitalist mode of production. But it would be wrong to attribute to him any idea that the advent of socialism is a historical inevitability. Indeed, for Marx the possibility of transforming society depended on the working class and its capacity, through struggle, to bring about social upheavals that led to the birth of an alternative economic and political system.

Communism as free association
In contrast to the equation of communism with “dictatorship of the proletariat”, which many of the “real world socialisms” espoused in their propaganda, it is necessary to look again at Marx’s reflections on communist society. He once defined it as “an association of free human beings”. If communism aims to be a higher form of society, it must promote the conditions for “the full and free development of each individual”.
In Capital, Marx revealed the mendacious character of bourgeois ideology. Capitalism is not an organization of society in which human beings, protected by impartial legal norms capable of guaranteeing justice and equity, enjoy true freedom and live in accomplished democracy. In reality, they are degraded into mere objects, whose primary function is to produce commodities and profit for others.

To overturn this state of affairs, it is not enough to modify the distribution of consumption goods. What is needed is radical change at the level of the productive assets of society: “the producers can be free only when they are in possession of the means of production”.  Therefore, according to Marx, the objective of the workers’ struggle should be to restore those assets to the community. Thanks to the emancipatory potential of technology, this would make it possible to achieve a basic aim of communism: the reduction of necessary labour time and a resulting increase in the capacities, creative talents and pleasurable activities of individuals. The socialist model that Marx had in mind did not allow for a state of general poverty but looked to the achievement of greater collective wealth and greater satisfaction of needs.

Marx also remarked that, in the communist mode of production, “private ownership of the planet by individuals will appear as absurd as the ownership of one human being by another”. He directed his most radical criticism against the kind of destructive possession inherent in capitalism, pointing out that society does not own the environment but has “a duty to pass on the world in better conditions to future generations”.

Today, of course, the Left cannot simply redefine its politics around what Marx wrote more than a century ago. But nor should it commit the error of forgetting the clarity of his analyses or fail to use the critical weapons he offered for fresh thinking about an alternative society to capitalism.

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Il Messaggero

A 200 anni dalla nascita di Karl Marx, il 5 maggio 1818, torna alla ribalta l’attualità del suo pensiero, che guardava proprio al futuro, e ci si interroga sul valore e sul destino dei suoi testi, a partire dal Manifesto scritto con Engels che si conclude con l’appello: «Proletari di tutti i Paesi, unitevi!».

Tra i tanti libri usciti, o che stanno arrivando in libreria, per l’anniversario è proprio la nuova e ricca edizione de ‘Il
Manifesto Comunistà, pubblicato da Ponte alle Grazie, a porre interrogativi su che cosa è in grado di dirci oggi questo testo che viene anche criticato e rivalutato come «strumento politico futuro». E colpisce per l’originalità il libro di Marcello Musto su “L’ultimo Marx” proposto da Donzelli che dello studioso italiano – a cui è stato affidato in Canada il centro di Studi marxiani, considerato un’autorità mondiale in questo campo – pubblicherà, a fine estate 2018, l’antologia “Karl Marx, scritti sull’alienazione”. E sempre a cura di Musto arriverà in libreria in autunno per Einaudi una monografia su Marx che l’autore considera molto più attuale di quanto si voglia pensare e credere.

A cura del gruppo di ricercatori e militanti italiani C17, con una nuova traduzione, saggi e contributi di alcuni fra i più conosciuti pensatori di ispirazione marxista, femminista e postcoloniale tra i quali Toni Negri, Etienne Balibar, Slavoj Zizek e Veronica Gago, “Il Manifesto Comunista” viene proposto qui, e forse per la prima volta in Italia, con il titolo dell’edizione del 1872, mentre quando uscì, a Londra nel 1848, si chiamava “Il Manifesto del Partito Comunista” che Laterza ripropone in edizione economica.

«Abbiamo fatto una lettura collettiva del Manifesto da settembre a gennaio scorso» spiega l’editor Vincenzo Ostuni. La sua attualità sta innanzitutto, aggiunge, «in quel bisogno di giustizia sociale ed eguaglianza, non nel senso di andare tutti in giro con la Trabant, ma di avere tutti uguale opportunità di sviluppare i propri talenti. È la spinta fondamentale che rende il manifesto così potente, universale. Come spiega il rapporto Oxfam la ricchezza in dollari accumulata dai miliardari in dodici mesi è 7 volte superiore alle risorse che servirebbero
per far uscire dallo stato di povertà estrema milioni di persone». Gli squilibri che abbiamo raggiunto «sono mostruosi: oggi in Italia un bambino su dieci è sotto la soglia di povertà assoluta» dice Ostuni. «Dal ’91 in poi nelle democrazie occidentali, chi più chi meno, sono state smantellate le conquiste – reddito, sanità, pensioni – del capitale fatte durante il trentennio glorioso dal 1945 al 1975».

“L’ultimo Marx” di Musto racconta invece una zona poco esplorata della biografia dell’autore de “Il Capitale”, uscito 150 anni fa. Ci porta nel periodo dal 1881 al 1883, quando Marx era molto malato, aveva gravi problemi respiratori, sua moglie era morta, e i medici gli consigliarono di andare al Sud: prima in Costa Azzurra, dove invece il caldo peggiorò le sue condizioni e poi in Algeria, ma nonostante l’indebolimento
fisico continuò a scrivere sui suoi taccuini. «Lo sbocco africano – spiega l’editore Carmine Donzelli – lo porta a fare riflessioni sulle disuguaglianze territoriali che sono interessanti e innovative rispetto alla sua precedente
elaborazione teorica». Nell’antologia di scritti sull’alienazione, di prossima uscita, Musto ripercorre invece il
nucleo teorico essenziale, dal giovane al vecchio Marx, su questo tema. «In Italia abbiamo una più flebile percezione dell’importanza del pensiero di Marx di quanto non avvenga nel mondo anglosassone che gli dedica più studi. C’è bisogno ancora di Marx che non è una sorta di aggeggio da mettere in bacheca, è
un contributo vivo» dice Donzelli.

E c’è anche il romanzo umoristico di Marx “Scorpione e felice” (Elliot) e, in arrivo a fine maggio, «E Marx tacque nel giardino di Darwin’ (Neri Pozza) con cui esordisce nella narrativa Ilona Jerger, ex editor in chef del magazine tedesco Nature. «Dopo aver trovato una notizia sul fatto che Marx aveva spedito una copia con dedica de ‘Il Capitalè a Darwin, ha immaginato un incontro tra i due grandi pensatori dell’Ottocento» spiega la editor di Neri Pozza, Sabine Schultz.

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Marx 201. El retorno al Marx político

El pasado 8-10 de mayo se ha celebrado en Pisa la conferencia internacional “Marx 201. Repensar la alternativa”, en la que han particupado un elenco impresionante de especialistas en la obra de Marx, que han enfocado sus debates a la contribución política del autor de El Capital.

Uno de los organizadores de la conferencia, nuestro amigo y colaborador Marcello Musto explica el sentido de esta convocatoria. SP

El regreso a Marx, que se produjo después de la crisis económica de 2008, estuvo marcado por el redescubrimiento de sus críticas a la economía. Desde entonces, en numerosos periódicos, revistas, libros y volúmenes universitarios, se ha observado desde muchos sectores hasta qué punto el análisis de Marx seguía siendo indispensable para comprender las contradicciones del capitalismo y sus mecanismos destructivos.

En los últimos años, sin embargo, está surgiendo un nuevo fenómeno: la re-exploración del Marx político. La impresión, en la edición alemana MEGA², de manuscritos previamente desconocidos y la publicación de interpretaciones innovadoras de su trabajo han abierto nuevos horizontes de investigación. Los textos no publicados y los nuevos estudios teóricos resaltan, más claramente que en el pasado, hasta qué punto Marx fue un autor capaz de examinar las contradicciones de la sociedad capitalista a escala global y mucho más allá del conflicto entre capital y trabajo. No es arriesgado decir que, entre los grandes clásicos del pensamiento político, económico y filosófico, Marx es el que más ha cambiado su perfil a comienzos del siglo XXI.

Repensar la alternativa con Marx
Desmintiendo a quienes han asimilado la concepción marxiana de la sociedad comunista a un mero desarrollo de las fuerzas productivas, las investigaciones emprendidas han resaltado la importancia que Marx asignó a la cuestión ecológica. En repetidas ocasiones denunció que la expansión del modo de producción capitalista causaría no solo un aumento del robo del trabajo a los propios trabajadores, sino también de los recursos naturales. Marx también estaba interesado de manera amplia en las migraciones. Mostró cómo la migración forzada, generada por el capitalismo, constituía un elemento significativo de la explotación de la burguesía y que solo la solidaridad de clase entre los proletarios, independientemente de su origen, sin distinción entre mano de obra local e importada, era la clave para combatirlo

Marx trató ampliamente muchos otros temas, subestimados, cuando no ignorados, por muchos de sus estudiosos y que son de importancia crucial para la agenda política de nuestros días. Estos incluyen la libertad individual en la esfera económica y política, la emancipación de género, la crítica de los nacionalismos, las formas de propiedad colectiva no controladas por el estado.

Además, Marx llevó a cabo investigaciones exhaustivas sobre sociedades no europeas y se expresó de manera nítida contra el papel destructivo del colonialismo. Y está en un error quien escriba lo contrario. Marx criticó a los pensadores que, aunque culparon de las nefastas consecuencias que éste había generado, utilizaron las categorías interpretativas del contexto europeo en sus análisis de las periferias del mundo. Advirtió varias veces contra quienes homologaban fenómenos diferentes y mostró una gran desconfianza, especialmente después de los avances teóricos logrados en los años setenta, hacia la traducción de las mismas categorías interpretativas en contextos históricos y geográficos completamente diferentes. Todo esto ya ha sido constatado, a pesar del escepticismo que todavía está de moda en algunos círculos académicos.

Treinta años después de la caída del Muro de Berlín, hoy es posible leer un Marx muy diferente de aquel dogmático, economicista y eurocéntrico preconizado durante mucho tiempo. Ciertamente, en el impresionante legado de Marx es posible encontrar declaraciones en las que leemos que el desarrollo de las fuerzas productivas conduce a la disolución del modo de producción capitalista. Sin embargo, sería erróneo atribuirle la tesis de que el socialismo se realizaría como una forma de determinismo histórico. Para Marx, por el contrario, la posibilidad de transformación social dependía de la clase trabajadora y de su capacidad para determinar, a través de la lucha, los cambios sociales y el nacimiento de un sistema económico-político alternativo.

El comunismo como asociación libre
En señal de discontinuidad con la asimilación entre el comunismo y la «dictadura del proletariado», promocionada por muchos «socialismos reales», las reflexiones de Marx sobre la sociedad comunista también deberían volver a ser investigadas. Este tipo de sociedad fue definida por él como «una asociación de seres humanos libres». Si el comunismo aspira a ser una forma superior de organización social, debe posibilitar las condiciones para el «desarrollo pleno y libre de cada individuo».

En El capital, Marx desveló la mentira de la ideología burguesa. El capitalismo no es la organización social en la que los seres humanos, protegidos por normas jurídicas imparciales, capaces de garantizarles justicia y equidad, disfrutan de la verdadera libertad y viven en una democracia completa. En realidad, se degradan a simples objetos, cuya función principal es producir bienes y beneficio para otros.

Para revertir este estado de cosas no basta con cambiar la redistribución de los bienes de consumo. Es necesario cambiar las estructuras productivas de la sociedad desde la raíz: «los productores solo pueden ser libres cuando tienen los medios de producción». Por lo tanto, según Marx, el objetivo de la lucha proletaria debe ser devolver estos a la comunidad. Esto permitiría, también gracias al potencial emancipador de la tecnología, la realización de un propósito fundamental del comunismo: la reducción de los tiempos de trabajo y el consiguiente aumento de todo tipo de capacidades, así como de los dones creativos y del disfrute de los individuos. El modelo socialista al que miraba Marx no era un estado de miseria generalizada, sino el logro de una mayor riqueza colectiva y la satisfacción de las necesidades.

Marx también observó que, en el modo de producción comunista, «la propiedad privada de la tierra por parte de individuos particulares habría sido tan absurda como la de un ser humano por otro». Expresó su crítica más radical a la idea de posesión destructiva inherente al capitalismo, recordando que la sociedad no es propietaria del medio ambiente. La propuesta consistía en que tiene «el deber de transmitir el mundo en mejores condiciones a las generaciones posteriores».

Hoy, la izquierda no podría, por supuesto, redefinir su política de acuerdo con lo que Marx escribió hace más de un siglo. Sin embargo, no debe cometer el error de olvidar la claridad de sus análisis y dejar de usar las armas críticas que nos ofrecen para repensar, de manera renovada, cómo construir una sociedad alternativa al capitalismo.

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Past talks

Marx 201: ripensare l’alternativa

Marx 201. Ripensare l’alternativa Conferenza Internazionale

Da ormai oltre un decennio, numerosi articoli in prestigiosi quotidiani e riviste hanno descritto Marx come un pensatore preveggente e la cui attualità continua a ricevere costante conferma. Pressoché ovunque, sono riapparsi corsi universitari e conferenze internazionali a lui dedicati. I suoi testi, ristampati o pubblicati in nuove edizioni, sono rispuntati sugli scaffali delle librerie e la ricerca sulla sua opera, abbandonata per un lungo ventennio, è ripresa in modo considerevole. Il Marx Revival è andato intensificandosi ulteriormente nel 2018, attraverso le tante iniziative organizzate nel mondo in occasione dei 200 anni della sua nascita.

Determinante, al fine di una reinterpretazione complessiva dell’opera di Marx, è stata la pubblicazione, ricominciata nel 1998, della Marx-Engels Gesamtausgabe (MEGA²), l’edizione storico critica delle opere complete di Marx ed Engels, presso la quale sono stati dati alle stampe oltre venticinque nuovi volumi e molti inediti.

A offrire innovative interpretazioni dell’opera di Marx hanno contribuito anche libri di recente pubblicazione. Queste ricerche hanno fatto emergere un autore capace di esaminare le contraddizioni della società capitalista ben oltre il conflitto tra capitale e lavoro. Marx scrisse diffusamente delle società extra-europee e, smentendo quanti hanno assimilato la sua concezione del comunismo al mero sviluppo delle forze produttive, assegnò rilevanza alla questione ecologica. Inoltre, si occupò approfonditamente di molteplici tematiche che sono state spesso sottovalutate, quando non ignorate, da molti dei suoi studiosi. Tra queste figurano la ricerca di forme di proprietà collettive non controllate dallo Stato, la centralità della libertà individuale nella sfera economica e politica, l’analisi dei processi migratori, l’emancipazione di genere, le potenzialità emancipatrici della tecnologia e la critica dei nazionalismi: tutte questioni fondamentali anche per i nostri giorni.

Se riesaminate alla luce dei cambiamenti avvenuti negli ultimi 150 anni, le idee di Marx si rivelano ancora imprescindibili per comprendere la società capitalista. Trenta prestigiosi studiosi, provenienti da 14 paesi, e rilevanti esponenti politici e sindacali, discuteranno soprattutto del pensiero politico di Marx.

Guardando oltre le rituali celebrazioni del bicentenario marxiano, la conferenza Marx 201. Ripensare l’alternativa, si propone di discutere, nelle nove sessioni plenarie in cui si articolerà, in modo critico e innovativo i temi classici della riflessione marxiana (Capitalismo, Democrazia, Lavoro, Comunismo) e di sviluppare un’analisi approfondita di alcune tematiche raramente accostate al pensiero di Marx (Nazionalismo, Migrazione, Ecologia, Religione, Genere).

I partecipanti avranno l’occasione di scorgere in Marx un autore molto diverso dalla vulgata che lo ha descritto come dogmatico, economicista ed eurocentrico. Al contrario, egli è ancora indispensabile per ripensare un modello economico-sociale alternativo al capitalismo.

L’INGRESSO ALLA CONFERENZA È LIBERO
SENZA OBBLIGO DI REGISTRAZIONE

 

 

Programma dei lavori

Mercoledì, 8 maggio

Introduzione ai lavori,

16:30 – 17:15

Polo didattico Carmignani, aula magna

 

Piazza dei Cavalieri, 8

Paolo Mancarella

(Rettore Università di Pisa, Italia)

Enrico Rossi

(Presidente Regione Toscana, Italia)

Sessione 1, 17:00 – 20:30

Polo didattico Carmignani, aula magna

 

Piazza dei Cavalieri, 8

Capitalismo

Silvia Federici

(Hofstra University, USA),

Genere, “razza” e accumulazione originaria nell’opera di Marx. Una prospettiva femminista

Bob Jessop

(Lancaster University, UK),

Capital as a Social Relation: Form Analysis and Class Struggle

Alfonso Maurizio Iacono

(Università di Pisa, Italia),

La merce entra in scena nel teatro del postmoderno

Maurizio Landini

(Segretario Generale CGIL, Italia),

Il lavoro nel capitalismo globalizzato. Per una nuova internazionale

Giovedì, 9 maggio

Sessione 2, 10:00 – 12:30

Palazzo Matteucci, aula magna

 

Piazza Torricelli, 2

Nazionalismo

George Comninel

(York University, Canada),

Nationalism and Nation States: Challenges for Revolutionary Politics

Alberto Burgio

(Università di Bologna, Italia),

“Gli operai non hanno patria”. Nazionalismi e internazionalismo tra XX e XXI secolo

Gáspár Tamás

(Central European University, Hungary),

Nationalism in

The Eighteenth Brumaire of Louis Napoleon

: The First Sightings of the Counter-Attack against Socialism

Sessione 3, 14:30 – 16:30

Polo didattico Carmignani, aula magna

 

Piazza dei Cavalieri, 8

Democrazia

Mauro Buccheri

(York University, Canada),

“Da molto tempo il mondo ha il sogno di una cosa”: Marx e la città futura

Terrell Carver

(University of Bristol, UK),

Vive la République!

Theorising the Democracy/Dictatorship “Knife Edge” with Marx

Michael Brie

(Rosa Luxemburg Stiftung, Deutschland),

Uniting Socialism and Democracy: An Unsolvable Task

Sessione 4, 16:30 – 18:30

Polo didattico Carmignani, aula magna

 

Piazza dei Cavalieri, 8

Migrazione

David Smith

(University of Kansas, USA),

Accumulation by Forced Migration: Insights from Capital and Marx’s Late Manuscripts

Pietro Basso

(Università Ca’ Foscari Venezia, Italia),

Marx sull’esercito industriale di riserva e le migrazioni: vietato abusarne!

Ranabir Samaddar

(Calcutta Research Group, India),

Globalisation and Migrant Labour: Then and Now

Sessione 5

,

18:45 – 20:30

Polo didattico Carmignani, aula magna

 

Piazza dei Cavalieri, 8

Lavoro

Luciana Castellina

(Il manifesto, Italia),

La trasformazione della classe lavoratrice: il becchino frantumato

Sarah Raymundo

(University of the Philippines Diliman, Philippines),

Southern Dispatch: Primary Accumulation and Modalities of Labour

Ricardo Antunes

(Universidade Estadual de Campinas, Brasil),

Marx, il nuovo proletariato digitale e il valore

Venerdì, 10 maggio

Sessione 6

,

10:00 – 12:30

Palazzo Matteucci, aula magna

 

Piazza Torricelli, 2

Ecologia

Razmig Keucheyan

(Université de Bordeaux, France),

Finding a Way Out of the Anthropocene: The Theory of “Radical Needs” and the Ecological Transition

Kohei Saito

(Osaka City University, Japan),

Climate Justice and Class Struggle: Ecosocialism beyond Metabolic Rifts and the Imperial Mode of Living

Gregory Claeys

(Royal Holloway University of London, UK),

Marx and Environmental Catastrophe

Sessione 7, 14:30 – 16:00

 

Polo didattico Carmignani, aula magna

 

Piazza dei Cavalieri, 8

Religione

Stefano Petrucciani

(Università di Roma La Sapienza, Italia),

Aspetti del feticismo in Marx

Michael Löwy

(Centre National de la Recherche Scientifique, France),

“Opium of the People”? From Marx to Liberation Theology

Sessione 8, 16:00 – 18:00

Polo didattico Carmignani, aula magna

 

Piazza dei Cavalieri, 8

Genere

Himani Bannerji

(York University, Canada),

The Factory and the Family as Spaces of Capital

Elvira Concheiro

(Universidad Nacional Autónoma de México, México),

Marx y el feminismo: reencuentros posibles

Sessione 9, 18:15 – 20:30

Polo didattico Carmignani, aula magna

 

Piazza dei Cavalieri, 8

Comunismo

Marcello Musto

(York University, Canada),

Comunismo come libera associazione. Ripensare l’alternativa con Marx

Álvaro García Linera

(Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia)

Marx en América Latina. Nuevos caminos al comunismo

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Laura Montanari, La Repubblica

“Come è attuale il Marx politico”

1)  Come si rilegge e cosa si rilegge del pensiero di Marx nel 2019?

Marx non va riletto né con l’economicismo dogmatico di molti marxismi novecenteschi, né come fanno i liberali, i quali si sforzano di raffigurarlo come un classico che non avrebbe nulla da offrire al presente. Andrebbe riletto alla Marx, ovvero criticamente.
Negli ultimi anni sta emergendo una nuova – e per molti versi sorprendente – esplorazione del Marx politico. Si rileggono le sue riflessioni su tematiche, a torto, raramente accostate al suo pensiero che rivestono cruciale importanza nell’agenda politica contemporanea. Tra queste vi sono ecologia, migrazione e nazionalismo.

2)  La nuova classe operaia oggi è il fattorino di Amazon o il rider di Deliveroo. Cosa ha in comune e in cosa si differenza dall’operaio che aveva come riferimento Karl Marx?
La fabbrica fordista associata al proletariato delle grandi fabbriche, che militava nei partiti della sinistra, si è diffusa dopo la scomparsa di Marx. Le difficoltà che egli incontrò nell’organizzare i lavoratori precari e non qualificati, al tempo della Prima Internazionale, nel 1864, sono molto più contigue di quanto in genere si ritiene a quelle delle organizzazioni politiche e sindacali contemporanee. Ovviamente, quella dei nostri giorni è una società molto complessa ed è necessaria una nuova riflessione su cosa sia il proletariato oggi. Quella prodotta da Marx nell’Ottocento non è più sufficiente.

3)  Quale è a suo avviso la radice dell’avanzata delle destre in diversi paesi dell’Europa?
Esistono delle motivazioni economiche dovute alla disoccupazione, alle privatizzazioni e allo smantellamento del welfare state che hanno contraddistinto il decennio di crisi sociale cominciato nel 2008. Poi vi sono le enormi responsabilità politiche delle forze progressiste che hanno abdicato al loro ruolo, rinunciando alla costruzione di alternative, nel mutato contesto della globalizzazione capitalista. Dagli anni Novanta, esse si sono limitate a proporre blandi palliativi al neoliberismo, con il quale sono state, poi, di fatto identificate. Nell’Europa dell’Est va aggiunto il rifiuto verso il socialismo, dovuto al ricordo dei regimi oppressivi sorti proprio in nome di Marx.

4)  Se Marx fosse vissuto oggi sarebbe stato favorevole alla Brexit?
Cerco sempre di evitare di dire cosa “avrebbe detto o scritto Marx”. Più che concentrarsi sugli esiti dei referendum, forse egli avrebbe criticato i processi di fondo che li precedono. Marx avrebbe attaccato ferocemente la natura anti-sociale dell’Unione Europea, la minaccia del debito pubblico sui suoi Stati membri e le politiche di austerità. Si sarebbe scagliato contro l’idea – oggi divenuta dogma – che l’economia è un ambito separato e immodificabile e avrebbe svelato il volto di un capitalismo in grave crisi di consenso e, al fine, incompatibile con la democrazia.

5)  In un lavoro che è scarso e parcellizzato, si può ancora immaginare un fronte comune per la “classe operaia”?
La solidarietà di classe è tanto più indispensabile in un contesto come quello presente. Fu Marx stesso a mettere in risalto quanto la contrapposizione tra i proletari autoctoni e quelli stranieri – oltretutto discriminati – fosse un elemento essenziale del dominio economico e politico delle classi dominanti. Vanno di certo reinventate nuove modalità di conflitto e di organizzazione politica e sindacale, ma senza un fronte comune degli sfruttati si profila un orizzonte di guerra tra poveri e competizione sfrenata tra gli individui.

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Reviews

Alfonso M. Iacono, Il Tirreno

Studiare ancora Marx

Frammentazione delle aziende, microfisica del loro potere dispotico, ideologia dell’individuo imprenditore di se stesso, applicazione del modello aziendale nelle scuole, nelle università, nei sistemi sanitari e nelle istituzioni, smantellamento dello stato sociale, imposizione della precarietà nel lavoro a cui si accompagna il senso estetico di una vita che vuole fermare il tempo in quanto non ha futuro né passato, illudendosi che il presente si identifichi con l’eternità, tutto questo è stato chiamato da Mark Fisher (che lo aveva mutuato a sua volta da altri), in ironica opposizione al realismo socialista, il realismo capitalista.
La caduta del muro di Berlino e la fine dei paesi, appunto, a cosiddetto socialismo reale sono stati una liberazione anche per gli studi su Marx. L’anno 2008, l’anno della grande crisi economica, è stato anche la verità del realismo capitalista e ha significato la necessità di ritornare alle analisi che Marx aveva dato del capitalismo e delle sue contraddizioni. Nel 2017 in tutto il mondo si sono celebrati i 150 anni dell’uscita del capolavoro marxiano con convegni, nuovi studi e nuove ricerche e l’anno scorso per i 200 anni della sua nascita è stato altrettanto. Il capitalismo è mutato almeno a partire dagli anni ’80 del secolo scorso, ma rafforzando e portando alle estreme conseguenze le sue stesse premesse. Per questo l’analisi di Marx resta importante e ancora di più se si vuol cercare di ripensare un’alternativa al neoliberismo imperante e inquietante. Inoltre, la pubblicazione di inediti e manoscritti non ancora ben conosciuti, ci permette di cogliere in Marx e nelle sue opere un pensatore, per così dire, del non finito. Egli ha scritto assai di più di quanto ha pubblicato, perché teso a cogliere in modo forse ossessivo il rapporto tra la teoria e gli eventi storici, senza mai natulmente abbandonare la teoria, ma mettendola in confronto critico costante con ciò che accadeva nel mondo e con la riflessione sui modi di una possibile alternativa al sistema che però fosse assai ben radicata nelle condizioni che la storia offriva. In un bel libro uscito l’anno scorso, Marcello Musto ricostruisce la biografia dell’ultimo Marx (Karl Marx. Biografia intellettuale e politica. 1857-1883, Einaudi, Torino 2018, pp. 329), cioè dal periodo in cui appronta i suoi studi per la pubblicazione de Il capitale fino alla morte, e lo fa, mescolando intelligentemente aspetti della vita personale di Marx con aspetti della sua ricerca anche alla luce di manoscritti spesso, come si è detto, non molto visitati dagli studiosi. Fa notare l’interesse per le società extraeuropee e per gli studi di antropologia, per le forme di proprietà collettiva non controllate dallo Stato, per un’idea di associazione di lavoratori che non limitasse la libertà degli individui.
L’8-10 maggio l’Università di Pisa organizza un convegno su Marx che ha per titolo Marx 201. Ripensare l’alternativa (il 201 vuole indicare che si va oltre il bicentenario della sua nascita per continuare a rifletterci e a discuterne) a cui parteciperanno studiosi di 14 paesi provenienti da tutto il mondo. Il convegno è patrocinato dall’Università di Pisa, dalla Regione Toscana, dal Dipartimento di Civiltà e Forme del Sapere e si svolgerà presso il Polo Carmignani in piazza dei Cavalieri. L’ingresso è libera e aperto a tutti.

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Le contraddizioni della società in una riflessione evergreen

Il ritorno a Marx, verificatosi dopo la crisi economica del 2008, è stato contraddistinto dalla riscoperta della sua critica dell’economia.

Da allora in poi, in numerosi quotidiani, riviste, libri e volumi universitari, è stato da più parti osservato quanto l’analisi di Marx risultasse ancora indispensabile per comprendere le contraddizioni del capitalismo e i suoi meccanismi distruttivi.

Negli ultimi anni, però, sta emergendo un nuovo fenomeno: la riesplorazione del Marx politico. La stampa, nell’edizione tedesca MEGA², di manoscritti precedentemente sconosciuti e la pubblicazione di innovative interpretazioni della sua opera hanno aperto nuovi orizzonti di ricerca. Testi inediti e nuovi studi teorici pongono in risalto, con maggiore evidenza rispetto al passato, quanto Marx sia stato un autore capace di esaminare le contraddizioni della società capitalista su scala globale e ben oltre il conflitto tra capitale e lavoro. Non è azzardato affermare che, tra i grandi classici del pensiero politico, economico e filosofico, Marx sia quello il cui profilo è maggiormente mutato nel volgere del XXI secolo.

Ripensare l’alternativa con Marx
Smentendo quanti hanno assimilato la concezione marxiana della società comunista al mero sviluppo delle forze produttive, le ricerche intraprese hanno evidenziato la rilevanza che Marx assegnò alla questione ecologica. Egli denunciò, ripetutamente, che l’espansione del modo di produzione capitalistico avrebbe causato non solo un aumento della rapina del lavoro degli operai, ma anche delle risorse naturali. Marx si interessò diffusamente anche di migrazione. Dimostrò come le migrazioni forzate, generate dal capitalismo, costituissero un elemento rilevante dello sfruttamento della borghesia e che soltanto la solidarietà di classe tra proletari, indipendentemente dalla loro provenienza, senza alcuna distinzione tra la mano d’opera locale e quella importata, fosse la chiave per combatterlo.
Marx si occupò in modo approfondito di molte altre tematiche, sottovalutate, quando non ignorate, da molti dei suoi studiosi e che rivestono cruciale importanza per l’agenda politica dei nostri giorni. Tra queste figurano la libertà individuale nella sfera economica e politica, l’emancipazione di genere, la critica dei nazionalismi, le forme di proprietà collettive non controllate dallo Stato.

Inoltre, Marx intraprese accurate indagini sulle società extra-europee e si espresse con nettezza contro il ruolo distruttivo del colonialismo. È in errore chi scrive il contrario. Marx criticò i pensatori che, sebbene biasimassero le nefaste conseguenze generate dal colonialismo, nelle loro analisi sulle periferie del mondo utilizzarono le categorie interpretative proprie del contesto europeo. Mise più volte in guardia contro quanti omologavano fenomeni tra loro distinti e manifestò una forte diffidenza, soprattutto in seguito agli avanzamenti teorici conseguiti negli anni Settanta, verso la traslazione di medesime categorie interpretative in ambiti storici e geografici del tutto differenti. Tutto ciò è stato ormai comprovato, nonostante lo scetticismo ancora in voga in alcuni ambienti accademici.

A 30 anni dalla caduta del Muro di Berlino, oggi diventa, dunque, possibile leggere un Marx molto diverso da quello dogmatico, economicista ed eurocentrico a lungo sbandierato. Certo, nell’imponente lascito di Marx è possibile rinvenire affermazioni nelle quali si legge che lo sviluppo delle forze produttive conduce alla dissoluzione del modo di produzione capitalistico. Tuttavia, sarebbe errato attribuirgli la tesi che il socialismo si sarebbe realizzato come fatalità storica. Per Marx, al contrario, la possibilità della trasformazione sociale dipendeva dalla classe lavoratrice e dalla sua capacità di determinare, attraverso la lotta, rivolgimenti sociali e la nascita di un sistema economico-politico alternativo.

Comunismo come libera associazione
In discontinuità con l’assimilazione tra comunismo e “dittatura del proletariato”, propagandata da molti “socialismi reali”, andrebbero reindagate anche le riflessioni di Marx sulla società comunista. Questa fu da lui definita come “un’associazione di liberi esseri umani”. Se il comunismo ambisce a essere una forma superiore di società, deve rendere possibili le condizioni per il “pieno e libero sviluppo di ogni individuo”.

Nel Capitale, Marx disvelò la menzogna dell’ideologia borghese. Il capitalismo non è l’organizzazione sociale nella quale gli esseri umani, protetti da norme giuridiche imparziali, in grado di garantire loro giustizia ed equità, godono di vera libertà e vivono in una compiuta democrazia. In realtà, essi sono degradati a meri oggetti, aventi la funzione primaria di produrre merci e il profitto altrui.

Per ribaltare questo stato di cose non basta modificare la redistribuzione dei beni di consumo. Occorre mutare alla radice gli assetti produttivi della società: “i produttori possono essere liberi solo quando sono in possesso dei mezzi di produzione”. Pertanto, secondo Marx, l’obiettivo della lotta del proletariato deve essere la restituzione di questi alla comunità. Ciò consentirebbe, anche grazie alle potenzialità emancipatrici della tecnologia, la realizzazione di uno scopo fondamentale del comunismo: la diminuzione dei tempi di lavoro e il conseguente innalzamento delle capacità, delle doti creative e del godimento degli individui. Il modello socialista al quale guardava Marx non contemperava uno stato di miseria generalizzata, ma il conseguimento di maggiore ricchezza collettiva e soddisfacimento dei bisogni.

Marx osservò anche che, nel modo di produzione comunista, “la proprietà privata del globo terrestre da parte di singoli individui sarebbe apparsa così assurda quanto quella di un essere umano da parte di un altro”. Egli espresse la sua critica più radicale verso l’idea di possesso distruttivo insita nel capitalismo, ricordando che la società non è proprietaria dell’ambiente. Essa ha “il dovere di tramandare il mondo in condizioni migliori alle generazioni successive”.

Oggi la sinistra non potrebbe, naturalmente, ridefinire la sua politica in funzione di quanto scritto, oltre un secolo fa, da Marx. Non deve, però, commettere l’errore di dimenticare la chiarezza delle sue analisi e non utilizzare le armi critiche che esse ci offrono per ripensare, in modo rinnovato, a come costruire una società alternativa al capitalismo.

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Los Grundrisse de Karl Marx

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Kritik Marx Terhadap Sosial Demokrasi (Bagian II)

Kritik Terhadap Sosialisme Borjuis Kecil
DALAM pemilihan umum bulan Januari 1877, Partai Buruh Sosialis Jerman (the Socialist Workers’ Party of Germany) memenangkan hampir setengah juta suara, meningkat di atas 9 persen.

Namun terlepas dari keberhasilan ini, keadaan partai terus mengganggu Marx. Menulis kepada seorang dokter Jerman Ferdinand Fleckles, ia menertawakan “pamflet pendek” berjudul The Quintessence of Socialism (1879) dari sosiolog Albert Schäffle sebagai “fantastis, benar-benar Swabian … gambaran dari sosialis milenium  masa depan sebagai … kerajaan datang dari borjuis kecil Anda yang nyaman”. Dalam konteks ini, ketika diminta oleh jurnalis Franz Wiede untuk mengambil peran penting dalam menulis ulasan baru, Marx berkomentar kepada Engels: “Tentu akan sangat menyenangkan jika sebuah majalah berkala sosialis yang benar-benar ilmiah muncul. Ini akan memberikan peluang bagi kritisisme dan kontra-kritisisme di mana poin-poin teoretis dapat kita diskusikan dan ketidaktahuan total para profesor dan dosen-dosen universitas menjadi terpapar luas, sehingga dengan demikian secara bersamaan mencerahkan pikiran masyarakat umum.” Namun, pada akhirnya, ia harus menerima bahwa kelemahan dari para kontributor ini akan menghalangi “persyaratan utama dalam semua kritsisme”: yaitu, “tanpa ampun/ruthlessness”. Marx juga memberi komentar tajam terhadap Zukunft (Masa Depan), mencemooh “upayanya untuk menggantikan frase-frase ideologis seperti ‘keadilan’, dll., dengan pengetahuan materialis (dan …) untuk menjajakan fantasi dari struktur masa depan masyarakat”.

Pada bulan Oktober, Marx mengeluh kepada Friedrich Adolph Sorge tentang “roh korup” yang menyebar di partai, “tidak begitu banyak di kalangan massa seperti di kalangan para pemimpin”. Perjanjian dengan kaum  Lassallean telah “menyebabkan kompromi lebih lanjut dengan para penentu lainnya”. Secara khusus, Marx tidak memiliki waktu untuk “segerombolan sarjana muda yang belum matang dan lulusan yang terlalu bijak yang ingin (ed) memberi sosialisme orientasi ‘lebih tinggi, idealis’”. Mereka pikir mereka bisa menggantikan “basis materialis” (yang “menyerukan dilakukannya studi serius dan objektif jika seseorang ingin beroperasi di atasnya”) dengan sebuah  “mitologi modern tentang dewi Keadilan, Kebebasan, Kesetaraan, dan Persaudaraan”.

Apa yang ada di balik kritik-kritik ini bukanlah perasaan cemburu atau persaingan. Marx menulis kepada jurnalis dan anggota parlemen Wilhelm Blos bahwa dia tidak “peduli akan popularitas”, mengingatkan dia “akan kebenciannya pada kultus pribadi, yang pada saat Internasional, ketika diganggu oleh banyak gerakan… untuk memberikan (kepadanya) kehormatan publik, (dia) tidak pernah mengizinkan siapapun dari mereka untuk memasuki domain publisitas”, atau “tidak pernah membalas (kepada) mereka, kecuali sesekali gertakan”. Sikap ini telah menopangnya sejak ia berkomitmen pada politik di masa mudanya, sehingga ketika Liga Komunis lahir pada 1847, ia dan Engels bersedia bergabung “hanya dengan syarat bahwa segala sesuatu yang kondusif bagi muncul dan berkembangnya kepercayaan takhayul terhadap otoritas dihilangkan dari Aturan-aturan”. Satu-satunya kekhawatirannya adalah, dan terus terjadi, bahwa organisasi buruh yang baru lahir ini seharusnya tidak mengaburkan sifat anti-kapitalisme mereka dan – dengan perilaku gerakan buruh Inggris – mengadopsi garis moderat, pro-borjuis.

II. Masalah Kekerasan
Pada akhir 1870-an, terjadi sebuah peristiwa besar yakni percobaan pembunuhan terhadap Kaisar Wilhelm I oleh seorang anarkis bernama Karl Nobiling pada Juni 1878. Reaksi Marx kemudian dicatat oleh Maksim Kovalevsky: “Saya kebetulan berada di perpustakaan Marx ketika ia mendapat berita percobaan pembunuhan yang gagal itu …. Reaksi (nya) adalah mengutuk aksi teroris tersebut, menjelaskan bahwa hanya ada satu hal yang dapat diharapkan dari upaya (pembunuhan) itu yakni mempercepat persekusi baru terhadap kaum sosialis.” Itulah yang terjadi kemudian, ketika Otto von Bismarck menjadikan aksi percobaan pembunuhan itu sebagai dalih  untuk memperkenalkan Undang-undang Anti-Sosialis (the Anti-Socialist Laws) dan memaksa Reichstag (Parlemen Jerman) untuk mengadopsinya pada bulan Oktober. Marx berkomentar kepada Engels: “Pelarangan, sejak dahulu kala, menjadi sarana yang sempurna untuk membuat gerakan anti-pemerintah ‘ilegal’ dan melindungi pemerintah dari hukum – ‘memiliki kewenangan hukum untuk membunuh kita’.”

Debat di parlemen terjadi di pertengahan September, dan Wilhelm  Bracke mengirim Marx catatan stenografi dari sesi Reichstag dan salinan rancangan undang-undang. Marx berencana untuk menulis artikel kritis untuk pers Inggris dan mulai mengumpulkan petikan-petikan dan catatan-catatam untuk tujuan itu. Dalam beberapa halaman, ia menjabarkan perbedaan antara massa Partai Pekerja Sosialis Jerman dan kaum anarkis: yang pertama merupakan “gerakan historis sejati dari kelas pekerja; yang lain … sebuah hantu pemuda buntu yang berniat membuat sejarah, (yang) hanya menunjukkan bagaimana ide-ide sosialisme Prancis dikarikaturasikan kepada orang-orang kelas atas yang turun kelas.” Dalam membantah argumen menteri dalam negeri Prusia, Agustus Eulenburg, bahwa tujuan para pekerja adalah membuat kekerasan, Marx dia menyatakan posisinya dengan sangat jelas:

Tujuannya adalah untuk pembebasan kelas pekerja dan revolusi (transformasi) masyarakat adalah implisit di dalamnya. Perkembangan historis dapat tetap “damai” hanya selama kemajuannya tidak dihalangi secara paksa oleh mereka yang menggunakan kekuatan sosial pada saat itu. Jika di Inggris, misalnya, atau Amerika Serikat, kelas pekerja akan mendapatkan posisi mayoritas di Parlemen atau Kongres, mereka dapat, dengan cara yang sah, melepaskan dirinya dari jeratan hukum dan lembaga yang menghambat perkembangan mereka. (…) Namun, gerakan “damai” mungkin ditransformasikan menjadi gerakan “paksa” karena adanya perlawanan dari pihak yang berkepentingan untuk memulihkan keadaan sebelumnya; jika (seperti dalam kasus Perang Sipil Amerika dan Revolusi Perancis) mereka dijatuhkan dengan paksa, sebab itu adalah pemberontakan melawan kekuatan “yang sah secara hukum”.
Bagi Marx, kemudian, pemerintah “akan berusaha menekan dengan paksa suatu perkembangan yang tidak disukainya tetapi tidak dapat menyerang secara sah”. Itu, tentu saja, adalah “awal dari revolusi kekerasan” – “sebuah cerita lama yang masih tetap benar selamanya”, tambahnya, mengutip Heinrich Heine (1797-1856).

Dalam sepucuk surat kepada Sorge dari September 1879, Marx menggambarkan kecenderungan-kecenderungan baru yang muncul dalam partai Jerman. Dia menekankan bahwa orang-orang seperti penerbit Karl Höchberg, “seseorang yang bukan apa-apa dalam soal teori dan tidak tahu-menahu soal praktik”, senantiasa “berusaha untuk mencabut gigi sosialisme (yang telah mereka lakukan berulang-kali sesuai dengan formula akademik) dan Partai khususnya”. Tujuan mereka adalah “untuk mencerahkan para pekerja, … untuk memberi mereka, dari pengetahuan mereka yang membingungkan dan dangkal, dengan unsur-unsur edukatif” dan, di atas semua itu, “untuk membuat partai menjadi ‘terhormat’ di mata orang-orang kebanyakan (philistines)”. Mereka ini, Marx menyimpulkan, “hanyalah pembual (windbags) kontra revolusioner yang buruk”. Dengan humor yang halus, ia mengatakan bahwa Bismarck telah “melakukan banyak hal baik yang bukan untuk dirinya sendiri, tetapi untuk kita”, dengan memaksakan keheningan selektif di Jerman dan memungkinkan  para pembual semacam itu “kesempatan untuk membuat diri mereka didengar dengan jelas”.

III. Perjuangan Kelas vs  Sosialisme Asal Bunyi
Dalam sebuah laporan polisi Prancis dari London, seorang agen mengklaim bahwa, “setelah kematian Lassalle, Marx (telah menjadi) pemimpin revolusioner Jerman yang diakui. Jika para wakil sosialis di Jerman adalah pemimpin-pemimpin resmi, komandan divisi, Marx adalah kepala staf umum. Dia menyusun rencana pertempuran dan mengawasi apa dilakukan anak buahnya.” Kenyataannya, kritisisme Marx terhadap partai sering tidak dihiraukan, dan dari studinya di London ia mengamati “kedalaman ” dalam mana “para wakil di parlemen” telah “telah terbawa arus parlementarisme ”.

Fokus polemik lainnya adalah pertanyaan tentang siapa yang harus mengedit jurnal baru Partai Buruh Sosialis Jerman, Der Sozialdemokrat (Sosial Demokrat), terbitan yang dimulai di Zurich pada September 1879. Marx dan Engels, tidak setuju dengan sikap yang diusulkan di atas kertas, merasa berkewajiban untuk mengirim surat lain (dirancang oleh Engels) ke August Bebel, Karl Liebknecht dan Bracke. Dalam “Surat Edaran/Circular Letter” (1879), sebagaimana diketahui, mereka mengecam konsensus yang berkembang di partai yang mendukung posisi Karl Höchberg, yang merupakan penyandang dana utama dari jurnal tersebut. Höchberg belum lama berselang menerbitkan sebuah artikel di Jahrbuch für Sozialwissenschaft und Sozialpolitik (Catatan untuk Ilmu Sosial dan Kebijakan Sosial), sebuah jurnal reformis di bawah arahannya, di mana ia menyerukan agar kembali ke semangat Lassallean. Dalam pandangannya, kaum Lassallean telah melahirkan sebuah gerakan politik terbuka “tidak hanya (untuk) para pekerja tetapi semua demokrat yang jujur, di dalam gerbong yang (seharusnya) membawa perwakilan independen dari ilmu pengetahuan dan semua orang yang terinspirasi oleh cinta sejati terhadap umat manusia”.

Bagi Marx, semua ini adalah pandangan yang ia tolak dengan tegas sejak tahun-tahun awalnya dan yang termaktub dalam Manifesto Partai Komunis (1848). “Surat Edaran” menggarisbawahi bahaya salah satu pernyataan Höchberg: “Singkatnya, kelas pekerja tidak mampu membebaskan dirinya dengan usahanya sendiri. Untuk melakukannya, ia harus menempatkan dirinya di bawah arahan borjuis ‘terdidik dan bermilik’ yang secara sendirian memiliki ‘waktu dan kesempatan’ untuk menjadi paling mengerti tentang apa yang terbaik bagi para pekerja.” Dalam pandangan “perwakilan dari borjuis kecil” ini, kaum borjuis “tidak untuk diperangi –  sangat tidak – tetapi dimenangkan melalui propaganda sehebat-hebatnya”.

Bahkan keputusan untuk membela Komune Paris diduga untuk “menghalangi orang-orang yang cenderung ke arah” gerakan buruh. Sebagai kesimpulan, Engels dan Marx mencatat dengan khawatir bahwa tujuan Höchberg adalah untuk membuat “penggulingan tatanan kapitalis … menjadi mustahil” dan “sama sekali tidak relevan bagi praktik politik saat ini”. Oleh karena itu, seseorang dapat “berdamai, berkompromi, bersedekah dengan sepenuh hatinya. Hal yang sama juga berlaku pada perjuangan kelas antara proletariat dan borjuis.” Ketidaksetujuan itu tak bisa dikompromikan.

Oposisi Marx yang gigih terhadap apa yang disebutnya “kaum sosialis asal bunyi yang urakan” mirip dengan pandangannya tentang mereka yang membatasi diri pada retorika kosong, namun bersembunyi di balik kosakata yang radikal. Menyusul peluncuran jurnal Freiheit (Freedom), ia menjelaskan kepada Sorge bahwa ia telah mencela editornya bukan karena “terlalu revolusioner” tetapi karena “tidak memiliki konten revolusioner” dan “hanya menikmati jargon revolusioner”. Dalam pandangan Marx, kedua posisi ini, meskipun berasal dari kecenderungan politik yang sangat berbeda, tidak membahayakan sistem yang ada (kapitalisme) dan pada akhirnya membuat kelangsungan hidup sistem tersebut menjadi mungkin.

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Gangyunju, Hankookilbo

“마르크스, 정치적으로만 소비… 환경ㆍ여성 등 오늘날 문제에 맞닿아”

동구권 사회주의 국가들의 몰락과 함께 칼 마르크스(1818~1883)는 ‘한 물 간 사상가’로 인식됐다. 그의 탄생 200주년을 맞은 지난해 한국 학계의 반응은 미지근했다. 마르크스는 그저 과거 인물에 불과한가.

마르크스의 문헌을 연구해온 마“1989년 베를린 장벽이 무너지고 나서 20년 간 마르크스주의자들은 숨죽여왔다. 침묵을 깨운 것은 2008년 글로벌 경제위기였다. 자본의 위기는 경제를 너머 정치 사회의 모든 분야의 갈등과 문제를 야기하는 원인이다. 유럽과 중남미, 미국에서 포퓰리즘 정치 세력의 우경화 바람이 불고 있지만, 근본적인 대안을 내놓지 못하고 있다. 전 세계 젊은이들이 마르크스를 다시 주목하는 이유다. 보수정권이 집권한 아르헨티나에서 열린 한 마르크스 학술대회에는 정원보다 10배 많은 5,000명의 대학생들이 몰려 행사가 진행되지 못한 일도 있었다.”

-마르크스는 경제적 구조 관점으로만 사회를 바라봤다.

“명백한 오해다. 마르크스는 자본이 노동자에 대한 착취를 거듭할 수록 생태계를 위협하고, 여성들에 대한 억압과 불평등을 더욱 심화 시킬 것이라 경고했다. 생산량의 증가가 도시화, 공업화로 이어져 환경파괴를 가져올 것이라 우려했다. 특히 가부장제를 역사의 산물이라고 꼬집으며, 한 사회의 진보를 가늠하는 척도는 여성해방이라고 역설했다. 1880년대 쓴 프랑스 사회주의 노동자 강령엔 ‘남녀노동자 모두에게 동일노동 동일임금 지급’을 처음 강조했다. 오늘날 우리가 직면한 생태, 환경, 여성 억압에 대한 고민과 맞닿아 있다.”

-마르크스의 말년을 돌아봐야 하는 이유가 있나.

“마르크스 연구자들조차 1867년 마르크스가 자본론 1권을 집필한 이후 죽을 때까지 연구에 손을 놓았다고 비판한다. 그러나 마르크스는 말년에 인류학 수학 지리학 등 영역을 확대하며, 자기가 기존에 주장한 이론에 대해 계속 검토하고 의심했다. ‘봉건주의에서 자본주의, 사회주의, 공산주의’로 이어지는 단계적 사회 발전론에 대해서도 말년에 가선 획일적으로 이뤄지지 않을 수 있다고 부정했다. 모순적이라고 비판할 수 있지만, 나는 마르크스 사상의 핵심은 ‘자기비판’이라고 본다.”

-마르크스의 새로운 면모는 잘 부각되지 않았다.

“마르크스를 정치적으로만 소비하고 이용하는 탓이다. 한쪽에선 신화로, 한쪽에선 금기로 다뤄지고 있다. 지난해 마르크스 탄생 200주년에 맞춰 중국은 마르크스를 영웅으로 띄웠다. 시진핑 국가 주석의 집권 정당성을 위한 선전도구였다. 반면 동유럽 사회주의 국가에서 마르크스는 여전히 금기다. 한국도 북한을 의식한 탓인지 연구가 자유롭지 못하다. 마르크스를 교조적 이념 틀에 가두면서 그의 진면목에 대해 알려고 들지 않았다. ”

-한국에선 정규직과 비정규직 간의 노노 갈등도 심하다. 최저임금도 논란거리다.

“가난한 자들끼리의 전쟁은 전 세계적으로 일어나는 현상이다. 노동자들끼리의 분열은 자본가들의 세력을 더 강화시킨다는 점을 상기할 필요가 있다. 정치적 연대로 노동자들 간의 실제 차별을 없애는 게 모두에게 이롭다. 최저임금을 올리려는 노력은 반드시 필요하다. 다만 경제 사정을 고려하지 않고 인위적으로 높이는 것은 또 다른 문제를 야기할 수 있다. 반발에 부딪히면 최저임금이 ‘최대임금’으로 굳어질 수 있고, 자본가들의 착취 또한 더 심화될 수 있다는 점도 고려해야 한다. 그러나 투쟁은 반드시 필요하다. 마르크스는 현실을 있는 그대로 받아들이지 않는 삶의 태도가 가장 중요하다고 강조했다.”

르셀로 무스토(43) 캐나다 요크대 사회학과 부교수의 생각은 다르다. 양극화와 불평등, 갑질, 금융위기 등 자본주의 병폐가 심해지면 심해질수록 마르크스의 가르침은 여전히 유효하다고 본다. 마르크스의 미공개 초고, 발췌 노트 등을 정리하는 국제적 연구 작업인 ‘마르크스와 앵겔스 전집 프로젝트(MEGA TWO•114권 중 현재 70권 발간)’에 참여하고 있는 그는 지난해 마르크스 말년의 삶과 연구 업적을 조명한 ‘마르크스의 마지막 투쟁: 1881~1883년의 지적 여정’이란 책을 냈다. 경상대 SSK 연구팀의 초청으로 최근 한국을 찾은 그를 서울 마포구 한 카페에서 만났다. 그는 인터뷰 내내 “사람들이 마르크스를 제대로 모르고 있다”며 마르크스를 재발견해야 한다고 강조했다.

-마르크스주의는 수명을 다한 것 아닌가.

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Iuri Lombardi, YAWP. Giornale di Letterature e Filosofie

Einaudi ripropone Marx: una nuova prospettiva sul filosofo tedesco

A fine 2018 è uscito per Einaudi Karl Marx. Biografia intellettuale e politica 1857-1883, il nuovo studio condotto da Marcello Musto, che si propone di analizzare l’ultimo periodo della vita del filosofo tedesco.

È il caso di dire che ci troviamo di fronte a un libro piuttosto insolito rispetto ai tanti già editi sull’argomento. Di fatto gli innumerevoli saggi che il filosofo ed economista ha ispirato – dalle ricostruzioni storiche alla ricerca filologica dei testi, fino all’ermeneutica – non sono riusciti ad andare realmente nel profondo, come è invece avvenuto in questo caso.

Lo storico e filosofo marxista Marcello Musto pare assumere una prospettiva radicalmente diversa rispetto agli studi del passato. Da sempre infatti gli studiosi di Marx hanno separato l’aspetto biografico dalla speculazione teorica, mentre nel nuovo saggio edito da Einaudi scopriamo che tale scissione è più problematica di quanto sia finora apparso.

Questo saggio non istituisce questa distinzione netta e in qualche modo indebita, non disgiunge il filosofo e il sociologo dall’uomo. Da buon studioso qual è, Marcello Musto – ed è questo l’aspetto più originale e per certi versi sorprendente del suo lavoro – considera simultaneamente la sfera speculativa e quella biografica. Analizza dunque non solo gli scritti teorici ma anche i diari e le carte sparse di Marx risalenti al periodo senile (1857-1883), per mostrare come la vita di Karl fosse profondamente avviluppata all’attività di pensatore, quasi a costituire un’unica cosa, un’unica verità. Dagli scritti privati vergati dal capostipite del pensiero politico di sinistra emerge non solo questa inscindibilità, questo intreccio persistente e inestricabile tra biografia ed analisi politica, ma anche il profilo di un intellettuale sempre lucido e pronto a sviscerare con acume la questione economica dell’Europa post-rivoluzionaria.

Non è un caso che Musto, per dimostrare ciò, abbia esaminato il periodo che va dagli anni Cinquanta agli anni Ottanta dell’Ottocento: in questa fase infatti il pensatore tedesco sembra essere più attivo che mai, e intento – o forse sarebbe più corretto dire impegnato – ad ampliare il suo raggio d’interesse. In questi anni Marx osserva e appunta instancabilmente: porta avanti i suoi studi sulla proprietà collettiva, rileva le corrispondenze tra stato d’economia e botanica, indaga la questione economica statunitense.

Si tratta di un torno di anni formidabile, in cui il filosofo tedesco contesta radicalmente il colonialismo, studia la schiavitù in America a partire dall’indipendenza, e in questo periodo, forse come non mai, il privato di un uomo si intreccia e trova simbiosi con il presente del sociologo e dell’intellettuale.

La lucidità e la forza del saggio di Musto sta proprio nell’aver messo in luce aspetti sinora sottaciuti e rimesso in discussione i termini di un’analisi che non si può definire chiusa e che probabilmente non troverà mai fine. Ma soprattutto, nell’aver gettato una sonda diversa non solo nel pensiero di un filosofo fondamentale per la nostra civiltà, ma anche tra le mistificazioni, più o meno pervasive, che nel corso del tempo l’Occidente ne ha fatto.

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Corso di alta formazione in “Filosofia, filologia e archivi”